2011 AÑO INTERNACIONAL DE LA QUIMICA. SU ENSEÑANZA EN EL INSTITUTO CIENTÍFICO Y LITERARIO DEL ESTADO DE MÉXICO Elena González Vargas. Cronista de la Facultad de Química Las circunstancias de vida de mi persona universitaria en una sociedad del conocimiento, me llevaron a elaborar este artículo, una forma de identidad universitaria mexiquense y mexicana. Fue con la valorización que realicé al propósito de la UNESCO: 2011 “Año Internacional de la Química”, conocido a través de los medios de comunicación de la informática y a sus objetivos: (a) aumentar la concienciación y comprensión del público de cómo la química puede responder a las necesidades del mundo; (b) fomentar el interés de los jóvenes en la química y (c) celebrar las contribuciones de la mujeres al mundo de la química como los principales hitos históricos, especialmente por el primer centenario de la concesión del Premio Noble a Marie Curie, 1911-2011, descubridora de la radiación de los elementos radio y polonio, y de la creación de la Asociación Internacional de Sociedades Químicas. Después fue Irene Joliot-Curie en 1935 con la síntesis de nuevos elementos radioactivos indispensables para la medicina, la investigación y la industria, y Dorothy Crowfoot Hodgkin en 1964 por la determinación con rayos X de estructuras bioquímicas importantes que ayudaron a interpretar su función biológica. La UNESCO, en la 179a reunión de su Consejo Ejecutivo, realizada en París el 27 de febrero de 2008, aprobó la propuesta de proclamar 2011 “AÑO INTERNACIONAL DE LA QUÍMICA”. Para diciembre en la Asamblea General, su reunión 63a, también lo proclamó confiando su organización a la UNESCO y a su socio la Unión Internacional de Química Pura y Aplicada (IUPAC). Una proclamación que estuvo acompañada del abordaje de la mejoría de mecanismos de aplicación de la Declaración y el Programa de Acción sobre una Cultura de Paz y de que el 2 de octubre de cada año se celebrara el “Día Internacional de la No- violencia” en honor del nacimiento de Mahatma Gandhi, líder del movimiento independencista de la India. El ponerse en sintonía con el pensamiento “La química, nuestra vida, nuestro futuro”, conlleva a valorizar la historia del hombre pero es la historia de su relación con la Naturaleza, contexto o entorno socioeconómico y cultural. Desde su origen, el hombre siempre ha sido observador y pensante a modo que se formó una idea del mundo material y no material. Caminó sobre tierra firme, enfrentó fuertes vientos, se mojó con el agua y logró secarse con el fuego. Así, adquirió consciencia de los diferentes tipos de sustancias y de sus múltiples empleos. El cómo producir y conservar el fuego fue lo que convirtió al hombre en un químico y en un agente transformante y de cambio devastador de su ambiente para satisfacer sus necesidades y deseos.1 Por lo mismo, siempre participó en el reemplazar ecosistemas complejos por otros simples. Con la creación del lenguaje el hombre se comunicó con sus semejantes, con la propia naturaleza y consigo mismo con la escritura. El químico escribió libros como la farmacopea primitiva. También, de los metales descubiertos creó su mitología metalúrgica, el oro fue el más espectacular de todos los objetos que lo rodeaban. Los chinos acertaron su característica de irresistible, los egipcios lo llamaban “la carne de los dioses”. En el México prehispánico, las culturas tolteca, huichol, mixteca-zapoteca y finales del imperio azteca, fue llamado teocuítlatl (excremento de los dioses).2 Incluso, aún es símbolo de perfección por su color amarillo, brillantez, maleabilidad e inalterable. También, se pensaba que la nobleza del oro era producto de su madurez, los otros metales eran comunes por estar crudos, no maduros. Así, su mitología da pauta a aceptar que los metales crecen en las minas, al ser embriones depositados en la Madre Tierra creciendo a un ritmo distinto de los animales y vegetales. Una mitología que antecede a la de la Naturaleza, femenina y misteriosa, la agricultura. La fecundidad de ambas mitologías llevó al hombre a sentirse capaz de colaborar con la Naturaleza proponiéndose ayudar en los procesos de crecimiento que se verifican en el seno 1 José Antonio Chamizo, El hombre, la química y la naturaleza, http://www.posgrado.unam.mx/servicios/productos/omnia/anteriores/06/03.pdf 