Dialogos de la Catedral 2005 - Universidad Pontificia Bolivariana

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Nota:
Quedan excluidos de la publicación los Diálogos del
mes de agosto sobre la ley de justicia y paz dado
que:
El ponente sólo paso el texto de la ley y fue
imposible lograr del autor un documento que
recogiera las memorias de su participación en
los Diálogos.
El señor arzobispo expreso su intención de no
hacer una reflexión propia sobre el tema.
Y de los Diálogos de noviembre la ponencia del
Doctor JAIME PIEDRAHITA YEPES sobre Hambre y
seguridad alimentaria ya que el autor se limito a
entregar una presentación en power point que de
nada servía a la recopilación de memorias para la
publicación, además al ser contactado el Dr. Yepes
manifestó su imposibilidad de hacer llegar un texto
para su publicación.
DIÁLOGOS DE LA
CATEDRAL
Editorial Universidad Pontificia Bolivariana
Diálogos de la Catedral
Vicerrectoría Pastoral UPB
Gran Canciller:
Mons. Alberto Giraldo Jaramillo
Rector:
Mons. Luís Fernando Rodríguez Velásquez
Compilación:
C.S. Lucia Inés Toro Jaramillo
Dirección Editorial:
Editorial Universidad Pontificia Bolivariana
CONTENIDO
Presentación………………………………………
Febrero
UN HUMANISMO INTEGRAL Y SOLIDARIO……………………….
POR UNA CIVILIZACIÓN DEL AMOR
Ponentes:
Monseñor DARÍO MÚNERA VÉLEZ
Monseñor ALBERTO GIRALDO JARAMILLO
Abril
CALIDAD DE VIDA……………………………………………………..
Ponentes:
Pbro. DIEGO ALONSO MARULANDA DÍAZ
Monseñor ALBERTO GIRALDO JARAMILLO
Junio
ECOS DEL ENCUENTRO NACIONAL
DE UNIVERSIDADES CATÓLICAS………………………………………
Ponentes:
Pbro. JORGE IVÁN RAMÍREZ AGUIRRE
Monseñor ALBERTO GIRALDO JARAMILLO
Noviembre
HAMBRE Y SEGURIDAD ALIMENTARIA…………………………….
Ponentes:
Doctora DORA CECILIA GUTIERREZ HERNÁNDEZ
Monseñor ALBERTO GIRALDO JARAMILLO
PRESENTACIÓN
En el año 2005 nuestra Universidad ha celebrado 60 años de su condición de
Universidad Pontificia. La comunidad universitaria se esforzó por descubrir en la
enseñanza de los Pontífices que han presidido la Iglesia en la caridad, la gran
orientación de su inmenso trabajo de humanismo cristiano.
También en este año DIÁLOGOS DE LA CATEDRAL, obedeciendo a la orientación
mencionada, procuró crear el espacio de encuentro entre diversas disciplinas para el
estudio de diversos temas importantes en la misión de evangelización de la cultura.
El 24 de febrero nos dedicamos a realizar una primera aproximación al
COMPENDIO DE LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA. Orientamos nuestra
reflexión a descubrir EL RETO DE LA DOCTRINA SOCIAL. Llegamos así a dar
cumplimiento de lo expresado en la Exhortación Post sinodal después del Sínodo
para América en 1997. ―Ante los graves problemas de orden social que, con
características diversas, existen en toda América, el católico sabe que puede
encontrar en la doctrina social de la Iglesia la respuesta de la que partir para buscar
soluciones concretas. Difundir esta doctrina constituye, pues, una verdadera
prioridad pastoral‖. Unas líneas adelante agrega: Para alcanzar este objetivo sería
muy útil un compendio o síntesis autorizada de la doctrina social católica, incluso un
´catecismo´, que muestre la relación existente entre ella y la nueva evangelización‖ 1.
Los títulos de la Introducción “Un humanismo integral y solidario” y la Conclusión
“Por una civilización del amor”, recogen todo el contenido de las reflexiones.
El pasado 28 de abril procuramos hacer eco a la LECCIÓN INAUGURAL que al
comienzo de este año reflexionó sobre la UNIVERSIDAD AL SERVICIO DE LA
VIDA. La intención que teníamos era dedicar la reunión de DIÁLOGOS a continuar
la reflexión sobre el tema hablando de la CALIDAD DE VIDA. En una carta con
fecha de 19 de febrero, dirigida a Monseñor Sgreccia, Presidente de la Pontificia
Academia por la Vida, con ocasión del Congreso que entonces se celebraba, ya
mencionado, Juan Pablo II llamó la atención sobre «la cualidad esencial que
distingue a toda criatura humana que es el haber sido hecha a imagen y semejanza
del mismo Creador» (n. 3). Esta dignidad y cualidad de la persona «está presente en
todos los momentos de la vida, desde el mismo momento de la concepción hasta su
muerte natural», indicaba el Papa. «En consecuencia, se debería reconocer y
respetar a la persona humana en cualquier situación de salud, enfermedad o
discapacidad. »2
El 23 de junio tratamos de hacer ECO a nuestras celebraciones con ocasión de los
60 años de nuestra condición pontificia. Recogimos, en esa oportunidad, algunos
elementos del CONGRESO NACIONAL DE UNIVERSIDADES CATÓLICAS. Hoy,
más que en otros momentos de la vida de nuestra Patria, se hacen indispensables:
el servicio a la VERDAD, sin ambigüedades y disimulos; la defensa clara de la VIDA
HUMANA en todas las etapas de su desarrollo y con un claro reclamo por su calidad
que supere las exclusiones y violencias de las que a diario somos testigos; la
proclamación de la DIGNIDAD DE LAS PERSONAS, por encima de las caricaturas
de bienestar que va contagiando una cultura globalizada; la convocación a constituir
AUTÉNTICAS COMUNIDADES CATÓLICAS que superen el pensamiento de
expresiones de una fe que no se logra ubicar; y, por encima de todo, el ANUNCIO
DE JESUCRISTO, camino, verdad y vida para cada uno de los seres humanos en el
tercer milenio.
El 25 de agosto nos dedicamos a reflexionar sobre la LEY DE JUSTICIA Y PAZ que
había sido entregada por el Congreso de la República. Desde nuestras convicciones
1
2
JUAN PABLO II, Exhortación pastoral post sinodal ECCLESIA IN AMERICA n.54
ZENITH, 12 de marzo de 2005.
tratamos de ubicar la lectura de la fe en el marco de la RECONCILIACIÓN que se
manifiesta en VERDAD, JUSTICIA Y REPARACIÓN de acuerdo con las
enseñanzas de la Iglesia. La exposición y el diálogo posterior dieron elementos para
comprender la difícil responsabilidad de todos frente a los procesos de
desmovilización y desarme de los diversos grupos armados en el país.
Finalmente, en el contexto de las grandes preocupaciones del mundo en este
momento histórico, el pasado 24 de noviembre, reflexionamos sobre la SEGURIDAD
ALIMENTARIA, en el contexto de un mundo que tiene hambre, de alimento y de
plenitud en el mismo Señor de la vida.
Culminamos un año más de nuestra historia como Universidad. Seguimos soñando
en lo que debe llegar a ser nuestra Universidad, con los recursos que posee. Me
atrevo a pensar en una meta hermosa y comprometedora. Estamos aquí para formar
expertos en humanidad. El Papa Pablo VI se presentó ante la Asamblea de las
Naciones Unidad el 4 de octubre de 1965 y entre otras cosas dijo: ―Es como ´experto
en humanidad´ como aportamos a esta organización el sufragio de nuestros últimos
predecesores, de todo el episcopado católico y el nuestro, convencidos como
estamos de que esta organización representa el camino obligado de la civilización
moderna y de la paz mundial‖3
La UPB quiere formar ―expertos en humanidad‖.
Alberto Giraldo Jaramillo
Arzobispo de Medellín
Gran Canciller de la UPB
3
PABLO VI, Discurso a la ONU, 4 de octubre de 1965, n. 1.
UN HUMANISMO INTEGRAL Y SOLIDARIO
POR UNA CIVILIZACIÓN DEL AMOR
Febrero
Ponentes:
Monseñor Alberto Giraldo Jaramillo
Arzobispo de Medellín
Gran Canciller de la UPB
Monseñor Darío Múnera Vélez
Ex Rector de la Universidad Pontificia Bolivariana
UN HUMANISMO INTEGRAL Y SOLIDARIO, POR UNA CIVILIZACIÓN
DEL AMOR
El Reto de la Doctrina Social
Por: Mons. Alberto Giraldo Jaramillo
Si doy un repaso a las noticias de una semana en Colombia puedo dar revista a los
grandes interrogantes que nos estamos haciendo con todos nuestros compatriotas.
Los campos de la justicia, de la economía, de la salud, de la educación van pasando
por nuestras mentes como otros tantos desafíos a los cuales debemos responder.
Si de allí, pasando por unas buenas horas de silencio, meditación y estudio, me
pregunto ¿qué hacer? me encuentro con este párrafo de la Exhortación LA IGLESIA
EN AMÉRICA: ―Ante los graves problemas de orden social que, con características
diversas, existen en toda América, el católico sabe que puede encontrar en la
doctrina social de la Iglesia la respuesta de la que partir para buscar soluciones
concretas. Difundir esta doctrina constituye, pues, una verdadera prioridad pastoral‖.
Unas líneas adelante agrega: ―Para alcanzar este objetivo sería muy útil un
compendio o síntesis autorizada de la doctrina social católica, incluso un
―catecismo‖, que muestre la relación existente entre ella y la nueva evangelización‖ 4
Muchos de los aquí presentes recordamos la visita que hizo a nuestra Universidad el
Señor Cardenal Francois Xavier Nguyen Van Thuan, cuando era Presidente de la
Pontifica Comisión Justitia et Pax; él estuvo al frente de la realización de este
propósito; tuvo la ilusión de presentar el compendio en algún País de América.
Después de su muerte la obra llega a feliz término.
El pasado 25 de octubre, el Señor Cardenal Renato Martino, actual Presidente del
Pontificio Consejo Justitia et pax, quien también visita nuestra Universidad, presentó
el "COMPENDIO DE LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA
La nota de Zenith para esa ocasión resume así la noticia. ―El volumen de unas
quinientas páginas consta de una introducción: "Un humanismo integral y solidario",
tres partes y una conclusión titulada "Por una civilización del amor".La Primera Parte
está compuesta por cuatro capítulos y trata de los presupuestos fundamentales de la
doctrina social. (...) La segunda parte, compuesta de siete capítulos, aborda los
contenidos y los temas clásicos de la doctrina social: la familia, el trabajo, la vida
económica, la comunidad política, la comunidad internacional, el ambiente y la paz.
La tercera parte, mucho más breve porque se compone sólo de un capítulo, contiene
una serie de indicaciones para la utilización de la doctrina social en la praxis pastoral
de la Iglesia y en la vida de los cristianos, sobre todo de los fieles laicos. El Señor
Cardenal Martino, al presentar el documento dijo que el Compendio es "una
herramienta para el discernimiento moral y pastoral de las complejas situaciones que
caracterizan a nuestra época, una guía para inspirar (...) y una ayuda para los fieles
sobre la enseñanza de la moral social". Es también, agregó, "un medio para
alimentar el diálogo ecuménico e interreligioso de los católicos con todos los que
desean sinceramente el bien del ser humano". El purpurado enumeró a
continuación "algunos retos decisivos y de gran relieve e importancia", a los que se
espera el compendio sirva de respuesta. "El primero es el reto cultural, que la
doctrina social afronta sirviéndose de su dimensión interdisciplinaria constitutiva. (...)
El segundo procede de la situación de indiferencia ética y religiosa y de la necesidad
de una colaboración interreligiosa renovada. (...) El tercero es propiamente pastoral.
El futuro de la doctrina social de la Iglesia en el mundo de hoy dependerá de la
comprensión, del arraigo de la doctrina social en la misión propia de la Iglesia. (...)
4
JUAN PABLO II, Exhortación pastoral post sinodal ECCLESIA IN AMERICA n.54
Depende de la comprensión renovada de cómo esta doctrina está ligada a todos los
aspectos de la vida y de la acción de la Iglesia".
Hoy empezamos a conocer este COMPENDIO en la UPB. La importancia del
trabajo que ahora nos corresponderá a todos se puede subrayar con otro texto de la
Exhortación arriba mencionada: ―Los daños derivados de la difusión del secularismo
en… ambientes, tanto políticos, como económicos, sindicales, militares, sociales o
culturales, muestran la urgencia de una evangelización de los mismos, la cual debe
ser alentada y guiada por los Pastores, llamados por Dios para atender a todos. Es
necesario evangelizar a los dirigentes, hombres y mujeres, con renovado ardor y
nuevos métodos, insistiendo en la formación de sus conciencias mediante la doctrina
social de la Iglesia. Esta formación será el mejor antídoto frente a tantos casos de
incoherencia y, a veces, de corrupción que afectan las estructuras sociopolíticas.‖5
Cuando la Universidad llega a los sesenta años de su condición de Universidad
Pontificia es particularmente importante que reafirme la aceptación de las
orientaciones que recibe para guardar su identidad como Universidad Católica.
Ya contamos con el Instituto de Doctrina Social, al revisar nuestra VOCACIÓN Y
MISIÓN, hemos insistido ampliamente en lo que significa nuestra opción por un
HUMANISMO CRISTIANO integral como tarea para toda la familia universitaria
UPB.
El COMPENDIO tiene dos títulos que vale la pena subrayar. El de la Introducción:
UN HUMANISMO INTEGRAL Y SOLIDARIO y el de la Conclusión POR UNA
CIVILZACIÓN DEL AMOR.
Soñando en lo que debe llegar a ser nuestra Universidad, con todos estos recursos,
me atrevo a pensar en una meta hermosa y comprometedora. Estamos aquí para
formar expertos en humanidad. El Papa Pablo VI se presentó ante la Asamblea de
las Naciones Unidad el 4 de octubre de 1965 y entre otras cosas dijo: ―Es como
´experto en humanidad´ como aportamos a esta organización el sufragio de nuestros
últimos predecesores, de todo el episcopado católico y el nuestro, convencidos
como estamos de que esta organización representa el camino obligado de la
civilización moderna y de la paz mundial‖6
Vamos a trabajar el COMPENDIO para llegar a esta meta: convertirnos en
EXPERTOS EN HUMANIDAD.
5
6
ECCLESIA IN AMERICA, n. 67
PABLO VI, Discurso a la ONU, 4 de octubre de 1965, n. 1.
ESTRUCTURA DEL COMPENDIO DE LA DOCTRINA SOCIAL DE
LA IGLESIA.
Por: Mons. Darío Múnera Vélez
Presentación
1. El esperado Compendio de la Doctrina social de la Iglesia.
2. Por qué y para qué el Compendio.
3. Estructura y contenido.
Introducción: humanismo integral solidario.
Primera parte: fundamentos, principios y valores permanentes.
Segunda parte: temas y ―cuestiones nuevas‖:
* En la familia.
* En el trabajo.
* En la vida económica.
* En la comunidad política.
* En la comunidad internacional.
* En el medio ambiente.
* En la promoción de la paz.
Tercera parte: acción eclesial.
Soportes: Tres índices: referencias, analítico y general.
Conclusión: ―civilización del amor”.
1. Un Compendio esperado.
En el mundo eclesial se ha escuchado con frecuencia la necesidad de un
―catecismo‖ especial sobre la Doctrina social de la Iglesia. Unas veces por la
necesidad de tener elementos culturales, sociales, políticos, económicos, técnicos,
etc. para llevar a cabo un diálogo más preciso con las preocupaciones del mundo
moderno. Otras, por la necesidad de tener una herramienta para hacerle frente a
tantas y tan diversas situaciones de los hombres, mujeres y comunidades en la
sociedad civil. Otras, porque no siempre se encuentra en los catecismos de doctrina
cristiana suficientes elementos para una interpretación de lo que acontece en el
mundo social. Otras, porque el afán de presencia irreversible de la Iglesia en el
mundo moderno de las realidades terrenas requiere un instrumento más
especializado. Otras, porque el actual Pontífice Juan Pablo II es un auténtico
convencido y promotor de la necesidad pastoral de conocer y utilizar
adecuadamente este instrumento de la doctrina social para la acción pastoral que el
mundo contemporáneo necesita. En efecto, cuando uno reflexiona sobre su largo
pontificado, en sus muchos y muy diversos documentos, encíclicas y otros
importantes mensajes, uno se convence de que una de las principales
características de su Magisterio se centra en la importancia y la necesidad pastoral
de la doctrina social.
De manera particular, los obispos de América, reunidos en Asamblea especial del
Sínodo de Obispos para América, celebrada en el Vaticano, del 16 de noviembre al
12 de diciembre de 1997, presentaron una proposición al Papa solicitando la
preparación de un catecismo de doctrina social de la Iglesia. El Papa acogió la idea
y así respondió en la Exhortación Apostólica Ecclesia in America: ―Ante los graves
problemas de orden social que, con características diversas, existen en toda
América, el católico sabe que puede encontrar en la doctrina social de la Iglesia la
respuesta de la que partir para buscar soluciones concretas (…) Para alcanzar este
objetivo sería muy útil un compendio o síntesis autorizada de la doctrina social
católica, incluso un <<catecismo>>, que muestre la relación existente entre ella y la
nueva evangelización‖.7 Finalmente, se optó por el término Compendio. El que hoy
estamos presentando en Diálogos de la Catedral.
2. Por qué y para qué el Compendio.
¿Por qué el “Compendio”? Se percibe en el ambiente la necesidad de un
pensamiento nuevo, coherente, sólido, maduro y útil en la vida de los hombres y
mujeres, de las comunidades y pueblos. Es un hecho que en la época actual y en la
sociedad civil no existe tal pensamiento: ni en lo social, ni en lo económico ni en lo
político ni en lo cultural ni en lo científico y técnico. Queda la sensación de que todo
lo que recibimos del mundo moderno es ―pensamiento débil”, expresión que se está
usando con alguna frecuencia, o también pensamiento superficial por la mezcla de
consumismo, de información de toda índole sin digerirla, de un tecnicismo a ultranza,
de la publicidad agresiva contra principios y valores de profunda tradición, de los
esfuerzos de las ciencias en los laboratorios, convertidos mayormente en templos de
rechazo o desconocimiento de los derechos de la vida humana, de la mentalidad
competitiva que se lleva por delante principios y valores, pues lo que se busca es
ganar en todos los sentidos. Ahora bien, quien pierde, y mucho, por la penetración
social y cultural de tal pensamiento, es la dignidad de la persona. Y, si esto es así,
como lo es, estamos retrocediendo en importantes aspectos de lo que ahora
llamamos ―calidad de vida humana‖, la cual no es solo material, sino también
humana de verdad y más humana en sus dimensiones sociales, sicológicas, éticas,
religiosas, espirituales. Si seguimos retrocediendo, nos espera un futuro oscuro,
7
Juan Pablo II, Exhortación Apostólica Ecclesia in America 54, Ciudad del Vaticano, 1999.
vacío de identidades, enfermo de impotencias, de fracasos, de depresiones, de
soledades y de miedos.
¿Para qué el “Compendio”? ¿Para qué es útil, para qué sirve, cuál es su eficacia?
Son preguntas importantes. De entrada, habría que decir que en la ―introducción‖ del
Compendio, la respuesta no podía ser otra: ―Un humanismo integral y solidario”.
¿Por qué este humanismo y no otro? La historia de las ideas y del pensamiento nos
ha servido buenos y malos platos culturales. Hemos conocido la filosofía de los
griegos, con toda la sabiduría de pensamiento que encierra, pero se ha convertido
en no gustadora ni útil en el mundo de hoy. Hemos conocido las enseñanzas de los
Padres de la Iglesia y ya casi nadie habla de ellos, ni en el ambiente eclesiástico y
menos en el civil. Hemos estudiado a los grandes maestros de la Edad Media, en
especial Tomás de Aquino y el tomismo, cuya riqueza teológica, filosófica y
humanista penetró en la cultura y la mentalidad de miles de profesores, estudiantes
e instituciones. Hemos conocido el humanismo racionalista de la ilustración y la edad
moderna, satisfaciendo a muchos por el cultivo y la fuerza de la razón como poder
capaz de todo lo humano e inhumano y hasta la necesidad de destruir lo divino por
ser estorbo para el libre poder del ejercicio de la razón y del ―culto‖ a ‗esta como
―diosa‖ razón. Hemos conocido el marxismo, como materialismo dialéctico e
histórico, y como economicismo, hoy ya superado. Hemos conocido el llamado
pensamiento científico de la modernidad, para el que sólo cuenta la materia, la
experiencia material, física, empírica, incapaz de responder a las más profundas
aspiraciones del ser humano, que van más allá de lo meramente humano.
¿Para qué este humanismo? El Compendio nos ofrece la propuesta del
―humanismo integral y solidario” como hilo conductor del pensamiento social
cristiano o doctrina social de la Iglesia. El humanismo que hay que rescatar y
recuperar es el de la dignidad humana, a la vez, fundamento de la solidez de esta
doctrina social. Ahora bien, ―a los hombres y mujeres de nuestro tiempo, la Iglesia
ofrece su doctrina social, como a compañeros de viaje‖.8 El hombre, que se
descubre como ser amado por Dios, comprende su propia dignidad, aprende a no
contentarse consigo mismo y a encontrar al otro en una red de relaciones siempre
más auténticamente humanas.9 He aquí la raíz del humanismo que desarrolla la
Iglesia en su doctrina social y es este mismo humanismo el que da sentido y
eficacia a esta doctrina social en el diálogo con la historia, en la promoción humana
y en la ―nueva evangelización‖. La unidad de único destino de la humanidad exige la
aceptación de una responsabilidad común, inspirada en este humanismo, que no se
encuentra en los pensamientos enunciados antes, que han buscado su inspiración
en la imposición del poder de la sola razón o de la técnica o de la ciencia o de la
economía o del relativismo ético y jurídico. Sin embargo, el camino común de la
humanidad requiere mayor sabiduría ética o moral que oriente el camino de la
historia. El progreso de tantas innovaciones tecnológicas no puede tener otra
finalidad distinta a la del bien verdadero de la humanidad del presente y del futuro,
bajo el sello o carácter de la dignidad humana.10
3. Estructura y contenido del Compendio.
8
Compendio DSI n. 3.
Ibid. n. 4
10
Ibid. n. 6; cf. PP. 20-21. 42.
9
El Compendio presenta, de manera sintética, la enseñanza social, fruto de la
reflexión sabia del Magisterio de la Iglesia acerca de las cuestiones sociales, como
testimonio del encuentro del Evangelio con los problemas del hombre en la
historia.11 Se propone como un instrumento de discernimiento moral y pastoral de los
complejos acontecimientos que caracterizan a nuestros tiempos, de diálogo con
quienes buscan el bien del hombre, y como una guía de ética social cristiana para
inspirar conductas, actitudes, opciones y compromisos sociales.12 Es un documento
puesto al servicio de la plena dignidad humana y plena verdad de hombres y
mujeres de nuestro tiempo y de sus tareas en la naturaleza y en la sociedad.13
La estructura orgánica del Compendio se presenta, además de la introducción sobre
el humanismo, en tres partes, una conclusión sobre la ―civilización del amor‖ y los
diferentes índices. Todo en 528 páginas y 583 numerales. La primera parte está
dedicada a los fundamentos, principios y valores de la doctrina social; la segunda
parte, llamada especial, al conjunto de cuestiones y problemas sociales en los
diversos campos de la actividad humana, presentados en siete capítulos: la familia
célula vital de la sociedad, el trabajo humano, la vida económica, la comunidad
política, la comunidad internacional, la salvaguarda del medio ambiente, y la
promoción de la paz; y la tercera parte se refiere a la doctrina social y la acción
eclesial; y finalmente, tres índices: de referencias, analítico y general, soportes del
monumental magisterio social y muy útiles para consultas, estudios e
investigaciones por parte de profesores, investigadores, estudiosos y estudiantes.
El hilo conductor del Compendio. Después de la lectura del Compendio y el logro de
una mirada de conjunto, se puede concluir que el eje e hilo conductor que une la
estructura del mismo es el principio fundamental de la dignidad de la persona
humana. Es importante descubrir esta categoría de la dignidad humana en los
diferentes contenidos ofrecidos a lo largo de todos los capítulos del Compendio.
La dignidad humana. Si se tiene en cuenta la historia del pensamiento, se encuentra
uno con sorpresas. Toda la cultura humanista de los filósofos griegos, de los Padres
de la Iglesia y de los grandes maestros de la Edad Media parecía venirse a tierra
con la aparición del pensamiento racionalista de la Ilustración y de la Edad moderna,
que de alguna manera dio origen al pensamiento o filosofía racionalista del siglo XIX
y a sus derivados el pensamiento materialista, historicista y economicista, y más
recientemente el pensamiento científico, igualmente materialista. En medio de este
mar de materialismo naufragó el concepto pleno de la dignidad humana. Hay que
rescatar el idealismo del muy importante filósofo alemán Emanuel Kant, para quien
la subjetividad del hombre cuenta profundamente y marcó un hito en la historia de la
filosofía. Su estupenda tesis de sana razón antropológica sobre el hombre entendido
como fin, sigue teniendo resonancia en el pensamiento contemporáneo: el hombre
no puede considerarse ni valorarse como medio sino como fin. Este pensamiento
kantiano está vivo en los esfuerzos que hoy se hacen por la recuperación de la
dignidad humana, como sujeto y no como objeto. La conciencia de la dignidad es
una fortaleza de la doctrina social.
11
Ibid. n. 8-9.
Ibid. n. 10-12.
13
Ibid. n. 13-19.
12
Todo ese mar de materialismo y racionalismo provocó una reacción de tipo
personalista, encabezada por las nuevas corrientes filosóficas de idealismo, de
axiología, de existencialismo y de personalismo cristiano. Las raíces del cristianismo,
desconocidas en la Constitución de la Unión Europea de países, no obstante el
reclamo histórico y justificado del papa Juan Pablo II y del intenso trabajo
diplomático de la Santa Sede, han permanecido vivas en estas corrientes de
pensamiento existencial cristiano y de pensamiento personalista. Hoy se piensa y se
trabaja con esperanza en la recuperación de la dignidad humana y de sus derechos
humanos, como fundamento de un nuevo personalismo ético cristiano y un nuevo
humanismo integral y solidario, y en la “civilización del amor”. He aquí un tremendo
desafío para la doctrina social de la Iglesia. En esta dirección el Compendio de la
doctrina social tendrá un claro e importante futuro para la formación de nuevas
generaciones de jóvenes, de sacerdotes, de trabajadores, de profesionales y de
dirigentes de la política, la economía, la educación, la cultura, la ciencia y la
tecnología y de nuevos pensadores del nuevo humanismo como ya lo pedía Pablo
VI en la encíclica Populorum progressio.14
3.1. Primera parte: fundamentos, principios y valores de la doctrina social.
La primera parte del Compendio abarca los siguientes temas: El amor de Dios por la
humanidad: Cristo Jesús realización del amor del Padre; la persona humana en el
designio del amor de Dios; el designio de Dios y la misión de la Iglesia. La misión de
la Iglesia y la doctrina social: evangelización y doctrina social; la naturaleza de la
doctrina social; la doctrina social en nuestro tiempo: pasos históricos. La persona
humana y sus derechos: doctrina social y principio personalista; la persona humana
“imagen de Dios”; la persona humana y sus muchos perfiles; los derechos humanos.
