BSSA 64-65, 2000-01, pp. 205-213 > Maria Suzana CIPOLLETTI

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Société suisse des Américanistes / Schweizerische Amerikanisten-Gesellschaft
Bulletin 64-65, 2000-2001, pp. 205-213
Expresión, humor y crítica oculta en la historia de vida de un chamán amazónico
María Susana CIPOLLETTI
A Marcelino Lusitande (1965-1999)
in memoriam
«Difícil cosa es razonar una admiración» (BORGES 1927: 280)
Resumen
Si bien en las últimas décadas se han incrementado los
aportes de la antropología a las historias de vida indígenas,
este género sigue siendo poco investigado con respecto a
las sociedades de las tierras bajas sudamericanas. En un
primer análisis se tratan aquí varios problemas de recolección y edición de la historia de vida narrada por un shamán
Secoya (tucano occidental) de la Amazonía ecuatoriana,
grabada entre 1983 y 1989.
Introducción
El género autobiográfico ha sido abordado por todas
las disciplinas que se ocupan del hombre: son numerosísimos los aportes en el campo de la literatura, de
la psicología, de la sociología y de la historia 1. La
historia de las mentalidades ha despertado un nuevo
interés en personas individuales y su concepción del
mundo, especialmente con respecto a clases sociales
que normalmente no se articulaban por escrito, y así
es visible en la actualidad un paso de la macrohistoria
a la microhistoria. Los historiadores denominan a
estos textos autobiográficos «documentos-ego»
(SCHULZE 1996: 12, 14), una denominación aplicable
también a testimonios similares en la etnografía.
La autobiografía es un género históricamente tardío
y originado en el mundo occidental. Como señaló
Gusdorf (1956) en un trabajo seminal, sumergirse en
el propio pasado y resumir la propia vida no es una
necesidad humana generalizada. Y sin embargo,
existen numerosas autobiografías e historias de vida
de mujeres y hombres de sociedades indígenas en
América del Norte y del Sur. Los relatos autobiográficos son aquí un fenómeno tardío, introducido en
América del Norte en la segunda mitad del siglo XIX
y originado en un contexto histórico específico, al ser
vencidas las sociedades indígenas y ocupados sus
territorios tradicionales. Desde la introducción del
género, los relatos autobiográficos indígenas aparecen
en dos formas: a) autobiografías y b) historias de vida
recabadas por otro – ya sea un etnógrafo, un periodista
o un amante de temas indígenas.
Escribir una autobiografía presupone que sus
autores pudieran expresarse en inglés, lo cual se daba
en sociedades que habían tenido temprano e intenso
contacto con los «blancos». Los dos ejemplos más
tempranos son la autobiografía de Black Hawk, un
algonquino (1833) y la de Sarah Winemucca Hopkins,
una Paiute (1883). Sarah Winemucca daba además
conferencias en distintas ciudades norteamericanas
y fascinaba al público con sus «tableaux vivants», en
los que representaba escenas de la vida de los Paiute
(KARTUNNEN 1994: 45 ss.). Algunos de los tempranos
autores de autobiografías desembocaron en su
madurez en el escepticismo con respecto al Cristianismo y a la igualdad de condiciones en las relaciones
entre indígenas y blancos; otros sufrieron trastornos
psíquicos muy graves, como Mourning Dove 2 y más
tarde, Molly Spotted Elk (MCBRIDE 1995). 3
La mayoría de los trabajos publicados, sin embargo,
no son autobiografías en sentido estricto, sino historias de vida, surgidas a partir del trabajo conjunto con
un representante de otra cultura. En este contexto,
América del Sur desempeña el papel de Cenicienta,
ya que las autobiografías o historias de vida indígenas
comenzaron allí a publicarse recién a mitad del
siglo XX. Entre los pioneros se destacan Oscar LEWIS
(1961, 1964), con sus varios libros sobre una familia
mexicana, y GUITERAS HOLMES (1961), con su investigación sobre un ritualista tzotzil en Chiapas, que fue
impulsada por Robert Redfield.
En lo que hace al número de historias de vida indígenas editadas en América del Norte y del Sur, la
comparación arroja un saldo desolador para las
regiones del sur: hasta 1980 se habían publicado en
los Estados Unidos más de 300 obras (BRUMBLE 1981)
– a las cuales se ha agregado en los últimos 20 años
una cantidad considerable. Aunque las publicaciones
a este respecto para América Central y del Sur no han
sido computadas, no superan seguramente las
cincuenta. 4
1 Los dos tomos de P AUL (1979) dan una noción de la
amplitud del tema.
2 Mourning Dove fue también la primera mujer indígena
que, en 1927, publicó una novela (MILLER 1989: 161).
3 La biografía de Molly Spotted Elk, una bella mujer
Penobscot, (Maine), bailarina de «danzas indígenas» en el
París de la preguerra, ha sido elaborada por MCBRIDE (1995),
quien se basa, entre otros documentos, en el diario de
Molly. Aunque McBride no lo menciona, Molly se adaptó
evidentemente a la percepción del público de «lo indígena»,
asumiendo nombre artístico y apariencia (tocado de plumas)
de los indígenas de las praderas – (fotos en MCBRIDE 1995).
4 En un catálogo dedicado a las autobiografías y memorias
publicadas en México, WOODS (1988) consigna asimismo las
historias de vida indígenas.
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Fernando en su casa en San Pablo, Ecuador, en 1987.
