1.-EL ESTILO DECORATIVO DEL SIGLO XVIII

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TEMA 16: Arte del siglo XVIII. El estilo decorativo del siglo XVIII. La
arquitectura y el decorativismo en Centroeuropa. La escuela inglesa y la
“pintura galante” en Francia. España: estilo cortesano y tradicional en la
arquitectura y en la escultura. Los pintores extranjeros en la Corte de los
primeros Borbones. Goya.
1.-EL ESTILO DECORATIVO DEL SIGLO XVIII
El estilo decorativo o rococó es fundamentalmente de creación francesa, surgiría en época de la
minoría de edad de Luis XV (durante la Regencia del Duque de Orleáns) y se mantuvo durante
todo su reinado. Es un estilo artístico caracterizado por la ligereza, la fragilidad, la gracia
cortesana.
Lo más característico del nuevo estilo desde el punto de vista formal es la utilización de un tipo
de decoración, la rocalla, con forma mixta de palmeta y concha (la rocaille y la coquille que dan
lugar al término “rococó”). Es característico también el “gusto chino” –las chinoiseries-: piezas
de porcelana, telas, lacas, etc., que decoran los salones aristocráticos.
En arquitectura, el rococó revolucionó los interiores, en los que prima la decoración, que
desplaza las estructuras a un segundo plano. En las artes figurativas, se prefirieron los temas
intrascendentes y frívolos (fiestas nobles, amor galante, etc.) y la palidez cromática en la
pintura.
FRANCIA. El arquitecto francés que mejor encarna el estilo decorativo o rococó es Jacques
Gabriel, quien mantiene el equilibrio barroco en el exterior de los edificios, mientras que
deslumbra en los interiores por la gracia y la originalidad de la decoración. Sus grandes obras
son el Petit Trianon de Versalles y el Hotel Biron de París (actual Museo Rodiu). También es
destacable la decoración rococó de los bancos, fuentes y verjas de la Plaza Stanislas, en Nancy,
obra de Guibal y Lamour.
Fuera de Francia, el Rococó se convirtió en una moda generalizada sobre todo en las pequeñas
CORTES ALEMANAS, que desean imitar lo francés.
En Baviera trabaja François Cuvilles, quien realiza la decoración del Palacio de Nympehnburg
y el Teatro del Palacio de la Residencia.
En Prusia Knobelsdorf realiza para Federico el Grande el Palacio de Sanssouci, en Postdam,
una especie de réplica del Trianon.
No obstante, quizás la figura más sobresaliente del rococó centroeuropeo es Baltasar
Neumann, arquitecto de Franconia que evoluciona del barroco al rococó. Realiza la Residencia
del Obispo Elector de Wurzburgo, decorada además con frescos de Tiépolo, y las iglesias de
Neresheim y Vierzehnheiligen.
Otros geniales arquitectos rococós germánicos son Dominicus Zimmerman y Johann Michael
Fischer, quien realiza algunos de los más bellos monasterios de la Alta Baviera, como la abadía
de Ottobeuren.
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2.-LA ESCUELA INGLESA
GALANTE” EN FRANCIA
Y
LA
“PINTURA
Desde el siglo XVI en la pintura inglesa (protagonizada por artistas extranjeros como
Holbein o Van Dyck) existió una especial preocupación por el retrato, preocupación que se
mantiene en el siglo XVIII, aunque ahora sí aparece una verdadera escuela inglesa de pintura.
Por otro lado, la concepción puritana lleva a los pintores británicos a rehuir las representaciones
bíblicas, optando por los temas profanos y, dentro de ellos, por el retrato.
William Hogarth realiza una pintura satírica y moralizante con la que pretende criticar los
vicios de la sociedad de su tiempo, como en la serie Matrimonio a la moda.
Joshua Reynolds fue un excelente retratista gran conocedor de la pintura italiana. Le preocupa
plasmar una belleza femenina un tanto idealizada.
Thomas Gainsborough destacó en el retrato de niños (Las hijas del pintor, Blue Boy) y de
damas (Lady Home). Además del retrato, cultivó el paisaje, por lo que podemos considerarlo
precedente de los grandes paisajistas ingleses del siglo XIX: Constable y Turner.
Otro delicado pintor de retratos femeninos fue George Romney, en sus retratos de Lady
Hamilton se aprecia ya una evolución hacia el prerromanticismo.
Los principales representantes del rococó pictórico francés son Watteau, Boucher y
Fragonard. No obstante, con técnicas y estéticas diferentes, destacaremos a otros pintores
franceses del siglo XVIII: Greuze, Nattier, Quintín La Tour y Chardin.
Se caracterizan los pintores del rococó francés por representar ambientes refinados, galantes,
