La ecología de la acción: un concepto - Blog

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Nuestra escuela debe denunciar el error del pensamiento de Descartes, ya no ligado al
solipsismo de su “yo pienso”, sino a su desarraigo. Hay que producir ahora la prueba de la
imposibilidad lógica de dudar de la residencia desde donde se puede formular la certeza del “yo
pienso”, es decir reencarnar y reubicar al sujeto moderno en el planeta tierra: No sólo si “yo
pienso” entonces tú eres (conmigo en una comunidad de lenguaje), sino que si somos comunidad,
compartimos y somos un mundo común, “con todas sus pertenencias”. Esto último, los idiomas
occidentales no tienen, creo, nada que lo designe adecuadamente, pero en otros idiomas, como el
idioma de los indios lakota lo designa como “Mitakuye oyasin”.
Mitakuye oyasin, para los amerindios, significa algo así como “yo y todos los míos”, comprendiendo
en el “todo” tanto a los familiares humanos como todos los demás familiares animales, plantas y
elementos de la casa común de la vida y el universo. Puede también traducirse como afirmación:
“Todos estamos relacionados” y es una frase frecuentemente pronunciada durante los rituales para
recordar a la gente su parentesco con todo lo que existe. el Mitakuye oyasin nos ayuda a recordar
cómo somos en relación con los demás y el universo, ayuda a tejer de nuevo (re-ligar) la trama
compleja entre el yo y el universo.
La ecología de la acción: un concepto fundamental para pensar la
Responsabilidad Social
Siguiendo con nuestro análisis de las tres generaciones de Etica (1: Etica personal centrada en la
distinción Bien/Mal, 2: Etica social centrada en la distinción Justo/Injusto, 3: Etica global centrada en
la distinción Sostenible/Insostenible) conviene examinar ahora los límites de la ética social (que
llamamos de segunda generación), para justificar el enriquecimiento del enfoque de los Derechos
Humanos por aquel de la Sostenibilidad global ¿Qué se le puede "reprochar" al enfoque de los
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Derechos Humanos en relación con la problemática de la Responsabilidad Social como para justificar
el paso a otro nivel de Etica?
Pensamos posible y necesario un camino que vaya de la Justicia a la Sostenibilidad, que nos
permita transitar libremente entre la Democracia y los Derechos Humanos por una parte, y la
Responsabilidad global por la trama compleja de la Tierra por otra parte (tengamos mucho cuidado
de un "ecologismo" seducido por la antropofobia que podría derivar rápidamente en un totalitarismo
higienista). Pero este camino pedirá la crítica y superación del sujeto moderno aislado, des-ubicado y
orgullosamente dominante ("maître et possesseur de la nature" (amo y dueño de la naturaleza) decía
Descartes). Pedirá la re-ligación del ser humano sujeto de derechos con la trama compleja
global. Nuestra Etica global de tercera generación alcanza aquí su definición y desafío: ser una ética
que no niegue los aportes de las otras anteriores (la ética del Bien y la de la Justicia), pero que sepa
asumirlos dentro de condiciones de residencia mundanal más complejas, responsables y armoniosas,
lejos de los delirios de Dios y del Progreso, una ética que sepa "morar en este mundo", y no tratar de
domeñarlo o adular a otro.
El paso a la ética social es justamente aquel de la reivindicación del poder humano sobre el
Gran Todo, cuando ese "todo" es reconocido como la Historia (ya no la Creación) y la historia
humana, que puede cambiar, que podemos cambiar, luego de la cual somos responsables, y
culpables de no querer mejorar. Cada quien es responsable no sólo de sus acciones en su esfera
sino también de su participación (o no) en la regeneración de
la vida pública. Por eso, si la figura emblemática de la ética personal tradicional es el santo, la
privada,
de la ética social es el militante, el ciudadano activo que se preocupa por las injusticias de su
comunidad.
Así, la ética social nos conduce al reconocimiento de nuestra responsabilidad política frente a las
estructuras mismas de la morada común (Ethos). Reconoce que somos responsables de nuestro
modo personal de habitar el mundo y también de las condiciones sociales de habitabilidad del mundo.
