Doctrina de la Legislación Hacendaria

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Contenido
Introducción
I. Derecho Financiero
I.I Disciplinas del Derecho Financiero
I.2 Ramas del Derecho Financiero
I.3 Actividad Financiera
I.4 Correlación de las disciplinas del Derecho Financiero
II. Definición y alcances
II.1 Clasificación de los ingresos
II.2 Concepto de Impuesto
II.3 Impuesto, Contribución y Tributo
II.3.1 Impuesto
II.3.2 La Contribución
II.3.3 Tributo
II.4 Caracteres y principios jurídicos del impuesto
III. Derecho Presupuestario
III.1 Concepto y técnica del presupuesto
III.2 Previsión presupuestaria
III.3 Naturaleza Jurídica del Presupuesto
Bibliografía
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Introducción
El presente documento tiene por objetivo actualizar los diversos conceptos y
disposiciones jurídicas que se siguen produciendo en el ámbito del derecho
municipal, ya que por ser una materia novedosa e inacabada está sujeta a la
dinámica de los cambios políticos, democráticos y sociales del país; en tal sentido en
esta presentación anteceden las reformas constitucionales al artículo 115, vigentes a
partir de 1999 y del 2001. Así como la consideración del capítulo sobre la justicia
administrativa municipal, con ello se pretende que el estudiante y el estudioso del
derecho municipal cuenten con un texto actualizado que permita ampliar, analizar e
investigar el amplio tema sobre el municipio mexicano.
Sin embargo, existe aún gran resistencia para reconocer al ámbito municipal como
un real y auténtico nivel de gobierno, por tanto, nuestro federalismo esta aún
inacabado; en virtud de que el municipio mexicano ha sido soslayado de manera
insistente por gobernantes, políticos, e investigadores, lo cual ha provocado serios
errores, confusiones, equivocaciones y temores al abordar, con seriedad,
profundidad, creatividad, talento e imaginación el apasionante e interesante tema del
derecho municipal.
Son escasos los estudios que le otorgan importancia al derecho municipal, incluso
afirmo que si bien es cierto que el municipio tiene antecedentes romanos, españoles
y virreinales; en nuestro país, por su estructura, su nivel de gobierno, y sus
finalidades espaciales y sui generis hacen que surja un derecho municipal mexicano,
objetivo de este trabajo que permitirá al estudioso del tema, contar con un texto que
le ayude a conocer, comprender, analizar, reflexionar y explicar el nivel municipal
como un auténtico, real y verdadero poder público; su concepción jurídica,
conceptualización, integración, fines, pero sobre todo la problemática que enfrenta el
municipio dentro del sistema federal mexicano.
La Legislación Hacendaria, comprende una serie de temas específicos de la doctrina
del derecho público, están ordenados de manera secuencial, con el objeto de que se
comprenda la ramificación de lo general a lo particular, y con ello introducir al
interesado en el tema, una mayor comprensión de los procesos que desarrolla el
sector público cuando se refiere a las finanzas públicas.
La temática desarrollada, considera además una serie de ejemplos de la política
impositiva del Sistema Fiscal Mexicano, con ello, facilitará al lector, tener una mejor
percepción del Sistema Nacional de Coordinación Fiscal y Estatal de Coordinación
Hacendaria, así como una serie de subtemas especificos.
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Temática:
I.
II.
III.
Derecho Financiero.
Derecho Tributario.
Derecho Presupuestario.
Subtemas:
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








Disciplinas del Derecho Financiero.
Ramas del Derecho Financiero.
Actividad Financiera.
Definición y alcances.
Clasificación de los ingresos.
Concepto de impuesto.
Impuesto, Contribución y Tributo.
Caracteres y principios jurídicos del impuesto.
Concepto y técnica del presupuesto.
Naturaleza jurídica del presupuesto.
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I.
Derecho Financiero
El Derecho Financiero es el conjunto de normas jurídicas que regulan la actividad
financiera del Estado en sus tres momentos, a saber: en el establecimiento de
tributos y obtención de diversas clases de recursos, en la gestión o manejo de sus
bienes patrimoniales y en la erogación de recursos para los gastos públicos, así
como las relaciones jurídicas que en el ejercicio de dicha actividad se establecen
entre los diversos órganos del Estado o entre dichos órganos y los particulares, ya
sean deudores o acreedores del Estado.
Pugliese define, “el Derecho Financiero es la disciplina que tiene por objeto el estudio
sistemático del conjunto de las normas que reglamentan la recaudación, la gestión y
la erogación de los medios económicos que necesitan el Estado y los entes públicos
para el desarrollo de sus actividades, y el estudio de las relaciones jurídicas entre los
poderes y los órganos del Estado, entre los ciudadanos y el Estado, y entre los
mismos ciudadanos, que derivan de la aplicación de esas normas”(Pugliese)
Giuliani Forouge lo define como “el conjunto de normas jurídicas que regulan la
actividad financiera del Estado en sus diferentes aspectos: órganos que la ejercen,
medios en que se exterioriza y contenido de las relaciones que origina”(Giuliani)
Para Sáinz de Bujanda es la rama del Derecho Público interno que organiza los
recursos constitutivos de la Hacienda del Estado y de las restantes entidades
públicas, territoriales e institucionales, y regula los procedimientos de percepción de
los ingresos y de ordenación de los gastos y pagos que tales sujetos destinan al
cumplimiento de sus fines (Sáinz).
La disciplina jurídica que se erige en torno a la actividad financiera haciéndola objeto
de conocimiento es el Derecho Financiero. El Derecho Financiero por consiguiente
es una disciplina jurídica que como rama del Derecho público está llamada a dar
cuenta del cuerpo de principios jurídicos en que se sustenta la regulación a que se
somete el Estado y los demás entes que intervienen con motivo de la obtención de
los ingresos, de la administración de sus bienes patrimoniales y de la realización del
gasto público, así como de las relaciones que con tal motivo se articulan.
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El marco jurídico o normativo que constituye la estructura de la actividad financiera
se halla soportado e inspirado por una serie de principios congregados en torno a
cada una de las tres instituciones más relevantes que la configuran: el tributo, el
patrimonio y el gasto público. Amén de un cuerpo de principios que le son comunes
a la universidad del fenómeno, cuestión altamente debatida.
Por supuesto que ingreso, patrimonio y gasto no obstante constituir tres momentos
de una misma realidad, sin embargo, responden a dinámicas diversas. Los
principios conforme a los cuales se procura el ingreso no pueden ser los mismos que
aquellos que orientan el gasto, ni los mismos que inspiran la administración del
patrimonio.
En el ámbito de los ingresos, los tributos, su principal categoría, tanto en lo que a su
existencia se refiere como a su percepción es dable señalar como sus principios
inspiradores más relevantes los siguientes:

De reserva material de ley.

De capacidad económica.

De igualdad.

De generalidad.
Por cuanto se refiere al gasto, los principios más significativos son:

De reserva de ley.

De unidad presupuestaria.

De anualidad.

Del equilibrio presupuestal.
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De lo anterior, se advierte por una parte, la existencia de un cuerpo de principios que
se enuclean en torno a cada una de estas dos instituciones de la actividad financiera:
el tributo y el gasto público; y por otra, la divergencia entre ambos cuerpos de
principios.
La cuestión referente a la presencia de principios comunes a todo el edificio
financiero ha sido altamente debatida y motivo de profunda división en la doctrina.
La postura predominante ha sido aquella que niega la existencia de un cuerpo de
principios comunes al edificio financiero en su conjunto que proyecten sobre el
mismo una fuerza tal que le imprima una dosis de homogeneidad que contrarreste y
aun supere la dinámica que generan la diversidad de las instituciones que los
conforman.
El tributo, el patrimonio del Estado y el gasto público constituyen institutos dispares
desde todos los ángulos, por lo que la fuerza de los señalados principios deberá
aspirar a superar tales disimilitudes. Se aduce por un sector de la doctrina que el
principio llamado a brindar tal cobertura global a todo el edificio financiero es el de
equidad, dado que el mismo rige tanto en el ámbito de los ingresos como en el de los
gastos, sin embargo, frente a las profundas disparidades de los institutos financieros
no logra imponer ese toque de homogeneidad exigido.
I.1 Disciplinas del Derecho Financiero
Como disciplina jurídica carece de sustantividad, lo que en realidad acaece es que se
está ante el propio Derecho constitucional que por definición es uno, a partir de los
principios constitucionalizados de proyección exclusiva sobre el mundo tributario, por
ejemplo, capacidad contributiva, vinculación a fines recaudatorios o fiscales, igualdad
en la imposición, etc., o bien adicionado a los anteriores aquellos otros que sin
producir tal proyección exclusiva, sin embargo despliegan su eficacia también en
dicho campo, por ejemplo, legalidad, audiencia y defensa, tutela judicial, etc.
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Se trata por consiguiente del único Derecho constitucional que sólo por razones
didácticas es fragmentado a efecto de acometer su estudio parcelado sólo en
aquellas zonas teñidas de lo tributario, lo que equivale a privilegiar el análisis
exclusivo de aquellos principios jurídicos constitucionalizados que despliegan su
eficacia o fuerza vinculatoria en el ámbito tributario.
I.2 Ramas del Derecho Financiero
La existencia de los tres bloques diferenciados que conforman la actividad financiera,
ha exigido que los esfuerzos por explicar jurídicamente tal sector de la realidad
estatal discurran por tres distintos cauces dando nacimiento a tres diferentes
disciplinas: el Derecho Tributario, el Derecho Patrimonial y el Derecho
Presupuestario.
El ámbito de cobertura del Derecho financiero no coincide con la amplitud del
fenómeno financiero, por que éste presenta sectores no abarcados por aquél, por lo
que la cuenta jurídica de tal realidad, deberá darla tanto dicha disciplina como otras
que proyectan sus saberes y exigencias sobre algunos sectores de ella, tales como
el Derecho civil, el Derecho administrativo, etc. Por ejemplo, el Derecho tributario,
como rama del Derecho financiero, sólo hace suyo como objeto de conocimiento un
sector de los ingresos públicos: los tributos, dejando de lado el resto cuyo régimen
jurídico queda bajo el dominio de otras disciplinas jurídicas tales como el Derecho
civil en el caso de la percepción de ingresos públicos derivados de la venta de un
bien patrimonial del Estado.