Los principios de la doctrina social de la Iglesia: el bien común; la destinación
universal de los bienes; la subsidiaridad; la participación; la solidaridad; los valores
fundamentales de la vida social: la vía de la caridad.15
Obsérvese bien cómo el tejido de esta temática de la primera parte está reforzado y
caracterizado por los términos: humanidad, persona humana, derechos humanos y
principio personalista. Se aprecia, pues, cómo el principio de la dignidad humana
recorre los contenidos de todos los capítulos, en los que ―la dimensión teológica
resulta necesaria sea para interpretar que para resolver los problemas actuales de la
convivencia humana‖.16
Consideremos seis ejemplos de la centralidad humana.
Primero. El capítulo sobre el designio del amor de Dios a la humanidad. Es la
humanidad la que está en juego: es la humanidad que se manifiesta en la historia
como la ―causa‖ de Dios; es la humanidad que recibe el don absoluto de la
solidaridad de Dios en su Hijo Jesucristo, hecho humanidad en la Encarnación de la
Palabra. Es la dignidad humana de la humanidad y de la persona la que cuenta en la
libertad de Dios y en la liberación y salvación traídas por Cristo Jesús al hacerse
14
PP 20.
Compendio DSI p. 507-512.
16
Compendio de DSI p. 11; CA 55.
15
historia por la causa de los hombres, sometidos al pecado y a sus consecuencias de
toda índole.17 La Creación del hombre por Dios, la Encarnación de Cristo Jesús y la
misión que le confió a la Iglesia que él fundó, constituyen el fundamento teológico de
la dignidad de la persona humana y de la doctrina social de la Iglesia.
Segundo. En el capítulo sobre la misión de la Iglesia y la doctrina social, se le da
especial e importante relevancia a la relación entre esta doctrina, la promoción
humana y la evangelización.18 En el ámbito de esta relación se puede entender el
triple significado del qué es y para qué sirve o es útil la doctrina social. Son las dos
preguntas que definen la naturaleza de la doctrina social.19 Es útil como instrumento
de diálogo con la historia y como instrumento de promoción humana y de
evangelización. Pablo VI en Evangelii nuntiandi nos ha dejado preciosas y profundas
enseñanzas pastorales sobre este tema. La Iglesia, como morada de Dios con los
hombres, tiene la misión de fecundar y fermentar la sociedad con el Evangelio. ―Con
su enseñanza social, la Iglesia intenta anunciar y actualizar el Evangelio en la
compleja red de relaciones sociales‖. ―La sociedad y con ella la política, la economía,
el trabajo, el derecho, la cultura no constituyen un ámbito meramente secular y
mundano y, por esto, extraño al mensaje y a la economía de la salvación. De hecho,
la sociedad con todo lo que en ella se realiza, interesa al hombre. La sociedad es la
sociedad de los hombres que son el primero y fundamental camino de la Iglesia.‖20
Tercero. Para mostrar cómo la doctrina social es instrumento de diálogo con la
historia, el Compendio presenta una brevísima relación histórica de los papas de la
doctrina social desde León XIII hasta Juan Pablo II.21 Tal vez en este aspecto el
Compendio se quedó corto, sobre todo porque la dimensión histórica de la doctrina
social es tan importante como las otras dos dimensiones: la teórica de los
contenidos y la práctica pastoral de la acción eclesial. Obviamente, la justificación
histórica de cada una de las encíclicas y los otros documentos sociales es la que
muestra el dinamismo y la renovación de la doctrina social y, por tanto, la
sensibilidad de la Iglesia en las diversas etapas de la historia, contra el ―fijismo‖
criticado, sin razones fuertes, por algunos. Sin embargo, aunque breve, la síntesis es
práctica e importante e inspira los elementos éticos que aparecen en los temas
concretos y problema de la segunda parte.
Además, con esta síntesis de ciento catorce años de historia, 1891-2005, se muestra
la apertura de un camino nuevo22 y desarrollo de la enseñanza social, a partir, claro
está, de las raíces de la misma en la Sagrada Escritura, en los Profetas, y
especialmente en el Evangelio y los escritos apostólicos, que empieza a tomar forma
en la época de los Padres de la Iglesia y en los grandes maestros de la Edad Media.
Y se consolida como cuerpo doctrinal en el Magisterio de los papas desde León XIII
hasta Juan Pablo II.
Cuarto. La Constitución pastoral Gaudium et spes, constituye una respuesta
importante y significativa de la Iglesia a las aspiraciones del mundo contemporáneo,
en sintonía con la renovación de ella y su apertura al mundo moderno. Es un
17
Ibid. 20-48.
Ibid. 60-71.
19
Ibid. 72-85.
20
Ibid. 62; cf. RH 14.
21
Ibid. 87-104.
22
Ibid. 87-88.
18
documento que trata de manera orgánica temas económicos, sociales, políticos,
culturales, de la comunidad internacional, de la paz, de la familia. Esta temática se
retoma en la segunda parte del Compendio dedicada a los temas especiales. Otro
documento importante del Vaticano II es el del derecho a la libertad religiosa, como
un derecho humano. Y es esta constitución pastoral ―Gaudium et spes‖ la que
inspira a los papas del Concilio Pablo VI y Juan Pablo II en la publicación de las
grandes encíclicas sociales de la época contemporánea, que constituyen un
auténtico pensamiento ético-social cristiano, con la consistencia y fuerza necesarias
para confrontar con otros pensamientos desconectados de la dignidad de la persona
humana.
Quinto. La persona humana y sus derechos humanos. Este es el tema del capítulo
tercero, donde se fortalece aún más la misma centralidad de la dignidad de la
persona.23 En este ámbito, se refiere, en primer lugar, al principio personalista de la
doctrina social;24 en segundo lugar, a la persona como ―imagen de Dios”;25 en tercer
lugar, a la persona humana y sus múltiples perfiles;26 y en cuarto lugar, a los
derechos humanos.27
La identificación y proclamación de los derechos humanos ya son un reconocimiento
de la dignidad humana, la cual es la raíz y da la medida de qué es lo que pertenece
a cada ser humano. Por ello, la fuente última de los derechos humanos no se sitúa
en la mera voluntad de los seres humanos, ni en la realidad del Estado, ni en los
poderes públicos, sino en el hombre mismo y en Dios Creador. Son derechos que
tienen que ser defendidos y tutelados. La especificación de estos derechos nos lleva
a las enseñanzas de Juan XXIII en Pacem in terris, al Vaticano II, en Gaudium et
spes,28 a Pablo VI.29 Y Juan Pablo II ofrece un elenco de ellos en Centesimus
annus,30 siendo el primero el derecho a la vida, desde su concepción hasta la
muerte, y en el Discurso a la ONU, el 2 de octubre de 1979.31 Especial es el
derecho a la libertad religiosa. Todos estos derechos del hombre se extienden en los
derechos de los pueblos y las Naciones. Con estos derechos se colma la distancia
que se da entre la letra y el espíritu.
Sexto. Los principios y valores de la Doctrina social.32 El capítulo cuarto del
Compendio sobre los principios y valores permanentes de la doctrina social es otro
capítulo vertebral. Es también otro acierto del Compendio, ya que los criterios de
juicio histórico sobre problemas y situaciones y las orientaciones para la acción
social parten de la aplicación de los principios y los valores. Ante todo, se trata del
principio de la dignidad humana, tratado en el capítulo tercero, en el cual encuentran
fundamento los otros principios y valores, todos relacionados con la realidad social
en su conjunto, con las relaciones interpersonales, tanto las cercanas e inmediatas
como las mediatas: la política, la economía, el derecho; con las relaciones entre
comunidades o grupos y las relaciones entre pueblos y naciones. Todos estos
23
Ibid. 105-159.
Ibid. 105-107.
25
Ibid. 108-123.
26
Ibid. 124-151.
27
Ibid. 152-159.
28
GS 26.
29
Discurso a la ONU 10, el 4 de octubre de 1965.
30
CA 47.
31
Discurso a la ON 13.
32
Compendio 160-208. Cf. Congregación para la educación católica, Orientaciones… 29-42.
24
principios constituyen la primera articulación de la verdad de la sociedad, y tienen un
significado profundamente moral o ético porque son los fundamentos últimos y
ordenadores de la vida social.
El compendio presenta los siguientes principios:
1. El bien común, que deriva de la dignidad, unidad e igualdad de todas las
personas, y al cual deben referirse todos los aspectos de la vida social, donde
encuentran su significado.33 Remite también a la responsabilidad de todos por el
bien común y a los deberes de la comunidad política, de las personas y del Estado,
pues el bien común es la razón de ser del Estado en el ejercicio de todas las
actividades de la vida social., para asegurarlo el gobierno de cada país tiene la tarea
y el debe de armonizar con justicia los diversos intereses sectoriales.
2. La destinación universal de los bienes.34 Este principio es como una primera
implicación y realización del bien común; además, está en la base del derecho
universal al uso de los bienes, pues todo hombre debe tener la posibilidad del
bienestar necesario para su desarrollo personal. Por lo tanto, es el primer principio
de todo el ordenamiento ético-social. Marca también la relación universal entre
bienes y propiedad privada. Por ello, mediante el trabajo el hombre puede conseguir
el domino y asegurarse digna morada. Para la tradición cristiana el derecho a la
propiedad nunca ha sido absoluto ni intocable. Así, la propiedad privada es sólo un
instrumento para el respeto del principio de la destinación universal de los bienes.
Esta es la razón que tiene la doctrina social para pedir la función social de cualquier
forma de posesión privada.
3. El principio de subsidiariedad.35 La subsidiariedad está entre las más constantes
y características orientaciones de la doctrina social, desde Rerum novarum hasta
hoy. Es imposible promover la dignidad de la persona humana sin considerar las
instituciones intermedias: la familia, grupos, asociaciones, realidades territoriales
locales, de tipo económico, social, cultural, deportivo, recreativo, profesional, político.
Este es el ámbito de la sociedad civil, entendida como conjunto de relaciones entre
individuos y entre sociedades o entidades intermedias, que forman el tejido social y
constituyen la base de una verdadera comunidad de personas.
4. Cuarto. La participación.36 Es una consecuencia de la subsidiariedad. No se
puede delimitar o restringir a algún contenido o aspecto de la vida social, dada su
importancia para el crecimiento humano, en los ámbitos del trabajo y las actividades
económica, información y cultura, vida social y política; y en la colaboración de
todos los pueblos para la edificación de una comunidad internacional solidaria. En el
ámbito de este principio se entiende mejor la relación con la democracia, como uno
de los pilares de los ordenamientos democráticos y una de las mayores garantías de
la permanencia de la democracia. Toda democracia debe ser participativa.
Participación en todas las posibles relaciones entre el ciudadano y las instituciones,
según los contextos sociales e históricos donde debe realizarse.
33
Ibid. 164-170.
Ibid. 171-184.
35
Ibid. 185-188.
36
Ibid. 189-191.
34
5. La solidaridad.37 Ésta confiere particular relevancia a la sociabilidad intrínseca de
la persona humana, a la igualdad de todos en dignidad y derechos, al camino común
de los hombres y de los pueblos hacia una mayor y convencida unidad. Nunca antes
se había difundido tanto el vínculo consciente de interdependencia entre los
hombres y los pueblos en cualquier nivel, debido a la rapidísima multiplicación de los
medios de comunicación telemáticos, los progresos de la informática, el aumento de
volumen de los intercambios comerciales y de las informaciones. Sin embargo,
frente al fenómeno de la interdependencia y su constante expansión, persisten
grandes desigualdades entre países desarrollados y países en vías de desarrollo,
alimentadas también con formas de explotación, de opresión y de corrupción que
influyen negativamente en la vida internacional de muchos Estados. Tal proceso de
interdependencia debe estar acompañado de un compromiso ético-social intenso
para evitar nefastas consecuencias. La solidaridad como principio social y valor
moral ético constituye la inspiración de la ética social, ordenadora de las
instituciones y capaz de influir en la transformación de las ―estructuras de pecado‖
en ―estructuras de solidaridad‖, mediante la creación u oportuna modificación de
leyes, reglas o normas de mercado y ordenamientos.
6. Valores fundamentales de la vida social.38 El Compendio vincula a los anteriores
principios permanentes un grupo de valores también fundamentales, enfatizando la
estrecha relación de reciprocidad entre unos y otros, para la edificación de una
sociedad digna del hombre. Son valores inherentes a la dignidad de la persona
humana y favorecen al desarrollo auténtico: la verdad, la libertad, la justicia, el amor.
3.2. Segunda parte: temas y “cuestiones nuevas”.
En cada uno de los siete temas que ofrece el Compendio en la segunda parte,
encontramos las misma estructura: aspectos bíblicos, aspectos éticos, y aspectos o
“cuestiones nuevas”.
El Compendio considera temas especiales y los problemas actuales o emergentes
en cada uno de ellos, todos unidos al hilo conductor que une todos los capítulos: la
dignidad de la persona humana. Son siete los capítulos del Compendio en la
segunda parte: la familia, célula vital de la sociedad; el trabajo humano; la vida
económica; la comunidad política; la comunidad internacional; la salvaguarda del
ambiente; la promoción de la paz.39 Ahora bien, si destacamos los importantes y
significativos elementos éticos, presentes en las múltiples referencias o citas de
textos pontificios presentes en cada uno de estos temas, podemos concluir que se
puede articular con ellos una ética de la familia, del trabajo, de la vida económica, de
la comunidad política, de la comunidad internacional, del medio ambiente, de la
cultura y educación, de la ciencia y la técnica y una ética de la paz. Si le quisiéramos
poner un nombre a esta ética no hay otro mejor que el de ética social cristiana
inspirada en el Magisterio social de la Iglesia. ¿Cuánto desearía desarrollar este
proyecto?
3.2.1. La familia célula vital de la sociedad.
1. Aspectos bíblicos.
37
Ibid. 192-196.
Ibid. 197-208.
39
Compendio, p. 512-518.
38
La familia, primera sociedad natural.40 Así comienza el Compendio a desarrollar el
contenido de la segunda parte. ¿Y por qué la familia? Porque es la célula natural y
vital de la sociedad. Ahora bien, la importancia y la centralidad de la familia, en
orden a la persona humana y la sociedad, está repetidamente subrayada en la
Sagrada Escritura. ―No está bien que el hombre esté sólo‖.41 Desde la creación del
hombre y la mujer emerge el designio de Dios sobre la pareja como ―primera forma
de comunión de personas‖.42 De este origen se desprende una conclusión: la familia
se delinea como ―el lugar primario de la ‗humanización‘ de la persona y de la
sociedad‖ y ―cuna de la vida y del amor‖.43 La Iglesia considera la familia como
primera sociedad natural, titular de derechos propios y originarios, y la pone en el
centro de la vida social.44 Y refiriéndose al matrimonio, el Compendio es igualmente
explícito: la familia tiene su fundamento en la libre voluntad de los cónyuges de
unirse en matrimonio, en el respeto de los significados y los valores propios de esta
institución, que no depende del hombre, sino de Dios mismo.
2. Aspectos éticos.
Una segunda enseñanza es la subjetividad social de la familia. Contra la identidad
de género, la familia se propone como espacio de la comunión de personas, gracias
al dinamismo del amor que es la dimensión fundamental de la experiencia humana,
que encuentra en la familia un lugar privilegiado para manifestarse. Gracias al amor,
cada persona, hombre o mujer, es reconocida, acogida y respetada en su dignidad
humana. El ser humano está hecho para amar, y sin amor no puede vivir,
respetando la propia identidad sexual, en contra de las teorías que consideran la
identidad de género como producto cultural y social derivado de la interacción entre
comunidad e individuo, prescindiendo de la identidad sexual personal y sin alguna
referencia al verdadero significado de la sexualidad. Ahora bien, la diferencia y la
complementariedad físicas, morales y espirituales están orientadas al bien del
matrimonio y al desarrollo de la vida familiar.45 Además, la naturaleza del amor
conyugal exige la estabilidad de la relación matrimonial y su indisolubilidad. Por ello,
la introducción del divorcio en las legislaciones civiles ha alimentado una visión
relativista del vínculo conyugal, manifestada como una ―plaga social‖.
3. Cuatro problemas.
1. Las uniones de hecho y el reconocimiento de las uniones de homosexuales. Las
uniones de hecho se fundan en una falsa concepción de la libertad de opción de los
individuos y sobre una impostación privatista del matrimonio y de la familia. De tal
manera que la eventual equiparación legislativa entre la familia y las ―uniones de
hecho‖ se traduciría en un descrédito de la familia. Además, un problema particular
vinculado a las uniones de hecho es el de la petición del reconocimiento jurídico de
las uniones homosexuales, cada vez más objeto de debate público. Sólo una
antropología de la plena verdad del hombre puede dar una respuesta apropiada al
problema, que presenta diversos aspectos sea en el plano social sea en el
40
Compendio 209-214.
Gen 2, 18.
42
G S 12.
43
Juan Pablo II, Christifideles laici 40; cf. Compendio 209.
44
Compendio 211. Juan Pablo II, Carta a las familias, 1994. Cf. Pontificio Consejo “Justicia y Paz”, Carta de
los derechos de la familia. Ciudad del Vaticano.
45
Ibid. 224-225.
41
eclesiástico. A la luz de esta antropología se revela la contradicción de la pretensión
de atribuir una ―realidad‖ conyugal a la unión entre personas del mismo sexo, debido
a la imposibilidad de la transmisión de la vida, a la existencia de obstáculos a la
complementariedad interpersonal natural de los sexos, tanto en el plano físicobiológico como en el psicológico, entre el macho y la hembra.46
2. La familia es el santuario de la vida.47 El amor conyugal, por naturaleza, está
abierto a la acogida de la vida. Ahora bien, la procreación expresa la subjetividad
social de la familia y genera un dinamismo de amor y de solidaridad entre las
generaciones que está en la base de la sociedad. La familia fundada sobre el
matrimonio es verdadero santuario de la vida, y es determinante e insustituible
realidad para la promoción y la construcción de la cultura de la vida contra la difusión
de una ―anti-civilización‖ destructiva. De ahí la responsabilidad de las familias
cristianas de anunciar el evangelio de la vida, contribuyendo al bien social mediante
la paternidad y la maternidad responsables, rechazando como moralmente ilícitos
sea la esterilización sea el aborto, éste por ser delito y abominable desorden. Se
rechaza también el recurso a los medios contraceptivos en las diversas formas.48
3. Las técnicas reproductivas. El deseo de maternidad o paternidad no justifica algún
―derecho al hijo‖; mientras, al contrario, son evidentes los derechos del ―nascituro‖,
como la garantía de las condiciones óptimas de existencia, mediante la estabilidad
de la familia fundada sobre el matrimonio y la complementariedad de las dos figuras
paterna y materna. El rápido desarrollo de la búsqueda y de las aplicaciones
técnicas en la esfera de la reproducción, pone nuevas y delicadas cuestiones y
problemas a la sociedad y a la convivencia humana. Por lo tanto, no son moralmente
aceptables todas las técnicas reproductivas…49
4. La clonación humana. Es la reproducción de una entidad biológica genéticamente
idéntica a aquella de origen. Al respecto, son múltiples y graves implicaciones
morales las que presenta esta cuestión relevante social y culturalmente. Es
innegable que la clonación ha tomado, en el pensamiento moderno y en la praxis
experimental, diversos significados, que supone procedimientos diversos, desde el
punto de vista de las modalidades técnicas de realización, y finalidades diferentes.
Puede significar la simple replicación en laboratorio de células o de porciones de
DNA. Pero específicamente hoy se entiende la reproducción de individuos, en
estado de embrión con modalidades diversas de la fecundación natural y de modo
que sean genéticamente idénticos al individuo de origen…50
“Desde el punto de vista ético la simple replicación de células normales o de
porciones de DNA no presenta problemas éticos particulares. Pero es distinto el
juicio del Magisterio sobre la clonación propiamente dicha. Primero, porque es
contraria a la dignidad de la procreación humana, porque se realiza con ausencia
total del acto de amor personal entre los esposos, siendo una reproducción agámica
y asexual. Segundo, porque este tipo de reproducción representa una forma de
dominio total sobre el individuo reproducido por parte de quien lo reproduce. El
hecho de que la clonación se haga para terapia no atenúa la gravedad moral,
46
Ibid. 227-228.
Ibid. 230-237.
48
Ibid. 230-233.
49
Ibid. 235.
50
Ibid. 236.
47
también porque para tomar tales células el embrión deber ser producido antes y
después suprimido‖.51
3.2.2. El trabajo humano.
1. Aspectos bíblicos y éticos.
Este es el tema del capítulo sexto del Compendio. A partir de los aspectos bíblicos y
el modelo Jesús hombre del trabajo,52 el Compendio pone el tema del valor profético
de la Rerum novarum en la relación trabajo-capital y en la dignidad del trabajo en el
pensamiento de Juan Pablo II en la encíclica Laborem exercens, en la misma
relación trabajo-capital, dando relevancia al trabajo como título de participación de
los trabajadores en la propiedad privada, en la gestión y en los beneficios.53 La
misma relevancia o importancia le da al tema del derecho fundamental al trabajo y al
derecho de los trabajadores, en virtud de la dignidad humana. En este ámbito se
toca también los puntos básicos de la necesidad del trabajo, del papel del Estado y
de la sociedad civil, de la familia y el derecho al trabajo, de las mujeres y el derecho
al trabajo, del trabajo de los menores.54
En cuanto los derechos de los trabajadores resalta: la dignidad de los trabajadores y
el respeto de sus derechos, el derecho de igual remuneración y distribución de los
beneficios y el derecho de huelga,55 además, el tema de la solidaridad entre los
trabajadores, señalando el papel fundamental de los sindicatos por su derecho de
formar asociaciones o uniones para defender sus intereses o derechos. En este
contexto, sin embargo, el Compendio expresa, por una parte, que el odio y la lucha
por eliminar al otro constituyen métodos inaceptable, y, por otra, los sindicatos son
propiamente los promotores de la lucha por la justicia social, por los derechos de los
hombres del trabajo, es una lucha ―por‖ el bien justo y no una lucha ―contra‖ ―los
otros‖. En todo caso, al sindicato, además de las funciones de defensa y
reivindicación, le competen la representación en orden a organizar en el justo orden
la vida económica y la educación de la conciencia social de los trabajadores.56
Por ello, son importantes las nuevas formas de solidaridad entre los trabajadores...
Pues el contexto socio-económico actual, caracterizado por procesos de
globalización económico-financiera cada vez más rápidos, impulsa los sindicatos a
renovarse para actuar en formas nuevas, ampliando el círculo de la acción de
solidaridad de modo que sean tutelados los riesgos de los trabajadores de distintas
categorías. Consiguiendo nuevas formas de solidaridad, las asociaciones de los
trabajadores deben orientarse hacia la aceptación de mayores responsabilidades
respecto a la producción de la riqueza, la creación de condiciones sociales, políticas
y culturales propias del derecho de trabajo digno.57
2. Problemas actuales y nuevos.
51
Ibid. 236
Ibid. 255-266.
53
Ibid. 270-286.
54
Ibid. 287-300.
55
Ibid. 301-304.
56
Ibid. 301-302.
57
Ibid. 305-309.
52
1. El fenómeno de la globalización.
Este es uno de los estímulos más significativos en el campo actual de la
organización del trabajo, que experimenta nuevas formas de producción en las
diversas áreas diferentes de aquellas donde se toman las decisiones estratégicas y
lejanas de los mercados de consumo. Dos son los factores que le dan impulso a
este fenómeno de la globalización: la extraordinaria velocidad de comunicación sin
límites de espacio y tiempo y la relativa facilidad de transportar mercancías y
personas de una parta a otra del globo. Esto implica una consecuencia fundamental
sobre los procesos productivos: la propiedad está siempre más lejana, con
frecuencia indiferente a los efectos sociales de las opciones que cumple. Por otra
parte, si la globalización no es buena ni mala en sí misma, pues depende del uso
que el hombre hace de ella, se debe afirmar que es necesaria una globalización de
las tutelas, de los derechos mínimos esenciales, de la equidad.58
Una de las características más relevantes de la nueva organización del trabajo es la
fundamentación física del ciclo productivo, promovida para conseguir una mayor
eficiencia y mayores beneficios. Las transformaciones producen cambios en la
estructura misma del trabajo, con consecuencias en la vida de las personas y de las
comunidades en las condiciones materiales, culturales y de valores. Esta realidad
aglutina a millones de seres humanaos, independientemente de las condiciones
profesionales, sociales o culturales.59 Por tanto, la globalización de la economía,
con la liberación de los mercados, mayor concurrencia y más empresas de
productos y servicios, requiere mayor flexibilidad en el mercado del trabajo y en la
organización y gestión de los procesos productivos.60
Otras características de época. El trabajo, sobre todo, en los países más
desarrollados atraviesa una fase de paso de una economía de tipo industrial a una
centrada en servicios e innovación tecnológica… Gracias a estas innovaciones, el
mundo del trabajo se enriquece con profesiones nuevas, mientras otras
desaparecen.61 Se da el paso del trabajo dependiente indeterminado, puesto fijo, a
un trabajo caracterizado por la pluralidad de actividades lucrativas…. Se plantean
problemas de continuidad en el trabajo, de derechos, de inseguridad y precariedad,
cambio de condiciones de diversa índole, etc.62 Además, En los países en vías de
desarrollo surgen la pequeñas empresas, como también las actividades de
―economía informal‖, no sin problemas éticos y jurídicos.63
2. Consecuencias nuevas de la globalización del trabajo.
Frente a los problemas o “cosas nuevas” del mundo del trabajo, la doctrina social de
la Iglesia recomienda:64
1. Evitar el error de pensar que los cambios proceden de manera determinista. Es
importante asumir la dimensión subjetiva del trabajo, cuya absoluta prioridad es la
58
Ibid. 310
Ibid. 311
60
Ibid. 312-316.
61
Ibid. 313
62
Ibid. 314.
63
Ibid. 315-316.
64
Ibid. 317-322.
