El Fondo de Liquidez Autonómico y sus efectos

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El Fondo de Liquidez Autonómico y sus efectos.
Juan José Rubio Guerrero
Catedrático de Hacienda Pública.
Foro Independiente de Analistas Fiscales.
Hace unos días la Generalitat de Cataluña ha formalizado la petición de 5.023 m€ al Fondo de
Liquidez Autonómico, lo que supone un 28% de la cantidad dotado a tal fondo, que se fija en
18.000 m€. Esta petición está en línea con el peso que esta Comunidad tiene en el total del
endeudamiento autonómico en España (30%).
El Gobierno catalán afronta el segundo semestre del año con una necesidades de
refinanciación de vencimientos de deuda pública de 5.755 m€, entre los que destacan los
vencimientos de 2.639 m€ correspondientes a la emisión de bonos a minoristas (bonos
patrióticos) que vencen en noviembre. Cataluña es la Comunidad más endeudada de España
con 42.000 m€, lo que supone el 21% del PIB regional, teniendo que ajustar su déficit del 3,9%
en 2011 al 1,5% en 2012. Pero el principal problema de esta Comunidad es su estado de
tesorería que demanda unas necesidades de liquidez inmediata para hacer frente a estos
vencimientos de deuda pública a muy corto plazo, amén de pagos a proveedores de servicios
en situación crítica. Esta es la razón fundamental de recurso al Fondo de Liquidez Autonómico
(FLA)
Este Fondo es un mecanismo de intervención inmediata desarrollado por el Ministerio de
Hacienda y aprobado en Consejo de Ministro el pasado 20 de julio con el fin de dotar de
tesorería inmediata a aquellas CC.AA. con serios problemas de impago a corto plazo de sus
obligaciones tanto corrientes como financieras. El objetivo de este fondo es aportar liquidez
para hacer frente al vencimiento de deuda en 2012, así como hacer frente a los pagos a
proveedores y cumplir con los objetivos de déficit del ejercicio corriente. Este Fondo se dotará
con 18.000 m€, de los cuales 6.000 procederían de una emisión del Organismo de Loterías del
Estado garantizada con ingresos futuros del mismo, 8.000 se obtendrían de empréstitos
procedentes de diferentes instituciones financieras y los 4.000 restantes los aportaría el
Tesoro Público español. En cualquier caso, las condiciones de concesión de estas ayudas están
pendientes de definición en sus aspectos técnicos, aunque lógicamente las condiciones serán
mucho más ventajosas que las que se derivarían del recurso directo a los mercados
financieros, que están cerrados para muchas CC.AA. La indefinición de las mismas hace muy
difícil que el FLA esté operativo antes de Octubre, por lo que no va a resolver las tensiones de
tesorería a muy corto plazo de algunas comunidades.
Hasta el momento son tres las CC.AA. que ha expresado su voluntad de acudir al FLA: Cataluña
con la cantidad ya citada; Valencia, con una cuantía estimada en 3.500 m€ pero sujeta a
revisión al alza y Murcia que apelaría al Fondo por 300 m€ para refinanciar vencimientos de su
deuda en condiciones más ventajosas. Esto supone que casí el 50% del FLA estaría ya
comprometido, si no se modifican las condiciones de acceso al mismo o su cuantía. No
obstante, consideramos muy probable que la mayor parte de las CC.AA acudan a este
mecanismo, entre otras razones, porque les va a permitir refinanciar su deuda en condiciones
manifiestamente mejores que las que podrían obtener en el mercado si el fondo cumple sus
objetivos de dotar financiación en condiciones preferenciales. Es por ello, que teniendo en
cuenta que las necesidades de refinanciación de la deuda pública del conjunto de las CC.AA en
el segundo semestre de 2012 se sitúa en 15.600 m€ y que muy probablemente haya una
petición generalizada de fondos al mecanismo, sea necesario dotar , en su caso, partidas
adicionales en los PGE13 para hacer frente a nuevas necesidades de liquidez.
En cualquier caso, el recurso al FLA va a suponer, entre otras cosas, un control directo y
constante de las cuentas de las CC.AA y una condicionalidad estricta al cumplimiento de los
Planes de Equilibrio Financiero formulados por las mismas. En definitiva, estas ayudas estarían
condicionadas a recortes constatables en la ejecución presupuestaria que garanticen que los
gobiernos regionales cumplan con el objetivo de déficit del 1,5% en 2012. Así pues, el
Ministerio de Hacienda, a partir del momento en que el FLA sea operativo, fijará las
condiciones presupuestarias, fiscales y financieras de las CC.AA. Los planes de ajuste, siempre
en el marco de los PEF pactados, serán revisados y controlados por representantes del
Gobierno Central que tendrán capacidad para enviar equipos de inspectores para auditar las
cuentas en tiempo real. En mi opinión, el tema más controvertido sería la capacidad que pueda
tener el Gobierno Central para decidir e imponer las partidas de gasto que deben ser
corregidas y ajustadas en el caso de desviaciones en la ejecución, así como la obligación de
imponer modificaciones tributarias para lograr los objetivos del correspondiente PEF.
Aquí aparece, con especial virulencia, la cuestión catalana aunque puede aplicarse a otras
CC.AA. El problema fundamental es que lo que la mayor parte de las CC.AA puede interpretar
como medidas de ajuste técnico y económico, en otras, con especial sensibilidad respecto al
autogobierno, puede interpretarse como “exigencias políticas” o injerencias inaceptables en la
autonomía política y financiera si los ajustes afectan al “core” de lo que las autoridades
regionales consideran el núcleo fundamental del autogobierno. En este sentido, las CC.AA que
recurran al FLA no podrán emitir valores ni pedir créditos, salvo autorización expresa del
gobierno central; deberán comunicar todas las operaciones de crédito a corto, medio y largo
plazo; cederán al gobierno central la gestión del pago de sus vencimientos de deuda y los
recursos de su sistema de financiación responderán de la devolución de la línea de liquidez
abierta en las condiciones que establezca el FLA.
Como conclusión, se me antoja inverosímil una intervención del gobierno central sobre la
gestión económica integral de determinados gobiernos subcentrales por cuanto, en territorios
con fuerte conciencia de autogobierno, se interpretaría como un ataque frontal a su capacidad
de decisión política y podría exacerbar las tensiones secesionistas.
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