I.3 Actividad financiera
Conceptualizando, el Estado realiza diversas actividades para la ejecución de sus
finalidades. A través del Poder Ejecutivo desarrolla una función “que se encamina a
la realización de los servicios públicos y a la satisfacción de las necesidades
generales. Siendo esto así, que la Administración de un Estado –como la de
cualquier otra entidad pública o privada- tenga que utilizar medios personales,
materiales y jurídicos para lograr el cumplimiento de sus fines. Por tanto resulta que
uno de los sectores más importantes de la actividad administrativa está constituido
precisamente por la gestión de intereses económicos” (Sáinz).
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El nombre de actividad financiera, la cual, según Giannini, la cumple el Estado “para
administrar el patrimonio, para determinar y recaudar los tributos, para conservar,
destinar o invertir las sumas ingresadas”, y se distingue “de todas las demás en que
no constituye un fin en sí misma, o sea en que no atiende directamente a la
satisfacción de una necesidad de la colectividad, sino que cumple una función
instrumental de fundamental importancia, siendo su normal desenvolvimiento una
condición indispensable para el desarrollo de todas las restantes
actividades”(Giannini, 1943).
La actividad financiera del Estado ha sido definida por el fiscalista mexicano Joaquín
B. Ortega, como “la actividad que desarrolla el Estado con el objeto de procurarse los
medios necesarios para los gastos públicos destinados a la satisfacción de las
necesidades públicas y en general a la realización de sus propios fines”(Ortega,
1970).
La actividad financiera del Estado, comprende tres momentos fundamentales: el de
la obtención de ingresos, los cuales pueden afluir al Estado tanto por institutos de
derecho privado, como es la explotación de su propio patrimonio (empresas
industriales, renta de inmuebles, venta de bienes), como por medio de institutos de
derecho público, por ejemplo, los diversos tipos de tributos, o por institutos mixtos,
como la contratación de empréstitos o la emisión de bonos; la gestión o manejo de
los recursos obtenidos y la administración y explotación de sus propios bienes
patrimoniales de carácter permanente; y la realización de un conjunto variadísimo de
erogaciones para el sostenimiento de las funciones públicas, la prestación de los
servicios públicos y la realización de otras muy diversas y gestiones que el Estado
moderno se ha echado a cuestas.
Perspectiva Económica
La actividad financiera refiere a una dimensión económica “por cuanto que ha de
ocuparse de la obtención o inversión de los recursos públicos que necesarios para el
cumplimiento de aquellos señalados en ley” (Sáinz de Bujanda), lo que condujo por
largo tiempo a muchos autores a concluir que la ciencia de las finanzas públicas (o
ciencia de la hacienda pública, o ciencia financiera, como otros la llaman) era una
rama de la ciencia económica.
La innegable dimensión económica que posee la actividad financiera del Estado hizo
que los cultivadores de la Economía Política antes que ningunos otros (por ejemplo
Adam Smith, en su “Tratado de la Riqueza de las Naciones”, y David Ricardo en su
“Principios de Economía Política y Tributación”) se ocuparan del estudio de la
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actividad financiera estatal. Poco a poco fue independizándose esta disciplina de la
Economía Política para constituir la Ciencia de las Finanzas Públicas o Ciencias de
la Hacienda Pública.
Expresión Política
La dimensión política de la actividad financiera hace expresar a Pugliese que “en los
Estados modernos el derecho de consentir a la exacción de los tributos atribuidos en
la Constitución directa o indirectamente a los ciudadanos, sólo puede entenderse en
el sentido relativo: una negativa absoluta a consentir al Estado la exacción de medios
económicos necesarios para su existencia equivaldría sustancialmente –como lo
demuestra la historia- a un acto de rebelión política, a una negativa a consentir
ulteriormente la existencia de aquella forma determinada de organización política.
El concepto de la actividad financiera no puede separse del de soberanía financiera:
La actividad financiera no puede considerarse más que como la actuación en
concreto de la facultad que constituye la esencia misma del concepto de soberanía”.
Por ello también afirma Sáinz de Bujanda: “la facultad del Estado de procurarse los
medios económicos necesarios para el cumplimiento de sus fines pertenece al
ámbito de los poderes de supremacía o de imperio, que corresponden, ab, origine,
al ente público”. (Morselli) proclama también el elemento político en la actividad
financiera.
La actividad financiera tiene naturaleza política, porque político es el sujeto agente,
políticos son los poderes de los que éste aparece investido, políticos son también
esos mismos fines, para cuya obtención se desarrolla la actividad financiera.
Argumenta que todos los principios económicos, éticos, sociales, técnicos, jurídicos,
que el ente público utiliza en el desarrollo de su actividad financiera, “a pesar de la
particular eficacia que alternativamente adquieren, quedan siempre subordinados al
principio político que domina y endereza toda la actividad financiera del Estado”.
Doctrina Jurídica
La actividad financiera que realiza, el Estado, como el resto de la actividad
administrativa, se encuentra sometido al derecho positivo.
Giannini precisa, que la actividad financiera es una rama de la actividad
administrativa y aparece como tal regulada por el Derecho objetivo. Constituye una
reconocida exigencia del Estado moderno –Estado de derecho- que todas sus
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manifestaciones de voluntad en el campo de la Administración y las relaciones con
los particulares que ésta engendra encuentren en la Ley su fundamental disciplina.
El estudio del aspecto jurídico de la actividad financiera del Estado corresponde al
Derecho Financiero.
Visión Sociológica
Un aspecto sociológico, como lo ha destacado Morselli.
Los fines políticos de los impuestos aparecen muchas veces inspirados y
condicionados por las apetencias y anhelos que laten en los grupos sociales como
actúan dentro de cada organización política. De ahí que la Hacienda Pública debe
ocuparse también de las repercusiones sociales que pueden derivarse de la
actuación económica de los entes públicos.
La política financiera –escribe Pugliese- implica siempre- aunque no se lo propongaefectos redistributivos: la elección de los objetos imposibles, de los métodos de
exacción y de los gastos a realizar, se produce siempre en base a un criterio que no
puede desentenderse, al menos en parte, de la influencia de las fuerzas sociales que
actúan dentro del Estado en casa época histórica.
Han destacado, asimismo, el aspecto sociológico de la actividad financiera estatal,
Hugo Dalton, el profesor holandés Adriani y la Tratadista griego Angelopoulos.
Angelopoulos expone que “la política fiscal no puede ser una política neutral vis a vis
de la economía y de la comunidad, como enseñaba la escuela clásica, sino que ha
de estar enderezada hacia la realización de los objetivos del Estado acordes con el
fin supremo de la prosperidad social”.
I.4 Correlación de las Disciplinas del Derecho Financiero
La actividad financiera del Estado cubre diversos aspectos tales como: como
económico, político, jurídico y sociológico.
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En lo Económico
La actividad financiera refiere a una dimensión económica “por cuanto que ha de
ocuparse de la obtención o inversión de los recursos públicos que necesarios para el
cumplimiento de aquellos señalados en ley”. El instrumento de política económica,
conocido por la doctrina jurídica como la Ley de Ingresos de cualquier ámbito,
federal, estatal y/o municipal; vinculada al instrumento de política financiera,
expresado en términos legales por el presupuesto de egresos; de la federación, de
las entidades federativas o los municipios. Cada ciencia social interpreta estas
disposiciones al servicio del Estado para dar cumplimiento a sus deberes.
La prospectiva Política
No puede ocultarse el aspecto político que tiene el fenómeno financiero, toda vez
que la actividad financiera del Estado es la expresión de voluntad de la autoridad
para materializar el espíritu de las leyes, entonces constituye una parte de la
administración pública y, esta, a su vez, está integrada por el conjunto de actividades
y servicios destinados al cumplimiento de los fines de utilidad general, es evidente
que solo podrá tenerse un concepto preciso de la actividad financiera partiendo de
una visión clara de la organización y de los fines estatales. La actividad financiera no
puede considerarse más que como la actuación en concreto de la facultad que
constituye la esencia misma del concepto de soberanía.
Aspecto Sociológico
La actividad financiera tiene también un aspecto sociológico, ser garante de los
satisfactores de bienestar de la población en general; las condiciones en la
prestación de los servicios públicos, la calidad, eficiencia y oportunidad de estos,
influye en gran medida de los niveles de calidad de vida de la población de un
territorio específico. Ejemplo: las condiciones de infraestructura para la salud, la
educación, la seguridad pública y todos los servicios públicos que la ciudadanía
requiere para expresar su seguridad social.
El derecho financiero tiene esencialmente como finalidad la de lograr una equitativa
distribución de la riqueza, de tal manera que sus efectos se revelen generalmente en
el gasto, sociológicamente se espera que el tributo sea devuelto de forma
heterogénea a través de la prestación de servicios públicos generales, en igualdad
de circunstancias a toda la población.
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La actividad financiera del Estado, como el resto de la actividad administrativa, se
encuentra sometida al derecho positivo. Primero porque ella implica la administración
del dinero público, del dinero que es sustraído a la economía privada para la
satisfacción de las necesidades públicas; y segundo porque la enorme masa de
riqueza destinada a esos fines da origen a un complejo de realizaciones, cuyo
ordenado desenvolvimiento requiere un sistema de disposiciones imperativas.
Aspecto Económico
El carácter instrumentalista del derecho económico en la economía se manifiesta en
la adaptabilidad de sus reglas a las condiciones cambiantes de los sistemas
económicos.
De la misma manera, el Derecho Financiero se ha tenido que adaptar a las
circunstancias cambiantes de la economía moderna, así hemos sido testigos mudos,
aceptantes tácitos, como lo podemos derivar de Jean Jacob Rosseau, del nacimiento
de una Constitución Social, la de 1917 que en su creación a que el Estado asumiera
una actividad financiera participante de los quehaceres públicos como de la vida
económica del Estado y de la Población.
La Constitución de 1917, obligaba al Estado a desarrollar un papel de rector
económico, de regulador y distribuidor de la riqueza nacional y en este sentido toda
la actividad financiera que se desempeñó aún hasta finales de la década de l971–
1980, se enfocó a la dedicación de los ingresos del estado como medios para
incentivar el desarrollo económico e industrial del país, sin embargo, igualmente y
debido a los vencimientos de deuda al final del periodo de desarrollo estabilizador, el
sistema entró de una crisis, primero de pagos y después de crecimiento, de la cual
aún hoy no hemos salido.
