Software para el sector agropecuario. - Littec

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Software para el sector agropecuario.
Ignacio Albornoz1
DT 05/2006
Año 2006
1
Lic. en Sociología.
1
Software para el sector agropecuario
Ignacio Albornoz*
1. Introducción
El trabajo que aquí se presenta es el resultado de un relevamiento realizado durante 2006
con el objeto de elaborar un diagnóstico aproximativo de la situación actual en la relación entre
el sector informático y el sector agropecuario en la región pampeana, tanto a nivel del uso como
del desarrollo del software aplicado a las diferentes actividades incluidas en la cadena
agroalimentaria, colocando el foco en el sector primario, y utilizando para ello la perspectiva
teórica de las tramas productivas.2
El objetivo del presente artículo es establecer la existencia e intensidad y la intensidad de
vinculaciones intersectoriales a nivel de la oferta tecnológica informática y la demanda o el uso
por parte de la cadena agroalimentaria, haciendo énfasis en el sector primario, de tal forma que
se pueda establecer un diagnóstico de la situación actual para la región pampeana, considerando
las relaciones entre actores privados, marcos regulatorias y de promoción, e instituciones
educativas y de I+D, para evaluar de esta manera el grado de inserción de dichas tecnologías en
las actividades concretas del sector productivo, el que comúnmente se ha supuesto como el de
mayor dinamismo en la economía argentina. En este contexto, la pregunta que guía este trabajo
es sí existe eventualmente una trama productiva derivada de esta vinculación intersectorial. Si
bien en principio se trató de un trabajo de tipo exploratorio, la hipótesis que se hallaba por
detrás era que la respuesta a este interrogante sería negativa, de acuerdo a una situación
incipiente del desarrollo del sector informático local, el que había dado algunas evidencias de no
haber avanzado en una oferta especializada sobre otros sectores productivos (Novick et al,
2006). La contrapartida podría haber sido el que el sector agropecuario se muestra en Argentina
como uno de los segmentos productivos más dinámicos; no obstante lo cual muestra
características de fuerte heterogeneidad en su composición, y potencialidades no explotadas
(Gutman, 2003; Bisang, 2003; Díaz, 2003).
En este marco, un segundo objetivo consiste en analizar el grado de potencialidad y
factibilidad que posee la conformación o consolidación de una oferta de software especializado
en aplicaciones para el sector agroalimentario con perfil exportador, que tenga o no su base en
la demanda del mercado doméstico, y asimismo, en la explotación asociada que múltiples
entidades públicas y privadas pueden hacer con la información que la actividad agropecuaria
genera.
Un tercer objetivo, derivado de ello, es el de poder realizar ciertas recomendaciones
básicas a la hora de considerar una política de promoción de esta vinculación intersectorial,
tanto pensando en la sofisticación de la actividad agropecuaria –proveyéndola de herramientas
que pudiesen dotarla de mayor dinamismo y valor agregado-, como en el desarrollo de una subrama informática especializada con orientación exportadora.
El trabajo se organiza de la siguiente manera: en primer término se expone la metodología
utilizada, junto con el marco teórico y los antecedentes en relación con el tema. En segundo
lugar se desarrolla un análisis de la posible vinculación entre ambos sectores, y su relación con
otras tecnologías agropecuarias que están tomando lugar en el desarrollo de la actividad. Por
último, se muestran los resultados de ese relevamiento cualitativo, realizado en julio, agosto y
septiembre de 2006 a partir de una serie de entrevistas a diferentes actores tanto del sector
informático como del sector agropecuario, de los sectores público y privado, en diferentes
*
2
Lic. En Sociología. Instituto de Industria (IdeI). Universidad Nacional General Sarmiento
Qusiera agradecer la colaboración de diversos profesionales del IdeI, de la Universidad Nacional de Río Cuarto, y
diversos expertos que contribuyeron con su conocimiento y sus opiniones. Entre ellos quisiera destacar al Dr. Roberto
Perazzo, al Dr. Gabriel Baum, y al Prof. Roberto Bisang.
2
localizaciones de la región pampeana, así como también a especialistas, investigadores e
informantes clave. Por último se presentan las conclusiones, con una reflexión final y ciertas
recomendaciones orientadas a considerar una política pública orientada a la promoción local de
este segmento.
2. Metodología utilizada y perspectiva teórica
El relevamiento llevado adelante para el presente trabajo tomó la forma de una
investigación exploratoria de corte cualitativo, bajo la premisa de identificar la densidad de
organizaciones, instituciones, relaciones y productos que pudieran existir en torno a esta
vinculación intersectorial. Por tal razón, la indagación fue realizada a través de un conjunto de
entrevistas en profundidad y semi-estructuradas a algunos actores ubicados en diferentes
posiciones de la estructura socio-productiva o institucional y en diversas localidades dentro del
marco de la región pampeana. Para ello se fueron indagando y seleccionando diferentes
informantes clave, referentes institucionales y actores representativos con el objeto de recrear y
verificar el mapa o cuadro de situación actual en este aspecto.
Se considera aquí que, tratándose de un tipo de investigación exploratoria, cuyo objetivo
es más bien el de reconocer la variedad de situaciones que se presentan en una realidad poco
estudiada –como es la de esta vinculación intersectorial-, la cual se nutre de una gran cantidad
de información tácita que tiene que ser decodificada a posteriori, la metodología indagatoria
debía ser asimismo y por entonces en forma de entrevistas personales, pudiendo extraerse de
este tipo de intercambio mucha más riqueza informativa para un momento incipiente del
conocimiento sobre la materia. Dichas entrevistas se complementaron con formularios de
preguntas abiertas que relevaban algunos datos elementales y más objetivos.
Por cuestiones prácticas, y a modo de recorte de un espacio en el cual predominan ciertos
tipos de producción agropecuaria, se seleccionaron entidades y personas referenciales
vinculados con la agricultura extensiva, con la ganadería de la carne y lechera, incluidos los
servicios a la producción y las empresas agroindustriales asociadas, por lo que el recorte
geográfico quedó determinado a la región pampeana, haciendo foco en algunas zonas centrales,
principalmente tomando como referencia a las ciudades de Río Cuarto, Villa María, Córdoba,
Rosario, Santa Fe, Rafaela, Sunchales, Tandil y Buenos Aires.
Cabe destacar que existe una relación entre el método de búsqueda de entrevistados
(consultando por referencias, revisando páginas de Internet y registros públicos), las propias
dificultades para encontrarlos, y la realidad de fondo que se buscaba analizar, la cual incide
definitivamente sobre el método a trabajar y se cristaliza a través del propio proceso de gestión
de entrevistas.
En términos teóricos, y como se comentó anteriormente, el trasfondo desde el cual se
trabajó esta investigación, es el enfoque de la trama productiva, definida como “un espacio
económico de creación de competencias e intercambio de bienes y/o servicios que incluye una o
varias empresa(s) núcleo(s), sus proveedores y clientes, o bien un conjunto de empresas
asociadas.3 Según este criterio, surgido en el ámbito de la teoría económica de la innovación, la
trama se eleva como una perspectiva sistémica de análisis que puede contribuir a la
comprensión de los factores determinantes de la demanda de trabajo, cuali y cuantitativamente,
y de esta manera, a diseñar acciones de política que promuevan la interacción sinérgica entre
innovación y empleo.
Para el caso de este relevamiento, que no supone de antemano la existencia de una trama,
sino en todo caso, a modo de hipótesis de trabajo, más bien lo contrario, la trama aparece como
un tipo ideal desde el cual cotejar la realidad de manera que puedan colegirse las diferencias y
matices que de allí surjan, con el adicional de que no se trataría eventualmente de una trama
3
Según el enunciado del propio proyecto, y en este contexto el desarrollo de competencias técnicas al interior de las
empresas y los canales generados por ellas para intercambiar diversos activos tangibles e intangibles adquieren una
importancia especial, pues ellos afectan la capacidad innovativa, el desarrollo de competencias en la red y la demanda
de trabajo. Véase introducción
3
uni-sectorial sino inter-sectorial. Por otra parte, los factores del contexto condicionan
fuertemente la configuración de las relaciones inter-sectoriales y de las propias tramas, en
cuanto a que esta perspectiva toma como eje la difusión del conocimiento y la creación de
capacidades como fuentes endógenas de competitividad, y en el caso de las tramas
agropecuaria, la competitividad ha estado dada en gran parte, en términos de Fajnzylber, en
forma “espuria”, gracias a la existencia de ventajas comparativas estáticas vinculadas con la
matriz geográfica de la Argentina (el autor se refería a los países de toda América Latina), de tal
manera que esto ha llevado a crear esquemas de competitividad basados en criterios de corto
plazo (particularmente en agricultura extensiva) y estructuras institucionales y de mercado
agropecuarios donde la creación de capacidades es fuertemente asimétrica y se da en forma
aislada, por lo que no se convierte necesariamente en una fuente global de competitividad
sectorial.
No obstante, esta mirada debería ser matizada en especial a la luz de las transformaciones
del sector agropecuario en la década del ’90, donde se crearon fuertes ventajas competitivas
dinámicas a partir de la inserción y la difusión –aunque asimétrica- de tecnologías de avanzada
en el sector, como los cambios en la definitiva mecanización agrícola y la utilización de
biotecnología moderna, lo que se reflejó en el salto pegado por el sector posteriormente a la
devaluación.
En otro plano, si nos referimos a la problemática de la potencialidad de la vinculación
entre dos sectores, o mejor dicho, a la inserción de uno en el otro, como es en este caso, nos
parece útil traer a colación la diferenciación preventiva realizada por Reinert en torno a la
discusión sobre los efectos de las innovación en diversos sectores productivos e industriales
(Reinert, 2006). En contra de la opinión de que inequívocamente la innovación en otros sectores
trae “per sé” beneficios globales a la industria, el autor sostiene que esto depende de qué tipo de
innovaciones se trate, y sobre qué tipo de negocios sean aplicadas. Por una parte, es importante
diferenciar si se trata de innovaciones de productos (presentes usualmente en las industrias más
avanzadas en términos del paradigma tecno-productivo) o de innovaciones de procesos. Por otra
parte, es clave diferenciar cuál es el tipo de industria o de área donde se aplican las
innovaciones, dependiendo de diversos rasgos como el tipo de competencia, el grado de valor
agregado que genera, la intensidad de uso de mano de obra, etc.
Siguiendo a Reinert, se puede sostener que aquellas innovaciones que son de procesos,
cuando se aplican en industrias menos intensivas en tecnología y que se encuentran en el
eslabón primario o que generan menor valor agregado (como es el caso de la agricultura o el
turismo respecto a la robótica, por ejemplo), suelen producir un efecto inverso al esperado en
materia de empleo y crecimiento global del sector, con precios que se trasladan a un ahorro de
costos y muchas veces concentran más la estructura de la oferta, pudiendo provocar
externalidades negativas. Por otra parte, aquellas innovaciones que son de producto generan
mayores ingresos a la industria a la cual se aplican y externalidades positivas, vía la agregación
de valor y el crecimiento global del sector. Por eso Reinert afirma que las innovaciones de
proceso suelen aplicarse en industrias o regiones menos desarrolladas, y las innovaciones de
producto en las más desarrolladas, convirtiéndose muchas veces en un potenciador de las
divergencias entre industrias o espacios económicos (Reinert, 2006).
En el caso de la aplicación de las TICs al sector agropecuario, por tanto, es conveniente
tener en cuenta que en este caso estaríamos hablando mayoritariamente de tecnologías de
proceso, por lo que un estudio económico más detallado de los posibles efectos de la utilización
masiva de las TICs debiera tener este factor muy en cuenta a la hora de medir las expectativas
de resultados de la innovación, los cuales deben medirse a partir del impacto en cada sector en
particular, y también a partir de la interacción conjunta.
3. Relevancia y antecedentes sobre el tema
La difusión del uso y aplicación de las Tecnologías de la Información y la Comunicación
(TICs) en las principales esferas de la vida humana y el impacto positivo que ha traído consigo
son hechos ya ampliamente reconocidos a nivel mundial, aún evitando caer en análisis
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simplistas o apologéticos. En términos económicos, este conjunto de innovaciones tecnológicas
que amalgaman a la informática y a las telecomunicaciones forma parte de un nuevo paradigma
tecno-productivo basado en actividades intensivas en conocimiento, en el que comparten
vanguardia con otros sectores de punta como biotecnología, nanotecnología, nuevos materiales,
etc., y que está incidiendo en la actividad económica de forma tal que ya ha generado cambios
en la concepción sobre las formas de organización del trabajo y en los mismos parámetros de la
eficiencia productiva.
Diversos académicos y especialistas han debatido y analizado el rol estratégico que
cumple en la actualidad y la potencialidad que supone para los países de América Latina el
desarrollo de un sector de software y servicios informáticos (SSI) que contribuya a sofisticar el
funcionamiento de los sectores productivos, y de esta manera generar condiciones de
competitividad internacional en dichos sectores vía la innovación y la incorporación de valor
agregado a los procesos (Fajnzylber, 1984; Perazzo, 1999; Anlló et al, 2003; Moguillansky,
2005; López, 2003 y 2006; Kargierman, 2006). Esto sería el resultado de externalidades
positivas, spillovers de conocimiento provocados por la utilización de herramientas intensivas
en conocimiento en la operatoria y el manejo económico de tales actividades, la gestión misma
de la información que se genera en la producción, y la enorme cantidad de nueva información
que permite disponer, creando mayores posibilidades de aprovechamiento y explotación para
mejorar los resultados y procesos de la actividad que se desarrolla en los diversos sectores.
Esto parece particularmente importante para un país como la Argentina, que muestra a un
sector SSI que si bien de manera accidentada y fragmentaria –devaluación mediante, ademáslogró forjar una estructura exportadora de potencial interesante y cierta masa de recursos
humanos que se presenta como un buen camino a seguir. El Estado argentino, si bien ya lo ha
reconocido como un sector estratégico y lo ha dotado de una legislación que le da un marco
general de actuación, no avanzó sobre aplicaciones y servicios específicos para el sector
productivo, de manera de producir encadenamientos y sinergias tecnológicas en este aspecto, y
no ha definido una clara política de financiamiento a través de otros medios como el capital de
riesgo, o la propia compra de parte de la oferta tecnológica.
En un estudio de CEPAL se ha afirmado que el sector SSI comparte con otros también
intensivos en conocimiento algunas características adecuadas para apostar por su desarrollo: por
una parte, se trata del sector con mayor ritmo de crecimiento de las exportaciones; por otra
parte, tiende a pagar mayores salarios y a generar más empleo -de alto nivel de calificación- que
el promedio de la economía; en tercer lugar, genera los derrames positivos relacionados con el
aumento de la capacidad de innovación (que a veces en estos casos se traduce en la creación de
nuevas empresas) y con la conformación de una masa crítica robusta de recursos humanos
altamente capacitados; por último, al tratarse de un sector aún inmaduro en términos de la oferta
internacional, existen posibilidades de realizar un catch up tardío hacia el desarrollo, como lo
atestiguan las experiencias de países como Irlanda, la India e Israel (Anlló et al, 2003).
Más discutido que el aporte indirecto ha sido en cambio el aporte directo que podría
realizar el sector informático a través de sus exportaciones al crecimiento del PBI y su
capacidad para generar de divisas, en particular para el caso de Argentina y otros países que
poseen mercados internos muy pequeños y con demandas poco sofisticadas –señala López-, al
menos en el corto plazo. El autor muestra que los países de “ingreso tardío” que iniciaron sus
estrategias de desarrollo de su sector SSI basados en una estrategia mercado-internista fueron
aquellos que poseían altos niveles de población, y por tanto, de mercados (Brasil, la India,
China, etc.). Por otra parte, a excepción de algunos casos “modelo” (como Irlanda, Israel y la
India), donde los ingresos por exportaciones llegaron a representar un significativo porcentaje
del PBI, pero que son fruto de diferentes políticas forjadas sostenidamente durante más de una
década y en base a distintos factores de competitividad, en el resto de los países el peso sectorial
de la industria del software y los servicios informáticos no supera el 5% del PBI (López, 2006).