sensuales, cortesanos en definitiva, a veces con un trasfondo mitológico y frecuentemente con
una notable carga erótica. Son pintores que prefieren realizar lienzos de pequeño formato.
Antoine Watteau refleja en sus obras personajes de proporciones menudas, ricamente
vestidos y que se mueven elegantemente en fondos de paisaje umbroso. En su técnica hay
influencias evidentes de la pintura flamenca. Es Watteau creador de las “fiestas galantes”,
reflejo de la vida cortesana, buscando de forma artificiosa un contacto con la naturaleza. Una de
sus obras más célebres es el Embarque para Citera.
François Boucher disfrutó de un notable prestigio como retratista y se relacionó con
personajes importantes de la Corte (fue profesor de pintura de Madame Pompadour. Como
retratista supo captar con gran habilidad la riqueza de las telas, la delicadeza de los afeites
(maquillaje) y las modas. También cultivó el desnudo femenino, al que dotó de una sensualidad
distinguida. Entre sus obras podemos citar el Baño de Diana o el Nacimiento de Venus. Como
vemos, es un pintor al que también gusta recurrir a la temática mitológica.
Jean-Honoré Fragonard encarna el triunfo del decorativismo en pintura. Combina los temas
galantes, tratados con una exquisita gracia juguetona (El columpio, por ejemplo) con otros
temas de asunto sentimental, en los que muchos críticos ven un precedente del Romanticismo.
Más plenamente prerromántico es Jean Baptiste Greuze, que cultiva una pintura de tono
sentimental y lacrimoso. Como ejemplos, El padre de familia explicando la Biblia, La maldición
de un padre, etc. Sus obras ya no se dirigen a los aristócratas cortesanos sino a la burguesía
prerrevolucionaria.
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En el siglo XVIII se pone de moda la técnica de la pintura al pastel. Algunos de los más célebres
retratistas de la época la utilizaron. Es el caso de Jean Marc Nattier, retratista de distinguidas
damas de la alta aristocracia, como la Pompadour o la condesa Du Barry, representadas como
delicadas damas lujosamente vestidas en medio de una atmósfera nacarada. Quintín La Tour
fue un gran retratista dotado de gran finura y agudeza en la observación psicológica de sus
modelos.
Finalmente, Jean Baptiste Simon Chardin fue un gran maestro del bodegón que también
cultivó las escenas costumbristas. Logra plasmar el mundo cotidiano de la burguesía con un
marcado lirismo.
3.-ESPAÑA: ESTILO CORTESANO Y TRADICIONAL
EN LA ARQUITECTURA Y EN LA ESCULTURA
En arquitectura, como ya hemos mencionado, a la vez que se desarrolla la arquitectura
barroca de la primera mitad del siglo XVIII (ver tema 15), en torno a la Corte de los Borbones
surge un arte vinculado a modelos extranjeros, especialmente italianos y franceses. En España el
rococó encontró un terreno abonado en la herencia dejada por los Churriguera. El barroco
español vio interrumpido su desarrollo por la introducción de un nuevo estilo arquitectónico
(que podríamos llamar rococó) bajo el primer rey de la casa de Borbón, Felipe V (nacido y
educado en Francia) y su segunda esposa, la italiana Isabel Farnesio. Para ello contó con
arquitectos extranjeros, sobre todo franceses e italianos, entre los que destacan Juvara y
Sacchetti, junto con el español Ardemans. Entre las obras de este rococó español podemos
destacar algunas salas del Palacio Real de Madrid (el viejo palacio se incendió en 1734 y esto
permitió al rey proyectar uno nuevo de inspiración versallesca). Los trabajos del nuevo Palacio
Real (proyecto de Juvara que desarrolló su discípulo Sacchetti) se alargaron tanto, que la
decoración de algunas salas acabó adoptando la nueva moda rococó (por ejemplo el salón de
porcelanas). También Juvara había realizado con anterioridad la fachada orientada hacia los
jardines en el Palacio de San Ildefonso o de la Granja (Segovia). Otros edificios que se vieron
influidos por la nueva decoración rococó fueron el Palacio de Aranjuez (por ejemplo su Salón
Chino), el Palacio del Pardo y algunos otros edificios madrileños. No obstante, el rococó
español es pobre fuera del ambiente cortesano y no puede compararse con el esplendor del
francés o el alemán.
En escultura, el barroco también persiste en España durante buena parte del siglo XVIII (ver
de nuevo el tema 15, Salzillo). Por otro lado, los gustos de Felipe V son diferentes y, ante la