Por eso la ética social logra calificar al mundo mismo como "justo" o "injusto" y le asigna un valor
peculiar a la humanidad dentro del mundo: aquel de los Derechos Humanos (la persona como fin
en sí misma que tiene derechos). Este valor es una exigencia, un deber que exige volverse un hecho.
Cuando la Declaración de los Derechos Humanos enuncia: "Todos los seres humanos nacen libres e
iguales en dignidad y derechos", no dice que de hecho es así, pero proclama que debemos cambiar
las condiciones de habitabilidad del mundo hasta que sea así, hasta que podamos garantizar que
cada quien vive así, y es garantizado del reconocimiento de vivir así por parte de todos los demás.
Luego se postula que PODEMOS cambiar el mundo, y que DEBEMOS cambiarlo.
La ética social es una ética universalista por definición. Se afirma como una ética para todos,
exigible para todos. Como bien lo dice Sartre: "porque no puedo ser libre si todos no lo son". Como
saca la problemática ética del ámbito de la esfera personal para considerarla en el mundo, la ética
social se construye y exige entre nosotros. Como tal, es de esencia jurídica y su encarnación es la
ley humana (nomos) que todos los humanos se dan juntos (Contrato Social) para estar todos
igualmente sometidos a ella. El caracter universalista de la ética social moderna explica su dinamismo
crítico y dialéctico. Cada vez que se puede sospechar que los mismos Derechos Humanos no tienen el
grado de universalidad suficiente, se denuncia el hecho, y se trata de redefinirlos de modo más
abarcativo (de los derechos del burgués a los derechos de los proletarios, de los derechos del hombre
a los de la mujer, de los derechos de la mayoría a los de la minoría, de los derechos de los
occidentales a los derechos de los marginados del Desarrollo occidental, de los derechos de los meros
individuos a los de las comunidades culturales, y finalmente la búsqueda de abarcar a todos los
olvidados y vulnerables: minorías étnicas y sexuales, niños, generaciones futuras, animales, etc.)
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Ahora bien, LA gran pregunta es saber si esta ética social moderna basada en los Derechos
Humanos (que hemos llamado "ética de segunda generación") basta para entender y aplicar la
Responsabilidad Social de las Organizaciones (RSO) o si se necesita una ética de "tercera
generación", más compleja, basada en la sostenibilidad, para comprender y operar la RSO.
La ética social tiene puntos a su favor: sirve muy bien para encontrar nuestra responsabilidad por el
conjunto, no sólo por nuestras acciones inmediatas. Sirve bien para hacer funcionar el mecanismo de
los stakeholders (las partes interesadas y/o afectadas por el desempeño de la Organización) y la
negociación para que todos puedan beneficiarse de la presencia de la organización. Incluso sirve para
atribuirles
derechos
a
los
afectados
no
presentes
(las
generaciones
futuras).
Sin embargo este enfoque enfoque social, ciudadano, de derechos humanos, moderno, que llama
ética de segunda generación, encuentra límites. No es suficientemente consistente y complejo para
relevar las exigencias de la Gestión Socialmente Responsable. Sus limitaciones no son sólo históricas
(ligadas a su nacimiento durante la época de la Ilustración, la ciencia newtoniana, la primera
revolución industrial, la filosofía del siglo XVIII y la de Kant) sino consubstanciales. O, en todo caso,
que este enfoque necesita ser complementado (complejizado) por nuevos aportes. Pero la cuestión
queda en debate.
La pregunta puede enunciarse así: ¿Si el mundo fuese totalmente "justo", sería también
totalmente "sostenible"? ¿La justicia total, el reino de los Derechos de todos en una sociedad sin
explotación, garantizaría la sostenibilidad temporal y ecológica de la morada común (la Tierra Patria)?
o bien hay algo en la exigencia ética de sostenibilidad que la exigencia ética de justicia no abarca ni
resuelve.
Me fascina y asombra, en ese sentido, la problemática de la "huella ecológica", y cómo nos
demuestra que las sociedades democráticas con bienestar social de los países del norte de Europa,
que podemos considerar como las más "éticas" (en el sentido de la ética social), es decir las más
justas, no son Sostenibles : si todo el mundo viviera como los europeos, se necesitaría varios
planetas tierra para satisfacer todas las necesidades de consumo... Desde luego, su "justicia social"
es en realidad una gran injusticia eco- lógica (es decir injusticia frente a la casa común, la morada
tierra).
