Resolución original - Seminario de Antropología

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Historia de la Filosofía
para peatones
Rafael Hidalgo Navarro
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INTRODUCCIÓN
Uno de los problemas más graves con que nos
encontramos en nuestro tiempo es la imposibilidad de
asimilar la totalidad de los avances que ha experimentado la
humanidad. El saber es muy amplio y su estudio tiende,
desde hace tiempo, a la especialización. El problema de
dicha especialización es que puede conducirnos a la más
penosa ignorancia. Ya Ortega y Gasset advertía en “La
rebelión de las masas” de la barbarie del especialista, esa
persona muy versada en un área concreta del conocimiento
que por ello se cree con capacidad para juzgar sobre todas
las cosas, pese a desconocerlas en realidad. Es decir, quien
siendo ignorante cree saber.
Sólo una visión de conjunto puede ayudarnos a
comprender el mundo en que vivimos y nuestra propia
existencia. Eso es lo que pretende aportar este libro; una
visión de conjunto sobre la historia de la ciencia madre, la
Filosofía.
La estructura de la obra está inspirada en la de uno
de los libros más didácticos que yo he conocido, la
“Enciclopedia tercer grado” en la cual estudiaron mis
padres; si bien es cierto que el propio esquema está bastante
actualizado para ganar en orden y distinción. Se trata de
sintetizar en puntos breves lo esencial de un pensador o una
corriente filosófica. Este modo de exposición, naturalmente,
no va a suplir un estudio en profundidad de la filosofía,
aunque sí puede ayudar a modo de esquema a estructurar los
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conocimientos adquiridos. También es útil para las personas
que desconocen la historia de la filosofía y pretenden
acercarse a ella por primera vez. Existen unas secciones
incluidas en sus páginas a modo de artículos que prestan
atención a algunos temas que pueden tener una mayor
actualidad (el Big-Bang, la evolución, etc.).
El libro se puede utilizar como guía de consulta,
acudiendo directamente al punto o al tema que interese sin
necesidad de leer los apartados precedentes.
En definitiva, lo que se intenta es enseñar los
primeros principios, los fundamentos básicos que hacen
comprensible la historia de la filosofía. Y no olvidemos que
la filosofía ha sido la herramienta intelectual fundamental
que ha ejercido de motor en la historia de Occidente. Sólo
podemos comprender nuestra realidad personal y social
desde el conocimiento de la filosofía.
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Conceptos
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CAPITULO 1: DEFINICIÓN DE FILOSOFÍA
FILOSOFÍA: (filos: amor; sofía: sabiduría. Amor a la
sabiduría) Es la ciencia que trata del conocimiento de la
realidad en su integridad a la luz de la razón.
El hombre, siempre que ha sido fiel a sí mismo, ha buscado
la verdad, y ese afán por la verdad proviene de la necesidad
que todas las personas tenemos de “saber a qué atenernos”,
saber porqué y para qué estamos aquí, qué sentido tiene
este mundo, qué grado de realidad tienen las cosas. La
filosofía no es sino la búsqueda humana de la verdad sobre
el mundo, sobre Dios y sobre nosotros mismos.
En función de cómo interpretamos la realidad actuamos de
una forma o de otra, por eso la filosofía no se limita al
pensamiento, sino que afecta a la vida misma, al modo de
actuar los hombres en el mundo.
1.
Ciencias particulares y filosofía: La ciencia es un saber que
aspira a formular de forma rigurosa, y a ser posible matemáticamente, las
leyes que rigen los fenómenos de la naturaleza. Dichas leyes han de ser
comprobables empíricamente y capaces de predecir acontecimientos
futuros.
Las ciencias particulares (matemáticas, física, biología, medicina...) nos
proporcionan una certidumbre respecto a algunas cosas; se trata de una
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certidumbre parcial. Además, las ciencias particulares se ciñen a lo
observable, a aquello que puede medirse o cuantificarse.
La filosofía, por su parte, no se contenta con conocer aspectos parciales de
las cosas, sino que quiere saber la raíz última de las cosas, aquella verdad
que explica la realidad en su conjunto; y como esa verdad no se limita a lo
que pueden captar nuestros sentidos la filosofía no se ciñe a lo empírico (lo
que se puede conocer experimentalmente).
A menudo, las diversas certezas de los saberes particulares de las ciencias
entran en conflicto y reclaman una instancia superior que clarifique cual
debe primar, por eso el hombre precisa una verdad universal, desde la cual
pueda vivir y jerarquizar las certidumbres parciales, esa instancia superior
es la filosofía.
2.
Religión y filosofía: La religión proporciona una convicción
acerca del sentido de la realidad entera, pero es una certeza revelada y tiene
su fundamento último en la fe. La filosofía, por su parte, se vale
esencialmente de la razón.
El saber científico y el filosófico son saberes “naturales”, pues se alcanzan
con nuestras facultades naturales de conocimiento –la experiencia y la
razón-. Por su parte, la religión es un saber sobrenatural, porque obtiene su
conocimiento de forma extraordinaria, por revelación, y porque su
contenido aborda aspectos que escapan a las posibilidades de la sola razón.
3.
Ideología y filosofía: Según definición de Marx una ideología es
la “expresión de los intereses de un grupo social”, “una falsa conciencia
de la verdadera realidad”.
La meta de la ideología es el poder (político, moral, económico). Para
dominar trata de convencer, por lo que utiliza un lenguaje persuasivo,
emocional, simplificador de la verdad. Tiende a ser intolerante con
concepciones de la vida distintas a la suya (es parcial y sectaria), por eso
presenta como opinable lo que no lo es y como no opinable lo que sí es
opinable. La filosofía tiene como fin conocer la verdad, mientras que la
ideología emplea medias verdades para lograr dominar (si se apoyase en
absolutas mentiras no sería creíble). El antídoto contra las ideologías es el
cultivo de la filosofía y de la cultura.
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4.
El ser como problema: Desde sus orígenes la filosofía se ha
ocupado del ser de las cosas; pero qué es eso del “ser”. ¿Cómo es posible
que el tema de estudio de la filosofía sea un verbo, el ser? ¿Por qué no
presta atención al parecer, al hacer o al desplazarse de las cosas, por
ejemplo?
Desde la Grecia clásica, la filosofía ha buscado lo que todas las cosas
tienen en común, aquello que permanece por encima de todos los cambios,
la verdad. Es obvio que todas las cosas son algo: lo que tienes en la mano
es un libro, donde estás sentado es una silla, el número uno es la unidad,
etc. Las cosas tienen en común que son algo (cada una será lo que sea, pero
coinciden en ser). Pues bien, por el hecho de “ser” se dice que son “entes”.
La metafísica es la “ciencia del ente en cuanto a ente” -de las cosas todas
por el hecho de “ser”-. Por contra, las ciencias particulares se ocupan sólo
de algún tipo de entes (por ejemplo, la medicina estudia el cuerpo
humano), y en cuanto poseen algunos determinados modos de ser (en el
caso de la medicina aborda el estudio del cuerpo humano en cuanto es
sujeto de enfermedades).
Podríamos expresarlo de otra manera diciendo que las otras ciencias
prestan atención a unas ciertas características de las cosas dibujadas en
diversos verbos: la medicina en el padecer y el curar, la física en el mover,
la semántica en el significar, la biología en el vivir, etc. Todos estos verbos
recogen un tipo de atributos de las cosas, pero el verbo ser presta atención
a las cosas mismas, no a un atributo concreto sino a lo que son. De eso,
precisamente, se ocupa la filosofía.
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CAPÍTULO 2: PARTES DE LA FILOSOFÍA
DIVISIÓN DE LA FILOSOFÍA: La filosofía se ocupa de todo lo
que existe y no hay ningún aspecto de la verdad que le sea
indiferente. Para abordar esta búsqueda del conocimiento,
se “especializa” en los siguientes saberes: Metafísica,
Cosmología, Psicología, Ética, Estética, Lógica, e Historia de
la Filosofía. Se podrían enumerar más divisiones, como
filosofía política, de la religión, etc., pero pueden agruparse
a grosso modo dentro de las ya citadas.
5.
Metafísica: significa textualmente “más allá de la física”. Fue
acuñado por vez primera por Andrónico de Rodas (s. I a.C.) quien al tener
que ordenar las obras de Aristóteles, no sabía qué nombre poner a los
libros que se encontraban después de los de “física”, y los denominó
“metafísica”. El acierto de esta denominación ha hecho que permanezca
pues la metafísica, al buscar la explicación última de las cosas, ha de
remontarse más allá de lo material hasta las realidades cognoscibles sólo
por la inteligencia.
La metafísica es la filosofía en el sentido más estricto. Estudia qué es
la realidad, en qué consiste.
Partes de la Metafísica:
Ontología: Es el estudio del ser en general. Los aspectos comunes de todos
los seres por el mero hecho de ser. Responde a preguntas tales como ¿Qué
tienen en común unas cosas con otras? ¿Qué grado de realidad poseen esas
notas comunes?
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Teología Natural o Teodicea: Trata del estudio de Dios como ser que se
basta a sí mismo y causa primera de todos los seres. Se vale de la razón al
margen de la revelación, a diferencia de la Teología que sí usa como apoyo
la revelación. Busca la respuesta a cuestiones como ¿existe Dios? ¿Cómo
es Dios? ¿Por qué existe Dios si es que existe?
Gnoseología o Epistemología: Estudia el alcance del conocimiento y su
relación con la realidad. Busca saber qué es la verdad y hasta qué punto
podemos conocerla. Trata de responder a preguntas como ¿soy capaz de
conocer la verdad? ¿Percibo la realidad tal cual es?
6.
Cosmología o Filosofía de la Naturaleza: Estudia el conjunto
de los entes naturales materiales (no artificiales) -el cosmos en su
conjunto- para saber qué son los cuerpos. Las ciencias particulares también
estudian los entes materiales pero desde el punto de vista de las causas
próximas (aquellas que se pueden observar o medir), mientras que la
cosmología los analiza desde sus causas últimas (no observables, no
medibles). Algunas preguntas que se plantea la Cosmología son ¿ha sido
creado el universo o se basta a sí mismo? ¿Cómo es el universo? ¿Tiene
límites? ¿Qué es el espacio?
7.
Psicología: Se centra en el hombre en cuanto a ser vivo. Estudia
las operaciones específicamente humanas: el conocimiento intelectual, la
voluntad libre y la afectividad. ¿Soy libre o me muevo por impulsos
predeterminados? ¿Qué motiva mi modo de actuar?
8.
Ética: Estudia los actos humanos en cuanto se originan en la
libre voluntad y, por tanto, implican una responsabilidad moral. El punto
de vista que adopta es el análisis de la bondad o maldad de dichos actos en
función de si se ordenan o no al fin último del hombre. ¿Existen unos
principios morales que rijan el modo de actuar de los hombres? ¿Cuáles
son estos principios? ¿En qué medida obligan? ¿Son siempre iguales o
varían según las épocas?
11
9.
Estética: Es la ciencia de lo bello o del conocimiento sensitivo.
¿Existe una belleza aceptable por todo el mundo o depende íntegramente
del gusto de cada cual? ¿Proyectamos en las cosas nuestros sentimientos, o
son esas cosas las que los despiertan? ¿Existe el orden y la armonía o son
concepciones nuestras que aplicamos a las cosas?
10.
Lógica: Estudia del pensamiento en general (conceptos,
razonamientos, juicios) desde el punto de vista de su coherencia o
corrección. ¿Razono correctamente? ¿Puedo conocer algo más allá de lo
que mis sentidos me muestran?
11.
Historia de la Filosofía: Permite conocer el desarrollo del
pensamiento filosófico a lo largo del tiempo para mejor comprender las
distintas perspectivas aportadas al conocimiento de la verdad.
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CAPÍTULO 3: HISTORIA DE LA FILOSOFÍA
EL EDIFICIO DE LA FILOSOFÍA: Todo sistema filosófico tiene
pretensión de descubrir la verdad pero ninguno de ellos la
agota sino que muestra una perspectiva más de dicha
verdad; podríamos decir que descubre un nuevo aspecto
que la completa. Por tanto, la historia de la filosofía ha
representado el intento de edificación del saber pleno del
hombre. La búsqueda de la verdad se produce en una
construcción progresiva apoyada en lo que los filósofos que
nos precedieron han ido descubriendo, en sus aciertos y,
por supuesto, en la superación de sus errores.
12.
Origen de la filosofía: La filosofía nace en Grecia en torno al
siglo VII a.C. El saber que existía hasta entonces en Grecia era el saber
mítico. Para el hombre mítico las cosas son poderes propicios o dañinos
que condicionan su vida (por ejemplo, un cuervo negro volando se podía
interpretar como mal augurio, mientras que una luna llena podía ser
propicia para ciertas actividades). El mito coincide con la filosofía en su
admiración por la realidad y en su búsqueda de dar respuesta a los
interrogantes que dicha realidad le plantea. Sin embargo, las explicaciones
dadas ante el universo resultarán insuficientes para algunos hombres: si los
exorcismos practicados por el brujo para quitar el dolor de tripa no sirven,
¿por qué no buscar las causas del dolor en la propia tripa?
A partir del siglo VII a.C. algunos hombres cambiarán de actitud y verán
cosas en lo que antes eran poderes, este cambio de perspectiva supone un
13
cierto distanciamiento de esas cosas para estar “frente” a ellas y no
“entre” ellas.
13.
¿Por qué en Grecia?: La filosofía tal como la entendemos nace
en Grecia. Otros países de la antigüedad han tenido grandes pensadores
que han mostrado poseer una gran intuición sobre el mundo y sobre el
hombre, pero sólo en Grecia este conocimiento se fundamenta en una
argumentación razonada y rebatible que precisa ser justificada para
sostenerse.
Grecia reúne en el siglo VII a.C. una serie de cualidades que facilitan el
nacimiento de la filosofía. Posee una cultura muy “humanista” en la que el
hombre es protagonista -sus mismos dioses poseen iguales inquietudes y
pasiones que los mortales-. Existe un conocimiento mítico que, si bien
explica la realidad por narraciones fantásticas, parte de preguntarse los
“porqués” de cuanto existe. En política se gobiernan por instituciones
libres –son los inventores de la democracia-, adquiriendo protagonismo la
palabra y la argumentación. La estructura social permite que existan una
serie de personas, los ciudadanos, que poseen tiempo para el ocio, es decir,
para desocuparse de las labores cotidianas y poder considerar las cosas más
allá de su función meramente práctica, poder admirarlas. Todas estas
características forman el caldo de cultivo, pero el detonante último es la
capacidad innovadora de unos pocos hombres que en aquel lugar y en
aquella época supieron abrir un nuevo camino a la humanidad.
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¿PARA QUÉ SIRVE LA FILOSOFÍA?
Cuando se nos estropea el coche, acudimos al taller
para que el mecánico nos lo arregle. Si nos
encontramos enfermos, visitamos al médico con la
esperanza de que nos pueda sanar. Si queremos comer
fruta, nos dirigimos a la tienda de alimentación y se la
compramos al dependiente. Todos estos oficios
muestran una utilidad, ya que son capaces de satisfacer
alguna de nuestra necesidades. Pero qué utilidad tiene
un filósofo. ¿Para qué sirve la ciencia que practica?
Para conocer para qué sirve una cosa lo primero
que hay que saber es qué es esa cosa. La filosofía surge
cuando los hombres no saben a qué atenerse, qué deben
hacer, cuál es el sentido de sus vidas. La visión que
heredaron de sus antepasados se muestra insuficiente
para comprender el mundo y precisan una explicación
global del mismo. Cuando esta nueva visión se adquiere
racionalmente, y no por inspiración, revelación divina, o
simple costumbre, nace la filosofía. La filosofía es una
ciencia que trata de explicar la realidad entera
empleando para ello primordialmente nuestra capacidad
de razonar.
Como hemos dicho, la filosofía nace cuando no
nos basta con lo comúnmente aceptado para poder vivir
y habérnoslas con el mundo. Esto significa que no
sabemos cómo actuar frente a esa realidad compleja que
se muestra ante nosotros. Pero cuando el filósofo
descubre la verdad, comprende qué sentido tiene el
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mundo y él mismo, entonces pasa a adoptar un modo de
vida acorde con esa realidad que ha descubierto. Por eso
la filosofía no es un mero proceso mental, sino que lleva
implícita una forma de vida congruente con lo que
nuestra razón nos va descubriendo.
En definitiva,
la filosofía nos ayuda a
comprender el mundo
y a nosotros mismos, y
esa comprensión hace
que vivamos de una
determinada manera.
Muchas veces
se ha dicho que la
filosofía nos remite a
las cuestiones últimas.
Veamos qué quiere
decir esto.
El requisito primordial de la filosofía es el
asombro. Se podría decir que en nuestra infancia
comenzamos en cierta manera a filosofar. Los niños
están descubriendo el mundo, y por tanto muestran
asombro por todo cuanto les rodea, por ello comienzan a
bombardear a preguntas a los adultos: ¿Papá qué es
esto? ¿Qué es aquello? Dentro de las preguntas que nos
podemos plantear hay algunas cuya respuesta explica la
realidad entera y a las cuales esa misma realidad nos
acaba siempre remitiendo son a las que llamamos
“cuestiones últimas”: ¿Por qué ansiamos conocer? ¿Por
qué precisamos ser queridos y estar cerca de las
personas que amamos? O más todavía: ¿Qué es
conocer? ¿Qué es el amor?...
16
Para construir el edificio de respuestas
racionales que expliquen la realidad, la filosofía precisa
asentarse en unas verdades que resulten indubitables,
que no necesiten demostración –por ejemplo “una cosa
es idéntica a sí misma”, o “yo existo”-. En el momento
en que una de esas certezas que sirven de pilar para una
filosofía pueda ser puesta en duda hay que revisar todos
nuestros conocimientos, comprobar si es tan obvia la
afirmación que teníamos por cierta y, si no lo es,
reconstruir el edificio del saber sobre nuevos pilares.
Precisamente la filosofía moderna se ha caracterizado
por el intento de reducir al mínimo el número de
supuestos iniciales. Ha mostrado mayor interés en evitar
la posibilidad de equivocarse que en buscar la verdad
misma, lo cual tiene sus riesgos.
Pero volviendo a la pregunta inicial: ¿Para qué
sirve la filosofía? Para nada en particular y para todo en
general. Para nada en particular porque no se atiene a un
aspecto concreto de nuestra vida. La economía ayuda al
desarrollo material de la sociedad, la lingüística a la
mejora en el empleo del lenguaje y la comunicación
entre las personas, la física a la medición y
manipulación de la materia, la medicina al cuidado de la
salud, pero la filosofía en sí no nos ofrece un resultado
palpable concreto, no nos incrementa la nómina ni nos
construye carreteras. Y, no obstante, la filosofía es
irrenunciable, porque como seres libres que somos
precisamos tomar decisiones en todo momento, y para
ello debemos saber quiénes somos, qué queremos, qué
se decide, qué posibilidades se nos presentan, qué
posibles consecuencias tienen las alternativas que se nos
plantean, debemos tener una imagen del mundo que nos
rodea. Lo que caracteriza al hombre es su necesidad de
conocer la verdad para poder actuar, para saber a qué
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atenerse, y es la filosofía la que nos acerca a esta
Verdad con mayúsculas.
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Filosofía
Antigua
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EDAD ANTIGUA
PRESOCRÁTICOS
FÍSICOS
Tales de Mileto (624-546 a.C.)
Anaximandro (610-545 a.C.)
Anaxímenes (585-528 a.C.)
PITAGÓRICOS
Pitágoras (572-500 a.C.)
ELEÁTICOS
Parménides (540-470 a.C.)
Zenón de Elea (495-¿?)
CAMBIO
Heráclito (544-484 a.C.)
PLURALISTAS Y ATOMISMAS
Empédocles (490-435 a.C.)
Anaxágoras (500-428 a.C.)
Demócrito (472-370 a.C.)
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Sócrates (469-399 a.C.)
Platón (427-347 a.C.)
Aristóteles (384-322 a.C.)
OTRAS CORRIENTES
CÍNICOS
Antístenes (444-365 a.C.)
Diógenes de Sinope (400-325 a.C.)
CIRENAICOS
Aristipo de Cirene (435-¿? a.C.)
ESTOICOS
Zenón de Citium (335-264 ª.C.)
Crisipo (280-207 a.C.)
Séneca (4 a.C.-65 d.C)
EPICUREÍSMO
Epicuro de Samos (341-271 a.C.)
ESCEPTICISMO
ECLECTICISMO
Cicerón (106-43 a.C.)
NEOPLATONISMO
Plotino (204-270 d.C.)
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CAPÍTULO 4: PRESOCRÁTICOS
PRESOCRÁTICOS: Son los filósofos griegos anteriores a
Sócrates. Lo primero que sorprende a los griegos es el
cambio. Si las cosas varían, ¿qué son de verdad las cosas?
¿Hay algo que permanece por encima de todos esos
cambios? Esa es la cuestión fundamental que se van a
plantear los padres de la filosofía.
Aquellos hombres se dieron cuenta de que por debajo de
todos los cambios debía haber algo permanente, pues de no
ser así la naturaleza se regiría por una continua destrucción
y creación o, lo que es lo mismo, de la nada surgiría algo, lo
cual es absurdo. No está de más recordar el principio de la
física moderna según el cual la energía ni se crea ni se
destruye, se transforma. En principio los presocráticos
buscaron lo permanente en la propia naturaleza, en algún
material del que todo estuviera hecho –físicos-. Al
comprobar que lo que nos muestran los sentidos es diverso
pondrán su atención en alguna realidad permanente que
sin ser observable se pueda descubrir a partir de lo dado a
los sentidos, en este caso serán las matemáticas –
pitagóricos-. Finalmente, los presocráticos buscarán lo
permanente en algo que esté más allá de lo físico (en lo
metafísico) –Parménides-.
23
14.
Físicos: Con este nombre se alude a los primeros filósofos, los
cuales buscan la explicación de los cambios en la naturaleza física. Todo
proviene de un único principio al cual vuelven las cosas cuando se
corrompen.
15.
Para Tales de Mileto (624-546 a.C.) (Físico) el principio de
todas las cosas es el agua. Todo está compuesto de agua y de ella procede.
Los seres vivos precisan agua para subsistir, y el propio mundo en la
creencia griega de aquel entonces estaba flotando en agua. A Tales se le
considera el primer filósofo por dar por vez primera una respuesta sobre el
conjunto de cuanto existe al margen de los mitos.
16.
El sucesor de Tales en la escuela de Mileto será Anaximandro
(610-545 a.C.) (Físico) quien pensará que el principio de las cosas es el
ápeiron (lo ilimitado o indeterminado). Las cosas se engendran por una
segregación del ápeiron (materia prima desconocida). Lo individual surge
por la injusticia o predominio de un contrario sobre otro (lo frío sobre lo
caliente, lo húmedo sobre lo seco...). Pero necesariamente el tiempo
devolverá la armonía unificadora desapareciendo lo individual.
17.
Anaxímenes (585-528 a.C.) (Físico), discípulo de
Anaximandro, también de Mileto, considera que lo común a los seres es el
aire. Las cosas se forman por condensación y rarefacción del aire. El fuego
sería el grado mayor de rarefacción, las piedras el aire condensado; entre
estos dos extremos habría toda una serie de niveles intermedios –viento,
nubes, agua, tierra -.
En definitiva, el planteamiento de los físicos es similar al de la ciencia
moderna, para la cual todas las sustancias están compuestas de hidrógeno,
oxígeno, hierro... y así hasta los ciento seis elementos de la tabla periódica.
Se puede considerar a los físicos como los primeros científicos. La
explicación mítica de universo queda superada en pos de una justificación
que reside en la propia realidad.
24
18.
Pluralistas y atomistas: Cronológicamente figurarían más
adelante, sin embargo, por el contenido de su filosofía podemos situarlos a
continuación de los físicos. Reconocen los postulados de los primeros
físicos, sin embargo, abogan por una pluralidad o infinitud de principios
originarios.
Mapa de la antigua Grecia.
19.
Para Empédocles (490-435 a.C.) (Pluralista), natural de
Agrigento (Sicilia), todas las cosas están compuestas de cuatro elementos
fundamentales: agua, fuego, aire y tierra. Según las diferentes proporciones
de estos elementos en la mezcla formarán distintas cosas. El mundo sigue
unos ciclos de unión (amor) y disgregación (odio) de las cosas.
Lo semejante sólo se conoce por lo semejante, el fuego si se encuentra
contenido en mí el fuego, y así el agua y las demás cosas. Hoy en día
podríamos extrapolar esta reflexión a otras dimensiones de lo humano.
Por ejemplo, si pensamos que el hombre está hecho a imagen de Dios
afirmaremos que el hombre es capaz de conocer al creador, pues posee
un algo divino que le permite captarlo. Si, por contra, afirmamos que
Dios no existe, veremos en el hombre un fruto azaroso de la naturaleza.
En ese caso el hombre comprendería el orden cósmico por ser “materia”
25
universal también, no porque el universo haya sido creado con finalidad
alguna.
20.
Anaxágoras (500-428 a.C.) (Pluralista), originario de
Klazomenas (Asia Menor), es el primer filósofo que hay en Atenas, pese a
no ser natural de dicha ciudad. Para Anaxágoras hay de todo en todo.
Las cosas están hechas de unas partículas pequeñísimas e imperceptibles
llamadas homeomerías. Las cosas se forman por unión y separación de las
homeomerías. Según cómo se agrupen las homeomerías formarán una cosa
distinta. Admite la presencia de una mente organizadora, impersonal e
independiente de las cosas.
21.
Demócrito (472-370 a.C.), natural de Abdera (Tracia), es
atomista. Todo -incluso el alma- está compuesto por átomos, los cuales
tiene distintas formas pero la misma naturaleza. Los átomos conservan los
atributos del ente de Parménides. Se trata de la primera doctrina
propiamente materialista. Nuestra percepción se produce porque los
objetos emiten una especie de espectros o átomos más pequeños que
penetran por nuestros sentidos. Cuando percibimos las características
cuantitativas de las cosas (tamaño, forma, peso) nuestra percepción es
objetiva, pues se funda en la recepción de esos espectros que emiten las
cosas. Cuando percibimos cualidades (sabor, color, temperatura) se trata de
algo subjetivo, algo que ponemos nosotros y no la cosa.
Como vemos ya en el siglo V a.C. los atomistas tuvieron la intuición
intelectual de afirmar que la materia estaba compuesta por átomos y que
según su forma de organizarse constituían los distintos objetos. Si se piensa
bien resulta asombroso por cuanto hasta el siglo XVII de nuestra era la
ciencia no vuelve a hacer una afirmación de tal calibre. Y la demostración
empírica de la existencia de los átomos no llegará hasta el XIX. Si yo parto
en pedacitos una hoja no veo átomos, sólo pedazos -siempre de hoja- cada
vez menores. A partir de concepciones filosóficas de los problemas llegan
a la existencia de átomo ¡veinticinco siglos antes que la ciencia empírica!
El camino iniciado por los atomistas queda agotado en Demócrito, pues
con los medios científicos de la época es imposible seguir avanzando por
26
esa línea. Los pensadores posteriores apostarán por la metafísica, por el
conocimiento mediante la razón, hasta que en el renacimiento la física
vuelva a recobrar protagonismo de la mano de científicos como Galileo y
Newton.
22.
Pitagóricos: Hoy en día la ciencia ha matematizado el mundo.
Las trayectorias de los astros, la masa de los cuerpos, los ciclos de la
naturaleza, la evolución de la economía, ¡hasta las encuestas de opinión! se
expresan con fórmulas matemáticas. Los pitagóricos fueron los primeros
en afirmar que el universo se regía por números. Ya no se trata de
determinar el elemento material que constituye todas las cosas, sino de
descubrir la ley que gobierna el cosmos.
Los cambios están sometidos a proporción, armonía, duración, es decir, a
magnitudes medibles. El número será la esencia de todas las cosas, aquello
que permanezca más allá de cualquier cambio. Los pitagóricos suponen un
grado de abstracción mayor que los físicos, pues los números no son algo
visible como el agua o la tierra. En rigor sólo vemos objetos individuales,
pero la mente humana es capaz de relacionarlos. Cuando yo digo que veo
ocho patos es porque los estoy relacionando y los agrupo, en realidad hay
un pato, y otro, y otro...