Las historias de vida en la antropología
Si bien la etnografía se basa preponderantemente
en informaciones personales, los más personales de
los documentos orales son, indudablemente, las
historias de vida. A simple vista, el valor de éstas
reside en que reflejan el mundo del narrador o narradora de un modo ajeno al orden occidental y a la
separación en categorías propias de la monografía
etnográfica. Pero más allá de su característica especular, las historias de vida explicitan una concepción
del mundo y de la existencia que plantea interesantes
interrogantes.
En América del Sur, la mayoría de las obras de este
género está dada por las «historias de vida», cuya
diferencia fundamental con respecto a la autobiografía
es que son propuestas, anotadas y publicadas por una
persona que no es miembro de la misma cultura que
el narrador. Este amanuense/editor tiene una función
paradójica, dado que es, al mismo tiempo, una interferencia y la conditio sine qua non de la publicación.
Este hecho plantea diversos problemas metodológicos y éticos en cuanto al tratamiento de los textos,
algunos de los cuales ya han sido señalados por
LANGNESS (1965) y WATSON y WATSON-FRANKE (1985). En
primer lugar cabe preguntarse por los motivos que
llevan a una persona a contar su vida y a otro a escucharla. Por lo general, el narrador quiere dar su versión
de ciertos acontecimientos que marcaron su vida.
[Foto: María Susana Cipolletti]
El apache GERÓNIMO (1996) tenía una clara intención:
la de otorgar su visión de los hechos sobre los enfrentamientos con las autoridades y convencerlas de que
levantaran la pena del exilio que pesaba sobre los
Apaches y se les permitiera regresar a su antiguo territorio. Dar su visión acerca de los acontecimientos políticos es asimismo la intención de Domitila, un siglo
más tarde y en el sur de Bolivia (VIEZZER 1977).
En cuanto a los motivos de los editores, los antropólogos se dedican a este género a fin de dar una
visión de una cultura determinada «desde adentro»,
y a menudo adquieren durante el proceso un sentimiento de admiración por su entrevistado. A veces,
a la admiración se suma con el tiempo una inclinación
afectiva – como es el caso de Poniatowska y Jesusa
(PONIATOWSKA 1982).
La metodología es similar a la aplicada en el trabajo
etnográfico: la técnica de recolección de los textos –
en la actualidad casi siempre con grabador, el idioma
en el que se graba (la lengua indígena o la del país)
y en que se publica – dado que se trata generalmente
de dos idiomas distintos. Peculiar a este género son:
– la intelección del relator acerca de su propia vida y la
intelección del editor acerca de lo que es «narrar una
vida». Las diferencias existentes entre estas dos
concepciones han provocado las deformaciones más
profundas en este género. La más grave es la ordenación de las experiencias del relator en una
secuencia cronológica, lo que significa aplicar el corsé
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de una cronología lineal – que estos textos casi nunca
siguen –, ordenándolos en pasado, presente, futuro
(o infancia, adolescencia, madurez). Esta es la forma
más común de ser infiel a la memoria indígena 5. Es
parte del mismo procedimiento el cercenar trozos de
texto e insertarlos en otro capítulo que, en opinión del
editor, es más afín con un tema determinado – o sea,
«infligirle» a los textos (uso el verbo de un modo no
canónico) una coherencia lógica occidental que se ve
como la correcta,
– las preguntas insistentes del editor obligan al relator
a contar hechos que quizás no hubiera mencionado
por parecerle poco importantes. Esto proporciona una
narración que es más «completa» a ojos del lector,
pero que se halla lejos del modo en que el relator se
habría referido a su vida,
– la eliminación de repeticiones, que el editor considera
innecesarias. Es decir, este tipo de «editor/Pigmalión» decide la forma final del trabajo y qué aspectos
o temas de la narración que se le ha confiado son
interesantes para el lector.
Desde el punto de vista ético, el problema más serio
es el de la autoría. En numerosas obras el editor o la
editora aparecen como autores/as, escatimando así
las memorias de quien se las ha confiado. Las soluciones viables son o que el editor aparezca en su función de tal, o que ambos – editor y entrevistado –
sean acreditados como autores. Los editores del
siglo XIX o principios del XX no se planteaban estos
problemas, más curioso es que tampoco lo hacen
muchos editores actuales de historias de vida, especialmente en los países latinoamericanos. La historia de vida de Condor Mamani, un campesino de los
Andes peruanos, por ejemplo, fue publicada bajo el
nombre de sus «autores», del mismo modo que tres
relatos autobiográficos de campesinos quechua
publicadas posteriormente (V ALDERRAMA F ERNÁNDEZ
et al. 1977, 1992). Este proceder, que siempre es éticamente improcedente, se agudiza en aquellos casos
en que el libro arroja derechos de autor, como analiza LEVINE (1994) en el caso de la brasileña Carolina
María de Jesús.