2 José Antonio Chamizo, Química mexicana, primera edición en Cultura Tercer Milenio, 2002, p. 10+11. de la Tierra. Con ello, el hombre garantiza en el aquí y ahora, su plena responsabilidad ante la Naturaleza, modificando y acelerando el ritmo de aquellas lentas maduraciones. Es el hombre alquimista, el salvador fraterno de la Naturaleza que ayuda a cumplir su finalidad.3 La creencia de transmutar piedra en oro, era del espíritu para ser hombres sabios. La alquímica se desarrolla en un reino de valores. Es importante valorizar que al hombre místico o alquimista de las culturas indígenas del México prehispánico, lo ubican no como un dueño de la Naturaleza o como un ser en permanente lucha contra ella, sino como un elemento más que trata por su racionalidad de comprender el orden cósmico para integrarse a él. Quien logró conclusiones científicas, conocimiento válido, si se considera que la ciencia es una forma de actividad creativa y que el enfoque místico es un estímulo a la misma actividad. Una visión del hombre que prevalece a pesar de la práctica de otras visiones, aunque la fuerza de opinión o idea indica que requiere encausarse hacia el conocimiento comunitario de una cultura civilizada con la participación de la ciencia. En siglo XVII, el hombre místico con el pensamiento de Francisco Bacon (1561-1626) y de René Descartes (1596-1650), con el método de experiencia cualitativo, inductivo y deductivo, se transformó a hombre místico, pensante y factual. Bacon decía el conocimiento humano y el humano poder vienen a ser una misma cosa porque de no conocerse la causa no puede producirse el efecto; la Naturaleza no se deja domeñar sino por quien a ella se somete, y lo que es causa en la contemplación es regla en la operación. Y Descartes con “pienso, luego existo” establece el método deductivo para que del universo acontezca el deducir sus leyes con la ayuda de las matemáticas. Entonces la naturaleza se visualiza como una gran máquina. También fue interpretada como un inmenso organismo viviente que se haya sometido a un continuo proceso evolutivo. Fue base de la teoría evolutiva de siglo XIX que consideró al hombre el más alto exponente de la Naturaleza, una direccionalidad intensamente ligada a desarrollo y progreso que, en la revolución industrial, con la 3 El hombre, la química, la naturaleza, Ibídem. teoría darwinista el progreso científico fue para conquistar civilizaciones menos avanzadas y para justificar la degradación de la Naturaleza. Una interpretación aceptada por hombres místicos científicos de la química como Michael Faraday (1791-1867), padre del electromagnetismo y de la electroquímica. El pensamiento de F. Bacon y R. Descartes al padre de la ciencia química, Antoine-Laurent de Lavoisier (1743-1794), le llevaron a pulir el método de experimentos de la materia con su cuantificación. Una materia ya caracterizada en los estados físicos: sólido, líquido y gaseoso. Un método que dio pauta a descubrir otras sustancias metálicas, no metálicas y compuestas, así como establecer de ellas una nomenclatura universal para su reconocimiento propio, para facilitar el intercambio de experiencias científicas, para su enseñanza y para generar otros métodos químicos. Aún así continuó entre ellos el misticismo de los siete metales de la Antigüedad: oro, plata, mercurio, cobre, hierro, estaño, plomo, y su analogía a los astros del sistema solar: Sol, Luna, Marte, Venus, Júpiter y Saturno.4 Para constitución de la ciencia química fue importante la incorporación del conocimiento de unidad de la materia: el signo lingüístico “átomo” de Demócrito por John Dalton (1766-1844).5 Quien era conocedor de los avances químicos como la combinación de los gases, la invención de la batería eléctrica, la electrólisis, la hipótesis de Amadeo Avogadro (1776-1856). Conocimiento químico que lo integró en el principio de proporciones múltiples para sustancias con dos, tres o cuatro elementos con peso determinado y, con ello, inferir que todas las sustancias químicas contienen átomos que se unen en número entero del mismo átomo o de diferentes átomos en una molécula. Teoría Dalton retomada por Jacob Berzelius (1779-1848), la aplicó en la representación llamada símbolo químico. Esto facilitó la generación de fórmulas químicas para sustancias compuestas y de ecuaciones para reacciones químicas. Además, la precisión de los métodos experimentales practicados y de una intensa reflexión de sus resultados, le llevó a calcular los pesos atómicos de los 4 Maurice P. Crosland, Estudios históricos en el lenguaje de la química, Universidad Nacional Autónoma de México, 1988, p. 103. 