falta de escultores españoles acostumbrados a la mitología, hizo venir a escultores franceses
formados en Versalles para la decoración del palacio de La Granja. Por otro lado, se fundó la
Academia de San Fernando, con el objetivo de renovar las enseñanzas artísticas y formar
artistas en los modos de trabajar italianos. El primer director de la Academia fue el italiano Juan
Domingo Olivieri. Las primeras figuras que salen de ella son Felipe de Castro, Juan Pascual
de Mena y Luis Salvador Carmona, una primera generación que todavía está ligada a las
formas barrocas (significativamente los dos últimos cultivaron la imaginería en madera
policromada). Sin embargo, otros artistas más jóvenes como Álvarez “el Griego” y Francisco
Gutiérrez equilibran más sus formas y se encaminan hacia el clasicismo. El embellecimiento de
la capital promovido por Carlos III proporcionó a algunos de ellos la oportunidad de trabajar en
las fuentes de la ciudad: Apolo (Álvarez “el Griego”), Cibeles (Gutiérrez), Neptuno (Mena). En
estas obras se aprecia un tardío recuerdo del barroco romano y la gracia de la escultura francesa.
La frontera con el Neoclasicismo es imprecisa.
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4.-LOS PINTORES EXTRANJEROS EN LA CORTE DE
LOS BORBONES
La carencia de artistas de gran porte capaces de satisfacer los gustos de los reyes de la nueva
dinastía propició desde muy pronto la llegada de pintores franceses y un poco más tarde
italianos.
El francés Jean Ranc, discípulo de Rigaud, introduce el retrato cortesano, elegante y recargado.
Su sucesor Luis Miguel Van Loo mantendrá estas formas y realizará el gran retrato de la
familia de Felipe V, obra aparatosa y teatral, muy en contraste con la sobriedad de Las Meninas.
Durante el reinado de Felipe V fue también pintor de Corte Miguel Ángel Houasse, un artista
exquisito que cultivó el paisaje con una modernidad sorprendente (Paisaje de El Escorial, p. ej.).
En sus cuadros costumbristas, de refinada gracia rococó, anticipó temas y soluciones
decorativas que interesarían luego a Goya.
Con Fernando VI (1746-1759) y su esposa Bárbara de Braganza el gusto de la Corte parece
inclinarse definitivamente hacia lo italiano. Jacobo Amiconi, retratista refinado y autor de
elegantes composiciones mitológicas y bíblicas, y Corrado Giaquinto, decorador al fresco
(destacan sus frescos de Palacio), serán los artistas de mayor estimación y prestigio en la Corte.
Giaquinto se formó en la tradición de los decoradores napolitanos y se inclina hacia un delicado
rococó; se convertirá en el maestro de los pintores españoles más jóvenes.
Carlos III (1759-1788), al poco tiempo de acceder al trono, hizo venir a los dos pintores más
importantes de la Europa del momento: el veneciano Gian Domenico Tiépolo y el bohemio
Antón Rafael Mengs. El primero, ya de avanzada edad, dejó en España algunas de sus obras
maestras, especialmente los frescos de la Saleta y los del Salón del Trono del Palacio Real, y la
serie de lienzos para la iglesia de San Pascual de Aranjuez (actualmente en el Museo del Prado).
Su estilo combina las últimas manifestaciones del barroco con la gracia del rococó. Mengs, por
su parte, supera el barroco y el rococó e inicia la corriente neoclásica; su obra está dotada de un
extraordinario clasicismo formal y rigor en el dibujo. La influencia de Mengs fue notabilísima
en la evolución de la Academia de San Fernando hacia posiciones de mayor dogmatismo
clasicista. Pintó Mengs los techos de varios salones de Palacio (Apoteosis de Trajano y
Hércules, La Aurora, etc.) y realizó excelentes retratos, perfectos, esmaltados y fríos.
5.-GOYA
5.1. INTRODUCCIÓN
La grandeza de Goya, su genialidad, estriba en que fue capaz de prescindir de las pautas
artísticas y estéticas de su época, para intuir e investigar problemas plásticos y encontrar
nuevas soluciones pictóricas, soluciones que le llevaron hasta los márgenes del arte
moderno. Goya creó un mundo visual personal sin seguir nunca una trayectoria lineal, con
un tratamiento libre e imaginativo de los temas.
Es el iniciador de uno de los cambios más rotundos de la historia del arte y se le considera
precursor de varias tendencias posteriores:
 Precede al Romanticismo, por algunos de sus temas (naufragios, incendios…), por
la forma de expresar los sentimientos y por convertir a la masa popular en
protagonista de algunas obras.

