PDF (Capítulo 3) - Universidad Nacional de Colombia

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III PARTE
PANAMÁ EN EL CONTEXTO MUNDIAL
Antecedentes y consecuencias del atraco yanqui
en Panamá. Una reconstrucción a partir de los
archivos diplomáticos de Francia
Renán Vega
"... Los americanos se han quitado la mascara: ellos amenazan a la
Nueva Granada con una ataque violento y una proclamación de
independencia".
Goury de Roslan, Ministro de Francia en Colombia, comentando
unos incidentes entre habitantes de Panamá y aventureros estadounidenses, Bogotá, 18 de abril de 1850 (Colombie Correspondance
Politique.Yol. 20, 1850-1851: 35).
"No se debe atribuir la presencia de la escuadra americana en las
aguas colombianas exclusivamente a los eventos políticos del país;
los americanos se creen los amos del Istmo y quieren someter a
esta pequeña república; de ahí, las frecuentes visitas de sus barcos
de guerra [... ] para llegar al objetivo que ellos persiguen, es decir,
dominar por la intimidación o por el terror". B. Beguerie, Cónsul
de Francia en Colón, 25 de marzo de 1895 (Colombie, Nouvelle Serie,
Vol. 1, 1894-1896: 158).
INTRODUCCIÓN
Este artículo se ha elaborado a partir de la información existente en los Archivos
Diplomáticos de Francia. Para el tema de Panamá, dicha información tiene algunas características interesantes: en primer lugar, es generada por funcionarios
para los cuales Panamá tenía un atractivo especial en razón de que una compañía
francesa había iniciado la construcción del canal; en segundo lugar, dada la importancia económica del Istmo, los franceses establecieron consulados en las ciudades de Colón y Panamá, en los dos extremos del ferrocarril, lo que amplía las
perspectivas para estudiar los fenómenos; en tercer lugar, los reportes diplomáti-
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eos incluyen los informes y opiniones que se envían desde Bogotá, sede de la
Legación Francesa en Colombia, e incluso desde ia Embajada Francesa en Washington; en cuarto lugar, se encuentran papeles varios, entre los que se destacan
recortes de prensa de Panamá y Estados Unidos, documentos del Senado norteamericano o escritos de Philippe Bunau-Varilla y Teodoro Roosevelt.
En este artículo se presenta el punto de vista de los diplomáticos franceses
sobre la invención de Panamá. Por esta razón, nos apoyaremos prioritariamente
en la documentación generada por estos funcionarios, y sólo en determinados
momentos, cuando esa información es muy escasa y fragmentaria, recurrimos a
otras fuentes para llenar las lagunas existentes o clarificar determinados hechos.
Para entender los acontecimientos de noviembre de 1903, que culminaron
con la secesión de Panamá, se consideran cuatro aspectos: el nacimiento del imperialismo estadounidense; las permanentes agresiones a que fue sometido el Istmo de Panamá durante cerca de medio siglo por tropas de los Estados Unidos; la
invención de un nuevo país por la acción del gobierno de Teodoro Roosevelt; y,
por último, la conversión de la República de Panamá en una semicolonia después
de 1903.
EL NACIMIENTO DEL IMPERIALISMO ESTADOUNIDENSE
A finales del siglo XIX nació el imperialismo norteamericano y su presentación
pública se hizo, como cosa rara, librando una guerra contra España, ganada rápidamente y de la que se desprendió como botín la conquista de Cuba, Puerto Rico
y Filipinas. Esto fue claramente percibido por los funcionarios de Francia instalados en el territorio de los Estados Unidos. Uno de éstos comentaba que desde
1898 el "imperialismo se ha convertido en el credo de los republicanos. El senador Grosvenor, portavoz de McKinley, ha declarado que [... ] los Estados Unidos
mantendrían todas las conquistas, con o sin el consentimiento de sus poblaciones. El derecho de conquista parece haberse convertido para los herederos de
Washington en la base del derecho público"(Nouvelle Serie, 1898, Vol. 1: 56).
Los diplomáticos franceses describen con honda preocupación los pasos
que va dando Estados Unidos para consolidar su dominio en América Latina y
ale'ar a los europeos de este continente. Como los más relevantes destacan la
firma del tratado Hay-Pauncefote y la derogación del tratado Clayton-Bulwer; el
expansionismo agresivo de Teodoro Roosevelt y su corolario a la Doctrina Monroe;
y los sucesivos zarpazos de los Estados Unidos para dominar a su antojo a los
territorios situados al sur del Río Bravo.
En cuanto a las condiciones diplomáticas e internacionales en las que emerge
Estados Unidos como país imperialista, se destaca la debilidad relativa de las otras
potencias europeas en territorio americano, y particularmente de Inglaterra, la única
que durante la segunda mitad del siglo XIX había estado en capacidad real de limitar las ambiciones de los Estados Unidos, como se había plasmado en la firma del
tratado Clayton-Bulwer de 1850 entre los dos países. Mediante este acuerdo, surgi240
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UNA RECONSTRUCCIÓN A PARTIR DE LOS ARCHIVOS DIPLOMÁTICOS DE FRANCIA
do como consecuencia de la adquisición de California por los Estados Unidos y su
objetivo de asegurar su libertad de pasaje por el Istmo centroamericano, las dos
partes se comprometieron a no excluirse mutuamente en caso de la construcción
de un cand por alguna de ellas ni a ejercer ninguna forma de colonización en
Centroamérica. Dicho tratado fue abrogado en 1900, aunque en la práctica desde la
década de 1880 las diversas administraciones de los Estados Unidos lo consideraron inexistente. El hecho de que no se hubiera derogado era visto como un incómodo obstáculo por los sectores imperidistas de Estados Unidos, porque les impedía moverse a sus anchas por tierras y mares centroamericanos y asegurarse la construcción del canal en forma exclusiva.
Cuando la correlación de fuerzas internacionales en América Latina empezaba a ser desfavorable para Inglaterra, ésta reconoció el creciente poder de los
Estados Unidos y les dejó las manos libres. Por eso, firmaron el tratado HayPauncefote en 1901. En la derogatoria del tratado Clayton-Bulwer, y la firma de
uno nuevo, jugó un papel de primer orden la guerra de los Boers que Inglaterra
libraba en Sudáfrica. A cambio del tratado, Estados Unidos se comprometió a
mantener una estricta neutralidad en dicho conflicto. Eso fue lo único que obtuvo Inglaterra, sin recibir nada más como compensación (Ibid., 1901, Vol. 11:140).
Por lo demás, esta potencia europea nunca ocultó su interés en que sus primos
terminaran el canal, como lo expresó en octubre de 1901 Julián Pauncefote, embajador inglés en Estados Unidos {Ibid., 1901, Vol 11: 122-124). Como consecuencia de ese tratado, Europa dejó en manos de Estados Unidos la cuestión de la
soberanía de las repúblicas de América Central y Sudamérica. Éstas ahora sólo se
limitarían a contemplar "cómo la especie de protección que algunas veces han
solicitado a los Estados Unidos contra Europa, va a significar, nada menos, que
arrancarles parte de su soberanía sobre sus propios territorios" {Ibid., 1900-1901,
Vol. 10: 4-9; 31-34), comentaba premonitoriamente un diplomático francés.
En Estados Unidos, los republicanos se convirtieron en los más beligerantes imperialistas desde William McKinley, pero su más belicoso exponente fue
Teodoro Roosevelt, considerado como "un caso representativo americano en el
sentido más agudo de ese neologismo, una emanación y un resultado del 'jingoísmo imperialista", que corre el riesgo de convertirse hoy en la nueva carta del pueblo de los Estados Unidos". Roosevelt "comparte la tesis de la expansión -del imperialismo como decimos-, fundándose en la misión superior que tienen los
pueblos civilizados" de liberar a otros pueblos de "la barbarie que aún los mantiene encadenados" {Ibid., 1901, Vol. 2: 82). Con estas consideraciones se hacía
alusión a las opiniones racistas del "héroe del gran garrote", partidario entusiasta
de la supremacía blanca y del darwinismo social, quien en repetidas ocasiones
había hecho gala de su desprecio por los indios, negros y mestizos. Entre algunas
de sus frases racistas más célebres, entonada en su "guerra eterna" y sin "falso
sentimentalismo" contra los "pieles rojas", se encuentra esta joya: "Yo no llego al
punto de creer que los únicos indios buenos sean los indios muertos, pero creo
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que para nueve décimas partes de entre ellos es así; por lo demás, yo no quisiera
averiguar con mucha profundidad sobre la décima parte" (Losurdo, 2000: 63).
Habiéndose librado los Estados Unidos de la incómoda tutela inglesa, se
apresuraron a actualizar la doctrina Monroe como forma de asegurar su hegemonía en territorios americanos. Así, en el Informe sobre el Estado de la Unión del
3 de diciembre de 1901, Teodoro Roosevelt sostuvo que "gracias a la doctrina
Monroe esperamos poder sdvaguardar la independencia de pequeños estados y
asegurar parecida existencia en provecho de los estados menos poderosos del
nuevo mundo. No protegeremos a ningún estado contra la represión si ese estado
se comporta mal, con tal que esta represión no asuma la forma de una adquisición territorial por alguna potencia no americana" {Nouvelle Serie, 1901, Vol. 15:
41-44). En otros términos, Roosevelt estaba de acuerdo con las expediciones punitivas por parte de las potencias europeas, siempre y cuando no intentaran anexarse ningún territorio de América Latina. Pero, al mismo tiempo, como era evidente para cualquier observador europeo que se diera por aludido, el corolario
Roosevelt imponía "el principio del derecho de intervención de Estados Unidos
en las querellas de los estados de Centro y Sudamérica" porque "los Estados Unidos encontrarían bajo el pretexto de la paz y la justicia ocasiones frecuentes de
afirmar su hegemonía en el nuevo mundo. Esto sería, sobre todo para ellos, un
medio de mantener en el resto de América Latina las actuales divisiones territoriales" {Ibid., 1901, Vol. 15: 41-44).
En otro discurso, pronunciado en Augusta en septiembre de 1902, Roosevelt
aseguró que la doctrina Monroe "no es una doctrina de agresión sino una doctrina de paz; entre más sea respetada, más la paz estará asegurada y para hacerla
respetar no basta con escribirla sobre un pedazo de papel que no vale nada en sí
mismo, es necesario que ella se apoye en una marina poderosa" {Ibid., 1902, Vol.
15: 62-65). Con esta última afirmación, el más furibundo portavoz del naciente
imperialismo estadounidense expresaba en términos políticos las propuestas de
Alfred Mahan, el principal exponente de la geopolítica yanqui, para quien el dominio de los Estados Unidos debería basarse en la supremacía marítima, y ello
implicaba que se necesitaba construir una poderosa marina de guerra para participar con éxito en el reparto del mundo y asegurarse la hegemonía, en principio,
en suelo americano. Y esto lo ratificó el 5 de abril de 1903 cuando pronunció la
célebre frase, que de seguro se tuvo en cuenta cuando le concedieron el Premio
Nobel de la Paz (¡!) tres años más tarde, que lo haría mundialmente famoso: "Habla con suavidad pero lleva un gran garrote y llegarás lejos". En esa misma oportunidad aseguró que el canal debería pasar por el territorio de una de "nuestras
pequeñas repúblicas hermanas" {Ibid., 1903, Vol. 15: 121-123), lo que de manera
explícita señalaba que el "gran garrote" se iba a emplear con rigor para lograr los
propósitos yanquis en su "patio trasero".
La actualización de la doctrina Monroe pretendía legitimar las acciones
imperialistas de los Estados Unidos, que aprovechaban la mínima oportunidad
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ANTECEDENTES Y CONSECUENCIAS DEL ATRACO YANQUI EN PANAMÁ.
UNA RECONSTRUCCIÓN A PARTIR DE LOS ARCHIVOS DIPLOMÁTICOS DE FRANCIA
para intervenir militarmente y ocupar los territorios de los países de América
Central. Por ejemplo, el anuncio de una posible guerra entre Costa Rica, El Salvador y Nicaragua en abril de 1900 sirvió para apostar estratégicamente barcos de
guerra en el mar Caribe. Para el embajador de Francia en Washington, "la cuestión del canal de Nicaragua desempeña un papel en todo este asunto y no me
sorprendería que la agitación revolucionaria en América Central fuera instigada
por ciertos intereses americanos con la esperanza de forzar a intervenir a los Estados Unidos y meter sus narices en el istmo" {Ibid., 1900, Vol. 10: 87).
La perspectiva inmediata de construir un canal, del que sólo ellos fueran
los verdaderos poseedores y defensores, reforzó las ambiciones geopolíticas de
los Estados Unidos en el mar de las Antillas, no siendo extraño que hubieran
creado una división naval y se incrementaran las intervenciones en la zona. El
incidente de Venezuela en 1901, cuando el barco de guerra El Restaurador permaneció en el puerto de La Guaira hasta obligar al gobierno venezolano a rendirle un homenaje de desagravio a la bandera de los Estados Unidos, era sólo un
ejemplo de la agresividad imperialista en el Caribe. En consecuencia, las sucesivas intervenciones de Estados Unidos en Panamá después de 1901 respondían a
sus intereses estratégicos de controlar su patio trasero {Ibid., 1902, Vol. 15: 6872).
En octubre de 1902, cuando ya se estaba cocinando el rapto de Panamá,
desde Colón se informaba que se observaban barcos de guerra de los Estados
Unidos pero no había ninguno de Francia o Inglaterra, lo cual era resultado del
tratado Hay-Pauncefote que le había dejado el terreno libre a los estadounidenses. A la primera ocasión, aseguraban con insistencia los diplomáticos franceses
radicados en Panamá, los Estados Unidos se apropiarán del territorio del Istmo y
concluirán la construcción del canal interoceánico {Ibid., 1902, Vol. 15: 74-75), lo
que, por desgracia, sucedió.
Panamá fue sólo otro eslabón en la interminable cadena de agresiones contra los países de América Central y el Caribe. Pero el voraz apetito yanqui no se
calmó con el suculento bocado panameño, hasta el punto que, en diciembre de
1903, en el Senado de ese país se presentó una proposición por medio de la cual
se manifestaba el interés de anexarse los territorios de Cuba, México, Haití y hasta Canadá {Ibid., 1903, Vol. 15:135-138). Luego de Panamá siguió República Dominicana, donde los Estados Unidos impusieron onerosas condiciones para satisfacer a sus banqueros, limitando la independencia económica y política de ese
pequeño país: su principal fuente de riqueza empezó a ser administrada por los
Estados Unidos que se comprometieron, en la medida en que ellos mismos lo
juzgaran conveniente, a prestar ayuda al gobierno dominicano para "restaurar el
crédito, mantener el orden, mejorar el funcionamiento de la administración civil
y asegurar el progreso material y la prosperidad de la república". Este tipo de
arreglo era mucho mejor para los Estados Unidos y para su capital financiero,
pues el mismo Roosevelt indicó que no estaba interesado en la anexión ni de
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Haití ni de República Dominicana ya que eso "aumentaría los privilegios de sus
habitantes y las responsabilidades del gobierno federal, sin aumentar sensiblemente sus beneficios"{Ibid., 1905, Vol. 15: 141-143).
La emergencia del imperialismo yanqui, que en un breve lapso había dado
grandes pasos en la lucha por la repartición del mundo entre las grandes potencias, no dejaba de sorprender a los diplomáticos franceses, uno de los cuales,
recapitulando ese acelerado proceso de expansión, precisaba: "Puerto Rico anexado; Cuba, la gran Antilla, sometida a la influencia directa de los Estados Unidos;
las islas Hawai y parte de Samoa anexadas; los tribunales de Londres reconocen,
como nunca antes, tal y como los americanos lo desean, que sus fronteras se extienden hasta Alaska; y ahora el Istmo se convierte de hecho en americano"{Ibid.,
1903,Vol.5:65-73).
ALGUNAS INTERVENCIONES ARMADAS DE ESTADOS UNIDOS EN PANAMÁ ANTES DE 1903
La brutal intromisión de los Estados Unidos en Panamá en 1903, simplemente
fue el trágico cierre de un ciclo interminable de agresiones durante la segunda
mitad del siglo XIX, que se había iniciado un poco después de la firma del tratado
Mallarino-Bidlak - 1 8 4 6 - entre los gobiernos de Colombia y los Estados Unidos.
Desde el punto de vista jurídico, Colombia le proporcionó en bandeja de
plata a los Estados Unidos las argucias suficientes para que éstos intervinieran
cuando y como quisieran. En efecto, el tristemente célebre artículo 35 de ese Tratado autorizaba a los Estados Unidos a mantener la neutralidad del Istmo y a
impedir que fuera suspendido el libre tránsito de uno a otro mar. Este tratado,
decía un diplomático, "confiere a los Estados Unidos una situación privilegiada
en el Istmo de Panamá, y, por qué no decir, un superior derecho de policía". Autorizaba en caso extremo a ocupar la línea del ferrocarril, incluyendo las estaciones
de Colón y Panamá, pero no las ciudades. Tal diferencia no era muy plausible, y
de hecho secundaria, puesto que era muy "difícil asignar una zona estrechamente
determinada a las tropas que descienden a tierra" {Ibid., 1895, Vol. 1: 75) .
De la misma forma, la Convención firmada en 1865 entre Colombia y la
Compañía del Ferrocarril, de propiedad de ciudadanos de los Estados Unidos, les
rlin l i n a s i n r r p í n l p c n r p r r n a í i t i v a c fi p s t n s r n m p r r i í m t o c v a en a n l i i p r n n r r , m r t cp
puede ver en sus apartes más significativos:
El gobierno de los Estados Unidos de Colombia concede a la compañía del Ferrocarril de Panamá la propiedad completa y a perpetuidad del ferrocarril que ella ha
construido que une las ciudades de Colón y Panamá. Esta propiedad comprende
no solamente el ferrocarril mismo, sino todas las dependencias que hoy posee la
compañía, útiles al tránsito, así como las que ella pueda establecer en el futuro,
como almacenes, edificios y hoteles.
Art. 9: el gobierno de Colombia cede a la compañía: 1) los terrenos de los cuales
tenga necesidad para el establecimiento de la línea [...]. 2) todos los terrenos de
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los que tenga necesidad para establecer puertos marítimos o fluviales [...], embarcaderos, y en fin para todas las necesidades del ferrocarril [...].
Art. 10: Son acordadas a la Compañía y a título gratuito y a perpetuidad 64.000
hectáreas de tierras baldías en el Estado de Panamá [... ] y la Compañía tendrá la
libertad de escogerlas en el territorio continental donde lo juzgue conveniente
{Con-espondance Politique des Consuls, 1865, Vol. 3: 26-27).
Cuando en Panamá se conoció el acuerdo se produjo un gran descontento
entre los extranjeros no estadounidenses que allí residían, pues éste aumentaba
las prerrogativas y el poder de la compañía del ferrocarril. Era, según el Cónsul de
Francia en Panamá, "una cesión pura y simple, apenas disimulada" {Ibid., 1865,
Vol. 3: 26-27).
Durante toda la segunda mitad del siglo XIX, los diferentes funcionarios
franceses, ubicados tanto en Bogotá como en Washington y Panamá, señalaban
las verdaderas intenciones de Estados Unidos con respecto al Istmo. Algunos de
esos análisis eran de naturaleza geopolítica y retrataban muy bien las intenciones
de los Estados Unidos: apropiarse de Panamá para asegurarse los mercados del
extremo oriente y dominar una ruta comercial que pudiera contrabalancear el
poder que Inglaterra había adquirido con el control del Canal del Suez. Con ese
propósito en mente, siempre buscaban un pretexto para intervenir militarmente,
con o sin el acuerdo del gobierno de Bogotá {Correspondance Politique, 1978, T.
33:171).
La presencia de tropas de los Estados Unidos en el territorio panameño se
hizo cada vez más frecuente después de los sucesos de la "guerra de la sandía" en
1856. Al respecto se pueden señalar, de acuerdo con la información diplomática,
entre otros, los siguientes hechos:
Incendio de Colón durante la guerra civil de 1885 e intervención de los Estados
Unidos
Como sucedía frecuentemente en las guerras civiles que estallaban en Colombia,
la de 1885 llegó rápidamente a Panamá. El 16 de marzo, el general liberal Aizpuru
atacó durante 24 horas la ciudad capital, aunque no pudo someterla {Ibid., 1885,
Vol. 4: 300). No se había alcanzado a escuchar el primer disparo en el Istmo y ya
de un barco de los Estados Unidos que se encontraba en la rada de Colón descendieron 75 hombres para proteger el ferrocarril. En el mismo instante, en Panamá,
el cónsul de los Estados Unidos solicitó la protección de las propiedades de sus
conciudadanos, y del barco La Heroína desembarcaron otros 70 marines {Ibid.,
1885, Vol. 4: 300). Así, empezaba la más prolongada intervención armada de los
Estados Unidos en territorio panameño durante el siglo XIX.
Las tropas liberales, encabezadas por Pedro Prestan, un general mulato
originario de Jamaica pero nacido en Cartagena, atacaron por sorpresa el cuartel
y la Prefectura de la ciudad de Colón el día 15 de marzo. Después de algunos
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disparos, los revolucionarios asumieron el control de la ciudad y el propio Prestan se proclamó jefe civil y militar. Ese mismo día, Prestan informó al cuerpo
consular que él era la nueva autoridad política de la ciudad, asegurándoles a los
extranjeros que no serían molestados y que sus intereses y propiedades serían
respetados {Ibid., 1885, Vol. 4: 555). Y, en efecto, cuando Prestan asumió el control de Colón, "no les demandó nada a sus habitantes y a los que quisieron surtirlo de armas y de vestidos, incluso de planchas para erigir las barricadas, se les
pagó en efectivo" {Ibid., 1885, Vol. 4: 555). O sea que Prestan no tuvo un comportamiento especialmente hostil con los extranjeros en general ni con los residentes
estadounidenses en particular.
Algunos días antes del incendio, a Colón había llegado un barco de los
Estados Unidos, que llevaba a bordo un cargamento de armas; "dicho cargamento, cuyo flete había sido cancelado, fue encargado por Prestan, en ese momento
un simple particular"; tan pronto como dicho navio se encontró en la rada, Prestan exigió la entrega de las armas al señor Burt, cónsul de los Estados Unidos,
quien se negó formalmente a entregárselas. Por esta razón, "el jefe revolucionario
da la orden de conducirlo a prisión, e idéntica disposición fue tomada con respecto al señor Douv, agente de la compañía de vapores americana La Galena"
{Ibid., 1885, Vol. 4: 555). Mientras esto sucedía,"el comandante del navio de guerra americano daba la orden de desembarcar algunos cañones y desde las oficinas
de la compañía marítima le mando avisar a Prestan que si en un plazo de dos
horas, a partir del momento de la notificación, no liberaba a los prisioneros, la
ciudad sería bombardeada" {Ibid., 1885, Vol. 4: 555). Ante la amenaza, Prestan
decidió emplazar dos pequeños cañones frente al barco de guerra estadounidense, con la orden de hacer fuego cuando desembarcaran las tropas americanas y, a
su vez, amenazó con fusilar a los prisioneros si era atacado. Inmediatamente, "el
comandante del navio de guerra de los Estados Unidos da una contraorden y los
prisioneros, viendo que su situación se hacía más crítica, transigieron con el jefe
revolucionario y le dieron su palabra de honor de entregarle las mencionadas
armas, tan pronto como fueran puestos en libertad" {Ibid., 1885, Vol. 4: 555).
"Viéndose libres, los prisioneros se refugiaron inmediatamente en el barco
de guerra americano, mientras que Prestan fue a reclamar su cargamento de armas, como había sido acordado. Sin embargo, el señor Burt le respondió con un
rechazo categórico. El jefe revolucionario, viendo que él había sido engañado,
notificó que si a la mañana siguiente a las 8, no se le entregaba el envío, le prendería fuego a la ciudad de Colón" {Ibid., 1885, Vol. 4: 555). Ahora bien, los estadounidenses no cumplieron la promesa hecha a Prestan y apenas el cónsul de los
Estados Unidos estuvo en libertad envió un telegrama al general Gomina, a Panamá, solicitándole el envío inmediato de las tropas del gobierno para retomar la
ciudad y defender a los extranjeros. Además, puso a disposición de las fuerzas de
Gomina un tren expreso y una gran cantidad de armas, de las mismas que previamente había comprado Prestan a los Estados Unidos. Gomina aceptó la sugereni 2.46
ANTECEDENTES Y CONSECUENCIAS DEL ATRACO YANQUI EN PANAMÁ.
UNA RECONSTRUCCIÓN A PARTIR DE LOS ARCHIVOS DIPLOMÁTICOS DE FRANCIA i
cia de los norteamericanos y la mañana del 30 de marzo partió hacia Colón, a
donde llegó en la madrugada del día siguiente. Los revolucionarios, informados
de la llegada de las tropas del gobierno, habían levantado los rieles de la vía férrea,
lo que obligó a estos últimos a descender del tren y a marchar a pie para combatir
a las fuerzas de Prestan. La superioridad de las tropas de Gomina era evidente y
pronto fue vencida la resistencia de los revolucionarios, que retrocedieron hasta
Colón {Ibid., 1885, Vol. 4: 555).
Cuando era claro que el combate principal tendría lugar en Colón, la nave
de guerra de los Estados Unidos La Galena desembarcó 100 marines, emplazó 2
ametralladoras y envió un contingente a proteger el consulado de su país. Según
el cónsul de Francia en Colón: "Apenas las tropas americanas habían ocupado sus
posiciones, cuando las tropas del gobierno llegaron -se puede dedr que completamente cubiertas por las de los americanos que, en un momento dado, se replegaron del lado del consulado de los Estados Unidos- y comenzaron el ataque
sobre las barricadas de los revolucionarios" {Ibid., 1885, Vol. 4: 555).
Los disparos de fusil se mantuvieron durante cerca de media hora. El
combate fue muy fiero, pero al final las tropas del gobierno se impusieron. Cuando éstas entraron a Colón, se produjo el incendio del puerto. A partir de ese
momento, tanto el gobierno de los Estados Unidos como el colombiano acusaron a Pedro Prestan y sus tropas de ser los responsables del incendio de la ciudad. Sin embargo, la correspondencia del cónsul de Francia en Colón y el testimonio del comerciante francés Van Messen {Ibid., 1885, Vol. 4: 364-6-368), residente en esa ciudad, muestran que Prestan no fue el responsable de esos
hechos puesto que, cuando ordenó el incendio de la casa de gobierno, de manera inmediata el fuego se propagó por toda la ciudad. Era sorprendente que el
fuego se hubiera extendido de una forma tan rápida y más sorprendente aún
que los marines de los Estados Unidos no hicieran nada por impedirlo. "Colón
ha sido destruido más bien por la deplorable negligencia de los americanos y
por su indolencia ante la ruina que agobiaba a una población de trabajadores"
{Ibid., 1885, Vol. 4:555).
Luego del incendio y la destrucción completa de Colón, las tropas estadounidenses se apoderaron de la ciudad. Éstas jugaron un rol importante en la medida en que aseguraron la victoria del gobierno en el Istmo, lo que implicaba la
violación del Tratado de 1846, porque aquéllas podían intervenir exclusivamente
para mantener la libre circulación del ferrocarril pero no actuar a favor de las
tropas gubernamentales.
La intervención de los marines se manifestó, por ejemplo, en la captura de
algunos dirigentes de la rebelión. El general haitiano Antonio Pautricelle -acusado de haber participado en la destrucción de Colón- fue hecho prisionero por
los soldados estadounidenses y conducido a bordo de El Galena. A esto se agrega
que George Davis, llamado Cocobolo, natural de St. Thomas, jefe del estado mayor de Prestan, viéndose perdido solicitó asilo y protección al comandante de ese
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mismo barco, "donde fue retenido como prisionero y entregado a los vencedores" {Ibid., 1885, Vol. 4: 366).
La ejecución de los dos generales de la tropa de Prestan se produjo después de un juicio sumario y sin respetar las leyes existentes. En efecto, en todos
los Estados que conformaban los Estados Unidos de Colombia, entre ellos el de
Panamá, la pena de muerte había sido derogada por la Constitución de 1863.
En la práctica esas ejecuciones significaron la implantación de la pena capital,
la cual fue legitimada como la sentencia más grave del derecho penal colombiano en la nueva Constitución Política de 1886. En otros términos, Estados Unidos jugó un papel de primer orden en la reimplantación legal de la pena de
muerte en Colombia, ¡la cual se puede considerar como otra importación made
in USAl
Además, se puso en práctica un ritual macabro, al típico estilo de las ejecuciones o de los linchamientos de negros en los Estados Unidos, para matar a los
dos combatientes liberales -¡vaya casualidad que eran negros!-, a plena luz del
día y ante la asistencia de toda la población de Colón. Ese ritual fue premeditado
para provocar miedo entre la población negra del Istmo, como lo indicaba un
informe de prensa: "Un pánico singular se ha apoderado de la masa en el momento de la ejecución [...] Muchos espectadores jamás habían visto una ejecución [... ] La escena era, pues, para ellos nueva y extraña, y nosotros esperamos
que la impresión producida haya sido saludable".
Morir ahorcado era una forma de ejecución importada de los Estados
Unidos, pues en Panamá nunca antes había sido aplicada. En segundo lugar, el
ritual público, incluyendo la presencia de la multitud en torno al sitio de ejecución, era también una forma "muy civilizada" de producir pánico. En tercer lugar,
los condenados eran hombres de raza negra, lo que indicaba los objetivos de tal
acción: mostrar a la población negra que vivía en Panamá -formada por
inmigrantes de Jamaica, Haití, Martinica, Guadalupe y originarios del Istmoque en adelante las nuevas autoridades, con la complacencia de los Estados Unidos, no tolerarían la influencia política de los negros, muy beligerantes durante el
período radical.
La intervención de los Estados Unidos no se limitó a la ciudad de Colón, a
pesar de que, cuando se produjo el desembarco en ese puerto, las autoridades
norteamericanas habían manifestado que sus acciones se limitarían a esa ciudad
para mantener el libre tránsito en el Istmo, defender las propiedades de los extranjeros y restablecer la normalidad del tráfico comercial, pero manteniendo
una estricta neutralidad política. Sin embargo, en varias ocasiones las acciones de
los Estados Unidos se inclinaron del lado del gobierno de Rafael Núñez. Por ejemplo, el 24 de abril, sin aviso previo, ocuparon militarmente la capital del Estado,
detuvieron al general Aizpuru -el jefe de los insurrectos- que había entrado a esa
ciudad el 31 de marzo, el mismo día del incendio de Colón, aprovechando que el
general conservador Gomina había partido para combatir a Prestan. Los marines
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ANTECEDENTES Y CONSECUENCIAS DEL ATRACO YANQUI EN PANAMÁ.
UNA RECONSTRUCCIÓN A PARTIR DE LOS ARCHIVOS DIPLOMÁTICOS DE FRANCIA
de Estados Unidos bloquearon a las tropas liberales en sus cuarteles, so pretexto
que debían construir barricadas {Ibid., 1885, Vol. 4: 385).
Algunos días más tarde el capitán de la fragata Powhatan envió una carta
al general Ricardo Gaitán Obeso, comandante del ejército liberal, exigiéndole el
arresto y condena de Prestan por "sus crímenes", pero sobre todo porque "había
osado insultar a los Estados Unidos" cuando había tomado y amenazado de muerte
a algunos ciudadanos de ese país. Además, según ese oficial, la intervención de los
Estados Unidos se justificaba por las enormes pérdidas económicas que habían
sufrido sus conciudadanos.