Los pitagóricos son un movimiento iniciado por Pitágoras (572-500 a.C.)
en la Magna Grecia y que se extiende en los siglos V y IV a.C. Su ideal de
hombre es el sabio, autosuficiente y desapegado de las pasiones mundanas.
Los pitagóricos formaban comunidades monásticas y creían en la
transmigración de las almas –en su capacidad para pasar de un cuerpo a
otro-. Los hombres arrastran un pecado que les encadena a su cuerpo hasta
que lo purguen mediante el cultivo del ascetismo y la virtud.
Descubren los números y las figuras geométricas como entes no
corporales, inmutables (permanecen siempre iguales, no cambian) y
eternos. La explicación de la realidad está en los objetos matemáticos. Los
entes (las cosas) lo son por imitación de dichos objetos matemáticos. Con
los pitagóricos el mundo va a quedar dividido en dos: el mundo sensible
(dado a los sentidos) y el mundo inteligible (conocido por la razón).
Nuestros sentidos no agotan la realidad, sino que ésta se ha de explicar por
mediación de la razón.
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23.
Parménides: (540-470 a.C.) vivió en Elea. Modela
definitivamente lo que va a ser la filosofía. Hemos visto que las cosas
coinciden en que son algo, cada una será lo que sea, pero en principio
todas son algo. La filosofía en Parménides va a tratar sobre las cosas en
cuanto son, las cosas como entes. Además de definir el objeto de la
filosofía (el ser de las cosas, lo que las cosas son), desarrolla su método: el
noûs o pensamiento. El conocimiento puede seguir dos vías: la de la
opinión que se deja guiar por las sensaciones, por las apariencias (lo “que
es y no es”, la realidad cambiante), y la vía del conocimiento que busca lo
permanente (lo “que es” conocido por la razón. El ser no se da a los
sentidos, éstos sólo perciben un ser aparente que, por el hecho de cambiar,
puede dejar de ser lo que era para pasar a ser otra cosa, es decir, puede
dejar de ser).
Vamos a tratar de ver más claro esto con un ejemplo: Lo primero que conviene aclarar es que “el ser”
de Parménides no admite división ni multiplicidad, no reconoce lo individual, engloba al cosmos entero.
Por tanto, el ejemplo que vamos a poner es meramente orientativo, pues rompe la premisa de unidad del
ser.
Supongamos un huevo; dicho huevo un día eclosionará y de él saldrá un pollito. Nuestros sentidos –vía
de la opinión- contemplan el huevo como cambiante, al principio es un huevo, para luego dejar de serlo.
Sin embargo, en nuestra mente –vía del conocimiento- un huevo siempre es igual –lo imaginamos como
un objeto ovalado, pequeño y frágil-, un huevo siempre es un huevo. Nadie dice “un huevo es una
gallina”. Mi mente conserva presente lo que el huevo es. Parménides entiende el ser como algo
permanente. Por eso para él “lo mismo es el pensar y el ser”. El pensamiento lo entiende como un reflejo
perfecto de la realidad, no como su copia ni como su modelo.
Quedémonos ahora con el huevo que poseemos en el pensamiento, el huevo que es. Si éste dejase de ser
supondría que del “ser” huevo se habría pasado al “no ser” huevo, habría dejado de ser. Esto sería
absurdo porque como hemos dicho un huevo “siempre es” un huevo.
Parménides se da cuenta de que todo procede de algo, nada surge por
generación espontánea, por tanto, el universo existe desde siempre. En el
fondo la idea es la misma que el moderno principio de la física según el
cual la energía ni se crea ni se destruye, simplemente se transforma, pero
su cantidad es siempre igual. Por otro lado la realidad es plena, no existen
huecos en ella donde no haya nada, por eso la contempla como un todo
permanente. Así pues el ente tiene una serie de predicados que deduce de
la afirmación “el ser es y el no ser no es” (es decir, “lo que existe no puede
desaparecer sin más”, y “de la nada, nada sale”). Los predicados del ser de
Parménides son estos:
28
1.- Es presente. Está presente en el pensamiento, a diferencia de las cosas
que pueden o no estar presentes a los sentidos y, además, cambian su
forma. Yo puedo saber lo que es un perro sin necesidad de tenerlo delante,
de hecho el perro real, el que veo por la calle, puede cambiar de forma, hoy
puede estar sano y mañana puede faltarle una pata y una oreja, cosa que no
sucede al “ser” perro que yo poseo en la mente.
2.- Las cosas son todas entes, esto es, tienen en común que son algo. Más
allá de su multiplicidad las cosas tienen unidad en el ente.
3.-El ente es inmóvil. Llegar a ser o dejar de ser supone una dualidad de
entes. Que haya muchas cosas distintas no afecta a la unidad del ente.
4.- El ente es lleno, no tiene vacíos. Fuera del ente no hay ninguna cosa,
pues a todas les pertenece ser entes. No hay ninguna cosa que no sea nada.
5.- El ente es ingénito (existe desde siempre, no ha sido creado) e
imperecedero, ya que de no ser así supondría un acto de no ser, lo cual es
imposible.
En Parménides el cambio es imposible, pues en ente es inmóvil. En
adelante la filosofía griega va a consistir en el intento de hacer posible el
cambio dentro de la metafísica de Parménides.
24.
Zenón de Elea (495 a.C.-?), natural de Elea. Discípulo de
Parménides. Con su maestro afirma la inmutabilidad del ser. Descubre el
método dialéctico (a partir de una realidad comúnmente aceptada se
demuestra que las conclusiones que de ella se extraen son incoherentes); lo
usa principalmente para combatir a los adversarios de Parménides.
Zenón va a tratar de demostrar la ausencia de movimiento defendida por su
maestro con una serie de argumentos –aporías- entre los que destacan dos:
Aquiles no podrá alcanzar en su carrera a una tortuga que partió antes que
él, pues al ganar la distancia que los separaba, la tortuga ya habrá avanzado
otro poquito más, con lo que le llevará nueva ventaja a Aquiles. Como la
distancia se puede fragmentar hasta el infinito, Aquiles nunca alcanzará a
la tortuga pues esta siempre habrá adelantado algo cuando Aquiles alcance
el lugar en que el reptil se encontraba un instante antes.
Una flecha arrojada siempre estará en reposo, sólo se mueve en apariencia.
Si yo me fijo en ella en un instante cualquiera la flecha estará en un
29
determinado punto, estática. Como el recorrido de la flecha se puede
dividir en infinitos momentos la flecha siempre está quieta en cada uno de
ellos.
Zenón, con su maestro, parte de presuponer que realidad y pensamiento
operan de igual modo, pues este es un reflejo de aquella.
25.
Heráclito (544-484 a.C.) es de Éfeso (Asia Menor). Afirma el
devenir o cambio de las cosas: “No podemos bañarnos dos veces en el
agua del mismo río” porque “todo fluye y nada permanece”. Podríamos
decir que lo único permanente es que todo cambia. Por eso la sustancia
primordial es el fuego. El mundo cambia incesantemente por la lucha de
contrarios –frío y caliente, vida y muerte...-; nada es imaginable sin su
contrario.
Sin embargo, el cambio no es caótico, existe un logos o razón universal
que gobierna el mundo, le da armonía. El logos se puede entender como el
legislador del mundo y a la vez la ley que lo gobierna. Heráclito reconoce
que las cosas tienen algo en común: lo sabio (sophón) que coincide con el
ente de Parménides. La opinión sólo repara en el mundo cambiante. No
obstante, el mundo esconde lo sabio que es lo que verdaderamente es (lo
permanente), por eso hay que descubrirlo por la razón.
El punto de partida de la filosofía de Heráclito está en la experiencia que
muestra un mundo cambiante y múltiple, pero una experiencia
interpretada: “malos testimonios son los ojos y los oídos para aquellos
hombres que no entienden su lenguaje (que tienen alma de bárbaro)”.
Aristóteles señalará el problema que supone el pensamiento de Heráclito:
si nada es estable es inútil pretender captar la realidad mediante conceptos
fijos y, por ello, es imposible elaborar ciencia alguna pues la ciencia
emplea conceptos, razonamientos y leyes que son estables y permanentes.
26.
Conclusiones: Para los presocráticos la realidad es inteligible,
todo lo real es racional, por eso se van a esforzar en descubrir las leyes que
rigen el mundo. La filosofía parte del supuesto de que existe la verdad y
que esa verdad se puede conocer por medio de la razón.
La verdad es siempre igual. Los físicos y atomistas buscarán la verdad en
30
las cosas materiales, sin embargo la realidad visible es cambiante, por eso
hay que buscar su razón de ser más allá de lo tangible. Un primer intento
será el realizado por los pitagóricos que no fundamentan lo permanente en
las cosas mismas, sino en las leyes matemáticas que las rigen –en el fondo
es el planteamiento de la ciencia moderna-. Pero las preguntas que se
plantean los filósofos van más allá, no sólo cómo se comporta el mundo
sino qué sentido tiene, porqué es así. Para dar respuesta a estas cuestiones
algunos pensadores darán un paso más e iniciarán la metafísica.
31
CAPÍTULO 5: SÓCRATES Y LOS SOFISTAS
SÓCRATES FRENTE A LOS SOFISTAS: Grecia es la cuna de la
democracia. En ella todo se discute y toda opinión es
igualmente válida. Proliferan los denominados “sofistas”,
que son los maestros de la oratoria y la persuasión. Si toda
opinión es igualmente válida esto significará que nada es
cierto ni falso, sino que todo es relativo. Frente a esta
posición se alzará una voz, la de Sócrates, quien afirmará
que la verdad existe y se puede conocer.
27.
Sofística: En el siglo V a.C. Atenas vive en pleno esplendor una
vez finalizadas las guerras Médicas. Pasan a un primer plano los temas
antropológicos -del hombre- dejando en un segundo lugar los
cosmológicos -de la naturaleza-. “El hombre es la medida de todas las
cosas”, afirmará Protágoras (480-410 a.C.). Con la democratización del
poder surge una nueva clase de hombre, el sofista. Los sofistas practican la
oratoria para convencer, relativizan el conocimiento, no importa tanto la
verdad como la persuasión. Además, niegan valor a las leyes jurídicas y
morales universales, pues consideran que todo es cambiante y digno de
duda. La actitud sofística más radical queda reflejada en la frase del orador
griego Gorgias de Leontini (487-380 a.C.): “Nada existe, si algo existe no
se puede conocer, y si algo se puede conocer no se puede comunicar”.
Hoy día vivimos en una época con gran contenido sofístico. Importa más
la imagen, la persuasión del mensaje que el contenido de este. No se busca
tanto la verdad como convencer. Existe un relativismo moral o moral de
situación según la cual lo que ayer era malo hoy puede no serlo.
32
28.
Sócrates (469-399 a.C.) no escribió nada. Sócrates se dedicaba a
preguntar a todos aquellos que decían saber. Al gobernante qué es la
justicia, al militar qué es el valor. Pero Sócrates no se conforma con que le
den un ejemplo de justicia o valor, pues dichos ejemplos no son más que
una manifestación ocasional de estos conceptos. Lo que Sócrates pide es
una explicación de qué es en sí la justicia, el valor, la libertad... Estas
preguntas ponen en evidencia a quienes las sufren, pues acaban por
descubrir su ignorancia; con ello Sócrates irá ganando enemigos. Será
condenado a muerte por un tribunal popular ateniense, acusado de
“introducir nuevos dioses y corromper a la juventud”. Sócrates atacó a los
sofistas. Está convencido de que en las cosas hay algo estable, algo que
tienen en común unas con otras, y ese algo común de las cosas se descubre
por el razonamiento inductivo (tras analizar casos particulares
comprobamos que tienen una serie de notas comunes, con esas notas
alcanzamos un principio general). El fruto de este razonamiento es la
definición. Definir es poner límites a una cosa, decir lo que es, esto es, su
“esencia”. La definición es válida para todos los casos, por eso descubre la
verdad sobre las cosas y supera el relativismo de los sofistas.
Veamos un ejemplo: Un árbol es una “planta perenne, de tronco leñoso y elevado, que se ramifica a
cierta altura del suelo”. Que un árbol sea grande o pequeño, bonito o feo, son notas particulares que
dependen de cada caso. Pero la definición de árbol es la misma para todo árbol siempre, es decir, es
absolutamente verdadera.
29.
Ética (Sócrates): Lo que más importa a Sócrates son los temas
morales, establecer claramente lo bueno y lo malo. El fundamento de su
ética es la virtud como fin para el cual el hombre ha nacido. La virtud es
una ciencia –se puede aprender y enseñar-, y el hombre malo lo es por
ignorancia. Por ello su lema será “conócete a ti mismo” -sentencia sacada
de una inscripción que aparecía en el oráculo de Delfos-. A la felicidad
sólo se puede llegar por la virtud, y esta supone una perfección para el
alma. Cuidar de uno mismo no es cuidar el cuerpo, sino el alma.
30.
La verdad oculta (Sócrates): Al principio los hombres
pensaban que la tierra era plana; si meto parte de un palo en el agua parece
que se dobla; cuando conozco a una persona por primera vez me causa una
33
impresión muy distinta que cuando la he tratado un tiempo. Todos estos
ejemplos nos muestran una cosa, que las apariencias engañan. La verdad
no es evidente, hay que desenmascararla.
Sócrates era hijo de una comadrona. El método del filósofo para descubrir
la verdad lo equipara a la ayuda que dispensa la comadrona en el parto, lo
denomina Mayeútica (significa ayudar a parir, a dar a luz). Mediante
preguntas sobre qué son las cosas descubre a su interlocutor que en
realidad es un ignorante. Desde el reconocimiento de la ignorancia se
puede comenzar a buscar el conocimiento. Por el diálogo sostenido con
razonamientos coherentes se va alumbrando la verdad y, al final, se
alcanza una definición de lo que las cosas de verdad son. Se descubre la
verdad (aletheia = desvelar, quitar el velo).
34
CAPÍTULO 6: PLATÓN
PLATÓN Y LAS IDEAS: Platón creerá descubrir lo permanente
no en las cosas mismas, sino es las “ideas”. Las cosas que
vemos no son sino una réplica, un reflejo de la verdadera
realidad que reside en un mundo aparte poblado por “cosas
ideales”. En el fondo lo que Platón hace es no aceptar el
mundo tal cual es sino recrearlo tal y como debería ser. Esta
va a ser una tentación permanente en la filosofía,
especialmente en las corrientes más idealistas.
31.
Platón: (427-347 a.C.) Nació en Atenas en el seno de una
familia noble. Fue discípulo de Sócrates. Se retiró de la política activa
ateniense influido por la muerte de su maestro, si bien participará en la
política griega desde un terreno intelectual. Fundó la Academia en 387
a.C., llamada así por estar en una finca dedicada al héroe Academo. El
género literario que usó fue el diálogo.
32.
Las ideas (Platón): En cierta medida, el pensamiento griego
había quedado atrapado en un callejón sin salida. Parménides había dicho
que el ser de las cosas era siempre el mismo, lo cual choca con la realidad
que percibimos como cambiante. Otros filósofos, como Heráclito, piensan
que el mundo es cambiante y en él no hay nada permanente, esto haría
imposible cualquier tipo de conocimiento, pues no existiría ninguna verdad
consistente sobre la que afirmar algo. Platón cree hallar la solución
adecuada al afirmar que las ideas (la idea de mesa o de caballo) son
35
permanentes, pero que lo que cambia es la manifestación de esas ideas
(esta mesa en particular o aquel caballo concreto). No obstante Platón
llegará a dotar de plena realidad a esas ideas sacándolas de nuestra mente e
instalándolas en un mundo aparte. Aquí no hay que confundir la palabra
idea con la de “cualquier cosa que brota de nuestra imaginación”; sino que
se identificaría con la definición socrática, “aquello que expresa lo que las
cosas son verdaderamente”.
Si para los presocráticos nuestra razón se limitaba a reflejar la realidad,
para Platón es la realidad la que no es sino un reflejo de las verdades
ideales. Dichas ideas no se encierran en nuestra razón, pero son conocidas
por ella.
Platón se da cuenta de que las cosas no son en plenitud. No les pertenece el
ser de forma plena. Cuando ve una pared blanca ese color no es blanco en
plenitud, tan sólo se aproxima a la idea del blanco perfecto. Esto hace
suponer a Platón que lo que tiene el ser auténtico son las ideas. El ser
auténtico corresponde a la idea “blanco” y no a la pared blanca. Por tanto,
el ser verdadero no está en las cosas, sino fuera de ellas, en el mundo de las
ideas. Las ideas tienen los atributos del ser descritos por Parménides. El
mundo sensible -al que los hombres estamos encadenados- no es sino un
reflejo, una sombra del mundo ideal -que es el mundo real en sentido
pleno-.
33.
El mito de la caverna (Platón): Para mejor explicar su
concepción del mundo Platón inventa este mito: En el fondo de una
caverna se encuentran unos hombres encadenados desde su infancia, estos
hombres están absolutamente inmovilizados. Alejados de ellos y a sus
espaldas existe un muro sobre el que asoman los objetos y estatuillas que
unos porteadores trasladan. Todavía más lejos hay una hoguera, cuyos
destellos hacen que los objetos portados proyecten su sombra en las
paredes de la cueva. Como los cautivos no pueden volverse para ver los
objetos confundirán las sombras con las cosas mismas. Si uno de los
encadenados lograse liberarse y ascender en la cueva quedaría confuso
sobre qué es más real si los objetos o sus sombras, y si mirase directamente
la luz al principio esta le heriría. Si, más tarde, se le sacase al exterior de la
cueva nuevamente tardaría en acostumbrar su vista a la realidad. Primero
le sería más fácil ver las cosas reflejadas, luego las cosas mismas, y por
último podría mirar al sol, fuente de todo lo que existe e iluminador del
36
mundo entero. Si el fugitivo volviera a la cueva para advertir de la verdad a
sus compañeros estos se burlarían de él por sentirse seguros en sus
creencias, además, no le comprenderán por no haber visto el mundo
exterior. Si tratase de liberarlos le matarían.
Las sombras proyectadas en el fondo de la cueva son las cosas que captan
nuestros sentidos y la hoguera es el sol, se corresponde con el mundo
sensible. A los hombres este mundo les parece el más real y único
existente por estar sujetos a las cadenas de la ignorancia, pero con un
esfuerzo se puede ascender y “salir al exterior”, ver qué hay más allá, qué
hay detrás. El exterior es el mundo inteligible y verdadero. En un primer
nivel como reflejos están los objetos matemáticos, como realidades las
ideas, y como idea suprema que ilumina todo la idea de bien identificada
con el sol.
El mito tiene también un mensaje moral, la incomprensión hacia el sabio
que, al descubrir la verdad y comunicarla, sufre las iras de la gente que
vive en lo comúnmente aceptado, en lo consabido. Si el sabio trata de
mostrar a la gente la verdad, sufrirá sus iras como sucedió al maestro de
Platón Sócrates, o como ha acaecido incesantemente a lo largo de la
historia.
34.
El conocimiento (Platón): Resulta que el hombre al ver la pared
blanca sabe que es blanca porque tiene la idea de lo que significa blanco,
esto es, conoce en alguna medida las ideas aun antes de percibir las cosas.
De hecho lo que hacen las cosas es recordarnos las ideas, el verdadero ser.
Esto implica que el alma antes de estar en este mundo habitó en el de las
ideas conociéndolas cara a cara y, por tanto, preexiste. Las ideas tienen una
jerarquía, y en su parte más alta está la idea de Bien.
35.
El mito del Fedro (Platón): En esta narración de Platón se trata
de explicar la realidad del alma. El alma humana es como un carro tirado
por dos caballos alados. El auriga que lo conduce es la razón. Uno de los
caballos es dócil y representa al valor. El otro caballo es díscolo y rebelde,
y representa las pasiones. El carro avanza por el mundo supraceleste, con
lo que el auriga puede contemplar directamente las ideas, aunque con
cierta dificultad por hacerlo en marcha y teniendo que dominar el carro.
Precisamente esas dificultades hacen que el carro caiga de ese mundo
37
celeste perdiendo los caballos sus alas, entonces el alma se encarna en un
cuerpo humano. Pero con la caída el alma ha olvidado su procedencia. Al
ver las cosas el alma recuerda lo que había contemplado, las ideas celestes
de las cuales las cosas no son sino un reflejo. Por tanto, el hombre no ha de
buscar conocer las cosas, sino ascender, a través de ellas, a las ideas. Este
ascenso supone un retorno, una vuelta a su verdadera condición.
36.
El hombre (Platón): La idea de Bien es artífice del mundo. El
Bien es como el sol que ilumina las cosas y nos permite reconocerlas,
además, es imprescindible para que se generen y desarrollen esas mismas
cosas. El alma humana está a mitad de camino entre las ideas y las cosas,
está atrapada en un cuerpo sensible y corruptible, pese a haber conocido las
ideas. Con todo, su semejanza y participación con el mundo de las
esencias, de las ideas, la hace inmortal. La inmortalidad del alma la
podemos conocer por distintas pruebas: 1-si el conocimiento es recordar lo
vivido antes de “encarnarnos” en un futuro volveremos al estado natural, al
lugar que nos corresponde; 2-lo compuesto se corrompe o muere, lo simple
permanece, y el alma se asemeja a lo simple, está emparentada con las
ideas eternas; 3-el alma participa de la idea de vida; 4-el imperativo ético
exige que haya una justicia eterna que premie la bondad y castigue la
maldad.
37.
Ética (Platón): La ética platónica es endemonista, que es lo
mismo que decir que nuestras acciones se encaminan a la búsqueda de la
felicidad, la cual se encuentra en la contemplación de la idea de Bien. Para
el pensador ateniense el alma humana se divide en tres partes: 1-Sensual,
relacionada con las necesidades materiales, la virtud que requiere su
correcto desarrollo es la templanza. 2-Irascible, vinculada a los afectos e
impulsos, la virtud que la ordena es la fortaleza. 3-Racional, capaz de
conocer las ideas y de ejercitar la voluntad, su virtud es la sabiduría. La
virtud que armoniza las anteriores virtudes y las hace consistentes es la
justicia.
38.
Política (Platón): La estructura social ideal es paralela a la del
alma. En su base están el pueblo trabajador (sensual), en la escala
intermedia los vigilantes (irascible), y en la cumbre los filósofos (sabios)
38
que han de ser quienes gobiernen. Las dos clases superiores han de tener
en comunidad sus bienes, mujeres e hijos para desapegarse de las cosas y
obrar sólo en servicio de la comunidad. Los miembros de estas dos clases
reciben una completa y progresiva educación que abarca desde lo físico
hasta lo artístico e intelectual. La igualdad entre hombres y mujeres debe
ser total.
La evolución de la organización social que se ha dado en la realidad es
como sigue: al principio gobierna la Aristocracia, es el gobierno de los
mejores. Cuando esta se corrompe da paso a la Timocracia, que conserva
algunas virtudes de la Aristocracia, pero en la que los intereses de los
gobernantes empiezan a prevalecer sobre los de la comunidad. A
continuación le sucede la Oligarquía, en la cual gobierna un grupo que lo
hace en su propio beneficio. El pueblo a la vista de tantos abusos se
subleva e impone la Democracia, en la que los ignorantes deben consultar
continuamente al pueblo. La democracia para Platón conlleva caos y
anarquía. Ante esta situación de desorden se apela a un salvador que se
hace con el poder gracias a los descontentos, sobreviniendo la Tiranía.
39.
Conclusiones (Platón): Platón había querido explicar qué eran
las cosas, su ser, llegando a la conclusión de que lo que verdaderamente
son las cosas está contenido en sus ideas. El problema viene de que el viaje
no es de ida y vuelta, sino sólo de ida, pues alcanzadas las ideas las dota de
vida propia e independiente para acabar por negar realidad a las cosas.
En cierta medida, se puede considerar a Platón como el primer idealista. La
razón le parece una herramienta tan perfecta que el mundo se debe amoldar
a ella, por eso gozan de mayor grado de realidad las ideas que las cosas
que percibimos.
39
CAPITULO 7: ARISTÓTELES
ARISTÓTELES, EL GRAN MAESTRO: Aristóteles dota a la
filosofía de su propio lenguaje. A diferencia de Platón
Aristóteles piensa que las cosas se entienden desde ellas
mismas. Para explicar el cambio, Aristóteles recurre a una
serie de conceptos que expresan la consistencia de las cosas,
de qué están hechas y cómo actúan. Que existan sólo las
cosas concretas y singulares no quiere decir que no
podamos conocer generalidades, esto lo podemos conseguir
mediante la “abstracción” gracias a la cual descubrimos lo
que de común tienen los casos particulares.
40.
Aristóteles: (384-322 a.C.) Nace en Estagira (Tracia). Fue
discípulo de Platón y fundador de una escuela llamada Liceo, por estar
ubicada en un bosquecillo consagrado a Apolo Licio. Invitado por Filipo
de Macedonia para educar a su hijo fue maestro del joven Alejandro
Magno (342 a.C.), lo que le valió la persecución de los atenienses a la
muerte del mismo (323 a.C.). Huyó a Calcis (isla de Eubea) donde murió
un año más tarde. Escribió dos clases de libros, unos divulgativos en forma
de diálogos (exotéricos) casi perdidos por completo, y otros científicos
(acroamáticos) que conservamos en su mayoría.
41.
Crítica a Platón (Aristóteles): Con Aristóteles la filosofía
alcanza un lenguaje propio. A diferencia de sus predecesores, que
expresaban su pensamiento de modo poético, Aristóteles lo hace de modo
40
técnico y riguroso. Entre
las ciencias teóricas
Platón había estado
interesado, además de
por la filosofía, por las
matemáticas.
Aristóteles, por su parte,
tuvo interés por las
ciencias
naturales,
dedicándose a estudiar y
clasificar
hechos
empíricos.
Esta
diferencia de intereses se
verá reflejada en sus
respectivas filosofías, en
Platón volcada hacia lo
abstracto e ideal y en
Aristóteles inclinada a la
realidad observable.
Platón para explicar qué
son las cosas había
En este detalle del famoso cuadro de
llegado a las ideas, pero
Rafael se ve cómo Platón –a la
se había quedado en ellas,
izquierda- señala hacia el mundo de las
sin llegar a explicar las
ideas, mientras Aristóteles –a la
cosas, la realidad. De
derecha- hace gesto de posar la mano
hecho había negado el ser
sobre las cosas concretas.
a las cosas, esto es, que
fueran reales. Platón dice
que las cosas se relacionan con las ideas –lo único real- por
“participación”, pero este concepto para su genial discípulo no pasa de ser
una imagen poética que no aclara nada. Para Aristóteles la realidad está en
las cosas y, por eso, va a tratar de explicar la realidad desde las cosas
mismas.
42.
Objetivo de la filosofía de Aristóteles (Aristóteles): Aristóteles
va a recuperar este mundo sensible como real. Desde entonces lo “real” va
a ser precisamente lo dado a los sentidos. Hasta Platón lo real son las ideas,
41
que descubren el verdadero ser, contrapuestas a las apariencias del mundo
sensible que nos muestran un ser sólo aparente. Aristóteles, en cambio,
busca la esencia del ente “allí donde existe una realidad concreta y
ofrecida a los sentidos”.
La labor de Aristóteles va a ser traer las ideas platónicas a las cosas, a la
realidad sensible; deshacer la dualidad del mundo sensible y el mundo
inteligible, para hacer inteligible lo que se ofrece a nuestros sentidos.
Como se ve, Aristóteles busca lo permanente, lo que hace comprensible el
mundo, tal y como habían hecho sus antecesores, solo que la explicación la
buscará en las propias cosas.
43.
Sustancia (Aristóteles): Al preguntarse qué son las cosas,
Aristóteles ve que lo que realmente existe son las sustancias individuales,
este libro, aquella ventana. El color lo es de una sustancia, al igual que
cuando decimos cinco aludimos a cinco sustancias. Nadie ha visto el verde
sin más, sino que lo que contemplamos es un prado verde, un papel verde o
un jarrón verde. La sustancia es la unidad concreta que soporta todas las
características de las cosas. Las sustancias tienen dos “ingredientes”:
-Esencia: es propiamente lo que entendemos por sustancia. Podríamos
decir que son las notas sin las cuales la sustancia dejaría de ser lo que es.
