Volumen 2 – 2014 - Universidad UCES

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FACULTAD DE CIENCIAS ECONÓMICAS
Revista Ensayos
sobre Economía Política
y Desarrollo
Compiladores
Lic. Mariano de Miguel
Lic. Diego Coatz
Volumen II - Nº 2 - 2014
ISSN Nº 2314-3940
UCES - Editorial de la Universidad de
Ciencias Empresariales y Sociales
Revista del Instituto de Economía Aplicada (INSECAP)
Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales
Paraguay 1457 (C1057AAV), Ciudad de Buenos Aires.
Tel: 4815-3290. [email protected]
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Ensayos sobre Economía Política y Desarrollo es una revista abierta a la
comunidad científica. Su objetivo es brindar aportes al conocimiento en el
campo de la economía, para establecer una vía analítica que permita alentar
el debate en los distintos aspectos que hacen a las complejas cuestiones de
la economía nacional inserta en un mundo interdependiente.
La revista se publica una vez al año. Tiene cobertura nacional e internacional.
Se reciben artículos originales y por invitación. Todos los trabajos presentados
a la revista deberán ser inéditos. La dirección de la revista y el Comité Editorial
se reservan el derecho de aceptarlos o rechazarlos para su publicación, así
como el de determinar en qué número de la revista se publicarán. Los autores
serán informados al respecto en todos los casos.
Pedidos, colaboraciones e información:
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Paraguay 1457 (C1057AAV), Ciudad de Buenos Aires.
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(Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas)
FACULTAD DE CIENCIAS ECONÓMICAS
Revista Ensayos
sobre Economía Política
y Desarrollo
Volumen 2 - Nº 2 - 2014
ISSN Nº 2314-3940
Índice
Editorial 9
Introducción y presentación de los trabajos 11
Structural reforms and crises in emerging economies:
the cases of Argentina and Russia
Leonardo Pataccini and Elena Kinzhebaeva 15
Reformas estructurales y crisis en las economías emergentes:
los casos de Argentina y Rusia
Leonardo Pataccini y Elena Kinzhebaeva 35
La industria frente a los cambios globales: de la política
comercial a la integración regional
Diego Coatz, Pablo Dragún y Marianela Saravia 54
¿Tipo de cambio competitivo y estable?
Alejandro Fiorito 85
Análisis del contenido tecnológico de las exportaciones
argentinas (1996-2011): ¿hubo cambio estructural entre la
convertibilidad y la posconvertibilidad?
Daniel Schteingart 105
Industrialización para la creación de empleo de calidad
Magalí Brosio, Diego Coatz y Marianela Sarabia 132
Valor, salario y precios de producción en Arghiri Emmanuel
Mariano de Miguel
162
9
Editorial
Nos produce una profunda satisfacción presentar al público en general, y a
la comunidad de UCES, en particular, este segundo volumen de la Revista
Ensayos sobre Economía Política y Desarrollo. Si consideramos también los
dos volúmenes en formato libro que publicáramos entre 2010–2012, estamos frente a una suerte de breve colección de libros–revistas que recopilan
artículos de rigurosidad académica y científica sobre cuestiones económicas
sobresalientes, ya sea por su actualidad, su importancia histórica o por su
gravitación en el plano de la teoría.
Desde el primer momento fijamos una posición metodológica y filosófica respecto a la ciencia económica; no la concebimos meramente como
un aparato formal constituido por las reglas que gobiernan la elección
racional de medios escasos para alcanzar fines rivales. Por el contrario, llamamos la atención sobre la necesidad de una mirada estratégica
(superadora) que entendiendo al hombre como un animal social, busque
desentrañar las condiciones naturales y sociales de su producción y reproducción.
Esta aprehensión de la realidad económica como “encastrada en la sociedad”, nos brinda muchas ventajas. Primero, porque sin prescindir a priori de
ningún aparato lógico–formal a los efectos de desenvolver en el terreno de
la abstracción teorías que establezcan vínculos funcionales entre las categorías conceptuales que manejamos, nos permite adecuar el lenguaje formal
a las exigencias del método, y no sucumbir en el proceso opuesto. Y es
precisamente el método económico de aprehensión de la realidad lo que no
puede tornarse esclerótico, habida cuenta que su capacidad para abordar y
explicar los fenómenos que nos desvelan es un resultado progresivamente
perfeccionado por el ejercicio científico mismo.
Segundo, porque habilita, y casi obliga, a un verdadero diálogo interdisciplinario y a la construcción de conceptos multidisciplinarios. La distribución del
ingreso y la riqueza es un claro ejemplo de problemática económica donde
ambas, interdisciplinariedad y abordaje multidisciplinario resultan cruciales.
El desarrollo y el progreso económico, constituyen obviamente otro ejemplo,
y son justamente el campo central de nuestras preocupaciones a la hora de
darle contenido a estos Ensayos que publicamos.
Sin más, deseamos agradecerle al lector su tiempo y paciencia; quien escribe no lo hace solo para el lector, pero si fundamentalmente para él. Y si bien
desde INSECAP encontramos en esta empresa un vehículo para poner en
10
negro sobre blanco nuestras ideas, el objetivo central es que alumbren un
debate y un intercambio donde el aprendizaje sea mutuo y el resultado signifique un salto de calidad para el conjunto. Porque nunca debemos olvidar
que “el educador necesita ser educado”.
11
Introducción y presentación
de los trabajos
Ya llevamos seis años del estallido de la última crisis internacional; y aunque
mucho pueda discutirse sobre su magnitud e importancia relativa a otros
episodio críticos de la historia económica mundial, no caben dudas que la
presente está llamada a constituirse en un caso de estudio fundamental, en
uno de esos “experimentos” del laboratorio social que juzgan hasta los marcos teóricos más consolidados y aceptados, y conllevan, por ende, una sana
renovación del pensamiento y de las verdades siempre parciales.
Casi no hay campo de la ciencia económica que no haya un sufrido un cimbronazo con esta crisis, desde la macroeconomía y la microeconomía, pasando por la teoría del crecimiento y el desarrollo, hasta aquellas que estudian el comportamiento de los mercados de trabajo (si es que existe tal
cosa como mercados de trabajo), o naturalmente, las teorías que pretenden
explicar y predecir (¿?) la dinámica de los sistemas monetarios y financieros.
Pero aunque resulte un privilegio histórico ser espectador de una gran crisis, salvo que se adolezca de sentimientos morales, éticos o sociales, estas
circunstancias también están cargadas de sinsabores; en la medida que millones de personas en el mundo han quedado sin empleo o pasado a tener
dificultades serias de conservarlo, sin contar que problemas estructurales
y de larga data como la pobreza y la desintegración se ven agudizados y
postergados.
Por otra parte, toda crisis por más global que se presente, siempre está
compuesta por varias crisis; porque a menudo una crisis global significa el
agotamiento funcional de uno o varios elementos de un sistema y sus partes
componentes. Y el “moderno sistema mundial” está plagado de contradicciones, propias de su estructuración jerárquica y de la correlación de fuerzas
entre bloques regionales y nacionales que pugnan por su interés; algunos,
definido en términos de poder, otros, de desarrollo económico, todos, en el
marco de una etapa históricamente determinada del capitalismo como formación socioeconómica.
La actual crisis va llamando la atención cada vez más de las naciones periféricas y en desarrollo. Estas han gozado en los años 2000 de condiciones
externas favorables para un desacople al menos transitorio de las economías
centrales, pudiendo crecer a tasas aceleradas per cápita, cerrando así parte
de la brecha de productividad que las separa de las economías avanzadas.
No todos los países han aprovechado en igual medida esas condiciones
12
externas, y, a su vez, esas condiciones externas no han sido para todos
igualmente favorables. El lógico, porque han sido condiciones de borde,
necesarias, pero no suficientes. Crecer económicamente, generar empleos,
reformar la estructura económica, redefinir el modo de inserción comercial
internacional, superar flagelos estructurales como la pobreza, la informalidad, etc., son desafíos que el contexto global contribuye o no a superar, pero
que en cualquier caso dependen principalmente del concurso de las fuerzas
locales a tal efecto.
Quizás la principal ventaja del contexto económico internacional del nuevo
milenio fue la mejora de los términos de intercambio mercantiles, tanto absolutos como relativos. Esta mejora no solo contribuyó al crecimiento económico a través de la expansión de las exportaciones, sino que permitió relajar
la tristemente célebre restricción externa de divisas, que tanto ha limitado
la capacidad de maniobra de nuestras economías, en la medida que por la
propia condición de economías subdesarrolladas necesitan absorber durante la etapa de crecimiento y desarrollo una magnitud creciente de divisas;
asociadas a la mecanización de la producción, al “cuch up” tecnológico que
eso implica, a la importación de bienes y servicios derivada del aumento
del ingreso nacional en el marco de una fuerte dependencia importadora, al
pago de servicios financieros, rentas y utilidades externas, etc.
Sin ir muy lejos, la región latinoamericana hasta 2006 logró compensar su
mayor sensibilidad importadora a medida que su ingreso crecía a través de la
mejora de los términos del intercambio mercantil. Esta situación comenzó a
mostrar señales de alerta desde entonces, y las preocupaciones aumentaron
significativamente desde el estallido de la crisis internacional. Sobre todo
porque al sostenimiento de términos de intercambio favorables ha contribuido la apreciación de las monedas nacionales, fruto de políticas locales
apalancadas en flujos de capitales globales orientados hacia la periferia, en
un marco de liquidez mundial abundante y retornos bajos en las economías
centrales.
Así, una reversión acusada de la tendencia imperante en la primera década de este siglo, podría representar un serio condicionante al crecimiento y
desarrollo económico de las nuestras economías, en términos de limitación
de los grados de libertad para ejercer una política económica autónoma. Sin
embargo, ese escenario aún aparece distante y, si bien la mayoría de las economías latinoamericanas ha deteriorado sus cuentas corrientes externas, en
general, no existen dificultades para financiar los déficits externos; por ende,
ello todavía no supone dificultades para crecer. A pesar del cuadro general,
en algunos países de la región, como el nuestro, las tensiones propias de la
escasez relativa de divisas si domina la coyuntura de los últimos años, especialmente el último.
13
Discutir las razones de ello, no el objeto de esta introducción, pero sí dar
cuenta que en cualquier caso, para las economías periféricas que deseen
recorrer el camino al desarrollo, la bonanza del contexto global en el futuro próximo y lejano no es más que una hipótesis, por más correctamente
fundada que esté. Y aun en el mejor de los casos, lo que tenemos es tiempo, valiosísimo por cierto, para realizar determinadas reformas estructurales
(productivas, financieras, laborales, científicas, técnicas y educativas, etc.)
que nos permitan reducir la dependencia del ciclo externo para “financiar”
nuestros procesos de crecimiento económico. Abdicar en esta empresa significará quedar supeditados a coyunturas extremadamente volátiles y urgentes, donde las probabilidades de que los diagnósticos sean errados y las
recetas ineficientes, serán muy altas.
Es con este cuadro en mente que pensamos y seleccionamos los contenidos
de este Volumen. Daniel Schteingart realiza un magnífico análisis del contenido tecnológico de las exportaciones argentinas desde 1996 hasta 2011. Es
un concepto útil y polémico el de “contenido tecnológico de las exportaciones”. El mismo Schteingart cuestiona su validez general como indicador de
nivel de desarrollo económico, pero constata que la mayoría de los países
actualmente desarrollados posee un nivel también elevado de este índice.
Por otra parte, permite no solo un valioso abordaje cuantitativo del problema
del desarrollo y la estructura productiva, sino también del modo de inserción
internacional de nuestro país en la actual división internacional del trabajo.
Coatz, Dragún y Sarabia, primero; y Brosio, Coatz y Sarabia, después, abordan la problemática de la industria nacional frente a un escenario global en
curso de transformación, donde, por ejemplo, la aparición de China como
centro cíclico a la par que ha contribuido a mejorar los términos de nuestro
intercambio, ha supuesto la instauración de costos de producción industrial
imposibles de competir por economías como la argentina. Así, si la industrialización todavía constituye un objetivo deseable, es imperioso pensar alternativas que hagan posible su desarrollo y sostenimiento.
Justamente, una de las razones de la industrialización es su potencial generador de empleos de calidad y bien remunerados. Un análisis del impacto
actual y potencial de la industria en la generación de puestos de trabajo
formales, estables y con salarios relativos altos, cobra así relevancia; mucho
más cuando la crisis internacional muestra a cada paso las nefastas consecuencias en materia de empleo y desigualdad que trajo aparejado el proceso
de relativa desindustrialización ocurrido en las potencias centrales durante
los últimos 35 años.
Alejandro Fiorito en “Tipo de cambio competitivo y estable” llama poderosamente la atención sobre un concepto e instrumento de política económica
14
que hasta el presente gozó de un consenso mayoritario por lo que se refiere a
su capacidad de contribuir al crecimiento económico, la expansión de la demanda agregada, la generación de empleo y la mejora de la competitividad
externa: el tipo de cambio real. Luego de leer este artículo, la mayoría de los
lectores reconsiderará las supuestas ventajas de un tipo de cambio alto y de
la devaluación como herramienta eficaz de política económica.
Finalmente, Pataccini y Kinzhebaeva analizan para los casos de Argentina y
Rusia el impacto de mediano y largo alcance de las reformas estructurales
implementadas en los años noventa. A su juicio, las sucesivas crisis económicas y financieras de estos países estuvieron hondamente vinculadas a estas mismas reformas. La actualidad de este debate deriva del hecho de que,
en el marco de una crisis global como la que atravesamos aún, las reformas
estructurales aparecen con fuerza en la agenda mundial y regional. Analizar
qué tipos de reformas son necesarias, cuáles son potencialmente ventajosas
y cuáles no, constituye un desafío futuro que debe estar alumbrado por el
registro de las consecuencias en el presente de las reformas estructurales
del pasado.
Mariano de Miguel*
* Director del Instituto de Economía Aplicada (INSECAP) de la Facultad de Ciencias Económicas
de la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales (UCES).
15
Structural reforms and crises
in emerging economies: the
cases of Argentina and Russia
Leonardo Pataccini* and Elena Kinzhebaeva**
Abstract
The last decade of the twentieth century probably witnessed the most
impressive economic transformations in human history. The collapse of the
USSR marked a dramatic and irreversible change in the world economic
structure combined with a rapid process of global economic integration. These
phenomena implied also the emergence of new dominant paradigms, both
in economic and political fields, summarised in the Washington Consensus
policies. Driven by this context, many emerging economies started their
processes of structural reforms, based on the new axioms. Taking the cases
of Argentina and Russia as examples of emerging economies that applied
structural reforms in the beginning of the 1990s; this article argues that the
main economic and financial crises experienced by these countries during the
last two decades were directly linked to the features of the reforms applied. In
addition to that, the main outcome of the economic model applied was that
it generated a higher internal instability and external vulnerability and it was
unable to provide long term growth strategy.
Keywords: Russia, Argentina, structural reforms, liberalisation of economy,
Washington Consensus, economic crisis.
Introduction
The last decade of the twentieth century, probably witnessed the most
impressive economic changes in human history. On the one hand, the collapse
of the Union of Soviet Socialist Republics marked a dramatic and irreversible
change in the global economic structure, which came to be dominated by a
superpower without parallel in the previous human history. Simultaneously,
this event led to a rapid process of global economic integration that deepened
the transformations that were already taking place. Finally, other phenomena
that should be highlighted are the emergence and imposition of new dominant
paradigms, both in economic and political fields. Driven by this context of
* PhD Candidate.
** Cand. Sc. (Ec.).
16
great global changes, many emerging economies started their processes of
structural reforms.
The structural reforms were usually referred to by the euphemistic name of
“Structural adjustments”. These are the policies sponsored mainly by the
International Monetary Fund (IMF) and the World Bank (WB) in developing and
emerging countries and their implementation was a condition for receiving
new loans from these institutions or for obtaining lower interest rates on
performing loans. Theoretically, conditions were implemented with the aim
of ensuring that the funds lent would be spent in accordance with the overall
goals of the loan. In this regard, the structural reform programmes were
intended to allow the economies of the developing and emerging countries to
become more market oriented, applying “free market” programs and policy.
These programmes included changes such as privatisation, deregulation,
severe fiscal discipline and reduction of trade barriers. The main guidelines of
these reforms were summarised in the Washington Consensus, a set a policy
recommendations developed by the end of the 1980s.
“Emerging economies” could be defined as those national economies that
after the fall of the USSR were not included in the group of developed countries,
the group of least developed countries nor the group of newly industrialised
economies. This was a very heterogeneous group, whose main common
characteristic was that they had the mixed features of all previous groups,
but they don’t belong to any of them. That is, they had some characteristics
of developed countries (e.g. high rates of literacy and developed urban
areas), of least developed countries (such as high levels of inequality and
predominance of the primary sector) and of newly industrialised countries
(e.g. they had an industrial base, but this was not the main sector of their
economies). In addition, these countries had an upper–middle income and
they were intended to maintain a process of convergence with the developed
and high–income economies.
It is also important to note that the emerging economies that implemented
these reforms during the 1990s had very similar performances in the following
years, even in the economic crisis. In this sense, it is possible to mention that
most of the crises in emerging economies during the 1990s and early 2000s
showed very similar dynamics: financial instability, recession, default and
devaluation. With slight changes in the order of causation, this description can
be applied to the cases of Mexico (1994), Thailand, Malaysia, Indonesia and
the Philippines (1997–1998), Russia (1998), Brazil (1999), Turkey (2001) and
Argentina (2002), among others. Moreover, the similarities within these crises
seem to go further: all of them showed highly liberalised commercial and
financial schemes, deregulated markets, sustained external indebtedness
processes and a considerable influence of international credit institutions,
namely the International Monetary Fund and the World Bank.
17
In this context, the objective of this article is to show that the characteristics
of these crises are directly linked to the structural reforms implemented in all
these countries since the late 1980s and early 1990s. For this, the authors
will take two main cases of study, Argentina and Russia, and will make a
comparison between them in order to analyse the policies applied and its
consequences in both countries.
According to the previous definition of emerging economies, it is possible to
argue that these three countries belong to this group. In fact, despite some
important differences, these countries also show interesting conceptual
similarities. For example, measured by the UN Human Development Index,
they occupy very close positions in the ranking: Argentina is 45th and Russia
is 55th out of a total of 187 countries. In addition to this, measured by GDP
per capita in the ranking made by the IMF for the year 2012, these countries
also occupy very close positions: 55th Argentina ($17917) and 58th Russia
($17518).
The authors consider that this article can make a valuable contribution to
the analysis of this economic phenomenon because the study of the crisis–
structural reforms relationship is done from a comparative perspective
of three presumable different cases. In fact, the authors argue that the
significant differences between these countries will be very useful to highlight
the similarities between them and the influence of structural reforms in their
respective crises. It is also believed that these issues have become relevant
today, as the causes and characteristics of the last financial crisis, which
began in 2008, have much in common with the processes which will be
discussed in this article. Therefore, the presentation of these cases can
help one to think about the future of the global economy from a broader
perspective.
The article will be structured as follows: in the next section will be introduced the
theoretical framework of the analysis, focusing on the role of the Washington
Consensus. In section 3 and 4 the respective reforms implemented in Russia
and Argentina will be described. In Section 5, a comparison will be made
between the two processes, explaining their similarities and particularities.
Finally, the conclusions will try to emphasise the implications of these
processes for these countries today and their connections with the current
global situation.
Washington Consensus
As noted previously, the changes experienced by these economies can only
be understood in the context of the unipolar world that emerged after the end
of the Cold War. In this scenario, the freedom of action of emerging countries
became much more restricted and the aim of the new global power was to
18
assimilate their economies into a global scheme (Anderson, 2003). On the
one hand, there were the third world economies, which were burdened by
their stagnation and external debts. On the other hand, there were the newly
independent republics, formerly under the orbit of the Soviet Union and now
incorporated into the capitalist world. The roadmap to carry out the process
of transitions and convergences is reflected in the so–called “Washington
Consensus” (WC).
There is no official document that formalises WC guidelines. However, it is
possible to identify a set of policy instruments upon which various economic
and political actors who have their headquarters in Washington reached
“consensus” (Williamson, 1990). These actors are the Congress of the
United States, the executive branch of the U.S. government, the international
financial institutions (particularly the IMF and WB), the agencies of the U.S.
federal government, the Federal Reserve, the U.S. Treasury Department and
major neoliberal “think tanks”.
Concretely, the WC agenda prescribed policies focused on macroeconomic
stabilisation, economic opening with respect to both trade and foreign
investment, and market expansion at the expense of state’s attributions.
In order to meet these goals, the program included ten specific policy
recommendations. They were: I) Fiscal discipline; II) Prioritisation of public
spending; III) Tax reform; IV) Interest rates liberalisation; V) Exchange rates
liberalisation; VI) Trade liberalisation; VII) Liberalisation of foreign direct
investment; VIII) Privatisation of state enterprises, IX) Deregulation and
greater flexibility and X) Legal security for property rights.
In brief, the WC’s goal was to harmonise the economic relations of emerging
economies and the new capitalist economies with the economy of the United
States as the new global hegemonic power. Financialisation, liberalisation,
deregulation and privatisations of national financial and goods markets
would open a stage of endless possibilities for making profits for major U.S.
operators who would advance over these virgin territories.
Reforms in Argentina
In the early 1990s, Argentina was facing its own transition period. As for most
of the South American economies, the 1980s were a decade of stagnation
with no economic growth. In fact, this period is often referred as “the lost
decade”. Moreover, the country was in serious difficulties to comply the
repayment of interest and amortization of its large external and also fast–
growing internal debt. In 1990, Argentina’s external debt was U$S 61.7 billion,
equal to 5 times its annual exports (Brenta, 2002). Throughout the whole
decade several attempts to overcome this scenario were applied, but none
of them met their objectives, including orthodox adjustment plans proposed
by international financial institutions.
19
In this context of persistent stagnation, the first wave of pre–Washington
Consensus structural reforms in Argentina took place during the second half
of the 1980s. Inspired by the Baker plan, in 19851, the first reforms included
deregulation of interest rates, reduction in trade barriers to imports of goods
and a trade agreement with Brazil that subsequently led to the formation
of the MERCOSUR2. However, they didn’t manage to achieve the goals
proposed and, because of that, the privatisation of state enterprises, which
was included in the program, did not get neither popular nor parliamentary
approval. It was in 1989 when the turnaround came, pushed by a combination
of internal and external issues.
Since the adoption of the Brady Plan3, in 1989, all agreements signed by
the Argentine government with the IMF included conditionalities on the
commitment to adopt structural reforms. Namely, they were: deregulation,
privatisation of public enterprises, development of financial intermediation
and capital markets, labour flexibility, tax reform, pension system reform,
decentralisation of education and health, and public administration reform.
However, this process was definitely boosted due to events related to the
domestic economy.
The hyperinflationary episodes that preceded structural reforms in many
South American countries were essential to enable its further application
(Brenta, 2002; Klein, 2007). They prepared the conditions to implement
reforms for the sake of new models of macroeconomic stabilisation. In
addition, they were very effective instruments in the pursuit of other goals,
such as the liquidation of debts nominated in domestic currency. In 1989, the
retail price index in Argentina increased 3079%. The hyperinflation reduced
the quasi debt denominated in local currency, measured in dollars, from an
index value of 100, in December 1989 to 6.9, in January 1990. Because of
this, a second hyperinflationary episode took place in the early 1990s, as the
onset of liquidation deposits and securities of the domestic financial system
and public sector debts caused a capital flight from domestic money to the
dollar, with the consequent devaluation pressure. In 1990, the retail price
index grew 2314% causing a violent redistribution of wealth and slipping
millions of working and middle class families into poverty.
The Baker Plan was launched at the International Monetary Fund and World Bank meeting in
Seoul that year. It was intended to relieve the debt pressure on the third world countries and it
was proposed by James Baker, the Secretary of the Treasury of the United States.
1
2
Mercosur is the acronym for “Mercado Común del Sur” (Common Southern Market).
The Brady Plan was an operation for debt restructuring focused on developing economies.
The most important item of these operations was the introduction of so–called “Brady bonds”
to repurchase the debt securities held by private banks. The financial assistance provided by
the IMF and other major international lending institutions to hold the process was conditional on
the implementation of structural adjustment programs in line with the Washington consensus.
3
20
In this dramatic scenario, with the popular resistance completely bent, the
set of structural reforms promoted by the Washington Consensus was freely
and fully implemented. To accomplish this mission, in 1989 the “State Reform
law” (No. 23.696) was passed, liberalising the markets for goods and services
and paving the way for privatisation of state enterprises. Between 1989 and
1994 Argentina applied most of the compromised structural reforms agreed
to in the Brady plan.
The main symbol of the structural reforms implemented in Argentina in the
early nineties was the so–called “Plan Convertibilidad” (Convertibility Plan).
It takes its name from the Law 23.928 “Convertibilidad del Austral4” (“Austral
convertibility”), effective from 1 April 1991. It established a fixed exchange and
convertible rate and, in addition, it set the rate between the two currencies:
1 US Dollar = 1 Argentine Peso. The law also provided that the Central
Bank must sell all the foreign currencies required for conversion operations
at the established price and immediately after, the pesos received in the
transaction should be withdrawn from circulation. Finally, it also established
the requirement of equivalence between the monetary base and the freely
available reserves in gold and foreign currencies. This legal framework set a
highly rigid monetary and exchange rate policy and precluded the financing
of public expenditure. The Pesos could only be issued against the exchange
of foreign currencies, banning the Central Bank to neither finance government
deficits nor provide support to commercial banks.
Additionally, by the Decree 530/91, the mandatory income and foreign
exchange trading was removed, which allowed operators to freely maintain
funds in pesos or dollars. It also guaranteed the free flow of capital into
and from the country. In other words, there was a liberalisation of capital
movements, including both financial and direct investment, without even
registration requirements. This was enforced by the full liberalisation of the
banking system, including the privatisation of almost all the public banks,
most of them to foreign owners. Furthermore, the adoption of the so–called
Basel–Plus regulations, after the Mexican crisis, deepened this process
(O´Connell, 2005).
These initial measures were complemented with the full privatisation of all
state–owned enterprises, including the airline company, hydroelectricity
generation, National Oil Company and the Post Office, among others. This
process implied a radical reduction of the state, which included the adoption
The Austral was the Argentinean currency between June 1985 and December 1991. Due to
hyperinflationary episodes, it sharply depreciated against the dollar. Therefore, in January 1992
it was replaced by a new currency, the Convertible Peso, at a rate of 10 000 Australes to 1 Peso
(equal to 1 U$S).
4
21
of a mixed privatised pension system in 1994, and the virtual elimination of
unemployment insurance. As O’Connell (2005) points out, one of the main
criticisms to this process arose because it was developed “under extremely
weak or almost non–existent regulatory systems with tariffs in some key
services dollarized and indexed to the US cost of living index (in fact most
sales – particularly the early ones – were inspired more by pressures to repay
debt than guided by the idea of enhancing the efficiency of the economy)”5.
In regard to international trade, there was a strong reduction of tariffs: the
average at the beginning of the 1990s was 45 percent and it declined to almost
11 percent by 2000 (O´Connell, 2005). Additionally, almost every non–tariff
barrier was eliminated and exchanges with Brazil and the rest of MERCOSUR
countries were fully liberalised (Rapoport, 2000). Finally, it is also important to
mention that the bulk of ‘social expenditure’ was transferred to the provinces
and suffered severe reductions.
During the beginning of the convertibility the results were encouraging. The
GDP grew 9.1% in 1991, 7.9 % in 1992 and 8.2 % in 1993. However, after
that initial momentum, the growth rate began to decline: 5.8% in 1994, and
fell 2.8% in 1995. The fall of 1995 was primarily linked to the external shock
caused by the Mexican devaluation of late 1994. This drove capital away from
emerging markets, and weakened Argentina´s international reserves (Brenta,
2002). Between the end of December 1994 and June 1995 reserves were
reduced from $17.2 billion to $13.5 billion, and the monetary base shrank
by 19% in the first half of 1995, dragging down the real economy. This crisis
was overcome with funding from the IMF and the conditions imposed were to
apply further measures of openness and liberalisation. After the fall of 1995,
growth rates were positive, but unstable: 5.5% in 1996, 8.1% in 1997 and
3.9% in 1998, before beginning an unprecedented decline that lasted over
40 consecutive months.
But even before the external crisis hit, some negative consequences of the
structural reforms were perceived. On the one hand, during the first years,
although the economy was growing, the number of bankruptcies increased
and there was a persistent increase in unemployment and underemployment.
These phenomena were directly related to each other, because the sudden
trade liberalisation combined with overvalued exchange rate made local
products unable to compete with imports flooding the domestic market. In
these conditions, thousands of companies went bankrupt and millions of
people lost their jobs. In this regard, as shown in Table 1, the current account
of the Balance of payments showed permanent deficits every year since
1992 until the devaluation in 2002.
5
O’Connell, 2005; p. 292.
22
Table 1. Evolution of GDP, external trade balance, bankruptcies and
unemployment, 1991–2001
Year
1991
1992
1993
1994
1995
1996
1997
1998
1999
2000
2001
GDP (as % of the
previous year)
9.1%
7.9%
8.2%
5.8%
–2.8%
5.5%
8.1%
3.9%
–3.4%
–0.8%
–4.4%
Current Account
N. D. A.
–5.558
–8.209
–10.981
–5.104
–6.755
–12.116
–14.465
–11.910
–8.955
–3.780
Bankruptcies
772
840
1252
1400
2.279
2.469
2.232
2.468
2.438
2.665
2.426
Unemployment (%)
6.9
6.9
9.9
10.7
18.4
17.1
16.1
13.2
14.5
17
18
Source: Authors calculations based on INDEC data.
Meanwhile, the public sector accounts also began to show inconsistencies: in
1994 the national government current savings declined, and the cash surplus
disappeared due to the decrease of state revenues, in a large extent due to
the above mentioned partial privatisation of the pension system6. The public
deficit increased in 1998 and 1999 because the current revenue fell 4% and
9 %, respectively, due to depression. Moreover, it must be added that the
current expenditure increased those years by higher interest payments on the
foreign debt, an item that rose from $6.6 billion to $8.2 billion. In 2000, the
interest burden for the foreign and domestic debt increased by 17 %.
In order to meet financial needs, the government turned to the IMF for help
(Kulfas, 2005). In March 2000 an agreement for $10.5 billion was signed,
and in December 2000, a “shield” was completed by an amount close to
$40 billion, involving international financial institutions, local banks, and the
Spanish state, whose national companies made strong direct investments
in Argentina during the whole decade. But economic indicators continued
to worsen: in 2000, GDP fell around 1%, unemployment increased to
over 20% and deflation was recorded. Instability and poor prospects of
Argentina’s economy only worsened their situation, so that the process of
capital flight intensified: from January to December 2001 approximately $9
billion of international reserves were lost, equivalent to 35% of the total.
To try to stop the drain of deposits in the financial system, on 3 December
2001 the optional dollarization of financial liabilities was authorised, and all
The pension funds that stopped flowing into the public system generated a revenue gap for the
State, increasing pressure to cut spending and/or external financing. This scenario also created
a bitter paradox: private firms engaged in the management of pension funds became the most
important local holders of Argentine government bonds, so that, after privatisation, the Argentine
state had to pay interest on the money that it had stopped to collect (Brenta, 2002).
6
23
active operations were compulsively converted into dollars. Simultaneously,
a strict restriction on deposits in the financial system was imposed, known as
“Corralito financiero”.
Despite these desperate measures, in the last quarter of 2001 GDP fell
by 10.3% compared to the same period in 2000. Depression was lasting
over thirteen consecutive quarters. In late December 2001, the economic
crisis and the arbitrary policies led to millions of citizens to demonstrate
against the government. Following violent clashes, the President and his
cabinet resigned. After a troubled transition, between December 2001 and
January 2002 default of external debt and devaluation of the Argentine
peso was announced. A split type of change was applied: the official rate
for foreign trade and other certain transactions would be $1.40 per dollar
(40% depreciation) and the exchange rate for other transactions would be
set by in the free market. These measures ended with the main symbol of
the convertibility plan: the exchange rate parity between the Argentine peso
and the U.S. dollar. However, many other structural features that were still
remaining were reversed during the next years. The recovery of Argentina’s
economy occurred in the second quarter of 2002 and was based on a retrieval
of the role of the state, trade surplus, import substitution and competitive
exchange rate, bolstered by the rise in international prices of raw materials.
Reforms in Russia
Since the 1990s, Russia also chose the way of foreign debt and structural
reforms prescribed by the IMF and the World Bank. The Russian reforms,
including privatisation, tax reform, reform of the labour code, pension reform,
education reform, budget reform, Forest Code and others, were developed
with the direct participation of international financial institutions and were
based on neoliberal axioms (Zuev, 2012).
In accordance with the neoliberal program, the formation of a free market
economy had three main elements: liberalisation, deregulation and privatisation.
Thus, in conformity with the plans designed by the reformers and in order to
change its economic structure, Russia had to proceed to:
• “Free prices” of goods and services, which was intended to provide
automatic determination of their market value and remove the problem of
shortages in the domestic market
• Trade liberalisation, which would accelerate the exchange of goods and
change marketing infrastructure; and
• Privatisation of public ownership: transferring it – for a fee or free of charge –
to the private sector was expected to create a middle class (smallholders),
which could engage in business and participate in the market.
24
The transition to a market model was approved in October 1991. In January
1992, prices were liberalised, but the structure of production was still
oligopolistic, which led to increasing average prices by the end of 1992, up
to 150 times (Yavlinsky et al., 1991). In this context, there was a so–called
«dramatic circle»: enterprises increased a product’s prices trying to reduce
losses, the purchasing power of the rouble and consuming capacity of the
population declined, leading to a forced increase in nominal wages. The deficit
of the state budget was increasing and at the same time the money emissions
were growing. In this manner 1992 became a symbol of catastrophic inflation.
Only by 1996 inflation was reduced to 1% per month.
Table 2. Inflation in Russia, end of period, consumer prices (percent
change)
1992
2508.8
1993
839.9
1994
215.1
1995
131.3
1996
21.8
1997
11.0
1998
84.4
1999
36.5
Source: IMF, World Economic Outlook Database.
As for stabilisation, theoretically it was aimed at curbing inflation and improving
the financial situation of the state. In the context of the neoliberal program,
attempts to improve the financial situation of the state were primarily focused
on reducing the public debt and budget expenditure. It was assumed that
the non–interference of the state in the economy could improve its efficiency.
But in reality, these very fast changes in economic processes provoked a
huge economic downturn, which was the main characteristic of the Russian
transition period. During the period 1991–1996, the average annual decline
for GDP was 8.2%, and for industrial production, it was 13%.
Table 3. Russian Real GDP growth, in %
GDP
1992
–14.5
1993
–8.7
1994
–12.7
1995
–4.1
1996
–3.5
1997
0.8
1998
–4.6
1999
3.2
Source: Gaidar institute for Economic Policy (Russian Economy in 1992–1999. Trends and
Outlooks) [www.iep.ru].
The transition period was also connected with structural shifts, such as
changes in proportions between prices and/or production volumes of
different goods and services. This meant that the prices of some goods
increased several times faster than others. The production of some goods,
such as machinery and equipment, declined sharply, but the production of
other commodities didn’t change significantly or even increased, such as oil
and gas. It is important to mention that these structural shifts occurred during
all of the transition period, not only at the moment of price liberalisation.
25
A precarious financial stability was achieved due to external and internal debt
that helped to finance the budget deficit. After the fall of the Soviet Union, the
Russian Federation was committed to repay most of the foreign debt of the
USSR. Additionally, the country’s external debt during the transition period
has increased dramatically: in 1985 it amounted to $28.3 billion, in 1990
increased to $59.8 billion, in 1993 – up to $80 billion, and in 1999 exceeded
$140 billion.
The privatisation of state property started on 14 August 1992 with the
decree on privatisation vouchers signed by B. Yeltsin. The “Vouchers”
were the main component of the first stage of privatisation (1992 – 1994).
Their main objective was to give equal starting opportunities to every
citizen, as they shared the common property of the country. However,
when the privatisation process started, the market prices of companies
had not been determined yet. In that context, the basis for the sale of
state´s productive capacity was based on an arbitrary value set by the
Russian federation government and distributed equally among all the
population, including children (148.7 million people). The share of each
Russian citizen was 10 thousand roubles, but because of the enormous
inflation, by the end of 1993 almost all of its purchasing power was lost. In
practice, the Vouchers functioned almost as “bearer checks” and due to
strong backlogs of salary levels, its systematic delays and non–payments;
they became an object of trade. Thus, Vouchers were bought by those
who had the cash to afford it much below their nominal price, provoking a
strong differentiation within the Russian society7.
Internal debt also increased during the1990s. Since 1993, it is possible to
distinguish three stages in the history of the domestic public debt (Pichugin,
1995). The first stage refers to the period 1993–1995: it is characterised by
the small size of the domestic debt and its slow growth, consisting only of
two types of securities – Sovereign bonds (OVGVZ) and treasury bills. In the
second phase – from 1996 to 1997 – there was a sharp increase in the public
debt. By this time T–bills, bonds (OFZ), State Savings Loan bonds (OGSZ)
and OVGVZ were used as instruments. The third stage in the development of
the domestic debt was after the August 1998 default, when the government
securities market was significantly reduced8.
Privatisation in Russia and others countries of Commonwealth of Independent States. Centre of
Scientific Studies of global and regional problems. Executive editor – Vinogradov V.A. Moscow,
2003.
7
8
Ministry of Finance of the Russian Federation [official site www1.minfin.ru].
26
Figure 1. Internal and external government debt
Source: Bank of Russia [official site www.cbr.ru].
On 27 October 1997, the Dow Jones Industrial Average index fell to a minimum
record value of 554 points and this date may be considered as the beginning
of the financial crisis in Russia, which destroyed all macroeconomic results
achieved up to 1997, and changed the course of economic reforms. Obviously,
the aggravation of the global financial crisis and the fall of exports prices
in the international market were also involved in the economic destructive
process experimented with in Russia. At the end of 1998 it seemed that the
seven years of economic reforms were lost. Compared with 1991, the year
of the birth of the new Russian state, the quality of life in 1998 was worse
in many ways and the August financial crisis was the last step on the way
to the collapse of Russian economy. Finally, in 1998 default and immediate
devaluation of the rouble were announced and in 1999 there were the first real
signs of economic recovery, such as positive economic growth, especially
in manufacturing. An unexpected “post–crisis” economic breakthrough
surprised researchers of Russian economic reforms, because in 1998 most
of them thought that the 1990s program of reforms had finally failed.
Since the financial crisis in August 1998, the Russian economic recovery has
been driven mainly by:
• High international prices at the world market of oil and other Russian
exports;
27
• Growth of domestic production beyond the energy sector in the aftermath
of rouble devaluation, due to import substitution.
Actually, since the beginning of the reforms in the Russian economy exports
have been playing a key role in the economic development of the country. On
average, they have accounted for one third of GDP in the last 20 years. This
figure has not changed much during the whole period, except in 1992, when
the proportion reached 60.4% and post–crisis 1999–2000 – 40% (See Table 4).
Table 4. Correlation of Russian exports and GDP
Year
1992
1993
1994
1995
1996
1997
1998
1999
GDP, $bn
85.6
183.8
276.9
313.5
391.8
405.0
271.0
195.9
Exports, $bn
51.7
58.6
67.4
82.4
89.7
86.9
74.4
75.6
Share of exports in GDP, %
60.4
31.9
24.3
26.3
22.9
21.5
27.5
38.6
Source: IMF, World Economic Outlook Database; Bank of Russia.
At the same time the share of oil and gas in Russian exports rose and the
share of machinery and equipment decreased. In this scenario, the high
volatility of commodity prices increased dramatically the vulnerability of the
national economy to external risks.
Figure 2. Russian Import and Export balance
Source: Federal state statistics service of the Russian Federation [official site www.gks.ru].
28
Table 5. Comparison between Argentina and Russia
Policy
recommendations
of the Washington
Consensus
Argentina
Russia
Fiscal discipline
It was banned for the Central
bank to finance the State budget.
Therefore the deficit was covered
by external borrowing through
bond issues or loans from
international financial institutions,
particularly the IMF, WD and IDB.
Drastic budget cuts, budget
deficit was financed by increasing
public debt (for example, internal
debt of the Russian Federation,
expressed in Russian government
securities increased from 0.09
to 451.05 billion roubles from
01.01.1993 to 01.01.1999).9
Prioritisation of
public spending
The main component of the public
spending was the payment of
pensions. Secondly, with special
emphasis on the second half of
the decade, were the debt service
payments. Behind them were
spending on health, operating
expenses
and
education.
However, after the crisis of 1998,
severe cuts were applied to all of
the above except the payment of
foreign debt.
At the beginning of the 1990s,
social policy was aimed at
increasing the share of social
spending in total expenditure,
but the effectiveness of social
programs remained at a low level
(e.g. sharp increase of population
below the poverty line), which
was one of the main reasons for
the rapid increase in the budget
deficit. However, social sphere
was not a priority during the period
of structural reforms.
Tax reform
Export taxes were eliminated,
import tariffs were drastically
reduced and a general 21.5% VAT
was introduced.
In 1992 the Tax Code was
approved, which introduced such
taxes as income tax, individual
tax, VAT, excises, land tax, etc.
During 1990–2000 a series of laws
and amendments were applied to
the tax legislation.
Since 1991, interest rates were
highly
positive,
determined
by the market. This situation
was formalised in 1992, with
the reform of the charter of the
Central bank.
The banking sector was privatised
and liberalised, financial sector
was created with a deregulated
framework, opening access of
foreign capital in the domestic
market and allowing Russian
banks and enterprises to borrow
in foreign markets. After the shock
therapy
period
(1992–1995),
interest rates were positive.
Interest rates
Data from the Department of state debt and state financial assets of the Russian Federation,
2012. Available online at: http://www1.minfin.ru/common/img/uploaded/library/2011/02/
sddolggod2011–0.pdf
9
29
Policy
recommendations
of the Washington
Consensus
Argentina
Russia
The exchange rate was established
by law 23.928. It was fixed and
convertible: 1 Argentine Peso = 1
US Dollar, from 1991 to 2002
The formation of the currency
market started in autumn
1989. On 1 July 1992 a floating
exchange rate against the US
dollar was introduced by the
Bank of Russia, the rate was
daily fixed at the Moscow
Interbank Currency Exchange by
a tendering mechanism.
Export taxes were eliminated
as were almost all quantitative
restrictions. Taxes on imports
were also drastically reduced
from an average of 45% in 1990,
to 11% in 2000.
On 15 November 1991, the Decree
“On Liberalisation of foreign
trade activities in the territory
of the RSFSR” was passed. It
allowed foreign trade activities
for companies and individuals
and the opening of foreign
currency accounts. As a result
the foreign trade turnover for
the years 1992–2000 increased
approximately 2.5 times.
Liberalisation
of foreign direct
investment
It was possible to keep freely
funds in Argentine pesos or U.S.
dollars. Moreover, the entrance
and exit of capital into the country
was totally liberalised without
minimum terms, restrictions or
conditions of any kind.
The law on foreign investment
(1999) proclaimed the right to
establish institutions and set the
regime for foreign investments
and protection against unfair
expropriation. The role of foreign
capital in the creation and
development of market institutions
increased, but the legal regime of
FDI kept restrictions.
Privatisation of
state enterprises
Between 1990 and 1995 virtually all
state enterprises were privatised,
including oil, airlines, railroads,
public services companies and the
pension system.
Mass privatisation was carried
out in accordance with the State
Program: vouchers, direct sale
of state property or auctions
(1992–1994), secured auctions
(1995) and privatisation rights on
housing and land.
Deregulation and
greater flexibility
Between 1990 and 1995 several
measures of deregulation and
flexibility were introduced,
especially in prices and labour
market. Deregulation in the
business
legal
framework
promoted a sharp increase of
corruption.
State
intervention
was
drastically
reduced.
Market
gained
importance
as
regulator of economic activity.
Decentralisation of economic
management
was
begun,
increasing autonomy of private
economic units.
Exchange rates
Trade
liberalisation
30
Policy
recommendations
of the Washington
Consensus
Legal security for
property rights
Argentina
Russia
Property rights were protected by
local legislation and international
agreements, especially since
joining the WTO, in 1995.
Quick privatisation in the absence
of a legislative framework did not
contribute to the full legitimacy
of private property formed in
these years. During the period
of structural reform local laws
failed to make privatisation
in conformity to international
standards for the protection of
property rights.
Conclusions
As it was mentioned in the introduction, the cases that have been described
in this article show substantial structural and circumstantial differences within
them. However, it is also important to note that all of them have implemented
– at different paces and extensions – the policies recommended by the
Washington Consensus agenda with remarkable similar consequences in
some aspects. Thus, in this conclusion the authors will try to address their
similarities and specificities, as well as the general trends.
In the first place, it is worthwhile to mention that in all cases trade liberalisation
combined with an overvalued exchange rate and low productivity affected
negatively the balance of payments, tending to place emphasis on exports of
primary goods and raw materials. In the case of Argentina it was impossible
for local industries to compete with imported goods. This led to an increase
in the number of bankruptcies and a rapid increase in unemployment. This
dynamic was accentuated when the economy was growing, as there was a
greater part of disposable income to spend on imports, and consumption
turned to buy cheaper foreign goods in the detriment of local production.
The case of Russia is a little different in this regard: even when there
was a permanent surplus in the current account, there was a shift in the
structure of foreign trade. Both exports and imports increased during this
period, but exports were mostly composed of raw materials and imports of
finished goods. This also led to bankruptcies of industries and an increase of
unemployment, but combined with an external surplus.
In the second place, it is possible to state that high interest rates had two
main negative consequences for local industries in these countries. On the
one hand, there is the traditional contractionary effect on local investment
and demand. On the other hand, deregulation of financial markets, foreign
exchange and capital movements, combined with high interest rates set by
31
the market promoted foreign speculative investment instead of productive
investments. At the same time, deregulation for mobility of capital left the
financial systems of these countries in positions of extreme fragility and
high exposure to external shocks. The best example of this, were the major
financial crises suffered by Russia in 1998 and by Argentina in 2001.
In the third place, in the described scenarios, internal and external debt
plays a key role to sustain the economic model. In the case of Argentina, the
only way to sustain the convertibility model was through indebtedness. The
increase of external debt was not the result of “mismanagement” but, on the
contrary, it was an indispensable condition for sustaining the economic model
for 10 years as it was the only way to raise the needed foreign currencies for
the Central bank reserves. When dollars stopped flowing into the Argentine
financial system, especially after the “Tequila” crisis and even more after the
Russian crisis, the only way to ensure those dollars was taking credits from the
international financial institutions and the issuance of debt bonds. However,
from 1997–1998, the ratio between dollars received and capital flight was
almost 1 : 1 , which means that the Argentine economy was virtually taking
on debt to finance capital flight of private local and foreign agents.
In the case of Russia, it is no coincidence that the debt was increasing
during the years of macroeconomic stabilisation. The Russian government
needed urgently to raise funds to alleviate the social situation and pursue its
project of consolidation of the market economy system. In this context, the
way to get these funds was the issuance of debt securities. In this way, it is
possible to argue that under the WC model, external debt plays a key role
in the economic growth in the short term, but it finally lead to a crisis in the
medium–long term.
In summary, it is evident that there are direct causal connections between
the nature of the structural reforms applied in these countries during the first
half of the nineties and the respective crises that these economies suffered.
The main conclusions that the authors can draw from the cases analysed
are that neoliberal structural reforms don’t provide a long–term sustainable
growth strategy, but instead of that, increase internal instability and external
vulnerability. The first statement is based on the notorious volatility showed
by the GDP evolution and the harshness of the crisis that followed the growth
cycles (See Annex 2). In addition to that, when economies were growing, they
were not effective in absorbing the unemployed labour force. Regarding the
second statement, it is clear that economic openness and integration make
national economies more vulnerable to external shocks (Foo, 2005). However,
the particularity of this model is that the main channel of transmission of
external vulnerability is the financial sector. This is confirmed by observing
that the major crises in these countries were related to the financial sector.
32
Conversely, as Argentina and Russia reversed much of the neoliberal reforms
during the following decade, they showed a relatively successful performance
despite the drop in export prices and world trade volume.
In short, the set of reforms promoted by the Washington Consensus was
intended to open national economies to integrate them into the world
economic order that emerged after the end of the Cold War. However, the main
outcome of this model was that it generated a highly unstable equilibrium and
it proved to be unable to ensure sustained growth in the medium to long term.
Moreover, since the beginning of the new millennium a dramatic change in
the global context is observed, characterized by the multipolarity of power
and the growing role of emerging economies. After a decade of profound
structural changes and instability during the 1990s, they began significant
and sustained growth cycles since the early 2000s, promoted by the increase
of commodity prices and integration in regional blocs, among other features.
However, further research should be conducted on this topic to systematize
the characteristics and projection of this phenomenon in the future global
scenario.
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35
Reformas estructurales y crisis
en las economías emergentes:
los casos de Argentina y Rusia
Leonardo Pataccini* y Elena Kinzhebaeva**
Abstract
Probablemente, la última década del siglo XX haya sido testigo de las más
impresionantes transformaciones económicas en la historia humana. El colapso de la URSS marcó un cambio dramático e irreversible en la estructura
económica mundial combinada con un rápido proceso de integración global.
Estos fenómenos implicaron también el surgimiento de nuevos paradigmas
dominantes, tanto en materia económica como política, que se resumen en
las políticas del Consenso de Washington. Impulsadas por este contexto,
muchas economías emergentes comenzaron sus procesos de reformas estructurales, sobre la base de los nuevos axiomas.
