TALLER ETICA UNIVERSAL (15757)

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INSTITUCIÓN EDUCATIVA ROMÁN GÓMEZ
DECLARACION DE PRINCIPIOS EN TORNO A UNA ETICA UNIVERSAL.
Es un hecho constatable que, paralelamente a una gran transformación de las sociedades
actuales, se está produciendo también la deshumanización de las mismas, una de las principales
causas de los grandes problemas de la humanidad. Esto lleva aparejados una gran miseria moral
y un vacío de valores éticos, que, además de ser fuente de fanatismos e ignorancias, son causa
también de la miseria física, la intolerancia y el declive social, cultural y, finalmente, económico.
Como se reconoce en la introducción a la carta de constitución de la UNESCO: “puesto que las
guerras nacen en la mente de los hombres, es en la mente de los hombres donde deben erigirse
los baluartes de la paz”. Urge, en consecuencia, el fortalecimiento de valores éticos en todos los
órdenes en que se articula nuestro mundo actual, desde la convivencia social a las estructuras
educativas, profesionales, políticas, económicas, etc.
Afirmamos la existencia de unos principios éticos universales, que nacen del reconocimiento de la
dignidad humana y de la necesidad de su pleno desarrollo en convivencia, en armonía y en paz.
Se trata de valores universales que, respetando la diversidad, la multi-culturalidad, las creencias y
las religiones, trasciendan los propios valores culturales y confluyan en unos principios comunes
inherentes a todo ser humano, más allá de su raza, cultura o credo. Por ello, ningún sistema
político, social o religioso debe suplantar la autoridad de dichos valores en la conciencia de cada
individuo. Entendemos los valores éticos como aquellos que producen un bien moral, es decir, que
respetan, mejoran y perfeccionan la condición humana. Esta aspiración hacia lo mejor ha ido
desarrollando en los diversos marcos históricos y culturales diferentes normas morales. Pero
cuando estas normas se desarraigan de la esencia de los valores éticos profundos que les dieron
nacimiento, se vuelven rígidas cual una cáscara vacía y contrarias al fin para el que nacieron.
El bien común ha de ser la meta más elevada, una meta que no anule al individuo, sino que lo
potencie, pero que no permita que ese bien común sea vulnerado por los intereses individuales de
unos pocos.No habrá paz ni justicia social sin una ética individual, especialmente arraigada en el
comportamiento personal de los responsables sociales, políticos, económicos, etc.
VIVIR Y FOMENTAR EL DESARROLLO DE LOS VALORES UNIVERSALES
Aunque son muchos los valores que podríamos reconocer como universales, desde esta
plataforma queremos resaltar como punto de partida una serie de valores esenciales, valores
universales con los que los abajo firmantes nos comprometemos en el esfuerzo por vivirlos
personalmente y promoverlos colectivamente.
.- Amor a la verdad y al conocimiento. Es necesario desarrollar y vivir el amor a la verdad y el
conocimiento como una aspiración natural más allá del entorno cultural y religioso. El amor a la
verdad parte de la legítima aspiración por desarrollar el propio discernimiento y comprensión del
mundo y de uno mismo.
.- La honestidad y la integridad personal. El mundo necesita que los seres humanos vivamos con
honestidad, con coherencia con nuestros propios principios y nuestro sentido del bien y la justicia,
esa unidad entre pensamiento, sentimiento y acción que se manifiesta como sinceridad y fortaleza
moral para no dejarse arrastrar por las oportunidades de corrupción que se nos presentan. Solo la
honestidad produce ejemplo, y el ejemplo es el imprescindible motor de la transmisión de valores
y de la confianza en los poderes públicos representados en sus responsables.
.- Bondad y amor. La bondad y el amor son el nexo que hace posible la concordia y la unión entre
los seres. Los hombres y mujeres necesitamos fomentar esa predisposición constante hacia el
bien, que se nutre del inegoísmo y busca lo mejor para los demás. Quien posee bondad de
corazón no pretende beneficios ni éxitos personales a costa del perjuicio de los demás.
.- La sensibilidad hacia la belleza. La sensibilidad estética despierta en el ser humano resonancias
hacia el bien, la armonía y el discernimiento. Si la ética la podemos entender como belleza
interior, debemos también propiciar la belleza en lo que nos rodea. Belleza exterior e interior
deben ir unidas. Por ello, pensamos que el arte, como instrumento civilizatorio, puede contribuir a
la creación de espacios, entornos y manifestaciones culturales que fomenten lo mejor del ser
humano. Pero es necesario que el arte camine de la mano de la creatividad y la belleza y no de la
mano del mercantilismo.