59
razón de la dignidad del mismo. 2. Las interpretaciones de tipo mecanicista o
economicista de la actividad productiva, aunque importantes e influyentes, resultan
superadas por el mismo análisis científico de los problemas vinculados con el
trabajo. La dignidad humana del hombre no se limita al ―tener‖, pues su naturaleza y
vocación están vinculadas con lo Trascendente, ya que junto a las necesidades
materiales están las interiores. 3. Cambian las formas históricas de la expresión del
trabajo humano, pero no deben cambiar las exigencias permanentes, que se
resumen en el respeto de los derechos inalienables del hombre que trabaja. De ahí,
la necesidad de las nuevas formas de solidaridad y el compromiso de tutelar la
dignidad del trabajo. 4. Para la solución justa de los complejos problemas del
trabajo, los científicos y hombres de cultura están llamados a ofrecer su contribución
especial, leyendo e interpretando los fenómenos sociales con inteligencia y amor a
la verdad, sin intereses de grupos o personales. 5. Los escenarios actuales de la
profunda transformación del trabajo humano hacen más urgente un desarrollo global
y solidario, que involucre todas las zonas del mundo, creando nuevos puestos de
trabajo y ―globalizando la solidaridad‖. 6. Los desequilibrios económicos y sociales
existentes en el mundo del trabajo se enfrentan restableciendo la justa jerarquía de
valores, poniendo en el primer puesto la dignidad de la persona que trabaja. Jamás
la nueva realidad de la globalización de las finanzas, de la economía, del comercio y
del trabajo, debe violar la dignidad y la centralidad de la persona humana ni la
libertad y la democracia de los pueblos. La solidaridad, la participación y la
posibilidad de gobernar estos cambios radicales constituyen, si no la solución,
ciertamente la necesaria garantía ética a fin de que ni las personas ni los pueblos no
lleguen a ser instrumentos, sino protagonistas de su futuro. 7. Resulta siempre más
necesaria la consideración de la nueva situación del trabajo en el actual contexto de
la globalización, en una prospectiva que valore la natural inclinación de los hombres
a establecer relaciones. La técnica puede ser la causa instrumental de la
globalización, pero la causa última es la universalidad de la familia humana y la
dignidad de ella. De hecho, las técnicas, especialmente las electrónicas, han
permitido dilatar tal aspecto relacional del trabajo a todo el planeta, imprimiendo a la
globalización un ritmo acelerado; sin embargo, el fundamento último de este
dinamismo es el hombre que trabaja, es siempre el elemento subjetivo y no el
objetivo. Los aspectos negativos de la globalización del trabajo no deben mortificar
las posibilidades de dar expresión a un humanismo del trabajo en el nivel planetario,
a una solidaridad del mundo del trabajo en este nivel, para que el hombre
comprenda siempre más su vocación unitaria y solidaria.
3.2.3. La vida económica.
En el capítulo séptimo, sobre la vida económica, el Compendio repite el mismo
esquema: aspectos bíblicos, elementos éticos de la economía y los problemas o
―cosas nuevas‖ en economía.65
1. Aspectos bíblicos.
La relación hombre, pobreza y riqueza.
Es importante en el A. Testamento la consideración de la doble actitud frente a los
bienes económicos y la riqueza: de un lado, el aprecio de la disponibilidad de los
65
Ibid. 323-376.
bienes materiales considerados necesarios para la vida: la abundancia, mas no la
riqueza o el lujo, es vista como una bendición de Dios; de otro lado, los bienes
económicos y la riqueza no son condenados por sí mismo, sino por el mal uso de
ellos. Y quien reconozca la propia pobreza delante de Dios, en cualquiera situación
que viva, es objeto de atención particular de parte de Dios.66 Mientras que en el
Nuevo Testamento, Jesús asume la entera tradición del Antiguo sobre los bienes
económicos, la riqueza y la pobreza, pero con mayor claridad y plenitud. A la luz de
la Revelación, la actividad económica es considerada como respuesta a la vocación
que Dios reserva a cada uno.
2. Ocho elementos éticos en la vida económica.
La doctrina social insiste sobre la connotación moral o ética de la economía. Existe
una relación intrínseca y necesaria, pues actividad económica y comportamiento
moral se compenetran íntimamente.
Un primer elemento. La actividad económica y el progreso material se deben poner
al servicio del hombre y del bien común de la sociedad, teniendo en cuenta que la fe
en Cristo Jesús permite una correcta comprensión del desarrollo social, en el
contexto de un humanismo integral y solidario.67 Por ello, la riqueza existe para ser
compartida. Los bienes, aunque legítimamente poseídos, mantienen siempre una
destinación universal. Es inmoral toda forma de indebida acumulación, porque está
en abierta contradicción con la destinación universal asignada por Dios Creador a
todos los bienes. En efecto, las riquezas realizan su función al servicio del hombre
cuando son destinadas a producir beneficios para los otros y la sociedad.68
Segundo elemento. La iniciativa privada y empresa. La doctrina social de la Iglesia
considera la libertad de la persona en campo económico un valor fundamental y un
derecho inalienable de promover y tutelar. Se respeta el derecho de la iniciativa
económica, la subjetividad y actitud creativa del ciudadano como un elemento
esencial del obrar humano, también en el campo empresarial.69
Tercer elemento. Se trata de los fines de la empresa. La empresa debe
caracterizarse por la capacidad de servir el bien común de la sociedad mediante la
producción de bienes y servicios útiles. Además de esta función económica de la
empresa, también tiene la función social, creando oportunidades de encuentro, de
colaboración, de valoración de la capacidad de las personas involucradas. Sólo así
se construye una economía al servicio del hombre y proyectos de cooperación entre
las partes sociales. Un ejemplo muy significativo en esta dirección es la actividad de
las empresas cooperativas, las pequeñas y medianas empresas, las empresas
familiares y agrícolas de dimensión familiar.
Cuarto elemento. La doctrina social reconoce la justa función de la ganancia, como
primer indicador del buen manejo de la empresa, pero es indispensable que al
interior de la empresa, la legítima ganancia se armonice con la irrenunciable tutela
de la dignidad de las personas que, con diverso título, operan en la empresa. Por
otra parte, el recurso a la usura es condenable en la actividad financiera y
66
Ibid. 323-324.
Ibid. 325-327.
68
Ibid. 328-335.
69
Ibid. 336-337.
67
económica; también en las relaciones económicas internacionales, especialmente
por lo que respecta a los países pobres.70
Quinto elemento. El papel de emprendedor y del dirigente de empresa. Las tareas
del emprendedor y del dirigente revisten una importancia central desde el punto de
vista social, pues se colocan en el corazón de la red de vínculos técnicos,
comerciales, financieros, culturales que caracterizan la realidad moderna de la
empresa. De ahí que no puedan tener exclusivamente en la cuenta el objetivo
económico de la empresa, los criterios de eficiencia económica, las exigencias del
cuidado del ―capital‖ como conjunto de medios de producción, pues es su deber
preciso también el respeto concreto de la dignidad de la persona de los trabajadores
que operan en la empresa.71
Sexto elemento. Instituciones económicas al servicio del hombre. Una de las
cuestiones prioritarias en economía es el empleo de los recursos, es decir, de todos
aquellos bienes y servicios a que los sujetos económicos, productores y
consumidores privados y públicos, atribuyen un valor por la utilidad inherente a ellos
en los campos de la producción y del consumo. De ahí que el papel del mercado
libre es el de ser una institución socialmente importante por su capacidad de
garantizar resultaos eficientes en la producción de bienes y servicios. Tal mercado
es un instrumento eficaz para conseguir importantes objetivos de justicia: moderar
excesos de ganancia, responder a las exigencias, realizar mejor utilización y ahorro
de los recursos, premiar los esfuerzos empresariales y la habilidad de innovación, la
circulación de información, en un contexto de sana concurrencia. Por lo tanto, el
mercado asume una función social relevante en la sociedad contemporánea.72
Séptimo elemento. La acción del Estado y la de los poderes públicos deben
conformarse al principio de subsidiariedad y crear situaciones favorables al ejercicio
libre de la actividad económica; también debe inspirarse en el principio de
solidaridad y establecer límites a la autonomía de las partes para defender la más
débil. La solidaridad sin subsidiariedad puede degenerar en asistencialismo,
mientras que la subsidiariedad sin solidaridad peligra alimentar formas locales
egoístas. El deber fundamental del Estado en el ámbito económico es el de definir
un cuadro jurídico apto para regular las relaciones económicas.73
Octavo elemento. El papel de los cuerpos intermedios. El sistema económico social
debe caracterizarse por la copresencia de la acción pública y privada. Así se
configura una pluralidad de centros de decisión y de lógicas de acción.74
3. Cuatro problemas actuales y “cosas nuevas” en economía.
1. La globalización: oportunidades y riesgos o peligros.
―Una característica de nuestro tiempo es el fenómeno complejo de la globalización
económico-financiera, es decir, un proceso de integración creciente de las
economías nacionales, en el plano del comercio de bienes y servicios y de las
70
Ibid. 338-342.
Ibid. 343-345.
72
Ibid. 347-350.
73
Ibid. 351-355.
74
Ibid. 356-360.
71
transacciones financieras, en el que un número siempre mayor de operadores
asume un horizonte global para las opciones que debe operar en función de las
oportunidades de crecimiento y de ganancia.‖ Y todo, a una velocidad impresionante
en ―tiempo real‖, permitiendo el desplazamiento, de una parte a la otra del globo, de
grandes cantidades.
La globalización alimenta nuevas esperanzas, pero origina también interrogantes
inquietantes. Por una parte, puede producir efectos potencialmente benéficos para la
humanidad entera: interactuando con el desarrollo impetuoso de las
comunicaciones, el crecimiento de relaciones económicas y financieras que
fomentan un notable desarrollo de las comunicaciones y de las nuevas tecnologías,
y una aceleración del proceso de extensión en la escala planetaria de los
intercambios comerciales y de las transacciones financieras. En resumen: los dos
fenómenos globalización económico-financiera y progreso tecnológico, se refuerzan
mutuamente, volviendo extremadamente rápida la dinámica compleja de la actual
fase económica.
Sin embargo, analizando el contexto actual, además de individuar las oportunidades
que se abren en la era de la economía global, aparecen también riesgos o peligros
unidos a las nuevas dimensiones de las relaciones comerciales y financieras. Por
ejemplo, la tendencia al aumento de las desigualdades, sea entre Países avanzados
y Países en vías de desarrollo, sea al interior de los países industrializados. A la
creciente riqueza económica la acompaña un crecimiento de la pobreza relativa.
El cuidado del bien común impone tomar las nuevas ocasiones de redistribución de
riqueza entre las diversas áreas del planeta, prefiriendo aquellas más
desfavorecidas y hasta ahora excluidas o al margen del progreso social y
económico. ―El desafío está en asegurar una globalización de la solidaridad, una
globalización sin marginación‖. El comercio representa un componente fundamental
de las relaciones económicas internacionales, contribuyendo de manera
determinante a la especialización productiva y al crecimiento económico de los
diversos Países. Existen criterios éticos para orientar las relaciones económicas
internacionales: la consecución del bien común, y la destinación universal de los
bienes; la equidad en las relaciones comerciales; la atención a los derechos y
necesidades de los más pobres en las políticas comerciales y de cooperación
internacional. Diversamente, ―los pobres permanecen más pobres, mientras los ricos
llegan a ser siempre más ricos‖.
Una solidaridad adecuada a la era de la globalización reclama la defensa de los
derechos humanos fundamentales. La extensión de la globalización debe
acompañarse de una madura toma de conciencia, por parte de las organizaciones
de la sociedad civil, de nuevos deberes a que son llamadas a nivel mundial. ―La
libertad de los intercambios no es igual sino subordinada a las exigencias de la
justicia social‖. Particular atención debe prestarse a las especificidades locales y a
las diversidades culturales, que peligran ser comprometidas en los procesos
económico-financieros en acto. ―La globalización no debe ser un nuevo tipo de
colonialismo…‖.En la época de la globalización hay que subrayar con fuerza la
solidaridad entre las generaciones.75
75
Ibid. 361-367.
2. El sistema financiero internacional.
Los mercados financieros no son una novedad de nuestra época. Desde mucho
tiempo antes se hacían cargo de responder a la exigencia de financiar la actividad
productiva. La historia muestra que sin sistemas financieros adecuados no se
habría tenido crecimiento económico. Una economía financiera encerrada en sí
misma, está destinada a contradecir sus finalidades, porque se priva de las propias
raíces y de la propia razón constitutiva, o sea de su rol originario y esencial de
servicio a la economía real y, en definitiva, de desarrollo de las personas y de las
comunidades humanas. La aceleración de los procesos financieros, conllevan
preocupaciones graves de naturaleza ética.76
El papel de la comunidad internacional en la época de la economía global. La
pérdida de centralidad por parte de los actores estatales debe coincidir con un mayor
compromiso de la comunidad internacional en el ejerció de un decidido papel de
orientación económica y financiera. De hecho, una consecuencia importante del
proceso de globalización consiste en la pérdida gradual de eficacia del Estado
nación en la guía de las dinámicas económico-financieras nacionales. Por ello,
cuanto más el sistema económico-financiero mundial alcanza niveles elevados de
complejidad organizativa y funcional, tanto más se pone como prioritario el deber de
regular tales procesos, en función del bien común de la familia humana. Emerge,
concretamente, la exigencia de que, más allá de los Estados nacionales, sea la
misma comunidad internacional la que asuma esta delicada función, con
instrumentos políticos y jurídicos adecuados y eficaces. En los Organismos
internacionales deben estar igualmente representados los intereses de la entera
familia humana.77
3. Un desarrollo integral y solidario y una obra educativa y cultural.
Uno de los deberes fundamentales de los actores de la economía internacional es
alcanzar este desarrollo para la humanidad, ―la promoción de cada hombre y de todo
el hombre‖. Tal deber requiere una concepción de la economía que garantice, a nivel
internacional, la igual distribución de los recursos y responda a la conciencia de la
interdependencia – económica, política y cultural – que una definidamente los
pueblos entre sí mismos y los haga sentir unidos a un único destino. Los problemas
sociales asumen cada vez más una dimensión planetaria. Un desarrollo más
humano y solidario también ayudará a los mismos Países ricos, con frecuencia
incapaces de vivir y de gozar rectamente el sentido de la vida, aún en medio de la
abundancia de bienes materiales.78
Se impone pues, la necesidad de una grande obra educativa y cultural, ya que para
la doctrina social, la economía es sólo un aspecto y una dimensión de la compleja
actividad humana. No se la puede convertir en el centro de la vida social ni en el
único valor de la sociedad.79
3.2.4. La comunidad política.
76
Ibid. 368-369.
Ibid. 370-372.
78
Ibid. 373-374.
79
Ibid. 375-376.
77
También en este capítulo se repite el mismo esquema: aspectos bíblicos, aspectos
éticos y problemas emergentes o ―cosas nuevas‖.
1. Aspectos bíblicos.
Jesús y la autoridad política.
Después de algunas citas sobre el señorío de Dios, el Compendio se refiere a Jesús
y la autoridad política y a las primeras comunidades cristianas. Ante todo, Jesús
rechaza el poder opresivo y despótico de los jefes de las Naciones y su pretensión
de hacerse llamar benefactores, mas no contesta la autoridad de su tiempo. Hay que
dar a Dios lo que es de Dios y al César lo que es el César. Jesús no considera
injusto el tributo al César. Por otra parte, Jesús, el Mesías prometido, ha combatido y
derrotado la tentación de un mesianismo político, caracterizado por el dominio sobre
las Naciones. El ―ha venido a servir y a dar la propia vida‖. El entero mensaje bíblico
inspira el pensamiento cristiano sobre el poder político, recordando que brota de
Dios y es parte integrante del orden creado por el Él mismo. Tal orden es percibido
por las conciencias bien formadas y se realiza en la vida social mediante la verdad,
la justicia, la libertad y la solidaridad que procuran la paz.80
2. Elementos éticos.
Primero. El fundamento y el fin de la comunidad política en la relación comunidad
política, persona humana y pueblo. De nuevo, la dignidad de la persona humana se
pone como fundamento y fin de la convivencia política. La comunidad política brota
de la naturaleza de las personas, cuya conciencia ―revela y ordena a seguir
esculpido por Dios en todas sus criaturas: un orden ético-religioso, que debe ser
gradualmente descubierto y desarrollado por la humanidad. La comunidad política
encuentra su auténtica dimensión en la referencia al pueblo. ―Ella debe ser la unidad
orgánica y organizadora de un verdadero pueblo‖. Lo que caracteriza, en primer
lugar, a un pueblo es la participación de vida y de valores, que es fuente de
comunión espiritual y moral. La convivencia humana es, ante todo, un hecho
espiritual y moral, en cuanta comunicación de conocimientos de la verdad, ejercicios
de derechos y deberes y gozo común de lo bello en todas sus expresiones.81 De ahí
el deber de tutelar y promover los derechos humanos. Considerar la persona
humana como fundamento y fin de la comunidad política significa disponerse para el
reconocimiento y el respeto de su dignidad mediante la tutela y la promoción de los
derechos fundamentales e inalienables del hombre. En esto radica el bien común,
que persigue la comunidad política actuando a favor de la creación de un ambiente
humano en el que a los ciudadanos se les ofrezca la posibilidad de un ejercicio real
de los derechos humanos, y de un pleno cumplimiento de los deberes correlativos.82
Segundo. El significado profundo de la convivencia civil y política no emerge
inmediatamente del elenco de los derechos y deberes de la persona. Tal convivencia
adquiere todo su significado si se basa en la amistad civil y en la fraternidad. La
amistad civil es la actuación más auténtica del principio de fraternidad, inseparable
de la libertad y de la igualdad. Es un principio que no existe en las sociedades
políticas modernas y contemporáneas, a causa del influjo de las ideologías
80
Ibid. 377-383.
Ibid. 384-387.
82
Ibid. 388-389.
81
individualistas o colectivistas. Una comunidad está sólidamente fundada cuando
tiende a la promoción integral de la persona y del bien común.83
Tercero. El fundamento de la autoridad política. La Iglesia se ha confrontado con
diversas concepciones de la autoridad, teniendo siempre el cuidado de defender y
proponer un modelo fundado en la naturaleza social de las personas. La autoridad
política es pues necesaria, por razón de los deberes que se le atribuyen y del
componente positivo e insustituible de la convivencia civil. Esta autoridad política
debe garantizar la vida ordenada y recta de la comunidad, sin sustituirse por la libre
actividad de los individuos y de los grupos, sino disciplinándola y orientándola, en el
respeto y en la tutela de la independencia de los sujetos individuales y sociales,
hacia la realización del bien común. El sujeto de la autoridad política es el pueblo,
considerado en la totalidad como sujeto de la soberanía. Sin que sea el único
posible, el sistema de la democracia, gracias a sus procedimientos de control,
permite y garantiza la mejor actuación de la soberanía.84
Cuarto. La autoridad como fuerza moral. La autoridad debe dejarse guiar por la ley
moral: toda su dignidad deriva del desenvolverse en el ámbito del orden moral, el
cual ―se funda en Dios que es el primer principio y el último fin‖. Por ello, la autoridad
no puede entenderse como una fuerza determinada por criterios de carácter
puramente sociológico e histórico. La autoridad debe reconocer, respetar y
promover los valores humanos y morales o éticos esenciales. Estos no encuentran
fundamento en provisorias y cambiantes ―mayorías‖ de opinión, sino que deben ser
simplemente reconocidos, respetados y promovidos como elementos de una ley
moral objetiva, ley natural escrita en el corazón del hombre, y punto de referencia
normativa de la misma ley civil. La autoridad debe producir leyes justas, es decir,
conformes a la dignidad de la persona humana y a los dictámenes de la recta
razón.85
3. Problemas o “cosas nuevas”.
Primero. El derecho a la objeción de conciencia. El ciudadano no está obligado en
conciencia a seguir las prescripciones de las autoridades civiles si son contrarias a
las exigencias del orden moral, a los derechos fundamentales de las personas o a
las enseñanzas del Evangelio. Las leyes injustas ponen a los hombres moralmente
rectos frente a dramáticos problemas de conciencia: cuando son llamados a
colaborar en acciones moralmente malas, tienen la obligación de negarse. Es un
grave deber de conciencia no prestar colaboración, tampoco formal, a aquellas
prácticas que, aunque admitidas por la legislación civil, son contrarias a la Ley de
Dios.86
Segundo. El derecho de resistir. Reconocer que el derecho natural funda y limita el
derecho positivo significa admitir que es legítimo resistir a la autoridad cuando ésta
viole grave y repetidamente los principios del derecho natural. La resistencia a la
autoridad tiende a rechazar la validez de una visión diferente de las cosas. La
doctrina social indica los criterios para el ejercicio del derecho de resistir: La
resistencia a la opresión del poder público no recurre legítimamente a las armas,
83
Ibid. 390-392.
Ibid. 393-395.
85
Ibid. 396-398.
86
Ibid. 399
84
salvo cuando se dan todas juntas las siguientes condiciones: 1. en caso de
violaciones ciertas, graves y prolongadas de los derechos fundamentales; 2.
después de que se hayan intentado todas las otras vías; 3. sin que se provoquen
desórdenes peores; 4. cuando se dé una fundada esperanza de buen resultado; 5. si
es imposible entrever racionalmente soluciones mejores. La lucha armada es un
remedio extremo para poner fin a un a tiranía evidente y prolongada que atentase
gravemente contra los derechos fundamentales de la persona y dañase gravemente
el bien común de un país. La gravedad de los peligros que conlleva el recurso a la
violencia hace retener y preferible el camino de la resistencia pasiva, más conforme
con los principios morales y no menos prometedora de éxito.87
Tercero. Infligir las penas. Para tutelar el bien común, la legítima autoridad pública
tiene el derecho y el deber de conminar penas proporcionadas a la gravedad de los
delitos. El Estado tiene el doble deber de reprimir los comportamientos lesivos de los
derechos del hombre y de las reglas fundamentales de la convivencia civil, y también
de remediar, a través del sistema de penas, al desorden causado por la acción
delictuosa. La pena no sirve sólo para defender el orden público y garantizar la
seguridad de las personas, sino que, además, es un instrumento para la corrección
del culpable, que asume el valor moral de expiación cuando el culpable acepta
voluntariamente la pena. La finalidad es pues doble: de un lado, favorecer la
reinserción de las personas condenadas; y de otro lado, promover una justicia
reconciliadora, capaz de restaurar las relaciones de convivencia armónica rota por el
acto criminal.88 Se debe tender a la rigurosa búsqueda de la verdad y al pleno
respeto de la dignidad y de los derechos del culpable como del inocente. No se
puede aceptar la práctica de la tortura, aún en los casos más graves. La Iglesia ve
como un signo de esperanza la siempre más difundida aversión de la opinión
pública a la pena de muerte.89
Cuarto. El sistema de la democracia. Un juicio explícito y articulado sobre la
democracia lo hace la Centesimus annus, en el que expresa que la Iglesia aprecia el
sistema de la democracia, en cuanto que asegura la participación de los ciudadanos
en las opciones políticas y garantiza a los gobernados de elegir y controlar a los
propios gobernantes, y sustituirlos de manera pacífica…. Una auténtica democracia
sólo es posible en un Estado de derecho y sobre la base de una recta concepción de
la dignidad de la persona humana.90 Una auténtica democracia es el fruto de una
aceptación convencida de los valores que inspiran los procedimientos democráticos:
la dignidad de cada persona humana, el respeto de los derechos del hombre, la
aceptación del bien común como fin y criterio regulador de la vida pública, la justicia
social o equitativa distribución de bienes y servicios, respeto de la diferencia y la
diversidad. La doctrina social señala uno de los riesgos o peligros mayores para las
actuales democracias en el relativismo ético, que induce a sostener inexistente un
criterio objetivo y universal para establecer el fundamento y la correcta jerarquía de
los valores. Hoy se tiende a afirmar que el agnosticismo y el relativismo escéptico
son la filosofía y la actitud fundamental que responde a las formas políticas
democráticas, y que cuantos están convencidos de conocer la verdad y adhieren con
firmeza a ella no son confiables desde el punto de vista democrático, porque no
aceptan que la verdad sea determinada por la mayoría o sea variable según los
87
Ibid. 400-401.
Ibid. 402-403.
89
Ibid. 404-405.
90
Ibid. 406
88
diversos equilibrios políticos… Una democracia sin valores se convierte fácilmente
en un totalitarismo abierto, como lo demuestra la historia…91
Entre las deformaciones del espíritu democrático, la corrupción política es una de las
más graves, porque traiciona al mismo tiempo los principios de la moral o ética y las
normas de la justicia social.; compromete el correcto funcionamiento del Estado,
influyendo negativamente en las relaciones entre gobernante y gobernados;
introduce una creciente desconfianza respecto de las instituciones públicas,
causando un progresivo alejamiento de los ciudadanos de la política y de sus
representantes, con la consecuencia del debilitamiento de las instituciones… La
administración pública, en cualquiera de los niveles –nacional, regional, comunal-,
como instrumento del Estado, tiene la finalidad de servir a los ciudadanos.92
Quinto. La información está entre los principales instrumentos de participación
democrática. No es pensable alguna participación sin el conocimiento de los
problemas de la comunidad política, de los datos y de las propuestas de solución. En
este delicado ámbito de la vida social se requiere un pluralismo real, garantizando la
diversidad de formas e instrumentos en el campo de la información y de la
comunicación y agilizando las condiciones de igualdad en la posesión y el uso de
tales instrumentos mediante leyes apropiadas. Existe el peligro de las
concentraciones editoriales y televisivas, con peligrosos efectos para el sistema
democrático cuando hay vínculos estrechos entre la actividad de gobierno, los
poderes financieros y la información. ―La información a través de los mass-media
está al servicio del bien común. La sociedad tiene el derecho a una información
fundada en la verdad, la libertad, la justicia y la solidaridad‖. En el mundo de los
medios de comunicación social las dificultades intrínsecas de la comunicación con
frecuencia están penetradas de ideología, del deseo del provecho y el control
político, de rivalidad y conflicto entre grupos, y de otros males sociales. Los valores y
los principios morales valen también para el sector de los medios de comunicación
social… En todo está el principio moral o ético fundamental: la persona y la
comunidad humana son el fin y la medida del uso de los medios de comunicación
social. Un segundo principio, complementario del primero, es el bien de las personas
el cual no se puede realizar independientemente del bien común de las
comunidades a las cuales pertenecen las personas.93
Sexto. El valor y el primado de la sociedad civil. La comunidad política está
constituida para estar al servicio de la sociedad civil, de la cual deriva. El primado lo
tiene la sociedad civil. La comunidad política y la sociedad civil, aunque
recíprocamente vinculadas e interdependientes no son iguales en la jerarquía de los
fines. La comunidad política está esencialmente al servicio de la sociedad civil y, en
último término, de las personas y de los grupos que la componen. Por lo tanto, la
sociedad civil no puede ser considerada un apéndice o una variable de la comunidad
política; al contrario, ella tiene la preeminencia porque en la misma sociedad civil
encuentra justificación la existencia de la comunidad política. Por ello, el Estado
debe favorecer un marco jurídico adecuado al libre ejercicio de las actividades de los
sujetos sociales y estar listo a intervenir, cuando sea necesario y respetando el
91
Ibid. 407
Ibid. 410-112
93
Ibid. 414-416.
