Sociología rural: Cambios sociales y transformaciones culturales; Victor Pérez

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SOCIOLOGÍA RURAL
Comentario Crítico
Víctor Pérez Díaz
Cambios sociales y transformaciones culturales.
(Variaciones sobre el proceso de cambio de la Castilla campesina).
En el comentario del artículo correspondiente al primer bloque de lecturas de la asignatura, escrito por Víctor
M. Pérez Díaz, se intenta analizar el proceso o procesos de cambio de las comunidades agrarias de Castilla.
Este proceso está realizado desde una perspectiva estructural y con un tratamiento de los datos, dinámico.
De una manera especial, el autor negocia con las conexiones existentes, entre, dos dimensiones del propio
cambio estructural al que hace referencia. Por un lado los aspectos económicos, sociales y políticos de dicho
proceso, y por otro, las transformaciones culturales, presentes en estas colectividades.
Las comodidades adquiridas en la forma de vida de las personas, además de las crecientes diferencias en el
mercado laboral han incrementado, sobre todo, a partir de los 60, las diferencias existentes entre los grandes
agricultores (dueños de las tierras y de los sistemas de producción agrícola) y los pequeños agricultores
(asalariados por su trabajo en tierras de otros, no poseen ni la tierra ni los medios de producción). Estos
últimos por las presiones coyunturales que la situación ha determinado, propició y esta propiciando el
aumento del flujo migratorio campo−ciudad.
La frecuencia de los viajes y la irrupción de los Medios de Comunicación (sobre todo la Televisión) ha
introducido nuevos elementos y forzado a crear nuevos valores dentro de estas comunidades agrarias.
Los efectos de este proceso de cambio afectan de manera directa a las actitudes políticas que estos agricultores
mantenían en un pasado no muy lejano.
Una de las variables que mejor explican, el cambio producido en las comunidades agrarias de Castilla, es el
Flujo de emigración desde estas comunidades a las ciudades con fuerte capacidad industrial manufacturera. A
partir de la década de los 60, encontramos, que las directrices europeas al respecto, en forma de ayudas a la
industria, hacen cambiar la opinión de quien habita en el campo, replanteándose el hecho de emigrar hacia
esas zonas para mejorar su situación laboral. Sobre todo, los jóvenes, ven así sus esperanzas de un futuro
prometedor, lejos de la tierra y de sus comunidades de origen.
Es por ello que la industria agraria sufriera una profunda mecanización, en consecuencia del déficit de mano
de obra que empezó a sufrir durante aquellos años. Las consecuencias de esta mecanización, protagonizada
por el tractor, afectaron de manera significativa a las estructuras económicas y sociales, además de los ritmos
y modos de producción anclados desde el pasado. Pero no toda la estructura social de estas comunidades se
desarrolló por igual, hubo quien pudo y quien no pudo mecanizarse, con lo que, una vez más, hubo diferencias
sociales. Se enriquecieron las capas superiores de la jerarquía terrateniente, mientras los campesinos lo
hicieron de un modo minoritario y desigual. Porque si esto no hubiera ocurrido el fenómeno migratorio
tendrían que haber sido más para repartirse el trabajo y los recursos, por lo que en este caso, la estructura
agraria de estas comunidades se benefició sobremanera, y aún, más si cabe si se observa, este fenómeno,
desde el prisma de la estructura poseedora de tierras.
Las distinciones entre los obreros emigrados hacia zonas industriales, y los agricultores que permanecen en
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estas comunidades, son, un tanto, ambiguas. AL estudiar, con detenimiento, y durante un periodo largo de
tiempo, se observa claramente, como se solapan las dos clases, t como, además, comparten las mismas
concepciones sobre el futuro y sobre el trabajo que desempeñan.
Dentro de la dimensión modernizadora que ha acompañado a estas comunidades, es notorio comentar que el
hábitat o, mejor dicho, los hogares donde residen las personas de estas colectividades, han sido también el
centro de estas reconversiones. La difusión de los electrodomésticos, como del mobiliario y de las
construcciones modernas, expresa y refuerza el proceso de diferenciación social en el seno de la comunidad.