Por ejemplo, el hombre es por esencia racional, el círculo es por esencia
redondo. Como se ve la esencia es siempre la misma –vale para todo
hombre o para todo círculo en cualquier circunstancia y tiempo-.
-Accidente: son aquellos predicados de la sustancia que aunque alguno
faltase la cosa seguiría siendo lo que es. Por ejemplo, que una persona sea
“guapa”. La belleza pertenece al sujeto, pero no le convierte en persona.
Los accidentes de una cosa pueden sufrir modificación, pueden variar.
Sustancia segunda: Hemos visto que la sustancia individual es la unidad
concreta que soporta los accidentes (accidentes como grande, verde,
rugoso...), es la “cosa” concreta y real. A esta sustancia individual se le
llama también sustancia primera. Pero existe una sustancia denominada
sustancia segunda y que no se corresponde con las cosas separadas,
individuales y concretas, sino más bien con las ideas de Platón, con los
“conceptos” que engloban una clase de cosas –por ejemplo, los
42
universales, los géneros y las especies-. La sustancia primera sería el río
concreto en el que me estoy bañando; la sustancia segunda los ríos en
general con el perfil común que los define (corriente de agua continua y
caudalosa que va a desembocar en otra o en el mar).
44.
Categorías (Aristóteles): Una realidad, por ejemplo un objeto,
la podemos definir desde distintos puntos de vista, todos esos modos de
señalar qué es esa realidad son las categorías. O dicho de otro modo más
simple, las distintas maneras de decir qué son cosas se denominan
categorías y estas son diez. La primera y principal categoría es la sustancia
-por ejemplo, Juan “es hombre”- y alude directamente a la esencia de esa
realidad. El resto de las categorías son accidentes y dibujan la realidad
particular de que se trata. Por ejemplo: “es gordo” (=cantidad), “es listo”
(=cualidad), “es mi primo” (=relación), “está en el cine” (=donde), “está
sentado” (=posición), “ha ido a las diez” (=cuándo), “está viendo una
película” (=acción), “está enfadado” (=pasión), “tiene un reloj”
(=posesión).
45.
Acto-Potencia. El cambio (Aristóteles): Ya tenemos un perfil
de las cosas, por una parte poseen algo permanente que las define como lo
que son, su sustancia; por otra parte tienen una serie de atributos peculiares
para cada una de ellas que distingue cada individuo o cosa concreta –
accidentes-. Pero resulta que esas cosas que hay en el mundo no son
siempre igual, cambian. Por eso el paso siguiente de Aristóteles será
analizar el cambio.
En todo cambio hay un sujeto que sufre una modificación, perdiendo unas
facultades y pasando a tener otras. El sujeto antes de disponer de las
nuevas facultades se dice que está en potencia de poseerlas, y cuando
realmente llega a tenerlas se dice que ha actualizado esas facultades, o lo
que es lo mismo que las posee en acto. Por ejemplo, un huevo está en
potencia de ser una gallina, pero todavía no lo es; cuando llega a ser gallina
es una gallina en acto. Para que algo tenga potencia precisa una cierta
actualidad; en el caso del huevo, ciertamente está en potencia de ser
gallina, pero en acto es plenamente un huevo. La potencia siempre es
concreta, potencia para un acto particular: El huevo es gallina en potencia,
pero no perro o casa. Dios es acto puro, pues no sufre cambio, es siempre
43
el mismo. El cambio no es un pasar de no ser algo a serlo -como creía
Parménides- sino un paso de un modo de ser a otro.
46.
Materia-Forma (Aristóteles): Hasta aquí hemos visto que las
cosas poseen algo necesario –sustancia- y algo accidental. También que
tienen la posibilidad de cambiar. Pero todavía no sabemos cuál es su
estructura, de qué están hechas.
Materia es aquello de lo que está hecha una cosa, por ejemplo el cuero de
un balón o los versos de un poema. Forma es lo que hace que algo sea lo
que es, en el caso del balón ser esférico, y en el del poema pertenecer a un
cierto género literario y poseer una cadencia rítmica determinada. En
definitiva, la forma de una cosa es su esencia. Todo está compuesto de
materia y forma, no puede existir un balón o un poema sin materia o sin
forma (podríamos decir que la forma “moldea” la materia). La materia es
la que individualiza las cosas. La forma sería algo así como un recipiente
invisible e inmaterial que sostuviese la materia de que están echas las
cosas.
La materia puede cambiar, por ejemplo, el barro de una vasija puede ser
humedecido y moldeado de nuevo para convertirlo en un busto. Por contra,
la forma permanece la misma, en el caso anterior la forma “vasija” es
siempre el de un recipiente que sirve para contener líquidos o alimentos,
aunque esta vasija concreta haya desaparecido al ser desprovista de su
forma para otorgarle una distinta –ya hemos dicho materia y forma forman
una unidad inseparable, no puede existir la una sin la otra-. El error de
Platón fue, precisamente, haber dado existencia a la forma –las ideas- al
margen de la materia.
El razonamiento según el cual todas las cosas poseen materia y forma se
denomina Teoría Hilemórfica.
47.
Dios (Aristóteles): Para Aristóteles hay diferentes tipos de
entes:
-Las cosas naturales: los objetos físicos que se dan en la naturaleza (un
árbol, una piedra, un caballo). Son cosas verdaderas, pero cambian (pasan
de un estado a otro, dejan de ser en algún momento), por ello no son
plenamente entes.
44
-Los objetos matemáticos: poseen la cualidad de que son permanentes, no
cambian, pero tienen un inconveniente, no son cosas, no existen fuera de
nuestra mente, por eso son menos entes que las cosas.
-Dios: es el ser por antonomasia. Reúne a la vez las cualidades de
inmutabilidad (o permanencia) y de bastarse a sí mismo, sin precisar ser
pensado por nosotros. Representa el grado máximo de realidad. La ciencia
suprema ha de ser la ciencia Teológica, la que conozca al ente Dios. La
vida de Dios consiste en conocimiento. El hombre para conocer necesita
previamente que haya cosas que conocer, por eso no se basta a sí mismo,
no es suficiente. Dios, por contra, sí es suficiente, no precisa de las cosas
sino que se sabe a sí mismo; Aristóteles dirá que es “pensamiento de
pensamiento”. Dios se sabe a sí mismo, es el saber supremo, por eso la
metafísica es un saber divino.
Todo lo que cambia, todo lo que se mueve precisa un motor, que a su vez
precisa otro y así sucesivamente hasta llegar al motor primero que debe ser
inmóvil para no necesitar otro motor más; ese motor que mueve sin ser
movido es Dios. Por no experimentar movimiento o cambio es acto puro,
sin potencia alguna que le dejaría una puerta abierta al cambio. Sin
embargo, Aristóteles no concibe a Dios como creador, ya que dicha idea es
extraña al pensamiento helénico –el mundo existe desde siempre-.
48.
El hombre (Aristóteles): El alma es el principio de la vida, lo
que la anima. El alma es la forma del ser vivo y hace que sea cuerpo vivo.
Existen tres funciones en el alma: 1-Vegetativa: Le corresponde la
nutrición, crecimiento y reproducción. Pertenece a las plantas, los animales
y los hombres. 2-Sensitiva: Le corresponde la percepción sensible y los
apetitos sensibles. Propia solamente de animales y hombres. 3-Racional:
Se trata de la capacidad de ser libre, de ejercer la voluntad y de pensar.
Exclusiva del hombre.
La noción de alma en Aristóteles es una síntesis del concepto presocrático
y platónico. Para los primeros el alma era un principio físico, para Platón
algo contrapuesto al cuerpo. Aristóteles dirá que, efectivamente, el alma
está intrínsecamente unida al cuerpo –presocráticos-, pero lo hace como un
principio formal o moldeador –Platón-.
45
49.
El conocimiento (Aristóteles): Para Aristóteles no hay nada en
la inteligencia que no haya pasado antes por los sentidos, por tanto, rechaza
la teoría Platónica de las ideas innatas. Distingue dos tipos de
conocimiento: sensible e intelectual.
La filosofía surge por el asombro del hombre ante la realidad que
contempla. La filosofía busca el origen último de todo, no las causas
inmediatas.
El conocimiento sensible: puede producirse por los sentidos externos
(vista, oído, olfato...) y por los internos. La función de los primeros es
ponernos en contacto con la realidad, para ello precisa que el objeto esté
delante. Mediante los sentidos internos podemos conocer sin que el objeto
esté delante. Los sentidos internos son cuatro:
-sensorio común: ordena las distintas sensaciones para tener percepción
del objeto en su conjunto.
-imaginación: representa y conserva las impresiones sensibles cuando el
objeto está ausente.
-memoria: conserva y recuerda las cosas con sus circunstancias concretas
de espacio y tiempo.
-estimativa (cogitiva en el hombre): distingue lo conveniente de lo que no
lo es.
El conocimiento intelectual: conoce las esencias, lo universal, las formas
sustanciales. En definitiva es capaz de abstraer separando lo común de las
cosas individuales. En el saber descubrimos (quitamos el velo) lo que de
verdad son las cosas y llegamos a tener, en cierto modo, su forma; “no está
la piedra en el alma, sino sólo su forma”.
50.
Ética (Aristóteles): El fin último de las cosas y de las acciones
humanas es el bien. El bien supremo, al cual están subordinados todos los
demás, es la felicidad, que es lo más propio del hombre. El bien de cada
cosa está en que cada una de ellas cumpla su fin, sea fiel a su naturaleza
propia. “El bien propio del hombre está en el mejor acto de su mejor
46
potencia, y su mejor potencia es la inteligencia, luego debe aplicar su
inteligencia” sobre el mejor objeto que es Dios. La vida superior es la
contemplativa, más alta que la fundada en los placeres o en el trabajo
manual.
La virtud es la actividad del alma que nos perfecciona como hombres y nos
conduce a la felicidad. La virtud está en el término medio entre dos
tendencias opuestas: por ejemplo la templanza es el término medio entre el
libertinaje y la apatía, la fortaleza entre la cobardía y la temeridad, la
generosidad entre la prodigalidad y la avaricia. Entre las virtudes más
sobresalientes destaca Aristóteles la justicia y la amistad –precisamente
una de las razones que da para criticar la idea platónica de compartir
esposas y esposos es que no fomenta la amistad, sino que crea enemistad-.
En Aristóteles la ética está subordinada a la política, al igual que sucedía
en Platón. El horizonte vital del hombre se realiza dentro de la polis, y la
plenitud humana se da dentro de la comunidad.
51.
Política (Aristóteles): Para los sofistas, la vida en comunidad
emergía de la ley o convención. Para Aristóteles, sin embargo, el hombre
es un ser social por naturaleza y la polis (ciudad) forma parte de la
naturaleza, por ello identificará sociedad y Estado. Que el hombre es por
naturaleza un animal político se hace manifiesto en el hecho de que la
naturaleza le ha dado el lenguaje, cuyo fin es comunicarse con los demás,
manifestarles lo conveniente y lo nocivo.
La sociedad se gesta en la familia, que agrupada con otras familias forman
la aldea, la cual, unida a su vez a otras aldeas alcanzan la plenitud en la
polis. La polis es autárquica y tiende a un bien. La jerarquía social está en
función de los distintos tipos de vida. Las formas de gobierno mejores son
las que velan por el interés común, y estas son: monarquía (un solo
gobernante), aristocracia (un grupo de gobernantes) y democracia
(gobierno popular). Cuando el poder se corrompe y busca sólo el interés de
los gobernantes, aparecen las formas degeneradas de tiranía, oligarquía y
demagogia. El modelo de gobierno ideal es el que combina las formas
puras, por ser el más estable. Aristóteles renuncia al ideal utópico de Platón
y aboga por una organización política que salve de la crisis que padece a
las polis, por eso trata de preservar las instituciones clásicas llegando a
47
reconocer como legítima la esclavitud. Aristóteles defenderá la propiedad
privada pero al alcance de todos.
TALES
¿Qué son de
verdad
las
cosas? ¿Qué
tienen
de
común todas
ellas?
PARMÉNIDES
Las
cosas
todas
coinciden en
que
“son”.
Ese “ser” es
permanente.
S ÓCRATES
PLATÓN
ARISTÓTELES
Lo que las
cosas “son”
se descubre
en la
definición. La
definición
muestra la
verdad sobre
la cosa, lo
permanente.
Como
las
cosas que veo
cambian, el
“ser” tiene
que
estar
fuera de ellas,
en el “mundo
de las ideas”.
Las ideas son
el verdadero
ser, las cosas
su reflejo.
La realidad
está en las
cosas.
Las
cosas poseen
algo estable,
“el ser”, y
algo
que
puede
cambiar, “los
accidentes”.
48
CAPÍTULO 8: OTRAS CORRIENTES CLÁSICAS
CRISIS: A partir del siglo IV a.C. entra en crisis el mundo
antiguo y con él la filosofía. Los nuevos pensadores no
buscarán tanto conocer las cosas como saber cómo actuar.
La filosofía se convertirá en moral. Las principales escuelas
serán la Cínica, la Cirenaica, la Estoica y la Epicúrea.
Tienen como rasgos comunes la autosuficiencia como meta,
la contemplación de la vida en sociedad como convención o
mero acuerdo entre hombres, y el cosmopolitismo.
52.
Estoicos: Escuela fundada por Zenón de Citium (335-264 a.C.),
aunque quien sistematizó la doctrina estoica fue Crisipo (280-207 a.C.). El
estoicismo nace en torno a 300 a.C. y perdura hasta el siglo II d.C., si bien
su influencia reaparece en determinados períodos como el renacentista
(siglos XV-XVI). Los estoicos llegarán a reconocer la existencia de unas
ideas innatas. En la naturaleza existen dos principios la materia y la razón,
esta última es una realidad física aunque más sutil y reside en la materia
mezclándose como un fluido generador. En el fondo son materialistas
(todo es materia), aunque su humanismo haga que algunos estoicos –como
Séneca (4 a.C.-65 d.C.)- apunten a una inmortalidad del alma. Además,
distinguen cuatro elementos: aire, tierra, agua y fuego, siendo este último
el principio activo. El mundo se repite de modo cíclico según se alineen los
astros. Dios y el mundo se identifican. Los estoicos son deterministas:
nuestro futuro ya está determinado de antemano. El bien supremo es la
felicidad que consiste en la virtud. El sabio acepta el destino irremediable y
busca la autosuficiencia reduciendo sus necesidades.
49
En esta misma línea, pero situados antes en el tiempo, se encuentran los
cínicos. La Cínica es una escuela fundada por Antístenes (444-365 a.C.),
discípulo de Sócrates. El camino para conseguir la autarquía es la
supresión de las necesidades y la independencia. Ello conlleva una actitud
negativa hacia la vida entera y una crisis de la vida en comunidad.
Rehuyen el placer y el amor, sólo practican el comportamiento ascético. El
más conocido de los cínicos es Diógenes de Sinope (400-325 a.C.) de
quien se cuenta que vivía en un tonel, y que en cierta ocasión recibió la
visita de Alejandro Magno –el hombre más poderoso de su tiempo- quien
plantándose ante él le dijo que le pidiese cualquier cosa que deseara, a lo
que Diógenes contestó que sólo deseaba que se apartase un poco para no
taparle el sol.
53.
Epicureísmo: Escuela fundada por Epicuro de Samos (341-271
a.C.) en Atenas. Su filosofía es atomista (materialista). Todo está
compuesto de átomos, incluso los dioses. El mundo es un puro mecanismo
sin finalidad alguna. El bien es el placer, pero este ha de ser puro (sin
mezcla de desagrado o dolor) y duradero. Los dioses no intervienen en este
mundo, pues no interrumpen su feliz existencia con faenas penosas. El
hombre ha de ser dueño de sí, imperturbable, por eso aboga por una vida
ascética desligada de los asuntos públicos.
Una corriente de pensamiento emparentada con el Epicureísmo es la de los
Cirenáicos. Se trata de una escuela fundada por Aristipo de Cirene (435-?
a.C.), sofista agregado posteriormente al grupo socrático. Para los
cirenaicos el bien supremo es el placer. El placer no nos debe dominar,
sino nosotros a él. Por eso el sabio tiene que seleccionar placeres
moderados que controle. Busca la imperturbabilidad.
54.
Escepticismo: No es propiamente una escuela sino una actitud
ante la verdad. Se da en periodos de decadencia filosófica. El escepticismo
ante la pluralidad de opiniones llega a afirmar la inexistencia de la verdad
(pese a lo incongruente que es tal afirmación, pues defender que la verdad
no existe es ya de por sí mostrarse seguro de una verdad). Otra actitud
escéptica es negar la posibilidad de conocer la verdad (es asimismo una
contradicción, pues conocer que no se puede conocer la verdad es ya
50
conocer una verdad). En todo caso el escepticismo se queda encerrado en
la duda y en la desconfianza sobre la verdad.
55.
Eclecticismo: Fenómeno propio igualmente de épocas de crisis
del pensamiento. Consiste en conciliar doctrinas que contienen
divergencias graves. El más conocido ecléctico es el romano Cicerón (10643 a.C.) a quien se debe la incorporación de gran parte de la terminología
helénica al mundo romano.
56.
Neoplatonismo: Es la última doctrina propiamente filosófica
planteada en términos griegos. Fundada por el egipcio Plotino (204-270
d.C.) su pensamiento tuvo fuerte influencia en la Edad Media. Para Plotino
el principio de todo es el Uno (hasta cierto punto identificable con Dios),
del que proceden por emanación todas las cosas (no por creación). Del
Uno procede: el espíritu, el alma y la materia (esta última se sitúa en el
punto más alejado del Uno y, por tanto, es lo más parecido al no-ser, a la
nada). El alma se reencarna sucesivamente hasta liberarse definitivamente
de la materia y fundirse con el Uno. Los neoplatónicos son panteístas (para
ellos Dios y la creación son una misma cosa). Los seres materiales, estrato
más imperfecto de cuanto existe, tienden a imitar a las “ideas modelo” que
les han generado; a su vez el alma tiende a la pura contemplación de las
ideas, y de aquí a la unión mística con el Uno. Al final todo lo que existe
tiende a renunciar de la propia individualidad para retornar al Uno.
51
LA FILOSOFÍA Y EL BIG BANG
Desde la más remota antigüedad, el hombre se ha
preguntado sobre el origen del universo y de sus
incesantes cambios. Una de las teorías más actuales
para explicar la génesis del cosmos es el llamado “Big
Bang”. No obstante ciertas teorías que reconocían la
evolución cósmica ya fueron planteadas por la filosofía
desde muy antiguo. El budismo, influido por el
pensamiento hindú, considera que existen unos periodos
sucesivos de nacimientos y muertes cósmicas llamados
“kaplas”. Asimismo, en la antigua Grecia muchos
pensadores creían en esta doctrina del “eterno
retorno”; así Heráclito afirmaba que el mundo surgía
del fuego y volvía al fuego en ciclos interminables.
También los pitagóricos y sobre todo los estoicos se
decantaron por esta creencia. Más modernamente
Nietzsche retomará estas ideas para salvaguardar,
entre otras cosas, la posibilidad de re-vivencia
personal. Por su parte el judaísmo y el cristianismo
trajeron la idea de creación por la cual nuestro mundo
no habría existido desde siempre, sino que habría
surgido por un acto creador de Dios. Pero volviendo al
plano cosmológico la teoría del “Big Bang” puede
someterse a un análisis filosófico como vamos a ver.
La teoría del “Big Bang” fue propuesta
inicialmente por el sacerdote y astrónomo belga Georges
Lamaltre (1.894-1.966), aunque la denominó hipótesis
del “átomo primitivo”. Lamaltre, inspirado en la teoría de
la relatividad de Albert Einstein (1.879-1.955), concluyó
52
que en un tiempo cero, toda la materia y energía del
universo habrían estado comprimidas en una masa de
varios años luz de diámetro (en realidad muy pequeña si
se compara con el tamaño del universo). A partir de una
gran explosión de dicha masa el cosmos comenzó a
moldearse y expandirse. Esta teoría ganaría solidez con la
ley enunciada en 1.929 por Edwin Hubble según la cual
las galaxias se alejan unas de otras con una velocidad
proporcional a su distancia relativa, lo que supondría que
el universo efectivamente se expande. Posteriores
estudios, como los de Arno Penzias y Robert Wilson en
1.964, van en la línea de demostrar la teoría del “Big
Bang”.
A partir de estas investigaciones se ha pretendido
dar respuesta a los más profundos interrogantes del
universo y, por tanto, de la filosofía. Sin embargo, estas
respuestas no siempre han sido las más adecuadas:
“Creacionismo científico”: De teoría del “Big
Bang” extrae la conclusión de que Dios existe, pues si el
universo tiene una edad conocida y limitada supone que
en un momento determinado hubo de ser creado.
Este no es científico, lo que no significa que no
sea verdadero. La ciencia experimental no puede
demostrar si algo ha surgido de la nada, pues trabaja con
lo “tangible”, no con la nada y, por tanto, el supuesto de la
creación se escapa a sus posibilidades. No puede ni
afirmarlo ni negarlo.
En todo caso, pese a escapar al campo de la física,
sí es plausible, pues parece ser que la pérdida de energía
de sucesivas expansiones y contracciones del cosmos
harían que estas tuviesen un número limitado. Asimismo
la velocidad de escape de la materia es tal que cada vez se
53
da como más cierta la imposibilidad de una nueva
reagrupación en el futuro. Esto significa que habría una
única explosión inicial sin posibilidad de retorno.
“Materialismo científico”: Cree ver en la teoría
del “Big Bang” la prueba de que el universo sigue unos
ciclos de expansión y colapso que se repiten
periódicamente. La creación divina sería innecesaria, ya
que el universo se basta a sí mismo.
Ya hemos dicho que el hecho de la creación
escapa de los límites de la física. Si bien físicamente todo
estado proviene de otro anterior, esto no excluye la
posibilidad real de una creación; las realidades no
materiales, como puedan ser los espíritus o las ideas,
escapan al campo de actuación de la física.
Por otra parte, un universo material autosuficiente
es contradictorio, pues por ser autosuficiente habría de
54
atribuírsele características divinas, y lo material no puede
tener dichas propiedades. ¿Cómo puede darse a sí mismo
leyes? ¿Y si las “crea”, qué “ley” rige esa creación de
leyes y quién la da?
Otro error es suponer que la creación se ha de
enmarcar en el tiempo. Por contra, es posible un universo
creado que haya existido siempre. Como demostró Santo
Tomás de Aquino la creación en el tiempo es una verdad
sólo cognoscible por la revelación, pero en teoría nada
impide que Dios haya creado el universo desde toda la
eternidad.
“Autocreación del universo”: Algunos físicos
teóricos -P.W. Atkins, Zel´dovixh, S. Hawking- hablan
del nacimiento espontáneo del universo a partir de la
nada. El origen de esta hipótesis viene de un error de
concepto. En física se habla de “creación” de materia en
un sentido impropio al hablar de la “transformación” de
materia en energía y viceversa. También se emplea el
concepto “vacío” como sinónimo de la “nada”. El “vacío”
del que habla la física expresa la ausencia de determinadas
propiedades materiales experimentables gracias a
procesos de laboratorio cada vez más perfectos. El
concepto de “materia” y “antimateria” es igualmente
confuso; la llamada “antimateria” es tan real como la
materia ordinaria, pues está compuesta por partículas con
iguales características que la “materia”, sólo que algunas
de dichas partículas tienen signo inverso, como la carga
eléctrica en el caso del electrón y el positrón.
La “autocreación del universo” parte de dos
extrapolaciones ilegítimas:
1- Pretender que la física pueda llegar más allá de
sus límites. No olvidemos que la física es una
55
ciencia empírica y que, por tanto, sus hallazgos
deben ser probables experimentalmente. La
creación a partir de la nada es indemostrable
desde un punto de vista experimental. Sólo Dios
puede crear de la nada.
2- Las conclusiones de los defensores de la
“autocreación del universo” se basan en atribuir a
las teorías físicas sobre el espacio, el tiempo, la
materia, la energía y el vacío un sentido
metafísico que no poseen; ya que todos estos
conceptos se fundamentan en procesos físicos que
relacionan un estado previo con otro -procesos de
cambio-, sin embargo, la creación no parte de
algo previo, sino de la nada, de la ausencia total
de todo, incluidas las propias leyes físicas.
¿Tiene un fin el universo? La física ha tratado
de explicar el origen del universo como una evolución
ciega a partir de unos materiales previos. Sin embargo, la
realidad nos muestra cómo el resultado supera a la suma
de sus partes -por ejemplo, el hombre es más que la unión
de agua, nitrógeno y algunos componentes químicos más-.
Por tanto el todo es mayor que la suma de sus partes.
Pero si las partes no explican el todo, podríamos
pensar que el todo explica las partes. Podríamos decir que
el embrión humano “sabe” desarrollar un ser humano
completo, o que la masa cósmica inicial “sabe” construir
el universo. En ese caso reconoceríamos un fin al
universo, un plan al cual está sujeto y que va más allá del
simple azar.
56
Filosofía
Medieval
57
58
EDAD MEDIA
PATRÍSTICA
San Agustín (354-430)
GNOSTICISMO
SIGLOS X A XII
San Anselmo (1033-1109)
FILOSOFÍA ÁRABE
Avicena (980-1037)
Averroes (1126-1198)
FILOSOFÍA JUDÍA
Avicebrón (1021-1058)
Maimónides (1135-1204)
Abelardo (1079-1142)
SIGLO XIII
Roger Bacon (1212-1293)
Raimundo Lulio (1233-1315)
S. Buenaventura (1211-1274)
ESCOLÁSTICA S. Alberto Magno (1193-1280)
Sto. Tomás de Aquino (12251274)
59
SIGLO XIV
Escoto (1266-1308)
Ockam (1290-1350)
ÚLTIMA ESCOLÁSTICA (Siglo XV-XVI)
Suárez (1548-1617)
60
CAPITULO 9: APARICIÓN DEL CRISTIANISMO
EL CRISTIANISMO: El cristianismo aparece en plena crisis
del pensamiento filosófico clásico. No se trata de una
filosofía sino una religión fundada en la fe. No obstante,
influirá decisivamente en el impulso de la filosofía que se
va a asentar en nuevos supuestos.
57.
Monoteísmo: La religión cristiana proclama la existencia de un
único Dios que existe desde siempre. La unicidad de Dios no es evidente,
las creencias tradicionales griegas establecían muchos dioses, aunque los
filósofos llegarán a reconocer un solo Dios, si bien todavía abstracto
(Motor Inmóvil, etc.).
En adelante el pensamiento occidental se debatirá entre el ateísmo y la fe
monoteísta, desapareciendo el politeísmo.
58.
El mundo ha sido creado: Dios ha creado el cosmos y al
hombre de la nada, y su obrar es positivo: “y vio Dios que todo era
bueno”. El creacionismo se impondrá como solución a la pregunta de
cómo y porqué los muchos se derivan del Uno y lo finito de lo infinito.
Para el griego la cuestión era la constitución del mundo, saber de qué
estaba hecho ese mundo que siempre había existido. Con el cristianismo el
problema es la propia existencia del mundo.
Si Dios es algo diferente del mundo habrá dos clases diferentes de ser:
Dios como ser increado y necesario, y el mundo como ser contingente, esto
es, que existe pero podía no haber existido. Como se ve no se trata de la
61
división filosófica en dos mundos –sensible e inteligible-, ya que esta sólo
expresaba la dificultad para conciliar lo descubierto por la razón con lo
dado a los sentidos.
59.
Nueva dimensión del hombre: El hombre fue hecho a imagen
de Dios. Esto conduce a un cierto antropocentrismo (el hombre como
centro de cuanto existe). Los griegos reconocen la grandeza humana, pero
en ellos prevalece el cosmocentrismo (protagonismo del mundo). En la
Biblia el hombre no es un elemento más del cosmos, privilegiado por la
razón, sino una criatura hecha a imagen del Creador y dominadora del
resto de la creación. El propio Dios ha dignificado aún más la condición
humana encarnándose en Jesucristo para morir por los pecados de los
hombres, a quienes adopta como hijos suyos.
60.
Dios legislador: Para los griegos la ley de la naturaleza lo
gobierna todo, incluso a los dioses. Para el cristianismo es el mismo Dios
quien legisla y comunica al hombre sus leyes (primero a Adán, luego a
Moisés en las Tablas de la Ley y por último en su hijo Jesucristo). Para el
griego la moral se alcanza por el intelecto, mientras que para el
cristianismo la ley moral es obrar de acuerdo con la voluntad amorosa de
Dios.