Antecede al Impresionismo, por la pincelada suelta y por el tratamiento de la luz,
en obras como La lechera de Burdeos.
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
Intuye el Surrealismo cuando refleja el mundo del inconsciente.

Precede al Expresionismo, al sacrificar la forma y el detalle en beneficio de los
rasgos expresivos de lo esencial (Pinturas negras).
En su amplia obra utilizó diversas técnicas (pintura mural, óleo sobre lienzo, tabla, óleo
sobre muro, aguafuerte, litografía) y representó temas muy variados (religiosos,
costumbristas, históricos, retratos)
5.2. EL ESTILO DE GOYA
Podemos definirlo por las siguientes características:

Predominio del color sobre el dibujo. A diferencia de los pintores
neoclásicos, contemporáneos suyos, Goya es un colorista que utiliza una rica
paleta, sabiamente contrastada, que proporciona gran variedad de matices
visuales. A lo largo de su vida evoluciona desde los colores terrosos de los
inicios, a los colores limpios y llenos de luz de su época de plenitud, para
desembocar en la utilización del negro en sus últimas obras.

Factura suelta y desenfadada. También evoluciona desde la técnica precisa
y apretada de los primeros años hasta una pincelada amplia y desdibujada,
preimpresionista.

Enfoque naturalista de la realidad. Queda patente, por ejemplo, en sus
retratos. Goya casi nunca es neutral sino que desnuda al retratado, opina sobre
él, muestra su antipatía o simpatía por el personaje que posa ante sus pinceles.

En la pintura de Goya el protagonista es el hombre. Atento observador de la
naturaleza humana, aporta una visión de los seres humanos en la que critica
frecuentemente sus ambiciones, su crueldad, su estupidez y sus pasiones.

Su extraordinaria imaginación le lleva a deformar, en ocasiones, la realidad,
complaciéndose en lo monstruoso y en lo fantástico.
5.3. SIGNIFICADO DE LA OBRA DE GOYA
Goya vivió una etapa compleja de la historia de España, el difícil tránsito desde el Antiguo
régimen al Sistema liberal. Su obra, además de sus indudables valores artísticos, es un fiel
reflejo y síntesis de esta época, de la que constituye un excepcional documento. Goya
observa, refleja y critica en sus cuadros los vaivenes históricos.
A lo largo de su biografía estuvo en contacto con diversas capas sociales, que él trasladó
a los lienzos:
 Se codeó con la aristocracia y fue especialmente amigo de las duquesas de Osuna
y de Alba.
 Se relacionó con las clases modestas y mostró su amor al pueblo en sus escenas
populares, fiestas y ocupaciones, aunque también criticó su incultura, su egoísmo,
sus supersticiones, etc.
 Fue amigo y contertulio de los ilustrados, como Jovellanos, cuyas ideas compartía.
 Estuvo en contacto con la corte de José I Bonaparte, y se ha especulado con su
posible afinidad ideológica con los afrancesados.
 También tuvo relación con la Corona, ya que fue pintor de cámara.
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5.4. VIDA Y OBRA DE GOYA
La intensa relación entre la época, la vida y la obra del pintor aconsejan estudiar su pintura
siguiendo una secuencia biográfica.
5.4.1. PRIMEROS AÑOS EN LA VIDA DE GOYA
El pintor nació en Fuendetodos (Zaragoza) en 1746. Sus años de formación transcurrieron
en Zaragoza, en el taller de Luzán. Intentó sin éxito conseguir una beca de la Academia de
San Fernando para viajar a Italia. Más tarde realizó este viaje de aprendizaje a sus expensas y
allí aprendió la técnica del fresco. De regreso a Zaragoza hizo sus primeras pinturas murales,
para la cartuja de Aula Dei, de estética barroca.
5.4.2. ASCENSO Y CONSOLIDACIÓN ARTÍSTICA
En 1774 Goya se instaló en Madrid. Su cuñado Francisco Bayeu, pintor de la Corte, le
consiguió trabajo en la Real Fábrica de tapices de Santa Bárbara. Cinco años más tarde fue
nombrado académico de Bellas Artes y en 1789 pintor de cámara de Carlos IV. Su actividad
como retratista le introdujo en los ambientes de la aristocracia (Osuna, Alba) y de los
intelectuales ilustrados.
Las obras de esta etapa son los cartones para tapices y los primeros retratos.