Tomando los casos de Argentina y Rusia como ejemplos de economías que
aplicaron reformas estructurales en el comienzo de la década de 1990, este
artículo sostiene que las principales crisis económicas y financieras experimentadas por estos países durante las últimas dos décadas están directamente relacionadas con las características de las reformas aplicadas. Además de eso, el principal resultado del modelo económico aplicado fue que
generó una mayor inestabilidad interna y la vulnerabilidad externa y que fue
incapaz de proporcionar la estrategia de crecimiento de largo plazo.
Palabras clave: Rusia, Argentina, las reformas estructurales, liberalización
económica, Consenso de Washington, la crisis económica.
Introducción
Probablemente, la última década del siglo XX haya sido testigo de las más
impresionantes transformaciones económicas en la historia humana. Por un
lado, el colapso de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas marcó un
cambio dramático e irreversible en la estructura económica mundial, que llegó
a estar dominado por una superpotencia sin paralelo en la historia humana
precedente. Al mismo tiempo, este evento dio lugar a un rápido proceso de
* Universidad de Buenos Aires, Argentina.
** Universidad Federal de los Urales, Federación Rusa.
36
integración económica mundial que profundizó las transformaciones que ya se
estaban produciendo. Por último, otros fenómenos que se deben destacar son
la aparición e imposición de nuevos paradigmas dominantes, tanto en materia
económica como política. Impulsadas por este contexto de grandes cambios
globales, muchas economías emergentes comenzaron sus respectivos procesos de reformas estructurales.
Tradicionalmente, las reformas estructurales fueron denominadas por el
nombre eufemístico de “ajustes estructurales”. Estas son las políticas patrocinadas principalmente por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM) en países en desarrollo y emergentes, y su aplicación era
una condición para recibir nuevos préstamos de dichas instituciones o para
la obtención de menores tasas de interés sobre los préstamos existentes.
En teoría, las condiciones fueron implementadas con el objetivo de garantizar que los fondos concedidos se utilizaran en conformidad con los objetivos generales del préstamo. En este sentido, los programas de reformas
estructurales debían promover políticas que incrementaran la orientación de
las economías de los países en desarrollo y emergentes a hacia el “libre
mercado”. Estos programas incluyen cambios tales como la privatización,
la desregulación, la disciplina fiscal y la severa reducción de las barreras
comerciales. Las principales directrices de estas reformas fueron resumidas
en el Consenso de Washington, un conjunto recomendaciones políticas desarrolladas a finales de la década de 1980.
Podría definirse como “economías emergentes” a aquellas economías nacionales que después de la caída de la URSS no estaban incluidas en el grupo
de países desarrollados, el grupo de países subdesarrollados ni el grupo de
economías de reciente industrialización. Así, este era un grupo muy heterogéneo cuya principal característica común era que tenían las características
mixtas de todos los grupos anteriores, pero que no pertenecían a ninguno
de ellos. Es decir, tenían algunas características de los países desarrollados
(por ejemplo, las altas tasas de alfabetización y áreas urbanas desarrolladas),
de los países menos desarrollados (como los altos niveles de desigualdad y
fuerte participación del sector primario) y de los países de reciente industrialización (por ejemplo, que tenían una base industrial, pero este no era el
principal sector de sus economías). Además, estos países tenían una renta
media alta y procuraban mantener un proceso de convergencia con las economías desarrolladas y de altos ingresos.
También es importante señalar que las economías emergentes que implementaron estas reformas durante la década de 1990 tuvieron desempeños
muy similares en los años siguientes, incluso en las crisis económicas. En este
sentido, cabe mencionar que la mayoría de las crisis en las economías emergentes durante la década de 1990 y principios de 2000 mostraron dinámicas
37
paralelas: inestabilidad financiera, recesión, default y devaluación. Con ligeros
cambios en el orden de la causalidad, esta descripción se puede aplicar a los
casos de México (1994), Tailandia, Malasia, Indonesia y Filipinas (1997–1998),
Rusia (1998), Brasil (1999), Turquía (2001) y Argentina (2002), entre otros. Por
otra parte, las similitudes dentro de estas crisis parecen ir más allá: todos mostraron esquemas comerciales y financieros altamente liberalizados, mercados
desregulados, procesos de endeudamiento externo sostenido y una influencia
considerable de las instituciones internacionales de crédito, a saber, el Fondo
Monetario Internacional y el Banco Mundial.
En este contexto, el objetivo de este artículo es mostrar que las características
de estas crisis están directamente vinculadas a las reformas estructurales
llevadas a cabo en todos estos países desde finales de 1980 y principios
de 1990. Para ello, los autores tomarán dos casos de estudio, Argentina y
Rusia, y harán una comparación entre ellos con el fin de analizar las políticas
aplicadas y sus consecuencias en ambos países.
De acuerdo con la definición anterior de economías emergentes, es posible
argumentar que ambos países pertenecen a este grupo. De hecho, a pesar
de algunas diferencias importantes, estos países también muestran interesantes similitudes conceptuales. Por ejemplo, medidas por el Índice de Desarrollo Humano de la ONU, ocupan posiciones muy cercanas en el ranking:
Argentina es 45 y Rusia es 55 entre un total de 187 países. Además de esto,
en el ranking de PBI per cápita en dólares realizado por el FMI para el año
2012, estos países también ocupan posiciones muy próximas: Argentina 55º
($17.917) y Rusia 58º ($17.518).
Los autores consideran que este artículo puede hacer una valiosa contribución al análisis de este fenómeno económico, ya que el estudio de la relación
entre crisis y reformas estructurales se hace desde una perspectiva comparativa de dos casos presumibles diferentes. De hecho, los autores sostienen que las diferencias significativas entre estos países son muy útiles
para poner de relieve las similitudes entre ellos y la influencia de las reformas
estructurales en sus respectivas crisis. También se estima que estas cuestiones se han tornado sumamente relevantes hoy en día, ya que las causas
y características de la última crisis financiera, que comenzó en 2008, tienen
mucho en común con los procesos que se describen en este artículo. Por lo
tanto, la presentación de estos casos puede ayudar a pensar en el futuro de
la economía mundial desde una perspectiva más amplia.
El artículo se estructura de la siguiente manera: en la próxima sección se
presenta el marco teórico del análisis, centrado en el papel del Consenso de
Washington. En las secciones 3 y 4 se describirán las respectivas reformas
implementadas en Rusia y Argentina. Por último, las conclusiones a tratar de
38
destacar las implicaciones de estos procesos para estos países hoy en día y
sus conexiones con la actual situación mundial.
Consenso de Washington
Como se señaló anteriormente, los cambios experimentados por estas economías solo pueden entenderse en el contexto del mundo unipolar que surgió después del fin de la Guerra Fría. En este escenario, la libertad de acción
de los países emergentes se volvió mucho más restringida y el objetivo de la
nueva potencia mundial era asimilar a sus economías en un esquema global
(Anderson, 2003). Por un lado, estaban las economías del tercer mundo, que
se encontraban agobiadas por el estancamiento y la deuda externa. Por otro
lado, estaban las nuevas repúblicas independientes que antes estaban bajo
la órbita de la Unión Soviética y se incorporaban al mundo capitalista. La hoja
de ruta para llevar a cabo el proceso de transición y convergencias se refleja
en el llamado “Consenso de Washington” (WC).
Oficialmente no existe ningún documento que formalice las directrices del
WC. Sin embargo, es posible identificar un conjunto de instrumentos de política económica sobre los que diferentes actores institucionales que tienen
sus oficinas centrales en Washington llegaron a un “consenso” (Williamson,
1990). Estos actores son el Congreso de los Estados Unidos, la rama ejecutiva del gobierno de Estados Unidos, las instituciones financieras internacionales (en particular el FMI y el BM), las agencias del gobierno federal de
Estados Unidos, la Reserva Federal, el Departamento del Tesoro de Estados
Unidos y las principales “think tanks” neoliberales (Brenta, 2002).
En concreto, las políticas del programa prescrito WC centraron en la estabilización macroeconómica, la apertura al comercio y la inversión extranjera y la
expansión del mercado a expensas de las atribuciones estatales. Para cumplir estos objetivos, el programa incluye diez recomendaciones de políticas
específicas. Estas son: I) disciplina fiscal; II) priorización del gasto público; III)
reforma fiscal; IV) liberalización de las tasas de interés; V) liberalización del
tipo de cambio; VI) liberalización del comercio exterior; VII) liberalización de
la inversión extranjera directa; VIII) privatización de las empresas estatales,
IX) desregulación y flexibilización y X) seguridad jurídica de los derechos de
propiedad.
En pocas palabras, la meta del WC era armonizar las relaciones económicas
de las economías emergentes y las nuevas economías capitalistas con la
economía de los Estados Unidos como la nueva potencia hegemónica mundial. La financiarización, liberalización, desregulación y privatización de los
mercados nacionales financieros y de bienes abriría una etapa de numerosas
posibilidades para la obtención de beneficios para los principales operadores de Estados Unidos decididos a avanzar sobre estos territorios vírgenes.
39
Las reformas en Argentina
A principios de 1990, Argentina se enfrentaba a su propio período de transición. Al igual que para la mayor parte de las economías latinoamericanas,
la de 1980 fue una década de estancamiento sin crecimiento económico.
De hecho, este periodo se refiere a menudo como “la década perdida”. Por
otra parte, el país se encontraba en serias dificultades para cumplir con el
pago de intereses y amortización de su gran deuda externa y también de su
creciente deuda interna. En 1990, la deuda externa de Argentina era de U$S
61,700 millones, equivalente a 5 veces sus exportaciones anuales (Brenta,
2002). A lo largo de toda la década se impulsaron varios intentos de superar
esta situación, pero ninguno de ellos se cumplió con sus objetivos, incluyendo los planes de ajuste ortodoxos propuestas por las instituciones financieras internacionales.
En este contexto de persistente estancamiento, la primera ola de reformas
estructurales preConsenso de Washington en Argentina tuvo lugar durante la
segunda mitad de la década de 1980. Inspirado por el plan Baker, de 1985,
las primeras reformas incluyeron la desregulación de las tasas de interés, la
reducción de las barreras comerciales a las importaciones de bienes y un
acuerdo comercial con Brasil, que posteriormente llevó a la formación del
Mercosur. Sin embargo, estas medidas no lograron alcanzar los objetivos
propuestos y, por eso, la privatización de las empresas estatales, que fue
incluida inicialmente en el programa, no obtuvo la aprobación popular ni parlamentaria. Fue en 1989 cuando el cambio se produjo, empujado por una
combinación de problemas internos y externos.
Desde la adopción del Plan Brady, en 1989, todos los acuerdos firmados
por el gobierno argentino con el FMI incluyeron condicionalidades sobre el
compromiso de adoptar reformas estructurales. Estas eran: la desregulación
de los mercados financieros y de bienes, la privatización de las empresas públicas, el desarrollo de la intermediación financiera y los mercados de capital,
la flexibilidad laboral, la reforma fiscal, la reforma del sistema de pensiones,
la descentralización de la educación y la salud, y la reforma de la administración pública. Sin embargo, este proceso de transformaciones fue definitivamente impulsado por eventos relacionados con la economía doméstica.
Los episodios hiperinflacionarios que precedieron a las reformas estructurales
en muchos países de América del Sur fueron esenciales para permitir su
posterior aplicación (Brenta, 2002; Klein, 2007). Estos prepararon las
condiciones para implementar reformas en virtud de los nuevos modelos de
la estabilización macroeconómica. Además, eran instrumentos muy eficaces
en la consecución de otros objetivos, como la liquidación de las deudas
nominadas en moneda nacional. En 1989, el índice de precios al por menor
en Argentina aumentó 3079%. La hiperinflación redujo la deuda denominado
40
en moneda local. Medida en dólares, esta pasó de un valor de índice de 100,
en diciembre de 1989 a 6,9, en enero de 1990 (Brenta, 2002). Debido a esto,
un segundo episodio hiperinflacionario tuvo lugar a principios de 1990, con
la liquidación de depósitos y valores del sistema financiero nacional y las
deudas del sector público, provocado una fuga de capitales de la moneda
nacional hacia el dólar, con la presión de la devaluación consiguiente.
En 1990, el índice de precios al por menor creció 2,314% causando una
redistribución violenta de la riqueza y el deslizamiento a millones de familias
trabajadoras y de clase media a la pobreza.
En este escenario dramático, con la resistencia popular completamente doblegada, se llevó a cabo libre y plenamente el conjunto de reformas estructurales promovidas por el Consenso de Washington. Para lograr esta misión,
en 1989 se aprobó la “ley de Reforma del Estado” (Nº 23.696), que promovía
la liberalización de los mercados de bienes y servicios y allanaba el camino
para la privatización de las empresas estatales. Entre 1989 y 1994 Argentina
aplicó la mayor parte de las reformas estructurales establecidas en el plan
Brady.
El símbolo principal de las reformas estructurales llevadas a cabo en Argentina en los años noventa fue el denominado “Plan de Convertibilidad”. Este
tomada su nombre de la Ley 23.928 “Convertibilidad del Austral”. La misma
establecía que a partir del 1 de abril de 1991 entraba en vigor una tasa de
cambio fija y convertible. También establecía la tasa entre la moneda local y
la que se utilizaría de referencia: 1 Peso argentino = 1 Dólar estadounidense.
La ley también establecía que el Banco Central debí vender todas las divisas necesarias para las operaciones de conversión al precio establecido e
inmediatamente después, los pesos recibidos en la transacción debían ser
retirados de circulación. Por último, también se estableció el requisito de
equivalencia entre la base monetaria y las reservas de libre disponibilidad en
oro y divisas extranjeras. Este marco legal establecía una política monetaria
y de tipo de cambio de gran rigidez, a la vez que descartaba la financiación
del gasto público. Los pesos solo podían ser emitidos en contra del cambio
de las monedas extranjeras, prohibiendo que el Banco Central cubriera los
déficits públicos o prestara apoyo a los bancos comerciales.
Además, por el Decreto 530/91, se eliminó el ingreso obligatorio y el comercio de divisas, lo que permitió a los operadores mantener libremente fondos
en pesos o en dólares. También garantizaba el libre flujo de capitales hacia y
desde el país. En otras palabras, hubo una liberalización de los movimientos
de capital, incluyendo tanto la inversión financiera y como la directa. Esto
fue reforzado por la plena liberalización del sistema bancario, incluyendo la
privatización de casi todos los bancos públicos, la mayoría de ellos a propietarios extranjeros. Por otra parte, la adopción de los llamados lineamientos
41
de Basilea–Plus, después de la crisis mexicana, profundizaron este proceso
(O’Connell, 2005).
Estas medidas iniciales se complementaron con la privatización completa
de todas las empresas de propiedad estatal, incluyendo la compañía aérea, la generadora de energía hidroeléctrica, la compañía petrolera naciona
y la oficina de correos, entre otros. Este proceso implicó una reducción radical del Estado, que incluyó la adopción de un sistema de pensiones mixto
en 1994, y la virtual eliminación del seguro de desempleo. Como O’Connell
(2005) señala, una de las principales críticas a este proceso surgió porque
fue desarrollado “bajo sistemas de regulación extremadamente débiles o casi
inexistentes, con los aranceles en algunos servicios clave dolarizadas e indexados al costo del índice de vida de Estados Unidos (de hecho la mayoría
de las ventas –en particular los primeras– fueron inspiradas por las presiones
para pagar la deuda más que guiadas por la idea de mejorar la eficiencia de
la economía)”1.
En cuanto al comercio internacional, se produjo una fuerte reducción de los
aranceles: el promedio al inicio de la década de 1990 fue del 45 por ciento
y se redujo a casi un 11 por ciento para el año 2000 (O’Connell, 2005). Además, casi todas las barreras no arancelarias fueron eliminadas y los intercambios con Brasil y el resto de los países del Mercosur fueron totalmente
liberalizados (Rapoport, 2000). Por último, también es importante mencionar
que la mayor parte de ‘gasto social’ fue trasladado a las provincias y sufrió
severas reducciones.
Durante el comienzo de la convertibilidad los resultados fueron alentadores. El PIB creció un 9,1% en 1991, 7,9% en 1992 y 8,2% en 1993. Sin
embargo, después de que el impulso inicial, la tasa de crecimiento comenzó a declinar: 5,8% en 1994, y cayó un 2,8% en 1995. La caída de
1995 estuvo principalmente vinculada a la crisis externa causada por la
devaluación mexicana de finales de 1994. Este ahuyentó al capital de los
mercados emergentes y debilitó las reservas internacionales de Argentina
(Brenta, 2002). Entre finales de diciembre de 1994 y junio 1995 las reservas
se redujeron de 17,2 mil millones dólares a $ 13.5 mil millones, y la base
monetaria se redujo en un 19% en el primer semestre de 1995, arrastrando
a la economía real. Esta crisis fue superada con la financiación del FMI,
para la cual, las condiciones impuestas fueron que se aplicaran nuevas medidas de apertura y liberalización. Después de la caída de 1995, las tasas
de crecimiento fueron positivas, pero inestable: el 5,5% en 1996, 8,1% en
1997 y 3,9% en 1998, antes de comenzar un declive sin precedentes que
duró más de 40 meses consecutivos.
1
Traducción del autor del original en inglés.
42
Pero incluso antes de la crisis externa se percibían algunas consecuencias
negativas de las reformas estructurales. Por un lado, durante los primeros
años, aunque la economía estaba creciendo, el número de quiebras aumentó
y hubo un aumento persistente del desempleo y el subempleo. Estos fenómenos están directamente relacionados uno con otro, ya que la liberalización repentina del comercio combinada con tipo de cambio sobrevaluado
hizo que productos locales que no pueden competir con las importaciones
inundaban el mercado interno. En estas condiciones, miles de empresas se
declararon en quiebra y millones de personas perdieron sus puestos de trabajo. En este sentido, como se muestra en la Tabla 1, la cuenta corriente
de la balanza de pagos mostró déficits permanentes cada año desde 1992
hasta la devaluación de 2002.
Tabla 1 – Evolución del PBI, Balanza comercial, quiebras y Desempleo,
1991–2001
Año
1991
1992
1993
1994
1995
1996
1997
1998
1999
2000
2001
PBI (como
% del año
anterior)
9,1%
7,9%
8,2%
5,8%
–2,8%
5,5%
8,1%
3,9%
–3,4%
–0,8%
–4,4%
Cuenta
Corriente
N.D.A.
–5.558
–8.209
–10.981
–5.104
–6.755
–12.116
–14.465
–11.910
–8.955
–3.780
Nº de
quiebras
772
840
1252
1400
2.279
2.469
2.232
2.468
2.438
2.665
2.426
Desempleo
(%)
6,9
6,9
9,9
10,7
18,4
17,1
16,1
13,2
14,5
17
18
Fuente: Elaboración propia en Base a datos del INDEC y Breta, 2002.
Mientras tanto, las cuentas del sector público también comenzaron a mostrar
inconsistencias: en 1994 el ahorro corriente del gobierno nacional se redujo y
el superávit en efectivo desapareció a causa de la disminución de los ingresos
del Estado, en gran medida debido a la ya mencionada privatización parcial del
sistema de pensiones. El déficit público aumentó en 1998 y 1999 debido a que
el ingreso corriente se redujo un 4% y 9%, respectivamente, como consecuencia de la depresión. Por otra parte, hay que añadir que durante esos años el
gasto corriente aumentó por mayores pagos de intereses de la deuda externa,
un elemento que se elevó de U$S 6,6 millones a U$S 8,2 mil millones. En 2000,
la carga de intereses de la deuda externa e interna se incrementó en un 17%.
Con el fin de satisfacer las necesidades financieras, el gobierno recurrió al
FMI en busca de ayuda (Kulfas, 2005). En marzo de 2000 se firmó un acuerdo
43
por $ 10,5 mil millones, y en diciembre de 2000, un “blindaje” fue concretado
por un monto cercano a $ 40 mil millones, con la participación de instituciones financieras internacionales, los bancos locales, y el Estado español,
cuyas empresas nacionales habían realizado fuertes inversiones directas en
la Argentina durante toda la década. Pero los indicadores económicos siguieron empeorando: en 2000, el PIB cayó un 1%, el desempleo aumentó a
más del 20% y se registró deflación. La inestabilidad y las escasas perspectivas de la economía de Argentina solo empeoraron su situación, por lo que el
proceso de fuga de capitales se intensificó: de enero–diciembre 2001 se perdieron aproximadamente U$S 9.000 millones de dólares de las reservas internacionales, lo que equivale al 35% del total. Para tratar de detener la fuga
de depósitos en el sistema financiero, el 3 de diciembre de 2001 se autorizó
la dolarización opcional de los pasivos financieros y todas las operaciones
activas fueron convertidas compulsivamente a dólares. Al mismo tiempo, se
impuso una severa restricción sibre la disponibilidad de los depósitos en el
sistema financiero, conocido como “Corralito Financiero”.
A pesar de estas medidas desesperadas, en el último trimestre de 2001 el
PIB cayó un 10,3% en comparación con el mismo período en el año 2000.
Como es bien sabido, a finales de diciembre de 2001 la crisis económica y
las políticas arbitrarias llevaron a millones de ciudadanos a manifestarse contra el gobierno. Tras una feroz respuesta por parte del poder central, dejando
un saldo de decenas de víctimas mortales, el Presidente De la Rúa y su gabinete dimitieron. Después de una problemática transición, entre diciembre
de 2001 y enero de 2002 se anunció default de la deuda externa y la devaluación del peso argentino. Se aplicó un tipo de cambio diferenciado: el tipo
de cambio oficial para el comercio exterior y otras determinadas operaciones
sería de $1,40 por dólar (40% de depreciación) y el tipo de cambio para otras
transacciones se fijaría en el mercado libre. Estas medidas terminaron con
el símbolo principal del plan de convertibilidad: la paridad cambiaria entre el
peso argentino y el dólar estadounidense. Sin embargo, muchas otras características estructurales que aún restaban se invirtieron durante los próximos
años. La recuperación económica de la economía de Argentina se produjo
en el segundo trimestre de 2002 y se basó en una recomposición del rol del
estado, el superávit comercial, la sustitución de importaciones y una tasa de
cambio competitiva, todo esto impulsado por el alza de los precios internacionales de las materias primas que Argentina exportaba.
Las reformas en Rusia
Desde la década de 1990, Rusia también eligió el camino de las reformas
estructurales y el financiamiento externo prescritos por el FMI y el Banco
Mundial. Las reformas rusas, que incluyeron la privatización de las empresas
estatales, la reforma fiscal, la reforma del código laboral, reforma de las
pensiones, la reforma educativa, la reforma presupuestaria, la modificación
44
del Código Forestal y otros, se desarrollaron con la participación directa
de las instituciones financieras internacionales y se basaron en axiomas
neoliberales (Zuev, 2012).
De acuerdo con el programa neoliberal, la formación de una economía de libre mercado tenía tres elementos principales: la liberalización, desregulación
y privatización. Por lo tanto, de conformidad con los planes diseñados por
los reformadores y con el fin de cambiar su estructura económica, Rusia tuvo
que proceder a:
• “Liberar los precios” de bienes y servicios, lo cual estuvo pensado para
proporcionar la determinación automática de su valor de mercado y eliminar el problema de la escasez en el mercado interno.
• Liberalizar el comercio, lo que aceleraría el intercambio de bienes y el
cambio de la infraestructura comercial.
• Privatizar la propiedad pública, transfiriéndola –por una tarifa o de forma
gratuita– al sector privado. Así, se esperaba crear una clase media de
pequeños propietarios, que podrían participar en el negocio y participar
en el mercado.
La transición a un modelo de mercado fue aprobado en octubre de 1991. En
enero de 1992 se liberalizaron los precios pero la estructura productiva seguía siendo oligopólica, lo que llevó a un proceso hiperinflacionario en el cual
los precios se incrementaron hasta 150 veces (Yavlinsky et al., 1991). En este
contexto, hubo un llamado «círculo dramático»: las empresas aumentaron
los precios de sus productos tratando de reducir las pérdidas, esto reducía
el poder adquisitivo del rublo y la capacidad de consumo de la población, lo
que llevaba a un aumento forzado de los salarios nominales, iniciando una
nueva fase del círculo. El déficit del presupuesto del Estado fue en aumento y
al mismo tiempo las emisiones de dinero estaban creciendo. De esta manera,
1992 se convirtió en un símbolo de la inflación catastrófica. Recién en 1996
se consiguió reducir la inflación al 1% mensual.
Tabla 2 – Inflación rusa al final de cada año, 1992–1999 (variación % en
el IPC)
1992
1993
1994
1995
1996
1997
1998
1999
2508,8
839,9
215,1
131,3
21,8
11,0
84,4
36,5
Fuente: FMI, World Economic Outlook Database.
En cuanto a la estabilización, en teoría, esta tenía como objetivo frenar la
inflación y mejorar la situación financiera del estado. En el contexto del
45
programa neoliberal, los intentos de mejorar la situación financiera del Estado
se centraron principalmente en la reducción de la deuda pública y los gastos
del estado. El argumento era que la no injerencia del Estado en la economía
podría mejorar su eficiencia. Pero en realidad, la inmediata aplicación de
estos cambios provocó una enorme crisis económica, que fue la principal
característica del período de transición de Rusia. Durante el período 1991–
1996, el descenso medio anual del PIB fue del 8,2%, y para la producción
industrial, que fue del 13%.
Tabla 3. Evolución del PBI real de Rusia (variación % respecto del año
previo)
PBI
1992
1993
1994
1995
1996
1997
1998
1999
–14,5
–8,7
–12,7
–4,1
–3,5
0,8
–4,6
3,2
Fuente: Instituto Gaidar de Política económica (Russian Economy in 1992–1999. Trends and
Outlooks) [www.iep.ru]
Como ya se ha señalado, el periodo de transición estuvo a transformaciones
estructurales, tales como cambios en las estructuras de precios y/o volúmenes
de producción de los distintos bienes y servicios. Esto significó que los
precios de algunos bienes aumentaron varias veces más rápido que otros.
La producción de algunos bienes, como maquinaria y el equipo, se redujo
drásticamente, pero la producción de otros productos básicos no cambió
significativamente, o incluso aumentó, como petróleo y el gas. Es importante
mencionar que estos cambios estructurales se produjeron durante todo el
período de transición, no solo en el momento de la liberalización de los precios.
El endeudamiento interno y externo ayudó a alcanzar una precaria estabilidad financiera y, sobre todo, a financiar el déficit presupuestario. Un de los
principales condiciones para el nuevo estado fue que después de la caída
de la Unión Soviética, la Federación Rusa se comprometió a pagar la mayor
parte de la deuda externa de la URSS. Sumado a eso, la deuda externa del
país durante el período de transición aumentó de forma espectacular: en
1985 ascendía a 28.3 mil millones de dólares, en 1990 aumentó a 59.8 mil
millones dólares, en 1993, 80 mil millones de dólares, y en 1999 superó 140
mil millones de dólares.
Por su parte, la privatización de la propiedad estatal comenzó el 14 de agosto
de 1992 con el decreto sobre los bonos de privatización firmados por B.
Yeltsin. Los “Cupones” fueron el componente principal de la primera etapa
de la privatización (1992–1994). Su principal objetivo era dar igualdad de
oportunidades a todos los ciudadanos, ya que hasta entonces estos habían
compartido la propiedad común del país. Sin embargo, cuando el proceso de
46
privatización se inició, los precios de mercado de las empresas no se habían
determinado aún. En ese contexto, la base para la venta de la capacidad
productiva del estado se fijó en un valor arbitrario establecido por el Gobierno
de la Federación de Rusia y se distribuyó por igual entre toda la población,
incluidos los niños2. La participación de cada ciudadano ruso fue de 10 mil
rublos, pero debido a la enorme inflación, a finales de 1993 casi la totalidad de
su poder adquisitivo se había perdido. En la práctica, los Cupones funcionaban
casi como “cheques al portador”, y debido a los fuertes retrasos de los niveles
salariales, las demoras sistemáticas y los impagos, se convirtieron en un objeto
de comercio. Por lo tanto, los cupones fueron comprados por los que tenían el
dinero para pagarlo muy por debajo de su precio nominal, lo que provocó una
fuerte diferenciación dentro de la sociedad rusa.
La deuda interna también aumentó drásticamente durante la década de
1990. Desde 1993, es posible distinguir tres etapas en la historia de la deuda pública interna (Pichugin, 1995). La primera etapa se refiere al período
1993–1995: este se caracteriza por el pequeño tamaño de la deuda interna
y su lento crecimiento, que consta solo de dos tipos de valores – Los bonos
soberanos (OVGVZ) y las letras del tesoro. En la segunda fase – 1996–1997
– se produjo un fuerte aumento de la deuda pública. Esta vez las letras del
Tesoro, bonos (OFZ), bonos de préstamos al ahorro del Estado (OGSZ) y
OVGVZ fueron los principales instrumentos utilizados. La tercera etapa en el
desarrollo de la deuda interna llegó después del default de agosto de 1998,
cuando el mercado de valores públicos se redujo significativamente.
Gráfico 1. Deuda pública interna y externa
Fuente: Banco de Rusia [Disponible online en: www.cbr.ru]
2
La población de Rusia en ese momento era de 148.700.000 habitantes.
47
El 27 de octubre de 1997, el índice Dow Jones Industrial Average cayó a un
valor mínimo récord de 554 puntos y esta fecha puede considerarse como
el inicio de la crisis financiera en Rusia, que destruyó todos los resultados
macroeconómicos alcanzados hasta 1997 y cambió el curso de las reformas
económicas. Obviamente, el agravamiento de la crisis financiera mundial y la
caída de precios de las exportaciones en el mercado internacional también
influyeron en el proceso económico destructivo experimentado por Rusia. A
finales de 1998 parecía que los siete años de reformas económicas se habían
perdido. En comparación con 1991, el año del nacimiento del nuevo Estado
ruso, la calidad de vida en 1998 era peor en muchos aspectos y la crisis
financiera de agosto había sido el último paso en el camino hacia el colapso
económico. En este marco, en 1998 se anunciaron default y la devaluación
inmediata del rublo y en 1999 se observaron los primeros signos reales de
recuperación de la economía, representado por el crecimiento económico
positivo, sobre todo en el sector manufacturero. Un inesperado avance
económico “post–crisis” sorprendió a los investigadores de las reformas
económicas rusas, ya que en 1998 la mayoría de ellos pensaron que el
programa de reformas de 1990 finalmente había fracasado.
Desde la crisis financiera en agosto de 1998, la recuperación económica de
Rusia ha sido impulsada principalmente por:
• Los altos precios internacionales en el mercado mundial del petróleo y de
otras exportaciones rusas.
• El crecimiento de la producción nacional más allá del sector de la energía,
promovido por la devaluación del rublo, que posibilitó la sustitución de
importaciones.
De hecho, desde el comienzo de las reformas las exportaciones han estado
jugando un papel clave en el desarrollo económico del país. En promedio,
las exportaciones han representado un tercio del PIB en los últimos 20 años.
Esta cifra no ha cambiado mucho durante todo el período, excepto en 1992,
cuando la proporción alcanzó el 60,4% y después de la crisis 1999–2000,
que llegaron al 40% (Ver Tabla 4).
Tabla 4. Correlación entre las exportaciones y el PBI de Rusia, 1992–1999
Año
PBI (en miles de
millones de $)
Exportaciones (en miles
de millones de $)
% de las exportaciones
sobre el PBI
1992
85,6
51,7
60,4
1993
183,8
58,6
31,9
48
Año
PBI (en miles de
millones de $)
Exportaciones (en miles
de millones de $)
% de las exportaciones
sobre el PBI
1994
276,9
67,4
24,3
1995
313,5
82,4
26,3
1996
391,8
89,7
22,9
1997
405,0
86,9
21,5
1998
271,0
74,4
27,5
1999
195,9
75,6
38,6
Fuente: FMI, World Economic Outlook Database; Banco de Rusia.
Al mismo tiempo, la proporción de petróleo y gas en las exportaciones rusas
se elevó y la participación de la maquinaria y equipo disminuyó. En este
escenario, la alta volatilidad de los precios de los productos básicos aumentó
dramáticamente la vulnerabilidad de la economía nacional rusa a los sucesos
externos.
Gráfico 2. Balance Importaciones–Exportaciones de Rusia, 1992–1999
Fuente: Servicio Estadístico del Estado Federal de la Federación Rusa [Sitio oficial www.gks.ru].
Conclusiones
Como se mencionó en la introducción, los casos que se han descrito en
este artículo muestran sustanciales diferencias estructurales y coyunturales
entre de ellos. Sin embargo, también es importante tener en cuenta que
estos dos países han puesto en práctica –a ritmos y extensiones diferentes–
49
las políticas recomendadas por la agenda del Consenso de Washington
con consecuencias notablemente similares en algunos aspectos. Por lo
tanto, en esta conclusión los autores tratarán de abordar sus similitudes y
particularidades, así como las tendencias generales.
En primer lugar, vale la pena mencionar que en ambos casos la liberalización del comercio combinado con un tipo de cambio sobrevaluado y la baja
productividad influyó directamente sobre la balanza de pagos, que tiende a
poner énfasis en las exportaciones de bienes primarios y materias primas
en detrimento de las exportaciones con valor agregado. En el caso de Argentina era imposible que las industrias locales pudieran competir con los
productos importados. Esto llevó a un aumento en el número de quiebras y
un rápido aumento en el desempleo. Esta dinámica se acentuó en los ciclos
de crecimiento, ya que había una gran parte de los ingresos disponibles para
gastar en las importaciones y el consumo se orientó productos extranjeros
más baratos en perjuicio de la producción local. El caso de Rusia es un poco
diferente a este respecto: incluso cuando hubo un superávit permanente en
la cuenta corriente, se produjo un cambio en la estructura del comercio exterior. Tanto las exportaciones como las importaciones aumentaron durante
este período, pero las exportaciones se compusieron sobre todo de materias
primas y las importaciones de productos terminados. Esto también llevó a la
quiebra de las industrias y un aumento del desempleo, pero combinado con
un superávit externo.
En segundo lugar, es posible afirmar que las altas tasas de interés tuvieron
dos principales consecuencias negativas para las industrias locales de estos
países. Por un lado, se observa el efecto contractivo tradicional sobre la inversión y la demanda local. Por otra parte, la desregulación de los mercados
financieros, de divisas y de movimientos de capital, junto con las altas tasas
de interés fijadas por el mercado promovió la inversión extranjera especulativa en lugar de las inversiones productivas. Al mismo tiempo, la desregulación
de la movilidad del capital dejó a los sistemas financieros de estos países
en posiciones de extrema fragilidad y alta exposición a los shocks externos.
El mejor ejemplo de esto, fueron las grandes crisis financieras sufridas por
Rusia en 1998 y por Argentina en 2001.
En tercer lugar, en los escenarios descritos, la deuda interna y externa
desempeña un papel clave para sostener el modelo económico. En el caso de
Argentina, la única manera de sostener el modelo de la convertibilidad fue a
través del endeudamiento. El aumento de la deuda externa no fue el resultado
de una “mala gestión”, sino, por el contrario, fue una condición indispensable
para el sostenimiento del modelo económico durante 10 años, ya que era la
única manera de obtener las divisas necesarias para las reservas del Banco
Central. Cuando dólares dejaron de acudir al sistema financiero argentino,
50
especialmente después de la crisis “Tequila” y aún más después de la crisis
rusa, la única manera de garantizar esos dólares fue la toma de créditos
concedidos por las instituciones financieras internacionales y la emisión de
bonos de la deuda. Sin embargo, desde 1997–1998, la relación entre los
dólares recibidos y la fuga de capitales fue de casi 1: 1, lo que significa que
la economía argentina estaba prácticamente tomando deuda para financiar
la fuga de capitales de los agentes privados locales y extranjeros.
En el caso de Rusia, no es casualidad que la deuda aumentara durante los
años de la estabilización macroeconómica. El gobierno ruso necesitaba con
urgencia recaudar fondos para paliar la situación social y llevar a cabo su
proyecto de consolidación del sistema de economía de mercado. En este
contexto, la manera de conseguir estos fondos fue la emisión de títulos de
deuda. De esta manera, es posible argumentar que bajo el modelo de WC, la
deuda externa juega un papel clave en el crecimiento económico en el corto
plazo, pero que finalmente conduce a una crisis en el medio–largo plazo.
Es evidente que existen relaciones causales directas entre la naturaleza de
las reformas estructurales aplicadas en estos países durante la primera mitad
de los noventa y las respectivas crisis que estas economías sufrieron sobre
el final del decenio. Las principales conclusiones que los autores pueden extraer de los casos analizados son que las reformas estructurales neoliberales
no proporcionan una estrategia de crecimiento sostenible a largo plazo, pero
en vez de eso, aumentan la inestabilidad interna y la vulnerabilidad externa.
La primera afirmación se basa en la notoria volatilidad mostró por la evolución del PBI de estos países y la dureza de la crisis que siguió a los ciclos de
crecimiento. Además, cuando las economías estaban creciendo, la estructura productiva no era capaz de generar la inclusión de la mano de obra desempleada. En cuanto a la segunda afirmación, es evidente que la apertura
económica y la integración hacen que las economías nacionales sean más
vulnerables a los shocks externos (Foo, 2005). Sin embargo, la particularidad
de este modelo es que el principal canal de transmisión de la vulnerabilidad
externa es el sector financiero. Esto es confirmado por el hecho de que las
grandes crisis en estos países estuvieron relacionadas con el sector financiero. Por el contrario, cuando Argentina y Rusia revirtieron gran parte de
las reformas neoliberales en la década siguiente, mostraron un desempeño
relativamente exitoso a pesar de la caída de los precios de exportación y el
volumen de comercio mundial.
En síntesis, el Consenso de Washington fue un proyecto que pretendió abrir
a las economías nacionales para integrarlos en el orden económico mundial
que surgió tras el fin de la Guerra Fría. Sin embargo, el principal resultado de
este modelo fue generar un equilibrio altamente inestable y ha demostrado
ser incapaz de asegurar un crecimiento sostenido en el mediano y largo
51
plazo. Como contrapartida, desde el inicio del nuevo milenio se observa un
cambio dramático en el contexto global, caracterizado por la multipolaridad
del poder y el papel creciente de las economías emergentes. Después de
una década de profundos cambios estructurales e inestabilidad durante
la década de 1990, los países aquí analizados comenzaron sostenidos
ciclos de crecimiento desde la primera década de 2000, promovidos por el
aumento de los precios de los productos básicos y la integración en bloques
regionales, entre otras características. Sin embargo, aún se deben realizar
investigaciones sobre este tema para sistematizar las características y
proyección de este fenómeno en el futuro escenario mundial.
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54
La industria argentina frente
a los cambios globales: de
la política comercial a la
integración regional*
Diego Coatz**, Pablo Dragún*** y Marianela Sarabia****
¿Por qué a la luz de los problemas actuales, tanto a nivel internacional como
local, se debe poner nuevamente en escena la implementación de una estrategia de desarrollo y, principalmente, de desarrollo industrial? ¿Por qué la
inserción externa y el canal comercial cobran tanta importancia –pasando de
la impronta mercantilista del saldo comercial a las políticas de administración
del comercio y la promoción comercial–? ¿Cuáles son los pros en términos
de integración productiva y cohesión social frente al mero crecimiento? En
un contexto signado por los cambios globales resulta clave abordar las encrucijadas que atraviesa la agenda argentina de desarrollo, en particular en
lo que hace al entorno productivo. Este documento parte del análisis del
contexto global y latinoamericano para responder a los interrogantes locales
focalizando en los desafíos de la política de desarrollo industrial en el plano
local –nacional o regional, según el caso–.
A tal fin, la primera sección da cuenta de las transformaciones globales desde una perspectiva regional, incluyendo dinámicas recientes de América latina hasta plasmar la crisis de los paradigmas tradicionales. El rediseño de
estos paradigmas pone en jaque toda realidad productiva nacional, siendo
atravesada por una carrera global por la incorporación de valor agregado, lo
que se describe en la primera subsección. A continuación se da cuenta de la
escalada de un proteccionismo mundial cada vez más sofisticado que, parcialmente, responde a los intentos de preservar segmentos estratégicos de
la producción para preservar el crecimiento del valor agregado local.
* Las opiniones vertidas en el presente documento son exclusiva responsabilidad de los autores,
no la posición de la entidad. Los autores agradecen profundamente a todo el equipo del CEU
por los valiosos aportes y comentarios.
** Es Economista Jefe del Centro de Estudios de la UIA (CEU) y Secretario de SIDbaires.
*** Es especialista en temas sectoriales.
**** Es especialista en economía internacional y laboral del CEU.
55
La segunda sección describe los desafíos de la Argentina frente a la estrategia de desarrollo, particularmente desarrollo productivo. Para ello,
se remite al estudio de la matriz productiva y la destrucción de encadenamientos locales resultante de los cambios ocurridos entre los años
setenta y el final de la convertibilidad. Menores eslabonamientos internos
conllevan a que la economía en su conjunto necesite una mayor suma
de divisas como contraparte de los requerimientos crecientes de bienes
y servicios extranjeros. De ese modo, se reconoce un déficit comercial
creciente en manufacturas de origen industrial (MOI) que constituye un
problema crónico de la estructura productiva. Este déficit tiene una particularidad: desde el punto de vista de la industrialización nacional, reviste
un carácter estratégico puesto que la economía argentina concentra un
intercambio deficitario en MOI con potencias industriales, en tanto las
tradicionales –países fundadores de la Unión Europea y los Estados Unidos– y las emergentes –China y Brasil–.
Las dos secciones restantes apuntan a conformar una agenda de política
de mediano y largo plazo. Por un lado, se pone foco en la importancia de
la integración regional como plataforma del desarrollo industrial apelando
tanto a la mayor escala de un mercado ampliado como a la regionalización
del comercio internacional. Por otro, se da cuenta de la potencialidad para
avanzar en estrategias sectoriales de modo tal que se dinamice el crecimiento
de la economía en su conjunto con miras a eludir el estrangulamiento externo
recurrente y desarrollar capacidades locales en un mundo dominado por la
incertidumbre y el cambio de paradigmas tecno–productivos.
1. La región frente a los nuevos paradigmas globales
La crisis europea, la desaceleración de China e India y la contracción de la
industria brasileña de transformación desde marzo de 2011 –pese a repuntes
esporádicos–, son algunos de los elementos claves que contribuyen a
aumentar la incertidumbre global. A esto se suma la senda del magro –cuando
no nulo– crecimiento de los países desarrollados que, tras la implementación
de algunos paquetes de ajuste, tienden a reforzar la tendencia creciente de
la tasa de desempleo. De hecho, el número de desocupados en Estados
Unidos, Europa y Japón supera largamente los 50 millones de personas, con
mayor incidencia de dicho indicador entre los jóvenes (OIT, 2012).
Pese a los avances con relación a la inclusión de grandes masas a través
del consumo registrados recientemente, todavía un tercio de la población
mundial está vinculada con la agricultura de subsistencia y más de la mitad
de dichas personas está concentrada en China e India. Lejos de tener alguna
vinculación con la agricultura extensiva –o, en otros términos, intensiva en
capital y conocimiento–, como la de Estados Unidos o la de los sectores más
56
dinámicos de América latina; en la agricultura de subsistencia predomina,
como antaño, una organización del trabajo precaria, ciertas veces concentrada en el núcleo familiar, con exiguos ingresos que contribuyen a perpetrar
la pobreza.
Uno de los principales interrogantes entre los líderes de China e India radica
en cómo mantener el vigor económico para incorporar a un segmento mayor
de su población a partir de salarios crecientes. La resolución de dilemas como
estos, sumamente relevantes para la expansión y la integración de cada uno
de dichos países en la esfera doméstica, tanto en materia de indicadores
sociolaborales, de consumo de los hogares, no son ajenos al Cono Sur. La
emergencia silenciosa de Asia y la crisis internacional desatada en el centro
de las potencias industriales tradicionales conlleva al cuestionamiento de los
paradigmas dominantes tanto en materia económico–productiva como en lo
referente a la estructura y desbalances del poder mundial–.
De hecho, se evidencia una “pérdida” aparente de la hegemonía por parte de
los países más desarrollados, mutando hacia la ausencia de centros únicos
de gravitación política y económica. En este sentido, bajo un paraguas
regulacionista, Boyer (2013) discute la viabilidad del “no sistema” resultante
de la descomposición de régimen post Bretton Woods. En particular, tras
aludir a diversos estudios sobre los orígenes y limitaciones de la estrategia
de desarrollo de China; señala que el Estado ha construido un complejo
sistema de reciprocidad contractual que vincula distintas jurisdicciones
de gobierno y múltiples esferas bajo un patrón de crecimiento impulsado
por la competencia, bosquejando una impronta propia en la evolución del
capitalismo global durante el siglo XXI. En tanto, la provisión de servicios
básicos como educación, salud y vivienda ha quedado prácticamente fuera
de la órbita estatal y el consumo –como porcentaje del PIB– muestra una
tendencia decreciente.
En este nuevo escenario multipolar, la conformación de alianzas aparece
como uno de los principales factores de poder, ya que cada uno de los actores
por separado no podrá tener la fortaleza suficiente para imponer su voluntad.
La muestra más elocuente de ello es la conformación de bloques regionales
e interregionales que se han ido tejiendo desde la segunda mitad del siglo
pasado hasta nuestros días y que han ido progresivamente ganando poder y
protagonismo. Entre ellos, podemos encontrar conjunciones supranacionales
de distintas índoles, con objetivos diversos y con diferentes factores de
cohesión como la Unión Europea, el Tratado de Libre Comercio de América
del Norte (NAFTA), la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático o ASEAN,
la Comunidad Económica de Estados de África Occidental, el Mercosur; por
nombrar algunos de ellos.
57
En materia de integración económica, particularmente comercial, en Europa
el comercio intrazona de bienes representa tres cuartos del total de las
exportaciones del bloque en este rubro; en Asia y en América del Norte supera
la mitad mientras que en América del Sur y Central apenas alcanza un cuarto
del volumen exportado del continente. Puntualizando en las importaciones
de América del Sur, solo el 18% correspondió a importaciones intrazona
durante 20101, proporción que ha ido en descenso durante la última década
pese a que la región en su conjunto registró su período de mayor crecimiento
la primera década del siglo XXI desde los años ochenta, expandiéndose a un
ritmo superior al de la media mundial (Gráfico 1).
Gráfico 1
Comercio intrarregional de mercancías
80
70
Como porcentaje de las exportaciones totales de cada bloque (2011)
71
60
53
48
50
40
30
27
20
20
13
10
9
0
Europa
Asia
América del América del Com.Estados
Norte
Sur y Central Independ.
África
Oriente
Medio
Fuente: CEU-UIA en base a datos de OMC.
La integración también se da paralelamente en el plano político, donde
aparecen nuevas asociaciones como la Unión de Naciones Suramericanas
(UNASUR), la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños
(CELAC) o nuevos agrupamientos multilaterales en torno a cuestiones
generales o específicas en el marco de las Naciones Unidas, como el G20
(surgido luego de la crisis financiera de 2008) o el G–77 más China. Estos
foros multilaterales suelen abordar problemáticas globales en un ámbito
Se consideró el total de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Paraguay, Perú,
Uruguay y Venezuela conforme datos de Badecel (CEPAL) y estimaciones propias.
1
58
más amplio y heterogéneo que el G7 o el G8. En resumidas cuentas, el
mundo se encuentra transitando una coyuntura compleja e incierta, dando
lugar a numerosos interrogantes en busca de respuesta a mediano plazo. El
escenario actual, en plena transformación, dista de manifestar una tendencia
lineal y clara, lo cual plantea una serie de desafíos tanto en materia geo–
política como geo–comercial y geo–industrial para redefinir los patrones
sobre los cuales se desenvolverán los procesos de desarrollo de las próximas
décadas.
1.1. La carrera por el valor agregado: replanteo de los paradigmas productivos
tradicionales
El resurgimiento de Asia como región dinámica bosqueja una nueva fase
del comercio mundial, generando amenazas y oportunidades para nuestros
países. Prueba del desempeño satisfactorio de la región fue la resiliencia
de los países latinoamericanos durante la fase más aguda de la crisis
internacional que viene acechando a la economía global desde mediados
de 2007. Los países de América del Sur y Central se destacaron por lograr
mayores tasas de crecimiento en la última década y por resistir mejor que
México y el Caribe la recesión mundial de 2008–2009 (Cuadro 1). Estas
diferencias se debieron a los distintos grados de integración financiera
internacional con mayor o menor vulnerabilidad a los ciclos de liquidez de
países centrales2; la exposición particularmente de México, algunos países
de Centro América y el Caribe al ciclo real de los Estados Unidos, además de
la fragilidad de su propio mercado; las políticas implementadas en cada uno
de los países y especialmente en función de las diferencias en la evolución
de los precios internacionales y su incidencia en la mejora de los términos
intercambio (Gráfico 2).
Cuadro 1
Africa subsahariana
América del Norte
América Latina y Caribe
Asia oriental y el Pacífico
Asia meridional
Europa y Asia central
Oriente Medio y África septentrional
Países árabes
Mundo
Fuente: CEPAL
1971-1980
3,7
3,3
5,7
4,8
3,0
3,2
8,6
…
3,9
1981-1990
1,9
4,4
1,3
4,7
5,4
2,4
1,8
1,5
3,5
1991-200
2,3
3,4
3,2
3,1
5,2
1,9
4,1
3,9
2,9
2001-2010
5,2
2,1
3,8
4,2
7,5
2,0
4,8
4,9
3,0
Varios aspectos de la crisis financiera actual y la mayor vulnerabilidad de las economías emergentes reproduce muy nítidamente el esquema de Minsky (1977).