5 Isaac Azimov, Breve historia de la química, Alianza Editorial, México, 2008, p. 77. elementos, primero con el hidrógeno de referencia con un peso de 1 y después con el oxígeno de peso 16, un patrón que duró hasta mediados de siglo XX. 6, 7 También, a fines de siglo XVIII se difundía el avance de la cristalografía de René Haüy Just (1743-1822), con cristalinos de formas regulares, con la medición de los ángulos interfaciales con el instrumento de bronce goniómetro de contacto. Torbem Olof Bergman (1735-1784) había elaborado una clasificación de minerales, basada en sus formas cristalinas externas y en su composición química. Posteriormente, 1819-1822, el químico cristalógrafo Eilhard Mitscherlich (1794-1863) encontró el isomorfismo y el polimorfismo en los cristales.8 El pensamiento filosófico moderno de la ciencia continuó, pues, la ley de los tres estado de Augusto Comte (1798-1857), la presentó con el tercero, el estado positivo del hombre, el de la ciencia positiva o de intensa actividad mental tras un impulso místico, que surge de la observación precisa y de las experiencias del método experimental, o sea, partir de la causa natural hasta los efectos últimos de la misma. En Inglaterra alcanzó aceptación con su epitafio “El amor como principio, el orden como base y el progreso como fin”. El positivismo comtiano llegó a aquel México de república restaurada de 1867, por el médico filósofo Gabino Barreda, quien decía que sin la marcha progresista del espíritu positivo no podía explicarse la historia de México. A un país con un suelo que albergaba culturas indígenas y mestizas con hombres místicos intelectuales que valorizaban su herencia sociocultural (educación moral familiar y comunitaria), económica y de las ciencias naturales. Una herencia que la defendían con valentía por considerarla integrante de su madre patria. Las ciencias naturales porque su enseñanza a alumnos se venía realizando desde la fundación, en 1797, del Real Seminario de Minería o Colegio de Minería, de la Escuela de Medicina en 1833, de la Escuela de Agricultura en 1834. Sitios educativos donde había aprendizaje de la piedra filosofal de siglo XVII de las ciencias naturales europeas: Física, Química, Matemáticas, Geografía, Medicina, 6 Estudios históricos en el lenguaje de la química, op. cit., p. 312. Breve historia de la química, op. cit. pp. 81-95. 8 John D. Bernal, La ciencia en la historia, Nueva Imagen, UNAM, vigésima cuarta reimpresión, 2007, p. 602. 7 Historia Natural y otras; de la ciencia colonial: Técnica de beneficio de la plata, industria azucarera, fabricación de vidrio, descubrimiento de carbón mineral y petróleo por el precursor de la tecnología mexicana José Antonio Alzate y Ramírez (1737-1799), y de la ciencia prehispánica: El oro y los metales, tequesquite y las sales, la grana cochinilla y colorantes, el chile y las especies, el amate y los papeles, el zautle y los pegamentos, el ulli y los pegamentos, el pulque y la fermentación. Es vital decir que en América la ciencia química fue impartida su primera cátedra por Fausto de Elhuyar (1755-1833), en 1797, en el Real Seminario de Minería del México colonial. (a) Fundidor, Códice Florentino; (b) Herbolaria y astronomía prehispánica y (c) Amatetéhuitl, adorno sagrado de papel (metl de maguey, ámatl de higuera y de palma izoyl), Códice Borbónico. En Química Mexicana de José Antonio Chamizo, primera edición en cultura Tercer Milenio, 2002. Un Colegio de Minería donde en 1801 se descubrió y caracterizó el elemento eritronio por el ilustre catedrático Andrés Manuel del Río (1764-1849), quien luchó para que el científico J. J. Berzelius reconociera y validara su hallazgo semejante al de N. Gabriel Sefström (1787-1845) por el vanadio. También, entre 1787 y 1803 hubo la Real Expedición Botánica de la Nueva España por la comisión del médico Martín Sessé y Lacasta (1751-1808) y el farmacéutico Vicente Cervantes Mendo (1755-1829). En