Estilo, expresión y forma en Fernando Payaguaje
La escasez de exploraciones en el género autobiográfico en América del Sur (una de las pocas
excepciones la constituye los trabajos reunidos por
GUTIÉRREZ ESTÉVEZ 1988), va de la mano con lo que
sucede con respecto al chamanismo: en éste caso
contamos con numerosas investigaciones, que incluyen sólo breves textos de este tipo, que ilustran la
iniciación, los viajes extáticos etc. En un relato de
un famoso guerrero y chamán Shuar del Ecuador,
analizado con detenimiento por H ENDRICKS (1993),
aquél se refiere a sus hazañas guerreras, pero silencia, en cambio, todo lo concerniente a sus actividades chamánicas. 6
Las siguientes consideraciones forman parte de
un trabajo que estoy elaborando sobre la historia de
vida de Fernando Payaguaje, un ilustre chamán
secoya (tucano occidental), que grabamos en varías
estadías entre 1985 y 1991, en un asentamiento
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secoya a orillas del río Aguarico, en la Amazonía ecuatoriana, y a cuyas circunstancias concretas me refiero
en la monografía en elaboración 7. Su historia de vida
forma parte de una investigación más amplia sobre
tradición oral y chamanismo, iniciada en 1983, en la
cual Fernando fue una figura clave (véase, entre
otros, CIPOLLETTI 1985, 1988). Los textos – aún no
transcritos en su totalidad – ocupan hasta ahora unas
100 páginas. El fallecimiento de Fernando en 1994
produjo reacciones que, desde hacía varias décadas,
ya no eran vigentes, como el asesinato del chamán
considerado culpable. 8
Me voy a concentrar aquí en el qué y el cómo
narraba Fernando Payaguaje. Cuando le propuse
grabar su vida, nos conocíamos desde hacía un par de
años, de modo que no existió ninguna «barrera» que
superar. Fernando sentía, creo, la necesidad de dar a
conocer un mundo diferente al actual y referirse a sus
hazañas chamánicas en un entorno en el que se le
escuchaba cada vez menos. Inmediatamente, y con
mucho detalle, se refirió a sus primeras experiencias
en la adolescencia con plantas que contienen alcaloides, de las cuales se obtienen sustancias alucinógenas; es decir, que no comenzó con su infancia,
como, según nuestra concepción, debe comenzar
toda vida. Por lo demás, nunca se refirió a ella, a no
ser como ilustración de su temprano manejo de los
alucinógenos. El episodio que eligió para comenzar su
vida es entonces fundamental, y no fue su nacimiento
biológico, sino su «nacimiento» como chamán. En
sus memorias no hay prácticamente mención alguna
a su infancia, ni a su esposa, ni anécdotas sobre sus
hijos o sus familiares cercanos, excepto en los casos
en que aparezcan como protagonistas de un suceso
relacionado con la práctica del chamanismo (por ej.
una sobrina que enfermó debido a la acción de un
chamán maligno). Así comenzó Fernando a narrar sus
memorias:
5 En la edición de la historia de vida de un pastor de los
Andes del Sur apliqué este procedimiento (CIPOLLETTI 1988).
6 El relato se llevó a cabo ante otras personas indígenas.
Es muy probable que si Hendricks hubiera tenido encuentros
posteriores con el entrevistado sin la presencia de aquéllas,
él se hubiera referido a sus actividades chamánicas. (Entre
las sociedades de las tierras bajas del Ecuador, los «blancos»
carecemos de poder chamánico – y por lo tanto de la posibilidad de hacer daño –, por lo cual un chamán hablará francamente con uno de nosotros, pero no en presencia de
personas de su sociedad).
7 Los textos fueron traducidos por los dos nietos de
Fernando, en principio en presencia de Fernando, a menudo
los conversábamos nuevamente para volver a él para que
nos aclarara temas poco claros. Las imágenes utilizadas
por Fernando eran a menudo incomprensibles también para
sus nietos, dado que carecían de una especialización
chamánica. (A uno de ellos, Marcelino Lusitande, está dedicado este trabajo).
8 El chamán considerado culpable de la muerte de
Fernando fue asesinado unos meses después, a raíz de otra
muerte. Estos acontecimientos han sido analizados en
CIPOLLETTI (1996).
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Mi papá me dio yajé 9 para que viera. Por eso sé.
También a otras personas les daba yajé para tomar.
Pero algunos tenían miedo de tomarlo muy espeso, y
le ponían agua: eso tomaban, porque tenían miedo.
Así, algunos de los que vinieron para acá tomaban un
poco 10 . Pero como les gustaba comer bastante
pescado no podían ver bien. 11 Cuando vine para acá
[al Ecuador] ya había tomado un poco, y ya veía la visión
para curar [las mordeduras] de víboras, todo eso.
Ahora bien, ¿ es relevante el hecho que alguien se
refiera o no a su infancia ? En su brillante análisis de
historias de vida y autobiografías de indígenas norteamericanos, David BRUMBLE (1988) ha demostrado
que esta no-mención es característica de indígenas
que pertenecen a una «tradición preliteraria» y que
conciben su vida como la suma de los hechos de
adulto (B RUMBLE 1988: 49). Así, White Bull y Two
Leggings, entre otros, inician su relato con el primer
búfalo que cazaron. Estas tempranas historias de vida
fueron recogidas en una circunstancia histórica determinada, dado que sus protagonistas tuvieron que
abandonar la vida libre en las praderas y asumir una
vida sedentaria en las reservas. Aunque vivieron en
éstas muchos años, apenas se refieren a este
período, pues en su opinión era una vida aburrida y
poco digna de ser contada (BRUMBLE 1988). Es decir,
la vida que merecía ser narrada empezaba para ellos
con el primer búfalo cazado y terminaba al verse
confinados en reservas.