Las presiones de Estados Unidos fueron muy eficaces, porque los liberales,
que eran copartidarios de Prestan, lo abandonaron. En efecto, Felipe Pérez, el
principal jefe político de los liberales, afirmó que el "incendio de Colón había
sido causado por individuos que no eran colombianos" {Anales de Guerra, 1885,
No. 45:1). Por esto, "recibir en nuestro ejército a los autores del incendio de Colón [... ] no solamente es aceptar la responsabilidad moral de ese hecho sino también la responsabilidad material, esta última representada por las reclamaciones
pecuniarias que, sin ninguna duda, serán millones de pesos" {Ibid., 1885, No. 45:
1). Prestan, acusado por todos los bandos, fue abandonado a merced de las tropas
estadounidenses. Finalmente, fue detenido cerca de Barranquilla y conducido
rápidamente a Panamá, donde fue juzgado y condenado a la pena de muerte de
una manera completamente arbitraria por un consejo de guerra. El juicio fue
una simple formalidad, puesto que los cuatro testigos llamados a declarar eran
todos extranjeros, y tres eran funcionarios de los Estados Unidos, con los cuales
Prestan tuvo problemas por la compra de las armas (Castillero Reyes, 1962:171).
Una vez más la tenebrosa mano de los Estados Unidos se encontraba tras
este crimen, como lo comentaba un diplomático francés: "Pedro Prestan [...]
acusado formalmente de haber prendido fuego a Colón [...] ha sido condenado
y luego ejecutado. Sus testigos [...] no han sido escuchados y, sin embargo, en
Colón incluso el comercio cree que el elemento americano a la cabeza del cual se
encuentra el Sr. Burt, antiguo director del Ferrocarril, es el verdadero responsable
de los acontecimientos de Colón" {Correspondance Politique des Consuls, 1885,
Vol 34: 422).
Antes de ser ejecutado, Prestan negó su responsabilidad en el desastre de
Colón. Para él, "desgraciadamente la suerte de nuestro ejército fue adversa aquí
como en otras partes [... ] De esta adversidad se han servido mis enemigos personales para hacer creer que yo soy un peligroso criminal" {Ibid., 1962: 172-173).
Terminó señalando que "los americanos suponen que ha llegado la hora de apropiarse del istmo" e hizo un póster llamado para que "todo el país se oponga a la
intervención de los Estados Unidos para evitar la realización de sus propósitos"
{Ibid., 1962: 161). Después de la ejecución de Prestan, las tropas estadounidenses
permanecieron en suelo panameño hasta mayo de 1885, cuando el gobierno conservador había ganado la guerra. Se retiraron tras haberle prestado un gran servi-
249 j
RENÁN VEGA
ció a los cipayos colombianos, algunos de los cuales, como el gobernador del
Cauca, llegaron a emplear en ese momento un tono genuflexo y anticomunista,
agradeciendo la ayuda prestada por las tropas de ocupación: "El gobierno de la
Unión, lo mismo que el del Cauca están muy reconocidos del noble comportamiento que han tenido los miembros de la Escuadra Americana al venir a un país
amigo a hacer respetar intereses seriamente amenazados por los comunistas que
en nada escatiman el reposo público y el honor nacional" (Ricaurte Soler, 1989:
32). Al parecer, era la primera vez en la historia de Colombia que oficialmente se
aplaudía la intervención de Estados Unidos a nombre del anticomunismo.
En 1892 en Colón durante una epidemia de cólera
En este año se desató una epidemia de cólera que afectó a algunos lugares de
América Central e induso se extendió hasta Nueva York, donde fue bautizada
como cólera de Wall-Street, porque influyó en la caída del precio de las acciones
bursátiles. Ante los peligros de que el cólera se propagara, el gobierno colombiano decidió cerrar el puerto de Colón. Esta medida sanitaria fue considerada por
los Estados Unidos como un cierre intempestivo de la circulación por el Istmo y
para obligar al gobierno nacional a reabrir el puerto envió, a fines de septiembre,
al paquebote Colombia (¡!) y el crucero Concorde, que habían sido requeridos
por el director del Ferrocarril, con el pretexto de evitar posibles disturbios por
parte de los obreros desempleados por la parálisis del puerto.
A pesar de que existía cuarentena por la epidemia de cólera -cuarentena
que se hizo extensiva a varios países de América Latina- y que los puertos estaban
cerrados a cualquier nave extranjera, los Estados Unidos impusieron sus propias
condiciones. El cierre del puerto era necesario por elementales medidas de salubridad pública, pero Estados Unidos alegó que eso violaba el tratado de 1846, lo
que no venía al caso pues en dicho tratado no se hablaba de medidas de sanidad.
En El Porvenir de Cartagena del 9 de octubre de 1892 se decía al respecto: "Las
convenciones de sanidad internacionales son las que imponen a ese respecto obligaciones a los gobiernos que las firman. Amistad, navegación y comercio: nada
de eso significa pasibilidad para dejarnos importar el cólera, u obligación de facilitarles los medios de entrada, sin defendernos [... ] del único modo como podemos hacerlo: cerrando los puertos, es decir escogiendo entre males el menor, condenándonos al aislamiento" {Correspondance Politique des Consuls, 1892, Vol. 5:
206).
Colón en 1895
A raíz de la corta guerra civil que se presentó en el país durante ese año, como
siempre los funcionarios estadounidenses en territorio panameño se apresuraron a solicitar la presencia de barcos de guerra de su país. El 8 de marzo fue
atacado Bocas de Toro y de El Atlanta descendieron los marines para proteger el
250
ANTECEDENTES Y CONSECUENCIAS DEL ATRACO YANQUI EN PANAMÁ.
UNA RECONSTRUCCIÓN A PARTIR DE LOS ARCHIVOS DIPLOMÁTICOS DE FRANCIA
consulado (Nouvelle Serie, 1895, Vol. 1: 51). Comentando este hecho, el funcionario francés de Colón resaltaba que la intervención barcos de guerra de los Estados Unidos "no se debe atribuir [... ] exclusivamente a los eventos políticos del
país; los americanos se creen los amos del Istmo y quieren someter a esta pequeña república; de ahí, las frecuentes visitas de sus barcos de guerra [... ] para llegar
al objetivo que persiguen, es decir, dominar por la intimidación y el terror"
(Nouvelle Serie, 1895, Vol. 1; 158). Como un hecho digno de destacar, ya evidenciado durante la guerra civil de 1885, la intervención de Estados Unidos durante
la corta guerra civil de 1895 favoreció otra vez al partido conservador {Ibid., 1895,
Vol. 1: 143).
Toma de Colón en 1901
Desde cuando estalló la guerra de los Mil Días se vislumbraba la intervención de
los Estados Unidos, teniendo en cuenta los antecedentes de 1885 y 1895, cuando
el gobierno de Bogotá había llamado en su ayuda a tropas de Estados Unidos
para enfrentar a los liberales insurrectos {Correspondance Comercióle, 1899, Vol.
9). En esta ocasión, por desgracia, también se cumplieron estos vaticinios.
Desde comienzos de 1901, ante los anuncios de un posible ataque liberal a Panamá, los Estados Unidos amenazaron con desembarcar tropas en el puerto de Colón, pese a que, según el cónsul de Francia, no existían razones válidas para justificar dicha intervención. En realidad, los Estados Unidos aprovecharon hechos
"sin mucha importancia en sí mismos", confiriéndoles una gravedad excesiva:
Quiero hablar de la visita y de la detención, el 5 de agosto, durante una media
hora, en la estación de Matachín -dejado como otros lugares del istmo a disposición de los liberales, puesto que ellos han suprimido allí a las autoridades que no
han sido reemplazadas después- del tren que venía de Panamá y del arresto de 3 o
4 funcionarios colombianos, partidarios del gobierno y del soldado de policía encargado de la vigilancia de ese tren. Este incidente ha motivado los telegramas de
los cónsules de Estados Unidos en Colón y Panamá, un reclamo del Superintendente de la Panamá Railroad, y el llamado a las fuerzas navales americanas para
asegurar el tránsito del Istmo, a pesar de todo poco comprometido [...]. El gobierno de Estados Unidos sólo busca un pretexto para justificar su injerencia en
los asuntos locales y asegurar su preponderancia con el fin de liquidar a su favor
[...] la cuestión del canal... {Nouvelle Serie, 1901, Vol. 3: 44-45).
Durante todo el mes de agosto en los periódicos de Estados Unidos se publicaron sensacionales reportajes sobre supuestos combates librados a lo largo de
la línea férrea. Por eso, el comandante del navio de guerra El Machias se sorprendió al encontrar la situación muy tranquila cuando llegó a Colón y hasta los mismos extranjeros residentes en el puerto le demandaban con insistencia sobre las
razones que lo habían llevado allí {Ibid., 1901, Vol. 3: 69c-69d).
251;
RENÁN VEGA
El 20 de noviembre, de manera sorpresiva los liberales se tomaron Colón,
tras haber librado un breve combate. Aunque cortaron las líneas telegráficas, no
hubo desmanes y respetaron a los extranjeros. Inmediatamente, de El Machias
desembarcaron 30 hombres que se apostaron en los depósitos de la Panamá
Railroad so pretexto de proteger los intereses estadounidenses y "asegurar el libre
tránsito por el Istmo" {Ibid., 1901, Vol. 3: 112-119). El 27 desembarcaron en Colón otros 400 marines en las estaciones de la Compañía del Ferrocarril, pese a lo
cual el tránsito fue interrumpido. Para restablecerlo, 200 soldados yanquis fueron embarcados en cada tren y adelante de la locomotora marchaba un vagón
blindado con cañones y revólveres. Ningún combatiente, ni del partido liberal ni
del conservador, era admitido en los vagones de la Panamá Railroad. El secretario
de Estado, John Hay, aseguró que Estados Unidos intervino por solicitud del gobierno colombiano.
El 24 de noviembre, Ignacio Foliaco, comandante en jefe de las Fuerzas
Terrestres y Marítimas del Atlántico -del gobierno-, en una carta al cónsul de
Francia, enviada desde el navio Próspero Pinzón, manifestaba que se disponía a
restablecer la autoridad en Colón {Ibid., 1901, Vol. 3: 134-139). El 26 de noviembre llegó El Pinzón, lanzó algunos cañonazos, creó pánico y desembarcó 400 soldados.
Los comandantes de los barcos extranjeros, buscando impedir un combate
en Colón, lograron un acuerdo entre liberales y conservadores, en el que se estipulaba: 1) El general de la Rosa sostuvo que si las tropas del gobierno resultaban
victoriosas en Gatun, él consideraba perdida su causa de defender a Colón y la
devolvería a las potencias extranjeras pero a condición de que éstas dieran asilo a
los liberales en los barcos; 2) se le rendirían honores militares al general Albán del gobierno- como vencedor. Efectivamente esto último fue lo que sucedió, y los
liberales derrotados devolvieron sus armas y municiones. El acuerdo indicaba
que, después de la rendición de los liberales, las tropas de Estados Unidos, Inglaterra y Francia -es decir, las que se encontraban en los barcos- ocuparían la ciudad de Colón. Sin embargo, "el comandante Perry quiso oponerse a que los marinos ingleses y franceses fueran enviados a tierra; él se sentía seguro que las fuerzas de los Estados Unidos eran suficientes para asumir la seguridad de Colón y
que, además, todos los intereses eran americanos". Los ingleses estuvieron de acuerdo, mas no los franceses. Así, "el 29 han desembarcado tropas americanas y francesas, procediendo a rendirle los honores militares acordados al general Albán".
El primero de diciembre, "los marinos franceses regresan a sus barcos pero los
americanos se mantienen en Colón". La conducta del comandante Perry fue comentada en forma muy negativa y "los colombianos, no importa su opinión política, ven en la muy activa injerencia de los americanos en sus disensiones una
amenaza para su libertad" {Ibid., 1901, Vol. 3: 147-154).
252
ANTECEDENTES Y CONSECUENCIAS DEL ATRACO YANQUI EN PANAMÁ.
UNA RECONSTRUCCIÓN A PARTIR DE LOS ARCHIVOS DIPLOMÁTICOS DE FRANCIA
Bocas del Toro, 1902
Una vez más, durante la guerra de los Mil Días, los Estados Unidos ocuparon
militarmente a Panamá, entre el 19 y el 24 de abril, cuando marines de El Machias
desembarcaron en Bocas del Toro. El hecho se originó en los éxitos militares alcanzados por los liberales en la provincia de Chiriqui, a raíz de los cuales el gobernador de Panamá, perteneciente a las fuerzas conservadoras, pidió a los Estados Unidos que mantuvieran el libre tránsito por el ferrocarril. Por supuesto, los
Estados Unidos no se hicieron de rogar y rápidamente ocuparon Bocas del Toro.
Esta intervención tenía un significado adicional, puesto que en la provincia de
Chiriqui una subsidiaria de la United Fruit Company controlaba la producción
de banano y era propietaria de tierras, vías férreas y embarcaciones. Aparte de
eso, la pequeña población de Bocas del Toro estaba habitada por inversionistas y
comerciantes alemanes, franceses, chinos e ingleses {Ibid., 1902, Vol. 4: 53-56).
Todo esto indicaba que Estados Unidos tenía intereses económicos muy especiales en la zona ocupada.
Colón, 1902
En septiembre de ese mismo año, otra vez desembarcaron en Colón tropas de los
Estados Unidos. En la mañana del 15 de septiembre llegó a Colón el crucero
Cincinatti. En la tarde el Comandante MacLean se dirigió a Panamá y determinó
que los trenes deberían ir custodiados por marines de Estados Unidos. Cada tren
iba precedido de un vagón blindado, ocupado por 25 soldados bien armados. El
gobernador de Panamá, Víctor M. Salazar, se mostró en desacuerdo con la acción, como se lo comunicó al comandante de los Estados Unidos, quien le manifestó que él no venía a discutir nada sino a cumplir las órdenes emanadas de su
gobierno y se opuso a que tropas del gobierno colombiano visitaran los trenes.
Las medidas tomadas por el comandante del Cincinatti desde su llegada a Colón,
"denotan una marcada intención de no desaprovechar ninguna ocasión para provocar un conflicto con el gobierno local". Una de las medidas más escandalosas
fue la de negarse a transportar las tropas del gobierno local si iban armados. Esto
violaba abiertamente el acuerdo firmado entre el gobierno colombiano y la
Panamá RailRoad, que en uno de sus artículos decía: "Como compensación de
sus exenciones, la compañía está obligada a transportar gratuitamente y sin que
el gobierno tenga que pagar nada por fletes o por otro motivo cualquiera, las
tropas, jefes y oficiales con sus equipajes, municiones, armamentos, vestidos y
todos los otros efectos similares que pertenecen o están destinados al gobierno de
la República o del Estado de Panamá, así como a los empleados en servicio o en
misión". Comentando esta flagrante violación de los convenios establecidos por
parte de la compañía y de los Estados Unidos, el cónsul de Francia en Panamá
opinaba que "esta intervención sólo es el primer mojón colocado por el gobierno
de Washington en vista de asegurarse la ocupadón definitiva del istmo por sus
tropas, con el pretexto de proteger el libre tránsito del ferrocarril y obtener un
253
RENÁN VEGA
arreglo más favorable en lo concerniente a ciertas cuestiones todavía pendientes
en lo relacionado con la compra del canal de Panamá" {Ibid., 1902, Vol. 4: 80-91).
Aunque el libre tránsito entre Panamá y Colón no se hubiera visto seriamente amenazado, la intervención armada de los Estados Unidos se acentuaba
cada día más. El 22 de septiembre llegó a Colón el buque Panther con 380 soldados, que fueron desembarcados y acuartelados en las estaciones del tren en Panamá y Colón. Piquetes de soldados, bien armados, patrullaban las calles de las dos
ciudades. La ocupación parecía estar proyectada para largo tiempo, puesto que
los oficiales buscaban lugares para alojarse junto con sus familias. El 21 de septiembre se produjo un incidente grave, porque cuando las tropas del crucero colombiano Cartagena arribaron a Colón, se les impidió usar el ferrocarril y se les
exigió que entregaran sus armas a los marines estadounidenses, quienes las llevarían consigo y las devolverían al llegar al otro lado del ferrocarril. Esto resultaba
más humillante todavía si se tiene en cuenta que "los soldados americanos circulan por las calles de Panamá con sables y revólveres en la cintura, sin que nadie
ose hacerles la menor observación". Mientras esto sucedía, la prensa de los Estados Unidos inventaba noticias fantasiosas sobre los supuestos desmanes cometidos por las tropas liberales a lo largo de la vía férrea, con el claro propósito de
justificar la permanencia de los marines (Nouvelle Serie, 1902, Vol. 4: 93-99). La
intervención se acentuó cuando los Estados Unidos determinaron que después
del 20 de octubre no transportarían a los soldados del gobierno, ni siquiera desarmados, para evitar enfrentamientos con los liberales que dominaban los alrededores de la vía férrea {Ibid., 1902, Vol. 4: 102-108).
El extremo de la intromisión se presentó el 26 de octubre, cuando al llegar
a Panamá el cañonero Bogotá, que había sido comprado por el gobierno, un oficial del Wisconsin fue a inquirirlo por izar la bandera colombiana. ¡Que un barco
colombiano, portando el pabellón nacional y transitando por aguas colombianas, sea detenido por un oficial de un barco extranjero que le pide explicaciones,
no era más que un caso de piratería! Este incidente era una más de las múltiples
humillaciones sufridas por los colombianos durante la ocupación yanqui, como
el que se presentó el 29 de octubre. Ese día la Panamá Railroad transportó en
vagones cerrados armas del gobierno. Cuando esas armas llegaron a Panamá, los
soldados se dirigieron a recogerlas, pero "fueron violentamente rechazados por
las tropas americanas y lanzados fuera a culatazos. El oficial que comandaba el
destacamento fue enviado a tierra por el puñetazo que le propinó un soldado
americano, boxeador de profesión". Lo más preocupante, sin embargo, era que en
la ciudad circulaban insistentes rumores sobre la formación de un nuevo partido
que pedía la separación de Panamá y el protectorado de los Estados Unidos {Ibid,
1902, Vol. 4: 120-124). Esos, precisamente, eran los frutos que querían cosechar,
como pronto lo hicieron, los ocupantes. Desde este punto de vista, la larga ocupación de 1902 en Panamá fue como el ensayo general del protectorado
semicolonial que se impuso durante todo el siglo XX, tras los sucesos del 3 de
noviembre de 1903.
254
ANTECEDENTES Y CONSECUENCIAS DEL ATRACO YANQUI EN PANAMÁ.
UNA RECONSTRUCCIÓN A PARTIR DE LOS ARCHIVOS DIPLOMÁTICOS DE FRANCIA
El 22 de noviembre de 1902, al otro día de la firma del acuerdo de paz entre
liberales y conservadores en el Wisconsin, partieron los barcos y tropas de Estados Unidos. Éstos sostenían que ya no era necesaria su presencia, pues las tropas
del gobierno podían garantizar la normalidad y libre transito del ferrocarril. Sin
embargo, para el cónsul de Francia en Panamá existían otras razones de fondo
para explicar el retiro provisional de los marines: primero, la fiebre amarilla causó dos muertos entre las tropas de ocupación y se temía que la enfermedad se
propagara; segundo, en diversos países de América Latina se empezaba a denunciar la ocupación de Estados Unidos y éstos, temerosos que su comercio se pudiera ver afectado, prefirieron partir {Ibid., 1902, Vol. 4: 135-141).
El acuerdo de paz, agrega el mencionado funcionario, entre liberales y conservadores se firmó ante la inminencia de solucionar la cuestión del canal y la
entrega de una cantidad importante de dinero al gobierno colombiano. Ante eso,
los liberales consideraron más político renunciar al enfrentamiento armado y
participar en el reparto del botín. Así mismo, la ocupación de los Estados Unidos,
que se prolongó durante más de dos meses, y su prohibición de transportar tropas, armas y alimentos por el ferrocarril, sólo podía entenderse como parte de
una política "encaminada a tomar posesión con ardides respaldados en la fuerza"
que han "violado el derecho de gentes, el derecho de soberanía y el derecho de
propiedad" {Ibid., 1902, Vol. 4: 142-145).
Para concluir este apartado, presentamos a manera de síntesis la tabla 1
que resume las intervenciones armadas de Estados Unidos en Panamá entre 1856
y 1902.
Los ESTADOS UNIDOS INVENTAN UN PAÍS
La idea de convertir a Panamá en una nueva república, en realidad un protectorado por completo dependiente de Washington, se gestó, por supuesto, en los Estados Unidos. En los bochornosos hechos, únicos en la historia latinoamericana, y
con pocos parangones universales -sólo comparables a la reciente desmembración
de Yugoslavia-, participaron dos protagonistas principales: de una parte, el gobierno de los Estados Unidos en estrecha alianza con el aventurero francés Philippe
Bunau Varilla, el principal accionista de la Compañía Francesa del Canal, el cual
concibió la idea de "independencia", aportó los recursos económicos y logísticos
necesarios, y elaboró el plan que se desarrollaría a la perfección después del 3 de
noviembre de 1903; de otra parte, esa idea fue secundada por las élites locales de
Panamá, obnubiladas con un gran botín que suponían se iban a embolsillar como
resultado de su postración ante los Estados Unidos y al romper los vínculos con
nuestro país.
Los escenarios principales donde se desarrolló la tragicomedia que agregó
una estrella más a la balcanizada América Central se encontraban en Estados
Unidos y Panamá. En ese saínete, Bogotá fue un escenario secundario, por la sencilla razón que desde el momento en que los Estados Unidos ya habían decidido
255
RENÁN VEGA
Tabla 1
Intervenciones de Estados Unidos en Panamá, 1850-1902
1850: El 22 de mayo, a raíz de un tumulto en el que murieron dos norteamericanos, intervino un buque de guerra de Inglaterra, a petición del cónsul de ese país,
para reprimir el tumulto.
1856: Del 19 al 22 de septiembre para proteger los intereses norteamericanos durante una insurrección.
1860: Del 27 de septiembre al 8 de octubre, para proteger los intereses norteamericanos durante una revolución,
1861: (mayo) Luego del estallido de una guerra civil en Colombia, el gobernador
del Istmo solicita, tras consultas con los cónsules de Estados Unidos, Inglaterra y
Francia, protección para mantener el orden. Estados Unidos es el único país que
responde afirmativamente a esta solicitud.
1862: (junio) Colombia solicita ayuda a Estados Unidos a fin de sofocar los desórdenes interiores y los norteamericanos envían fuerzas navales y terrestres.
1865: El 9 de marzo de 1865 un destacamento de los Estados Unidos ocupa la
ciudad de Panamá en momentos en se quería derrocar al presidente del Estado
Soberano de Panamá.
1868: El 7 de abril, para proteger los viajeros y las valijas en virtud de la ausencia
de tropas locales debido a la muerte del presidente de Colombia.
1873: Del 7 al 22 de mayo y del 23 de septiembre al 9 de octubre, para proteger las
propiedades norteamericanas a causa de hostilidades motivadas por la posesión
de un nuevo gobierno en Panamá.
1885: De enero a mayo, a causa de la guerra civil y del incendio de Colón.
1891: A raíz de una epidemia de cólera el gobierno de Colombia se vio obligado a
cerrar el puerto de Colón. El gobierno de Estados Unidos, contraviniendo las
normas de sanidad más elementales, obliga a reabrir el puerto, utilizando como
medida intimidatoria uno de sus barcos de guerra.
1895: El 8 y el 9 de marzo, durante una revolución.
1901: Del 20 de noviembre al 4 de diciembre, para mantener en servicio el ferrocarril.
1902: Del 16 al 23 de abril, durante una guerra civil para proteger las propiedades
norteamericanas.
1902: Del 17 de septiembre al 18 de noviembre, para impedir el transporte de tropas -tanto del gobierno como de los revolucionarios- por el ferrocarril.
l-uente: Correspondance Politique Genérale, Vois. 22, 25 y 26; Correspondance Califique des consuls,
Vols. 3,4 y 6; Selser, 19841.
1
Se conservan los términos empleados por Estados Unidos para justificar las intervenciones.
256
ANTECEDENTES Y CONSECUENCIAS DEL ATRAÍA) YANQUI TN PANAMÁ. !
UNA RECONSTRUCCIÓN A PARTIR DE IOS ARCHIVOS DIPLOMÁTICOS DE FRANCIA |
construir el canal por la vía de Panamá, para nada importaba lo que opinaran
"las despreciables criaturillas de Bogotá" -como Roosevelt llamaba a los gobernantes colombianos-. Que éstas aceptaran o rechazaran las propuestas de los
Estados Unidos, lo mismo daba, ya que ellos no se iban a detener ante nada para
llevar a cabo sus planes. Por estas circunstancias, este parágrafo se va a concentrar
en los eventos que se desarrollaron en Estados Unidos y en Panamá.
A finales de 1899 se inscribió en New Jersey la Compañía Norteamericana
del Canal de Panamá con un capital inicial de 30 millones de dólares. En su consejo directivo se encontraba William Cromwdl, un hábil abogado que era accionista de la Compañía del Ferrocarril de Panamá y que en 1894 se había convertido también en representante legal de la Compañía Nueva del Canal. A partir de
este momento se comenzó a urdir una turbia maniobra entre especuladores y
leguleyos franceses y estadounidenses cuyo fin último era traspasar, si era el caso
desconociendo al gobierno colombiano, la concesión a manos de los Estados
Unidos para que terminara y explotara a su favor el canal por la vía de Panamá.
Algunos periódicos de la Unión Americana comentaron esta noticia, anunciando
que el gobierno de los Estados Unidos mediante compra o por cualquier medio
se haría al ferrocarril y el canal francés (Nouvelle Serie, 1899, Vol. 9: 243-245).
Esta compañía, fundada el 27 de diciembre de 1899, reunía 65 personajes del
mundo de los negocios de Nueva York. "El grupo dispone de mucho dinero y de
mucha influencia sobre los poderes públicos". Reconociendo tal poder, el embajador de Francia en los Estados Unidos reconocía que su país ya no podría terminar el canal y que la única posibilidad de salvar algo era "americanizando" la obra
{Ibid., 1900, Vol. 10).
Y esa "americanización" se estaba desarrollando en forma acelerada, pues
la Comisión ístmica del Canal, nombrada por el Senado de los Estados Unidos,
viajó a París y dialogó largamente con los representantes de la Nueva Compañía
-francesa- del Canal. De ese diálogo, dicha Comisión quedó convencida que para
los Estados Unidos era mucho más rentable y práctico lograr la cesión de las
obras realizadas por los franceses; induso, las dos partes estaban dispuestas a
negociar la cesión de la compañía a los Estados Unidos con independencia de los
acuerdos a los que pudiera llegar este país con el gobierno de Colombia. Para
Walker, presidente de la Comisión ístmica, estaba claro que el objetivo de los
Estados Unidos era lograr "la propiedad completa y el control completo" del canal {Ibid., 1901, Vol. 11: 78-81).
En realidad, cuando los representantes de la Compañía Francesa del Canal
notaron que la idea de Nicaragua ganaba adeptos en el Senado de los Estados
Unidos, bajaron sus pretensiones económicas iniciales, que los llevaron a tasar
sus activos, de 100 millones de dólares, a cuarenta millones de dólares. La Comisión de Walker aceptó la propuesta y anunció las condiciones esenciales que se
impondrían al gobierno colombiano: ceder su soberanía aceptando el traspaso
directo de la Compañía Francesa a los Estados Unidos y aceptar a cambio un
257 '
RENÁN VEGA
millón quinientos mil dólares anuales. Tales exigencias eran tan desventajosas
para Colombia, que ei embajador de Francia en Estados Unidos comentó en forma lacónica: "Es dudoso que estas condiciones sean aceptadas" (Ibid., 1902, Vol.
12:8).
Ya desde los primeros meses de 1901, Philippe Bunau-Varilla libraba, durante varias semanas, una campaña para convencer al gobierno y al Senado norteamericanos de la conveniencia de escoger la vía de Panamá. Como parte de esa
campaña publicó un folleto titulado Nicaragua or Panamá, que reunía una serie
de conferencias pronunciadas en distintos lugares del país (Bunau-Varilla, 1901).
La finalidad era convencerlos de comprar la Compañía Francesa del Canal, para
lo cual contaba con el apoyo activo del abogado William Nelson Cromwdl, el
mismo que era accionista de la Compañía del Ferrocarril de Panamá y que tenía
contactos muy estrechos con el gobierno de los Estados Unidos y con círculos del
capital financiero.
En septiembre de 1901, Carlos Martínez Silva, que había sido ministro colombiano ante el gobierno de Washington, le comentó a Antonio José Uribe las
condiciones que Estados Unidos le impondría a nuestro país en caso de firmar
un tratado: Colombia debía ceder la administración y la propiedad; se debería
conceder a cada lado del canal una banda de terreno de seis millas; Colombia
conservaba sobre los territorios el derecho de soberanía; se cedían la isla de Taboga
y otros islotes situados en la rada de Para. La negociación se estaba desarrollando
en secreto, pero Antonio José Uribe le reveló esas exigencias al ministro de Francia en Bogotá. Cuando éste se enteró de la magnitud de las pretensiones de los
Estados Unidos, comentó que, en plena guerra civil, enfrentaba un gran dilema:
si responde favorablemente sería acusado de traición y si no acepta es posible que
los Estados Unidos "se apoderen por la fuerza de Panamá y sin compensación de
ninguna clase" (Nouvelle Serie, 1901, Vol. 11: 116-121).
En noviembre de 1901 se hizo pública la versión preliminar del tratado
entre Estados Unidos y Colombia. Su texto asombró al representante francés en
Colombia para quien era difícil pensar que un gobierno conservador o liberal
estuviera dispuesto a aceptar tales condiciones "porque firmar tal protocolo sería
firmar su propia condena" {Ibid., 1901, Vol 11: 131-133). A finales de 1901, en el
Senado de los Estados Unidos diversas comisiones se pronunciaron favorablemente por la construcción del canal por la vía de Nicaragua {Ibid., 1901, Vol. 11:
193-201). Al conocer esta noticia el aventurero francés Philippe Bunau-Varilla se
apresuró a regresar a los Estados Unidos y reanudó su campaña tendiente a convencer a los congresistas que la mejor opción era la de Panamá. El lobby se mantuvo durante varios meses, pues un año después cuando, en una decisiva sesión
del Senado, nuevamente se ventiló ese tema, Philippe Bunau-Varilla depositó una
estampilla emitida por el gobierno de Nicaragua en la que aparecía como atractivo natural del país el volcán Momotombo coronado por un penacho de humo,
junto con la siguiente inscripción: "TESTIMONIO OFICIAL DE LA ACTIVI258
ANTECEDENTES Y CONSECUENCIAS DEL ATRACO YANQUI EN PANAMÁ.
UNA RECONSTRUCCIÓN A PARTIR DE LOS ARCHIVOS DIPLOMÁTICOS DE FRANCIA
DAD VOLCÁNICA EN EL ITSMO DE NICARAGUA. Debido a un terremoto
que siguió a una erupción del volcán -que puede verse humeando en el fondo-,
el muelle y la locomotora -que pueden verse en el frente- fueron sumergidos en
el lago, junto con una gran cantidad de sacos de café, el 24 de marzo de 1902 a la
1 y 55 p.m". Esta mentira -pues ese volcán, como le señaló José Santos Zelaya,
presidente de Nicaragua, no había presentado una erupción desde hacia muchos
años- influyó para que el Senado de los Estados Unidos desistiera de la idea de
construir el canal por Nicaragua y para que, finalmente, aprobara la Ley Spooner
por medio de la cual facultaba a Roosevelt para adelantar las gestiones necesarias
a fin de negociar con el gobierno colombiano el traspaso del canal, y reconocía
un pago de 40 millones de dólares a la Compañía Francesa del Canal. Dicha ley
fijaba un plazo para resolver los acuerdos con Colombia, y, en caso de no lograrlo, recomendaba construir el canal por la vía de Nicaragua.
A fines de marzo de 1903 se realizaron elecciones en Panamá para escoger
los representantes al congreso. Estas elecciones eran cruciales puesto que los representantes del Istmo debían ir a Bogotá a discutir el tratado Herrán-Hay. El
único de los elegidos que defendía abiertamente la soberanía de Colombia y se
negaba de plano a considerar el texto del tratado propuesto era Osear Terán, que
había sido elegido por unos 300 colombianos. Al resto de los habitantes, en su
mayoría extranjeros, sólo les preocupaban "las ventajas y beneficios de todo tipo
[... ] que han encontrado en los tratados de concesión actuales del Canal y del
Ferrocarril" {Ibid., 1901, Vol. 11: 23-25). Este es un dato interesante, porque pone
de presente que quienes querían la aprobación a toda costa del tratado HerránHay, sin importar su carácter entreguista y antinacional, no eran precisamente
los panameños sino quienes formaban esas oligarquías de arrabal que se habían
lucrado a sus anchas con las obras de transporte en Panamá, primero con el ferrocarril y luego con los primeros trabajos para construir el canal en las últimas
décadas del siglo XIX.