92
principio de subsidiariedad. La comunidad política debe regular sus relaciones con la
sociedad civil según este principio.94
Séptimo. La libertad religiosa, un derecho humano fundamental. El Concilio
Vaticano II, en la Declaración Dignitatis humanae, sobre la libertad religiosa, ha
comprometido a la Iglesia en la promoción de la libertad religiosa como derecho de
la persona y la comunidad de la libertad social y civil en el campo religioso, exigida
por la dignidad de la persona humana y la búsqueda de Dios. La libertad de
conciencia y religión pertenece al hombre individual y socialmente. Por ello, el
derecho a la libertad religiosa debe ser reconocido en el ordenamiento jurídico y
sancionado como derecho civil. Una comunidad religiosa puede recibir un especial
reconocimiento por el Estado, sin que genere alguna discriminación de orden civil o
social para otros grupos religiosos.95
Autonomía, independencia y colaboración. La autonomía recíproca de la Iglesia y
de la comunidad política no implica una separación que excluya la colaboración.
Ambas están al servicio de la vocación personal y social de los mismos hombres. La
Iglesia tiene el derecho del reconocimiento jurídico de la propia identidad, porque su
misión abarca toda la realidad humana y es solidaria con la humanidad. Por eso,
reclama libertad de expresión, de enseñanza, de evangelización, de culto público, de
organizarse, de opción, de educación, de nombramiento de sus ministros, de
construir sus edificios religiosos y poseer bienes para sus actividades y libertad de
asociación para diversos fines.96
3.2.5. La Comunidad Internacional.
1. Aspectos bíblicos.
Ante todo, la unidad de la familia humana. Los relatos bíblicos sobre los orígenes
muestran la unidad del género humano y enseñan que el Dios de Israel es el Señor
de la historia y del cosmos. La decisión de Dios de crear al hombre a su imagen y
semejanza le confiere una unidad única que se extiende a todas las generaciones.
El libro del Génesis señala que el hombre fue creado solidario con su compañera la
mujer. Esta unidad de la familia humana se descubre también en la alianza de Dios
con Noé y con Abrahán. Y en el Nuevo Testamento, Cristo Jesús es el prototipo y
fundamento de la nueva humanidad. Y gracias al Espíritu Santo la Iglesia conoce el
designio de Dios que abraza al entero género humano. Ahora bien, se entiende
entonces por qué la vocación universal del cristianismo, cuyo mensaje ofrece una
visión universal de los hombres y de los pueblos sobre la tierra, que hace
comprender la unidad de la familia humana.97
2. Elementos éticos.
94
Ibid. 417-420.
Ibid. 421-423.
96
Ibid. 424-427.
97
Ibid. 428-432.
95
Entre las reglas o normas fundamentales de la Comunidad internacional, el
Compendio señala las siguientes:
1. Los valores de la Comunidad internacional. La centralidad de la persona humana
y la actitud natural de las personas y los pueblos a estrechar relaciones entre ellos
son los elementos fundamentales para construir una verdadera Comunidad
internacional, cuya organización debe tender al efectivo bien común universal. Tal
finalidad se ve obstaculizada por ideologías materialistas y nacionalistas que niegan
los valores propios de la persona humana considerada integralmente, en todas sus
dimensiones, material y espiritual, individual y comunitaria. De ahí la razón para
rechazar, por inaceptable moralmente, toda teoría o comportamiento racista o de
discriminación racial. La convivencia entre las Naciones está fundada sobre los
mismos valores que deben orientar la misma entre los seres humanos: la verdad, la
justicia, la solidaridad y la libertad.98
2. El derecho se pone como instrumento de garantía del orden internacional y de la
convivencia entre las comunidades políticas que persiguen el bien común,
manteniendo la soberanía y la independencia, concebidas como expresión de la
libertad que debe regular las relaciones entre los Estados. La soberanía representa
la subjetividad de una Nación en lo político, económico, social y cultural. Sin
embargo, la soberanía no es un absoluto. Las Naciones pueden renunciar
libremente al ejercicio de algunos de sus derechos con miras a un objetivo común.99
Relaciones fundadas en la armonía entre el orden jurídico y el orden moral. Para
realizar y consolidar un orden internacional que garantice eficazmente la convivencia
pacífica entre los pueblos, la misma ley moral que rige la vida de los hombres debe
regular también las relaciones entre los Estados. Además, el respeto universal de los
principios que inspiran un ordenamiento jurídico en armonía con el orden moral, es
una condición necesaria para la estabilidad de la vida internacional. La reflexión
jurídica y teológica, a partir del derecho natural, ha formulado principios universales
anteriores y superiores al derecho interno de los Estados, como la unidad del género
humano, la igualdad en dignidad de todo pueblo, el rechazo de la guerra para
superar los conflictos, la obligación de cooperar al bien común, la exigencia de
mantener los pactos suscritos, para preferir la fuerza del derecho sobre el derecho a
la fuerza. Para consolidar el primado del derecho, se impone, ante todo, el principio
de la confianza recíproca.100
3. El valor de la organización de la Comunidad internacional. La Iglesia ha
acompañado el camino hacia una auténtica comunidad internacional, bajo la
dirección de la institución de la Organización de las Naciones Unidas en 1945. La
doctrina social recomienda que los Organismos internacionales respondan a las
necesidades humanas en la vida social, y para la pacífica y ordenada convivencia de
las Naciones y los pueblos. De ahí la necesidad de instituir una autoridad pública
universal, reconocida por todos, que goce de un poder efectivo para garantizar a
todos sea la seguridad sea la observancia de la justicia sea el respeto de los
derechos, sin que se considere ―un super-estado-global‖. Tal autoridad política debe
ser regulada por el derecho, ordenada al bien común y respetuosa del principio de
subsidiariedad. Es también una política internacional orientada a los objetivos de la
98
Ibid. 433.
Ibid. 434-435.
100
Ibid. 436-439.
99
paz y del desarrollo, cada vez más necesaria por la globalización de los problemas.
En este ámbito, se auspicia una revisión de los Organismos Internacionales, lejos de
rivalidades políticas y de voluntad de instrumentalizar, con el fin de conseguir ―un
grado superior de ordenamiento internacional‖ y garantizar la igualdad que es el
fundamento del derecho de todos a la participación en el proceso del pleno
desarrollo y en el respeto de las legítimas diferencias. La Iglesia valora
positivamente el papel de las agrupaciones que se forman en la sociedad civil para
ejercer una función importante de sensibilización de la opinión pública en los
diversos aspectos de la vida internacional, en especial el respeto de los derechos del
hombre, con la colaboración de tantas personas vinculadas en las Organizaciones
no Gubernamentales y en los Movimientos por los estos derechos, con gestos
concretos de solidaridad y de paz.101
4. La cooperación internacional para garantizar el derecho del desarrollo. Éste no es
sólo una aspiración, sino un derecho que implica una obligación de las comunidades
políticas. Es el derecho fundado en los principios de la unidad de origen y común
destino, igualdad entre las personas y entre las comunidades, el destino universal de
los bienes, la integralidad de la noción de desarrollo, la centralidad de la persona
humana y la solidaridad. Por esto, la doctrina social estimula formas de cooperación
capaces de incentivar el acceso al mercado internacional de los Países pobres y
subdesarrollados, por razones de solidaridad, de justicia social y de caridad
universal. La lucha contra la pobreza generalizada es la cuestión que más que
cualquiera otra interpela nuestra conciencia humana y cristiana. Tal pobreza vuelve
imposible la realización del humanismo planetario que pide la Iglesia en su opción
preferencial por los pobres. Este derecho del desarrollo se debe tener presente en
las cuestiones ligadas a la crisis de la deuda externa de muchos Países pobres.102
3.2.6. Salvaguardar el medio ambiente.
1. Aspectos bíblicos.
La experiencia viva de la presencia de Dios en la historia es el fundamento de la fe
de su pueblo que vive en el tiempo y en el espacio de este mundo, lugar y proyecto
confiado a la guía responsable y activa del hombre. Por ello, la relación del hombre
con el mundo es un elemento constitutivo de la identidad humana. Es una relación
que nace como fruto de otra relación más profunda del hombre con Dios. Aún más,
la salvación definitiva que Dios ofrece a toda la humanidad mediante el don de su
Hijo no se hace fuera de este mundo. Cristo Jesús en su ministerio público valora los
elementos naturales y la entera creación se renueva por la Pascua del Señor.103
2. Aspectos éticos.
1. En la relación entre el hombre y el universo de las cosas, la visión bíblica inspira
los comportamientos de los cristianos respecto al uso de la tierra, al desarrollo de la
ciencia y de la técnica. Los resultados de éstas son, en sí mismos, positivos. Las
101
440-443.
446-450.
103
Ibid. 451-455.
102
consideraciones del Magisterio sobre la ciencia y la tecnología en general valen
también para sus aplicaciones al ambiente natural y a la agricultura. Sin embargo, el
punto de referencia central en cada aplicación científica y técnica es el respeto del
hombre, que debe prestarse a una actitud de respeto frente a las otras criaturas
vivas. En este sentido, las formidables posibilidades de la investigación biológica
suscitan profundas inquietudes, en cuanto no se está en grado de medir los daños
inducidos a la naturaleza por una indiscriminada manipulación genética y por el
desarrollo desconsiderado de nuevas especies de plantas y formas de vida animal,
para no hablar de inaceptables intervenciones sobre los orígenes de la misma vida
humana.104
2. La crisis en la relación entre hombre y ambiente, encuentra en el mensaje bíblico
y el Magisterio de la Iglesia los puntos de referencia esenciales para valorar los
problemas que surgen de esta crisis. La tendencia a la explotación desconsiderada
de los recursos de la creación es el resultado de un largo proceso histórico y cultural.
La época moderna ha demostrado una creciente capacidad de intervención
transformadora por parte del hombre. A causa de los poderosos medios de
transformación propios de la civilización tecnológica parece que el equilibrio hombreambiente haya alcanzado un punto crítico. La naturaleza aparece como un
instrumento en las manos del hombre que la manipulan, especialmente mediante la
tecnología. De tal presupuesto resulta una concepción reductiva que lee el mundo
natural en clave mecanicista y el desarrollo en clave consumista. De ahí que el
primado del hacer y el tener sobre el ser causan graves formas de alienación
humana. Semejante actitud no deriva de la investigación científica y tecnológica,
sino de una ideología cientifista y tecnócrata que tiende a condicionarla.
Una correcta concepción del ambiente no puede reducir utilitariamente la naturaleza
a mero objeto de manipulación y explotación, y tampoco absolutizarla y
sobreponerla en dignidad a la misma persona humana, como se percibe en algunos
movimientos ecologistas. Una concepción del ambiente inspirada en el ecocentrismo
y el biocentrismo tienden a eliminar la diferencia ontológica y axiológica entre el
hombre y los otros seres vivientes, considerando la biosfera como una unidad biótica
de valor indiferenciado, eliminando así la responsabilidad superior del hombre a
favor de una consideración de igualitarismo de la dignidad de todos los seres
vivientes. Por lo tanto, una visión del hombre y de las cosas desligada de toda
referencia a la trascendencia ha llevado a rechazar el concepto de creación y atribuir
al hombre y a la naturaleza una existencia completamente autónoma.105
3. Una responsabilidad común. La tutela del ambiente constituye un desafío para la
humanidad entera: se trata del deber, común y universal, de respetar el bien
colectivo del ambiente, destinado a todos, impidiendo que se pueda hacer
impunemente uso de las diversas categorías de seres vivientes o inanimados. Una
extraordinaria riqueza para toda la humanidad es el respeto del valor ambiental de la
biodiversidad. La responsabilidad hacia el ambiente se extiende no sólo a las
exigencias del presente, sino también a aquellas del futuro. Se trata de una
responsabilidad que las generaciones presentes tienen frente a aquellas futuras, una
responsabilidad que pertenece también a los Estados y a la Comunidad
internacional. Tal responsabilidad hacia el ambiente debe encontrar una traducción
adecuada en el plano jurídico, que asegure el derecho de un ambiente sano y
104
105
Ibid. 456-460.
Ibid. 461-465.
seguro. Por ello, la programación del desarrollo económico y tecnológico debe
considerar atentamente ―la necesidad de respetar la integridad y los ritmos de la
naturaleza‖, porque los recursos son limitados y algunos no son renovables. 106
3. Problemas y “cosas nuevas”.
La responsabilidad en el uso de las biotecnologías. En los últimos años se ha
impuesto con fuerza la cuestión del uso de las nuevas tecnologías para fines ligados
a la agricultura, la zootecnia, la medicina y la protección del medio ambiente. Las
nuevas posibilidades ofrecidas por las actuales técnicas biológicas y biogenéticas
suscitan, de un lado, esperanzas y entusiasmos, de otro lado, alarmas y hostilidad.
La visión cristiana de la creación comporta un juicio positivo sobre la licitud de las
intervenciones del hombre sobre la naturaleza, incluidos los otros seres vivientes, y,
al mismo tiempo, una fuerte llamada al sentido de la responsabilidad, considerando
que la licitud del uso de las técnicas biológicas y biogenéticas no agota toda la
problemática ética. Las modernas tecnologías tienen un fuerte impacto social,
económico y político, en el plano local, nacional e internacional: son evaluadas
según los criterios éticos que deben orientar siempre la actividad y las relaciones
humanas en el ámbito socio-económico y político. Es necesario tener presentes
sobre todo los criterios de justicia y solidaridad. Con un espíritu de solidaridad
internacional, pueden ser usadas diversas medidas con relación al uso de las
nuevas biotecnologías, mediante el intercambio comercial igual, libre de vínculos
injustos, la exigencia de la madurez de una necesaria autonomía científica y
tecnológica de los pueblos, promoviendo los intercambios de conocimientos
científicos y tecnológicos y la transferencia de tecnologías hacia los Países en vías
de desarrollo, los cuales también tienen su responsabilidad, en particular, sus
autoridades políticas, de promover una política comercial favorable a sus pueblos y
al intercambio de tecnologías aptas para mejorar las condiciones alimenticias y
sanitarias.
La responsabilidad la tienen también los científicos y técnicos empeñados en el
sector de las biotecnologías, llamados a trabajar con inteligencia y perseverancia en
la búsqueda de las mejores soluciones para los graves y urgentes problemas de la
alimentación y de la salud. Los empresarios y los responsables de los entes públicos
que se ocupan de la investigación, de la producción y del comercio de los productos
derivados de las nuevas tecnologías deben tener cuenta no sólo del legítimo
beneficio, sino también del bien común. Los políticos, los legisladores y los
administradores públicos tienen la responsabilidad de valorar la potencialidad, las
ventajas y los eventuales riesgos conectados al uso de las biotecnologías. También
los responsables de la información tienen su tarea que hacer en la información
completa y objetiva que ayude a los ciudadanos a formarse opinión correcta sobre
los productos tecnológicos.107
Ambiente y participación de los bienes. En el campo de la ecología, la doctrina
social invita a tener presente que los bienes son creados por Dios para ser usados
sabiamente por todos, según la justicia y la caridad. Los actuales problemas
106
107
Ibid. 466-471.
Ibid. 472-480.
ecológicos, de carácter planetario, pueden ser afrontados eficazmente gracias a una
cooperación internacional capaz de garantizar una mayor coordinación del uso de
los recursos de la tierra. El principio del destino universal de los bienes ofrece una
orientación fundamental, moral y cultural, para soltar el complejo y dramático nudo
que une crisis ambiental y pobreza. También este mismo principio se aplica
naturalmente al agua, que no puede ser tratada como mera mercancía entre las
otras y su uso debe ser racional y solidario. Por lo tanto, los graves problemas
ecológicos piden un cambio efectivo de mentalidad que lleve a adoptar nuevos
estilos de vida, en los cuales la búsqueda de lo verdadero, lo bello y lo bueno y la
comunión con los otros hombres para un crecimiento común sean los elementos que
determinen las opciones de los consumos, los ahorros y las inversiones. Tales
estilos deben ser inspirados en los valores de la sobriedad, de la temperancia, de la
autodisciplina, en el plano personal y social.108
3.2.7. La promoción de la paz.
1. Aspectos bíblicos.
La paz: atributo esencial de Dios y don suyo al hombre, y proyecto humano
conforme al designio divino. En la Revelación bíblica, la paz es mucho más que la
mera ausencia de guerra: ella representa el conjunto de bienes que procura la
plenitud de la vida, lejos de ser una simple construcción humana. Ahora bien, la
promesa de la paz, que atraviesa todo el Antiguo Testamento, encuentra su
realización en la persona de Cristo Jesús. En efecto, la paz es el bien mesiánico por
excelencia, en el cual se comprenden todos los otros bienes salvíficos. La paz de
Cristo es reconciliación con el Padre, que se lleva a cabo mediante la misión
apostólica confiada por Jesús a sus discípulos, que se inicia con el anuncio de la
―paz a esta casa‖. Y es reconciliación con los hermanos. Con esta doble
reconciliación el cristiano puede llegar a ser artífice de paz y partícipe del Reino de
Dios. Por lo tanto, la acción por la paz no se puede separar del anuncio del
Evangelio que es obviamente ―la buena noticia de la paz‖ dirigida a todos los
hombres.109
2. Aspectos éticos.
1. La paz: fruto de la justicia y de la caridad. La paz es un valor y un deber universal
y encuentra su fundamento en el orden racional y moral de la sociedad que tiene sus
raíces en Dios mismo. Se funda en una correcta concepción de la dignidad de la
persona humana y reclama la edificación de un orden social según la justicia, la
solidaridad y la caridad. Es fruto de la justicia, entendida ampliamente como el
respeto del equilibrio de todas las dimensiones de la persona humana, y remueve
todos los impedimentos de la paz: la ofensa y el daño. Y es fruto del amor porque es
acto propio y específico de caridad. La paz se construye día tras día en la búsqueda
del orden querido por Dios y sólo florece cuando todos reconocen solidariamente las
propias responsabilidades en la promoción de ella. Por lo tanto, la violencia jamás
constituye una respuesta justa.110
108
Ibid. 481-487.
Ibid. 488-493.
110
Ibid. 494-496.
109
2. El fracaso de la paz: la guerra. La Iglesia condena ―la enormidad de la guerra‖ y
pide que se la considere con una visión completamente nueva. No se puede
considerar la guerra, que es un flagelo, como un instrumento de justicia, y jamás
representa un medio idóneo para resolver los problemas que surgen entre las
Naciones. La búsqueda de soluciones alternativas a la guerra para resolver los
conflictos internacionales tiene hoy un carácter de urgencia dramática, ante la
terrible potencia de los medios de destrucción. Sin embargo, es esencial la
búsqueda de las causas que originan un conflicto bélico, ante todo las vinculadas a
situaciones estructurales de injusticia, de miseria, de explotación, de corrupción
sobre las que hay que intervenir para removerlas. Por esto, el otro nombre de la paz
es el desarrollo cuya responsabilidad es colectiva. Ante la impotencia de los Estados
para promoverla eficazmente, por falta de instrumentos adecuados, surge la
necesidad y la importancia de las Organizaciones internacionales y regionales.111
3. Problemas o “cosas nuevas”.
1. La legítima defensa. Una guerra de agresión es intrínsecamente inmoral. En el
caso trágico de que se desencadene, los responsables de un Estado agredido tienen
el derecho y el deber de organizar la defensa aún usando la fuerza de las armas,
respondiendo a algunas condiciones rigurosas. La hoy llamada ―guerra preventiva‖,
lanzada sin pruebas evidentes de que sea evidente una agresión, no deja de
levantar graves interrogantes bajo el perfil moral y jurídico. Por lo tanto, se requiere
la decisión de competentes organismos con razones rigurosas y fundadas
motivaciones. Las exigencias de la legítima defensa justifican la existencia de las
fuerzas armadas, cuya acción debe ser puesta al servicio de la paz, y oponerse con
obligación moral a las órdenes que incitan a cumplir crímenes contra el derecho de
las gentes y sus principios universales. Tales actos no se pueden justificar con el
motivo de la obediencia a órdenes superiores. El derecho al uso de la fuerza por
fines de legítima defensa está asociado al deber de proteger y ayudar las víctimas
inocentes que no pueden defenderse de la agresión. En los conflictos de la era
moderna, dentro de un Estado, se deben respetar plenamente las disposiciones del
derecho internacional humanitario. Y por principio humanitario se debe mantener
aparte la población civil de los efectos de la guerra. La Comunidad internacional
tiene la obligación moral de defender los grupos nacionales, étnicos, religiosos o
lingüísticos, cuya supervivencia está amenazada y se les han violado masivamente
sus derechos fundamentales.112
2. El desarme. La doctrina social propone la meta de un ―desarme general,
equilibrado y controlado‖. El enorme aumento de las armas representa una amenaza
grave para la estabilidad y la paz. Las armas de destrucción masiva –biológicas,
químicas, nucleares – representan una amenaza particularmente grave. El desarme
debe extenderse a la prohibición de armas que infligen efectos traumáticos
excesivos o que golpean indiscriminadamente, por ejemplo las minas
antipersonales. Además, son necesarias las medidas para controlar la producción, la
venta, la importación y la exportación de armas ligeras e individuales, que facilitan
muchas manifestaciones de violencia.113
111
Ibid. 497-499.
Ibid. 500-507.
113
Ibid. 508-512.
112
3. La condena del terrorismo. Es una de las formas más brutales de la violencia que
hoy sacude la Comunidad internacional: siembra odio, muerte, deseo de venganza y
de represalia. De estrategia subversiva típica sólo de algunas organizaciones
extremistas, encaminada a la destrucción de las cosas y al asesinato de las
personas, el terrorismo se ha transformado en una red oscura de complicidad
política, que utiliza también medios técnicos sofisticados, con inmensos recursos
financieros y elaboración de estrategias de amplia escala, golpeando personas
inocentes, víctimas casuales de las acciones terroristas. Por ello, el terrorismo hay
que condenarlo de la manera más absoluta: porque manifiesta un desprecio total de
la vida humana y ninguna motivación puede justificarlo. Existe, pues, un derecho a
defenderse del terrorismo. Pero la colaboración internacional contra la actividad
terrorista ―no puede agotarse sólo en operaciones represivas y punitivas‖. Es
necesario que el recurso a la fuerza vaya acompañado del análisis de las
motivaciones subyacentes a los ataques terroristas. Es necesario también un
compromiso en el plano ―político y pedagógico‖ para resolver los problemas que, en
alguna situación dramática, pueden alimentar el terrorismo.114
4. La contribución de la Iglesia a la paz.
La promoción de la paz en el mundo es parte integrante de la misión de la Iglesia,
pues como ―sacramento‖ es signo e instrumento de la paz en el mundo y para el
mundo. La Iglesia enseña que una verdadera paz sólo es posible por el perdón y la
reconciliación. Sin embargo, el perdón recíproco no debe anular las exigencias de la
justicia ni menos cerrar el camino que lleva a la verdad: justicia y verdad representan
los requisitos concretos de la reconciliación. Pablo VI, en 1968, estableció la Jornada
Mundial de la Paz, para orar por ésta y por el compromiso de construir un mundo de
paz. Los grandes Mensajes pontificios anuales constituyen una fuente muy rica para
la renovación y el desarrollo de la doctrina social en el tema y el compromiso por la
paz.
3.3. Tercera parte: Doctrina social y acción eclesial.
3.3.1. La acción pastoral en el ámbito social.
El Compendio se refiere, en esta parte, a cinco puntos: la doctrina social e
inculturación de la fe; doctrina social y pastoral social; doctrina social y formación;
doctrina social y promoción del diálogo; los sujetos de la pastoral social.
1. Doctrina social e inculturación de la fe. La Iglesia ofrece esta enseñanza para la
construcción de la comunidad de los hombres, mostrando el significado social del
Evangelio y la fuerza renovadora del cristianismo frente a la cultura y la realidad
social. Ofrece también en ella una visión integral y una plena comprensión del
hombre, en su dimensión personal y social y en su actividad en los diferentes
campos: laboral, la economía, la política, la cultura, etc. La antropología cristiana de
la doctrina social anima y sostiene la obra pastoral de inculturación de la fe,
tendiente a renovar desde dentro, con la fuerza del Evangelio, los criterios de juicio,
los valores determinantes, las líneas de pensamiento y los modelos de vida del
hombre contemporáneo.115
114
115
Ibid. 513-515.
Ibid. 521-523.
2. Doctrina social y pastoral social. La referencia esencial a la doctrina social da
razón de la naturaleza, la impostación, la articulación y los desarrollos de la pastoral
social. Ella es la expresión del ministerio de evangelización social, tendiente a
iluminar, estimular y asistir la promoción integral del hombre mediante la praxis de la
liberación cristiana, en su doble prospectiva terrena y trascendente. De hecho, el
mensaje social del Evangelio debe orientar la Iglesia a desarrollar una doble tarea
pastoral: primero, ayudar a los hombres a descubrir la verdad y a escoger la vía o el
camino a seguir; y segundo, animar el compromiso de los cristianos a testimoniar,
con actitud de servicio, el Evangelio en el campo de la realidad social. Por lo tanto, la
doctrina social dicta los criterios fundamentales de la acción pastoral en este campo:
anunciar el Evangelio; confrontar el mensaje evangélico con la realidad social;
proyectar acciones orientadas a renovar tales realidades, conformándolas a las
exigencias de la moral cristiana. De ahí que la acción pastoral de la Iglesia en el
ámbito social deba testimoniar ante todo la verdad sobre el hombre. Y la acción
social de los cristianos debe inspirarse en el principio fundamental de la centralidad
del hombre y su dignidad de persona humana.116
3. Doctrina social y formación. La doctrina social es un punto de referencia
indispensable para una formación cristiana completa. Sin embargo, tal patrimonio
doctrinal no es enseñado y conocido adecuadamente; por esta razón no se traduce
en comportamientos concretos. Para este conocimiento es útil la actividad
catequística en la que se enseña de modo orgánico y sistemático la doctrina
cristiana. En este ámbito de la catequesis es importante que la enseñanza de la
doctrina social sea orientada a motivar la acción para la evangelización y la
humanización de las realidades temporales, y se ponga en la base de una formación
intensa y constante, sobre todo, la que se hace con los laicos para el compromiso de
éstos en la vida civil, para que sean capaces de afrontar eficazmente los deberes
cotidianos en los ámbitos culturales, sociales, económicos y políticos, y para que la
formación de la conciencia política prepare laicos cristianos al ejercicio del poder
político. Las instituciones educativas católicas pueden y deben llevar a cabo un
servicio formativo importante. Un importante ejemplo de instituciones formativas está
representado por las ―Semanas Sociales‖ de los católicos que el Magisterio ha
estimulado siempre. No menos relevante debe ser el compromiso de utilizar la
doctrina social en la formación de los presbíteros y de los candidatos al sacerdocio,
quienes están llamados a madurar un conocimiento cualificado de la enseñanza y de
la acción pastoral de la Iglesia en el campo social y un vivo interés frente a las
cuestiones sociales de la época. El documento de la Congregación para la
Educación Católica, ―Orientaciones para el estudio y la enseñanza de la doctrina
social de la Iglesia en la formación de los sacerdotes‖, ofrece puntuales indicaciones
y disposiciones para una correcta y adecuada impostación de los estudios.117
4. Doctrina social y promoción del diálogo. La doctrina social es un eficaz
instrumento de diálogo entre las comunidades cristianas y la comunidad civil y
política, y es un terreno fecundo para el cultivo del diálogo y de la colaboración en el
campo ecuménico, que se realizan en diversos ámbitos y amplia escala: en la
defensa de la dignidad de las personas humanas; en la promoción de la paz; en la
lucha concreta y eficaz contra las miserias de nuestro tiempo, como el hambre y la
indigencia, el analfabetismo, la desigual distribución de bienes y la falta de vivienda
116
117
Ibid. 524-527.