Por lo que, según el autor, la potencial utilidad del desarrollo del sector de software reside
en el impacto horizontal sobre múltiples áreas de la economía, como decíamos, a través de las
externalidades positivas relacionadas con la generación de capacidades innovativas, los
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derrames de conocimiento y la modernización funcional del sector productivo local, lo que no
es en absoluto menor dada la importancia de las ventajas competitivas dinámicas allí presentes.
Con el mismo criterio, autores como Perazzo opinan que la industria de software
argentina tiene posibilidades de desarrollar un sector SSI de perfil exportador en lo que define
como “áreas promisorias” de especialización, entre las cuales cuenta al sector agropecuario y
agroindustrial (Perazzo, 1999 y 2006), en una perspectiva coincidente con la anterior en el
sentido de modelo export-led growth. Vale la pena destacar el esfuerzo propositivo del autor al
proponer e ilustrar una serie de campos de aplicación posibles, suponiendo una interacción
conjunta entre el Estado y el sector privado, en la que el primero debería tomar el rol de
formulador y articulador de las políticas intra-sectoriales; por otra parte, se además un cliente
principal de la oferta tecnológica con el objeto de estimular la demanda, y por las propias
implicancias funcionales de la incorporación de la informática al sistema de gestión regulatoria
de las actividades económicas.
Por su parte, respecto a la problemática de la definición de un perfil para el sector, Erbes
et al consideran que la potencialidad de la industria del software en la Argentina reside en
definir un patrón de especialización que vincule a esta industria con determinados nichos entre
los que se encuentra el sector productivo, con preferencia hacia aquellos segmentos que ya
demuestran tener una historia previa de resultados virtuosos, o que poseen ventajas
comparativas dinámicas ya consolidadas, y que pueden estar dadas tanto por el desarrollo de
una especialización derivada del campo de aplicación como también por la disponibilidad de
una oferta consistente de recursos humanos calificados y adecuados a dichas necesidades. Esto
obliga a pensar en cuales son las capacidades cognoscitivas necesarias para poder responder a
una demanda eventual, y de dónde surge este proceso. En este punto, varios autores (Novick et
al, 2002; Borello et al, 2006; Erbes, Robert y Yoguel, 2006), afirman que, más allá del
desacople cuantitativo entre oferta y demanda de recursos humanos, en Argentina existe una
brecha cualitativa entre el perfil de recursos humanos que provee el sistema educativo formal –
menos calificado y menos específico- y los requerimientos actuales y futuros de la demanda
para un desarrollo sofisticado del sector (Anlló et al, 2003). Esto es en parte producto de la
discontinuidad de las políticas de desarrollo del sector y de la estructura comercial instaurada en
los ’90, que afecta negativamente sobre la conformación de los perfiles específicos de la oferta
laboral de informáticos (Nemirovsky y Yoguel, 2003).
Por otra parte, la definición de ciertos campos de aplicación de las TICs también hace
necesario plantearse cuál es la política industrial que va a complementar el crecimiento de los
sectores que se buscan modernizar a través de la incorporación de la tecnología informática, y
asimismo, cuál es la política de promoción del propio sector SSI: se sostiene comúnmente,
según un criterio relacionado con la agregación de valor a nivel sectorial, y con la necesidad de
especialización, que países como Argentina deben salir del modelo de las software factories,
call centers y help desks, surgidos de las estrategias de outsourcing de empresas radicadas en
países centrales y de multinacionales que trabajan en red, para avanzar sobre campos
especializados, agregando más complejidad tecnológica a los productos y servicios
(Kargierman, 2006).
Esto se justifica por un lado debido al hecho de que no es factible en términos económicos
competir internacionalmente por precio a través de ventajas comparativas estáticas (por
ejemplo, contra la India que ha desarrollado su modelo de crecimiento sectorial con mayor
antelación y con una estructura salarial mucho más competitiva, casi al nivel de dumping
social). Por otro lado, apunta al mismo tiempo a que, como ya se dijo, la ventana de
oportunidades que se vislumbra en el desarrollo del sector SSI en Argentina, al menos hasta que
se consolide como tal, se vincula con ciertos nichos de software específico que generarían
derrames positivos (Kosacoff, 2000) y una presión sobre la “economía real” que la obligue a
alcanzar, como usuario, la frontera tecnológica en materia de procesos.
En este sentido, también habría que dar una definición sobre qué tipo de especialización
debiera llevarse adelante en cuanto al tipo de productos a desarrollar: si sobre productos y
servicios globales y más estandarizados, o sobre productos más específicos y servicios a
medida, relacionados con factores idiosincrásicos de cada espacio geográfico (López, 2003;
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Heinz, 2006). Hay quienes sostienen que existe una mayor rentabilidad y flexibilidad en la
concepción del sector SSI como un generador de servicios más que de productos globales, y en
este sentido, hay alguna evidencia de que los servicios permiten una relación más flexible y
prolongada con los países clientes. No obstante, también hay evidencias sobre países que se
colocan en un principio como grandes importadores de productos globales y que en términos
relativos esto genera un flujo de ingresos mayor que el de servicios. Sin embargo, otros opinan
que debiera mantenerse abierta la posibilidad de trabajar sobre ambos perfiles, el primero de los
cuales permite generar mayor valor agregado a los productos finales, y el segundo aprovechar
los rendimientos crecientes a escala de la producción estandarizada (López, 2003).
El sector agropecuario es uno de esos campos en los cuales las TICs como tecnologías de
impacto horizontal están abriéndose paso, aunque no a la velocidad y la intensidad con que han
avanzado en otros espacios. El desafío de insertar tecnología en el agro y la ganadería parece ser
un problema complejo, pero tanto más prometedor para un país como Argentina al contar con
un sector SSI que, aunque de modo accidentado, ha generado cierto potencial en un marco
donde la competencia internacional, si bien ya no es menor, no impediría aún realizar el catch
up tecnológico en sus sectores productivos.
Desde el punto de vista de la demanda, la relevancia estratégica que supone la
incorporación de las TICs al sector agropecuario y agroindustrial ya ha sido advertida por varios
países. En el último lustro se han creado entidades internacionales abocadas específicamente a
la temática. En 2002 fue creada la Asian Federation of Information Technology for Agriculture
(AFITA), conformada por más de diez países asiáticos –en particular los del sudeste-, y su par
europea, la European Federation of Information Technology for Agriculture (EFITA). Un año
después, a partir de la iniciativa de Estados Unidos y Brasil surgida en la conferencia mundial
organizada por ambos países sobre el tema (la World Conference of Computers in Agriculture
and Natural Resources –WCCA-), se fundó la Panamerican Federation of Technology for
Agriculture (PANFITA), a la que, además de Estados Unidos y Brasil, se asociaron México,
Chile y Costa Rica. Estas tres organizaciones se nuclean a su vez en la Internacional Federation
of Information Technology for Agriculture (INFITA), de carácter mundial, que posee un journal
de publicaciones científico-técnicas en el tema, y realiza desde su inicio congresos mundiales, el
próximo de los cuales se celebra en noviembre de 2006 en Bangalore, India.
La AFITA posee diversos centros de investigación desde los cuales estudia la situación
del mercado de las TICs para el agro en los diversos países europeos y en Estados Unidos. De
igual modo, éste último estudia la situación de Brasil y la de su propio mercado. Por su parte,
Brasil ingresó a la PANFITA a través de una entidad creada y abocada a este tema en particular,
la Associação Brasileira de Agroinformática (SBI-Agro), que se dedica a difundir el uso de la
tecnología informática en su sector agropecuario y agroindustrial, y a hacer investigación y
desarrollo en innovación tecnológica para el sector. Del mismo modo, la Escuela Politécnica de
la Universidad de San Pablo (USP) lleva adelante un programa de modernización de la
maquinaria agrícola, y organiza anualmente el Congreso Brasileño de Agricultura de Precisión,
así como diversos talleres y seminarios relacionados con el tema. Por último, la Empresa
Brasileira de Agropecuária (EMBRAPA) posee también una unidad de investigación dedicada a
estudiar la situación de la informática en el sector agropecuario, la EMBRAPA Informática
Agropecuária. En otro plano, la FAO, junto con otras organizaciones nacionales de I+D de todo
el mundo, han tomado la iniciativa de impulsar la creación de estándares internacionales de
compatibilidad y coherencia entre los sistemas de información desarrollados para el trabajo con
el sector agroalimentario (los agriculture information management standards –AIMS) con el
objetivo de crear lenguajes y metodologías convencionales para compartir y sistematizar este
tipo de información a nivel mundial.
Estas evidencias parecen más que elocuentes respecto al camino ya emprendido en este
sentido por diversos países. En este sentido, la Argentina no posee una institución específica
dedicada a este tema, y tampoco se registran otros indicios de una política pública. Las acciones
emprendidas en este aspecto han sido llevadas adelante, o bien por el sector privado (entidades
como AACREA y AAPRESID) o bien por unidades específicas de distintos organismos (INTA,
INTI, SENASA) en forma fragmentaria, pero no parece existir una visión global de
intervención, ni estudios específicos sobre esta temática en particular.
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En cuanto al presente estudio, el interés particular por el tema surgió en el marco de los
debates precedentes por parte de algunos grupos de investigadores del Instituto de Industria de
la UNGS, junto con investigadores de otros centros, en torno a las potencialidades de desarrollo
del sector SSI en Argentina, y fue precipitado puntualmente a partir de la detección por parte de
los profesionales responsables del Área de Computación de la Universidad Nacional de Río
Cuarto, el Dr. Jorge Aguirre y el Lic. Marcelo Arroyo, junto con el Dr. Gabriel Baum,
especialista en temas de software, de una importante cantidad de tesis de estudiantes de la
Licenciatura en Computación de la misma institución -en las cuales los alumnos deben generar
propuestas de soluciones informáticas a partir de problemáticas reales- que proponían
aplicaciones vinculadas a problemas de la gestión agropecuaria, y que se encontraban en
relación con su vinculación familiar a productores agropecuarios del área circundante.
Esto llevó a generar un interrogante sobre en qué medida había crecido en la zona una
demanda de aplicaciones de ese tipo, y a evaluar la posibilidad de crear un espacio de desarrollo
en torno al área de Río Cuarto que respondiera a dicha demanda, verificando primero el estado
de la oferta informática y los usos actuales de software por parte del sector agropecuario y
agroindustrial. Por ello es que la presente investigación tomó en principio como referencia el
relevamiento inicial llevado a cabo por los responsables del Área de Computación de la UNRC,
y colocó en su momento el foco de interés en el área de Río Cuarto y alrededores. Luego, como
el tema lo ameritaba, se decidió luego ampliar la mirada a toda la región pampeana, como ya se
refirió en el apartado metodológico, realizando entrevistas también allí, y en lo referente al
sector, a toda la cadena agroindustrial, para detectar cuál era la situación en los eslabones
cercanos, ya que en el territorio, los límites de la demanda y la oferta no aparecían tan claros.
4. TICs/Software para el sector agropecuario
Lo primero que es necesario definir para referirnos al objeto de estudio, es si lo más
adecuado es hablar de software o de TICs, dejando en claro que el segundo término es más
amplio ya que incluye también a las tecnologías de la telecomunicación. Como en muchas
ocasiones estos dos términos aparecen de manera intercambiada en ciertos estudios e instancias
diversas, o en forma de sinónimos, es necesario realizar esta distinción fundamental.
En principio es posible afirmar que las Tecnologías de la Información y la Comunicación
conforman un conjunto ya indisoluble, con independencia del ámbito de aplicación, pero
además si nos referimos a la actividad agropecuaria, en donde el acortamiento de las distancias,
la apertura y transmisibilidad de la información en un medio disperso, así como la velocidad de
comunicación, juegan un rol esencial, por lo que es imposible considerar las tecnologías de la
información sin las telecomunicaciones para pensar el desarrollo y el uso de software.
No obstante, desde el punto de vista económico, el término software es útil para diferenciar a
este tipo de tecnologías blandas respecto de todo el costado hard que está también incluido
dentro del conjunto de las TICs. El relevamiento buscó detectar y discernir todos aquellos
espacios donde aparecía incluido el software como tal, aunque lo cierto es que, en términos del
desarrollo tecnológico, pero a veces también económicamente, está indisolublemente asociado a
un soporte electrónico, ya sea de informática o telecomunicaciones. En este sentido, a nivel
económico, igualmente, es muy útil considerar la denotación sectorial que se asume como
Software y Servicios Informáticos (SSI), aunque para pensar la problemática sea necesario
incorporar al debate al sector de Electrónica y Telecomunicaciones.
Tecnol. de información
Tecnol. de comunicación
Software
Hardware
Esquema de diferenciación
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4.1. La oferta tecnológica informática
Como el estudio de la vinculación intersectorial implica una realidad de doble entrada,
con anterioridad al relevamiento se estudió la organización de cada sector desde el punto de
vista, por un lado, de la oferta tecnológica informática genérica disponible –intentando para ello
englobarla en determinados módulos a fin de poder efectuar una clasificación- y por el otro, la
demanda (actual o potencial) desde la perspectiva del sector agropecuario como usuario, en
relación con las funciones que pueden cumplir las aplicaciones informáticas a nivel de las
necesidades de gestión de los distintos eslabones de la cadena agroindustrial. A partir de ello, se
elaboraron dos esquemas teóricos de vinculación que tienen la referencia en el sector al cual
pertenece cada uno.
En referencia al sector informático, se agrupó la oferta tecnológica en torno a cinco
módulos que intentaban sintetizar todos los sistemas disponibles en la actualidad, según el tipo
de utilidad que ofrecen, y con independencia de su grado de complejidad y valor agregado.
Aunque esta clasificación tiene cierto grado de arbitrariedad, resulta práctica, creemos, para
conceptualizar la vinculación que se estaba buscando, tomando un criterio que se acerque, por
un lado, a la lógica funcional que está detrás desde el punto de vista informático, y por otro,
como decíamos, a los diferentes tipos de utilidades que generan para el usuario, sin considerar
que existen en la actualidad sistemas que incluyen más de una de estas funciones, en particular
ciertos paquetes informáticos que se ofrecen en algunos mercados.
En este contexto, se encontraron primero una serie de sistemas relacionados con la gestión
operativa y el monitoreo de diferentes procesos, como ser el control de la producción, la
logística y el almacenamiento, y en la misma línea, sistemas administrativos, contables y de
planificación empresarial, relacionados con la gestión económica de unidades de negocios.
Todos estos desarrollos comparten un cierto tipo de lógica funcional interna asociada a la
manipulación de determinado tipo de información, ciertos tipos de lenguajes de programación,
de no muy alto valor agregado en términos de tecnología, pero que reducen la complejidad de
las múltiples variables y dimensiones que se derivan de la gestión de las empresas, y permiten
ciertas utilidades de aplicabilidad directa que resultan esenciales para el manejo inteligente de
dicha gestión a la hora de la planificación de recursos y el control de los procedimientos. Razón
por la cual se los englobó dentro de los llamados sistemas de gestión de información, que en
algunos casos son sistemas cerrados, con aplicaciones específicas y una interacción básica con
el usuario, y en algunos casos son sistemas abiertos, que comparten información con distintas
unidades e interactúan con Internet y con otras formas de telecomunicación.
En segundo lugar se detectaron una serie de programas de software de diversa índole que
comparten la utilidad de manejar grandes bases de datos para su funcionamiento, con
requerimientos especiales a nivel del hardware de almacenamiento y procesamiento de datos.