61.
Necesidad de Dios para salvarnos: Por el mal uso de su
libertad, el hombre cayó en el pecado y se apartó de Dios, lo que trajo
como consecuencia el mal (dolor, muerte...). Para liberar al hombre del
pecado y devolverle su libertad, Dios se hizo hombre por amor, muriendo
y resucitando.
Los griegos también habían hablado de una culpa originaria (el mito del
Fedro de Platón, o los misterios del Orfismo), pero no se sabía la razón de
esa culpa. La redención de esa culpa se podía llevar a cabo por el propio
hombre ejercitando la virtud y a través de sucesivas reencarnaciones.
En el cristianismo la culpa originaria es de tal magnitud –rebelión contra
Dios- que ha dañado nuestra naturaleza y ninguna fuerza humana puede
redimirla, es precisa la intervención de Dios que otorga la fe y la gracia,
62
dimensiones ignoradas por los helenos. El hombre ya no es sólo cuerpo e
intelecto sino que posee, además, espíritu, que participa de Dios por la fe.
62.
La verdad revelada: Jesucristo –Dios encarnado- se proclama
“el camino, la verdad y la vida”. La verdad, por tanto, es única y eterna, y,
además, se ha dado a conocer plenamente en la persona de Cristo. Para los
griegos la verdad se alcanzaba por la sola razón, de hecho, nuestros
sentidos podían engañarnos. El cristianismo, por su parte, afirma Dios nos
ha mostrado la verdad, aunque por sus limitaciones el hombre no pueda
captarla en su integridad.
63.
Novedades del cristianismo: En primer lugar hay que decir que
el cristianismo da una imagen novedosa de Dios. Para los filósofos helenos
Dios era un ser lejano, inalcanzable, que explicaba el cambio en el mundo
pero con el que era casi imposible relacionarse. El cristianismo habla de un
Dios personal, preocupado por todos los hombres a los que ama. Además,
ya no sólo disponemos de la razón para descubrir la verdad, sino que Dios
mismo nos la revela sin contradecir el conocimiento racional.
Para el griego el mundo existía desde siempre y el problema era
comprender cómo era posible que una cosa dejase de ser lo que era para
pasar a ser otra -el cambio-. Para el cristianismo el mundo ha sido creado
y, por tanto, la cuestión es cómo ha podido surgir algo de la nada.
63
CAPITULO 10: PATRÍSTICA (SIGLOS I A V)
LOS PADRES DE LA IGLESIA: Son los pensadores religiosos
que en los primeros siglos del cristianismo aportan un
contenido racional a la religión cristiana. La Patrística es la
corriente de pensamiento que desarrollan estos primeros
pensadores cristianos. En el siglo II d.C. los cristianos se
ven en la necesidad de acudir a la especulación filosófica
para precisar las fórmulas dogmáticas, para deshacer
argumentos heréticos que comienzan a amenazar el
mensaje cristiano, y para defenderse de las acusaciones
calumniosas de las autoridades romanas.
64.
El legado clásico: Estos pioneros del pensamiento cristiano
reconocen de modo desigual el legado de la filosofía griega. Ejemplos
paradigmáticos de la distinta valoración de la herencia clásica son San
Justino y Tertuliano.
San Justino (100-165) presenta a la filosofía clásica como la preparación
para la aparición de la fe cristiana; la nueva fe no contradice a la antigua
filosofía, sino que la perfecciona.
Tertuliano (160-240), por su parte, representa la posición contraria a San
Justino en estos primeros tiempos de la Iglesia. Para Tertuliano la filosofía
es pura insensatez. La verdad es irracional, por lo que apoyarse en la razón
es necio. Su lema es “creo porque es absurdo”. El radicalismo de
Tertuliano le llevará a compartir la herejía de Montano.
64
65.
Gnosticismo: Se trata del principal movimiento herético de los
primeros siglos del cristianismo. Para los gnósticos todo lo que existe se
produce por emanación a partir de Dios, siendo menos perfectas las
realidades más alejadas de Dios. Defiende una dualidad entre el bien Dios- y el mal -la materia-. Entre esos dos extremos hay toda una jerarquía
de grados de perfección en la cual está el mundo como etapa intermedia
entre Dios y lo material. Por tanto, la creación y el hombre no son sino
momentos del combate entre lo divino y la materia. El fin último es la
“restitución” de todo a su propio lugar. El conocimiento no es científico ni
revelado sino que proviene de una iluminación denominada “gnôsis”. El
gnosticismo fue condenado por la Iglesia definitivamente en el Concilio de
Nicea (325 d.C.).
65
CAPITULO 11: SAN AGUSTÍN
SAN AGUSTÍN, O EL PLATÓN CRISTIANIZADO: San Agustín
va a ayudarse de la filosofía de Platón para desarrollar su
pensamiento cristiano. Para este santo de finales del
Imperio romano, la fe y la razón son compatibles y se
pueden ayudar. El conocimiento no parte tanto de la
experiencia como de mi propia intimidad en la cual me
contemplo como imagen de Dios y puedo ver las verdades
permanentes que Dios me muestra. Las “ideas” perfectas
no residen en un mundo aparte, como Platón creía, sino en
la mente de Dios.
66.
San Agustín: (354-430) Nacido en Tagaste (norte de África)
cerca de Cartago y muerto en Hipona, representa la plenitud de la
Patrística. Hijo de padre pagano y madre cristiana (Santa Mónica), en su
juventud tuvo un hijo ilegítimo. Leyendo a Cicerón siente la necesidad de
buscar una verdad permanente. Primero se inclinó por el maniqueísmo
(forma de gnosticismo persa que defiende la existencia de dos principios,
uno del bien y otro del mal, que pugnan por prevalecer). Más tarde se
volvió hacia el escepticismo (niega que se pueda conocer la verdad), para
acabar convirtiéndose al cristianismo a los 33 años, impregnado en lo
intelectual de platonismo y neoplatonismo. Las fuentes de San Agustín son
mayoritariamente helénicas.
66
67.
Fe y entendimiento (San Agustín): La justificación filosófica
de San Agustín es que hay que creer para entender y entender para creer.
La fe nos da las verdades, pero la comprensión de estas verdades nos
fortalece en la fe. Fe y razón no se pueden contradecir pues la verdad que
las sostiene es una. La meta de la filosofía de San Agustín es el
conocimiento de Dios: “Deseo conocer a Dios y el alma. ¿Nada más?
Nada más en absoluto”.
68.
El alma (San Agustín): Una de las mayores aportaciones
agustinianas es la vuelta hacia uno mismo, hacia la intimidad, como
camino de conocimiento. Los sentidos pueden engañarnos, puedo dudar
que lo que veo y conozco sea como yo creo, pero el hecho de darme cuenta
de que dudo me da una certeza inapelable, la de mi propia existencia.
Frente al escepticismo que afirma que la verdad es incognoscible, San
Agustín esgrime un argumento más tarde empleado de modo similar por
Descartes: “Si me engaño, existo”. Luego ya conozco algo seguro no
sujeto a duda, que existo. En mí está el fundamento de la certeza. Supone
la afirmación de mi propia consciencia como criterio de certeza.
El hombre es ante todo alma, tal como afirmaba Platón. El cuerpo no es
más que una herramienta necesaria para el hombre. Precisamente el alma
es lo permanente en el hombre, su substancia. Hemos dicho que estoy
seguro de que existo, estoy seguro de que hay un “yo”. Ese “yo” es distinto
de sus actos: yo me enamoro, pienso, me divierto, pero todas estas
actividades son mías, no están en el vacío, precisan un “yo” que las realice.
Luego “yo” soy el único independiente, las demás cosas que me pasan
dependen de ese “yo”. “Yo” soy la sustancia -independiente y permanente.
69.
Conocer por la intimidad (San Agustín): El hombre es imagen
de Dios, por eso para conocer a Dios se ha de buscar en la intimidad de
uno mismo: “No vayas hacia fuera, vuelve a entrar en ti mismo; en el
interior del hombre reside la verdad”.
En el interior encontramos las verdades puramente inteligibles (las
matemáticas, los primeros principios...); son verdades permanentes y
necesarias (eternas), contrariamente a las suministradas por los sentidos.
Aquí vemos claramente la raíz platónica de San Agustín para quien
67
conocer es aprehender un objeto inmutable. Pero, ¿de dónde provienen
estas verdades? No de nuestros sentidos, que nos muestran sólo realidades
cambiantes; ni de
nuestro espíritu, ya
que
nosotros
mismos
somos
contingentes
y
mudables y no
podemos ser el
origen de estas
verdades necesarias.
Precisamos
una
ayuda
externa
fundamentada en
Dios mismo: es la
“iluminación”. Ya
vimos que Platón
resolvía
esta
cuestión afirmando
que nuestras almas
Hasta la aparición de Santo Tomás de
preexisten.
Aquino en el siglo XIII, será San Agustín
el principal filósofo del Cristianismo.
El
conocimiento
directo de Dios llega
por la iluminación
que es una facultad que Dios concede a la razón para conocer las verdades
eternas. La iluminación no es un milagro, sino un hecho natural. Esto
significa que podemos conocer al margen de la experiencia.
70.
La creación (San Agustín): Dios ha creado el mundo de la
nada. Si el mundo hubiese surgido por emanación, tal como afirmaban los
neoplatónicos, en Dios habría algo finito y cambiante, características estas
que van contra su naturaleza.
Las cosas son un reflejo de las ideas perfectas que Dios posee en su mente.
Las ideas en Platón estaban en un mundo ideal, en San Agustín se alojan
en la mente de Dios. El mundo es valioso (legado clásico), pero sólo es
comprensible desde Dios (legado cristiano).
68
71.
El tiempo (San Agustín): El hombre es intrínsecamente
temporal, a diferencia de Dios que es eterno. Si analizamos el tiempo
objetivamente vemos que lo pasado fue, pero ya no es; lo futuro todavía no
ha sido, luego tampoco es. Sólo el instante presente es. Sin embargo,
tenemos conciencia de la duración temporal, e incluso podemos medirla.
Esto es posible porque el hombre tiene capacidad de rememorar o, lo que
es lo mismo, de traer al presente acontecimientos ya sucedidos o que
esperamos se sucedan. La experiencia de estar limitados por lo temporal
hace que el hombre ansíe lo eterno. Sólo en Dios el hombre participa de la
eternidad.
72.
La ética del amor (San Agustín): El hombre posee una
conciencia moral mediante la cual puede conocer la ley divina. Pero la ley
divina no sólo hay que conocerla sino quererla. El alma se mueve hacia la
voluntad divina por el amor que es en última instancia quien instiga a la
voluntad humana. El amor bueno es el núcleo de la ética en San Agustín:
“ama y haz lo que quieras”. El cumplimiento por parte del alma del fin
para el que ha sido creada le lleva a la felicidad.
73.
La ciudad de Dios (San Agustín): El ideal político en San
Agustín pasa por el reconocimiento de Dios como origen de cualquier
poder. El Estado, por tanto, debe configurarse según principios cristianos,
y ha de apoyar a la Iglesia para que esta desarrolle su misión. El fin último
del hombre no es terrenal sino trascendente. La sociedad se puede
organizar como ciudad del mundo -en la cual los bienes se consideran un
fin en sí mismos que se buscan para gozarlos- o como ciudad de Dios –en
ella los bienes no son sino útiles que se han de orientar a un fin superior,
Dios-.
Por su parte, la historia se desarrolla bajo la libertad del hombre, en una
pugna constante entre la ciudad del mundo y la ciudad de Dios. La
providencia hará que concluya en el triunfo final de la ciudad de Dios.
69
CAPITULO 12: PENSAMIENTO MEDIEVAL
PROBLEMAS MEDIEVALES: Las principales cuestiones
filosóficas que se plantean en la Edad Media giran en torno
a Dios. Existen tres temas fundamentales que analizan la
relación de Dios con el mundo y con el hombre: la creación,
los universales y la razón.
74.
Dispersión: Con la caída y fragmentación del Imperio Romano
queda disperso el legado cultural clásico, por ello los primeros pensadores
de esta época tratan más de recuperar la herencia de los antepasados que de
hacer una filosofía realmente creadora. Más adelante, especialmente a
partir del siglo XI, rebrotará la filosofía inserta en la teología.
75.
Dios: Es el centro en torno al cual gira todo el pensamiento
medieval. Dios da sentido al mundo y al hombre. Cuanto más le
conozcamos mejor sabremos sus “razones” para hacer las cosas tal y como
son. Si conocemos el fin de cada cosa, aquello para lo cual han sido
creadas, mejor comprenderemos lo que de verdad “son”.
76.
La creación: Con la llegada del cristianismo la creación del
mundo a partir de la nada pasa a ser cuestión novedosa y fundamental: ¿En
qué medida se involucra Dios en su obra? ¿Es demostrable la temporalidad
del mundo? ¿Existe una creación continua o una vez creado el mundo
subsiste por sí mismo?
70
77.
El fin último del hombre: Si el hombre es protagonista de la
creación y puede salvarse o condenarse hay que replantearse su misma
realidad. Surgirán importantes estudios en torno a la libertad, la voluntad,
la conciencia, el espíritu, etc.
78.
Los universales: son las especies y los géneros -las formas o
sustancias segundas- (por ejemplo “los felinos”) por contraposición con los
individuos concretos -sustancias individuales- (por ejemplo “este gato
concreto”). ¿En qué medida los universales son cosas? De la respuesta que
se dé a esta pregunta depende el concepto de ser y el de conocimiento
(pues ya vimos en Aristóteles que el alma aprehende las formas, no la
materia).
-Realismo: doctrina vigente hasta el siglo XII. Creen que los universales
son cosas. En los universales se hallan presentes todos los individuos, de lo
que se desprende que los individuos tienen una sola sustancia común y que
sólo se diferencian por los accidentes (por ejemplo, existe un sólo hombre
del que todos somos meras manifestaciones diferenciadas por nuestros
accidentes). En el fondo niega una existencia individual y roza el
panteísmo. La ventaja del realismo es su sencillez; también se presta a la
interpretación de algunos dogmas como el del pecado original: si en
esencia no hay más que un solo hombre, el pecado de Adán y Eva afecta a
la humanidad entera contenida en ese hombre único. Guillermo de
Champeaux (1070-1121) es el máximo representante de esta corriente.
-Nominalismo: surge en el siglo XI. Defiende que en la realidad no existe
nada universal, tan sólo en nuestra mente. Sólo existen los individuos
concretos. El nominalismo extremo llega a negar el dogma de la Santísima
Trinidad pues la existencia de tres personas implica que hay tres dioses
(triteísmo). En la Trinidad las tres personas poseerían cada una una
“sustancia” individual, pues de ser “consustanciales” (tener una sola
sustancia) se habrían reencarnado las tres. Defensor de esta idea es
Roscelino (1050-1120).
Al final de la Edad Media Escoto y Occam retomarán la corriente
nominalista.
71
-Realismo moderado: Afirma que la verdadera sustancia es el individuo
pero que el individuo pertenece a una especie y se obtiene de ella por
“individuación” (el individuo existe al concretarse la forma en una materia
determinada). Los universales son formas que se concretan en la realidad
“moldeando” o “informando” la materia. Representantes de esta corriente
son San Alberto Magno y Santo Tomás de Aquino. En realidad es la línea
marcada por Aristóteles.
79.
La razón: El alcance de la razón va ligado a nuestra capacidad
para conocer. ¿Hasta qué punto el mundo es racional y comprensible para
mí? ¿En qué medida emplea Dios la razón –y por tanto podemos
conocerle- o simplemente una voluntad impredecible? ¿Son compatibles fe
y razón?
72
CAPÍTULO 13: SIGLOS X A XII. SAN ANSELMO,
LOS MUSULMANES Y LOS JUDÍOS
SAN ANSELMO DESATA LA POLÉMICA: San Anselmo va a
demostrar que Dios existe mediante un argumento de tipo
exclusivamente lógico. Se trata de un argumento
sumamente discutido desde entonces que todavía hoy tiene
defensores y detractores.
Por otro lado, la filosofía árabe y judía que había
conservado gran parte de la herencia clásica va a tener cada
vez mayor influencia sobre el pensamiento cristiano.
80.
Siglos X a XII: Es la época de las Cruzadas en que Occidente y
Oriente entran en contacto. El arte románico florece en toda Europa. La
mejora de las técnicas agrícolas contribuye al incremento de la población y
a la ampliación del comercio. El saber sale de los monasterios y se instala
en las ciudades. Se asienta el feudalismo que contará con tres estamentos
básicos: los que rezan, los que luchan y los que trabajan.
81.
San Anselmo: (1033-1109) Nacido en Aosta (Italia). Ingresa en
la orden benedictina y llega a prior y abad del convento de Bec. Es
nombrado arzobispo de Canterburi en 1109.
82.
Cuestionamiento de la existencia de Dios (San Anselmo): San
Anselmo da un paso decisivo en la filosofía medieval al plantear por
73
primera vez la necesidad de demostrar de la existencia de Dios, aunque su
actitud parta de la fe. Para San Anselmo hay dos vías de demostrar la
existencia de Dios:
-A posteriori, a partir de la experiencia. Mostrando cómo los fundamentos
últimos de la naturaleza -imperfecta, contingente, finita y múltipleprecisan de la existencia de un ser que la sostenga y justifique.
-A priori, previamente a toda experiencia. Mediante el argumento
ontológico desarrollado en su libro “Proslogion”.
La filosofía adoptará, además de estas dos actitudes enunciadas por San Anselmo, otras dos posturas
ante la existencia de Dios:
-Argumento moral, su principal precursor es Kant. Este argumento fundamenta la demostración de
que Dios existe en el hecho de que los hombre somos seres morales (libres, capaces de distinguir el bien
del mal y, por tanto, responsables), por lo que ha de existir un ser –Dios- que de sentido a la moral,
que haga trascendente al hombre y no un mero mecanismo natural.
-Ateísmo, niega la existencia de Dios. El mundo y el hombre se justifican por sí mismos.
83.
Argumento ontológico (San Anselmo): San Anselmo parte del
Salmo 13: “Dijo el insensato en su corazón: no hay Dios”. Dios es tal que
no puede pensarse mayor. Al negar a Dios el insensato sabe lo que dice: el
ser perfecto, ese ser tal que no puede pensarse mayor, no existe. Pero si
Dios existe en nuestro pensamiento podemos imaginarlo existiendo
también en la realidad, y un ser real es más perfecto que un ser meramente
imaginario, luego podríamos pensar algo mayor que Dios, y eso es una
contradicción. Dios debe existir también en la realidad pues de no ser así
no poseería la cualidad de ser “aquel tal que no puede pensarse mayor” y
no estaríamos hablando de Dios. Si se piensa en plenitud lo que es Dios se
ve que no puede no existir.
84.
Influencia del argumento ontológico (San Anselmo): El
argumento ontológico ha sido capital en la historia de la filosofía. San
Buenaventura y Duns Escoto lo aceptan, Santo Tomás y la Escolástica lo
rechazan por considerar que se da un paso ilegítimo al pasar del orden del
pensamiento al de la realidad. En el siglo XVII Descartes, Spinoza y
Leibniz lo aceptarán y fundamentarán su desarrollo filosófico en dicho
argumento. En el siglo XVIII Kant -que es quien le dio el nombre de
74
“argumento ontológico”- lo rechaza alegando que la existencia no es una
perfección, ya que la esencia (qué es algo) es independiente de la
existencia (podemos dar atributos a una cosa que no existe). En el XIX
Hegel lo retoma con notables correcciones. Hoy en día sigue siendo objeto
de controversia.
85.
Filosofía árabe y judía: En los países islámicos se produce una
escolástica musulmana cuyo núcleo es la interpretación del Corán. Lo
mismo sucede con la filosofía judía que bajo el influjo de la musulmana
desarrolla su propia escolástica. Las tres religiones (cristiana, musulmana y
judía) se influirán recíprocamente. El pensamiento de Aristóteles penetrará
en Occidente en el siglo XIII por influjo de los árabes, y supondrá una
auténtica revolución del pensamiento. Entre los filósofos musulmanes
destacan Avicena (980-1037) y Averroes.
Como filósofos judíos más importantes se puede señalar a Avicebrón
(1021-1058) y a Maimónides.
86.
Averroes: (1126-1198) Natural de Córdoba. Para Averroes
existe un intelecto único para toda la especie humana, negando la
inmortalidad individual; se podría decir que no somos sino
manifestaciones de una única persona. Averroes introduce la polémica
“teoría de la doble verdad” que afirma que una cosa puede ser verdadera
en filosofía y falsa en teología o viceversa. Esta teoría no es sino un intento
de hacer autónomas las conclusiones filosóficas, dejándolas al margen del
saber teológico.
87.
Maimónides: (1135-1204) Nacido en Córdoba, busca conciliar
el conocimiento filosófico con el teológico. Para Maimónides a Dios se le
conoce sólo por sus manifestaciones pero no por sí mismo. En muchas
cuestiones está próximo a Averroes.
88.
Abelardo: (1079-1142) Tremendamente controvertido en su
tiempo, para Abelardo los misterios de la fe no se pueden conocer sino por
semejanzas y analogías. En el tema de los universales afirma que el
75
intelecto aprehende las semejanzas de las cosas por la abstracción (la cual
se funda en la imaginación). El universal no es una cosa más, pero
tampoco es una entelequia, algo vacío de contenido, sino un discurso que
tiene relación con la cosa real, que alude a algo real.
76
CAPÍTULO 14: SIGLO XIII: APOGEO DE LA
ESCOLÁSTICA
PLENITUD ESCOLÁSTICA: El siglo XIII representa la plenitud
de la Escolástica, especialmente de la mano de Santo Tomás
de Aquino que desarrolla su pensamiento apoyado en el
legado de Aristóteles. Sin embargo existen otras corrientes
no tomistas que apostarán por una filosofía de corte
platónico.
89.
Siglo XIII: Es el siglo del esplendor medieval. Continúan las
cruzadas. Se esbozan los primeros estados modernos de Europa. Se
produce un fuerte impulso cultural por la recepción de las obras de
Aristóteles, la pujanza de las universidades y la actividad científica de las
nuevas órdenes religiosas
Este siglo se mueve claramente bajo el signo de Tomás de Aquino cuyo
pensamiento marcará las pautas de la Escolástica. No obstante, existen
algunas excepciones singulares como son Roger Bacon o el mallorquín
Raimundo Lulio.
90.
Roger Bacon: (En torno a 1212- en torno a 1293) Franciscano,
estudioso de las ciencias, la filosofía y las lenguas. Censurado por su
Orden, llegó a sufrir prisión. Para Roger Bacon las ciencias y la filosofía
nos acercan a la verdad revelada en las Escrituras. Los modos de saber son
la autoridad (de la Iglesia y de los sabios), la razón y la experiencia, en
última instancia la experiencia es la que nos ofrece la certeza.
77
91.
Raimundo Lulio: (1233-1315) En su juventud llevó una vida
mundana pero convertido a Cristo deja todo y va a predicar a los
sarracenos. Su afán apostólico le llevó más allá de las fronteras conocidas
en su tiempo. Considera que la razón puede demostrar la verdad cristiana y
con ello convertir a los infieles. Diseñó un procedimiento mediante tablas
con símbolos matemáticos para encontrar y probar la verdad
automáticamente (Ars Magna); dicho sistema ha interesado a otros
pensadores, en especial a Leibniz.
92.
San Buenaventura: (1221-1274). Para este fraile franciscano el
fin del conocimiento es Dios, a quien se puede conocer por su obra (la
creación), por su imagen en nuestra alma, o directamente por la
contemplación mística. La verdad no sólo se puede conocer por la
revelación, sino también por la razón.
93.
San Alberto Magno: (1193-1280) Dominico que hace el primer
intento de adaptar el pensamiento aristotélico a los problemas de su época.
Fue maestro de Santo Tomás de Aquino.
78
CAPITULO 15: SANTO TOMÁS DE AQUINO (SIGLO
XIII)
SANTO
DE
EL
TOMÁS
AQUINO,
ARISTÓTELES
CRISTIANIZADO: Santo Tomás de Aquino representa la
plenitud del pensamiento escolástico. Heredero del legado
de Aristóteles, cristianizará las teorías de éste
compatibilizando razón y fe. La confianza en la razón del
santo italiano es tan grande que demostrará la existencia de
Dios, y escribirá un compendio de todo el saber entendido
a la luz de su filosofía.
94.
Santo Tomás de Aquino: (1225-1274) Dominico italiano cuyo
pensamiento supone la plenitud de la Escolástica. Tomás de Aquino, de
carácter espiritual, bondadoso y humilde, va a condicionar todo el
pensamiento filosófico posterior hasta nuestros días. Las innovaciones que
introdujo desplazaron gran número de planteamientos doctrinales
platónico-agustinianos, lo que le valió la hostilidad de algunos sectores de
la iglesia como los franciscanos. En todo caso su pensamiento marcó
totalmente el final de la Edad Media. Su obra más importante es la
“Summa Theologica” que es un compendio de su pensamiento sobre todas
las materias.
95.
Fe y razón (Santo Tomás): Santo Tomás establece una armonía
entre la fe y la razón. Son facultades distintas. La razón es una potencia del
alma humana cuya actividad es razonar, se trata de algo natural. La fe es
79
un acto de asentimiento a unas proposiciones que no nos son evidentes,
dicho asentimiento es impulsado por la voluntad y movido por la gracia;
entra en el campo de lo sobrenatural. Sin embargo, no se contradicen, pues
ambas proceden de Dios: la fe precisa la gracia divina y es revelada por el
mismo Dios, mientras la razón es una facultad del alma, alma creada por
Dios.
Por todo lo dicho filosofía y teología son conciliables. Ambas tienen el
mismo objeto material, es decir, estudian lo mismo, pero poseen distinto
objeto formal, diferente enfoque a la hora de estudiar el mismo problema.
Además difieren en las “herramientas” que emplean para estudiar la verdad
-la razón natural o la revelación-. En realidad la filosofía y la teología se
pueden apoyar.
96.
El
conocimiento
(Santo Tomás): El principio
general del conocimiento en
Santo Tomás se podría resumir en
la siguiente aseveración: “el
objeto conocido es proporcionado
a la facultad que lo conoce” -por
ejemplo, la vista conoce las
imágenes, pues son las que se
adecuan a su facultad, y no puede
conocer
los
sonidos-.
El
entendimiento humano es una
facultad a mitad de camino entre
los sentidos y el entendimiento
Santo Tomás de Aquino supone la
angélico. Los sentidos se ocupan de
plenitud de la Escolástica. Supo
realidades
particulares.
El
captar perfectamente el sentido de
conocimiento angélico conoce las
la filosofía de Aristóteles, para
formas puras sin materia. El
aplicarlo sobre la fe cristiana.
entendimiento
humano
se
encuentra en medio, pues el objeto
de su entendimiento son las formas inteligibles que están en las cosas, en
las realidades corpóreas. El modo de conocer la forma de los entes es la
abstracción.
80
Abstraer: es separar de las cosas el universal o especie que en ellas se
halla contenido, es decir, es descubrir lo que las cosas particulares tienen
en común con las demás.
Siguiendo el planteamiento de Aristóteles, para Santo Tomás los hombres
no poseemos conocimientos al margen de la experiencia. Nuestro
entendimiento conoce lo universal. Cuando nacemos nuestro
entendimiento está vacío, como una “tabla rasa”. No tiene ideas innatas
(como creía Platón), ni es iluminado por Dios (según afirmaba San
Agustín); ni es único para todos los hombres (como lo es para Averroes);
es pura potencia de conocer, y por ello necesita partir de los datos
proporcionados por los sentidos. Con esos datos el entendimiento agente
extrae la sustancia del objeto concreto, esto es, lo universal. Luego, el
entendimiento refiere los universales a las cosas concretas, volviendo a la
experiencia de la que partió.
Veamos esto con un ejemplo: Yo veo un barco por vez primera. Si no lo tuviera ante mí no sabría ni de
su existencia, pero los sentidos me lo muestran. Con los datos aportados por los sentidos mi
entendimiento agente elabora lo que propiamente es un barco (“vehículo flotante”). Luego, con el
concepto barco, yo puedo conocer todos los barcos que se presenten ante mí.