Ibid. 528-533.
digna. Se caracteriza también la doctrina social por un constante llamado al diálogo
con los hermanos hebreos y entre todos los creyentes de las religiones del
mundo.118
5. Sujetos de la pastoral social. En primer término, todo el pueblo de Dios; todos los
cristianos están llamados a ser sujetos de la doctrina social. En la Iglesia particular,
el primer responsable de la tarea pastoral de la evangelización de lo social es el
Obispo, con la colaboración de los sacerdotes, los religiosos y religiosas y los laicos.
Con especial referencia a la realidad social, el Obispo tiene la responsabilidad de
promover la enseñanza y la difusión de la doctrina social, mediante instituciones
apropiadas.119
3.3.2. Doctrina social y compromiso de los fieles laicos.
1. Además de la identidad cristiana del fiel laico, de su espiritualidad y de su
prudencia en el obrar, el Compendio le ofrece la doctrina social y la experiencia
asociativa. Ahora bien, la doctrina social debe entrar, como parte integrante, en el
camino formativo de los fieles laicos. La experiencia demuestra que el trabajo de
formación es posible al interior de las asociaciones laicales eclesiales, que
respondan a precisos criterios de eclesialidad. La doctrina social es importantísima
para las asociaciones eclesiales que tienen como objetivo de su compromiso la
acción pastoral en ámbito social, cultural, profesional.120
2. El servicio en los diversos ámbitos de la vida social. Ante todo el servicio a la
persona humana: la promoción de la dignidad de toda persona, la cual implica, en
primer término, la afirmación del inviolable derecho de la vida, desde la concepción
hasta la muerte natural, el primero entre todos y condición para todos los otros
derechos de la persona.121.
El servicio a la cultura. La cultura es un campo privilegiado de presencia y de
compromiso de la Iglesia y de cada uno de los cristianos. Un campo particular de
compromiso de los fieles laicos debe ser el cultivo de una cultura social y política
inspirada en el Evangelio. La perfección integral de la persona y el bien de toda la
sociedad son los fines esenciales ce la cultura. De ahí que la dimensión ética de la
cultura sea una prioridad en la acción social y política de los fieles laicos. El
compromiso social y político del fiel laico en el ámbito cultural asume hoy algunas
direcciones precisas: la primera busca garantizar a cada uno el derecho de todos a
una cultura humana y civil conforme a la dignidad de la persona humana sin
discriminación alguna. Son los derechos culturales. La segunda mira al contenido de
la cultura, o sea la verdad. Sin embargo, los cristianos deben dar la plena valoración
a la dimensión religiosa de la cultura, objetivo importante y urgente para la calidad
de la vida humana, en el nivel personal y social. En la promoción de una auténtica
cultura, los fieles laicos darán gran relevancia a los medios de comunicación social,
considerando, sobre todo, los contenidos de las innumerables opciones hechas por
las personas. Tales medios de masa se pueden considerar como posibles y potentes
instrumentos de solidaridad.122
118
Ibid. 534-537.
Ibid. 538-540.
120
Ibid. 541-550.
121
Ibid. 551-552.
122
Ibid. 554-562.
119
El servicio a la economía. Ante la complejidad del contexto económico
contemporáneo, el fiel laico se dejará guiar en su acción por los principios del
magisterio social, haciendo, a la vez, un discernimiento respecto a los actuales
modelos de desarrollo económico-social. En todos los agentes de la economía es
urgente repensar la economía ante la dramática pobreza de millones de personas, y
ante la necesidad de que ―las actuales estructuras económicas, sociales y culturales
se hagan cargo de las exigencias de un auténtico desarrollo‖.123
El servicio a la política. Para los fieles laicos el compromiso político es una expresión
cualificada y exigente del compromiso cristiano al servicio de los otros, mediante la
justicia social, el respeto de las autonomías terrenas, el principio de subsidiariedad,
la promoción del diálogo, de la paz y de la solidaridad. Los deberes de
responsabilidad en las instituciones sociales y políticas exigen un compromiso
severo, sólido y articulado en el debate político y las opciones operativas, con la
absoluta necesidad de la visión moral de la vida social y política. Se requiere una
preparación cuidadosa para el ejercicio del poder en representación de los
ciudadanos, según las reglas democráticas. Ante opciones legislativas y políticas
contrarias a los principios y los valores cristianos, el Magisterio enseña que ―la
conciencia cristiana bien formada no permite a ninguno favorecer con su voto la
actuación de un programa político o de una ley particular en la que los contenidos de
la fe y de la moral sean rechazados por la presentación de propuestas alternativas o
contrarias a tales contenidos‖.124
3. El problema de la “laicidad”. El compromiso político de los católicos se pone con
frecuencia en relación a la “laicidad”, o sea la distinción entre la esfera política y la
religiosa. Tal distinción es un valor adquirido y reconocido por la Iglesia y pertenece
al patrimonio de civilidad logrado. Sin embargo, la moral católica excluye la
prospectiva de una laicidad entendida como autonomía de la ley moral. La ―laicidad,
en efecto, indica en primer término la actitud de quien respeta las verdades que
brotan del conocimiento natural sobre el hombre que vive en sociedad, también si
tales verdades son enseñadas por una religión específica, porque la verdad es una.
Cuando el Magisterio de la Iglesia interviene sobre cuestiones inherentes a la vida
social y política, no vienen a menos las exigencias de una correcta interpretación de
la laicidad. El principio de laicidad comporta el respeto de toda confesión religiosa
por parte del Estado, ―que asegura el libre ejercicio de las actividades del culto,
espirituales, culturales y caritativa de la comunidad de creyentes. En una sociedad
pluralista, la laicidad es un lugar de comunicación entre las diversas tradiciones
espirituales y la nación‖. Por desgracia, permanecen también en las sociedades
democráticas, expresiones de laicismo intolerante, que obstaculizan toda forma de
relevancia política y cultural de la fe, buscando descalificar el compromiso social y
político de los cristianos, porque se reconocen en las verdades enseñadas por la
Iglesia y obedecen al deber moral de ser coherentes con la propia conciencia; se
llega también y más radicalmente a negar la misma ética natural. Se produce la
―marginación del cristianismo‖.125
4. Índices
123
Ibid. 563-564.
Ibid. 565-570.
125
Ibid. 571-574.
124
Una cuarta parte especial del Compendio está constituida por los tres tipos de
índices. El primer tipo es el de las referencias: Sagrada Escritura, Concilios
ecuménicos, Documentos pontificios, Documentos eclesiales, Congregaciones,
Pontificios Consejos, Santa Sede, Escritores eclesiásticos, Referencias del Derecho
internacional (p. 323-348). El segundo, el analítico (p.349-505). El tercero, el general
(p. 507-529). Este material constituye una excelente fuente de consulta, estudio,
investigación e información.
5. Conclusión.
Por una “civilización del amor”.
Con la ayuda de la Iglesia al hombre contemporáneo, una necesidad nueva de
sentido se advierte difusamente y se vive en la sociedad contemporánea: el hombre
desea saber cuál es el significado de su vida, de su trabajo y de su muerte. A tales
interrogantes la Iglesia responde con el Evangelio de Cristo Jesús, que rescata la
dignidad de la persona humana del vaivén de las opiniones, asegurando la libertad
del hombre como no lo puede hacer ninguna ley humana. Por otra parte, la fe en
Dios y en Cristo Jesús ilumina los principios morales que son ―el único e insustituible
fundamento de aquella estabilidad y tranquilidad, de aquel orden interno y externo,
privado y público, que sólo puede generar y salvaguardar la prosperidad de los
Estado‖. La Iglesia enseña al hombre que Dios le ofrece las posibilidades reales de
superar el mal y alcanzar el bien. La esperanza cristiana imprime un gran impulso al
compromiso social, infundiendo confianza en las posibilidades de construir un
mundo mejor, en la conciencia de que no puede existir un ―paraíso en la tierra‖.
Construir la “civilización del amor”. Finalidad inmediata de la doctrina social es
proponer los principios y los valores que pueden costruir una sociedad digna del
hombre. Entre estos principios, el de la solidaridad en alguna medida comprende
todos los otros, para la concepción cristiana de la organización social y política.
Principio que está iluminado por el primado de la caridad. El amor debe estar
presente y penetrar todas las relaciones sociales. Sin absolutizar la vida social como
ocurre en lecturas exclusivamente sociológicas, el ―amor social‖ es el antídoto para
el egoísmo y el individualismo. Para hacer la sociedad más humana, más digna de la
persona, es necesario revaluar el amor en la vida social – a nivel político,
económico, cultural – haciendo de él la norma constante y suprema del actuar. Sólo
la caridad puede cambiar completamente al hombre, sin que esto signifique
anulación de la dimensión terrena en una espiritualidad desencarnada.126
¡Feliz coincidencia! Esta finalidad de la doctrina social, la ―civilización del amor”,
coincide con la propuesta inicial, en la introducción del Compendio: hacia un
humanismo integral y solidario. Son las dos finalidades y los dos compromisos éticos
y espirituales de la doctrina social de la Iglesia.
126
Ibid. 575-583.
CALIDAD DE VIDA
Abril
Ponentes:
Monseñor Alberto Giraldo Jaramillo
Arzobispo de Medellín
Gran Canciller de la UPB
Pbro. Diego Alonso Marulanda Díaz
Rector Seminario San José, Docente UPB.
Prof. Carlos Enrique Londoño Rendón
Docente UPB. Magíster en Psicopedagogía de la Universidad de
Antioquia
AL SERVICIO DE LA VERDAD Y LA VIDA
Por: Mons. Alberto Giraldo Jaramillo
Introducción
Al inicio de este año orientamos la LECCIÓN INAUGURAL a reflexionar sobre la
UNIVERSIDAD AL SERVICIO DE LA VIDA. La intención que teníamos era dedicar
esta primera reunión de DIÁLOGOS a continuar la reflexión dedicando la sesión de
hoy a la CALIDAD DE VIDA.
Nuestra Universidad, situada en el corazón de la Iglesia, ha sentido dolor por la
muerte del Santo Padre Juan Pablo II, con profunda devoción procura recoger su
herencia espiritual y doctrinal. Igualmente mira con profunda fe, grande esperanza e
inmenso amor el inicio del Pontificado del Papa Benedicto XVI.
En este contexto nos atrevemos a dar a nuestra intervención un título más amplio:
UNIVERSIDAD AL SERVICIO DE LA VERDAD Y DE LA VIDA.
1.- EL SERVICIO A LA VERDAD.Nos parece que hay una bellísima coincidencia que une estos dos Pontífices: la
―pasión por la verdad‖, la expresión ha sido del Señor Cardenal Ratzinger en una
intervención dirigida a los seminaristas.127
Muchos de los presentes recordarán que, cuando celebramos el vigésimo quinto
aniversario del servicio apostólico del Papa, recientemente fallecido, dedicamos una
sesión de nuestros DIÁLOGOS a este venerado Pontífice. El título fue LA
DIACONÍA DE LA VERDAD. Tuvimos como punto de partida un texto de la
Encíclica Fe y Razón: ―Entre los diversos servicios que la Iglesia ha de ofrecer a la
humanidad, hay uno del cual es responsable de un modo particular: la diaconía de
la verdad. Por una parte, esta misión hace de la comunidad creyente partícipe del
esfuerzo común que la humanidad lleva a cabo para alcanzar la verdad; y, por otra,
la obliga a responsabilizarse del anuncio de las certezas adquiridas, incluso desde la
conciencia de que toda verdad alcanzada es sólo una etapa hacia aquella verdad
total que se manifestaré en la revelación última de Dios...‖ 128
127
Cfr. RATZINGER, Card. Joseph, AL SERVICIO DEL EVANGELIO, Vida y Espiritualidad, Medellín,
2003, p. 223.
128
JUAN PABLO II, Encíclica FIDES ET RATIO, n. 2
El “servicio de la verdad” tiene dos aspectos señalados por el santo Padre: se
trata de unirse a una humanidad que busca la verdad y, además, se busca anunciar
las certezas adquiridas. En aquellos DIÁLOGOS realizamos un recorrido por la vida
y las enseñanzas del Papa y subrayamos la perfecta coherencia con estos dos
propósitos.
Juan Pablo II y Benedicto XVI se encuentran muy cercanos en esta DIACONÍA. En
la Carta para felicitarlo por los cincuenta años de sacerdocio (29 de junio de 2001),
escribió Juan Pablo II al Señor Cardenal Ratzinger: ―El propósito que siempre te ha
guiado en tus estudios y labores académicas está bellamente expresado en el lema
que elegiste con ocasión de tu nombramiento episcopal ´Cooperatores veritatis´. El
objetivo que has perseguido siempre, ya desde los primeros años de tu sacerdocio,
ha sido el de servir a la Verdad, buscando conocerla cada vez más a fondo y que
sea cada vez más ampliamente conocida‖129.
Las reacciones un tanto duras que han aparecido en estos días por la elección del
Nuevo Pontífice señalan muy bien que su claridad de doctrina y su decisión para
afirmar la verdad no han sido del agrado de muchos. ¿Cuál es el motivo de estas
actitudes? Señalemos, a manera de ejemplo dos hechos.
El año pasado, cuando preparaba la presentación del libro AL SERVICIO DEL
EVANGELIO.- Meditaciones sobre el sacerdocio de la Iglesia, con escritos del
Señor Cardenal editado por VIDA Y ESPIRITUALIDAD, encontré unos apuntes en
los que el mismo Señor Cardenal analiza el actual desprecio de la ética y la
búsqueda de refugio en el pragmatismo. El Señor Cardenal considera que los años
1968 (el año la revolución estudiantil) y 1989 (en el que tuvo lugar la caída del
régimen soviético) constituyen una clave de interpretación para comprender lo que
sucedió en las últimas décadas del siglo que acaba de concluir. ―«El año 1968 está
ligado al surgimiento de una nueva generación, que no sólo consideró inadecuada,
llena de injusticia, de egoísmo y afán de posesión, la obra de reconstrucción tras la
segunda guerra mundial, sino que concibió toda la evolución de la historia,
comenzando por la época del triunfo del cristianismo, como un error y un
fracaso».«Queriendo mejorar la historia, crear un mundo de libertad, de igualdad y
de justicia, estos jóvenes creyeron que habían encontrado el mejor camino en la
gran corriente del pensamiento marxista». «El año 1989 asistió al sorprendente
derrumbe de los regímenes socialistas en Europa, que dejaron tras de sí una triste
huella de tierras y almas destruidas». El marxismo se había concebido en estos
términos: una corriente que auspiciaba justicia para todos, la llegada de la paz, la
abolición de las injustificadas relaciones de predominio del hombre sobre el hombre,
etc.». «Para alcanzar estos nobles objetivos se pensó en que había que renunciar a
los principios éticos y que se podía utilizar el terror como instrumento del bien. En el
momento en el que todos pudieron ver, aunque sólo fuera en su superficie, las
ruinas provocadas en la humanidad por esta idea, la gente prefirió refugiarse en la
vida pragmática y profesar públicamente el desprecio por la ética» esto es,
pragmatismo130..
«¿Dónde ha quedado, en todos estos años, la voz de la fe cristiana?», se
preguntaba el Cardenal Ratzinger, la respuesta a la pregunta constituye el centro del
desafío cristiano del momento.
129
Ver el texto en RATZINGER, Card. J., AL SERVICIO DEL EVANGELIO – Meditaciones sobre el
sacerdocio de la Iglesia, Medellín, 2003, p. 12
130
Sacado de ZENITH, 19 de febrero de 2004
Entre los muchos textos del Señor Cardenal publicados en estos días, me he
encontrado con estas frases de una entrevista que el Señor Cardenal ofreció a una
Universidad Chilena en el 2001. ―El bien y la verdad son inseparables entre sí. Es un
hecho que sólo hacemos el bien cuando estamos en armonía con la lógica interna
de la realidad y de nuestro propio ser. Actuamos bien, cuando el sentido de nuestra
acción es congruente con el sentido de nuestro ser, es decir, cuando hallamos la
verdad y la realizamos. En consecuencia, hacer el bien conduce necesariamente al
conocimiento de la verdad. Quien no hace el bien, se ciega también a la verdad. A la
inversa, el mal se genera a través del enfrentamiento de mi yo contra la exigencia
del ser, de la realidad. Esto es, el abandono de la verdad. Es por eso que hacer el
mal no conduce al conocimiento, sino a la ofuscación. Ya no puedo —ni quiero— ver
lo que es malo; el sentido del bien y del mal queda embotado.131‖
En el aniversario de la inauguración de un seminario en Alemania, el Card. Ratzinger
se pregunta: para qué un Seminario. Habla, como ya lo hemos dicho, de ―la pasión
por la verdad‖ como nota característica del Seminario. Ampliamente se refiere a ―la
educación para la verdad‖. ―Muchas veces, la verdad le resulta incómoda al hombre,
pero es la guía más poderosa para el desprendimiento, para la verdadera
libertad‖…―Yo no dudo en afirmar que la gran enfermedad de nuestro tiempo es su
déficit de verdad…. ―En el seminario sacerdotal, en la formación sacerdotal, no
integramos un grupo cualquiera. De hacerlo, corremos el peligro de que la pasión del
ajuste consista en a mera acomodación al grupo, y sacrificamos a ella nuestra
verdad. No construimos con arreglo a un paradigma autofabricado. Nos dejamos
construir por aquel que es paradigma y meta de todos nosotros, el segundo Adán, al
que Pablo llama Espíritu de vida (1Cor 15,45). Este plan constructivo justifica el
esfuerzo de las purificaciones y nos garantiza que son purificaciones y no
destrucciones. En esta construcción crecemos internamente, dispuestos a asimilar
´todo lo que sea verdadero, noble, justo, puro, amable, honorable, todo lo que sea
virtud y cosa digna de elogio´(Flp 4,8). La verdad nos hace idóneos para tal
construcción. Cuando se alcanza esta meta, el seminario llega a ser un hogar. Sin
este proceso común, es una serie de habitaciones en una residencia de estudiantes
cuyos moradores permanecen encerrados en sí mismos. Precisamente la prontitud
de ánimo para la purificación garantiza el buen humor y la alegría de esa casa. Si no
hay tal disposición, la crítica y el hastío de todo y de uno mismo crean un ambiente
donde los días son grises y la alegría no cunde porque le falta el sol que necesita
para crecer.‖132
Es muy útil recordar las palabras con las cuales llegábamos a la conclusión en el
mencionado homenaje al Papa Juan Pablo II. Recordamos que la misión de la
Universidad es: ―ser instrumento cada vez más eficaz de progreso cultural tanto para
las personas como para la sociedad. Sus actividades de investigación incluirán, por
tanto, el estudio de los graves problemas contemporáneos tales como, la dignidad
de la vida humana, la promoción de la justicia para todos, la calidad de vida personal
y familiar, la protección de la naturaleza, la búsqueda de la paz y de la estabilidad
política, una distribución más equitativa de los recursos del mundo y un nuevo
ordenamiento económico y político que sirva mejor a la comunidad humana a nivel
nacional e internacional...Si es necesario, la Universidad Católica deberá tener la
valentía de expresar verdades incómodas, verdades que no halagan a la opinión
131
132
Citado en ZENITH, 20 abril 2005.
Op. Cit. , p. 223 – 227
pública, pero que son también necesarias para salvaguardar el bien auténtico de la
sociedad.‖133
2.- EL SERVICIO A LA VIDA
Recordemos que con la LECTIO INAUGURALIS quisimos situarnos en línea de
respuesta al llamado que nos hizo el Papa Juan Pablo II hace diez años: ―En el
contexto de la sociedad actual, marcado por una lucha dramática entre la ´cultura de
la vida´y la ´cultura de la muerte´, debe madurar un fuerte sentido crítico, capaz de
discernir los verdaderos valores y las auténticas exigencias. Es urgente una
movilización general de las conciencias y un común esfuerzo ético, para poner en
práctica una gran estrategia a favor de la vida. Todos juntos debemos construir una
nueva cultura de la vida‖134
En aquella oportunidad señalamos cómo este servicio debía mirar la ―calidad de
vida‖, con todo el alcance insinuado en la Encíclica Pontificia y trabajado en el
encuentro de la Pontificia Academia por la Vida del pasado mes de febrero. La
asamblea general de este organismo vaticano, del 21 al 23 de febrero, convocó a
eclesiásticos, junto con expertos en medicina y bioética, para reflexionar sobre el
tema «Calidad de Vida y Ética de la Salud»135.
2.1-Calidad de vida En su presentación, el presidente de la academia, el obispo Elio
Sgreccia, observaba que los términos «calidad de vida» y «salud» se han convertido
en algo absoluto, «que se ha de perseguir hasta el punto que se diviniza la salud»
Estos términos, indicaba, reflejan una fuerte influencia de la filosofía utilitarista tan
extendida en las sociedades anglófonas. Esto ha conducido a que se propague la
creencia de que «los seres humanos que no poseen la deseada ‗calidad‘ mínima no
merecen que se les mantenga vivos – de ahí, la propuesta de parámetros
eugenésicos con el fin de seleccionar a los que merecen ser aceptados o
mantenidos vivos y a los que se debe abandonar o suprimir a través de la
eutanasia».
Un intento de comprender lo que significa el concepto de calidad de vida fue
abordado por A. Gómez-Lobo, profesor de metafísica y de filosofía moral en la
Universidad de Georgetown, en Washington. La idea de que la vida se debe juzgar
por su calidad nos retrotrae a los antiguos filósofos griegos, observaba. Es un
concepto que abarca diversas dimensiones de la vida, pero en el área de la salud la
expectativa de una baja calidad de vida se ha convertido en una racionalización
estándar para justificar la eutanasia, explicaba Gómez-Lobo. Sin embargo,
proclamar que se beneficia a una persona matando a alguien con una baja calidad
de vida es «profundamente malo», defendía. Una persona que sufre de problemas
de salud «está gozando todavía del bien básico de la vida, un bien que se distingue
de cualquier mal que la persona pueda experimentar», afirmaba el profesor.
Además, es «una presunción intolerable» para un observador externo el juzgar que
la vida del paciente «no es digna de vivirse», añadía. La prohibición de matar a la
persona inocente, continuaba Gómez-Lobo, se basa en el respeto por la dignidad de
la persona, «y la dignidad humana es lógicamente independiente de y no reducible a
la calidad de vida de una persona porque la dignidad es una propiedad intrínseca
que no admite grados». De hecho, añadía, «el que sufre y el débil nos reclaman una
133
JUAN PABLO II, Constitución apostólica EX CORDE ECCLESIAE, 15 agosto 1990, n. 32
JUAN PABLO II, Encíclica EVANGELIUM VITAE, n.95
135
Los apuntes que enseguida entregamos han sido publicados por ZENITH, 12 de marzo de 2005
134
atención especial». Y la calidad de vida del paciente no debería afectar a esta
obligación.
2.2.- «Estado vegetativo» La cuestión de qué hacer con las personas que están en
un estado vegetativo fue abordada por Gian Luigi Gigli y Mariarosaria Valente.
Respectivamente, presidente de la Federación Mundial de Asociaciones Médicas
Católicas y directora del Departamento de Neurociencias en el Hospital Santa Maria
della Misericordia en Udine, Italia. Analizando la situación actual observaban: «Se
combinan la fe en el poder omnipotente de la tecnología de que es capaz de mejorar
la calidad de vida y la falta de principios morales». Esta postura tecnológica
considera que toda acción es ética si es el resultado de una elección libre, y toda
acción es legítima, si es socialmente útil. En cuanto al estado vegetativo, explicaban:
«Este estado todavía se ve afectado por importantes incertidumbres clínicas, que
conducen a frecuentes errores de diagnosis». Es difícil distinguir entre el estado
vegetativo, y el estado vegetativo persistente, también llamado permanente. En el
último caso no se espera recuperación, pero no está claro el punto de división entre
ambos. Añadían que existen casos bien documentados de pacientes que han
recuperado la conciencia incluso tras cumplir los criterios del estado vegetativo
permanente. Quienes defienden el así llamado derecho a morir sostienen que una
vez que se diagnostica como permanente debe haber una presunción en contra de
la alimentación asistida. Además, se redefine el proporcionar alimento y agua como
un tratamiento médico, más que como proveer a las necesidades básicas. «Según
este punto de vista, la muerte sobrevenida por deshidratación y hambre se considera
muerte natural», escribían Gigli y Valente. Sin embargo, explican, los pacientes en
esta situación no mueren debido a su estado vegetativo, sino de malnutrición y fallo
renal. «El resultado (la muerte) es totalmente intencionado». Los dos explican que la
comprensión de cómo hemos llegado a procurar la muerte de alguien en este estado
está ligada a consideraciones sobre la calidad de vida. Con frecuencia, al medir la
calidad de vida, el concepto se reduce a la habilidad para producir y ser útil. Esto
trae como consecuencia, por tanto, que se considere un derroche utilizar recursos
sanitarios para personas que no pueden volver a la vida productiva.