(Haz el test, entra a este link "Huella ecológica" y verás que, sin duda, tú tampoco eres sostenible,
aunque
seas
muy
bien
intencionado
y
gran
defensor
de
la
justicia!)
¿Bastará reafirmar los derechos humanos de las generaciones futuras para arreglar el problema de la
sostenibilidad de los modos de vida, dentro del mismo enfoque de la ética social moderna?
Personalmente lo dudo. Creo que debemos entrar en otra lógica, y que justamente es esta lógica que
nos pide practicar la filosofía de la Responsabilidad Social. Seguiremos reflexionando este punto
interrogando los límites del enfoque de la ética social moderna.
Avancemos un poco más. Si está claro que el contexto actual de la era tecnológica pone en peligro
las condiciones de habitabilidad misma del planeta, y si esta situación nos pide complejizar la
problemática ética, introduciendo más allá del enfoque de la Bondad (tener buenas intenciones,
evitar el mal, hacer el bien, etc.) y de la Justicia (instituir sociedades equitativas, luchar contra las
injusticias estructurales, promover los Derechos Humanos para todos, etc.), un enfoque de
Sostenibilidad (gestionar los impactos de las acciones colectivas, controlar los peligros de la
tecnociencia, promover un Desarrollo Humano Sostenible, etc.), entonces debemos revisar nuestra
concepción común de la Responsabilidad.
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La voluntad determina el límite de la responsabilidad y lo involuntario el de la
irresponsabilidad. Por eso, desde el enfoque tradicional, “ser ético” significa tener una Buena
Voluntad y cumplir con actos bondadosos.
Desgraciadamente, este enfoque no permite de ninguna manera entender de qué trata la
Responsabilidad Social, ni en la Empresa, ni en la Universidad. Como es un enfoque ciego a la
problemática de los impactos globales y los efectos colaterales no previstos de las acciones colectivas
(por ser estos no voluntarios), quien se queda en el paradigma de la Etica personal tradicional no
puede comprender lo que significa la “Gestión de Impactos” que propone la Responsabilidad Social.
Así, entenderá la ética de las organizaciones sólo en términos de filantropía y bondad voluntaria de
los dirigentes. El gasto en iniciativas de beneficencia será toda la estrategia empresarial requerida.
También entenderá la formación universitaria socialmente responsable sólo en términos de
promoción del espíritu de solidaridad de los estudiantes a través de actos filantrópicos. El enfoque
académico y pedagógico se limitará al incentivo de la buena voluntad, el despertar de las emociones
positivas. Multiplicar las actividades bondadosas voluntarias será su estrategia preferida, descuidando
las competencias cognitivas del alumno. A duras penas podrá evitar el peligro del asistencialismo y el
paternalismo en los proyectos emprendidos.
La primera generación ética corresponde a la era religiosa en el marco de las sociedades
tradicionales y las relaciones de próximidad (el encuentro cara a cara con mi prójimo). Aquí la
problemática
es
de
distinguir
el
Bien
y
el
Mal.
La segunda generación ética corresponde a la época moderna, el siglo de las Luces, el auge del
Sujeto, la Ciudadanía y los Derechos Humanos. A la perspectiva del Bien y el Mal se agrega la de la
Justicia y la Injusticia en el marco de las estructuras sociales del Estado Nación.
La tercera generación ética corresponde a la época de la aldea global y la necesidad de tomar en
cuenta los problemas globales y locales del Planeta Tierra con todos sus integrantes humanos y no
humanos. A ambas perspectivas del Bien y la Justicia se le agrega aquella de la Sostenibilidad y la
Insostenibilidad.