97.
Esencia y existencia (Santo Tomás): Santo Tomás tomará de
Aristóteles su análisis de la consistencia de las cosas basada en la
distinción de materia y forma, sustancia y accidente, y acto y potencia;
pero todavía incorporará una cuarta distinción entre “esencia” y
“existencia”. Yo puedo conocer la esencia de algo (por ejemplo de un
dragón) sin saber si existe. La existencia es a la esencia lo que el acto es a
la potencia. Ningún ser creado -al que le ha sido dada la existencia- puede
ser la existencia misma; sólo Dios es el ser subsistente, aquel en el que
coinciden esencia y existencia en una simplicidad suma. De aquí se deduce
que la creación, dependiente absolutamente de Dios, es muy inferior a
Éste.
La jerarquización de los seres viene dada por su mayor o menor
simplicidad, esto es, por su mayor o menor cercanía al puro existir de Dios.
En la cúspide están los ángeles, formas puras carentes de materia; luego los
hombres, con un alma incorruptible y simple unida a un cuerpo
corruptible; después los animales y plantas ineludiblemente ligados a la
materia; a continuación los seres inertes; y, por último, las formas
accidentales que no existen en sí, sino en otro.
81
98.
La existencia de Dios (Santo Tomás): Santo Tomás trata de
demostrar la existencia de Dios mediante cinco argumentos que parten de
la experiencia -a posteriori-. Las pruebas tomistas de la existencia de Dios
son estas:
1) Las cosas se mueven, todo lo que se mueve es movido por otro,
siguiendo hasta su principio la cadena de movimientos tenemos que llegar
a un Primer Motor que inicie el proceso. Este Primer Motor inmóvil es
Dios.
2) Todos los seres son causados (provienen de otros), si seguimos la
cadena causal hasta su principio hemos de llegar a una Causa Primera que
ponga en marcha el proceso sin haber sido causada por nadie. Esa Causa
Primera es Dios.
3) Los seres que conocemos son contingentes (pueden existir o no existir);
de hecho vemos que se generan y perecen. Eso significa que tienen una
existencia recibida de algún Ser que no sea contingente sino necesario (que
necesariamente tenga que existir). Ese ser necesario es Dios.
4) Existen distintos grados de perfección (hay cosas más o menos
perfectas), pero que existan grados significa que hay un modelo que sirve
de referencia para saber a qué tienden esas perfecciones. El ser
infinitamente perfecto que integra todas las perfecciones es Dios.
5) Existe un orden en el universo que se orienta a la consecución de unos
fines. El Fin Último al cual se ordenan todos los fines es Dios.
99.
El alma (Santo Tomás): Es el principio de la vida. Alma y
cuerpo unidos forman una sustancia única y completa, el hombre. No
obstante, el alma sobrevive al cuerpo pues es espiritual y dotada de razón.
La inmortalidad del alma humana se demuestra por el deseo de los
hombres de permanecer en su modo de ser, y como la naturaleza no hace
nada en vano ese deseo ha de estar justificado por su destino.
100.
Moral (Santo Tomás): El fin del hombre es contemplar a Dios,
conocerle. La moral es un movimiento del hombre hacia Dios. La bondad
de cada ser consiste en actuar conforme a su naturaleza, por tanto Bien y
82
Ser son idénticos –conforme más actúe de acuerdo a mi naturaleza, mejor
soy-. La ética es un movimiento de la criatura racional hacia el Dios que le
hace ser lo que es.
Al igual que en el campo teórico existen una serie de axiomas o principios
evidentes por sí mismos, así también sucede en el terreno de la moral. Son
verdaderos principios, esto es, indemostrables e indestructibles. El hombre
los lleva inscritos en su naturaleza y los descubre siempre que haga recto
uso de sus facultades. El contenido de la ley moral coincide con el
Decálogo (los diez mandamientos de la ley de Dios).
Dios lo ha creado todo y todo lo ha hecho bien, es por eso que el mal no es
obra suya. Pero si todo lo ha creado el mal no puede ser sino una carencia,
por tanto el mal es la ausencia de bien.
101.
El Estado (Santo Tomás): Siguiendo a Aristóteles el Estado
para Santo Tomás surge por la tendencia natural del hombre a vivir en
sociedad. Existe una ley natural -sujeta al plan de Dios- a la que deben
sujetarse las leyes de los hombres. La ley positiva debe ser justa (conforme
a la ley natural), moral, físicamente posible, fiel a las tradiciones de los
pueblos, acomodada al tiempo y espacio, necesaria, apta para el fin y
tendente al bien común.
El poder proviene de Dios, por lo que la potestad superior la tiene su
Iglesia. La mejor forma de gobierno es una monarquía moderada con una
amplia participación popular, y la peor la tiranía.
83
CAPÍTULO 16: SIGLO XIV. CRÍSIS
PENSAMIENTO TEOLÓGICO. OCCAM
DEL
OCCAM ACABA CON LA ESCOLÁSTICA: Occam va a negar la
capacidad de nuestra razón para conocer a Dios, a Dios sólo
se le puede conocer por la fe, por tanto toda teología o
estudio racional de Dios es imposible. Por otra parte el
mundo sí nos proporciona conocimientos inmediatos
simplemente contemplándolo. Además, Occam va a abrir
paso a la ciencia moderna al afirmar que sólo podemos
expresar generalidades mediante símbolos, tal y como hace
hoy en día la física.
102.
Siglo XIV: Comienza el Imperio Otomano. Se produce la guerra
de los Cien Años entre las monarquías inglesa y francesa. El Cisma de
Occidente desprestigia aún más al Papado. Es una época de crisis
económica y demográfica. Se produce una fractura general: separación
Papado-Imperio, razón y fe, filosofía y teología.
103.
Crisis de la Teología: Algunas de las últimas corrientes
medievales de pensamiento llevan a separar el conocimiento racional del
teológico, lo que indirectamente supondrá el fin de la primacía de este
último. A esta escisión contribuyen por una parte la teoría averroísta de la
“doble verdad” (afirma que una cosa puede ser verdadera en teología y no
en filosofía, y viceversa). Por otro lado un voluntarismo que defiende la
84
incapacidad de la razón humana para conocer a Dios y, por tanto, la
inutilidad del esfuerzo racional por alcanzar al Creador.
104.
Franciscanismo: En la historia de la filosofía todo movimiento
metafísico (construido sobre las ideas) ha producido una reacción empírica
(basada en la experiencia) que niega validez a las ideas abstractas y
defiende lo concreto y asequible a la experiencia. En el siglo XIII nace la
Orden de San Francisco de Asís que ve en la creación la manifestación
amorosa de Dios. Al principio esta Orden, fiel a su espíritu evangélico,
estuvo al margen de las actividades intelectuales. Pero en 1.231 uno de los
más prestigiosos maestros de la Universidad de París, Alejandro de Hales,
solicitó el ingreso en esta Orden, iniciando una corriente de pensamiento
que retoma la filosofía teocentrista (Dios como punto de referencia de todo
lo demás) y se aproxima a San Agustín. El franciscanismo se enmarcará
dentro del empirismo -dar primacía al conocimiento sensible-.
105.
Escoto: (1266-1308) Franciscano nacido en Escocia; fue
profesor en Oxford, París y Colonia. Para Duns Escoto filosofía y teología
no sólo difieren en su objeto formal (cómo estudian) sino también en su
objeto material (qué estudian). Para el pensador escocés la teología se
centra exclusivamente en lo dado por la revelación, mientras que la
filosofía se centra en lo conocido por la razón. En todo caso la revelación
está por encima de cualquier otro modo de conocimiento. Escoto es
voluntarista, lo que significa que la voluntad es lo más importante, incluso
más que el conocimiento, por eso vale más amar a Dios que conocerlo.
Reconoce el argumento ontológico de San Anselmo para demostrar la
existencia de Dios, aunque modificándolo algo, se podría resumir así: si
Dios es posible entonces es que existe. Escoto prepara el camino a la
actitud más radical de Occam.
106.
Occam: (en torno a 1290-1350) Franciscano de la corriente más
espiritual; combate junto con otros miembros de su Orden contra la
excesiva mundanización del papado. Defensor de la necesidad de que la
Iglesia se limite a su misión espiritual se pondrá del lado del Emperador
Felipe el Hermoso de Francia en su pugna con el Papa Bonifacio VIII.
85
Excomulgado por Juan XXII se refugió en la corte de Luis de Baviera, en
Pisa.
107.
La pérdida de Dios (Occam): Guillermo de Occam escinde
totalmente la teología y las ciencias. Las verdades de fe son inasequibles a
la razón humana por lo que la filosofía no puede conocerlas. Dios no es
razón y su libre voluntad hace que las decisiones divinas no estén sujetas ni
siquiera a las “fronteras” de la razón.
La razón humana no alcanza ni siquiera a conocer con seguridad la propia
existencia de Dios. La prueba de la causalidad defendida por Santo Tomás
de Aquino no es válida para Occam, pues no podemos estar seguros de la
imposibilidad de una serie infinita de causas en el pasado; y aun
admitiendo que hubiese una primera causa del universo, haría falta probar
que esta fuese Dios.
La certeza racional de la existencia de Dios y de sus atributos desaparece al
quedar reducidos a mera probabilidad. Sólo la fe nos acerca a Dios. Las
afirmaciones de la fe no pueden ser contradichas por la razón, pero
tampoco demostradas ni defendidas.
Estas ideas afectan igualmente a la existencia del alma, de la que no
tenemos seguridad racional. Tampoco es demostrable que la moral tenga
un carácter necesario y absoluto.
Con Occam Dios deja de ser cuestión para el pensamiento, lo que
supondrá la marginación de la teología.
108.
Experiencia y Economía (Occam): Para Occam la naturaleza
no se oculta, sólo hay que interrogarla, hay que observar los fenómenos
naturales. Una filosofía sin base en la experiencia fracasará. A su vez la
naturaleza no hace nada inútilmente, es económica, de modo que cuanto
más sencillamente se expongan los fenómenos naturales más se ajustarán a
la realidad. Apunta al surgimiento de las ciencias naturales y
experimentales.
109.
El rebrote del nominalismo (Occam): Occam es nominalista.
Para él los universales no tienen realidad en las cosas sino que son meras
86
abstracciones nuestras, son sólo un signo que se usa para significar muchos
objetos individuales y singulares semejantes. La ciencia, que se refiere a
los universales, no estudia las cosas mismas sino sólo sus signos o
símbolos. Esto señalará el nuevo camino de las ciencias físico-matemáticas
que se van a limitar a medir las variaciones del movimiento y su
representación por signos, renunciando a la búsqueda de saber qué es el
movimiento y cuáles son sus causas, tal y como se había hecho desde
Aristóteles.
110.
Consecuencias del pensamiento de Occam: Occam señala un
nuevo camino para la filosofía. Dios ya no es el tema central y punto de
partida del conocimiento, pues nuestra razón es incapaz de acercarse a Él.
La naturaleza pasa a un primer plano, pues la razón sí puede comprenderla.
Por otra parte, no podemos conocer generalidades –universales- que no
existen, sino sólo representar las cosas similares por símbolos; ello
implicará que no podremos comunicar qué son las cosas mismas, sino que
nos habremos de limitar a representar su comportamiento en abstracto.
Occam alumbra lo que va a ser el empirismo, el conocimiento fundado en
la experiencia.
87
CAPÍTULO 17: LA ÚLTIMA ESCOLÁSTICA
LA ÚLTIMA ESCOLÁSTICA: En el siglo XVI rebrota la
Escolástica, especialmente en España, alcanzando su cénit
en el Concilio de Trento. En él los grandes pensadores
católicos dan respuesta a los problemas planteados por la
Reforma protestante. En adelante y hasta el siglo XIX el
pensamiento español se ceñirá a cuestiones religiosas lo
que lo alejará de los centros creadores de la filosofía
moderna europea. Los principales pensadores de esa época
se encuadran en la Orden de Predicadores (Dominicos) y en
la Compañía de Jesús (Jesuitas).
111.
Suárez: (1548-1617) Jesuita granadino. Su principal obra es
“Disputationes metaphysique”. Elabora una filosofía independiente de la
teología sin renunciar a la herencia Escolástica. Niega la distinción tomista
entre esencia (lo que una cosa propiamente es) y existencia (que esa cosa
se dé efectivamente en la realidad), para Francisco Suárez la existencia
implica la esencia de la cosa. Para el pensador granadino Dios es el ser
necesario y las cosas creadas el ser contingente (esto es, las cosas creadas
podrían existir o no existir). Ataca la teoría del derecho divino invocada
por los protestantes, según la cual los reyes recibían el poder directamente
de Dios; y defiende el principio de soberanía popular, por el cual los reyes
reciben su autoridad del pueblo soberano, que a su vez recibe el poder de
Dios; por eso el pueblo puede destituir a los soberanos indignos del
gobierno.
88
EL PROBLEMA DE LA EVOLUCIÓN
La aparición del libro de Darwin “El origen de las
especies” en 1.859 supuso una auténtica revolución no
sólo en el mundo científico, sino en la propia idea que el
hombre tenía de sí mismo. Si bien el evolucionismo no es
una
doctrina
necesariamente
materialista
su
consecuencia más palpable es que muchas corrientes de
pensamiento han reducido al hombre a mero elemento
natural, a simple manifestación de un proceso mayor del
que forma sólo una minúscula parte. Pero veamos más a
fondo el desarrollo de la idea de evolución.
Sorprende descubrir cómo seis siglos antes de
Cristo Anaximandro (610-545 a.C.) se nos revela como
el primer evolucionista. Para el pensador de Mileto de lo
húmedo se formaron los seres vivos. Estos estaban
protegidos por una corteza espinosa que más tarde se
rasgó para dar lugar a nuevas formas de vida. El hombre
mismo procede de formas vivientes arcaicas. Los
antepasados del hombre son los peces que al adaptarse a
lo seco dieron lugar a la especie humana.
No obstante, tardarán casi dos milenios en
aparecer una teoría de la evolución con una mínima
justificación científica.
Lamarck (1.744-1.829) fue el primer artífice de
la idea moderna de evolución. Para él los seres vivos se
adaptan al ambiente según sus necesidades: la función
89
crea el órgano, o lo que es lo mismo, cuando una especie
precisa cubrir una necesidad desarrolla un órgano que le
ayuda a satisfacerla. Por ejemplo, el elefante desarrolló la
trompa para alcanzar las hojas de los árboles. Estos
caracteres adquiridos se transmitirían por herencia
perfeccionándose generación tras generación.
Esta tesis fue abandonada por falta de pruebas
reales. Por ejemplo, las mujeres chinas desde tiempos
inmemoriales atrofiaban su pie vendándolo, sin embargo
siempre nacían con el
pie
normal.
La
función no crea el
órgano, en el mejor
de los casos lo
perfecciona
mínimamente. Si un
padre entrena mucho
y se hace musculoso
sus hijos no tienen
porqué nacer más
fuertes, pero él sí
desarrollará mejor sus
capacidades físicas.
Darwin
(1.809-1.882) elabora
Darwin considera que la
evolución se desarrolla según
la teoría de la
un mecanismo ciego sin
selección natural. Para
finalidad alguna.
Darwin los seres vivos
luchan
por
su
supervivencia y por ello se han de adaptar al medio;
sobreviven sólo los más aptos. Una notable diferencia con
Lamarck es que para Darwin la evolución se desarrolla
90
según un mecanismo ciego,
simplemente los mejor dotados.
donde
sobreviven
La idea de la selección natural de los mejores tomada de
modo exclusivamente materialista va a tener profundas
repercusiones en el pensamiento: desde Marx y su lucha
de clases, hasta el liberalismo y la competencia
desenfrenada, pasando por teorías de corte racista según
las cuales las razas más aptas han de someter a las menos
aptas.
Mendel (1.822-1.884) biólogo y religioso
austríaco, descubre que la herencia se encuentra en el
patrimonio genético de los progenitores, lo cual supone la
revisión de las ideas darwinianas. La evolución ya no está
en la simple actividad de los seres, sino en su constitución,
en su patrimonio genético. De existir evolución habría de
ser por mutación, por cambio en la información genética.
Mutacionismo: Esta teoría defiende que los
cambios evolutivos se producen de forma brusca por
alteraciones de cromosomas enteros o genes aislados. Las
mutaciones son hereditarias.
Esta teoría puede ser compatible con la de la
evolución de Darwin: si en una raza de conejos grises
surge un conejo blanco, sus descendientes serán blancos.
Si gracias al color blanco pasan más desapercibidos y
evitan así a los depredadores -se adaptan mejor al medio-,
los conejos grises, más vulnerables, acabarán por
desaparecer para sobrevivir los blancos.
El mutacionismo, no obstante, plantea serios
problemas, pues sólo justifica variaciones superficiales y
dentro de una especie, pero no explica la formación de
91
nuevas especies o de nuevos órganos. Y menos todavía de
órganos complejos como el cerebro o el ojo.
Filosofía y evolución: La idea de evolución tiene
un origen filosófico antes que científico. Desde siempre la
filosofía se ha preguntado sobre qué es el cambio y cuáles
son sus causas. Entre los principios que afirma la filosofía
se encuentra el principio de que lo “más” no puede salir
de lo “menos”. En principio lo imperfecto no puede dar
como resultado lo más perfecto, o dicho más
simplemente, nadie da lo que no tiene. Por tanto sólo la
vida puede transmitir vida. Ya en el siglo XIX el químico
y biólogo Louis Pasteur (1.822-1.895) demostró que todo
ser vivo procede de otro ser vivo, probando la
imposibilidad de la “generación espontánea”. Dentro de
esta línea se enmarca la idea de que la materia no puede
producir lo espiritual, escapa de sus posibilidades. Así
pues, no sólo queda abierta la cuestión de cómo
evolucionan realmente los seres vivos, sino algo previo y
más problemático, cómo explicar el salto del mundo
inorgánico a la vida, y también, cómo puede surgir de un
ser irracional otro provisto de razón.
Algunas doctrinas científicas han partido de la
hipótesis de que la naturaleza se justifica por sí misma y
no tiene ninguna finalidad, sino que se desarrolla de modo
azaroso o casual. Esta hipótesis no sólo no es científica no obedece a ninguna evidencia experimental- sino que es
sumamente discutible. La propia evolución de la
naturaleza está sujeta a unas leyes, y parece tender a unos
fines, en los que la naturaleza se perfecciona. No es por
tanto tan obvio que la naturaleza se mueva por simple
azar.
92
¿Qué o quién crea la vida? ¿Cuál es el motor del
cambio en la naturaleza? Son cuestiones abiertas al
estudio de la filosofía.
93
94
Filosofía
Moderna
95
96
EDAD MODERNA
RENACIMIENTO
Nicolás de Cusa (1401-1464)
Erasmo de Roterdam (1467-1536)
Nicolás Maquiavelo (1469-1527)
Tomás Moro (1478-1535)
Giordano Bruno (1548-1600)
EMPIRISMO
RACIONALISMO
Descartes (1596-1650)
Francis Bacon (15611626)
Malebranche (1638-1715)
Hobbes (1588-1679)
Pascal (1623-1662)
Locke (1632-1704)
Spinoza (1632-1677)
Berkeley (1685-1753)
Leibniz (1646-1716)
Hume (1711-1776)
97
98
CAPÍTULO 18: EL RENACIMIENTO
EL RENACIMIENTO. CRISIS Y RENOVACIÓN: El Renacimiento
supone una de las mayores crisis de la humanidad. Las
convicciones imperantes hasta entonces se cuestionan. Va a
surgir una nueva época, la modernidad, en la cual va
desapareciendo el sentido religioso para tomar
protagonismo el hombre. La ciencia comenzará un
desarrollo como no había conocido jamás.
112.
La gran crisis: Con la llegada del Renacimiento (que abarca
desde finales del siglo XV hasta el siglo XVII) las creencias de los
hombres se tambalean, lo que provoca una de las mayores crisis históricas
de la humanidad. Los hombres no saben a qué atenerse y los principios que
se habían dado por buenos en la Edad Media se ponen en cuestión en
mayor o menor grado:
-Pérdida del sentido religioso medieval: Dios deja de estar en el centro del
interés (teocentrismo) y su lugar lo ocupa el hombre, es la corriente
llamada “humanismo”.
-El poder ya no es religioso sino mundano: aparecen las nuevas naciones y
el capitalismo. El poder del Papa se recorta.
-Los grandes descubrimientos geográficos amplían la perspectiva del
mundo y fomentan el capitalismo.
-Se siente gran interés por la cultura clásica (Grecia y Roma) y se critica la
Escolástica medieval. No obstante en su intento por recuperar el
99
pensamiento antiguo al margen de la Escolástica surgen pensadores que
reivindican a Platón y Aristóteles pero dotando a sus escritos más de
apariencia literaria que de profundidad
filosófica.
Algunos
de
estos
pensadores son Besarión, Pico de la
Mirandola, Pietro Pomponazzi, etc.
-Se da primacía al saber científico que,
gracias a los nuevos métodos
empleados,
va
a
avanzar
fabulosamente.
-Filosóficamente
entrecruzan
gran
cantidad
corrientes.
se
de
-La religión deja de ser dogmática
(fundada en verdades teológicas que
explican racionalmente la revelación)
para tomar una actitud sentimental
que pone en primer plano al hombre y
su relación personal con Dios. El
protestantismo llegará a negar la
intermediación de la Iglesia en la
relación con Dios, el individuo se
basta para tratar con Dios.
La doctrina de Lutero
pretendía hacer prevalecer
la fe frente a la razón; sin
embargo su defensa del
libre examen de las
Escrituras tendrá la
consecuencia inversa, el
predominio de la razón.
113.
Caída de la Escolástica:
En su última época la Escolástica había quedado reducida a mero
formulismo cada vez más desconectado de la realidad. La filosofía del
siglo XV será muy crítica con la Escolástica, sin embargo no trae grandes
aportaciones al pensamiento. Habrá que esperar al siglo XVI para ver
cómo de la mano pensadores conocedores de la tradición medieval, como
Descartes y Francis Bacon, se da solución rigurosa a los problemas nuevos
que se han planteado durante el Renacimiento.
114.
Humanismo: Es la corriente de pensamiento que impera en el
Renacimiento y que pone al hombre como protagonista del mundo (el arte,
100
la filosofía, la literatura, todo queda invadido por el hombre). Para los
humanistas la felicidad se ha de conseguir en esta vida, por lo que se
rebelan contra el dogmatismo medieval.
Erasmo de Roterdam: (1467-1536) Se le considera el más importante de los humanistas. Su
influencia en Europa entera fue tremenda. Entabló contacto con los reformadores protestantes pero
siempre permaneció dentro de la Iglesia Católica. Defendía una religión menos formulista y más acorde
con el espíritu de las Escrituras.
115.
La Reforma protestante: A principios del siglo XVI Martín
Lutero (1483-1546) inicia la Reforma protestante. El origen de la Reforma
es una crítica de los abusos realizados por la curia y el clero, pero pronto se
transforma en una herejía contraria a la Iglesia católica al negar varios
dogmas y sacramentos. La Reforma tuvo consecuencias que marcarían un
nuevo rumbo a la historia. El “libre examen” que defiende que cada
individuo ha de interpretar los textos sagrados al margen de la autoridad de
Iglesia, supuso una amenaza de muerte para la esta, pues desaparece su
misión como intermediadora entre Dios y los hombres. Pese a la posición
fideista de Lutero, que pretendía dar primacía a la fe, la consecuencia del
libre examen va a ser el racionalismo. Parte de esas nuevas iglesias
formarán las iglesias nacionales, en las que Iglesia y Estado, sometidas
ambas al poder real, se identifican; la religión se convierte en un arma en
manos del Estado. Otra parte de las iglesias protestantes se van
disgregando pues el libre examen relativiza los dogmas y hace que las
uniones eclesiales no sean estables.
116.
Pensamiento político: Siempre que las cuestiones humanas han
alcanzado protagonismo la política ha ocupado un puesto privilegiado. En
el Renacimiento sucede esto de forma muy singular pues surgen las
naciones modernas que representan el protagonismo del poder temporal.
Destacan entre otros Tomás Moro, Nicolás Maquiavelo y Tomasso
Campanella.
117.
Tomás Moro: (1478-1535) Canciller de Enrique VIII de
Inglaterra quien mandará decapitarle por oponerse al cisma anglicano.
Tomás Moro diseña una sociedad ideal de tipo socialista con un Estado
con claras influencias platónicas. En su Estado no existe la propiedad
101
privada, el poder es democrático y sus habitantes se rigen por unos
principios fundados en la moral natural. Su obra principal es “Utopía”. En
una línea similar está el pensador italiano Campanella (1568-1639) que en
su obra “La ciudad del Sol” dibuja un Estado político-religioso perfecto de
carácter teocrático (primacía de la autoridad religiosa).
118.
Nicolás Maquiavelo: (1469-1527) Político e historiador
florentino. Define el modo en que debe actuar un gobernante para
conservar el poder al margen de cualquier referente moral o religioso. Su
teoría política destierra los idealismos y se limita a analizar cómo es la
situación política de hecho. Supone una escisión de la filosofía y la ética.
Su obra principal es “Príncipe”.
119.
Dios en el ojo del huracán: A partir de Occam el acercamiento
intelectual a Dios queda en entredicho. De todos modos esto no significa
que no se siga pensando sobre Él: su realidad, su naturaleza, etc. Algunos
parten de la herencia Escolástica pero renovándola, como es el caso de
Nicolás de Cusa. Otros propondrán una ruptura con los planteamientos
tradicionales, como por ejemplo Giordano Bruno.
120.
Nicolás de Cusa: (1401-1464) Cardenal y arzobispo alemán.
Hereda la formación Escolástica pero es consciente de los nuevos
problemas que se plantean a su época. Su obra más importante es “De
docta ignorantia”.
Para Nicolás de Cusa la Divinidad en su infinitud lo contiene todo y en
ella no hay contradicciones.
Con respecto al conocimiento, no conocemos las cosas mismas sino sólo
su apariencia. La mente de Dios al concebir una cosa (al pensarla) lo hace
de modo tan perfecto que la dota de realidad, la crea. Nosotros, sin
embargo, contemplamos las cosas y nuestra mente las asimila, toma su
imagen que es sólo una manifestación de la cosa, no es la cosa misma.
Para Nicolás de Cusa el mundo está ordenado de modo racional y, por
tanto, puede conocerse y estudiarse por el hombre. Nuestro mundo es el
mejor de los posibles. Además, es infinito en el espacio y en el tiempo. Por
otro lado, cada cosa que hay en el mundo es una unidad que refleja el
cosmos de un modo distinto.
102
121.
Giordano Bruno: (1548-1600) Filósofo italiano. Abandonó la
orden dominicana al ser acusado de herejía. Tras viajar por toda
Centroeuropa volvió a Italia donde fue encarcelado y más tarde fue
quemado vivo por la Inquisición romana por no retractarse de sus teorías.
Giordano Bruno es panteísta, Dios está en todo pues es alma del mundo.
No hay más que una sustancia divina de la que las cosas individuales son
sólo expresiones. Las unidades vitales individuales son indivisibles e
indestructibles, y el mundo se forma por sus combinaciones.
103
CAPÍTULO 19: LA REVOLUCIÓN CIENTÍFICA
EL NUEVO IMPERIO DE LA CIENCIA: Durante la Edad Media la
filosofía y la teología habían sido los saberes más
fehacientes, aquellos que actuaban como referentes y
principios seguros de todos los demás. A partir del
Renacimiento las ciencias físico-matemáticas tomarán
protagonismo y desplazarán a la filosofía y a la teología a
un segundo lugar. En la Edad Media el intelectual era el
clérigo, que difundía el saber en la escuela o en la
universidad; en el Renacimiento el intelectual era el
humanista que cultivaba su persona, fundamentalmente en
los campos del arte y la literatura; ahora el sabio va a ser el
hombre de ciencia que elabora sistemas o métodos de
investigación.
122.
Nicolás Copérnico: (1473-1543) Canónigo polaco. Aplicó el
principio de economía de Occam a la explicación del movimiento de los
astros. Hasta entonces imperaba la concepción, nacida de Ptolomeo en el
siglo IV a.C., de que la tierra era el centro del universo y en torno a ella
giraban los astros y el sol. Copérnico comprobó que era más sencillo
explicar el movimiento de los astros si el sol estaba en el centro del
sistema.