2
59
Gráfico 2
Evolución de los términos de intercambio
2002-2012
190
Índice de Términos de Intercambio
Índice de Términos de Intercambio MOI *
Índice de Términos de Intercambio de MOA+Prod. Primarios **
Índice base 1993 = 100
170
VARIACIÓN CON RESPECTO A I-06:
TI total: +32%
TI de MOI: +5%
TI MOA + Prod.Prim: +87%
150
130
110
I-02
II-02
III-02
IV-02
I-03
II-03
III-03
IV-03
I-04
II-04
III-04
IV-04
I-05
II-05
III-05
IV-05
I-06
II-06
III-06
IV-06
I-07
II-07
III-07
IV-07
I-08
II-08
III-08
IV-08
I-09
II-09
III-09
IV-09
I-10
II-10
III-10
IV-10
I-11
II-11
III-11
IV-11
I-12
II-12
III-12
IV-12
90
FUENTE: CEU UIA en base a datos de ICA-INDEC y MECON. (*)calculado como cociente entre precios de las exportaciones de MOI y
el precio prom. pond. de bs de capital, intermedios y piezas. (**)calculado como cociente entre el promedio ponderado de los precios de
exportaciones MOA y Productos Primarios y los precios de las importaciones destinadas a bs de consumo.
Asimismo, los países sudamericanos exportadores de bienes intensivos en
recursos naturales se vieron beneficiados: se generó una oportunidad de
un crecimiento económico más rápido. Claro que esto también implicó un
riesgo a largo plazo en la estructura productiva y un posible debilitamiento
de la inversión en sectores industriales o no transables no ligados a los
recursos naturales (Gráfico 3). El auge de los productos básicos y del flujo
de capital hacia la región alejaron los problemas de la balanza de pagos
en estos países, aunque trajo aparejado un motivo de preocupación: la
tendencia a la “reprimarización” de la matriz comercial y la pérdida de peso
de los bienes industriales, especialmente de los no tradicionales, los cuales
están asociados con un mayor contenido de conocimiento y potencialidad
de difusión del progreso técnico en la estructura productiva. Esto puede
acarrear problemas socioeconómicos en materia de empleo y obstaculizar
la sostenibilidad del crecimiento a mediano plazo (Frenkel y Rapetti, 2011).
Gráfico 3
Participación de la industria manufacturera en el valor
agregado de America Latina
20%
19%
18,8%
18,2%
17,7%
18%
17,4%
17%
17,0%
16,8%
16,6%
16,1%
16%
15%
14%
13%
2004
2005
2006
Fuente: CEU-UIA en base a CEPAL
2007
2008
2009
2010
2011
60
A su vez, un estudio reciente (ABD, IADB y ABDI, 2012) señala que la relación comercial entre Asia y América latina no da cuenta de los cambios
experimentados durante la última década en ambas regiones ya que el flujo
comercial se caracteriza por el intercambio de materias primas por productos manufacturados. Es más, enfatiza la escasez de relativa de tierra, agua
y recursos minerales en el continente asiático, salvo contadas excepciones.
Sin embargo, la experiencia regional indica que la especialización total en
productos primarios no genera trayectorias dinámicas de la productividad,
empleo y crecimiento económico de largo plazo3. En un proceso de crecimiento virtuoso, la productividad y el empleo se expanden al mismo tiempo
sin que se produzcan presiones en el sector externo. En este sentido, la
experiencia latinoamericana muestra que aún en el marco del período de
crecimiento de la última década, la brecha de desarrollo de la región con
los países desarrollados y especialmente con aquellos de industrialización
reciente sigue vigente4.
Con respecto a la producción industrial, se observaron fuertes diferencias
en la evolución de la actividad durante los últimos años, aunque –en todos
los casos– la crisis internacional de 2008–2009 afectó significativamente a la
producción global. Mientras que China mantuvo un crecimiento del producto
industrial del 10% en 2012 (lo cual representó una desaceleración respecto
del 13,9% que había mostrado en 2011); Estados Unidos y México –muy
dependiente de la dinámica norteamericana–, crecieron cerca del 4%. Por
su parte, los países de la Unión Europea, fundamentalmente España5 e
Italia, mostraron fuertes caídas (superiores al 6%) (Gráfico 4). Por su parte,
En la actualidad el sector agrícola ha modificado su estructura planteando un modelo de organización productiva basado en una red de agentes que retroalimenta un circuito innovativo.
Particularmente para el caso de Argentina la forma de organización de la “producción biológica
controlada”, donde se presenta un paquete tecnológico de siembra directa y semilla transgénica, amplía el conjunto de agentes económicos involucrados en la producción y rebalancea el
poder en los procesos de generación y captación de rentas. No obstante, la amplitud territorial
y cantidad de habitantes de la región implican la necesidad de agregar valor en origen con un
entramado pyme empresarial más dinámico. Para un análisis detallado, ver: Bisang, Anllo y
Campi (2008).
3
Mientras que la productividad del trabajo en América Latina y el Caribe creció levemente durante los últimos 30 años, en los países asiáticos de industrialización reciente casi se triplicó.
La divergencia entre las regiones se relaciona con cambios en el patrón de especialización. A
modo de ejemplo en Corea del Sur y Taiwán se llevaron adelante políticas industriales que se
complementaron con una política macroeconómica que favoreció el desarrollo de los sectores
transables. Existió la decisión estratégica de industrializarse y competir en el mercado sobre
la base de bienes de elevado contenido tecnológico. En cambio, estas políticas no se hicieron
presentes y permanentes en la región en el marco de una mayor volatilidad macro y baja acumulación de capacidades. Para profundizar, ver: Torija Zané, E. (2012), Desarrollo industrial y
política macroeconómica de los dragones asiáticos: 1950–2010. CEPAL.
4
5
España llegó a acumular una caída del 26,5% acumulada en 5 años hasta fines de 2012.
61
Alemania también mostró una leve contracción, aunque luego de un año de
fuerte crecimiento al 7,7%. Estas cifras reflejan claramente el mundo con
tensiones y disparidades productivas ya mencionadas.
Gráfico 4
Variación de la producción industrial
China
2011
13,9%
2012
10,0%
EE.UU.
4,1%
3,8%
México
4,0%
3,9%
8,0%
Chile
2,4%
4,9%
Colombia
0,0%
7,7%
Alemania
-0,8%
7,1%
Argentina
-2,2%
0,2%
Brasil
-2,8%
-1,4%
España
-6,0%
0,2%
Italia
-6,5%
-10%
-5%
0%
5%
10%
15%
Fuente: CEU-UIA basado en datos de cámaras empresariales argentinas y estadísticas oficiales de cada país.
Gráfico 5
Evolución de la actividad industrial en países
seleccionados
2003-2012
20%
15%
10%
5%
0%
2003
2004
2005
2006
2007
2008
2009
2010
2011
-5%
-10%
ARGENTINA
CHILE
BRASIL
EEUU
MÉXICO
-15%
Fuente: CEU UIA basado en datos de cámaras empresariales argentinas y estadísticas oficiales de cada país.
Nota: las estimaciones para 2013 fueron extraídas de Consensus Economics.
2012
2013e
62
América del Sur no estuvo exenta de esta dinámica. En el caso de Argentina
y Brasil, tras varios años de crecimiento sostenido, presentaron un 2012 con
caídas del 2,2% y 2,8%, respectivamente. Durante 2012, el mundo creció
2,6% mientras que la región lo hizo en torno al 4,2% (con excepción de
Argentina y Brasil). Crecer por debajo de la media mundial y regional es
un lujo que tanto Argentina como Brasil no se pueden dar, más aún en un
contexto de términos de intercambio favorables y liquidez internacional. Esta
dinámica combinó tensiones internas con dificultades en el plano global. Sin
embargo, es dable destacar que la actividad industrial en Argentina creció
sostenidamente por encima del nivel del resto de las industrias americanas,
con excepción del año 2012 (Gráfico 5).
El ascenso industrial de Asia también ha ido reconfigurando la industria
global. Frente a la transformación de la matriz productiva mundial se
intensifican los debates de torno al futuro del desarrollo capitalista, tanto
en cuanto al crecimiento y sus causas, la competitividad –sistémica versus
espuria– y las estrategias inserción internacional de los países, en particular
la asiática dominada por varias décadas por el modelo export–led growth
(Crespo y De Luchi, 2011). Ambas discusiones vienen a cuenta, no solo por
las consecuencias del patrón de crecimiento chino en el territorio que le
es propio6 –urbanización, mayores desigualdades, mejora de los ingresos
reales, expansión del mercado interno, etc. durante el último quinquenio7–,
sino también por una nueva ola en la reconfiguración de la producción
global8. En otras palabras, es necesario analizar la sostenibilidad global y
local de la competencia por bajos salarios así como del desafiante pasaje a
un patrón con mayor tecnología y valor agregado que permitan un desarrollo
armónico y sostenible.
En tanto, el gobierno de los Estados Unidos, a partir de una iniciativa
compartida que reúne a las principales compañías industriales y las
universidades más prestigiosas del país, ha sentado los pilares para
incentivar la industria local que radica en ventajas fiscales y formación para
2 millones de trabajadores en campos que incluyen tecnologías avanzadas
Para profundizar, ver: Lópes Ribeiro (2010). “A expansão chinesa na África: o desafio do crescimento e a nova face do imperialismo econômico” OIKOS, Rio de Janeiro, Volume 9, nº 2. www.
revistaoikos.
6
7
Esquivel (2012) y OCDE (2012).
A modo de ejemplo durante el último bienio, algunas empresas productoras de bienes han
retornado a México tras haber abandonado ese país en busca de menores costos relativos.
Dato no menor para destacar es que México, a diferencia de América del Sur y de China, ha
registrado un estancamiento de los ingresos reales a lo largo de los 2000s y hereda de antaño
una dinámica de enclave con una integración nacional limitada que, dada la situación actual, le
impide generar dinámicas virtuosas para el mercado.
8
63
como las baterías, la computación, la industria aeroespacial y la robótica.
Sin ir más lejos, el presidente Obama se comprometió a invertir 1.000
millones de dólares en la creación de una red nacional para dicha iniciativa,
con un sistema científico tecnológico más robusto y 15 institutos para la
innovación manufacturera. Entre ellos, se acaban de inaugurar 3 centros de
I&D focalizados en manufactura digital e innovación del diseño; innovación
en metales modernos y liviano e innovación en industrias de energía limpia.
Además durante el último trimestre de 2012 se distribuyeron USD 20.000
millones en 10 localidades estratégicas con el propósito de generar empleo
y promover el desarrollo de clusters.
La estrategia subyacente de dicha iniciativa es vincular la producción,
fundamentalmente el segmento de vanguardia, a la creatividad tecnológica.
Consecuentemente estas industrias son protegidas activamente de la
competencia extranjera que, precisamente, destruyó la posición dominante
de Estados Unidos en la industria de los semiconductores, los componentes
para maquinaria y las pantallas planas. Es interesante señalar, por primera vez
en la historia, esta reconoce que el gasto total en investigación y desarrollo
de Asia y el Pacífico, fundamentalmente por las inversiones provenientes
del gobierno chino, superó al de Estados Unidos, con tendencias a seguir
incrementándose la brecha a una tasa más alta. Por otro lado, el informe
señala la importancia de la articulación público–privada y la necesidad de
utilizar la planificación estatal jerárquica como herramienta para promover la
competitividad9.
Frente a las grandes olas de cambio tecnológico, toda transformación
converge en el replanteo de paradigmas socioinstitucionales en los principales
países del mundo con un correlato directo sobre la esfera tecnoproductiva.
En este sentido, lo que distingue a una revolución tecnológica de cambios
menores es la fuerte interrelación e interdependencia de los sistemas que
participan en sus tecnologías y mercados, de la capacidad de transformar
profundamente a la economía toda, y eventualmente la sociedad, sin estar
exentos de procesos de crisis. El cambio tecnológico se nutre de premisas
como: el desarrollo y el mayor acceso de/a la microelectrónica; la integración
descentralizada y las estructuras de red; el conocimiento como capital y valor
Para mayor información, sugerimos leer las recomendaciones del Advanced Manufacturing
Partnership en http://www.manufacturing.gov/amp_recommendations.html
“The use of a structured planning process at a national level has the advantages of both aligning and allocating national resources more efficiently into U.S. efforts to revitalize planning, as
well as creating a platform to better address competing national strategies from other countries
(that are often government led and therefore difficult for U.S. industry participants to counter by
themselves). Therefore, we have incorporated this kind of a hierarchical planning process into
our recommendations.” (Report of the Advanced Manufacturing Partnership Steering Committee Annex 1 Technology Development Workstream Report, p. 3).
9
64
agregado intangible; la heterogeneidad, la diversidad y, fundamentalmente,
la adaptación a la demanda; la segmentación de mercados y la proliferación
de nichos así como las economías de alcance y la especialización combinada
con la escala (Pérez, 2002).
A su vez, también tiende a profundizar fenómenos como la glocalización;
la cooperación hacia fuera/hacia adentro generando clusters; el contacto
instantáneo y acción consecuente en un contexto de permanente desarrollo
de las TICs, incluso profundizando la relación con la biotecnología, la
nanotecnología y la creación de nuevos materiales. Asimismo, la irrupción de
las impresoras 3D podría modificar la faz productiva, debido a que brindan la
posibilidad de crear piezas a partir de un diseño computarizado, adaptándose
totalmente a la demanda, sin necesidad de garantizar economías de escala ni
acumulación de stocks. De hecho, conllevaría a dar marcha atrás en materia
de fragmentación de la producción mundial, promoviendo nuevamente la
generación de encadenamientos locales y producción por proximidad en los
segmentos de mayor incorporación tecnológica.
No obstante, aún hay incertidumbre con respecto a si la impresión 3D se
instalará como una modalidad difundida de producción manufacturera o
tendrá un carácter exclusivo para un segmento premium. Tampoco está del
todo claro cómo afectará al trabajo y a las inversiones en equipamiento fijo
ni a los patrones de consumo, más adaptados a la demanda que a la oferta.
Como corolario, la complejidad global imprime cambios en la faz productiva
y socioinstitucional cuyos resultados son, hoy, difíciles de predecir y obligan
a un esfuerzo adicional para repensar el mundo a medida que este va
cambiando.
1.2. Proteccionismo sofisticado como elemento de política industrial
Si bien es difícil sostener en la actualidad que la Unión Europea sea un
paradigma en materia de integración, las sinergias que se generaron al interior
del bloque en materia de comercio intra y extra zona son ejemplos de la
administración regional del intercambio comercial. Tanto la implementación
de etiquetas que convalidan las ISO 26000 como la certificación sanitaria
y ambiental por medio de una barrera para–arancelaria como REACH –tan
solo por mencionar algunas– constituyen restricciones de acceso al mercado
europeo. Sin ir más lejos, un informe reciente (OECD, WTO y UNCTAD, 2012),
registró que Brasil, la Unión Europea, India y Estados Unidos son los países
con mayor cantidad de medidas que afectan –directa o indirectamente– el
comercio (Cuadro 2). Esto refleja que, como respuesta a la primera fase de la
crisis internacional, los países desarrollados y los BRICS (Brasil, Rusia, India,
China y Sudáfrica) fueron los primeros en instrumentar medidas de este tipo
a través de paquetes de políticas.
65
Cuadro 2
Un mundo más complejo y proteccionista: medidas que afectan al comercio
UE: 27
EEUU: 22
•Barreras sanitarias y
fitosanitarias
•Dumping y suba de
aranceles
•Barreras sanitarias y
fitosanitarias
•PAC (Pol. agrícola común)
•Subsidios
•Contro del Impo : Reach
China: 13
•Barreras sanitarias y
fitosanitarias
•Dumping
India: 27
Brasil: 30
•Barreras arancelarias y paraarancelarias, LNA y cuotas
•Compre nacional
•Financiamiento a las exportaciones
•Aranceles del 80%
•Cuotas a las importaciones
•Protección de servicios (normas de
origen para telecomunicaciones y
preferencias locales)
Fuente: CEU-UIA sobre la base de Reports on G-20: Trade and investment measures (OECD, WTO & UNCTAD, 2012). Argentina y Brasil
son los únicos países que informaron fecha de derogación de las medidas entre octrubre’11 y mayo’12.
Un ejemplo fehaciente de los conflictos existentes entre las regiones por
la agregación de valor lo constituye el acontecido entre la Unión Europea y
China por la provisión de paneles solares. La Unión Europea concluyó que las
empresas chinas estaban vendiendo paneles solares a Europa un 88% por
debajo del precio justo en dicho mercado, causando un perjuicio significativo
a los productores europeos. La gravedad de la situación radica en 25.000
puestos de trabajo europeos que estarían en riesgo mientras que se registra
una sobreproducción por parte de China dado que excede en un 50% el nivel
de consumo mundial, explicado en más de un 80% por el mercado europeo.
Consecuentemente, se ha impuesto un derecho provisional del 11,8% entre
junio y agosto de 2013 y, a partir de allí, del 47,6% durante los cuatro meses
siguientes.10 En este marco de gran incertidumbre global, muchos países y
empresas continúan con la liquidación de stocks de producción compitiendo
predatoriamente con los productos locales.
A su vez, China parece perseguir dos objetivos centrales en materia comercial: consolidar sus empresas transnacionales en cadenas globales de valor
y obtener materias primas e insumos de baja elaboración (alimentos, metales
y minerales, especialmente combustibles) para sus crecientes necesidades
productivas. Para ello, desde su entrada en la OMC en 2001, China ha intenPara más información, ver press release de la Comisión Europea del 4 de junio de 2013 en
http://europa.eu/rapid/press–release_IP–13–501_es.htm
10
66
sificado su comercio bilateral y birregional mediante la firma de tratados de
libre comercio, más que duplicando sus exportaciones regionales de bienes
intermedios y maquinarias (47% del total regional). En este sentido, las cadenas regionales de valor actuaron como etapas intermedias para las exportaciones hacia zonas extrarregionales. Este país, en línea con lo mencionado
previamente, dista de ser una economía de mercado y sus empresas cuentan con subsidios y beneficios que generan un plano de competencia desleal
con el resto del mundo, llegando en muchos casos al dumping.
Otro caso interesante es el de India. En la discusión de la ronda de Doha de
la OMC, India está negociando poder consolidar aranceles máximos al 80%,
sobre todo para muchos productos de la agricultura (dado que hoy son aún
más elevados). El Mercosur tiene un máximo potencial de 35% (el promedio
efectivo está en torno al 11%) y en la negociación se le exige reducirlo aún más
en algunos rubros industriales estratégicos, donde existe producción industrial
con valor agregado. Por su parte, tanto Estados Unidos como Europa se
reparten cupos, subsidios, restricciones para productos agrícolas o alimentos
con valor agregado. Es por ello que todos los países del mundo desarrollado
o que pretenden desarrollarse cuentan con una batería de medidas que las
ayuda a implementar una política comercial activa e inteligente.
De ahí que una política comercial activa se constituye como un instrumento de
política esencial para reorientar el desarrollo, en particular el industrial. Dicho
de otra forma, esta clase de instrumentos pueden ser herramientas propicias
para sostener la producción nacional y para evitar tanto la reversión del saldo
comercial positivo como la destrucción de capacidades locales y de puestos
de trabajo. En este contexto, la promoción del libre comercio parece no solo
haber quedado como una expresión de deseo en el acta constitutiva de la
OMC, sino que además, mientras sugiere ser un imperativo para países en
desarrollo, los desarrollados parecerían facultados para eludir tales demandas.
A tales fines, se manejan distintas herramientas de administración del comercio exterior en función de sus intereses y cuyo seguimiento activo se torna cada vez más complejo. Cabe destacar también que la administración del
comercio es solo una política dentro de un conjunto más amplio que debe articularse para recuperar un sendero de crecimiento sostenido, puntualmente
de la actividad industrial. En esta línea, las medidas implementadas recientemente en Argentina también refuerzan la atención sobre la política comercial,
no solo desde aspectos conceptuales sino también en términos de gestión,
cuestiones que, ante una mirada crítica tienden a confundirse sin diferencias
ideología o falta de eficiencia11.
Vale aclarar que, si bien el estudio de OECD/UNTACD releva solo 14 políticas comerciales por
parte de Argentina que obstaculizan en comercio, el mismo no revisa el grado de intensidad,
complejidad y formas de aplicación del mismo. Por cuanto dicha cifra puede estar subestimada
dada la transversalidad de las mismas.
11
67
También vale retomar la mención sobre el intercambio comercial intrazona,
dado que la complejidad económica y geopolítica está empujando a dinamizar esas relaciones comerciales a través de negociaciones intrabloques.
Mientras en Asia y alrededores se presenta una suerte de cuello de botella en
términos de reglas de origen y clasificaciones arancelarias entre la Asociación
de Naciones del Sudeste Asiático, China, Japón, República de Corea, Australia, India y Nueva Zelanda (ASEAN+6); tras casi un lustro de dificultades,
la Unión Europea se muestra ávida por garantizar acceso a mercados más
pujantes (BID, 2013).12 Por un lado, con un intercambio fundamentalmente
intraindustrial en químicos y maquinaria y equipo de transporte, se iniciaron
negociaciones para liberar el comercio de bienes, servicios e inversiones,
barreras no arancelarias y compras gubernamentales entre la UE y Japón.
Por otro, la UE y Estados Unidos parecen definir un acuerdo Transatlántico
de Comercio e Inversión, orientado a eliminar las barreras no arancelarias
como regulación y estándares específicos más que aranceles existentes, los
cuales tienen niveles bajos. Con este país, además de un intercambio similar
al de UE–Japón, se adicionan productos agrícolas y combustibles.
Dicho intento no está exento de conflictos, fundamentalmente por temas
vinculados con subsidios a la producción agrícola, subvenciones a productores aeronáuticos, propiedad intelectual, servicios digitales y empresas de
tecnología. En caso de llevarse a cabo el acuerdo comercial, traería consecuencias negativas para el intercambio de los países emergentes, aunque
parecería poco probable que estas negociaciones mejoren el bienestar de
los ciudadanos estadounidenses según ha trascendido en diversos medios
locales e internacionales. Cabe destacar también que a las ya existentes medidas para–arancelarias en los países centrales así como a la aplicación de
acciones antidumping para evitar el ingreso de productos provenientes del
exterior a precios inferiores al precio que se venden en los mercados locales,
se suma la política cambiaria que ha depreciado al dólar, perjudicando a Europa, China y Japón, entre otros.
2. Los desafíos locales y el debate por la industrialización
En la Argentina, los desafíos no distan de aquellos que emergían entre 2007
y 2008, en particular de las tensiones que se advertían para avanzar hacia un
mayor nivel de desarrollo industrial, tales como la necesidad de un entramado
industrial más denso, de infraestructura energética y de transporte. Esos
desafíos han tendido a intensificarse por la coyuntura macro, no solo por
cuestiones internas, sino también producto de un contexto mundial más
complejo donde los BRICS presentan una desaceleración económica
significativa y se agudiza la crisis europea. En particular, Brasil –dada su
Recientemente las 4 economías más grandes del mundo (China, Estados Unidos, Japón y la
Unión Europea) están llevando a cabo negociaciones sobre flujos comerciales.
12
68
importancia estratégica para Argentina– ha presentado una contracción
sostenida en la industria de transformación desde marzo de 2011 y ha
devaluado significativamente su moneda durante el último semestre,
impactando negativamente sobre la competitividad de la industria local.
La economía argentina de la posconvertibilidad estuvo caracterizada por
un triángulo virtuoso cuyos vértices fueron el crecimiento, la generación de
empleo con mayor equidad distributiva y la inversión. Sin embargo, este
proceso no está libre de tensiones, por ejemplo distributivas: pujas por la
apropiación del excedente y las rentas que genera. Promediando 2011 las
cifras eran elocuentes: la inversión en niveles récord (24% del PBI), el salario
nominal registrado promedio en el sector privado pasó de $880 en 2001 a
$5380 en 2011 (32% en términos reales) y el PIB acumulaba un crecimiento
del 75%, con 2,3 millones de nuevos jubilados y 3,3 millones de nuevos
puestos de trabajo formales.
Gráfico 6
Variación interanual de la actividad industrial y las importaciones
50%
rel: 3,5
46%
rel: 4
45%
42%
rel: 76,6
40%
rel: 2,6
38,3%
ind 2010
M 2010
Ind 2011
M 2011
37,1%
rel: 4,4
35%
31%
rel: 5
30%
rel: 80
rel: 4,1
rel: 4,8
28,6%
26,9%
26,8%
24%
25%
rel: 3,8
20%
15%
10%
16%
14,1%
13%
10,5%
7%
5,4%
5%
0,3%
0%
Argentina
Brasil
6,6%
6%
4,2%
0,5%
Chile
Perú
México
Fuente: CEU-UIA en base a datos de cámaras industriales e institutos nacionales de estadística; bases de comercio exterior de cada país.
En este contexto, la restricción externa y la necesidad de divisas retornaron
como un aspecto central de la sostenibilidad del proceso de crecimiento
(Gráfico 6). Llamativamente, esto ocurría en un marco donde los términos
de intercambio continuaban siendo favorables, poniendo foco en cuán
dependiente de importaciones ha sido la expansión de la última década así
como en la necesidad de revertir dinámicas recurrentes que tuvieron lugar
en el país. Por entonces, pese a ser un país con una limitada inserción en
69
el sistema financiero internacional, Argentina se ha ido transformando en
una economía cada vez más abierta al comercio exterior: tal como muestra
el gráfico en la medida que la industria crece se requieren mayor nivel de
importaciones, lo mismo ocurre en el resto de los países de la región.
Los datos presentados anteriormente, estudios recientes (Albornoz et al.,
2012) y la inflexión que el fin de 2011 significó en la coyuntura local invitan
a profundizar en el debate sobre la industrialización y el crecimiento de la
industria argentina. Dado que la expansión industrial entre 1998 y 2011 fue
similar a la del PBI, se registró una ausencia de cambios significativos en la
participación sectorial entre esos años. La industria mantiene un peso en la
estructura productiva similar al observado en 2003 e inferior al registrado
en 1991 mientras que, con una mirada historicista, la participación de la industria ha disminuido persistentemente hasta la salida de la convertibilidad;
momento en el cual comienza a incrementarse para, posteriormente, estabilizarse en torno al 18%. Sin embargo, la dinámica virtuosa de la última década
permitió “reactivar” diversos encadenamientos promoviendo, así, sinergias
intraindustriales.
Sin embargo, esta dinámica, marca un quiebre respecto de las tendencias
previas: la industria local no solo ha crecido sino también que no ha perdido participación en el valor agregado pese al crecimiento promedio elevado
(7,8%) y sostenido que caracterizó al período, con la salvedad de 2009 por
el impacto de la crisis económica internacional. De hecho, gran parte de
la expansión registrada se explica por las ramas de alimentos y bebidas,
productos químicos y el complejo metalmecánico en su conjunto. En este
sentido, en Coatz y Kosacoff (2011) y Coatz y Grasso (2012) se destaca que
la dinámica virtuosa de crecimiento fue positiva para el sector industrial reactivando encadenamientos y sinergias en el plano local, aunque el trabajo
por delante constituye un gran desafío al mismo tiempo que demanda una
amplia coordinación de actores y políticas que puedan ser sostenibles a mediano y largo plazo.
A su vez, en términos productivos, Abeles y Rivas (2011) señalan que el crecimiento de la productividad de la economía argentina habría sido producto
de mejoras en cada sector de actividad en lugar de deberse a la presencia
de cambio estructural pese a que el producto industrial creció significativamente entre 2003 y 2007. Por el otro, la ausencia de grandes cambios en la
estructura ocupacional en el plano sectorial parece reflejar las tendencias
observadas en el mundo productivo (Bertranou, Casanova y Sarabia, 2012).
La ausencia de cambios estructurales significativos durante los años 2000
pese al dinamismo que registró el nivel de actividad conlleva, necesariamente, a realizar una mirada más retrospectiva sobre la composición sectorial y
los encadenamientos locales.
70
Al respecto, el Gráfico 7 da cuenta de la destrucción de encadenamientos
productivos interindustriales durante el último cuarto del siglo XX, ya que la
mayoría de los sectores de actividad se han desplazado hacia abajo –lo que
refleja una destrucción de encadenamientos locales hacia adelante en 1997
respecto de 1973– y hacia la izquierda –lo que da cuenta de una pérdida
de encadenamientos hacia atrás o, en otras palabras, una contracción de
las demandas inter–industriales domésticas en 1997 respecto de 1973–. A
su vez, la reducción del tamaño de los círculos de los sectores productores
de bienes da cuenta de la menor participación relativa en el valor agregado
total para cada año. Este período conjugó una direccionalidad clara de las
políticas locales –hoy en día todos conocemos la implicancia de las famosas
“reformas estructurales” que tuvieron lugar por entonces– así como transformaciones productivas globales con la internacionalización de la producción
de bienes y su consecuente fragmentación. La reconfiguración del mapa
productivo global y los recientes procesos de relocalización de firmas, al
mismo tiempo, acuñaron el término de “cadenas globales de valor”, mientras
las actividades de investigación y desarrollo –al igual que los servicios con
mayor nivel de innovación y conocimiento– tendieron a concentrarse en los
mercados de origen de las firmas multinacionales.
Gráfico 7
Evolución de los encadenamientos productivos en Argentina
2,3
sectores seleccionados
2,2
1973
2,1
Siderurgia
1997
Refinación de petróleo
2,0
Encadenamientos hacia adelante
1,9
Cultivo de cereales, oleaginosas
y forrajeras
1,8
1,7
1,6
Electricidad y gas
Cultivo de cereales, oleaginosas
y forrajeras
1,5
1,4
1,3
Siderurgia
1,2
Sector primario
1,1
Electricidad y gas
Caucho y plástico
Sector primario
0,8
Sustancias y productos químicos
0,7
Total economía
Total economía
1,0
0,9
Refinación de petróleo
Caucho y plástico
Sustancias y productos químicos
Sector automotriz
Industria (excepto alimenticia)
Metalmecánica (sin automotriz)
Sector automotriz
Metalmecánica
0,6
0,5
0,6
0,7
0,8
Industria (excepto alimenticia)
Total Industria
Total industria
0,9
Fuente: Carregal, Coatz y Sarabia (2013) basado en datos de la MIP’73 y la MIP’97.
Metalmecánica
Metalmecánica (sin automotriz)
1,0
1,1
Encadeanamientos hacia atrás
En esta línea, conforme una radiografía de la estructura productiva argentina
en 1973 y 1997 (Gráfico 8) es posible observar el incremento sustantivo de
71
las importaciones a costa de las compras intermedias de productos nacionales: tanto la metalmecánica como el sector automotriz y los subrubros
vinculados con transporte –por ejemplo el naval– confirman esta tendencia.
Mientras las importaciones del rubro metalmecánico (excluyendo transporte)
pasaron de representar un 10% del valor bruto de producción (VBP) sectorial
en 1973 al 16% en 1997; el sector vinculado con el transporte –automotriz y
otros– mostró un cambio más profundo, pasando del 7% al 24% en el mismo
período. En tanto, los usos nacionales como porcentaje del VBP –las compras intermedias de cada sector a otras industrias de producción local– pasaron del 57% al 46% en la metalmecánica y del 64% al 44% en automotriz,
en 1973 y 1997, respectivamente.
Gráfico 8
Compras totales desagregadas por tipo de demanda
Importaciones
6,4%
4,8%
3,6%
Metalmecánica
Automotriz y transporte
2,4%
Resto compras nacionales
3,4%
9,9%
3,7%
2,7%
0,7%
1,7%
1,8%
0,8%
19,2%
6,7%
5,9%
18,3%
85,2%
84,7%
93,0%
95,1%
72,8%
55,8%
1973
1997
Demanda intermedia
1973
1997
Consumo final (privado+público)
1973
1997
Inversión
Fuente: CEU-UIA estimaciones propias sobre la base de la MIP'73 y MIP'97, MECON e INDEC.
En esta línea, la estructura de las compras totales según componente de
la demanda intermedia y final muestra que en 1973, las compras al sector
metalmecánico representaban un 4,8% del conjunto compras intermedias
del sector productivo, las compras a automotriz implicaban un 3,6% y las
importaciones representaban un 6,4% de ese total. En tanto, en 1997, las
compras a metalmecánica y automotriz se redujeron a 3,7% y 1,7%, mientras
las importaciones pasaron al 9,9% en lo que refiere al total de demandas
intermedias. En relación con las demandas de consumo final –tanto privado
como público– también se observa esta tendencia.
Sería injusto soslayar los avances hacia una mayor integración local de las
cadenas de valor. También ejemplos puntuales como la TV digital, los bio-
72
combustibles, la industria naval, la nuclear y la farmacéutica, entre otros.
Sin embargo, Argentina aún tiene una deuda pendiente: es imprescindible una política integral con miras a aumentar el nivel de integración de la
industria local, sustituyendo eficientemente importaciones y promoviendo
exportaciones con mayor valor agregado. Pese a que muchas empresas
desarrollaron y consolidaron ventajas competitivas dinámicas a partir de
cambios técnicos y organizacionales, innovación y diferenciación de productos, aún no lograron conformar un núcleo dinámico que refleje un entramado industrial significativo. La política industrial y una dinámica de
cambio estructural sigue siendo una deuda pendiente, conllevando a una
retroalimentación negativa entre los elementos macro (menor demanda,
inflación, apreciación cambiaria) y micro (mayor requerimiento de divisas
para las importaciones).
Al análisis de largo plazo y la fragilidad señalada, se suman las tensiones
macro–estructurales como el déficit energético y la problemática del transporte y logística –así como su impacto en la competitividad sistémica– que
profundizan la coyuntura compleja imperante desde 2012. Las tensiones estructurales que surgen tras períodos de crecimiento sostenido con ausencia
de cambios en la matriz productiva pueden desembocar en una restricción
externa tal como en los ciclos de stop and go. A su vez, el incremento de
las importaciones liderado tanto por la producción como por el consumo se
tornan críticos en materia de absorción interna. No solo porque conllevan a
un deterioro de la cuenta corriente, sino porque generan un desplazamiento
de la producción local con severas implicancias sobre el nivel de actividad y
las condiciones sociolaborales de nuestro país.
Por un lado, Argentina se enfrenta a la necesidad de diversificar su estructura
productiva para evitar dichos ciclos y propiciar un sendero de crecimiento
genuino. A ello se suma que la economía argentina es una economía cada
vez más abierta, incluso más que en los noventa. El coeficiente de apertura comercial, la suma del total de las importaciones más las exportaciones
como porcentaje del PIB, pasó del 19% en 1998 a más del 36% en 2011.
Esto significa que tanto las ventas como las compras al exterior han crecido sustancialmente y en forma más acelerada que el producto, además del
efecto de cambios en los precios relativos.
Por otro, hasta tanto no se diversifique esa estructura y se sostenga un crecimiento elevado, aumentará la demanda de divisas para hacer frente a las
crecientes importaciones (ver gráfico de elasticidades en sección 2.1). Para
evitar que estos ciclos de crecimiento se interrumpan por estrangulamiento
externo, un programa claro con metas e incentivos podría contribuir a ese
cambio estructural. En esta línea, el análisis del intercambio comercial argentino por grandes rubros manifiesta que el déficit comercial en MOI mantuvo
un carácter crónico y creciente durante dicha década. Por ello a continuación
73
se discute el origen estructural del déficit, los cambios y los desafíos que
presenta la Argentina en el marco del debate sobre cambio en la estructura
y reindustrialización, suscitados en los últimos años para luego detallar el
origen y las características del déficit comercial en el rubro industrial
2.1. El déficit crónico en Manufacturas de Origen Industrial (MOI)
Argentina es un país que, a pesar de presentar un PIB per cápita relativamente bajo a comparación de los países más desarrollados, aún mantiene un
entramado industrial denso y complejo que desempeña un rol central tanto
en la generación y en la distribución del valor agregado como en la inversión.
La formalidad y el salario promedio del empleo industrial es superior a la del
promedio de la economía, mientras la inversión productiva permite ampliar la
capacidad instalada y aumentar el producto bruto potencial. De hecho, distintas estimaciones convergen en que si la economía no tuviese ningún tipo
de arancel y restricciones y no existiera ningún tipo de actividad industrial, el
déficit de divisas sería poco más del doble (más de USD 60.000 millones), más
allá de costos sociales, tecnológicos e institucionales que ello acarrearía.
Sin embargo, el carácter crónico y creciente del déficit comercial en MOI manifiesta un desafío del proceso de crecimiento de la economía en su conjunto:
requiere de la importación de productos industriales, pasando por los sectores productores de bienes y servicios en cuanto a demandas intermedias y
por las familias en tanto sujetos de la demanda final. De hecho, el déficit en
MOI alcanzó un nuevo récord de USD 31.987 millones en 2011; el 53% se
concentró en maquinarias y aparatos eléctricos, rubro que contempla desde
bienes de capital hasta bienes de consumo final. Siguiendo en orden de importancia, productos químicos y conexos y material de transporte terrestre.
A mayor demanda –tanto doméstica como externa– los requerimientos directos e indirectos de todos los sectores de la economía se intensifican en términos de insumos, bienes intermedios y de capital para producir bienes finales.
De este número suelen realizase lecturas simplistas que mencionan que el
déficit es originado por el sector industrial y su falta de integración y eficiencia.
Ejemplo de ello son el sector agropecuario –que demanda maquinaria agrícola, fertilizantes y agroquímicos–, la construcción y el transporte –que requieren
maquinarias y materiales específicos que no se producen localmente así como
los equipos térmicos y los combustibles fósiles (gas y petróleo) indispensables
para el funcionamiento del sector energético en particular y de la economía en
particular–13. Esto también se evidencia con bienes finales de alta tecnología –
celulares, tablets, smartphones y electrodomésticos– así como con alimentos,
indumentaria y muebles de alta gama producidos en el exterior. En otras palabras: cuando mejora el poder adquisitivo de la población y crecen el conjunto
Si bien el déficit comercial de la balanza energética significó entre USD 2.800 y USD 2.900
millones de dólares en 2011 y 2012 y se estima que en 2013 se incremente considerablemente
más, el tema requiere un tratamiento en profundidad que queda fuera del presente análisis,
focalizado en el subrubro MOI.
13
74
de los sectores productivos, se incrementa la demanda de productos importados dada la estructura imperante, ya sea porque no se producen localmente o
por costos o calidades diferenciales.
Gráfico 9
Déficit comercial total en MOI millones de dólares corrientes, 2011
53%
-­‐16.960
-­‐10.293
-­‐31.987
Déficit
Déficit
MOIen MOI
-­‐4.337
-­‐2.989
-­‐2.784
-­‐1.509
-­‐1.416
-­‐1.290
-­‐898
-­‐790
-­‐683
-­‐482
-­‐409
-­‐87
Maq/Ap.eléctricos
Químicos
Transp.terrestre
Resto MOI
Plásticos
Textiles
Met.básicos
Caucho
Papel
Transp.aér/acuático
Calzado
Manuf.piedra, yeso
Cuero
2.645 Piedr/Met.preciosos
Fuente: CEU - UIA en base a datos de INDEC
Casi la totalidad de dicho déficit (93%) se explicó por China (32,2%), Brasil
(24,3%), la Unión Europea (20,6%) y Estados Unidos (15,3%) en 2011
(Gráfico 9). No obstante, que tanto China como Brasil hayan incrementado
el componente importado de sus exportaciones industriales, conduce a que
Argentina haya aumentado, indirectamente, su déficit comercial en MOI con
las potencias industriales tradicionales como Japón, Alemania, Francia y
EEUU. Koopman, Wang y Wei (2008) destacan que las exportaciones chinas
de electrónica (que explican el 57% de déficit bilateral en MOI con Argentina)
son las que registran la menor incorporación de valor agregado local –léase
chino– (solo el 4,6% del valor); mientras que la industria cementera se
encuentra en el extremo opuesto (86,4%).
Gráfico 10
Déficit comercial en MOI con China
millones de dólares corrientes, 2011
-5.865
-10.293
Déficit en MOI
Fuente: CEU - UIA en base a datos de INDEC
-1.114
-881
-607
-580
-443
-256
-141
-124
-103
-93
-34
-30
-24
Maq/Ap.eléctricos
Químicos
Resto MOI
Transp.terrestre
Textiles
Met.básicos
Plásticos
Calzado
Manuf.piedra, yeso
Cuero
Caucho
Papel
Transp.aér/acuático
Piedr/Met.preciosos
75
Gráfico 11
Intercambio Bilateral Argentina - China
19%
8,000
14%
6,000
4,000
9%
2,000
5%
4%
4%
0
-1%
-2,000
-6%
En millones de dólares
En porcentaje sobre el total de importaciones
14%
-4,000
Participación de Impo desde China
-11%
-6,000
Déficit argentino en intercambio MOI - eje derecho
-6,819
-7,422
-16%
2000
2001
2002
2003
2004
2005
2006
2007
2008
2009
-8,000
2010
Si bien para Argentina Brasil representaba el 24,3% del déficit MOI, este
socio comercial constituye uno de los principales destinos de sus exportaciones industriales. Sin embargo, a los largo de los últimos años, este país
ha incrementado la participación de productos chinos, fundamentalmente
maquinarias y aparatos eléctricos (57%) (Gráfico 10) en su economía al igual
que en Argentina: mientras China explicaba un 8% del déficit MOI en 2000;
llegó a concentrar el 32,2% del dicho déficit en 2011, a costa de Brasil y Estados Unidos (Gráfico 11). Entre las exportaciones argentinas con destino a
China predominan los productos primarios e insumos alimenticios y, sumado
a ello, durante los 2000 hubo una fuerte reprimarización de las exportaciones
a aquel país.
Gráfico 12
Déficit comercial en MOI con Brasil
millones de dólares corrientes, 2011
-2.800
-1.224
-779
-779
-7.778
Déficit en MOI
Fuente: CEU - UIA en base a datos de INDEC
-374
-344
-336
-299
-250
-243
-185
-159
-5
Maq/Ap.eléctricos
Met.básicos
Químicos
Transp.terrestre
Papel
Resto MOI
Transp.aér/acuático
Caucho
Textiles
Calzado
Plásticos
Manuf.piedra, yeso
Piedr/Met.preciosos
76
Gráfico 13
100%
90%
95%
92%
91% 92% 92% 93% 92%
91% 90%
90%
89% 90% 90% 90%
89% 88% 88%
89%
87%
85%
80%
70%
60%
57% 58%
55%
50%
55% 53% 53%
52% 52% 52% 51%
53% 53%
52% 51%
50%
48%
42%
40%
39%
34%
31%
30%
20%
10%
0%
1992
1993
1994
1995
1996
1997
1998
1999
2000
2001
2002
2003
Argentina
2004
2005
2006
2007
2008
2009
2010
2011*
Resto del mundo
De todas maneras, y a diferencia de lo ocurrido en el resto de la región, Argentina fue prácticamente el único país que no evidenció una primarización
de sus exportaciones durante la última década. Las exportaciones de MOI se
incrementaron sostenidamente a lo largo de la década, permitiendo compensar, en parte, el crecimiento del déficit comercial en dicho rubro (Gráfico 13).
En otras palabras, de haberse replicado la tendencia de las exportaciones de
los países de la región, el déficit MOI hubiera sido aún mayor. En este sentido, las medidas que afectan al comercio son centrales para evitar tanto la
reversión del saldo comercial positivo como la destrucción de capacidades
locales y de puestos de trabajo. De hecho, también son fundamentales para
sostener el crecimiento de la producción nacional. Tal es así que en el gráfico
14 se muestra que Argentina es el único país de América latina donde el porcentaje de exportaciones industriales es superior en 2011 que el del período
Gráfico 14
Porcentaje de exportaciones industriales sobre
exportaciones de bienes
80.00
70.00
60.00
68.19
69.40
2002-2003
2011
60.60
58.20
50.20
50.00
47.70
40.76
40.00
29.44
30.00
29.00
22.16
20.00
10.00
0.00
Argentina
Brasil
Chile
Colombia
FUENTE: CEU UIA en base a datos de INDEC (Argentina), Ministério do Desenvolvimento, Indústria
e Comércio Exterior (Brasil), Banco Central de Chile, Ministerio de Comercio, Industria y Turismo
de Colombia y Ministerio de Turismo y Comercio Exterior (P
Peru
77
2002–2003 en América latina y en precios constantes se observa que fue el
rubro que más se incrementó, es decir que sin considerar el efecto precios a
favor de las materias primas ocurrido en la última década, el crecimiento de
las exportaciones de MOI hubiera sido superior (Gráfico 15).
Gráfico 15
50.000 45.000 40.000 35.000 30.000 Exportaciones a precios constantes
En millones de USD deflactados por el índice de precios correspondiente (1993=100)
Combustibles y Energía
Manufacturas de Origen Industrial
Manufacturas Origen Agropecuario
Productos Primarios
25.000 20.000 15.000 10.000 5.000 0 2000 Fuente: CEU - UIA en base a datos de INDEC y MECON.
2011 En materia de exportaciones, cabe destacar que la participación del sector
automotriz se ha incrementado en 1997 como producto del acuerdo sectorial
de complementación productiva en el marco del Mercosur, denominado Política Automotriz Común (PAC)14. Si bien el complejo automotriz es el principal
complejo exportador argentino de carácter industrial, con un 12,6% del total
de las exportaciones –solo precedido por el complejo sojero con 22,3%– y
340.165 unidades enviadas a Brasil en 2012 (82% del total de unidades exportadas), todavía queda un largo camino en términos de integración local y
regional en materia de autopartes. He aquí un problema estructural en torno
a la necesidad tanto de desarrollar proveedores locales de forma de reducir
los requerimientos de divisas y potenciar el empleo sectorial como de generar un equilibrio en el intercambio bilateral. Sin embargo, no se puede hacer
caso omiso a los acuerdos concretos de integración entre Argentina y Brasil,
que reflejan una potencialidad real que aguarda ser explotada.
Existen algunos casos concretos de integración productiva entre Argentina
y Brasil que reflejan una potencialidad real que hasta el momento no ha sido
lo suficientemente explotada. Argentina y Brasil representan un 76% de las
exportaciones mundiales de soja, 45% del maíz, más del 18% del aceite de
girasol y más del 20% de la producción de carne bovina y aviar, que utilizan
Los acuerdos bilaterales resultantes, mediante la especialización en modelos y tamaños específicos, apuntan a establecer la liberalización comercial. La entrada en vigor del nuevo acuerdo
sectorial se había estipulado en julio de 2013, la cual fue postergada un año.
14
78
parte de la producción agrícola como forraje. Sin embargo, hay aspectos
en los cuales resta afrontar una estrategia integral para hacer pie en una
estrategia de desarrollo. Por ejemplo, la producción de alimentos con valor
agregado en origen representa un objetivo buscado por ambos países, que
cuentan con excelentes condiciones para llevarlo a cabo desde la calidad de
los productos y su know how. Si bien generar una estrategia de marketing
es sumamente importante para este proceso, también es cierto que buena
parte del valor agregado lo brinda el packaging, componente elemental para
la exportación de alimentos con valor agregado y marca (bolsa de azúcar,
alimento balanceado, etc.). Para nuestros países, el objetivo es pasar de ser
el granero a ser el supermercado del mundo.
Ambos países cuentan con sectores productivos donde existen elevadas
oportunidades de complementación. Uno de ellos es el aeronáutico, donde
Brasil domina el mercado de aviones medianos con la firma Embraer, el tercer mayor fabricante de aviones comerciales del mundo, y en el que Argentina recientemente renacionalizó la ex Área Material Córdoba y cuenta con una
rica tradición productiva. A su vez, este sector también puede transformarse
en un polo complementario de la fabricación de aeropartes, incrementando
notablemente su potencialidad. Otro sector con perspectivas alentadoras es
el de celulosa y papel. Allí, Brasil es uno de los principales productores a
nivel mundial y Argentina posee masa forestal de pino excedente, que es
adecuada para producir celulosa de fibra larga y que podría servir para poner en funcionamiento una planta productora de papel de embalaje que, a
su vez, serviría para producir packaging previamente mencionado. Es fundamental comprender que las perspectivas y las posibilidades que ofrece
la integración, tanto de las fronteras hacia adentro como hacia afuera, son
sustancialmente mayores a las que podrían aspirar cada una de las partes
por separado.
3. La plataforma regional como base para la política industrial
La integración productiva puede ser entendida como la inserción de los aparatos productivos nacionales en redes o cadenas globales de valor a través
de estrategias de integración de tipo vertical u horizontal. Aunque esto no
implica unilateralmente sucumbir intereses locales de agregación de valor y
generación de encadenamientos productivos. De hecho, el desafío clave es
desarticular el modelo cuyo eje es la exportación de materia prima y bregar
porque esa materia prima mute en productos elaborados significa pensar
Latinoamérica como una región interconectada vía la agregación de valor.
La clave radica en aumentar el valor agregado de las exportaciones más
que en especializarnos en productos básicos, lo cual debe generar escalas
sectoriales para ir reduciendo paulatinamente importaciones en los segmentos de mayor contenido tecnológico: fortalecer la densidad del entramado
79
industrial argentino con miras a responder demandas inter e intrasectoriales,
incrementar tanto los encadenamientos productivos y la escala de producción como sus interacciones con la estructura social. En el año 2012 un 54%
de las exportaciones fueron explicados por complejos exportadores, aunque
pocos sectores representan productos diferenciados con mayor valor agregado (Gráfico 16).
Gráfico 16
Complejos exportadores seleccionados
20.000
18.000
2012
18.060
16.000
54% de las expo
14.000
USD 43,8 MM
12.000
10.168
10.000
8.450
Commodities/Insumos
8.000
Productos con VA*
Total complejo
6.000
4.000
2.336
2.000
2.261
1.816
713
0
Soja
22,3%
Automotriz
Maíz+Trigo Frutihortícola
12,6%
10,4%
2,9%
Oro
2,8%
Siderúrgico
2,2%
Aluminio
1%
Fuente: CEU-UIA sobre la base de INDEC.