sus resultados se aplicó la nomenclatura moderna de Carlos Linneo y el conocimiento de la botánica prehispánica, la materia médica vegetal indígena. La obra de Cervantes Ensayo a la materia médico vegetal de México, describía cientos de plantas de los alrededores de la ciudad de México, y fue empleada en la cátedra inaugural del curso de botánica de 1791. Su Jardín Botánico se instaló en 1788.9 En la Escuela de Medicina de 1833 fueron enseñadas la botánica y la química modernas al estudiante de medicina farmacéutica. Ahí se formó el destacado científico de la química en la farmacia mexicana, Leopoldo Río de la Loza (1807-1876). Quien fue su catedrático, además, en Colegio de Minería, Colegio San Juan de Letrán, el Ateneo Mexicano, el Gimnasio Industrial, el Colegio de San Gregorio, la Escuela Nacional de Agricultura, la Academia de San Carlos y en la Escuela Nacional Preparatoria. Investigador en las áreas de medicina, farmacia e industria. Se le reconoce el hallazgo del ácido pipitzoico con propiedades colorantes, extraído de la planta pipitzáhoaz (Perezia adnata) originaria de Tenango del Valle e identificado molecularmente como perezona e hidroxi-perezona en siglo XX. Un pionero de la química de los productos naturales para la farmacia. Muchas de sus investigaciones fueron publicadas en El Diario del Gobierno, el Boletín de la Sociedad de Geografía y Estadística de México, Periódico de la Academia de Medicina, La Unión Médica de México, Gaceta Médica, Revista Médica, Periódico de la Sociedad Filoiátrica de México, El Observador Médico, La Naturaleza. Fue autor del primer tratado mexicano de química para alumnos principiantes Introducción al estudio de la química. Conocimientos preliminares para facilitar el estudio de la ciencia, que se editó en 1850 por la Escuela de Medicina.10 Con José María Vargas, José Manuel Lasso de la Vega y varios médicos, crearon la Academia de Farmacia en 1839, la cual se responsabilizó de elaborar la Farmacopea mexicana, publicada en 1846, con artículos de productos naturales, formulaciones de preparaciones farmacéuticas y el arancel de los precios de las sustancias.11 9 Patricia Elena Aceves Pastrana, “La renovación de la Farmacia en la Nueva España a finales del periodo colonial”, en An. R. Acad. Nac. Farm., 2004, 70:125-145, en http://www.analesranf.com/index.php/aranf/article/viewFile/232/263 10 Cfr. Guadalupe Urbán Martínez, La obra científica del doctor Leopoldo Río de la Loza, Colección Historia de la Farmacia de la Universidad Metropolitana-Unidad Xochimilco, México, 2000. 11 Patricia Elena Aceves Pastrana y Sandra Martínez, “Los farmacéuticos y los químicos mexicanos en la búsqueda de su identidad en los inicios de siglo XX, en Historia y filosofía de química. Aportes para la enseñanza, José Antonio Chamizo (coordinador), UNAM, Siglo XXI, México, 2010, p. 116. El positivismo en el México independiente con visión hacia nación fue una gran oportunidad de implantar la educación pública obligatoria, gratuita y laica, principalmente por aquellos hombres místicos intelectuales defensores de las ciencias naturales ya digeridas, domiciliadas o hechas pertenencia de su identidad. En quienes el ímpetu de su espíritu era hacia el continuar formando hombres místicos instruidos, educados y científicos. Ello les llevó a participar en la comisión responsable de la elaboración de la primera Ley Orgánica de Instrucción Pública del México 1867 que abarcó desde la educación básica hasta la educación superior. Ellos fueron el ingeniero Francisco Díaz Covarrubias (1833-1889), José Díaz Covarrubias, el médico Ignacio Alvarado, el abogado Eulalio María Ortega y el médico filósofo Gabino Barreda (1820-1881). Una educación con filosofía positivista que perduró durante el sistema gubernamental de Porfirio Díaz.12 Con esta primera Ley de Instrucción Pública surgieron instituciones educativas y científicas culturales encauzadas a formar una sociedad mexicana con ímpetu de desarrollo, progreso y de concientización de la importancia de las ciencias naturales como química. Así iniciaron la Escuela Nacional Preparatoria en 1868; la Escuela Nacional de Ingenieros de 1869 del Colegio de Minería; la Escuela de Medicina de 1833; la Escuela Nacional de Agricultura de 1854 del Colegio de Agricultura; la