123.
Juan Kepler: (1571-1630) Astrónomo alemán. Perfecciona el
hallazgo de Copérnico y establece que las órbitas de los planetas en torno
104
al sol no son circulares sino elípticas. Defiende el matematismo de la
ciencia: “Nada puede conocer perfectamente el hombre más que
magnitudes o por medio de magnitudes”.
124.
Galileo Galilei: (1564-1642) Es el padre de la física moderna.
Hace distintos descubrimientos astronómicos: las manchas solares, los
satélites de Júpiter... Por su defensa del heliocentrismo (el sol es el centro
de nuestro sistema) de Copérnico fue procesado por la Inquisición romana
que consideraba que contradecía un pasaje de la Biblia, por lo que se le
obligó a retractarse.
Pero la aportación más importante de Galileo fue el establecimiento del
método científico. Para empezar dicho método rechaza el criterio de
autoridad Escolástico, por el cual un principio podía darse como válido si
quien lo establecía era una persona considerada sabia. Un principio, para
ser científico, parte de una hipótesis (teoría que explica porqué suceden así
las cosas); dicha hipótesis ha de ser capaz de predecir futuros sucesos, qué
pasará si se dan ciertas condiciones. Para que una hipótesis sea válida se ha
de demostrar, una vez formulada, experimentalmente. El fenómeno debe
quedar formulado de forma precisa matemáticamente. Para Galileo “el
libro de la naturaleza está escrito con lenguaje matemático”.
El nuevo planteamiento científico supone una ruptura entre la ciencia y la
filosofía. La ciencia se ocupa de lo medible o cuantificable, mientras que la
filosofía se fija en sus cualidades, en qué son. La ciencia –y con ella
algunas corrientes filosóficas- llegará a plantearse la irrealidad de todo
aquello que ella no puede estudiar, de todo lo que no puede medirse. La
física moderna (hija del nominalismo de Occam) va a renunciar a saber las
causas de los cambios y se va a contentar con medir las variaciones de los
fenómenos.
125.
Isaac Newton: Fue profesor en la Universidad de Cambridge.
Físico, matemático, filósofo y teólogo. Formuló diversas leyes como la
atracción de las masas. Supone la definición plena de lo que va a ser la
física moderna. La ciencia va a seguir el método inductivo que por la
observación de los casos particulares concluye en una ley general. A partir
de Newton ciencia y filosofía se van a escindir al aplicar métodos distintos
a sus estudios, la ciencia va a precisar un fundamento experimental
105
imposible para muchas de las cuestiones abordadas por la filosofía (la
inmortalidad del alma, la existencia de Dios, etc.).
106
CAPÍTULO 20: EL NUEVO CRITERIO DE VERDAD:
EMPIRISMO Y RACIONALISMO
CRITERIO DE VERDAD: El criterio de verdad es el patrón que
utilizamos para determinar la verdad o falsedad de un
juicio. Por ejemplo, un modo de confirmar que algo es
cierto es consultarlo a alguien que consideramos entendido
en la materia, es el llamado “criterio de autoridad”; éste era
un método muy utilizado en la Edad Media. El problema
viene cuando no nos ponemos de acuerdo sobre el grado de
autoridad del supuesto experto. Otro modo es el “criterio
empírico” que no es otra cosa que comprobar por nuestra
propia experiencia si algo es cierto. Pero la experiencia
también tiene sus limitaciones pues no todo es observable,
ni medible o cuantificable.
126.
Silogismo: A lo largo de la Edad Media el criterio de verdad
había sido el silogismo. El silogismo es una forma de razonamiento
deductivo que parte de un principio general, o premisa mayor (por
ejemplo, “todos los hombres son mortales”) y de una premisa menor (por
ejemplo, “Sócrates es un hombre”), extrayendo de ambas una conclusión
que es la verdad que hallamos (en el ejemplo, “luego Sócrates es mortal”).
Hemos visto que con el Renacimiento caen las convicciones medievales de
la realidad. El silogismo parte de una verdad general o premisa mayor que
ha de ser comúnmente aceptada. Durante la Edad Media existían una serie
de verdades incuestionables alcanzadas por la revelación, la fe o la
107
autoridad de Aristóteles, Santo Tomás y la Iglesia. Cuando estas verdades
se ponen en cuestión el silogismo no puede desarrollarse pues no existe
una premisa mayor incuestionable de la que partir.
El silogismo:
Premisa mayor
TODOS LOS
MORTALES
Sócrates
hombre
es
HOMBRES
un
SON
Sócrates
mortal
Premisa menor
es
Conclusión
127.
Los nuevos criterios de verdad: Con la crisis de la Escolástica
hasta el siglo XVII no se elaboran unos “criterios de verdad” satisfactorios.
Uno viene de la mano de Francis Bacon, que dará lugar al empirismo, el
otro es desarrollado por René Descartes y tendrá por fruto el racionalismo.
128.
Bacon y el empirismo: Bacon va a invertir el orden del
silogismo (que vimos que era un razonamiento deductivo, por deducción a
partir de un principio general) para comenzar por los casos particulares. Si
decimos que “todos los hombres son mortales” es porque hemos observado
que todos los casos particulares de hombres que conocemos corroboran
esta afirmación, luego el origen de nuestro conocimiento es la experiencia
de los casos particulares que nos conduce al conocimiento de una verdad
de carácter general. Es lo que se llama “razonamiento inductivo” (ya
empleado por Sócrates). Por tanto, la experiencia es el punto de partida que
nos llega a descubrir un principio general.
108
Inducción:
TODOS LOS
MORTALES
Sócrates es
hombre mortal
129.
un
HOMBRES
Adolfo
es
hombre mortal
un
SON
Manuel es
hombre mortal
un
Descartes y el idealismo: Descartes por su parte va a coincidir
con Francis Bacon en su crítica al silogismo, pero no en la vía de resolver
la cuestión del criterio de verdad. Descartes muestra cómo los sentidos a
menudo nos engañan. Además, nuestra experiencia es limitada: no siempre
podemos observar todos los casos particulares, lo que nos impide estar
seguros de que no va a haber una excepción al principio que establecemos.
Descartes se da cuenta de que las verdades matemáticas se fundan
exclusivamente en la razón y no precisan ser corroboradas por la
experiencia sensible (por ejemplo, el área de un rectángulo es igual a su
base por su altura; esto es así al margen de que exista una figura
rectangular en el mundo), por tanto las verdades de tipo racional son las
que nos van a dar el criterio de verdad.
109
CAPÍTULO
21:
RACIONALISMO
DESCARTES,
PADRE
DEL
DESCARTES, PADRE DEL RACIONALISMO: Descartes va a
poner su confianza única y exclusivamente en la razón. Ya
los presocráticos afirmaban que nuestros sentidos podían
engañarnos. Descartes va a buscar una verdad indubitable,
y esa será que si pienso es que existo. A partir de ahí va a
tratar de diseñar un método de conocimiento que se apoye
en las evidencias que nos proporciona nuestra sola razón.
130.
René Descartes: (1596-1650) Nace en La Haya (Francia) en el
seno de una familia acomodada. Estudia en La Flèche recibiendo una
educación de tipo Escolástico. Entra como militar en distintos ejércitos,
viajando por casi toda Europa. En 1637 ve publicado su primer y más
revolucionario libro “Discurso del método” que expone su particular
visión filosófica. Muere en Estocolmo, donde había sido invitado por la
reina Cristina de Suecia, a los 53 años.
131.
La duda metódica (Descartes): Los primeros filósofos
(Parménides, Platón, Aristóteles) inauguraban el conocimiento filosófico
desde la inocencia, no habían sufrido ningún desengaño. Pero con
Descartes la filosofía ya ha perdido su “virginidad”; tiene tras de sí un
pasado lleno de tropiezos y errores. Por eso el pensador francés no
comienza a filosofar con la alegría inocente de los griegos, sino con la
cautela y prudencia del que cree haber presenciado un “fracaso” de siglos.
110
La actitud de la filosofía moderna y
contemporánea será de extrema cautela;
de desconfianza en las propias fuerzas. Se
va a preocupar más de evitar el error que
de descubrir la verdad.
Descartes se da cuenta de que en filosofía
hay distintas doctrinas que a menudo se
contradicen, por tanto considera que no
hay que dar nada por bueno. Comienza
por dudar de todo lo que conoce. En
primer término duda de los sentidos que
en más de una ocasión nos engañan o
confunden, incluso cuando soñamos nos
parece que lo que percibimos es real pese
a ser mera ilusión. En su duda global llega
a dudar de las propias matemáticas pues
un “genio maligno” nos puede confundir
y hacernos dar por bueno lo que no lo es.
Pero la duda de Descartes no es escéptica
(negar que sea posible conocer la verdad)
sino metódica, lo que significa que sirve
de fundamento para buscar una verdad
incuestionable, es sólo un punto de partida.
Aventurero y enfermizo, es el
precursor de la filosofía
contemporánea basada en la
mirada hacia uno mismo.
132.
“Pienso, luego soy” (Descartes): Al dudar al menos me doy
cuenta de que dudo, esto es, pienso, luego si pienso existo. Descartes ha
conseguido encontrar una primera verdad inmediata, un punto de partida
en el que se siente seguro para edificar a partir de él nuevas verdades.
133.
El criterio de verdad (Descartes): Pero, ¿qué hace que la
afirmación “pienso, luego existo” sea para mí cierta? Sencillamente que
me es evidente. Descartes ha cazado dos pájaros de un solo tiro, por una
parte ha encontrado una cosa segura (que yo existo) y por otra un criterio
de verdad, una herramienta que nos permite saber cuando algo es cierto: la
“evidencia racional”. Cuando algo sea evidente a nuestra razón es que es
verdadero, y para ser evidente ha de ser claro y distinto.
111
134.
¿Quién soy? (Descartes): Descartes ha descubierto que existo,
y al mirarse dice que ese que existe es “una cosa que piensa”, una
“sustancia que piensa”. Contemplar al hombre como “cosa”, como algo
acabado y definido, va a traer graves consecuencias filosóficas.
135.
Necesidad de Dios (Descartes): Descartes es consciente de que
pese a haber demostrado que él existe en principio no puede demostrar
nada más, todo lo demás queda afectado por su duda, queda encerrado en
sí mismo no pudiendo afirmar nada del mundo. Para salvar esta situación
va a tratar de demostrar la existencia de Dios. Si Dios existe no puede
engañarnos, por tanto, la realidad que contemplamos es cierta, no una mera
ensoñación.
Como puede verse Descartes no demuestra la existencia de Dios por
motivos teológicos (para conocerle a Él), sino epistemológicos (para
justificar mi capacidad de conocimiento del mundo).
136.
Demostración de la existencia de Dios (Descartes): Dos
demostraciones emplea Descartes para probar que Dios existe:
-Lo menos perfecto no puede producir lo más perfecto. Yo tengo la idea de
Dios como sustancia infinita, eterna, omnipotente... perfecta. Pero en un
ser finito como yo no se puede dar esa idea de algo que desconoce, salvo
que el mismo Dios la haya puesto en mí. Este argumento será criticado
entre otros por Hume quien alega que lo más perfecto lo intuimos por
simple incremento de grados de cualidad de lo ya conocido.
-La segunda demostración se basa en el argumento ontológico de San
Anselmo: La idea de un ser sumamente perfecto implica como cualidad
plena que exista, luego Dios existe.
137.
La existencia de las cosas materiales (Descartes): Dios me ha
dado una poderosa inclinación a creer que lo que percibo por los sentidos
parte de las cosas materiales y no es producido por mis ideas. Como Dios
es por naturaleza veraz no es capaz de engañarme, luego lo que percibo no
me lo envía directamente Él ni mis ideas sino que existe en la realidad. Por
112
todo lo dicho se concluye que las cosas materiales existen. Las cosas
materiales son “sustancias extensas”. Descartes entiende por sustancia
aquello que no necesita de nada para existir, lo que en rigor sólo es Dios;
las demás cosas lo son por analogía.
Descartes concibe el mundo físico como un gran mecanismo. Todo se
reduce a extensión (dimensión de la materia y recorrido del movimiento).
De hecho es el padre de la geometría analítica. La extensión –volumen y
movimiento- se pueden reducir a ecuaciones matemáticas que son
puramente inteligibles. Lo único que escapa a la algebrización es el acto
creador de Dios, quien crea las sustancias extensas y les inyecta la cantidad
de movimiento. Desde ese momento creador el universo conserva siempre
la misma cantidad de movimiento.
138.
Biología (Descartes): La noción cartesiana del mundo como
mecanismo –el mundo funciona automáticamente como un reloj- alcanza a
los seres vivos que son concebidos como máquinas autómatas muy
perfectas.
139.
El método (Descartes): Hemos visto que para que algo sea dado
por verdadero ha de sernos evidente. El método para descubrir la verdad
sigue tres pasos:
-Dividir las dificultades hasta alcanzar los elementos que se conocen por
intuición. Es decir, hasta llegar a los elementos que se conocen no por los
sentidos o por demostraciones sino por la evidencia.
-Ascender por deducción de los elementos más simples a los más
complejos.
-Examinar cuidadosamente toda la cadena deductiva para comprobar que
no hemos cometido ningún error que haya desvirtuado las conclusiones
alcanzadas.
Este método está inspirado en las matemáticas que tan rápidamente
avanzaban a los ojos de Descartes.
113
140.
Consecuencias: racionalismo e idealismo (Descartes):
Descartes es padre del racionalismo. Funda el conocimiento en la
evidencia racional, poniendo en entredicho el conocimiento sensible. La
razón es la única que nos proporciona seguridad. A partir de ahí se
desarrollará el espíritu apriorista y antihistórico (contempla las cosas al
margen de la experiencia y de la historia) que culmina en la Revolución
francesa.
El realismo que afirmaba que la realidad estaba en las cosas, las cuales
existen por sí al margen de mí, impera en la Antigüedad y en la Edad
Media. A partir de Descartes surge el idealismo para el que lo único seguro
soy yo mismo, y las cosas adquieren seguridad en relación a mí, en función
de si yo las percibo o si yo soy capaz de conocerlas.
El racionalismo trata de buscar una respuesta definitiva. Por ello busca una
ciencia universal que dé seguridad, y cree encontrar el modelo de esa
ciencia en las matemáticas. La matemática es una ciencia segura, exacta,
progresiva y universalmente válida. El problema que va a tener es que
opera con cantidades numéricas, y la realidad es más amplia que los meros
números.
114
CAPÍTULO 22: EL IDEALISMO RACIONALISTA
IDEALISMO: Es la corriente filosófica iniciada por Descartes
que considera que no podemos conocer ningún ser al
margen del pensamiento. Para el idealismo no podemos
captar la realidad tal y como es, en su plenitud, ya que el
hombre sólo puede conocer lo que posee en la conciencia y
las cosas están fuera de ella.
141.
Malebranche: (1638-1715) Sacerdote francés perteneciente a la
Orden del Oratorio. Se relacionó con las personalidades intelectuales de su
época. Nicolás Malebranche lleva a sus últimas consecuencias la doctrina
planteada por Descartes incorporando algunos elementos agustinianos.
Para él el conocimiento inmediato del mundo es imposible ya que las cosas
son extensas y corporales, y dichas cualidades son ajenas a mi mente que
es algo espiritual. Las sustancias por tanto no se pueden comunicar unas
con otras. Sin embargo, las cosas tienen un modelo ideal en la mente de
Dios a partir del cual han sido creadas, y dicho modelo sí es espiritual pues
pertenece a Dios, ser espiritual. Dios actúa de puente entre las cosas y
nosotros.
142.
Pascal: (1623-1662) Matemático, dotado de un espíritu
profundamente religioso. Reconocerá la importancia de la razón pero se
opondrá a su exclusividad a la hora de entender lo que el hombre es. El
hombre no sólo conoce por la razón, sino que siente con el corazón: “El
corazón tiene sus razones que la razón no conoce”.
115
143.
Spinoza: (1632-1677) Humilde pulidor de cristales holandés, se
negó a aceptar su nombramiento como profesor de la Universidad de
Heidelberg por no comprometer su independencia. Era judío y de origen
español. Por sus planteamientos
religiosos fue expulsado de la
sinagoga,
intensificando
entonces su relación con los
medios
cristianos,
cuya
religión, sin embargo, nunca
profesó. Spinoza toma de forma
radical la definición de
sustancia de Descartes: aquello
que es en sí, es decir, que no
necesita de ninguna otra cosa.
Por tanto, para Spinoza la única
sustancia que realmente existe
es Dios, las demás cosas son
sólo atributos o manifestaciones
de la sustancia única Dios.
Spinoza es, por tanto, panteísta
(todo es Dios). Malebranche
negaba
que
hubiera
comunicación
entre
las
sustancias, Spinoza va más lejos
y afirma que en realidad no
existe una pluralidad de
sustancias sino una sola.
El pensamiento de Spinoza va
a tener una enorme influencia
en los idealistas alemanes del
siglo XIX.
Spinoza es panteísta: Todo es
Dios.
El hombre forma parte de la Naturaleza como todo lo demás, y por eso su
obrar está determinado, es decir, no es libre. El único margen de libertad
que cabe al hombre es el conocimiento, ser consciente de que forma parte
de un todo e incorporarse conscientemente a ese todo.
Toda cosa tiende a perseverar en su ser. Ser quiere decir querer ser
siempre, perpetuarse. La esencia del hombre es deseo: desear ser siempre.
116
144.
Leibniz: (1646-1716) Nació en Leipzig (Prusia) en el seno de
una familia protestante. Descubrió el cálculo infinitesimal a la vez que
Newton aunque de modo distinto. Muy influyente en vida -fundó y
presidió la Academia de Ciencias de Berlín y trató de unificar las iglesias
protestantes y católica- murió olvidado y en soledad.
Para Leibniz el mundo físico no es sólo extensión, como sucedía en
Descartes, sino que en él actúan fuerzas, energías.
Spinoza creía que la única sustancia existente era Dios. Leibniz, por contra,
piensa que el mundo está formado por un número incalculable de
sustancias. Leibniz recupera el concepto griego de sustancia. A las
sustancias que forman las cosas Leibniz las llama mónadas. Para los
griegos el alma era el “ánima”, aquello que movía las cosas, que provocaba
su cambio. Para Leibniz las mónadas son las almas, las sustancias que
forman las cosas. Pero en este contexto el alma no tiene porqué poseer
autoconciencia como sucede con el hombre, simplemente supone la
posesión de las cualidades y la fuerza de la cosa concreta.
Las mónadas son los elementos más simples de los que están formadas las
cosas. Sin embargo, las mónadas no son trocitos de las cosas, no son
materiales. Cada mónada tiene una serie de cualidades singulares, pero
esas cualidades no son algo permanente y manifiesto, sino que asoman en
el cambio, desplegando sus posibilidades internas. Cada mónada refleja
todo el universo de modo propio, singular, son radicalmente distintas unas
de otras. Al reflejar el universo con distinto grado de claridad no todas
tienen la misma importancia. Las mónadas humanas tienen conciencia de
reflejar ese universo. Las mónadas “no tienen ventanas”, es decir, no
pueden comunicarse unas con otras. Si las mónadas no pueden
relacionarse, ¿cómo es posible un orden en el universo? La respuesta es
que Dios ha diseñado ese orden universal perfecto, es lo que Leibniz llama
la “armonía preestablecida”.
Dios hace que mis ideas se correspondan con la realidad de las cosas. Se
puede decir que Dios hace de mediador entre las mónadas. Para demostrar
la existencia de ese Dios armonizador Leibniz recurre por un lado al
conocido argumento ontológico de San Anselmo, y por otro a una
demostración a posteriori: si el ser necesario -Dios- no existe, tampoco
existen los entes posibles; pero como vemos que los entes posibles sí
existen, implica que también existe el ser necesario. Dios es infinitamente
bueno, por eso el mundo que existe es el mejor de los posibles.
117
Para Leibniz las mónadas no pueden comunicarse unas con otras, por
tanto, todas sus ideas proceden de la actividad interna de cada mónada, eso
significa que las ideas son innatas. Por eso mismo las verdades de la razón
son evidentes a priori, previamente a cualquier experiencia. Creemos que
tenemos experiencias y que aprendemos de ella, pero en realidad son
sucesos programados de antemano dentro de nosotros. Sólo Dios conoce
claramente que las verdades de la razón son las únicas existentes.
Leibniz critica en la lógica que no descubre la verdad sino que intenta
justificar lo ya conocido, por eso trató de crear una lógica que analizase las
posibles combinaciones de los conceptos para descubrir la verdad de modo
matemático. Este sistema está inspirado en el creado por Raimundo Lulio.
145.
El problema del relojero: Para explicar los distintos puntos de
vista del racionalismo recurriremos al ejemplo del relojero. Para Descartes
y Malebranche, el relojero -Dios- pone de acuerdo constantemente dos
relojes: pensamiento y realidad, los cuales no tienen relación directa
ninguna. Para Spinoza en realidad existe un único reloj, sólo que con dos
esferas. Para Leibniz no existen dos relojes, sino muchos, y el relojero no
los pone continuamente en hora, lo que sería un continuo milagro, sino que
los ha construido de tal modo que marchan armónicamente sin precisar
tocarlos; esta es la “armonía preestablecida”.
118
CAPÍTULO 23: EL EMPIRISMO
EMPIRISMO: Es la corriente filosófica iniciada por Francis
Bacon que afirma que la experiencia es el fundamento del
conocimiento. Por tanto, negarán la existencia de ideas
innatas y la evidencia sensible será su criterio de verdad. La
atención del empirismo se centra principalmente en la
teoría del conocimiento (saber hasta qué punto somos
capaces de conocer la realidad) y en la filosofía del Estado
(qué forma de gobierno es la más conveniente al hombre).
El empirismo se desarrolla principalmente en Gran Bretaña
y de él derivan los principios liberales, el deísmo (la
creencia en un Dios conocido no por la revelación sino por
la sola razón) y la moral utilitaria (en la que el bien
supremo es el provecho que se pueda sacar de las acciones).
146.
Francis Bacon: (1561-1626) Político inglés que ejerció varios
cargos relevantes, como el de abogado de la Corona y Fiscal general.
Acusado de corrupto fue encarcelado para ser rehabilitado más tarde. Se le
considera el padre del empirismo.
Aboga por el método inductivo (a partir de los casos particulares conocidos
por la experiencia llegamos a establecer un principio de validez general).
Para Bacon el conocimiento supone poder.
Bacon cree que para filosofar hemos de liberarnos primero de los
prejuicios, y estos pueden ser de cuatro tipos:
119
1-Los ídolos de la tribu: Los tenemos todos los hombres y se producen por
los engaños de los sentidos o el entendimiento.
2-Los ídolos de la caverna: Son las inclinaciones o debilidades personales
de cada uno motivadas por nuestro carácter, educación, etc.
3-Los ídolos de la plaza: Se trata de lo comúnmente aceptado o de los
errores a que nos puede conducir el lenguaje. Son los prejuicios de tipo
social.
4-Los ídolos de la autoridad: Fundado en el prestigio de algunas
personas.
147.
Berkeley: (1685-1753) Religioso irlandés, llegó a obispo
anglicano. Murió en Oxford. Es nominalista. Para Berkeley la materia no
existe, es sólo una percepción mía. Tan sólo tengo certeza de mi propia
existencia. Mis ideas -lo único que existe además de mí- me son dadas por
Dios que hace que exista para mí lo que creemos es un mundo corpóreo.
148.
Hume: (1711-1776) Escocés que ejerció una notable influencia
en los ambientes enciclopedistas. Lleva a sus últimas consecuencias los
planteamientos empiristas.
149.
Las impresiones (Hume): Para David Hume las cosas que
percibimos no son sino la asociación de distintas impresiones que
interpretamos como si fuera una sola cosa. Lo que en realidad existe es un
caos de sensaciones. Es igual que cuando contemplamos el paisaje de un
cuadro, lo que en realidad existe es un conjunto de brochazos plasmados
sobre un lienzo y que aisladamente no significan nada, pero nosotros, al
contemplarlos en conjunto, los dotamos de sentido. Por supuesto el caos de
sensaciones que nos llega lo organizamos según una serie de leyes de
asociación que son las siguientes:
-Ley de semejanza: por la que tendemos a unir las cosas semejantes y a
separar las desemejantes.
-Ley de contigüidad espacial y temporal: por la que unimos las cosas que
aparecen contiguas en el
espacio o en el tiempo.
120
-Ley de causa-efecto: por la que relacionamos hechos que se suceden
unos a otros con regularidad.
Pero Hume llega más lejos, y no sólo niega realidad a la existencia de las
cosas materiales (ya hemos dicho que para él sólo son un caos de
sensaciones sin unidad real), sino a mí mismo que las percibo. Para Hume
yo no soy más que una colección de percepciones que se suceden sin cesar.
150.
151.
Relación
causa-efecto
(Hume): Por último, Hume niega el
principio de causalidad, según el
cual unos hechos originan otros -por
ejemplo, dar una patada a un balón
provoca su desplazamiento-. Para
Hume que dos hechos normalmente
se sucedan no nos garantiza que
siempre vayan a sucederse,
simplemente la costumbre nos hace
creer que uno origina al otro. En
realidad la causa siempre es
diferente al efecto por lo que no
tiene porqué existir una relación
más allá de “nuestra costumbre” de
contemplarlos sucediéndose -una
cosa sería nuestro movimiento
dando la patada, y otra el
movimiento
del
balón
desplazándose. Sólo la costumbre
nos hace relacionarlos ya que en
realidad se trata de dos acciones
distintas-.
Hume cuestionó hasta tal punto la
capacidad de conocimiento de la
mente humana que llegó a la
paradoja de “asegurar” que la
razón era incapaz de poder
“asegurar” nada. Somos un
simple pararrayos de sensaciones.
Crítica a la moral y a la religión (Hume): No existe una moral
objetiva, ya que ideas como bien, mal, justicia, etc. no son sino conceptos.
Dios no puede fundamentar la moral, pues, según Hume, no podemos
demostrar su existencia. La razón tampoco puede descubrir la moral, ya
que se limita a descubrir las normas prácticas, pero no las establece. Lo
121
que mueve al hombre son los sentimientos o pasiones y lo que despierta el
sentimiento es la utilidad. La utilidad pues es el fundamento de la moral.
La virtud queda definida como “cualquier acción o cualidad mental que
da a quien la ve un sentimiento agradable o de aprobación”. El vicio es lo
contrario.
152.
El escepticismo (Hume): El resultado de saber que sólo
contemplamos nuestras ideas y que estas no son verdaderas cosas, nos
lleva al escepticismo, a dudar de todo. Hume es la consecuencia última del
idealismo, el cual necesitaba a Dios como garante de la realidad del mundo
y de la adecuación de nuestras ideas al mismo. En Hume, desaparecido
Dios, la realidad misma se desvanece.
153.
Consecuencias del empirismo: Con el empirismo la razón va a
depender totalmente de la experiencia, más allá de la cual no puede afirmar
nada con seguridad. La razón guía al hombre y tiene una finalidad
meramente práctica. Hume, cumbre del empirismo, tratará de extender los
métodos de la ciencia de Newton a la misma naturaleza humana, ello le
llevará a ver en el hombre una pura mecánica determinada. Contra el
racionalismo afirma que todo conocimiento parte de la experiencia, pero
no es capaz de volver a posiciones aristotélicas pues no acepta la
abstracción, por eso no puede trascender la experiencia y su escepticismo
alcanza a la religión, a la moral y a la propia física.
Hume significa la imposibilidad de todo conocimiento metafísico y aún
físico de la realidad. Por ello Kant partirá de demostrar la posibilidad del
conocimiento matemático y físico, y luego se preguntará si es posible el
metafísico.
154.
La Escuela Escocesa: En el siglo XVIII surge una reacción al
escepticismo de Hume. Partiendo igualmente de la experiencia, acepta esta
como real, digna de ser reconocida tal cual se presenta a la “sana razón”.
Apela al sentido común como principio de certeza.