Con Fernando sucede algo similar: había nacido en
1920 0 1921 y murió en 1994, pero los sucesos a los
que se refiere se ubican dentro de un período mucho
más breve, aproximadamente entre 1935 y 1960 – o
sea que se refiere a 25 años de una vida mucho más
extensa. ¿ Porqué esta fecha tope ? En esos años se
inició la actividad misionera de miembros del Summer
Institute of Linguistics ( Wycliffe Bible Translators )
entre los Secoya. Aunque no puedo referirme aquí en
detalle a los efectos de esta corriente fundamentalista del protestantismo sobre la sociedad secoya,
lo que importa señalar es que a partir de entonces
las reuniones chamánicas se hicieron más raras y
Fernando fue perdiendo su posibilidad de ejercer sus
aptitudes chamánicas – aunque siempre conservó su
sólida fama de sabio. Tampoco tuvo discípulos, pues
los jóvenes que hubieran podido serlo fueron captados
por los misioneros, y se convirtieron en maestros bilingües y pastores protestantes (véase a este respecto
CIPOLLETTI 1997: 242-253, VICKERS 1981).
Tanto para los indígenas de las praderas como para
este chamán contemporáneo de la Amazonía aquello
que merece contarse de la propia vida coincide con
etapas determinantes para el individuo: se comienza
con el primer búfalo que se ha cazado o con las primeras experiencias con alucinógenos y se pone punto
final al terminarse la existencia libre en las praderas
o, en este caso, al iniciarse una poderosa influencia
que tuvo consecuencias directas sobre la práctica
chamánica. La cronología lineal es inexistente. Así,
Fernando concibe su vida de un modo más cercano
al de Black Elk o al de White Bull que al de un indígena contemporáneo de los Andes, hecho que
plantea interrogantes a los que aún no puedo
responder. 12
Un acercamiento al texto
El extenso relato de Fernando comprende distintas
variantes de la adquisición de poderes y el ejercicio
de los mismos. Al comienzo destaca con énfasis
el papel que cumplió su padre en la transmisión de
conocimientos y se muestra respetuoso con los preceptos que es necesario acatar durante el tiempo de
noviciado. El resultado se ve pronto en las aptitudes
que desarrolla y son características de los chamanes
secoya: ve a los watí (seres míticos que lo ayudarán
en la curación), oye y ve a distancia, llama a los animales de cacería. Más tarde adquiere el arte de transformarse en pecarí, en tapir y en jaguar. A lo largo del
relato se tematizan los viajes en distintas regiones
del cosmos, en los cuales obtiene plantas y semillas
del mundo superior o del inframundo, o flautas de los
seres celestes (wiñá'o wá'i) 13. A menudo se refiere
a un típico rasgo chamánico: el desarrollo y aumento
paulatino del poder, que se expresa en el calor que
irradia su cuerpo; en las experiencias extáticas, su
cuerpo quema aquello con lo que está en contacto:
al apoyar sus pies en una estera, ésta se incendian y
una ramita que pisa casualmente se carboniza.
En cuatro ocasiones distintas Fernando se refirió a
las circunstancias del fallecimiento de su padre, un
chamán que fue asesinado por la envidia y malas
artes de otro, cuando Fernando tenía unos 20 años 14.
Medio siglo más tarde, seguía reflexionando sobre
las circunstancias de su muerte. Sólo se refirió a dos
acontecimientos que no se hallan directamente relacionados con el chamanismo: su migración del Perú
al Ecuador en 1942, junto con algunos parientes, y la
llegada de los misioneros del SIL (ILV) en 1955.
9 Yajé es la denominación tucano para una liana de la
especie de Banisteriopsis (ayahuasca), la planta más difundida en el Noroeste amazónico como proveedora de alcaloides. Es una planta de iniciación, luego se continúa con
Brugmansia (sec.: pejí) y – en algunos casos, de la temida
Brunfelsia (sec.: ujajay).
10 Se refiere a la migración de un grupo de Secoya de Perú
al Ecuador, en 1942, cuando Fernando tenía unos 20 años.
11 El aprendiz de chamán debe abstenerse de comer
pescado en abundancia, pues de hacerlo se interrumpen las
visiones. No debe tampoco mantener relaciones sexuales,
ni permanecer en la casa donde hay una mujer menstruante.
Para alejar todo peligro, debe prepararse él mismo la comida
en una olla de su uso exclusivo.
12 Seguramente el hecho de una escolarización, por breve
que sea, el acceso a medios de comunicación (radio y televisión), desempeñan un papel en cuanto a concebir cronológicamente la propia vida.
13 Estos dos hechos son una forma de legitimar el conocimiento chamánico: tanto las plantas o semillas como las
flautas son iguales en cuanto a su aspecto a las plantas o
semillas del mundo de los seres humanos, pero – en el caso
de las plantas – tienen propiedades más acusadas (por ej.
en resistencia) que sus equivalentes terrestres.
14 Para los Secoya, prácticamente nadie muere de una
muerte «natural»: morir es siempre resultado de las acciones
maléficas de un chamán.