En consecuencia de esas propias crisis económicas e incluso que a nivel mundial se
han resentido, el modelo económico del país ha cambiado, mutándose de un
régimen de economía mixta a u otro de carácter neoliberal individualista, que ha
modificado por entero las funciones que el Estado Mexicano debe desempeñar en
materia económica, hasta prácticamente reducir sus actividades casi a las del estado
policía del siglo XIX, aun cuando quedan aún en el país algunas pocas empresas
paraestatales, que no obstante, siguen siendo las más importantes.
Esquema que indudablemente ha tenido consecuencia sobre el régimen financiero
del estado mexicano, primero con la reducción de gastos en materia de las
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actividades de fomento industrial, así como con la eliminación de la mayor parte de
las industrias de participación estatal, indudablemente se han transformado las
finanzas del estado, aunque no las preocupaciones financieras más importantes de
las últimas dos décadas del siglo XX, consistentes en los vencimientos de deuda,
que ahora amenazan con convertirse en una nueva carga en contra del erario federal
en virtud de los vencimientos para el año 2020, relativos a los préstamos contraídos
con el Banco Mundial para enfrentar la crisis de 1994.
Retrospectiva Política
Con relación al aspecto político, el espíritu de la Ley financiera, evocando a
Montesquieu, se centra esencialmente en el contenido de los artículo 25, 26, 28 y 29
de la Constitución Federal que previenen que el desarrollo económico del país será
dirigido esencialmente por el estado, obligando la Constitución al propio estado
mexicano a favorecer un desarrollo económico con visión democrática.
Lógicamente para lograr un desarrollo económico equilibrado, el estado debe de
realizar gastos para brindar los servicios públicos necesarios para lograr una justa
distribución de la riqueza y un crecimiento económico que permita redistribuirla, y la
forma de obtener dichos recursos es a través de las contribuciones o de deuda
pública, de tal manera que de manera indubitable esos artículos que previenen el
régimen económico de la nación, también se encuentran íntimamente vinculados con
el sistema financiero del estado, concretamente en relación a las actividad tributaria
consagrada en el artículo 31 fracción IV de la Constitución, como presupuestaria, en
el sentido de plantear, estudiar y determinar los ingresos necesarios para satisfacer
el presupuesto.
La actividad presupuestaria, que es una fase preparatoria de las actividades
financieras del estado, es una fase netamente política, en la cual corresponde, por
razones históricas de peso, que provienen de la Inglaterra del siglo XVIII, que sea la
Cámara de Diputados únicamente, es decir solo el pueblo constituido como una
soberanía, el que discuta y apruebe el presupuesto para satisfacer los egresos
estatales del año siguiente de ejercicio.
Igualmente es menester político al momento de la aprobación del presupuesto el
estado, que la soberanía acuerde respecto a los hechos jurídicos que se van a
transformar en hechos generadores de tributos, así como la finalidad económica y
política que se persigue con cada tributo determinando con precisión los objetivos
que se piensan alcanzar con los mismos.
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Aspecto jurídico
El derecho regula la actividad financiera del Estado en atención a dos ámbitos
económicos distintos; por una parte el derecho financiero es esencialmente una rama
de derecho público y por ello tiene indiscutiblemente vínculos con el derecho
constitucional, siendo sus fuentes esenciales los artículos 14, 16, 21 y 21 aplicados
analógicamente; 25,26,27, 28, 29, 31 fracción IV, 71,72, 73, 74, 89, 131 y133
esencialmente, los cuales encuadran los principios jurídicos hacia los cuales debe
atender la actividad financiera del Estado.
Otra rama con la cual tiene vínculos el derecho financiero es el derecho
Administrativo, en virtud de la organización del Sistema Tributario Nacional, del
Sistema de Programación y Presupuesto, así como del Sistema de Rendición de
Cuentas públicas y la estructura y organización de los principios de los órganos y
organismos que regulan a cada una de las entidades que forman parte de ellos se
encuentran establecidos en esta rama jurídica, así como las bases generales que
fijan los elementos esenciales de los actos que la administración pública debe
realizar con el fin de efectuar la actividad financiera del Estado.
El derecho Internacional Público es otra rama importante con la cual el derecho
financiero establece una íntima vinculación, sobre todo cuando se trata de estudiar
cuales son las causas de la doble tributación de entre los Estados., así como cuando
a partir de esos estudios se generan los elementos e instrumentos necesarios con el
objeto de evitarla.
Con relación al derecho Penal es indudable que la fuerza instrumental que revela la
ejecutoriedad de la potestad financiera soberana del Estado se encuentra en este
sistema jurídico. El Derecho penal especializado en materia financiera ha
conformado tipos penales autónomos y específicos para cada una de las sub-ramas
que integran el sistema financiero del Estado Mexicano, existen, tipos penales en
materia de la sub-rama fiscal, cuya finalidad es evitar la evasión del pago de
impuestos esencialmente, en materia de Administración y erogación esencialmente
la rama penal se fija en establecer tipos penales que tiendan a prevenir la comisión
de fraudes contra la administración y de determinar con certeza los elementos para
tipificar las responsabilidades en que pueden incurrir los servidores públicos al
desviar los recursos del erario.
En materia del derecho privado podemos encontrar vinculaciones con el derecho
notarial, y mercantil, al fijarse esencialmente en el derecho fiscal, los elementos de
las obligaciones que corresponden a los fedatarios públicos como a los retenedores,
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sean personas físicas o morales en su calidad de retenedores del pago de
contribuciones.
II.
Definición y Alcances
El Derecho Tributario se puede definir como el conjunto de normas encaminadas a
optimizar la recaudación tributaria en armonía con los derechos fundamentales que
tienen los contribuyentes.
Esta conceptualización armoniza el interés fiscal del Estado (Ius Imperium
Tributarium), ya que los tributos han sido creados con el propósito de que el Estado
cumpla sus fines, de lo cual se desprende que un ente privado (por ejemplo, una
sociedad anónima) no puede crear tributos. Al respecto, la Corte Constitucional de la
República Italiana, al emitir sentencia en un caso, precisó que la obligación tributaria
es una obligación ex lege, es decir, se encuentra establecida expresamente en la ley,
concluyendo que todos los procedimientos de recuperación de la Administración
Tributaria están en función de la realización de la recaudación.
Así también se define como:
El Derecho tributario (también conocido como derecho fiscal) es una rama del
Derecho Público que estudia las normas jurídicas a través de las cuales el Estado
ejerce su poder tributario con el propósito de obtener de los particulares ingresos que
sirvan para sufragar el gasto público en aras de la consecución del bien común.
Para Sainz de Bujanda, el cultivador del Derecho Tributario ha de poseer un
conocimiento lo más preciso posible de cuatro sectores del sistema jurídico:
La parte general del derecho civil y la teoría de obligaciones que le permitirá construir
sólidamente la doctrina de la personalidad tributaria en todos sus aspectos – sujeto
pasivo, responsable, sustituto-, de la obligación tributaria -nacimiento del crédito
fiscal, contenido de la obligación, naturaleza de las prestaciones y formas de
extinción y, específicamente, la del domicilio y la representación.
Las instituciones jurídico-mercantiles, que aparecen indisolublemente trabadas con
las peculiares de la imposición, no sólo en la parte relativa a las modalidades de
sujetos pasivos del impuesto -comerciantes individuales y formas sociales de
empresas, sobre todo-, sino también a los presupuestos objetivos del tributonegocios mercantiles; La teoría de los actos administrativos, indispensable para
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construir el derecho tributario formal, especialmente en el que se refiere al
procedimiento liquidatario en todas sus fases.
Teoría del proceso, que sirve de punto de sustentación para formular, en el ámbito
tributario como en los demás, la distinción entre administración y jurisdicción, una de
las más atormentadas zonas del Derecho (Sáinz, 1957).
Para Antonio Berliri el Derecho Tributario puede definirse como “aquella rama del
Derecho que expone los principios y las normas relativos al establecimiento y a la
aplicación de los impuestos y de las tasas, así como a la creación y a la observancia
de algunos límites negativos a la libertad de los particulares, conexos con un
impuesto, con una tasa o con un monopolio establecido por el Estado con fin de
lucro” (Berliri, p. 31).
Para Eusebio González y Ernesto Lejeune, autores más recientes que los anteriores,
la definición de una disciplina jurídica ha de hacerse por su objeto, es decir, por las
relaciones que regula. El hecho de que la doctrina alemana limite el ámbito de su
estudio a los impuestos, y que la doctrina italiana prácticamente siga una línea
semejante, tiene su justificación, respecto a la primera, en la tradicional repulsa a
considerar las tasas como una prestación coactiva con relación a la segunda; estas
consideraciones más que justificar explican una situación que en forma alguna
pueden considerarse punto de llegada.
El problema surge cuando se trata de encajar las relaciones que se producen entre
contribuyente y Estado, sean éstas a título de impuesto o tasa, en moldes
prefabricados por la dogmática jurídica y, por añadidura, pensados para una realidad
ajena a la tributaria (González, p. 18, 19).
Así, en su opinión, para definir el sistema teórico del Derecho Tributario, el mejor
camino es examinar el desarrollo interno del proceso epistemológico en virtud del
cual esta rama jurídica ha construido un sistema propio y sustantivo (idem, p. 20).
Alcances
Los textos constitucionales contienen, normalmente, los principios fundamentales
que rigen el ordenamiento jurídico de cada país, a través de los cuales se plasma
positivamente el ideal de justicia que una comunidad organizada profesa en un
momento histórico determinado. Esta idea de justicia también está presente, es
obvio, en el ámbito del tributo y debe, asimismo, reflejarse en los principios
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constitucionales mediante los que se pretenda alcanzar el reparto justo de la carga
tributaria. Tales principios constituyen los criterios básicos con arreglo a los cuales
ha de ordenarse e interpretarse toda la materia tributaria y son, a su vez, los pilares
sobre los que deben asentarse las distintas instituciones jurídico-tributarias.
Precisamente, el alcance de estos principios en relación con el propio ordenamiento
jurídico viene determinado por su carácter de valores básicos asumidos, en cuanto
tales, por la norma fundamental del Estado; en tal sentido puede decirse que
cumplen una indudable función ordenadora que se refleja tanto en el terreno
normativo como en el interpretativo.
El valor normativo inmediato y directo que tiene la Constitución alcanza de lleno a los
principios específicos del ordenamiento tributario, plasmados en el artículo 31 del
texto constitucional:
1) Todos contribuirán al sostenimiento de los gastos públicos de acuerdo con su
capacidad económica mediante un sistema tributario justo inspirado en los principios
de igualdad y progresividad que, en ningún caso, tendrá alcance confiscatorio.