Por ello es que se los ha englobado por lo general bajo el rótulo de sistemas de gestión de bases
de datos (SGBD). Entre estos encontramos a todos aquellos sistemas que manipulan imágenes
de alta densidad (fotografías satelitales, imágenes microscópicas, animaciones computadas en
tres dimensiones, etc.), a los conocidos Sistemas de Información Geográfica (SIG), que son
aplicaciones que permiten recolectar, clasificar, mapear, graficar, cruzar y mostrar datos de
diversa índole, formato y densidad bajo una referencia espacial -con coordenadas de latitud y
longitud-, posibilitando de esa manera la organización de la información para que sea posible
analizarla, evaluarla y tomar decisiones. Esto supone sistemas de teledetección satelital que se
incluyen en el quinto punto.
También aquí ubicamos a los sistemas de manejo de información genética para el uso en
investigación y desarrollo biotecnológico, que tiene aplicaciones tanto agronómicas como
veterinarias y en medicina. En particular, el auge de esta rama de la tecnología biológica, que
implica un uso intensivo del conocimiento informático, ha cobrado tanto crecimiento que ha
generado incluso, en este caso, una disciplina particular, la bioinformática, que combina
conocimientos biológicos y químicos con conocimientos de informática. Respecto a la
arquitectura de programación, si bien los SGBD (también llamados DBMS, DataBase
Management Systems) son estructuras complejas con diferentes niveles lógicos y posibilidades
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de relación con y entre los datos, en términos generales podemos decir que, según la utilidad
específica (si se realizan grandes incorporaciones periódicas de información, o si se trabaja
básicamente con sistemas de consulta, o si las bases de datos están abiertas a distintos canales
de interacción) usualmente se utilizan aplicaciones específicas de consulta a bases de datos, de
manejo de bancos de imágenes y sistemas de alta interacción, de forma tal que existen algunas
plataformas que dominan ampliamente la oferta más avanzada, como las aplicaciones basadas
en el Standard Query Language (SQL), o aquellas basadas en Visual Basic para el manejo de
imágenes y animaciones.
Cuadro 1: Esquema teórico de la oferta tecnológica informática
Sistemas de gestión de
la información
Sistemas de gestión de
grandes bases de datos
Planificación y control de procesos
Gestión administrativa/económica
Procesamiento imágenes de alta calidad
Sists. Información Geográfica/Teledetección
Manejo de bases de datos genéticas
Sistemas – modelos de
simulación de procesos
Modelos de predicción y proyección
de resultados e impactos futuros
Software de adquisición y
administración de datos
(embebido – incorporado)
Control automático de maquinaria; adquisición, manipulación y almacenamiento de
datos en dispositivos (Mecatrónica)
Redes y sistemas de soporte
a la telecomunicación
Servicios de conexión a internet (fibra
óptica o inalámbrica).
Sistemas de procesamiento digital
(DSP) y teledetección satelital.
Fuente: elaboración propia.
En tercer lugar se identificó a un conjunto de sistemas que poseen también una lógica
propia de procesamiento y programación, y que son los llamados sistemas de simulación de
procesos (SSP) o sistemas expertos (SE), derivados de una rama de la Inteligencia Artificial.
Estas aplicaciones consisten en modelos matemáticos (basados en cálculos de números finitos)
que imitan y representan en forma simplificada diferentes procesos humanos, físicos y naturales
con una lógica sistémica, cerrada, de interacción entre diferentes variables con comportamientos
prefijados, y que a través de esa capacidad de reproducción aparente, tienen el objeto de
colaborar en la resolución de ciertos problemas de análisis.
Existe una diversidad de programas de simulación en enormes áreas de aplicación, como
en el diseño industrial y constructivo, en la economía y management, en la agrometeorología y
climatología, en la física, ciencias naturales y geográficas, incluso considerando el área de
entretenimientos (videojuegos). Consisten básicamente en modelos de predicción, proyecciones,
cálculo de impactos futuros y efectos de todo tipo de fenómenos, entre los cuales existe un
sector de aplicaciones que pueden utilizarse para la toma de decisiones en el sector productivo
agropecuario. Ejemplos de estos son los simuladores de efectos de determinados tipos de
siembra y fertilización en suelos, predictores de impacto agroclimático, modelos de proyección
económica de inversiones agropecuarias, sistemas de simulación mecánica y de fluidos para
diseñar determinados objetos o tomar decisiones operativas, etc. El insumo del que se alimentan
estos sistemas, además de la potencia de cálculo y el tipo de operaciones matemáticas que
realiza, es la información modelizada de los fenómenos que se quieren simular. En agricultura
existe un uso convenido a nivel mundial de uno de los modelos de estos sistemas, que es
conocido como DSSAT (Decision Support System for Agrotechnology Transfer), aunque
10
existen muchas otras plataformas y modelos disponibles y factibles de crear, con mayor
complejidad y capacidad de manejo de variables.
En cuarto lugar se ubicó puntualmente a los sistemas de adquisición y administración de datos
que se obtienen de dispositivos electrónicos de todo tipo, y que son conocidos comúnmente
como software embebido o incorporado (embedded software). Este tipo de sistemas permite
recibir, interpretar, manipular y retransmitir datos obtenidos por diversos instrumentos de
precisión y almacenados en dispositivos electrónicos como sensores (de índice verde, de
temperatura, de humedad, remotos, etc.), controladores y medidores de distintas muestras,
PDAs, monitores de siembra y cosecha, receptores GPS y todos los dispositivos relacionados
con la robótica. Este tipo de sistemas, en conjunto con la parte mecánica y la parte electrónica
conforma un sistema que se conoce como mecatrónica. Desde el punto de vista tecnológico
tienen una complejidad variable, aunque los de mayor utilización y presencia en el mercado
poseen menor valor agregado en términos de complejidad que los sistemas de simulación y que
los sistemas de bases de datos, no obstante permiten manejar procesos críticos de comunicación
entre hard y soft, y manejar las interfases de vinculación entre distintos tipos de sistemas.
En quinto lugar se agruparon a todos aquellos sistemas de soporte de telecomunicaciones,
sin especificación de una lógica informática específica, pero que tienen la particularidad de
permitir la conectividad y la comunicación entre computadoras, servidores y todo tipo de
procesadores digitales de información. Ejemplos de estos son todos los sistemas de conexión a
internet (con particular énfasis en la conexión inalámbrica como ejemplo de la tecnología de
frontera en conectividad), los sistemas DSP (Digital System Processing), todo un adelanto en
materia tecnológica, que implican la digitalización de una gran cantidad de operaciones que
comúnmente se realizan a través de tecnologías menos avanzadas que la informática, y como
consecuencia, la transmisión de mucho mayores volúmenes de datos por unidad de tiempo, lo
que se logra a través de la inclusión de microprocesadores en una gran cantidad de dispositivos
intermedios de comunicación que analizan y digitalizan la información. Además se deben
incluir a los sistemas de recepción de información satelital y aérea que se utilizan para la
teledetección de características de la tierra mediante imágenes a distancia, que utilizan diferenes
sensores y receptores que deben ser procesados con sistemas informáticos específicos.
La clasificación desarrollada hasta aquí, y sintetizada en el Cuadro 1, no es
necesariamente exhaustiva: como se dijo al principio, existen aplicaciones que utilizan más de
uno de estos paquetes informáticos combinados (como por ejemplo, algunos sistemas integrales
de gestión agropecuaria que combinan GIS con consultas a bases de datos on-line). Pero tiene el
sentido de categorizar en términos funcionales la oferta tecnológica informática disponible para
elaborar una vinculación conceptual con el ámbito de aplicación.
4.2. La demanda agropecuaria
En simultáneo con la clasificación anterior, se realizó en primer lugar una
esquematización desde el lado del sector agropecuario en relación con las necesidades existentes
como usuarios, de acuerdo a los distintos aspectos que implica tanto la actividad productiva
como la de investigación y desarrollo. Esto suponía poner el foco no solamente en el sector
primario, sino también en el de los servicios a la producción y en el sector industrial relacionado
con la fabricación de maquinaria y herramientas. Respecto al sector agroindustrial y de
manufacturas, si bien en este esquema fue excluido, en cambio sí fue considerado en otros
aspectos del estudio, y algunos de sus referentes fueron consultados a través de entrevistas, ya
que no en todos los casos existe una división clara entre la gestión de la producción primaria y
el procesamiento de sus productos, y del mismo modo que existen tecnologías transversales a la
cadena agroalimentaria -que exigen coordinación y compartir información entre los eslabones-,
existen espacios factibles de aplicación de la tecnología informática que no deberían quedar
excluidos de nuestra consideración.
En este marco, el esquema presentado en el Cuadro 2 intentó resumir el conjunto de
funciones y necesidades que se presentan en la actividad productiva agrícola y ganadera y en la
I+D ligada al sector, teniendo en cuenta una serie de objetivos genéricos relacionados con la
11
gestión propia de la actividad y con todos aquellas dimensiones que afectan al desarrollo
cotidiano: por un lado, los aspectos ligados a la gestión general, tanto operativa como
económica, de la empresa agropecuaria, con el día a día y el manejo de todas las variables que
deben ser controladas en forma permanente para el desarrollo óptimo de la actividad cotidiana;
por otro lado, aquellos aspectos derivados de la importancia de la planificación estratégica de
los procesos productivos, y de la búsqueda de eficiencia en la gestión de dichos procesos, que
abren un gran conjunto de problemas a considerar. También se remarcó, desde el aspecto más
comercial, todo lo relacionado con la diferenciación de los productos y la agregación de valor a
esos bienes, que implican eslabonamientos hacia atrás y hacia adelante en términos funcionales,
y relacionan al sector primario agropecuario con la gestión de insumos y herramientas, a través
de la I+D que se encuentra en la base de la producción de insumos mejorados (semillas
genéticamente modificadas, agroquímicos, productos veterinarios, alimento animal) y a través
del apoyo al perfeccionamiento en la fabricación de bienes de capital (principalmente
maquinaria agrícola y herramientas).
Cuadro 2: Necesidades y funciones del sector agropecuario
Actividad
Área de
intervención
Agricultura
Objetivos
Necesidades
Gestión general
operativa y económica de la
empresa
Administración
económica
Gestión de insumos, cash flow,
pagos, reportes, tablero control
Toma de decisiones
productivas-económicas estratégicas.
Análisis de inversiones, predicción agroclimática, evaluación de
rendimientos, dosis variables, etc
Control operativo de
la producción
Monitoreo logístico, control de
procedimientos de rutina, registro de información productiva.
Planificación
productiva y
eficiencia
productiva.
Producción
Ganadería
Diferenciación
de productos
Seguridad
alimentaria y
regulaciones
económicas y
de calidad
I+D
Agricultura,
ganadería y
gestión de
insumos y
herramientas
Diferenciación
de productos y
agregación de
valor
Maximización de
rendimientos
Trazabilidad /
Rastreabilidad
Control sanitario y
de calidad
Mejoramiento de
insumos y procesos
Mejoramiento de
maquinaria y
herramientas
Utilidades
Mejoras en los procesos críticos
Identificación animal y vegetal,
registro y manejo de información
Predicción y control de enfermedades, malezas, control calidad
de insumos y de productos.
Manejo de información genética
para manipular organismos
Almacenamiento y manejo de
info agronómica, climática, etc.
Incorporación de tecnología y
diseño industrial avanzado
Fuente: elaboración propia.
A partir de la mención de estos cuatro tipos de objetivos principales de gestión se deriva
una serie de necesidades asociadas, tales como la administración económica de la empresa
agropecuaria y la toma de ciertas decisiones estratégicas en el aspecto económico para el caso
de la gestión general. La toma de decisiones estratégicas también se halla presente en el aspecto
de la planificación productiva y la búsqueda de eficiencia, así como la necesidad de tener
control operativo sobre toda la gestión de producción, y la búsqueda permanente de
maximización de los rendimientos de inversión en ganadería tanto como en agricultura. Estas
necesidades implican generar determinado tipo de utilidades que pueden encontrar respuesta a
través de diferentes soluciones tecnológicas informáticas.
De esta misma manera puede razonarse todo el cuadro, el cual intenta expresar que, al
existir una interacción entre diversas áreas de actividad, objetivos, necesidades y utilidades,
estas categorías aparecen intercaladas; lo cual supone que hay utilidades que responden a más
12
de una necesidad y viceversa, así como también ocurre entre las diversas necesidades y los
objetivos de gestión, y de la misma manera (esto está marcado con las flechas intercambiadas),
las categorías incluidas en agricultura también valen para ganadería, ya que, por ejemplo, existe
tanto la posibilidad de realizar trazabilidad agrícola como ganadera, así como también las
regulaciones sanitarias, económicas y de calidad valen para ambas áreas de aplicación. En la
columna derecha aparecen entonces las utilidades que vinculan en términos teóricos las
necesidades del sector agropecuario con las aplicaciones informáticas y otros tipos de
tecnologías que pueden darle respuesta.
Al retomar la pregunta acerca de cuál sería el recorte elegido para considerar esta
vinculación intersectorial, y a modo de comprensión de sus posibles canales de comunicación,
podemos también esquematizar los distintos eslabones de la cadena agroalimentaria según los
tipos de gestión que implica en relación con la función que cumple el sector al que pertenece, a
saber: la gestión de insumos, servicios y herramientas (eslabón multisectorial), la propia gestión
productiva (sector primario-agropecuario), el procesamiento agroindustrial (sector secundario) y
la distribución y comercialización (sector terciario).
Cuadro 3: El sector agropecuario en la cadena de agroalimentos
F u n c io n e s d e la c a d e n a
agroalimentaria
ƒ
ƒ
ƒ
ƒ
Gestión de insumos,
servicios y herramientas
Gestión productiva
Gestión de procesamiento
agroindustrial
Gestión de distribución y
comercialización
Tipo de sector al que pertenece
Primario / Secundario / Terciario
Primario
Secundario
T e r c i a ri o
Fuente: elaboración propia
Esto permite comprender, en una mirada global, cual es el recorte que estamos realizando
(y cuánto dejábamos afuera) en términos de los eslabones que componen la cadena
agroalimentaria, y al mismo tiempo, cuáles son los encadenamientos que se generan a partir de
dicho recorte. Nos referimos en este caso al sector metalmecánico que fabrica maquinarias e
implementos agrícolas, a los proveedores de agroquímicos y semillas, a los proveedores de
alimentos y productos veterinarios, y a los proveedores de todos aquellos servicios a la
producción, operativos y profesionales, que son necesarios para desarrollar la actividad y que se
ubican en torno al eslabón primario compuesto por los productores y empresas agropecuarias
(Reca y Parellada, 2001; Bisang y Gutman, 2003; Díaz, 2003; Bisang, 2003).
En otro plano, y más allá de esta mirada estática sobre la demanda potencial o real del
sector, se observó que existen en la actualidad una serie de desarrollos y avances vinculados con
la tecnología agropecuaria en términos genéricos, que han marcado el camino de la introducción
de los sistemas informáticos más avanzados, además del uso de sistemas de gestión
perfeccionados e integrales. Estos desarrollos –que son básicamente tres: la Agricultura de
13
Precisión (AP), la agrobiotecnología moderna, y la trazabilidad, tanto animal como vegetal- , los
cuales se detallarán a continuación.
•
Agricultura de precisión
La Agricultura de Precisión (AP), además de una tecnología de producción agrícola, es
todo un concepto nuevo e integral acerca de la gestión productiva, que implica la utilización de
las nuevas tecnologías de información para la toma de decisiones de manejo, técnica, económica
y ambientalmente adecuadas para la producción agrícola, combinadas con una serie de
dispositivos electrónicos y con maquinarias y herramientas agrícolas de avanzada. La utilidad
de la AP se afirma sobre tres pilares: por un lado, la intensificación del rendimiento de los
campos; por otro lado, la búsqueda de sustentabilidad ambiental; en tercer lugar, el
reconocimiento y manejo inteligente de la heterogeneidad ecológica de los suelos.