Escuela Normal para Profesores de 1887; la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística fundada en 1850; la Sociedad Mexicana de Historia Natural, fundada en 1868, con publicación del periódico científico La Naturaleza de 1869 a 1914; la Sociedad Científica “Antonio Alzate” de 1884 con la difusión mensual Memorias de áreas matemáticas, física y ciencias naturales que en 1930 fue Academia Nacional de Ciencias “Antonio Alzate”; el Observatorio Astronómico de 1878 y el Instituto Geológico de México de 1888.13 En este ambiente positivista estuvo el Instituto Literario del Estado de México promulgado el 3 de marzo de 1828, finalmente establecido en la ciudad capital Toluca en 1830 y con su propio edificio en 1833. Un Instituto que venía 12 Consuelo García Stahl, Síntesis histórica de la Universidad de México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1978, p. 118. 13 Cfr. Luz Fernanda Azuela Bernal, Tres sociedades científicas en el Porfiriato. Las disciplinas, las instituciones y las relaciones entre ciencia y poder, Sociedad Mexicana de Historia de la Ciencias y la Tecnología A.C., Universidad Tecnológica de Nezahualcóyotl e Instituto de Geografía de la UNAM, 1996. formando integralmente ciudadanos profesionales con un desempeño institucional en educación básica (primeras letras), educación media superior (preparatoria) y educación superior (jurisprudencia, agricultura, comercio, industria y agrimensor) con un internado para alumnos municipales de la entidad. Sus planes de estudios plasmados en su Primera Ley Orgánica decretada por el Congreso estatal en octubre de 1851, indican la enseñanza de las ciencias naturales.14 Entre éstas estuvo la enseñanza de la química moderna, colonial y prehispánica, gracias a la participación de un ilustre catedrático del Colegio de Minería, el ingeniero en minas y ensayador apartador de metales Francisco del Villar Marticorena.15 La comunidad del Instituto Literario y la población municipal y de municipalidad sintonizaron y confiaron en la directriz institucional del Director Lic. Felipe Sánchez Solís (1816-1882), de “El Nigromante” Ignacio Ramírez Calzada (1818-1879) y del gobernador Mariano Riva Palacio Díaz (1803-1880): El establecimiento del sistema educativo positivista de G. Barreda para los estudios de Profesores de Instrucción Primaria, Preparatoria y de las carreras de Agricultura y Veterinaria, Artes y Oficios, Comercio y Administración, Ingenieros y de Ensayador de Metales. Un proyecto educativo que el Soberano y Supremo Congreso Estatal decretó el 4 de enero de 1870 con el decreto número 157.16 Esto dio pauta a que la ciencia química moderna, colonial y prehispánica continuara su domiciliación para conformarse en la cultura de la comunidad institutense del Instituto Literario y, principalmente, de la ciudad de Toluca. Sin embargo, en el transcurrir de los años de 1870 a 1886, la química con otras ciencias naturales formaron hombres ciudadanos místicos pensantes visionarios para su mismo claustro científico académico, para otras instituciones científicas-educativas y/o para instituciones gubernamentales. Quienes se unieron a los hechos relevantes de institutenses místicos visionarios, hechos que la Máxima Casa de Estudios de siglo XXI los valoriza de pertenencias de su 14 Colección de Decretos del Estado de México, tomo V, pp. 51-88, Archivo Histórico del Estado de México, Centro Cultural Mexiquense, Gobierno del Estado de México. 15 Aurelio J. Venegas, El Instituto Científico y Literario del Estado de México, Universidad Autónoma del Estado de México, 1984, p. 16. 16 Colección de Decretos del Estado de México, tomo VII, pp. 101-114, Archivo Histórico del Estado de México, Centro Cultural Mexiquense, Gobierno del Estado de México. identidad y son: Su título de Instituto Científico y Literario del Estado de México, en 1886, con su Ley Orgánica que le encomienda la educación media básica (secundaria)17 y su blasón Estandarte de 15 de septiembre de 1887 con los símbolos de los colores verde y amarillo dorado, la estrella platónica de cinco puntas, la luz, la colmena, las trabajadoras abejas, la corona de encino y olivo y el lema “Patria, Ciencia y Trabajo”,18 los cuales fueron herencia cultural de identidad para el Instituto Científico Autónomo de diciembre 1943 y son para la Universidad Autónoma del Estado de México de 1956 y de siglo XXI. (a) Edificio del Instituto Científico y Literario del Estado de México hacia 1897, en El Instituto Científico y Literario bajo el signo del positivismo de Elizabeth Buchanan, Universidad Autónoma del Estado de México, 1981; (b) actual Escudo de UAEM y (c) Edificio de Instituto Científico y Literario Autónomo (ICLA) y en siglo XXI edificio de administración de Rectoría. 