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Senado de la Nación
Secretaría Parlamentaria
Dirección General de Publicaciones
VERSION PRELIMINAR
SUSCEPTIBLE DE CORRECCION UNA VEZ CONFRONTADO
CON EL ORIGINAL IMPRESO
“2016 Año del Bicentenario de la Declaración de la Independencia Nacional” Senado de la Nación
Secretaria Parlamentaria
Dirección General de Publicaciones
(S-296/16)
Buenos Aires, 03 de Marzo de 2016
Sra. Presidente
Del H. Senado de la Nación
Lic. Gabriela Michetti
S
/
D
De mi mayor consideración:
Me dirijo a Ud. a los efectos de solicitarle la reproducción y,
seguidamente, el estado parlamentario del Proyecto de Ley de mi
autoría, que fuera presentado bajo Expte. S- 3222/14, publicado en el
D.A.E. N° 161.
Atentamente.
Pedro G. Guastavino. –
PROYECTO DE LEY
El Senado y Cámara de Diputados,…
Artículo 1º.- Sustituyese el artículo 11 del Código Penal, que quedará
redactado de la siguiente manera:
“Articulo 11.- El producto del trabajo del condenado a reclusión o
prisión se aplicará simultáneamente:
1º. A indemnizar los daños y perjuicios causados por el delito que no
satisfaciera con otros recursos;
2º. A la prestación de alimentos según el Código Civil;
3º. A formar un fondo propio, que se le entregará a su salida. “
Art. 2º.- Sustitúyese el artículo 121 de la ley 24.660, que quedará
redactado de la siguiente manera:
“Articulo 121. — La retribución del trabajo del interno, deducidos los
aportes correspondientes a la seguridad social, se distribuirá
simultáneamente en la forma siguiente:
a) 10 % para indemnizar los daños y perjuicios causados por el delito,
conforme lo disponga la sentencia;
b) 35 % para la prestación de alimentos, según el Código Civil;
“2016 Año del Bicentenario de la Declaración de la Independencia Nacional” c) 55 % para formar un fondo propio que se le entregará a su salida.”
Art. 3.- Comuníquese al Poder Ejecutivo.
Pedro G. Á. Guastavino. –
FUNDAMENTOS
Señora Presidente:
Con el presente proyecto se busca poner en consideración que,
actualmente y según la regulación vigente sobre la ejecución de la
pena, nos encontramos ante una evidente injusticia que debemos
sanear.
El 1 de noviembre de 2011 nuestra Corte Suprema de Justicia dictó
sentencia en autos Méndez, Daniel Roberto s/ recurso de casación (M.
821. XLIII). Este pronunciamiento decretó la inconstitucionalidad del
art. 121 inc. C de la Ley 24.660, que dice: “ARTICULO 121. — La
retribución del trabajo del interno, deducidos los aportes
correspondientes a la seguridad social, se distribuirá simultáneamente
en la forma siguiente:
a) 10 % para indemnizar los daños y perjuicios causados por el delito,
conforme lo disponga la sentencia;
b) 35 % para la prestación de alimentos, según el Código Civil;
c) 25 % para costear los gastos que causare en el establecimiento;
d) 30 % para formar un fondo propio que se le entregará a su salida. ”
En el considerando tercero del mencionado pronunciamiento, que a
continuación transcribo, se encuentra el fundamento principal que
motiva este proyecto: “3°) Que la primera advertencia que corresponde
formular, es que la readaptación social del penado resulta,
indudablemente, no un mero objetivo de la ejecución de las penas
privativas de la libertad, sino el objetivo “superior” de ese sistema
(“Verbitsky”, Fallos: 328:1146, 1186 y su cita - 2005). Empero, es
igualmente cierto que no por su elevado emplazamiento, dicho objetivo
consiente toda medida por el solo hecho de que se la considere
dirigida a su logro. El presente caso, precisamente, se emplaza en ese
terreno, pues no resulta admisible que, so color de la mentada
readaptación, el Estado ponga la satisfacción —to- tal o parcial— de
obligaciones propias en cabeza del interno. Es que, resulta claro del
texto constitucional y de los tratados internacionales con dicha
jerarquía (artículos 18 y 75, inciso 22 de la Constitución Nacional), que
pesa sobre el Estado el deber de custodia de todas las personas que
están sometidas a detención preventiva o condena y que dicho deber
estatal debe llevarse a cabo con el debido respeto de los derechos
“2016 Año del Bicentenario de la Declaración de la Independencia Nacional” fundamentales reconocidos por dichas normas, en el marco de los
estándares internacionales.”