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El análisis de lo que contó el narrador implica la pregunta inversa: aquello que silenció. Existen pasajes
que se olvidan pero otros que, por diversos motivos,
se silencian. En el marco de este trabajo éstos últimos
pueden incluirse en tres distintas categorías: la evitación del «fuera de contexto», de algunas experiencias
íntimas del individuo y de lo «obsceno». Como respuesta a algunas de mis preguntas Fernando decía
simplemente: «Esto no se puede decir»… y seguía
adelante con su relato. Algunos de estos casos son
relativamente sencillos, pues se trata de temas que de
ser verbalizados hubieran tenido consecuencias negativas para los presentes. Así, Fernando no pronunció
ninguna de las fórmulas para curar mordeduras de
víbora, pues de hacerlo, alguien hubiera sido mordido
por ella. Es decir, las fórmulas no son secretas de por
sí – de haber sido alguien mordido por una víbora
hubiera podido oírlas – pero no pueden ser empleadas
fuera de la situación específica, pues es este caso
producirían aquello que deben curar. Lo mismo sucede
con algunas canciones chamánicas, algunas de las que
Fernando me transmitió, pero luego dejó de hacerlo
(los textos se hallan en CIPOLLETTI 1988b). Al mismo
tiempo me propuso que las escuchara de otras personas que, dado que no eran chamanes, podían pronunciarlas sin temer consecuencias negativas. Es
decir que no se trata de textos «esotéricos», sino que
pueden tener consecuencias peligrosas de ser verbalizados por un chamán.
Otro caso es la evitación de la mención del nombre
de algunos seres celestes. A diferencia del caso
anterior, esto no responde al temor, sino a la privacidad. Aquí se trata probablemente de temas muy
íntimos de su experiencia religiosa en relación con
estos seres, algo similar a la evitación de mencionar
el nombre propio indígena. 15
Otro aspecto que Fernando silenció tiene que ver
con el concepto secoya de lo «obsceno»: El chamán
maligno que causó la muerte de su padre enloqueció,
lo cual se evidenciaba, entre otras cosas, en su apetito por la carne cruda y el corazón y otros órganos de
los animales de cacería, órganos que se consideran
no-comestibles 16. En un relato autobiográfico, recogido por varios jóvenes parientes (PAYAGUAJE 1990:
103 ss.), Fernando menciona que el chamán obligó a
su esposa a copular en público – un acto de locura
absoluta según la opinión secoya. Ahora bien, al contarme cuatro veces las circunstancias que rodearon la
muerte de su padre, ¿ es posible que haya olvidado
este episodio ? Me inclino a pensar que ejerció una
censura, debida al escaso gusto de los Secoya en
general y Fernando en particular por la explicitación de
temas relacionados con la sexualidad – cuya ocurrencia en la tradición oral secoya es por lo demás escasa.
En cuanto a su manera de narrar, a Fernando le
molestaba que se le hicieran preguntas en medio de
un texto. Aunque nunca lo dijo, había cierta vacilación
en su breve respuesta que me hizo anotar las preguntas por escrito y hacérselas posteriormente. Este
disgusto ante interrupciones es común en narradores que tienen un discurso que quieren transmitir
(idéntico es el caso de Gerónimo, que se negaba a
contestar preguntas sobre lo que estaba narrando,
pero por lo general respondía en una sesión posterior, BARRETT 1996: 17). 17
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Un tema que aquí puede ser apenas mencionado,
pero que desempeña un papel esencial en la forma
de edición que se elija, es el grado de inteligibilidad
de los textos. Un relator o relatora criado en una ciudad, o que ha concurrido cierto tiempo a la escuela,
en contacto con medios de difusión como la radio y
la televisión, tendrá una forma de discurso más similar a la nuestra que en este caso. Fernando hablaba
muy poco español, nunca había visitado una escuela;
conocía, sí, una porción considerable de la selva
peruano-ecuatoriana, pero ninguna ciudad, de modo
que su forma de narrar y ver los acontecimientos
no se había adaptado a las formas occidentales. Esto
hace a algunos pasajes ininteligibles a primera vista,
pues Fernando no «explicaba». En muchos casos, el
trasfondo es imprescindible para captar la dimensión
de lo que en realidad expresa. Daré un sólo ejemplo
a este respecto: fallecido su padre, Fernando se
dirige con dos parientes a matar al asesino y vengar
así su muerte (lo que al final no llevan a cabo). Antes
de atacar, deben esperar, escondidos en el monte,
pues la intensa lluvia ha hecho resbaladizas las lanzas. El entierro se ve dificultado porque el agua brota
incesantemente de la sepultura. Cuando finalmente
lo llevan a cabo, las lluvias torrenciales han dejado
lugar a tormentas huracanadas. Dado que en el Noroeste amazónico casi siempre llueve y las tormentas
son parte de la vida diaria, cuando uno escucha este
relato (y más aún si lo leyera sin tener otras informaciones), no sospecha que pueda tratarse de algo
más que de una lluvia común, ni Fernando tampoco
lo dice. Más bien, la referencia continua a la lluvia
parece ser un leit-motiv que da densidad poética al
texto. Sin embargo, lo que está afirmando al mencionar insistentemente la lluvia es que su padre era
un poderosísimo chamán: la lluvia torrencial sólo
puede ser entendida a partir de otros contextos.
La muerte de un poderoso chamán se ve siempre
acompañada de lluvias y tormenta. Si los deudos no
observan cierta conducta, puede hundirse parcialmente la tierra, y los deudos desaparecer en las profundidades. Este suceso repite lo sucedido en un
momento del pasado mítico, cuando una inundación
ablandó la tierra, haciendo desaparecer un primer
cosmos, anterior al presente (estos relatos han sido
publicados en CIPOLLETTI 1988a). El fallecimiento de
un chamán poderoso repite, entonces, de una forma
parcial y circunscrita, una catástrofe primordial que
15 La evitación de mención del nombre propio se debe
a que éste relaciona al individuo con los seres celestes; de
ningún modo se debe al temor, pues no es posible dañar
a alguien al pronunciar su nombre (sobre los nombres propios
véase CIPOLLETTI 1997: 195 ss.)
