08/09/2012 El sábado 8 de Septiembre volvió a repetirse una de las

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08/09/2012
El sábado 8 de Septiembre volvió a repetirse una de las travesías clásicas de nuestro Pirineo, la
Travesía del Alba situada en el valle de Benasque. El punto de encuentro fue el parquin del Balneario
de Benasque, donde nos encontramos a las 11.00 de la mañana, no sin antes haber hecho una parada
para tomar un café como es de rigor. Del balneario partimos y comenzamos la ascensión hasta el ibón,
tomando como referencia el camino de ascenso al ibón señalado por unas curiosas pintadas de círculos
azules y amarillos. El camino de ascenso, bastante empinado y con algún paso un poco delicado, nos
hace sudar al principio pero al cabo de la primera hora la pendiente se hace más suave hasta acabar en
una tranquila senda que nos llevará hasta el ibón de Alba. Con un día espléndido y una temperatura
agradable; la tentación de quedarse en el ibón y darnos un chapuzón es grande, pero después de comer
un poco y comentar las distintas ascensiones del entorno, que se quedan pendientes para futuras
salidas, las ganas de comenzar la aventura nos empujan a la boca de entrada. Desde el ibón son 5
minutos de dura subida, que nos hacen lamentar el habernos puesto todo el equipo, los monos, forros
polares y bragas con una temperatura ambiente de unos 25ºC sobran por todos los costados. Pero la
cuesta, muy empinada y dura, acaba rápido y pronto encontramos la entrada o mejor dicho el Bujerín,
porque de eso se trata, de un pequeño y oscuro agujero que nada revela sobre la enorme travesía que
esconde.
Echada la foto de inicio de rigor a las 14.30 nos adentramos a gatas por la pequeña entrada y
pronto nos encontramos con el primer pozo, un limpio rápel de 32m que nos introduce de lleno en la
travesía ya que al recuperar la cuerda tan solo hay una forma de salir, hacia abajo. El camino prosigue
por un pasillo estrecho en el que ponemos a prueba nuestras rodilleras y pasado éste un pequeño pozo
de 16m que nos lleva hasta el siguiente paso, la Porqueriza, donde como su nombre indica nos llenamos
bien de barro, excepto los más habilidosos que caminando mediante oposición se pierden de probar las
virtudes del barro, más tarde caerán…
El siguiente pozo nos depara una sorpresa, un pozo de 56m con una repisa en medio desde la
que se escucha el rumor del río Avall que más tarde cruzaremos. Una vez abajo exploramos uno de los
ramales de la galería en la que nos encontramos, remontando el curso del río se encuentra una amplia
galería surcada por el río y repleta de grandes bloques bajo los cuales aparecen tímidamente algunas
formaciones. A partir de aquí se observan reflectantes que indican el camino, de manera que
internándonos a la derecha del cauce continuamos el camino en la zona denominada Escala Fosca, para
llegar hasta el siguiente rápel de 17m que nos deja junto a la cascada, intentamos hacer alguna foto
de esta bella cascada en lo profundo de la montaña, pero la niebla y polvo que levanta lo hace
imposible. Dejando el rumor de la cascada atrás comienzan los primeros pasos entre bloques, el camino
es enrevesado pero gracias a la experiencia de los más veteranos encontramos rápido el camino.
Pasado el tramo de la Escala Fosca llegamos a la Sala Maldita, una enorme y amplia cavidad
repleta de bloques que pone a prueba nuestros frontales y tras unos minutos de descanso proseguimos
y nos encontramos un “libro de visitas”, puesto allí por el grupo de espeleo-socorro para facilitar la
tarea de éstos si hiciera falta. Escribimos la ruta que seguiremos y la fecha y continuamos, de los
caminos posibles elegimos la vía Nova que nos llevará hasta la Sala Leonor. En este punto el camino se
esconde y a pesar de estar indicado con un reflectante encontrarlo no es fácil dar con él, pero al fin
un pequeño ahujero entre bloques nos lleva hasta un pasamanos volado, las paredes no ofrecen ningún
agarre y el barro que comienza a abundar dificulta su paso, pero al final con la ayuda de la pedaleta
conseguimos cruzarlo no sin antes santiguarnos o más bien cagarnos en todo por el estado de la cuerda
en alguno de sus tramos. Proseguimos y una cuerda en medio de la galería engaña el camino, que en
realidad prosigue hacia adelante hasta llegar a un pequeño pozo. Se suceden varios pasamanos cada
vez más empinados hasta llegar al siguiente pozo. Un rápel volado de unos 20m ya instalado y que
parece sencillo pero al bajar nos encontramos que la cuerda tiene un inexplicable nudo en medio que
aparte de sacarnos un par de juramentos no sirve para nada más.