.- Respeto por el medio ambiente y la vida en general. El ser humano está integrado en la
Naturaleza. Forma parte de su maravillosa manifestación de vida. No podemos entender la Tierra,
los mares, los árboles ni los animales como meros objetos a nuestro servicio. Todo perjuicio que
hagamos a este maravilloso sistema de la Naturaleza, además de ser un atentado contra la vida,
acabará recayendo sobre nosotros. El respeto a la vida, al medio ambiente y a su necesario
equilibrio es el fruto natural de entender la unidad sustancial de la vida, y al hombre como parte
de ella.
.- Sentido de la vida y trascendencia espiritual. Ya sea desde la fe, desde la ética o desde la
filosofía, cuando el hombre reconoce su dimensión profunda o espiritual como parte de sí mismo,
así como una dimensión profunda en el universo que le da sentido, llámese Dios, Causa o Esencia,
esta otorga un sentido a la vida donde los valores y cualidades éticas adquieren una mayor
relevancia en nuestro propio desarrollo y el de la humanidad. Este motor espiritual unido a los
demás valores de discernimiento, amor a la verdad, compromiso social y bondad, ha movido y
puede seguir moviendo el desarrollo de la humanidad en todos los órdenes de la vida, desde el
progreso material hasta el intelectual y moral.
.- Sentido de la justicia asentado en un gran humanismo. Se ha definido la justicia como dar a
cada cual lo que corresponde según su naturaleza y sus actos. Entendemos que ese sentido de la
justicia se expresa como equilibrio y armonía, que contempla siempre todas las necesidades de
los seres humanos y la distribución equitativa de oportunidades, a la vez que respeta el derecho a
progresar gracias al propio esfuerzo. Los intereses particulares de las naciones, los intereses de
partido, los intereses económicos, etc., no pueden suplantar a la verdadera justicia social
promoviendo leyes que vulneren los derechos humanos y el derecho esencial al desarrollo en
dignidad como persona. Insistimos, una vez más, en que no habrá justicia social sin una afirmada
ética individual.
.- Responsabilidad y sentido del deber. Debemos valorar la responsabilidad y el sentido del deber
entendidos como expresión del individuo comprometido en desarrollar y aportar lo mejor de sí
mismo, como base de su realización personal y de su servicio al bien común.
.- Fraternidad universal. Creemos necesario entender el vínculo y unidad esencial existente entre
todos los seres humanos más allá de sus razas, creencias y condiciones sociales; entender la
humanidad como una gran familia donde debe reinar la paz, el entendimiento y la solidaridad. El
espíritu de fraternidad se apoya en el reconocimiento de la dignidad de todo ser humano, de su
libertad para elegir su vida y sus creencias en el marco natural de respeto a los valores
universales y los derechos humanos.
.- Tolerancia activa. En este sentido, baste reflejar las palabras recogidas en la “declaración de
principios sobre la tolerancia” de la 28 reunión de la Conferencia General de la UNESCO, en París,
el 25 de octubre de 1995: “La tolerancia consiste en el respeto, la aceptación y el aprecio de la
rica diversidad de las culturas de nuestro mundo, de nuestras formas de expresión y medios de
ser humanos. La fomentan el conocimiento, la actitud de apertura, la comunicación y la libertad
de pensamiento, de conciencia y de religión. La tolerancia consiste en la armonía en la diferencia.
No solo es un deber moral, sino además una exigencia política y jurídica. La tolerancia, la virtud
que hace posible la paz, contribuye a sustituir la cultura de guerra por la cultura de paz…
…Tolerancia no es lo mismo que concesión, condescendencia o indulgencia. Ante todo, la
tolerancia es una actitud activa de reconocimiento de los derechos humanos universales y las
libertades fundamentales de los demás. En ningún caso puede utilizarse para justificar el
quebrantamiento de estos valores fundamentales…
.- Compromiso social. Consideramos necesario un compromiso social que sea el natural resultado
del espíritu de fraternidad, de la bondad y del sentido de la justicia. El bien común es fruto del
compromiso individual de aquellos que hacen suyos los ideales de progreso de la humanidad.
Los valores civilizadores expresados en el arte, la ciencia, la religión y la política solo pueden ser
fruto de un esfuerzo de los individuos por desarrollar y poner en común lo mejor de la humanidad.
Deben también reflejar su aspiración hacia los altos valores que anhelamos. Cuando la ciencia
busca la verdad y el conocimiento; la espiritualidad y la religión, la bondad y el amor; el arte, la
belleza; y la política, la justicia, se puede lograr una armonía insospechada que nos conduzca a
forjar sólidamente un mundo mejor. Un mundo mejor es posible desde el esfuerzo individual
inspirado por unos profundos valores universales.
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