122
CAPÍTULO 24: EL EMPIRISMO POLÍTICO
EL EMPIRISMO POLÍTICO: El empirismo tiene dos
preocupaciones fundamentales, la teoría del conocimiento
y la filosofía del Estado. En esta última disciplina dos
pensadores van a tener una influencia enorme que llega
hasta nuestros días: Hobbes y Locke. El primero justificará
el absolutismo como instrumento para superar la
inclinación egoísta de los hombres, mientras que Locke
sentará los principios del liberalismo.
155.
Hobbes: (1588-1679) En su juventud fue secretario de Bacon
pero se interesó más por los temas sociales. Vio en la guerra civil inglesa
los peligros del poder centrífugo, por lo que abogó por un poder soberano
fuerte que mantuviese unida la sociedad. Su obra más importante es
“Leviatán”. Para Thomas Hobbes el conocimiento se funda en la
experiencia. Los universales no existen, son creaciones de nuestra mente es nominalista-. Es materialista: todo tiene un fundamento material
(incluso nuestros pensamientos obedecen a meros procesos psíquicos), por
tanto el alma no puede ser inmaterial. De ahí que niegue la libre voluntad
de los hombres -determinista-, ya que considera que nuestros actos están
determinados por los mecanismos de la materia.
156.
Hobbes y el absolutismo: En cuanto a su doctrina del Estado,
para Hobbes al principio los hombres vivían en “estado de naturaleza” sin
moral alguna (que sólo surgirá cuando haya ley), regidos por el interés
123
egoísta de cada cual. Esa situación
lleva a desconfiar de los demás y, por
tanto, a vivir una vida incómoda. Para
superar estas dificultades los hombres
deciden darse unas leyes de
convivencia que les garanticen una
seguridad y bienestar suficientes.
Estas leyes sólo se pueden mantener
si existe un poder coactivo que las
garantice: el soberano. El soberano es
la persona encargada de salvaguardar
la paz con su total autoridad; su poder
no tiene limitación alguna, siendo
árbitro de la ley, esto es, de lo bueno
y de lo malo. Incluso la Iglesia está
sometida al Estado, siendo él
intérprete de las escrituras.
La influencia de Hobbes fue muy
grande a lo largo del siglo XVIII (el
siglo de los absolutismos) y sus
consecuencias históricas han llegado
hasta nuestros días.
157.
Hobbes considera que sólo
un soberano con plena
autoridad puede
garantizar el mayor bien
social: la paz.
Locke: (1632-1704) Se interesó por las principales ciencias de
su época. Participó en la segunda revolución inglesa de 1688. Su influencia
ha sido clave en el pensamiento liberal.
Para John Locke todas las ideas proceden de la experiencia, y esta puede
ser de dos clases: percepción externa, a través de los sentidos, y
percepción interna, percepción de los estados psíquicos. Las ideas pueden
ser simples -proceden de la percepción externa y/o interna- y complejas producidas por la mente al relacionar las ideas simples, su formación se
funda en la memoria-.
158.
Locke, padre del liberalismo: En cuanto a la constitución
social, para Locke el hombre en estado de naturaleza vive en igualdad y
según una ley natural que puede descubrirse por la razón. Dicha ley natural
obliga en conciencia al margen de la legislación del Estado, lo que
124
conlleva la existencia de unos
derechos naturales. Uno de
esos derechos naturales es el
de la propiedad, necesaria
para la subsistencia humana y
que se adquiere por el
trabajo. Existe también un
derecho de herencia, pues la
familia es una sociedad
natural y los padres tienen el
deber
de
velar
económicamente por sus
hijos. En el estado de
naturaleza los hombres no
tenían
las
suficientes
garantías de preservar sus
derechos debido a la
aparición
de
intereses
parciales, por ello se
constituyen en sociedad, no
para pasar a la servidumbre,
sino para garantizar su
libertad. La voluntad de la
mayoría ha de prevalecer.
Locke plantea una visión de la
sociedad radicalmente opuesta a
Hobbes. Locke es el padre del
liberalismo que se fundamenta en
la igualdad y la libertad.
125
LOS ILUSTRADOS INCENDIAN EUROPA
Las ideas que habían ido germinando a lo largo del siglo
XVIII estallarán en el ocaso del mismo, llevando a
Europa y al mundo a una nueva era, la del liberalismo, la
burguesía y la revolución. La sociedad dejará de
asentarse sobre creencias incuestionables para bullir
alrededor de “las ideas” por las cuales se mata y se
muere.
En la Edad Media la realidad entera está ordenada
jerárquicamente. El propio cosmos se divide en dos
campos, el sublunar donde vivimos y que es
aparentemente cambiante, y el supralunar donde todo es
igual. Siguiendo el modelo tomista las cosas están
compuestas de materia y forma. La forma es siempre la
misma; los perros, las montañas o las nubes serán
esencialmente iguales en todos los tiempos. Lo mismo
acaece en lo social. La sociedad se compone de rangos
indestructibles: soldados, campesinos, reyes... cada uno
tiene su papel y siempre será así. La realidad es
inalterable.
Con el Renacimiento la concepción medieval del
mundo entra en crisis, la ciencia va a ocupar un puesto
privilegiado en la valoración de la realidad. Newton
(1.643-1.727) echará definitivamente por tierra la visión
medieval del cosmos al unificar en una sola ley física el
movimiento de los planetas del cielo y el de la caída de los
cuerpos en la Tierra. La división del mundo sublunar y
supralunar ha quedado desvanecida. La jerarquía cósmica,
126
derrocada por Newton, irá acompañada a lo largo del siglo
XVIII del ataque a la jerarquía social establecida. El
mundo ya no es inmutable, y la sociedad tampoco. Si el
cosmos entero obedece a unas mismas leyes, ¿por qué no
han de hacerlo igualmente todos los hombres? Ha llegado
la hora de la revolución.
En 1.728 se publica en el Reino Unido la
“Cyclopedia” británica. A imitación de la misma un
grupo de filósofos franceses deciden elaborar un
instrumento de difusión cultural, la “Enciclopedia”, que
recoja todo el saber de su época. La enorme carga de ideas
ilustradas que contenía la Enciclopedia la convirtió en una
auténtica máquina política.
La influencia de la Enciclopedia en el desarrollo
de la Revolución francesa es determinante. Sus ideas
prenden en las capas más inquietas e ilustradas de Francia,
sólo hará falta el caldo de cultivo adecuado para que todo
salte por los aires: La burguesía, que ya posee gran parte
de la riqueza, quiere ahora poder. La crisis económica se
agudiza y el Antiguo Régimen se ve incapaz de resolver
los nuevos problemas que se le presentan. Por otra parte,
el ejemplo de la independencia en Norteamérica y la cada
vez más fuerte influencia de la masonería acabarán por
hacer estallar la Revolución.
En 1.789 se reunirán en Francia los Estados
Generales –una especie de gran parlamento de la época-.
Los Estados Generales deberían estar divididos en tres
cuerpos: la nobleza, el clero y el llamado “tercer estado”,
que viene a recoger la representación del pueblo (en
realidad la burguesía). Pero como hemos dicho la
jerarquía del antiguo régimen está entrando en crisis y los
miembros del tercer estado fuerzan la constitución de una
asamblea única, la Asamblea Nacional, en la que son
mayoría. La revolución ha comenzado. Para los ilustrados
127
todos los hombres están provistos de razón y, por tanto,
no debe haber diferencias por rango o puesto social.
El 9 de junio de 1.789 la Asamblea Nacional se
transformará en Asamblea Constituyente. Se marcará la
misión de redactar una Constitución para la nación. Dicha
Constitución consagra la separación de poderes que
propugnara Montesquieu (1.689-1.755) y la democracia
fundada en la soberanía popular que defendiera Rousseau
(1.712-1.778). La Constitución viene a ser la recreación
del contrato social –influencia rousoniana- que los
individuos se dan para vivir en comunidad.
La propia Constitución recogía una Declaración
de los derechos humanos en diecisiete artículos a
imitación de los Derechos del hombre establecidos por la
Constitución Norteamericana. Estos derechos se
decretaban con un fundamento únicamente racional, no
revelado por Dios como sucedía en el decálogo de Moisés
128
-si bien es cierto que la influencia del cristianismo aunque
no reconocida es manifiesta-.
El 12 de junio de 1.790 se aprueban una serie de
artículos que forman la llamada Constitución Civil del
Clero, la cual no representa sino el sometimiento total del
clero al Estado. La máxima autoridad espiritual ya no
procede del Papa como cabeza visible de Cristo en la
Tierra, sino que se la atribuye el propio Estado. Los
religiosos van a ser obligados a jurar fidelidad a esta
Constitución, y el propio Estado va a poder decidir su
nombramiento o destitución pese a la oposición de los
sacerdotes “refractarios” y del propio Papa. Vale la pena
mencionar a un ilustrado, Voltaire (1.694-1.778), quien
con su espíritu crítico, afilado e irrespetuoso ya había
minado los pilares del Antiguo Régimen atacando la
religión y abonando el camino a los revolucionarios. La
Ilustración pretendía cambiar totalmente el mundo,
reconstruirlo sobre nuevos fundamentos, para lograr esto
se atribuye el Estado un poder omnímodo, nada puede
quedar fuera de su control revolucionario, ni siquiera la
religión.
Finalizada la etapa constituyente el 1 de octubre
de 1.791 se pone en marcha la Asamblea Legislativa. Los
jacobinos se harán con el poder y proclamarán la
Convención Nacional que acaba con la monarquía –Luis
XVI y María Antonieta serán ejecutados- y proclama la
República. La Convención es un poder anárquico que
pretende llevar la revolución hasta sus últimas
consecuencias. Un poder de esa índole siempre demanda
un tirano para ejercerlo. El hombre fuerte de la
Convención será Robespierre (1.758-1.794) quien desde
el Comité de Salud Pública enviará a la guillotina a
centenares de personas. El lema de esta etapa será “virtud
y terror”. Se trata de obligar a las personas a actuar
129
virtuosamente y para ello el método empleado es el terror.
Aquellos ideales ilustrados del hombre naturalmente
bueno no se han cumplido, por ello habrá que forzar la
realidad hasta el punto de “imponer la virtud”. Si se
piensa bien esto es contradictorio, pues la libertad del
hombre es la que determina el hecho moral. Un animal no
es responsable y por tanto no es ni bueno ni malo, sólo los
seres libres poseen capacidad de obrar según el bien o el
mal. Pero el mundo ha de ser transformado para
acomodarlo al ideal.
Herederos de este espíritu serán los diversos
movimientos revolucionarios que, desde sus distintas
ideologías coincidirán en su afán de obligar a cambiar al
hombre para hacerlo “según debería ser”. Así el marxismo
abogará por la lucha de clases y la dictadura del
proletariado en la cual la libertad queda postergada en pos
de un supuesto paraíso material. El nacionalsocialismo
tratará de exterminar a los judíos para crear el mundo ario
bello y puro. Para los revolucionarios la simple reforma es
inaceptable, hay que destruir lo que hay para haberlo de
nuevo, y el instrumento para la ruptura con el pasado
arrancará en la guillotina para culminar en las cámaras de
gas.
Pero volviendo a la Francia revolucionaria, la
situación se hace insufrible hasta el punto de que en 1.794
cae el Terror siendo ejecutado el propio Robespierre.
Disuelta la Convención se establece el Directorio, más
moderado, que llevará a cabo diversas campañas. La
subida al poder de Napoleón supondrá la expansión bélica
de los principios revolucionarios por toda Europa, sólo
que desde un poder absoluto.
Jamás las ideas habían tenido tanta fuerza. Los
ideales de aquellos ilustrados trajeron sus luces –igualdad
ante la ley, representación popular, reconocimiento de los
130
derechos humanos- y sus sombras –peligro de politización
de todas las esferas de la vida, falsificación de la realidad
que se quiere forzar, aniquilación de la herencia histórica,
legitimación del Estado para controlarlo todo-.
131
132
Filosofía
Contemporanea
133
134
EDAD CONTEMPORÁNEA
ILUSTRACIÓN
Montesquieu (1689-1755)
Voltaire (1694-1778)
Rousseau (1712-1778)
Kant (1724-1804)
ROMANTICISMO ALEMÁN
Fichte (1762-1814)
Hegel (1770-1831)
Schelling (1775-1854)
Marx (1818-1883)
VITALISMO
Schopenhauer (1788-1860)
Kierkegaard (1813-1855)
Nietzsche (1844-1900)
Bergson (1859-1941)
PERSONALISMO
Maine de Biran (1766-1824)
Gratry (1805-1872)
Brentano (1838-1917)
135
HISTORICISMO
POSITIVISMO
Dilthey (1833-1911)
Comte (1798-1857)
Simmel (1858-1918)
UTILITARISMO
FENOMENOLOGÍA
Jeremias Bentam
Husserl (1859-1938)
Max Scheler (1874-1928)
(1748-1832)
J.S. Mill (1806-1873)
EXISTENCIALISMO
Jaspers (1883-1969)
PRAGMATISMO
Heidegger (1889-1976)
Peirce (1839-1914)
Marcel (1889-1973)
James (1842-1910)
Sartre (1905-1980)
Dewey (1859-1952)
RAZÓN VITAL
NEOPOSITIVISMO Y Fª
ANALÍTICA
Ortega y Gasset
(1883-1955)
Wittgenstein (1889-1951)
136
CAPÍTULO 25: LA ILUSTRACIÓN
Ilustración: Es el movimiento intelectual y social que se
desarrolla en los siglos XVIII y XIX y supone una
popularización del pensamiento empirista. La Ilustración
pone su atención en la ciencia dejando en segundo lugar las
cuestiones metafísicas.
159.
Características de la Ilustración: La Ilustración difunde las
ideas empiristas simplificándolas:
-Razón de carácter práctico: La razón libera al hombre de todas sus
ataduras. El progreso se debe a ella y tiene un carácter progresivo e
ilimitado. El límite del conocimiento lo marca la experiencia por lo que
carece de sentido querer ir más allá.
-Deísmo: Defiende la existencia de un Dios conocido exclusivamente por
la razón y no por la revelación, lo que lo aleja de ser un Dios personal.
Ante ese Dios se han de cumplir unos mínimos aceptables por todos los
hombres, pues todos estamos provistos de razón. Niega los dogmas de las
religiones positivas a las que considera supersticiones con las que hay que
acabar. Con respecto a la moral sucede lo mismo. Dios es sustituido por la
Naturaleza (se desarrollan los principios del Derecho natural).
-Política con representación popular
-Libertad económica, que desembocará en el ascenso de la burguesía y el
desarrollo del capitalismo.
137
Por otra parte la Ilustración tiene un componente revolucionario de origen
racionalista que busca resolver las situaciones que se plantean a la sociedad
según ideas o fórmulas “estándar” al margen de la realidad histórica: no
importa la circunstancia histórica concreta, las reformas que proponen han
de ser establecidas en todo tiempo y lugar.
Las ideas de la Ilustración fueron difundidas a través de las academias, la
masonería (nacida en Inglaterra y que en los países latinos adquiriría una
línea más anticlerical y combativa), los salones, las cartas y ensayos y, por
último, la “Enciclopedia” -editada por Diderot (1713-1784) y d´Alembert
(1717-1783)-. En la “Enciclopedia” colaboraron personajes como
Rousseau, Voltaire, Montesquieu y trató de ser un compendio del saber
ilustrado.
160.
Montesquieu: (1689-1755) Barón que critica la sociedad
francesa de su época. Para él las leyes reflejan el carácter de los pueblos
que las poseen. Aboga por una división del poder para que este garantice
las libertades: poder legislativo, ejecutivo y judicial. Los sistemas políticos
son cíclicos en la historia: despotismo -el gobierno se apoya en el miedo-,
monarquía -fundada en el honor-, y república -asentada en la virtud-.
161.
Voltaire: (1694-1778) Genial escritor, fue el hombre más
famoso del siglo XVIII. Superficial en sus críticas al cristianismo y en sus
ideas filosóficas, su enorme talento literario hizo que influyera
grandemente en su época. Según Voltaire los dogmas religiosos suelen
desembocar en fanatismo, lo único que sabemos de Dios es que ha creado
el mundo. La principal aportación de Voltaire es la superación de la
narración histórica como sucesión de acontecimientos, para introducir los
usos y el espíritu de los pueblos.
162.
Rousseau: (1712-1778) Nacido en Ginebra su vida supone una
auténtica paradoja si la analizamos a la luz de su obra. Hijo de un relojero
de origen hugonote se convirtió al catolicismo, para retornar más tarde al
protestantismo. Convivió desde la década de los años treinta hasta su
muerte con una sirvienta analfabeta que le dio cinco hijos, todos ellos
enviados a un orfanato. Perseguido en Francia por sus obras, su influencia
138
será decisiva en la Revolución francesa -que no llegará a ver- y en la
historia contemporánea.
Para Jean Jacques Rousseau el hombre es naturalmente bueno, pero la
sociedad lo corrompe, sólo la vuelta a la naturaleza le devolverá a la
bondad inicial. El Estado surge por un contrato tácito que hacen los
hombres desde el estado de naturaleza. Por tanto, la voluntad humana es la
que origina la aparición de la sociedad, y será esa voluntad la que la
gobierne. Además de la voluntad individual existe una voluntad general
que establece la mayoría. Esa voluntad general es la voluntad de la
sociedad, por lo que pertenece también a las minorías discrepantes como
miembros del Estado. Por ello las minorías como tales pueden hacer valer
sus derechos, pero socialmente impera la voluntad mayoritaria. El sufragio
universal será pilar del sistema político.
163.
Ilustración alemana: Alemania vive la Ilustración pero con
rasgos propios. No tiene el carácter anticlerical que adquiere en Francia,
pues la Reforma se había abierto tiempo atrás a la flexibilidad doctrinal. Su
punto de referencia es Leibniz, y tiene igual interés científico y racionalista
que la Ilustración francesa.
164.
La Revolución francesa: Las ideas ilustradas culminarán en la
Revolución francesa (1789-1799) que servirá de punto de partida a la Edad
Contemporánea. Si los hombres son buenos por naturaleza y la sociedad
actual los ha convertido en malos, resulta necesario derribar de raíz esta
sociedad para edificar otra nueva bajo los principios que la razón dicte, y
esto sólo se puede llevar a cabo mediante una ruptura total con todo lo
anterior, esto es, revolucionariamente.
Los revolucionarios fundamentarán el nuevo sistema en el sufragio que
representa la voluntad popular (Rousseau), en la separación de poderes que
garantiza su independencia (Montesquieu) y en el aniquilamiento de
cualquier huella del Antiguo Régimen, incluyendo el sentido religioso de
la vida (Voltaire).
139
CAPÍTULO 26: KANT
KANT Y EL GIRO COPERNIQUIANO: Kant trata de superar la
dualidad racionalismo-empirismo. Para el pensador
prusiano sólo conocemos por los sentidos, como afirmaba
el empirismo. Pero nuestra inteligencia no tiene un papel
pasivo, sino que adapta esas percepciones para poder
comprenderlas. Según Kant esta novedosa visión del
conocimiento supone una revolución equiparable a la que
realizó Copérnico al afirmar que la Tierra giraba en torno al
Sol y no al revés.
165.
Kant: (1724-1804) Nació y murió en Königsberg –Prusia(actual Kaliningrado), donde pasó la mayor parte de su vida. Meticuloso,
tranquilo e ilustrado, es el padre del idealismo alemán. Immanuel Kant
pertenecía a una familia profundamente luterana, en su filosofía defenderá
la imposibilidad de la razón para conocer las verdades últimas, las cuales
sólo se pueden descubrir por la fe -recordemos que el protestantismo
abogaba por la supremacía de la fe frente a la razón-. Su obra va a buscar
salir del atolladero al que había llegado la filosofía por el enfrentamiento
de las corrientes racionalista y empirista.
166.
La filosofía ante el progreso de la ciencia (Kant): A finales
del siglo XVIII los cambios incesantes de la metafísica contrastan con el
claro progreso de la ciencia físico-matemática. Para descubrir el porqué de
140
ese aparente fracaso de la filosofía, Kant investiga la propia capacidad del
hombre para conocer.
167.
El conocimiento a
priori
(Kant):
El
conocimiento puede ser a
priori -previo a cualquier
experiencia- o a posteriori fundado en la experiencia-. El
conocimiento científico, que
tanto ha progresado, parte de
una hipótesis a priori que
luego trata de corroborar por la
experiencia.
Para Kant el acierto del
conocimiento científico es
partir de un conocimiento a
priori, el cual por ser previo a
cualquier experiencia concreta
tiene carácter universal -es
decir, es válido siempre y no
sólo para algunos casos-.
Según Kant no podemos conocer las
cosas mismas, sino sus fenómenos.
Es decir, las cosas “retocadas” por
mis sentidos y mi inteligencia.
Veamos un ejemplo que puede aclarar
esta idea: matemáticamente puedo saber
que dos billones más dos billones son cuatro billones, este conocimiento es a priori, no está basado en la
experiencia sino en la sola razón (yo no he contado dos billones de objetos, luego otros dos y por último
los cuatro billones juntos, simplemente he aplicado una regla racional). Si el punto de partida fuera
directamente la experiencia cabría caer en el error de elevar una situación concreta o casual al rango de
ley universal, por ejemplo, si compruebo que a los ancianos que conozco les gusta la sopa podría
afirmar: “a todos los ancianos les gusta la sopa”, y esta afirmación me parecerá tanto o más cierta que
“dos billones más dos billones son cuatro billones”; sin embargo correría el riesgo de encontrarme en un
futuro con un anciano a quien no le gustase la sopa y eso echaría por tierra mi afirmación. Por tanto,
sólo el conocimiento con un fundamento a priori –con fundamento racional- tiene validez universal.
Kant se va a plantear si es posible hacer de la filosofía una ciencia a priori,
al igual que las matemáticas o la física, para así conseguir progresar por un
camino tan fructífero y seguro como las ciencias particulares.
141
En Kant la palabra “puro” es sinónimo de “a priori”, por ejemplo cuando
habla de la razón pura es lo mismo que el conocimiento racional a priori,
esto es, al margen de la experiencia (o previo a la experiencia).
168.
Juicios analíticos y sintéticos (Kant): Por juicio vamos a
entender la afirmación o negación de algo.
Los juicios analíticos son aquellos cuyo predicado está contenido en el
concepto del sujeto. O, dicho de otro modo, son aquellas afirmaciones en
las que lo afirmado sobre algo ya estaba manifiesto en ese algo. Por
ejemplo, si digo “la esfera es redonda”, la redondez está implícita en el
concepto de esfera. O los “cuerpos son extensos”, o la “criatura es creada”.
Al no aportar nada nuevo los juicios analíticos no aumentan mi saber.
Los juicios sintéticos, por su parte, son aquellos cuyo predicado no está
incluido en el concepto del sujeto, sino que se añade a él. O, dicho de otro
modo, son las afirmaciones en las que se descubre algo nuevo sobre lo que
hablamos. Es decir, aumentan mi saber. Por ejemplo, si digo “los cuerpos
son pesados”, los cuerpos hacen referencia a la extensión pero no al peso
y, sin embargo, afirmo una cualidad de los cuerpos que va más allá de la
extensión.
Los juicios analíticos son a priori, se extraen del simple análisis del
concepto. Los juicios sintéticos, por su parte, pueden ser a posteriori, esto
es, fundados en la experiencia (sé que los cuerpos son pesados porque lo
observo en la realidad), o a priori (que la suma de los ángulos de un
triángulo es de 180º, ó 4+4 = 8 ... no lo conozco por la realidad, sino por la
propia cualidad de lo afirmado) estos últimos son los juicios que interesan
a la ciencia, porque son a priori –por tanto universales y necesarios, se dan
siempre- y sintéticos –aumentan mi saber-.
Kant analizará si son posibles lo juicios sintéticos a priori en las
matemáticas, la física y la filosofía -recordemos que Hume había hecho
imposible cualquier tipo de conocimiento-.
169.
Crítica de la razón pura (Kant): Es el título de una obra de
Kant, y en ella busca responder a la pregunta ¿qué puedo saber? O dicho
de otro modo ¿hasta dónde puedo estar seguro de que mi conocimiento es
cierto? Kant concluirá que las matemáticas y la física sí pueden existir
142
como ciencias teóricas –son apriorísticas y corroborables por la
experiencia-, mientras que la filosofía es imposible como ciencia teórica
pues pretende conocer cuestiones que van más allá de los límites de la
razón.
170.
No conocemos las cosas mismas (Kant) (169): Para Kant
nuestro pensamiento no se adapta a las cosas para conocerlas sino que, por
contra, “modifica” lo que percibimos para poder comprenderlo. De modo
que al caos de sensaciones que llega a mis sentidos le añado yo una serie
de elementos (tiempo, espacio y categorías) que lo ordena y me lo hace
asimilable. Con este planteamiento Kant cree superar la dualidad
empirismo-racionalismo: el conocimiento parte efectivamente de la
experiencia, pero el papel de la razón no es pasivo, sino que obra sobre esa
experiencia moldeándola a su medida.
171.
El proceso de conocimiento (Kant) (169): Cuando vemos una
cosa no la conocemos inmediatamente, sino que antes de comprenderla
“pasa” por nuestra sensibilidad, nuestro entendimiento y nuestra razón.
Nosotros nos encontramos frente a la realidad externa, frente a “las cosas
en sí”, pero nuestra sensibilidad para captar esa realidad le añade el
espacio y el tiempo (el espacio y el tiempo según Kant no están en la
realidad sino en nuestra mente). Ahora ya no tenemos la cosa en sí sino un
“fenómeno”, que es el objeto provisto de dimensiones espaciales y
temporales. A su vez nuestro entendimiento modifica ese fenómeno dado
por la sensibilidad y le aporta las categorías; las categorías podríamos decir
que definen el perfil de la cosa, sus características básicas, dando unidad a
las cosas percibidas y produciendo los “objetos”. Ya tenemos la cosa
singular en nuestra mente, pero el hombre, además, es capaz de razonar y
sacar conclusiones de lo que conoce. La razón, por tanto, unifica los
objetos aportados por el entendimiento en unos principios superiores que
van más allá del objeto concreto para llegar al conocimiento.
172.
El fenómeno (Kant) (169): A la cosa real Kant la llama “la cosa
en sí”; esa “cosa en sí” es percibida por los sentidos, pero para poder
interpretar el caos de sensaciones que recibimos la sensibilidad lo ordena
incorporándole el espacio y el tiempo. A ese espacio y ese tiempo que
143
ordenan lo percibido Kant los llama “formas puras de la sensibilidad”. Por
tanto, no conocemos la cosa en sí misma, sino el fenómeno que es la cosa
pero traspasada por nuestro conocimiento -es la cosa para nosotros-.
Espacio y tiempo son las condiciones necesarias para que yo perciba, y
estas las pongo yo.
El gusto, el color, etc., son modificaciones de la experiencia subjetivas
(diferentes para cada sujeto), sin embargo, espacio y tiempo, por su
carácter ideal, son comunes a todos los hombres, aunque no existan como
tales en la naturaleza, sino en nuestra forma de interpretar como seres
racionales.
Supongamos que desde pequeños a todos los hombres nos hubiesen puesto
unas gafas de cristal verde que no pudiéramos quitarnos; veríamos la
realidad en distintos tonos de verde y para nosotros sería realmente así.
Necesitamos la realidad para conocer, pero lo que percibimos es
modificado por nuestra sensibilidad.
173.
Las matemáticas (Kant) (169): Hemos dicho que las cosas que
conocemos por la experiencia se ven modificadas al ser percibidas por
nosotros. Con la percepción sensible alcanzamos sólo lo singular (y
nosotros buscamos leyes universales) y, además, modificado por nuestro
modo de percibir (alterado), por tanto todo concepto extraído de la
experiencia no puede engendrar ciencia rigurosa alguna. La ciencia más
perfecta será aquella capaz de conocer al margen de la experiencia sensible
–a priori-. Las matemáticas trabajan con el espacio y el tiempo (figuras en
un espacio y sucesión temporal de unidades); pero hemos dicho que el
espacio y el tiempo no están en la realidad sino que son “formas puras de
nuestra sensibilidad”, son los ingredientes que añadimos nosotros a la
realidad para comprenderla. Como el espacio y el tiempo son “formas
puras de la sensibilidad” -es decir, previas a cualquier experiencia mía, a
priori-, la ciencia matemática existe al margen de la experiencia -es previa
a toda experiencia- y, por tanto, sus averiguaciones son universalmente
válidas.