2) El gasto público realizará una asignación equitativa de los recursos públicos y su
programación y ejecución responderán a los criterios de eficacia y economía.
3) Sólo podrán establecerse prestaciones personales o patrimoniales de carácter
público con arreglo a la Ley.
En el transcrito precepto se sintetizan los principios o criterios materiales sobre el
reparto de la carga tributaria -principios de capacidad económica, de generalidad, de
igualdad, de progresividad y de no confiscación-, junto a los principios de justicia
material del gasto público y, finalmente, la norma básica sobre la producción
normativa en materia tributaria -principio de legalidad.
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Es de señalar que nuestra Constitución no se limita a establecer los principios
tradicionales en la legislación tributaria, sino que además incorpora,
significativamente, a nuestro Derecho principios nuevos de ordenación material del
gasto público. Esta novedad radical contribuye a fijar definitivamente un criterio
insoslayable: la idea del reparto justo de la carga tributaria, la justicia en los ingresos
del Estado, ha de vincularse forzosamente con un programa justo en el gasto
público. No puede existir un ideal de justicia tributaria aislado del ideal de justicia
referido a la totalidad de la actividad financiera. De ahí, la indudable trascendencia
que suele atribuirse al mencionado precepto139.
Por otra parte, como dispone el artículo 53 de la Constitución, cualquier violación de
los referidos principios podrá motivar la interposición de un recurso o cuestión de
inconstitucionalidad ante el Tribunal Constitucional contra las Leyes y disosiciones
normativas con fuerza de ley.
II.1 Clasificación de los Ingresos
En los términos del artículo 73, fracción VII constitucional, el Congreso de la Unión
tiene facultades para imponer las contribuciones necesarias a cubrir el presupuesto.
Por consiguiente, podemos clasificar en dos grandes grupos los ingresos que percibe
el Fisco Federal: uno, en el que quedan comprendidas las fuentes impositivas y, otro,
en el que queden comprendidas las restantes fuentes de ingresos. Esos dos grupos
se denominan, respectivamente: contribuciones y otros ingresos.1
Dentro del grupo de contribuciones quedan comprendidos los siguientes conceptos:
impuestos, derechos o tasas y contribuciones especiales; y comunes a estos tres
tributos: contribuciones causadas en ejercicios fiscales anteriores, pendientes de
liquidación o de pago; multas por violaciones a ordenamiento tributarios, y los
recargos punitivos o moratorios, por la falta de pago oportuno de los tributos.
Dentro del grupo de “otros ingresos”, quedan comprendidos: los productos, como son
los ingresos derivados de la explotación de bienes del dominio privado; utilidades de
organismos descentralizados y empresas en las que el Estado es accionista
mayoritario o minoritario, los derivados de ventas de bienes y valores, los de
recuperaciones de capital, etc., y los aprovechamientos, que comprenden, entre
otros ingresos: multas no impositivas, recargos no tributarios, indemnizaciones,
1
Conforme a la definición que de derechos adopta el artículo 2°, fracción IV del Código Fiscal, ahora se reputan
contribuciones estos ingresos.
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regalías, etc., y, por último, los ingresos derivados de financiamientos crediticios tales
como: emisión de bonos, emisión de papel moneda, descuentos de documentos y
empréstitos.
II.2 Concepto de Impuesto
En el Código Fiscal de la Federación en vigor, artículo 2, fracción I se define el
impuesto en los siguientes términos:
“Impuestos son las contribuciones establecidas en ley que deben pagar las personas
físicas y morales que se encuentren en la situación jurídica o de hecho prevista por la
misma y que sean distintas de las señaladas en la fracciones II, III y IV de este
artículo”.
En el primer Código Fiscal de la Federación, del 31 de diciembre de 1938, se definía
la figura del impuesto en su artículo 2 en los siguientes términos:
“Son impuestos las prestaciones en dinero o en especie que el Estado fija
unilateralmente y con carácter obligatorio a todos aquellos individuos cuya situación
coincida con la que la ley señala como hecho generador del crédito fiscal”.
Respecto a la postura del legislador en ambos cuerpos normativos, debe decirse que
el Código de 1938 más que consignar con todo rigor una definición de impuesto lo
que hace respecto al tributo, toda vez que tales notas, son referibles por igual y con
la misma intensidad a todas las especies de este último. Lo asentado por el
legislador en tal numeral es aplicable en su totalidad a los impuestos, a los derechos,
a las aportaciones de seguridad social y a las contribuciones de mejoras. Para que
tal definición hubiera sido tal respecto al impuesto, sería menester que el legislador
hubiera descendido hasta particularizar las notas que son esenciales, propias y
particulares del impuesto y por ende no comparables con el resto de los tributos. Por
tanto, tal definición se quedó en la sola referencia última, como exige la lógica, que
es justo la línea divisoria frente al resto de los tributos.
Clasificación
La clasificación por otra parte como técnica de agrupar en clases a los objetos de
conocimiento, en este caso los impuestos, constituye una operación del intelecto de
valor instrumental, es decir, se acude a ella no como un fin en sí mismo sino como
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medio para arribar a la comprensión de algo, por lo tanto vale el clasificar en cuanto
posibilite la comprensión.
Directos e indirectos. El sentido de sus términos ha variado en el tiempo, es decir,
no siempre con base en las mismas razones un mismo impuesto ha sido calificado
como directo o indirecto.
Por ello es preciso referir la sucesión de criterios que están en la base tal distinción.
Se consideraban directos cuando para su recaudación era menester que el
contribuyente se inscribiera en una lista, catastro o padrón y por lo tanto sólo se
cometían a tal exigencia aquellos impuestos de causación o cobro periódico. En la
literatura de la época a tales impuestos se les denominada indistintamente como
directos o de catastro.
Se consideraban como impuestos indirectos aquellos que no se recaudaban
mediante listas lo cual obedecía básicamente a que por tratarse de impuestos de
causación esporádica era imposible y además carente de sentido la formulación de
una lista o padrón de contribuyentes. El impuesto sobre sucesiones sería un buen
ejemplo de tal categoría.
Objetivos y subjetivos. Pertenecen a la primera categoría aquellos impuestos en los
que la cuantificación de la carga impositiva a cargo del deudor tributario se realiza sin
tomar en consideración de manera directa las condiciones personales de éste, tales
como ingresos, gastos, cargas familiares, etc., sino que el impuesto a pagar en tales
casos es resultante del valor de la operación. El impuesto al valor agregado puede
ser un buen ejemplo de esta categoría dado que en cada caso se liquida a partir del
valor de operación y en algunas ocasiones adicionado éste con otros valores, pero
para ellos no es relevante el cuadro de condiciones del contribuyente.
Se considera como impuesto subjetivo aquel cuyo monto a cargo sólo es resultante
de factores que tienen que ver con las condiciones personales del sujeto deudorcontribuyente. Suele tomarse como prototipo de esta categoría el impuesto sobre la
renta cuya cuantía a cargo siempre será resultante del nivel de ingresos
acumulables, de gastos, pérdidas, etc., que finalmente reflejan y conforman la
situación particularísima de cada sujeto.
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II.3 Impuesto, Contribución y Tributo
II.3.1 Impuesto
La ley establece quién asume la condición de deudor-contribuyente respecto a cada
impuesto, el hecho es que éste tiene a la mano una serie de mecanismos que
puestos en operación le permiten bien trasladar a otro el impacto de impuesto, de
manera que es éste finalmente quien resulta ser el sujeto pagador efectivo, bien para
aminorar la carga impositiva que sobre sí caiga o finalmente para sustraerse a ella.
En todo sistema tributario una de las cuestiones centrales, que permanentemente
late es saber quién paga finalmente los impuestos, más allá de quienes formalmente
y en los términos de la ley aparezcan haciéndolo. Éste es un tema que pertenece a
la entraña de la justicia como valor supremo al que debe servir todo sistema tributario
y es que para estar en condiciones de medir y valorar el grado de justicia que
consigue el sistema tributario es preciso, entre otras muchas cosas, saber a ciencia
cierta y más allá de los telones formales que tienden las leyes, sobre quiénes recae
finalmente la carga impositiva.
Pudieran resultar tan tremenda e igualmente injustos dos sistemas tributarios, uno
por posibilitar que los llamados a contribuir en función de su capacidad contributiva
transfieran la carga a terceros y el otro no obstante estar concebido de una manera
impecable, sin embargo su ineficiente gestión tolere grados significativos de evasión,
de manera tal que el tributar se reduzca casi a cuestión de conciencia. El resultado
en ambos casos es que quienes debieran tributar prácticamente no lo hacen.
II.3.2 La contribución
La fracción IV, del artículo 31 de la Constitución Política Federal, es obligación de los
mexicanos, contribuir a los gastos públicos, de la Federación, del Distrito Federal, del
Estado y Municipio en que residan, de la manera proporcional y equitativa que
dispongan las leyes.
Es necesario hacer algunas aclaraciones, en primer término, las contribuciones no
sólo deben pagarlas los mexicanos, sino todos aquellos que se sitúen en los
supuestos previstos por las leyes que las crean, y éstos determinan las calidades
que deben reunir los sujetos pasivos; por lo que se alcanza la convicción, que la
obligación contributiva al ser general, obligatoria e impersonal, puede comprender a
mexicanos y a extranjeros tal como se deduce del artículo 1° de la Ley de Impuesto
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sobre la Renta, siempre y cuando la situación coincida con el hecho generador del
tributo.
En segundo término que las contribuciones se destinen para el gasto público Federal
y municipal, entendiéndose por ello, que todos los ingresos públicos, vía
contribuciones, sea enfocado correctamente a sufragar las atribuciones públicas,
pues existen rubros muy específicos que nos revelan la esencia del gasto público,
como son la: educación, seguridad pública, obras públicas, entre otros, todo bajo el
principio de legalidad, para ese efecto se formulan anualmente los presupuestos de
ingresos y egresos, y existe un sistema de contabilidad pública, que nos permite
conocer su manejo, si fue correcto o no.
El tema del tributo o contribución Giuliani Fonrouge, lo conceptúa como “una
prestación obligatoria, comúnmente en dinero, exigida por el Estado en virtud de su
poder de imperio y que da lugar a relaciones jurídicas de derecho público, asentado
a su vez, el criterio de Blumenstein, quien dice, que los tributos son las prestaciones
pecuniarias que el Estado, o un ente público autorizado al efecto por aquél, en virtud
de su soberanía territorial, exige de sujetos económicos sometidos a la
misma”(Giuliani).