Confidencialmente, Tomas Herrán, representante colombiano ante el gobierno de los Estados Unidos, pensaba que en Bogotá no sería aprobado el tratado que él mismo había ayudado a redactar, debido a la existencia de un fuerte
sentimiento antinorteamericano en virtud de las recientes medidas autoritarias
del almirante Casey, al final de la guerra civil en Panamá. Incluso, Herrán señaló
que el Senado colombiano pensaba denunciar el tratado de 1846 {Ibid., 1903, Vol.
11: 35). lunto con el texto del tratado, Mr. Beaupre, ministro de los Estados Unidos, le notificaba al gobierno de Bogotá, a manera de ultimátum, que las autoridades de su país no tolerarían que al tratado se le modificara ni una sola coma y
que debía ser ratificado tal y como había sido aprobado por el Senado de los
Estados Unidos {Ibid., 1903, Vol. 12: 29). Pese a estas inauditas presiones, el tratado fue rechazado unánimemente por el Senado Colombiano en agosto de 1903
{Ibid., 1903, Vol. 11: 50). Teniendo en cuenta los hechos recientes de Venezuela,
en los que primero intervinieron los Estados Unidos obligando a su gobierno a
259!
i RENÁN VEGA
rendirle homenaje a uno de sus barcos y luego el bloqueo internacional al que
Alemania lo sometió, la negativa de Colombia traía muy malos augurios para el
país {Ibid., 1903, Vol. 12: 26-29) 2 .
Una semana más tarde, Manuel Amador Guerrero, quien luego fue el primer presidente de Panamá, viajo a Estados Unidos a fin de adelantar los planes
para separarse de los "bandidos de Bogotá" -como Roosevelt calificaba a las autoridades colombianas- y crear un protectorado yanqui en el Istmo. Regresó el
27 de octubre tras haber obtenido una respuesta favorable del gobierno de
Roosevelt, en cuyas altas esferas se había fraguado la idea de "inventarse" un nuevo país para evitar los inconvenientes colocados por el Senado colombiano al
rechazar el Tratado Herrán-Hay. A cambio, Philippe Bunau-Varilla, el francés
que participaba activamente en la conspiración, se comprometió a pagarles 100
mil dólares, siempre y cuando lo nombraran ministro plenipotenciario de la república que se gestaba. Como anticipo de su contribución a la "revolución" que
se avecinaba, los Estados Unidos enviaron a su cañonera Nashville a sondear el
terreno de sus nuevos dominios, que permaneció fondeada en Colón sin mayor
explicación entre el 8 y el 17 de octubre de 1903. Su capitán solamente atinó a
decir que permanecería allí hasta nueva orden. Acertadamente, el cónsul de Francia
en Colón manifestó que el Nashville había ido a ultimar los detalles para la "revolución del 3 de noviembre" (Hebry, 1903: 23-24).
Durante este mismo período los "proceres" lograron el apoyo del general
Huertas, comandante de la guarnición y del general Varón, comandante del crucero 21 de Noviembre. El movimiento se programó para el día en que se avistara
en las costas panameñas El Boston, un barco de guerra de los Estados Unidos,
que efectivamente llegó el 3 de noviembre, y desde ese momento se puso en marcha el plan fraguado por el gobierno de Teodoro Roosevelt. El día anterior, el
lunes 2, ya había regresado a Colón en las horas de la tarde el cañonero Nashville,
el mismo que había estado espiando unas semanas antes.
El día 3, a primera hora llegó a Colón el barco colombiano Cartagena con
el batallón Tiradores, comandado por los generales Tovar y Amaya, lo que parecía ser un obstáculo a la revolución. Tovar cometió el error de embarcarse con su
estado mayor en Colón en el tren de las 8 de la mañana, dejando en esa ciudad al
grueso de las tropas para que viajaran en el tren de la tarde. Los altos administradores de la Compañía del Ferrocarril, al enterarse de la presencia de tropas colombianas, que podrían echar a perder los planes de separación de los cuales
estaban avisados, hicieron todo tipo de maniobras dilatorias para impedir que la
tropa se embarcara hacia la capital del departamento. Al finalizar la tarde, conociendo ya el éxito del movimiento independentista en la ciudad de Panamá, la
Compañía del Ferrocarril recibió la orden del gobierno de los Estados Unidos de
:
Sobre el caso de Alemania, véase Herwig y León Helguera (1977: 77-117).
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ANTECEDENTES Y CONSECUENCIAS DEL ATRACO YANQUI FN PANAMÁ. !
UNA RECONSTRUCCIÓN A PARTIR DT TOS ARCHIVOS DIPLOMÁTICOS DT FRANCIA i
impedir la movilización de las tropas colombianas por vía férrea. El coronel Torres, que se encontraba al frente de las tropas colombianas, exigió a la compañía
del ferrocarril un tren para dirigirse a Panamá, o de lo contrario consideraría a
Estados Unidos, al impedir que cumpliera con sus funciones, como enemigo del
país. Inmediatamente, el comandante del Nashville desembarcó a los marines de
los que disponía y repartió armas a los funcionarios de la Compañía del Ferrocarril. Mientras tanto, en la capital, en las horas de la tarde Tovar fue hecho prisionero por el general Huertas y escuchó por primera vez los gritos "Viva el Istmo",
"Viva Panamá independiente".
El 3 de noviembre el Concejo Municipal de Panamá en una sesión extraordinaria aprobó una proposición en la que se afirmaba que en "vista del movimiento espontáneo de los pueblos del Istmo [...] declarando su independencia
de la metrópoli colombiana y deseando establecer un gobierno propio, independiente y libre, acepta y sostiene dicho movimiento" 3 . A las 8 de la noche, la multitud reunida en la Plaza de la Catedral aprobó la independencia y el Concejo
Municipal convocó a todas las instancias administrativas y militares para el día
siguiente con el fin de proclamar oficialmente la nueva república. De manera
inmediata se les dio uniforme y munición a unos 500 hombres y fueron detenidas todas las personas consideradas como hostiles al movimiento, incluyendo al
gobernador José Obaldía, quien no se oponía a la independencia, pero daba la
impresión de no estar al tanto de la conspiración que se había fraguado. El cañonero Bogotá, del gobierno colombiano, que se encontraba en el puerto, disparó
tres obuses que no causaron mayores daños; solamente, el último de ellos alcanzó
el barrio chino, donde mató a un chino que dormía plácidamente en su cama.
Esta fue la única pérdida humana, junto con la de un burro, en la "épica" jornada
independentista de Panamá. ¡Un chino y un burro, pues, son los mártires del
"mito fundador de la nación panameña"!
El 4 de noviembre a las tres de la tarde se congregó la multitud en la Plaza de
la Catedral donde fue proclamada la independencia y se constituyó un Gobierno
Provisional compuesto por Agustín Arango, conservador histórico; Federico Boyd,
liberd, y Tomás Arias, conservador nacionalista, todos participantes activos desde
hacía varias semanas en la conspiración que se había fraguado en Washington, y
por lo tanto fervientes partidarios de la "americanización" del Istmo. Los colombianos residentes en Panamá deberían firmar el acta de independencia o de lo contrario serían expulsados del suelo panameño. "Para mí, sin ninguna duda -dice el
cónsul de Francia en Panamá-, el plan del movimiento ha sido elaborado en los
Estados Unidos y los jefes que se encuentran en las manos del gobierno de Washington no son más que instrumentos, la mayor parte inconscientes, pero algunos
' Noticia de prensa, sin datos, Colombie, Politique Interiure, Nouvelle Serie,
Independance de Panamá, (Vol. 5, noviembre de 1903-enero de 1904: 52).
261
RENÁN VEGA
conscientes y partidarios de la anexión en breve plazo de la República de Panamá a
la América del Norte" (Nouvelle Serie, 1903, Vol. 5:43-51 y 16-39). Esas dudas, para
los que todavía las tienen4, quedan disipadas d saber que Philippe Bunau Varilla,
impaciente d saber por cable que tropas colombianas estaban por llegar d Istmo,
habló con el subsecretario de Estado Loomis, quien envió un increíble cablegrama
d cónsul de Estados Unidos en Panamá, Mr. Ehrman, el 3 de noviembre a las tres
de la tarde, en el que decía: "Recibida noticia de una sublevación en el Istmo, mantenga d Departamento pronta y completamente informado". A lo cual Ehrman
respondió: "Levantamiento aún no ha ocurrido, dicen que será en la noche"5, como
efectivamente sucedió, pues, como hemos visto, la "independencia" se proclamó a
las ocho de la noche de ese nefasto día.
El 6 de noviembre de 1903, a las 6:45 p.m., la Junta de Gobierno nombró a
Philippe Bunau-Varilla como Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario ante el gobierno de los Estados Unidos, dirigiéndole un telegrama al Hotel
Waldorf Asteria "con plenos poderes para ajustar negociaciones de carácter político y fiscal" (Bunau Varilla, 1913). Este telegrama había sido redactado por el
mismo aventurero francés en Nueva York semanas antes del movimiento separatista. La recepción del telegrama constituía el punto final de la "revolución": "El 6
de noviembre a las 6:45 p.m. terminó la revolución [... ] de conformidad con el
programa preciso que ya le había dado a Amador y el que se había llevado del
cuarto 1162 del Waldorf-Asteria a las 9:30 de la mañana del 20 de octubre, 17
días y algunos horas habían sido necesarias" {Ibid., 1913). Según las propias palabras de Bunau-Varilla, esa habitación del hotel neoyorquino "merece ser considerada como la cuna de la República de Panamá". ¡Bonito el escenario, por lo
auténticamente panameño, donde se configuró la nueva República!
El 6 de noviembre de 1903 se informaba desde Washington que, sin formular todavía ninguna demanda expresa de reconocimiento, "el nuevo gobierno
ha ratificado su existencia afirmando que estaba en capacidad de asumir todas las
cargas y responsabilidades que incumben a una potencia -sic, del embajador francés- independiente". El gobierno federal veía con mucho placer "la formación de
un estado de pequeña dimensión y sin ninguna potencia con el cual ha previsto
arreglar a su agrado y en su beneficio todo lo que concierne al canal. El uso del
ferrocarril ha sido prohibido por el comandante de las fuerzas americanas en las
aguas de Panamá a las tropas revolucionarias y a las del gobierno colombiano.
4
Todavía hay quienes sostienen, con respecto al papel de Estados Unidos en los
sucesos de Panamá en noviembre de 1903, que "no está claro hasta qué punto los
Estados Unidos estaban involucrados en esta intriga". ¡Qué candidez!, por decir lo
menos (Farnworth y McKenney, 1986: 31).
5
Citado en Gregorio Selser, "Roosevelt inventa un país: Panamá", Diplomacia, garrote y dólares en América Latina (1962: 3322).
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ANTECEDENTES Y CONSECUENCIAS DEL ATRACO YANQUI EN PANAMÁ.
UNA RECONSTRUCCIÓN A PARTIR DE LOS ARCHIVOS DIPLOMÁTICOS DE FRANCIA
Esta prohibición ha sido formulada por orden del gobierno federal" (Nouvelle
Serie, 1903, Vol. 5: 7).
Ese mismo día, de una manera absolutamente descarada, el gobierno de
Estados Unidos envió a las autoridades de Bogotá un mensaje que forma parte de
la historia universal del cinismo y de la infamia, en el que decía:
Habiendo el pueblo de Panamá, mediante un movimiento aparentemente unánime, roto sus vínculos políticos con la República de Colombia y reasumido su independencia, y habiendo adoptado el gobierno propio bajo forma republicana,
con el cual ha entrado en relaciones el gobierno de los Estados Unidos, el Presidente, de acuerdo con los lazos de amistad y que por tan largo tiempo y tan felizmente han existido entre las respectivas naciones, encarece de la manera más viva
a los gobiernos de Colombia y de Panamá el arreglo pacífico y equitativo de todas
las cuestiones pendientes entre ellos. El gobierno de los Estados Unidos sostiene
que está obligado no sólo por las estipulaciones de los tratados sino también por
el interés de la civilización a velar porque el tráfico pacífico del mundo a través del
istmo de Panamá no se vuelva a perturbar, como lo ha sido hasta hoy, por una
sucesión constante de guerras civiles (Bunau-Varilla, 1913).
El 7 de noviembre, desde Washington se señalaba que, en vista de que las
tropas colombianas, ante la presión ejercida por fuerzas militares de los Estados
Unidos, se habían retirado de Colón, el gobierno federal de este último país había
decidido reconocer la República de Panamá. Sólo había que esperar que ese hecho fuera cumplido formalmente y ya se habían dado directrices a todos los cónsules de Estados Unidos para que realizaran los trámites concernientes a las relaciones con la nueva República (Nouvelle Serie, 1903, Vol. 5: 8).
Ese mismo día, Bunau-Varilla publicó el texto de las credenciales otorgadas por el gobierno de Panamá, con las que adelantaría todas las gestiones económicas y financieras atinentes al Tratado del Canal {Ibid., 1903, Vol. 5:42), e inmediatamente se reunió con Hay, al que manifestó:
Yo me congratulo, señor, de que mi primera obligación oficial sea requerir respetuosamente de usted que lleve a su excelencia el Presidente de Estados Unidos, en
nombre del pueblo de Panamá, la expresión de su agradecimiento hacia su gobierno, con quien se siente muy obligado.
Al extender espontáneamente su mano generosa hacia su última recién nacida, la
madre de las naciones americanas prosigue en su noble misión como la liberadora
y educadora de pueblos.
Al extender sus alas protectoras sobre el territorio de nuestra República, el águila
americana la ha santificado. Y la ha rescatado de la barbarie de las guerras civiles,
innecesarias y ruinosas, para consagrarla d destino que le asignó la providencia: al
servicio de la humanidad y al progreso de la civilización (Bunau-Varilla, 1913).
263!
R I Ñ A N VEGA
El 7 de noviembre, Hay, secretario de Estado de los Estados Unidos, publicó en la prensa de su país una nota justificando los eventos de Panamá. Allí afirmaba que la actitud de su país "está no solamente en perfecta conformidad con
los principios de la justicia y de la igualdad [una vil mentira] y con los mejores
precedentes de la política internacional de los Estados Unidos [lo que era totalmente cierto] sino que es, además, la única línea de conducta que puede ser adoptada en razón de los derechos y deberes que se desprenden del tratado de 1846".
Agregaba que los Estados Unidos impedirían por todos los medios la llegada de
tropas colombianas al Istmo. Elogia abiertamente a los "revolucionarios" de Panamá señalando que ellos "se pusieron en acción con un talento de organización
efectivo y secreto, del cual no se podría encontrar analogía entre los pueblos de
sangre septentrional (sic); ellos prepararon con anticipación toda la maquinaria
de la revolución y bruscamente, en un solo día, sin disparar un tiro de fusil, lograron su independencia". Al mismo tiempo, Hay dirigió dos telegramas: uno al
Consulado General Americano en Panamá y el otro al ministro de Estados Unidos en Colombia. En el primero ordenaba a su cónsul establecer relaciones con el
nuevo gobierno. El telegrama dirigido a su representante en Bogotá, es el texto de
un cinismo sin parangón arriba citado.
El 7 de noviembre se informa desde Colón que el movimiento separatista
ha sido exitoso y que no se ha derramado ni una sola gota de sangre, porque tuvo
la "buena fortuna de encontrar entre los americanos del norte una cooperación
que algunos califican de intervención efectiva y otros del comienzo de una intervención abierta mal disfrazada":
Las instrucciones precisas dadas al cónsul americano de Colón, Mr. Malmros y al
comandante del Washville, M. Tlubbara, eran "impedir por todos los medios la
efusión de sangre en el istmo"; el estudio de los hechos obliga a completar la fórmula que precede como sigue: "impedir la efusión de sangre de istmeños por los
colombianos en detrimento si es necesario de estos últimos por si ellos quisieran
atacar al otro"; los colombianos solos podrían combatir a los rebeldes para someterlos; de donde se desprende que los Estados Unidos pura y simplemente han
prohibido a Colombia toda tentativa de reprimir la insurrección y seguidamente
han contribuido de la manera más eficaz a la realización del nuevo estado de cosas
(Nouvelle Serie, 1903, Vol. 5: 12).
El 10 de noviembre partió hacia Estados Unidos una comisión compuesta
por Federico Boyd, Manuel Amador Guerrero y Pablo Arosemena en el vapor
Ciudad de Washington para establecer el modas vivendi de la nueva república. Su
presencia en Estados Unidos fue prácticamente inútil en vista de que Philippe
Bunau Varilla y John Hay adelantaban por su cuenta todo lo concerniente a la
elaboración del tratado canalera. Los comisionados se convirtieron en marionetas fáciles de manejar en territorio de Estados Unidos, donde el imperialismo
rápidamente se encargó de mostrarles que Panamá había nacido como un pro264
ANTECEDENTES Y CONSECUENCIAS DET ATRACO YANQUI FN PANAMÁ.
UNA RECONSTRUCCIÓN A PARTIR DE LOS ARCHIVOS DIPLOMÁTICOS DE FRANCIA
tectorado semicolonial sujeto a sus intereses y que los "proceres" ni siquiera iban
a tener el plato de lentejas -los 100 mil dólares- prometidos por Bunau-Varilla.
Ese mismo día llegaron a las aguas panameñas El Manblehead y El Concord,
dos buques de guerra de la marina de los Estados Unidos. Inmediatamente El
Concord partió hacia Barranquilla para mostrar al gobierno colombiano que los
Estados Unidos se "opondrían a todo envío de tropas que fueran enviadas por
mar a atacar a Panamá". Se enviaron los prisioneros políticos colombianos fuera
de Panamá y los generales Castro y Tovar eran mantenidos como rehenes hasta
que los habitantes de Panamá que vivieran en Bogotá regresaran a su ciudad natal {Ibid., 1903, Vol. 5: 79).
El 12 de noviembre, Teodoro Roosevelt en un almuerzo privado le manifestó al embajador de Francia en Washington su disposición para recibir al "francés que representaba a la República de Panamá" y se mostró muy complacido
con el curso de los acontecimientos. Enfatizó en que, de haber sido indispensable, habría empleado "todos los medios de coerción necesarios, induso la guerra,
[...] para obtener de Colombia la ejecución del tratado tal y como había sido
firmado y la realización del canal por los Estados Unidos" (Ibid., 1903, Vol. 5: 12).
El 13 de noviembre en Colón se congregaron varios buques de guerra de
los Estados Unidos con el fin de impedir la llegada de tropas colombianas. Incluso, los policías del nuevo gobierno fueron desarmados y se les obligó a entrar a
Colón, desde donde luego partieron sin armas. Sin ninguna formalidad y sin permiso previo, los comandantes yanquis de la marina que se encontraban en Panamá requisaban todos los barcos que circundaban el lugar {Ibid., 1903, Vol. 5: 83).
¡Una típica acción de piratería internacional a la que los Estados Unidos se acostumbraron desde entonces y que un siglo después no han olvidado!
El 16 de noviembre, menos de dos semanas después de la secesión, Estados
Unidos reconoció la República de Panamá y en seguida lo hicieron las diversas
potencias de la época. ¡Qué rapidez diplomática tan extraordinaria, digna de resaltar si recordamos que Estados Unidos se demoró casi 60 años para reconocer
al Haití independiente, pues sólo lo hizo en 1862! Al otro día, a las 8 de la mañana, en ciudad de Panamá fue saludado el pabellón de la nueva República -el cual,
entre paréntesis, había sido confeccionado en Estados Unidos por la esposa de
Bunau-Varilla quien, para el efecto, tomó como "modelo" al de los Estados Unidos, "sólo que el color blanco fue sustituido por el amarillo y en lugar de las
estrellas distribuidas sobre el plano azul había dos soles amarillos unidos por una
banda del mismo color que representaba a los dos continentes" (Bunau-Varilla,
1913)- por 4 navios de guerra de los Estados Unidos en Panamá y por 5 en Colón
(Nouvelle Serie, 1903, Vol. 5: 91). El 17 de noviembre Bunau-Varilla le manifestó
al embajador de Francia que esa misma tarde sería firmado el tratado con los
Estados Unidos. En líneas generales, el texto del tratado era el mismo HerránHay pero con ventajas adicionales para los Estados Unidos: el territorio del canal
será cedido a perpetuidad y la República de Panamá no podrá ejercer ningún
265
RENÁN VEGA
acto de soberanía. Tras las garantías dadas a Francia en esa conversación, este país
decidió reconocer a la nueva república {Ibid., 1903, Vol. 5: 92).
Bunau-Varilla redactó dos versiones del tratado, apoyándose en el HerránHay, con el objetivo de convencer rápidamente al Senado de los Estados Unidos.
Para él, se deberían defender el principio de la neutralidad de la vía interoceánica;
tratamiento igual para todas las banderas; indemnización igual para Panamá y
Colombia; y la protecdón de Panamá por las tropas de los Estados Unidos. BunauVarilla, sin embargo, pensó que con todo esto Panamá ya ganaba demasiado. Por
eso, según sus propias palabras:
En vía de compensación, decidí extender completamente la soberanía que se le
atribuía a los Estados Unidos en la zona del canal por el tratado Herrán-Hay [... ]
Así, pues, para evitar en el Senado cualquier posible debate, decidí dar una concesión de soberanía en bloque. La fórmula que me pareció mejor fue otorgar a los
Estados Unidos en la zona del canal todos los derechos, poderes y autoridad los
cuales ejercerán y poseerán los Estados Unidos como si fueran los soberanos del
territorio; en la entera exclusión del ejercicio por la República de Panamá de dichos derechos soberanos, poderes y autoridad (Bunau-Varilla, 1913).
En la noche del 17 de noviembre, Bunau-Varilla se reunió con Hay y le
demandó cuál versión del tratado le gustaba más, a lo cual este último respondió:
"El que me parece mejor adaptado es el que vuestra excelencia ha preparado. En
su texto no hemos encontrado que sea necesaria la menor modificación a no ser
por una insignificante cuestión de terminología en un solo punto: en el artículo
II, en lugar de las palabras concede a perpetuidad, hemos preferido que diga concede a los Estados Unidos a perpetuidad el uso, ocupadón y control" {Ibid., 1913).
Bunau-Varilla en principio había pensado que Hay lo rechazaría, y por eso no
llevaba consigo su sello personal. Pero Hay aceptó y para rubricar el tratado le
ofreció la sortija que llevaba puesta y el escudo de armas de la familia. Sin titubear, Bunau-Varilla firmó, pues con eso sentía que recuperaba una parte importante de sus inversiones en la Compañía Francesa del Canal. Para nada le importaba ser el representante de la nueva república y estar hipotecándola indefinidamente, noroue al fin y al cabo a sus dirigentes los consideraba como unos simples
títeres de los Estados Unidos, y como tales los manejó durante las pocas semanas
que necesitó para rubricar y luego hacer aprobar el leonino tratado por el gobierno cipayo de Panamá.
Una simple mirada a los aspectos centrales dei nuevo tratado demostraba
que este era todavía más vergonzoso que el Herrán-Hay, el mismo que había rechazado el Senado de Colombia. Las principales diferencias se presentan de manera esquemática en la Tabla 2.
El 2 de diciembre de 1903 fue aprobado en Panamá el tratado Hay-BunauVarilla, violando las más elementales normas del derecho internacional y del sentido común: estaba escrito en inglés, sin que existiera ninguna versión en español
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ANTECEDENTES Y CONSECUENCIAS DEL ATRACO YANQUI EN PANAMÁ.
UNA RECONSTRUCCIÓN A PARTIR DE LOS ARCHIVOS DIPLOMÁTICOS DE FRANCIA
-hasta donde se sabe, la lengua de los panameños, ¡a no ser que, por la "ayuda
desinteresada" de los Estados Unidos, hubieran aprendido por generación espontánea el ingles!-; cuando se les mostró a los delegados del gobierno provisional
de Panamá que habían ido a Washington supuestamente a mejorar el tratado,
Manuel Amador Guerrero y Alfredo Boyd, éstos ni siquiera lo pudieron leer y sin
embargo le sugirieron a su gobierno que lo aprobara; fue enviado en una forma
acelerada a Panamá a través de la valija diplomática de los Estados Unidos y en
forma perentoria, con la amenaza que los Estados Unidos le quitarían su protección militar si era el caso, para que la nueva república fuera atacado por Colombia, se les obligó a firmarlo, sin que los miembros del gobierno si quiera se tomaran la molestia de leerlo (Castillero Pimentel, 1999: 17-54). Este "tratado", una
verdadera aberración jurídica, fue calificado por Jorge E. Boyd, hijo de uno de los
"proceres" de la independencia, como un "tratado humillante y desventajoso, venta
infame, terrible pacto, sacrificio y concesión adicional a los estipulados con Colombia, la sentencia de muerte de esta infeliz nación" (Castillero Reyes, 1930:
317)6.
Junto con el texto del tratado, y antes de que se comenzara a aplicar, cien
marines bien armados desembarcaron en Panamá. "Los istmeños no dejan de
sorprenderse por esta toma desde antes de entrar en vigor el tratado que hasta
ahora sólo conocen algunos iniciados y del cual solamente se han publicado dgunos fragmentos hábilmente escogidos" (Nouvelle Serie, 1903, Vol. 5: 175-176).
El 20 desembarcaron otros 500 marines en Colón que se esparcieron por diferentes puntos de la república (Nouvelle Serie, 1903, Vol. 5:185-189). ¡Era el comienzo de una "cortísima" ocupación de un siglo!
Por supuesto, para que la acción de los Estados Unidos se llevara a buen
término debía contar con la complicidad de importantes sectores de las élites
panameñas, como ha sido demostrado históricamente a través de múltiples documentos e investigaciones. Para estas élites era claro que, separados de Bogotá,
podrían vender el Istmo por un plato de lentejas y convertirse en un protectorado yanqui. Este término salió a relucir años después, en 1927, cuando se desencadenó un escándalo en Panamá a raíz de un artículo de Philippe Bunau-Varilla
publicado en Le Fígaro de París, donde manifestaba que el tratado firmado en
1903 apuntaba a establecer un protectorado. Esta afirmación levantó una polvareda seudonacionalista, que para nada se había manifestado entre la oligarquía
de arrabal panameña y sus voceros cuando en 1903 se arrodillaron ante los Estados Unidos, que condujo a la Asamblea Nacional de Panamá a aprobar una moción por la cud se entregaba "el nombre de este sujeto al escarnio de los panameños
6
Jorge E. Boyd, "Refutación al libro de Bunau-Varilla 'Panamá: la creación, la destrucción, la resurrección" (Panamá, 27 de noviembre de 1913)", publicado en E.
Castillero Reyes (1930: 317).
267 j
; RENÁN VEGA
Tabla 2
Esquema comparativo de los tratados
Fuente: Nouvelle Sene, 1902, Vol. 12: 21-22 y 57-58; Ernesto Castillero, 1999: 44-45
Tratado Herran-Hay
Tratado Hay-Bunau-Varilla
Concesión por períodos renovables de 100 años.
Concesión a perpetuidad.
Zona de 10 kilómetros de ancho.
Zona de 10 millas de ancho.
Se ceden, sin estar incluidas en la zona, el uso y Se ceden, como parte de la zona, a perpetuidad,
ocupación de las estratégicas islas de Naos, el uso, ocupación y control de las islas Naos,
Perico, Flamenco y Culebra.
Penco, Flamenco y Culebra.
Expropiación de tierras y propiedades para el
canal, sin limitación en lo que respecta al avalúo Expropiación de tierras y propiedades para el
de los valores, de acuerdo con las reglas gene- canal, avaluadas con base en los valores de 1903.
rales de la ley colombiana para su aplicación.
Jurisdicción sanitaria y de policía en la zona por Jurisdicción sanitaria ejercida exclusivamente
parte de una comisión mixta de ambas naciones. por los Estados Unidos.
Jurisdicción judicial en la zona del canal por Jurisdicción policiva y judicial ejercida
tribunales mixtos colombo-estadounidenses.
exclusivamente por los Estados Unidos.
Acueducto gratuito ai cabo de 50 años, sin otra Acueducto cedido al cabo de 50 años mediante
condición que el pago de una renta de agua pago en ese período de su costo, más un 2% de
razonable durante ese período.
interés.
Concesión de agua fuera de la zona, pero dentro Concesión ilimitada de tierras y aguas auxiliares
del límite de 15 millas del canal.
dentro de la jurisdicción de la república.
Los derechos y privilegios concedidos no Los derechos y privilegios concedidos limitan la
afectarán la soberanía nacional de Colombia.
soberanía de Panamá.
y a la execración de la posteridad". Bunau-Varilla, en un artículo enviado a un
periódico panameño, respondió señalando que un protectorado, según el diccionario Larousse, se "originaba en la necesidad en la que se encontraban los débiles
de obtener un apoyo contra los fuertes".
Es exactamente esa la situación -agrega- en la cual se encuentra Panamá después
de la Revolución del 3 de noviembre de 1903. La población del istmo de Panamá
donde había sido declarada la independencia era de 75.000 habitantes (sic). Ella
era amenazada por un país, Colombia, cuya población era de cerca de 5 millones
de habitantes, es decir 67 veces superior a la suya. La república que nació el 3 de
noviembre de 1903 no había incluso vivido una semana sin esta protección de
Estados Unidos, sin ese "protectorado" que yo he obtenido para ella y que ahora es
considerado como una desgracia y una humillación. [... ] Sin mis esfuerzos y sin
mis penas (sic) la revolución del 3 de noviembre de 1903 no habría estallado y
268
ANTECEDENTES Y CONSECUENCIAS DEL ATRACO YANQUI LN PANAMÁ.
UNA RECONSTRUCCIÓN A PARTIR DE TOS ARCHIVOS DIPLOMÁTICOS DE FRANCIA ¡
Panamá, pobre y en ruinas, estaría todavía bajo el yugo colombiano. Su lugar brillante en el mundo Panamá nos lo debe (Langlais, 1927: 68-69).
Bunau-Varilla era cínico y engrandecía su labor, puesto que en realidad
había sido un instrumento eficaz del gobierno de Roosevelt, pero no mentía en
cuanto a la actitud de los "proceres panameños", pues en la discusión salió a relucir una carta, que se encontraba en los Archivos Nacionales de Panamá, escrita
por Manuel Amador Guerrero y dirigida a William Cromwdl con el seudónimo
de "Smith" en la que uno de los "padres fundadores" de la república de Panamá
preguntaba: "¿Cuáles serían las condiciones necesarias para que el gobierno de
Estados Unidos reconociese la independencia de Panamá como un protectorado?". A lo cual, el abogado estadounidense William Cromwdl le respondió: "El
gobierno reconoce la independencia cuando se haya establecido un gobierno de
facto".
El espíritu entreguista y servil de Manuel Amador Guerrero, primer presidente de Panamá, quedo evidenciado cuando al recibir a Mr. Magon, jefe de la
Zona del Canal, manifestó su felicidad por la perfecta armonía que se había establecido entre el mejor producto de la raza española - P a n a m á - y el mejor producto de la raza anglosajona -Estados Unidos- (Nouvelle Serie, 1901, Vol. 11:
76). Más o menos eso mismo había insinuado Roosevelt en 1905, al señalar que el
único camino que le quedaba a los pueblos más retrógrados era aceptar la tutela
de los Estados Unidos, si es que querían impedir que la "civilizada América" los
destruyera a sangre y fuego:
Debemos tener en cuenta, en particular, que emprendiendo la construcción del
Canal de Panamá, necesariamente hemos asumido la tarea de vigilar a las dos
orillas del mar; lo que significa que tenemos un interés especial en mantener el
orden en las costas y en las islas del mar caribe. Creo firmemente que con un poco
de asistencia sabia y generosa, podemos hacer progresar los pueblos más retrógrados de esas islas y costas hacia la ruta del orden y la libertad [...]. Si nos negamos
a dar esta asistencia, el resultado será malo para ellos y para nosotros y, alfinal,nos
obligará a sufrir una humillación o a derramar sangre {Ibid., 1901, Vol 11: 78).