No se debe olvidar que nuestra Carta Magna en su articulo 14 bis
prescribe sobre el trabajo: “El trabajo en sus diversas formas gozará
de la protección de las leyes, las que asegurarán al trabajador:
condiciones dignas y equitativas de labor, jornada limitada; descanso y
vacaciones pagados; retribución justa; salario mínimo vital móvil; igual
remuneración por igual tarea; participación en las ganancias de las
empresas, con control de la producción y colaboración en la dirección;
protección contra el despido arbitrario; estabilidad del empleado
público; organización sindical libre y democrática, reconocida por la
simple inscripción en un registro especial.”
Así también, en el articulo 18 sobre las cárceles, dice: “Las cárceles de
la Nación serán sanas y limpias, para seguridad y no para castigo de
los reos detenidos en ellas, y toda medida que a pretexto de
precaución conduzca a mortificarlos más allá de lo que aquélla exija,
hará responsable al juez que la autorice”. Ante esto surge un
interrogante ineludible; ¿Es realmente justo hacerle cargar al recluso
con los gastos que genere el cumplimiento de su condena? ¿Es
acorde a nuestra Constitución quitarle parte de la retribución por su
trabajo al recluso con este fin? Según los artículos citados y teniendo
en miras las finalidad resocializadora de la pena; ¿no sería coherente
entender que la manutención de los reclusos en cumplimiento de su
condena es una obligación netamente Estadual?
En los diversos considerandos del mismo fallo encontramos
argumentos del derecho internacional que sostienen la postura de la
Corte. Por ejemplo, en el Pacto internacional de Derechos Civiles y
Políticos, el art. 10 inciso 1 prescribe que toda persona privada de su
libertad será tratada “humanamente y con el respeto debido a la
dignidad inherente al ser humano”. También en las “Reglas mínimas
para el tratamiento de reclusos” adoptadas por el Primer Congreso de
las Naciones Unidas sobre Prevención del Delito y Tratamiento del
Delincuente, celebrado en Ginebra en 1955, y aprobadas por el
Consejo Económico y Social en sus resoluciones 663C (XXIV) del 31
de julio de 1957 y res. 2076 (LXII) del 13 de mayo de 1977,
encontramos normas varias que tienen por finalidad equiparar el
trabajo de un recluso al del trabajador libre en la máxima medida
posible, cuestión apreciable en los artículos que van desde el 71 al 76
inclusive.
En la observación general número 21, el Comité de Derechos
Humanos es más que claro al respecto cuando dice:
“[...]3. El párrafo 1 del artículo 10 impone a los Estados Partes una
obligación positiva en favor de las personas especialmente vulnerables
“2016 Año del Bicentenario de la Declaración de la Independencia Nacional” por su condición de personas privadas de libertad y complementa la
prohibición de la tortura y otras penas o tratos crueles, inhumanos o
degradantes prevista en el artículo 7 del Pacto. En consecuencia, las
personas privadas de libertad no sólo no pueden ser sometidas a un
trato incompatible con el artículo 7, incluidos los experimentos médicos
o científicos, sino tampoco a penurias o a restricciones que no sean
los que resulten de la privación de la libertad; debe garantizarse el
respeto de la dignidad de estas personas en las mismas condiciones
aplicables a las personas libres. Las personas privadas de libertad
gozan de todos los derechos enunciados en el Pacto, sin perjuicio de
las restricciones inevitables en condiciones de reclusión.
4. Tratar a toda persona privada de libertad con humanidad y respeto
de su dignidad es una norma fundamental de aplicación universal. Por
ello, tal norma, como mínimo, no puede depender de los recursos
materiales disponibles en el Estado Parte. Esta norma debe aplicarse
sin distinción de ningún género, como, por ejemplo, por motivos de
raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de otro género,
origen nacional o social; patrimonio, nacimiento o cualquier otra
condición. [...]”.
Para finalizar, me gustaría recordar que en la Declaración Americana
de Derechos y Deberes del hombre, el articulo XXV contiene también
un principio fundamental cuando dice que todo recluso tiene derecho a
un “tratamiento humano” durante la privación de su libertad. De esto
se desprende que a esta altura en el desarrollo de las civilizaciones y
del Estado de Derecho la “dignidad” debe ser un concepto inherente e
inseparable a la condición de “humanidad” así como el de “igualdad”
entre todos los habitantes de la República, tal como prescribe nuestra
Constitución Nacional. El presente proyecto busca eliminar el trato
desigual y discriminatorio que reciben los reclusos actualmente.
Por todo lo expuesto, solicito a mis pares acompañen la aprobación
del presente.
Pedro G. Á. Guastavino. –
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