Alfredo Burato, argumenta que: “Los recursos tributarios, son aquellos que el Estado
obtiene en su calidad de persona de derecho público, y que usando de su poder de
imperio exige coercitivamente a los ciudadanos una alícuota, con el objeto de
solventar los gastos estatales. El rasgo de este tipo de tributo, es, entonces, su
carácter coercitivo, se realizan en dinero, lo que tiene su importancia puesto que el
primer impacto que se verificará en la economía a causa de ellos es en la corriente
monetaria, y el hecho de que sean coercitivos, no los hace caprichosos y carentes de
su fundamentación lógica, racional, económica y legal, orientadas por ciertos
principios justificativos”(Burato, 1967).
II.3.3 Tributo
No es ello tarea fácil, dado que tal noción por una parte debe comprender por
razones lógicas los elementos que permitan abarcar todas las diferentes especies de
tributo, ya que de no ser así éstas no serían explicadas por aquella, y por otra deberá
estar concebida en términos tales que no sea idéntica a la noción de alguna de sus
especies. Ejemplo, más adelante se precisará que el derecho mexicano distingue
cuatro especies de tributo: el impuesto, el derecho o tasa, las aportaciones de
seguridad social y las contribuciones de mejoras; ante tal panorama la noción de
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tributo deberá explicar a dichas especies, pero no podrá coincidir con la de alguna de
ellas, ya que de ser así se estaría no ante la noción de tributo sino ante esta última.
Otra de las dificultades que tal tarea entraña es derivada por una parte del hecho de
que una de las especies de tributo, específicamente el impuesto, antecede a aquel
en el tiempo y le aventaja en importancia. Primero aparece la noción y por ende la
institución impositiva y más tarde la de tributo.
Dar con el concepto de tributo tropieza, al menos, con dos dificultades
fundamentales. En primer lugar la que deriva de su carácter abstracto; en segundo
término de ser un concepto cuya función esencial estriba en comprender
sistematizadamente a otro que le precede en el tiempo y le aventaja en importancia.
Pueden entenderse los tributos como: Aquellos (recursos) que el Estado obtiene
mediante el ejercicio del poder de imperio, o sea por leyes que crean obligaciones a
cargo de sujetos-individuos y entidades en la forma y cuantía que dichas leyes
establezcan (Jarach, 1983), o bien como conjunto de operaciones utilizadas por el
poder público para obtener por medio de detracción y por la vía de coacción sobre
las rentas de los particulares, los ingresos para su funcionamiento (Barrere, 1996).
Asimismo como: Una prestación patrimonial impuesta que evidencia la capacidad de
contribuir a los gastos públicos, (Fantozzi, 1991) o también como las prestaciones
den dinero que el Estado exige en ejercicio de su poder de imperio en virtud de una
ley y para cubrir los gastos que le demanda el cumplimiento de sus fines (Villegas,
p.67).
Finalmente como: Prestaciones en dinero o en especie que el Estado exige en
ejercicio de su poder de imperio con objeto de obtener recursos para el cumplimiento
de sus fines (De la Garza, 1992).
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El estado, en su condición de productor de bienes y servicios públicos y por tanto,
llamado a satisfacer necesidades de la colectividad, requiere disponer de fuentes de
financiamiento que por una parte le otorguen:


Certeza en la percepción de los recursos y por otra.
Garantía de la suficiencia de los mismos.
Animado por este propósito el Estado acude a diversas fuentes entre las que
sobresalen los tributos, los rendimientos de sus bienes patrimoniales, el crédito en su
vertiente nacional, extranjera e internacional, la emisión monetaria, entre otros.
Son los tributos, el componente más importante cuantitativa y cualitativamente de los
ingresos públicos. Lo primero por constituir la especia que representa el mayor de los
montos dentro de aquellos y lo segundo por las notas que los caracterizan, tales
como previsibilidad, permanencia y suficiencia. Es decir, los ingresos tributarios son
previsibles, anticipables sus montos a recaudar; el tributo una vez creado garantiza
un flujo constante de recursos y finalmente en unas finanzas públicas ordenadas se
tiende a que sean los ingresos tributarios suficientes, lo que se expresa mediante el
principio del equilibrio presupuestal que asegura que los gastos no exceden a los
ingresos tributarios.
El tema de los tributos o más particularmente en de los impuestos, dado que en torno
a éstos fue que se suscitaron las polémicas doctrinales, desde siempre se vinculó y
sigue relacionándose con el de la justicia.
Rasgos distintivos del tributo
El tributo como peculiar con sustantividad propia es susceptible de ser estudiado
como objeto de conocimiento de una amplia gama de disciplinas.
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a) El tributo como flujo monetario
La experiencia diaria que de él tiene el gobernado es derivada de su condición de ser
una detracción de una porción de la riqueza generada por éste que le es arrancada y
al propio tiempo ingresada al Estado. Por tanto, el tributo como fenómeno
económico se revela como un flujo de riqueza que produce el consiguiente
enriquecimiento y por ende empobrecimiento de las economías de los sujetos que
protagonizan tal fenómeno.
La norma general es que los tributos consistan en ingresos monetarios y salvo
excepción en algunos sistemas tributarios, en atención a determinadas condiciones
de ciertos sectores de contribuyentes, admiten la posibilidad de su pago en especie.
El tributo además de constituir un ingreso público, puede en manos del Estado ser un
buen instrumento de promoción del desarrollo económico. Ello se consigue cuando a
través de medidas tributarias se persigue como propósito, más que recaudar,
incentivar la inversión, el ahorro o la creación de empleo permanente. Autoriza una
deducción determinada por cada empleo permanente es ordinariamente un
argumento de corte tributario convincente al empresario y si se ve acompañado con
el correspondiente al trabajador ya contratado consistente en una sobre tasa por las
percepciones en horas extra más allá de cierto límite, obvio que el efecto buscado se
producirá.
b) El tributo: especie de ingreso público
Si el tributo constituye en manos del Estado un medio de cobertura financiera del
gasto público, obvio que sólo puede cumplir tal propósito si ingresa a las arcas
públicas. De ahí que a los tributos se les haya de ver como una especie, eso sí la
más importante, dentro del universo de los ingresos del Estado.
El carácter público atribuido a tal tipo de ingresos sólo es una consecuencia de que
el tributo sea percibido por el Estado y es que todo ingreso que perciba éste, por esa
sola razón adquiere la condición de público.
Por tanto, en este contexto tal calificativo no prejuzga ni dice relación alguna con el
régimen jurídico al que se somete el Estado para percibir sus ingresos. En
ocasiones se somete al Estado al derecho privado, por ejemplo cuando se vende un
inmueble de su propiedad, y no obstante, el ingreso a título de precio que percibe el
Estado constituye una especie de ingreso público.
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c) El tributo: ingreso a título definitivo
La definitividad constituye otra nota distintiva de los ingresos tributarios, toda vez que
mediante tal calificativo se pretende afirmar que el Estado al percibir los ingresos a
título de tributo no asume obligación alguna de retornar o devolver tal suma al sujeto
pagador. Bajo ninguna circunstancia puede sostenerse que el Estado al recaudar
una suma determinada por concepto de impuesto sobre la renta, por ejemplo, asume
frente a tal persona la obligación bien de devolverle tal suma o bien retornarla en su
equivalente en bienes y servicios.
El pago del tributo no genera a favor del contribuyente derecho alguno a reembolso,
una vez pagado se ha hecho para siempre.
d) El tributo: manifestación del poder de imperio del Estado
La obligación de contribuir para los gastos públicos, o bien de pagar tributos al
Estado no halla su origen en un acto negociar, es decir no surge de algún acuerdo
entre el Estado y el gobernado, sino que emana del ejercicio del poder de imperio del
Estado, lo que equivale a decir en expresión coloquial que se tiene que pagar tributos
porque así lo ha ordenado el Estado.
No sólo el Estado en ejercicio del poder señalado impone al gobernado de manera
unilateral la condición de obligado a contribuir, sino que además fija los términos en
que de cumplirse dicha obligación, tales como monto o cuantía, época y forma de
pago, etc.
e) El tributo debe preverse en ley
La exigencia de que sólo mediante ley pueda el Estado imponer al gobernado
obligaciones de carácter patrimonial, entre las que se halla la de pagar tributos,
prácticamente es admitida por la totalidad de los países de la tradición jurídica
occidental romano canónica. Las constituciones políticas de los diferentes países dan
cuenta de tal exigencia.
Al amparo de ella no basta con que el legislador proclame en una ley de manera
abstracta que se crea un determinado tributo, por ejemplo el impuesto sobre la renta,
sino que es menester que en la misma se defina cada uno de sus elementos
esenciales por ejemplo sujeto obligado, hecho de que cuya realización surge tal
obligación, periodo de pago, etc.
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f) El Tributo: medio de cobertura del gasto público
Prácticamente es unánime la posición de la doctrina hacendaria más autorizada en
reconocer que el fin consustancial de los tributos es la cobertura financiera del gasto
público, lo que no obsta para que, tal y como ha quedado señalado anteriormente,
sean utilizados en forma simultánea como instrumentos de política económica, es
decir con el fin de provocar cambios en la conducta de los agentes económicos
induciéndolos por ejemplo a invertir, ahorrar, crear fuentes de empleo, decisiones
que en ocasiones sólo pueden atribuirse al impacto de las medidas tributarias.
II.4 Caracteres y principios jurídicos del impuesto
Caracteres
a) Es la cantidad que constituye una obligación.
b) Deben ser establecidos por la Ley.
c) Debe ser proporcional y equitativo.
d) Está a cargo de personas físicas y morales.
e) Que se encuentran en la situación jurídica prevista por la Ley.
f) Debe destinarse a cubrir los gastos públicos.
En los elementos de los impuestos encontramos al sujeto, al objeto, la unidad fiscal,
la cuota, la base y la tarifa.
Principios jurídicos del impuesto
Son los que se encuentran establecidos en la legislación positiva de un país. Pueden
clasificarse en dos categorías: constitucionales (son aquellos que están establecidos
en la Constitución), y ordinarios (son los establecidos en las leyes ordinarias que se
refieren a la actividad tributaria del Estado).