A ojos de Roosevelt, entonces, las élites panameñas al aceptar lapax americana se habrían portado de manera muy civilizada, como lo menos malo de la
"raza española", a la que tanto despreciaba. Porque, como se lo manifestó en enero de 1904 al embajador de Francia, en tanto las repúblicas sudamericanas "se
desarrollen pacíficamente y cumplan con sus compromisos no tienen nada que
temer" (Ibid., 1901, Vol. 15: 140).
Años después, cuando tanto en Colombia como en los Estados Unidos se
discutían los términos del Tratado Urrutia-Thompson, el propio Roosevelt indignado por la discusión de la cláusula del sincero pesar con la que se pretendía
iniciar el texto de dicho tratado, reconoció que Panamá era su creación. Por el
269 \
I RENÁN VEGA
cinismo de estas afirmaciones y por su importancia sobre los eventos de 1903, es
bueno citarlas in extenso:
Hablar de Colombia como un poder responsable con el cual debía tratarse como
estuvimos obligados a hacerlo con Holanda, Bélgica, o Dinamarca, es sencillamente absurdo. La analogía hay que establecerla con un grupo de bandidos
sicilianos o calabreses; con Vüla y Carranza en estos momentos [... ] Yo hice todo
lo que pude para inducirlos a proceder rectamente. No habiéndolo logrado, determiné, sin tomarlos en cuenta, lo que era pertinente hacer, con arreglo al deber que
pesaba sobre mí. El pueblo de Panamá estaba unido en el deseo de tener el canal y
de expulsar al gobierno de Colombia. Si no se hubiera sublevado, yo me proponía
recomendar al Congreso la toma de posesión del istmo por la fuerza de las armas.
Había escrito ya el mensaje de un borrador a ese efecto. Cuando los panameños se
sublevaron, hice uso inmediato de la Marina para impedir que los bandidos que
habían tratado de detenernos, emplearan meses de fútil derramamiento de sangre
en la conquista del istmo o en el intento de realizarla, en perjuicio, en último
término, del Istmo, de nosotros y del mundo. No consulte a Hay, ni a Root ni a
nadie, sobre lo que yo hacía, porque un Consejo de guerra no pelea, e intenté
resolver el asunto de una vez por todas (Ibid., 1914, Vol. 17: 88)7.
Como colofón a la humillación sufrida por Colombia en noviembre de
1903, el 20 de septiembre de 1904 llegaron a Cartagena barcos de guerra de los
Estados Unidos, que permanecieron hasta comienzos de octubre, para pedir reparaciones por los insultos hechos durante la fiesta del 4 de julio d escudo del
consulado de Estados Unidos en esa ciudad {Ibid., 1896, Vol. 8: 26-27).
PANAMÁ DESPUÉS DE 1903: UNA SEMICOLONIA DE LOS ESTADOS UNIDOS
El análisis de la situación de Panamá no puede limitarse a los antecedentes y
acontecimientos de noviembre de 1903, sino que debe considerar las consecuencias inmediatas del zarpazo imperialista. Cierta información de los Archivos Diplomáticos permite describir algunos aspectos de la injerencia posterior de los
Estados Unidos.
La Asamblea Constituyente que se instaló en Panamá para dotar al nuevo
país de una Constitución adoptó en enero de 1904 una enmienda presentada por
Manuel Amador Guerrero, por entonces miembro de la Junta Provisional de
Gobierno y que luego sería el primer presidente de la nueva república. Dicha
enmienda, calcada de la tristemente célebre Enmienda Platt impuesta a la naciente República de Cuba sólo dos años antes, decía textualmente; "El gobierno
Washington Post, mayo 8 de 1914. Una copia del artículo donde Roosevelt da estas
opiniones aparece en Nouvelle Serie (1914, Vol. 17: 88).
270
ANTECEDENTES Y CONSECUENCIAS DEL ATRACO YANQUI EN PANAMÁ.
UNA RECONSTRUCCIÓN A PARTIR DE LOS ARCHIVOS DIPLOMÁTICOS DE FRANCIA
de los Estados Unidos de Norteamérica tiene el derecho de intervenir en cualquier asunto de la república cuando se trate de restablecer la paz pública y el
orden constitucional perturbados. Esta facultad la tienen los Estados Unidos en
virtud del tratado, por el cual han asumido la obligación de proteger la independencia y la soberanía de esta república" (Selser, 1962: 350). Este "patriótico" texto
se convirtió en el artículo 136 de la Constitución de Panamá y, durante el siglo
XX, en repetidas ocasiones fue invocado tanto por los Estados Unidos como por
los incondicionales subditos semicoloniales del gobierno panameño para acallar
distintas voces de protesta de la población del Istmo. ¡Con esta enmienda las élites
panameñas daban una muestra fehaciente de su naciondismo y de la defensa de
la soberanía de la república recién engendrada!
Era apenas obvio que contando con el Tratado Hay-Bunau-Varilla y esta
enmienda constitucional -dos aberraciones jurídicas de talla mundial- los Estados Unidos no iban a desaprovechar las ocasiones que se le presentaran en el
futuro inmediato para intervenir una y otra vez en Panamá, o, para ser más concretos, en el territorio que formalmente era presentado como independiente,
puesto que la zona del canal se convirtió en un enclave imperialista.
Tras su separación de Colombia y su hipoteca con su peligroso amo del
norte, para Panamá aumentaron los problemas de dependencia, como se puso de
presente ya en 1904, cuando a raíz de contradicciones en el seno del ejército y
amenazas de golpe de Estado, los Estados Unidos aprovecharon para abolirlo y
reemplazarlo por un cuerpo de policía (Farnworth y Mckenney, 1986: 82).
La zona del canal se convirtió en un enclave de los Estados Unidos, sujeto
a sus propias leyes y a su jurisdicción y vedado por completo a los panameños.
Uno de los primeros pasos consistió en la expropiación de tierras tanto privadas
como públicas. Las primeras eran pagadas muy por debajo de su valor y las segundas ni se pagaban, puesto que, amparándose en uno de los artículos del Tratado Hay-Bunau Varilla, el gobierno de Estados Unidos tenía la potestad de tomar todas las tierras que considerara necesarias sin ningún tipo de indemnización. Al respecto, el gobernador de la Zona del Canal sostenía en 1915 que "nada
podrá restringir el derecho de los Estados Unidos de apoderarse de cudquier
tierra necesaria para el canal". La usurpación de terrenos en la isla de Tabogá se
convirtió en uno de los casos más notables de "expropiaciones legales". Esa isla de
570 hectáreas, habitada por 3.000 personas, de tierras fértiles, era una especie de
balneario de la población local. El 14 de noviembre de 1918, el coronel Harding,
gobernador de la Zona del Canal, dio a conocer al Presidente de la República su
reivindicación de tomar 470 hectáreas para la defensa del canal, al mismo tiempo
que un funcionario catastral de los Estados Unidos encuestaba a los habitantes
con el fin de preparar la inmediata ocupación de las tierras. Las protestas del
gobierno panameño recibieron esta olímpica respuesta del coronel Harding: "Si
el gobierno de Panamá se ha resignado, de acuerdo con el tratado de 1903, a
aceptar la destrucción de numerosas importantes poblaciones, tales como
271
RENÁN VEGA
Gorgona, Gatun, Limón, etc., lo ha hecho considerando que la entrega de esos
sitios era una ofrenda generosa, consentida para la causa del progreso del mundo" (Simonin, 1918, Vol. 87: 11).
A partir de 1908, Estados Unidos decidió importar toda la carne que se
consumía en la Zona del Canal, lo que golpeó directamente a la economía panameña, pues la ganadería era de las pocas actividades que hasta ese momento se
desarrollaban en Panamá, porque absolutamente todos los géneros industriales y
comerciales venían de Estados Unidos o de otros países (Nouvelle Serie, 1901,
Vol. 11: 148-149). El 8 de febrero de ese mismo año el secretario de Guerra de los
Estados Unidos ordenó que todos los trabajadores extranjeros empleados en labores de oficina fueran reemplazados por trabajadores de Estados Unidos. Se
determinó que ningún extranjero podría ocupar cargos con un salario superior a
1.500 dólares anuales, se disminuyeron los salarios entre 25 y 40% y se estipuló
que los comisariatos eran para uso exclusivo de los ciudadanos estadounidenses.
Así, se acentuaba la barrera entre Panamá y la Zona del Canal {Ibid., 1901, Vol. 11:
153-154). Pero dentro de la misma zona no podía dejar de faltar la discriminación racial entre los mismos estadounidenses, lo que se expresaba gráficamente
en la existencia de dos tipos de vagones para pasajeros: de primera clase para los
blancos y de segunda clase para los negros {Ibid., 1906, Vol 12: 104). En 1912 se
diseñó una política encaminada a erradicar a todos los panameños y colombianos que trabajaran en la Zona del Canal, y se dispuso mantener alejados a los
miles de funcionarios estadounidenses de Panamá. El racismo hacia los que eran
de más baja estatura, mal educados y con una "gran proporción de sangre negra"
era evidente (Farnworth y McKenney, 1986: 76).
En el comportamiento de las autoridades de Estados Unidos no faltaban
tampoco las actitudes moralistas con respecto a sus "subditos" neocoloniales. Por
ejemplo, en 1919, por orden del alto mando de la zona, se prohibió que los soldados estadounidenses fueran a las ciudades de Panamá o de Colón, lo que ocasionaba problemas al comercio local, cuyos ingresos provenían de las compras que
hicieran los estadounidenses. El puritanismo de los comandantes militares prohibía a los soldados consumir alcohol y tener contactos con los habitantes panameños. Ante el estricto control moral, los soldados estadounidenses se sublevaron en diciembre de 1918 en Colón, cuando unos 400 de ellos incumplieron las
órdenes marciales y, doblegando a los centinelas, entraron en la ciudad. Luego de
embriagarse se presentaron riñas y disturbios. A raíz de esto, un general de los
Estados Unidos calificó a Panamá y a Colón como "la Sodoma y la Gomorra de la
América Central" (Simonin, 1918, Vol 87: 16).
La dependencia semicolonial de Panamá era más evidente en los momentos de intervención armada de las tropas de Estados Unidos, que fueron muy
frecuentes véase Tabla 3 - en las primeras décadas del siglo XX. Muy rápidamente, recordemos algunas de esas intervenciones.
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ANTECEDENTES Y CONSECUENCIAS DEL ATRACO YANQUI EN PANAMÁ.
UNA RECONSTRUCCIÓN A PARTIR DE TOS ARCHIVOS DIPLOMÁTICOS DE FRANCIA
Tabla 3
O c u p a c i o n e s y a g r e s i o n e s d e las fuerzas a r m a d a s d e l o s E s t a d o s U n i d o s
e n el t e r r i t o r i o d e l a R e p ú b h c a d e P a n a m á , 1 9 0 4 - 1 9 2 6
Fuente: Correspondance Diplomatique; Castillero, 1999.
1906: Durante las elecciones, Amador Guerrero solicita a Estados Unidos 300
infantes de marina hasta la línea divisoria del canal.
1908: Estados Unidos interviene durante las elecciones para controlar el orden
público.
1912: Las elecciones se desarrollan con presencia de tropas de los Estados Unidos.
1915: El 13 y 14 de febrero, en pleno carnaval, un grupo de soldados
norteamericanos intentó quitarle la corneta a un niño. Intervino la policía local y se
inició una lucha encarnizada entre unos 100 soldados de Estados Unidos y la
población panameña. Resultaron heridos 18 soldados yanquis y murieron un
policía y dos civiles panameños. Posteriormente, el gobierno de Estados Unidos
solicitó una indemnización de 40.000 dólares por sus heridos.
1915: El Viernes Santo, 2 de abril, después de un partido de béisbol se produjo, un
enfrentamiento entre policías panameños y soldados de los Estados Unidos. Estos
saquearon y destruyeron la ciudad de Colón. Hubo prolongados intercambios de
disparos. Resultaron heridos 7 policías panameños y muchos civiles, mientras que,
del lado norteamericano, murió un cabo y varios soldados fueron heridos. El
gobierno de los Estados Unidos pidió una indemnización de 20.000 dólares.
1918: El 20 de julio el presidente Ciro Urriola pospuso las elecciones para
diputados y concejales. Estados Unidos consideró inconstitucional dicha
suspensión y presionó para que se llevaran a cabo las elecciones. Como el gobierno
de Panamá se negó, los Estados Unidos decidieron ocupar militarmente las
ciudades de Panamá y de Colón.
1918: Ocupación de la provincia de Chiriqui sin ninguna justificación. Ante las
protestas del gobierno panameño, los Estados Unidos respondieron que habían
intervenido para mantener el orden y proteger a sus ciudadanos. Las tropas
permanecieron hasta el 16 de agosto de 1920.
1921: Con motivo de la guerra con Costa Rica, Estados Unidos desembarcó tropas
en suelo panameño en febrero y meses más tarde obligó al gobierno de Panamá a
acatar el fallo White.
1925: Ante una huelga de inquilinos, el gobierno solicitó la intervención de los
Estados Unidos "para evitar el derramamiento de sangre y poner fin al movimiento
subversivo". El 12 de octubre desembarcaron 600 marines bien armados que
dispersaron con bayonetas a las gentes que protestaban, matando a dos personas.
Se mantuvieron hasta el 23 de octubre.
1926: Proclamación de la República de Tule por los indios Cunas de San Blas,
instigada por el aventurero estadounidense Richard Marsh. El ministro de Estados
Unidos y oficiales de El Cleveland protegieron a los insurrectos y facilitaron su
huida y dieron acogida a su paisano.
273
RENÁN VEGA
J
En 1912, con motivo de las elecciones, fue solicitada una "intervención
amigable" de Estados Unidos para vigilar los comicios. La Comisión Electoral,
compuesta por el ministro de Estados Unidos, el ingeniero en jefe del canal y el
comandante del Regimiento de Ingeniería de la zona, preparó un reglamento
electoral y expidió un decreto en el que colocaba bajo su mando a la policía. El
presidente Pablo Arosemena no estuvo de acuerdo con el reglamento, pero Washington presionó para que firmara el decreto respectivo, concediéndole un perentorio plazo de 24 horas para aceptarlo y, en caso de rechazarlo, se le sugirió
que renunciara a su cargo. Ante semejante disyuntiva, Arosemena firmó el decreto en forma inmediata (Nouvelle Serie, 1911, Vol. 2: 74). Pero, como siempre
sucede en casos de intervención extranjera, la ocupación no pasó sin problemas,
puesto que el 4 de julio, día de fiesta en Estados Unidos, los soldados acantonados
en la zona se fueron de juerga a la ciudad y luego de estar ebrios recorrieron las
calles. Entre algunos de ellos estalló una riña y la policía panameña se vio obligada a intervenir. Un soldado estadounidense murió y varios más resultaron heridos. La reacción de la policía tenía que ver, además, con el comportamiento de los
soldados gringos durante las elecciones, a quienes uno de los bandos políticos
acusó de estar parcializados {Ibid., 1911, Vol. 2: 85), como lo aseguró el mismo
gobierno panameño: "Es cierto que el gobierno solicitó la intervención, pero única
y exclusivamente con el objeto de asegurar que las elecciones fueran puras y legales, y de eso a lo que se está haciendo en algunas partes, hay enorme diferencia,
pues bien puede decirse que el gobierno de la República ha dejado de existir en
muchos distritos" {Ibid., 1911, Vol. 2: 88-93). En 1918, otra vez durante las elecciones, intervinieron las tropas de los Estados Unidos, ocupando las ciudades de
Panamá y Colón. La policía panameña fue desarmada y reemplazada por patrullas que circulaban por las calles, armadas de fusiles y bayonetas. Luego de las
elecciones del 30 de junio, las tropas se retiraron a sus cuarteles en la zona del
canal, pero dgunos contingentes permanecieron en Chiriqui hasta 1920 (Simonni,
1918, Vol. 91:10-14).
Pero no sólo hubo intervenciones electordes; también se presentaron otras
de diversa índole, como la del 21 de agosto de 1921, cuando Estados Unidos envió
tropas para obligar a Panamá a devolver territorios en litigio a Costa Rica. La negativa panameña se había originado en su rechazo al fallo arbitrd del presidente de la
Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos, White, designado por ambos países para resolver el litigio, que era favorable a Costa Rica. Ante la negativa de aceptar
su decisión, Costa Rica procedió por sus propios medios invadiendo Pueblo Nuevo
de Coto en el litoral Pacífico, parte del territorio en disputa, el 21 de febrero de
1921. A raíz de esto sonaron tambores de guerra entre los dos países, y ambos suponían que contaban con el apoyo de los Estados Unidos. En este mes, cuando se
presentaron los primeros disturbios, tropas de los Estados Unidos ocuparon la ciudad de Panamá. Panamá logró expulsar de Pueblo Nuevo de Coto a los ocupantes
costarricenses y se produjeron dgunos enfrentamientos entre los dos países. Esta-
1
274
ANTECEDENTES Y CONSECUENCIAS DEL ATRACO YANQUI EN PANAMÁ.
UNA RECONSTRUCCIÓN A PARTIR DE LOS ARCHIVOS DIPLOMÁTICOS DE FRANCIA
dos Unidos determinó que Panamá debería ajustarse d fallo White y le señaló al
gobierno de Panamá que no estaban obligados a proteger lo que éste considerara su
territorio sino lo que Estados Unidos dispusiera como td, en una dusión favorable
a Costa Rica, y lo puso contra la pared: o cumple el fdlo o "los Estados Unidos la
obligan a cumplirlo, bien empleando el gobierno de Estados Unidos medidas coercitivas o bien autorizando la invasión por la República de Costa Rica" (Castillero
Pimentel, 1999: 138). Ante la reticencia de Panamá, el gobierno de Estados Unidos
envió tropas y un acorazado cerca a la zona del litigo y obligó por la fuerza a que
aceptara su decisión. Como quien dice, el gobierno norteamericano le hizo a Panamá con respecto a Costa Rica lo mismo que en 1903 le había hecho a Colombia con
respecto a Panamá. Ante la acción unilaterd, el secretario de Estado, Hughes, afirmó que los Estados Unidos habían actuado "movidos por una sincera amistad",
animados por el deseo de hacer "completa justicia" y con la convicción profunda de
que la más segura salvaguardia de la independencia e integridad territorid descansan en la "observación led de las obligaciones internacionales" (Castillero, 1962:
164). Antes de este hecho, el presidente de Panamá, Belisario Porras, había dicho:
"el conflicto ha quedado resuelto por la fuerza. Panamá protesta ante el mundo por
el acto de fuerza que se ha llevado a cabo contra ella". Panamá resolvió abandonar la
zona de Coto antes de que entraran las tropas de Costa Rica, respddadas por los
Estados Unidos {Ibid., 1962: 162). ¡El imperialismo le aplicaba a las élites panameñas la misma medicina que en 1903 le había aplicado a Colombia, sólo que en el
momento de la secesión el remedio fue bendecido por esas élites como milagroso!
En octubre de 1925 se presentó una protesta de los inquilinos contra el
alto costo de los alquileres de las viviendas. El 10 de octubre, un mitin pacífico
llevado a cabo por la Liga de Inquilinos fue reprimido a sangre y fuego por la
policía panameña, como resultado del cual fueron asesinados a mansalva cuatro
inquilinos y heridos otros quince. La impopularidad del gobierno de la ciudad de
Panamá hacía temer nuevas protestas, razón por la cual, y nuevamente apelando
al famoso artículo 136 de la Constitución Nadonal, el 12 de octubre las tropas
estadounidenses se tomaron la ciudad, desarmaron y sustituyeron a la policía
local, implantaron la ley seca y decidieron juzgar sumariamente a quienes alteraran el orden. Ese mismo día una multitud enardecida, tanto por los muertos del
10 como por la ocupación, se enfrentó a los soldados que estaban allanando la
sede de la Liga de Inquilinos. Las tropas yanquis la reprimieron a bayoneta limpia
y a culatazos, matando a dos personasy dejando numerosos heridos. Los extranjeros que habían participado en las protestas o que simpatizaban con los inquilinos fueron deportados. Las tropas de ocupación permanecieron hasta el 23 de
octubre, dejando tras de sí muerte y desolación (Cuevas, 1976: 31-75; Neuville,
1925,Vol.91:58).
En 1931 se produjo un golpe de Estado que derrocó al presidente Florencio
Arosemena, quien fue reemplazado por Harmodio Arias. El golpe fue preparado
de común acuerdo con la Embajada de Estados Unidos. El hecho se originó en la
275!
i RENÁN VEGA
insolvencia económica que impedía pagar los intereses de la deuda de Panamá
con el National City Bank, ante io cual, Estados Unidos exigió el nombramiento
de un recaudador nacional de finanzas, que debía ser estadounidense. Como el
gobierno se negó, Estados Unidos optó por derrocarlo. ¡Como cosa rara, pese al
estruendo producido por las balas el día del golpe y a la cercanía de las tropas
estadounidenses, éstas no intervinieron para defender el gobierno existente y
mantener el orden público! Como para que quedara claro el sentido del golpe, el
nuevo presidente no tomaba ninguna decisión sin consultar a Mr. Davis, el ministro de Estados Unidos (Langlais, 1931, Vol. 91: 144-147).
Por desgracia para la población panameña, las tribulaciones ocasionadas
por la injerencia de los Estados Unidos se mantuvieron durante todo el siglo XX,
tanto en la Zona del Canal como en el resto del territorio del Istmo. En la zona
funcionó durante varias décadas la tristemente célebre Escuela de las Américas,
esa "fábrica de dictadores" latinoamericanos, expertos en torturas, asesinatos y
desapariciones, que tanto dolor y sufrimiento le han producido al continente
desde 1960. En el resto del territorio son dignos de destacar por su brutalidad dos
hechos: la masacre de estudiantes en enero de 19648, en la que fueron asesinados
por las balas de las tropas de Estados Unidos 25 jóvenes panameños y heridos
más de 300, y la invasión de diciembre de 1989, cuando, debido a los bombardeos
indiscriminados de las tropas yanquis, murieron unas 7.000 personas, cifra sensiblemente superior a los muertos de los atentados del 11 de septiembre en Nueva
York, pero que no fue noticia mundial, porque al mismo tiempo, al otro lado del
Atlántico, en Europa oriental otros hechos servían para tapar el genocidio al que
era sometido el pueblo de Ciudad de Panamá por aquellos que se autoprodaman
como los campeones de la libertad y de los derechos humanos.
ANEXOS DOCUMENTALES
ANEXO 1
INFORME DEL CÓNSUL DE FRANCIA EN LA CIUDAD DE PANAMÁ SOBRE LOS ACONTECIMIENTOS
DE NOVIEMBRE DE 1903
Panamá, 8 de noviembre de 1903
Proclamación de la República de Panamá
[... ] Su excelencia no ignora el descontento producido en Panamá por el rechazo
del Congreso, reunido en Bogotá, de reconocer el tratado Herrán-Hay relativo al
canal y el progreso que había tomado la idea separatista latente después de muchos años. El modo de proceder del gobierno supremo con respecto al Departa8
Aunque los archivos diplomáticos del período 1964-1970 ya se pueden consultar,
sin embargo, no se sabe por qué razones la información de Panamá de este período
no está a disposición del público.
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ANTECEDENTES Y CONSECUENCIAS DEL ATRACO YANQUI EN PANAMÁ,
UNA RECONSTRUCCIÓN A PARTIR DE LOS ARCHIVOS DIPLOMÁTICOS DE FRANCIA
mentó de Panamá después del tratado de Paz firmado a bordo del Wisconsin el
21 de noviembre de 1902 y en particular dos hechos -1) la ejecución del indio
Victoriano Lorenzo, contraria a la palabra dada y a pesar de la protesta de toda la
población; 2) la revocatoria del Gobernador Mutis Duran después de la insubordinación del General Vásquez Cobo- habían llevado la exasperación al extremo.
El Doctor Amador Guerrero viajó a los Estados Unidos el 24 de agosto de
1903 para ganar a la causa del separatismo al gobierno de Washington; regresó el
27 de octubre, teniendo la seguridad de la neutralidad benevolente de ese gobierno. Durante este período, los jefes no permanecieron inactivos; habían obtenido
el apoyo del General Huertas, Comandante de la Guarnición, y del Generd Varón, Comandante del Crucero "21 de Noviembre", ex "Padilla". La noticia de la
próxima llegada al Istmo de una nutrida tropa (6.000 hombres) ha apresurado el
movimiento que había sido fijado para el momento en que llegara, a esta Rada, el
navio de guerra americano "Boston". Los panameños contaban con el apoyo mord
de ese navio.
El 3, a primera hora, aquí se sabe de la llegada a Colón del navio de guerra
colombiano "Cartagena", llevando a bordo al Batallón "Tiradores" y a los generales luán B. Tovar y Amaya, el primero de los cuales venía a tomar el comando de
las tropas del Istmo. Esta llegada inesperada produjo, en principio, consternación
entre los conjurados, pero pronto, al darse cuenta que su plan era conocido y que
serían víctimas de represalias sangrientas, decidieron actuar inmediatamente.
El General Tovar cometió el error de embarcarse con su Estado Mayor en
Colón en el tren de las 8 de la mañana, para llegar aquí a las 11, dejando en esa
ciudad sus tropas, las cuales debían venir en el tren de la tarde; fue recibido en la
estación por el gobernador Obaldía.
El Batallón "Colombia", bien armado, con banda de música, y comandado
por el General Huertas, recibió honores militares.
Esa tarde a las 4 y 50 minutos aproximadamente, el General Tovar acompañado de su Estado Mayor se trasladó al barrio Chiriqui con el fin de hacerse
reconocer por las tropas, reunidas en el interior del cuartel. Mientras aquél arengaba a sus tropas, el General Huertas, advertido por una señal que el antiguo jefe
revolucionario Domingo Díaz, a la cabeza de muchos partidarios, se encontraba
en la entrada del barrio, avanzó hacia Tovar, colocándole la mano en la espalda y
diciéndole: "General, usted es mi prisionero". El grupo formado por el Estado
Mayor fue inmediatamente rodeado por una treintena de soldados que les apuntaban con los fusiles, y no tuvo posibilidades de oponer la menor resistencia. Los
Generales prisioneros fueron conducidos a la Prefectura de Policía con una escolta de soldados con bayonetas y seguidos de unas 500 personas; ellos fueron
enviados al Comandante de Policía, Fernando Arango, quien los encarceló.
Durante el trayecto, de unos 800 metros, en las calles de la dudad sin interrupción se escucharon los gritos "Viva el Istmo", "Viva Panamá independiente",
pero ningún insulto fue proferido contra los prisioneros, ningún grito de odio.
277
RENÁN VEGA
Mientras esto sucedía en el barrio Chiriqui, el pueblo reunido en la Plaza
de la Catedral se declaraba independiente de Colombia y el Concejo Municipal,
en una sesión organizada a las 8 de la noche, aprobaba por unanimidad la proposición de reunir a todas las corporaciones públicas, civiles, militares y eclesiásticas, al día siguiente a las tres de la tarde, con el fin de proclamar oficialmente la
nueva república de Panamá.
Muchos ciudadanos se congregaron en los cuarteles, en donde les fueron
entregados fusiles y municiones. Un cuerpo de voluntarios de cerca de 500 hombres fue posteriormente organizado, vestido y acuartelado para reforzar la guarnición; diversas personas, reconocidas como hostiles al movimiento separatista, entre otros el General Castro, Luis M. Tovar, los magistrados Florentino
Goenaga y J. Navia fueron detenidos en las calles o en sus domicilios. El Gobernador Obaldía, cuyos sentimientos son, sin embargo, bien conocidos de la población, pero que no estaba al tanto de la conspiración, ha sido igualmente
detenido. Todas esas personas fueron tratadas con el más grande respeto. (...)
En ese momento se produce el único incidente discordante: la cañonera "Bogotá", cuya tripulación no había podido ser desembarcada avanzó [... ] con la intención evidente de bombardear la ciudad (eran las 10 y media de la noche);
fue detectada por un centinela que dio la alarma y un cañonazo, enviado desde
tierra, le advirtió que su movimiento había sido descubierto; la tripulación respondió con un obús que estalló en una casa situada no lejos del barrio, causando daños materiales importantes pero, felizmente, no hirió a nadie; un segundo estalló en el techo de la catedral y sólo rompió algunos tejas. Un tercero (una
bala de 6 libras) tuvo un resultado más lamentable, cayo en el barrio chino y
después de haber atravesado una casa mató en su cama a un chino inofensivo
que no tenía nada que ver con el movimiento.
El "Bogotá" ha lanzado otras 4 balas y en seguida ha partido hacia alta mar;
en el momento en que escribo es imposible saber hacia qué lugar se ha dirigido;
la creencia generalizada es que partió hacia Buenaventura.
[... ] El 4 a las 3 de la tarde el pueblo se reunió en la Plaza de la Catedral
para firmar el Acta de Independencia, un gran entusiasmo reinaba, fueron pronunciados muchos discursos, un Gobierno Provisional ha sido formado, compuesto por 3 miembros de opiniones políticas diferentes: Agustín Arango, conservador histórico; Federico Boyd, liberal, y Tomas Arias, conservador.
En la noche, gran retreta al ritmo de la música de los bomberos y del Batallón "Colombia". 300 personas acompañaban el cortejo a los gritos de "Viva la
República de Panamá". La bandera de la nueva república era izada en todos los
edificios públicos y en muchas casas particulares. [... ] La tropa efusiva se presentó ante el General Huertas, lo sentó en una silla y lo llevó en hombros, envuelto
en la bandera de la república de Panamá, fue paseado triunfalmente por las principales calles de la ciudad al compás de la música. Esta manifestación se prolongó
hasta bien tarde de la noche y confieso, yo que conozco desde hace muchos años
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ANTECEDENTES Y CONSECUENCIAS DEL ATRACO YANQUI EN PANAMÁ,
UNA RECONSTRUCCIÓN A PARTIR DE LOS ARCHIVOS DIPLOMÁTICOS DE FRANCIA
a la población de Panamá, que estoy sorprendido de la calma y la dignidad que ha
mostrado en esta ocasión.
Un ministerio ha sido formado para ocuparse de los diferentes asuntos de
la República [... ]
Mientras que estos hechos se desarrollaban pacíficamente en Panamá, en
Colón han estado a punto de producirse serios desórdenes, debido al reembarque
del Batallón Tiradores, que había llegado a las 3 de la mañana. El señor BonHenry,
que estaba sobre el terreno, y con el cual no pude tener comunicación por la
ruptura del cable de la Compañía del Canal, dará información directamente a su
excelencia. Toda efusión de sangre ha sido evitada luego de la actitud tomada por
los navios americanos.
El Batallón "Tiradores" ha sido embarcado en el vapor Orinoco de la Royal
Mail Co. con destino a Barranquilla. Los Generales Juan B. Tovar, Amaya, Luis M.
Tovar y 3 otros oficiales habían sido introducidos en un tren especial para devolverlos a Colón y ser embarcados en el mismo vapor, pero en camino fue anunciada la noticia de la partida del Orinoco y esos prisioneros han sido devueltos aquí,
esperando una ocasión de reenviarlos a Colombia. El nuevo gobierno, según se
dice, ha pagado a la Royal Mail Co. 8.000 dólares oro americano por el transporte
de las tropas.
Los colombianos residentes en Panamá deberán firmar el Acta de Independencia, bajo pena de ser encarcelados o de abandonar el territorio de la nueva
república dentro de 48 horas.
Nos hemos enterado de la llegada a Colón, el 5, del General Pompilio
Gutiérrez que venía a posesionarse como Gobernador del antiguo Departamento de Panamá. El Sr. Gutiérrez estaba acompañado de 15 empleados y de 2 secretarias; llegó, dicen, en un barco destinado especialmente a este efecto y regresó
cuando se enteró del movimiento.