16 Fernando atribuye la locura del chamán rival y su muerte
a los efectos de la venganza de su padre, luego de morir.
La posibilidad de que un chamán se vengue de sus rivales
traspasado el umbral de la muerte se halla presente en
numerosos relatos secoya.
17 Fernando era un hombre libre y vivía en el lugar en que
había elegido vivir, Gerónimo era prisionero del ejército norteamericano y vivía en destierro y, a pesar de esto, dictaba las
condiciones del trabajo conjunto.
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afectó a la totalidad del cosmos. Para evitar esto,
Fernando indicó a sus jóvenes parientes cómo debían
comportarse cuando él falleciera y se desataran fuertes lluvias y tormentas:
Al momento de mi muerte, o tal vez después de mi
entierro, pueden surgir fuertes vientos o incluso
tempestades. Fíjense ustedes en el cielo: si lo ven con
líneas blancas y oscuras comprenderán que llega el
huracán. No bajen entonces de su casa 18, no correteen,
no griten: no se lamenten cuando la tempestad está por
llegar, ni me lloren. Esperen a que todo eso haya pasado
y entierren mi cuerpo. Si, por el contrario, salen ustedes
al patio, dan voces, corren alocadamente, pueden
ocurrir males mayores; incluso podría deshacerse la
tierra o hundirse. ¡ Tengan mucho cuidado ! Para eso
les contaré lo que vi cuando bebía yajé: sepan que han
ocurrido ya en la muerte de una gran curandero cosas
como esas, algunos alcanzaron a verlas 19. Podría ocurrir
el hundimiento de la casita solamente, o de la chacra,
pero si el muerto tiene gran poder, pudiera hundirse la
tierra hasta los confines. (PAYAGUAJE 1990: 130)
El contexto del humor
A fines de los años 60 del siglo pasado, Pierre Clastres publicó un trabajo seminal titulado «De qué ríen
los indios», en el que analiza dos relatos de los Chulupí del Chaco paraguayo, en los que se ridiculizaba a
dos personajes que en la vida real se toman muy en
serio: un chamán y un jaguar, y que hacían llorar de
risa al relator y a sus oyentes (CLASTRES 1972). Lamentablemente, la importancia que tenía para Clastres el
humor indígena ha influido poco en la investigación
posterior. Fuera de menciones breves, el tratamiento
profundo del tema es excepcional (véase a este respecto KRAUS 1998). Pareciera que en las sociedades
indígenas no existe la risa, y que la actual corriente de
la «antropología de las emociones» se dedica a otro
tipo de emociones consideradas quizás más «serias».
(Tampoco en los diccionarios especializados que he
consultado existe la entrada «humor»). Quizás uno de
los reproches de los etnógrafos del futuro a los de hoy
sea nuestro desinterés con respecto al humor indígena. Aquí me voy a referir a un sector del humor
secoya: al humor de Fernando, y señalar los casos en
que es distinto o similar al de la mayoría de los individuos del grupo.
Fernando reía a menudo; reía con una risa contenida, un poco irónica, como corresponde a un chamán
secoya, no con la risa abierta y contagiosa de quienes
no lo son. En la mayoría de las ocasiones se trata de
un humor «chamánico», pues se halla relacionado
con esta función y no provocaría la risa de quien no
lo es. Para cada una de las categorías que sigue a
continuación existen una docena de ejemplos:
1) Temor ante la utilización de alucinógenos. Dado que
el manejo de las plantas alcaloides implica experiencias extremas y dolorosas (incluyendo pérdida del
conocimiento durante varios días), individuos no especializados, para explicar porqué alguien no quiso ser
chamán o interrumpió el aprendizaje, dicen simplemente «tenía miedo», sin que exista la más mínima
burla en el comentario.
Desde la niñez me he criado tomando [yajé]. Cuando
era más grande ya invitaba a otros jóvenes, y los
llevaba:
– Vamos a recoger yajé para preparar –
Vinieron cuatro jóvenes. Uno de ellos tenía miedo, así
que dijo:
– Voy un momento a orinar –
Y cuando nosotros seguimos caminando, él regresó a
su casa: ¡ Se escapó ! [risas].
2) Desobediencia a un consejo del chamán (o personas
a quienes algo les ha salido mal porque no siguieron
su consejo con respecto a temas de su incumbencia).
Los chamanes secoya solían ver (y también llamar)
en visiones a los animales que al día siguiente iban
a ser cazados. Durante una sesión de alucinógenos,
Fernando ve un tapir, que al día siguiente estará cerca
de la aldea, pero aconseja a los presentes que no
traten de cazarlo pues es muy peligroso. Dos hombres
lo intentan, pero sin éxito, pues tiemblan tanto de
miedo que apenas pueden sostener las lanzas:
Una vez invité a tomar yajé en la casa de unos familiares
[…] Esa noche llamé a una danta que tenía todo el
cuerpo bien blanco, pói wenke. Al otro día dije a mi
hermano:
– Hay una danta, pero no la van a poder matar porque
es muy brava.
Mi hermano David y otro pariente fueron [a cazarla]. Yo
regresé a mi casa por la mañana. Mi hermano había ido
a mirar el saladero donde van a comer las dantas.
Llegaron despacio hasta el saladero, y ahí vieron a la
danta acostada, con su cría. Cuando los vio, la danta se
puso de pie, y mi hermano disparó con la chimenea. Era
buen cazador, pero con el susto no podía sujetar bien
el arma [risas], falló. No la hirieron. Cuando ya dispararon
[todas las municiones], como a las chimeneas hay que
cargarlas de nuevo, tiraron las carabinas al suelo y se
subieron a un árbol. La danta se fue; cuando bajaron del
árbol no había ni una huella de sangre. Nada.