Argentina comenzó con el desarrollo de esta técnica a mediados de 1996, a través de
trabajos de exploración en algunas universidades de Estados Unidos, como Purdue, Iowa y
Nebraska, lo que se sumó al desarrollo de las algunas empresas proveedoras de insumos
tecnológicos, y de la mano de algunas unidades experimentales del INTA, que se asoció con
determinadas instituciones como AACREA, AAPRESID, INFOPOS, etc. (Bragachini et al,
2005; Bongiovanni, 2005).
Según la opinión de especialistas, junto con la biotecnología moderna, la AP es uno de los
saltos tecnológicos más importantes que ha vivido la agricultura en las últimas décadas. Sus
técnicas permiten satisfacer una de las exigencias clave, que es el el manejo óptimo de grandes
extensiones, pudiendo así contribuir sustancialmente a aumentar la rentabilidad a través de un
incremento del valor del rendimiento de los suelos (cantidad y calidad), del ahorro en la
cantidad de insumos, o de ambos simultáneamente, y permitiendo perfeccionar el trabajo a
campo. En este sentido, cabe destacar que la Agricultura de Precisión, si es aprovechada en
todas sus posibilidades, puede generar importantes ahorros de costos vía insumos, vía el mejor
aprovechamiento de las posibilidades del suelo, y puede generar una mayor sustentabilidad de
sus características ecológicas (Satorre, 2006).
Desde el punto de vista de la informática, la AP involucra para su funcionamiento el uso
de sistemas de posicionamiento global (GPS) y de otros dispositivos electrónicos como sensores
de índice verde, de temperatura y humedad, sensores remotos de teledetección, monitores de
rendimiento, medidores de muestreo y otros tantos que van apareciendo en el mercado, para
obtener datos del cultivo y adecuar de esa manera el manejo de suelos e insumos a la
variabilidad presente dentro de un lote. Estos dispositivos se utilizan usualmente montados
sobre diferentes maquinarias y herramientas como cosechadoras, sembradoras, tolvas,
fertilizadoras, pulverizadoras, etc., que funcionan con diversos softwares embebidos en cada
aparato, los cuales toman y almacenan los datos que surgen de las diferentes operaciones
realizadas (siembra, fertilización, cosecha, poscosecha) y se transmiten la información mediante
tecnología portátil de informática y telecomunicaciones.
Ciclo de la información en Agricultura de Precisión
Clima
Agronómico
(Suelos)
Datos
Información
Diagnóstico
Soluciones
Toma de
decisión
Cultural
Seguimiento
Fuente: Best, Stanley, S. (2006).
14
Toda esta información se aprovecha más tarde a partir de la utilización de ciertos sistemas
de gestión y de aplicaciones GIS que la procesan y permiten elaborar mapas de rendimiento y
muestreos intensivos de suelo, con los cuales evaluar sus características geofísicas y
agronómicas y medir los diferentes rindes que se han obtenido en el lote, para entonces poder
tomar decisiones de siembra y dosificar la utilización de semillas, fertilizantes y biocidas según
la heterogeneidad que presente dicho lote, y según los resultados que se quieran obtener. Por
otra parte, también se utilizan modelos de simulación para distintos tipos de cultivos,
relacionados con la información sobre las características del suelo y del clima, que permiten
realizar ensayos de dosis variable (DV) y hacer proyecciones hipotéticas sobre los resultados de
diferentes pruebas, de tal manera que generen información clave para el trabajo operativo
posterior.
•
Agrobiotecnología moderna
La biotecnología es cualquier tipo de técnica que utilice organismos vivos o sustancias de
esos organismos para crear o transformar un determinado producto, mejorar las plantas o
animales o crear microorganismos para usos específicos. En particular, la biotecnología
moderna consiste en un nuevo conjunto de técnicas que implican la intervención y el
mejoramiento genético de especies animales y vegetales, con diferentes aplicaciones posibles, a
través de la introducción de genes que confieren características potencialmente útiles a dichos
organismos. Los principales elementos que componen la biotecnología moderna son: la
genómica –la clasificación molecular de las especies-; la bioinformática, que supone la
recopilación de datos de análisis genómicos en forma accesible; el mejoramiento genético
molecular, que es la identificación y evaluación de características deseables para determinados
organismos; y el diagnóstico de agentes patógenos, lo que implica mejorar las tecnologías de
vacunación, a través del uso de métodos modernos de inmunización que se utilizan para
preparar vacunas de ADN recombinante que ayudan a optimizar el control de enfermedades.
Además, en términos generales, la biotecnología moderna hace posible introducir los genes que
controlan las características deseables con mayor precisión y control que los métodos
convencionales
Según Bisang, todo pareciera indicar que la aplicación de la biotecnología a la producción
primaria, junto con otras innovaciones mecatrónicas, está llamada a constituir un nuevo modelo
de organización de la producción. Es posible afirmar que en agricultura los avances van en dos
direcciones: por un lado, unos pocos pero de amplia difusión apuntan a las tecnologías de
proceso agrícola (modificaciones genéticas que afectan el proceso de producción, como por
ejemplo, semillas con resistencia a determinados biocidas e insectos) que tienen un impacto
directo sobre los costos de producción; otros, en cambio, implican mejoras en la tecnología de
producto, agregando valor a las características de los bienes finales, con un impacto directo
sobre los consumidores. Este es el caso, por ejemplo, de los alimentos de origen transgénico. En
cuanto a la aplicación de la biotecnología a la actividad ganadera, encuentra su mayor fuente en
las aplicaciones veterinarias para garantizar la sanidad animal y evitar patologías que pudiesen
afectar los productos. Otra utilidad, más polémica en este caso, son las modificaciones genéticas
para mejorar el rendimiento animal (Bisang, 2002).
No obstante, las aplicaciones de la biotecnología en la actividad agropecuaria apenas han
comenzado. La primera generación de variedades de plantas OGM se ha desarrollado sólo para
modificar una sola característica, como por ejemplo, la tolerancia a determinados biocidas o a
las plagas. Pero los avances conquistados en la genómica abren muchas puertas al mejoramiento
genético de las plantas, los árboles y el ganado, conforme se incremente el conocimiento
generado mediante la I+D. Según aseguran algunas voces autorizadas, el uso de la metodología
de mejoramiento genético para lograr características complejas tendería a difundirse en los
próximos años (Pomareda y Hartwich, 1999).
En particular al hablar del uso específico de la informática, lo que implica la investigación
y el desarrollo basado en la agrobiotecnología moderna es el almacenamiento, la recuperación y
el procesamiento masivo de información genética y bioquímica. Esto ha dado lugar al desarrollo
15
de uno de los elementos ya mencionados: la bioinformática, rama principalmente dedicada a la
gestión y uso de grandes bases de datos e información biológica (genética y bioquímica).
Además, la bioinformática ha incorporado de manera generalizada técnicas de robótica para
automatizar análisis y clasificación de material biológico.
Según algunos especialistas, las funciones primordiales de la informática en la
biotecnología en su aplicación agroecológica y para la ganadería son el manejo de bases de
datos (no solamente la manipulación conocida a nivel de organización y búsquedas, sino
también el procesamiento de imágenes microscópicas), la inteligencia artificial -el conjunto de
técnicas que implementan sistemas capaces de buscar patrones ocultos en las cadenas, encontrar
relaciones entre medidas, hacer predicciones a partir de los datos conocidos, y clasificar
patrones de manera automática- y la modelización: simulaciones sobre las condiciones de
diversos microclimas y sobre el comportamiento de organismos en diversas condiciones
(Mercau, 2006; Satorre, 2006; Martínez, 2006).
•
Trazabilidad
La trazabilidad es un sistema de gestión productiva que permite realizar el seguimiento de
un bien final desde su origen hasta el destinatario final. Consiste en la integración sistémica y
longitudinal de la información surgida de la evolución los productos a lo largo de los distintos
eslabones de la cadena de valor, para poder construir la evolución individual de cada uno de los
bienes. Por ejemplo, la trazabilidad de la ganadería bovina supone el seguimiento de los
animales vacunos desde el campo hasta el frigorífico (ciclo cero), luego, desde los cortes de la
faena y el desposte (ciclo uno), hasta el supermercado y el consumidor final (ciclo dos),
identificándose a los mismos por el establecimiento del cual provino.
En la actualidad, sin embargo, la trazabilidad tiene dos significados paralelos: por un lado,
se trata de una tecnología de proceso que introduce una concepción integral de la gestión de la
cadena de valor agroalimentaria, y que puede aplicarse a muchos tipos de producción
agroalimentaria, tanto de origen agrícola como ganadera. No obstante, al mismo tiempo aparece
en cada vez más países como un requisito legal obligatorio para poder introducir productos en
los mercados alimenticios. Además, en la medida en que su funcionamiento requiere una alta
coordinación entre los diferentes agentes de la cadena, depende también de las propias
regulaciones que la imponen como requisito para comercializar, y de la capacidad y voluntad
del Estado de hacer cumplir esas regulaciones. Ahora bien, aún en los mercados y sectores en
los que no es obligatoria, la trazabilidad incide sobre la diferenciación comercial del bien final
en tanto genera sobre éste un valor agregado como producto trazado.
Sin embargo, la trazabilidad como concepto y como práctica se ha difundido
principalmente alrededor de la actividad ganadera bovina, precipitada por el brote del síndrome
de la vaca loca en 1996, el que determinó, especialmente en Europa, una crisis de confianza en
el sector de la industria de la carne. Aún cuando su consumo mostraba una tendencia a la baja,
en algunos mercados europeos el mencionado brote provocó una súbita caída, lo que generó
incentivos muy claros al desarrollo y el uso de sistemas que satisficieran la necesidad de
imponer nuevos controles para garantizar la calidad y sanidad a lo largo de toda la cadena de
producción y comercialización de cada producto (Meré et al, 2000; Zvedeñiuk, 2002).
Cualquier sistema de trazabilidad incluye por tanto, como elementos vitales de su
funcionamiento, la identificación individual de los animales o vegetales, la recolección y
almacenamiento de la información acerca de ellos, y el acceso a la información por parte de los
distintos agentes involucrados. En cuanto al consumidor final, sujeto y destinatario principal de
la aplicación de la trazabilidad, la posibilidad de acceso a la información le permite estar
informado acerca del establecimiento y las características de origen del producto, sobre el
método practicado en los procesos de producción y procesamiento, y sobre la identificación de
los actores que participaron de la cadena, entre otros tipos de información.
Dentro de los beneficios que supone la identificación individual de los productos, se
puede mencionar las ventajas de gestión derivadas del manejo comercial optimizado que exige
el mercado; las facilidades sanitarias, y las jurídicas, ya que se simplifican las normas legales y
16
estadísticas, entre otras. Las utilidades del sistema de trazabilidad se vinculan además con otras
funciones adicionales: el control y la erradicación de enfermedades y plagas, información para
el productor y la industria frigorífica, información para el fisco, y una mejor y más intensa
posibilidad de aplicación de créditos bancarios (Zvedeñiuk, 2002).
Con respecto a sus necesidades y posibilidades informáticas, podemos encontrar dos tipos
de aplicaciones factibles de demanda:
- Sistemas informáticos de gestión integral de la trazabilidad: si bien existen por una
parte aplicaciones de gestión de la trazabilidad independientes (de una unidad productiva
aislada, o vinculada individualmente con otros eslabones de la cadena), lo más avanzado en
estos esquemas de funcionamiento consiste en paquetes informáticos que reúnen características
de los sistemas de gestión de la información, de los sistemas de gestión de bases de datos
(SGBD), y en algunos casos, de almacenamiento compartido a través de telecomunicaciones.
Incluso algunos paquetes informáticos agregan módulos de simulación para realizar
proyecciones de tendencias basadas en series históricas, o ante la presencia de ciertos baches de
información. Aquí es vital el manejo interactivo de las bases de datos con diversos agentes, por
lo que la ingeniería relacionada con las telecomunicaciones y con la gestión de las bases de
datos cumple una función esencial, aunque se trata de un sistema que ante todo debe estar
sustentado por un conjunto de prácticas sostenidas de incorporación de la información, sin el
cual todo el sistema pierde sentido. También es vital que exista una entidad consolidada en la
administración y el mantenimiento sistemático de la base de datos.
- Sistemas asociados a la identificación electrónica: uno de los métodos más modernos
de identificación individual de los productos durante su trayecto es la identificación electrónica,
aplicable tanto a especies animales como vegetales. Esto supone el desarrollo de una serie de
dispositivos microelectrónicos o códigos de lectura láser que se adosan de diferentes maneras a
cada producto, y que tienen incorporada toda la información sobre el mismo.
Como se dijo antes, en ambos casos los sistemas más desarrollados hasta ahora se
vinculan con la ganadería de la carne bovina, y por eso este mercado de servicios está recién en
sus comienzos, ya que, desde el punto de vista del sector primario, tiene aplicaciones en las
diferentes ramas de producción: agricultura extensiva e intensiva, ganadería bovina, ovina,
porcina, avicultura, etc.
De esta manera, estos tres tipos de avance tecnológico (agricultura de precisión,
biotecnología moderna aplicada y trazabilidad agropecuaria), que se encuentran en un estado de
desarrollo relativamente incipiente, bien en oferta o en demanda, deben ser muy tenidos en
cuenta en el análisis, ya que forman parte del horizonte de mejores prácticas y técnicas ubicadas
en la frontera tecnológica del desarrollo agropecuario, además de que generan un alto nivel de
valor agregado tanto a la actividad como a los productos, y son motores de innovación y
eslabones de vinculación entre el sector agropecuario e informático.
4.3. Vinculación oferta-demanda
Si nos preguntamos acerca de cómo se insertan estas tecnologías recién desarrolladas en
el esquema planteado en el Cuadro 3 -sobre los distintos tipos de gestión dentro de la cadena-,
podríamos sostener que, mientras que la Agricultura de Precisión se puede asociar tanto con el
primer eslabón (gestión de insumos, servicios y herramientas) en tanto que produce un
encadenamiento hacia el sector industrial y de servicios a la producción, como con el segundo
(gestión productiva-sector agropecuario) en cuanto esta tecnología se aplica directamente en la
actividad del sector primario, al mismo tiempo la biotecnología moderna aplicada estaría
asociada principalmente con el primer eslabón (como servicio a la producción mediante la
generación de conocimiento), y la trazabilidad, en cambio, por sus características intrínsecas,
estaría asociada necesariamente a todos los eslabones de la cadena a través de esta
17
sistematización de la información que implica.
Todas estas vinculaciones presentan una complejidad muy significativa en términos de las
posibilidades de sinergias y de relaciones de todo tipo entre diversos actores asociados tanto con
la gestión de la cadena agroalimentaria como con la gestión de las mencionadas tecnologías, las
que además encuentran también relaciones directas entre sí y con la dinámica de la oferta IT,
suponiendo una trama de correspondencias que hacen que cualquier tipo de iniciativa pública o
privada deba poder visualizar el conjunto.