*Para la estimación de valor agregado, se utilizan las últimas ponderaciones, actualizadas a 2011
Si bien un proceso semejante conlleva a la imposibilidad de sustituir determinados insumos en el corto plazo, la construcción y el fortalecimiento de
capacidades productivas e innovativas involucran procesos de acumulación
y aprendizaje de mediano plazo cuyos resultados comienzan a observarse
a medida que transcurre el tiempo. Las capacidades competitivas deben
ser profundizadas en el plano regional de modo tal que permitan acelerar el
desarrollo de complementariedades estratégicas y una consiguiente especialización, incluyendo el fortalecimiento de la red de proveedores con fuerte
participación de las pymes locales.
Con miras a resolver las dificultades estructurales que presenta América latina
como bloque regional y, asimismo, consolidar los beneficios económicos y
sociales en la región, hay cierto consenso de los ámbitos políticos y académicos
en avanzar en la integración productiva. En esta línea, algunos plantean una
nueva fase del proyecto de integración debido al cambio en la orientación y
en sus objetivos centrales que parecen responder a dos nuevos consensos
emergentes: por un lado, los procesos de complementación productiva y la
80
conformación de eventuales cadenas regionales de valor requieren, para su
desarrollo, mecanismos de coordinación eficaces que puedan aprovechar
las potencialidades del mercado ampliado; por otro, el Mercosur debe tener
como prioridad administrar los problemas de asimetría competitiva entre
sus países miembros y que, en este marco, la complementación productiva
pueda favorecer la creación de ventajas dinámicas y hacer más equitativa la
distribución de los beneficios potenciales del mercado ampliado (De Ángelis
y Porta, 2012).
A nivel regional, la integración productiva también ha ganado espacio en la
agenda pública a través de instituciones como la UNASUR, el Mercosur y
la CELAC y sus Estados miembros. Profundizar la integración entre Argentina y Brasil es una oportunidad para propugnar un crecimiento sostenible
y reactivar el círculo virtuoso: la inversión aparece como el nexo de la integración productiva y comercial mientras la vinculación con redes de proveedores locales podría retroalimentar ese crecimiento. La integración juega,
entonces, un rol acuciante en el sendero hacia el desarrollo, y la región tiene
el potencial necesario para avanzar en este sentido. Solo el Mercosur (con
Venezuela) representan un mercado de 277 millones de personas; si se considera toda América del Sur se obtiene un mercado de 391 millones; y si se
añade Centro y el Caribe llegan a 597 millones de habitantes. A su vez, son
muchos los países que tienen una base industrial sólida con gran capacidad,
que son abundantes en recursos naturales estratégicos (agua, proteínas, minería, energía) y que han avanzado en una estructura institucional más densa
y compleja.
Enfrentar este desafío implica aunar esfuerzos del sector público y privado
sin dejarse seducir por promesas de mercados ya consolidados frente a la
parálisis de las negociaciones multilaterales. La integración regional ha cobrado significativa importancia de la mano de la globalización, puntualmente al analizar el desempeño de los grandes bloques. Pese las dificultades
que conlleva, los países en vías de desarrollo necesitarán más que nunca
asociarse en espacios más amplios y coordinar estrategias y políticas. Sin
embargo, aún queda un camino por recorrer. Tal como se mencionó en la
sección primera, en Europa el comercio regional de bienes representa tres
cuartos del total de las exportaciones del bloque en este rubro; en Asia y en
América del Norte supera la mitad del total de las exportaciones de bienes;
mientras tanto, en América del Sur y Central, este apenas alcanza una cuarta
parte del volumen exportado del continente.
Un proceso de desarrollo económico sustentable e inclusivo para América
latina requiere reasignar recursos hacia sectores o actividades intensivas en
conocimiento y en innovación tecnológica. Es necesaria la diversificación hacia sectores y actividades que tengan un rápido crecimiento de la demanda,
81
interna y externa, de tal forma que dicha demanda pueda ser atendida con
oferta interna, y que las exportaciones y las importaciones crezcan de forma
balanceada, sin generar presiones insostenibles en la balanza de pagos.
En resumidas cuentas, es necesario construir una estrategia común que permita reducir algunas barreras existentes al comercio regional, potenciando
mecanismos de sustitución de importaciones extrazona e implementando
políticas específicas de incentivo al agregado de valor en origen15 a través de
marcas locales y ampliando la base empresaria exportadora de productos
como girasol, trigo, cítricos, frutas de pepita, aceitunas, té, galletitas, golosinas, vinos y mostos, etc. Es posible consolidar los beneficios económicos y sociales en el plano regional, pasando tanto por procesos de complementación productiva como a través de la conformación de cadenas latinas
de valor y la ampliación del mercado. Estos procesos demandarán saldar
dificultades conjuntamente: en el ámbito público, aquellas que manifiestan
conflictos latentes entre competencia y cooperación y, en el ámbito privado,
potenciar oportunidades conjuntas y desanimar las amenazas permanentes
como fruto de la integración (Porta, 2010). La construcción de este sendero
evolutivo permitirá sortear las debilidades y asimetrías estructurales de los
países de América latina.
4. A modo de reflexión
Frente a un futuro complejo e incierto en múltiples dimensiones, el regionalismo
se va consolidando lentamente a nivel mundial en tanto estrategia geopolítica
y económico–productiva permitiendo balancear lentamente las relaciones de
poder a nivel global. El surgimiento de China no es lineal: no es claro que el
mundo avance hacia un nuevo esquema bipolar, sino que está construyendo
un paradigma en el que la multipolaridad con alianzas cruzadas y cambiantes
será la norma por varias décadas. Esta multipolaridad requerirá de una política
exterior cuyo foco resida en la definición clara de los intereses. La tensión
entre países en un mundo en crisis apunta a dos variables: los recursos
A modo de ejemplo, el litio es un insumo imprescindible en la industria electrónica. Argentina,
junto con Bolivia y Chile, poseen cerca del 55% de las reservas mundiales, cuyo costo de extracción está entre los más bajos del mundo. La demanda actual se concentra en unos pocos
fabricantes de baterías recargables. El desafío local y regional consiste en superar un esquema
de proveedor de materia prima, priorizando la producción final de alto contenido tecnológico y
amigable con el medio ambiente. Actualmente, en el mundo se fabrican un millón de baterías
de Li–Ion para vehículos híbridos y se estima que ese número ascenderá a 5 millones de unidades en 2020. Solo en Argentina y Brasil se producen más de 4,3 millones de automóviles al
año con una industria fuertemente integrada regionalmente y con la posibilidad de desarrollar
no solo automóviles, sino también autopartes especializadas en autos híbridos. El desafío es,
pues, avanzar en el desarrollo de nuevos proyectos que contemplen no solo la producción de
esas baterías de Li–Ion, sino también que impulsen otros desarrollos conexos como el diseño y
fabricación de motores eléctricos, por ejemplo.
15
82
naturales y la agregación de valor. La corriente global invita a América del
Sur a apostar a la primera y olvidar la segunda. El desafío de la región es
compatibilizar ambas de forma integrada. La región debe discernir si su rol
va a quedar supeditado al deseo de los bloques de mayor tradición industrial
o si está dispuesta a fortalecer sus lazos internos y avanzar gradualmente
hacia la integración y el desarrollo productivo.
En este proceso, la política comercial externa de Argentina juega un rol clave tanto para resguardar el mercado frente a la competencia desleal como
para la inserción internacional y el desarrollo de sectores estratégicos. Sin
embargo, no es el único instrumento de política: esta debe ser articulada
con diversas intervenciones públicas, evitando tanto la superposición como
la generación de efectos contrapuestos. El margen de maniobra para incrementar la demanda externa se torna relativamente nulo ya que la competencia desleal gana terreno tanto por guerras cambiarias silenciosas y trabas
al comercio como por menores salarios relativos, subsidios cruzados o vía
el proteccionismo sofisticado. A su vez, el incremento de las importaciones
liderado tanto por la producción como por el consumo se tornan críticos en
materia de absorción interna. No solo porque implican a un deterioro de la
cuenta corriente, sino porque generan un desplazamiento de la producción
local con severas consecuencias sobre el nivel de actividad y las condiciones
sociolaborales de nuestro país.
Frente a ello se torna crucial diseñar una estrategia de largo plazo para profundizar el cambio en la matriz productiva y repensar tanto el tipo de inserción externa como la integración regional. Dicho escenario prospectivo
debe apuntar no solo a generar escalas sectoriales para ir reduciendo paulatinamente importaciones en los segmentos de mayor contenido tecnológico,
sino también a fortalecer la densidad del entramado industrial argentino con
miras a responder demandas inter e intrasectoriales.
Esto implica tanto la coordinación de políticas macro como el diseño de políticas focalizadas y selectivas orientadas al desarrollo de infraestructura y
transporte así como de sectores estratégicos conforme, por ejemplo, la integración aguas arriba y aguas abajo en la cadena de valor. Como todos
los países del mundo, Argentina requiere de productos importados. La clave
está en el tipo de producto que importa y exporta. Los países industrializados con elevado PIB per cápita también presentan un nivel de importaciones
elevado, pero concentran y generan la mayor parte de la agregación de valor
y contenido tecnológico del producto. De lo que se trata, en nuestro caso, es
de elevar la calidad del debate hacia otro nivel: acordar conceptos, discutir
herramientas y la manera de gestionarlas. Todo en base al modelo de país e
inserción internacional que aspiremos. Así quedarán bien definidos aliados y
características del proceso de integración.
83
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85
¿Tipo de cambio real
competitivo y estable?
Alejandro Fiorito*
“...durante los 90 se aplicaron en Latinoamérica, nueve de los diez
puntos del Washington Consensus. Solo el tipo de cambio devaluado
o ‘competitivo’ no se llevó a la práctica. La teoría neodesarrollista es el
Washington Consensus completo”.
Eduardo Crespo
Cierre del Congreso de ESHET, 20121
1. Las políticas económicas y la ortodoxia económica
América Latina tuvo un final de siglo XX que se caracterizó por una liquidación de activos de sus Estados Nacionales en un marco político general de
consenso convencional, ora en su interpretación ortodoxa, ora en posiciones institucionalistas. Bajo distintas modalidades de desinversión, desde los
noventa, las privatizaciones habían alcanzado hacia el 2002, la cifra de 1.1
billones de dólares de la venta de activos públicos. (Medeiros, 2010)
Las motivaciones de esta privatización, no provenían de que el Estado fuera
una fuente crónica de ineficiencia, –como el constante latiguillo menta. Puede verse de datos del Banco Mundial, (1995), que al revés (Gráfico 1), en el
período anterior a los 90, los países de la región crecieron más rápido con
una mayor y no una menor intervención estatal, en lo que Ocampo denominó
“crecimiento dirigido por el Estado”.
Ilustración 1. Crecimiento del PIB por trabajador, 1990–2007 vs. 1950–1980
(Ocampo, J., 2008)
* Profesor e investigador de Universidad Nacional del Luján, Argentina.
1
Ver en http://www.youtube.com/watch?v=P9zh79o2FV4&feature=player_embedded#!
86
Sin embargo, luego de los 90, ingresa en el olvido la agenda del desarrollo y
se vuelve con dos pilares consensuales de la economía convencional: a) las
finanzas “sanas” y b) el tipo de cambio “competitivo”.
A) La disciplina fiscal y finanzas “sanas”
El clima del Consenso de Washington (Williamson, 1990), sobre las políticas
“deseables” que debían ejercer los Estados, como desregulación, liberalización, y privatización sirvieron como soporte ideológico, para establecer las
llamadas “reformas” pro mercado (Davidson, 2003, p. 3) El objetivo de las
mismas fue dar sostén a las premisas del laissez faire ortodoxo en que la
“disciplina fiscal” fue internalizada también en los análisis de algunos economistas heterodoxos, y en la que aún hoy prevalece intacta en medio de la crisis mundial actual. Los argumentos convencionales han permeado el sentido
común económico, y han instalado que los excesivos gastos de gobierno
son generadores de “inflaciones por demanda”, y que llevan a un crowding
out, o efecto desplazamiento (ED) sobre la inversión privada, y pérdida de
credibilidad política, dependiendo del enfoque ortodoxo que se trate.
El E.D. en la síntesis neoclásica, se basa en general en el predominio del
efecto sustitución por sobre el efecto ingreso, con el supuesto de que las
economías se encuentran en pleno empleo. El Estado gastaría un ahorro de
pleno empleo, que no podría utilizar la inversión privada. Existen otras versiones de E.D., sin el supuesto de pleno empleo, donde actúa la elevación
de la tasa de interés debido a la sustitución producida por el gasto público,
o bien el aumento de demanda de dinero por aumento de transacciones, (B.
Friedman, 1978, p. 629), o el “portfolio E.D.” (Tobin y Buiter, 1976) o bien en
vínculo con la equivalencia ricardiana, (Barro, 1974). Por el lado de los Nuevos Clásicos y los Nuevos Keynesianos, siguen la lógica bajo los supuestos
de expectativas racionales (agentes con información completa, previsión
perfecta). (Ver en Pérez Caldentey, E. y Vernengo, M., 2010; Forestieri, P.,
2008; Fiorito, A., 2010).
Pero el punto más extremo en la línea de política inmutable del FMI (ver Vernengo & Ford, 2014), lo ha marcado la noción de que las políticas fiscales
solo sirven, en momentos en que existe una grave recesión, junto a una gran
capacidad ociosa, y donde las políticas monetarias no surten efecto. De lo
contrario son consideradas como desestabilizantes.
“La sabiduría convencional actual sostiene que es improbable que los
cambios discrecionales en la política fiscal hagan mucho bien, y pueden más bien dañar” (Blinder, 2006, p. 52).
“Existe un amplio consenso en la profesión económica que una deliberada política fiscal “contraciclica” no ha contribuido a la estabilidad
económica y pudo realmente haber estado desestabilizando en el pasado” Feldstein (2002).
87
Es por esto, quizá, que la posición convencional del tema fiscal es hoy
extrañamente lo opuesto a lo que solía ser con la síntesis neoclásica: ahora
una reducción de los déficits, ¡resultaría expansiva!! Tal como se expone
inicialmente en (Gavazzi & Pagano, 1990)2 y que se ha difundido más con los
manuales de Blanchard, en base a algún tipo de justificación por expectativas.
Normalmente son los controles de capitales los que permiten, más allá del
manejo de la flexibilidad del tipo de cambio, la posibilidad de mantener baja
la tasa de interés (descontando un diferencial de intereses nominales neutral),
y evitar el crecimiento de la deuda pública y el déficit nominal, sin recaer en
las peticiones ortodoxas de obtener superávits primarios3.
Ya el propio Keynes afirmaba en las negociaciones previas a Bretton Woods,
que para garantizar la eutanasia del rentista, el banco Central debía regular
la tasa de interés, de manera independiente de las presiones del exterior, que
los movimientos de capitales no debían ser irrestrictos, “we cannot hope to
control rates of interest at home if movements of capital moneys out of the
country are unrestricted” (Keynes, 1980, p. 276). Claro está que se refería a
países centrales y no a un país aislado.
B) El tipo de cambio competitivo
Haciéndose eco de esta visión convencional, una gran cantidad de economistas latinoamericanos autodenominados “nuevo desarrollistas” postulan
además como acicate para el crecimiento económico el tener un “tipo de
cambio competitivo” o devaluado para incentivar la demanda de exportaciones combinado con ajuste fiscal para evitar la “inflación de demanda”. Es
significativo, sin embargo, que a pesar del amplio consenso internacional, no
existen evidencias empíricas que las exportaciones y las importaciones se
modifiquen demasiado por las devaluaciones y sí en cambio, por las modificaciones del producto efectivo. Se verá en los siguientes acápites que con
un enfoque alternativo coherente teóricamente y pertinente en lo empírico,
que se pueden obtener modelos que expliquen el crecimiento de economías
que no se encuentran en pleno empleo de recursos, evitando las explicaciones convencionales que sí lo suponen.
2. Tres conceptos clave para una visión alternativa
Es así pues que un primer concepto teórico ausente en la ortodoxia y que
es responsable de la merma y faltas de crecimiento, generadoras de períodos de recesión y finalmente expresadas en crisis económicas, es el de
2
Ver crítica en (Barba, A., 2001).
Empíricamente, sin embargo, con respecto a la correlación entre déficit fiscal y tasa de interés
(Gale y Orszag, 2003, p. 475) obtiene resultados muy débiles para el análisis de la economía
norteamericana, sin hablar por supuesto de causalidad alguna.
3
88
demanda efectiva. La causalidad de demanda efectiva en el corto y largo
plazo es un concepto de ruptura y quiebre con la corriente convencional de
la economía, que no la admite (Serrano, F., 1995). Tuvieron que pasar más
de cuatro décadas desde los primeros intentos de (Harrod, 1939) en llevar a
Keynes al largo plazo hasta que diversas líneas heterodoxas4, superaran el
problema de la inestabilidad del crecimiento, y concuerden que este es dirigido por la demanda efectiva. El supuesto convencional que no se cumple
y permite esto, es que las economías no tienden a estar en el pleno empleo
de recursos a largo plazo, lo que convierte al producto potencial o capacidad
productiva en endógenamente determinados por la demanda5 6.
En efecto, esto puede verse con la normalidad en el grado de utilización
de la capacidad productiva de los países, que suele ubicarse entre un 70 y
un 80%, y que implican siempre una posibilidad de respuesta productiva y
no solamente en aumento de precios. Pero también se observa cuando se
produce el crecimiento económico, el grado de utilización aumenta y no disminuye, como tendría que pasar si fuese un impulso liderado por la oferta.
Un segundo concepto teórico que abre las puertas de la economía al resto
de las disciplinas sociales y la historia, es la exogeneidad de la distribución
del ingreso respecto de la teoría del valor y los precios7. La economía política de los economistas clásicos señala este resultado acerca de la división en
clases sociales. Los hábitos, las instituciones y la organización social y política relativa determina el marco nacional en el que se dará la puja redistributiva
por el excedente económico (Pivetti, 1985, 2008). Sobre esto existen también fuertes coincidencias entre las distintas miradas no convencionales8.
Como se observa en la Gráfico 2, y para ilustrar este punto, el crecimiento del
producto per cápita promedio mundial en 40 años, se acompaña con muy
diversas distribuciones del ingreso en distintos países.
Las divergencias sobre qué cosa es la heterodoxia, suelen depender de cuál es el punto impugnado de la línea dominante del pensamiento económico. Kaleckianos, Postkeynesianos y
Sraffianos en punto a la demanda efectiva tienen coincidencia. (Cornwall, 1972; Setterfield,
2002; Lavoie, 2006; Garegnani, 1978; Eatwell, 1979; Kurz, 1995).
4
Las diversas versiones ortodoxas oscilan en considerarlo exógeno a corto y largo plazo, como
las versiones de Real Business Cycle (Nelson y Plosser, 1982) o las del nuevo consenso que
toman como exógenos los picos de Pib a que la economía ha llegado o bien su extrapolación a
determinar la tendencia del crecimiento. (Blinder, 2004, Delong & Summers, 1988).
5
6
Amico, Fiorito & Hang, (2011) para un análisis en la Argentina.
(Garegnani, 1984).Tanto los primeros economistas clásicos con el salario físico dado, como los
contemporáneos con la tasa de interés monetaria dada por decisión de los Bancos centrales
(Pivetti, 1985). Ver también (Kurz, 2011).
7
También existe disidencia, vg. una porción importante de economistas latinoamericanos en
los 50, participaron de la visión de la “ecuación de Cambridge”, donde se toma como exógeno
el crecimiento del producto y endógena la distribución. Ver una argumentación al respecto en
Pivetti, 1985b, Pasinetti, 460-2.
8
89
Ilustración 2. David Weil de Economic Growth: data plotter9
El coeficiente de correlación es cercano a cero, indicando que países con
igual tasa media de crecimiento, poseen diversas participaciones de los
trabajadores en el excedente. Por supuesto que no quiere decir que en
diversos períodos, para un país no puedan encontrarse vínculos temporarios
con un crecimiento de la participación de los salarios, o de las ganancias
en el producto, pero lo importante de esta exogeneidad puesta como prius,
es que no existe una relación automática y mecánica entre crecimiento y
distribución. Ver con aplicación al caso de la Argentina y del Brasil. (Amico,
F. & Fiorito, A., 2011).
Un tercer concepto, en vínculo con los anteriores, el dinero endógeno,
explicado desde las instituciones, el Estado y el poder, en directa oposición
a la visión cuantitativista, el dinero es considerado como criatura del Estado.
(Lerner, 1943) en línea con la posición teórica de Keynes sobre la política
monetaria afectando las posiciones de largo plazo de la economía, y por
ende no neutral10.
9
http://wps.aw.com/wps/media/objects/1409/1443513/plotter/weildataplotter.html
También permite la elucidación entre monedas que están respaldadas por Estados de las
que no lo están, en punto a ocupar el lugar de moneda mundial. (Fields & Vernengo, 2011). En
este trabajo se muestra como el hegemón monetario (dólar) se impone siendo un activo libre de
riesgo de default de deuda para el país que lo genera.
10
90
En suma la no neutralidad del dinero para la economía real y negación de la
existencia de una tasa natural de interés compatible con el pleno empleo de
recursos, (Wicksell, K., 1898) situación a la que se afirma convencionalmente,
tiende la economía. Ya en el capítulo 17 de la Teoría General, Keynes se
despega de dicho concepto wickselliano:
“I had, however, overlooked the fact that in any given society there is, on
this definition, a different natural rate of interest for each hypothetical
level of employment. And, similarly, for every rate of interest there is a
level of employment for which that rate is the ‘natural’ rate, in the sense
that the system will be in equilibrium with that rate of interest and that
level of employment. Thus it was a mistake to speak of the natural rate
of interest or to suggest that the above definition would yield a unique
value for the rate of interest irrespective of the level of employment. I
had not then understood that, in certain conditions, the system could
be in equilibrium with less than full employment. I am now no longer
of the opinion that the concept of a ‘natural’ rate of interest, which
previously seemed to me a most promising idea, has anything very
useful or significant to contribute to our analysis” (Keynes, cap. 17, VI).
Es decir que desde su visión no existe una tasa de interés de largo plazo que
lleve al pleno empleo11.
Por su parte (Sraffa, 1960) desarrolla una crítica del enfoque neoclásico tanto
a las versiones tradicionales anteriores a (Hicks, 1939) como a las versiones
contemporáneas, (Garegnani, 1983b). El trabajo de Sraffa demuestra la
posibilidad de obtención de precios normales con el producto dado, por lo
que su esquema clásico es compatible con varias teorías del producto, entre
las que se encuentra el crecimiento vía la teoría de la demanda efectiva. Y en
tanto la validez de la teoría de Keynes y Kalecki en el largo plazo depende del
abandono de los principios convencionales, ambas teorías se refuerzan juntas.
“There is no logically consistent foundation to the idea the variation in relative
prices, or in the rate of interest, or in money wages, will cause the system to
tend to a full–employment level of output.” (Eatwell, 1979, p.121)
3. El “viento de cola” que evita remontar las políticas de desarrollo12
En los países en desarrollo la cuenta corriente del balance de pagos es un
límite a la expansión de la demanda y del crecimiento que suele aparecer
11
Aunque también es cierto que Keynes mantuvo la pendiente negativa de eficiencia marginal del
capital, que se encuentra detrás de dicha tasa de pleno empleo de recursos (Vernengo, M., 1999).
Con “viento de cola” se referencia a los precios relativos favorables a la región latinoamericana
(bienes primarios) luego del ingreso de China al mercado internacional en 2002.
12
91
mucho antes la restricción física de la capacidad productiva potencial, que
por otra parte es inobservable13. Si existe un superávit en la cuenta corriente
para una determinada política cambiaria, significa que existe lugar para una
mayor expansión fiscal y para mayores importaciones.
Es importante remarcar que los resultados fiscales son endógenos al nivel de
actividad, en tanto que los déficits o superávits nominales abarcan el pago
del resultado primario más los intereses de la deuda pública y la inflación. El
resultado primario solo tiene en cuenta el gasto directo G menos recaudación T. Los intereses sobre la deuda son exógenos y la inflación depende de
aspectos de costos y puja distributiva, ergo cada segmento que conforma el
resultado fiscal considerando intereses depende de variables distintas, y el
resultado agregado final se conoce ex post.
En los países de la región, con décadas de ausencia de políticas de controles
de capitales, e históricamente poseedores de cuentas de capital abiertas
con el exterior, se mantienen tasas de interés elevadas para atraer capitales
dentro de una dada política cambiaria.
Pero cuanto mayor sean las tasas de interés, mayor será el pago sobre la
deuda pública14 y mayor será el déficit nominal, quedando menos lugar para
expandir fiscalmente el gasto público.15 Se agrega a esto, que el consumo
proveniente del mayor pago por intereses no crece proporcionalmente, al
tener este sector perceptor una menor propensión a consumir, generando
–como ocurrió en los últimos años, que la combinación de superávits primarios (el gasto será menor que la recaudación) con déficits fiscales nominales,
se termine limitando la expansión de la demanda y del crecimiento, más allá
de la regresión redistributiva que alimenta este proceso.
Y el camino que ha seguido la región en su crecimiento desde inicios de este
siglo, se debe a su performance externa, y no tanto a su política fiscal, que
es en líneas generales contraccionista, como herencia del Washington Consensus. (Caldentey & Vernengo, 2008).
Latinoamérica tuvo desde 2002 al 2006, el mayor crecimiento del PIB per
cápita promedio anual de su historia (2.8%), donde 14 de 18 países mejoraron su situación externa en dicho período, por la elevación de los términos
del intercambio y aumento de las cantidades exportadas, pero no por una
mayor intervención del Estado en la prosecución de políticas industriales
(Ilustración 4).
92
Ilustración 3. Fuente Banco Mundial
En efecto, si se analiza la posición fiscal (PF)16 de estos países, se puede
ver que mientras desde 1995 hasta 2002, PF fue mayor que uno, pero
posteriormente a 2002, fue menor: “no ha habido, a pesar de la retórica sobre
la importancia del Estado, un despliegue de políticas fiscales anti cíclicas de
corte keynesiano”. Ibídem.
Ilustración 4. Fuente: CEPAL
Precisamente la cuenta corriente del país es la única evidencia empírica que se encuentra con
un problema para crecer.
13
93
4. Una necesaria ruptura con el convencionalismo teórico
De la ruptura teórica con la ortodoxia, se deduce en la práctica política un
quiebre con el Washington Consensus y sus recomendaciones, que ponen
el centro en la disciplina fiscal como un objetivo antiinflacionario, al tipo de
cambio alto como sistema de incentivo de la demanda, y el ahorro como
determinante de la inversión.
Es entendible entonces que los análisis convencionales no tengan en
cuenta las medidas que hay que tomar para desarrollarse, y estén en radical
oposición a las políticas activas desde el Estado. No se está diciendo aquí
que solo con el crecimiento de la demanda autónoma –condición necesaria–
basta para un plan de desarrollo, sino que este debe ser encarado con
medidas activas desde el Estado para corregir problemas inducidos por el
crecimiento, como lo proponía el “Viejo” desarrollismo. Algunas de su hoy
“heréticas” medidas17:
Sustitución de importaciones: para relajar la restricción externa y al mismo
tiempo generar vía efecto Kaldor–Verdoorn un aumento de productividad que
ayuda a la competitividad no precio de las exportaciones manufactureras (Teitel
& Thoumi, 1986).Sin embargo en toda la última década no se ha manifestado
macroeconómicamente un avance significativo en torno a un plan sistemático
en toda la región. En particular para la Argentina, no se observan cambios
sectoriales en ese sentido. Ver un análisis en Guaita, N. y Guaita, S.18.
Promoción de exportaciones no tradicionales: con el esfuerzo fiscal en
pos de diversificar la matriz de exportaciones de manufacturas, (subsidios,
impuestos), alivia la restricción externa.
Control de capitales: para que su entrada o salida no agrave la posición
de reservas del banco central, para el manejo de la política monetaria y
cambiaria.
Políticas industriales como los incentivos y subsidios a la producción
desde una banca de desarrollo que maneje las condiciones de los costos
productivos, en una macroeconomía definida desde la demanda efectiva.
No es evidente, ni deducible, como ya dijimos que una mayor tasa de interés, implique menor
inversión privada, en tanto es una demanda inducida por la demanda autónoma por medio del
acelerador de la inversión.(Fiorito, 2008).
14
15
Ver: Trade and Development Report, 2011, p. 57.
La posición fiscal es la relación entre el gasto público y la recaudación impositiva en términos
del producto. Si G=T, se tiene que la posición fiscal es neutral.
16
17
Ver, para un repaso de estos autores, ver Di Filippo (2000) y Singh y Agarwala (1963).
18
http://www.grupolujan-circus.blogspot.com.ar/2011/11/diamand-y-la-sustitucion-de.html
94
Políticas de ingreso: controles de salarios y precios para relajar las presiones inflacionarias, derivadas del aumento de costos por el crecimiento.
Y es todo esto lo que no se observa en el nuevo desarrollismo y otros analistas que de esta manera dan aval al proceso real que comenzó a comienzos
de este siglo en la región.
No es tan entendible y más bien resulta paradójico, que muchos planteos
criticando políticamente al “Washington Consensus”, mantengan tópicos
importantes sin cambio. Por ejemplo, en las Diez Tesis sobre el “Nuevo Desarrollismo”19, que las diferencias de forma y de política no obstan para que
conceptualmente puntos centrales de la propuesta sean semejantes a dicho
consenso (Williamson, 1990)20.
En efecto, se puede observar la similitud que guardan ambas visiones en el
énfasis en el tipo de cambio competitivo, y la “neutralización de la apreciación
cambiaria”; el “papel secundario del Estado”; o la “disciplina fiscal”. Su destacada tolerancia cero con respecto a la inflación considerada como resultado
de un exceso de demanda por parte de un “populismo cambiario”21 que mantiene déficits fiscales permanentes, refuerza su asimilación ortodoxa en punto
a mantener la “disciplina fiscal”. (Bresser Pereira, 2006, p. 17) El objetivo de
una “política fiscal balanceada” y no una concepción instrumental22 es lo que
termina abortando el canal que va de mayor crecimiento a mayor productividad, dado que reprime el gasto autónomo doméstico23.
En efecto, en (Bresser Pereira y Dall’Acqua, 1991), se recomienda una mayor disciplina fiscal para frenar la inflación. Si bien estos autores rechazan
que los déficits generen la inflación, sin embargo, afirman que la eliminación
de los primeros sería necesaria para controlar la segunda. Pudiendo existir
correlación por muchos motivos, en realidad no hay estudios empíricos que
muestren déficits fiscales causando inflación, y el intento de eliminarla con
mayor “disciplina fiscal” redunda generalmente en una muy fuerte caída de
19
http://www.tenthesesonnewdevelopmentalism.org/theses_spanish.asp
El punto que no se cumplió en los 90 fue el tipo de cambio alto, tal vez por la necesidad de los
países en su momento de cumplir sus pagos de deuda en condiciones financieras más duras.
De tal forma que el FMI, aceptó los anclajes cambiarios como política antiinflacionaria.
20
Si bien es correcta la crítica al populismo, en punto al cuidado de las divisas de un país, las
herramientas del “viejo desarrollismo no son asimilables al primero.
21
22
Lerner (1941,1943) hablaba de la política fiscal como un volante para dirigir la economía.
El principal punto de diferencia destacable con respecto a la ortodoxia por parte de los neodesarrollistas, es el reconocimiento de la existencia de una restricción externa como límite al
crecimiento.
23
95
las tasas de crecimiento económico del producto potencial, como consecuencia de la merma en la demanda y no la inflación24.
El mismo argumento modelizado de un tipo de cambio alto y competitivo, es
hallable en los múltiples trabajos de Roberto Frenkel, quien afirma que una
elevación y sustento del tipo de cambio real genera un impulso de demanda
suficiente para obtener el crecimiento del producto. Su recomendación es
también similar sobre como contrapesar la presión inflacionaria producida:
una política de superávit fiscal (ancla fiscal), o de “austeridad” vía la moderación del gasto público. (Frenkel, R.; 2011).
“Esta interpretación, en la versión de Frenkel, subestimó o desconoció
el rol de la demanda agregada en el proceso de crecimiento y tendió
a buscar en el cambio de los precios relativos (ajuste cambiario) una
explicación por el lado de la oferta (ortodoxa) para la expansión registrada, como por ejemplo el énfasis puesto en el “canal de intensidad
laboral” de la devaluación, resultante de asumir un mecanismo de sustitución “factorial” que tiene origen en la óptica neoclásica” (Amico, F.
2008).
En efecto, esta corriente plantea que el crecimiento de la demanda externa
puede expresarse en el mantenimiento de un tipo de cambio real competitivo
y estable (TCRCE) el que genera la posibilidad de incrementar la demanda de
exportaciones al cambiar los precios relativos hacia un esquema pro transables y pro no–transables por distintos canales. (Frenkel, 2008). Y en tanto demanda redundante con la doméstica, y exige un ajuste fiscal contractivo que
compense dicho exceso. (Frenkel, 2011; Bresser Pereira, 2012; Ros, 2011).
“En resumen, un régimen de TCRCE se diferencia de otros contextos de política en un aspecto crucial: en este régimen la política cambiaria establece
un impulso expansivo permanente sobre la demanda que puede dar lugar
a presión inflacionaria y este impulso es difícilmente regulable mediante la
sintonía fina de la política cambiaria.
La existencia de un impulso expansivo permanente enfatiza los roles de frenos que deben jugar las políticas fiscal y monetaria. En general, las políticas
macroeconómicas fiscal y monetaria se enfocan en el control de la demanda
agregada y pueden jugar roles expansivos o contractivos. Lo mismo vale en
el régimen de TCRCE, pero en este régimen hay una presión permanente
sobre el acelerador del vehículo.” (Damill & Frenkel, 2009, p. 5).
En la Argentina durante la crisis en 2009, el producto no creció fruto de la caída de demanda, y
sin embargo la inflación se mantuvo en el 15%. Otro tanto pasó en el 2012, con caída de la tasa
de crecimiento de 9% a en parte autoinflingida por recorte fiscal, e inflación del 23%.
24
96
Los tres canales que enumera (Frenkel, 2007, pp.11–12) en sus trabajos,
donde el tipo de cambio tendría efectos sobre el nivel de empleo, se observan inconvenientes principalmente teóricos de diverso tipo a saber:
1. El “canal de intensidad laboral” se basa en el supuesto de existencia
de sustitución factorial, desde hace más de cincuenta años demostrado
como teóricamente inconsistente en el debate de Cambridge25, (Fiorito
& Amico, 2008), pero que fundamentalmente no sucede empíricamente.
Dado el producto, en la economía existe más complementariedad que
sustituibilidad por lo que abaratar el salario real en dólares con una devaluación, no implicará la generación de nuevos puestos de trabajo. Solamente un aumento de la demanda autónoma puede disparar los aumentos de empleo y producción en economías capitalistas sin tendencia al
pleno empleo de recursos.
2. El “canal macroeconómico” por su parte se topa con el efecto de corto
plazo recesivo de las devaluaciones (caída del salario real). Si bien por efecto
del cambio de precios relativos que impone la variación del tipo de cambio,
se incentivaría según esta versión la producción e inversión en transables,
el “efecto total reactivante” no necesariamente es positivo en tanto se debe
sustraer de la demanda doméstica que cae por efectos de redistribución
regresiva por caída de los salarios reales. (Frenkel, 2006, p7). Como se muestra
en Fiorito, Guaita y Guaita, (2013) no se produce en general un aumento de
las exportaciones (nueva demanda) por efectos de la devaluación.
3. Por último, el “canal de desarrollo”, tiene paradójicamente un acento en
sentido opuesto a su denominación, dado que no es plausible en el largo plazo
que el desarrollo sea pensado como el resultado de una sola medida, como
la variación del tipo de cambio (Frenkel, 2004, pp.5–10). Poco queda así de la
enorme batería de herramientas y medidas para crecer y distribuir el ingreso
en lo que Ocampo denominó para el momento de mayor crecimiento de la
región como “crecimiento liderado por el Estado” (Gráfico 1). Por ende no es
un resultado de la variación del tipo de cambio, que cambiando los precios
relativos a favor de los transables, habilitaría un proceso de industrialización
de productores primarios a manufactureros. Para esto, sin una política
explícita desde el Estado planificando la sustitución de importaciones y la
promoción de exportaciones es una tarea que choca con toda experiencia
pasada de industrialización en el mundo.
No hay tal cosa como elevación del nivel del empleo por caída de salarios reales, en punto
teórico se prueba que para más de un bien, existen curvas de demanda de factores positivas y
a saltos, por lo que la distribución del ingreso no se determina con equilibrios estables por oferta
y demanda. Ver por ejemplo entre innumerables trabajos al respecto (Petri, 2004, ch.7 y 8 ).
25
97
Semejante política no observa que los efectos redistributivos de las grandes
devaluaciones sobre la distribución del ingreso, suelen ser en la región de
retracción de la demanda por caída salarial (López, G. y Cruz, B., 2004;
Lopez, G. y Perrotini, 2006).
Como afirma López Gallardo:
“La respuesta de la economía convencional a esta exigencia, es
la de mejorar la competitividad por la vía de una devaluación de la
moneda nacional. Sin embargo, esta vía no siempre es eficiente, y en
la mayor parte de los casos no es la mejor alternativa. Mencionemos a
continuación algunos de los problemas involucrados.
Por una parte, la devaluación genera presiones inflacionarias, porque
las firmas elevan sus precios en proporción al (o incluso en mayor
proporción) alza de sus costos, y los trabajadores luchan por defender
su salario real. Por otra parte, incluso si la devaluación no se traspasa
enteramente a los precios internos, y se eleva el tipo de cambio real y
la competitividad, no es seguro que la balanza comercial mejore (esto
es, la llamada “condición Marshall–Lerner” la menos no se cumple en
países periféricos). Por último, cuando la devaluación no se traspasa
enteramente a los precios de los bienes de fabricación nacional, los
salarios reales y la participación de los salarios en el valor agregado se
reducirán, generando una caída de la demanda interna que puede ser
mayor que el posible aumento de la demanda externa neta (aumento
que ocurre cuando la condición Marshall–Lerner sí se cumple)” (López
Gallardo, 1999, p. 147).
López Gallardo extiende su análisis empírico para la región en López & Cruz
(2000) tomando en consideración también países como Brasil, Argentina,
Colombia y México, y analiza el comportamiento del crecimiento ante
cambios en los precios comparativos y en el tipo real de cambio (Ibídem,
p.478).
Observa López Gallardo que para Brasil y México, una depreciación real –de
lograrse– no obtiene los resultados asumidos como válidos en el mainstream,
sino que empeoran el resultado del balance comercial. También llega al
resultado que en todos los casos el balance comercial esta positivamente
asociado con el producto mundial (exportaciones) y negativamente asociado
con el producto doméstico (importaciones), como se obtuvo en (Fiorito,
Guaita y Guaita, 2013) para la Argentina y para los países trabajados en
Rodrik (2008).
Es decir, el freno fiscal recomendado actúa principalmente sobre la cantidades
producidas como una disminución de la demanda efectiva, que es redundante
98
con el efecto recesivo de la devaluación sobre los salarios reales en dólares
y por lo tanto no actúa reduciendo la inflación. Se obtiene asi un cuadro de
recesión por caída de demanda efectiva total (caída de salarios reales en
dolares por devaluacion y ajuste fiscal) y con una inflación que dependerá de
la fuerza de la resistencia salarial a caer del país en cuestión.
Como resultado la lógica nuevo desarrollista, en base al tipo de cambio competitivo, falla en todos sus canales, al exigir una enorme cantidad de tareas
del desarrollo a una sola variable: el tipo de cambio.
A modo de conclusión
En definitiva en estas posiciones “nuevo desarrollistas” se ha volatilizado la
política industrial para el desarrollo en donde ajuste fiscal va de la mano de
devaluación, aunque paradójicamente ningún dato apoya un resultado favorable al crecimiento.
En efecto, en un estudio reciente para la Argentina (Fiorito, Guaita & Guaita,
2013) se observa que el tipo de cambio es inelástico tanto para las exportaciones como para las importaciones, siendo la variable significativa para explicar variaciones de comercio las modificaciones del producto de los países
importadores y el producto doméstico respectivamente. Aún para trabajos
internacionales como los de Rodrik, (2008) que dan pábulo a estas versiones
regionales, se puede comprobar que regresionando sus mismos datos con
métodos tradicionales de series de tiempo, no se obtiene significatividad de
las elasticidades–precio de las exportaciones en casi ningún lugar del mundo.26 El resultado es importante, puesto que para lograr algún impulso de
crecimiento en la economía se necesitaría una enorme devaluación que tendría efectos devastadores en la redistribución del ingreso doméstico. Sería
de muy valiosa ayuda el cálculo en cada país de la región de las elasticidades
precio de las exportaciones e importaciones para ayudar a derribar este mito
altamente engarzado en la profesión.
La suerte de las trayectorias nacionales de desarrollo en la región, si bien no
son determinadas exclusivamente por las recomendaciones de los académicos, dependen en gran medida de la instalación de un sentido común económico afín, más aun considerando la autorreferencialidad de los políticos en el
gobierno. Al día de hoy lamentablemente dicha visión mayoritaria es marginalista y convencional, y que aún fraccionada logra mantener ciertas causalidades convencionales y sus supuestos de pleno empleo de recursos y exogeneidad del producto potencial, también dentro de grupos de economistas que
intentan criticar los resultados de las políticas aplicadas en los 90.
Ibídem, pp.95-101, donde sí se observa el efecto Balassa-Samuelson, por el que los precios
domésticos suben.
26
99
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105
Análisis del contenido
tecnológico de las
exportaciones argentinas
(1996–2011)
¿Hubo cambio estructural entre la
convertibilidad y la posconvertibilidad?
Analysis of the technological
content of Argentine exports
(1996–2011)
Was there structural change between
convertibility and posconvertibility?
Daniel Schteingart*
Resumen
Este trabajo contiene un análisis de las exportaciones argentinas en los
dieciséis años comprendidos en el período 1996–2011. El enfoque utilizado
hará énfasis principalmente en la composición de los bienes exportados
según su grado de contenido tecnológico. Se partirá de la premisa de que
un mayor contenido tecnológico en las exportaciones de un país –siempre
y cuando dicho contenido tecnológico sea producido localmente y no
directamente importado, como ocurre en su máxima expresión en la maquila–
propiciará mayores facilidades para el desarrollo en el largo plazo. El análisis
del caso argentino mostrará que la crisis terminal de la convertibilidad
implicó una mayor reprimarización de las exportaciones, que se logró revertir
parcialmente a partir de 2003. En este caso, el avance en una complejización
* Licenciado en Sociología (UBA), de nacionalidad argentina. Actualmente es maestrando en
Sociología Económica (IDAES–UNSAM) y doctorando en Sociología (IDAES–UNSAM). Cuenta
con una beca interna de Doctorado Tipo I financiada por el CONICET. E-mail: dschteingart@
gmail.com
106
de las exportaciones se dio fundamentalmente entre 2003 y 2006, por la
combinación de un marco macroeconómico favorable a la exportación
de dicho tipo de bienes (gracias a la megadevaluación ocurrida en el año
2002), en combinación con el efecto “rebote” que supuso la superación de
la recesión de 1998–2002, y por la crisis en el sector energético, que hizo
perder importancia a las exportaciones de combustibles. A partir de 2007,
la mayor apreciación cambiaria combinada con la debilidad de las políticas
industriales de fomento en la industria manufacturera, más el alza de los
precios internacionales de los commodities, fueron restando dinamismo
al mencionado proceso y, ya a partir de 2009, la complejización de las
exportaciones argentinas comenzó a dar lugar a una incipiente primarización.
Dentro de este marco, intentaremos dilucidar cuáles han sido las ramas
productivas con mayor aporte a lo ocurrido en el contenido tecnológico de
las exportaciones argentinas.
Palabras clave: Argentina, posconvertibilidad, primarización, contenido
tecnológico, exportaciones.
Abstract
This paper contains an analysis of Argentine exports between 1996 and 2011.
The approach will focus mainly on the composition of exported products
according to their degree of technological content. A basic principle in this
analysis will be that a higher technological content of exports of a country will
contribute to greater opportunities for economic development in the long term
–provided that such technological content is produced locally and not directly
imported as it occurs in the case of the maquila in its highest expression–. The
analysis of the Argentine case shows that the terminal crisis of the convertibility
system implied a reprimarization of its exports, which was partially reversed
after 2003. An increase in complexity of exports took place mainly between 2003
and 2006, due to a combination of a macroeconomic framework favourable to
the export of this type of products –as a consequence of the mega devaluation
of the national currency in 2002–, combined with the “rebound” effect that
involved the overcoming of the recession of 1998–2002, and also the crisis
in the energy sector, which rendered fuel exports less important. Since 2007,
the higher appreciation of the Argentine peso, combined with weak industrial
development policies in the manufacturing sector, plus the increasing
international prices of commodities, diminished the dynamism of that process.
Even more, from 2009, the complexity of Argentine exports began to drop,
leading to an emerging primarization. Within this context, we will attempt to
describe which the main sectors that influenced the path followed by the
technological content of Argentine exports were.
Keywords: Argentina, posconvertibility, primarization, technological content,
exports.
107
Introducción
Este trabajo contiene un análisis de las exportaciones argentinas en los
dieciséis años comprendidos en el período 1996–2011. El enfoque utilizado
hará énfasis principalmente en la composición de los bienes exportados
según su grado de contenido tecnológico.
Se partirá de la premisa de que un mayor contenido tecnológico en las
exportaciones de un país –siempre y cuando dicho contenido tecnológico sea
producido localmente y no directamente importado, como ocurre en su máxima
expresión en la maquila– propiciará mayores facilidades para el desarrollo en
el largo plazo (Haussman et al, 2006; Haussman et al., 2007; Reinert, 1994).
En otras palabras, se disentirá con la postura ricardiana que sostiene que los
países deben especializarse en aquellas ramas en las que son, en el corto
plazo, más eficientes (en los países latinoamericanos, estas actividades
son las primarias). Más bien, adoptaremos un enfoque neoschumpeteriano,
que rechazará la teoría ricardiana de las ventajas comparativas estáticas. El
neoschumpeterianismo –que construye su teoría a partir de legado de Joseph
Schumpeter– sostiene que las ventajas comparativas no son nunca estáticas,
sino que pueden ser tornadas en ventajas competitivas dinámicas a partir de
la creación de rentas tecnológicas. Desde este enfoque, se sostiene que la
reestructuración industrial puede darse a partir de procesos de innovación
tecnológica y aprendizaje (Lugones, 2012; CEP, 2008; Schumpeter, 1942;
Reinert, 1994).
Durante el período analizado –pero en particular en la última década– tuvo
lugar a nivel mundial un boom de las exportaciones de los países en vías
de desarrollo, íntimamente relacionado con una nueva reconfiguración
económica global. La relocalización de parte de la producción industrial
en los gigantes asiáticos China e India alentó la demanda de commodities
primarios –tanto por el crecimiento de la producción como por la emergencia
de sectores asalariados urbanos en dichos países con progresivas mejoras
en sus poderes de compra–, hecho que se sumó a la entrada masiva de
fondos financieros especulativos en busca de activos donde valorizarse
(UNCTAD, 2011).
De esta forma, se dio un inédito crecimiento tanto en los precios internacionales
como en las cantidades demandadas de los principales productos primarios
que exportan los países latinoamericanos. Este contexto fue positivo
para la región, al garantizar un sostenido aumento de sus exportaciones,
lo que permitió alejar la tradicional restricción externa que históricamente
condicionó sus procesos de crecimiento (Diamand, 1973).
Sin embargo, el cambio de precios relativos en favor de los commodities
tradicionales también trajo aparejado en la mayoría de los países de América
108
Latina la primarización de sus estructuras productivas (Fraschina, 2011).
Esta consecuencia negativa en términos de un proceso de desarrollo como
el mencionado anteriormente, también fue producto de los esquemas de
inflation targeting aplicados por varios gobiernos latinoamericanos (entre los
que se destaca el de Brasil), que no hicieron más que agudizar la situación de
los sectores productivos más sensibles a la competencia extranjera (French
Davis, 2010). De esta forma, las exportaciones de manufacturas con cierto
grado de contenido tecnológico perdieron importancia, siendo desplazadas
por las de productos primarios y por las de bienes manufacturados intensivos
en recursos naturales.
El análisis del caso argentino mostrará que la crisis terminal de la Convertibilidad implicó una mayor reprimarización de las exportaciones, que se logró
revertir parcialmente a partir de 2003. En este caso, el avance en una complejización de las exportaciones se dio fundamentalmente entre 2003 y 2006,
por la combinación de un marco macroeconómico favorable a la exportación
de dicho tipo de bienes (gracias a la megadevaluación ocurrida en el año
2002), en combinación con el efecto “rebote” que supuso la superación de
la recesión de 1998–2002, y por la crisis en el sector energético, que hizo
perder importancia a las exportaciones de combustibles. A partir de 2007,
la mayor apreciación cambiaria combinada con la debilidad de las políticas
industriales de fomento en la industria manufacturera, más el alza de los
precios internacionales de los commodities, fueron restando dinamismo al
mencionado proceso y, ya a partir de 2009, la complejización de las exportaciones argentinas comenzó a dar lugar a una incipiente primarización.
Si bien el fenómeno del alza de los precios internacionales de los commodities
se dio en la década del 2000 y aunque el estudio hará hincapié en el período
2002–2011, la razón por la cual se escogió el período temporal (1996–2011)
estriba en la peculiar coyuntura macroeconómica que se dio en Argentina. De
este modo, se sostendrá que puede resultar engañoso describir la evolución
del contenido tecnológico de las exportaciones argentinas partiendo del piso
de la crisis económica (año 2002). Por ello, el análisis resultará enriquecedor
si se lo compara, con la última fase de crecimiento de la Convertibilidad
(período 1996–1998), para luego poder dilucidar en qué medida ha habido un
real cambio en la composición de las exportaciones argentinas.