El retirar la nutrición y el agua a personas en estado vegetativo permanente puede
llevar a una peligrosa actitud en la profesión médica, advertían Gigli y Valente. «El
retirar la nutrición y la hidratación podría ser la llave que abriera las fuertes barreras
todavía existentes que se oponen a la legalización de la eutanasia en la mayoría de
los países», añadían. Asimismo, a largo plazo, el tener doctores que aceleran la
muerte podría destruir la relación de confianza entre médico y paciente.
2.3.-El recién nacido Otra serie de cuestiones tiene que ver con la calidad de vida
de los bebés recién nacidos. Esto se trató en el trabajo presentado por Patricio
Ventura-Juncá, director del Centro de Bioética de la Universidad Pontificia de
Santiago de Chile. Los bebés recién nacidos son altamente vulnerables así como
absolutamente incapaces de evaluar su situación o expresar preferencias. En las
últimas décadas, el cuidado neonatal ha hecho progresos enormes, explicaba
Ventura-Juncá. Muchas de las funciones inmaduras de los niños nacidos prematuros
pueden reemplazarse temporalmente por medios mecánicos. Pero el problema ético
existente es juzgar si retirar o continuar con el tratamiento. Explicaba que muchos
padres encuentran dificultades para comprender la información médica que se les da
y tomar una decisión. En general, sin embargo, los padres están más a favor de
intervenir para salvar al niño de lo que están los profesionales de la salud. En esta
situación la opinión y los valores del médico a cargo tienen una gran influencia en los
padres.
2.4 Minusvalías mentales.- La situación de personas que sufren minusvalías
mentales fue tratada por la profesora Wanda Poltawska, psiquiatra de la escuela de
teología de la Universidad de Cracovia, Polonia. «Un ser humano es siempre un ser
humano independientemente de su estado de desarrollo físico o mental», indicaba.
Las familias que soportan la carga de una persona enferma mental suelen dividirse
sobre cuál es la mejor forma de afrontar este problema. Para afrontar la carga, los
miembros de la familia necesitan una comprensión profunda del sentido del
sufrimiento.Para decidir qué hacer cuando se hace frente a esta situación, Poltawska
indicaba: «La vida de un ser humano, su principio y su fin, están en manos del
Creador – cuando tratamos de manipular la concepción humana o la muerte
humana, transgredimos nuestra autoridad»
Las personas discapacitadas son un desafío para la sociedad, añadía, y se puede
determinar nuestro propio valor como personas examinando nuestras actitudes
hacia el enfermo, el anciano y el discapacitado.
Las personas discapacitadas son un desafío para la sociedad, añadía, y se puede
determinar nuestro propio valor como personas examinando nuestras actitudes
hacia el enfermo, el anciano y el discapacitado.
Conclusión
Los planteamientos mencionados sobre ―calidad de vida‖ y otros más que
pudiéramos hacer quienes conocemos la Doctrina Social de la Iglesia, nos llevan a
afirmar: un trabajo por la ―calidad de vida‖, debe hacerse con cada persona y todas
las personas. Hay desafíos particularmente urgentes entre nosotros como la
respuesta a la pobreza que ha crecido, la salud, la educación, la vivienda; la
respuesta a esta situación grande de exclusión, que tiene tantas manifestaciones
entre nosotros, exige compromisos muy concretos. Comprendemos que nuestro
trabajo ha de ser interdisciplinar: es toda la Universidad la que tiene la
responsabilidad por la calidad de vida.
En una carta con fecha de 19 de febrero, dirigida a Monseñor Sgreccia, Presidente
de la Pontificia Academia por la vida, con ocasión del Congreso ya mencionado,
Juan Pablo II llamaba la atención sobre «la cualidad esencial que distingue a toda
criatura humana que es el haber sido hecha a imagen y semejanza del mismo
Creador» (n. 3). Esta dignidad y cualidad de la persona «está presente en todos los
momentos de la vida, desde el mismo momento de la concepción hasta su muerte
natural», indicaba el Papa. «En consecuencia, se debería reconocer y respetar a la
persona humana en cualquier situación de salud, enfermedad o discapacidad. »136
Por los días del Jubileo del año 2000 se presentó un nuevo libro del Cardenal
Ratzinger. En la segunda parte, al hablar de Cristo, tiene unas páginas sobre la vida.
Me parece que allí podríamos encontrar una descripción de lo que ha de ser la vida
con calidad. La concepción cristiana de Dios tiene mucho que ver con la descripción
de la vida. Volvemos a encontrarnos con la meta de una vida que es, ni más ni
menos, la vida en santidad137.
136
ZENITH, 12 de marzo de 2005.
RATZINGER, Card. J., DIO E IL MUNDO, Essere cristiani nel nuevo millenio, Ed. San Paolo, 2001, p.
250 – 265.
137
¿CALIDAD DE VIDA O PLENITUD DE VIDA?
En perspectiva teológica
Por: Pbro. Diego Alonso Marulanda Díaz
1. Introducción:
Luego de escuchar la ponencia del señor arzobispo Alberto Girado Jaramillo en la
Letio Inauguralis 2005: una universidad al servicio de la vida, quiero subrayar
algunos de los elementos de su exposición, que me permiten orientar esta sencilla
reflexión teológica. El Evangelio de la vida no es un simple título, sino la más exacta
forma genitiva del Evangelio, porque es Evangelio de la vida y no de otra cosa. Así,
la teología que se nutre de la fuente de la Palabra de Dios, tiene en sí misma un
misión pública, cuando se trata de aclarar y defender la verdad del misterio del
hombre, y lo hace sobre todo, en tiempos de ―deshumanización de la medicina‖, en
los que el hombre viene tratado como individuo y no como persona. Nosotros como
comunidad académica católica nos preguntamos, si el concepto de ―calidad de
vida‖ se ajusta o no a la gramática del Evangelio. El anterior concepto está a la base
del problema de la exclusión humana (fenómeno de la globalización). Aquí,
intentaremos delimitar unas líneas de respuesta a partir del misterio de Cristo:
verdadero hombre.
2. El Problema:
La Encíclica Evagelium vitae está dedicada al señalamiento de las amenazas contra
la vida. Hoy sabemos que nunca antes en la historia humana se había alcanzado
una conciencia tan desarrollada acerca de la dignidad de la persona humana, pero al
mismo tiempo, sabemos que se extiende la condescendencia con una lógica que
excluye de la dignidad a los sectores más vulnerables de la sociedad. Hoy por hoy
la cuestión es esta: lo que está en juego en la sociedad actual es la pérdida de la
verdad acerca del hombre, o ―más profundamente todavía, está en juego el
significado mismo del hombre‖ (Cf. Letio Inauguralis UPB 2005). El concepto de
―calidad de vida‖ parece ser la medida de dicho significado; sobre todo, cuando se
entiende “por calidad de vida el grado de autonomía psico-física, de las cualidades
cognoscitivas, la capacidad de trabajo residuo, la capacidad de recuperar las
relaciones con la sociedad, con la familia y con el mundo del trabajo[…]los bienes de
consumo de los cuales goza la sociedad de hoy[…]las condiciones ambientales[…]
Al lado de estas concepciones, progresivamente ha emergido otro significado bien
diverso, de carácter específicamente reductivo, porque refiriéndose prioritariamente
al bienestar físico de la persona entendido en sentido ‗selectivo‘, en base a eso, de
hecho, se afirma que allí donde no exista un nivel aceptable de calidad de vida, la
vida misma pierde valor y no merece ser vivida. Por consiguiente, en esta
perspectiva, el concepto ―calidad de vida‖ asume un carácter opuesto a aquél de
‗vida sagrada‘: en definitiva, se absolutiza la calidad y se relativiza la sacrilidad. Aún
más, se da al concepto de sacralidad también un significado negativo como aquel de
un ‗vitalismo‘ injustificado‖138. Detrás del concepto de ―calidad de vida‖, en los
ambientes donde se maneja la salud, la ―razón funcional‖ y una ―moral autónoma‖
tienden a comprender al hombre como una cosa o como algo extraño sobre quien se
puede hacer un juicio para determinar su ―calidad de vida‖. Esto crea profundos
índices de exclusión en todos los niveles.
3. Provocación:
Para abordar este problema a la luz de la inteligencia de la fe cristiana me parece
oportuno brindar dos principios que están a la base de la gramática del Evangelio,
que nos sirven de apoyo para pensar una respuesta objetiva al tema en cuestión.
Cuando el señor arzobispo nos hacía un llamado enérgico a ser fieles a nuestra
identidad universitaria, subrayó nuevamente la dimensión de lo católico, como
aquello que busca y defiende la verdad de la vida humana. Aquí hay algo
importante, porque la catolicidad que nos identifica es el lente con el que
aprehendemos toda la realidad y toda la vida humana, y al mismo tiempo, es la
fuerza con la que concursamos en el debate abierto sobre la dignidad de la
persona. Vamos entendiendo que la vida humana no es un ―tema‖ sobre el cual
caben todas las definiciones, sino el lugar existencial del misterio del hombre, de
todo el hombre y de todos los hombres. Hoy más que nunca caemos en la cuenta
del valor del siguiente pensamiento: ―los acontecimientos son nuestros maestros‖
(Blas Pascal). Últimamente hemos aprendido, a partir de la pascua de Juan Pablo II,
quien nos dejó como herencia una página de humanidad escrita, que la plenitud de
vida es la vocación a la que todo hombre está llamado. El Papa entendió y nos
enseñó que ser católico es, ante todo, aceptar y respetar todos los rostros humanos
como personas hechas a imagen y semejanza de Dios. Su testimonio pastoral y la
manera como abrazó su vida y la de los demás, explicitó categóricamente que
Jesucristo es quien ―da al hombre la posibilidad de conocer toda la verdad sobre el
valor de la vida humana‖ (EV 29). Veamos ahora los dos principios que aporta un
teólogo.
3.1 católico: significa comprender todo, no dejar nada fuera139. Este principio hace
las veces de hermenéutica cristiana y nos da luces para afrontar y resolver los
problemas propios de hoy sobre la vida del hombre, que ―se haya confundido,
desorientado y descontento por haber intentado poseer verdades en vez de dejarse
poseer por la verdad140”. El sentido de la vida del hombre depende del concepto de
verdad que éste tenga de Dios, del mundo, de los demás hombres y de sí mismo.
Para nosotros es importante esta visión católica de la verdad, porque ella nos
capacita para dar respuesta al caso serio de la exclusión humana. Comprender a
todos y no dejar a nadie por fuera significa el más alto nivel de plenitud de vida
humana. Dentro de la visión católica del hombre no cabe el concepto de ―calidad de
138
Cf. http://www.vatican.va/roman_curia/pontifical_academies/acdlife/documents/rc_pontacd_life_doc_20050217_etica-salute_it.html (consultado 22 de abril de 2005)
139
Cf. Hans Urs von Balthasar, Católico, Encuentro, Madrid, 1998, 21.
140
Cf. López Quintás Alfonso, La cultura y el sentido de la vida, PPC, Madrid, 1993, 109.
vida‖, porque ya en sí mismo es excluyente. El núcleo de lo católico consiste en que
―se debe tener en cuenta lo contrario si queremos ver el todo correctamente‖ (von
Balthasar). El Evangelio es la visión incluyente de todos los hombres en una sola
verdad. La dignidad del hombre no es un derecho sólo para algunos, porque ―el
Señor mira desde el cielo, se fija en todos los hombres […] él modeló cada corazón‖
(Salmo 31). El escándalo de nuestro mundo es que muchos se han acostumbrado a
medir el valor de la verdad del hombre por el tamaño de las estadísticas. Se
escandalizan no por la víctima como persona, sino por el número de las víctimas. La
―cantidad‖ es la que hace noticia. Para nosotros, que hemos aprendido el valor de la
vida en la escuela del Evangelio, sabemos que la lógica matemática de Dios es
distinta, porque para Él tiene el mismo valor uno que noventa y nueve. ―¿Qué os
parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le descarría una de ellas, ¿no dejará en
los montes las noventa y nueve, para ir en busca de la descarriada? Y si llega a
encontrarla, os digo que tiene más alegría por ella que por las noventa y nueve no
descarriadas. De la misma manera no es voluntad de vuestro Padre celestial que se
pierda uno de estos pequeños‖ (Cf. Mt, 18,12-14). Para Jesús en lo uno se da el
valor del todo. E. Kant dirá que ―hay que respetar a la humanidad entera en cada ser
humano‖.
3.2. La verdad no es una cosa ni un sistema, es Uno141
Este principio nos ayuda a superar el gran error de quienes entienden al hombre a
partir de verdades genéricas, es decir, que se basan en consensos de pequeños
grupos autónomos que se atreven a delimitar la dignidad humana. La Iglesia,
experta en humanidad, se interesa y defiende la singularidad de cada hombre
concreto, y sabe, por la inteligencia de la revelación, que la verdad del hombre se da
únicamente allí donde todos los hombres se “encuentran” para respetar y disfrutar
de la vida como don de Dios. Así, la vida es el lugar de la verdad. En este sentido,
me parece interesante que pensemos en la pascua de Cristo como el evento
histórico de la verdad humana. Dios desde la cruz aplaudió la vida de todos los
hombres con las manos de su Hijo. Esta manera de mirar al hombre que nos viene
de Cristo, nos anima como universidad católica para apropiarnos de las palabras del
apóstol Juan, y testimoniar a todos que: ―lo que existía desde el principio, lo que
hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y tocaron
nuestras manos acerca de la Palabra de la vida… os lo anunciamos, para que
también vosotros estéis en comunión con nosotros‖ (1Jn 1,1.3). El Evangelio
proclama la urgencia de operar una conversación constante hacia la divinidad de
toda persona, porque la imagen de todo hombre es Cristo, el hombre perfecto.
4. Una respuesta en perspectiva cristiana:
La tesis central de la antropología cristológica del magisterio es la siguiente:
―Realmente, el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo
encarnado… Cristo… manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le
descubre la grandeza de su vocación‖ (GS 22). En Cristo puede el hombre conocer
la verdad plena sobre su vida porque sólo en él se nos revela su protología eterna y
su destino definitivo; es decir, que la dignidad de la vida humana está ligada a su
procedencia divina y a su destino de comunión con Dios Padre por el conocimiento y
el amor, a la que todo hombre está llamado gratuitamente en el Hijo por obra del
Espíritu (EV 1,38). La pascua cristiana, nos ayuda a tener una mirada contemplativa
del hombre que nos permite ir más allá de las apariencias (biológicas, estéticas,
141
Cf. Hans Urs von Balthasar, La verdad es sinfónica, Encuentro, Madrid, 1979, 15.
económicas, políticas y socio – culturales) y descubrir a Dios en toda vida, y a toda
vida como don de Dios (EV 83). La vida ―así como la entiende el apóstol Juan, no es
simplemente existir, respirar, sino plenitud del ser, existir con una totalidad que
supera todos los deseos y todas las expectativas, es existir en una plenitud
semejante a la de Dios‖142 .La vida que Jesús representa es una plenitud victoriosa
sobe toda potencia adversa, y no simplemente una plenitud positiva del ser. Es por
esto que ―mirando el espectáculo de la cruz (cf. Lc 23,48) descubrimos en este árbol
glorioso el cumplimiento y la plena revelación de todo el Evangelio de la vida.(EV
50). A partir del misterio pascual el creyente es consciente de que todos los
hombres somos hijos de la resurrección, porque Cristo ha incluido a todos en su
misterio pascual, aunque no todos lo sepan como afirman los Padres conciliares. En
este sentido entendemos la pascua de Cristo, como el más completo concepto de
catolicidad, porque favorece la plenitud de vida de todos los hombres: ―yo he venido
para que tengan vida y la tengan en abundancia‖ (Jn 10,10)
5. ¿Calidad de vida? o ¿plenitud de vida?
Nos encontramos frente a dos perspectivas muy diversas. La primera nace de una
mentalidad inmanentista, la segunda comprende al hombre como un ser único
constituido de cuerpo, alma y espíritu. Su capacidad para la trascendencia es una
dimensión importante a la hora de definir o de decidir sobre el hombre. El ser
humano necesita una antropología que le hable del destino, porque ―no es posible
indagar sobre el hombre en su necesidad de vivir por un sentido auténtico, sin
asumir el tema de la verdad última de Dios y del mundo; como no es posible poner el
problema de la verdad sin llegar al drama del hombre que esta verdad debe
reconocer y acoger‖143.
El concepto ―calidad de vida‖, que tiene un espacio particular en el ambiente socioeconómico, filosófico hedonista, y sobre todo, dentro de la tecno-medicina; no es
claro en su contenido y en sus parámetros. El concepto en sí mismo es problema
cuando se vuelve una pregunta casi absoluta en ambientes donde se cosifica la vida
una humana: ¿cuál es el nivel de vida que se conserva en el paciente? Esta
pregunta que se escucha, en ambientes hospitalarios es incorrecta, aún, partiendo
del principio que la salud es un bien, pero no absoluto. Decir ―calidad de vida‖ es
desconocer la dignidad de toda persona, y significa la opción por un lugar
excluyente. ―Surge así la tendencia a convertir a la humanidad en un club que se
reserva el derecho de admisión, a determinar qué es o no es un ser humano, o
incluso a determinar el momento en el que todavía no lo es o el momento en que
dejar de ser. La tendencia a excluir del concepto de ser humano a quienes suponen
una amenaza, a los minusválidos o a quienes presentan cualquier limitación, se
incrementa precisamente allí donde, a la pendiente reivindicación de la dignidad de
quienes son excluidos por razones de raza, religión, clase social o sexo, se le
añaden otras formas de exclusión‖144.
Es por esto, que se hace necesario una visón correctiva y un horizonte diverso de
esperanza frente a la actual conjunción de los siguientes factores: ― […] a) el bien
está reducido a la búsqueda del placer y al rechazo del dolor […] b) no existe el más
allá, no existe la eternidad bienaventurada, ni tiene sentido el dolor, aquello que
142
Cf. Carlo Maria Matini, Cristo es todo para nosotros, San pablo, Milano, 2003, 56
Cf. Paolo Martinelli, La testimonianza: verità di Dio e libertà dell uomo, Paoline, 2002, 66.
144
Regina Ammicht-Quinn, ¿Es sagrada la dignidad? El ser humano, la máquina y el debate sobre la dignidad,
en: “Concilium”, No. 300, Abril 2003. p. 225.
143
cuenta es el espacio terreno del bienestar […] c) la disponibilidad verdadera o
presunta del bienestar económico – social que es el fin de la política mundial‖145.
La inteligencia de la fe cristiana, cuando elabora su discurso antropológico, nunca se
permite excluir a ningún hombre porque sabe que cada hombre, por pequeño, pobre
o viejo que sea es imagen y semejanza de Dios. El Evangelio no admite estándares
de calidad de vida porque, en definitiva, nunca se podrían medir la libertad, la
identidad, el destino, la esperanza y la capacidad imaginativa de cada hombre, aún
en circunstancias limites como el dolor, el sufrimiento, la enfermedad y la pobreza.
A partir de la Encíclica Evangelium vitae, reafirmamos nuestra convicción de que "el
hombre está llamado a una plenitud de vida que va más allá de las dimensiones de
su existencia terrena, ya que consiste en la participación de la vida misma de Dios.
[...] El evangelio del amor de Dios al hombre, el evangelio de la dignidad de la
persona y el evangelio de la vida son un único e indivisible Evangelio" (n. 2).
Tendríamos que invitar a un exegeta para que nos ayude a comprender mejor el
siguiente texto, que creo sea fundamental para ampliar el tema, ―os he dicho estas
cosas, para que mi alegría esté en vosotros y vuestra alegría llegue a plenitud‖ (Cf.
Jn 15,11)
6. La calidad de vida: visión de un medico cristiano.
―Si alguna profesión debe convivir con este término calidad de vida es la medicina,
porque todos los días los médicos tomamos decisiones sobre la vida. Por eso es útil
aclarar, que el médico es la persona a quien el enfermo le confía su existencia y su
historia, pensando en que su vida pueda llegar a ser la de antes. Claro está que,
esto no siempre se puede lograr y la vida muchas veces indefectiblemente cambia o
es la enfermedad el preludio de la agonía y la muerte, convirtiéndose la vida en la
gran pregunta y se cae en la tentación de poderla calificar, estandarizar o dar unos
cánones de su calidad, perdiendo así automáticamente el concepto sagrado de la
vida, que se define desde el momento de la concepción hasta la muerte. El hacer y
el deber ser del médico están orientados a dignificar la vida del paciente por
compleja y dura que se presente; de tal manera que nunca puede medirla o
compararla, debido al principio de unicidad e irrepetibilidad de cada vida humana.
Un médico debe propender por la plenitud de la vida y el bienestar de cada paciente
pero nunca debe juzgar las circunstancias de la vida para declararla digna o no de
ser vivida, porque ella no es un objeto de estandarización o un fenómeno
estadístico, sino la singularidad de un ser sagrado que, al mismo tiempo, le da
sentido y significado al quehacer del médico. Mi propuesta sería la de propender por
la plenitud de la vida en la búsqueda del sentido de cada persona‖ (Dr. Juan
Fernando Velásquez Escobar – U.P.B).
145
Cf. http://www.vatican.va/roman_curia/pontifical_academies/acdlife/documents/rc_pontacd_life_doc_20050217_etica-salute_it.html (consultado 22 de abril de 2005)
CULTURA DEL RECONOCIMIENTO Y VIDA DIGNA146
Por Carlos Enrique Londoño Rendón
1. Una tarea por la vida desde la Universidad
En la Lección Inaugural del presente semestre: Una Universidad al servicio de la
vida, Monseñor Alberto Giraldo Jaramillo nos ha ratificado y, sobre todo, nos ha
comprometido aún más en la tarea que, como Universidad, tenemos con la
búsqueda y definición de las condiciones necesarias y suficientes para el logro de
una vida buena, de una vida digna en todos y cada uno de los colombianos.
En las diferentes áreas que conforman el proceso de formación humana, sobre la
base de ésta como un fundamental objetivo, pero desde una gran diversidad de
miradas, sabemos de las dificultades que tenemos que afrontar en el camino para la
creación y desarrollo de una conciencia sobre las condiciones que requerimos los
colombianos para vivir con dignidad humana.
Históricamente, dichas condiciones no han estado presentes en el devenir vital de la
mayoría de las personas en este país; para el pueblo colombiano lo han estado, más
bien, el desconocimiento y la exclusión. Para muchos sectores de nuestra sociedad,
la vida de los seres humanos no es vista como un fin en sí misma, como un proyecto
único e insustituible, sino como un mero medio o instrumento al servicio de fines
determinados por el poder político, o por el poder económico, o por el poder social, y
que una vez conseguidos, convierten a masas enteras de personas en seres
desechables, despojados del más mínimo sentido de humanidad.
Entre muchas otras razones de causalidad para la comprensión o explicación de la
compleja realidad de la crisis colombiana, en el entendimiento de sus raíces y
procesos, sin desconocer la necesidad e importancia de otras variables de carácter
social, económico o político, se han delimitado argumentos para pensar que los
problemas de nuestro país son producidos por la incapacidad que históricamente
146
Conferencia presentada a los profesores del Centro de Humanidades de la Escuela de Teología, Filosofía y
Humanidades de la UPB, en marzo de 2005. También presentada en el encuentro mensual Diálogos de la
Catedral. Medellín, Universidad Pontificia Bolivariana, abril 29 de 2005.
hemos demostrado para reconocernos como seres iguales en dignidad, desde la
perspectiva de nuestra naturaleza humana. La condición colombiana, y no sólo la de
ahora, tiene un epicentro muy fuerte en problemas de reconocimiento como
personas con igualdad de derechos en todas aquellas condiciones que hacen
posible la construcción de la vida de cada uno en su vocación como una vida
plenamente digna.
La gran olvidada y excluída de nuestro proceso de construcción como nación ha sido
la dignidad humana. Y cuando un solo colombiano, así sea solo uno, no es
dimensionado como un ser igual en dignidad, es nuestra esencialidad humana, la
de todos, la que está siendo puesta en peligro; es la vida humana, es toda vida
humana, la que está siendo reducida de su condición de fin en sí misma, a una
condición de instrumento útil, de medio para otros fines, fácilmente desechable
cuando éstos ya han sido conseguidos.
Este ha sido el horizonte que ha dado contexto a la tarea de una formación humana,
de una formación de la conciencia de la vida como el máximo don entregado al
hombre por Dios, pero con la responsabilidad de todos como comunidad, como
sociedad. Lo humano, la vida humana no se realiza en la individualidad, sino en la
relación con y desde el otro, en el desarrollo de una cultura que brinde condiciones a
favor de la dignidad de la vida de cada ser humano; condiciones que nos lleven a
situar a cada persona como merecedora de respeto, tolerancia y solidaridad; como
un ser sujeto de libertad y llamado a la trascendencia espiritual.
Al crear conciencia crítica y rigurosa sobre la realidad del país, formamos
humanamente, ya que nos ubicamos en la comprensión y en las posibilidades de
transformación de los distintos procesos estructurantes de dicha realidad, para llegar
a la consecución de unas condiciones de equidad y dignidad para todos los
colombianos, sin exclusión por condición étnica, religiosa, de pensamiento o sexual,
o exclusión por condición social, política o económica.
Buscamos, así, crear en cada persona un compromiso de responsabilidad con la
construcción de una nueva Colombia; con la construcción de una sociedad más
digna, equitativa y justa; de una sociedad capaz de desarrollar condiciones para la
convivencia pacífica, en un marco Ético-Político derivado del conocimiento del
Estado Social de Derecho, y del respeto y vivencia de los Derechos Humanos,
fundamentos de una vida digna147.
2. El desconocimiento y la exclusión en el centro de la problemática
colombiana
Desconocimiento y exclusión para las mayorías de colombianos, han sido dos
elementos de una constante estructural presente a lo largo de nuestra historia. Un
intento significativo por romper esta constante, nace y muere en los años treinta y
cuarenta del siglo pasado. Era la propuesta de una Colombia moderna, mediante la
construcción social, económica y política del país en un contexto de democracia
liberal y social, una propuesta incluyente de las mayorías, cuyos desarrollos en los
147
Londoño Rendón, Carlos Enrique. El curso de Problemas Colombianos: Un proceso de formación
humana para crear cultura de paz. Medellín, Universidad Pontificia Bolivariana, marzo de 2000. Texto
presentado en el congreso de la Red de Universidades por la Paz –REDUNIPAZ-, realizado en Santa Marta,
marzo de 2000.
diferentes campos estuvieran al servicio de todos y no de unos pocos, no de la sola
élite situada en la cúspide de la pirámide social, sin capacidad de reconocimiento e
inclusión de las bases sostenedoras de la misma pirámide. Con la muerte de Gaitán,
también muere la posibilidad de entender la realidad del país, no desde la lógica del
sectarismo partidista entre liberales y conservadores, sino desde la perspectiva
social, en tanto las grandes masas de excluidos: campesinos, obreros y sectores
medios, debían ser parte real del desarrollo del país y, por consiguiente, partícipes
de sus beneficios como sujetos socio-económicos y políticos148.