Tomando entonces en cuenta el recorte realizado en torno a dos de los cuatro grandes
tipos de gestión de la cadena agroalimentaria así definidos (gestión de insumos, servicios y
herramientas, y gestión productiva), y considerando las diferentes utilidades distinguidas en el
Cuadro 2, relativas a los diferentes aspectos que es necesario cubrir tanto en producción como
en investigación y desarrollo, podemos sugerir, desde el punto de vista informático y de acuerdo
a la información recavada, que el software se presenta bajo cuatro grandes modos funcionales
que están en relación tanto con el criterio planteado al principio, como con el criterio de
utilidades:
a. Sistemas de apoyo a la gestión operativa y económica agropecuaria: consisten
básicamente en sistemas de gestión de información, en la mayoría de los casos con mediobajo valor agregado tecnológico, pero con alta utilidad práctica para la actividad cotidiana,
cuando el uso es correcto y la aplicación adecuada. En su mayoría se trata de enlatados
comerciales que trabajan modularmente para atender a distintas necesidades de la gestión, o
de aplicaciones que buscan controlar y administrar procesos específicos en una rama
productiva (por ejemplo, control lechero con sistemas de alarma, control en tiempo real de la
alimentación del ganado, sistemas de administración logística, sistemas de entrada y salida de
mercadería), o el manejo integral de distintas ramas productivas específicas. A estas
aplicaciones se les podría agregar como un ítem adicional a los sistemas ERP (Enterprise
Resource Planning) que utilizan las grandes empresas agroindustriales para el manejo y la
administración de sus recursos y procesos, y que suponen una gran cantidad de aplicaciones
basadas en importantes bases de datos interactivas (datawarehouse) desde la cual se controla
la gestión general de la actividad de la empresa, y a los que suelen vincularse a otros sistemas
accesorios mediante interfases desarrolladas ad-hoc.
b. Sistemas de apoyo a la toma de decisiones (DSS) estratégicas: aquí se encuentran todos
aquellos sistemas independientes de alto valor agregado informático, que proveen
herramientas analíticas y una importante densidad de información, con utilidad
principalmente para el desarrollo del sector privado, así también como para la investigación y
desarrollo, y para la gestión regulatoria, legal y económica, de la actividad agropecuaria.
Podemos mencionar entre estos a los Sistemas de Información Geográfica y Teledetección, a
los Sistemas de Gestión de Información con mayor valor agregado (que permiten operaciones
de alta complejidad, evaluación de problemáticas y alternativas, mayor elaboración y
facilidades para el usuario), a una parte de los Sistemas de Simulación, que permiten realizar
proyecciones, predicciones, simulaciones, etc., y a una parte de los Sistemas de Gestión de
Bases de Datos, en especial combinados con los otros sistemas. El criterio básico de estos
sistemas es proveer de herramientas de inteligencia tanto a los productores como a
investigadores y organismos públicos.
c. Sistemas de apoyo a los eslabonamientos industriales: se trata de una multiplicidad de
sistemas heterogéneos que asisten a procesos y actores que, en términos económicos, se
desprenden como eslabonamientos directos y casi exclusivos de la propia actividad productiva
en tanto, por ejemplo, laboratorios proveedores de insumos (semillas, fertilizantes, biocidas),
fabricantes de herramientas industriales (maquinaria agrícola e implementos, otros productos
metalúrgicos), o en tanto servicios a la producción (asesores profesionales veterinarios y
agrónomos, acopiadores de granos, centros de I+D para el diseño industrial, etc.). En esta
categoría hemos incluido a los programas de diseño industrial por computadora, que utilizan
18
sistemas de procesamiento de imágenes y de simulación, al software incorporado a las
maquinarias y herramientas agrícolas, y los sistemas de gestión de bases de datos (SGBD) de
apoyo a la investigación y desarrollo bioinformática destinada a la producción de OGMs
(organismos genéticamente modificados), y al monitoreo y control de su aplicación sobre los
organismos vivos en laboratorio.
d. Sistemas de gestión compartida y de telecomunicaciones, utilizados principalmente por
los centros de I+D o por grandes empresas agropecuarias/agroindustriales, y por otra parte,
por los organismos públicos estatales y civiles a los fines de regular, fiscalizar, fomentar y
asistir en la gestión de la actividad agropecuaria. Hablamos aquí de importantes Sistemas de
Gestión de Bases de Datos, con estructuras múltiples de interacción privada y consulta pública
online con importantes bases de datos abiertas o semiabiertas. También nos referimos a
aplicaciones genéricas y específicas con soporte para el trabajo con intercambio de grandes
flujos de datos de conexión a Internet, sistemas RID (Redes Integradas de Datos), y los
sistemas de procesamiento digital (DSP) utilizados genéricamente en telecomunicaciones, que
incluyen softwares embebidos en los microchips DSP.
A partir de esa clasificación, y en términos de la vinculación teórica ya desarrollada entre
oferta y demanda, se elaboró otro esquema que intenta sistematizar las necesidades que esa
oferta tecnológica informática (IT) demandaría en términos de los insumos de información y los
dispositivos hard que están asociados a la utilización de esos sistemas. En términos globales, el
esquema parte de la idea de que existen, en relación con las utilidades que puede ofrecer para el
sector agropecuario y sus eslabonamientos, cuatro tipos de sistemas o aplicaciones que
complementan y mejoran la gestión de las diversas necesidades de funcionamiento de la cadena
En ese marco aparecen los sistemas de apoyo a la gestión general de las empresas
agropecuarias, diseñados para cubrir las necesidades administrativas, operativas y económicas
de la actividad primaria en sus distintas ramas, a partir de la utilización de diversas herramientas
informáticas (principalmente sistemas de gestión de la información, muchas veces combinados
con otros). Estos sistemas tienen una importancia particular respecto de los otros, ya que
señalan un piso básico de utilización de la tecnología muy correlacionado con el manejo del
negocio como tal. Es decir que si bien su nivel de complejidad tecnológica es variable -y
muchas veces medio-bajo-, su rol estratégico es claro en cuanto a que parece ser un
requerimiento y un vehículo hacia sistemas más complejos, que presuponen para su
aprovechamiento una fuerte búsqueda de eficiencia de la gestión productiva y económica,
relacionada con una mirada empresarial de la actividad
.A partir de allí cobran mayor sentido los sistemas de apoyo a la toma de decisiones
(DSS) y los sistemas de apoyo a los eslabonamientos industriales, que si bien no afectan
directamente a la actividad primaria, sí están correlacionados con el uso agropecuario de las
tecnologías a las que se incorporan como insumos o herramientas (por ejemplo, la maquinaria
agrícola moderna).
En cuanto a los sistemas de apoyo al uso y almacenamiento compartido de la información,
su especificidad reside, por un lado, en la complejidad de actores que ponen en relación, y por
otra, en el alto valor agregado tecnológico que implican tanto, ya que conectan al software con
todo el hardware de telecomunicaciones. Respecto a la demanda, su utilidad alcanza formas
diversas (más directas o indirectas), pero en cualquier caso, lo destacable es que implica una
coordinación sistémica de tecnologías y se plantea a la vez como un sistema de infraestructura
indispensable para la difusión del uso de las TICs en el sector agroalimentario.
19
Cuadro Nº4: Oferta IT para el sector agropecuario
Utilidad
genérica
Aplicación
Sistemas de gestión
económica y contable de
la empresa agropecuaria
Sistemas de
apoyo a la
gestión general
Sistemas de gestión
operativa agropecuaria y
de control de producción
Sistemas de simulación
productiva, agroclimática,
agroeconómica (DSSAT)
Sistemas de
apoyo a la toma
de decisiones
(DSS)
Aplicaciones derivadas
de Sistemas de Información Geográfica (GIS) y
Teledetección.
Sistemas de
apoyo a los
eslabonamientos
industriales
Sistemas de
apoyo al uso y
almacenamiento
compartido de la
información
Insumos
Información surgida de la
gestión de la empresa
Información online sobre
mercados agropecuarios, etc.
Información surgida de la
gestión de la empresa
Información online sobre
factores productivos, etc.
Información agronómica, agroclimatológica y agro-económica modelizada
Imágenes satelitales, información de dispositivos GPS,
información de sensores
Bases de datos agronómicas, climatológicas y
econó-micas actualizables
Software incorporado
(embebido) en dispositivos electrónicos de maquinarias, herramientas y
microchips varios.
Información surgida de la
recepción y procesamiento de
datos en la interacción con el
medio físico en el campo.
Sistemas de simulación
para diseño industrial de
maquinaria/ herramientas
Información modelizada
sobre el comportamiento de
fenómenos físicos, químicos
y naturales (mecánica,
fluidos, materiales, etc.)
Sistemas de Gestión de
Bases de Datos (SGBD)
bioinformáticas para la
I+D en biotecnología
Bases de datos genómicas y
bioquímicas sobre organismos
vivos
Aplicaciones de soporte a
las telecomunicaciones,
sistemas DSP, y de
gestión compartida (RID)
Información múltiple,
heterogénea e instantánea
Bases de datos múltiples
actualizables
Dispositivos
“hard” asociados
Computadoras con
acceso a Internet
Dispositivos de identificación electrónica, sensores
varios, dispositivos GPS,
PDAs, etc.
Computadoras con
acceso a Internet
Dispositivos GPS, sensores de percepción remota
y otros, monitores de
rendimiento, PDAs, etc.
Computadoras con
acceso a Internet
Clusters de computadoras
en paralelo (proveen una
mayor potencia de cálculo
de números finitos).
Computadoras con
acceso a Internet
Microchips DSP, dispositivos de audio y video,
servidores y nodos de
conexión inalámbrica a
internet, servidores y
discos de almacenamiento físico de datos.
Fuente: elaboración propia.
5. La realidad actual de la vinculación inter-sectorial en la región pampeana
El estudio empírico se desarrolló en principio elaborando un “mapa” de las
organizaciones específicas de cada uno de los dos sectores en el área de la región pampeana,
para lo cual se realizaron consultas a referentes y algunas entrevistas cualitativas que
permitieron comprender la situación formal y real de cada una en relación con su relación con el
otro sector. A continuación se examinan entonces por separado las características
20
organizacionales de la demanda y de la oferta, y luego se verifica la situación que encuentra en
la actualidad el nexo entre ambas.
5.1. Estructura organizacional de la oferta informática
Por una parte, del lado informático se presenta el paisaje de un sector inmaduro pero en
crecimiento, que presenta previsibles disparidades: un conjunto de cámaras de alcance nacional
radicadas en la Ciudad de Buenos Aires, con real influencia en la Región Metropolitana de
Buenos Aires, donde a su vez existe la mayor cantidad de empresas informáticas en general.
Estas son la Cámara de Empresas de Software y Servicios Informáticos (CESSI), que representa
a las empresas de informática, la Cámara Argentina de Telecomunicaciones, Informática,
Control y Contenidos (CATYA), la Cámara de Informática y Comunicaciones de la República
Argentina (CICOMRA), que representa mayormente a las empresas de telecomunicaciones, y la
CABASE (Cámara de Bases de Datos y Servicios en Línea), que representa principalmente a los
proveedores de Internet. Por otra parte, en el resto de la región pampeana, una serie de cámaras
de fuerte raigambre local o provincial, y que son las que representan con mayor fuerza y
capacidad de convocatoria a las empresas situadas en las principales áreas metropolitanas
regionales, con excepción de algunos casos puntuales que también buscan una referencia
principalmente en la CESSI.
Las principales instituciones mencionadas son el Polo IT Buenos Aires, en torno a la
Ciudad de Buenos Aires; la Cámara de Industrias Informáticas, Electrónicas y de
Comunicaciones del Centro de Argentina (CIIECCA), radicada en la ciudad de Córdoba, con
alcance en toda la provincia, a la que se suma el Cluster Córdoba Technology; la Cámara de
Empresas Informáticas del Litoral (CEIL), radicada en Rosario, y con un área de influencia que
alcanza a toda la zona centro-sur de la Provincia de Santa Fe (incluyendo algunas empresas de
la ciudad de Santa Fe) y la Cámara de Informática del Interior – Regional Cuyo (CIDI-Cuyo),
que representa y convoca a las empresas informáticas de la ciudad de Mendoza y su área de
influencia. Además se puede agregar a la Cámara de Informática del Sur, con sede en Bahía
Blanca, y al Polo Informático de Mar del Plata, radicado en dicha ciudad
Por otra parte, se pueden mencionar algunas cámaras locales o instituciones de apoyo
(como cámaras y centros de comercio o industria) en realidades locales más específicas como
Rafaela, Tandil, Villa María, Junín, Pergamino y Río Cuarto, pero con escasa inserción y
conocimiento sobre el entramado local de empresas informáticas, que en general posee una
masa crítica menor, tanto a nivel de cantidad y escala de empresas, como de recursos humanos
calificados. Aquí comienza a generar incidencia la presencia de otro tipo de instituciones como
las facultades de Ingeniería o de Ciencias Exactas de diversas universidades (Universidad
Nacional de Río Cuarto –UNRC-, institutos terciarios de computación, la Universidad Nacional
de Villa María –UNVM-, las sedes regionales de la Universidad Tecnológica Nacional –UTN-,
la Universidad Nacional del Centro –UNICEN, la Universidad Nacional del Sur – UNS,
Universidad Nacional de La Plata –UNLP), y otras instituciones de promoción tecnológica en
forma individual, como principalmente los centros regionales del INTI.
En otro plano de intervención, existen una serie de instituciones vinculadas a los ámbitos
locales y regionales que consisten, o bien exclusivamente en la promoción de tecnología y
aglomeración de empresas –los polos tecnológicos y clusters informáticos-, o bien instituciones
que forman parte del Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología (universidades públicas y
privadas, centros de investigación y desarrollo, institutos de desarrollo local), y que tienen
alguna relación con el desarrollo de software y servicios informáticos.
En muchos casos, se da la conjunción entre ambos tipos de instituciones, alrededor de un
esquema mixto como son los Polos Tecnológicos y Parques Científico-Tecnológicos, que
usualmente consisten en consorcios conformados por algunos de los actores locales
(universidades regionales, municipios, gobiernos provinciales, empresas de la zona y empresas
nacionales o internacionales de tecnología) e instituciones transversales que forman parte del
Sistema Nacional de Innovación, como el CONICET, el INTA y el INTI. Ejemplos de estos son
el Polo Tecnológico de Rosario (PTR), una iniciativa orientada a empresas informáticas y otras
21
con alto contenido tecnológico; el Centro Regional de Investigación y Desarrollo Rosario
(CERIDER-CONICET), también radicado en Rosario, con fuerte orientación biotecnológica,
donde además se alojan algunas unidades de trabajo del ámbito nacional, provincial y
municipal; el Parque Tecnológico Litoral Centro, ubicado en la ciudad de Santa Fe, también
fruto de un convenio entre la Universidad Nacional del Litoral, los gobiernos provincial y
municipal y el CERIDE-CONICET; el Cluster Córdoba Technology, vinculado a la Agencia
Córdoba Ciencia y al gobierno provincial; el Parque Científico y Tecnológico Tandil, y otros.
Esta realidad territorial de empresas y organizaciones representativas concentradas en
primer lugar en torno al Área Metropolitana de Buenos Aires, y en segundo lugar en torno a las
principales ciudades (Buenos Aires, Córdoba, Rosario y Mendoza), es correlativa a una realidad
económica sectorial de baja especialización en productos para sectores específicos, y de
concentración de la oferta de mano de obra calificada en los centros urbanos.
Por su parte, los organismos representativos de alcance nacional no tienen registros de las
empresas que están por fuera del ámbito de la RMBA, salvo en casos excepcionales al tratarse
de empresas regionales importantes o por vinculaciones institucionales específicas. Del mismo
modo, no se evidencia una diferenciación clara, dentro del conjunto de las empresas asociadas,
de un sub-sector informático relacionado con aplicaciones en la cadena agroalimentaria, o más
genéricamente, con alguno de los sectores productivos. Tampoco han sido detectadas y
catalogadas dichas empresas, aunque sí existe una percepción de que deben existir, y que está
pendiente un relevamiento exhaustivo al respecto.4
Por otra parte, y como se mencionó al principio de este artículo, no existen instituciones
públicas, mixtas o privadas que se aboquen globalmente a esta temática intersectorial en
particular, ya sea con mayor cercanía a la oferta o a la demanda.
Esta falta de información se evidencia también, aunque en menor medida, a nivel
regional, donde las cámaras informáticas y polos o parques tecnológicos no tienen información
clara y exhaustiva sobre las empresas de informática que se encuentran en la zona y que
pudieran estar desarrollando software o brindando servicios para el sector agroalimentario. En
algunas ciudades medianas con perfil agropecuario incluso no existen cámaras locales, o se
encuentran en reciente formación.