Los cartones son óleos sobre lienzo que servían de modelo a los tapiceros de
la Real Fábrica. Responden a la estética rococó, por sus personajes amables y
graciosos, su encanto formal, su enfoque refinado y sus composiciones cuidadas
y armoniosas. Los temas son populares: festejos castizos, escenas cotidianas,
tipos del pueblo, que estaban de moda en las fiestas cortesanas. El colorido es
alegre y vivo, de gama cálida hasta los años 80, y también fría en los
posteriores. Igualmente la factura, precisa y acabada en principio, va ganando
ligereza con el tiempo. Los más destacados son El quitasol, La
gallina ciega, La boda, y los dedicados a las cuatro Estaciones: Las
floreras (Primavera), La era (Verano), La vendimia (Otoño) y La
nevada (Invierno). Algunos cartones, como La gallina ciega, le fueron
rechazados debido a las dificultades que presentaban al pasarlos al tapiz.

Comienza su actividad como pintor de retratos, género en el que pronto llega a
una sencillez velazqueña, con una notable capacidad de síntesis, interesándose
exclusivamente por la fisonomía y por la personalidad. A estos años pertenecen
el retrato de Jovellanos, excelente lección del empleo de la gama de
grises, y el de los Duques de Osuna, entonado en verdes.
5.4.3. LA PRIMERA CRISIS (1792-1808)
En 1792 contrajo una grave enfermedad que le produjo sordera. Su temperamento
cambió, distanciándose de la gente, y tendiendo a la introversión. La enfermedad coincidió
con la crisis política que se produjo en España por el estallido de la Revolución francesa y la
caída en desgracia algunos de sus amigos ilustrados.
Goya reanudó su actividad pictórica a partir de 1795. Era ya un pintor formado, que se
caracterizaba por la libertad de pincelada, el dominio del color y la maestría en el uso de la
luz. En esta etapa da rienda suelta a su personalidad, acentuando su sentido crítico, con una
visión, en ocasiones, pesimista.

Obras religiosas. En los frescos de San Antonio de La
Florida, donde representa un milagro del santo, convierte en protagonista a
la gente del pueblo.
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
Retratos como La condesa de Chinchón, La duquesa de
Alba y Las majas. La maja desnuda, uno de los escasos ejemplos de
desnudo femenino de la pintura española, es de estilo más académico,
pictóricamente inferior a la vestida, cuya factura, por el contrario, es mucho más
suelta y el cromatismo más rico. La obra maestra es LA FAMILIA DE
CARLOS IV, pintada en 1800. Representa a la familia real en un retrato
colectivo. El pintor deja patentes, sin paliativos, sin idealización ni de adulación
cortesana, la personalidad de cada personaje, por lo que podemos hablar de
retrato psicológico. Es una pintura de gran riqueza cromática con pinceladas
muy cortas pero ligeras. La luz, otro elemento destacado, cae en diagonal sobre
los cuerpos provocando destellos en las joyas, definiendo calidades táctiles en
los atuendos, creando espacio y dando volumen a las figuras. El fondo del
espacio pictórico, con el autorretrato del pintor, recuerda a Las Meninas, pero
aquí no hay contradicciones ni equívocos, sino que es una composición sencilla,
sin barroquismo.