Ayer al mediodía, llegó a esta rada el crucero americano de tercera clase
"Boston". El Vicecónsul General de Estados Unidos que se dirigió inmediatamente a bordo fue saludado. El "21 de Noviembre" creyendo que el "Boston" saludaba
a tierra ha respondido con una salva de 21 cañonazos; pero el comandante ha
hecho saber que no podía saludar al nuevo pabellón: el gobierno de los Estados
Unidos no lo ha reconocido. Es cierto, sin embargo, que el "Boston" se opondrá a
todo desembarco de tropas que vengan de Colombia.
Los Cónsules de Estados Unidos, Inglaterra y Alemania, han recibido instrucciones que les prescriben de guardar la neutralidad más absoluta.
El Gobierno provisional tiene la intención de respetar todas las leyes y los
compromisos adquiridos con las naciones y los particulares (...)
Sé, de otra parte, que ellos quieren conservar en vigor hasta su expiración
los monopolios acordados por Bogotá en el Departamento de Panamá.
Los municipios de los Distritos del Emperador, de Colón y de Arraiján ya
han enviado su adhesión f... ]
279
I RENÁN VEGA
El cable entre Panamá y Buenaventura ha sido cortado el 3 de los corrientes y será reestablecido solamente mañana [... ¡
A último momento me entero, por una fuente segura, de la partida por barco el 10 de los corrientes de una comisión, compuesta por el Doctor Amador Guerrero, el señor F. Boyd, uno de los miembros del gobierno provisional, y de Pablo
Arosemena como abogado consejero, que se dirige a Washington para discutir las
bases de un tratado con el gobierno de la república de los Estados Unidos.
A mí no me cabe ninguna duda, que el plan del movimiento ha sido elaborado en los Estados Unidos y los jefes que se encuentran en las manos del gobierno de Washington no son más que instrumentos, la mayor parte inconscientes,
pero algunos conscientes y partidarios de la anexión a corto plazo del territorio
de la República de Panamá a la América del Norte.
Firma: Ernest Gey.
Fuente: Colombie, Politique interieur, Nouvelle Serie, Independance de Panamá, Vol. 5, noviembre de 1903- enero de 1904, pp. 43-51.
ANEXO 2
INFORME DEL CÓNSUL DE FRANCIA EN COLÓN SOBRE LOS ACONTECIMIENTOS DE NOVIEMBRE
1903
Insurrección en Colón. Colombianos, itsmeños y americanos del 2 al 7 de noviembre de 1903.
DE
Preámbulos
Hacia mediados de octubre, los emisarios enviados por los jefes del partido separatista regresaron a Panamá con informaciones satisfactorias de las diversas regiones del Istmo y también de los Estados Unidos; el movimiento fue decidido
para comienzos de noviembre.
La cañonera de Estados Unidos "Nashville" llegó a Colón en las horas de la
tarde del lunes 2 de noviembre.
3 de noviembre. Llegada del "Cartagena", de! General Tovar y del Batallón
"Tiradores". Inmovilización de este último
El martes 3, para gran sorpresa de muchos, y sobre todo de los afiliados al movimiento separatista, entró a Colón el crucero colombiano "Cartagena", que llevaba unos 430 soldados del Batallón "Tiradores" comandados por el General Amaya.
El General Tovar, lefe Militar del Departamento de Panamá, se encontraba igualmente a bordo y venía a tomar posesión de su cargo.
Este último partió para Panamá en el primer tren con Amaya y 3 oficiales
del Estado Mayor. Dejó en el mando al Coronel Torres, del Batallón "Tiradores",
con la misión de ir a Panamá lo más pronto posible.
280
ANTECEDENTES Y CONSECUENCIAS DEL ATRACO YANQUI EN PANAMÁ.
UNA RECONSTRUCCIÓN A PARTIR DE LOS ARCHIVOS DIPLOMÁTICOS DE FRANCIA
Pero la compañía norteamericana del Ferrocarril, perfectamente enterada
de los acontecimientos, viendo que la llegada inesperada de los refuerzos colombianos venía a contrariar sensiblemente el movimiento, comprometiendo quizás
su éxito, con diversos pretextos retardó notablemente las disposiciones de embarque de las tropas por el ferrocarril y, en la noche, cuando se tuvo la certitud
que la sublevación había triunfado en Panamá y que el Gobernador civil Obaldía
y el Gobernador (sic) militar Tovar estaban detenidos, una orden emanada del
gobierno de los Estados Unidos le prohibió a la Panamá Railroad todo transporte
de tropas por el ferrocarril.
El coronel Torres había sido llamado personalmente desde Panamá, con el
fin de capturarlo a su llegada; así, las tropas de Colón se encontrarían desamparadas, pero las instrucciones de Washington, seguidas al pie de la letra, no permitieron a la Panamá Railroad prestarse a la maniobra. Torres se mantuvo, entonces, a la cabeza de su batallón.
4 de noviembre. Actitud agresiva de Torres hacia los extranjeros. Pánico. Partida
del "Cartagena". Las tropas colombianas y americanas con las armas listas
En Colón durante la noche del 3, muy pocas personas fueron informadas de los
acontedmientos de Panamá. El Cónsul de los Estados Unidos, Mr, Malmros, con
quien mantengo estrechas relaciones, a las 7 de la noche vino a informarme sobre
el asunto. Solamente hasta la mañana siguiente, 4 de noviembre, Torres, lo mismo que la gente, pudo darse cuenta de la situación. Con una actitud amenazante,
partió inmediatamente y le manifestó al Superintendente de la Panamá Railroad
que si no le suministraba un tren para transportar sus tropas a Panamá antes de
las 2 de la tarde, se encontraría impedido por los americanos para cumplir su
deber y se sentiría autorizado para considerarlos como sus enemigos; en consecuencia, incendiaría la ciudad y masacraría a los extranjeros. Mr. Sholer le respondió, limitándose a invocar las órdenes que había recibido de Washington.
Enseguida, el comandante de la "Nashville" desembarcó a todos los americanos de los que pudo disponer, más o menos unos 25, y los instaló rápidamente
en el hall de las mercancías de la Panamá Railroad; fusiles y cartuchos fueron
inmediatamente enviados a tierra y distribuidos a los empleados del ferrocarril.
La "Nashville" se ubicó lo más cerca que pudo de tierra. La alarma cundió en la
ciudad. Todas las familias se refugiaron a bordo de los navios que se encontraban
en la muelle. En ausencia de cualquier navio francés, el cónsul británico me ofreció asilo a bordo del paquebote "El Orinoco" de la Royal Mail Stearn Packet Co.
Fui a preguntarle al comandante de la "Nashville", por [insinuación] de mi
colega de los Estados Unidos, si podía asegurar la protección del terraplén de
Colón donde se encontraba la gran mayoría de inmuebles que pertenecen a la
Compañía del Canal de Panamá; el Comandante Iltubbord me expresó su pesar,
diciendo encontrarse apenas en capacidad de proteger las propiedades de la
Panamá Railroad 1... 1
281
t
RENÁN VEGA
El "Cartagena" vino al muelle en la mañana para tomar agua dulce, pero le
fue negada por la Panamá Railroad que había exigido el pago por adelantado; el
"Cartagena" vuelve a fondearse y se observó al capitán leffries, del crucero "21 de
Noviembre", pasado al nuevo gobierno y anclado en Panamá, que acababa de
llegar a Colón con la intención de apoderarse del "Cartagena", el cual habría sido
ciertamente capturado si todavía se encontrara en el muelle, pero había partido a
las dos de la tarde hacia la ciudad de Cartagena a buscar refuerzos.
A las 3, Torres vino a tomar posesión con sus tropas, desplegadas a lo largo
de Front Street, la principal calle de Colón, hasta la estación del ferrocarril, a la
cual hizo rodear por sus hombres; estos últimos con las armas preparadas se encontraban frente a frente con los marines americanos a 10 pasos de distancia,
igualmente con las armas listas. El momento era crítico, un grito o un gesto podían ser la señal de la masacre. Torres conminó al Comandante Ilubbard para que
embarcara inmediatamente sus marines, diciendo que él era el único jefe militar
del lugar.
Negociaciones. Armisticio
Se iniciaron, entonces, las negociaciones: los emisarios del gobierno provisional
de Panamá que habían establecido su cuartel general en las oficinas del ferrocarril, notificaron a Torres sobre la proclamación de la República hecha en la víspera en Panamá, así como sobre la captura del Gobernador civil Obaldía, del Gobernador (sic) militar Tovar, de los miembros del Tribunal Superior, y de la adhesión de las fuerzas militares y navales de Panamá al movimiento separatista. El
Coronel colombiano se enfureció y declaró que se negaba a creer en esos informes; se le ofreció la posibilidad de telegrafiar o telefonear a Panamá; él reclamaba, decía, órdenes verbales y escritas firmadas por su jefe legal Tovar. Como consecuencia fue decidido el envío de una comisión a Panamá, en un tren especial a
las 5 de la tarde, que llevaba un mensaje de Torres a Tovar. Además, circulaba el
rumor que Torres había prevenido a Tovar que se negaría a obedecerlo si aquél le
ordenaba rendirse.
Llegada de! navio francés E! Calvados
En ese momento fue avistado "El Calvados", carguero de la Compañía General
Trasatlántica que venía de Cartagena.
El Comandante de la "Nashville" y el Cónsul de los Estados Unidos me
informaron que el gobierno de Washington quería evitar toda efusión de sangre
en el Istmo y que, en consecuencia, la "Nashville" se opondría al desembarco de
cualquier tropa colombiana que se pudiera encontrar a bordo de "El Calvados" y
en caso de resistencia, el navio sería volado. Sólo hasta después de tener la seguridad que "El Calvados" no traía ningún soldado pudo venir a estacionarse en el
Muelle (...)
282
ANTECEDENTES Y CONSECUENCIAS DEL ATRACO YANQUI EN PANAMÁ,
UÑA RECONSTRUCCIÓN A PARTIR DE LOS ARCHIVOS DIPLOMÁTICOS DE FRANCIA
5 de noviembre. Llegada de "El lenny" y de Pompilio Gutiérrez. Noticias alarmantes
Al día siguiente jueves 5 entró el carguero austríaco "El lenny" proveniente de
Cartagena. Traía a Pompilio Gutiérrez, nombrado Gobernador Civil del Departamento de Panamá, quien venía a posesionarse de su cargo; puesto al corriente
de los acontecimientos, declaró que permanecería a bordo y esperaría.
Pero, al mismo tiempo, "El lenny" trajo la noticia, comunicada inmediatamente a todos los interesados [... ] que un navio alemán de la antigua Atlas Line,
debería llegar inmediatamente de Cartagena, con cañones y con 1.200 soldados
colombianos. Uno se preguntaba si la pequeña cañonera "Nashville" bastaría para
cumplir su tarea.
Algunos instantes más tarde se supo, por un telegrama enviado desde Panamá, que en la respuesta escrita de Tovar a Torres se le decía que este último
debería luchar para mantenerse como el amo de Colón y esperar los refuerzos
que no deberían tardar en llegar.
La emoción fue grande aquí; se sabía que los soldados habían pasado toda la
noche bebiendo y se encontraban muy excitados. Un gran pánico se apoderó de
toda la ciudad. Los navios en el muelle, un francés, un inglés, un americano, un
demán y un austríaco, fueron asediados por las familias que buscaban refugio.
Organización de la defensa por parte de los barcos de la Panamá Railroad
Sin perder un instante el FreightHouse fue transformado en una verdadera fortaleza bajo la activa e inteligente dirección del Mayor Black, del cuerpo de ingenieros de los Estados Unidos, lefe de la Misión Técnica Americana estacionada en
las obras de la Culebra, que había acudido a Colón desde la víspera.
Por un feliz azar, habían muchas centenas de pacas de algodón que sirvieron de maravillas; verdaderos parapetos fortificados fueron instalados alrededor
y a unos 25 metros de las dos puertas de salida; en el centro fueron erigidas dos
fortificaciones llenas de cañones y revólveres, desembarcados de la "Nashville";
igualmente, en todas las entradas de los edificios del Ferrocarril y hasta sobre el
campanario fueron colocadas pacas de algodón, como fortificaciones acondicionadas; marinos y voluntarios -empleados de la Panamá Railroad en su mayor
parte- pertrechados de rifles y de gran cantidad de munición, fueron colocados
en todas las fortificaciones; 2 puestos de ambulancia fueron igualmente instalados y los bomberos fueron puestos en alerta; en fin, fueron reunidos víveres para
asegurarle al menos dos días de subsistencia a las personas, aproximadamente
una centena, reunidas en los edificios del ferrocarril: marinos de la "Nashville",
persond armado de la Panamá Railroad, emisarios del gobierno de Panamá y los
cónsules de Estados Unidos, Inglaterra, Alemania y el suscrito.
283
i-
RENÁN VEGA
Expectativa. Las armas listas
Cuando debía llegar el tren de Panamá con la respuesta de Tovar, a las 11, todo
estaba listo. El tren se había retardado un cuarto de hora y ya se pensaba que
había sido detenido por las fuerzas de Torres, que se encontraban fuera de la
ciudad; un jinete había sido enviado en busca de noticias cuando el tren entró
por fin en la estación. La respuesta de Tovar a Torres era la anunciada por el
telegrama de la mañana: éste debería, por todos los medios, asegurar su autoridad en Colón y esperar refuerzos para marchar sobre Panamá. ¿Torres iría a ejecutar sus amenazas de la víspera?
Todo el mundo se dirigió a su puesto de combate. La consigna en Freight
House era de "no disparar sin orden y, en ningún caso, disparar primero". Un
pequeño puesto de marinos americanos fue dispuesto en una calle adjunta para
vigilar la posible llegada por una vía lateral de Torres y de sus hombres, situados
en el extremo opuesto de la ciudad.
Se dirigían también miradas ansiosas mar adentro buscando la silueta del
"Dixie", transporte de los Estados Unidos, que podía llegar ese mismo día con
450 marines y también la silueta del vapor alemán de la Atlas Line.
El Prefecto Cuadros. El Gobernador Gutiérrez
Algunos momentos antes [... ] percibí al Gobernador Cuadros, Prefecto de Colón, disimulándose en medio de un grupo a la sombra de un barco. Fui a donde él
y me informó que había ido a "El lenny" a ver al Gobernador P. Gutiérrez, pero
que a su regreso a tierra había sido detenido por centinelas americanos y no había regresado a su casa; solicitó mi intervención en su favor, creyéndose prisionero. Le aseguré que el Comandante de la "Nashville" no podía tener ninguna instrucción en ese sentido y le acompañé hasta su casa; los mismos centinelas, que
ya me conocían, no se opusieron de ninguna forma a su recorrido conmigo. M.
Cuadros, un tanto conmovido y completamente desanimado, me preguntó en
qué irían las negociaciones, lamentándose de haber sido abandonado por el Jefe
de la Policía que había adherido al movimiento separatista y haber sido dejado
completamente de lado por el coronel Torres. Yo le respondí que esperábamos
convencer a este último para que renunciara a sus propósitos de incendiar y ue
masacrar, los cuales no respondían a ningún deber militar ni a ninguna causa
efectiva.
El Sr. Cuadros me preguntó si en caso de destrucción de la ciudad, podría
refugiarse a bordo de "El Calvados". Sabiendo que los istmeños no querían la
muerte de nadie y que los peligros vendrían del lado colombiano, le prometí
ayudarle a salvar su vida si se encontraba en peligro; él me agradeció muy
efusivamente. Me dijo, en fin, que Gutiérrez deseaba pasar de "El Jenny" a "El
Orinoco", el cual debería partir ese mismo día para Cartagena y solicitó de mi
parte el apoyo que el mismo había recibido para asegurar, sin dificultades, el tras-
284
ANTECEDENTES Y CONSECUENCIAS DEL ATRACO YANQUI EN PANAMÁ.
UNA RECONSTRUCCIÓN A PARTIR DE LOS ARCHIVOS DIPLOMÁTICOS DE FRANCIA
bordo del Gobernador Gutiérrez; yo prometí mi colaboración [... ] pero él me
agradeció diciéndome que prefería esperar.
Nuevas negociaciones. Rendición
[... ] Los emisarios del gobierno de Panamá, Meléndez, Martínez, el Comandante
del Nashville y los cónsules [de Estados Unidos, Inglaterra, Alemania y el suscrito]
nos reunimos en la oficina del Superintendente de la Panamá Railroad. Meléndez y
Martínez se declararon dispuestos a hacer ofertas d coronel de las fuerzas colombianas y este último fue invitado a una conferencia. Él no respondió inmediatamente; el "fuerte" de Freight House que había podido examinar de lejos, había sin
duda excitado su desconfianza y sus aprehensiones; una hora más tarde llegó, acompañado de un piquete de soldados y de una corneta. Los dos emisarios se encerraron con él y discutieron una media hora. Cuando ellos se separaron, fuimos informados que Torres cedía y se embarcaba, a expensas del gobierno de Panamá, con
sus tropas, sus armas y sus municiones esa misma tarde para Cartagena; sólo restaba llenar dgunos documentos con las formdidades establecidas, autorizando un
hecho que nosotros comprendimos entonces y que hoy es de dominio público: el
desembolso en las manos de Torres de una suma de ocho mil dólares oro.
Reunión del Concejo Municipal. Adhesión a la República de Panamá
Poco después, muchos miembros del Concejo Municipal del Distrito se reunieron y votaron la adhesión de la ciudad de Colón al nuevo gobierno.
Embarque de las tropas colombianas. Retorno ofensivo. Situación crítica. Partida
definitiva
El público sólo se enteró de la rendición a las 5 de la tarde, cuando las tropas
colombianas se presentaron en el muelle de "El Orinoco" de la Royal Mail Co.,
pero no estaba descartado el peligro: se supo, en efecto, que las tropas, que se
encontraban ya en el muelle, se negaban a embarcarse y querían regresar a tierra.
Inmediatamente el Mayor Black estableció un nuevo baluarte con las pacas
de algodón y los vagones, en la entrada del muelle de la Royal Mail, con fusiles y
cañones preparados.
Eran entonces las seis y la noche ya había caído. Si los soldados colombianos pretendían forzar el paso, una verdadera masacre se hubiera producido. Por
descuido se hizo un disparo, felizmente sin herir a nadie, lo que produjo de nuevo el pánico. Fue en ese momento cuando la situación se tornó más grave. [... ]
Una delegación fue enviada para hablar con Torres y nosotros permanecimos en la oficina del Superintendente.
Torres dijo que había sido insultado por sus hombres que lo habían acusado de haberse vendido y que éstos se negaban a dejar sus armas a bordo y partir
sin el General Tovar y el Generd Amaya, entonces prisioneros en Panamá.
285
RENÁN VEGA
Decidimos solicitar a Panamá la libertad de estos dos generales para hacerlos venir a Colón en un tren especial esa misma noche, con la condición de que
ellos se comprometieran a embarcarse inmediatamente en "El Orinoco". Pero,
como respuesta al mensaje telefónico enviado a este efecto a Panamá, Tovar y
Amaya se negaban, si eran puestos en libertad, a embarcarse para Cartagena. En
consecuencia, se les mantuvo prisioneros en Panamá. La situación se hacía muy
crítica.
El cónsul de los Estados Unidos se dirigió al muelle en el que estaban los
soldados colombianos para exhortarlos; su tentativa fracasó y pudo ser funesta
como me lo contó el mismo: el Gobernador Pompilio Gutiérrez que venía de
llegar de "El Jenny" a "El Orinoco", interpeló a mi colega injuriando al gobierno
de los Estados Unidos, a causa de su actitud que él edificaba de parcial, en los
acontecimientos actuales. Mr. Malmros no creyó conveniente discutir sobre el
terreno y se retiró [... ]
Fue decidido que se usaría la intimidación: un cerco con todas las de la ley,
establecido en torno al muelle del Orinoco, hacía imposible toda salida; la
"Nashville" se colocó frente al muelle de "El Orinoco" para que los soldados colombianos quedaran a boca de jarro de las piezas de artillería de la cañonera.
Algunos instantes más tarde fue advertido el esperado "Dixie", qué llegaba
a todo vapor, intercambiando señales con la "Nashville".
En ese preciso momento, y se ignora todavía luego de qué circunstancias aunque se cree, sin embargo, que fue después de una entrevista entre un emisario
de Panamá y el Gobernador Gutiérrez- Gutiérrez tomó el mando sobre Torres y
los soldados colombianos decidieron embarcarse; un cuarto de hora más tarde,
"El Orinoco" partía para Cartagena. Ya eran casi las 8 de la noche.
La calma
Todo el mundo se sentía diviado, cualquier peligro había desaparecido. El comandante Hubbard y el Mayor Black fueron particularmente elogiados por su
excelente organización de la defensa. Cada uno pudo regresar a su hogar. En ese
momento, envié al Departamento mi primer cablegrama:
"Tropas colombianas devueltas y embarcadas esta noche, después de laboriosas
negociaciones. Ninguna efusión de sangre. Cañonera "Nashville" y transporte
"Dixie" con 450 marinos americanos".
6 de noviembre. El nuevo pabellón es izado. Proclamación por el Prefecto
Al otro día, 6 de noviembre, a las diez de la mañana [...] el pabellón de la República fue entonces izado en la prefectura de la propia mano del Mayor Black.
Muchos oficiales y marinos americanos estaban presentes.
286
ANTECEDENTES Y CONSECUENCIAS DEL ATRACO YANQUI EN PANAMÁ. I
i
UNA RECONSTRUCCIÓN A PARTIR DE LOS ARCHIVOS DIPLOMÁTICOS DE FRANCIA I
Mr Malmros, Cónsul de los Estados Unidos [...] me encargó de decir en
su nombre, que nuestra presencia en estas circunstancias solo implicaba una constatación de hechos y no el reconocimiento de las nuevas autoridades por nuestros respectivos gobiernos [... ]
Expedí inmediatamente al Departamento mi segundo telegrama: "Pabellón
República Panamá izado oficialmente esta mañana a las diez. Completa tranquilidad".
Protección de la costa atlántica por la marina de los Estados Unidos
Por fin, en la noche del 6 llegó "El Atlanta", crucero de segunda clase de la Marina
de los Estados Unidos.
Algunas horas más tarde la "Nashville" partía hacia Porto Belo, a patrullar
la costa este, luego "El Atlanta" hacia Bocas del Pozo para patrullar la costa oeste,
dejando al "Dixie" en la rada de Colón; los 3 barcos tienen por misión impedir
por todos los medios el desembarco de tropas colombianas en la costa atlántica
de la República de Panamá. Desde ese momento, ésta se encuentra, gracias al
apoyo y a la protección de los Estados Unidos, al abrigo de todo acto de reivindicación por la fuerza o de cudquier represalia de parte de Colombia y, en general,
de cualquier peligro externo que pudiera venir por el Atlántico. En el interior,
reinan el orden y la tranquilidad.
Expedí, entonces, esta mañana d Departamento mi telegrama No. 4 (...):
Recibí la siguiente declaración de mi colega de los Estados Unidos: "El presidente
Roosevelt se opone a que la sangre sea derramada en la región de Panamá".
El lunes en la noche llegó a Colón la cañonera de los Estados Unidos 'Nashville'.
Al otro día, en la mañana, cuando el "Cartagena', crucero colombiano, dejó a sus
tropas en tierra, la compañía americana Panamá Raildroad se esforzó en retardar los dispositivos de embarque para Panamá; dejó partir solamente al General
Tovar y a su Estado Mayor, los cuales fueron detenidos en Panamá en horas del
día. En la noche, cuando aquí llegó la noticia del movimiento separatista de
Panamá, el ferrocarril recibió órdenes de Washington de impedir cualquier transporte de tropas.
Al día siguiente, miércoles, cuando llegó el carguero de la Compañía General
Trasatlántica que venía de Cartagena, el comandante de la "Nashville" me informó
que él se opondría al desembarco de tropas colombianas que pudieran venir en
ese navio, y si éste se resistía sería hundido.
Durante las jornadas de miércoles y jueves las fuerzas colombianas quedaron
impactadas al ver los trabajos de fortificación, hechos en tierra por los americanos, y renunciaron a esperar los refuerzos que el "Cartagena" debería traer.
287 i
RENÁN VEGA
Durante todo el curso de la negociación, los emisarios enviados de Panamá establecieron su cuartel general en la estación del ferrocarril; el teléfono, el telégrafo y
las locomotoras fueron colocadas a su entera disposición.
El jueves en la noche, cuando los soldados colombianos que ya se habían rendido
[vendido se asegura] se encontraban a lo largo de los navios y declaraban que no
se embarcarían, los oficiales americanos construyeron nuevas barricadas, guarnecidas con cañones [... ] y la "Nashville" se hizo presente para impedir que los soldados dejaran el muelle y retornaran a tierra.
El viernes en la mañana, ayer, el Mayor Black en persona fue el que izó los colores
de la nueva República en la Prefectura.
La última noche, en fin, la "Nashville" partió en dirección de Porto Belo, con el
objetivo de prevenir cualquier llegada de soldados colombianos. [... ]
"El Atlanta", crucero de la Marina de los Estados Unidos acaba de entrar en el
puerto. Da la impresión que todo desorden parece descartado en la zona de influencia del canal.
Es necesario reconocer que, gracias a los americanos que se encontraban acá cuando
el comandante de las tropas colombianas anunció que iba a incendiar la ciudad y
a masacrar a todos los que en su opinión eran responsables de los acontecimientos, se apaciguó el enorme pánico que reinó durante dos días [...].
Firma: Bon Henry.
Fuente: Colombie, Politique interieur, Nouvelle Serie, Independance de Panamá,
Vol. 5, noviembre de 1903- enero de 1904: 16-39.
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288
ANTECEDENTES YCONSTI CENCÍAS DEL ATRACO YANQUI EN PANAMÁ.
U N A RECONSTRUCCIÓN A PARTIR DE IOS ARCHIVOS DIPIOMATK OS DE FRANCIA
Colombie, Politique interieur, Nouvelle Serie, Independance de Panamá, Vols. 1, 2,
3,4,5,8, 10, 11, 12, 15 y 17.
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289
Panamá y los orígenes sociales
del imperialismo norteamericano
Charles Bergquist
Primero quiero agradecer a la Universidad Nacional de Colombia, particularmente al Departamento de Historia, y al Profesor Heraclio Bonilla, organizador
de este evento, por darme la oportunidad de participar en este importante ciclo
de conferencias sobre el centenario de la separación de Panamá de Colombia.
La separación de Panamá cambió fundamentalmente la historia de los tres
países involucrados, y no sólo tuvo efectos directos y de corto plazo en estos países sino que los afectó en forma indirecta y a largo plazo. El objeto de este escrito
es examinar uno de los efectos más indirectos y de más largo plazo en uno de
estos países: se trata de explorar cómo los estadounidenses, en particular los historiadores, han entendido los eventos que condujeron a la separadón de Panamá, especialmente la guerra de 1898 entre los Estados Unidos y España. Además,
analizar cómo los historiadores estadounidenses han entendido las consecuencias de esa guerra y la separación de Panamá, eventos que marcan el inicio del
imperialismo norteamericano. Como el imperialismo estadounidense define, en
gran parte, la historia mundial del siglo XX, y está muy con nosotros hoy en día,
indagar sobre los orígenes y consecuencias del fenómeno, creo, es un proyecto
colectivo de mucha importancia.
Esta exposición inicia tratando de distinguir esta época imperialista, iniciada en 1898, de la expansión anterior que presentó el país, para luego resumir
brevemente un ensayo sobre el tema que escribí en 1994 y que fue publicado en
una revista -Innovar— de esta universidad -la cita aparece en la bibliografía-. El
ensayo se centra en una discusión crítica de un libro, nunca traducido al español,
que para mí es el más importante que hasta ahora se ha escrito sobre el tema de
los orígenes del imperialismo norteamericano: The New Empire -El nuevo imperio—, escrito por un historiador diplomático norteamericano, Walter LaFeber, y
291 i
CHIARI I a BERGQUISI
publicado en 1963. Finalmente, analizo la recepción que tuvo el libro de LaFeber,
particularmente entre los historiadores sociales de izquierda en los Estados Unidos. Esta parte del artículo resalta la importancia que tiene la separación de Panamá en el inicio del imperialismo norteamericano y sugiere cómo, a través del
siglo XX, el imperialismo va socavando las posibilidades democráticas del país.
Concluyo sosteniendo que el efecto antidemocrático más insidioso del imperialismo norteamericano puede haber ocurrido en el plano del entendimiento histórico de los estadounidenses. Por eso, la historia escrita sobre el imperialismo en
los países objeto del imperialismo, como ha ocurrido a lo largo de este ciclo de
conferencias sobre la separación de Panamá, puede ser aún más importante de lo
que generalmente se considera, sobre todo para los ciudadanos e historiadores
estadounidenses.
I
Como se sabe, las colonias inglesas de Norteamérica empezaron a expandirse a
expensas de los indígenas desde el momento en que los ingleses pisaron tierra
americana, y después de ganar la independencia de Inglaterra la nueva república
de los Estados Unidos continuó su expansión hacia el oeste. Logró comprar
Louisiana de Francia en 1803 después de que la exitosa revolución de los esclavos
en Haití destrozara las pretensiones imperiales de Napoleón en el Nuevo Mundo;
ese solo acto dobló el territorio del país. Luego despojó a México de casi la mitad
de su territorio después de la guerra entre 1846 y 1848, para finalmente completar su marcha al Pacífico a expensas de los proyectos territoriales británicos y
rusos, y en 1868 compró Alaska a este último país. Esa era la situación cuando en
1898 Estados Unidos intervino en la lucha por la independencia en Cuba declarando la guerra contra España. Como consecuencia de esa guerra Estados Unidos conquistó posesiones importantes de ultramar, entre ellas las islas pobladas e
importantes de Cuba y las Filipinas. El control de estas islas fue visto como clave
para la defensa de un futuro canal sobre el Istmo centroamericano y como ayuda
para asegurar el dominio sobre las rutas marítimas que, una vez construido el
canal, acortarían dramáticamente la distancia entre los centros industriales y agrícolas del entonces principal país industrializado del mundo, y los recursos naturales y los consumidores de los países no industrializados de la costa Pacífica de
América Latina y Asia, en especial la China -donde residía una cuarta parte de la
humanidad-.
Hay ciertos hilos comunes que caracterizan toda esa historia de expansión
desde la época colonial hasta el fin del siglo XIX: la naturaleza y eventualmente el
dinamismo de la economía norteamericana, el crecimiento demográfico del país
gracias en parte a la inmigración europea, y la creencia en su superioridad religiosa, cultural y racial, compartida por la mayoría de norteamericanos -la certidumbre de que primero el continente y luego el mundo entero se beneficiarían
de la expansión y dominio del hombre protestante anglo-sajón-.
292
PANAMÁ Y TOS ORÍGENES SOCIALES DEL IMPERIAI ISMO NORTEAMERICANO
Dentro de toda esta historia de expansión, sin embargo, tanto los contemporáneos como los historiadores que escriben después, reconocen que la guerra
con España en 1898 marca una nueva etapa, una época distinta. Todos, sin distinciones ideológicas ni políticas, reconocen que 1898 inicia una época imperialista
en la política exterior del país -la palabra se usa libremente entre los contemporáneos y aún hoy todos los textos colegiales y universitarios nombran el período
inmediatamente después de 1898 por ese nombre, imperialista-. Resulta, sin
embargo, que para la mayoría de estos historiadores el período reconocido como
imperialista fue corto. Ya para los tiempos de la Primera Guerra Mundial - y de
ahí en adelante- la palabra imperialista, usada para describir la política exterior
del país, prácticamente desaparece del léxico de los ciudadanos norteamericanos,
y los textos sobre la historia del país no vuelven a hablar de ello.
II
Empezando los años sesenta, sin embargo, nace una importante escuela de historia diplomática en los Estados Unidos, conocida como la Escuela Wisconsin, que
insiste en la vocación expansionista e imperial de los Estados Unidos. El historiador más destacado de esta escuela, inicialmente radicado en la Universidad de
Wisconsin, es Walter LaFeber, actualmente el decano de los historiadores diplomáticos norteamericanos. En su primer y más importante libro, The New Empire,
publicado en 1963, demuestra que la guerra de 1898 marca el inicio de lo que
llama un "nuevo imperio" norteamericano, un imperio distinto a los imperios
antiguos clásicos como el romano, distinto a los imperios contemporáneos mantenidos por las viejas potencias europeas -como Francia y Gran Bretaña-, y distinto también a los imperios que aspiran tener las nuevas potencias europeas y
asiáticas, Alemania y Japón.