5.2. Estructura organizacional de la demanda
El sector agroalimentario relacionado con la producción agrícola extensiva y con la
actividad ganadera de la leche y de la carne se puede comprender como un conjunto de tramas
productivas definidas principalmente por la cadena del producto que generan, las cuales
conviven en un espacio territorial que ofrece algunas centralidades geográficas (áreas agrícolas,
cuencas lecheras, zonas ganaderas), pero también una significativa interacción entre ramas de
producción, de manera que en términos generales hay una cierta homogeneidad que admite
zonas de especialización y algunas diferenciaciones.
4
Según la suposición del Presidente de la CESSI –una entidad que posee alrededor de 300 asociados
y 150 adherentes-, probablemente existan cuatro perfiles de empresas (vinculadas con esta
institución) que podrían estar produciendo o teniendo productos y servicios para la cadena
agroalimentaria, y en el mejor de los casos, para el sector agropecuario específicamente: 1) grandes
empresas no de nicho, con una línea secundaria de negocios, entre cuyos productos aparece alguno
relacionado con el sector; 2) empresas de nicho (no menos de una veintena), de tamaño medio, con
entre 30 y 100 personas ocupadas; 3) empresas regionales, a las que es difícil seguirles el paso.
Nacen bajo el amparo de un gran cliente y permanecen cautivas. Cuentan, supone, en general con
servicios con valor agregado. Son más inmedibles en términos numéricos, pero cree que son
usualmente más pequeñas, con entre 20 y 30 personas ocupadas; y 4) empresas nacionales con
productos especializados en otro eje, pero a los que se le pueden agregar módulos afines al sector, y
con un promedio aproximado de 100 personas ocupadas.
22
En la estructura social del sector agroalimentario podemos encontrar entonces una gran
cantidad de actores principales en juego según su rol en la cadena:
9 Productores individuales o empresas agropecuarias, agrícolas y ganaderos
(criadores, invernadores y cabañeros).
9 Empresas agroindustriales: aceiteras, empresas lácteas, frigoríficos, molinos
harineros, etc.)
9 Proveedores de insumos y agroquímicos (semilleros, laboratorios,
comercializadores de biocidas y fertilizantes, etc.).
9 Fabricantes de maquinaria agrícola y herramientas (cosechadoras, tractores,
sembradoras, pulverizadoras y otros).
9 Prestadores de servicios profesionales (agrónomos, veterinarios, agrimensores).
9 Prestadores de servicios operativos y económicos (contratistas, consignatarios,
remates-feria).
9 Instituciones privadas de promoción y cooperación (cámaras y asociaciones de
cadenas productivas, asociaciones de productores, asociaciones de criadores,
asociaciones profesionales, institutos de promoción, etc.).
9 Instituciones públicas de promoción y regulación (INTA, SENASA, AFIP,
ONCCA, Secretarías de Agricultura y Ganadería, CONABIA, municipios etc.).
9 Instituciones de I+D (facultades de agronomía y veterinaria, laboratorios de
biotecnología, fundaciones profesionales o de ejecución de servicios).
Dentro de las tramas productivas agroalimentarias el núcleo está compuesto por las
grandes empresas agroindustriales, las que por una parte poseen la mayor porción de market
share del sector de agroalimentos, y por otra, son quienes, respecto al eslabón primario, generan
y se apropian de mayor valor agregado. Además, por su carácter de núcleo, disponen por lo
general de capacidad para imponer condiciones sobre los precios de compra de materias primas
al sector primario, en razón principalmente de la estructura oligopólica de estos mercados. Nos
referimos en este caso a los grandes molinos harineros, las aceiteras, a los grandes acopiadorescomercializadores que exportan, a los frigoríficos y curtiembres, y a la industria láctea de gran
porte. Por su parte, en el sector primario existe una heterogeneidad de situaciones que se
reflejan a través de la presencia de cámaras e instituciones que aglutinan a los productores, y
que puede ser entendida atendiendo a algunos criterios reales diferentes, que muchas veces se
superponen:
9
9
9
9
9
pertenencia a una zona o región.
pertenencia a un tipo de rama de actividad (ej.: ganadería bovina).
rentabilidad y escala productiva de la empresa o productor.
capacidad tecnológica y grado de modernización de la empresa o productor.
alineamiento político (si lo hubiera explícitamente).
En este contexto, podemos ubicar entre las principales instituciones privadas de
productores agropecuarios a la Asociación Argentina de Consorcios Regionales de
Exprimentación Agrícola (AACREA), a la Asociación Argentina de Productores en Siembra
Directa (AAPRESID), ambas con cobertura nacional o regional, y un importante perfil de
innovación tecnológica, y por otro lado, a las instituciones tradicionales -que representan a
distintos grupos de interés y estratos de productores- Sociedad Rural Argentina (SRA), la
Confederación Intercooperativa Agropecuaria (CONINAGRO), a las Confederaciones Rurales
Argentinas (CRA), y a la Federación Agraria Argentina (FAA), con un alcance nacional o
regional según el caso.
Cada una de éstas reúne o bien grupos regionales, o sedes, o asociaciones de menor rango
y más específicas que las componen (por ejemplo, CARBAP, CARSAFE y CARTEZ son parte
23
de la CRA), y además representan a distintas cohortes de productores diferenciadas por alguno
de los criterios marcados anteriormente y por alineamientos políticos específicos. Lo más
interesante, en términos de la obtención de información sobre la gestión cotidiana de las
empresas y sobre sus problemáticas tecnológicas, productivas y económicas, es conocer las
instituciones de menor rango que componen a estos grandes grupos de interés, ya que éstos
últimos tienen ante todo una vocación de representación política frente a los grandes debates,
con excepción de AACREA y AAPRESID, que parecen tener un perfil de corte más técnico.
En cuanto a las instituciones públicas de regulación y promoción, debe mencionarse en
primer lugar el trabajo de las estaciones experimentales del INTA (y en lo que hace a la relación
con la informática, en particular las estaciones de Manfredi y Marcos Juárez –Córdoba-, Rafaela
y Oliveros –Santa Fe-, y Balcarce, Castelar y Pergamino -Buenos Aires-), cuya actividad se
desarrolla con una lógica de mucha relación directa de las experimentales con los sistemas
locales y regionales de promoción, producción e investigación (principalmente universidades y
gobiernos provinciales, a través de convenios y otras formas) y con estaciones del INTA
cercanas, pero con una no demasiado intensa interacción con el resto de la red nacional,
particularmente en términos del desarrollo y uso de software.
Por otro lado, parece tener un peso importante la red de empresas agroindustriales y
tecnológicas, asociaciones de cadenas productivas, entidades financieras y profesionales
particulares, así como especialistas e investigadores del sector académico público y privado,
redes privadas de vinculación entre distintos eslabones y de intercambio entre empresas,
técnicos y académicos, en la que se desarrolla una dinámica intensa de intercambio y
circulación de conocimiento.
5.3. El sector agropecuario pampeano y la tecnología
A la hora de evaluar el uso de tecnología en el sector primario agropecuario, una primera
distinción debe hacerse entre tres tipos de estratos de productores y empresas agropecuarias.
En forma muy aproximada, se encuentran por un lado a aquellos mejor representados por
instituciones como AACREA y AAPRESID, conformadas por consorcios regionales de
productores que se reúnen periódicamente para resolver problemáticas productivas y técnicas,
que generan congresos, seminarios y reuniones de difusión, son las más proclives en este mapa
de actores a incorporan y promover el uso de tecnologías. Esto se relaciona directamente con su
nivel de sofisticación como productores conscientes de su rol como empresarios y la
importancia de la innovación, y con el tipo de producción que explotan (mayoritariamente
agrícola, y dentro de ésta, mayoritariamente sojera o de girasol) por lo que representan al
segmento más dinámico de los productores y las empresas agropecuarias. Coinciden además en
encontrarse en áreas cercanas a importantes centros urbanos, o con su base directamente allí.
En segundo lugar hay algunas cámaras y asociaciones regionales de menor presencia (o
filiales locales de la SRA), a las que pertenecen mayoritariamente productores ganaderos
bovinos de leche y carne (según el área) y productores agrícolas de cultivos diversificados como
la soja, el maíz, girasol y trigo, y algunos cultivos específicos como el maní, la cebada y el
sorgo, que se distinguen por tener una escala mediana de producción, o bien por estar muy
referidos a una zona en particular, y que parecieran tener niveles promedio de sofisticación
productiva y económica más bajos.
En tercer lugar aparece una gran cantidad de productores chicos y más dispersos,
vinculados a todo tipo de producciones extensivas (agrícolas y ganaderas), con un alto nivel de
informalidad legal, económica y operativa, baja sofisticación tecnológica, y un alto nivel de
rotación de alternativas productivas. Estos productores son muy numerosos aunque producen un
bajo nivel de valor agregado, y en condiciones de precariedad. También trabajan en mayor
aislamiento respecto de entidades y actividades de asociación, y cuentan con menor cantidad de
información.
En los dos últimos estratos predomina ampliamente el esquema de empresa familiar, y
una visión de la actividad más cercana a una forma de vida que a un negocio empresarial. En el
24
primero la empresa familiar sigue presente, aunque en menor proporción, y con una estructura
organizacional y prácticas de gestión más cercana a una forma empresarial. En este sentido, no
se puede afirmar que la estructura familiar de una empresa determine de por sí una visión de la
actividad y un comportamiento idiosincrásico más tradicionales, menos dinámicos, ya que
existen numerosos casos de empresas familiares agropecuarias que se han modernizado; no
obstante, se trata de un condicionante a tener en cuenta en tanto y en cuanto en una enorme
cantidad de casos las relaciones familiares y la forma de manejo de la empresa que conllevan en
ciertas condiciones, aparecen de manera directa o indirecta correlacionados con cierta
precariedad en los métodos e instrumentos de gestión de la empresa.
Otro punto a tener muy en cuenta es que aún en aquellos casos en los cuales las empresas
agropecuarias pierden rentabilidad ante determinadas condiciones del mercado agropecuario
(parece ser el caso de todos aquellos que deben arrendar o vender sus campos), en ningún
momento se está jugando la subsistencia personal, en términos de que, aún cuando muchas
empresas son poco rentables, generan igualmente altos ingresos, y en particular si se trata de
empresas familiares con sociedades de hecho, donde el límite entre lo familiar y lo relativo a la
empresa no es claro, lo cual es importante al considerar la laxitud de ciertas respuestas a
incentivos externos, y la gran tendencia inercial o precaria de ciertas formas de llevar adelante la
actividad agropecuaria.
Respecto al uso y la adopción de tecnologías, resulta útil evaluar cuál es la red de difusión
de las innovaciones tecnológicas que se da en el sector agropecuario, y cuáles son los factores
de mayor influencia en la adopción de tecnología por parte del sector primario. Esto no apunta a
plantear un “ranking” de parámetros más incidentes o menos incidentes per sé. En la
clasficación que se plantea a continuación, así como en el esquema posterior, se deja implícito
que la adopción de tecnología por parte del sector productivo sería el resultado de una situación
donde se conjugan varios de los factores que aparecen mencionados, algunos de los cuales
poseen mayor capacidad de influencia que otros, pero que en ningún caso pueden actuar de
manera independiente sobre los hechos.
Y nos referimos, por tanto, a cuatro tipos de factores que surgen implícita o
explícitamente de la información obtenida en las entrevistas:
•
•
la relación del productor con sus referentes principales dentro de la actividad
diaria:
otros productores, o miembros de su propio entorno empresarial o
familiar (éste último aparece como un factor endógeno), asesores
profesionales (veterinarios, agrónomos, asesores técnicos de
organizaciones como el INTA, INTI, universidades, centros de
apoyo, etc.),
- otros eslabones de la cadena agroindustrial (empresas proveedoras de
insumos y clientes de la industria agroalimentaria), a través de
productos con nuevos requerimientos o posibilidades, o muchas
veces a través de asesores que proveen las empresas.
organismos regulatorios (SENASA, ONCCA, AFIP, la Secretaría
de Agricultura y Ganadería, etc.), a través de normas e métodos de
vinculación con dichos organismos.
el uso de otras tecnologías asociadas Agricultura de Precisión, Biotecnología
etc.), al cual habría que separarlo en dos cuestiones diferentes:
- tecnologías genéricas puntuales (celular, PDA, etc.), en lo referido al
aprendizaje tácito que implica sobre la forma de manejo y los códigos
de lenguaje, y la familiaridad con la tecnología digital que genera su
utilización, además de la propia instalación retórica de la temática en
sus relaciones de confianza a través de los esfuerzos de uso y
comprensión.
- tecnologías específicas de gestión agropecuaria (Agricultura de
Precisión, Trazabilidad, administración del negocio), que exigen de
25
forma contingente, sin ser el objetivo central, un uso de las tecnologías
de la información en forma más o menos intensiva.
•
la asistencia a congresos, reuniones y ferias agropecuarias, que ya supone una
buena predisposición receptiva, y en cierta medida, de iniciativa para estar al
tanto de lo que ocurre en el “ambiente”, o una disposición gregaria que a veces
facilita el contacto con estos espacios.
•
la presencia de los medios de comunicación y la publicidad (específicos) en
muchas ocasiones funcionan como telón de fondo de la familiarización con la
existencia y el uso de tecnologías avanzadas, o bien como disparadores de
alguna inquietud previa.
Cuadro 5 La red de difusión de tecnología del agro
otros
productores
SENASA, ONCCA,
CONABIA,
SAGPyA, AFIP
Congresos y
ferias
agropecuarias
INTA,
fundaciones,
universidades
Productor o
empresa
agropecuaria
asesores
profesionales
uso de
tecnologías
asociadas
Medios de
comunicación y
publicidad
agroindustria
proveedores de
insumos y
maquinaria
Fuente: elaboración propia en base a entrevistas.
Esta constelación de factores que se observan actuando alrededor del actor productivo
pueden hallar diferencias según los estratos de productores a que referimos anteriormente, pero
además entre las ramas de cada tipo de producción agrícola extensiva (soja, trigo, girasol, maíz,
etc.), y entre cada cadena alimentaria de origen ganadero (carne y leche). No obstante, en
cualquier caso, este esquema encontraría reflejo en la relación que tendría este productor
modelo con cualquiera de estos factores, o las posiciones relativas de importancia de éstos. Con
respecto a las tecnologías específicas avanzadas de gestión agropecuaria, o tecnologías de
proceso, como es el caso de la Agricultura de Precisión y la Trazabilidad, si bien hoy en día no
hay fuentes sistemáticas de información que registren esta evolución, podemos encontrar
algunas estadísticas que dan una dimensión relativa del asunto.
Por una parte, y como se dijo al principio, la trazabilidad en el sector primario de la región
pampeana se encuentra en sus inicios, y con un sesgo reducido hacia la ganadería bovina de la
carne. Podemos encontrar fragmentadamente algunas experiencias interesantes en algunas de las
provincias de la región: Santa Fe, con el Proyecto Trazar; Córdoba, con un proyecto de
26
trazabilidad impulsado desde el gobierno provincial; algunas empresas o fundaciones del sector
agrícola radicadas en el AMBA que ofrecen sistemas de gestión y software para la trazabilidad,
y el Ministerio de la Producción del Gobierno de la Provincia de Santa Fe, con un sistema de
consulta e integración de la información ganadera a través de los informes surgidos de las
campañas de vacunación.