Dentro de este marco, intentaremos dilucidar cuáles han sido las ramas productivas con mayor aporte a lo ocurrido en el contenido tecnológico de las
exportaciones argentinas. Una primera aproximación permitirá observar que
gran parte del crecimiento en el componente tecnológico de las exportaciones en la postconvertibilidad se debió a la fenomenal expansión de la industria automotriz, rama que posee muy elevados coeficientes de importación
en sus insumos. Al mismo tiempo, algunas ramas industriales acompañaron
109
el proceso (químicos y plásticos), mientras que otras, como la siderurgia y la
de maquinaria y equipo, lo acompañaron entre 2003 y 2008, y desde entonces lo frenaron. A la vez, la sensible reducción en las exportaciones de combustibles (los consideraremos principalmente como productos primarios) durante la última década también contribuyó a que el peso de las manufacturas
de mayor contenido tecnológico en el total exportado haya sido mayor.
La investigación también se detendrá a estimar en qué medida el aumento
de las exportaciones argentinas correspondió al efecto de los mayores
precios de exportación y cuánto al crecimiento de las cantidades. Esto cobra
especial relevancia dado que, como fue mencionado, entre 2002 y 2011 tuvo
lugar una histórica modificación de los precios relativos a favor de los bienes
primarios y las manufacturas basadas en recursos naturales, respecto a los
bienes de mayor contenido tecnológico.
En suma, el objetivo principal de este documento es analizar las transformaciones ocurridas en las exportaciones de Argentina durante el período
1996–2011, desde la óptica de su contenido tecnológico. Por su parte, los
objetivos específicos son: a) describir los cambios en los valores, cantidades
y precios de las exportaciones argentinas, para el período señalado; b) dilucidar qué ramas han sido los que contribuyeron en mayor medida a las transformaciones en la composición de las exportaciones argentinas, y c) analizar
las relaciones entre tipo de cambio, precios de exportación y primarización
de las ventas externas argentinas.
El trabajo estará articulado de la siguiente forma: en la primera sección se
detallan las cuestiones metodológicas y las fuentes de información utilizadas.
En la segunda, se realiza un repaso de los principales cambios acontecidos
en el contexto internacional durante los últimos diez años, que servirá para
comprender ciertos fenómenos ocurridos en nuestro país. En la tercera, se
introducen los rasgos generales del comportamiento de las exportaciones
de nuestro caso de estudio durante el período de análisis. En la cuarta, se
examinan detalladamente las ventas externas argentinas según su contenido
tecnológico, a partir de precios y cantidades y se hace especial hincapié en
lo ocurrido con las manufacturas de tecnología media y alta. Por último, se
esboza una conclusión en la cual se retoman los lineamientos generales que
guiaron este estudio.
I. Metodología y datos
Clasificación según contenido tecnológico y coeficiente de tecnología en
exportaciones
La metodología utilizada para poder diferenciar el contenido tecnológico de
las mercancías fue la provista por el Interactive Graphic System of International Economic Trends (SIGCI Plus) de la Comisión Económica para América
110
Latina (CEPAL) –que, a su vez, se basa en COMTRADE–1, que utiliza la clasificación de Lall (2000). Este autor agrupa los bienes del Standard International
Trade Classification (SITC) versión 2, en seis grandes grupos: productos primarios (PP)2, manufacturas basadas en recursos naturales (MRRNN)3, manufacturas de baja tecnología (MBT), manufacturas de media tecnología (MMT),
manufacturas de alta tecnología (MAT)4 y otros5.
Con el objetivo de facilitar la comparabilidad a lo largo del tiempo se ha
elaborado un coeficiente de contenido tecnológico de exportaciones (CCTX),
que es una medida resumen que integra las seis categorías creadas por Lall.
Su meta es poder facilitar la lectura de lo ocurrido en materia de contenido
tecnológico. Dicho coeficiente oscila entre 0% y 100%; en el primer caso, las
exportaciones del país en cuestión serían en su totalidad PP, mientras que en
el segundo serían todas MAT. Las categorías intermedias fueron ponderadas
de la siguiente manera: manufacturas MRRNN, 25%; MBT, 25%, MMT,
75%. Dentro de la categoría “Otros”, hemos diferenciado entre el “oro no
monetario”, al que hemos reclasificado como PP, y el resto de bienes no
clasificados, que fueron excluidos de la ponderación.
La razón principal por la cual se otorgó el mismo puntaje a las MBT y las
MRRNN tiene que ver con el tipo de bienes comprendidos por ambas
categorías. En particular, cabe tener en cuenta las heterogeneidades que se
1
Disponible en http://www.eclac.org/comercio/ecdata2/index.html
Tanto Lall como la CEPAL utilizan una clasificación similar, con las únicas diferencias que para
el primero los metales ferrosos se encuentran dentro de la categoría de MRRNN, mientras que
para la segunda son contabilizados como PP. Lo inverso ocurre con los metales no ferrosos,
que Lall cataloga como PP y la CEPAL como MRRNN. En este trabajo se adoptó el criterio de
la CEPAL. Cabe mencionar que, además, dentro de PP se incluyen frutas y carnes sin preparar,
cereales, oleaginosas, arroz, tabaco, lana, algodón, cacao, té, café, madera, carbón, petróleo
crudo y gas.
2
Dentro de esta categoría se incluyen alimentos elaborados (frutas y carnes preparadas y aceites vegetales, por ejemplo), bebidas, tabaco manufacturado, derivados de la madera (celulosa,
papel), metales no ferrosos, derivados del petróleo, derivaciones del caucho, cemento, piedras
preciosas, minerales no metálicos y algunas ramas de la industria química básica (Lall, 2000).
3
Según Lall (2000), las MBT contienen las mercancías asociadas a la industria textil (hilados,
indumentaria, calzado, cuero) así como los bienes derivados de la alfarería y la joyería, los muebles, los juguetes, los artículos de plástico y las partes y estructuras de metal. Las MMT incluyen
vehículos y sus partes, motores, maquinaria industrial, barcos, relojes, calderas, fibras sintéticas, una considerable fracción de la industria química, plásticos, tubos y caños, entre otros.
Las MAT comprenden máquinas de oficina y de procesamiento de datos, equipos de telecomunicaciones, televisores, transistores, equipos generadores de fuerza, turbinas, medicamentos,
aeronaves, instrumentos ópticos y de precisión y cámaras fotográficas, entre otros.
4
Aquí se incluyen las transacciones no clasificadas y el oro no monetario, entre sus principales
subcategorías.
5
111
encuentran al interior de la categoría de MRRNN: si, por un lado, es posible
encontrar determinadas ramas de la industria química que, por ejemplo, en
la clasificación de contenido tecnológico de la UNCTAD6 aparecen como
“manufacturas de alta calificación y tecnología”, por el otro se incluyen
productos como el azúcar, que contienen un escaso grado tecnológico.
De hecho, la clasificación alternativa de la UNCTAD cataloga al azúcar (y
a otros bienes que en Lall se incluyen dentro de las MRRNN) dentro de los
commodities, homologándolo así con el resto de lo que este autor etiqueta
como PP. Esta heterogeneidad al interior de las MRRNN influyó en la
ponderación de esta categoría ya que, por un lado, la presencia de ramas
–como la química– podría inclinarlo al alza, mientras que por el otro, sectores
como el azucarero impedirían que se le asigne un puntaje mayor.
Por su parte, también se ha querido marcar una brecha cualitativa entre lo
que son las MMT y MAT, por un lado, del resto. Como señalan Haussman et
al (2007), los productos establecidos en esta clasificación como de mediana
tecnología comparten características muy similares a los de alta tecnología y
son considerados “estratégicos”. Mediante un estudio comparativo internacional, los autores han demostrado que la existencia de ventajas comparativas en sectores de tecnología media y alta facilita que una economía pueda
transitar hacia sectores de mayor sofisticación en el futuro.
De este modo, el CCTX se calcula de la siguiente manera:
CCTX = (participación PP con oro*0 + participación MRRNN*0,25 + participación
MBT*0,25 + participación MMT*0,75 + participación MAT * 1) / (1 – participación
Otros sin oro)
A continuación se puede ver un ejemplo de cómo se construye el CCTX.
Tipo de manufactura
PP
MRRNN
MBT
MMT
MAT
Otros
Total
Corrección sin "Otros"
Participación
20%
20%
10%
25%
23%
2%
100%
Ponderación
0
0,25
0,25
0,75
1
Aporte al coeficiente
0,00%
5,00%
2,50%
18,75%
23,00%
49,25%
50,26%
En este ejemplo hipotético (suponiendo que dentro del rubro “Otros” no
hay exportaciones de oro no monetario) el coeficiente sería de 50,26%. En
UNCTAD es la sigla en inglés de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y
Desarrollo.
6
112
este caso, un crecimiento en la participación de los PP, las MRRNN o las
MBT a expensas de las MMT y las MAT implicaría una merma en el valor del
coeficiente, y viceversa. Es principalmente por su elevado poder simplificador
que se utiliza el índice descrito anteriormente
Cabe tener en cuenta que la clasificación escogida, así como la de la OCDE
(OCDE, 2005) o la de la UNCTAD7, fueron elaboradas para aplicarse a los países
desarrollados, con lo cual pueden dar lugar a distorsiones en economías
subdesarrolladas como las latinoamericanas (CEP, 2008). Estas distorsiones
ocurren cuando algún país subdesarrollado exporta manufacturas que son
catalogadas por estos sistemas de clasificación como de elevado contenido
tecnológico, pero a la vez tal contenido tecnológico no es desarrollado dentro
del país, sino que es importado. Esto ocurre, en su máxima expresión, en la
maquila. En el caso argentino, la producción de vehículos automotores (que
representa la rama más importante dentro de las MMT) cuenta con escasos
niveles de I+D local y apenas un 30% de insumos domésticos. Es por ello
que Schorr y Wainer (2012) han realizado un tratamiento ad hoc y la han
reclasificado como manufactura de contenido tecnológico medio–bajo. Por
lo tanto, en lugar de ponderar a estas mercancías con 0,75, las ponderaremos
con 0,508. Por otra parte, un porcentaje considerable de las exportaciones
de MAT argentinas son aeronaves que, como bien señala el CEP (2008), en
realidad son alquiladas con opción a compra. Cuando ingresan al país, se
las computa como una importación y cuando la compra no se resuelve y son
devueltas al exterior, se registran como re-exportación. En consecuencia,
excluiremos a esta categoría dentro de la ponderación del CCTX.
b) Fuentes utilizadas
Entre las diversas fuentes de información consultadas, se destacan la
herramienta de comercio exterior de la CEPAL, la de la UNCTAD, la base
de datos del FMI y el INDEC. También, para la descomposición en precios y
cantidades de algunos rubros de la industria argentina se utilizaron datos de
las cámaras sectoriales (Asociación de Fábrica de Automotores –ADEFA– en
el sector automotriz; Asociación de Industriales Metalúrgicos de la República
Argentina –ADIMRA– para maquinaria y equipo y siderurgia, la Cámara
Argentina del Acero para siderurgia y la Cámara de la Industria Química y
Petroquímica – CIQyP– para la subrama “químicos y plásticos”).
c) Índices de precios y cantidades de comercio exterior
A lo largo de este estudio se presentan varios índices de precios y cantidades
de exportación. En algunos casos, los índices fueron realizados por ciertos
7
Disponible en: http://unctadstat.unctad.org/
No obstante, en los gráficos y cuadros que se verán a lo largo de este trabajo, las consideraremos dentro de las MMT. La diferenciación la haremos para el cálculo del CCTX.
8
113
organismos (UNCTAD o INDEC, por ejemplo). En otros, han sido elaborados
para la presente investigación de acuerdo con la información disponible,
según el método de Fisher, con el cual se trata de neutralizar los sesgos de
los métodos de Laspeyres y Paasche9.
Para el cálculo del índice de precios y cantidades de las exportaciones argentinas, se utilizaron los índices de precios y cantidades del INDEC a grandes rubros y se combinaron –ponderadamente– los productos primarios,
las manufacturas de origen agropecuario y los combustibles dentro de una
única categoría. Por último, para las cantidades y precios de los productos
industriales argentinos, se encontraron mayores inconsistencias en la información disponible. Para tratar de reconstruirlos, se combinó información de
la CEPAL con la del INDEC y de las distintas cámaras empresarias. Así, para
la subrama “Químicos y plásticos” se cotejaron con datos de la Cámara de
la Industria Química y Petroquímica; para el sector automotriz, con los de
ADEFA (vehículos) y ADIMRA (autopartes); para el sector de maquinaria y
equipo, con los de ADIMRA y, para la siderurgia, con los de ADIMRA y los de
la Cámara Argentina del Acero.
II. Contexto internacional
Durante la primera década del nuevo milenio tuvieron lugar importantes
transformaciones en la economía mundial. Particularmente, se profundizó la
relocalización de la producción mundial, proceso que había comenzado en
las últimas décadas del siglo XX.
Estados Unidos, potencia hegemónica mundial, fue perdiendo su papel
como principal productor del mundo, fenómeno explicado por el traslado de
parte de su producción hacia otras latitudes. La significativa reducción de
los costos de los fletes y la agudización de la competencia capitalista incidió
fuertemente en que la producción de mercancías se desplazase a aquellas
zonas geográficas con menores costos de producción, en particular, menores
costos laborales. Este proceso fue comandado por grandes empresas
transnacionales, la mayoría de origen estadounidense, pero también japonés
o de los países europeos más avanzados (Arceo, 2011; FMI, 2011).
En este marco, el continente asiático se configuró como la nueva fábrica del
mundo, absorbiendo la mayor parte de los procesos industriales intensivos en
mano de obra. Este fenómeno se dio con marcada intensidad tanto en China
El método de Laspeyres, que toma en cuenta las variaciones de precios dejando constantes
las cantidades en torno de un determinado año base, sobrevalora la inflación. Por su parte, el
método de Paasche, que mide las variaciones de las cantidades a precios constantes, la subvalúa. El método de Fisher permite compensar estas distorsiones a través de la media geométrica
de los índices calculados con los otros dos métodos.
9
114
como en India, países con una monumental potencialidad productiva gracias
a su destacada dotación de mano de obra. Un acontecimiento importante
que aceleró dichas transformaciones en el comercio internacional fue la
incorporación de China a la Organización Mundial de Comercio (OMC) en el
año 2001. La contrapartida de la mayor participación en el comercio mundial
de la región asiática fue la pérdida de importancia tanto de Norteamérica
como de Europa.
Es importante mencionar que, en esta nueva configuración, pese a su menor
participación en la producción internacional de bienes, Estados Unidos no
perdió su rol de principal consumidor mundial10. Esto derivó en sucesivos
déficits comerciales que fueron financiados, principalmente, con aumento
de su deuda externa. La contrapartida de dicho déficit fue un período de
excesiva liquidez mundial en dólares, con acumulación de reservas y deuda
del Tesoro Norteamericano en la mayoría de los países subdesarrollados,
superavitarios en sus balanzas comerciales (Arceo, 2011).
El proceso de relocalización de la producción provocó un intenso aumento
en el comercio mundial de mercancías. En este sentido, entre el año 2000
y 2011, las exportaciones mundiales aumentaron 184%11. Sin embargo,
dicho aumento no fue solo producto del crecimiento de las cantidades
intercambiadas (que aumentaron 63%) sino también por un importante efecto
de incremento de los precios internacionales de los bienes (que subieron
74% en el mismo período).
En el Gráfico I, se refleja cómo entre 2002 y 2011 se modificaron los precios
relativos de los distintos bienes. En particular, los precios internacionales
de los commodities primarios aumentaron sostenidamente hasta alcanzar
récords históricos en los años 2008 y 2011. Entre ellos se encuentran
materias primas de origen agropecuario, minerales, hidrocarburos, e incluso
algunos insumos industriales de uso difundido como el acero, el aluminio y la
pasta de celulosa, entre otros. Al mismo tiempo, los precios de la mayoría de
los bienes manufacturados (para consumo o inversión) mostraron un menor
dinamismo, lo que motivó la modificación de precios relativos a favor de
EE.UU. aun en la actualidad es el país que más bienes importa (12,8% del total mundial en
2010), pero en exportaciones su participación se reduce al 8,4% del total mundial, viéndose
superado por China, que en el mismo año exportó el 10,4%.
10
En 2000, la circulación mundial de bienes era de 6,4 billones de dólares, según información
de la UNCTAD. A partir de 2002 comenzó un despegue solo suspendido en 2009 con la crisis
internacional y retomado a partir de 2010. Si nos centramos específicamente en los últimos diez
años (entre 2002 y 2011, año en el cual los flujos mundiales de mercancías treparon al récord
de 18,2 billones de dólares), el alza asciende al 180%, muy por encima de las décadas del ’80
(cuando el crecimiento fue de 52%) y del ’90 (+64%), aunque considerablemente por debajo
de la de los ’70 (cuando el fenomenal incremento del precio del petróleo derivó en que durante
dicha década los montos comercializados mundialmente se incrementaran un 426%).
11
115
los commodities: mientras que en 2011, los precios de estas eran 203%
mayores a los del año 2000, los de las manufacturas fabricadas en los países
desarrollados lo eran tan solo en 37%.
Gráfico I. Evolución de precios de commodities, de manufacturas
exportadas por los países desarrollados y del promedio de las
exportaciones mundiales (2000–2011)
320
Precios manufacturas países
desarrollados
Precios promedio mundial
280
260
Índice (año base 2000 = 100)
303
Precios commodities
300
272
240
220
200
180
174
162
160
140
133
137
120
100
80
2000
2001
2002
2003
2004
2005
2006
2007
2008
2009
2010
2011
Fuente: Elaboración propia en base a información del FMI y la UNCTAD.
El mencionado cambio en los precios relativos de los bienes circulados
mundialmente derivó en un mayor peso, entre 2000 y 2010, de los productos
primarios (PP) y las manufacturas basadas en recursos naturales (MRRNN)
dentro del total intercambiado, que incrementaron su participación en el flujo
mundial de bienes del 28% en 2000 al 32,7% en 2010. La contrapartida de
este fenómeno fue la pérdida de la contribución al comercio mundial de las
manufacturas de bajo, medio y alto contenido tecnológico (MBT, MMT y MAT,
respectivamente), que pasaron de representar el 67,7% al 61% del total12.
Cabe aclarar que, dentro de la categoría “Otros”, además de los bienes no clasificados, se
incluye el oro no monetario, que tiene un peso considerable. Entre 2000 y 2010, este commodity
(que podría ser ubicado como un mineral más dentro de las manufacturas basadas en recursos
naturales) aumentó su participación en el total del comercio mundial de 0,36% a 0,99%. De este
modo, la “primarización” de la economía mundial sería aún mayor, en tanto el 1% que crece el
rubro “Otros” dentro del total mundial se debe en 63% a este commodity.
12
116
A nivel global, fue la región de Asia Central y Occidental la que más ganó peso
en las exportaciones de bienes ligados al sector primario (del 17,7% al 24,3%)
entre 2000 y 2010. En contraposición, Europa, si bien sigue siendo la región que
posee mayor relevancia al momento de explicar las exportaciones de este tipo
de mercancías (PP y MRRNN), a lo largo de la década ha perdido 7,5 puntos de
participación (del 38,4% al 30,9%). El fenomenal incremento de Asia Central y
Occidental en esta categoría se explica, fundamentalmente, en la ya mencionada
suba de los precios de los productos energéticos –principalmente, petróleo y
gas–, que son exportados mayormente por los países de la península arábiga,
Rusia, Irán y Kazajistán. Por su parte, la región de América latina y el Caribe
acrecentó su participación modestamente en este tipo de bienes, pasando de
aportar el 8,8% mundial al 9,6% entre los años citados13.
Por su parte, las manufacturas con contenido tecnológico medio y alto
tendieron a provenir crecientemente del Este Asiático, lo cual es expresión
de la relocalización de la producción industrial a la que se hizo referencia
anteriormente. Principalmente debido a China –que pasó de representar el
3,1% del total mundial de las exportaciones de las manufacturas de este
grupo en 2000 al 13% en 2010– la región de Asia Oriental incrementó su
participación en este rubro en 7 puntos porcentuales14. La fenomenal
expansión de China confronta con la pérdida de importancia de Norteamérica
(fundamentalmente, Estados Unidos) en la exportación de MMT y MAT
(que pasó del 20% al 12% entre 2000 y 2010). Europa, por su parte,
prácticamente no mermó su participación en este conjunto de productos,
lo cual se debe a que tanto Alemania como los países ex comunistas del
este europeo ampliaron su importancia en las exportaciones mundiales de
estas manufacturas, compensando el retroceso relativo de potencias como
Gran Bretaña, Francia e Italia15. Asia Central y Occidental tuvo un incremento
A primera vista, puede parecer extraño el rol hegemónico que aún detenta Europa en la exportación de este tipo de bienes. En primer lugar, es importante destacar que dentro de este
continente se contabilizan los intercambios intrabloque. En segunda instancia, lo que ocurre es
que la participación de Europa es muy elevada en lo que son las MRRNN, ya que allí se elaboran alimentos con alto valor agregado, así como también se procesan productos primarios (por
ejemplo, petróleo crudo). Por otra parte, esta categoría agrupa a la industria química básica, que
tiene a Europa como un exportador privilegiado. Mientras que en 2010 Europa explicaba 42,2%
del total de las exportaciones de esta clase de manufacturas, su porción en el total mundial de
PP era de tan solo 18,2%. A la inversa, Asia Occidental y Central tiene significativamente mayor
peso en los PP que en las MRRNN. En 2010, explicaba 35,7% y 13% de las exportaciones
mundiales de estos productos, respectivamente.
13
Tal aumento de la región no fue aún mayor ya que Japón perdió relevancia en las exportaciones de esta clase de bienes: pasó de explicar el 11,8% mundial en 2000 al 8% en 2010.
14
Por ejemplo, la participación alemana en las exportaciones mundiales de los productos de
mediana y alta complejidad pasó del 10,5% en 2000 al 11,2% en 2010. En 2000, los países del
este europeo apenas explicaban el 2% de este tipo de exportaciones; en 2010, lo hacían en un
4,5%. En cambio, perdieron relevancia Francia (cayó de 5,2% a 4,2%), Gran Bretaña (de 4,8%
a 2,9%) e Italia (de 3,7% a 3,2%).
15
117
del 1,9% nada despreciable (pasando del 1,4% al 3,3% mundial), pero
aún sigue teniendo una posición marginal dentro de las exportaciones de
este tipo de mercancías16. Por su parte, África, América Latina y el Caribe
continúan teniendo un rol menor en esta materia (mientras que África pasó
de aportar el 0,4% al 0,7% de las MMT y MAT mundiales entre 2000 y 2010,
la participación de América Latina y el Caribe cayó del 4,3% al 3,9%)17.
En suma, es en este contexto internacional de relocalización de la producción
mundial y de profundas modificaciones en los precios relativos que debemos
comprender nuestro estudio de caso.
III.El caso argentino
En el Cuadro I puede observarse la evolución de las cantidades, los precios y
los valores de exportación de Argentina comparado con el resto del mundo,
tomando como año base el 2002. Puede notarse que entre 1996 y 2002,
las cantidades exportadas argentinas crecieron más lentamente que las
mundiales (+35% contra +47%) y los precios de exportación cayeron más
fuertemente (–20% contra –17%). En consecuencia, las ventas externas
argentinas subieron más pausadamente que las del resto del mundo (+8%
contra +19%).
Cuadro I. Cantidades, precios y valores de exportación de Argentina y
total mundial (1996–2011) (Índice año base 2002 = 100)
Cantidades
Argentina
Mundo
1996 1997 1998 1999 2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011
74 88 97 93 95 100 100 106 113 130 138 148 150 143 166 172
68 75 79 84 96 95 100 106 118 125 136 145 148 129 147 155
Argentina
Mundo
125 117 106 98 108 104 100 109 119 121 132 147 184 153 161 191
121 112 106 105 104 100 100 110 120 130 137 149 168 150 161 181
Precios
Valor de exportación
Argentina
Mundo
93 103 103
84 86 85
91 103 103 100 115 135 157 182 217 275 219 267 329
88 99 96 100 117 142 162 187 216 249 193 235 281
Fuente: Elaboración propia en base a información de la UNCTAD.
Tanto a nivel local como a nivel mundial, el año 2002 marcó un punto de
inflexión: en el plano global, como hemos visto, implicó el inicio de un proceso
de fuerte cambio en los precios relativos a favor de los commodities; en el plano
local, el abandono del régimen de Convertibilidad y una megadevaluación
que favoreció a los sectores productores de bienes transables. Como puede
El señalado 1,9% fue fundamentalmente traccionado por India, Turquía, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita, que contribuyen en 75% a dicho incremento.
16
17
En todos los casos reseñados, la información proviene de la CEPAL y de la UNCTAD.
118
apreciarse en el Cuadro I, entre 2002 y 2011 las cantidades exportadas de
Argentina crecieron más rápidamente que en el mundo (+72% contra +55%),
a la vez que los precios de exportación fueron en este último año un 91%
mayores que en 2002 en nuestro país, y un 81% en el mundo. Como corolario
de ello, el crecimiento de los valores de exportación en Argentina fue más
veloz que a nivel global (+229% contra +181%).
Cuadro II. Cantidades, precios y valores de exportación de Argentina,
según tipo de bienes (1996–2011) (Índice año base 2003 = 100)
Cantidades (q)
Año
Commodities + MOA*
MOI**
Total exportaciones
1998
86
91
88
2001
91
97
93
2003
100
100
100
2006
120
143
128
2008
118
194
140
2009
112
175
127
2010
121
215
147
2011
120
240
155
Precios (p)
Año
Commodities + MOA*
MOI**
Total exportaciones
1998
94
118
101
2001
91
106
95
2003
100
100
100
2006
122
129
121
2008
186
141
168
2009
150
134
147
2010
168
138
156
2011
208
149
181
Valores (q*p)
Año
Commodities + MOA*
MOI**
Total exportaciones
1998
81
107
89
2001
83
103
88
2003
100
100
100
2006
146
185
155
2008
219
273
235
2009
168
234
188
2010
203
297
229
2011
250
359
281
* Se considera como "Commodities" las categorías que el INDEC agrupa como "Productos Primarios" y "Combustibles y energía", en tanto que MOA
son las "Manufacturas de Origen Agropecuario".
** Manufacturas de origen industrial
Fuente: Elaboración propia en base a información de INDEC.
En este escenario, a nivel nacional, nos interesará diferenciar entre
cantidades y precios de exportación. Como puede verse en el Cuadro II18,
en Argentina también se dio un mayor crecimiento de los precios relativos
de exportación a favor de los commodities y en contra de las manufacturas
de origen industrial19. A primera vista, parecería que los bienes industriales
Puede ser que ocurran pequeñas discrepancias entre los números de los cuadros I y II en
tanto provienen de fuentes diferentes (UNCTAD e INDEC, respectivamente).
18
19
Nos resultó imposible poder descomponer precios y cantidades en base a la información disponible según la diferenciación de contenido tecnológico de Lall. Es por ello que nos hemos valido de
la clasificación según “grandes rubros” del INDEC que, a nuestro modo de ver, presenta algunos
problemas, sobre todo en lo que atañe a las MOI. En primer lugar, dentro de las MOI no se diferencia según su contenido tecnológico, con lo cual quedan contenidos MBT como la indumentaria y
MAT como los instrumentos de precisión. En segundo lugar, dentro de las MOI se contabilizan las
“piedras y metales preciosos”, que son predominantemente el “oro no monetario” y que, a nuestro
modo de ver, deberían contabilizarse como commodities. En tanto desde fines de los ’90 tanto las
cantidades como el precio de exportación del oro no monetario ganó una importancia considerable en Argentina, estamos en condiciones de concluir que el indicador de las MOI se encuentra
sesgado (sobre todo en cantidades, ya que en el caso del oro no monetario estas se multiplicaron
por 4,9 desde 2003 y los precios por 4,2 según información de COMTRADE).
119
crecieron en cantidades exportadas más que los commodities y las MOA
(+140% contra +20%). Sin embargo, como veremos más adelante, existen
importantes heterogeneidades al interior de los bienes manufacturados de
mayor contenido tecnológico relativo.
A continuación, nos interesará evaluar más desagregadamente cómo varió
cualitativamente la canasta exportable argentina. Como puede apreciarse en
el Gráfico II, entre 1998 y 2011 los PP ganaron dos puntos en la composición
de las exportaciones argentinas. A su vez, las MMT también aumentaron
en casi dos puntos su importancia en el total exportado20. Por su parte, las
MRRNN y las MBT perdieron participación: las primeras restaron 3,4 puntos en
su contribución al total exportado mientras que las segundas 4,1 puntos. Las
MAT permanecieron prácticamente estables y apenas ganaron 0,1 punto en su
aporte al total exportado21. Cabe destacar el crecimiento del rubro “Otros”, que
ganó más de 3 puntos entre 1998 y 2011, lo cual se debe fundamentalmente al
crecimiento del valor de exportación del oro no monetario.
Gráfico II. Composición de las exportaciones argentinas según contenido
tecnológico
60%
50%
47,7%
% de las exportaciones totales
43,6%
45,6%
43,5%
Productos primarios
Manuf. basadas en RRNN
Manuf. de baja tecnología
Manuf. de media tecnología
Manuf. de alta tecnología
Otros
40%
30%
25,1%
23,8%
20%
26,1%
22,6%
20,8%
20,7%
20,4%
13,9%
10%
7,8%
7,0%
1996
1997
1998
1999
2000
2001
2002
2003
3,7%
2,8%
2,2%
0%
5,1%
4,3%
3,1%
2,5%
2004
2005
2006
2007
2008
2,6%
2009
2010
2011
Fuente: Elaboración propia en base a información de COMTRADE.
Aquí están incluidos los vehículos automotores que, como veremos luego, a la hora de calcular el CCTX serán considerados de tecnología “media–baja”.
20
Aquí están contabilizados las aeronaves que, como se ha descripto en el apartado metodológico, en rigor deberían ser excluidas de la contabilización. Al hacerlo, la tendencia de las MAT a
lo largo del período no presenta diferencias significativas, de todos modos.
21
120
Es posible identificar diferentes etapas de la trayectoria del grado tecnológico
de las exportaciones argentinas para el período de estudio. En primer lugar,
en el Gráfico III se puede distinguir una fase ascendente del CCTX entre 1996
y 1998, que se explica por la caída relativa de los PP a favor de las MMT
(sobre todo por el sector automotriz, ver más adelante los gráficos IV y V).
Entre este último año y 2003 es posible notar una tendencia a la retracción
del coeficiente, lo cual coincidió con el estallido de la Convertibilidad. En
particular, este comportamiento estuvo asociado a una intensa merma en la
participación de MMT (que cayeron 7 puntos en el total de las exportaciones,
debido en gran medida a la severa caída del sector automotriz, ver gráficos
II, IV y V), a expensas de los PP (que ganaron más de 4 puntos, pasando del
43,6% del total exportado al 47,7%) y de las MRRNN.
Gráfico III. Evolución del CCTX argentino (1996–2011)
30%
25%
22,2%
22,7%
22,7%
23,1%
21,9%
21,3%
21,1%
22,1%
21,1%
22,7%
22,3%
22,6%
22,0%
20,9%
20%
19,2%
19,5%
15%
10%
1996
1997
1998
1999
2000
2001
2002
2003
2004
2005
2006
2007
2008
2009
2010
2011
Fuente: elaboración propia en base a información de COMTRADE.
Entre 2003 y 2006 tuvo lugar un efecto “rebote” en el coeficiente, que
rápidamente se acercó a los niveles del techo de la Convertibilidad –sin
nunca alcanzarlos–, en torno del 23%. El incremento en la complejización
de las exportaciones se debe, principalmente, a la mayor participación de
las exportaciones de MMT a expensas de los PP (fundamentalmente por
el sector automotriz, aunque también por otras ramas como los químicos y
plásticos, maquinaria y equipo y la siderurgia, ver Gráfico II y Cuadro IV). Entre
121
2006 y 2009 el coeficiente se mantuvo estable, lo cual se debió al aumento de
la participación de las exportaciones de MMT (sobre todo automóviles que,
como hemos visto, les hemos asignado una ponderación menor22) que se vio
en buena parte compensado por un mayor peso de los PP (ver Gráfico II y
Cuadro IV). Por último, entre 2009 y 2011 el CCTX retrocedió algunas décimas.
Dicha merma se explica por un proceso similar al de la fase anterior: expansión
simétrica de la participación de los PP y las MMT en el total exportado, pero
con una creciente tracción de los automotores dentro de estas últimas.
De todas maneras, si insertamos esta trayectoria dentro del ya mencionado
contexto global de reprimarización de las exportaciones –aun más grave en
América latina y, sobre todo, en Brasil, donde el CCTX pasó del 40% en 2000
al 26% en 2011 (Ludmer y Schteingart, 2012)–, a simple vista, parecería que
la Argentina se ha mantenido algo más inmune a este proceso.
Ahora bien, ¿en qué medida la escasa reprimarización argentina se debió
a un gran comportamiento industrial ante un contexto internacional poco
favorable a la complejización de las exportaciones, y cuánto al desempeño
del sector energético? En el Cuadro III se comparan las exportaciones de
petróleo crudo y refinado y gas natural en 2003 y 2011:
Cuadro III. Cantidades, precios y valores de exportación de combustibles
(2003 y 2011)
Cantidad
(mill. litros)
Petróleo crudo
12.123
Petróleo refinado
6.926
Gas natural
5.930
Total
2003
Precio tn
(USD)
190
260
150
Valor (MM
USD)
2.303
1.801
890
4.994
Cantidad
(mill. litros)
3.024
1.507
1.427
2011
Precio tn
(USD)
720
960
790
Valor (MM
USD)
2.177
1.447
1.127
4.751
Fuente: Elaboración propia en base a información de COMTRADE.
Como se puede ver, las cantidades exportadas cayeron sensiblemente entre
ambos años (–75% en el caso del petróleo crudo, –78% en el de petróleo refinado y –76% en el de gas natural), pero a la vez los precios de exportación
(por cada tonelada o mil litros) se incrementaron muy fuertemente (+278%,
+269% y +426% respectivamente), en el marco del ya descripto proceso de
alza mundial de los precios de los commodities23. De este modo, el monto
Dentro de lo que hemos agrupado como sector “automotriz” se incluyen los nomencladores
781 y 782 del SITC ver. 2 (vehículos de transporte de pasajeros y de mercancías, respectivamente que son los que hemos reponderado), como el 784 (autopartes) que, dado su mayor
contenido de I+D local (CEP, 2008), sí será ponderado como una MMT más.
22
En buena medida, la caída de las cantidades exportadas energéticas explican por qué los
“commodities + MOA” del Cuadro II apenas crecieron un 20% entre 2003 y 2011.
23
122
total en términos absolutos exportados terminó siendo apenas un 5% inferior en 2011 a 2003 (4.751 millones de dólares contra 4.994). Ahora bien,
¿qué hubiera ocurrido con la canasta exportable argentina y, por lo tanto,
con el CCTX, de haberse mantenido constantes las cantidades exportadas
de combustibles –es decir, si no hubieran existido ni crisis ni boom energéticos–?
Con los precios de 2011, el valor exportado de petróleo crudo hubiera sido
de 8.729 millones de dólares; el de petróleo refinado, de 6.648, y el de gas,
de 4.683. En total, los tres rubros hubieran sumado 20.060 millones de dólares. De haberse materializado esto, se hubiera alterado significativamente
el peso de los distintos tipos de manufacturas en el total exportado, con un
crecimiento de los PP (petróleo crudo y gas natural) y las MRRNN (petróleo refinado), a expensas de las demás. En este ejercicio de simulación, las
exportaciones argentinas en 2011, ceteris paribus, hubieran sido de 99.250
millones de dólares, contra los 83.950 millones efectivamente exportados24.
Dentro de este plus de 15.200 millones, 10.101 hubieran sido PP, y los restantes (poco más de 5 mil millones), MRRNN.
De este modo, el peso de los PP en el total exportado hubiera pasado del
45,6% realmente existente al 48,7%, y las MRRNN del 20,4% al 22,4%.
Como contrapartida, las MBT hubieran caído del 3,7% al 3,1%, las MMT del
22,6% al 19,1% y las MAT del 2,6% al 2,2%. Así, en 2011 el CCTX (teniendo
en cuenta la recategorización ya citada de los vehículos automotores, el oro
no monetario y las aeronaves), hubiera sido un 10,3% menor, esto es, de
19,8% en lugar del 22% realmente existente. En consecuencia, se trataría
de un guarismo muy similar al del año 2003 (19,5%), y considerablemente
menor al de 1998 (23,1%).
A continuación se descomponen las exportaciones de tecnología media y
alta en sus principales ramas (se incluyen los vehículos de transporte de
pasajeros y mercancías dentro de la categoría “automotriz”), para así poder
visualizar cuáles fueron las que más traccionaron el alza del coeficiente y
cuáles, por el contrario, lo hicieron en una menor cuantía.
Evidentemente, si no adoptásemos la cláusula ceteris paribus, probablemente un aumento
en las divisas producto de la inexistencia de una crisis energética hubiera implicado mayores
tendencias a la apreciación nominal del peso y, en consecuencia, una mayor dificultad por parte
de varias ramas de los bienes manufacturados para poder competir en el mercado internacional.
Esto, probablemente, hubiera derivado en una primarización aun mayor –más similar a lo que
ocurrió en Brasil, en donde las cantidades exportadas de bienes manufacturados cayeron 20%
entre 2006 y 2011 (Ludmer y Schteingart, 2012).
24
123
Gráfico IV. Desagregación de las exportaciones de tecnología media y
alta según principales ramas, por valor exportado (1996–2011)
10000
9969
Químicos y plásticos
Siderurgia
Maquinaria y equipo
9000
8000
Automotriz
Otros
7000
6473
5904
Millones de US$
6000
4888
5000
4000
3026
3000
1714
2000
1000
957
2470
2418
1515
1720
1353
1427
848
518
517
0
1996
1997
1998
1999
2000
2001
2002
2003
2004
2005
2006
2007
2008
2009
2010
2011
Fuente: Elaboración propia en base a información de la CEPAL.
El sector automotriz ha sido, con la sola excepción de los años 2003 y 2004, el
rubro con mayor importancia dentro de esta clase de manufacturas (Gráficos
IV y V). Si en 1998 sus ventas externas –en su mayoría a Brasil– aportaron casi
la mitad del total exportado de las mercancías de tecnología media y alta, en
2003 su participación cayó a poco menos del 30% (viéndose superada por
los químicos y los plásticos25). Desde entonces, recuperó sostenidamente
su participación en el total de las exportaciones de esta clase de bienes
(excepto en 2008 y 2009) para representar en 2011 más del 47%, habiendo
sextuplicado sus exportaciones en este año respecto a 2003.
Por su parte, los químicos y los plásticos ganaron participación con el
declive de la Convertibilidad, por el hecho de que continuaron aumentando
los valores exportados al tiempo que el conjunto de los bienes de media y
alta tecnología los disminuía. Asimismo se observa que entre 2003 y 2007
Aquí se contienen además la petroquímica y la industria farmacéutica. Dentro de “plásticos”
se incluyen las resinas y materias plásticas artificiales y ésteres y éteres de la celulosa y se excluye el resto (Lall, 2000).
25
124
perdieron participación, en tanto el crecimiento del sector automotriz fue
más dinámico y desde ese año estabilizaron su participación en torno del
28% (Gráfico V).
Resulta interesante advertir la declinación relativa de las exportaciones de
maquinaria y equipo, que desde 1999 hasta 2011 incrementaron sus ventas
externas a ritmos más reducidos que los del conjunto de las MMT y MAT (o,
lo que es igual, en momentos de decrecimiento general, lo hicieron a tasas
mayores, ver Gráfico V). Ello llevó a que su peso en el total cayera en torno
del 22% en 1999 al 11,8% en 2011. Asimismo se destaca que, entre 1998 y
2003, el valor de las exportaciones de este sector cayó 22%, mientras que el
de la economía en su conjunto creció un 14%. De todos modos, entre 2003 y
2008 esta situación fue parcialmente revertida pasando a un crecimiento del
185% contra 134% respectivamente (ver Cuadro IV). A partir de este último
año, las ventas externas de maquinaria y equipo volvieron a estar muy por
debajo de la media de la economía (2% contra 20%), lo cual necesariamente
supone una pérdida de relevancia sobre el total exportado nacional.
Gráfico V: Participación de las principales ramas en las exportaciones
de MMT y MAT
50%
48,9%
en % del total de exportaciones de MMT y MAT
45%
40%
35%
Químicos y plásticos
Siderurgia
Maquinaria y equipo
Automotriz
Otros
47,6%
35,3%
36,7%
30%
28,2%
29,4%
25%
21,0%
20%
15%
17,5%
17,8%
10,7%
10%
11,8%
9,4%
6,5%
5%
0%
1996 1997 1998 1999 2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011
Fuente: Elaboración propia en base a información de la CEPAL.
125
Por último, la siderurgia26 presenta un comportamiento con altibajos, debido
a su particular inserción productiva: entre 1996 y 1999 resta cierta participación que recupera entre 1999 y 2002, para volver a perderla sostenidamente
desde 2005. Esto se debe en buena medida al comportamiento anticíclico de
sus exportaciones: en momentos en que la actividad económica local crece,
el sector siderúrgico tiende a volcar su producción al mercado interno, mientras que en épocas de recesión local (1999–2002) la dirige hacia el exterior
(Azpiazu y Schorr, 2010; CEP, 2008)27.
Cuadro IV: Evolución de las exportaciones de MMT y MAT según sector
(Índice año base 2003 = 100)
Sector
Automotriz
Químicos y plásticos
Maquinaria y equipo
Siderurgia
Total Media y Alta Tec.
Total expo argentinas
1998
212
76
130
113
128
88
2001
138
91
130
104
115
89
2003
100
100
100
100
100
100
2006
282
170
186
245
214
155
2008
454
285
285
333
344
234
2009
375
255
238
241
286
186
2010
557
294
258
202
354
228
2011
699
344
291
262
431
280
Fuente: Elaboración propia en base a información de la CEPAL.
Cuadro V. Cantidades y precios en las exportaciones de MMT y MAT
según sector (Índice año base 2003 = 100)
Cantidades (q)
Año
Automotriz
Maquinaria y equipo
Químico-plástica
Siderurgia
2001
138
100
81
109
2003
100
100
100
100
2006
201
151
133
103
2008
283
218
157
119
2009
261
156
168
69
2010
357
179
184
83
2011
411
190
185
87
Precios (p)
Año
Automotriz
Maquinaria y equipo
Químico-plástica
Siderurgia
2001
100
130
113
95
2003
100
100
100
100
2006
140
123
128
238
2008
160
131
182
280
2009
144
152
152
350
2010
156
144
160
245
2011
170
153
186
302
Fuente: Elaboración propia en base a información de CEPAL, ADEFA, ADIMRA y la Cámara
Argentina del Acero.
Cabe resaltar que aquí se incluyen solo las manufacturas siderúrgicas que según Lall (2000)
son de tecnología media. Principalmente, se trata del arrabio, ferroaleaciones, lingotes de hierro/acero y tubos y accesorios de tubería de hierro/acero. Otros productos, como por ejemplo
los planos universales, chapas y planchas de hierro/acero, los flejes y cintas de hierro/acero, el
alambre de hierro/acero o las barras y varilla de hierro/acero, entre otros, son excluidos aquí, en
tanto pertenecen a las “manufacturas de tecnología baja”.
26
Si bien 2009 fue un año de contracción en el plano interno, las exportaciones siderúrgicas de
tecnología media y alta se desplomaron por la crisis internacional, a diferencia de lo ocurrido con
la crisis de la Convertibilidad, que fue un fenómeno exclusivamente local.
27
126
Si se descompone el valor de exportación de estas ramas en precios y cantidades se podrá observar que existieron importantes heterogeneidades al
interior de las MMT y las MAT. En primer lugar, en el Cuadro V puede apreciarse que los sectores automotriz y de maquinaria y equipo crecieron entre
2003 y 2011 más por cantidades que por precio: el aporte de las cantidades
explica el 82% para el primero y del 63% en el segundo, mientras que el de
los precios del 18% y del 37% respectivamente.
Ahora bien, si comparamos el período 2003–2008 (que podríamos definir
como de “tipo de cambio competitivo”, ver Gráfico VI) con el de 2008–2011
(en el que se conjuga un proceso de retraso cambiario creciente con la
crisis internacional de 2009), veremos que ambas ramas divergen. Mientras
que las cantidades exportadas del sector automotriz crecieron en los dos
subperíodos (un 161% entre 2003 y 2008, y un 45% entre 2008 y 2011), las
del sector de maquinaria y equipo (estratégico para la creación de spillovers
tecnológicos en el entramado productivo) solo lo hizo en el primero de ellos
(+118%, contra una caída del 13% entre 2008 y 2011). De hecho, mientras el
crecimiento del monto exportado entre 2003 y 2008 se explica un 79% por
las cantidades y un 21% por los precios, el ocurrido entre 2008 y 2011 (tan
solo el 2,1%) se debe exclusivamente a los precios.
Gráfico VI: Evolución del tipo de cambio real respecto al dólar
estadounidense y del tipo de cambio real multilateral (2001–2011)
290
270
250
Índice base: Dic 2001= 100
230
210
190
170
165,6
150
130
TCR multilateral deflactado por IPC provincias
110
90
dic-01
118,6
TCR contra dólar deflactado por IPC provincias
dic-02
dic-03
dic-04
dic-05
dic-06
dic-07
dic-08
dic-09
dic-10
dic-11
Fuente: Elaboración propia en base a datos de BCRA e Institutos de Estadísticas Provinciales.
127
En la siderurgia podemos notar que, al igual que el sector de “maquinaria
y equipo”, las cantidades exportadas crecieron entre 2003 y 2008 –aunque
mucho más ligeramente (tan solo un 19%)–, y luego decrecieron fuertemente
a partir de entonces (–27%). Sin embargo, se diferencia de aquella rama en
tanto el crecimiento del valor exportado se debió al efecto precio en ambos
subperíodos (los precios crecieron 180% entre 2003–2008 y 8% entre 2008
y 2011). De este modo, en el global del período 2003–2011, podremos ver
que las cantidades exportadas terminaron cayendo un 13%, en tanto que
los precios se incrementaron un 202% (ver Cuadro V). La fuerte suba de
los precios de exportación está indudablemente ligada a la multiplicación
del precio internacional del hierro, insumo básico del sector siderúrgico. En
suma, el aporte de las cantidades al crecimiento del valor exportado de la
siderurgia de media tecnología entre 2003 y 2011 es de –7% en tanto que el
de los precios es de 107%.
Por su parte, la rama químico–plástica aumentó sus exportaciones en proporciones casi idénticas entre precios y cantidades (el total del crecimiento
del valor exportado se explica 50,3% por los primeros y 49,7% por las segundas), y sin alteraciones significativas en las cantidades exportadas entre
los dos subperíodos (ver Cuadro V).
En síntesis, teniendo en cuenta estos valores se puede afirmar que el tipo de
cambio competitivo que generó la devaluación de 2002 sentó un macroeconómico favorable para las ventas externas de las cuatro ramas mencionadas.
En el caso especial del sector de maquinaria y equipo, sin embargo, su declive luego del pico de 2008 se relaciona con el creciente proceso de apreciación cambiaria iniciado en 2007, conjugado con la insuficiencia –durante
todo el período de la postconvertibilidad– de políticas científico–industriales
que fortalecieran esta rama, muy sensible a la competencia extranjera. Esta
falencia en materia de política industrial derivó en que el sector no pudiera ganar formas de competitividad no–precio (por ejemplo, a través de una
mayor innovación o productividad) y siguiera siendo extremadamente dependiente del tipo de cambio como herramienta para poder insertarse en los
mercados mundiales.
IV. Conclusiones
Durante las tres últimas décadas tuvieron lugar importantes cambios
en el patrón del comercio mundial de bienes. En particular, se destaca la
relocalización de la producción manufacturera desde los centros tradicionales
(EE.UU., Japón y Europa) hacia nuevos protagonistas (China, India y varios
países del sudeste asiático). En este contexto, en los últimos diez años, el
acelerado crecimiento económico de estos nuevos actores (los emergentes
asiáticos) motivó una mayor demanda de materias primas que se generó,
junto con una mayor especulación financiera, una sideral modificación de
128
los precios relativos entre los commodities y los bienes manufacturados. De
este modo, a nivel global el peso de las exportaciones de PP y MRRNN se
incrementó, pero esto no se dio en todas las regiones. Particularmente, la
región latinoamericana se ha reprimarizado fuertemente en la última década,
con el caso paradigmático de Brasil, que vio simplificar sus exportaciones de
un modo preocupante (Ludmer y Schteingart, 2012). En cambio, las regiones
en donde se relocalizó la producción mundial (fundamentalmente China)
incrementaron su CCTX.
El caso argentino muestra una evolución particular: su grado de contenido
tecnológico de las exportaciones ha crecido tras la superación de la crisis de
la convertibilidad, pero dicha tendencia llegó a un límite hacia el año 2006. A
partir de 2009, su CCTX ha sufrido una ligera retracción. Al eliminar el efecto
precio, se pudo constatar, en un principio, que las cantidades exportadas
de bienes industriales fue sensiblemente mayor que la de los productos con
menor agregación de valor. Sin embargo, un análisis más detallado al interior de las manufacturas de mayor contenido tecnológico nos mostró un
panorama más heterogéneo. De este modo, las MMT y MAT que más aumentaron sus exportaciones en la postconvertibilidad fueron la automotriz
y la químico–plástica (que habían sido sectores industriales ganadores en
la convertibilidad) (Azpiazu y Schorr, 2010), a pesar de que el aumento de
sus precios de exportación fue menor al de los commodities. Por su parte,
el sector de maquinaria y equipo (gran derrotado en la convertibilidad) pudo
aumentar sus cantidades exportadas hasta 2008, momento en el cual la incipiente apreciación cambiaria y una mayor utilización de la capacidad instalada implicaron un punto de inflexión en su trayectoria. Además, dentro de
las ramas industriales analizadas, fue la más desfavorecida por los cambios
en los precios relativos de exportación (ver cuadro V). La siderurgia mostró el
sendero más negativo de todos en término de cantidades exportadas, lo cual
se vio parcialmente compensado por un fenomenal aumento de los precios
de exportación. Dentro de este contexto, además, hemos señalado que la
crisis en el sector energético contribuyó considerablemente al aumento del
CCTX entre 2003 y 2011.