3) Disminución de la propia importancia, un típico
understatement. A primera vista la merma del propio
valor parece ser una cortesía, pero es una forma tan
extrema – una reducción al absurdo – que se desenmascara como lo que es en realidad: una burla. El
padre de Fernando había bebido alucinógenos con
varios chamanes. Mario, uno de ellos, (quien luego lo
matará), no puede continuar bebiendo, pues la bebida
es sumamente concentrada. Su padre le da de beber
esta misma bebida a Fernando, que era adolescente.
Al otro día, Mario preguntó a mi papá:
– El [Fernando] ¿ tomó lo que usted le trajo ?
– Sí, ya tomó.
[Dirigiéndose a Fernando] – ¿ Y cómo usted ya puede
tomar tan fuerte ?
Yo le contesté:
– No era tan fuerte, porque usted ya se había tomado
la parte fuerte [risas]
18 Las viviendas se construyen sobre pilotes, a unos 2m
del suelo.
19 Esto significa que algunas personas que viven en la
actualidad han visto estos acontecimientos, o sea, que no
se está refiriendo a un pasado lejano.
Schweizerische Amerikanisten-Gesellschaft • Bull. 64-65, 2000-2001
– Sí, era muy fuerte, por eso no seguí tomando.
– Pero no es tan fuerte – le dije.
Y entonces ya había gente que estaba enojada y tenía
envidia, porque vieron que yo había tomado bien
espeso y pensaban que iba a ser más avanzado e iba
a terminar [matar] a la gente, brujeándola.
Aquí el humor actúa sobre dos pivotes: decirle a un
chamán (que no había logrado beber) que la bebida
era débil es llamarlo débil también a él (una gravísima
ofensa). Por otra parte el humor surge del absurdo de
que una bebida tenga partes más fuertes que otras.
4) Los seres celestes (wiñá'o wái). Los seres celestes
son la encarnación de lo bello y lo perfecto, jamás he
escuchado que alguien se ría de ellos, pues no tienen
nada de risible. La única oportunidad en que descienden a la tierra es durante el desarrollo de una sesión
en que se ingieren alucinógenos, si el chamán que la
conduce tiene suficientes conocimientos como para
atraerlos con sus cantos. Es una comunión entre dos
órdenes de la realidad y también exhibir la relación que
uno tiene con las deidades. En estas sesiones el chamán cuenta cómo cazarán el tapir, lo cocinarán y
comerán su grasa. Los seres celestes se alejan entonces asqueados, pues no comen carne, de modo que
la mención de la misma les inspira repugnancia. En circunstancias habituales, ningún Secoya – sea o no chamán – se reiría de los seres celestes, lo risible surge
aquí del contraste entre los gustos de los seres celestes y los seres humanos:
211
«mundo invertido» en los relatos. El punto más
sugestivo está dado por el desentendimiento entre lo
que quiere decir el emisor y la comprensión errónea
del receptor y culmina en curiosos relatos «pedagógicos», que dan una lección a través de la paradoja
(CIPOLLETTI 1988a: 228-231, 235-237). Uno de los pivotes del humor secoya es la imposibilidad de decodificar la realidad, ya sea, como en este caso, de un
chamán, o de ciertos seres extrahumanos, que no
entienden la realidad humana.
6) Humor situacional. Una ocasión de risa surgió, por
último, del trabajo conjunto, provocada por alguna
pregunta que yo formulaba y que Fernando encontraba absurda (antes de oír la respuesta ya me lo
daba a entender su risita burlona). Una de estas
preguntas absurdas fue, por ej., si los seres celestes
(wiñ’áo wái) mueren. Ya que los seres celestes no
nacieron ni morirán, la pregunta era absurda y risible.
Edición y autoría
Los varios problemas conectados con la forma de
la edición pueden resumirse en mi opinión en una
paradoja de la publicación de este tipo de relatos:
respetamos y exigimos una citación correcta de las
fuentes escritas, y simultáneamente tenemos otra
conducta con respecto a las fuentes orales: cortamos,
cambiamos de lugar, ordenamos de un modo distinto
al del relator, lo cual conlleva una deformación intrínseca del contexto.
Y cuando uno llama a la danta, cuando ésta ya sube 20,
Cabe plantearse la pregunta acerca de la validez de
los Wiñáo wái suben hacia arriba, al cielo [risas]. A los
incluir dentro de la historia de vida informaciones surWiñáo wái les da asco el olor de la danta, porque ellos
gidas en otras oportunidades. Para este procedimiento
nunca han comido [de su carne], y por eso suben
hay un antecesor ilustre: Paul RADIN (1983) agregó a
[risas]. Cuando la danta se aleja un poco los Wiñáo wái
la historia de vida del Winnebago Crushing Thunder
vuelven a bajar.