En términos agrícolas la trazabilidad aparece como menos difundida pero de algún modo
iniciada en todo lo referente al manejo de grandes cargamentos de cereales y otros cultivos
extensivos, tanto para la gestión de acopio como en la logística de transporte. En este caso existe
también otro término –la rastreabilidad- de utilización parecida que aparece como parte de la
misma lógica de necesidades. No obstante existe un conjunto reducido de empresas que se
dedican a esta trazabilidad, parece tratarse de un campo con espacios vacantes. La trazabilidad
luego aparece como de uso común (claro que de manera heterogénea) y necesario en el sector de
procesamiento industrial de alimentos, en todas las grandes plantas instaladas en el corredor
industrial que va desde Rosario a La Plata.
Ahora nos referiremos a la Agricultura de Precisión, tecnología que parece tener quizás
mayor inserción en el país, aunque también de modo desparejo e inicial. Si bien ha habido una
Cuadro 6 Estado actual de la adopción de la Agricultura de
Precisión en Argentina
1997
1998
1999
2000
2001
2002
2003
2004
2005
2006*
Total de Monitores de
Rendimiento
50
200
300
450
560
600
850
1300
1600
1800
Monitores de
Rendimiento con GPS
25
75
155
270
400
420
600
900
1300
1450
Monitores de
Rendimiento sin GPS
25
125
145
180
160
180
250
400
300
350
Dosis Variable en
sembradoras y
fertilizadoras
3
4
5
6
10
12
25
40
130
160
Banderillero Satelital en
aviones
35
60
100
160
200
230
300
450
480
500
Banderillero Satelital en
pulverizadoras
0
10
70
200
400
500
2000
3000
4000
4400
Guía Automática
0
0
0
0
0
0
0
3
25
35
Sensores de N en
tiempo real
0
0
2
2
4
5
6
7
7
7
* 2006 estadísticas de los primeros 3 meses.
Argentina es 2ª detrás de EE.UU en números de monitores de rendimiento y el 5º en el
mundo en número de monitores por cantidad de hectáreas sembradas. 1º EE.UU., 2º
Dinamarca, 3º Suecia, 4º Gran Bretaña, 5º Argentina, 6º Australia, 7º Holanda.
Fuente: Méndez, Andrés (2006), Proyecto Agricultura de Precisión, INTA Manfredi.
difusión creciente en el uso, la compra de “máquinas precisas” como producto mismo ha
crecido más que la difusión del propio concepto y método de la Agricultura de Precisión como
tecnología de proceso, lo que se verifica, según algunos referentes, en un mal uso o
subutilización de la maquinaria y de la tecnología como tal por muchos productores.
El cuadro Nº 6, arriba presentado, pone en evidencia el importante crecimiento de algunos
de los instrumentos de la nueva tecnología agropecuaria en el caso de la Argentina, que resulta
significativo, pero asimismo, algunas discontinuidades que aparecen entre algunos productos y
otros, como entre los monitores de rendimiento y los dosificadores variables, cuyo crecimiento
se supondría en teoría correlativo, dada la necesaria complementariedad de estos sub-sistemas.
27
Aún así, en la comparación con otros países, podemos ver que si bien la Argentina no está
posicionada en términos relativos en agricultura de precisión, esta tecnología no se ha difundido
de forma relevante si comparamos la relación con el peso que el sector agrícola tiene sobre la
composición del PBI y la densidad de monitores de rendimiento por hectárea sembrada,
considerando además que se trata del producto más difundido entre los instrumentos de la AP.
Gráfico Nº1: Adopción comparativa de la densidad de monitores de rendimiento
en el mundo.
400
335
300
247
250
200
150
107
EE.UU.
Dinamarca
Suecia
Gran Bret.
Argentina
Portugal
119
42 51
Australia
Francia
Holanda
6
Uruguay
5
Chile
3
Alemania
1
Bélgica
1
26 27
8 17 18 19
Brasil
0
Sudáfrica
0
España
50
Paraguay
100
China
Monitores / Millón ha
350
Fuente: Bongiovanni, R., Informe INTA EEA Manfredi, 2005.
En este contexto, cabe resaltar la sostenida labor, al menos desde el año 1996, del equipo
de profesionales que desarrollan sus actividades en la Estación Experimental Agrícola de INTA
Manfredi, en la provincia de Córdoba, y que han impulsado el “Proyecto Agricultura de
Precisión”, una iniciativa del propio grupo (dirigido por el Ing. Agr. Mario Bragachini), junto
con otros profesionales de la EEA Márcos Juárez, cercana a la primera, los que han introducido
esta práctica en la Argentina tempranamente. Este grupo es la referencia principal y obligada en
Argentina en lo que se refiere a Agricultura de Precisión y, si bien trabaja en el entorno estatal
del INTA, no recibe fondos sustanciales o especiales del Estado, y se encuentra ligado a redes
privadas a nivel internacional y nacional que apoyan sus desarrollos.
En relación específicamente con el software involucrado en el funcionamiento de la AP
(tanto sistemas de bases de datos y de gestión de información como software incorporado), y si
bien no se cuentan con estadísticas al respecto, los sistemas utilizados comercialmente son en la
absoluta mayoría importados (es conocido el uso del paquete modular Farm Works, de origen
norteamericano, que se utiliza en esta práctica) y que tiene varias ventajas como una utilidad
múltiple, una interfase amigable y la posibilidad de realizar operaciones complejas online). Esto
sucede también con el software incorporado a la maquinaria, que aunque se trate de productos
de origen local, poseen dispositivos electrónicos e informáticos importados.
Vale la pena destacar que en el caso del software importado, en términos relativos, los
precios no son tan inaccesibles u onerosos cómo si lo es el conjunto de dispositivos electrónicos
que se venden muchas veces por separado o como agregados a la maquinaria, Algunos de estos
enlatados que se manejan online pueden conseguirse por precios no mayores a los U$S 200. En
este sentido, al parecer aquí lo que pesa en la configuración del negocio es el servicio pos-venta:
las facilidades que se venden online una vez instalado el programa, y la actualización de
28
versiones. Esto permite además una captación del cliente en forma expeditiva y sin gastos
logísticos importantes.
En este sentido, y más allá de que existen algunas empresas locales, cercanas a los
núcleos de mayor uso y difusión de la tecnología asociada a la AP, que están comenzando a
realizar por iniciativa y con financiamiento propio, pequeños procesos de sustitución de
importaciones para algunos productos que comercializan principalmente desde los Estados
Unidos, el Lic. Marcelo Arroyo, de la UNRC, opina que allí existe un interesante potencial de
mercado, no sólo de software incorporado local, sino además de dispositivos electrónicos que
no requieren de una complejidad inalcanzable, y cuyos precios se pueden abaratar hasta tres o
cuatro veces su valor actual. Los problemas que Arroyo antepone a la posibilidad de llevarlo
adelante se vinculan con las dificultades de financiamiento y las debilidades y carencias de la
mano de obra informática, en términos cualitativos (principalmente) y cuantitativos. A esto
podríamos agregarle la carencia de una masa crítica de empresas de software ubicadas en
entornos locales más consustanciadas con la demanda del sector agropecuario, y con estrategias
más ofensivas que de respuesta a problemas puntuales, y más en la forma de servicios a medida
o de productos cerrados para productores individuales que haciendo jugar la interacción entre
sistemas informáticos, entre la información y entre los mismos actores.
Cabe resaltar en este contexto la puesta en marcha en la provincia de Córdoba de un
programa gubernamental de desarrollo de maquinaria agrícola de alta complejidad
(DEMAACO), promovido en conjunto con el equipo de INTA Manfredi (Proyecto Agricultura
de Precisión), que según los enunciados institucionales y la opinión de algunos referentes
autorizados, involucra una ambiciosa estrategia de generación de productos de exportación y
para el mercado interno en todos los segmentos del área de maquinaria agrícola, y que intenta
generar así encadenamientos entre el sector de metalmecánica agrícola y el de electrónica y
software, contando para ello con la participación de múltiples actores públicos y privados de
varios sectores.
En cuanto al uso de informática en agrobiotecnología, está pendiente un relevamiento más
profundo al respecto, ya que se trata de una tecnología muy específica y donde la demanda es
sensiblemente menor cuantitativamente, y más pesada. Por otra parte, se trata de una
eslabonamiento en el que se traba una relación muy exclusiva entre grandes empresas de
tecnología, centros de investigación y desarrollo (que producen o reproducen innovaciones) y
principalmente empresas de procesamiento agrícola que producen y comercializan productos
OGM, y laboratorios que generan productos veterinarios, vacunas y alimentos.
A primera vista, y por las características actuales de la oferta en lo que hace a
agrobiotecnología, la cual está muy concentrada en torno a encadenamientos entre empresas
locales de procesamiento agrícola (semilleros, acopiadores de cereales, etc.) y grandes
laboratorios o empresas tecnológicas nacionales o multinacionales (de las primeras se pueden
mencionar algunas de punta como Biosidus, Bioceres y Goyaike), parecería que los sistemas
más complejos de bases de datos se derivan de compras de paquetes importados o
combinaciones armadas a medida por grandes empresas de software. Algunos otros sistemas
menores parecen ser comprados a empresas locales.
5.4. La demanda y la oferta de software para el sector agropecuario
Llegados a este punto, es justo preguntarnos finalmente qué actores producen software o
brindan servicios informáticos para el sector agroalimentario pampeano. La clasificación que
proponemos aquí, creemos que es bastante representativa e ilustrativa de la oferta que se puede
presentar tanto en Argentina como en cualquier otro país. Decimos producción y no
comercialización de software porque no en todos los casos se produce para vender, y tampoco
en la concepción de productos, sino como una combinación de productos y servicios, según el
tipo de actor:
29
a. Universidades o centros de investigación informática o agronómica
Usualmente desarrollan sistemas para el funcionamiento de la I+D en la propia
universidad, o a modo de consultorías a terceros más que nada en forma de servicios.
Salvo por alguna excepción aislada, no conservan las patentes de los productos que
generan. Utilizan generalmente software libre para la programación.
b. Instituciones públicas y privadas de promoción tecnológica del agro e instituciones
regulatorias.
Nos referimos a entidades como el INTA, SENASA, la ONCCA y otras, así como a una
serie de Fundaciones y centros de asistencia tecnológica sin fines de lucro, usualmente
de origen privado, y que tienen fuertes lazos con el entorno rural (residen en localidades
rurales o guardan fuerte relación con la actividad). La producción es fragmentaria y asistémica, o bien con bajo valor agregado tecnológico, y en uno de los casos es utilizada
para regular y controlar la actividad de las unidades productivas, usualmente las
ubicadas en el eslabón secundario de la cadena agroalimentaria. Se basa aquí en una red
organizada a partir de una base de datos interactiva cuya administración reside en la
institución central, y a la que se incorpora a las empresas reguladas, las que tienen la
opción de adoptar el sistema provisto por la institución, o compatibilizar los outputs de
información que surge de sus propios sistemas a los requerimientos regulatorios, en
materia de bases de datos, informes y reportes. En el caso de entidades como el INTA o
de fundaciones privadas, la producción está muy segmentada por el entorno local de
cada unidad, y no hay prácticamente sistematización informática o trabajos conjuntos
entre distintas unidades, con excepción de algunas fundaciones puntuales con intensa
dedicación a la I+D (ej.: Fundación Rosenbusch) y el de algunas pocas estaciones
experimentales del INTA en la provincia de Córdoba o en la de Buenos Aires (no llegan
a cinco).
c. Empresas informáticas no especializadas
Se trata aquí de empresas grandes de software, ubicadas en áreas metropolitanas, con
escaso contacto directo con la demanda agropecuaria, que ofrece soluciones genéricas
para grandes clientes y que poseen una línea comercial adicional de productos dentro de
una oferta amplia, con bajo valor agregado, usualmente de gestión económica u
operativa.
d. Empresas informáticas especializadas o semi-especializadas
Aquí encontramos a los actores más buscados de este relevamiento, y que en cantidad
no supera la veintena de empresas, entre las que podemos encontrar una buena
proporción de pymes (más de la mitad), con entre 5 y 20 empleados, con una
facturación aproximada de hasta 1 millón de pesos anuales, y que generan de manera
mixta soluciones informáticas empaquetadas, en su gran mayoría de gestión de la
empresa agropecuaria, con un nivel de agregación de valor medio-bajo, y por otro lado,
servicios específicos de mantenimiento, módulos adicionales y algunos servicios extra,
con una cartera de hasta 50 clientes con un significativo nivel de rotación; por otro lado,
un grupo de empresas MiPyMes, unipersonales o con socios, de hasta 5 empleados, que
trabajan en su mayoría en servicios y productos a medida, de valor agregado mediobajo, y en condiciones de formalidad relativa (sociedades de hecho o SRLs); en tercer
lugar encontramos a empresas más consolidadas, de entre 20 y 100 empleados,
focalizadas sobre uno o dos productos finales de valor agregado variable (medio alto, o
medio), y usualmente dependiendo de pocos clientes grandes en una relación muchas
veces asimétrica.
e. Departamentos de sistemas internos de empresas agroalimentarias
30
Si bien esta categoría podría haber quedado formalmente fuera de la clasificación según
el criterio planteado al principio, se hizo evidente que tenía un peso significativo dentro
del mapa de quienes finalmente producen software, correlacionado lógicamente con el
peso que tiene la industria procesadora de agroalimentos. Se trata de empresas que
optan por no tercerizar o comprar enlatados sino generar sus propias tecnologías,
generalmente ERPs y bases de datos desarrolladas en soportes y lenguajes de
programación que, contra lo que se tendería a pensar, no se encuentran en la frontera
tecnológica internacional, y a las que se les adosan sistemas periféricos para la entrada y
salida de información específica. Asimismo, estos departamentos por lo general no
comercializan ni patentan dichos productos, que parecen ser un activo crítico de
información sobre mercados y estrategias de las empresas, y se puede afirmar que
generan un know-how informático que queda aislado en dichas empresas.
En paralelo con las características específicas de cada grupo, se pueden obtener algunos
rasgos comunes que aparecerían en este sub-sector de empresas informáticas: por un lado, que
se trata de un sector muy incipiente y desparejo, con pocas empresas (no más de treinta en
total), bastante heterogéneas y de baja facturación, una buena parte de tipo PYME; por otro
lado, se observa que está dispuesto geográficamente en torno a la demanda, alrededor de
ciudades y localidades con perfil agropecuario, salvo algunas excepciones en el AMBA.
En términos comerciales puede afirmarse, por su parte, que existe un leve predominio de
desarrollos a medida sobre “enlatados”, con un funcionamiento a mitad de camino entre un
sector productivo y uno de servicios. Esto ocurre con particularidad en el rubro pyme, donde
hay un predominio de empresas que desarrollan productos de baja complejidad y muy
específicos. En este sentido, no parece haber una conciencia clara o política de empresa entre
los entrevistados sobre la orientación a seguir. Cada empresa conoce clientes de su perfil
solamente, pero tampoco conoce el mercado. Por eso es que el mapa de empresas de este tipo
puede ser dividido en dos: las que, o no tienen dedicación exclusiva a este nicho de mercado, o
las que, en caso afirmativo, suelen ser cliente-dependientes, y especializadas en un solo
producto. La gran mayoría de estas empresas tampoco exporta.
De todo esto podemos sugerir que la creación de empresas en este rubro es aún más el
fruto de oportunidades puntuales surgidas de manera errática que resultado de una estrategia
ofensiva y con conocimiento del mercado. Una última característica saliente es la
incompatibilidad funcional entre muchos de los sistemas generados, que han sido desarrollados
en plataformas heterogéneas y presentan diferencias sustanciales en la codificación de la
información, no existiendo estándares de calidad específicos para la producción de software del
sector, aunque tampoco existan estándares reconocidos aún a nivel internacional. Además,
presentan dificultades para estar a tono con los cambios tecnológicos, y las actualizaciones y
cambios estructurales ponen a las empresas en situaciones de crisis.