En base a lo analizado y retomando el título de este trabajo, nos preguntaremos
en qué medida ha existido un cambio estructural en la canasta exportable
argentina. A todas luces, la evidencia empírica muestra que en 2011 esta
no era más compleja que en 199828. Entre 2003 y 2008, los indicadores
parecieron mostrar un mayor upgrading tecnológico de las exportaciones
argentinas, fomentadas por el tipo de cambio competitivo generado por la
En este punto, la línea argumentativa de este trabajo se encuentra en sintonía con la de Porta
y Fernández Bugna (2007), quienes sostienen que no hay evidencia de que en la posconvertibilidad se haya generado un cambio estructural de la estructura productivo–tecnológica argentina.
28
129
devaluación de 2002 y por el efecto “rebote” que supuso la superación de
la crisis de la convertibilidad. Sin embargo, una vez desatado el proceso
de apreciación cambiaria real, junto con la debilidad de la política industrial
de la posconvertibilidad y el marco de precios relativos muy propicios a la
commoditización de las exportaciones argentinas, a partir de 2009 la Argentina
experimentó una incipiente primarización, que no fue mayor debido a la crisis
en el sector energético. Si se toman en cuenta estos factores, el significado
de los indicadores (que mostraría que, dentro del panorama regional –y,
particularmente, si se lo compara con Brasil–, la trayectoria argentina parece
haber sido de las menos reprimarizantes) cambia, y nos relativiza aún más lo
que algunos autores como Fraschina (2011) han catalogado como una virtud
argentina en el contexto latinoamericano.
De este modo, para concluir, creemos que para profundizar el camino de la
incorporación tecnológica a los bienes exportados, es necesario evitar que
la apreciación cambiaria se convierta en una limitación para ciertos sectores
industriales sensibles a la competencia extranjera, para lo cual se torna más
que nunca indispensable articular un tipo de cambio competitivo y estable
con más y mejores políticas industriales y científicas activas sectoriales. Para
ello, será crucial una mayor coherencia y coordinación entre las distintas dependencias estatales (Ministerio de Industria, Ministerio de Ciencia y Tecnología, Ministerio de Economía y Finanzas, el Instituto Nacional de Tecnología
Industrial –INTI–, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria –INTA–,
la banca pública e instituciones provinciales y municipales, entre otras), que
deberán nutrirse de un mayor número de cuadros técnicos con autonomía,
pero a la vez con voluntad industrialista y diálogo con el sector privado.
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132
Industrialización para la
creación de empleo de
calidad*
Cambio estructural y política
industrial en Argentina
Magalí Brosio**, Diego Coatz*** y Marianela Sarabia****
1. Introducción
La implementación de políticas bajo el encuadre del paradigma del Consenso
de Washington dejó algunas de las problemáticas más características de
las economías en desarrollo irresueltas. La demostrada imposibilidad de
estas directrices de prestar soluciones concretas a los países emergentes,
proporcionó un contexto ideal para la reaparición de viejos debates que habían
sido dejados de lado. En este sentido, en los últimos años, la importancia
de modificar la estructura productiva como forma para generar empleos y
distribuir el ingreso primario volvió a instalarse en la agenda pública como
una cuestión clave. Kucera y Roncolato (2012) señalan que el principio central
de la perspectiva estructuralista del desarrollo radica en que un crecimiento
económico sustentable requiere una transformación estructural, más allá de
que un país pueda experimentar ciertos momentos de crecimiento a través
de distintas fuentes. Ese proceso de transformación estructural acentúa el
cambio en la composición sectorial del producto y el empleo, con foco en la
industria como sector líder.
En esta línea, se requiere tanto la maduración de procesos productivos y
tecnológicos para superar el carácter dual de las economías periféricas, como
* Una versión previa de este documento fue presentada para integrar una colección de artículos
sobre informalidad laboral de la OIT “Caminos hacia la formalización laboral en Argentina”. Las
opiniones aquí expresadas así como los errores y omisiones son exclusiva responsabilidad de
los autores.
** FALTA
*** Es Economista Jefe del Centro de Estudios de la UIA (CEU) y Secretario de SIDbaires.
**** Es especialista en economía internacional y laboral del CEU.
133
viabilizar el cambio estructural a través de la articulación entre el crecimiento
de ciertos sectores y la tecnología (Cimoli et al., 2005; Katz, 2007). En su
carácter de economía en desarrollo –tomadora de precios internacionales,
con brechas de productividad inter e intrasectoriales y una restricción externa
recurrente liderada por la dependencia de las importaciones que posee el
proceso de crecimiento, entre otros–, Argentina aún no ha logrado superar
de manera definitiva las trabas y dificultades que la caracterizan.
A pesar del crecimiento económico y la recuperación industrial registrado
durante los 2000s la postconvertibiliad no es un todo indisoluble. El período
que siguió a la gran crisis local del año 2002 tuvo cambios y vaivenes internos pero también modificaciones externas. Diversos estudios coinciden en
señalar que las actividades más dinámicas –con eje en la innovación– solo
han contribuido marginalmente a explicar el crecimiento por su reducida participación en el PBI mientras que aquellos sectores que lideraron el crecimiento de los años 90s han mantenido su peso relativo (Roitter et al., 2013).
De hecho, la construcción, el comercio y la industria se posicionaron entre
los sectores más dinámicos de la economía a partir de 2003, junto a intermediación financiera y transporte, almacenamiento y comunicaciones, que
se habían constituido como sectores de alto crecimiento durante los 90s sin
alterar significativamente su participación en el valor agregado.
Con respecto al empleo asalariado, se registró un incremento de la tasa de
asalarización durante los 2000s, liderado por el crecimiento del empleo formal. Los esfuerzos orientados a reducir la informalidad1 laboral devinieron en
caídas generalizadas de la tasa de empleo no registrado (ENR) entre 2003
y 2013, con ausencia de grandes cambios en el interior de la estructura
sectorial del empleo que refleja la ausencia de importantes modificaciones
en la matriz productiva (Bertranou et al., 2013; recuadro 2). La composición
de la estructura productiva de un país está estrechamente vinculada con la
capacidad de esa economía de generar puestos de trabajo y de calidad. En
este sentido, la incidencia de la informalidad constituye una problemática
distintiva de los países en desarrollo, donde las estructuras productivas se
muestran insuficientes para generar puestos de trabajo formales y de tiempo
completo. Argentina no es la excepción: más allá del importante crecimiento
registrado en la actividad en la postconvertibilidad, los trabajadores asalariados que no realizan aportes a la seguridad social aún son un tercio de los
Si bien el existe un espectro considerable de formas concretas que toma el trabajo precario,
el término informalidad laboral se usa de manera habitual como sinónimo de empleo asalariado
donde el empleador no realiza contribuciones a la seguridad social. A lo largo de este trabajo
se utilizará este criterio. Si bien es cierto que dentro del empleo por cuentapropia –en especial
en aquellos puestos de trabajo vinculados a baja educación o calificación– existe también un
elevado grado de empleo de baja calidad, este es de difícil medición y no existen estadísticas
sistemáticas, por lo cual solo se lo trabajará de manera cualitativa.
1
134
empleados bajo esta modalidad de contratación. Tal y como se ha señalado
previamente, la imposibilidad de reducir más la tasa de informalidad está
vinculada con los rasgos inherentes de la estructura productiva local y que
aún con el crecimiento en término de producto de la pasada década no han
podido revertirse los limitantes estructurales para la generación de empleo
de calidad.
El presente trabajo, en primer lugar, repasa brevemente las interrelaciones
establecidas entre la matriz productiva y la matriz de empleo durante los
últimos 40 años. Luego se plantea la necesidad de implementar un conjunto
de políticas estratégicas que contemplen múltiples dimensiones del mercado
laboral argentino en línea con una nueva matriz de desarrollo productivo.
Asimismo, se reseña el proceso de desarticulación productiva iniciado a
mediados de los 70s – en particular de la industria– y sus repercusiones
en las condiciones laborales. Luego se detallan los logros y las limitaciones
de los 2000s. Se describen tres etapas con dinámicas propias durante la
post–convertibilidad donde se pone de manifiesta que el crecimiento del
nivel de actividad es condición necesaria pero no suficiente para reducir
la informalidad laboral y mejorar la estructura del mercado de trabajo: el
tipo de crecimiento es clave para revertir aspectos clave para el desarrollo
económico. La penúltima sección da cuenta de la nueva ola de política
industrial en países desarrollados, cuyo eje estratégico es la innovación y
la creación de empleos de calidad además de la coordinación de diversos
actores y dimensiones de intervención. Finalmente se plantean reflexiones y
recomendaciones de política.
Una herencia de desarticulación productiva e informalización tras la ISI
Entre 1930 y 1976, la política económica argentina se basó en una industrialización por sustitución de importaciones (ISI) que buscaba, en el marco
de una economía cerrada y con un fuerte protagonismo estatal, reemplazar
el perfil de especialización argentino centrado en la producción de bienes
primarios de origen agropecuario por el de productor de una amplia gama
de bienes manufacturados con la producción metalmecánica como eje de
dicho proceso. Este modelo apuntaló el desarrollo de una trama industrial
densa –aunque débil– y la expansión del mercado interno, articulando las
dimensiones económica y social. De esta manera, la política económica “endogeneizaba” los objetivos sociales pese a tasas de crecimiento modestas
con ciertas inconsistencias macroeconómicas (Lengyel y Novick, 2008). Lógicamente, el proceso de industrialización tuvo un éxito más que moderado:
de acuerdo a Katz y Kosacoff (1998), el débil marco institucional, lo escaso
y fragmentario de las capacidades tecnológicas entonces disponibles y la
incapacidad hasta finales de la década del ’50 de acceder a equipos de
capital y diseños más modernos y competitivos hicieron que la producción
manufacturera latinoamericana no pudiera acortar significativamente la brecha con la que caracterizaba al mundo desarrollado.
135
Luego, Argentina se vio inmersa en un proceso de desregulación y súbita
apertura comercial que desembocó en –o, al menos, intensificó– una
desarticulación productiva en tanto proceso intrínsecamente complejo2. El
próximo gráfico muestra este proceso de desarticulación productiva dado
que la mayoría de los sectores productores de bienes se ha desplazado hacia
el cuadrante inferior izquierdo entre 1973 y 19973. Allí, la conglomeración
de actividades da cuenta de la destrucción de los encadenamientos hacia
adelante (desplazamiento hacia abajo) con un fuerte deterioro de los
encadenamientos hacia atrás (desplazamiento hacia la izquierda)4.
Gráfico 1. Evolución de los encadenamientos productivos en Argentina
(1973–1997)
Evolución de los encadenamientos productivos en Argentina
2,3
(sectores seleccionados)
2,2
1973
2,1
Siderurgia
1997
Refinación de petróleo
Encadenamientos hacia adelante
2,0
1,9
Cultivo de cereales, oleaginosas
y forrajeras
1,8
1,7
1,6
Electricidad y gas
Cultivo de cereales, oleaginosas
y forrajeras
1,5
1,4
1,3
Siderurgia
1,2
Sector primario
1,1
Electricidad y gas
Caucho y plástico
Sector primario
0,8
Sustancias y productos químicos
0,7
Total economía
Total economía
1,0
0,9
Refinación de petróleo
Caucho y plástico
Sustancias y productos químicos
Sector automotriz
Industria (excepto alimenticia)
Metalmecánica (sin automotriz)
Sector automotriz
Metalmecánica
0,6
0,5
0,6
0,7
0,8
Fuente: CEU UIA sobre la base de datos de la MIP’73 y la MIP’97.
Industria (excepto alimenticia)
Total Industria
Total industria
0,9
Metalmecánica
Metalmecánica (sin automotriz)
1,0
1,1
Encadenamientos hacia atrás
2
En oposición a aquel que trasciende una caída coyuntural de la producción industrial en términos absolutos y relativos –caso en que se podría retornar fácilmente a niveles previos–.
3
A lo largo del documento se trabaja con las matrices insumo–producto (MIP) de 1973 y
1997. Como valor de referencia para normalizar los encadenamientos y poder compararlos,
se consideró el promedio de los encadenamientos de toda la economía en 1973 como base,
dando cuenta de qué sectores registraron menor o mayor grado de integración local en
términos relativos –con respecto a dicho promedio–.
4
Mientras los encadenamientos hacia adelante dan cuenta del rol clave de los productos intermedios demandados por múltiples cadenas locales de valor, los encadenamientos hacia
atrás registran las demandas que cierto sector realiza a los proveedores locales, representando el “arrastre” intersectorial.
136
En otras palabras, como el entramado industrial estaba compuesto por
sectores estrechamente interrelacionados o encadenados; el daño o la
destrucción de un eslabón productivo terminaba expandiéndose hacia los
demás segmentos interrelacionados al interior de una cadena de valor, generando procesos difícilmente reversibles. Además de afectar la producción
corriente, se detenían los procesos de aprendizaje y colaboración –potenciales mejoras de productividad– o se destruían capacidades productivas.
Sumado a ello, la desfragmentación de la producción por parte de algunas
cadenas de valor que adquirieron una impronta global y la consecuente relocalización de etapas bajo la forma de enclave tendieron a intensificar dicha
desarticulación.
Asimismo, el menor tamaño de los círculos naranjas (1997) respecto de los
turquesas (1973) representa la pérdida de participación relativa del valor
agregado (VA) local en los sectores productores de bienes. El VBP –valor
bruto de producción– y el VA de la industria manufacturera habían alcanzado
el 49% y el 29,6% del total, respectivamente hacia 1973 mientras que, hacia
1997, se redujeron a 29,7% y 17,1%. Si bien, para la industria, el VA aumentó
levemente su participación en el VBP (del 30,5% en 1973 al 32,8% en 1997),
las demandas intermedias tuvieron una reducción significativa (del 63,8% al
56,4%) a costa del incremento de las importaciones (del 5,7% al 10,8%)5,6.
Entre mediados de los 70s y principios de los 2000s el país experimentó casi
ininterrumpidamente el deterioro de su sector industrial como centro neurálgico (Coatz et al., 2011). Estas transformaciones estructurales tendieron
a incrementar las brechas externas –con los países avanzados– e internas,
acentuando la heterogeneidad estructural preexistente en lugar de avanzar
hacia el “upgrading” o “catching up”. Por un lado, se produjo un considerable debilitamiento para generar ‘arrastres’ o ‘empujes’ a partir del crecimiento de un sector como resultado del menor peso relativo de las demandas
Para el total de la economía, el VA como porcentaje del VBP pasó del 50,6% al 57,1%; las
demandas intermedias del 46,3% al 38,6% y las importaciones del 3,1% al 4,2%.
5
6
En la rama metalmecánica –excluyendo transporte– las importaciones pasaron del 10% del
VBP sectorial en 1973 al 16% en 1997. En transporte –automotriz y otros subrubros–, las
importaciones mostraron un cambió aún más profundo, pasando de 7% al 24% de su VBP.
En tanto, los usos nacionales como porcentaje del VBP –las compras intermedias de cada
sector a otras industrias de producción local– pasaron del 57% al 46% en la metalmecánica
y del 64% al 44% en transporte. También se observa una modificación de la estructura de
compras totales según los componentes de demanda intermedia y final. En 1973 las compras intermedias a la metalmecánica y al transporte eran un 4,8% y un 3,6% del total, respectivamente; mientras que en 1997 pasaron a 3,7% y 1,7%. A su vez, las importaciones de
bienes intermedios de ambos sectores pasaron del 6,4% del total de demandas intermedias
en 1973 al 9,9% en 1997. Las demandas de consumo final –tanto privado como público–
confirman esta tendencia.
137
inter industriales en las etapas iniciales de la cadena de valor; revelando la
imposibilidad de articular el tejido productivo y revertir dicho proceso inmediatamente. Como contracara, el sustantivo incremento de las importaciones
tendió a reforzar la dependencia cíclica y recurrente –stop and go– del nivel
de actividad, a costa del desarrollo de redes de proveedores locales. Sus
causalidades son múltiples: desde la desintegración vertical de las firmas y
la dificultad de otras para mantenerse o insertase en los circuitos formales al
mayor componente importado en la canasta de consumo local; pasando por
la incorporación de maquinaria de última generación que competía con los
puestos de trabajo y el cierre de empresas (Bernat, 2006).
De ese modo, la destrucción de eslabones críticos relacionados con la
creación de empleos de calidad habría operado a favor de la «informalización» de la economía erigiendo este como una problemáticas acuciantes
en nuestro país. Argentina pasó de tener una tasa de ENR en el sector industrial del 17,1% en 1974 a una del 44,6% en 2003, reflejando el deterioro
del mercado de trabajo producto de la desarticulación productiva con crisis
recurrentes7 y esquemas limitados de protección social. La tasa agregada
de ENR, por su parte, alcanzó al 50% de los asalariados en 2003, mientras
que entre los trabajadores independientes la incidencia de la informalidad
resultaba mucho mayor. A su vez, el incremento del desempleo8 en un contexto de ampliación de la participación laboral y crecimiento poblacional
puso de manifiesto una restricción estructural de la economía argentina
para generar empleo.
Las limitaciones de los procesos de desarrollo de la matriz productiva local
no son difíciles de vislumbrar. Al observar la evolución del producto industrial per cápita a precios constantes de 1993, por ejemplo, se destaca que
el pico más importante se dio en 2011 con $1.806 por persona, seguido por
1976. En otras palabras, el crecimiento elevado y sostenido de la actividad
industrial entre 2002 y 2011 (7,5% promedio anual)9 permitió revertir tendencias previas y recomponer parte de la desarticulación productiva alcanzada a
finales de los 90s mientras se logró poner fin a la “informalización” e incluso
se pudo reducir la incidencia del ENR de forma significativa.
7
El Rodrigazo, la tablita, la hiperinflación, la crisis del tequila y el desplome de la convertibilidad.
El desempleo abierto pasó de 4,2% en 1974 al 19,7% en 2002, promedios anuales, manteniéndose estable en torno al 7% entre 2011 y 2013.
8
9
Si el período se acota a 2004–2011, la tasa de crecimiento del producto industrial per cápita registra un promedio anual de 5,27%. El crecimiento de 2009 fue de 1,33%. Por su parte,
en 2012, la contracción anual alcanzó el 4,12%, constituyendo un punto de inflexión de la
serie y acentuándose en 2013 (–5,34%).
138
Gráfico 2. Producto industrial per cápita (1950–2013)
Producto industrial per cápita
($ de 1993 por persona)
(2011)
2000
(1976)
1800
1.666
1.806
1600
1400
1200
1000
800
600
400
200
0
1950
1955
1960
1965
1970
1975
1980
1985
1990
1995
2000
2005
2010
FUENTE: CEU UIA en base datos de Fundación Norte y Sur e INDEC.
2. Recuperación del nivel de actividad y formalización el empleo en los
2000s
I. De la reversión de tendencias a las limitantes productivas
Como se ha mencionado previamente, la postconvertibiliad no puede concebirse como un todo indisoluble. La década que siguió a la gran crisis tuvo cambios y vaivenes internos pero también modificaciones externas. La interacción
de las dimensiones macro–productivas y laborales de la postconvertivilidad
puede ser analizada en tres etapas diferenciadas, conforme sus propias interacciones: la primera, entre 2002 y mitad de 2007, fue de “Reindustrialización
y generación de empleo de calidad”; la segunda, 2007–2010, de “Crisis internacional y ‘rebote’ de la industria nacional”; y finalmente, desde mitad de 2011
hasta la actualidad, “De la sintonía fina al estancamiento productivo”.
1. La etapa de Reindustrialización y generación de empleo se caracterizó
por un elevado nivel de actividad, un crecimiento de la industria y la recuperación acelerada del salario. Esto generó un contexto macroeconómico
propicio para la expansión de los sectores productores de bienes: tras
los cambios macro se fortalecieron la demanda interna, la inversión y la
productividad. La política económica tenía como eje vector la reindustrialización a partir de la política cambiaria de flotación administrada y la
implementación de retenciones, reintegros, y algunos subsidios cruzados
en materia de energía, dadas las diferencias de productividades sectoriales. Asimismo, se recuperó parcialmente la política comercial externa.
139
Argentina pasó de concesiones permanentes en materia internacional a
una posición negociadora y activa, tanto en la Organización Mundial del
Comercio (OMC) como en el Mercosur. Y un dato no menor: la ciencia
retornó a los primeros planos de la agenda, primero a través de cambios
en el Conicet y luego con la creación de un Ministerio de Ciencia y Tecnología. Todo ello dio lugar a que entre mitad de 2002 y fines 2007 la industria creciera casi un 60% acumulado y se generasen 404.000 nuevos
puestos de trabajo formales. Se detuvo el incremento de los asalariados
informales en 2004–2005 –en la industria esto ocurrió en 2005–2006 (ver
gráfico 3). Dichos factores, junto a la recomposición del poder adquisitivo
del salario, permitieron expandir la demanda interna así como fortalecer
la inversión productiva y mejorar la productividad. La industria creció por
encima del nivel mundial y de otros países de la región como Brasil10
mientras el empleo sectorial creció por encima del agregado.
2. Entre 2007 y principios de 2011 se abrió paso una nueva etapa caracterizada
por la Crisis internacional y “rebote” de la industria nacional.El lock
out doméstico y la crisis internacional exacerbaron la tensión entre clases
producto de la puja distributiva en un contexto de desaceleración del
producto acompañada por un estancamiento que ralentizó la creación
del empleo asalariado mientras que la caída de la actividad industrial
repercutió negativamente en el nivel de empleo sectorial.
A comienzos de esta etapa (2007) ya se vislumbraban tensiones propias
de la problemática del desarrollo. Financiamiento, energía, crecimiento
acelerado de las importaciones, costos logísticos (transporte) comenzaban
a ser parte la agenda. A nivel macro, la inflación y la creciente demanda de
divisas (tanto para importar como para ahorrar) reflejaban esa agenda como
coyuntura (financiamiento externo) y como estructura (límites en la matriz
productiva). En ese debate estábamos cuando estalló la crisis internacional
y la industria argentina, como la del todo el mundo, sufrió una importante
contracción (–6% en 2009).
Frente a esto, el Gobierno implementó un conjunto de políticas activas que,
si bien no constituyó un plan integral, dio lugar a una enérgica recuperación
industrial. Se fortaleció la demanda interna (mayor inclusión jubilatoria y la
instauración de la asignación universal por hijo o AUH), se hizo una política
comercial selectiva (licencias no automáticas, antidumping, valores criterios,
entre otros), se administró sin sobresaltos la cuestión cambiaria (deslizando el
tipo de cambio gradualmente con una suba de la tasa de interés) y se puso a la
La industria argentina creció a una tasa de 8,7% entre 2004 y 2007 –promedio de tasa de
crecimiento mensual–; mientras la industria global creció a un 4,7% y la brasileña a un 5,1% en
el mismo periodo.
10
140
obra pública en el centro de la recuperación. La actividad industrial acumuló
un crecimiento del 20,7% en 2010 y septiembre de 2011. El crecimiento,
como sugiere la paradoja histórica de la Argentina, encendió nuevamente,
pero de forma más acelerada, los temas estructurales pendientes Cabe
destacar la reducción absoluta de la informalidad registrada en este período,
con caídas notorias de la cantidad de asalariados no registrados, tanto a nivel
agregado como sectorial a partir de 2012. Esto fue mérito de las políticas
específicas implementadas que fueron acompañadas por un crecimiento
sostenido (MTEySS, 2010). Asimismo, como se mencionó antes, la alteración
de los precios relativos junto a problemáticas vinculadas a financiamiento,
energía, infraestructura y transporte intensificaron tanto el crecimiento de las
importaciones como la puja distributiva en un contexto de crecimiento del
salario real11. Tanto la creciente necesidad de divisas para equilibrar la cuenta
corriente –importaciones y remisión de utilidades– como la dolarización de
carteras en un contexto de bajas tasas de interés despertaron un signo de
alarma para la cuestión cambiaria y comercial.
Gráfico 3. Evolución de la actividad y los trabajadores en la industria
Evolución de la actividad y los trabajadores en la industria
(variación interanual)
15%
10,7%
10%
5%
9,0%
9,2%
8,0%
Actividad (PIB)
Actividad industrial (CEU)
Asal. totales
Asal. en la industria
Asal. informales totales
Asal. informales en la industria
12,6%
8,5%
8,4%
9,2%
8,7%
7,5% 6,8%
8,9%
7,2%
3,5%
0,9%
1,9%
*3,0%
1,4%
0%
-2,3%
-5%
-5,9%
-10%
-15%
2004
2005
2006
2007
2008
2009
2010
2011
2012
*La variación del PIB para 2013 corresponde al producto de base 2004 = 100.
FUENTE: CEU UIA en base a datos de cám. empresariales y org. del s. público y privado y microdatos de EPH-INDEC.
2013
El año 2009 fue paradigmático dado que se registraron incrementos del salario real con estancamiento de la actividad a nivel general y fuertes caídas en el plano industrial.
11
141
A partir de 2011, tuvo lugar cierto estancamiento productivo y laboral con
deterioros simultáneos en varios frentes, en especial en el sector productor
de bienes. Así, se dio paso a una etapa que podemos denominar De la
sintonía fina al estancamiento productivo.
Hacia fines de 2011, la necesidad de hacer “sintonía fina” ante los nuevos
desafíos emergía entonces como punto clave de la agenda económica.
Era hora de emprender una agenda sectorial con eje en temas de tecnología, productividad, sustitución eficiente de importaciones y exportaciones
con más valor agregado. Sin embargo, lo que entró en colisión fue el trazo
grueso de la política económica –cepo cambiario, inflación, dolarización
de carteras, etc.–, lo que derivó en un estancamiento de la actividad industrial. La producción de 2013 estuvo por debajo de la de 2011. De un
crecimiento de 3,3% en obreros contratados en 2011, se pasó a 1,3%
en 2012 y 0,5% en 2013. Si bien 2011 fue un año récord en materia de
producción industrial, la implementación de soluciones parciales a problemáticas estructurales –junto a un balance complejo del sector externo
agudizado por el déficit energético– pusieron en riesgo los logros alcanzados durante los 2000s, profundizando las tensiones de los años precedentes (CEU, 2013 y 2013b). A nivel agregado, el crecimiento del empleo
asalariado presentó una fuerte desaceleración: el formal pasó de crecer
5,3% en 2011 a 1,3% en 2012 mientras el informal pasó del 2% al 1,3%,
respectivamente. La caída de la producción industrial12, por su parte, impactó sobre la generación de empleos: mientras los asalariados formales
crecieron 2,1% y los informales 0,3% en 2011, los primeros declinaron
1% y los segundos se incrementaron 2,8% en 2012 que, a diferencia de
2009, se habían contraído.
En resumidas cuentas, el contexto macro inicial y la reinstauración de las
instituciones laborales constituyeron factores críticos a lo largo de esta
década para reducir la informalidad laboral (MTEySS, 2010). Entre 2003 y
2013, la tasa de ENR descendió 15,6 p.p., alcanzando el 33,7% del total de
asalariados, mientras la tasa de ENR entre los asalariados industriales llegó
al 29% en 2013, descendiendo prácticamente en la misma cuantía (gráfico5).
En este sector, la informalidad disminuyó en un marco de crecimiento de la
tasa de asalarización por encima del promedio, así como de crecimiento de
la ocupación, alcanzando un mínimo de 28,9% en 2011.
Tras la caída de la actividad industrial de 2,3% en 2012, el crecimiento de 1,4% en 2013 no
bastó para recomponer los niveles de 2011. Mientras las exportaciones MOI presentaron una
dinámica análoga, profundizada por los avatares de la relación comercial con Brasil, las MOA se
encuentran apenas por encima de los niveles de 2011.
12
142
Gráficos 4 y 5. Informalidad en la Argentina y trabajadores asalariados
no registrados
Informalidad en la Argentina
(asalariados no registrados sobre el total de asalariados)
Nivel general
Industria
49,3%
44,6%
43,0%
37,1%
31,3%
33,7%
29,0%
27,7%
21,7%
17,1%
1974
1986
1993
2003
2006
2013
FUENTE: CEU UIA en base a datos de INDEC.
Trabajadores asalariados no registrados
(% sobre trabajadores asalariados)
Tasa de ENR - asalariados en la industria manufacturera
49,3%
47,6%
44,6%
Tasa de ENR - total asalariados
46,1%
43,0%
41,4%
40,3%
39,4%
37,2%
37,1%
34,9%
31,1%
2003
2004
2005
2006
2007
FUENTE: CEU UIA en base a datos de EPH-INDEC.
2008
36,0%
35,2%
34,5%
31,3%
2009
29,4%
28,9%
2010
2011
34,5%
30,0%
2012
33,7%
29,0%
2013
143
Acompañando este fenómeno, la evolución de los ingresos también tuvo
una proyección interesante. Mientras que los salarios del sector privado
registrado se incrementaron por encima del 700% entre 2003 y 2013 producto
de la buena performance de la actividad en general y la reinstauración de
las negociaciones colectivas, los salarios informales lejos de quedarse atrás
experimentaron recomposiciones muy importantes. Si bien la falta de registro
complica la medición de estos últimos, un buen proxy podría ser el salario
mínimo, vital y móvil creció en un 1550% en el mismo período pasando de
$200 a $3300 tras haber permanecido fijo desde 1993.
Recuadro 1. La evolución del margen unitario en la Postconvertibilidad13
Dentro del período 2002–2012, la evolución del margen unitario exhibió
distintas dinámicas aunque, de manera general, puede mencionarse que
predominó la tendencia a la baja haciendo que en 2012 el nivel alcanzado
(aún en el caso del margen ajustado por productividad) sea el menor de
toda la etapa. Sin embargo, lejos de haber sido un movimiento uniforme
y constante en este sentido, esta variable mostró distintas performances
que pueden subdividirse en cuatro etapas. De esta manera, la historia de la
década partida puede leerse a través la evolución de los márgenes unitarios
de la industria.
Gráfico 6. Evolución del margen unitario (IPI)
13
Para más información consultar Coatz, D., Dragún, P. y Sarabia, M. (2013) y CEU–UIA (2013)
144
1. 2002–2003: El efecto inmediato del quiebre de la convertibilidad resultó
no solo en un overshooting del tipo de cambio, sino que la depreciación
cambiaria efectiva fue mucho menor que la nominal producto del cambio de
precios relativos (pass through). A su vez, en este período esencialmente, se
refleja la contraciclicidad de los márgenes unitarios.
2. 2003–2007: Tras una leve recuperación post devaluación, el margen unitario cayó a lo largo de todo el período comprendido entre 2003 y 2007. A
pesar de que hubo una fuerte mejora en la productividad, esta solo compensó parcialmente el efecto de la caída de los márgenes. Es importante
destacar que durante los primeros años que le siguieron a la devaluación de
2002, el sector industrial estuvo operando con rentabilidad extraordinaria,
por lo cual esta tasa debió ir disminuyendo hasta alcanzar niveles normales
en el 2006. Sin embargo, la coyuntura llevó a que los niveles descendieran
aún más lo cual dio comienzo a tensiones de índole distributivas.
3. 2007–2011: entre 2007 y 2009 el margen ajustado por productividad se
mantuvo estable ya que si bien el margen unitario continuó con su tendencia descendente, en esta oportunidad el rol contracíclico de la actividad
industrial acompañada por un aumento importante de productividad fue suficiente para equiparar el efecto. Ya a partir del año 2010 con un importante
proceso de apreciación cambiaria en marcha, los márgenes de ganancia
quedaron comprimidos entre precios regulados por cuestiones de competitividad y un fuerte aumento en los costos del sector; sin embargo, una
vez más un fuerte aumento de productividad permitió mantener al margen
ajustado estable.
4. A partir de 2012: los márgenes unitarios continuaron con la dinámica descendente aunque en esta oportunidad la productividad también disminuyó
(ya que se mantuvo el empleo al tiempo que caía la actividad) por lo que incluso los márgenes ajustados mostraron una desmejora en su desempeño.
Esta tendencia se mantiene en la actualidad.
II. Limitantes productivas: ¿magro crecimiento como antesala de un nuevo
proceso de informalización?
Hacia 2012, la ralentización de la actividad estuvo acompañada por un amesetamiento de la tasa de ENR mientras que una caída en la producción manufacturera introdujo mayores dificultades para mantener el ritmo en la generación de nuevos puestos de trabajo en general y de los puestos registrados
en particular: la tasa sectorial de ENR se incrementó 1,3 p.p. Esto reside
principalmente en la heterogeneidad intraindustrial y, en menor medida, en
una reducción involuntaria de la dotación de personal del sector –se dejan de
cubrir puestos vacantes por salidas voluntarias–. Con relación al desempeño
por rama, los sectores más intensivos en mano de obra y con mayor incidencia del ENR –textil, calzado, etc., ver gráfico 8– incrementaron su producción
con la implementación de regulaciones cambiarias y comerciales específicas
145
mientras que aquellos con menor intensidad laboral –también mayor formalidad y participación en el producto sectorial– contrajeron fuertemente su
producción –metales básicos, entre otros–. De este modo, el crecimiento per
se parece indicar algunas limitaciones para crear empleos de calidad.
Hacia 2013, 6 sectores concentraban el 76% del ENR general14: servicio
doméstico (22,6%), comercio (16,4%), construcción (13,5%), industria manufacturera (11,9%), almacenamiento y distribución (6,9%) y alojamiento y
servicios de comida (4,7%). Al interior de la industria, la incidencia del ENR
reproduce la fuerte heterogeneidad sectorial. Mientras las mayores tasas
de ENR se encontraban en cuero y calzados (55,6%), textil e indumentaria
(48,5%) y maderera (45,6%); metálicas básicas (13,3%), automotriz (4,6%) y
productos farmacéuticos (3,6%) mostraban tasas similares a los países de la
Unión Europea. Refinación de petróleo incluso alcanza la envidiable cifra de
0% de informalidad. Solo 3 ramas aglutinaban más del 50% del ENR industrial: metalmecánica –sin automotriz– (21,4%), alimentos y bebidas (19,7%) y
textil e indumentaria (11,2%).
Gráficos 7 y 8. Informalidad laboral por sectores y por segmentos de la
industria manufacturera (2013)
Informalidad por sectores económicos
80,1%
Scio doméstico y autoconsumo
66,9%
Construccion
44,3%
Alojamiento y Scios de comidas
39,6%
Artes y entretenimiento
Comercio
38,5%
Logística
38,2%
35,6%
Otros
29,0%
Industria
22,6%
Act. Administrativas
19,7%
Electr.,gas y agua
14,5%
Comunicación
11,5%
Admin. Pública y Defensa
10,1%
Act. Financieras y de Seguros
7,0%
Enseñanza
0%
10%
20%
30%
40%
50%
60%
70%
80%
90%
FUENTE: CEU UIA en base a datos de EPH-INDEC 2013.
En lo que respecta a la medición de empleo asalariado registrado, las seis ramas mayoritarias
concentran el 69,7% conforme datos de EPH para 2013, a saber: administración pública y defensa (14,8%); industria (14,8%); comercio (13,3%); enseñanza (13,6%); servicios sociales y de
salud (7,6%); almacenamiento y distribución (5,1%).
14
146
Informalidad laboral en la industria y la construcción
Paraguay: 65,6%
México*: 63,2%
Cuero y calzado
55,6%
Textil e ind.
48,5%
Madera
45,6%
Min. no metálicos
38,0%
INDUSTRIA
28,5%
Edición e imp.
25,9%
Metalmecánica
23,6%
Papel
Brasil: 24,7%
22,1%
Caucho y plástico
19,7%
Tabaco
19,6%
Sust. y prod. químico
17,3%
Metálicas básicas
13,3%
Automotriz
Prod. farmacéuticos
Costa Rica*: 29,4%
29,0%
Alimentos y bebidas
Ecuador: 46,9%
Colombia: 43,3%
4,6%
Irlanda**: 18,1%
Uruguay: 16,1%
Reino Unido**: 9,6%
3,6%
0%
10%
20%
30%
40%
50%
60%
FUENTE: CEU UIA en base a datos de EPH-INDEC, IZA y SEDLAC 2011. *2010. **2009
A este panorama se añade la destrucción neta de empresas industriales formales, esencialmente micro y pequeñas: cerca de 900 salieron del circuito
productivo entre 2008 y 2013 –en 2013 se registraron 418 cierres netos– conllevando a un estancamiento en la generación de puestos formales dentro
de las industrias de menor tamaño. La incidencia de la informalidad, por su
parte, estaba concentrada en los de menor tamaño: el conjunto de MiPyMI
reunía el 92% del ENR industrial mientras la tasa pasaba del 70% en las
microindustrias al 30% en las PyMI. A nivel general, el 89% del ENR se concentraba en MiPyME, con una incidencia del 66,7% en las de menor tamaño
y un 27,6% de informalidad en las medianas.
Desagregando por calificación ocupacional, se comprueba que la mayoría
de los asalariados informales tienen cargos operativos (42% en 2013) o no
calificados (47%) mientras que el grupo de profesionales y técnicos representa un porcentaje mucho menor. Esta dinámica se repite dentro del sector
industrial, con la particularidad de que la gran mayoría de los trabajadores
informales (80%) se concentra en puestos operativos –cifra que supera el
95% al añadir los no calificados– (CEU, 2013).
Las presiones acentuadas en la última fase de la postconvertibilidad, la dificultad para revertir patrones estructurales (introducción, recuadro 2) y fortalecer el entramado productivo local así como el desempeño de la actividad
intensifican los retos en materia de creación de empleo y formalización. El
147
núcleo más duro de la informalidad cuyo combate trasciende el alcance del
crecimiento generalizado o de la fiscalización, se convierte en un desafío
estructural del mercado de trabajo argentino que aún dista de alcanzar las
tasas históricas (ver gráfico 4)15. En este sentido, es necesario pensar e implementar políticas específicas para enfrentar a dicho desafío. Sin embargo,
centrarse solo en políticas focalizadas que omitan la importancia del desempeño económico resultará insuficiente (Coatz et al., 2010).
III. Déficit de trabajo decente como contracara de una demanda de trabajo
insuficiente
Esta sección aborda la relación entre las características de la oferta de trabajo en su conjunto y la inserción laboral con el propósito de identificar la
necesidad de creación de empleos de calidad. La tasa de actividad fue del
46% en 2013, abarcando a más de 19 millones de personas en el mercado
de trabajo de replicarse las condiciones de la población urbana representada
por la EPH. Un 7,1% de la población económicamente activa (PEA) correspondería a los desocupados (1,3 millones) entre quienes 1 de cada cuatro
posee educación superior (terciaria o universitaria incompleta o completa). Si
se les añade a aquellos con educación secundaria completa, se observa que
1 de cada 2 desocupados (56,4%) podría ser rápidamente empleado con
una calificación media o alta.
Entre los ocupados, a su vez, existen segmentos muy heterogéneos: los asalariados formales solo representan 1 de cada 2 ocupados (50,7%) mientras
que el resto está compuesto por asalariados informales (25,8%) y en menor
proporción trabajadores no asalariados16 (23,6%). En tanto, los trabajadores
con educación secundaria completa o superior representan un 73,4% entre
los asalariados formales, reduciéndose a un 56% entre los no asalariados y
a un 44% entre los asalariados informales (anexo 2).
Recuadro 2. Empleo formal y remuneraciones del sector privado
Los puestos de trabajo asalariado en el sector privado registrados en la
seguridad social pasaron de 3,81 millones en 1997 –año base de la MIP–
a 6,4 millones en 2013, un crecimiento punta a punta del 68%. Si bien
los cambios en la participación del empleo fueron leves en la mayoría de
las 56 ramas (inferiores a medio punto porcentual), se destacan cambios
moderados en intermediación financiera (–0,6 p.p.), cinematografía, radio
y televisión (+0,5 p.p.) y agencias de empleo temporario (+0,5 p.p.). Los
La tasa de actividad era del 40,4% en 1974 con una población total de 25,6 millones de personas mientras dicho indicador ascendió al 46 % en 2013 con una población total estimada en
42,3 millones.
15
16
Esta categoría está compuesta por cuentapropistas, patrones y trabajadores familiares sin
remuneración, en orden de relevancia.
148
mayores cambios se dieron en alimentos (–1,7 p.p.), agricultura y ganadería
(–1,3 p.p.), servicios inmobiliarios (–1 p.p.), actividades de informática (+1
p.p.), servicios de hotelería y restaurantes (+1,1 p.p.), enseñanza (+1,8 p.p.),
comercio al por menor (+1,9 p.p.) y servicios jurídicos, contables y otros
servicios a empresas (+2,4 p.p.). Para contribuir al debate sobre cambio
estructural y formalización, es de sumo interés vincular la composición
sectorial del empleo con su nivel de remuneración promedio, dada la brecha
de remuneraciones según rama de actividad y tamaño de empresa.
En lo que respecta a rama de actividad (anexo 1), el 63,6% de los puestos
formales tuvo una remuneración promedio por debajo de la media del
sistema en 2013, un incremento respecto de 1997 (61,8%). Dicho cambio,
se explica por una mayor concentración en la cola inferior de la distribución:
en 2013 los 5 sectores con menores remuneraciones –de menor a mayor:
silvicultura, agricultura y ganadería, enseñanza, servicios de hotelería y
restaurantes y madera– representaron un 17% de los puestos, ganando
un 1,3 p.p. respecto de 1997. Si bien, conforme la información disponible,
no es posible desagregar los puestos por horas trabajadas, se observa una
reducción de las brechas entre la remuneración promedio de cada sector y
la media en el tramo inferior. En el otro extremo, los 10 sectores con mayores
remuneraciones representaron el 6,2% de los puestos, implicando una
pérdida de 0,7 p.p. respecto de 1997. Entre los sectores que concentraron
mayor cantidad de puestos cuyas remuneraciones son levemente superiores
a la media, sobresalen transporte ferroviario y automotor y por tuberías,
alimentos y comercio al por mayor que concentran el 16,8% de los puestos
totales.
En este sentido, la creciente concentración de puestos de trabajo en
sectores de baja productividad –baja intensidad del capital y/o bajo retorno–
dificulta que los incrementos salariales reales respondan a aumentos de
productividad, acarreando mayores tensiones en la distribución primaria
del ingreso. Simultáneamente, dicha dinámica va en línea con elevadas
tasas de ENR y menores remuneraciones –además de menores derechos
laborales y mayor inestabilidad en el puesto de trabajo–. Focalizándose en
la industria manufacturera, las ramas que más contribuyen a la generación
del valor agregado son aquellas intensivas en recursos naturales, con bajos
encadenamientos. La ausencia de interrelaciones productivas provoca
diferencias notorias entre sectores, expresadas en los distintos niveles
de productividades inter e intrasectoriales así como sus respectivas
las remuneraciones. Plasmando, así que composición de la estructura
productiva es clave en términos de distribución ya que contribuye no solo
al incremento de la productividad sistémica, sino también a la generación
de empleo de calidad.
149
Los datos obtenidos a partir de la EPH acerca de la demanda de trabajo para
2013 y su correlato sobre la PEA permiten dar cuenta del déficit de trabajo
decente existente en Argentina17. Lanari (2005, p.22–23) encuentra que el
trabajo decente refiere a la ocupación que satisface por sus resultados y las
condiciones en que se lleva a cabo, haciendo referencia a una ocupación
productiva que es justamente remunerada y que se ejerce en condiciones de
libertad, equidad, seguridad y respeto a la dignidad humana.
Esquema 1. Déficit de trabajo decente: una estimación para 2013, en
miles de personas
PEA
19.163
(46%)
Desocupados
1.359
(7,1%)
Ocupados
17.803
Asalariados
13.602
(76%)
Independientes
4.201
Formales
1.764
Informales
2.436
(58%)e
Crecimiento de
la PEA 2013
+77
Registrados
9.018e
(+92 puestos)
S.Público
3.134
(35,1%)
(+295 puestos)
Necesidad de
nuevos puestos
1.433
Déficit de puestos
formales
8.454
ENR
4.585
(33,7%)
Informalidad
laboral 2013
7.021
S.Privado
5.791
(64,9%)
(+545 puestos)
Fuente: Estimación propia sobre la base de EPH, SIPA, estimaciones de INDEC, MTEySS y
Bertranou et al. (2013).
Los trabajadores informales –tanto independientes como asalariados–
ascenderían a 7,02 millones, denotando la necesidad de mejorar la calidad
de su inserción laboral. En tanto, la necesidad de nuevos puestos de
trabajo para satisfacer las demandas de los desocupados cesantes y de
los nuevos ingresantes –vía crecimiento de la PEA llegaría a 1,4 millones–.
Consistiendo ambas necesidades, se estima un déficit de trabajo de calidad
de 8,5 millones de puestos, manteniendo constante la demanda de empleo.
Consecuentemente, 46 trabajadores cada 100 se encontrarían participando
activamente del mercado de trabajo en una situación de déficit de puestos
protegidos. De allí se desprende que la restricción fundamental se debe a
la generación de puestos de trabajo de calidad (demanda) frente a un gran
17
150
número de trabajadores disponibles para incorporarse al proceso productivo
–omitiendo computar subempleo demandante y desempleo oculto–.
3. Una nueva ola de política industrial ante amenazas sobre la
producción, la innovación y el empleo
Del mismo modo que el estructuralismo encuentra a la industria un sector líder para la transformación estructural, países industrializados como Estados
Unidos, Japón y Reino Unido han diseñado e implementado políticas industriales para sobreponerse al impacto doméstico de la crisis internacional (Esquema 2) y la precedente desfragmentación de la producción18 (Brosio y Sarabia, 2014; CEU, 2014). La política industrial fue tomando diversas formas
hasta convertirse en el plan estratégico de estas economías, con objetivos
y plazos específicos para lograr un crecimiento sostenible en el largo plazo.
Esquema 2. Nueva ola de política industrial tras la crisis internacional
Fuente: elaboración propia.
Países emergentes como Brasil y China también han hecho intervenciones
de desarrollo industrial, aunque han mostrado cierta brecha implícita en términos de diseño e implementación de políticas estratégicas. En esta línea,
un estudio reciente plantea que los patrones emergentes de crecimiento e
intercambio comercial llevaron a incluir la acumulación de capacidades tecnológicas, el crecimiento de las exportaciones y el cambio estructural como
eje de todo análisis; planteando desafíos en materia de construcción institucional y de política económica e industrial (Cimoli y Porcile, 2011).
Mientras la innovación productiva como motor del crecimiento industrial adquiere una centralidad dominante en estas economías, también se destaca
Estrategia de negocios basada en la reducción de costos de producción y la cercanía a mercados.
18
151
la importancia de la participación y la coordinación de actores de diversa
naturaleza (universidades, empresas, agencias de gobierno, trabajadores calificados, etc.) como un eje compartido. Esta nueva ola de política industrial
genera controversias frente al paradigma acuñado en el Consenso de Washington, basándose en dos pilares interrelacionados:
1. Fuerte articulación público–privada con un esquema de intervención
activa: busca contar con el acuerdo de todos los sectores, con hincapié
en la claridad y previsibilidad de normas y ciertas variables; la planificación
simultánea de corto y largo plazo con metas objetivas y un Estado capaz de
trabajar transversal e integradamente con diversas jurisdicciones y el sector
privado.
2. Política industrial multidimensional con un rol dual:
a) estratégico: vía innovación y competencia por la incorporación de tecnología en sectores críticos para el desarrollo y la seguridad nacional (diferenciación, tecnología de punta y/o nicho de mercado, compras gubernamentales
y/o desarrollo de proveedores), además del mayor potencial para incorporar valor agregado. Asimismo, grandes inversiones en energía y transporte
orientadas a reducir significativamente los costos de producción indicen positivamente sobre el insourcing;
b) defensivo: para sostener directa o indirectamente firmas y empleos de
calidad con foco en el mercado doméstico y/o socios estratégicos; rebrote
del proteccionismo a escala global (libre albedrío en uso de subsidios, créditos, barreras paraarancelarias, etc.) desafiando al sistema multilateral de
comercio.
En esta línea, Katz y Kosacoff (1998) señalan que los cambios vinculados
a la matriz productiva deberían ir de la mano de transformaciones en el entramado institucional y la complejización del marco regulatorio, en el cual
el desarrollo de las instituciones locales debe ser complementario al sector
productivo, potenciando sus capacidades y constituyéndose como una pieza clave para el desarrollo en el largo plazo.
Recuadro 3. El caso de Estados Unidos y el antecedente alemán19
Esta nueva ola de política industrial fue tomando diversas formas concretas
y convirtiéndose en planes estratégicos nacionales con objetivos y plazos
específicos. En Estados Unidos, por ejemplo, se implementó en 2011 la advanced manufacturing partnership, cuyo objetivo es “identificar e invertir en
19
Este recuadro es un extracto de Brosio, M. y Sarabia, M. (2014), El retorno de la política
industrial, [documento inédito].
152
tecnologías emergentes que tengan potencial para generar empleo de alta
calidad y fortalecer la competitividad global de la industria local”. Dentro de
esta “alianza” es clave la existencia y colaboración de actores de distintas
características como por ejemplo el Gobierno Federal, organismos vinculados al sector industrial y universidades y centros de investigación.