Desde la Colonia Española, heredamos una estructura social verticalista, autoritaria
y dogmática, donde más allá del reconocimiento con base en el afecto y la religión,
o en el poder que daba lo económico, lo social y lo político, no había espacio para
un reconocimiento de la persona desde la esencial dignidad humana; no había lugar
a la dialéctica entre diversos, entre visiones plurales de la realidad, entre humanos
con derecho a pensamientos divergentes, sobre la base del derecho de la libertad
para hablar –parresía- y derecho a la igualdad en el uso de la palabra –isegoría-149.
La visión unilateral y desde arriba, no hacía posible la comprensión del sentido del
mundo, sino su imposición por parte de unos pocos y la aceptación sumisa de los
más, entendidos como individuos incapaces de racionalidad para la participación en
los procesos constructores de la realidad social. Ya, en La Carta de Jamaica, una
de las preocupaciones máximas de Bolívar, más allá de la posibilidad de librarnos
del yugo español, era la de cómo construir una sociedad libre, cuando las mayorías
eran incapaces de pensamiento libre y responsable, no eran sujetos políticos. No
haber realizado esta tarea de formación de las masas campesinas indígenas, negras
y mestizas, como sujetos de racionalidad política, a lo largo de nuestra historia
independiente, permitió, lograda la independencia, introducir y mantener una
institucionalidad, no construida desde abajo, desde las bases sociales, sino desde
arriba, desde y para el interés particular de las élites herederas del poder español.
De ahí que, en parte, sea comprensible que cualquier proyecto modernizador del
país, como el planteado en los años treinta del pasado siglo, que pretendiera poner
en discusión los intereses de sectores sociales reducidos, casi pudiera estar muerto,
aún antes de nacer. Y que sus consecuencias se tradujeran en el primer gran
desangre del país en el siglo XX, no entre liberales y conservadores, sino entre
masas campesinas de liberales pobres y conservadores pobres, como lo señala
William Ospina, en su texto de La Franja Amarilla150.
El Pacto del Frente Nacional, entre la élite liberal y la élite conservadora, evita, por
un lado, el peligro que se cernía sobre la continuidad del Estado Liberal de Derecho
y, por el otro, sobre la continuidad de los privilegios socio-económicos del sector élite
del país.
Ante las aceleradas transformaciones del país, derivadas de la ampliación del
desarrollo industrial y agroindustrial, y de la transformación urbana debida a la
masiva migración, el Frente Nacional significó un cerramiento del sistema a las
demandas de los sectores campesinos y de los nuevos sectores sociales urbanos.
148
Londoño Rendón, Carlos Enrique. Hacia un proyecto humano para la paz en Colombia. Medellín,
Universidad Pontificia Bolivariana, abril de 2000.
149
Suárez Molano, José Olimpo. Syllabus sobre Filosofía Política. Medellín, Universidad Pontificia
Bolivariana, 2004. P. 27
150
Ospina, William. ¿Dónde está la franja amarilla? Bogotá, Ed. Norma, 1997.
Las necesidades y problemas de las grandes masas sociales populares no
encontraron respuesta desde el Estado. O, más bien, las respuestas fueron
totalmente contrarias a las soluciones requeridas por la población.
Por un lado, la Doctrina de la Seguridad Nacional impuesta en América Latina
durante el Orden Mundial de la Guerra Fría, llevará a nuestros gobiernos a leer los
problemas propios de las nuevas realidades socio-económicas y políticas como
síntomas de la penetración del enemigo, el comunismo, y no como consecuencias
de las transformaciones del contexto nacional y latinoamericano. Sólo durante el
gobierno de Belisario Betancur se reconocerá, de manera oficial, lo contrario. Los
problemas, entonces, no se entendieron y solucionaron; se reprimieron y
acumularon como en una especie de olla a presión que, sin válvula de escape,
termina por estallar en diversas formas de crisis sociales y violencias a partir de la
década de los años ochenta.
Por otro lado, el Pacto, al asegurar el poder y la burocracia para los dos partidos
tradicionales, en primer lugar, cerró el escenario institucional para la lucha por el
poder a ideas diferentes a las de la alianza liberal-conservadora. El Frente Nacional
cerró toda posibilidad a la oposición política, abriéndola, así, al nacimiento y
desarrollo de una oposición armada en su expresión a través de los diferentes
grupos subversivos.
En segundo lugar, deslegitimó el papel de los partidos en cuanto que al asegurar el
poder de antemano, éstos no necesitaron construirse y diferenciarse ideológica y
políticamente y menos a partir de la estructuración y propuesta de proyectos de
transformación socio-económica, como resultado de la lectura y entendimiento de
las múltiples realidades problemáticas del país. Se da, pues, así, lugar a la definición
de un país formal a favor de unas minorías, en constante tensión con la Colombia
real de las inmensas mayorías sociales, excluidas de las posibilidades del poder y
de las definiciones de los rumbos que debía seguir el desarrollo del país, rumbos de
los que seguían excluídas las propuestas de solución a sus múltiples problemas.
Si bien, el Frente Nacional propició por arriba un orden moderno, de entendimiento
racional y calculado de los procesos políticos y económicos, abajo permaneció la
gran mayoría excluida de los beneficios de la modernización, sin condiciones ni
posibilidades para constituirse en sujetos sociales, políticos y económicos,
sometidos a la verticalidad y autoritarismo de un régimen que hizo del Estado, no un
espacio para la expresión de intereses diversos, sino una plataforma para la
potenciación de los intereses privados, por encima y a costa de los intereses
colectivos. El contexto ético, entonces, fue el del reconocimiento entre unos pocos
sobre la base del desconocimiento de todos los demás. Vacío de Estado y negación
de la diferencia y de la diversidad servirán como premisas para establecer la
eliminación del otro, cuando éste se comporte como alguien diferente.
Deslegitimados los partidos políticos ante su no necesidad e incapacidad para
reconocer y escuchar los problemas en todos los rincones del país; al dejar de ser
ese "cordón umbilical" entre la realidad de la mayor parte de la población colombiana
y el ejercicio del poder, el clientelismo, en el que queda cobijado sólo un sector
reducido de colombianos, aparece como la única forma de legitimación de los
partidos. Como negocio, al privatizar lo público y lo colectivo, el clientelismo termina
desatando una de las causas más explicativas de la actual crisis de la sociedad
colombiana: la corrupción a todos los niveles. Tiene mayor capacidad de daño al
país el clientelismo y la corrupción que los mismos movimientos subversivos, dirá en
su momento, como comandante del ejército, el general Bonet.
El clientelismo implica desconocimiento y exclusión en un doble sentido: primero,
porque todos los colombianos no pueden ser cobijados por los favores del sistema
clientelista; segundo, porque los recursos públicos son apropiados de manera
particular entre unos pocos, excluyendo a las mayorías de los beneficios que
podrían resultar si los mismos fueran invertidos socialmente. En alguno de los
cursos, una de nuestras compañeras realizaba con sus estudiantes un simple
ejercicio de suma a partir de los titulares de prensa en los que se daban a conocer
situaciones de pérdida de dinero por corrupción. El resultado fue alarmante. Con el
total obtenido al cabo de las tres semanas del curso bastaría y sobraría para tener el
mejor sistema educativo y de salud en Colombia, y sobraría plata.
Sin capacidad de reconocimiento entre unos y otros, entre múltiples y diferentes, la
política no puede ser el espacio para la construcción de lo público, del entendimiento
y desarrollo de los intereses colectivos, no puede haber vida digna. El poder deja de
estar al servicio de lo público, en cuanto permite privatizar los beneficios de dicho
ejercicio, en favor de unos pocos.
Desde finales de los años setenta, se hace evidente la crisis del Estado colombiano
en una triple dimensión: como crisis de representatividad en cuanto que los partidos
políticos en el poder no eran la expresión de los intereses de la colectividad
nacional. Lo que conduce necesariamente a una crisis de legitimidad entendida
como ese mínimo de obediencia y reconocimiento de validez a las diferentes
instituciones y acciones de los representantes del pueblo en el poder. ―En nuestro
caso, la desideologización de los partidos liberal y conservador, el alto grado de
abstencionismo, indicador de la crisis de representatividad, la excesiva y casi
permanente utilización del estado de sitio y, consecuentemente, el tratamiento de
orden público a las más elementales demandas ciudadanas, lo mismo que el
desconocimiento reiterado de los derechos civiles y políticos y un reducidísimo
control civil sobre las fuerzas armadas, son algunas de las circunstancias que
explican y alimentan la crisis de legitimidad del sistema colombiano‖151.
Todo lo anterior confluirá en la crisis de gobernabilidad como ―la incapacidad del
sistema político y del conjunto de la sociedad para darle respuesta a las demandas
sociales y políticas en la perspectiva de construir soluciones estratégicas que le den
salida viable a los conflictos‖152.
El cierre del sistema político y la crisis de gobernabilidad, explican necesariamente
los caminos no institucionales que son construidos en todo este período, como
salidas o respuestas a los problemas no resueltos dentro de la institucionalidad del
Estado. De ahí que sectores de colombianos vean en la subversión del Estado
existente la única salida posible. El desconocimiento desde las élites recibe como
respuesta la no posibilidad de reconocimiento alguno desde la subversión y
viceversa. Resultado: guerra a muerte entre enemigos, en cuya confrontación ha
sido la posibilidad de una vida digna la gran perdedora, ante una mayor
151
Granda Marín, Alberto. “Asamblea Nacional Constituyente y constitución política de 1991”. Rev.
Pensamiento Humanista, No. 2. Escuela de Humanidades-Universidad Pontificia Bolivariana, 1994. P. 85
152
Idem
profundización y degradación del conflicto. Ni siquiera hemos aprendido a respetar y
practicar unas mínimas reglas de humanidad como las que nos propone el Derecho
Internacional Humanitario. La dignidad de las víctimas poco o nada cuenta en este
país. No sería exagerado afirmar que los actuales proyectos de Justicia y Paz en
discusión en el Congreso, premian a los victimarios y desconocen la tragedia de las
víctimas.
La debilidad y, por consiguiente, la ausencia del Estado han dado lugar a que
muchos colombianos hayan tenido que crear condiciones para su propia defensa,
dando lugar al nacimiento de fuerzas contrainsurgentes. Y en medio del caos ha
florecido con todas las garantías el negocio del narcotráfico, alimentando a uno y
otro actor y, en definitiva, a toda la sociedad colombiana.
Así mismo, la exclusión y desconocimiento han dado lugar a que en nuestros
espacios urbanos se haya enseñoreado todo tipo de violencias, desde las
acicateadas por las fuerzas subversivas y antisubversivas, hasta las nacidas como
bandas a la sombra de la pobreza y la miseria.
El clímax de autodestrucción al que habíamos llegado al comenzar los años
noventa; la tragedia generalizada contra la dignidad de la vida en todos los sentidos,
hacen pensar a los colombianos en la necesidad de un nuevo acuerdo, en un nuevo
pacto para crear caminos de inclusión e igualdad, sobre la base del respeto y
reconocimiento entre diferentes. La ilusión que crea la nueva Constitución con las
múltiples formas de participación que se institucionalizan en el campo de lo político,
sobre una definición esencial del Estado como Estado Social de derecho, garante de
la dignidad de todo colombiano, más allá de cualquier diferencia, se ve frustrada por
la permanencia y acentuación de un modelo económico neoliberal, que deja en la
más absoluta indefensión a millones de colombianos, ante las promesas de
redención que se darían con el crecimiento del mercado. Frustración que se
incrementa ante las casi dos decenas de reformas que en gran parte han buscado
disminuir o eliminar aquellas condiciones propiciadoras de alguna protección social.
Los propósitos constitucionales han sufrido un camino tortuoso para su puesta en
obra ante la ausencia de una conciencia y cultura política que nos permita el
reconocimiento del otro en un contexto de pluralidad, la apropiación de los espacios
de participación ciudadana para la construcción de lo público y lo colectivo por
encima de los intereses particulares y privatizadores, la eliminación de los
obstáculos provenientes de las élites tradicionales que permitan hacer real y efectiva
esta participación sobre una base de justicia social. En otras palabras, la propuesta
de la Constitución hacia la construcción de formas y estrategias de poder centrados
en la sociedad civil, choca con la tradición autoritaria y verticalista protectora de los
intereses de unos cuantos y excluyente de los de la mayoría, choca con los
principios de un modelo económico que pregona la competencia individual salvaje y
el crecimiento económico como fundamentos del ordenamiento social, en el cual las
mayorías más débiles aparecen cada vez más desprotegidas y abandonadas, tal
como nos lo enseña Monseñor Alberto Giraldo al recordarnos algunas estadísticas
de América Latina y de Antioquia sobre pobreza y desnutrición153, en la Lección
Inaugural a la que aludimos antes.
153
Giraldo Jaramillo, Monseñor Alberto. Lectio Inauguralis 2005: Una universidad al servicio de la vida.
Medellín, Universidad Pontificia Bolivariana, febrero de 2005. P. 2.
Las bondades de la letra constitucional poco han podido hacerse realidad ante los
obstáculos nacidos de la incapacidad de reconocimiento entre todos los colombianos
como personas iguales en dignidad humana.
3. La cultura del reconocimiento: reiteración y profundización de un
compromiso sagrado con y por la vida
Con Ortega y Gasset 154 hemos de afirmar que ―el enorme esfuerzo que es la guerra
sólo puede evitarse si se entiende por paz un esfuerzo aún mayor.... Si la guerra es
una cosa que se hace, también la paz, es una cosa que hay que hacer, que hay que
fabricar‖.
Tenemos la responsabilidad de contribuir con la construcción de un proyecto
humano que sea el núcleo esencial de una sociedad democrática, en la que el eje y
el fundamento sea una vida digna para cada colombiano, para todos los
colombianos. Pero esta democracia, entendida de manera esencial, como el sistema
político de la paz, constituido por personas iguales desde la perspectiva de la
dignidad humana, no podrá ser conseguido a partir de la mera redistribución de
cosas, riquezas o poder, sin antes, o al mismo tiempo, haber construido las bases de
una cultura del reconocimiento del otro como un proyecto de libertad, de vida digna,
sin el cual no es viable la realización de mi proyecto de libertad y vida digna; sin
antes haber construido las bases de una cultura del respeto hacia el otro y desde el
otro, es decir, sin haber comprendido la paradoja de la igualdad frente a los demás,
sobre la base de aceptar y comprender al otro como diferente y único; es la
necesidad de una cultura de la tolerancia; es la idea que sustenta el credo
democrático según el cual ―todos los seres humanos somos iguales, racionales,
inteligentes y perfectibles‖155; igualdad que ―se establece como igualdad ante la ley y
reconocimiento, igualmente, del derecho a poseer derechos iguales para todos‖156.
La vida digna, la dignidad humana no son logrables en la soledad del individuo sino
en la comunión entre quienes desarrollan la capacidad de reconocerse como iguales
y al mismo tiempo como diferentes, entre quienes van logrando superar las fronteras
de la reificación y la animalidad, para entender que sólo desde el reconocimiento de
la esencia humana del otro, yo puedo hacerme más humano, que sólo desde el
reconocimiento del otro como ser de libertad yo puedo realizarme como un ser libre.
Yo soy el eje de mi libertad pero la misma es plenamente posible en cuanto
reconozco y acepto al otro en libertad.
Angelo Papachini, recogiendo el enfoque hegeliano, nos enseña que ―habría una
pulsión más originaria y universal, más poderosa que la búsqueda de felicidad o la
necesidad de supervivencia, y más abarcadora que la misma sed de poder: la
demanda de reconocimiento‖157. Ésta ―acaba por desplazar a las pulsiones,
aparentemente más poderosas, ligadas con la supervivencia y la reproducción‖158.
Estas pulsiones demandan una satisfacción inmediata y constante, que una vez
lograda da lugar de nuevo al ciclo de deseo – necesidad de satisfacción, mostrando
154
Citado por Fisas, Vicent. Cultura de paz y gestión de conflictos. Barcelona, Icaria-Unesco. 1998. P. 9
Suárez Molano, José Olimpo. Syllabus sobre Filosofía Política. Medellín, Universidad Pontificia
Bolivariana, 2004. P. 142
156
Ibid. P. 143
157
Papachini, Angelo. Filosofía y Derechos Humanos. Cali, Editorial Universidad del Valle, 1997. p. 15.
158
Ibid. P.16.
155
así un límite en cuanto es una pulsión nunca resuelta del todo. ―Si el ser humano
quedase atrapado en la lógica de la pulsión, acabaría por desgastar sus energías
vitales en una tarea que beneficia exclusivamente los intereses del género, y no
quedaría rasgo de su destino vital como sujeto individual. Gracias a la toma de
conciencia de los límites de la gratificación inmediata, el individuo va descubriendo
otra faceta de su carencia, ligada con la necesidad imperiosa de otro ser libre que
reconozca su libertad: más allá de la pulsión de supervivencia, él advierte, al inicio
de manera oscura, la necesidad imperiosa de ser apreciado y valorado como un
ente distinto de los demás seres vivientes, como un proyecto de libertad‖159.
Cuando soy reconocido por otro como un ser diferente de los demás, se abre un
espacio de relación desde el cual entro en capacidad de comprender que mi
individualidad humana sólo es posible en y a través de la relación que se puede
establecer con el otro. Somos sólo en cuanto hay una reciprocidad dada en el
encuentro entre seres iguales pero diferentes. La muerte del otro, o su
subordinación, para apropiarme y defender los bienes necesarios para la
satisfacción de las pulsiones primarias, llevará al hombre a comprender, en un
proceso histórico muy lento, que de un cadáver no puedo obtener reconocimiento,
―que la vida constituye el soporte indispensable para el reconocimiento y la
libertad‖160; sin la vida del otro, la mía no podría pasar de los límites que establece el
ser simplemente animal, mero instinto. Sólo desde la conservación de la vida del
otro, la mía puede constituirse en una vida humana, con capacidad de trascender los
límites que impone la inmediatez de la naturaleza animal. ―El reconocimiento en
términos de reciprocidad no es una fulguración inmediata, sino el logro de un
proceso, que empieza con la experiencia de la alteridad radical entre seres que
deberían encontrar, cada uno en la figura del otro, la clave para poder descifrar el
sentido de su existencia‖161. Y si el otro es asumido como indispensable para la
formación y conservación del propio ser, de mi vida digna, se habrá llegado a un
campo en el que es más posible entender que la búsqueda unilateral del poder, que
las consecuciones con base en la violencia, son contradictorias y destructoras de mi
propia posibilidad de una vida digna. ―La dignidad del otro se transforma en la
condición indispensable para nuestra propia libertad. …Incluso la autonomía moral,
el bien del que el sujeto se siente más orgulloso, constituye en realidad el resultado
de una interacción social, de un intercambio y diálogo permanentes con los demás:
en el individuo la existencia como ser para sí, no puede desligarse en ningún
momento de su ser para otros‖162.
Al asumir la vida digna en cada ser humano como un don divino, no hemos recibido
un don terminado. Asumimos la responsabilidad de vivirla como tal a partir de una
relación de encuentro y reconocimiento de los demás y desde los demás.
En esta perspectiva, creemos que estamos madurando el fuerte sentido crítico, de
que nos habla Monseñor Alberto Giraldo, un sentido ―capaz de discernir los
verdaderos valores y las auténticas exigencias‖. Un sentido crítico que nos lleve
urgentemente a una movilización general de las conciencias y a un común esfuerzo
ético, para poner en práctica una gran estrategia en favor de la vida, en la que todos
159
Ibid. P. 17.
Ibid. P. 20
161
Ibid. P.19
162
Ibid. P. 21-22.
160
juntos construyamos una nueva cultura de la vida163, convirtiendo en realidad tanto
el don sagrado de la vida, como el mandato constitucional con base en el principio
de ―conformar una sociedad pluralista, fundada en el respeto a la dignidad
humana‖164.
Sólo sobre este fundamento esencial será posible pensar las condiciones para la
construcción de la paz, donde la diversidad y la pluralidad se convierten en
posibilidad de encuentro para negociar las diferencias y no para eliminar al diferente.
El reconocimiento de mi dignidad y la de los demás y, al mismo tiempo, de mi
responsabilidad frente a ellos, explicaría por qué, si no únicamente, sí
esencialmente, tenemos, desde nuestro proyecto pedagógico, un desafío éticopolítico para hacer posible en Colombia una paz para todos, contexto esencial para
una cultura de la vida digna.
163
Cfr. Giraldo Jaramillo, Monseñor Alberto. Op. Cit. P. 1.
Gaviria Díaz, Carlos. “Ética y Constitución”. Periódico Debates, No. 18. Medellín, Universidad de
Antioquia, Julio de 1996. P. 9.
164
ECOS DEL ENCUENTRO NACIONAL
DE UNIVERSIDADES CATÓLICAS
Junio
Ponentes:
Monseñor Alberto Giraldo Jaramillo
Arzobispo de Medellín
Gran Canciller de la UPB
Pbro. Jorge Iván Ramírez Aguirre
Ex Vicerrector Académico UPB
LA UNIVERSIDAD: “SER PARA SERVIR”
Ecos de una celebración “Encuentro Nacional de Universidades
Católicas”
Por: Mons. Alberto Giraldo Jaramillo
El Reverendo Padre Luis Alberto Roballo, Rector de la Fundación Universitaria San
Alfonso de Bogotá, ha tenido la atención de enviarnos un registro fotográfico de
nuestras celebraciones del 26 y 27 de mayo pasados con este título UPB 60 AÑOS
DE SELLO PONTIFICIO.
Nos ha parecido importante dedicar esta sesión de DIÁLOGOS DE LA CATEDRAL
a este acontecimiento. Me atrevo a pensar que ha sido un momento histórico muy
importante para las Universidades Católicas de Colombia, en las circunstancias
concretas, sociales, económicas, políticas, y, desde luego, culturales y religiosas que
vive el País.
Se nos entregará hoy una síntesis de los principales temas tratados y se nos invitará
a elaborar, entre todos nosotros, unas conclusiones del CONGRESO realizado en la
fecha mencionada.
Sirvan estas líneas para llamar la atención sobre un detalle que ciertamente
considero fundamental: nuestra celebración ha sido la conmemoración de 60 AÑOS
DE SELLO PONTIFICIO.
En las circunstancias de la vida de la Iglesia tales como se han manifestado con la
muerte del Papa Juan Pablo II y el inicio del Pontificado de Benedicto XVI, nos
parece que el título de Pontificia que tiene nuestra Universidad, la ubica en una línea
de opciones que debemos proclamar con fe, decisión e inmensa esperanza. En este
contexto logramos comprender el por qué del título LA UNIVERSIDAD “SER PARA
SERVIR”
¿Para qué y cómo sirve hoy la Universidad? Una mirada muy concreta a Antioquia y
Colombia nos permite encontrar la respuesta. Hoy, más que en otros momentos de
la vida de nuestra Patria, se hacen indispensables una tareas que nos permitimos
sintetizar en estos siete sencillos enunciados:
El servicio a la VERDAD, sin ambigüedades ni disimulos.
La defensa clara de la VIDA HUMANA en todas las etapas de su desarrollo y
con un claro reclamo por su calidad que supere las exclusiones y violencias
de las que a diario somos testigos
La proclamación de la DIGNIDAD DE LAS PERSONAS, por encima de las
caricaturas de bienestar que va contagiando una cultura globalizadaEl compromiso de TRABAJO POR LA PAZ que ha de ser el fruto de la
justicia, la reconciliación, el perdón, la reparación.
La FORMACIÓN DE UN LAICADO constituido por hombres y mujeres, que
han hecho de la coherencia de su vida y de su opción por la santidad, el gran
motor de todas sus decisiones personales, familiares y sociales.
La convocación a constituir AUTÉNTICAS COMUNIDADES CATÓLICAS que
no estén a la deriva impulsadas por una manera de pensar esclava de
expresiones de una fe que no se logra ubicar.
Por encima de todo, el servicio del ANUNCIO DE JESUCRISTO, camino,
verdad y vida para cada uno de los seres humanos en el tercer milenio.
La herencia espiritual y doctrinal de Juan Pablo II, los horizontes que ya hemos
conocido en el Cardenal Ratzinger y que siguen muy actuales en el Papa Benedicto
XVI son la orientación fundamental de esta Universidad para servir con un auténtico
SELLO PONTIFICIO.
El encuentro de hoy nos permite reflexionar sobre nuestro servicio poniendo en
marcha la ciencia y la sabiduría, la razón y la fe de quienes aquí estamos para ser
fieles al momento histórico que vive la UPB.
CONCLUSIONES
Por: Pbro. Jorge Iván Ramírez Aguirre165
“La Universidad debe servir al país en el esfuerzo común
por construir una sociedad nueva, libre, responsable,
consciente del propio patrimonio cultural, justa, fraterna,
participativa, donde el hombre, integralmente considerado,
sea siempre la medida del progreso…”
Juan Pablo II. Medellín, 5 de Julio de 1986.
Mi tarea es la de hacer evidentes, en una gran síntesis, los ecos del Encuentro
Nacional de Universidades católicas que se convocó con el tema de La Universidad
Católica: su identidad y misión en el nuevo milenio. Advertir los ecos; eso
requiere de aguzar el oído para escucharlos y volverlos materia de nuestro diálogo,
razón suficiente, luz de orientación de nuestro quehacer. Es así como llega a
nuestras conversaciones la lucidez de un momento primordial, como lo son todos
aquellos en los cuales ponemos en evidencia el interior, cuando sacamos afuera
nuestra dimensión esencial y propiciamos la auto comprensión del hombre.
Nos reunía la necesidad de preguntar en comunidad por el estado del carácter
católico vuelto misión, un estado que llama con vehemencia a la identidad; por eso
la pregunta por la catolicidad es la pregunta por lo que nos identifica, substancia que
soporta los accidentes, dimensión básica que permite las aplicaciones; eso configuró
trascendentalmente un momento único de comprensión solidaria, en el cual los
diálogos iban tras una meta que ya la voluntad acepta sin ambages: el pensar sobre
nuestra condición nos hace a los que los hacemos, de suyo, solidarios en el pensar.
Es el momento de la racionalidad universitaria como racionalidad humana de su
propia identidad; es, a mi manera de ver en Raimon Panikkar, el evento racional
que inicia, para nuestro efecto, el momento católico o cosmoteándrico, la revisión
conceptual de la universalización como principio y la adopción de una nueva forma
de ver desde Dios, el cosmos y el hombre modelada en Jesucristo.
165
Profesor titular de la facultad de Filosofía de la Universidad Pontificia Bolivariana, Filósofo, Magíster en
Teología. Actual vicerrector académico de la misma.