¿Cuáles son las dificultades que afronta en este punto el desarrollo de una oferta de
informática para la demanda agropecuaria, sin considerar en este punto, a las exportaciones? En
la mayoría de los casos, como decíamos, hay una carencia de una visión clara sobre la
potencialidad del mercado en este nicho específico del sector agropecuario y agroindustrial, que
también podemos asumir como carencia de información específica. Esto puede deberse en parte
a que el desarrollo del sector informático y sus instituciones es muy incipiente, así como el
interés del Estado en la temática aún no aparece. Hay una importante carencia de políticas
específicas para este segmento.
Por otra parte, existe una importante demanda insatisfecha de recursos humanos
debidamente calificados (en cantidad y calidad) para responder a la actual demanda laboral y a
los desafíos que plantean ciertos desarrollos. Este punto se presenta como un factor muy
importante. Fue mencionado en casi todas las entrevistas (más de 30) realizadas como una
cuestión crítica. Los profesionales de software se quejan de que no pueden retener siquiera a los
estudiantes en ciertas empresas, en el Eatado o en las mismas universidades, terminando sus
carreras, porque las grandes empresas y los emprendimientos personales postergan o suspenden
los incentivos a continuar estudiando. Por otra parte, hay un serio cuestionamiento a las
31
capacidades generadas en las instituciones educativas, que son de baja calidad y poco
coherentes entre sí.
En cuanto a la generación de valor, los productos generados en el segmento para el sector
agropecuario poseen un valor agregado muy dispar, y en promedio, bastante bajo, tal vez porque
la conducta implícita de las empresas es en la mayoría reactiva: responde a necesidades
puntuales con productos o servicios puntuales, y cuando genera un producto más desarrollado,
se sigue trabajando sobre problemáticas puntuales del productor agropecuario de un sólo tipo de
perfil, con sistemas enlatados, sin trabajo online, con interfases gráficas que carecen de buenos
diseños, y sin otras potencialidades ya disponibles en la oferta tecnológica para agregar a sus
aplicaciones. Por último, además de la falta de información “objetiva” sobre el mercado
agropecuario, hay un escaso conocimiento del sector informático sobre las características, los
códigos y las necesidades concretas de la demanda. Aún en los casos en que hay acercamientos,
estos no son explotados en sus posibilidades, y hay limitaciones idiosincrásicas de
comunicación.
Ahora bien, para completar este cuadro de características y dificultades, podríamos definir
como contrapartida la composición y la situación de la demanda actual en el sector
agroalimentario pampeano. En este sentido, es interesante realizar también una clasificación
acerca de quiénes hacen un uso medianamente consistente de software, con independencia del
origen comercial de los productos o servicios:
9 Un grupo muy reducido de productores situados en la frontera tecnológica ya
previamente, y vinculados a las principales asociaciones de promoción
(AACREA, AAPRESID, algunas asociaciones rurales locales), que poseen una
visión empresarial y del negocio más claras, con criterios de conducta más
orientados a explotar las posibilidades tecnológicas y a designar un lugar
importante a la incorporación de sistemas de información de medio y alto valor
agregado, usualmente importado.
9 Un grupo más amplio pero más disperso de productores pyme, que usan sistemas
informáticos con medio-bajo valor agregado tecnológico, a los que llegan en
muchos casos a través de asociaciones de productores de rango medio-bajo o de
lazos de confianza personal, con un grado importante de sub-utilización de estos
sistemas, y en algunos casos, discontinuidad en el tiempo sobre su uso.
9 Instituciones estatales de regulación que se proveen a sí mismas los desarrollos,
con alto nivel de subutilización (SENASA, ONCCA, Secretarías de Agricultura
provinciales), y con importantes carencias de interacción con otros sistemas
informáticos estatales.
9 Empresas agroalimentarias industriales (frigoríficos, industrias lácteas,
cerealeras, aceiteras, etc.), volcadas más que nada a los sistemas ERP (Enterprise
Resource Planning) y algunas utilidades muy puntuales que se adosan a los ERP,
pero que no constituyen el core informático.
9 Instituciones de I+D agropecuaria (INTA, universidades regionales,
fundaciones), que utilizan tanto softwares desarrollados a medida para temas
puntuales (muchos de ellos en software libre), con un grado de complejidad alto,
de uso no comercial, como productos enlatados, de tipo más genérico, como
algunos sistemas de información geográfica.
En algunos segmentos o estratos del sector agropecuario encontramos, por otra parte,
ciertasen relación con la demanda concreta de productos y servicios informáticos podemos
mencionar algunas que aparecían como más importantes.
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En primer lugar, una falta de conocimiento de parte de los pequeños productores
agropecuarios (la gran mayoría) sobre las propias necesidades tecnológicas y sobre las ventajas
concretas del uso de la tecnología informática. Para los productores, si bien la tecnología parece
importante en el discurso, parece haber cierto recelo a la hora de pagar por un software, y aún
pagándolo, a la hora de utilizarlo en procesos críticos de la actividad. Incluso es posible pensar,
por lo extraído en las entrevistas, que una importante cantidad de productores pyme y
trabajadores agropecuarios posee aún dificultades para el manejo operativo y la relación
cotidiana con la informática como tal, lo que no ocurre, por ejemplo, con el uso de teléfonos
celulares, de gran difusión en todos los estratos.
En segundo lugar, también encontramos en el sector como característica una falta de
visión empresarial o de incentivos para innovar en procesos entre la mayoría de los productores.
Esto tiene incidencia en el punto anterior, y probablemente sea correlativo al predominio de la
lógica de la pequeña empresa familiar, donde se halla presente una organización del trabajo
indefinida, sin claros roles o con roles polivalentes y con problemas de delegación de funciones;
con una baja sofisticación de herramientas y de preparación para estar a tono con la tecnología;
con problemas personales y organizativos, de aprendizaje, y de administración de recursos
humanos.
En tercer lugar, una cantidad de dificultades de obtención de información por falta de
I+D: una gran parte de los insumos de información agronómica, climática, ecológica y
veterinaria de los que se alimentan las aplicaciones informáticas para el sector son sitioespecíficos, es decir que requieren un trabajo permanente y multi-localizado de investigación y
desarrollo a nivel territorial. Al haber en Argentina una carencia muy importante de inversión en
I+D agronómica, veterinaria y climática, se pierde o se carece directamente de mucha
información imprescindible para poder, no sólo alimentar los sistemas, sino además conocer
bien las condiciones, la evolución de las áreas agro-ecológicas de cada sitio. Muchas veces los
logros o cumplimiento de objetivos dependen casi en forma absoluta de esfuerzos adicionales
realizados sin contraprestación alguna por científicos y profesionales de universidades públicas,
fundaciones y otros centros de investigación.
Por último, en amplias zonas de la región pampeana persisten problemas de
infraestructura básica sin resolver (problemas de energía eléctrica, división de campos,
telefonía, etc.), y que hacen impensable la inserción de tecnología de avanzada cuando el
planteo aún se encuentra en la disyuntiva sobre la energía eléctrica. Incluso en aquellas áreas
donde no existen problemas de este tipo, aún queda pendiente la cuestión del acceso a Internet y
a otras formas de telecomunicaciones. Esto debe ser considerado como esencial para cualquier
planteo sobre aplicación de tecnología informática en el campo.
Las características globales de esta situación resultan por tanto, básicamente, en una
ausencia de vinculación estructural entre oferta y demanda, con un mercado interno chico,
compuesto por una oferta informática con amplia participación de productos importados en los
segmentos más sofisticados, pero igualmente de bajo uso en términos absolutos, y por una
demanda que en su mayoría es poco exigente, precaria en cuanto a su forma de trabajo, sin
demasiada conciencia de sus necesidades tecnológicas, y por tanto, mucho menos significativa
de lo que podría ser. Lo que se da en este contexto es un conjunto de relaciones fragmentarias comerciales o sin fines de lucro-, que son producto de esfuerzos locales o institucionales
individuales dispersos por la región, y como resultado mayoritariamente de necesidades
concretas y puntuales. Ha habido algunos intentos por parte del sector informático local de crear
productos genéricos para el sector agropecuario, pero no han tenido buenos resultados
comerciales.
Esto tiene íntima relación con el desconocimiento mutuo que existe a nivel inter-sectorial,
y una falta de conciencia pública sobre la relevancia que ha tomado la cuestión en otras latitudes
y lo que significa para la competitividad económica en el futuro, con algunas excepciones en
espacios como las universidades, centros de investigación y por parte de algunas empresas
informáticas de vanguardia. A esto hay que sumarle una carencia de políticas públicas
nacionales específicas, e instituciones estatales de promoción y regulación que no hacen ni
promueven en esencia un uso o un desarrollo intensivo de las TICs, con algunas excepciones
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puntuales. En cuanto a los gobiernos provinciales, existen algunos intentos loables en más de
una provincia de la región, pero muy focalizados o desarticulados entre sí, y algunas
experiencias locales de las cuales se pueden sacar lecciones sobre la implementación de
programas de mejora tecnológica.
6. Conclusión
La aplicación de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TICs) sobre el
sector de la producción agropecuaria, y la creación de un oferta informática con este mismo
perfil permite suponer una interesante -y quizás obligada- oportunidad de desarrollo para la
Argentina, y no sólo en una, sino en dos orientaciones simultáneas.
Por un lado, a través del crecimiento exportador de un sub-sector informático que a la
larga podría generar beneficios directos si existe una política sostenida en el tiempo y
complementariedades con otros ámbitos de aplicación de las TICs. Por otro lado, a través de la
modernización y sofisticación informática del sector agropecuario y agroindustrial, hoy con
escasos avances, lo que se presenta como un requerimiento esencial para desarrollar un sector
agropecuario moderno en el marco de los cambios en el paradigma tecnológico que hoy se
atraviesan. En términos del desarrollo del sector SSI (combinado con las tecnologías de
telecomunicación), en el mundo aún no se ha desplegado una oferta especializada para el sector
agropecuario y agroindustrial que esté siendo aplicada masivamente, aún en los países más
desarrollados. La aplicación de las TICs en el agro es todavía incipiente, y así como en otras
áreas de la producción, ofrece un campo de posibilidades.
No obstante, hay que dejar en claro que ya muchos países se están ocupando del tema
específicamente, incluido el Cono Sur –entre los cuales no se encuentra la Argentina-, y poseen
instituciones especiales abocadas a la promoción, tanto de la oferta como de la demanda de este
segmento. Si se quisiera trazar un camino en este sentido, nuestro país debería ponerse al día
con las novedades a través de una estrategia de acciones concretas, destinadas a ganar un lugar
en estos espacios.
Argentina muestra algunas condiciones favorables para el desarrollo de este sub-sector
informático especializado, orientado hacia las exportaciones, con una producción flexible y de
alto valor agregado. Posee una masa crítica de empresas de software y servicios informáticos
con características exportadoras y alto nivel de crecimiento, con instituciones inquietas, y con
una oferta de recursos humanos que, si es debidamente incentivada y a tiempo, puede rendir
frutos importantes para complementar el crecimiento de la demanda informática.
En lo referente al segmento agropecuario y agroindustrial, Argentina posee ventajas
comparativas tanto estáticas como dinámicas, y un mercado interno chico que bien puede ser un
escenario de prueba para poner en marcha una política de promoción de la oferta informática, y
buscar colocarse en una posición de referente en este aspecto. Sin embargo, desde el punto de
vista productivo, se da el caso de que, en el mismo espacio nacional y regional conviven
situaciones de alto nivel de sofisticación con situaciones de gran precariedad tecnológica y
organizacional, y sin una intervención adecuada, el mercado interno puede convertirse por la
misma causa en un freno al desarrollo de la oferta tecnológica.
Ahora bien, como resultado de las características y dificultades observadas en el
relevamiento ya mencionado, hemos comprendido que aún no se ha desplegado en la región
pampeana una vinculación consistente entre la oferta informática y la demanda agropecuaria, y
mucho menos la conformación de una trama productiva. A modo de cierre de este trabajo,
dejamos aquí planteados los puntos críticos que consideramos que deberían ser atacados a la
hora de pensar en una política específica de creación de una oferta exportable de software para
el sector agropecuario y sus encadenamientos hacia otros sectores industriales, como ya hemos
visto páginas atrás.
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6.1. En la vinculación con el sector agropecuario
¾ Resulta vital fijar objetivos y metas globales concretas de políticas desde el sector
público y privado en relación con la oferta a desarrollar, definiendo una clara estrategia
productiva y comercial en simultáneo hacia el exterior y al mercado local. Para esto, es
necesario contar con información precisa, lo que no puede derivar más que de
relevamientos de mayor profundidad sobre la situación de la demanda y la oferta a nivel
local y global, verificando en detalle la situación ya planteada aquí en términos
generales.
¾ Se propone además crear una institución o una unidad ejecutora público-privada de
nivel nacional que cumpla la función interventora de promover y difundir la relevancia
de este tema, trabando relaciones a nivel local y a nivel internacional, así como
realizando de forma permanente investigación y desarrollo sobre la cuestión, para
conocer lo que ocurre en otros países y en el marco local y poder avanzar sobre la
frontera tecnológica.. El ejemplo podría ser el SBI-Agro de Brasil.
¾ En cuanto a la estimulación de la demanda local, es indispensable colocar el acento en
la necesidad de una sensibilización y promoción informática del sector agropecuario y
agroindustrial –en el marco de una tarea de sofisticación tecnológica genérica-, así
como también de capacitar (formal o informalmente) a la masa crítica de productores y
empresas agropecuarias que serían usuarios de estos sistemas. Es decir, apoyar y
articular los intentos actuales y dispersos de avanzar hacia la modernización del sector
agropecuario. Para ello es importante tener en cuenta a la red de difusión de tecnología
que se encuentra funcionando en la situación actual, y abrir espacios de inserción y
comunicación intersectorial a través de los referentes clave del sector primario, así
como a través de tecnologías asociadas y de la difusión en medios de comunicación
específicos..
¾ Es crítico aumentar la tasa de inversión en I+D en disciplinas como agronomía,
veterinaria, agroclimatología, geología, etc., canalizando recursos a través de
universidades públicas e institutos regionales, con el objeto de sostener el sistema de
obtención de los insumos de información que está necesariamente detrás de la
aplicación de las TICs en cualquier sector productivo, y sin el cual es difícil pensar en la
utilidad real de estas tecnologías (y la percepción de esa utilidad).
¾ Promover la generación de productos y servicios de software más flexibles, que
integren mejor la diversidad de temas a cubrir en la gestión de las empresas
agropecuarias, abiertos a la interacción de datos, y con interfases más amigables para el
usuario.
¾ Considerar desde el punto de vista regional cuáles serían las áreas territoriales más
factibles para la focalización de la oferta y su interacción con la demanda
6.2. A nivel intra-sector informático
¾ Presionar sobre la producción local para adaptarla a los mejores estándares
internacionales genéricos y específicos (CMMI, AIMS, etc.), de metodologías de
proceso y de formas de compatibilidad entre aplicaciones. Complementar las carencias
de especificidades de la Ley del Software.
35
¾ Evaluar la calidad, la organización y los recursos del sistema de formación de los
recursos humanos en informática, apuntando a crear una masa crítica más numerosa de
mano de obra altamente calificada, y revisando los desfasajes actuales entre oferta y
demanda de recursos humanos, así como las necesidades de mediano y largo plazo.
¾ Inducir procesos de creación de empresas informáticas a través de polos y parques
tecnológicos regionales, con participación del sistema universitario, y fomentando
diversas formas de financiación pública y privada que aumenten sustancialmente el
monto disponible para inversiones. Evaluar la posibilidad de fomentar un cluster
informático con este perfil.
¾ Orientar a la oferta tecnológica hacia la generación de sistemas abiertos, de interacción
permanente, desarrollando para esto una infraestructura de telecomunicaciones
inalámbrica, y avanzando hacia el uso y desarrollo de sistemas DSP y RID.
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