17 Colección de decretos expedidos por el Décimo Congreso Constitucional y por el Ejecutivo del Estado Libre y Soberano de México. Decreto número 83 de 30 de septiembre de 1886, Archivo Histórico del Estado de México, Centro Cultural Mexiquense, Gobierno del Estado de México, tomo XIX, pp. 207-262. 18 Inocente Peñaloza García, “El Escudo Institucional”, en Hechos y anécdotas del Instituto Literario (II), Universidad Autónoma del Estado de México, 1998, p. 3 De aquellos hombres místicos visionarios institutenses, merece reconocimiento su catedrático de la ciencia química, el alumno municipal de Villa del Carbón: Silviano Enriquez Correa (1853-1900). Quien trazó su vida de institutense desde su adolescencia en 1868 hasta su último suspiro en 1900. Con su entrega plena de responsabilidad en el Instituto Científico y Literario de 1876 a 1900 logró domiciliar a esta ciencia en los alumnos de preparatoria, de la carrera de agricultura, ensayador y apartador de metales, artes y oficios, y alumnas de la Escuela Normal de Artes y Oficios para Señoritas fundada en 1891.19 Montó, puso en operación y dio mantenimiento al laboratorio de experimentos de física, química e historia natural.20 Elaboró programas de las materias impartidas como química general, química agrícola, química mineral y elementos de mineralogía, química orgánica, química analítica y dosimacia, química general aplicada a la industria.21 Dejó de herencia académica cuatro libros de texto intitulados Apuntes complementarios al estudio de la química. Primera y Segunda Parte de 1884 y Compendio de Química. Primera parte química racional y Segunda parte química tecnológica de 1896,22 así como El Boletín del Instituto Científico y Literario del Estado de México, del cual fue editor fundador que se publicó de 1898 a 1905.23 Portada de libros de texto del catedrático de química Silviano Enriquez Correa, editados en 1884 y 1896, área especial de Archivo Histórico del Estado de México, Centro Cultural Mexiquense. 19 María del Carmen Gutiérrez Garduño, “La construcción de un modelo educativo de utilidad social. La Escuela de Artes y Oficios para Señoritas del Estado de México, 1891-1910”, en Experiencias educativas en el Estado de México. Un recorrido histórico, de Alicia Civera Cerecedo, coordinadora, El Colegio Mexiquense, A.C., 1999, p. 267. 20 Archivo Histórico de la Universidad Autónoma del Estado de México, expediente 4643, año 1892. 21 Colección de decretos del Estado de México, tomo III, V, VII, X, XIV, XV, XIX, XXIV, XXV, Archivo Histórico del Estado de México, Centro Cultural Mexiquense, Gobierno del Estado de México. 22 Archivo Histórico del Estado de México, 1884 y 1896. 23 Archivo Histórico del Estado de México, 1898-1905. Además, S. Enriquez fue su secretario 1886-1889 y su Director de los periodos 1889-1893 y 1896-1898, y la academia de ciencias naturales se comprometió a sí misma continuar siendo y haciendo de la enseñanza de estas ciencias un baluarte para la sociedad. Casos de egresados institutenses ilustres son el fundador de la Escuela Normal de México Ignacio Manuel Altamirano (18341893); el pensador juez de Corte Andrés Molina Henríquez (1868-1940); el médico descubridor de la vacuna contra el tifo Maximiliano Ruiz Castañeda (1898-1992); el diplomático embajador Isidro Fabela Alfaro (1882-1964); el educador y poeta Heriberto Henríquez Rodríguez (1884-1963); la ilustre pedagoga e intelectual de la educación moral Laura Méndez de Cuenca (1853-1928). Los hechos trascendentes del catedrático de química son unos de tantos que permiten afirmar que en la educación pública del Instituto Científico y Literario, la enseñanza de las ciencias naturales, como química, se hizo pertenencia de la identidad mexiquense o herencia científico cultural para generaciones juveniles, y, a la vez, con otras más instituciones