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Principio de Generalidad
Se afirma que una ley es general cuando se aplica, sin excepción, a todas las
personas que se coloquen en las diversas hipótesis normativas que la misma
establezca.
El principio de Generalidad Tributaria puede enunciarse diciendo que, solo están
obligados a pagar los tributos aquellas personas, físicas o morales, que por cualquier
motivo o circunstancia se ubiquen en alguna de las hipótesis normativas previstas en
las leyes tributarias, llevando a cabo en consecuencia el correspondiente hecho
generador de los tributos o contribuciones de que se trate.
El principio de generalidad no significa que todos deben pagar los impuestos, sino
que todos los que tienen capacidad contributiva paguen algún impuesto.
El principio de generalidad encuentra su fundamento constitucional en el encabezado
del artículo 31, que a la letra dice "son obligaciones de los mexicanos…". Tal
encabezado genera el planteamiento de una interrogante ¿significa dicha
disposición, que los extranjeros residentes en México o residentes en el extranjero,
pero que obtengan ingresos gravables de fuentes de riqueza ubicadas en territorio
nacional, no deben pagar ningún tributo al Estado Mexicano? La respuesta es no,
porque el sujeto pasivo de un tributo o contribución puede ser cualquier persona
física o moral, nacional o extranjera, que lleve a cabo el correspondiente hecho
generador.
Principio de Obligatoriedad
Con forme a la fracción IV del Artículo 31 Constitucional, el contribuir a los gastos
públicos de la federación, de las entidades federativas y de los municipios constituye
una obligación ciudadana de carácter público.
El cobro de los tributos es un acto de soberanía que le permite a la Administración
Pública ejercitar plenamente su potestad de imperio el Fisco no puede quedar sujeto
a la buena voluntad de los contribuyentes, toda vez que la función recaudatoria no es
una colecta de caridad sino una cuestión de vital interés público. De ahí que la
hacienda pública está autorizada a emplear todos los medios y arbitrios que su
personalidad jurídica, como órgano representativo del Estado, le confiere, incluyendo
de manera especial la llamada ejecución forzosa.
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Se afirma que el cobro de un tributo o contribución exigible, es verdaderamente el
único acto jurídico que lleva aparejada ejecución, esto significa que ha transcurrido el
plazo que la ley concede para su pago sin que el causante efectúe el mismo trae
como consecuencia que el fisco inicia en contra del contribuyente el llamado
Procedimiento Económico Coactivo, el que, si no se paga el tributo adeudado en el
plazo que marca la ley fiscal respectiva, puede culminar en el embargo o secuestro
administrativo y en el remate de bienes propiedad del sujeto pasivo, en cantidad
suficiente para cubrir el importe de la contribución de que se trate, más accesorios,
recargos, multas y gastos de ejecución.
Atento a lo anterior, podemos colegir que la constitución, al mismo tiempo que
estatuye el principio de obligatoriedad como un deber ciudadano de orden público,
otorga al Estado los instrumentos jurídicos adecuados para velar su plena vigencia y
su cabal cumplimiento.
Principio de vinculación con el gasto público
La fracción IV del artículo 31 constitucional señala en su parte inicial: Son
obligaciones de los Mexicanos: IV Contribuir para los gastos públicos…"
Los ingresos tributos tienen como finalidad costear los servicios públicos que el
estado presta, por lo que tales servicios deben representar para el particular un
beneficio equivalente a las contribuciones efectuadas, ya que resultaría ilógico e
infundado que el Estado exigiera en forma permanente de sus gobernados, una serie
de contribuciones sin entregarles nada a cambio.
Para evitar posibles desviaciones, nuestra Carta Magna impone a los gobernantes el
deber de destinar las contribuciones ciudadanas exclusivamente a la satisfacción de
los gastos públicos y otorga implícitamente a los gobernados una especie de derecho
moral para, en conciencia, negarse al sostenimiento económico de un gobierno, que
haga un uso indebido de sus aportaciones. En esencia, este tercer principio
constitucional establece una importante obligación a cargo del estado, el cual solo la
cumplirá si emplea escrupulosamente todos y cada uno de los ingresos tributarios
que recaude; de lo contrario la Administración Pública de que se trate quedara
automáticamente colocada al margen de la Constitución.
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Principio de Proporcionalidad
El artículo 31 constitucional, indica "Son obligaciones de los mexicanos: IV contribuir
para los gastos públicos,… de la manera proporcional…".
En materia fiscal podemos decir que la proporcionalidad es la correcta disposición
entre las cuotas, tasas o tarifas previstas en las leyes tributarias y la capacidad
económica de los sujetos pasivos por ellas gravados.
El principio de Proporcionalidad implica, por una parte, que los gravámenes se fijen
en las leyes tributarias y la capacidad económica de cada sujeto pasivo, de manera
que las personas que obtengan ingresos elevados tributen en forma cualitativamente
superior a las de medianos y reducidos recursos; y por la otra, que a cada
contribuyente individualmente considerado, exclusivamente la ley lo obligue a aportar
al Fisco una parte razonable de sus percepciones gravables.
Resumiendo podemos concluir que de una correcta interpretación de la fracción IV
del artículo 31 constitucional, el principio de Proporcionalidad se estructura dentro de
nuestro Derecho Fiscal atendiendo a los siguientes elementos primordiales:
1. La capacidad económica de los ciudadanos a fin de que cada uno de ellos
contribuya cualitativamente en función a dicha actividad.
2. Una parte justa y adecuada de los ingresos, utilidades o rendimientos percibidos
por cada causante como factor determinante para fijar la base gravable.
3. Las fuentes de riquezas disponibles y existentes en el País, entre las cuales deben
ser distribuidas en forma equilibrada todas las cargas tributarias, con el objeto de que
no sean solo una o dos de ellas las que la soporten en su totalidad.
Principio de Equidad
El artículo 31 Constitucional en su fracción IV, determina: "Son obligaciones de los
mexicanos… IV.-…Contribuir para los gastos públicos,… y equitativa…"
La equidad significa la aplicación de la justicia a casos concretos, la cual se obtiene
tratando igual a los iguales y desigual a los que no se encuentren en igualdad de
circunstancias.
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Que un tributo sea equitativo, significa: que el impacto del tributo sea el mismo para
todos los comprendidos en la misma situación. Por lo tanto, la equidad exige que se
respete el principio de igualdad, determinando que es norma de equidad la de que se
encuentren obligados a determinada situación los que se hallen dentro de lo
establecido por la ley y que no se encuentren en esa misma obligación los que están
en situación jurídica diferente; o sea, tratar a los iguales de manera igual.
La equidad tributaria significa que los contribuyentes de un mismo impuesto deben
guardar una situación de igualdad frente a la norma jurídica que lo establece y
regula.
Principio de Legalidad
El artículo 31 constitucional en su fracción IV establece: "Son obligaciones de los
mexicanos:… IV.- Contribuir para los gastos públicos,… que dispongan las leyes".
Nuestra Ley suprema viene a confirmar el postulado básico del Derecho Fiscal
relativo a que toda relación tributaria debe llevarse a cabo dentro de un marco legal
que la establezca y la regule. Por tanto, está haciendo referencia a la llamada "Piedra
angular" de la disciplina, expresada a través del célebre aforismo latino "null um
tributum sine lege"(no puede existir ningún tributo valido sin una ley que le de origen).
La existencia de normas jurídico-tributarias constituye la mejor barrera que puede
oponerse a la actitud arbitraria de quienes, detentando el poder público, pretender
utilizar el derecho que el Estado tiene de exigir aportaciones económicas de sus
gobernados como pretexto para hacerlos victimas de toda clase de abusos y
confiscaciones.
Principio de Certidumbre
Significa que el impuesto debe ser fijo, entendiendo como tal que el impuesto no
pueda ser arbitrario y por lo mismo requiere que el contribuyente lo conozca
previamente.
El impuesto que cada individuo está obligado a pagar, debe ser fijo y no arbitrario. La
fecha de pago, la forma de realizarse, la cantidad a pagar, deben ser claras para el
contribuyente que le desagrade, o arrancarle, por la amenaza de esa grabación
algún presente o propina.
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Principio de comodidad
Significa que el impuesto debe estructurarse de tal manera que se recaude en
formas y épocas más oportunas.
Principio de economía
Consiste en que se recaude sea realmente favorable para el Fisco. Es decir, que el
costo de la recaudación de los impuestos sea el menor posible, con el objeto de que
la mayor parte de su rendimiento pueda ser utilizado por el estado en el ejercicio de
sus atribuciones.
Principio de simplicidad
Consiste en que para el pago de las contribuciones se debe seguir un proceso
sencillo que permita el acceso a toda persona que sea obligada.
Principio de claridad
Este principio recomienda que las leyes estén tan explicitas que cualquiera pueda
entenderlas y por lo mismo cumplirlas.
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Los sujetos
No puede haber tributo sin que entren en juego al menos dos sujetos. Si los tributos
son sobre todo medios de cobertura del gasto público, obvio que habrá alguien que
haya de sufrir en su patrimonio la exacción o la salida de recursos monetarios para
servir a tal fin y por razones de lógica deberá haber otro a favor de quien fluya tal
masa de recursos.
Sujeto acreedor
En todo tributo y por supuesto que también en el caso del impuesto sobre la renta del
ejemplo, existe un sujeto a quien le corresponde el poder de exigir el pago de la
suma adecuada a título de tributo. Jurídicamente se califica o denomina la posición
de dicho sujeto como acreedora y le corresponde tal calificativo por regla general al
Estado.
Sujeto deudor
Siempre existirá en todo tributo un sujeto que debe soportar en su patrimonio la
salida de una suma de dinero a título de tributo, por tanto asume al sujeto acreedor la
condición de deudor, es decir, titular de una deuda. Sin embargo, no es raro que
respecto a ciertos tributos y en determinadas condiciones previstas por la ley pueda
darse la pluralidad de sujetos deudores, es decir que existan varios sujetos respecto
a los cuales en forma indistinta el Estado puede exigir el pago de un mismo y único
tributo.
El hecho generador
Efectivamente en todo tributo, además de requerirse la presencia indispensable de al
menos dos sujetos, tal y como quedó expuesto con anterioridad, es preciso para que
uno de ellos asuma la condición de deudor y el otro de acreedor tributario que
acaezca un hecho que contemple la ley justamente con tal propósito, es decir, que su
misión principal sea hacer que de su realización nazca la obligación de pagar el
tributo y por tanto un sujeto se convierta en deudor y otro en acreedor tributario, de
manera tal que siempre que dicho hecho se dé en la realidad surja a cargo de quien
lo realiza la obligación de pagar el tributo y a favor del Estado el derecho de exigir su
pago.