informaciones sobre rituales, etc. que éste le había
dado anteriormente, de modo que el texto resultante
se parece mucho a un tratado etnográfico. En este
5) Tensión entre ser y parecer. En la época en la que
caso, al referirse a los seres míticos, por ejemplo, FerFernando ingería intensamente alucinógenos, al volver
nando no contaba su historia pues habíamos hablado
en sí de un prolongado desmayo, se halla aún en parte
repetidas veces de ellos. Para permanecer en el ejemen el mundo de las visiones. Confunde un recipiente
plo de la lluvia luego de la muerte de su padre, es mencon bebida con un anzuelo y un trozo de cazabe con
cionada sin referirse a los sucesos míticos que la
una flauta de hueso de garza, con la cual intenta tocar
explican. Incluir éstos en el relato explicarían al lector
una melodía:
el significado de la lluvia y la tormenta, y haría al texto
Antes de tomar [alucinógenos] había dicho a mi cuñada etnográficamente más denso. Pero ¿ seguiría siendo
– Cuando me levante, tráeme chicha para tomar –
la historia de vida como él eligió contarla, o más bien
Ella, cuando me vio levantado, me trajo para tomar.
tendríamos una forma de discurso que él nunca
Cuando la vi le pregunté:
hubiera verbalizado en esa forma ? (Un procedimiento
– ¿ Qué es eso ? ¿ Para pescar ? [risas].
que permitiría no prescindir de estos textos que res– No, esto es para tomar.
paldan la narrativa, sería incluir los relatos o informaY más tarde vino mi hermana Matilde, comiendo tortilla
ciones pertinentes en una diagramación gráfica
de cazabe [yuca]. Y le pregunté:
diferente a la del texto narrado).
– ¿ Qué traes ?
La necesidad de hacer participar al lector en la
situación en que surgió el relato implica asimismo la
marcación tipográfica de situaciones no verbales,
Entonces ella me dio, y yo veía como si fuera sërá
especialmente las risas. En algunos casos el lector
[una flauta hecha de un hueso del ave]. Lo cogí, soplé,
y cuando soplé sonaba como si fuera sërá. A lo mejor
era sërá mismo ! [risas]
A diferencia de los ejemplos anteriores, este tipo de
humor pertenece al repertorio general y forma un
20 Se considera que los tapires habitan en el inframundo,
nudo central del humor secoya, el de la tensión entre
«ser» y «parecer», realidad y apariencia, que llega a
de allí los atrae el chamán para que asciendan a la superficie
su culminación con las numerosas apariciones del
terrestre.
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Société suisse des Américanistes • Bull. 64-65, 2000-2001
tiene la impresión que se cuenta con voz seria y
engolada… cuando en la realidad hubo una atmósfera
jocosa. Esto sucede, por ej., con los mitos de origen
y las visitas al reino de los muertos, temas que para
los editores son serios «por naturaleza», pero que
contienen episodios que se festejan a carcajadas.
Una pregunta habitual en cuanto a este género es
el de la representatividad de un/a narrador/a: ¿ En qué
medida era Fernando representativo de su sociedad
o, más concretamente, de los chamanes de la
misma ? De las conversaciones con otros chamanes
se desprende que el sistema general de sus afirmaciones, el «armazón», es muy similar y que hay un
repertorio común entre ellos. Sin embargo, una característica de Fernando es probablemente propia de él
y no compartida – al menos no la he encontrado hasta
ahora en otros chamanes: su convicción de que el
chamán que posee profundos conocimientos no hace
daño – a no ser como defensa por un mal causado por
un colega – y su contrario: que los chamanes
malignos son quienes no lograron avanzar en el
camino del conocimiento y permanecieron en una
etapa inferior del mismo. Fernando entendía el ejercicio del chamanismo como una superación – si bien
difícil de lograr – de la fascinación que ejercen el mal
y el daño. Sentía cierto desprecio hacia quienes hacen
daño gratuitamente, sin tener ningún motivo 21, y atribuía esto a que habían quedado presos en una etapa
inferior del conocimiento. Sospecho que esta convicción profunda de Fernando era un rasgo privativo de
él. Cabe preguntarse si él hubiera llegado a esta
conclusión de no haber escuchado jamás el mensaje
cristiano y, sobre todo, si hubiera tenido la posibilidad de practicar como lo había hecho hasta la llegada
de los misioneros protestantes. Esta influencia minó
las bases de la tradición chamánica, hizo que
Fernando careciera de discípulos y tuviera escasas
posibilidades de ejercer. Pero al mismo tiempo que
decrecía el ejercicio se acentuaba la reflexión y la
cavilación sobre estos temas. Con el correr de los
años, Fernando debió abandonar paulatinamente
la cacería, el trabajo en la chacra, y disponía de más
tiempo para reflexionar y elaborar sus visiones.
Es muy posible que nuestro trabajo conjunto de fijar
su vida le fuera bienvenido, entre otras cosas, porque
era una oportunidad de plasmar – con los medios
innovadores de la literalidad – sus pensamientos.
21 Hacer daño para vengar un acto maligno realizado por
otro chamán no entra dentro de esta categoría: es parte de
la ética secoya.
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Résumé
Summary
Bien que les apports de l’anthropologie aux histoires de vie
indigènes aient augmenté au cours de ces dernières décennies, ce thème continue d’être peu étudié dans les sociétés
des Basses-Terres sudaméricaines. Notre propos présente
ici les problèmes de recollection et d’édition de l’histoire de
vie racontée par un chamane Secoya (Tucano occidental)
d’Amazonie équatorienne, enregistré entre 1983 et 1989.
Although in the last decades anthropological studies on
indigenous life histories increased, this genre has been
neglected for the societies of the south american lowlands.
A first analysis is provided here on the recollection and edition
of a life history as told by a Secoya shaman (western tucanoan)
of the ecuadorian Amazon, which has been taped between
1983 and 1989.
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