Este "nuevo imperio," según LaFeber, no consiste en la expansión e incorporación de territorios nuevos como habían hecho los imperialistas clásicos y el
mismo Estados Unidos en su expansión a través del continente durante el siglo
XIX. Consiste, en cambio, en el control político informal no de colonias sino de
naciones independientes controladas a base del poderío económico y militar. Es
esta dase de imperio norteamericano el que van a conocer primero los países
latinoamericanos después de 1898, y que con el correr del siglo XX va incorporando progresivamente más y más partes del mundo. Es un imperio mantenido
por el libre comercio, el poderío económico y financiero y, cuando es necesario,
por el enfrentamiento militar; es un imperio que debe ser especialmente familiar
a todos nosotros hoy, dadas las dramáticas iniciativas norteamericanas de fomentar el libre comercio y las reformas neoliberales en Latinoamérica y en el
mundo, y la proyección de su poderío militar alrededor del globo después de los
ataques del 11 de septiembre de 2001.
Dentro de este marco lo que más distingue el libro de LaFeber es su énfasis
en los orígenes sociales de este nuevo imperio, pues muestra cómo el temor a la
293
CHARLES BERGQUIST
movilización de las clases populares en los Estados Unidos a través del último
cuarto del siglo XIX, impulsa a la clase dirigente a la expansión de ultramar en
1898. Su examen minucioso de la mentalidad de los hombres de negocios, los
políticos y los intelectuales -incluyendo al historiador más famoso de los Estados
Unidos, Frederick Jackson Turner- establece sin titubeos que la motivación fundamental de esa clase dirigente fue el temor a la movilización democrática de los
trabajadores urbanos y rurales, el temor a que estas fuerzas democráticas cambiaran de manera fundamental el sistema económico, social y político del país,
acabando con su dominio social y su hegemonía cultural.
Es cierto que en el libro de LaFeber la dase trabajadora no aparece directamente; como historiador diplomático, no se concentra en los trabajadores ni en
sus organizaciones laborales y políticas. Tampoco enfoca las nuevas formas del
capitalismo de la época -los trusts, por ejemplo- ni las nuevas y revolucionarias
formas de organizar el proceso de trabajo conocidas en la historia laboral como
el taylorismo. Estas nuevas formas del capitalismo son respuestas a las organizaciones, ideas y tácticas cada vez más eficaces de los trabajadores industriales en
las últimas décadas del siglo. Pero LaFeber sí muestra en su libro la evolución de
una gran crisis económica y social que parte de la gran depresión del siglo XIX
-que empieza en 1873- y se torna muy dramática durante la severa depresión de
1893 a 1897. Estos 25 años de crisis económica periódica, deflación general y
movilización social radical, desemboca a mediados de los años noventa en una
serie de huelgas nacionales de mineros y ferroviarios que paralizan sectores vitales de la economía nacional.
Ahora bien, en el contexto del surgimiento de un tercer partido, el Populista, con base electoral entre los trabajadores rurales del sur y del oeste, y que
amenaza la hegemonía de los dos partidos tradicionales, el Demócrata y el Republicano, se cristaliza en las mentes de los líderes de la clase dirigente un consenso
sobre la necesidad de la expansión hacia el exterior para conquistar nuevos mercados y de esta manera resolver la crisis económica y social -no piensan nunca en
la otra solución, una redistribución del ingreso nacional para estimular el consumo-. Estos mercados no iban a encontrarse en Europa, donde la competencia
con otros países industrializados era dura, sino en América Latina y en Asia, sobre todo en la China con sus millones de potenciales consumidores. He aquí la
importancia del futuro canal sobre el Istmo americano; el canal iba a ser fundamental para esta estrategia comercial y para conseguirlo y defenderlo eran vitales
las islas ganadas de España en 1898.
Esta es en breve la tesis del libro de LaFeber, que rompe completamente
con la historiografía vigente norteamericana sobre la guerra de 1898. Antes de
este libro la explicación de la guerra de 1898 insistía en que ésta fue un accidente
que hubiera podido evitarse de no haber sido por la temeridad y falta de liderazgo
del presidente norteamericano William McKinley, quien dejó a la opinión pública, enardecida por una prensa amarilla irresponsable, llevar al país a la guerra. Es
294
PANAMÁ Y LOS ORÍGENES SOCIALES DEL IMPERIALISMO NORTEAMERICANO
decir que, según la historiografía tradicional, la culpa de la guerra que inicia la
fase imperialista del país la tiene el pueblo norteamericano y no sus dirigentes.
Para colmo, esta explicación tradicional enfatizaba además que los hombres de
negocios norteamericanos se opusieron a la guerra, una posición desarrollada en
el influyente libro Los expansionistas de 1898, del historiador Julius W Pratt.
LaFeber revela que todo esto es una big lie, una gran mentira. Demuestra,
como hemos visto, que la guerra de 1898 es la expresión política y diplomática de
la industrialización del país y del ahondamiento de una crisis económica y social
coligada a esta industrialización. Muestra que McKinley, lejos de ser débil, trabajaba estrechamente con la nueva e influyente Asociación Nacional de Manufactureros, y que además, en vísperas de la guerra, representantes de algunas de las
corporaciones más importantes apoyaron la decisión de movilizarse, en parte
por razones estratégicas y comerciales y en parte porque temían que la constante
incertidumbre sobre una guerra pudiera sofocar la incipiente recuperación económica del país después de cuatro años de depresión. Otros estudios, particularmente los de Philip Foner, muestran que también oficiales del gobierno norteamericano temían a la radicalización de la guerra en Cuba. Les asustaba el grado
de destrucción y las expropiaciones que tuvieron lugar, y veían con malos ojos
que el liderazgo de las fuerzas independentistas iba quedándose más y más en
manos de gente de color. Pensaban que estas tendencias podían resultar en una
nación independiente con un gobierno no favorable a los intereses de los propietarios en Cuba, ni a los intereses estratégicos de los Estados Unidos en general.
El libro de LaFeber nos enseña además a apreciar la centralidad del "futuro" canal por el istmo de las Américas en la visión de esa clase dirigente, y por lo
tanto la importancia de futuras bases militares en Cuba, Puerto Rico y las Filipinas para proteger el canal. Además de acortar la distancia para el comercio entre
la parte este y medio-oeste de los Estados Unidos -sede de la mayor parte de su
industria y de su agricultura de exportación- y la costa pacífica de Sur y
Centroamérica -y la costa pacífica norteamericana misma- y además, por supuesto, de acortar dramáticamente la distancia entre los Estados Unidos y los
mercados de Asia, el canal también facilitaría el desarrollo de la armada naval
norteamericana, evitando la necesidad de construir y mantener dos flotas, una en
el Atlántico y otra en el Pacífico. Apenas cinco años después de terminar la guerra
con España, los Estados Unidos habían resuelto exactamente dónde construirían
el canal y en qué condidones; y apoyaron la separación de la provincia de Panamá de Colombia para lograr sus fines, y un poco más de diez años después, el
canal por Panamá sería una realidad. Estas transacciones son ilustradas en las
caricaturas racistas de la época reproducidas a continuación.
295
(MIARLES BERGQUIST
Mr.M-
They Would Like to Get In
("The islands of San Andrés and Providence want to join the
Panamá republic." -News item)
Imagen 1. Tomado de W. L. Evans, Cleveland Leader, ca. 1904
- San Andrés: Recuérdame, Panamá.
- Providencia: A mí también, Panamá.
10 millones de dólares para derechos del canal
Comentario: Ellos también quieren entrar a formar parte de la nueva República
de Panamá (según recientes artículos de prensa).
296
PANAMÁ Y LOS ORÍGENES SOCIALES DEL IMPERIALISMO NORTEAMERICANO
The Philippines: "What yer got?"
Cuba: "Pie."
The Philippines: "Where'd yer git it?"
Cuba: "Mah Únele Sam gin it to me; any maybe ef you was half
way decent he' gin you some".
Imagen 2. Tomada de R. C. Bowman. Minneapolis Tribune, 1901.
- Filipinas: ¿Qué tienes?
- Cuba: Torta.
- Filipinas: ¿Dónde la conseguiste?
- Cuba: Mi tío Sam me la dio y tal vez si tú te portas de manera medio decente te
da una también.
Finalmente, LaFeber ayuda a interpretar el debate en los Estados Unidos
después de la guerra de 1898 entre los llamados "imperialistas", quienes proponían ocupar como colonias tradicionales las nuevas tierras ganadas en la guerra,
y los llamados "antimperialistas", quienes se oponían a esta idea. Ambos bandos,
demuestra LaFeber, perseguían la misma meta: usar los nuevos territorios para
aumentar el comercio exterior de los Estados Unidos. Pero los antimperialistas
temían que la incorporación de territorios densamente poblados con gente atrasada de otra cultura y color fuera una amenaza para las instituciones democráticas nacionales. No querían senadores de color de estos territorios legislando un
día sobre los intereses de las mayorías blancas del país. Alfinhubo un compromi297
CHARLES BERGQUIST
so entre los dos bandos en la cuestión de Cuba, que quedó como protectorado,
pero para el caso de las Filipinas, donde la ocupación norteamericana encontró
una resistencia armada fuerte, tuvieron que ser sometidas como colonia.
Imagen 3. El gráfico, dibujado por J. Campbell Tory, fue publicado en el
periódico The New York Bee el 28 de mayo de 1898. El presidente William
McKinley contempla cómo tratar a las nuevas dependencias adquiridas
en la guerra con España. Frente a él aparecen las figuras representando
a Cuba, las Filipinas y, de pie, Puerto Rico. En la caja de jabón se lee la
pregunta "¿Lo has probado?"
A la larga, sin embargo, la posición de los "antimperialistas" predominó.
Dado su poderío económico después de 1898 -ya era la primera nación industrial en el mundo-, el país optó por un "nuevo imperio" y a través del siglo XX
pudo aprovechar este sistema -que entre sus muchas ventajas liberaba a la metrópoli de los costos de la administración directa de sus dependencias- para aumentar su influencia en los países que lograron independizarse de sus viejos amos
coloniales europeos.
III
A pesar de estos aportes tan importantes a una interpretación más acertada y más
democrática de los orígenes del imperialismo norteamericano, LaFeber deja de
lado en su libro un comentario sobre las futuras implicaciones del nuevo imperialismo para el país. Esto se debe en parte, creo, al ambiente de guerra fría y de
Í2 9 8
PANAMÁ Y LOS ORÍGENES SOCIALES DEL IMPERIALISMO NORTEAMERICANO
macartismo en que escribió el libro. En el prefacio de una nueva edición de su
libro, que salió en 1998 marcando el centenario de la guerra de 1898, y a 35 años
de la publicación de su primera edición, LaFeber alude a esta circunstancia. Describe el temor que sintió cuando, asumiendo su posición como profesor principiante en la Universidad de Cornell, se encontró una noche en un banquete sentado al lado de un abogado socio de una de las firmas más importantes del país.
El abogado era también director de la junta de gobernadores de la universidad,
cuerpo en que reposa la máxima autoridad de esa institución. Cuando el abogado le preguntó sobre qué trabajaba, LaFeber confiesa que tuvo una visión de una
carrera muy corta en Cornell; lo que no cuenta, pero sabe de sobra porque después escribió un libro célebre -Inevitable Revolutions- sobre el rol histórico de
los Estados Unidos en precipitar la crisis centroamericana en los años 1970 y
1980, es que la firma que dirigía el abogado es la misma en que fue socio John
Foster Dulles, quien redactaba los contratos entre la United Fruit y los dictadores
guatemaltecos en los años treinta y que después de la Segunda Guerra Mundial,
fuera uno de los arquitectos principales de la guerra fría. Como secretario de
Estado en 1954 Dulles dirigió, junto con su hermano Alien, jefe de la CIA, la
intervención que tumbó el gobierno democrático de Guatemala e instdó en el
poder al régimen contrarrevolucionario militar.
En su prefacio de 1998, LaFeber cuenta, sin embargo, que supo manejar la
conversación con el abogado y que no le fue md; sin embargo, la anécdota sirve
para recordarnos el clima intelectud y político represivo en que escribió y publicó
su libro. Dado este contexto, es redmente impresionante el alcance y vdor de la
interpretación del imperialismo norteamericano que logra avanzar en el libro, y el
no insistir demasiado en el legado antidemocrático del imperidismo seguramente
explica en parte el éxito que ha obtenido a lo largo de su carrera académica.
Es difícil, en cambio, entender la incapacidad de los historiadores sociales
y laborales norteamericanos, radicales unos, marxistas otros, que escriben después de LaFeber en un ambiente intelectud y político mucho más pluralista y
democrático, de tomar en cuenta el imperialismo en sus estudios. No integran
cabalmente la tesis de LaFeber en sus estudios y no analizan el impacto del imperialismo después de 1898 en la historia social y laboral del país. En el artículo
publicado en Innovar, y de manera más extensa en un libro que publiqué en Londres en 1996, traté de entender este fenómeno. En buena parte la naturaleza del
problema se expresa muy bien en una carta que me escribió el más destacado de
los historiadores y quien más ha trabajado el movimiento obrero norteamericano del siglo XX, David Brody, dos de cuyos más importantes libros se citan en la
bibliografía. Me permito leerles una parte extensa de esta carta porque ofrece un
vistazo, por supuesto muy raro, de la mentalidad de uno de los mejores historiadores laborales norteamericanos. Brody está comentando sobre un ensayo que
escribí en inglés similar al artículo que publiqué aquí en Colombia en 1994,
299
i CHARLES BERGQUIST
Apreciado Charles:
Le agradezco el envío de su ensayo que acabo de leer con mucho interés. Es una
crítica estimulante de LaFeber et al, como todo lo que hace para sacarnos de nuestro
parroquianismo nacional y hacernos ver lo que hacemos desde otra perspectiva.
Creo, sin embargo, que su crítica de los historiadores sociales y laborales como
Montgomery y Goodwyn, etc. -véanse las páginas 83 y 84 de mi artículo en español- tiene una respuesta obvia. Me parece que todos nosotros creemos que LaFeber
tiene razón y que las movilizaciones agrarias y laborales la década de 1890 sí precipitaron el expansionismo ansioso que conduce a la guerra de 1898 con España.
Tal vez LaFeber no enfatiza esto lo suficiente, pero sí lo dice y ofrece suficiente
evidencia de esta posición para convencernos. Para el texto universitario que acabamos de publicar junto a otros autores, America's History [este texto, que se cita
en la bibliografía, es muy usado en las universidades norteamericanas; ya está en
su quinta edición], volví a leer el libro de LaFeber y adopté su argumento en el
capítulo sobre el imperialismo, pero como ocurre en todos los otros textos que
usted cita -véanse las páginas 82 y 83 del artículo en Innovar- no digo nada sobre
imperialismo en el capítulo que escribí sobre el movimiento obrero. El problema
para los historiadores laborales, no importa su ideología -salvo, por supuesto, los
marxistas-leninistas no reconstruidos como Philip Foner-, es que la influencia
parece operar en una sola dirección: la lucha de clases tal vez conduce al imperialismo, pero no vemos cómo el imperialismo afecta a su turno la lucha de clases. En
consecuencia, los orígenes sociales del imperialismo norteamericano se convierten en una especie de nota de pie de página para nosotros. Claro que al lado suyo,
en Latinoamérica, el impacto del imperialismo norteamericano es claro y no consiste en una nota de pie de página. Ahora bien, esta omisión de parte nuestra
puede indicar una conciencia falsa, aunque yo no admitiría esto hasta que se demuestre cómo y en qué grado el imperialismo norteamericano sí tenía una influencia significativa sobre la historia laboral de esta época. Y esto, a su vez, tiene
que ver con uno de los problemas con que LaFeber tiene que lidiar. El hecho que
los expansionistas creían que los mercados de ultramar eran vitales para la estabilidad social en los Estados Unidos no quiere decir que esto era objetivamente la
verdad y LaFeber tiene que admitir esto. Su estudio se basa en las percepciones de
las élites y sus consecuencias. La vaguedad de las realidades subyacentes explica en
gran parte, creo, el silencio de los historiadores norteamericanos sobre el imperialismo. Si nosotros no vemos su impacto, ¿cómo podemos escribir sobre ello? Yo
no creo que es suficiente criticarnos por ignorar el imperialismo o, más precisamente, por segregado de la historia laboral. Hay que mostrarnos por qué esto no
sirve. De todos modos, Ud. apreciará cómo su ensayo me movió los huesos...
Con este comentario revelador, Brody acepta el argumento que venía haciendo en mi ensayo sobre los orígenes sociales del imperialismo norteamericano - d e hecho lo hace suyo-, pero al mismo tiempo descarta su importancia porque no explica cómo el imperialismo afecta al movimiento obrero. Se podría
300
PANAMÁ Y LOS ORÍGENES SOCIALES DEL IMPERIALISMO NORTEAMERICANO |
escribir mucho sobre cómo el comentario de Brody revela la hegemonía del pensamiento liberal en la historiografía norteamericana. Su carta demuestra cuan difícil es para los historiadores, aun entre los que muestran simpatías hacia la izquierda como Brody, reconocer que el progresivo declive de la democracia y del
impulso reformista en el movimiento obrero y en el país entero durante las décadas siguientes, tiene sus raíces en el imperialismo. Creo que para desocultar todo
esto, y comprender las implicaciones de la actitud de historiadores como Brody,
todavía falta mucho; para iniciar una discusión anoto los siguientes puntos: en
primer lugar, suponiendo, como lo hace Brody, que el imperialismo no tuviera
ningún efecto sobre el movimiento laboral y social doméstico, me parece irresponsable no reconocer el rol que ese movimiento jugó en llevar a la clase dirigente al consenso sobre la necesidad de la expansión para conservar su posición privilegiada en el país. Digo esto porque, como admite Brody, esta interpretación
concuerda con su propia visión de la verdad histórica y no contarla a sus lectores
equivale a promover una falsedad.
En segundo lugar, me parece fundamental reconocer el papel del movimiento obrero en impulsar el imperialismo porque envuelve una ironía clave
para entender la siguiente historia del país; y dado el rol importante que juega
Estados Unidos en el mundo después de 1898, esta ironía también afecta la historia universal. Resulta que la misma lucha democrática dentro del país va a resultar en el lanzamiento de una fuerza netamente antidemocrática hacia el exterior,
una fuerza que, a través del siglo XX, las más de las veces, va a confrontar y debilitar las fuerzas democráticas tanto en el mundo como en el interior de los Estados Unidos. Entender los términos de esta gran ironía me parece fundamental,
pues sin esta comprensión los norteamericanos no pueden conocerse a sí mismos ni pueden entender cabalmente la naturaleza del sistema social en que viven.
Para comprender esta ironía hay que mostrar la falsedad de la idea de que
el imperialismo no afectó en nada al movimiento obrero después de 1898, pues
en realidad esa influencia fue grande y a la larga socavó la vocación democrática
del país. La influencia del imperialismo sobre el movimiento obrero parte del
efecto económico que tuvo la victoria en la guerra con España en 1898 y la separación de Panamá de Colombia cinco años después. Ambos acontedmientos convencieron a la clase dirigente de que el futuro económico del país iba a ser brillante; la victoria rápida en la guerra, y las nuevas posesiones territoriales adquiridas con ella, convencieron a la élite de que el canal que tanto añoraban para
expandir el comercio y el poderío militar del país ya no era un sueño sino una
realidad alcanzable. El optimismo que resultó, capturado en la descripción de la
guerra que se hizo popular en los Estados Unidos - a splendid little war (una guerrita
espléndida)- hizo que los capitalistas se tornaran, en la frase célebre de Wall Street,
bullish on America (crecientes en América). Su optimismo impulsó una época de
inversiones de capital en la economía n a d o n d y en el exterior de gran escala -el
Canal de Panamá en sí era la obra de ingeniería más grande, más costosa y más
301
CHARLES BERGQUIST
impresionante hasta entonces vista en el mundo-. El crecimiento económico espectacular que resultó de estas inversiones duró décadas e hizo olvidar los tiempos difíciles de los 25 años que precedieron a la guerra. Véase la Tabla 1.
Tabla 1
Inversiones directas estadounidenses en el exterior, 1919 y 1929
en millones de dólares
Fuente: Tomado de WiUdns, 1974: 55.
1919
1929
Europa
Canadá y Terranova
México
Cuba y las Antillas
Centroamérica
Suramérica
Otros
694
814
644
567
112
665
259
1340
1650
709
1026
251
1720
725
Total
3765
7428
1988
52.8%
3706
49.9%
Total Latinoamérica
Partes de Latinoamérica
Este período de expansión interna y externa de la economía norteamericana afectó de muchas maneras al movimiento obrero norteamericano. Al principio la mayoría de los sindicatos expresaron su oposición al imperialismo, pero
una vez entendieron que se trataba de un nuevo imperio -es decir que no iba a
resultar en la adquisición de nuevas tierras con personas dispuestas a trabajar por
menos de lo que ya ganaban los trabajadores norteamericanos, pero que sí resultaría en nuevos mercados para la producción norteamericana- la mayoría de los
sindicatos dejaron de oponerse a la política exterior del gobierno. Pero, por otro
lado, la expansión tremenda de la producción interna de estos años estimuló una
inmigración masiva de trabajadores a los centros industriales, muchos de ellos de
países poco desarrollados del sur y del este de Europa. Las divisiones culturales y
religiosas de la clase obrera norteamericana, fomentadas por esta inmigración,
son temas predilectos de los historiadores laborales norteamericanos para explicar la debilidad progresiva del movimiento obrero del país. También lo son las
consecuencias de la otra migración paralela a la internacional, la de trabajadores
empobrecidos del sur de la nación donde el legado de la esclavitud había retardado el desarrollo, y donde las tensiones raciales entre blancos y negros militaban
en contra de una solidaridad. La llegada de estos trabajadores al norte industrial
302
PANAMÁ Y LOS ORÍGENES SOCIALES DEL IMPERIALISMO NORTEAMERICANO
también debilitaba la organización sindical. El mismo efecto cultural y racial tuvo
una tercera fuente migratoria proveniente de México.
Los historiadores labordes norteamericanos no sólo no reconocen los vínculos entre el racismo, la inmigración y la expansión extraordinaria de la economía
-precipitada por el optimismo y las inversiones generadas por la guerra de 1898-;
tampoco reconocen los vínculos entre el racismo doméstico, que tanto critican, y
las percepciones norteamericanas de la gente de color en los países de ultramar
donde Estados Unidos iba expandiendo su influencia e invirtiendo su capitd. Estos
vínculos se sugieren en las caricaturas políticas editoriales de la época, fenómeno
estudiado por el historiador latinoamericanista, el norteamericano John Johnson.
He reproducido algunas de ellas que tratan los asuntos discutidos aquí -la guerra
de 1898 y la separación de Panamá de las imágenes 3 y 1 respectivamente- para
mostrar este vínculo entre el racismo, que va socavando la vocación democrática
interna del país, y el racismo como base centrd del imperialismo en el exterior. Los
actores latinoamericanos aparecen en estas caricaturas con el vestuario y el hablar
exagerado de los niños negros empobrecidos rurdes del sur de los Estados Unidos.
Revelan que para sus redactores y sus consumidores blancos en el norte y el oeste
del país, latinoamericanos,filipinosy negros sureños norteamericanos constituyen
un mismo problema: son niños retardados y primitivos necesitados de higiene,
cultura, disciplina y desarrollo. -He traducido al español las conversaciones de la
gente de color en estas caricaturas. Sin embargo, su significado completo se encuentra en el dialecto estereotipado de los negros del sur de los Estados Unidos-.
Los años siguientes a la guerra con España fueron de mucha prosperidad
económica para los Estados Unidos. En el período comprendido entre 1898 y
1929 la economía del país creció en un porcentaje anual de 3.7 -una tasa de crecimiento impresionante, sobre todo teniendo en cuenta el nivel de inversión de
capital en el exterior, especidmente en Latinoamérica-. Durante los primeros 11
años después de la guerra de 1898 el crecimiento económico anual promedio fue
de aproximadamente ¡5.2 por ciento! El capitalismo funcionaba tan bien en esa
época que los que criticaban el sistema -sobre todo los socialistas y los anarquistas
del movimiento obrero- eran considerados por muchos, dentro del movimiento
obrero y sobre todo fuera de él, como locos, gente que quería matar la gallina que
ponía los huevos de oro. Los disidentes eran considerados por muchos como
"no-americanos" -un-american-, y sus esfuerzos por organizar sindicatos y ganar mejores condiciones laborales por medio de la huelga fueron mal vistos por
la mayoría de los ciudadanos, y reprimidos sin piedad por los patronos y el gobierno mismo. La represión fue especialmente marcada y eficaz después de la
Revolución Rusa, y durante la década de los años veinte centenares de líderes
sindicales radicales fueron expulsados del país anualmente.
Esto sólo empezó a cambiar después de 1929 cuando ese gran período de
expansión de la economía norteamericana cesó y la Gran Depresión de ese siglo
hizo que muchos volvieran a cuestionar a los capitalistas y su sistema. Entonces
303;
! CHARLES BERGQCI
los radicales y los izquierdistas empiezan de nuevo a expandir su influencia entre
el movimiento obrero y en la vida política del país, aunque parten de una base
ideológica e institucional bastante reducida por el impacto del imperialismo durante las tres primeras décadas del siglo.
Queda mucho por decir sobre este tema y aún más por investigar. Pero
creo que estos ejemplos dan alguna idea de la naturaleza de algunas de las influencias del imperialismo sobre el desarrollo económico, político y social del
país en las décadas después de 1898.
Durante las primeras tres décadas del siglo XX el poder y la visión reformista radical del movimiento obrero norteamericano declinaron hasta ser una
sombra de lo que fueron antes de 1898, al punto que al final de los años veinte las
grandes corporaciones norteamericanas se ufanaban de haber establecido la paz
industrial. Pensaban que habían conjurado las confrontaciones con sus obreros
por medio de lo que llamaban el "Plan Americano" que consistía en montar sindicatos, controlados por las empresas, que ofrecían a sus afiliados algunos beneficios, como contribuciones a planes de jubilación, siempre que fueran empleados leales y productivos. Sobra decir que la llegada de la Depresión también termina con estos planes.
Por todas estas razones creo que, para entender la historia del movimiento
obrero norteamericano, y comprender la historia del país en general, hay que
tomar en cuenta el impacto del imperialismo después de 1898. Esto no es una
nota de pie de página en la historia del país, como sostiene Brody; al contrario, es
parte de su esencia misma.
IV
Estas observaciones historiográficas sobre los orígenes y consecuencias sociales
del imperialismo norteamericano sirven, tal vez, para arrojar alguna luz acerca
de la importancia de este ciclo de conferencias sobre la separación de Panamá,
organizado por la Universidad Nacional de Colombia durante este año centenario del evento. Creo que las ponencias de los investigadores panameños y colombianos ofrecidas en este ciclo han mostrado una sofisticadón y madurez en el
trato uei terna que contrasta en gran parte con ra evolución ue ia iiistonograiia
norteamericana sobre el mismo asunto1. Al momento de la separación de Panamá, la situadón de los tres países involucrados no parecía favorecer en nada a
Colombia y el futuro de Panamá era oscuro. Colombia, que acababa de salir de la
guerra civil más sangrienta y destructiva en todo el siglo XIX en Latinoamérica,
quedó mutilada, arruinada económicamente, y sin rumbo político cierto. Por
otra parte, Panamá nació bajo una tutela foránea que sería muy difícil de conjurar, mientras que el futuro de los Estados Unidos aparecía sin límites.
Hay cierta ironía en todo esto que no escapará a los presentes.
304
PANAMÁ Y EOS ORÍGENES SOCIALES DEL IMPERIALISMO NORTEAMERICANO
Pero con el correr del siglo XX las cosas resultaron un poco más complicadas. En Colombia, en parte por el choque de la pérdida de Panamá, se resuelven
las diferencias entre su clase dirigente, y por lo menos durante la primera mitad
del siglo mantiene la paz y el país experimenta un desarrollo capitalista impresionante gradas al crecimiento de su economía cafetera, estimulada en parte por el
canal construido en Panamá. Panamá, por su parte, sufre fundamentales cambios económicos, demográficos, socides y políticos -unos más positivos que otrosgracias a la construcción y operación del canal. Pero a lo largo del siglo logra
hacerse más independiente de la tutela norteamericana, posesionarse del canal y
expulsar las bases militares norteamericanas -la invasión brutal de los Estados
Unidos en 1989 detiene este proceso pero no lo anula-.
La suerte de los Estados Unidos durante las primeras décadas del siglo XX
se ha discutido en algún detalle en esta charla, sobre todo en términos del crecimiento espectacular de su economía y el declive en el poder de su movimiento
obrero. Estas dos tendencias se relacionan entre sí y se explican en parte por el
imperialismo; sin embargo, es en los estudios de estos fenómenos hechos por los
historiadores norteamericanos, incluso los de izquierda, que se vislumbra el efecto antidemocrático más insidioso del imperialismo en el país: el negar o ignorar
cómo el imperialismo impacta la historia interna nacional. A pesar de todos los
logros conceptuales y metodológicos de los historiadores sociales y laborales del
país -logros que no he destacado en esta charla, pero que reconozco en el artículo
distribuido a ustedes-, ellos descartan el impacto del imperialismo y esto los conduce, como he intentado mostrar, a distorsionar de manera fundamental la historia que escriben. En otras palabras, una de las bajas internas más graves del
imperialismo en el país ha sido el conocimiento mismo, el conocimiento de sí
mismo.
Marx entendía que los oprimidos ven las cosas más claramente que sus
opresores. No porque son más inteligentes o porque son superiores moral o
éticamente, sino porque es de su interés entender bien el sistema social en que se
encuentran. En cambio sus opresores, para sentirse bien con ellos mismos, tienden a mistificar la opresión que practican y, lo que es peor, a engañarse sobre la
naturaleza del sistema social en que viven. En este sentido, vital para un futuro
más democrático, creo que las consecuencias de la separación de Panamá han
sido más positivas para los colombianos y los panameños que para los norteamericanos. En un mundo más equitativo y democrático, los latinoamericanos que
se dedican a la historia tendrían mejores oportunidades y recursos para investigar no sólo su propia historia sino la historia norteamericana, y tendrían mayores oportunidades de enseñar a los historiadores norteamericanos a apreciar lo
que no quieren ver en su propia historia. Tarde o temprano llegaremos allá.
305
ClIARI TS BERGQUISI
BIBLIOGRAFÍA
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Henretta, James, Elliot Browlee y otros. 1996. America's History. Nueva York.
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306
El Istmo de Panamá en la geopolítica
de los Estados Unidos a comienzos
del siglo XX: canal y dominación
Patricia Pizzurno
ESTADOS UNIDOS: EL SURGIMIENTO DEL IMPERIO Y LA NECESIDAD DE UN CANAL
Entre finales del siglo XIX y comienzos de la pasada centuria, una serie de factores tanto externos como internos coincidieron para que Estados Unidos se convirtiera en una potencia imperialista. En primer lugar, debemos tener en cuenta
que, desde la sexta década del siglo XIX, surgió en el contexto internacional un
nuevo brote de imperialismo por parte de las potencias europeas en África y Asia,
a cuya cabeza estaban la Gran Bretaña, Francia, Alemania, Rusia e Italia; en tanto
que en Asia el Japón también entró en la repartición de los despojos coloniales en
el Lejano Oriente, luego de derrotar a la China en 1895. El objetivo fundamental
de estas naciones era el abastecimiento de nuevos mercados con sus productos
manufacturados y la obtención de materias primas. Esta expansión capitalista
estuvo acompañada de la adquisición de territorios invocando necesidades estratégico-militares y hasta humanitarias en virtud de la misión civilizadora y la denominada "carga del hombre blanco" a través del Destino Manifiesto y del
darwinismo social. Además, las potencias imperialistas ejercieron el dominio
político de los Estados sometidos por medio de gobiernos títeres. Por supuesto,
las rivalidades entre estas potencias también estuvieron a la orden del día, por lo
cual fue necesario delimitar las esferas de influencia.