Después de haber ocupado el lugar del primer productor mundial de manufacturas por más de un siglo, Estados Unidos ha cedido su lugar a China.
Uno de los principales problemas ante los que se enfrenta Estados Unidos
en la actualidad es la deslocalización de firmas nacionales que eligen erigir
sus fábricas en regiones con menores costos (principalmente salariales).
Esto implica un problema para el país porque la actividad industrial tiene
un gran peso en la producción interna, las exportaciones y, principalmente,
en el empleo (el sector manufacturero no solo genera una gran cantidad de
puestos de trabajo sino que estos además suelen ser formales y con altos
salarios en términos relativos). Los intentos de reactivar la industria a nivel
local por parte del gobierno están vinculados principalmente con revitalizar
el mercado laboral nacional y estimular el mercado doméstico. La manufactura ha sido tradicionalmente un sector con alto uso del factor productivo
trabajo más allá de la tecnología desarrollada, ejemplo de ello es que de
manera directa, la industria ocupa al 9% de la población empleada. A su
vez, un nuevo empleo en el sector crea 1,6 puestos adicionales en el sector de servicios o 5 en el caso de ser un puesto vinculado a tecnología de
punta (CEU, 2014). En este sentido, queda claro que la actividad industrial
se erige como un segmento cuya capacidad de generación de empleo es
de difícil reemplazo.
La mayoría de los planes integrales en términos de política industrial actuales están basados en el modelo alemán que ha sido capaz de demostrar a
través de resultados concretos la importancia de elaborar una estrategia de
largo plazo en este campo. La situación actual de la economía alemana –líder industrial dentro y fuera de la Unión Europea– lejos de ser producto de
la casualidad es resultado de una consistente política industrial dedicada a
cuidar la producción local y la competitividad nacional. A diferencia de muchos de los países de tradición manufacturera, Alemania lejos de fomentar
políticas de deslocalización productiva comprendió que mantener diseño y
producción dentro de las fronteras del país contribuyó sustancialmente a
impulsar la innovación. Es en base a estas creencias que delineó su política
industrial.
La Fundación Fraunhofer–Gesellschaft fue creada en 1949 en Múnich, como
parte de un proceso de reorganización y expansión de la infraestructura alemana destinada a investigación. En los primeros años, la principal función
de esta era esencialmente administrativa: recaudar financiamiento a través
de instituciones gubernamentales, donaciones y miembros de la asociación
para proyectos de investigación vinculados a la industria. En sus más de
90 años de existencia, la Fundación ha evolucionado considerablemente.
153
Actualmente está compuesta por 67 centros de investigación distribuidos
en todo el país (e incluso cuenta con algunos fuera del territorio nacional)
donde existe una estrecha relación entre la especialización de los mismos
y las fortalezas y ventajas existentes en cada región. Ejemplo de ello es la
ciudad de Jena, de tradición milenaria en el sector óptica. Allí se instauró en
1990 el Instituto para Ópticas Aplicadas e Ingeniería de Precisión donde se
trabajó en conjunto con firmas privadas –como la conocida Carl Zeiss AG–
para aprovechar los desarrollos (conocimientos, recursos humanos, etc.) de
la zona en esta materia.
Si bien comparte algunos elementos con el resto de las propuestas surgidas en los países avanzados, como la lógica de integración de agentes
de distinta naturaleza (ejemplo de ello es el vínculo con las universidades,
la gestión de los institutos está conformado en un 30% por profesores de
ingeniería con gran experiencia y estudiantes de doctorado), también posee
elementos distintivos. Uno de ello es el rol de las PyMES, que constituyen
la columna vertebral de la economía alemana. Estas producen localmente y
venden productos altamente especializados de alto valor agregado al sector externo. A pesar de que vincularse con grandes empresas tiene sus beneficios innegables (en término de retornos o de posibles aportes de bienes
de capital), los institutos alemanes han comprendido que no es sostenible
en el largo plazo ser demasiado dependientes de una o dos compañías de
gran tamaño a la vez que desean evitar que estas últimas puedan ejercer
excesiva influencia ya que desean mantener el control sobre sus propia
agenda de investigación. Sin embargo, y más allá de estos argumentos, la
vinculación con pequeñas y medianas empresas continúa siendo una cuestión compleja para los institutos miembros de Fraunhofer.
En este sentido, el gobierno alemán, lejos de dejar este asunto librado al
azar (o a las “fuerzas del mercado”), intervino ideando un esquema de financiamiento donde cierto porcentaje del mismo depende de la vinculación
que los institutos logren con las pymes, con el fin de incentivar este tipo de
asociación. Continuando en esta línea, el sistema de financiamiento de la
Fundación Fraunhofer también resalta como una característica particular
de esta política industrial. Un tercio del mismo proviene del sector privado.
Sin embargo, el segmento de “innovación” sufre de algunas las fallas de
mercado que afectan a la ciencia básica: es riesgosa y requiere muchos
recursos. Es por ello que, necesariamente, dos tercios del financiamiento
proviene de fondos públicos. La mitad de los aportes gubernamentales a
los institutos constituyen lo que se denomina “financiamiento institucional”
que consta de una suma base fija a cada instituto y otra porción sujeta a
la cantidad de empleados que posea. La otra mitad de los fondos públicos
destinados a los institutos (el “financiamiento competitivo”) está destinado
a asegurar que los centros se mantengan a la vanguardia y sean útiles al
sector privado, por lo que está sujeto a la cantidad de contratos que el instituto logre establecer con este.
154
En términos de políticas específicas, aunque sistémicamente integradas,
también existen ejes comunes entre las experiencias analizadas, que lejos
de estar jerarquizados, trabajan armónicamente hacia la consecución de
objetivos estratégicos (Esquema 3). Entre ellos, se observa la preocupación
por el financiamiento del capital productivo y del capital de trabajo así como
la importancia asignada a la infraestructura en materia de comunicación,
energía y transporte. Por otro lado, la calificación del personal en conjunto
con la gestión y el desarrollo de conocimientos y tecnologías generarían
innovaciones aplicadas al mundo productivo tras haber identificado sectores
estratégicos y garantizar la consolidación de un mercado capaz de absorber
una oferta creciente, enfatizando en compras gubernamentales y promoción
de exportaciones.
Esquema 3. Pilares clave de una política industrial integral
Fuente: Brosio y Sarabia (2014).
Por último, a nivel macro, cabe destacar la estrategia comunicacional de la
mayoría de estas políticas que, a simple vista, desdibuja su acción directa
sobre el sector productivo. Por un lado, manifiestan la centralidad de sistema
tributario en tanto recaudador como compensador explícito de impuestos
corporativos, planteando reformas contundentes. También coinciden en la
necesidad de supervisar constantemente la deuda pública con miras a evitar
el incremento del déficit fiscal mientras que el manejo de la política monetaria
busca reducir tasas de interés para aliviar los problemas de financiamiento.
En los países emergentes, esta última también incide sobre el tipo de cambio.
De todo esto se desprende que lo que se busca es una disminución radical
de los costos de producción para alentar la relocalización de empresas on
shore y, consecuentemente, revertir la desfragmentación de la producción
tanto como generar empleos calificados y bien remunerados. Estas estra-
155
tegias, no hacen foco en la reducción de los costos laborales (que son elevados en términos comparados), sino que apuntan a la diferenciación de
productos y procesos, el desarrollo de tecnologías e innovaciones en simultáneo con ganancias prácticamente garantizadas y sustentabilidad fiscal. En
este sentido, se destaca la capacidad de realizar una lectura compleja sobre
la importancia de estimular al sector productivo en su conjunto: cuidar la
rentabilidad tanto del empresariado como del propio Estado en simultáneo
con el salario real, concebido como motor de la demanda doméstica que, a
su vez, tracciona las ventas y, en última instancia, la oferta, nuevas innovaciones e inversiones.
4. Reflexiones finales: hacia una política industrial integral
La desarticulación productiva que transitó Argentina llevó a debilitar tanto
los encadenamientos productivos como la capacidad de articulación público–privada tanto para la implementación de políticas como para desarrollar
procesos de aprendizaje tecnológico. En un escenario en el cual los procesos productivos e innovativos evolucionan rápidamente, haber resignado la
producción manufacturera local ha desencadenado la pérdida de ventajas
innovativas. De hecho, la construcción de capacidades institucionales y la
coordinación de actores y/o conocimientos –donde priman la interacción y
el aprendizaje– adquieren un rol crucial para diseñar una política industrial
estratégica y multidimensional.
Durante la postconvertibilidad se gestaron diversos cambios en el plano local
que permitieron revertir –al menos parcialmente– la tendencia descendente
de la actividad así como la fragmentación productiva y social precedente.
Sin embargo, los cambios al interior del tejido productivo son aún incipientes
y no han determinado una verdadera transformación estructural. Junto a la
coyuntura económica imperante desde mediados de 2012, esto agudiza las
dificultades para generar y fortalecer el “círculo virtuoso” entre crecimiento,
empleo y distribución del ingreso. El nivel y la calidad del empleo impacta
directa y positivamente sobre la demanda agregada local. Por lo tanto, tendencias al estancamiento del empleo o los ingresos reales así como presiones sobre el incremento de la informalidad laboral o el desempleo conllevan
a mermas en la demanda doméstica y, consecuentemente, en la producción
y la inversión.
Esta problemática, sin embargo, no es exclusiva de las economías en desarrollo. Los países más industrializados, por ejemplo, han exhibido problemas
de empleo en los últimos años como consecuencia de la deslocalización
productiva de sus propias empresas que tuvo lugar en las últimas décadas.
Para revertir esta situación, optaron por implementar políticas industriales
tan agresivas como estratégicas, cuyo eje radica en el desarrollo de innovaciones productivas y manufacturas de alto valor agregado.
156
Dado que la estructura productiva está estrechamente relacionada al crecimiento de largo plazo y la generación de empleos de calidad; los niveles de
formalización laboral se encuentran muy asociados a los niveles de rentabilidad sectorial. La promoción de sectores con mayor contenido tecnológico
permitiría cortar los círculos viciosos e incrementar la formalidad y el nivel de
ingresos además del empleo. A su vez, el proceso de convergencia de ramas
de menor productividad a las de mayor productividad mediante un desarrollo
industrial, permitirá generar encadenamientos hacia adelante y hacia atrás,
efectos de derrame, acumulación de capital y externalidades tecnológicas
necesarias para sostener márgenes de rentabilidades crecientes que impedirían los estancamientos económicos (Cimoli et al., 2006).
En línea con ello, una transformación profunda de la matriz productiva permitiría llevar a cabo un proceso de crecimiento robusto y sostenible; fortaleciendo
los vínculos existentes entre crecimiento e innovación tecnológica como condición sine qua non. La respuesta definitiva y sistémica a las problemáticas
estructurales debería abarcar múltiples dimensiones y actores, proceso que
puede llevarse a cabo profundizando el diálogo social y generando acuerdos
de base. Para ello, un plan de desarrollo debería, además, generar un tránsito
fluido y sustentable en el tiempo hacia la formalidad modificando dinámicas
intrínsecas a los distintos de la heterogeneidad productiva como contracara de
la informalidad laboral, conforme 3 grandes dimensiones (Esquema 4):
Esquema 4. Políticas coordinadas y multidimensionales contra la
informalidad laboral
Sectoriales
Legislación
Formación
e
innovación
MiPyME
Políticas específicas y/o
transicionales
Metas coherentes
•
•
•
•
•
Mundo MiPyME
Economías regionales
Pobreza y desempleo
Migraciones y grupos vulnerables
Bajas calificaciones
Fuente: Elaboración propia.
Políticas
transversales
Infraestructura
común
Marco institucional
(mediano plazo)
Superposición y/o zonas grises
• Simplificación
burocrática/registral
• Armonización de instrumentos
• Financiamiento, ART, AFIP
• Bienes y servicios públicos
Macro y
política
industrial
integral
Desarrollo productivo
(largo plazo)
Producción y empleo
• Macro integral para el desarrollo:
política monetaria, cambiaria,
comercial, fiscal, ingresos, etc.
• Política industrial sistémica y
multidimensional
157
1. Macroeconomía para el desarrollo productivo y política industrial integral
para una transformación estructural: especialización en sectores con
mayor contenido tecnológico y valor agregado para mejorar la inserción
internacional, aumentando la capacidad exportadora –productos diferenciados– y la sustitución eficiente de las importaciones. Se desvincularía
parcialmente el aumento de las importaciones del crecimiento a fin de
superar el estrangulamiento externo.
2. Marco institucional y políticas trasversales para la formalización para moldear acuerdos básicos y la toma de decisiones en un plano meso y micro
económico. Estas decisiones involucran directamente a la inversión productiva –o financiera– así como la formalización de la unidad productiva
y la creación de puestos de trabajo con incrementos de la productividad.
También están afectadas por dimensiones como energía, infraestructura,
transporte y comunicaciones.
3. Políticas específicas o de transición para subsectores con elevada informalidad o segmentos de la PEA con bajos niveles de empleabilidad y/o elevada vulnerabilidad. Asimismo, resulta indispensable aunar esfuerzos para
evitar solapamientos entre diversos objetivos de política e integrar, éstos, a
las especificidades del mundo de micro, pequeñas y medianas empresas.
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160
Anexo 1. Composición del empleo formal y remuneraciones
Participación en el empleo
Remuneración promedio por todo concepto
1997
$ corri entes
1997
s ector/tota l
2013
$ corri entes
2013
s ector/tota l
1997
2004
2013
Extra cci on de petrol eo crudo y ga s na tura l
Tra ns porte a éreo de ca rga s y de pa s a jeros
Productos de petról eo
Extra cci on de mi nera l es meta l i feros
Tra ns porte ma ríti mo y fl uvi a l
El ectri ci da d, ga s y a gua
0,6%
0,3%
0,2%
0,0%
0,1%
0,9%
0,7%
0,3%
0,2%
0,1%
0,1%
0,9%
0,7%
0,2%
0,1%
0,2%
0,1%
0,7%
$ 2.666
$ 1.906
$ 2.948
$ 2.038
$ 1.488
$ 1.831
3,07
2,19
3,39
2,35
1,71
2,11
$ 33.512
$ 24.120
$ 23.137
$ 21.236
$ 20.192
$ 20.145
3,79
2,73
2,62
2,40
2,29
2,28
Ra di o y tel evi s i ón
Interm. fi na nci era y otros s ervi ci os fi na nci eros
Productos quími cos
Meta l es comunes
Ta ba co
Ca pta ci ón, depura ci ón y di s tri buci ón de a gua
Automotores
Correos y tel ecomuni ca ci ones
Pes ca y a cti vi da des rel a ci ona da s con l a pes ca
Seguros y AFJP
El i mi na ci ón de des perdi ci os
Inves ti ga ci ón y des a rrol l o
Acti vi da des de i nformá ti ca
Pa pel
Expl ota ci on de otra s mi na s y ca ntera s
Tra ns p.ferrovi a ri o y a utomotor y por tuberi a s
Otros mi nera l es no metá l i cos
Ma qui na ri a y equi po
Ma ni p.de ca rga , a l ma cena mi ento y depós i to
Edi ci ón
Al i mentos
Ma qui na ri a de ofi ci na
Reci cl a mi ento de des perdi ci os y des echos
Al qui l er de eq.de tra ns porte y de ma qui na ri a
Productos de ca ucho y pl á s ti co
Servi ci os a uxi l i a res a l a a cti vi da d fi na nci era
Apa ra tos el éctri cos
Otros equi po de tra ns porte
Ins trumentos médi cos
Comerci o a l por ma yor
Servi ci os s oci a l es y de s a l ud
Servi ci os de orga ni za ci ones empres a ri a l es
Ci nema togra fía , ra di o y tel evi s i ón
Productos texti l es
Vta .y rep.de vehícul os , vta .x menor de comb.
Otros productos de meta l
Cuero
Muebl es
Cons trucci on
Comerci o a l por menor
Servi ci os i nmobi l i a ri os
Serv. Juríd., conta bl es y otros s erv. a empres a s
Confecci ones
Servi ci os n.c.p.
Agenci a s de empl eo tempora ri o
Ma dera
Servi ci os de hotel eri a y res ta ura ntes
Ens eña nza
Agri cul tura y ga na deri a
Si l vi cul tura , extra cci ón de ma dera
0,2%
2,1%
2,0%
0,9%
0,1%
0,3%
1,6%
2,0%
0,3%
1,2%
0,7%
0,1%
0,4%
0,7%
0,3%
5,3%
0,9%
1,3%
1,0%
1,1%
7,5%
0,0%
0,0%
0,2%
1,2%
0,3%
0,4%
0,2%
0,2%
5,4%
5,0%
2,9%
1,3%
1,5%
2,5%
1,7%
1,0%
0,8%
6,7%
7,6%
2,6%
6,9%
1,0%
1,8%
0,8%
0,7%
3,1%
5,1%
6,6%
0,2%
0,1%
1,6%
1,8%
0,8%
0,2%
0,3%
1,1%
1,8%
0,4%
1,0%
0,5%
0,1%
0,7%
0,7%
0,2%
5,0%
0,7%
1,1%
1,2%
1,0%
6,5%
0,0%
0,0%
0,2%
1,1%
0,2%
0,3%
0,2%
0,1%
5,5%
4,4%
3,1%
1,5%
1,3%
2,5%
1,5%
0,8%
0,6%
5,4%
8,5%
2,5%
8,5%
0,8%
1,7%
1,7%
0,6%
3,4%
7,6%
6,4%
0,2%
0,2%
1,5%
1,7%
0,6%
0,1%
0,2%
1,4%
1,5%
0,2%
0,8%
0,4%
0,1%
1,4%
0,6%
0,2%
5,2%
0,7%
1,1%
1,6%
0,8%
5,7%
0,1%
0,1%
0,1%
1,0%
0,3%
0,4%
0,2%
0,1%
5,9%
4,5%
2,8%
1,8%
1,1%
2,6%
1,5%
0,7%
0,6%
7,1%
9,5%
1,5%
9,3%
0,8%
1,4%
1,3%
0,5%
4,1%
6,8%
5,3%
0,2%
$ 1.668
$ 2.035
$ 1.839
$ 1.319
$ 1.745
$ 1.352
$ 1.373
$ 1.610
$ 1.202
$ 1.494
$ 680
$ 1.188
$ 1.934
$ 1.153
$ 1.019
$ 906
$ 1.055
$ 905
$ 884
$ 1.356
$ 916
$ 1.041
$ 1.043
$ 953
$ 932
$ 1.388
$ 991
$ 897
$ 1.007
$ 850
$ 719
$ 893
$ 898
$ 709
$ 729
$ 709
$ 722
$ 627
$ 595
$ 611
$ 748
$ 664
$ 565
$ 786
$ 572
$ 495
$ 533
$ 537
$ 425
$ 329
1,92
2,34
2,12
1,52
2,01
1,56
1,58
1,85
1,38
1,72
0,78
1,37
2,23
1,33
1,17
1,04
1,21
1,04
1,02
1,56
1,05
1,20
1,20
1,10
1,07
1,60
1,14
1,03
1,16
0,98
0,83
1,03
1,03
0,82
0,84
0,82
0,83
0,72
0,69
0,70
0,86
0,76
0,65
0,90
0,66
0,57
0,61
0,62
0,49
0,38
$ 18.267
$ 17.521
$ 15.955
$ 15.369
$ 15.310
$ 14.819
$ 14.469
$ 13.595
$ 13.420
$ 12.772
$ 12.420
$ 12.301
$ 11.465
$ 11.368
$ 11.274
$ 10.769
$ 10.620
$ 10.570
$ 10.395
$ 10.338
$ 10.337
$ 10.171
$ 10.128
$ 10.045
$ 9.933
$ 9.911
$ 9.650
$ 9.540
$ 9.212
$ 8.918
$ 8.634
$ 8.489
$ 8.224
$ 7.985
$ 7.948
$ 7.690
$ 7.608
$ 7.561
$ 7.221
$ 7.157
$ 7.062
$ 6.972
$ 6.803
$ 6.116
$ 5.899
$ 5.541
$ 5.364
$ 5.011
$ 4.993
$ 4.325
2,07
1,98
1,81
1,74
1,73
1,68
1,64
1,54
1,52
1,45
1,41
1,39
1,30
1,29
1,28
1,22
1,20
1,20
1,18
1,17
1,17
1,15
1,15
1,14
1,12
1,12
1,09
1,08
1,04
1,01
0,98
0,96
0,93
0,90
0,90
0,87
0,86
0,86
0,82
0,81
0,80
0,79
0,77
0,69
0,67
0,63
0,61
0,57
0,57
0,49
3.812.023
4.169.728
6.336.313
$ 869
1
$ 6.977
1
Total
Fuente: Elaboración propia en base a datos de SIPA, OEDE–MTEySS. Datos anuales.
Nota: el color verde representa el año con mayor participación relativa de cada rama mientras
que el rojo es el de menor participación (amarillo=intermedio). El nivel de completitud del
círculo representa la participación relativa en 2013. En cuanto a remuneraciones, el color rojo
corresponde a niveles inferiores al promedio general.
161
Anexo 2. Caracterización de la población económicamente activa (2013)
Hasta primario
completo
Hasta 24
años
Entre 25 y
34 años
Entre 35 y
49 años
Entre 50 y
59 años
60 años y
más
PEA por
edades
PEA por
categorías
ocup.
Desempleo abierto
Asal.informales
Asal.formales
No asalariados
Desempleo abierto
Asal.informales
Asal.formales
No asalariados
Desempleo abierto
Asal.informales
Asal.formales
No asalariados
Desempleo abierto
Asal.informales
Asal.formales
No asalariados
Desempleo abierto
Asal.informales
Asal.formales
No asalariados
Hasta 24 años
Entre 25 y 34 años
Entre 35 y 49 años
Entre 50 y 59 años
60 años y más
Desempleo abierto
Asal.informales
Asal.formales
No asalariados
Total
miles
particip.
33,2
0,3%
126,8
1,1%
32,4
0,3%
34,3
0,3%
30,0
0,3%
154,1
1,3%
116,2
1,0%
66,5
0,6%
43,4
0,4%
300,8
2,6%
311,6
2,6%
216,1
1,8%
25,7
0,2%
170,2
1,4%
215,4
1,8%
184,7
1,6%
16,8
0,1%
118,4
1,0%
106,3
0,9%
181,0
1,5%
226,7
1,9%
366,8
3,1%
871,9
7,4%
596,0
5,1%
422,5
3,6%
149,0
1,3%
870,3
7,4%
781,8
6,6%
682,6
5,8%
2.484
21,1%
Secundario
incompleto
miles
particip.
118,4
1,0%
278,4
2,4%
109,4
0,9%
60,8
0,5%
48,6
0,4%
182,3
1,5%
186,2
1,6%
83,4
0,7%
31,1
0,3%
169,4
1,4%
263,7
2,2%
169,2
1,4%
12,0
0,1%
50,5
0,4%
96,3
0,8%
86,6
0,7%
5,6
0,0%
25,5
0,2%
39,8
0,3%
53,3
0,5%
567,0
4,8%
500,5
4,2%
633,4
5,4%
245,4
2,1%
124,2
1,1%
215,7
1,8%
706,0
6,0%
695,3
5,9%
453,3
3,8%
2.070
17,6%
Secundario
completo
miles
particip
92,7
0,8%
190,7
1,6%
177,9
1,5%
36,4
0,3%
70,5
0,6%
211,3
1,8%
523,6
4,4%
142,9
1,2%
40,9
0,3%
180,2
1,5%
564,0
4,8%
266,2
2,3%
15,9
0,1%
64,8
0,5%
210,1
1,8%
119,2
1,0%
7,8
0,1%
36,0
0,3%
68,6
0,6%
78,0
0,7%
497,7
4,2%
948,3
8,0%
1.051,3
8,9%
410,0
3,5%
190,4
1,6%
227,8
1,9%
683,1
5,8%
1.544,3 13,1%
642,8
5,5%
3.098 26,3%
Terciario/univers.
completo
miles
particip.
86,9
0,7%
122,6
1,0%
163,7
1,4%
35,5
0,3%
50,8
0,4%
111,2
0,9%
338,3
2,9%
86,0
0,7%
19,1
0,2%
48,2
0,4%
269,6
2,3%
96,8
0,8%
4,0
0,0%
16,5
0,1%
82,3
0,7%
42,4
0,4%
2,2
0,0%
12,9
0,1%
24,1
0,2%
28,4
0,2%
408,7
3,5%
586,3
5,0%
433,7
3,7%
145,2
1,2%
67,6
0,6%
163,0
1,4%
311,4
2,6%
877,9
7,4%
289,2
2,5%
1.642
13,9%
Terciario/univers.
completo
miles
particip.
11,0
0,1%
18,6
0,2%
36,9
0,3%
6,0
0,1%
31,4
0,3%
100,9
0,9%
460,7
3,9%
96,2
0,8%
27,1
0,2%
83,4
0,7%
771,7
6,5%
197,7
1,7%
8,7
0,1%
27,7
0,2%
292,9
2,5%
121,1
1,0%
2,8
0,0%
20,2
0,2%
90,3
0,8%
93,3
0,8%
72,5
0,6%
689,2
5,8%
1.079,9
9,2%
450,4
3,8%
206,6
1,8%
81,0
0,7%
250,7
2,1%
1.652,5
14,0%
514,3
4,4%
2.498
21,2%
Subtotal PEA
miles
particip.
342,2
2,9%
737,0
6,3%
520,3
4,4%
173,1
1,5%
231,3
2,0%
759,7
6,4%
1.624,9
13,8%
475,0
4,0%
161,6
1,4%
782,1
6,6%
2.180,6
18,5%
945,9
8,0%
66,3
0,6%
329,7
2,8%
897,0
7,6%
554,0
4,7%
35,2
0,3%
213,0
1,8%
329,0
2,8%
434,1
3,7%
1.772,6
15,0%
3.090,9
26,2%
4.070,2
34,5%
1.847,0
15,7%
1.011,3
8,6%
836,5
7,1%
2.821,4
23,9%
5.551,9
47,1%
2.582,1
21,9%
11.792
100%
Fuente: Elaboración propia en base a datos de EPH, INDEC. Promedios ponderados para el
año 2013.
Nota: los segmentos en negrita representan una participación mayor al 1% del total. En verde
se encuentran aquellos protegidos cuya participación es superior al 2% mientras en rojo se
encuentran aquellos en situación de vulnerabilidad laboral con dicha participación.
162
Valor, salario y precios
de producción en Arghiri
Emmanuel
Mariano de Miguel*
Resumen
Este artículo describe los principales aspectos de la teoría de Arghiri Emmanuel, referidos al valor y la importancia del salario como variable independiente en un esquema de precios de producción “a la Sraffa”. Finalmente, en
el Apéndice, se analizan los trazos gruesos de la interpretación que el autor de
El Intercambio Desigual hiciera del famoso problema de la “transformación”1.
Abstract
This paper describes the main aspects of the theory of Arghiri Emmanuel
related to the Value and the importance of the Wage as an independent
variable in a structure of prices “as Sraffa”. Finally, in the Appendix we analyze
the interpretation of the author of “The Unequal Interchange” of the famous
problem of the “transformation”.
I) Introducción
¿Por qué escribir un artículo sobre Arghiri Emmanuel y algunos conceptos
fundamentales de su obra?
El punto de partida se halla en la intención por mostrar y develar, de cara al
ambiente académico en particular, e intelectual, en general, los aportes de
un pensador cuya obra, según creemos, a menudo resulta desconocida y/o
incomprendida; e impulsar en consecuencia nuevas elucubraciones teóricas
que la renueven.
Pero fundamentalmente, lo que motiva este artículo es el hecho que la obra de
Arghiri Emmanuel gravita y se nuclea sobre ciertos tópicos de gran relevancia
* Licenciado en Economía (UCES). Presidente del Capítulo Buenos Aires de la Sociedad Internacional para el Desarrollo (SID Baires). Docente en la Universidad de Buenos Aires (UBA), en
la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales (UCES) y en la Universidad Metropolitana
para la Educación y el Trabajo (UMET).
Este artículo “Valor, salario y precios de producción en Arghiri Emmanuel” corresponde al Número 6 de la Revista de Economía Argentina Circus en imprenta (septiembre de 2014).
1
163
para el debate moderno sobre los fundamentos de la Economía Política, y sus
manifestaciones heterodoxas.
Como la biografía de Emmanuel no constituye nuestro objeto aquí, podemos
servirnos de la muy buena síntesis que realizara Humberto Zambón, en un
artículo publicado en el diario La Mañana de Neuquén:
“Emmanuel fue un intelectual pero también un hombre de acción,
como hubo muchos casos durante el siglo XX. Nacido en Grecia en
1911, una vez recibido en la Universidad de Atenas decidió radicarse
en el Congo. Cuando las tropas del Eje ocuparon el territorio griego,
volvió como voluntario para integrar las fuerzas de liberación griega;
terminada la guerra y, en consecuencia, su experiencia como partisano, volvió al Congo hasta 1957 cuando se radicó en Francia. Se doctoró en La Sorbona y luego fue profesor de economía en la Universidad París VII. Alcanzó renombre mundial en 1969, cuando publicó El
intercambio desigual, que fue traducido al castellano por la editorial
Siglo XXI en 1972. Posteriormente, el intercambio de ideas y debate
de él con los principales teóricos del imperialismo en ese momento,
Charles Bettelheim, Samir Amin y Christian Palloix, fueron reunidos en
un volumen publicado por Cuadernos de Pasado y Presente (editado
por el recordado José ‘Pancho’ Aricó en la ciudad de Córdoba) bajo el
título de Imperialismo y comercio internacional. Emmanuel falleció en
Francia en el año 20012”.
En la Universidad de Atenas y en la École Pratique des Hautes Études de
París, hizo los estudios superiores de derecho y economía; y en la Sorbona,
el Doctorado en Sociología.
Es verdad que fue su tesis, la del “Intercambio Desigual”, la que se recuerda
en mayor medida, y la que lo ha convertido, para muchos, esencialmente, en
un teórico del imperialismo y del Comercio Internacional. Además del intercambio de ideas mencionado por Zambón (y que también publicara Siglo XXI
en 1971), es digno de recuerdo el debate sobre el mismo asunto que protagonizaran el propio Emmanuel, E. Somaini y L. Boggio, primero publicado en
Italiano y luego en Francés (Emmanuel, Somaine y Boggio, 1975). Sin contar
con la edición corregida y aumentada de El intercambio desigual, de 1972,
que reúne valiosos elementos para comprender la tesis que el libro citado
discute, así como sus desarrollos teóricos posteriores.
En efecto, esa tesis fue solo el comienzo de un conjunto de escritos que,
según nos parece, conforman el eje central de sus preocupaciones como
Disponible en: http://www.lmneuquen.com.ar/suplementos/2012/2/18/11786.php Fecha de
consulta: 27/09/2013.
2
164
pensador económico y social. Es así que el interesado en la lectura del economista griego podrá encontrarse, entre otros, con el que fuera quizás su
proyecto intelectual culminante: “La ganancia y las crisis, un nuevo enfoque
de las contradicciones del capitalismo” (EmmanueL, 1978). Y, años más tarde, con “Technologie appropiée ou technologie sous–dévelopée”; o bien, con
el conjunto de artículos que conforman el libro La dynamique des inégalités.
Lo anterior, por lo que respecta a sus obras principales; numerosos artículos
publicados en revistas especializadas, notas de clase, trabajos inéditos y
cartas completan el acervo de escritos de Arghiri Emmanuel, que se conservan gracias al inestimable aporte de Claudio Jedlicki, amigo y discípulo de
aquel.
La mención panorámica de la vida y, especialmente de su obra, que hicimos
hasta el momento en esta introducción, persigue el objetivo de brindar al
lector las coordenadas bibliográficas de los aspectos conceptuales que aquí
rescataremos y expondremos con la mayor brevedad posible. En concreto,
los que se refieren a la posición de Emmanuel en torno de los siguientes temas, y que definen la estructura de este artículo:
• La teoría del valor clásica y marxista, lo cual será desarrollado en el punto II.
• Los esquemas de precios de producción “a la Sraffa”, y la elección del salario como variable independiente; tema que presentaremos en el punto
III, a partir de una comparación entre las soluciones de Emmanuel, Sraffa
y Pivetti.
• El tratamiento que Arghiri Emmanuel hiciera del famoso problema de la
“transformación”, especialmente las conclusiones que de allí extrae. Por
su naturaleza auxiliar, este punto IV integrará el Apéndice.
• Finalmente, los puntos V y VI abordarán, respectivamente, la conclusión y
el material bibliográfico utilizado.
La mejor manera (aunque resulte paradójico) de introducir al lector no avezado en las obras y escritos de Arghiri Emmanuel es a través de las discusiones
con sus críticos, porque allí se entreveran las cuestiones principales. Por
ello, privilegiaremos esos contenidos. De paso, tendremos paralelamente la
chance de motivar un sano intercambio con quienes, conociendo el asunto,
lo interpretan y valoran de un modo distinto.
II) La teoría del valor en Arghiri Emmanuel
Para encuadrar y desenvolver acabadamente el pensamiento de Arghiri Emmanuel (en adelante, AE) sobre la materia enunciada en el título que antecede,
165
debemos realizar una especie de “rastreo” por varios de sus libros y artículos.
Porque no existe, en tanto cuerpo integrado ad hoc, algo así como una teoría
de AE sobre el valor. Sí, numerosos pasajes al respecto, centralmente en el
marco de su tesis sobre El intercambio desigual, y de las controversias que
mantuvo con otros intelectuales. Pero, sin perjuicio del carácter ocasional que
podamos atribuir a estos desarrollos teóricos acerca del valor, los mismos están lejos de constituirse como simples comentarios dispersos, y poseen una
coherencia tal que, aunque no pudiéramos hablar de la teoría del valor de, si
amerita que nos refiramos a la teoría del valor en AE. Por lo demás, como este
artículo espera mostrar y sugerir, poco puede juzgarse sobre las tesis principales de sus obras, prescindiendo de un encuadre semejante.
Para AE, una definición preliminar y decisiva es la de factor de producción y
su relación con el valor de cambio de las mercancías. Y, desde su punto de
vista, en el marco de las relaciones sociales de producción mercantiles (capitalistas o pre–capitalistas), un factor de producción es todo derecho preestablecido al reparto primario del producto. Se refiere a los derechos primarios,
para distinguirlos de los secundarios; siendo la cualidad diferencial de los
primeros respecto de los segundos el hecho de estar ligados directamente a
la realización del producto: “...realización efectuada mediante el intercambio
de las diferentes mercancías de suerte que, cualquiera sea el determinante y
el determinado, existe una estricta correspondencia entre la magnitud relativa
de estos ingresos y la tasa de cambio o de valor de cambio de las mercancías” (Emmanuel, 1972, p. 41).
AE sostenía que a fuerza de pensar el valor como una sustancia verdadera, frecuentemente se olvida el hecho que detrás de las mercancías que se
intercambian están los individuos reclamando por parte del producto social.
Esta parte solo puede establecerse por dos caminos; a través de una división
del trabajo impuesta, o bien por intermedio del intercambio de los productos
generados por los trabajadores, y una división del trabajo que exprese las
decisiones individuales: “En realidad, el problema de la distribución del producto en una sociedad compuesta por productores independientes apareció
al mismo tiempo que su solución, que es el intercambio de mercancías y la
ley del valor. Pero adviértalo uno o no, sea uno o no consciente de ello, la
comparación entre una vaca y una piragua perdería todo su sentido si detrás
de ella no se ocultara la comparación entre el trabajo realizado por el vaquero
y el realizado por el carpintero. ” (Emmanuel, 1972, p. 43, nota 5).
AE fue acusado por Charles Bettelheim, de adherir a dos leyes diferentes del
valor, una para la economía mercantil simple y otra para la economía capitalista desarrollada. Pero él se sentía lejos de una posición semejante, y en efecto
creía en una sola ley, pero que operaba de modo diferente en cada estadio, y
que el carácter de esa diferencia hacía imposible cualquier transformación de
166
valores en precios de producción, desde el momento que no se trataba de un
cambio de forma, sino de contenido.
Lo que creía permitirle mantener la identidad de principio y de cálculo era su
concepción de la ley del valor como una ley de relaciones y de movimiento
de esas relaciones, más que como una ley de magnitudes. Para él la ley del
valor era una ley de asignación y reparto, de fuerzas productivas, por un lado,
y del producto, por el otro, en una sociedad de propietarios independientes;
es decir, “derechohabientes”. Así, en una sociedad compuesta solo por trabajadores independientes, propietarios de sus herramientas e instrumentos de
trabajo y librecambistas, la única ley que tendría lugar sería la del valor trabajo.
Pero las cosas se modifican esencialmente cuando interviene un segundo
factor. AE no creía en un valor absoluto. Tampoco acordaba con la visión
según la cual el intercambio es solo un complemento de la producción a un
nivel exterior a esta. Para AE el intercambio es un momento esencial de la
producción: “Supuesta la propiedad privada, no es el valor lo que conduce al
intercambio, sino el intercambio lo que conduce al valor”3 (Emmanuel, 1972,
p. 364).
Por lo anterior, podría pensarse que AE ubicaba la explotación en la esfera
del intercambio y de la circulación. AE no aceptaba esta crítica, salvo que se
distinguiera previamente entre relaciones de producción y relaciones sociales de producción; “en cuyo seno se articulan inextricablemente la producción y el intercambio”. La importancia de esta distinción para el propósito
de esta sección es que en línea de coherencia, AE concebía entonces las
relaciones de producción como generadoras de excedente pero de ninguna
manera, per se, de explotación.
El excedente es una condición común de todas las sociedades que han alcanzado cierto grado de desarrollo de sus fuerzas productivas, se traten de
sociedades de clase y de explotación, o no: “el excedente siendo la condición y el presupuesto de la explotación, no constituye en sí mismo ninguna
explotación. La explotación comienza no con la creación sino con la apropiación de este excedente”4 (Emmanuel, 1972, p. 364).
Pero, aquí podríamos preguntarnos: ¿AE coloca en el mismo nivel el “trabajo socialmente necesario” y los “ingresos primarios” en tanto derechos sobre el producto? La respuesta es afirmativa. Porque AE no concebía posible
construir el concepto de trabajo –socialmente–necesario sin la mediación del
3
Respuesta a Charles Bettelheim.
4
Respuesta a Charles Bettelheim.
167
concepto de trabajo abstracto. Y, por otra parte, veía igualmente imposible
arribar al concepto de trabajo abstracto sin recurrir a una escala de reducción de los trabajos concretos y complejos, que permita cuantificarlos. Solo
la competencia de factores y la posibilidad de moverse de una rama a otra
podía establecer dicha escala: “el trabajo solo puede ser abstracto y general
en tanto que generador de un derecho en el reparto del producto económico
de la sociedad. Solo de esa manera será ‘factor’” (Emmanuel, 1972, p. 367).
AE no tarda en preguntarse, si es que se rechaza la idea de un valor inherente
a las mercancías, por qué el intercambio de las mercancías en un mercado
libre debe hacerse a una tasa que oscila en torno a una relación reguladora:
a) la de las cantidades de trabajo socialmente necesarias para producirlas;
b) esa misma relación modificada por las transferencias provocadas por la
perecuación de las ganancias.
El problema es el siguiente. Si la producción de dos sombreros demanda la
misma cantidad de horas de trabajo, de similar intensidad y complejidad,
que la producción de una silla: ¿Qué es lo que obliga a sus productores a
intercambiar efectivamente sus productos a una tasa que, en promedio y a
largo plazo, tiende a ser igual a 2 sombreros = 1 silla? El riesgo de no responder esta pregunta es grande, con el costo de caer en “una combinación de
conceptos engendrados por la razón pura”, sin contenido real.
AE sugiere que la respuesta habitual de los marxistas pasa por atribuir a la
competencia el papel que obliga a los productores a dejar que sea la relación de los valores la que regule el intercambio. ¿Pero a qué competencia
nos referimos, a la competencia de los factores de producción, o a la competencia del mercado? Para AE la respuesta es crucial. Cuando la oferta
y la demanda de mercado se equilibran, los precios de los bienes que se
intercambian en el ejemplo pueden encontrase por encima o por debajo de
los valores. Por el contrario, lo que si hace la relación de los valores es tornar estables o inestables esos precios de mercado, porque es al nivel de
dicha relación que las transferencias de factores cesan. ¿Por qué el precio
de equilibrio factorial se corresponde con la cantidad de trabajo socialmente
necesario para producirlo? ¿AE no había alertado sobre la ubicuidad de ver
al valor como una sustancia? El mismo responde: “Porque hemos supuesto
que el productor directo es el único derechohabiente al reparto primario del
producto económico social y su trabajo homogéneo y competitivo, es decir,
reductible a una simple cantidad y susceptible de transferirse de una rama a
la otra... El precio–valor en el caso de un único derechohabiente (caso hipotético o real, poco importa) o el precio de producción en el caso de varios derechohabientes, son los precios que equilibran la producción, que detienen
las transferencias de fuerzas productivas de una rama a la otra” (Emmanuel,
1972, p. 370 y 371).
168
Para AE, el único elemento en común entre la competencia de factores y la
de las mercancías, es la palabra que las designa.
Algo que le preocupa especialmente a AE es dejar sentado que, desde su
óptica, el precio de producción no es un fenómeno cuya esencia sería respectivamente el “valor”. Criticaba a Christian Palloix por considerar la diferencia entre el valor y el precio de producción como un paso de lo abstracto
a lo concreto y asignarles a dichos conceptos solo una diferencia de grado
o de nivel.
Para AE el precio de producción es un concepto abstracto, tan abstracto
como el valor; como tal producido por el pensamiento a los efectos de aprehender la realidad. Lo que si presenta las características de fenómeno es
el precio concreto de mercado. El precio de producción adolece de la condición fenoménica porque no es ni observable, ni sensible, ni sujeto de ser
manipulado por intermedio de algún cálculo operacional.
AE distingue entre dos concepciones específicas sobre el precio concreto de
mercado: “...o bien constituye la única realidad, la de la circulación, y no hay
nada tras él –es la concepción marginalista–, o tiene tras él el apoyo de una
magnitud reguladora abstracta, anclada en las condiciones de producción,
que le sirve de eje de gravitación –es la concepción objetivista en general,
marxista en particular” (Emmanuel, 1972, p. 424).
Lo que para AE cambia precisamente es el eje de gravitación, el cual, según
el caso, será la relación entre las cantidades de los factores, o la relación de
las remuneraciones de los factores; la primera relación da lugar al valor–trabajo, la segunda a los precios de producción.
No le preocupa el grado de historicidad del primer caso, el que se refiere al
valor–trabajo como eje de gravitación, ya que “hunde sus raíces en modos
de producción esencialmente precapitalistas y en gran parte no–mercantiles”
(Emmanuel, 1972, p. 427). Aunque, teóricamente hablando, puede al menos
suponerse una situación productiva tal en la que el capital es inexistente, o
bien se asocia de modo igual y proporcional al trabajo. Pero de una situación
semejante, para pasar al capitalismo desarrollado hace falta, según AE, una
transustanciación por la cual se altera el campo de gravitación, del valor a
los precios de producción.
Esta postura, como podemos imaginarnos ya, condiciona la interpretación
“emmanueliana” del famoso problema de la “transformación”. Por la extensión, dejamos para el apéndice la síntesis de su posición, y las claves de
su análisis al respecto. Solo diremos aquí que pensaba que era un falso
problema. Y reproducimos, para ello, la cita que el propio AE hiciera del libro
169
de Natalie Moszkowska, quien, a su juicio, planteara el problema de la forma
más elegante: “Los precios individuales solo indican las relaciones de cambio
de las mercancías. Por naturaleza son relativos y no absolutos, como el valor.
El nivel de los precios absolutos solo puede determinarse por la elección de
una unidad de cuenta” (Emmanuel, 1972, p. 436).
Por ello, AE opta para el análisis del capitalismo desarrollado, si de teorizar
sobre el valor se trata, de realizar un cálculo directo en precios de producción. Es lo que abordaremos en el Punto III.
II) 1. La ley del valor y la asignación de los recursos sociales entre diferentes
ramas de actividad
Un análisis complementario que AE realiza a propósito de la teoría del valor
a la que adscribe, reviste interés para nosotros, al menos por una razón.
Porque permite delinear a muy grosso modo, el tipo de comparación que AE
establecía entre una sociedad integrada y otra compuesta por productores
independientes, como es el caso de la mercantil–capitalista.
La ley del valor en AE no es más que una ley de reparto. ¿Reparto de qué?
De recursos sociales entre diferentes ramas de actividad. ¿De qué modo?
Por intermedio de una equivalencia entre los productos, en el caso de una
sociedad de productores independientes: “La asignación de medios de producción constituye el problema fundamental de toda comunidad humana.
Pero su solución depende de quien disponga en la comunidad del poder
de decisión económica. Si la decisión pertenece a la sociedad misma en su
conjunto, este problema se resolverá sobre la base del costo social. Si ella
pertenece al productor independiente, se resolverá sobre la base del costo
del productor” (Emmanuel, 1972, p. 446).
¿Qué incluye el costo social para AE? Todos aquellos factores que para la
sociedad resultan onerosos, como el trabajo vivo, el trabajo pasado, los factores gratuitamente proporcionados en cantidades limitadas por la naturaleza y algo más que para el autor resulta decisivo: el tiempo, entendido como
“el uso de los fondos de acumulación por distinción a su desgaste y a su
consumo”.
Para ilustrar el punto elabora un ejemplo, con tres variantes. Veamos la segunda: Una sociedad socialista puede escoger dos opciones productivas
para satisfacer una misma necesidad. En ambas producciones los valores
resultantes de sumar el trabajo vivo y el pasado efectivamente empleado,
son iguales para el conjunto del período considerado, de diez ciclos productivos.
170
Producción A
Trabajo vivo
Trabajo
pasado: Cap.
const. circ.
2 máquinas a
50
Producción B
100
100
100
200
300
Trabajo vivo
Trabajo
pasado: Cap.
const. circ.
1 máquina a
100
100
100
100
200
300
Fuente: Emmanuel, 1972, p. 447.
Pero AE entiende que la producción A cuesta menos, porque a diferencia de
la producción B que inmoviliza 100 horas de trabajo desde el principio del
período, A solo debe inmovilizar la mitad al comienzo, y la otra mitad en el
punto intermedio.
Una forma aún más clara de comprender el argumento de AE es considerar
la tercera variante del ejemplo mencionado:
Producción A
Trabajo vivo
Trabajo
pasado: Cap.
const. circ.
2 máquinas a
50
Producción B
100
100
100
200
300
Trabajo vivo
Trabajo
pasado: Cap.
Const. Circ.
1 máquina a
100
90
100
100
200
290
Fuente: Emmanuel, 1972, p. 448.
Podemos constatar que si consideráramos al trabajo como el único factor de
producción, entonces cabría concluir que la producción en B es más económica que en A. Pero todo depende de la estimación del factor tiempo. ¿Cuál
será entonces la producción más económica? Si lo miramos desde el ángulo
del productor independiente, sostiene AE, el cálculo dependerá de la tasa de
ganancia y de salarios. Al fijarse estas con independencia de las condiciones objetivas, los resultados posibles no son necesariamente óptimos. Por el
contrario, si lo observamos desde el ángulo de la sociedad, el cálculo dependerá de las estimaciones sociales acerca de las necesidades de acumulación
y del sacrificio intergeneracional que esté dispuesta a realizar dicha sociedad
en pos de la tasa de acumulación deseada.
Para AE, el segundo cálculo puede sufrir dificultades técnicas, pero el estatuto del factor que pertenece al tiempo se mantiene incólume. Y a partir
de lo anterior, AE realiza una sentencia fuerte y que descoloca al lector, en
171
función de lo analizado previamente: “Es el mismo factor el que se encuentra
en la base de la ganancia en el modo de producción capitalista, y el hecho
mismo de que ese factor se encuentre en dos modos de producción opuestos prueba que es independiente de las relaciones sociales de producción.
Lo que por el contrario es una simple relación social, específica del modo de
producción capitalista, es la apropiación de ese factor por un cierto grupo social, los poseedores de los medios de producción” (Emmanuel, 1972, p. 448).
No es la posesión de una máquina lo que da derecho a la ganancia. Es el
hecho de negarse a venderla, comprometerla en la producción y no realizarla
“más que por fracciones sucesivas a través de cierto número de ciclos producción, o sea, en cierto tiempo”.
¿Por qué descoloca esta afirmación? Porque es como si AE se hubiera
deslizado de una definición de factor de producción a otra. Antes, como
derecho preestablecido al reparto primario del producto (por ende, asociado indefectiblemente a las relaciones sociales de producción existentes), ahora como soporte de valor, con independencia de las relaciones
sociales de producción. Como si hubiera pasado de discutir sobre las
causas del valor de cambio, para referirse a los elementos determinantes
del valor de uso.
Lo desconcertante no radica tanto, en el doble sentido terminológico de la
palabra factor, sino en que pareciera querer ligar los factores en tanto derechos con los factores en tanto determinantes del valor de uso, pero tomando
estos como factores naturales de aquellos:
“Los marxistas hubieran podido ganar su causa en contra de los marginalistas su hubiesen admitido que el tiempo es efectivamente un factor
independiente de las relaciones sociales de producción, mostrando
que el hecho de la apropiación de ese factor por una cierta clase social es perfectamente independiente de un cierto modo histórico de
producción, en vez de aislarse en la posición imposible, a saber, que el
trabajo es el único factor creador de valor de cambio o de valor” (Emmanuel, 1972, p. 448, nota 15).
Esta última cita recuerda la interpretación de J. H. G. Olivera sobre la teoría “ricardiana” del valor, donde la plusvalía sería la expresión de la tasa de
transformación en el tiempo del trabajo pasado, siendo la apropiación de esa
plusvalía una cuestión “institucional” (Olivera, 1957).