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Aquí va un pequeño regalito: El cuento africano "las lagartijas", en mi versión (extraída del
espectáculo "Hace Tiempo que Nunca", 1999, con Rafo Ráez (guitarra), Mauricio Alvarez (batería) y
Carlos Gonzalez (Teclado)). Nos permite entender dos cosas articuladas: (1) que es necesaria la
voluntad de solidaridad, (2) que los problemas sociales afectan todo el campo social en sus efectos
colaterales, razón por la cual es necesario concebir la Responsabilidad Social en términos de "gestión
de impactos". Desde esta visión de gestión de impactos, la solidaridad (ética) se relaciona con el
interés (es mi ventaja y tu ventaja ser solidario), puesto que somos todos intersolidarios de hecho (lo
que hace uno afecta al otro siempre). Luego, podemos olvidarnos de la "abnegación" y la "acción
desinteresada", que son perspectivas importantes desde una ética de primera generación, pero que
se vuelven características perfectamente inútiles e irrelevantes para pensar el acto moral, desde un
enfoque complejo de tercera generación.
http://blog.pucp.edu.pe/item/9921
El reto de la mujer frente a la globalización
Distinguimos entre la definición estricta de globalización (apertura de fronteras, libertad de
mercados, información al instante por Internet…) y la globalización efectiva gestionada por el
neoliberalismo. Muchos estaréis de acuerdo conmigo en que dicha globalización está ahondando
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más en las desigualdades, y no solo las sociales y económicas, sino también las provocadas por
razones de sexos.
A medida que el capital global es absorbido cada vez más por el control transnacional, los
estados nacionales pierden poder y los trabajadores son cada vez más marginados y excluidos,
la situación de la mujer llega a un punto en que no pueden controlar sus medios de producción
ni su fertilidad.
Veamos en cifras de que hablo…
- El 98% de las riquezas de la tierra están en manos de hombres, tan sólo el 2
% pertenece a mujeres.
- De las 225 personas más ricas, que son hombres, acumulan el mismo capital que los 2.500
millones más pobres. De esos 2.500 millones más pobres, el 80% son mujeres.
- El gasto en armamento es de 780.000 millones de dólares, mientras que en cuestiones graves
de salud que afectan a las mujeres se gastan 12.000 millones.
- En cuanto a prostitución infantil, el 90% son niñas y los beneficiarios en un 100% son
hombres.
- 91 mujeres mueren en 2006 víctimas de la violencia de género, suponiendo esta cifra un
incremento del 19,2 respecto del año anterior.
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En Arabia Saudita, todavía hoy pueden ser golpeadas por la policía aquellas mujeres que,
independientemente de su estatus social, dejen ver apenas el color de sus medias.
Sin embargo, no hace falta fijarnos en países de cultura y sociedad diferentes, sin ir más lejos,
España. La discriminación laboral de la mujer es algo muy palpable en nuestro país. Deben
afrontar mayores barreras a la hora de acceder al mercado de trabajo y a esto se añade las
condiciones en que lo hacen: mayor temporalidad, menor salario, escasa protección de la
Seguridad Social, así como poca representación en puestos de dirección. Las responsabilidades
familiares hacen a las mujeres más vulnerables a la precarización de los empleos, ya que
muchas veces se aceptan trabajos de peor calidad a cambio de flexibilidad laboral para
compatibilizar el trabajo doméstico y el trabajo remunerado. Esto permite transformar esta
vulnerabilidad de las mujeres en parte de la estrategia desreguladora del trabajo.
Por otra parte, no podemos olvidarnos de una consecuencia directa de la globalización de la
tecnología y los medios de comunicación que establecen patrones de consumo y propugnan la
cosificación de los cuerpos de las mujeres y la sexualidad femenina.
A pesar de todo ello, la globalización también nos ha traído también beneficios que en parte ya
estamos utilizando, como la informática y la facilidad para comunicarnos, la democratización de
la información y la posibilidad de formar redes a través de Internet (una herramienta
indispensable que deberíamos potenciar aún más). Y es que ya son muchas las oportunidades
que se nos presentan a través de la red, reabriendo debates y mostrando realidades que muchos
medios ocultan o simplemente ignoran.
Se trataría, por tanto, de una reformulación de la globalización, el reto consistiría en liberalizar
aquellos sectores en los que la globalización no parece estar presente: la democracia, los
derechos humanos, el medio ambiente y las oportunidades para las mujeres.
Una última cosa, quien esté más interesado en el tema pude pinchar en la imagen superior que
vincula una página en la que se encuentran un análisis muy detallado de documentos y
herramientas sobre el tema
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