educativas de la nación fue pertenencia de identidad mexicana. Además, este Instituto e instituciones educativas de vanguardia sabían de los avances de la ciencia química. México estuvo representado en el Primer Congreso Internacional de Química llevado a cabo en la ciudad alemana Karlsruhe, 3-5 de septiembre de 1860.24 Evento en que los químicos científicos acordaron el concepto básico de las unidades de estudio de la materia: el átomo y la molécula, así como las teorías, principios y axiomas del comportamiento de sustancias representado en modelos planares y tridimensionales con un lenguaje común y una nomenclatura estándar. Después fue el Congreso de Ginebra de 1892 y otros más hasta la creación de la Asociación Internacional de Sociedades Químicas en París de 1911, predecesora de la actual Unión Internacional de Química Pura y Aplicada (IUPAC), creada en 1919.25 24 Ramón Cid Manzano, “El Congreso de Karlsruhe: Paso definitivo hacia la química moderna”, en Rev. Eureka sobre Enseñanza y Divulgación de las Ciencias, Vol. 6, núm. 3, 2009, p. 399. En redalyc.uaemex.mx/redalyc/pdf/920/92013010006.pdf 25 “El desarrollo de una nomenclatura sistemática para la química orgánica”, en Estudios históricos en el lenguaje de la química de Maurice P. Crosland, UNAM, 1988, pp. 385-402. El Instituto Científico y Literario del Estado de México fue, también, participante activo de los eventos convocados por Justo Sierra Méndez (18481912), Primero y Segundo Congreso de Instrucción Pública 1889-1890, para dar ímpetu a que el progreso del país descansaba en la educación obligatoria, laica y gratuita, con la enseñanza de ciencias científica y artes.26 Una idea traducida en la creación de la Secretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes de 1905 y en la creación de la Universidad Nacional de México de 1910 para la preparación de profesionales de estudios superiores con posible desempeño de profesores de nivel primaria. 27 (a) Un edificio de la Escuela Nacional de Química Industrial en el pueblo de Tacuba, ciudad de México, en Juan Salvador Agraz (1881-1949) de Guadalupe Agraz de Diéguez, Facultad de Química-UNAM, 2001; (b) Vista panorámica de Ciudad Universitaria UNAM, en Ciencias Químicas, anuario 1955-1956, Sociedad de Alumnos, Escuela Nacional de Ciencias Químicas, UNAM, 1956. Asimismo este Instituto supo de la inauguración de la Escuela Nacional de Química Industrial el 23 de septiembre de 1916 en el pueblo de Tacuba, tras la iniciativa audaz del químico Juan Salvador Agraz y Ramírez de Prado (18111949). Quien se había preparado en la Universidad París, en su Institute de Chimie Apliquée, y en la Universidad de Berlín para sus estudios doctorales.28 Una 26 Mílada Bazant, Historia de la educación durante el porfiriato, El Colegio de México, 1993, p. 35. Síntesis histórica de la Universidad de México, op. cit. p. 133. 28 Horacio García Fernández, Historia de una Facultad de Química, 1916-1983, Universidad Nacional Autónoma de México, 1985, p. 21. 27 institución que se incorporó a la Universidad Nacional de México para 1917 y que para 1965 se convierte en Facultad de Química con sus estudios de doctorado y su Instituto de Química que inauguró sus actividades de investigación en 1941. Alumnos de Preparatoria del Instituto Científico y Literario del Estado de México de siglo XX, con vocación de prepararse para ser profesionista, profesional e investigador de la química, continuaron sus estudios superiores y de posgrado en espacios universitarios de la ahora Universidad Nacional Autónoma de México de 1929. Una Máxima Casa de Estudios que siempre brindó su fraternidad universitaria al Instituto para la obtención de su autonomía, ICLA-1944, y para ser Universidad Autónoma del Estado de México de 1956. Sobre todo cuando esta Alma Mater se lanzó a la creación de su Instituto de Ciencias Químicas en 1970, después Facultad de Química en 1985 y en siglo XXI con la creación mancomunada de su Centro en Investigación de Química Sustentable UAEMUNAM inaugurado en 2008. Espacios universitarios de la Facultad de Química-UAEM: (a)Edificio de Paseo Colón; (b) aulas de “El Cerrillo”; (c) “El Rosedal” y (d) el Centro de Investigación en Química Sustentable UAEM-UNAM BIBLIOGRAFÍA 1. 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