Sin perjuicio de ello, en otros pasajes, la impresión del lector es la contraria:
“Los factores naturales, el trabajo, el tiempo, la tierra, solo son reductibles
por el hombre y sus estimaciones ‘históricas’” (Emmanuel, 1972, p. 550).
172
Para terminar esta sección, deseamos mencionar un elemento más. Entre las
diferencias de los cálculos económicos propios de una sociedad integrada
y otra compuesta por productores independientes, hay una a la cual AE le
presta especial atención. No se refiere al género de factores que intervienen
en uno y otro cálculo, sino a su tasa de intervención. El arbitraje de la sociedad integrada será en base a las cantidades disponibles de factores. El del
productor directo sobre la base de sus precios:
“El primero es un cálculo directo y, salvo error técnico, óptimo por
definición. El segundo es un cálculo indirecto y, en la medida en que
diverge del primero, subóptimo. Es la asignación de los factores y la
división social (nacional o internacional) del trabajo sobre la base del
segundo cálculo lo que constituye la ley del valor” (subrayado nuestro;
Emmanuel, 1972, p. 551).
Esto refuerza la conclusión de AE en el sentido de que no existe más que
una ley del valor que se expresa de modo diferente según se trate de una sociedad capitalista desarrollada o mercantil “simple”; pero en donde siempre
encontramos al costo del productor individual como eje de la asignación de
los factores y de la división del trabajo.
Cuando el productor individual solo remunera su propio trabajo, o bien
paga un trabajo asalariado para el cual su ganancia es proporcional, las
cantidades físicas del factor bastan para reducir los valores de uso a un
factor común. No porque esas cantidades sean una sustancia, sino porque
cuando las mercancías se cambien “a prorrata” de las cantidades del factor considerado, el precio de la mercancía podrá pagar a su productor la
misma tasa que a los demás; y, en consecuencia, no tendrá motivos para
cambiar de actividad.
En cambio, cuando el productor independiente tenga varios factores por remunerar y cuya intervención no sea proporcional, el precio de equilibrio de
la producción no podrá ser otro que el resultante de la reducción de las cantidades de los distintos factores “al promedio de su tasa de remuneración”.
En uno y otro caso, en donde cesan las transferencias de factores encontraremos el óptimo competitivo.
III) Los esquemas de Precios de Producción y “la variable independiente”; Emmanuel, Sraffa y Pivetti
Sabemos de la sección previa, que para AE los precios de producción no
constituyen un simple cambio de forma, sino una ruptura cualitativa que opera cuando un segundo factor de producción entra en juego y pasamos de un
campo de gravitación a otro. En sus términos:
173
“No se trata ya de reducir las mercancías a una única calidad común,
físicamente dada. Tenemos ahora dos calidades comunes y solo podemos efectuar la reducción si encontramos una cualidad común a
los dos cualidades comunes. Esta cualidad común intermedia que nos
permite cuantificar la suma de los factores y, por esta cuantificación,
cuantificar las mercancías mismas y explicar la igualdad, 1 arroba de
trigo candeal = x kg de hierro (la primera pregunta que Marx plantea
en El Capital), se la encuentra si se quiere recordar que bajo la apariencia de cada factor ... se esconde, en las condiciones capitalistas,
un ‘derecho’ establecido al reparto del producto social, que se lama,
según el caso, salario, ganancia, renta, etc. Los esquemas de precios
de producción no están construidos en términos de trabajo y capital,
cosas irreductibles entre sí, sino en términos de salarios efectivamente
vertidos (capital variable) y de ganancia, cosas perfectamente reducibles una a la otra en tanto que partes alícuotas de una entidad dada: el
producto económico social.” (Emmanuel, 1972, p. 438).
¿Pero el producto social no es creado por los trabajadores? Para AE esa es
una idea ética y no la asimilación aprehensiva de la realidad. Lo que es absolutamente real para él es que tanto el salario como la ganancia son engendrados por el proceso de producción; y que ello engendra un antagonismo
irreductible, dado que una parte no puede aumentar sino en detrimento de la
otra, para un nivel dado de producto.
III) 1. Los Precios de Producción en el Intercambio Desigual
La cuestión se trata centralmente en dos de sus obras: El intercambio desigual (Emmanuel, 1972) y en La ganancia y Las crisis (Emmanuel, 1978). Esto
no quiere decir que fuera de estos tramos de sus obras mayores, AE se deslinde o prescinda de los precios de producción como instrumento analítico,
solo que es en dichos espacios donde, a nuestro juicio, queda más patente
la construcción y el uso que de ellos hace. De la presentación sintética que
haremos, saltará a la vista, sin complicaciones, el estatus que para AE posee
el salario, como variable independiente, motor del desarrollo económico y, en
definitiva, concepto estelar de toda su obra teórica.
AE parte de supuestos muy simples y construye, de forma preliminar, un
esquema de precios de producción limitado por la existencia de dos mercancías, A y B, las cuales sirven respectivamente como bienes de consumo y de
producción. Insumos y productos están compuestos por estas mercancías.
El stock de mercancías pertenece institucionalmente a los capitalistas, y de
acuerdo a ciertas cantidades establecidas previamente al inicio del proceso
de producción; siendo estas cantidades constitutivas de los capitales disponibles, tales como equipos, medios de trabajo y bienes de consumo asalariado, aunque “no necesariamente en un solo ciclo productivo”.
174
Emmanuel supone que la rama A dispone de 70A y de 35B, de los cuales
entran en producción, como materias primas y desgaste de los equipos fijos,
6A + B. La rama B dispone de 20A + 45B, de los cuales 16A entran en la
producción. La sociedad toda dispone de 500 horas de trabajo homogéneo,
doscientas de las cuales consume A y el resto B. De acuerdo a estos preceptos, y adicionalmente, se establece que la rama A produce 32A y la rama
B, 24B. Para terminar la planilla de supuestos, AE agrega que el salario real,
definido como canasta de bienes, correspondiente a cada hora de trabajo es
(A + 2B)/100. Y con ello conforma el esquema siguiente:
Capital
comprom.
Capit. const.
cons.
Capital
variable
70A + 35B
(6A + B)
+
(2A + 4B)
+
?
20A + 45B
(16A)
+
(3A + 6B)
+
?
90A + 80B
(22A + B)
+
(5A + 10B)
+
(5A + 10B)
Ganancia
Producción
=
32A
21B
=
32A + 21B
Fuente: Emmanuel, 1972, p. 441.
De este esquema preliminar, casi artesanal, AE busca establecer una diferencia, a su juicio crucial, entre el trabajo y el capital: “El primero es un
factor homogéneo a priori…y puede, por lo tanto, entrar en nuestras ecuaciones antes de la solución del problema de los precios, por lo tanto sin adición de una nueva incógnita” (Emmanuel, 1972, p. 441). No pasa lo mismo
con el capital y la ganancia, que no son homogéneos antes de conocer los
precios.
Es cierto que el cuadro precedente establece la masa total de las ganancias
como equivalente a 5A + 10B. Se desprende también que esa masa de ganancia debe ser repartida en proporción a los capitales comprometidos, pero
no puede establecerse la proporción sin haber determinado los precios de A y
de B. Pero en la medida que los precios de A y de B dependen igualmente de
la proporción buscada, tenemos una nueva incógnita, para ser determinada
junto a los precios:
r = (5A + 10B)/(90A + 80B)
Desde aquí AE saca, y arrastra durante toda su vida intelectual, la convicción
de que si se quiere fundar una teoría objetiva del valor, hay que aferrarse al
salario como primera deducción sobre el producto social, no siendo la ganancia más que un saldo. ¿Cómo queda el esquema cuando se introduce la
incógnita? De la siguiente forma:
175
Capital
variable
Capital
comprom.
Capit. const.
consumido
70A + 35B
(6A + B)
+
(2A + 4B)
+
(70A + 35B) r
20A + 45B
(16A)
+
(3A + 6B)
+
(20A + 45B) r
90A + 80B
(22A + B)
+
(5A + 10B)
+
(5A + 10B) r
Ganancia
Producción
=
32A
21B
=
32A + 21B
Fuente: Emmanuel, 1972, p. 442.
Como hay dos ecuaciones independientes y tres incógnitas, es imposible
hallar los valores absolutos de A y B, salvo que adoptemos una unidad de
cuenta cualquiera. Pero convirtiendo una de ellas en referencia unitaria, por
caso, B=1, puede establecerse el valor de A (=B/2) y r (10%).
Para AE este esquema, por más sencillo que pueda ser, contiene todos los
elementos de un esquema de precios de producción “despojado de la ambigüedad de la transformación”.
Este esquema refleja también el antagonismo irreducible al que nos referimos antes, entre trabajadores y capitalistas, como factores de la producción,
o mejor dicho, para AE, derechos preestablecidos al reparto primario del
producto.
Finalmente, en dicho esquema, todo aumento de salarios, si es general, disminuye la tasa de ganancia y altera los precios de A y B en función de sus
composiciones orgánicas; pero, “si es local, aumentará el precio de la rama
(región o país) en la cual es aplicado. Este último caso es el del intercambio
desigual”. (Emmanuel, 1972, p. 443)
A los fines de hallar precios absolutos para A y B, Emmanuel escoge como
unidad de cuenta la hora de trabajo; entonces, ya que 10 A + 20B = 500
(recordemos los supuestos originales) y A = B/2, resulta que A= 10 y B = 20.
Así queda un esquema de precios de producción expresados en hora de
trabajo:
Capital
comprom.
c
1.400
1.100
80
160
+
+
100
150
+
+
140
110
2.500
240
+
250
+
250
v
Fuente: Emmanuel, 1972, p. 444.
Precio de
producción
Tasa de
ganancia
=
=
320
420
10%
=
740
pr
176
III) 2. Los Precios de Producción en La Ganancia y Las Crisis
Emmanuel, a lo largo de toda su obra desarrolló una concepción estructural
del sistema económico similar a la de Piero Sraffa, independientemente de
las importantes divergencias entre ambos autores en este y otros posibles
asuntos. A tal punto que en aquellos tramos de sus diferentes escritos en
donde entendió necesario explicitar una formulación rigurosa del sistema
económico, sus planteos fueron esencialmente “sraffianos”. Aunque las diferencias no son menores, por lo que resulta apropiado sacarlas a la luz, para
así ponderar mejor y tener mayores elementos de juicio crítico.
Cuando generaliza en El intercambio desigual su esquema de precios de
producción él mismo aclara que su solución recuerda la de Sraffa, y que “en
efecto, hay entre las dos muchas analogías”.
Una de las conclusiones principales del planteo “sraffiano”, y que AE comparte plenamente (Carta inédita de Aghiri Emmanuel a Samir Amin, fecha
desconocida Lettre à Samir Amín) que recoge la tradición económica clásica
y marxista, es que la distribución del valor agregado generado por la sociedad entre los factores productivos que concurren a su formación no resulta
de un proceso mecánico inherente al subsistema económico, sino que depende en gran medida de una determinación extraeconómica, propia del
subsistema sociopolítico. Esa determinación extraeconómica no constituye
ningún elemento de contaminación o impureza del mundo propiamente económico; por el contrario, es imprescindible para que el sistema posea una
solución y sea empíricamente viable.
Pero se diferencia en dos aspectos importantes. Primero, en que AE desde
un comienzo abandona la hipótesis simplificadora de Marx relativa al consumo del capital constante en un solo ciclo de producción; abandono que
Sraffa llevara a cabo en el capítulo décimo de Producción de mercancías por
medio de mercancías (SRAFFA, 1966). Segundo, a diferencia de Sraffa que
“tímidamente” expresa su preferencia por el tipo de beneficio como variable
independiente del sistema, AE opta por el salario nominal, con una fuerza y
convicción que no perderá jamás.
III) 2.1. La variable independiente
Sraffa, en el marco de su obra culminante desde el punto de vista teórico,
apenas si brinda una sugerencia en torno a la elección de la variable distributiva que debe ser tomada como dada o independiente, si el salario o la
tasa de ganancia, por la que tímidamente se define (Sraffa, 1966, p. 55 y 56).
Pero es en sus manuscritos inéditos hasta 1993, en donde encontraremos
importantes aclaraciones. Máximo Pivetti coordinó una publicación de gran
177
importancia que dedica su primera contribución al análisis de las características y contenidos de los archivos que el Trinity Collage de Cambridge tuviera
“bajo llave” hasta hace poco menos de veinte años (Pivetti, 2008)
Sraffa insistió, muestra Pivetti, en la identificación de un componente variable del salario, al margen del correspondiente a la subsistencia del trabajador; y ello se debe a que estaba especialmente interesado en negar toda
determinación mecánica de la distribución del ingreso en el capitalismo. No
es el modo en el cual tiene lugar la producción lo que determina el reparto
del excedente económico, sino la acción misma de las partes que intervienen
en el asunto. Es precisamente la existencia de un componente variable en el
salario lo que al parecer de Pivetti “plantea el problema de si es el salario o la
tasa de ganancia la cantidad que debe tomarse como dada o independiente
cuando se determinan los precios relativos junto a la variable distributiva residual” (Pivetti, 2008, p. 492).
Sin perjuicio de lo anterior, es necesario remarcar que, en términos teóricos, el objetivo primordial de Sraffa no radicaba en estipular una u otra
variable, salario o tasa de ganancia, como variable independiente, sino en
evitar cualquier concepción mecánica al respecto; así escribió oportunamente a Garegnani:
“Sin embargo, para la reseña tal vez sea mejor no aventurarse demasiado en este terreno: yo no he pretendido decir nada muy comprometedor, y en general solo he querido dejar fuera algunas señales para
evitar que se crea que el sistema se presenta como fundamento para
una teoría de la oferta relativa del capital y del trabajo. Es la negación lo
que me parece importante: en cuanto a la afirmativa no tengo ninguna
intención de adelantar otra teoría mecánica que, de una u otra manera, convalide la idea de que la distribución está determinada por circunstancias naturales, o tal vez accidentales pero de cualquier modo
capaces de volver fútil cualquier acción, de una parte o de la otra, para
modificarla. En conclusión, yo diría que en la reseña es mejor no insistir
demasiado sobre el obiter dictum de la tasa de interés monetario...”
(Sraffa citado por Pivetti, 2008, p. 493 y 494).
El “obiter dictum” al que se refiere Sraffa es, como lo indica, la tipo de interés monetario, que en Producción de mercancías por medio de mercancías
él había sugerido como referencia reguladora del tipo de beneficio, variable
dada o independiente.
Pero la renuencia que el teórico italiano mostraba para especificar acabadamente la variable independiente en términos abstractos y formales, estaba
más bien predispuesto en un nivel concreto y aplicado:
178
“Por otro lado, estoy convencido de que el mantenimiento de la tasa
de interés por parte de la banca y de la bolsa tuvo su parte en determinar la distribución del ingreso entre las clases sociales: porque es un
paso obligado para quien da y para quien toma en prestamo (…). No
veo la dificultad en la determinación de la tasa de ganancia mediante
la tasa de interés controlada o convencional, a condición de que no se
presuponga la tasa de ganancia determinada por circunstancias externas inmutables” (Sraffa citado por Pivetti, 2008, p. 502).
En línea de coherencia, tampoco excluía la posibilidad de elegir como variable dada o independiente al salario, aunque alertaba sobre la necesidad
en tal caso encontrar evidencia empírica de que la disputa sobre reparto del
excedente recae principalmente sobre el salario, quedando así la ganancia
determinada como un residuo.
Es a esa evidencia, a su recopilación y fundamentos, que Arghiri Emmanuel dedica buena parte de sus esfuerzos intelectuales, a los efectos
de demostrar por qué, a su juicio, es el salario la variable distributiva que
debe considerarse como independiente o dada al momento de cerrar el
sistema en términos teóricos y aprehenderlo en términos prácticos; por
lo menos hasta la ruptura de los acuerdos de Bretton Woods, cuando
la tasa de ganancia ha adquirido idéntico rango de independencia (Emmanuel, 1978).
En efecto, en La ganancia y las crisis (Emmanuel, 1978), AE completa sus
esquemas de precios de producción, diferenciando un sistema de moneda convertible frente a otro de inconvertibilidad universal. Emmanuel
escribe:
“Informalmente antes de 1971 y formalmente después, el mundo capitalista ha visto instaurarse en su seno, por primera vez en su historia,
un régimen de inconvertibilidad universal. Antes de 1971 esto se debió
a la abstención más o menos voluntaria de los bancos centrales de
los grandes países industriales a convertir sus dólares –en un primer
momento porque estaban por colmarse de ellos, y después porque por
un lado cedían a las presiones de los Estados Unidos y por el otro, a
su propio interés de no estremecer demasiado a su deudor. Después
de agosto de 1971, este régimen se impuso mediante la proclamación
abierta del embargo que tornaba nominales todas las monedas simultáneamente” (Emmanuel, 1978, p. 407).
Emmanuel pensaba que este elemento permitía una progresión nominal de
salarios y ganancias que antes estaba vedada. Y sugiere en la obra citada:
“esta posibilidad puede ilustrarse mediante el sistema tradicional de ecuaciones–ramas, del tipo Sraffa” (Emmanuel, 1978, p. 407):
179
(Aapaa + Bapb + … + Ka) (1 + r) + Lawa = Apa
(Abpa + Bbpb + … + Kb) (1 + r) + Lbwb = Bpb
………………………………………………..
(Akpa + Bkpb + … + Kk) (1 + r) + Lkwk = K
Fuente: Emmanuel, 1978, p. 408.
En este esquema, K es la mercancía numerario y, en consecuencia, todas las
w y todas las p expresan una cierta cantidad de unidades físicas de K, siendo
r la tasa de ganancia:
“Se sabe que, en los casos en que la moneda es convertible, por una
parte, y donde, por la otra, los salarios varían conjuntamente en el mismo sentido, no se presentan problemas. Estando dados los salarios,
tenemos k ecuaciones y k incógnitas (k–1 precio, más r). Nuestro sistema está perfectamente determinado, y toda variación de los salarios
provoca una variación inversa de la tasa de ganancia, r” (Emmanuel,
1978, p. 408).
Por el contrario, si todos los precios pasan a ser nominales, como es el caso a
partir de la inconvertibilidad del dólar, el oro mismo se vuelve exclusivamente
una mercancía con un precio determinado y pierde su condición última de patrón. Consecuencia de ello, los precios dejan de expresar una cierta cantidad
de la mercancía numerario para “pasar a expresar objetos exteriores indiferentes: francos, dólares, libras” (Emmanuel, 1978, p. 409). Con ello se suma una
nueva incógnita, pk y el sistema queda formulado de la siguiente manera:
(Aapa + Bapb + … + Kapk) (1 + r) + Lawa = Apa
(Abpa + Bbpb + … + Kbpk) (1 + r) + Lbwb = Bpb
………………………………………………..
(Akpa + Bkpb + … + Kkpk) (1 + r) + Lkwk = Kpk
Fuente: Emmanuel, 1978, p. 409.
Así, para salir de la indeterminación, ahora no solo deben estipularse con
anterioridad los salarios (monetarios), sino también la tasa de ganancia r.
Esto significaba para Emmanuel que:
“a) los precios relativos –relaciones de una mercancía con otra del sistema– se convierten en precios absolutos –relaciones de las mercancías del sistema con un objeto producido fuera del sistema–, el mismo
oro en el primer caso; una pura denominación, en el segundo; b) los
capitalistas pueden tranquilamente añadir al costo de producción, tal
180
como este se presenta después de un aumento de salarios que han
debido conceder, su tasa usual o cualquier tasa de ganancias y fijar sus
precios en consecuencia; pueden entonces hacer repercutir sobre los
precios absolutos (índice general de precios) toda mejora de salarios
y al menos la parte de dicha mejora que supere un aumento paralelo
eventual de la productividad” (Emmanuel, 1978, p. 409).
Al margen de la valoración general que merezca este tramo de la obra, o toda
ella, de Arghiri Emmanuel, creemos importante rescatar el siguiente aspecto.
En la última de las formulaciones que el pensador griego realiza “a la manera de Sraffa”, se estipula una interacción fundamental, y esencialmente no
mecánica, entre el subsistema sociopolítico y el económico, a los efectos de
determinar la distribución real del ingreso generado por la sociedad entre los
factores que concurren a su formación. Porque es el subsistema sociopolítico el que condiciona al económico a través de la fijación extraeconómica
de los valores monetarios del salario y la tasa de ganancia. Pero el proceso
se realiza con la determinación de los precios que cierran un determinado
esquema de reparto del ingreso (Dobb, 2004).
La dialéctica del proceso señalado por Emmanuel es ciertamente compleja y
puede, según nuestro parecer, ganar en potencia explicativa, considerando
ciertos elementos como los aportados por Máximo Pivetti en escritos como
Interest and Profit in Smith, Ricardo and Marx. (Pivetti, 1987) (Amico y Fiorito,
2010).
III) 2.2. La Reformulación de Máximo Pivetti
En Interest and Profit..., Pivetti realiza una muy sugestiva y lúcida lectura de
las relaciones entre interés y ganancia en autores clásicos como A. Smith, D.
Ricardo y K. Marx. Parte de la siguiente afirmación:
“In the theory of distribution of Smith, Ricardo and Marx normal profits
are regarded as resolving themselves into two parts, the money rate
of interest and normal profit of enterprise. This means that for those
authors interest and profit of enterprise cannot be explained independently from each other. Given the normal rate of profit, determined in
their theory by the real wage rate and production techniques, either the
rate of interest or entrepreneurial profit must result as a residual magnitude. There are however important differences, between Smith and
Ricardo on the one hand and Marx on the other, in the analysis of the
relationships between the rate of profit, the rate of interest and profit
of enterprise. By bringing these differences to light, we can aim to add
further support to a concept of money interest and profit of enterprise
as the determinants of normal profits...” (Pivetti, 1987, p. 63).
181
Pivetti ilustra formalmente el esquema clásico de la siguiente manera:
(Aapa + Bapb + … + Kapk) (1 + r) + Lawa = Apa
(Abpa + Bbpb + … + Kbpk) (1 + r) + Lbwb = Bpb
………………………………………………..
(Akpa + Bkpb + … + Kkpk) (1 + r) + Lkwk = Kpk
(Awpa + Bwpb + … + Kwpk)= w
ra = i + ρai
rb = i + ρbi
...................
rk = i + ρki
Fuente: Pivetti, 1987, p. 66.
Es un sistema “a la Sraffa”, donde solo existe capital circulante y los salarios
se pagan “post factum”. Las incógnitas son los k precios, las k tasas de
guanacias de cada esfera de la producción y la tasa de interés. Tenemos así,
2k+1 determinadas por 2k+1 ecuaciones, en donde una de las mercancías
cumple la función de mercancía–moneda del sistema, la medida en que los
precios y los salarios son expresados.
Es importante retener que en este esquema “clásico”, las variables dadas
son el salario real y las ganancias normales de la empresa en cada esfera
de la producción: “The real wage rate, determined by historical and social
condictions independently of prices and of the rates of profit, consists of a
specified bundle of commodities...” (Pivetti, 1987, p. 66).
Por su parte, las ganancias normales de la empresa están expresadas en
términos de cocientes dados entre la ganancia de la empresa en cada aplicación productiva y la tasa (incógnita) de interés.
Pivetti señala con justeza que la visión de Marx al respecto es un tanto diferente a la de Smith y Ricardo. Marx, en efecto, otorga a la tasa de interés
una autonomía de un grado y permanencia considerablemente mayor que
sus predecesores, a tal punto que dada la tasa de ganancia normal, la tasa
de interés deja de ser la magnitud determinada una vez deducida la tasa de
ganancia empresaria; convirtiéndose esta última en la magnitud residual.
La valoración marxista de la autonomía relativa pero fundamental de la tasa
de interés, es muy ponderada por la concepción de Máximo Pivetti, de cuño
182
sraffiano. Aunque no duda en remarcar que la visión de Marx respecto a la
ganancia de la empresa aparece menos consistente en su pluma que en la
de Smith o Ricardo.
Con el objeto de extraer lo valioso de la visión clásica y marxista en su conjunto, depurando a su vez los defectos y/o imperfecciones, es que Pivetti
reformula el sistema económico en términos teóricos y abstractos, para así
dar cuenta de las reales influencias y fuerzas que se conjugan en la determinación extraeconómica y real de la distribución del excedente económico
generado entre los factores productivos que concurrieron a su formación:
• La tasa de salario real pasará a estar determinada como una variable
residual en la relación entre salarios y ganancias; tomará de esta manera
el lugar de incógnita que anteriormente poseía la tasa de interés en el
esquema clásico.
• La tasa de interés dependerá ahora de decisiones de política monetaria,
tomadas bajo restricciones de diferente peso y carácter especial y temporal. No existe una ley general para la determinación de la tasa de interés, sino restricciones externas, fiscales, monetarias y/o distributivas que
afectan las decisiones políticas sobre su determinación.
• Las ganancias normales de la empresa dependerán de las costumbres y
convenciones que gobiernan y definen las ventajas reales o deseadas de
una determinada aplicación productiva del capital.
• Las variables dadas serán la tasa monetaria de interés, las ganancias normales de la empresa y la tasa nominal de salarios. Esta última dependiente de condiciones económicas, políticas e institucionales.
• Finalmente, las incógnitas serán los k precios de las mercancías, que ahora se convierten en precios monetarios; vale decir, deja de existir una mercancía–moneda, referencia de salarios y precios. Habida cuenta de que
los salarios y los precios se expresan ahora en moneda, Pivetti incorpora
una ecuación adicional para simbolizar una mercancía–salario compuesta:
(Awpa + Bwpb + … + Kwpk)= pw
Y, dado el salario monetario, para cada valor de pw, existe un correspondiente
salario real:
wr = w/pw
183
Pivetti, como habrá podido notar el lector, invierte el orden de causación,
haciendo de la tasa de ganancia una magnitud que se define en cada esfera
o rama de producción a través de un proceso de agregación de dos componentes autónomos; la tasa monetaria de interés y la ganancia normal de la
empresa. Así, la tasa monetaria de interés, junto con los salarios monetarios
y las técnicas de producción determinan en Pivetti los costos monetarios y
normales de producción:
“The ratio of the price level to the money wage Hill then be seen as the
connecting link between the rate of interest and the rate of profit: by
the competition among firms within each industry, a lower rate of interest causes a lowering of the ratio, hence bringing about a lower rate of
profit” (Pivetti, 1987, p. 71).
III) 2.3. “El salario en la perspectiva marxista”
El encomillado del título que precede este párrafo se debe a que refiere al
quinto capítulo del libro La dynamique des inégalités, el cual reúne los argumentos presentados por AE en la Conférence 96: Théorie du Salaire (Emmanuel, 1985, Capítulo V, p. 133–160).
Es en este artículo donde AE desenvuelve con mayor método lo que podríamos definir como su introducción a la teoría del salario y el estatuto del
mismo como varibale exógena e independiente del sistema. Para Emmanuel,
una variable independiente no está carente de condicionamientos y enfrenta “condiciones de compatiblidad con los demás elementos endógenos del
sistema”; pero importante es que dentro de esos límites su funcionamiento
puede considerarse exógeno.
Cuando de salario se trataba, AE se oponía tajantemente a erigir la productividad del trabajo como su determinante, lo cual resulta lógico, desde un
punto de vista marxista y objetivista del valor.
Mantuvo durante su vida esta convicción sobre lo que no es el salario. Así
dice en El Intercambio Desigual:
“La productividad del trabajo no es más que el valor de uso de la fuerza
de trabajo, no es más que su utilidad, y su productividad marginal no
es más que su utilidad marginal. Es normal que para los marginalistas
sea esta última utilidad la que determina el precio del trabajo. Pero,
para el marxismo, el salario no es el precio del trabajo sino el precio de
la fuerza de trabajo, y el valor de la fuerza de trabajo está determinado,
como el de cualquier otra mercancía no por las condiciones de su consumo sino por las de su propia producción”. (Emmanuel, 1972, p. 454,
el subrayado es nuestro).
184
Y en la carta a Samir Amín que ya citamos, le escribe: “Es el trabajo el que
resulta más o menos productivo, según las condiciones de su utilización y
los equipos a los cuales se asocia el obrero. La fuerza de trabajo no posee
ninguna productividad” (Lettre à Samir Amín, documento inédito sin fecha).
El subrayado anterior se debe a que efectivamente, es la idea expresada en
esa oración la que AE no conservó con el paso de los años. Podríamos decir
que su visión del salario se radicalizó. Vimos a través de una cita a la carta
que le escribiera a Samir Amín, cuál era su convicción más íntima; que la
distribución funcional de la renta nacional expresa fundamentalmente la relación de fuerzas entre las clases antagónicas de la sociedad. Esta convicción,
con el tiempo, entró en conflicto con la definición del salario como el precio
de la mercancía fuerza–de–trabajo, intercambiada en un mercado, a la cual
parecía adscribir en sus primeros escritos.
Eugenio Somaini, en el libro citado en la introducción (Emmanuel, Somaini y
Boggio, 1975), le reprocha a Emmanuel el hecho de que no basta con atribuir
las cuasas de los salarios, y sus disparidades internacionales, a elementos
“morales e históricos”, o bien a circunstancias institucionales; es necesario explicar esas circunstancias o la génesis y desarrollo de tales elementos
“morales e históricos”. AE se enoja con este reclamo, por la sencilla razón de
que le había dedicado sendos desarrollos en el marco de su Libro El Intercambio Desigual, y más concretamente, todo un capítulo, el tercero, a dicho
cometido. Podía Somaini no estar de acuerdo, y resultar insatisfecho con las
explicaciones, pero no desconocer lisa y llanamente esos pasajes.
La anécdota nos resulta útil, porque en ese marco, AE sentencia: “...jamás, en
la historia, ha existido alguna cosa que pudiéramos describir como un ‘mercado’, por imperfecto que sea, de la fuerza de trabajo. Siempre ha habido normas” (Emmanuel, Somaini, Salvati, 1975, p. 62). Esta declaración se verá algo
matizada en La dynamique des inégalités (Emmanuel, 1985, p. 151).
Es la idea anterior la que luego, en La dynamique des inégalités, desarrolla
con más detalle. AE reconce que Marx, además de definir al salario como
precio de una mercancía especial, la fuerza de trabajo, le asignaba el carácter de vector de reparto de la renta. Pero el punto central, para AE es saber si
el salario es vector de reparto directamente, como la renta o los impuestos,
o si lo es indirectamente, en función de que la clase obrera no tiene otra
mercancía para vender que su fuerza de trabajo, y son los ingresos de dicha
venta (les recettes) los que constituyen su única renta. Solo en el primer
caso, sostiene Emmanuel, necesitamos una teoría específica del salario. En
el segundo caso, el problema se limita a incluir el salario dentro de la teoría
general del valor. Marx eligió este camino, pero está lejos de ser un camino
sencillo.
185
Porque no basta con resolver el absurdo del valor del trabajo y de conciliar
la generación de plusvalía con el principio general de equivalencia. AE identifica, entre otros, los siguientes problemas. En primer término, a diferencia
de las otras mercancías que, a medida que progresa el modo de producción
capitalista, “devienen susceptibles de ser producidas capitalísticamente”, la
fuerza de trabajo, como fuente exclusiva de plusvalor, no lo posee.
Segundo, uno de los supuestos de la ley del valor es la posibilidad que le
cabe al productor de pasar libremente de una rama a la otra. En cambio, si
bien el trabajador es móvil como tal, no lo es como productor de su fuerza
de trabajo, salvo que se subproduzca o sobreproduzca a sí mismo. Lo que
pone en juego un mecanismo malthusiano que Marx condenaba. Al introducir un elemento “moral e histórico”, AE cree que es necesario abandonar el
abordaje de la fuerza de trabajo como mercancía, según la definición clásica
tradicional; substituir el concepto de “trabajo socialmente necesario” por el
de “ingreso socialmente necesario”.
Un problema particularmente importante, ya sea el salario una variable exógena o endógena, es el de la reducción del trabajo complejo al simple. Porque si el “elemento moral e histórico” está dado exógenamente, la pregunta
pasa a ser qué es lo que está dado: “¿Es la gama completa de tasas de
salarios para todas las categorías y todas las profesiones, o el salario de
base que remunera el trabajo de la categoría más baja?” (Emmanuel, 1985,
p. 142) En el primer caso, es difícil compatibilizar un elemento que varía en el
tiempo y en el espacio con calificaciones diferenciales de una misma época
y un mismo espacio. Igualmente, cómo se combinan los coeficientes de reducción con los costos de reproducción biológica que son requeridos para
establecer la escala de remuneraciones. En el segundo caso, ¿de dónde
salen los coeficientes endógenos de jerarquización?
AE pensaba que el único modo de salir de las contradicciones descriptas
arriba, era rechazando el estatuto de mercancía de la fuerza de trabajo y
abandonando toda idea de determinar el salario por los costos de producción de la fuerza de trabajo, sean estos costos fisiológicos o sociales.
Pero considerar el salario como como una relación social, como un vector
de repartición no excluye la posibilidad de que su determinación sea endógena, por algún mecanismo de mercado diferente al del valor–trabajo. Lo
mismo, una mercancía puede serlo al tiempo que su precio se determina
exógenamente. AE lo sabía. Pero ya vimos que AE no creía en la existencia
histórica de un mercado de trabajo; salvo, quizás, por un intervalo muy corto
inmediatamente posterior a la instauración de del sistema capitalista: “...desde que el trabajador se vuelve “libre”, la fuerza de trabajo deja ipso facto de
ser una mercancía ‘libremente’ negociable (en consecuencia) ...el reparto del
186
producto refleja en cada momento y en cada país un punto de equilibrio de
fuerzas sociales antagónicas y sus determinaciones no pueden ser más que
exógenas. No resta más que elegir, entre las variables de reparto, la variable
independiente” (Emmanuel, 1985, p. 152).
¿Por qué el salario es la variable independiente para AE, y no puede serlo la
tasa de beneficio?
AE comienza por recordar que la más elemental de las relaciones de distribución es la funcional, que se entabla entre la remuneración al trabajo y
el resto de las remuneraciones. Para simplificar, agrupa todos los ingresos
no–salariales en el rubro “ganancia”, por lo que la elección de la variable independiente de entre las variables de reparto, se limita a una elección entre
salario y ganancia. ¿Qué salario, nominal o real? Nominal porque “el salario
real no es más que un concepto”.
Luego critica la elección de la tasa de interés como elemento capaz de determinar “por fuera del sistema de producción” el tipo de beneficio. Y se
pregunta, cuál sería esa tasa de interés. AE teme que por esta vía se abra
la ventana al modelo neo–clásico que “habíamos arrojado por la puerta. Y,
definitivamente, no acepta como justificación el hecho de que el tipo de beneficio, como cociente puro, sea independiente de los precios.
Las razones que arguye para semejante rechazo, se ubican, en primer lugar, en el terreno histórico: “En el mundo real, el beneficio es un residuo y
un ingreso ex post. Esta es la variable endógena por excelencia. Lo que los
trabajadores negocian no son ni cocientes ni números ‘puros’ ni la parte del
ingreso nacional en términos relativos. Negocian su propia remuneración en
términos absolutos” (Emmanuel, 1985, p. 154).
En segundo término, encontramos razones propias del terreno teórico: “En
un marco neo–ricardiano, al tomar la tasa de ganancia como la variable independiente se supone que el famoso problema de la “reducción” se considera
resuelto, por lo que solo tenemos una incógnita, w, lo que representa una
unidad trabajo abstracto y simple. De esta manera, para k ecuaciones podremos tener K + 1 variables (k – 1, precios relativos + un único “w” + una sola
“r”), que nos da una grado de libertad, por lo que tomando “r”, como dada
tenemos k ecuaciones para k incógnitas y nuestro sistema queda así perfectamente determinado” (Emmanuel, 1985, p. 155).
El punto de esta crítica radicaría en el hecho de que si tuviéramos más de
una “w”, irreductibles entre sí, tendríamos, a su vez, más incógnitas que
ecuaciones.
187
Sin embargo, el eje de la crítica teórica, Emmanuel lo focaliza en las implicancias, para el campo del valor internacional, de elegir la tasa de ganancia
como variable independiente: “En el marco de una economía nacional, una
sola “r” refleja adecuadamente la relación de fuerzas políticas, ya que en principio esa relación es establecida, no en cada industria por separado, sino a
escala nacional. Pero cuando nos referimos al marco internacional y se asume la igualación de la tasa de ganancia (al igual que Delarue, Oscar Braun,
Somaini, etc.), no está claro cómo una sola “r” puede reflejar a escala del
mundo las múltiples relaciones de fuerzas de cada uno, las cuales se basan
en cada realidad nacional por separado, y equilibrar las fuerzas antagónicas
de clase en todos los países al mismo tiempo” (Emmanuel, 1985, p. 155).
AE piensa que una elección semejante, nos obliga a fijar exógenamente los
cocientes relativos entre salarios nacionales, y dejar como incógnita un único
salario. Por otra parte, cree que llevaría a la conclusión de que una variación
independiente de la tasa de ganancia internacional provoque una variación
inversa de los salarios nacionales (lo que sería razonable) aunque paralela y
proporcionalmente (lo que sería un absurdo). A nivel global se determinarían,
de esta manera, las participaciones relativas de los ingresos factoriales básicos, salarios y ganancias; para luego, a escala de las naciones, definirse las
participaciones relativas de cada clase trabajadora nacional en el fondo de
salarios global: “Tal concepción es inaceptable. La distribución del ingreso en
términos de beneficios y salarios es inmediata y directamente asunto nacional. Es indirectamente que deviene en un asunto internacional” (Emmanuel,
1985, p. 156).
IV) Apéndice: Sobre el problema de la transformación
Para el desarrollo central y primario de su tesis sobre el Intercambio desigual
Emmanuel hizo caso omiso del “problema de la transformación” y de la objeción de Bortkiewicz que le diera vida. En efecto, en la Nota 32 del Capítulo
II del libro referido Emmanuel escribe:
“Prescindimos aquí, igualmente, de la objeción de Bortkiewicz. Una simplificación subyacente al teorema marxista de transformación de los valores en
precios de producción excluye de esta misma transformación los inductos,
o sea los capitales constantes y variables. Ladislaus von Bortkiewicz, oscuro
funcionario, pero gran matemático, considerando que en ello había un error
de Marx, publicó, en 1907 un artículo en Jahrbücher für Nationalökonomie
und Statistik, Bd. XXXIV, Heft 3, pp. 319–335, intitulado Zur Berichtigung der
grundlegenden theoretischen Konstruktion von Marx im dritten Band des Kapitals, en el cual resuelve el problema de una transformación simultánea del
valor del producto y de los elementos de su costo en precios de producción. (...) Creemos que al menos para lo concerniente al tema de nuestro
estudio –el intercambio desigual en el comercio internacional– la fórmula de
188
Bortkiewicz complicaría considerablemente la demostración sin modificar en
nada las conclusiones” (Emmanuel, 1972, p. 97).
De esta forma Emmanuel expone su teoría ateniéndose a la simplificación
marxista considerando en consecuencia que los valores de los inductos en
productos de trabajo pasado ya han sido transformados en precios de producción: (...) “En otras palabras, que sus cuotas en el esquema de partida
no expresan valores, sino precios internacionales”. (Emmanuel, 1972, p. 98)
Sin embargo, en el marco de las discusiones que mantuvo con sus críticos,
especialmente con Charles Bettelheim, Arghiri Emmanuel entiende que ha
cometido un error que debía ser reparado.
Emmanuel creía que el propio Marx no estaba conforme con sus esquemas
de “transformación”. Incluso sostenía que el manuscrito del Tercer Libro era
un “legajo de bosquejos de primer impulso y notas de lectura”. Y como Marx
redactó ese Manuscrito antes del Segundo Libro y casi paralelamente al Primero, Emmanuel encontraba sospechoso que Marx lo dejara dormir hasta su
muerte durante más de veinte años: “Tal actitud correspondería extrañamente al pesimismo de Ricardo sobre el problema fundamental de la Economía
Política, a saber, la reducción de las mercancías a un común denominador, a
partir de que un segundo factor, especialmente el tiempo se añade al trabajo...” (Emmanuel, 1972, p. 428)
Para Emmanuel la objeción de Bortkiewicz se refiere al principio mismo
de la transformación; sin embargo, a su juicio ni Bortkiewicz, Tugan Baranovski, Natalie Moszkowska, Hilferding, Charasoff, Boudin, etc., han
logrado la “transformación” que anhelaban, intentando compatibilizar
las condiciones intrínsecas de un sistema de precios de producción,
manteniendo al mismo tiempo las determinaciones por las cantidades
de trabajo.
Emmanuel estaba convencido que la igualdad entre la suma de los valores y
la suma de los precios de producción era irreconciliable con la igualdad de la
suma de las plusvalías y la suma de las ganancias; y que sin esa reconciliación todo intento de transformación conducía a un punto muerto.
No se trataba de una insuficiencia matemática sino de una antinomia lógica.
Veamos más de cerca cómo Emmanuel critica la solución de Bortkiewicz y
de otros autores. Parte del propio ejemplo numérico de Bortkiewicz.
189
La “objeción Bortkiewicz”
c
v
pl
Tasa de
I
225
+
90
+
60
=
375
II
100
+
120
+
80
=
300
III
50
+
90
+
60
=
200
375
+
300
+
200
=
875
Plusvalía
Ganancia
66.6 %
29%
Fuente: EMMANUEL, 1972, p. 430. Cuadro I.
Este esquema de partida es uno de reproducción simple donde el equilibrio
se manifiesta por siguientes igualdades:
• del producto del Sector I con la suma de los capitales constantes de los
tres Sectores;
• del producto del Sector II con la suma de los capitales variables;
• del producto del Sector III con la suma de las plusvalías.
Según Marx operaría la siguiente transformación:
Transformación en precio de producción según Marx
c
v
pr
Tasa de
I
225
+
90
+
939/27
=
408 9/27
II
100
+
120
+
65 5/27
=
285 5/27
III
50
+
90
+
41
13/27
=
181 13/27
375
+
300
+
200
=
875
Fuente: EMMANUEL, 1972, p. 430. Cuadro II.
Plusvalía
Ganancia
66.6 %
29%
190
Como sostiene Bortkiewicz es una solución no satisfactoria porque los capitales constantes y variables han sido excluidos del proceso de “transformación”. Aunque las sumas de las plusvalías sea igual a la suma de las ganancias, y la suma de los valores igual a la suma de los precios de producción,
el esquema transformado según Marx ha perdido la cualidad del equilibrio.
Por medio de la aplicación de su fórmula de transformación simultánea, Bortkiewicz obtiene el siguiente esquema:
Precio de producción según Bortkiewicz
c
v
pr
Tasa de
I
288
+
96
+
96
=
480
II
128
+
128
+
64
=
320
III
64
+
96
+
40
=
200
480
+
320
+
200
=
1000
Plusvalía
Ganancia
62.5 %
25%
Fuente: EMMANUEL, 1972, p. 431.
Pero para Arghiri Emmanuel se trata simplemente de una modificación de
forma que no altera el contenido: “Bortkiewicz hace la transformación simultánea de los insumos y los productos y su esquema de llegada es un
esquema de equilibrio que respeta las dificultades y las coherencias que le
son propias, pero han desaparecido de él las determinaciones por las cantidades de trabajo.
A partir de la selección de una unidad de cuenta específica se preserva la igualdad entre la suma de las ganancias y la suma de las plusvalías, pero a costa
de sacrificar la igualdad entre la suma de los precios y la suma de los valores;
al mismo tiempo, las tasas de plusvalía y de ganancia propias del esquema de
partida (66,6% y 29% respectivamente) difieren de las asociadas al esquema de
llegada (62,5% y 25% respectivamente). También cambia la tasa de explotación,
que pasa de 2/3 a 5/8; para Arghiri Emmanuel esto es inaceptable.
“En su esquema de llegada (se refiere al de Bortkiewicz) toda traza de valor
en tanto cantidad cronométrica de trabajo ha desaparecido. Las cifras no
191
reducen ya las mercancías en términos absolutos a una sustancia que les
es común, siendo, sin embargo, diferente a ellas –principio fundamental del
valor marxista–, sino que expresan relaciones simples” (Emmanuel, 1972, p.
431).
La importancia de esta interpretación de Emmanuel, a los fines del presente
trabajo, es que contribuye a fundamentar su convicción de que es imposible
encontrar un patrón invariable del valor de las mercancías, con el cual la
relación de todas las mercancías nos daría un valor absoluto para cada una
de ellas, “desde el momento en que hay más de un factor de cuantificación
y que se abandona el caso (teórico o histórico, poco importa) en el cual las
herramientas del productor independiente son desdeñables o inalienables
y en el cual el único factor de valor es el trabajo” (Emmanuel, 1972, p. 432).
Para Emmanuel, el problema de la “transformación” es un falso problema, en
la medida que no está en juego solo un cambio de forma sino de contenido
y completa su análisis sobre este punto criticando los esquemas de Louis
Boudin, Tugan Baranovski, Natalie Moszkowska.
Estos últimos tres partiendo del mismo esquema original, expresado en valores, llevaron a cabo las siguientes transformaciones:
Precio de producción según Boudin
c
v
pr
Tasa de
I
180
+
60
+
64
=
304
II
80
+
80
+
42 2/3
=
202 2/3
III
40
+
60
+
26 2/3
=
126 2/3
300
+
200
+
133 1/3
=
633 1/3
Fuente: EMMANUEL, 1972, p. 434. Cuadro I.
Plusvalía
Ganancia
66.6 %
26.6%
192
Precio de producción según Tugan–Baranovsky
I
180
+
60
+
60
=
300
II
80
+
80
+
40
=
200
III
40
+
60
+
25
=
125
300
+
200
+
125
=
625
62.5 %
25%
Fuente: EMMANUEL, 1972, p. 434. Cuadro II
Precio de producción según N. Moszkowska
I
252
+
84
+
84
=
420
II
112
+
112
+
56
=
280
III
56
+
84
+
35
=
175
420
+
280
+
175
=
875
66.6 %
26.6%
Fuente: EMMANUEL, 1972, p. 434. Cuadro III.
Boudin a pesar de realizar la transformación simultánea de los capitales
constantes y variables arriba a un esquema que adolece de la condición de
equilibrio que si caracteriza al esquema original.
Por lo que se refiere a las soluciones de TB y NM sus esquemas de llegada
poseen todos los equilibrios que le son inherentes pero, en relación al esquema de partida la tasa de plusvalía y la tasa de ganancia han cambiado.
El “tiempo necesario” ya no es el mismo que en el esquema de partida:
“¿Cómo ocurre que aparte de la solución de Boudin, las demás, aun estando
correctas, difieran entre ellas? Es un simple problema de unidad de cuentas”
(Emmanuel, 1972, p. 435)
Para Emmanuel la solución más elegante es la de NM quién toma la unidad
de trabajo como unidad de cuenta. Pero al ser el trabajo una simple unidad
de cuenta las determinaciones esenciales por el “tiempo necesario” y por la
tasa de plusvalía han claudicado también.
193
En los términos de NM que Emmanuel cita:
“Los precios individuales solo indican las relaciones de cambio de las
mercancías. Por naturaleza son relativos y no absolutos, como el valor.
El nivel de los precios absolutos solo puede determinarse por la elección de una unidad de cuenta” (Emmanuel, 1972, p. 436).
Con la elección adecuada de la unidad de cuenta se obtiene la igualdad entre
la suma de los valores y la suma de los precios; pero se trata de una igualdad formal condicionada por la elección misma de dicha unidad de cuenta.
Como tal es una igualdad que no posee significación en lo que se refiere a la
determinación de los precios por los valores.
Con razón o sin ella, Emmanuel utiliza los desarrollos anteriores para apostar
por un cálculo directo en precios de producción, que prescinda del problema
de la “transformación”.
V) Conclusión
El recorrido, breve pero denso, por algunos pilares de la obra de Arghiri Emmanuel, específicamente los relacionados al valor, los precios de producción
y el estatuto del salario como variable independiente, nos ha brindado la
posibilidad de encuadrar y fundamentar sus desarrollos teóricos.
Un encuadre que solo puede ser de utilidad de cara al futuro, y en la medida
que los libros, artículos y trabajos de Arghiri Emmanuel sean leídos y/o releídos sobre la base de esta u otra crítica semejante.
Desde ya, la lectura que este artículo ha realizado puede ser cuestionada; en
sí misma, por lo que se refiere a su consistencia, o bien, por lo que respecta
a su capacidad explicativa de los ejes conceptuales sobre los cuales gravita
la obra de Emmanuel.
Es por ello, que preferimos limitar al máximo, quizás en exceso, nuestras
opiniones acerca de conceptos y teorías que aquí están desenvueltos; con la
esperanza de que no se discutan, eventualmente, nuestras interpretaciones,
sino las de Arghiri Emmanuel.
Por la misma razón, esta conclusión se encuentra exenta de juicios sobre lo
expuesto.
No cubrimos siquiera un porcentaje mayor de los escritos del intelectual griego. Tampoco, y relacionado con lo anterior, siquiera un porcentaje importante
de sus teorías: ya se trate de las célebres, como la del intercambio desigual,
o las menos “festejadas”, como su teoría de la desigualdad entre el Producto
194
y el Ingreso; su teoría del dinero y de las crisis; la teoría del desarrollo económico y de la dinámica de los diversos modos de producción; la del colonialismo financiero versus el colonialismo mercantil; la del tipo de cambio y
la insensibilidad de la balanza comercial a la apreciación cambiaria; la de las
multinacionales; la del Precio Remunerador; etc.
Pero abrigamos la convicción de que ninguna de las teorías mencionadas
puede comprenderse, y juzgarse cabalmente, sino es de acuerdo con las
teorías del valor, de los precios de producción y del salario como variable independiente del sistema económico, que Emmanuel defendiera y pregonara.
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Decano: Dr. José Basso
Paraguay 1457 (C1061ABA), Ciudad de Buenos Aires, Argentina
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