En el ámbito interno, cabe recordar que el extraordinario desarrollo agrícola e industrial alcanzado por los Estados Unidos durante la Guerra Civil —18611865- que, desde entonces, mantuvo un nivel de producción sostenido, se reflejó
en el aumento sustancial del comercio exterior. Para tener una idea aproximada
vale la pena mencionar que mientras en 1865 éste fue de 404 millones de dólares,
para 1890 alcanzó la cifra de 1.635 millones. Pero lo interesante es que las exportaciones de artículos manufacturados fueron proporcionalmente mayores que
307
I PATRICIA PIZZURNO
las de los productos agrícolas, lo que provocó que casi todos los presidentes, prácticamente sin excepciones, desde Ulyses Grant hasta William Me Kinley, se preocuparan por adoptar medidas tendientes a la conquista de nuevos mercados en
el ámbito mundial con el propósito de incrementar o, al menos, mantener el ritmo de producción.
Otros factores que influyeron para que Estados Unidos entrara en la carrera imperialista fueron la finalización de la conquista del Oeste, que actuó como
un acicate para el expansionismo en ultramar, así como la depresión económica
que aquejó a la nación en la octava década de la pasada centuria, que arrojó excedentes de producción y llevó a prestar atención a los mercados del Pacífico y de
América Latina.
También existía un importante movimiento ideológico que preconizaba el
expansionismo y el imperialismo de los Estados Unidos. Políticos, militares, intelectuales y hasta religiosos esgrimieron argumentos o enunciaron nuevos
lineamientos para establecer las directrices de la política exterior de la nación. En
este sentido se destacaron el almirante Alfred Thayer Mahan, los senadores Henry
Cabot Lodge y Albert Beveridge, así como los secretarios de Estado James G. Blaine
y Richard Olney, el historiador John Fiske, el ministro congregacionista Josiah
Strong y el propio Theodore Roosevelt.
Mahan, en su conocida obra La influencia del poder marítimo en la Historia
1660-1783, publicada en 1890, afirmó que Estados Unidos necesitaba una gran
marina para proteger su comercio al que consideraba un elemento decisivo para el
desarrollo imperial. En su opinión, existía una marcada andogía en muchos aspectos entre el mar Caribe y el mar Mediterráneo y dicha similitud sería aún más estrecha cuando el cand se inaugurara. Mahan abogó para que su nación asumiera el
control absoluto sobre el proyectado cand que transformaría el mar Caribe en la
"gran vía del mundo", así como para que dominara estratégicamente las rutas marítimas que accedían d Istmo y el territorio adyacente a la vía interoceánica. El
canal representaba además un impulso para poblar con europeos la deshabitada
costa Oeste de Estados Unidos. Estas ideas eran acordes con el auge que había recibido la tecnología naval en los Estados Unidos desde la década de los ochenta. La
influencia de las ideas de Mahan se dejó sentir con fuerza hasta la Primera Guerra
Mundid por lo menos, y cambió radicalmente la política defensiva de la nación, d
tiempo que le imprimió un nuevo giro a la política exterior.
Por su parte, el historiador John Fiske en su obra Ideas políticas estadounidenses, publicada en 1885, imbuida por el darwinismo social, resaltó la superioridad de las instituciones y de los pueblos anglosajones que, a su juicio, estaban
destinados "a dominar el Globo". En tanto que el reverendo Strong revivió el
carácter religioso y de predestinación divina del Destino Manifiesto de los Estados Unidos enunciado por James Polk en 1845. Predijo que la civilización
anglosajona impondría sus características en "México, en las Américas Central y
del Sur, en las islas lejanas y en otros lugares".
308
EL ISTMO DE PANAMÁ TN LA GEOPOLÍTICA DE LOS ESTADOS UNIDOS
A COMIENZOS DEI. SIGLO X X : CANAL Y DOMINACIÓN
Hacia la octava década del siglo XIX, el secretario de Estado James Blaine
fue otro de los defensores de la Doctrina Monroe y del expansionismo de Estados
Unidos. Sus planteamientos sobre la neutralidad del canal que los franceses adelantaban en Panamá y que él consideraba que debía garantizar en forma exclusiva su país, lo llevaron a mantener ásperas discrepancias con los gobiernos de
Bogotá y Londres. Su polémica con Lord Grandville por la vigencia del Tratado
Clayton-Bulwer y que heredó su sucesor Freylinghusen, mantuvo activos al Departamento de Estado y al Foreign Office de 1881 a 1886. Blaine también es considerado uno de los propulsores del Panamericanismo que buscaba un acercamiento de Estados Unidos hacia las naciones latinoamericanas, a través de la
concertación de tratados de reciprocidad comercial y el arreglo pacífico de las
controversias políticas interamericanas. Todo ello bajo la supremacía de Washington, acorde con los lineamientos de la Doctrina Monroe.
A comienzos de marzo de 1895 el senador Henry Cabot Lodge defendió la
política de neutralidad y la Doctrina Monroe como "los dos principios establecidos por estadistas previsores en lo tocante a las relaciones de los Estados Unidos".
Más aún, afirmó sin titubeos:
... Desde el Río Grande hasta el océano Ártico debe haber una sola bandera y un
solo país. Ni la raza ni el clima prohiben esta expansión y cualquier consideración
referente al crecimiento y bienestar nacional así lo exige.
A renglón seguido añadía:
En aras de nuestro comercio y desarrollo más pleno debemos construir el Canal
de Nicaragua, y para protegerlo y en bien de nuestra supremacía comercial en el
Pacífico, debemos controlar las islas Hawaianas y mantener nuestra influencia en
Samoa. Inglaterra ha plagado las Indias Occidentales de potentes plazas, las cuales
son una amenaza permanente para nuestro litoral asiático. Entre estas islas debemos tener por lo menos una estación naval fuerte y cuando se construya el Canal
de Nicaragua, la isla de Cuba, todavía escasamente poblada y de fertilidad casi
ilimitada, será para nosotros una necesidad. El comercio sigue a la bandera y debemos tener una flota tan potente como para proteger a los norteamericanos en
cada parte del globo y tan poderosa como para defender nuestras costas de la
posibilidad de un ataque devastador.
Defensores a ultranza de la Doctrina Monroe resultaron el presidente
Grover Cleveland, su secretario de Estado Richard Olney y el propio Theodore
Roosevelt quienes a finales de 1895, a raíz del conflicto limítrofe entre Venezuela
y la Gran Bretaña en la Guayana, esgrimieron este documento como política oficial de los Estados Unidos que el resto del mundo debía acatar.
En su obra El ideario americano, publicada en octubre de 1897, Theodore
Roosevelt insistió en la vigencia de la Doctrina Monroe como un principio activo
309
PATRICIA PIZZURNC
de la política exterior de la nación. Por lo tanto, Estados Unidos debía impedir
"toda usurpación europea en territorio americano". Consideraba, al igual que
Alfred Mahan, que era imprescindible para el fortalecimiento de la nación poseer
una gran marina gracias a la cual "probablemente no nos veremos nunca obligados a combatir para defender la Doctrina Monroe, pero si no disponemos de
tales elementos puede ocurrir que nos sea impuesta la guerra". Soñaba con una
poderosa marina de guerra norteamericana liderando ambos mares y con un
canal estadounidense en medio.
Dentro de esta línea de pensamiento imperialista, la isla de Cuba, frente a
las costas de la Florida, ocupaba un lugar principalísimo en la geopolítica de la
nación. Ello explica por qué las guerras de independencia que emprendieron los
patriotas cubanos durante las últimas cuatro décadas del siglo XIX no pasaron
desapercibidas en Washington. No obstante, el gobierno estadounidense sólo intervino militarmente cuando el conflicto se agudizó y puso en peligro las cuantiosas inversiones estadounidenses en la "perla de las Antillas". Antes de adoptar
esta medida, los presidentes Cleveland y Me Kinley habían intentado inútilmente
comprarle Cuba al gobierno español.
En 1898 el pretexto para la intervención norteamericana en la guerra de
independencia de la isla fue el estallido del acorazado "Maine", estacionado en la
bahía de La Habana a mediados de febrero. La guerra hispano-cubano-norteamericana que se extendió entre los meses de junio y agosto terminó con la
meteórica victoria de Washington y fue el detonante de la desintegración del ya
colapsado imperio español. A partir de entonces Estados Unidos surgió como
una potencia imperialista, después que le adquirió a Madrid los despojos de sus
posesiones imperiales entre las que se contaban las islas de Puerto Rico, Guam y
las Filipinas, al tiempo que se apoderó de Cuba. Precisamente en esta isla estableció un régimen militar que sólo permitió que los cubanos asumieran el gobierno
civil en 1901, merced a la imposición de la Enmienda Platt. La guerra demostró la
utilidad que tendría un atajo marítimo por Centroamérica, sobre todo a raíz del
viaje del barco de guerra Oregon de San Francisco a Cuba, que demoró 67 días en
llegar bordeando el Cabo de Hornos.
El ingreso de lleno de Cuba y Puerto Rico en la geopolítica estadounidense
del Caribe, así como la incorporación de Guam y las Filipinas en su estrategia del
Pacífico oriental, estranguló por ambos mares al Istmo centroamericano, transformándolo en el primer desvelo de Washington, habida cuenta de la necesidad de
controlar un canal interoceánico. Esta estrecha franja de tierra despoblada, pobre y
atrasada se convirtió en la clave del equilibrio comercial, militar y naval de los Estados Unidos, y sobre ella recayó la enorme responsabilidad, a corto plazo, del futuro
de sus comunicaciones marítimas y, a largo plazo, del progreso mismo de la nación.
Es evidente que ninguna de las repúblicas centro ni sudamericanas estaba preparada para enfrentar este extraordinario reto, y menos aún Colombia, embarcada en la
más larga y devastadora guerra civil del siglo XIX. De manera que el más grande
310
EL ISTMO DE PANAMÁ EN LA GEOPOLÍTICA DE EOS ESTADOS UNIDOS |
A COMIENZOS DEL SIGLO XX; CANAL Y DOMINACIÓN
negocio internaciond de su agenda política desde la independencia de España la
encontró, al despuntar la nueva centuria, atada de pies y manos, debilitada, desmoralizada en lo interno, desprestigiada en el exterior y al borde de la bancarrota.
Entretanto, en Estados Unidos la construcción de un canal que era considerado la puerta de entrada al Pacífico, cobraba cada vez más fuerza al comprender que el futuro de la producción nacional y las necesidades estratégico-militares dependían de comunicaciones rápidas y económicas. Sin olvidar, claro está,
que el canal representaría un pasillo, un corredor interno que le permitiría unir
sus costas con facilidad.
Para entonces, el comercio exterior de la nación era el segundo en volumen en el mundo, inmediatamente después del británico, y para nadie era ya un
secreto que la supremacía, en cuanto a la producción y al comercio exterior, dependía fundamentalmente de las comunicaciones. Por esta razón era necesario
disminuir los costos de transporte y reducir las distancias, lo que únicamente se
lograría con la construcción de un canal a través de Centroamérica. La distancia
entre las costas de los Estados Unidos era de 13.400 millas náuticas por la ruta del
Estrecho de Magallanes y los vapores demoraban aproximadamente 60 días en
completar la travesía de Nueva York o Filadelfia hasta San Francisco, en tanto que
los veleros tardaban el doble de tiempo. El canal ístmico recortaba esta distancia
en más del 60% y reducía el tiempo de la travesía y los costos en la misma proporción. El canal ahorra más de 8.000 millas marinas de navegación y se traduce en
economía de tiempo, combustible, salarios, etc.
Sin embargo, eso no era todo. Gracias al canal, las repúblicas del Pacífico
centro y sudamericano caerían bajo la órbita económica de Estados Unidos y a
largo plazo bajo su esfera de influencia política. Estas naciones representaban
casi 3.300.000 millas cuadradas de superficie territorial, con una población de
aproximadamente 32 millones y medio de habitantes, en comparación con las
poco más de 3.500.000 millas cuadradas de extensión de los Estados Unidos y los
76.300.000 habitantes que poseía en 1900. Era indudable que la conquista de estos mercados, controlados por Europa, significaba un importante incentivo para
la producción norteña. Para entonces las transacciones inglesas superaban a las
estadounidenses en una proporción de 3 a 1, tanto por el lado del Pacífico como
por el del Atlántico. Cálculos de la época indican que tan sólo la sexta parte de las
exportaciones de la América del Sur se dirigían a los mercados de Estados Unidos
y que la quinta parte de sus importaciones provenía de esta nación. Como es
natural, Washington buscaba a toda costa revertir esta desventajosa situación frente
al comercio británico, para lo cual era necesaria la construcción de un canal
interoceánico, gradas al cual Nueva York estaría casi 3.000 millas más próximo
de los puertos sudamericanos de Guayaquil, El Callao y Valparaíso, que Liverpool
en Inglaterra.
La Cámara de Comercio y Navegación de Filadelfia, en un informe preparado para la Comisión del Canal ístmico a inicios del siglo pasado, consignó: "El
311;
I PATRICIA PIZZURNO
Canal ayudará a los comerciantes de Filadelfia a competir más eficazmente con
las naciones europeas, las cuales ahora están en posición de dominarnos en el
Extremo Oriente por razón de que elfletees más económico por la vía del Canal
de Suez...". Las organizaciones comerciales de Cleveland, Cincinnatti, Indianápolis,
Chicago y San Luis demostraron que existían importantes relaciones entre la parte
central de los Estados Unidos y las naciones del Pacífico que se beneficiarían grandemente con la construcción del canal. Hacia allí se exportaban ferrocarriles,
material de minería, herramientas y maquinaria agrícola. De manera que el comercio exterior, las comunicaciones entre las costas de la nación y las poderosas
razones estratégico-militares aparecían estrechamente vinculados al imperialismo y al gran negocio del canal a inicios del siglo XX.
Entre 1890 y 1900 el valor de las exportaciones de Estados Unidos a Japón,
China y la Rusia asiática, que hasta entonces no había superado los 20 millones
de dólares, alcanzó la cifra récord de 70. Entretanto, las exportaciones a Australia,
Hawai y las Filipinas pasaron de 16 a 43 millones. Ello demuestra que las exportaciones estadounidenses crederon un 200% en apenas una década, pese al elevado costo de los fletes y a las largas distancias.
El extraordinario desarrollo de la industria estadounidense que se esperaba alcanzar gracias a la apertura del canal, llevó a Washington a concebir la obra
como de utilidad pública internacional y, por lo tanto, a no intentar obtener ganancias directas de la vía interoceánica. Por esta razón, los peajes se calcularon en
forma extremadamente conservadora. Mientras que los franceses habían propuesto en 1890 el cobro de 12,50 francos por tonelada, Estados Unidos redujo
esta tarifa a 5 francos, es decir, a menos de la mitad.
Pese a la combinación propicia de los componentes estratégico-militares y
comerciales que impulsaban la construcción del canal, existían aún a finales del
siglo XIX dos poderosos obstáculos que entorpecían la política canalera de la
nación: por una parte, el Tratado Clayton-Bulwer firmado con Gran Bretaña en
1850 y que le impedía la construcción de una vía interoceánica por Centroamérica
en forma exclusiva, y por la otra, el hecho de que todavía no se sabía, a ciencia
cierta, cuál era la mejor ruta. El camino comenzó a allanarse en 1901 cuando se
firmó el segundo Tratado Hay-Paucenfote que liberó a Estados Unidos de los
compromisos adquiridos medio siglo atrás y le dejó las manos libres para construir un canal. En cuanto al segundo obstáculo para la construcción de la vía,
debemos tener en cuenta que en 1872 la primera Comisión del Canal ístmico
nombrada por el gobierno de Washington recomendó la ruta de Nicaragua como
la que presentaba mayores ventajas para la construcción de una vía. Sin embargo,
el intento francés por construir un canal en Panamá le dio un nuevo giro al problema, en virtud de lo cual se nombró en 1899 la segunda Comisión del Canal
ístmico, también conocida como Comisión Walker, que debía estudiar, una vez
más, las rutas de Nicaragua y Panamá y elevar sus recomendaciones al Presidente.
312
Ei ISTMO DE PANAMÁ EN LA GEOPOLÍTICA DE LOS ESTADOS UNIDOS
A COMIENZOS DEL SIGLO XX: CAÑAL Y DOMINACIÓN
Después de la quiebra de la Compañía Universal del Canal de Panamá presidida por el conde Ferdinand de Lesseps, se constituyó en 1894 la Compañía
Nueva del Canal también financiada por inversionistas franceses. Esta empresa
nació condenada al fracaso por la falta de capital y con el aparente propósito de
salvar la concesión para vendérsela a Estados Unidos. No fue extraño entonces
que en 1900 el director general Maurice Hutin le ofreciera al presidente William
Me Kinley la opción de compra de las acdones. Por instrucciones de Me Kinley, la
Comisión Walker verificó la legalidad de los títulos de concesión después de lo
cual le solicitó a la Compañía que fijara un precio de venta. No sin grandes vacilaciones, la junta directiva estableció dicho precio en 109 millones de dólares,
mientras la Comisión Walker lo había calculado en apenas 40.
De manera que el informe preliminar de esta Comisión, presentado el 30
de noviembre de 1900, una vez más recomendó la construcción de un canal por
Nicaragua, si bien dejó constancia que un canal por Panamá costaría 58 millones
menos, siempre y cuando la empresa francesa se aviniera a vender en 40 millones,
y requeriría la mitad del tiempo para realizar el tránsito. Estas y otras ventajas,
como la geografía, fueron las que se empeñó en maximizar Philippe Bunau-Varilla, ex ingeniero de la Compañía Universal y accionista de la Compañía Nueva,
quien se propuso, en combinación con William Nelson Cromwdl, imponer la
ruta panameña en Estados Unidos.
Entretanto, en el Senado de Estados Unidos se llevaba adelante la batalla
de las rutas cuando un grupo de congresistas, al frente de los cuales estaba John
Tyler Morgan, intentaba imponer la ruta nicaragüense, mientras otro sector, encabezado por Marcus Alonzo Hanna, pugnaba por Panamá. A comienzos de 1902,
cuando se aprobó la ley Hepburn que recomendaba la construcción de un canal
por Nicaragua, el triunfo de los partidarios de esta ruta parecía casi seguro, pero
en junio la situación dio un giro radical cuando la Compañía Nueva accedió a
vender su concesión en Panamá en 40 millones de dólares y el Presidente Roosevelt,
sin pérdida de tiempo, maniobró para que se aprobara la ley Spooner. Esta ley
autorizaba al presidente de los Estados Unidos a comprar el título canalero de los
franceses y a firmar, en un plazo perentorio, un tratado con Bogotá para la apertura de un canal en suelo panameño.
El gobierno colombiano se mantuvo atento mientras se realizaban estas
jugadas. En 1901 reabrió su Legación en Washington, que había permanecido
cerrada desde el estallido de la guerra de los Mil Días en 1899 y nombró a Carlos
Martínez Silva como Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario con el
propósito de convencer al gobierno estadounidense de las ventajas de la ruta panameña sobre la nicaragüense y de suscribir un tratado para la apertura de un
canal. De este modo, principiaron las negociaciones entre ambas naciones que,
con desigual suerte, se extendieron hasta 1903. Tanto Martínez Silva como su
sucesor José Vicente Concha, quien ocupó la Legación a lo largo de 1902, chocaron, por una parte, contra la indecisión, la debilidad y las vacilaciones del presi-
3i3
PATRICIA PIZZURNO
dente José Manuel Marroquín y de sus ministros y, por la otra, con la intransigencia del Departamento de Estado. Además, las agendas de ambas naciones parecían irreconciliables. Aspectos como la neutralidad del canal, las compensaciones económicas que recibiría Colombia por la construcdón de la vía en su territorio, así como la cesión de la soberanía colombiana sobre la franja canalera o
Zona del Canal, resultaban difíciles de armonizar y, finalmente, condujeron al
fracaso de las negociaciones y al fatal desenlace de la separación de Panamá.
Las presiones del Departamento de Estado dieron como resultado la firma, en enero de 1903, del malhadado Tratado Herrán-Hay para la construcción
de un canal por territorio panameño, suscrito por el secretario de la Legación
Tomás Herrán, en representadón del gobierno de Colombia, y el secretario de
Estado John Hay, por el gobierno de Estados Unidos. Pero el documento que
recibió la aprobación casi unánime de los notables de la ruta de tránsito del Istmo de Panamá, que cifraban las esperanzas de su propia existencia como comerciantes en la construcción de la vía, recibió una fría acogida en Bogotá que con el
paso de los días se convirtió en general reprobación. Entretanto, en Washington,
los senadores partidarios de la ruta de Nicaragua fustigaron el tratado y le introdujeron un sinnúmero de enmiendas que no prosperaron pues a último momento las presiones ejercidas por Roosevelt sobre el Congreso condujeron a su
ratificación sin reformas.
A partir de entonces Washington se empeñó en que el tratado corriera similar suerte en el Congreso colombiano. Para ello recurrió a métodos poco ortodoxos
como las amenazas que el ministro estadounidense en Bogotá, Arthur Beaupré, les
hizo llegar a los senadores colombianos a través del ministro de Relaciones Exteriores Luis Carlos Rico y que surtieron el efecto inverso al esperado. Los congresistas,
encabezados por Miguel Antonio Caro y el panameño Juan Bautista Pérez y Soto,
se negaron por unanimidad a ratificar el Tratado Herrán-Hay en su forma original
el 12 de agosto de 1903 y nombraron una comisión para que redactara un documento más ventajoso para Colombia. Lo cierto es que el tratado ni siquiera había
contado con la firma del presidente Marroquín cuando lo presentó al Congreso
para su consideración. Para el Legislativo colombiano, en el que no había ni un solo
senador liberal, el documento pese a reconocer en su artículo IV la soberanía de
Colombia sobre las seis millas de ancho de la franja canalera, en verdad la violaba
pues establecía un arrendamiento por cien años prorrogables por períodos de igual
duración "a la exclusiva y absoluta opción de Estados Unidos" sobre dicho territorio, así como también al implantar tres tipos de tribunales de justicia dentro de
dicha zona: estadounidenses, colombianos y mixtos.
Otros artículos conflictivos fueron el XIII y el XXII en los que se hablaba
de la responsabilidad de la protección y seguridad del canal en forma contradictoria. Igualmente, las compensaciones económicas que recibiría Colombia resultaron inaceptables, de manera que los senadores recomendaron que el gobierno
realizara arreglos por separado con la Compañía del Ferrocarril de Panamá y la
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El ISTMO DI PANAMÁ TN IA GTÓPOI inca DE IOS ESTADOS UNIDOS i
A COMIENZOS DEI SIGI O X X : CANÁI Y DOMINACIÓN
Compañía Nueva para el traspaso de los derechos de concesión a los Estados
Unidos antes de que se negociara un nuevo tratado. Hay quienes sostienen que la
idea era ganar tiempo para que caducara la última prórroga otorgada a los franceses en 1904 y así venderle los derechos directamente a Estados Unidos.
Pocas semanas más tarde Marroquín cometió otro error de cálculo: nombró al senador José D. de Obaldía, un notable panameño, como gobernador del
departamento.
Como sabemos, el rechazo del pacto canalera puso en funcionamiento una
trilogía de intereses encontrados panameño-franco-estadounidenses, cuyo objetivo era la construcción de un canal por Panamá y para lo cual se adoptó la dedsión de separar el Istmo de Colombia. Como indicó Marroquín en su Mensaje de
1904: "El Tratado Herrán-Hay era el hilo que unía el istmo de Panamá con el
resto de la nación y el Senado lo rompió. El Senado colombiano rompió ese vínculo el 12 de agosto de 1903: al votar la no consideración del tratado votó la
separación del istmo de Panamá del territorio patrio...". Es indudable que Washington tuvo una activa participación antes, durante y después de los hechos
acaecidos los días 3, 4 y 5 de noviembre de 1903, que condujeron al nacimiento
de la República de Panamá en condición de cuasiprotectorado de Estados Unidos, pero también es cierto que otros factores coadyuvaron para que los panameños adoptaran la decisión de cortar los vínculos que los habían mantenido unidos a Colombia por más de ocho décadas.
COLOMBIA Y EL ISTMO DE PANAMÁ EN LA ENCRUCIIADA DEL NUEVO SIGLO
La noticia de la separación de Panamá se conoció en Bogotá recién el 6 de noviembre gracias al cónsul colombiano en Ecuador, pues el cable submarino que
comunicaba Buenaventura con la capital del Istmo estaba fuera de servicio. Como
es natural, la noticia provocó conmoción, indignación y hasta sorpresa, pese a
que los tres negociadores que se sucedieron en Washington entre 1901 y 1903,
Carlos Martínez Silva, José Vicente Concha y Tomás Herrán, así como el mismo
Philippe Bunau-Varilla, habían alertado hasta la saciedad al gobierno colombiano sobre este fatídico desenlace. Pese a estas advertencias, no pocos senadores
pensaban con candor, en agosto de 1903, cuando votaron el rechazo del tratado,
que aún era posible sentar una vez más en la mesa de negociaciones al secretario
de Estado John Hay para que tomara en consideración sus observaciones.
Independientemente del indiscutible interés de los Estados Unidos en el
Istmo de Panamá, una vez que Theodore Roosevelt se convenció que ésta era la
mejor ruta, así como de su participación en la separación al enviar barcos de
guerra para impedir el desembarco de las tropas colombianas, en violación de lo
pactado en el artículo 35 del Tratado Mallarino-Bidlack, otras circunstancias influyeron grandemente para que esta sección de la República se separara en 1903.
Si nos remontamos a 1821, veremos que ya entonces varios factores conspiraban contra la unión. Tanto la geografía como la economía, la cultura y la
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PATRICIA PIZZURNO
misma idiosincrasia de la población se empeñaban en separar a Panamá del resto
de la República, pero sobre todo de Bogotá desde donde emanaba la legislación
que regía los destinos de la nación. Sin olvidar, claro está, que el grupo de comerciantes que llevó adelante la independencia de España y votó la incorporación del
Istmo a la República de Colombia en 1821, tenía un proyecto de país que contemplaba transformar a Panamá en un territorio hanseático bajo la protección de
las principales potencias marítimas de la época, con una vía interoceánica como
eje central, al que Bogotá le prestó escasa atención. Los intentos separatistas de
1830,1831,1840 y de 1861 y los 30 años de federalismo entre 1855 y 1885 fueron
el resultado lógico de las contradicciones políticas y económicas entre Panamá y
la capital, así como la postergación del permanente anhelo por neutralizar el territorio para convertirlo en un emporio comercial. En todos ellos, sin excepción,
se mencionan como causas importantes de la separación la falta de relaciones
comerciales con el resto de la República, así como las difíciles comunicaciones
con Bogotá. Eso sin tener en cuenta que en el resto del país se vivía una situación
similar que se tradujo en las tempranas secesiones de Ecuador y Venezuela en
1830 y en los fallidos intentos del Cauca, Boyacá, Antioquia y Bolívar.
Las diferencias entre Panamá y Bogotá, lejos de disminuir, se exacerbaron
sobre todo a partir de la fiebre del oro que llevó a la construcción del ferrocarril
transístmico entre 1850 y 1855, cuando Panamá acogió a gran cantidad de extranjeros que operaron un cambio decisivo en la mentalidad de los notables, quienes hasta entonces habían funcionado como un grupo endogámico, al que Ornar
Jaén Suárez definió como "La República de los Primos". Los habitantes de la ruta
de tránsito del Istmo de Panamá, como todos los pueblos marítimos, poseían una
mentalidad abierta a los cambios, así como una tendencia natural a incorporar
nuevos patrones culturales, en tanto que Bogotá, enclavada en un valle andino, a
2.600 metros de altura, estrangulada por la geografía y con unas comunicaciones
por lo demás arduas, asimilaba con dificultad las transformaciones a las que los
panameños eran tan proclives.
El cosmopolitismo panameño, considerado en Bogotá "de pésimo gusto",
se vio además estimulado por el hecho que la principal actividad de los patricios
de la ruta de tránsito era el comercio, en tanto que en la capital de la República la
clase alta seguía apegada en buena medida a los modelos de vida coloniales que
marcaban la tónica de una sociedad ultramontana, cerrada y estratificada que
permanecía atada al latifundio, al ejército, a la iglesia y sobre todo al "noble" y
lucrativo ejercicio de la política. Al igual que el inglés, el panameño era un pueblo
de tenderos. Por eso, tanto en la independencia de 1821 como en la separación de
1903 el arma utilizada por los conjurados fue el dinero que sirvió, en ambas oportunidades, para sobornar a las tropas. Y como si todas estas diferencias fueran
pocas, los territorios costeños del Caribe, es decir, Panamá, Bolívar y Magdalena,
eran conocidos como los "Estados negros" por la gran proporción de población
de color y las mezclas raciales allí imperantes, frente a una minoría blanca que en
el caso del Istmo no superaba el 22%.
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ET ISTMO DE PANAMÁ EN LA GEOPOLÍTICA DE TOS ESTADOS UNIDOS
A COMIENZOS DEL SIGLO XX: CANAL Y DOMINACIÓN
Las condiciones existentes en Colombia a comienzos del siglo XX fueron
un acicate importante que contribuyó a la desunión. Para entonces el atraso del
país era extraordinario, al punto que antes de la desmembración, con poco más
de 1.100.000 km2 de extensión territorial, apenas poseía 650 km de vías férreas,
de las cuales 80 estaban en territorio panameño y no tenían ningún impacto en el
resto del país. Aunque el proyecto de construir ferrocarriles y mejorar el sistema
de comunicaciones figuraba en los programas de gobierno de ambos partidos
políticos influenciados por las ideas positivistas, lo cierto es que la pobreza del
tesoro nacional y la falta de crédito en el extranjero habían postergado el progreso. Además, las guerras entre liberales y conservadores y la permanente actividad
política consumían los escasos fondos de la nación, la riqueza particular y las
mejores energías.
Sin duda el deficiente sistema de vías de comunicación era una de las claves
para comprender el atraso. Llegar a Bogotá desde Panamá podía ser una aventura
de consecuencias impredecibles pues la travesía se hacía por el Atlántico, en navios
ingleses o estadounidenses dado que la República carecía de un sistema de navegación de cabotaje. Desde la ciudad de Panamá sobre el Pacífico se llegaba a Colón en
tren en menos de cuatro horas. Allí se abordaba un vapor rumbo a Cartagena desde
donde, por el río Magdalena, la columna vertebral de las comunicaciones nacionales, se arribaba a Honda. A lomo de muías montañeras se llegaba al altiplano bogotano bajo las peores condiciones imaginables, bordeando precipicios que producían vértigo, con un sol abrasador o bajo una lluvia tenaz y persistente. El largo
trayecto hasta la capital andina demoraba cinco o seis semanas y recordaba las penosas condiciones que habían imperado en el Istmo de Panamá para el tránsito
transístmico antes de la inauguración de la vía férrea en 1855.
Estas difíciles comunicaciones ya habían sido denunciadas a mediados del
siglo por Justo Arosemena, sin que cincuenta años más tarde se hubiesen producido mejoras sustanciales. Los resultados eran unas relaciones administrativas
irregulares y unas transacciones comerciales inexistentes entre ambas secciones,
máxime si tenemos en cuenta que la barrera infranqueable de la selva del Darién
impedía y aún impide las comunicaciones terrestres. Lo único que Colombia exportaba a Panamá con la velocidad de la luz eran las revoluciones y las guerras
civiles. En realidad, la economía que Eduardo Nieto Arteta define como de "archipiélago de islas" y que caracterizó a Colombia durante todo el siglo XIX, impidió integrar los mercados nacionales con las zonas productoras a causa precisamente de la escasez de vías de comunicación. Esta situación explica el aislamiento, así como los proyectos separatistas, unionistas o anexionistas a otros territorios, de los que no se vio exenta casi ninguna sección de Colombia.