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Todo tributo se le conoce por parte de la doctrina jurídica como hecho generador de
la obligación tributaria o hecho imponible, mismo que será objeto de detenido
estudio, junto al resto de los elementos, al abordar el análisis de la teoría jurídica del
tributo. Por el momento basta con señalar que un hecho asume la condición de
generador de obligaciones tributarias de manera formal por haberlo definido así el
legislador, es decir, es el legislador el único a quien corresponde la potestad de
construir tales hechos, sin embargo desde el punto de vista material, es decir
atendiendo a las características intrínsecas, un hecho se convierte en candidato a
fungir como generador de obligaciones tributarias sólo en la medida que revele o
manifieste respecto a quien lo realiza una cierta aptitud para disponer de una suma
de dinero, es decir, para prescindir de ella una vez satisfechas sus necesidades
vitales y las de su familia y destinarlas para el gasto público.
La razón última, determinante y única por la que el legislador ha de seleccionar un
hecho y a partir de él construir hechos generadores de obligaciones tributarias, debe
ser por constituir dicho hecho un acontecimiento revelador de capacidad contributiva.
Si los tributos son medios de cobertura de los gastos públicos obvio que deben
soportarlos sólo aquellos que tienen cierta capacidad económica; gravar
manifestaciones de pobreza o hechos neutros pone en riesgo el financiamiento del
gasto, amén de resultar un impuesto repugnante, por injusto.
La base gravable
Todo tributo debe tener definida su base gravable, que no es otra cosa que aquella
magnitud o valor al que se arriba por medio del procedimiento determinado para
cada tributo por ley y al que al aplicarse la tasa, alícuota o porcentaje establecido
también en la ley da como resultado el monto del tributo a pagar. Sirvan de ejemplo
los siguientes, en el caso del impuesto sobre la renta sobre salarios o sobre
honorarios específicamente los que percibe un abogado, la ley deberá establecer
sobre qué porcentaje del salario debe calcularse el impuesto a pagar y en el otro
caso habrá de determinar sobre qué monto de los honorarios debe calcularse el
impuesto a pagar y en el otro habrá de determinar sobre qué monto de los honorarios
debe calcularse el impuesto habida cuenta que para obtener tales ingresos tuvo que
incurrir en una serie de gastos como pago a personal, compra de materiales, pago de
renta, por ejemplo.
La tasa o alícuota
Una vez surgida la obligación de pago del tributo a cargo del contribuyente es
menester fijar el monto de lo que haya de pagarse por tal concepto. Para ello será
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necesario aplicar la magnitud porcentual que establezca la ley, por ejemplo el 5%, el
10%, etc., a la base gravable y ello dará el resultado apetecido. Esta magnitud
expresada normalmente en término porcentuales y que resulta indispensable dentro
de la estructura de todo tributo es denominada tasa o alícuota. Constituye tal
elemento por ejemplo el 15% establecido por el artículo 1° de la Ley del Impuesto al
Valor Agregado.
La tasa o alícuota en los diferentes tributos puede revestir diversas modalidades,
siendo las más representativas las siguientes:
a) Tasa Fija. La tasa o alícuota tiene la condición de fija, en ciertas corrientes de
pensamiento, cuando se expresa no en términos porcentuales sino en números
absolutos, por ejemplo al establecerse la cantidad de cien o doscientas unidades
monetarias a título de derecho con motivo de la obtención de una licencia o
autorización municipal para operar un giro comercial determinado. Con todo rigor la
condición de fija le corresponde por igual a la tasa proporcional como se verá
enseguida.
b) Tasa Proporcional. Una tasa alícuota para ser proporcional debe posibilitar que
el impuesto que resulte a cargo siempre constituya la misma proporción de la base
gravable, independientemente del valor de ésta. Por ejemplo la tasa del 15% del
impuesto al valor agregado es proporcional en virtud de que el impuesto que resulta
a cargo del contribuyente siempre representará la misma proporción del valor de
enajenación. Si el bien se enajena en cien o si se enajena en doscientos, siempre el
impuesto a cargo representará idéntica proporción del valor de enajenación, es decir
siempre será el 15 por ciento.
c) Tasa Progresiva. La progresividad exige de entrada la existencia de una
multiplicidad de tasas, es decir una tasa no puede en solitario ser progresiva. La
progresividad por tanto es el resultado de articular de manera escalonada una
diversidad de tasas dentro de un mismo tributo y particularmente un mismo impuesto
de manera tal que cada una valla representando una proporción mayor respecto de
la magnitud a la que se aplica. Por ejemplo puede crearse una impuesto para el que
se establezca que por las primeras treinta unidades de renta gravable se pague el
10%, por las rentas unidades monetarias y un centavo a cincuenta se pague el 15%,
de cincuenta unidades y un centavo a setenta y cinco el 20% y así sucesivamente; o
bien puede establecerse el mismo impuesto, pero sobre otra técnica de progresividad
de manera tal que se estatuya que quienes obtengan una renta gravable hasta
cincuenta unidades monetarias paguen el 10%, los que obtengan de cincuenta
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unidades y un centavo hasta setenta y cinco el 15%, quienes la obtengan de setenta
y cinco y un centavo a ciento veinte el 20% y así sucesivamente.
III. Derecho Presupuestario
El tema esta estructurado en conceptos y principios del derecho presupuestario,
dado que en la creación de los sistemas y procedimientos que se encuentran jurídica
y técnicamente establecidos para planear, organizar, dirigir, ejecutar, evaluar y
controlar el presupuesto de egresos, desempeña un importante papel el derecho
presupuestario.
III.1 Concepto y técnica del presupuesto
El derecho presupuestario se define como el conjunto de normas jurídicas
pertenecientes al derecho público en general, al derecho financiero en particular, que
tiene por objeto regular todos los aspectos relacionados con la creación de sistemas
y procedimientos de elaboración, ejecución y control de los ingresos obtenidos y de
los gastos realizados por las diferentes dependencias y entidades del Estado
encaminados a la satisfacción de las necesidades públicas. En consecuencia, el
derecho presupuestario comprende el conjunto de normas jurídicas que regulan la
percepción de los ingresos públicos y las leyes que se ocupan de regular el gasto
efectuado por las entidades gubernamentales.
El derecho presupuestario se erige en los Estados modernos no sólo en vehículo
normativo y regulador de la actividad financiera pública sino en un freno para evitar el
abuso, el derroche o el desvío del gasto público, tendencias a las que se mostraron,
y se muestran, proclives muchos gobiernos. Ésta es la destacada función, no sólo
jurídica, sino política y social que tiene en la actualidad el derecho presupuestario.
Técnica del Presupuesto
La doctrina se ha encargado de elaborar sobre este tema una serie de normas
técnicas bajo las cuales se debe regir todo presupuesto de egresos público, que
pretenda ser eficaz en su aplicación y adecuado en su forma de constitución. Estos
principios son los siguientes:
Principio de universalidad
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Un presupuesto elaborado en forma correcta debe incluir absolutamente todas las
previsiones de gastos contempladas por el ente público para un ejercicio fiscal
determinado; es decir, para un adecuado y sano control del gasto público, todas las
erogaciones que los organismos públicos contemplen deben estar contenidas en un
solo documento, aun cuando se trate de alguna entidad pública no incorporada en el
régimen centralizado de gobierno. No resulta técnicamente aconsejable el hecho de
conservar al margen del presupuesto, o en un presupuesto especial, algunas
precisiones de gastos de los entes públicos, porque esta actitud equivale a restarle
toda validez al documento presupuestal fundamental. Lo anterior, desde luego, no
significa que las correspondientes partidas presupuestarias asignadas a cada unidad
administrativa, no se puedan manejar en lo individual por cada dependencia o
entidad; lo que aquí importa es que la universalidad presupuestal se conserve en un
documento legal, que es el que jurídica, económicamente y en el aspecto contable se
encuentra estructurado. Como soporte de este principio se encuentra el artículo 126
de la Constitución Política mexicana, que señala: “no podrá hacerse pago alguno que
no esté comprendido en el presupuesto o determinado por ley posterior”.
Principio de unidad
Como complemento del principio anterior, aquí se expresa que por ningún motivo
deberá haber de manera simultánea dos o más presupuestos, es decir, no resulta
técnicamente correcta la postura consistente en elaborar dos o más de estos
documentos para ser aplicados a diversas unidades administrativas estatales en el
mismo ejercicio. Así, se tiene que, no obstante de la división de poderes, existe un
solo presupuesto de egresos, en el que se contemplan las correspondientes partidas
de gastos destinadas tanto al Poder Legislativo como al Ejecutivo o al Judicial, así
como a los demás organismos públicos. La bondad de este principio radica en que
las directrices presupuestarias están encaminadas en una misma dirección, y no se
correrá el riesgo de que, en forma contradictoria o incongruente, se dicten o apliquen
dispositivos técnicos que dispersen o anulen los esfuerzos del poder público para
optimizar el aprovechamiento de los recursos de que dispone para cubrir los gastos
públicos.
Principio de especialidad
Los fundamentos de este principio consisten en que dentro de un presupuesto de
egresos no deben asentarse las partidas en forma genérica o abstracta; es decir, que
el programa de gastos se haga en forma general. Por el contrario, cada una de las
actividades que se programen se deberán particularizar de manera que permitan
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conocer al detalle los objetivos, los tiempos y las cantidades que se van a gastar en
cada rubro.
Principio de anualidad
Como el proyecto de obtención de los ingresos públicos se programa de manera
anual, en un periodo que técnicamente recibe el nombre de ejercicio fiscal, el
presupuesto de egresos debe coincidir con ese periodo, con el propósito de que
exista una completa adecuación entre estas dos partes fundamentales del derecho
presupuestario: los ingresos y los gastos. Lo anterior no es ninguna manera un
obstáculo para que entre un presupuesto y otro exista continuidad de acción o de
inversión, porque es indudable que muchas las obras gubernamentales no pueden
iniciarse y terminarse en un solo ejercicio fiscal, en estos casos el gasto público para
un mismo objetivo se prolonga durante varios años.
No obstante, para cada ejercicio deberá hacerse la correspondiente previsión de
gastos y precisarse el grado de avance que se conseguirá en ese programa
gubernamental al finalizar el correspondiente ejercicio fiscal.