Una vez abajo el camino prosigue por una empinada bajada hasta el siguiente pasamanos y de
allí por fin un tramo recto y sin dificultades, es la Galería de las Piques. Continuamos avanzando
sorteando los numerosos gours del camino, algunos todavía con agua, otros secos, pero todos de gran
belleza, hasta alcanzar la zona “El Forat Negre”, donde se encuentra una gran bóveda con un rápel
guiado de 39m. En este punto la instalación está montada, de las tres cuerdas que hay acertamos y
descendemos por la más fina, que ayudado por una cuerda guía nos deja en el fondo sin fraccionar el
rápel. Desde aquí y siguiendo las marcas un pozo de 15 m nos mete de lleno en la Galería de las
Pisolitas, con una primera sorpresa a la izquierda nada más bajar el rápel, un pequeño estanque con
bellas cristalizaciones que hace obligado el detenerse a observarlo. Continuamos por la galería y
encontramos las pisolitas, como en un pequeño nido se encuentran juntas estas bellas formaciones,
para algunos por primera vez vistas.
Evitando bajar por el gran pozo que conecta con el Pou Fantasma y que nos haría perdernos la
Sala Llopis, continuamos hasta el siguiente rápel, que con otra cuerda guía ésta con más fortuna
instalada que la anterior, descendemos los 27m hasta alcanzar el fondo de la Sala Llopis donde nos
aguarda otra sorpresa, las antiestalagmitas o conulitos, formadas por la erosión del agua en su caída
simulan lo que podrían ser moldes de estalagmitas, si éstas se hicieran en talleres y no por disolución
de calcita.
A partir de aquí el camino se estrecha, se suceden pasamanos y rápeles, el cansancio comienza
a hacer mella y más de uno nos acordamos del bocata y comida que llevamos en el bote estanco,
paciencia dice los veteranos, pero el hambre es el hambre y entre rápel y rápel caen varios puñados de
frutos secos. Poco después descubrimos el porqué de la espera, en la intersección de varios caminos ya
en el Laberinto Leonor, donde curiosamente la temperatura es un poco más alta es momento de parar,
descansar, y menos mal, comer y beber un poco. El ritmo no ha sido especialmente rápido, pero tras
ocho horas danzando sin comer y beber hasta el conejito Duracell pediría tiempo muerto.
Cargadas las pilas llegamos hasta la Sala Leonor, no lleva mucha agua con que podemos ver y
admirar la cascada y el estruendo que bajo tierra monta. Y de nuevo las estrecheces, varios pozos y
pasamanos nos introducen en la Galería de los Anguines, con pasos “ideales” para la saca de barrancos
que llevamos alguno avanzamos perjurando acerca de las dimensiones de la saca, ya que se engancha
por todos sitios pero al final el esfuerzo tiene su recompensa, pues en esta galería las paredes son de
puro mármol con vetas de varios colores que harían las delicias de cualquier encimera de cocina.
Admirando la belleza de éste tramo llegamos a la siguiente dificultad, el Destripamonos, meandro muy
estrecho en el que se progresa por oposición, las paredes presentan numerosos agarres pero hay que
ir con cuidado porque éstos mismos agarres son muy afilados y ponen a prueba la cordura de nuestros
monos. El cansancio comienza a hacer mella y algunos no pensamos ya más que en la salida, pero aún
falta por cruzar un último pasamanos suspendido sobre el agua en la Galería del Lago, el paso es
sencillo pero todos lo cruzamos mirando el agua con la misma aprensión que la miraría cualquier felino,
después de 13 horas de cueva lo último que apetece es darse un chapuzón en éstas frías aguas. Al final
por fin las palabras mágicas – Ya estoy fuera –…música para los oídos de los demás y con una salida
más digna de esta travesía salimos al cielo estrellado y fresco de la montaña.
Catorce horas nos ha costado realizar la travesía, unos la harán en más tiempo, otros serán más
rápidos, pero todos coincidimos en la misma cara de satisfacción al finalizar esta hermosa y exigente
travesía. De aquí al coche la noche nos muestra una última sorpresa, la presencia de numerosas
Salamandras en el camino (si, buscando en el Dios google hay que decir que eran salamandras, la
Salamandra salamandra fastuosa para más inri). Y de aquí hasta los coches, donde nos espera una bien
merecida cena, a los más previsores también una cerveza, y por fin de nuevo la oscuridad, pero ésta
vez bajo la comodidad de las mantas y un reparador sueño.
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