Grabados. La serie de Los caprichos son escenas satíricas en que
critica la condición humana y los vicios sociales. Se caracterizan por un intenso
claroscuro y la representación de figuras grotescas, fantásticas o monstruosas.
5.4.4. GUERRA DE LA INDEPENDENCIA Y SEGUNDA
CRISIS (1808-1823)
Es la etapa más original de su biografía artística. Los hechos históricos provocaron en Goya
una profunda crisis motivada por la invasión francesa, la crueldad de la Guerra de la
Independencia (que refleja en El coloso), y la posterior represión de Fernando VII a los
liberales. La crisis se acentuó aún más en 1819 al sufrir una nueva enfermedad que le llevó a
recluirse en la Quinta del Sordo.

Realiza otras dos series de grabados: Los desastres de la
Guerra, que reflejan situaciones de extremada crueldad con las que condena
la violencia irracional que acompaña a los hechos bélicos, y Los
disparates (cronológicamente coinciden con las Pinturas negras)
próximos al Surrealismo.

Cuadros históricos. Le fueron encargados por el rey Fernando VII en 1815,
cuando la guerra había terminado. Son dos obras de denuncia en los que huye
de toda visión heroica de los hechos. La carga de los Mamelucos
refleja los sucesos ocurridos en la mañana del dos de mayo de 1808, en la
Puerta del Sol, cuando se enfrentaron los patriotas madrileños con las tropas de
mamelucos de Napoleón. Representa la violencia caótica de la masa popular,
mediante un marcado desorden compositivo. Técnicamente dominan las
manchas de color.
En LOS FUSILAMIENTOS DE LA MONCLOA el tema es un
grupo de patriotas ante el pelotón de ejecución. Muestra la otra cara del cuadro
anterior, la represión francesa que se produjo en la noche del dos al tres de
mayo. A la derecha, formando un bloque compacto y ordenado, el pelotón
francés parece una máquina de matar, un símbolo impersonal, sin rostro, de la
muerte; la pincelada es continua y la factura precisa. En el centro y a la
izquierda las víctimas forman un grupo desordenado, más espontáneo, para dar
sensación de patetismo; están pintados con factura más suelta y empleando
mucha materia. La figura de los brazos abiertos centra temáticamente la
composición por el empleo de colores que expanden luz, el amarillo y el blanco.
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La gama cromática restante es de tonos grises, ocres y pardos, iluminados
fantasmagóricamente por el farol, mientras se intuyen las primeras luces
lúgubres del amanecer. El fondo es negro para no distraer la atención del drama.

Las PINTURAS NEGRAS. (1819-23). Tras su segunda enfermedad, el
pintor compró una casa en las afueras de Madrid, al otro lado del Manzanares,
la Quinta del Sordo. Tenía ya 73 años y acababa de pasar otras calamidades
como la muerte de su mujer. Goya pinta las paredes de la casa, no al fresco sino
al óleo, sobre el muro enlucido.
La denominación de Pinturas negras está en relación con el predominio de los
colores mortecinos, como negros, pardos, marrones y grises. Son los tonos
dominantes aunque no los únicos, pues también emplea blancos, rojos y azules.
La técnica de ejecución, de pincelada muy suelta y empaste espeso, busca ante
todo la expresividad. La relación entre los medios técnicos y los propósitos
iconográficos es perfecta. Los títulos de las obras aclaran bastante la lectura
temática: el hilo conductor es la muerte. En ellas posiblemente se refleje la
opinión de Goya frente a la situación del país, caracterizada por la represión, las
conspiraciones y los levantamientos, opinión que el artista manifiesta dando
suelta a su fantasía y a su subconsciente. Al superar muchas veces el límite de lo
racional, a las Pinturas negras se les consideran un antecedente del
Expresionismo.
Las
escenas
más conocidas
garrotazos y Saturno.
son
El
aquelarre, Lucha
a
5.4.5. EXILIO EN FRANCIA (1824-1829)
En 1824, Goya pidió licencia a Fernando VII para marcharse a Francia, con el pretexto de
una cura de aguas en un balneario. Se instala en Burdeos, con su compañera Leocadia Weis,
y allí sigue pintando e incluso aprende y experimenta nuevas técnicas como la litografía
(Los toros de Burdeos). Son años de vida agradable y tranquila para el artista.
Pinta una última obra maestra, La lechera de Burdeos, con una técnica
absolutamente libre que anticipa las conquistas de los impresionistas.
En 1828 muere en Burdeos. Leocadia escribió sobre su muerte: falleció del 15 al 16, a las
dos de la mañana. (…) Se quedó como duerme y hasta el médico se asombró de su valor.
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