La televisión ha sido el electrodoméstico por excelencia, dentro de este aspecto modernizador del mundo
agrario. El receptor, lo ha sido, de manera incondicional, pero su evolución no es, ni mucho menos, como lo
han sido otros aparatos y comodidades adquiridas del mundo urbano. Ha reducido la dimensión socializadora
dentro de la comunidad, tanto dentro del hogar como en la colectividad agraria. Los efectos no son conocidos,
pero lo que sí está claro es la aceptación de los valores urbanos y modernos" por todas las personas expuestas
a ella. La televisión ha creado una ambivalencia frente a los principios y valores pregonados por sus
emisiones. Mientras, por un lado, los receptores de mensaje se familiarizan con las nuevas normas formativas
de conducta, por otro lado, ocurre que al entrar en contacto con los valores y formas de conducta arcaizantes,
los individuos rechazan en multitud de ocasiones, el mensaje lanzado por la televisión, por considerarlo falso
o irreal. No son capaces de discernir, claramente, lo que es realidad y lo que es fantasía, pero aún así, hacen
suyas conductas y citas, extraídas directamente de la televisión.
Pero, lo que verdaderamente, hay que señalar es que el cambio e intensificación y amplificación de elementos
ya existentes y combinación con otros nuevos, hasta que llega un punto en que la estructura del sistema de
principios y de valores queda transformada. Parece que el mundo campesino ha sufrido un ensanchamiento
del mundo. En este punto es reseñable un aspecto como los viajes. Para la gente de este entorno emprender un
viaje es algo natural, algo que los demás hacen, una actitud perfectamente válida para ellos, como para la
gente de la ciudad. Este reflejo, en el que estas personas se sienten parte de él, es una vez más, un aspecto
extrapolado de la televisión y de la emisión de actitudes y comportamientos que el mundo agrícola ha
aceptado.
Otro aspecto importante extraído de éste artículo, es el descenso de la secularización del mundo agrícola a
partir de dichos años. Este aspecto unido al de riqueza, que el mundo agrario posee, ha permitido dicho
descenso y el posterior desarrollo social y económico de las comunidades de Castilla. Aunque el autor asegura
que el trato eclesiástico fue menor y menos importante de lo que se cree, pero tiene que ver con las actitudes
que mantienen los castellanos en otras materias. Este aspecto nos sirve de puente para estudiar, otra de las
variables a estudio, la actitud política de los individuos de estas comunidades.
Políticamente hablando decir que la mitad Norte española fue nacional, durante los años de guerra, y
partidaria de los partidos conservadores, véase la C.E.D.A., es un hecho confirmado. Pero dicha actitud no era
más que una respuesta al olvido de los partidos republicanos progresistas, en el momento de donar y otorgar
ayudas a estas comunidades, durante la bajada de los precios agropecuarios de aquellos años de crisis.
Además, el campesinado castellano, era de por sí dependiente de las directrices marcadas por el Gobierno
Central, con el que ellos querían sentirse vinculados mediante el empleo de ayudas y demás favores. Y, por
otro lado, la existencia de una relación directa de caciques, funcionarios y personal eclesiástico en estos
ambientes, creó una conciencia simpatizante hacia estas clases dirigentes conservadoras, que velaban por el
bien común (tanto de los propios individuos, como de los productos realizados).
Todos estos aspectos ligados al cambio intrínseco que protagonizó todo el Estado Español, han modificado
cuantitativa y cualitativamente la configuración de la estructura de las comunidades agrarias. Además de todo
esto, nuevos aspectos, como la proliferación de nuevos medios de comunicación, como es el caso de Internet,
o el cambio político y social, ya asentado en una Democracia Parlamentaria, han continuado tales cambios y
los han hecho extensivos al resto de habitantes de esta colectividad.
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El hecho diferenciado que, por último, quería señalar. Es la fuerza impresa que ha recibido este sector con la
entrada de España en la C.E.E., primero, formando parte más tarde de la U.E. y su unificación monetaria. Ha
posibilitado la extensión de cultivos con las ayudas, en formas de fondos de cooperación y de cohesión, y han
garantizado, finalmente, la permanencia de la agricultura y de la forma de vida y costumbres que, desde
antaño, caracterizaban a las comunidades agrarias castellanas.
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