Requisitos técnicos del presupuesto
Planificación. El presupuesto programático
En el sistema presupuestal tradicional se hacía un simple listado de partidas en
numerario que se asignaban a cada unidad administrativa para la satisfacción de sus
necesidades, pero no se expresaba cómo, cuándo y para qué se determinarían esas
cantidades. Por consiguiente, cada órgano de autoridad gozaba de libertad para
emplear las partidas de recursos que eran asignadas en las tareas que consideraba
importantes. Esto motivaba frecuentemente una dispersión de esfuerzos y, muchas
veces, también el empalme o repetición de gastos en una misma actividad, cuando
no el dispendio, derroche o el gasto inútil de cuantiosas sumas de dinero público. Por
ello, en la más moderna técnica presupuestaria es ya común hablar del presupuesto
programático, que consiste en que en primer lugar se elabora un plan de trabajo en
el que se planea la actividad, con la descripción de manera detallada y precisa de las
necesidades que en cierta área o materia experimenta la sociedad; en segundo
lugar, se trazan los objetivos mediante los que se deberá satisfacer esa necesidad;
en tercer lugar se describen las actividades a realizar por el órgano público,
estableciendo con precisión tiempos y movimientos; en seguida se realiza una
estimación de dinero del costo de la actividad programada para ese ejercicio fiscal, y,
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finalmente, se efectúa la calendarización de las partidas presupuestales para fijar
fechas adecuadas para su asignación. El Presupuesto base Resultados (PbR) es,
en consecuencia, el sistema técnico más adelantado que existe para racionalizar y
optimizar el gasto público en beneficio de la sociedad.
Distribución y administración del presupuesto
Con la expresión no sólo de a qué unidad administrativa se le van a entregar, sino
también con la mención de cuál es el programa o subprograma que se va a costear
con esa previsión. En este sentido, las unidades administrativas encargadas de
realizar los programas de gobierno serán responsables de la aplicación correcta y
oportuna de las ministraciones de fondos que se les hagan con cargo al presupuesto
de egresos correspondiente, y para ese efecto se ajustarán a los calendarios de
gasto que previamente les hayan sido autorizados.
Además, estas unidades administrativas deberán enviar a las autoridades
encargadas de la vigilancia y supervisión del gasto todos los informes que deban
rendir, conforme a las disposiciones jurídicas aplicables; asimismo, deberán permitir
a las autoridades competentes la realización de todos los actos de comprobación que
en el ejercicio de sus atribuciones quieran efectuar. La autoridad encargada de
administrar el presupuesto deberá vigilar que ninguna unidad administrativa adquiera
compromisos que rebasen el monto de las cantidades el gasto autorizado y, en
consecuencia, también podrá negarse a reconocer los adeudos y a pagar las
cantidades reclamadas cuando éstos se hubieren hecho en contravención a esas
limitaciones.
Las unidades administrativas correspondientes serán responsables de cualquier
omisión o falta que se haga a las normas de disciplina presupuestal impuesta por las
disposiciones jurídicas aplicables, lo cual dará lugar a que el funcionario encargado
del área pueda ser sujeto a la aplicación de las responsabilidades pecuniarias,
administrativas y hasta penales correspondientes por violación de las normas
presupuestarias reguladoras de esa actividad.
La modificación, reducción, sustitución e incluso la supresión de programas o
subprogramas de actividades, sólo se podrán efectuar con autorización expresa del
jefe del Ejecutivo; serán manifestadas mediante los órganos administrativos
encargados de la administración del presupuesto. Cualquier transferencia de partidas
de un programa a otro, únicamente podrá hacerse con la previa justificación y
autorización de la dependencia encargada de la administración presupuestaria. Para
ello, la unidad administrativa responsable deberá presentar con anticipación su
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solicitud de autorización, acompañada de las justificaciones específicas de cada
caso.
Por último, la dependencia encargada de administrar el presupuesto de egresos
deberá evaluar periódicamente el ejercicio presupuestal, en función de los objetivos y
de los programas aprobados.
III.2 Previsión presupuestaria
Este requisito técnico consiste en que las unidades administrativas encargadas de
ejecutar el presupuesto deberán, con la suficiente anticipación, elaborar sus
programas y subprogramas de actividades para que, de esta forma, se pueda prever
el gasto público aplicable. Este requisito es necesario debido a que cada día la
improvisación en las actividades del sector público va transformándose en cosa del
pasado.
Por razones propias de elaboración y aprobación de un presupuesto por programas,
resulta indudable que la previsión del gasto se vuelve cada vez más un requisito
indispensable para la formulación de este importante documento gubernamental.
Sería sumamente criticable un sistema político en el que no se hiciera una adecuada
y anticipada previsión del gasto público. Es cierto que esta previsión se hace con
base en estimaciones que se tendrán que ajustar a medida que se actualiza el gasto,
pero como la técnica presupuestaria moderna exige que haya una adecuada armonía
entre los ingresos proyectados y los gastos programados, resulta indispensable el
cumplimiento de este requerimiento.
Claridad y publicidad del presupuesto
Un presupuesto claro es el que, sin prescindir de la técnica para elaborarlo, sea
comprensible. Para ello deberá estar sistematizado; redactado con un lenguaje
adecuado a los objetivos que se persiguen y tendrá que ser organizado de acuerdo
con los medios con que cuente la autoridad administrativa correspondiente para
emplearlo de manera correcta.
El presupuesto de egresos debe publicarse en los medios informativos que sean
legalmente exigibles, así como en otros de difusión masiva, aun cuando en éstos no
sea obligatorio, con el fin de que los gobernados tengan fácil acceso a dicha
información y puedan conocerla y comentarla. En efecto, los programas de gobierno
constituyen la parte fundamental de la acción del Estado, y si dichos programas son
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producto de la consulta popular y son ampliamente difundidos para que la sociedad
los conozca, debe considerarse que por la misma razón el plan de gastos, es decir,
el presupuesto que se va a aplicar a la ejecución de esos programas, también se
debe dar a conocer a los miembros de la sociedad.
III.3 Naturaleza Jurídica del Presupuesto
La doctrina contemporánea ha discutido mucho en relación a si el presupuesto de
egresos tiene el carácter de acto legislativo tanto en sus aspecto formal como en su
aspecto material. Bajo la influencia de los administrativistas franceses, Duguit y
Jéze, quienes a su vez se inspiraron en los juristas alemanes Leband y Jellinek, una
gran mayoría de autores se ha inclinado por considerar el presupuesto de egresos
como un acto formalmente legislativo, pero materialmente administrativo, por ser un
acto de previsión y de autorización.
Gran parte de la discusión en la doctrina contemporánea ha surgido con motivo de
que el acto del presupuesto comprende no sólo los egresos (como ocurre en
México), sino también los ingresos. Por ello Héze ha sostenido que el presupuesto
es una mezcla de actos jurídicos reunidos en un solo documento, que para su
análisis debe dividirse en cuanto a recursos y a gastos (Giuliani).
En México, Fraga expone “que para poder legar a una conclusión sobre el particular
(la naturaleza intrínseca del presupuesto), es necesario conocer a fondo los efectos
jurídicos que produce el Presupuesto”.
Los efectos del presupuesto de Egresos, según Fraga, son los siguientes:
a) El Presupuesto constituye la autorización indispensable para que el Poder
Ejecutivo efectúe la inversión de los fondos públicos (Cont. Fed., artículo 126).
b) El Presupuesto constituye la base para la rendición de cuentas que el Poder
Ejecutivo debe rendir al Legislativo (Cont. Fed., Art. 74-IV).
c) El Presupuesto, consecuentemente, produce el efecto de descargar de
responsabilidad al Ejecutivo, como todo manejador de fondos de descarga
cuando obra dentro de las autorizaciones que le otorga quien tiene poder para
disponer de esos fondos.
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d) A su vez, el presupuesto es la base y medida para determinar una
responsabilidad, cuando el Ejecutivo obra fuera de las autorizaciones que
contiene (Art. 4° de la Ley Orgánica de la Contaduría Mayor de Hacienda).
“El primero de los efectos jurídicos señalados, del que son corolario los demás, es el
que en realidad viene a dar la clave para la solución del problema que tenemos
planteado. Otorgar una autorización no es otra cosa sino realizar la condición legal
necesaria para ejercer una competencia que no crea el mismo acto de autorización,
sino que está regulada por una ley anterior”.
“Tan es esto exacto, que la Cámara de Diputados no podría dar su autorización a
otro órgano del Estado que no sea el Ejecutivo, esto porque, de acuerdo con nuestro
régimen constitucional, dicho Poder es el competente para el manejo de los fondos
públicos”.
“No puede, por tanto, decirse que la Cámara, por medio del Presupuesto, dé
nacimiento a una situación jurídica general, condición indispensable para que haya
acto legislativo, en tanto que sí debe afirmarse que, como determina la aplicación de
una regla general a un caso especial en cuanto al concepto, al monto y al tiempo,
está realizando un acto administrativo, con todos los caracteres que a éste
reconocimos en su lugar oportuno” (Fraga, p. 283).
Ríos Elizondo sostiene que “la constitución de 1917 no considera al presupuesto
como una ley, sino como un documento de carácter administrativo que envía con
carácter de anteproyecto el Presidente de la República a la Cámara de Diputados
para los efectos de los artículos 65, fracción II, y 74, fracción IV de la LOPF” y
concluye que “el Presupuesto es un acto materialmente administrativo y formalmente
legislativo que, por ende, resulta de la colaboración funcional entre ambos Poderes,
que en este caso se motivó por razones históricas y de carácter democrático”.
Bustamante sostiene la misma tesis en sus Notas (Elizondo, 1972). Por nuestra
parte, consideramos que la naturaleza jurídica del presupuesto de Egresos, en el
Derecho Mexicano, es la de un acto legislativo, en su aspecto formal, y la de un acto
administrativo en su aspecto material.
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Bibliografía
La elección del material bibliográfico, es el resultado de la experiencia profesional y
docente de quién desarrollo el presente trabajo de investigación, se sugiere al
interesado en abundar el presente tema, podrán consultar la siguiente referencia
bibliográfica, con la seguridad que comprenderá a mayor profundidad el tema citado.
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1996, tomo I.
Burato, Alfredo. “Manual de finanzas públicas”. Ediciones Macchi, Buenos Aires,
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