Pero había más. Colombia tenía una economía agraria, carente de industrias y con un aparato productivo que descansaba casi por completo en la exportación de café y en menor medida de la quina, el añil y el tabaco, que se había
visto desarticulado durante la guerra de los Mil Días. Poseía casi cuatro millones
317
PATRICIA PIZZURNO
de habitantes, con una densidad de población de apenas un poco más de 3 habitantes por km2, con una tasa de crecimiento demográfico que no superaba el
1,5% anual, con más del 80% de su población dispersa por el campo y ubicada de
preferencia en las altiplanicies de Boyacá, Cundinamarca y Pasto, lo que unido a
la falta de vías de comunicación convertía a la República en una tierra de caudillos y de caciques regionales.
La fatal herencia de la guerra de los Mil Días con más de cien mil muertos
de una población de casi cuatro millones y una destrucción de la riqueza pública
calculada en 25 millones de pesos oro vino a ensombrecer aún más el oscuro
panorama. A ello se agregaba la deuda que la nación mantenía con Inglaterra
desde los días de la independencia, calculada en tres millones de libras y que en
aquellas circunstancias resultaba impagable. Con un presupuesto nacional no
superior a los seis y medio millones de pesos, de los cuales cuatro ya estaban
comprometidos para el pago de los sueldos atrasados del ejército, la policía, los
jueces y los maestros, era evidente que la nación languidecía y se encaminaba sin
pausas hacia la bancarrota. Poco antes de la separación, hacía un año que el personal judicial de Panamá no devengaba sus haberes y varios meses que las tropas
de guarnición en el departamento no cobraban.
En medio de este estado de deterioro económico y moral, lo único que
Colombia podía ofrecerle al Istmo de Panamá en 1903 era la ratificación del Tratado Herrán-Hay para que el Canal se construyera por su territorio, y fue precisamente lo que le negó. Aunque Panamá no atravesaba su mejor momento después
de tres años de guerra, que había mermado su riqueza agropecuaria y frenado el
giro comercial, aún constituía para Colombia una fuente de rentas permanentes
que, según Salomón Ponce Aguilera, representaba aproximadamente un millón y
medio de pesos en moneda de plata colombiana por bienio. El gobierno de Bogotá recibía del Ferrocarril de Panamá una anualidad de 250.000 pesos oro, de los
cuales sólo el 10% revertía a las arcas panameñas. Así mismo, percibía cantidades
adicionales de la decena de compañías navieras que operaban en nuestro suelo
por los derechos de concesión, tonelaje, transporte y aduanas. Sin olvidar que los
franceses le habían pagado a Colombia por la concesión del canal y sus prórrogas
una cifra cercana a los 15 millones de francos.
Más grave, sin embargo, que el hecho de que Panamá no obtuviera beneficios de su condición de Istmo y de su privilegiada situación geográfica, pese a ser
la riqueza potencial más grande de la República, fue la propuesta de ciertos sectores de la prensa colombiana cuando recomendaron cederle una parte del territorio panameño a los Estados Unidos a cambio de cien millones de dólares. En
enero de 1899 El Sumapaz de Fusagasugá publicó que antes que una potencia
extranjera se tomara el canal sin beneficio alguno para Colombia, se debía cederlo a los Estados Unidos por un período de 99 años a cambio de cien millones de
dólares que se utilizarían de la siguiente manera: 20 para el pago de la deuda
externa; otros 30 para recoger el papel moneda que circulaba en el país y los 50
3i8
El ISTMO DE PANAMÁ EN LA GEOPOLÍTICA DE TOS ESTADOS U N I D O S
A COMIENZOS DEI SIGLO X X : CANAL Y DOMINACIÓN
restantes para la construcción de un ferrocarril que uniera Puerto Colombia con
Bogotá. Otras publicaciones como La Revista Blanca, El Autonomista y El Heraldo
de la Costa también propusieron soluciones similares.
Detengámonos aquí por un momento y pensemos si hubiese sido posible
que, en lugar de Panamá, se hubiese sugerido la cesión, por no decir la venta, del
Cauca o de Antioquia al mejor postor. Me atrevo a asegurar que no. Pero Panamá
era otra cosa. Era un apéndice en el mapa sudamericano, allí comenzaba otra
realidad geográfica, como señaló Justo Arosemena 50 años antes. Además era una
tierra lejana, un territorio desconocido y levantisco siempre dispuesto a la separación y, sobre todo, era la mayor riqueza potencial de la República. En mi opinión, ello demuestra a las claras que nuestro territorio era percibido por algunos
sectores como un cuerpo extraño al ente nacional y su pérdida no se sentía como
la desmembración de la República. No existía un verdadero sentimiento de unidad nacional, de arraigo ni de pertenencia, en unos ni en otros. Prueba de ello es
que ya en 1849 el diputado Romualdo Liévano había propuesto por primera vez
la venta del Istmo a Estados Unidos a cambio de la cancelación de la deuda externa, más diez millones de dólares para construir ferrocarriles. Es más, durante la
guerra de los Mil Días el agente de la revolución en Estados Unidos, Antonio José
Restrepo, declaró que si los liberales se alzaban con la victoria le venderían el
canal francés a aquella nación en 1904.
En 1899 la respuesta de los panameños no se hizo esperar y personajes de
la talla de Carlos A. Mendoza, Francisco Ardila, Pablo Arosemena, Luis De Roux
y León A. Soto, reaccionaron en forma airada. Fue precisamente Ardila quien
entonces escribió: "Nosotros no somos parias para que se nos venda, y cuando
queramos amos para que nos gobiernen, nos los daremos nosotros mismos". Por
su parte, el futuro presidente Carlos A. Mendoza expresó que las intenciones de
Colombia de "vendernos cual si fuéramos esclavos" debilitaba "el amor a la patria", y consideraba que era mejor separarse de Colombia. En tanto que Luis De
Roux en su "Memorial de agravios que los panameños tienen contra el gobierno
y en general contra los demás colombianos", después de enumerar los motivos de
insatisfacción acumulados por los panameños, destacaba que Colombia había
abandonado el Istmo a su propia suerte y ahora planeaba "con insaciable sed de
millones [...] vendernos como a colonos". Entonces, Colombia los acusó de
anexionistas.
Otro aspecto a tener en cuenta es que al despuntar el siglo XX, aproximadamente el 75% de la población colombiana, al igual que la panameña, era analfabeta, lo que constituía otro obstáculo importante para el desarrollo y el progreso del país. Como diría años más tarde Rafael Uribe Uribe: "Sin escuadra, sin
ejército suficiente, sin comercio, sin industrias, sin presupuesto, sin población
proporcionada al territorio y sin diplomacia, hemos carecido de todos los elementos que hacen tomar en cuenta la voz y el voto de un país en el concierto
universal". Esta fue, en líneas generales, la Colombia que negoció el tratado canalero
3i9
PATRICIA PIZZURNO
con Estados Unidos entre 1901 y 1903, sin olvidar, claro está, el estado de guerra
generalizado que existía en el país, así como las pugnas políticas internas entre
conservadores históricos y nacionalistas, que jugaron un papel importante en la
serie de torpezas diplomáticas que se cometieron durante los meses previos a la
separación. Lo más sorprendente es que esta nación atrasada, débil y sometida a
una serie de circunstancias adversas, que entabló negociaciones tan desiguales
con una de las potencias más poderosas de la Tierra, rechazara el tratado canalero
que significaba el equilibrio militar, naval y el desarrollo industrial, agrícola y
comercial de aquella nación en el apogeo de su imperialismo y de su política del
big stick, además de ser el único nexo de unión que le quedaba con el Istmo.
Definitivamente, sobre cualquier consideración razonable y sobre el más
elemental sentido común, imperó una absoluta miopía y candor políticos, azuzados por las rivalidades internas entre las diferentes facciones conservadoras, así
como por la actitud vacilante de un Presidente ilegítimo surgido del golpe de
Estado del 31 de julio de 1900 y, por supuesto, por el gobierno de Washington.
Como señala Raimundo Rivas, los senadores colombianos creyeron que el problema giraba en torno al Capitolio de Bogotá y no de la Casa Blanca. Tampoco
podemos descartar el hecho de que la larga serie de desaciertos diplomáticos cometidos por Estados Unidos fuera intencional, a fin de forzar el repudio del tratado y quedar con las manos libres y la conciencia tranquila para negociar directamente con los notables panameños, quienes, al borde de la histeria colectiva,
serían unos negociadores más dóciles, como en efecto se demostró.
Mientras Bogotá se negaba a calibrar la real envergadura del problema, en
el Istmo de Panamá los notables establecieron su línea de acción desde antes del
rechazo del tratado por parte del Congreso colombiano. El sentir del grupo dominante quedó plasmado en un revelador documento que es la carta que Ricardo
Arias le dirigió a su compatriota y decidido adversario del pacto canalero, el senador Juan Bautista Pérez y Soto. En la misma, le manifestaba que a su juicio "el
Tratado Herrán-Hay no es deshonra para la nación; es, por el contrario, la única
solución posible...". Consideraba que en dicho documento se reconocía expresamente la soberanía de Colombia sobre la Zona del Canal y, además, gracias a los
beneficios derivados de la construcción la nación lograría progresar, desarrollarse y conquistar la estabilidad política que tanto anhelaba. Y agregaba "Con canal
Colombia vendrá a ocupar el primer puesto en la dirección de los asuntos internacionales de Sur América [...], para el Istmo es cuestión de vida o muerte. Para
los que nos queda alguna energía antes de bajar a la tumba, el dilema se resuelve
así: ó Canal ó Emigración". En su opinión, atacar el tratado era tanto como oponerse a la construcción del canal y estaba convencido de que, si era rechazado,
"detrás de esa negativa no vemos sino la ruina del Istmo y su pérdida para Colombia; no por emancipación, sino por desaparición del mismo...".
Aunque esta era, en general, la posición del grupo conservador, así como la
de algunos liberales que meses después llevaron adelante la separación, otros, sin
320
Ei ¡SIMO DE PANAMÁ EN LA GEOPOLÍTICA DE LOS ESTADOS UNIDOS ;
A COMIENZOS DEL SIGLO XX: CANAL Y DOMINACIÓN
embargo, se opusieron a la ratificación del tratado. Entre ellos se destacan Óscar
Terán, el mismo Juan Bautista Pérez y Soto y el futuro Presidente de Panamá
Belisario Porras, quien consideraba que el pacto entrañaba "mengua de la integridad de nuestra soberanía, de la honra de la Patria y de nuestra seguridad económica en beneficio de Estados Unidos" que terminaría dominando el Istmo de
Panamá. Pero, en líneas generales, los notables eran de la opinión que si no se
construía el canal por Panamá, su futuro estaría signado por la ruina y la miseria.
Este grupo estaba representado en el Congreso colombiano por José Agustín
Arango, quien decidió no ocupar su curul y desistió de luchar para que el Legislativo aprobara el tratado. En su lugar permaneció en Panamá organizando la
separación. Según el ministro de Estados Unidos en Bogotá, Arthur Beaupré, el
Tratado Herrán-Hay no contó con "amigos activos o defensores" pues "hasta los
representantes de Panamá, últimamente han estado tan imbuidos con la idea de
una República independiente, que se han mantenido más o menos indiferentes al
destino del Tratado...".
ESTADOS UNIDOS Y EL NACIMIENTO DE LA NUEVA REPÚBLICA: CUESTIONAMIENTOS
Y CONTRADICCIONES
En el Memorial de Agravios que el 23 de diciembre de 1903 le dirigió el general
Rafael Reyes al secretario de Estado John Hay se sintetizaba la participación de
Estados Unidos en el movimiento separatista que arrojó como resultado el nacimiento de la República de Panamá el 3 de noviembre. Se mencionaban, entre
otros hechos: el envío de agentes estadounidenses al Istmo meses antes de la independencia; el crédito que un banco neoyorkino le otorgó a los sublevados; la
presencia de buques de guerra estadounidenses en las bahías de Panamá y Colón
con órdenes expresas de impedir el desembarco de las tropas colombianas; la
negativa de la Compañía del Ferrocarril a transportar a los efectivos de Colón a
Panamá y por el contrario sólo trasladar a los coroneles Tovar y Amaya para ser
tomados prisioneros en la capital, así como la celeridad con que Estados Unidos
reconoció a la nueva república. Aunque en 1903 Washington intentó justificar su
decisión de impedir el desembarco de tropas colombianas para reconquistar el
Istmo, amparándose en los términos del artículo 35 del Tratado Mallarino-Bidlack
de 1846 y haciendo énfasis en su compromiso de proteger la neutralidad de la
ruta y asegurar el libre tránsito, lo cierto es que este pacto también entrañaba el
compromiso de garantizarle a la Nueva Granada la soberanía y propiedad sobre
el Istmo de Panamá y fue precisamente esta parte del acuerdo la que violó en
forma explícita en 1903.
Desde tiempo antes del rechazo del tratado por parte de Colombia, el senador norteamericano Shelby Cullom, presidente de la Comisión de Relaciones
Exteriores del Senado, propuso su tesis de que la Zona del Canal se podía expropiar alegando "utilidad pública internacional" y después pagar una compensación adecuada. La tesis se sustentaba en el hecho de que el canal constituía un
321;
PATRICIA PIZZURNO
bien de y para la humanidad, y como se construía para servir los mejores intereses del mundo, ninguna nación tenía derecho a entorpecer este negocio ni a exigir grandes sumas como compensación. Además de este argumento basado en el
derecho de "dominio eminente" o de expropiación, Washington también echó
mano del célebre Memorándum Moore elaborado por John Bassett, un catedrático de la Universidad de Columbia. Este jurista planteaba que en el artículo 35
del Tratado Mallarino-Bidlack estaba implícita la obligación de Colombia de permitir a los Estados Unidos construir el canal. Enfatizaba que: "puesto que por
más de cincuenta años los Estados Unidos han asegurado a Colombia su soberanía sobre el Istmo según el mutuo propósito declarado de mantener un tránsito
franco y expedito en dicho Istmo, los Estados Unidos están en posición de exigir
que les sea permitido construir el gran medio de comunicación que el tratado
propicia como una finalidad principal". En su opinión, si Colombia rechazaba el
Tratado Herrán-Hay estaba entorpeciendo la construcción del canal, obstaculizando el libre tránsito y por lo tanto violando el Tratado de 1846. Estas fueron las
argucias legales que respaldaron la maquinaria imperialista que movía a los Estados Unidos a principios del siglo pasado para construir un canal en Panamá y
transformar al mar Caribe en un mar interior, en un mare nostrum. Pero en realidad no hubo necesidad de hacer uso de ellas porque la separación del Istmo
zanjó el problema.
Una vez operada la secesión, el gobierno estadounidense se vio obligado a
brindar un sinnúmero de explicaciones, tanto en el ámbito interno como en el
internacional. Para amortiguar las críticas, el Departamento de Estado intentó en
los días y semanas posteriores a la desmembración que Colombia aceptara los
hechos cumplidos y reconociera a la nueva república. Pero esto no resultó tarea
fácil, pues nadie en Bogotá estaba dispuesto a consentir la separación del Istmo.
Dentro de este contexto los representantes de todos los partidos y facciones políticas le ofrecieron su apoyo al anciano Presidente, mientras nadie tenía muy claro
qué se debía hacer. Incluso se formó la Integridad Colombiana, un movimiento
cuyo propósito era organizar la recuperación del territorio escindido. Primero
por la vía diplomática y después por las armas ingresando a territorio panameño
a través de la selva del Darién, Colombia se opuso a los designios de la poderosa
nación del norte e intentó por todos los medios a su alcance restaurar la unidad
de la nación. Washington también trató, por todos los medios a su alcance, de
minimizar o negar su participación en la separación, insistiendo en su interpretación unilateral del Tratado Mallarino-Bidlack que lo obligaba a evitar las acciones bélicas sobre la ruta del ferrocarril. En realidad eran argumentos pueriles y
fácilmente rebatibles.
Cuando el 7 de diciembre de 1903, el presidente Roosevelt llevó a consideración del Senado la Convención del Canal ístmico, firmada el 18 de noviembre
por el secretario de Estado John Hay y el Ministro Plenipotenciario y Enviado
Extraordinario de la República de Panamá, el ingeniero francés Philippe Bunau322
EL ISTMO DE PANAMÁ EN LA GEOPOLÍTICA DE LOS ESTADOS UNIDOS
A COMIENZOS DEL SIGLO XX: CANAL Y DOMINACIÓN
Varilla, expresó que Colombia fue incapaz de mantener el orden en el Istmo de
Panamá desde 1846, pese a lo cual se negó a aprobar el Tratado Herrán-Hay que
garantizaba la paz permanente de ese territorio. Sin embargo, al tiempo que rechazó enérgicamente la acusación de que funcionarios de su gobierno hubiesen
colaborado en la revolución panameña, se vio obligado a tolerar las críticas y
acusaciones vertidas por el senador John Tyler Morgan quien sin dejarse impresionar por los argumentos del Presidente, manifestó: "En noviembre de 1902 destruíamos al ejército liberal en Panamá para mantener a Marroquín en el poder
hasta que fuese ratificado el Tratado [...] y en noviembre de 1903 incurríamos en
la falta de destruir a Marroquín y a Colombia con el propósito de obtener una
concesión del canal en el Istmo de Panamá".
Morgan no fue el único que dejó oír su voz contra el gobierno pues, por
esos mismos días, The New York Times condenó el "acto de sórdida conquista"
del mandatario, en tanto que The World acusó al Presidente de haber defendido
tan irracionalmente los intereses de la Compañía Nueva del Canal francés porque algunos de sus amigos y parientes eran accionistas de esta empresa. Estos
cargos fueron objeto de una larga demanda contra joseph Pulitzer, que se resolvió en 1908 a favor del ex presidente de Estados Unidos.
Pero hubo más. El 22 de marzo de 1904 el Senado le solicitó al presidente
Roosevelt que informara si, durante la vigencia del tratado de 1846, las tropas
habían sido utilizadas en la línea de tránsito: 1) a petición de Colombia o 2) por
propia iniciativa de los Estados Unidos. La respuesta, preparada por el secretario
de Estado adjunto Francis B. Loomis, demostró que en los 55 años de vigencia del
pacto las fuerzas estadounidenses fueron empleadas siete veces y solamente una,
en septiembre de 1902 durante la guerra de los Mil Días, desembarcaron por
iniciativa de los Estados Unidos, previa notificación al gobierno de Bogotá.
En este sentido, en las sesiones de diciembre de este año, el senador Carmack
destacó que:
... hemos protegido el tránsito muchas veces. Pero nunca antes fue hecho el reclamo de que nosotros teníamos el derecho de excluir a Colombia de sus propios
dominios. Nunca antes fue hecho el reclamo de que nosotros teníamos el derecho
bajo el tratado de 1846 de apoyar una insurrección en contra de la autoridad de
Colombia. Usted no tiene que leer el tratado de 1846 para saber que no contiene
tan absurda provisión. Ninguna nación sobre la Tierra ha renunciado jamás al
derecho de proteger su propio suelo y la integridad de su propio dominio con sus
propias tropas o cedido a otro gobierno el derecho de impedir o suprimir una
insurrección en contra de su autoridad. Nada de esto se puede encontrar en el
tratado de 1846.
Pese a ello, Roosevelt se mantuvo firme. En su autobiografía publicada años
después consignó: "Nadie relacionado con el gobierno de los Estados Unidos tuvo
participación en preparar, incitar o alentar la revolución excepto por los infor323
PATRICIA PIZZURNO
mes de nuestros oficiales militares y navales, los cuales envié al Congreso. Nadie
relacionado con el gobierno tuvo conocimiento previo acerca de la revolución
propuesta excepto lo que estaba accesible a cualquier persona que leyera los periódicos y se mantuviera al tanto de cuestiones y asuntos de actualidad". Sin embargo, sabemos que esta era una verdad a medias pues el cónsul de los Estados
Unidos en Panamá, H. A. Gudger, participó en las reuniones clandestinas realizadas por los conjurados panameños. Es más, en su Mensaje al Congreso el 7 de
diciembre de 1903, el Presidente manifestó: "Cuando se hizo evidente que las
esperanzas de conseguir el tratado estaban perdidas, el pueblo panameño se levantó literalmente como un solo hombre. Ni un panameño hizo un solo disparo
en favor del gobierno colombiano [...] El deber de los Estados Unidos en estas
circunstancias, era evidente [...] los Estados Unidos advirtió que no se permitiría
el desembarco de fuerza expedicionaria alguna, cuyo arribo significara caos y
destrucción en la línea del ferrocarril y del propuesto canal, y que como consecuencia inevitable interrumpiera el tránsito". Después de enumerar los 53 disturbios acaecidos en el Istmo de Panamá entre 1850 y 1902, concluía que "la experiencia de casi medio siglo (sic) ha demostrado que Colombia fue completamente incapaz de preservar el orden en el Istmo. Solamente la activa intervención de
los Estados Unidos la había capacitado para conservar algo así como una semblanza de soberanía". Agregó que, pese a que Colombia recurría permanentemente a Estados Unidos para asegurar la paz en la ruta de tránsito, había sido
incapaz de retribuirle ratificando el tratado canalero. Y añadió:
Bajo tales circunstancias el gobierno de los Estados Unidos habría sido culpable
de desatino y debilidad, anotándose [...] un crimen contra la nación si hubiese
actuado de otra forma, tal como lo hizo cuando se realizó la revolución del 3 de
noviembre último.
Esta gran empresa de la construcción del canal no puede detenerse para complacer los caprichos, o por respetar la impotencia gubernamental, o la más siniestra y
perjudicial de las peculiaridades políticas de personas quienes, viviendo lejos, y
contra los deseos de los verdaderos habitantes del Istmo, afirman una irreal supremacía sobre el territorio. La posesión de un territorio repleto de tales capacidades
naturales como las del Istmo, conlleva sus obligaciones con la humanidad.
Pero en 1911 en la Universidad de Berkeley, haciendo gala de una notable
fatuidad, Roosevelt presentó otra versión de lo acontecido. Entonces destacó:"...
el Canal de Panamá no se hubiese iniciado si yo no me hubiera encargado de
ello". Agregó que de haber seguido los canales regulares, el Congreso aún estaría
discutiendo sobre el tema y la vía interoceánica comenzaría a construirse dentro
de 50 años: "En consecuencia, me tomé el Istmo, inicié el canal y luego dejé que el
Congreso debatiera no sobre el canal sino sobre mí". Es evidente que sin la certeza de utilizar el Istmo panameño para la construcción de un canal, Estados Unidos no hubiera intervenido en nuestro territorio y sin intervención estadouni324
ET ISTMO DE PANAMÁ EN IA GEOPOLÍTICA DE TOS ESTADOS UNIDOS
A COMIENZOS DEL SIGLO X X : CANAL Y DOMINACIÓN
dense la sola voluntad y disposición de los proceres no habría alcanzado para
acometer la secesión tal como quedó demostrado desde el primer intento separatista de 1830.
Para Leander T. Chamberlain, el movimiento separatista fue "un levantamiento en un solo punto, con menos de un décimo (1/10) de la población de la
provincia de Panamá; sin ningún comité revolucionario representando a los otros
cinco distritos de la provincia; sin haberse formulado ninguna declaración de
protesta o queja alguna, sin congreso, sin ejército, sin marina, sin corte de justicia, sin estabilidad financiera, evidentemente incapaz de resistir el poder de la
madre patria; no obstante es admitida en la gran hermandad de naciones..." Similar situación se presentó en 1821 con ocasión de la independencia de España.
Es indudable que aunque el Senado fue el colectivo estadounidense que
más largamente discutió la separación de Panamá, sus críticas fueron más un
ejercicio de oratoria que un sincero intento de enmendar los errores, y muy pronto
los senadores, después de descargar sus dardos contra el Presidente, aceptaron los
hechos cumplidos convencidos que no era posible dar marcha atrás. Esta fue la
actitud del combativo Morgan quien, aunque inicialmente desaprobó la posición
adoptada por su gobierno, findmente en las sesiones del 11 de diciembre de 1903,
expresó respecto a la República de Panamá: "Estados Unidos la ha creado y es
responsable por ella y le debe su presente existencia y continuidad a las autoridades norteamericanas".
Sin embargo, convencido que ya era tarde para devolverle el Istmo a Colombia pues para entonces más de dieciséis naciones habían reconocido a la nueva república, el 21 de enero de 1904 Morgan propuso su anexión a los Estados
Unidos. A su juicio el Tratado Hay-Bunau-Varilla establecía el "acto más perfecto
de anexión" al poner a Panamá bajo la jurisdicción del Congreso norteamericano
y, por ende, "anexado a los Estados Unidos". Pero fue más lejos aún al proponer
aumentar la Zona del Canal y "darle la parte más baja de la Zona, de la que no
haremos uso a Colombia y resolver ciertos problemas fronterizos con Costa Rica
cediéndole la parte en disputa, y podríamos darle más que eso, con ventaja, a no
ser que interfiriera con las cabeceras de los ríos que son tributarios del río Chagres".
Por último, indicó: "La soberanía de los Estados Unidos por el tratado es tan
perfecta y exclusiva como lo es en Puerto Rico y Nuevo México [...] Tomamos la
jurisdicción de tierras, aguas, del pueblo y de todas sus pertenencias [...] Se puede
decir sin reserva que, no importa lo que diga el tratado, intentamos gobernar las
ciudades de Panamá y Colón - q u e no estaban incluidas en el documento-, y
luego todo el país. Así que como gobernamos la Zona del Canal, en la primera
ocasión que haya necesidad, gobernaremos la República de Panamá en la misma
forma". Finalmente señaló que era recomendable anexar todo el territorio por si
llegado el caso se decidía construir el canal por otra ruta y además de esa manera
se evitaba que Panamá pudiera unirse a otra Federación o regresar al dominio de
Colombia.
325
PATRICIA PIZZURNO
Por lo demás, huelga decir que estos puntos de vista reflejan la posición conocida como la Leyenda Negra en torno a la separación de Panamá de Colombia, la
cud le atribuye d gobierno de Theodore Roosevelt la creación o invención de la
República de Panamá. Sin desconocer la activa y decisiva participación de Estados
Unidos en la jornada novembrina, sin la cud es más que probable que la misma
hubiese fracasado como los conatos anteriores, la sola presencia de Estados Unidos
es insuficiente para explicar los hechos y resulta una interpretación simplista que
desconoce la situación real de la república en 1903, así como el proyecto de país de
los notables de la ruta de tránsito con una vía interoceánica como eje centrd, esbozado desde antes de la segunda década del siglo XIX, cuando aún Estados Unidos
era poco más de aquellas trece colonias que se independizaron de Inglaterra cincuenta años antes y ni remotamente soñaba con construir y dominar un canal por
Centroamérica. Igudmente, debemos tener en cuenta el anhelo permanente de los
panameños por separarse de la tutela de Colombia como se puso de manifiesto en
los cuatro movimientos secesionistas que j donaron el siglo XIX, así como el Estado
Soberano Federal entre 1855 y 1885 que fue el experimento político más extraordinario de esta centuria, aunque no siempre el más feliz.
Así las cosas, la aspiración de autonomía estaba estrechamente vinculada
con la construcción de una ruta intermarina terrestre, acuática o mixta, tanto
como con la conquista de la neutralidad que mantuviera al Istmo por fuera de las
permanentes luchas entre liberales y conservadores para así llegar a convertirlo
en un emporio del comercio mundial.
Mi tesis es que la separación de 1903 fue el resultado de una coincidencia
de intereses, unos más poderosos y urgentes que otros, panameño-franco-estadounidenses que confluyó en virtud de las intrigas de Cromwdl y Bunau-Varilla
y cuyo resultado fue el surgimiento de la República de Panamá, el sueño, junto
con la construcción del canal, más largamente acariciado por el grupo dominante. El canal fue la causa y también la consecuencia de la separación pues en él
convergían estos triples intereses. Sin duda, la administración de Roosevelt supo
sacar partido de este estado de cosas con su peculiar estilo, y condenó a la nueva
república a un cuasiprotectorado por los artículos I y VII del Tratado Hay-BunauVarilla firmado el 18 de noviembre.
Igualmente, no podemos olvidar que Colombia hizo cuanto estaba a su
alcance para perder el Istmo y lanzar al grupo de impacientes comerciantes en
brazos de Estados Unidos y de los agentes de la Compañía Nueva. Por eso, el 21
de noviembre, apenas 18 días después de la separación, cuando fracasadas las
gestiones diplomáticas Colombia se aprestaba a reconquistar el Istmo por las armas, Santander Galofre en un artículo titulado "Cómo gobernamos a Panamá",
publicado en El Relator, escribía:
Someter a Panamá pacíficamente o por medio de las armas no es resolver el problema. Una cosa es reprimir un alzamiento y otra es matar una revolución. Y es
revolución lo que hay en el Istmo. La idea separatista ha tenido allí muchos años
326
EL ISTMO DE PANAMÁ EN LA GEOPOLÍTICA DE LOS ESTADOS UÑIDOS
A COMIENZOS DEL SIGLO XX: CAÑAL Y DOMINACIÓN
de incubación, de desarrollo y naturalmente ha fructificado [...] ¿Nos hemos preocupado acaso por cultivar, por desarrollar en ellos el amor a Colombia y el sentimiento de adhesión a la patria? ¿Tuvimos en cuenta que la independencia del
Istmo en 1821 fue conquistada sin auxilio de nuestras armas y que así como se
incorporaron a nosotros pudieron incorporarse a otra nación? ¿Qué no hay entre
nosotros y ellos el vínculo por las campañas libertadoras?
Cuando el Istmo en 1821 selló su independencia de España y se incorporó espontáneamente a la Gran Colombia abrigaba sin duda la convicción de que nosotros
no anularíamos sus derechos y su libertad como pueblo y que respetaríamos siempre la integridad de su gobierno propio [...] De dueños y señores del territorio los
convertimos en parias en suelo nativo. Brusca e inesperadamente les arrebatamos
sus derechos y suprimimos todas sus libertades. Los despojamos de la facultad
más preciosa de un pueblo libre: la de elegir a sus mandatarios, sus legisladores,
sus jueces.
Restringimos para ellos el sufragio; falsificamos el cómputo de los votos e hicimos
prevalecer sobre la voluntad popular la de una soldadesca mercenaria y la de un
tren de empleados ajenos por completo a los intereses del departamento. Les quitamos el derecho a legislar, y como compensación les pusimos bajo el yugo de
hierro de leyes de excepciones [...] En las ciudades verdaderamente cosmopolitas
del Istmo no fundamos escuelas nacionales en donde aprendieran los niños nuestra religión, nuestro idioma, nuestra historia y a amar a la patria [...] Desde diciembre de 1884 hasta octubre de 1903, presidentes, gobernadores, secretarios,
prefectos, alcaldes, regidores, jefes militares, oficiales, soldados, jefes e inspectores
y ayudantes de policía, la policía misma, capitanes y médicos de puertos, magistrados, jueces de categoría diversa,fiscales,todo bajaba de las altiplanicies andinas
o de otras regiones de la República para imponer en el Istmo la voluntad de la ley
o el capricho del más fuerte, para traficar con la justicia o especular con el tesoro y
aquel tren de empleados, semejante a un pulpo de múltiples tentáculos, chupaba
el sudor y la sangre de un pueblo oprimido y devoraba lo que en definitiva sólo los
panameños tenían derecho para devorar.
Hicimos del istmo una verdadera Intendencia Militar. Y cuando aquel pueblo de
trescientos cincuenta mil almas tenía hombres de reputación continental como
Justo Arosemena, notabilidades de primer orden y de popularidad como Gil
Colunje, talentos e ilustraciones como Ardila, insignes diplomáticos como Hurtado y celebridades científicas de notoriedad europea como Sosa, los dejamos a un
lado, los relegamos al olvido en lugar de llevarlos al solio del Istmo para calmar la
sed infinita de equidad y de justicia y satisfacer las aspiraciones legítimas de todos
los panameños [...] El resultado de todos estos errores lo estamos hoy palpando...
En términos similares se había expresado un día antes el panameño residente en Bogotá y enemigo declarado de la separación Salomón Ponce Aguilera,
en carta dirigida al Ejecutivo.
Y eso fue lo que en buena medida sucedió.
PATRICIA PIZZURNO
BIBLIOGRAFÍA
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