Este evento, que supera la estrecha agenda de diálogos y conferencias fue, pues, la
base de este momento católico que puede marcar la historia futura de las tareas
universitarias, en la cual las nuestras universidades en el país, mucho más
entendidas de esta nueva experiencia que reorienta su visión, se repiensen desde
esta triada que puede orientar su conciencia.
Viene a mi memoria, igualmente, el principio agustiniano que se vio reflejado, como
si fueran los rasgos de una personalidad o una ética para la comprensión entre
todos, en las relaciones y en el compartir de hermanos que alcanzamos a vivir en el
evento y que, ahora, nos llena de confianza : “in necesariis unitas, in dubiis
libertas, in omnibus charitas”, ―unidad en lo necesario, libertad en la duda y en
todo caridad‖.
Expondré, entonces los ecos desde el pensar como nueva posición en el mundo
para los nuevos tiempos; desde el servir como decisión del obrar por lo más
humano, y desde el educar como el rasgo futuro más importante para una auténtica
preservación de nuestra condición humano-trascendental.
1.
DESDE EL PENSAR
La Universidad de hoy debe sentar las bases de un auténtico pensamiento que dirija
sus destinos y modele su relación con el contexto social. Sobre todo la universidad
―…católica, está vinculada a la cultura de cada tiempo y lugar. Pero al mismo tiempo
es transmisora de los saberes y de la Buena Nueva que la hace esencialmente
distinta de las demás; de ahí que debe preservarse, adaptarse a los desafíos y
sobrepasar los escollos de las circunstancias de hoy. De este modo, la universidad
católica debe dar respuesta desde el humanismo cristiano a la sociedad que le da
vida en cada momento y espacio‖ 166. Los fundamentos de este pensar,
entendidos como presupuestos ideológicos para la consolidación de un pensamiento
universitario católico, fueron expresados como alternativa a una tendencia
simplificadora del pensar a partir de la cual de anulan las posibilidades de
crecimiento, se infravalora la educación del hombre y conlleva en muchos casos a
su reducción y exterminio.
No obstante, el desarrollo del pensar de hoy se da en condiciones de crisis que, a su
vez, aceleran la crisis de la educación y, por ende, la crisis sobre los supuestos
humanos. El desarrollo universitario se da en contextos de crisis inevitables y la
comprensión sobre ellas hace parte del legado de formación y del compromiso
institucional universitario. Esto hace pensar que la crisis sea, no un mundo de
problemas sino, más bien, un mundo de posibilidades de las cuales hay que hacer
discernimiento.
La crisis actual del pensamiento se refleja en los rasgos más
característicos del mundo moderno: el pluralismo indiferenciado que está en
condición de contradicción con la verdad, la definición antropológica desde lo
provisional y fugaz de no buscar el sentido, llevando a un exacerbado inmanentismo;
la separación de la razón y la fe que lleva a la aparición de nuevas religiones,
totalitarismos y radicalismos; el eclipse del sentido de Dios y del sentido del hombre,
generando una sustitución de valores y una transvaloración; el influjo de alguna
mentalidad cientifista donde lo técnicamente realizable es moralmente admisible; la
166
Presentación del Encuentro Nacional de Universidades Católicas.
adopción de las prácticas de una libertad absoluta desde un juicio moral sin verdad
con la consecuencias de una ética subjetiva e individualista; el establecimiento de
una relación entre democracia y relativismo ético en la cual las grandes decisiones
morales se dan a partir de las mayorías parlamentarias.
Estos son, los
presupuestos ideológicos que pueden sustentar un pensamiento universitario de
raigambre católica:
La constante pregunta por su esencia católica, que es un aspecto básico de la
racionalidad universitaria como constante dinámica entre identidad y catolicidad;
identidad como catolicidad y catolicidad como identidad.
La pregunta por su identidad católica conduce en todas sus formas al hombre,
concebido como integrado en cuerpo, alma y espíritu, razón y fundamento de la
tarea educativa; a su dimensión indivisible, superando las divisiones que conducen a
la violencia de sus derechos y deberes; a su dignidad y a su libertad; de ahí la
importancia de hacer constantemente la pregunta como acción universitaria.
Los principios que consolidan la identidad de la universidad católica piden una vuelta
a la verdad objetiva sobre lo humano, sobre su educación y su formación, sobre sus
dimensiones integradas que lo hacen persona y sobre su vida y su bienestar.
Identidad para servir, educar y transformarse.
La formación integral comprendida como razón transversal universitaria a partir del
humanismo cristiano, la evangelización de la cultura y la búsqueda de la verdad. Sin
renunciar a la identidad, la Universidad se abre al hombre sin discriminación alguna
y le ofrece las riquezas de la sabiduría cristiana.
La búsqueda desinteresada de la verdad, que caracteriza nuestra condición; en la
cual una universidad de inspiración cristiana debe propender por una incesante
reflexión del tesoro del conocimiento humano a la luz de la fe, la fidelidad al mensaje
cristiano como lo presenta la Iglesia y el servicio a la humanidad como trascendencia
y servicio a la vida, ya que somos cooperadores y facilitadores de la verdad, no
poseedores de ella.
La integración del saber con la ayuda de la Filosofía y la Teología configurando una
visión orgánica del mundo y del hombre contra los análisis sectoriales
reduccionistas.
El diálogo fe y razón desde la integración del saber, la investigación metódica y
pertinente con rigor tanto científico como moral.
La preocupación ética que ayude a conservar la trascendencia sobre el mundo y
proteja el entorno socio-humano.
El diálogo cultural, como diálogo entre el Evangelio y la cultura, contra una fe
decapitada o en proceso de auto anulación, y como la incorporación de los valores
en el patrimonio de las culturas. La evangelización de la cultura puede tener entre
sus fundamentos el crear vínculos, no posiciones irreconciliables, para escapar de
los modelos rígidos y los radicalismos.
La soluciones a los problemas socio humanos son integradas y la universidad aporta
desde su quehacer como voz crítica, con el desarrollo intelectual y desde el poder de
la pregunta.
La dedicación a la educación, que es un rasgo superior de cualquier cultura que mira
cómo su desarrollo exige un hombre educado y en el centro del desarrollo de la
persona por la vía de la educación está dado desde el pensar: su autocomprensión,
la heterocomprensión para el otro, la teocomprensión.
El recurso a los bienes del espíritu, espiritualidad para una sociedad desprovista de
entusiasmo y valor. Una espiritualidad que ayude a sanar las heridas del ser
humano sobre la tierra, las de la violencia, la corrupción, la inequidad y demás;
―…una espiritualidad que sanaría otra herida abierta del hombre
moderno: el abismo entre lo material y lo espiritual y, con esto, entre
lo secular y lo sagrado, lo interior y lo exterior, lo temporal y lo eterno.
No es cuestión de difuminar las diferencias, sino de darse cuenta de
las interrelaciones y hacerse consciente de las interdependencias y
correlaciones. El hombre no tiene una doble ciudadanía, por decirlo
así, una aquí abajo y otra arriba, o para después. Él o ella es, aquí y
ahora, habitante de una realidad auténtica que tiene muchas
mansiones y presenta muchas dimensiones, pero que no parte la
vida humana en secciones, sean en el tiempo o en el espacio, para
el individuo o la sociedad. El servicio a la Tierra es un servicio
divino, así como el amor de Dios es amor humano. Todo lo que nos
queda es expresarlo en nuestras propias vidas.‖167
La vocación a la excelencia y la pertinencia, en donde ―cualquier tipo de
mediocridad traicionaría las expectativas de la Iglesia y de los mismos beneficiarios
de la educación. Las generaciones jóvenes y todos aquellos y aquellas que
frecuentan sus instituciones tienen derecho a recibir lo mejor; el servicio que la
Iglesia promete a los padres, a la sociedad y a las naciones no sería un verdadero
servicio digno de este nombre si no fuera el mejor del que está en condiciones de
ofrecer.‖
2.
DESDE EL SERVIR
―Se puede pensar con toda razón que el porvenir de la humanidad
está en manos de quienes sepan dar a las generaciones venideras
razones para vivir y razones para esperar‖.
167
PANIKKAR, Raimon. La intuición cosmoteándrica: las tres dimensiones de la realidad. Madrid,
Trotta 1999. p 180.
¿SERVICIO A QUÉ?
A la humanidad. Como lo dice la Veritatis Splendor: ―La Iglesia, a través de la
educación, quiere proporcionar un servicio altruista a la humanidad entera, a todos
los pueblos y naciones; más aún, a través de este servicio, desea formar a hombres
y mujeres dispuestos a servir. La educación cristiana, la misión y las funciones de
las instituciones de enseñanza católicas…son expresión de la caridad
auténticamente fraternal a imagen de Cristo, que vino a servir a los pobres y
menesterosos; todos los medios de la educación deben sustentar su acción en el
servicio desinteresado a la humanidad.‖168
Servicio a la humanidad que le indica cuáles son los fundamentos de su acción y de
sus tareas más importantes: la dignidad de la persona humana como el punto más
alto de su esencia, desde el cual se puede construir una civilización que no olvide
fácilmente los valores que la constituyen desde el ser humano.
Servicio a la vida, comprendiendo que la vida es el valor supremo en el camino de
humanización de la cultura y del entorno, mínimo y máximo de cualquier valoración o
escala moral y ética; una vida perneada de los valores supremos del Evangelio y
convertida en Evangelio de los hombres, Evangelio de la vida (Evangelium Vitae);
con propuestas claras, proyectos y programas específicos para su defensa y para
elevar su calidad en todos los ambientes, servicio para la defensa de la vida, servicio
para una alta calidad de vida
Servicio a la cultura local, regional y nacional. Una universidad que concretice los
fines de la educación desde el análisis de los contextos y entornos en los cuales se
encuentre, con currículos adaptados y adaptables a los cambios sociales,
económicos y culturales; constructora de comunidades que permitan la cohesión
social y la identificación de ideales comunes en la política; que reúna en su
propuesta educadora las iniciativas, anhelos y prácticas de la vida de todos los
pueblos.
A la Iglesia, en su dimensión de comunidad de fe, emprendiendo junto a todos el
camino cristiano de perfección humana, para una sociedad en permanente
construcción y no para una sociedad perfecta; servicio en la investigación para leer y
comprender la sabiduría del conocimiento cristiano y para alimentar su cuerpo
doctrinal; cooperadora en la función pastoral de cuidar de los otros por medio de la
proyección social eficaz y, con el aporte de las disciplinas sociales y humanas, en la
sistematización de la experiencia pastoral de la Iglesia en el mundo social y del
trabajo. Servicio en la formación de todos los creyentes y en la construcción de
auténticas comunidades católicas.
Servicio a la familia, desde la unidad y la integración, buscando el diálogo y la
comprensión, propiciando el desarrollo de sus potencialidades como cohesionadora
de la sociedad y como cuna privilegiada para el desarrollo adecuado de la persona.
168
Gravissimum Educationis Momentum.
Por último, a la unidad, contra el egoísmo y el individualismo, las discriminaciones, la
segregación y el odio. Cada vez más las vivencias de quienes se forman en la
universidad deben orientarse y fundarse en el respeto por las diferencias, en la
búsqueda de metas comunes y en la valoración de las individualidades, las
autonomías y las identidades.
3.
DESDE EL EDUCAR
Los ecos desde el educar llegan diciéndonos que ―la persona humana debe ser
rodeada y preservada; la sociedad humana merece renovarse. Esta preservación y
esta renovación constituyen los grandes desafíos que se le presentan hoy a la
educación, una educación que debe apuntar siempre de manera prioritaria a formar
la persona humana‖169
¿EDUCAR PARA QUÉ?
¿Educar para qué?, esa es la pregunta privilegiada en el trayecto de desarrollo de
los pueblos; seguramente, ninguna otra tarea humana puede tener mayor fuerza que
esta para preservar las dimensiones más importantes de la condición humana; con
la educación se preserva el valor fundante de la vida y, por supuesto, todo aquello
que nos hace aún más personas; educar es importante para renovar las estructuras
actuales creadas por el mismo hombre, en constante renovación si las preguntas se
hacen desde todos los contextos de enseñanza y aprendizaje a lo largo de toda la
vida.
Por lo mismo, la educación se presenta como el rasgo futuro más importante para
una auténtica preservación de nuestra condición humano-trascendental; la de la
condición humana y la de la trascendencia desde si mismo y hacia Dios.
De esta forma podemos justificar con éstas y más, la preponderancia de la
educación como razón original de la Universidad. Universidades para el fomento de
la educación y para asegurar el desarrollo del hombre en entornos diversos.
Para esto debemos educar, en cada una de éstas y en las necesarias en el futuro.
Debemos educar para ser, para la verdad, para el discernimiento moral, para vivir
con sabiduría, para encontrar el sentido de la existencia, para el progreso humano y
cultural, para la formación del carácter y la conciencia, para la paz y la convivencia,
para la construcción del tejido social, para respetar la vida, para la comprensión del
momento y del devenir histórico, para trascender. En definitiva, para ser más
humano.
169
Ibid, 1.
HAMBRE Y SEGURIDAD ALIMENTARIA
Noviembre
Ponentes:
Monseñor Alberto Giraldo Jaramillo
Arzobispo de Medellín
Gran Canciller de la UPB
Dra. Dora Cecilia Gutiérrez Hernández
Gerente Plan de Mejoramiento Alimentario y Nutricional de Antioquia MANA-
HAMBRE DEL MUNDO HAMBRE DE DIOS
Por: Mons. Alberto Giraldo Jaramillo
1.- Nos encontrábamos en Roma durante el pasado Sínodo de los cuando se
celebró la Jornada Mundial de la Alimentación el pasado 16 de octubre. El titular de
L´Osservatore Romano fue impresioante: ―El hambre mata un ser humano cada
segundo‖ y agregaba ― En el año 2004 las personas sin alimento eran 852.000.000,
once millones más que en el año precedente.
En ese mismo periódico se entregó el mensaje del Papa Benedicto XVI al Señor
Jacques Diouf, Director General de la Organización de las Naciones Unidas para la
Alimentación y la Agricultura- FAO.. Entre otras cosas dice el Papa: ―Los millones de
personas que están amenazadas en su existencia misma, porque están privadas del
mínimo de alimento necesario, exigen la atención de la Comunidad internacional,
porque todos tenemos el deber de cuidar a nuestros hermanos. En efecto, el hambre
no depende únicamente de situaciones geográficas y climáticas o de circunstancias
desfavorables ligadas a las cosechas. Es también provocado por el hombre mismo y
por su egoísmo que se traduce en carencias de la organización social, en la rigidez
de estructuras económicas muy frecuentemente dedicadas solo a la ganancia y aún
en prácticas contra la vida humana y por sistemas ideológicos que reducen la
persona humana, privada de su dignidad fundamental, a un mero instrumento‖.
El mismo Papa subraya luego la importancia del lema escogido para esa jornada
―Agricultura y diálogo de las culturas‖. Entre otras cosas afirma luego: ―El progreso
técnico no sería realmente eficaz sino cuando encuentra su lugar en una perspectiva
más amplia, en la cual el hombre ocupa el centro, con el afán de tener en cuenta sus
necesidades y aspiraciones‖
2.- Ayer, 23 de noviembre, la prensa mundial entregó los ecos del informe que fue
presentado por el citado Señor Diouf. El Título ya es diciente: EL ESTADO DE LA
INSEGURIDAD ALIMENTARIA EN EL MUNDO 2005. Los comentarios de prensa
fueron dicientes: ―El hambre: una zancadilla para el desarrollo‖. Parece imposible
que se logren las metas de la disminución del hambre en el mundo, para el 2015. En
este encuentro de hoy podríamos mirar cifras, buscar causas y llegar a
conclusiones.
3.- Mencionemos una exigencia de nuestra fe. Acabamos de celebrar el Sínodo
Mundial sobre la Eucaristía. Quien ha meditado el sentido de la Eucaristía se
encuentra con palabras centrales del mensaje cristiano. En el Evangelio de San
Juan está el pasaje de la multiplicación de los panes por parte de Jesús. El mismo
Señor, en una amplia catequesis explica el sentido de su acción. ―El pan de Dios es
que baja del cielo y da vida al mundo. Entonces le dijeron: Señor danos siempre de
ese pan‖ (Jn 6,33-34). ―Yo soy el pan de la vida… Yo soy el pan vivo bajado del
cielo…‖ (Jn 6,48.51).
A partir de la meditación de estos pasajes quienes se acercan a la Eucaristía reciben
al Señor y, desde encuentro vivo con Él, emprenden un camino de auténtica
solidaridad. Comulgar, sin sentir como nuestras las necesidades de tantas personas
con hambre, es perder el sentido auténtico de este sacramento.
Al acercarnos a la Eucaristía se ha de generar poco a poco en nosotros lo que
hemos de llamar una ―cultura eucarística‖. Quienes comulgan tienen actitudes
nuevas en sus relaciones ordinarias con los demás. Ellos mismos pueden llegar a
entender que el hambre de pan que muchos tienen, es hambre de un Dios lleno de
misericordia y caridad para con todos. Aquí se puede llegar a desarrollar lo que
hemos escuchado tantas veces en el Evangelio: ―Ven bendito de mi Padre… tuve
hambre y me diste de comer‖
Entre nosotros existen esfuerzos de muchas personas que tratan de apoyar a
quienes carecen del alimento fundamental para sus vidas. Sirva este encuentro de
hoy para reconocer sus esfuerzos, estimular sus trabajos y encontrar nuevos
colaboradores que permitan crecer en respuestas cada vez más adecuadas a estas
necesidades.
UNA ALTERNATIVA DESDE EL ESTADO MÁS ALLA DEL HAMBRE– MANA
Con el propósito de contribuir a mejorar dicha situación de la población antioqueña,
en especial de la más pobre y vulnerable, la Gobernación de Antioquia, durante el
periodo de gobierno 2001-2003, formuló el PLAN DE MEJORAMIENTO
ALIMENTARIO Y NUTRICIONAL DE ANTIOQUIA –MANA-, el cual plantea como
objetivo mejorar la situación alimentaria y nutricional de la población más vulnerable
o en alto riesgo nutricional, a través de una estrategia integral de organización y
participación social para el desarrollo.
Así, el Plan Departamental de Seguridad Alimentaria y Nutricional fue creado para
dar solución a las principales causas de inseguridad alimentaria y nutricional en
Antioquia.
Partiendo de la necesidad de brindarle a la niñez del Departamento oportunidades
de desarrollo integrales, la Asamblea Departamental fijó, mediante Ordenanza No.
27 del 16 de diciembre de 2003, ―…políticas públicas para el desarrollo integral,
sostenible y equitativo de la niñez en el departamento de Antioquia‖ en la que se
reconoce abiertamente al Plan MANA como la política pública que en materia de
seguridad alimentaria y nutricional funda la Dirección.
El objetivo general del programa es contribuir al mejoramiento de la situación
alimentaria y nutricional de los menores de 14 años y sus familias en el
departamento de Antioquia, a través del modelo de Seguridad Alimentaria propuesto
por el Plan.
ESTRATEGIAS DEL MANA
Elaboración de planes locales de seguridad alimentaria y nutricional en asocio
con las administraciones municipales, Bienestar Familiar, grupos organizados,
empresa privada, ONG, instituciones académicas para la ejecución del Plan en
cada municipio.
Capacitación, educación e información en hábitos alimentarios, estilos de vida
saludable, nutrición con buen trato, detección oportuna de niños con problemas
de desnutrición, técnicas agropecuarias, producción más limpia, gestión
empresarial, formación en integración curricular con énfasis en seguridad
alimentaria, buenas prácticas alimentarias.
Coordinación interinstitucional con entidades gubernamentales, privadas y
agencias de cooperación internacional.
En coordinación con las administraciones municipales se implementan acciones
pedagógicas sobre derechos de la infancia con énfasis en el afecto y la
alimentación, dirigido a líderes municipales multiplicadores, tales como:
docentes, padres, jóvenes y miembros de organizaciones comunitarias, los
cuales desarrollaran talleres con otros grupos vinculados al Plan.
Conformación de comités a nivel departamental y municipal para el diseño e
implementación del SISVAN que permita vigilar y conocer aspectos relacionados
con la seguridad alimentaria tales como: disponibilidad, acceso, consumo y
utilización de los alimentos; lo anterior con el fin de facilitar la toma de decisiones
en las diferentes localidades. Además, se cuenta con Sistema de Vigilancia de la
muerte por desnutrición.
Fortalecimiento y establecimiento de sistemas productivos familiares y
comunitarios, que permitan el autoconsumo de alimentos fuentes de proteína de
alto valor biológico que se adapten a las necesidades locales de los grupos
familiares.
IMPACTO REAL EN LA INFANCIA EN SITUACIÓN DE POBREZA Y EXCLUSIÓN.
Cobertura del 90% de los menores de cinco (5) años pertenecientes al SISBEN 1 y 2
del Departamento con algún programa de complementación, destacándose la
atención por parte del ICBF y el Plan a 200.000 niños con complemento durante 250
días consecutivos y 90 días con una mezcla nutricional. Este complemento,
conformado por leche y galletas, es fortificado con 10 vitaminas y 15 minerales,
aumentando el consumo de productos lácteos en la primera infancia.
Se han capacitado 120.000 padres, madres o adultos cuidadores de los niños que
se encuentran en los programas de complementación alimentaria, con información
sobre hábitos alimentarios a través de talleres y programas radiales, contribuyendo
así a modificar y mejorar prácticas alimentarias inadecuadas.
Así mismo, se atienden 7.000 gestantes y sus familias con una estrategia integral de
capacitación y la entrega de un complemento alimentario contribuyendo así a
disminuir el bajo peso al nacer.
Contamos con 32 centros de recuperación nutricional clínica funcionando que
atienden el 100% de los niños con desnutrición aguda. A la fecha se han atendido
429 menores, con marasmo y kwashiokor, evitándose así la muerte por desnutrición
y se ha realizado seguimiento en el Programa de Recuperación Nutricional
Ambulatoria al 90% de los niños con desnutrición aguda.
Se cuenta con programas de lactancia materna en los 125 municipios con 2.500
personas capacitadas, una Institución Amiga de la Mujer y de la Infancia (IIAMI)
certificada y 30 más se encuentran en proceso de certificación.
En el Programa de Crecimiento y Desarrollo se cuenta con el 80% de los niños que
reciben el complemento fortaleciendo así la atención integral a los niños en su
primera infancia.
Se cuenta con una estrategia de comunicación, información y capacitación en
seguridad alimentaria, derechos y deberes en salud, detección precoz de niños con
desnutrición, en los 125 municipios del Departamento a través de 150 programas
microradiales ―MANA en su casa‖, contribuyendo a la detección oportuna de casos
de desnutrición severa.
Se cuenta con un equipo de 3.700 multiplicadores en nutrición con buen trato;
77.800 padres y madres en proceso de capacitación en promoción del buen trato,
fortaleciendo los valores y la convivencia familiar con énfasis en los derechos de los
niños. Además, contamos con 70 campañas educativas en la promoción de los
derechos de los niños; 52 Jornadas simbólicas de vacunación; niños y niñas
escuchados en 149 eventos lúdicos; campañas de Proyección Comunitaria y
Estrategias Comunicativas en los 125 municipios (programas y series radiales,
programas de televisión y divulgación en prensa); concertación interinstitucional,
conversatorios sobre Infancia y Seguridad Alimentaria en 97 municipios y 13
eventos académicos de Seguridad Alimentaria y Nutricional.
Las familias ejercen su derecho al buen trato, denunciando ante las instituciones
competentes, los casos de violencia intrafamiliar, la cual se ha podido corroborar con
el trabajo articulado con las comisarías de familia.
Se tienen los 125 municipios del Departamento capacitados y fortalecidos en
Seguridad Alimentaria con Concejos de Política Social; con Comités Coordinadores
Locales conformados para el desarrollo de Planes Municipales de Seguridad
Alimentaria y Nutricional.
El 100% de los municipios reportando información acerca de la vigilancia alimentaria
y nutricional. Actualmente tenemos 86.539 menores de 5 años 11 meses con
vigilancia nutricional para los indicadores peso edad, talla edad y peso talla; se
cuenta con 120.520 menores en vigilancia.
Inicialmente se contó con una prevalencia de desnutrición aguda de 32,7%, cifra que
se ha logrado reducir al 29,0% en la vigilancia actual; no obstante, haciendo
seguimiento a una cohorte de menores se encontró que la prevalencia de
desnutrición aguda es del 26,0%, lo cual muestra una reducción de 6,7% en el grupo
estudiado. Asimismo, se ha logrado disminuir la muerte por desnutrición en los
últimos tres años así: en el año 2001 la tasa de mortalidad era del 31,6 y se redujo al
8,4 al año 2004. Todo esto gracias a la intervención oportuna y a la estrategia de
Centros de Recuperación Nutricional, no solo ambulatorios sino también clínicos, en
donde se ha logrado atender a julio 31 de 2005 429 niños en recuperación
nutricional clínica y 325 en seguimiento nutricional ambulatorio.
Se cuenta con 11.359 sistemas productivos, se han beneficiado 82.000 menores de
14 años y se han capacitado 29.300 personas en técnicas agropecuarias, gestión
empresarial y desarrollo comunitario. Se ha logrado que el 60% de lo producido sea
para el autoconsumo de las familias fortaleciéndose así la disponibilidad de
alimentos en los hogares.
Se han actualizado 636 Proyectos Educativos Institucionales con la inclusión de
saberes de Seguridad Alimentaria a través de la formación en integración curricular,
técnicas agropecuarias, gestión empresarial, hábitos alimentarios y estilos de vida
saludable a 6.348 docentes y demás agentes educativos, al igual que la capacitación
a 8.590 padres de familia.
Se cuenta con una intervención en 1.398 Centros Educativos Rurales con un 80%
de Proyectos Educativos Institucionales mejorados con la inclusión de elementos de
seguridad alimentaria.
De 570 Proyectos Pedagógicos Productivos instalados al 2004, se cuenta con 420
fortaleciendo los restaurantes escolares.
Se cuenta con 85.739 escolares en los proyectos productivos pedagógicos.
Se han movilizado capitales alternativos en las comunidades haciéndolas parte de la
solución del problema.
Actualización Guía de Atención niño desnutrido.
De acuerdo con una investigación realizada durante el 2004, en el departamento de
Antioquia, el 76% de las comunidades ha identificado el Plan MANA como una forma
de combatir la pobreza. (ZULUAGA N., Evaluación de la Política de Seguridad
Alimentaria, Universidad Pontificia Bolivariana, 2004).
Nota:
Quedan excluidos de la publicación los Diálogos del
mes de agosto sobre la ley de justicia y paz y de los
Diálogos de noviembre la ponencia del Doctor
JAIME PIEDRAHITA YEPES sobre Hambre y seguridad
alimentaria.
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