Supongamos que para poder ver en un microscopio una determinada clase de microorganismos
tuviésemos que echar a la muestra un determinado tipo de tinte, este tinte hace variar la apariencia de
dicho microorganismo pero es la única forma de conseguir verlo. Kant viene a decir que nunca podremos
percibir cómo es en realidad ese microorganismo, porque lo hemos tenido que manipular para verlo -le
hemos tenido que echar el tinte del espacio y el tiempo-. Pero sí podremos conocer las propiedades del
144
tinte que hemos empleado para teñirlo -las matemáticas trabajan sólo con el tinte (espacio y tiempo) no
con los microorganismos (las cosas en sí)-.
174.
Entendimiento (Kant) (169): La sensibilidad presenta al
entendimiento los fenómenos -las cosas ya “transformadas” por la propia
sensibilidad-. Pero el entendimiento, al igual que la sensibilidad, tiene
también sus formas a priori con las cuales entiende las cosas, esas formas a
priori del entendimiento son las categorías. Cuando veo una silla recibo
una serie de sensaciones, pero relacionadas de tal manera que no veo una
simple suma, sino un solo objeto, la silla. En esta unificación emplea el
espíritu elementos que no existen en la realidad, sino que añade él, estos
elementos son las categorías.
175.
Categorías (Kant) (169): Las categorías ponen en relación los
objetos que nos ha facilitado la sensibilidad. Las categorías realizan una
labor unificadora. En Aristóteles las categorías eran modos del ser a los
que se adaptaba la mente. En Kant, al contrario, la mente porta sus
categorías, y son las cosas las que se adaptan a ellas. Si la sensibilidad
elaboraba los fenómenos a partir de la cosa percibida y del espacio y el
tiempo, el entendimiento elabora los objetos a partir del fenómeno
transformado por las categorías.
Podríamos decir que las categorías son como el manual de instrucciones
que nos permite entender que lo que tenemos delante es una cosa. Veamos
un símil: Si jamás hubiésemos entrado en un coche, al ver el salpicadero
veríamos sólo botones, lucecitas y muchas cosas más aparentemente
inconexas; si nos explican qué es el aparato de música y cómo funciona
veremos en él una unidad, una máquina que desempeña unas funciones –
sintonizar emisoras, emitir música...- relacionadas unas con otras.
De la tabla de juicios deduce Kant la de las categorías, no porque procedan
de dichos juicios, sino al revés porque estos proceden de las categorías.
145
Clasificación
categorías:
de
las
1. Cantidad:
Unidad
Pluralidad
Totalidad
2. Cualidad:
Realidad
Negación
Limitación
3.
Modalidad:
Sustancia
Causalidad
4.
Modalidad:
Categóricos
Hipotéticos
176.
Juicio (Kant) (169): Hemos dicho que juicio es la operación de
la mente por la que se afirma o niega algo. También se puede decir que los
juicios son los criterios estándar para juzgar los distintos casos particulares
que se nos pueden dar. Todos los juicios posibles son clasificados por Kant
en función de cuatro caracteres: cantidad, cualidad, relación y modalidad.
-cantidad: universales (expresan todos los individuos de una clase: por
ejemplo árbol), singulares (expresan varios individuos de forma restringida
e indeterminada: varios árboles) o particulares (expresan un individuo
concreto: éste árbol).
-cualidad y relación: A es B es un juicio categórico afirmativo; A no es B es
un juicio categórico negativo; A es B o C es un juicio categórico
disyuntivo; y Si A es, B es, es un juicio hipotético.
-modalidad: A su vez el modo de afirmarlos puede ser un tal vez -juicio
problemático-, un así es -juicio asertótico-, o un así debe ser -juicio
apodíptico-. “Mañana seguramente lloverá” es un juicio problemático.
146
“María es mi hermana” es un juicio asertótico, es una relación real pero
podría haber sido de otra manera. “Dos más dos son cuatro” es un juicio
apodíptico, es necesariamente así.
Clasificación
juicios:
de
los
1. Cantidad:
Universales
Particulares
Singulares
3. Relación:
Categóricos
Hipotéticos
Disyuntivos
2. Cualidad:
Afirmativos
Negativos
Infinitos
4. Modalidad:
Problemáticos
Asertóticos
Apodípticos
177.
La física (Kant) (169): Con el espacio, el tiempo y las
categorías, el entendimiento elabora los objetos de la física pura -a priori-.
Por ejemplo, la categoría de causalidad con la forma temporal da el
concepto físico de causa y efecto. Al movernos en el terreno del
conocimiento a priori -al margen de la experiencia- la física pura es posible
como ciencia segura, al igual que sucedía a las matemáticas.
178.
La razón (Kant) (169): El entendimiento se ocupaba de los
fenómenos de la sensibilidad y los unificaba en conceptos y juicios. La
razón se ocupa de los conceptos y juicios del entendimiento y los unifica a
la luz de un principio superior. El raciocinio es el poder deductivo de la
razón, se trata de sacar conclusiones relacionando las distintas realidades
que conocemos; su ejemplo clásico es el silogismo. La razón obra a través
147
de las ideas. Las ideas no nos dan a conocer ningún objeto concreto, no se
aplican a ningún dato sensible. Las ideas sirven para entender la realidad,
no para conocer un objeto particular, sino el conjunto de cuanto existe.
179.
Ideas trascendentales (Kant) (169): Son las ideas que
aglutinan toda realidad posible (las ideas capaces de dar una visión de
conjunto a todo cuanto existe), y estas ideas son “yo”, el “mundo” y
“Dios”. “Yo” es la idea que une todos los fenómenos psíquicos como si
fueran manifestaciones de una única sustancia simple y permanente -la
estudia la psicología-. El “mundo” es la idea que invita a seguir adelante en
la cadena causal y a buscar entre los fenómenos naturales una unificación
como si el conjunto de fenómenos constituyera un mundo único - las
estudia la cosmología-. Y la idea de “Dios” nos ayuda a pensar el conjunto
de la experiencia como si estuviera ordenada conforme a unos fines - la
estudia la teología -.
Dicho de otro modo: El conjunto de mis sensaciones, mis sentimientos,
mis ideas, etc., no los interpreto como cosas independientes, sino como si
formasen parte de una única realidad: “yo”. Las cosas que tengo a mi
alrededor no las contemplo como absolutamente independientes unas de
otras sino en cierta armonía, relacionadas de diversos modos –por leyes
físicas, biológicas, etc.-, en definitiva, las interpreto como formando parte
de una realidad única: el “mundo”. La totalidad de lo que existe precisa
para mí una justificación, un principio, algo que me explique qué origina
todo. Esta cosa surge porque otra la ha originado, también esa la originó
otra pero, ¿cuál es la que produjo que esta cadena se originase?, ¿y qué
sentido tiene ese cambio?, ¿hacia dónde apunta?, ¿qué fin persigue? La
idea que me explica la realidad como dotada de sentido, como encauzada
hacia un fin queda recogida en “Dios”.
180.
Imposibilidad de la metafísica tradicional (Kant) (169): Para
Kant el conocimiento sólo es posible cuando a los principios establecidos a
priori se añade la experiencia que da el conocimiento de la realidad conocimiento a posteriori -. La metafísica tiende a unificar toda la
experiencia en un gran sistema de conjunto en función de “yo”, el
“mundo” y “Dios”. Pero no hay objetos de la experiencia posible que
correspondan a las tres ideas de la razón -no puedo conocer el mundo en su
148
integridad, o a Dios en plenitud, y al conocerme a mí lo hago
“interpretándome” desde fuera de mí, por ello, “transformándome”-. Por
tanto, no puede haber una ciencia de ellas. Se trata de simples ideas
reguladoras de la razón, no de realidades en sí mismas.
Pero la razón al reconocer sus propios límites no sólo descubre que no
puede afirmar nada más allá de los mismos, sino que tampoco puede negar
nada que sobrepase esos límites (no puede negarme ni a mí, ni al mundo,
ni a Dios).
Crítica del argumento ontológico: Kant rechaza el argumento ontológico de la existencia de
Dios elaborado por San Anselmo, y con él el concepto tradicional del ser. El argumento ontológico se
basa en la idea de que la existencia es un atributo de perfección que no puede faltar al ente más perfecto;
pero para Kant la existencia no es un atributo de perfección sino un mero poner en la realidad al ser.
Además, negar la existencia de un ser no es negar sólo dicho atributo, sino el conjunto de todos sus
atributos. La existencia de Dios no se puede demostrar, pero tampoco refutar.
181.
Crítica de la razón práctica (Kant): Se trata del título de otra
obra de Kant, y en ella muestra cómo pese a no poder conocer las
realidades metafísicas mediante postulados meramente teóricos, sí
podemos acercarnos a ellas mediante nuestra actitud moral. La razón
práctica responde a la pregunta ¿qué debo hacer?
182.
Libertad y moral (Kant) (181): Kant distingue dos mundos: el
de la naturaleza regulado por leyes rígidas, y el de la libertad, no
determinado naturalmente. El mundo de la libertad escapa del ámbito de
actuación de la razón teórica, no obedece a sus leyes. Kant se encuentra
con un hecho evidente, la moralidad, la conciencia humana del deber, la
cual sólo es posible si el hombre es libre. La razón pura -a priori- no tiene
sólo un uso teórico, sino también práctico. La razón práctica dirige la
voluntad y, a diferencia de la teórica, no se asienta en la experiencia sino
en sí misma, en la propia voluntad, por eso no necesita ser criticada.
183.
Ética autónoma (Kant) (181): La ética tradicional era
heterónoma, esto significa que provenía de fuera del hombre, era Dios
quien advertía al hombre lo que era bueno y malo. Kant disiente de este
planteamiento, pues si la virtud moral procede del conocimiento que sobre
149
Dios y el hombre se tenga, la moral privilegiaría al docto sobre el ignorante
(recordemos que Sócrates afirmaba que el hombre malo lo era por
ignorancia). Para Kant la norma moral la dicta la voluntad de cada hombre
a la luz de su razón. Esta autonomía no es arbitraria sino que se ampara en
la ley moral que todo ser racional posee en su conciencia. Esta visión de la
ética tiene una clara influencia luterana -no olvidemos que los protestantes
defendían la libre interpretación de las escrituras, la primacía del criterio
propio frente al Magisterio- e ilustrada –por la fe depositada en la sola
razón-.
184.
Imperativo categórico (Kant) (181): Es una norma moral que
impone una acción a la voluntad, no como medio para otra cosa, sino como
un fin en sí misma; o dicho de otro modo, es una norma moral que debe
cumplirse porque lo que ordena es una acción buena al margen de
cualquier otra consideración. Kant establece un imperativo categórico o
norma universal que valga para toda acción humana y sea acorde con la
idea de una ética autónoma. Dicho principio dice así: “Obra de tal modo
que la máxima de tu voluntad pueda valer siempre, a la vez, como
principio de una legislación universal”, es decir, actúa de modo que
quieras que todos actúen siempre de igual modo que tú lo haces. Quien
obra mal lo hace como una falta, como una excepción que reconoce la ley
moral universal a la vez que la infringe. Si por ejemplo yo miento, no
deseo que mentir sea una ley universal que todos cumplen, pues destruiría
el sentido de decir algo y haría imposible incluso el efecto de la propia
mentira; si se miente es precisamente porque mentir supone que la ley
universal es decir la verdad.
El bien supremo es la buena voluntad, que no mide los resultados ni la
aptitud para alcanzarlos, sino solamente su querer, la voluntad misma. La
razón lleva a cabo este cometido mediante el deber. El deber es la
exigencia de obrar por respeto a la ley.
Para Kant todos los hombres son fines en sí mismos, por tanto, es inmoral
tomar al hombre -a mí mismo o a los demás- como un medio para algo.
185.
Dios y la inmortalidad (Kant) (181): La existencia de Dios no
podía ni demostrarse ni refutarse por la razón teórica, sin embargo la razón
práctica sí puede alcanzarlo. Partiendo de que existe un mundo moral, se
150
han de dar las condiciones para dicha existencia. Dios y la vida futura son
dos supuestos inseparables de la obligación moral. La razón debe
admitirlos pues de no hacerlo las leyes morales serían simples quimeras.
Esta certeza no es intelectual sino moral y, por tanto, está al margen de los
vaivenes del conocimiento.
186.
Crítica del juicio (Kant): En esta última crítica Kant estudia,
entre otras cosas, el problema de los fines y la belleza -en la cima de las
ideas platónicas estaba la idea de lo verdadero (razón teórica), lo bueno
(razón práctica) y lo bello (juicio)-.
187.
Teleología (Kant) (186): Es la ciencia que estudia los fines, el
para qué. Kant afirma que el mundo sensible –razón teórica- se hace
comprensible si se lo interpreta como dirigido a unos fines, como realizado
por una mente divina que lo ha ordenado. Asimismo existe un orden moral
–razón práctica- que encauza la voluntad del hombre hacia unos fines.
Dios no nos es evidente, pero su idea nos hace comprensible el mundo y a
nosotros, da sentido a todo.
188.
Estética (Kant) (186): Kant rechaza la tesis empirista que
defendía la subjetividad de la estética. Para los empiristas decir “esto es
bello” es sinónimo de decir “esto me gusta”. Pero según Kant el juicio
estético tiene pretensión de universalidad: lo bello no es lo mismo que lo
agradable, un caramelo puede ser agradable pero no bello. Lo bello es una
finalidad en sí misma, no sujeta a ningún fin ajeno al goce estético. De
todo esto se deduce que la belleza es objetiva, igual para todos. Si no
coincidimos en reconocer lo bello es porque equivocamos nuestro criterio.
151
CAPÍTULO 27: EL ROMANTICISMO
ROMANTICISMO: A principios del siglo XIX aparece un
movimiento que pone en primer plano el sentimiento y el
afecto, se trata del romanticismo. El romanticismo trae
consigo una inquietud por los estudios históricos y
humanísticos, así como un nuevo impulso a la literatura.
Hay una admiración por la Edad Media.
Por otro lado recupera protagonismo lo religioso, pero no
como dogma (o conjunto de verdades relacionadas con
Dios) sino como sentimiento. Existe una sed de infinito; el
hombre romántico siente una aflicción siempre
insatisfecha, pues aspira a algo más que lo que le ofrece la
realidad. El arte es la máxima expresión de la tendencia al
infinito, especialmente la música. Se produce un gran
individualismo
–que
conducirá
al
subjetivismoacompañado de un vigoroso anhelo de libertad. El
romanticismo
distingue
naturaleza
(predecible,
determinada) y espíritu (impredecible y libre).
189.
Idealismo alemán: Se trata de un movimiento filosófico
enmarcado dentro del romanticismo y cuya característica principal es que
trata de hacer una filosofía construida sobre unas bases tan firmes como las
de las ciencias físico-matemáticas, tal como había propuesto Kant. Las
principales figuras de esta corriente son Fichte, Schelling y Hegel. Estos
pensadores, al igual que muchos otros en toda Europa, se sentirán atraídos
152
por los cambios radicales que trae la Revolución francesa. Sin embargo, el
terror subsiguiente pondrá fin a las esperanzas filantrópicas que había
propiciado el siglo de las luces, y hará que vuelquen sus afanes
revolucionarios en la filosofía.
190.
Fichte: (1762-1814) De origen humilde, participó en la campaña
que trataba de despertar el espíritu alemán, ya que Alemania se encontraba
entonces dividida en distintos estados y amenazada por Napoleón. Según
Fichte el imperativo moral es “llega a ser lo que eres”; no es sino una
llamada a la autenticidad, a la plenitud. Para el pensador alemán se nos da
como evidente la existencia del “yo” -mi propia existencia-, como
contraposición a ese yo conocemos el “no-yo” -o todo lo demás, todo lo
que no soy yo- frente a lo cual el yo se afirma. La realidad no es una cosa
estática, una sustancia, sino una actividad, un relacionarse el yo con el noyo.
191.
Schelling: (1775-1854) Filósofo precoz (a los veinte años ya
publicó un libro en el que desarrollaba su propio sistema filosófico), es la
figura más emblemática del romanticismo en la filosofía. A lo largo de su
longeva vida desarrolló cuatro sistemas filosóficos que se pueden titular
así: filosofía de la naturaleza y el espíritu, la identidad, la libertad, y
filosofía religiosa positiva.
-Filosofía de la naturaleza y el espíritu: Schelling parte de una cuestión
abierta por Fichte. La existencia de un yo y un no-yo suponen la existencia
de un reino de la libertad (en el que puedo elegir) y un reino de la
naturaleza (determinado por sus leyes y, por tanto, no libre) que hay que
relacionar. La naturaleza es un lento despertar del espíritu que va
alcanzando su plenitud. La materia es vivificada por el espíritu.
-La identidad: Este segundo sistema trata de unir naturaleza y espíritu
mediante algo que sea a la vez naturaleza y espíritu. Ese algo no se puede
expresar mediante un concepto, sino que se conoce por una intuición
intelectual. Aquí Schelling aboga por el panteísmo.
-La metafísica de la libertad: En ella reniega a la identidad y aboga por
una evolución de la realidad. La realidad pasa de una naturaleza inorgánica
a naturaleza orgánica, y de esta al espíritu. La culminación de esta
evolución es la libertad humana.
153
-La filosofía religiosa positiva: Será un análisis teológico de la
religión.
154
CAPÍTULO 28: HEGEL
HEGEL, PLENITUD DEL IDEALISMO: Para Hegel la realidad es
perfectamente racional. De hecho, el mundo entero se
comporta como un solo ser que va despertando para tomar
conciencia de sí mismo, de su propia existencia. No hay
nada más allá de la razón.
192.
Hegel:
(17701831) Nacido en Stuttgart,
representa la plenitud del
idealismo alemán. G.W.
Friedrich Hegel es una de las
cimas más influyentes de la
filosofía. Era de familia
burguesa protestante. Al igual
que Fichte y Schelling
estudió teología para ser
pastor luterano. Desarrolló su
actividad docente como
profesor
en
distintas
universidades
alemanas,
entre ellas la de Berlín
donde permaneció hasta su
muerte.
La dialéctica de Hegel explica el
desarrollo de la historia como la
contraposición de tendencias que
acaban por alumbrar una tercera
superadora de ambas.
155
193.
Plenitud del idealismo (Hegel): Hegel supone la culminación
del idealismo. Piensa que las leyes de la razón tienen vigencia en la
realidad: “todo lo real es racional y todo lo racional es real”. Kant
afirmaba que el pensamiento no podía conocer la cosa en sí; para Hegel,
por contra, no existe ninguna realidad fuera del pensamiento.
194.
Lo Infinito como totalidad (Hegel): Para Hegel lo Infinito es
“la totalidad de lo real”. Los seres particulares -lo finito- sólo son
“momentos” o aspectos de lo Infinito, por tanto lo Infinito contiene lo
finito. “Lo verdadero es el todo”, no hay verdad en lo separado, sólo en la
totalidad, por lo cual no hay verdades parciales. Si yo me limito a un
aspecto de la realidad la dejo incompleta y desconectada del conjunto,
queda mutilada y no es sino una “abstracción”, una “simple idea” que no
me ofrece la verdad. Sólo la totalidad es la verdad, por tanto, sólo Dios es
la verdad.
Si digo “la casa de mi hermana es blanca”, esta verdad es incompleta pues, además, es grande, es
hermosa, está en la ciudad, tiene doce ventanas, hace doce años que se construyó, está al lado de otra que
a su vez tiene sus características... y así indefinidamente hasta completar la realidad que envuelve “la
casa de mi hermana”. El ser blanca no agota la realidad de “la casa de mi hermana”, por tanto la
falsifica, no es ella, sino una simplificación distinta de ella. Si quisiéramos conocer la verdad en el
sentido más amplio del término necesitaríamos conocer la totalidad, la integración de todo cuanto existe,
tal como hace Dios.
195.
Infinito, Espíritu, Dios, Idea, Razón, Verdad, Absoluto
(Hegel): Todas estas palabras vienen a ser sinónimas en Hegel. Podría
decirse que el significado de estas palabras es el de la realidad racional en
su plenitud, una realidad que se manifiesta en el cambio. La realidad -de la
que el hombre es partícipe y protagonista- va cambiando, pero no de modo
azaroso sino de modo racional, progresivo; este cambio tiene como meta
descubrir la totalidad de lo que existe y no sólo sus aspectos parciales. Dios
se manifiesta en este descubrimiento progresivo de la verdad, de la
totalidad, pero como la verdad se da a conocer en el cambio, Dios está
presente en esa realidad cambiante (Hegel es panteísta).
196.
Lo Infinito como cambio (Hegel): Por lo dicho en el punto
anterior vemos que Hegel concibe la sustancia como algo “vivo y en
156
movimiento”, un proceso que se desarrolla por internas contradicciones.
Lo Infinito es el resultado final de dicho proceso. Por eso critica la visión
de Spinoza para quien la sustancia infinita era estática, como un objeto. Lo
Infinito es Espíritu, algo que no sólo se desarrolla y tiene vida, sino que
tiene como término de su evolución la conciencia de sí mismo, darse
cuenta de sí. Si la realidad es algo vivo, una actividad o cambio, conocer la
realidad será conocer todos los procesos que intervienen en su devenir.
De alguna manera es como si todo formara parte de un gran ser que va
dándose cuenta poco a poco de su propia realidad, que despierta para
descubrirse a sí mismo. Ese ser puede denominarse Dios, ya que es único e
infinito; o Razón, pues va tomando conciencia de sí mismo y conoce; o
Absoluto, puesto que lo abarca todo.
197.
Dialéctica (Hegel): Recordemos que en la antigüedad la
dialéctica era el método empleado para desvelar la realidad: mediante un
diálogo se iban descubriendo las contradicciones de un argumento para
averiguar por fin qué era la verdad, qué era lo coherente. La dialéctica de
Hegel es más que el modo de descubrir intelectualmente la verdad, es la
forma en que evoluciona la realidad misma, ya que la realidad es
plenamente racional (y actúa como la propia razón).
El motor de la dialéctica es la contradicción. La función de la dialéctica
será superar esas contradicciones (suprimirlas y conservar sus frutos).
El proceso dialéctico es el siguiente: primero se parte de una “tesis” o
afirmación sobre algo, luego se descubren las insuficiencias y
contradicciones de la misma (“antítesis”), y por último se llega a una nueva
afirmación (“síntesis”) que abarca, superándolas, la tesis primera y la
antítesis. A su vez la “síntesis” sería la “tesis” de un nuevo movimiento
dialéctico.
Por ejemplo, Parménides afirma que el ser es siempre igual, no cambia, esa es la “tesis” inicial; pero
frente a dicha tesis surge una “antítesis” que la niega, en este caso Heráclito, quien contemplando la
realidad afirma que “todo fluye, se transforma”. Platón supone la superación de esta tensión dialéctica,
reconoce algo permanente, las ideas, pero a su vez afirma que se proyectan en el mundo mediante unas
“imágenes” cambiantes, esta sería la “síntesis”. No se trata de un simple conciliar posturas, sino que la
tesis lleva inexorablemente a la antítesis, y ambas a la síntesis, en la cual se encuentran superadas y
conservadas. La síntesis es a su vez tesis de una nueva secuencia; en este caso la tesis de “las ideas” de
Platón tiene como antítesis la teoría aristotélica, y así sucesivamente.
157
198.
La historia como dialéctica (Hegel): La historia misma se
desarrolla según el movimiento dialéctico, en la que unos principios van
siendo sustituidos por otros para superar sus deficiencias.
Por ejemplo, la sociedad antiguamente se fundamentaba en un mundo mítico o de creencias mágicas –
tesis-. Pero en la Grecia clásica surge una actitud distinta que se asienta en la razón -antítesis-. La
insuficiencia de estos planteamientos queda superada con la Escolástica medieval que armoniza fe y
razón –síntesis-. A su vez la síntesis medieval es la tesis de un nuevo paso en el proceso dialéctico del
que el naturalismo del Renacimiento será la antítesis.
En este proceso la Razón -o Espíritu- va tomando poco a poco conciencia
de sí misma. La historia es la realización del plan divino y, por tanto, ella
misma es una revelación de Dios, es el “juicio universal”.
199.
El despertar del Espíritu (Hegel): El fin de la filosofía es
alcanzar lo Infinito, la comprensión de la totalidad de la realidad; pero este
logro no se adquiere inmediatamente por una intuición intelectual -como
decía Schelling-, sino tras un largo proceso que avanza de forma dialéctica
(tesis-antítesis-síntesis). Las fases que debe recorrer el individuo para
alcanzar lo Infinito (para filosofar) son las mismas que ha tenido que
recorrer el “Espíritu universal”, es decir, la razón de la humanidad. En
primer lugar el Espíritu subjetivo que se sabe a sí mismo. En segundo lugar
el Espíritu objetivo que se realiza a sí mismo fuera de sí, en el mundo. Por
último, el Espíritu absoluto que es el reencuentro del Espíritu consigo
mismo, es la síntesis del espíritu y la naturaleza.
La progresión del Espíritu podríamos compararla con la de un recién nacido: al principio se limita a
tener sensaciones y apetitos, se tiene presente a sí mismo, es el Espíritu subjetivo. Después empieza a
relacionarse con su entorno, con el mundo, es el equivalente al Espíritu objetivo. Por último, en su
madurez, reflexiona sobre sí mismo, se vuelve nuevamente hacia sí mismo pero consciente de quién es
desde su instalación en el mundo, se trata del Espíritu absoluto.
El pensamiento de Hegel niega el Dios cristiano que era Creador –
diferente de su creación- y Omnisciente –conocedor de todo-, para
convertirlo en un dios que en lugar de conocerse a sí mismo desde siempre
se irá conociendo en sus manifestaciones externas, de modo que ese dios
es a la vez naturaleza, mundo y hombre. Dios deja de ser una sustancia
aparte para convertirse en un producto progresivo del hombre y de la
historia.
158
200.
El Espíritu absoluto (Hegel): Es la culminación del proceso
dialéctico de la razón. Se trata del reencuentro del Espíritu consigo mismo;
el descubrimiento de la realidad en su plenitud. Los tres estadios del
Espíritu absoluto son: el arte, la religión y la filosofía.
El arte es la manifestación sensible del Espíritu absoluto. Es la idea
absoluta -la verdad de cuanto existe- intuida. Es la expresión de la verdad
de modo no justificado, sino simplemente intuitivo.
La religión es la idea representada.
La filosofía, por último, es la idea en concepto. Es el saberse a sí mismo
del absoluto, de la razón. Como Hegel contempla la historia de la filosofía
de modo dialéctico (tesis-antítesis-síntesis), cada paso en su desarrollo
conserva y supera al anterior, por tanto Hegel valora su propia filosofía
como la madurez y fin de toda la filosofía, su plenitud: “Hasta aquí ha
llegado el espíritu universal. La última filosofía es el resultado de todas las
anteriores; nada se ha perdido, todos los principios se han conservado.”
201.
Derecho (Hegel): Hegel toma la idea kantiana de que el hombre
es un fin en sí mismo, no un medio para nada. Por tanto, para una
transgresión del orden jurídico propone una pena o castigo que no es sino
la vuelta a ese previo estado de derecho. El fin de la pena es volver a tratar
a la persona como tal, como sujeta a derecho; por eso quien tiene derecho a
la pena es el delincuente.
202.
El Estado (Hegel): La situación de Alemania en tiempos de
Hegel era de debilidad. El Imperio estaba fragmentado en 350 estados,
confiriéndole un perfil casi feudal. Frente a esta atomización Hegel
propone seguir a los pueblos que han estructurado un Estado fuerte. El
Estado va a ser la expresión de racionalidad; el administrador de la razón
común de todos los hombres. La perfección del Estado se manifiesta en las
leyes. La libertad del individuo se realiza en el cumplimiento de esas leyes.
El modelo de Estado será para Hegel el prusiano del siglo XIX, centralista
y burocrático, en el que los derechos individuales quedan diluidos en favor
de una mística colectivista.
159
En su camino de perfeccionamiento el Espíritu se realizaba a sí mismo en
el mundo, era lo que Hegel llama el Espíritu objetivo. La plenitud del
Espíritu objetivo se realiza en el Estado. El Estado es la forma suprema en
que se realiza la moral y de la libertad. El individuo sólo es realmente libre
en el Estado. El Estado es la manifestación del Espíritu de la propia nación;
y en su relación con los demás Estados desarrollan la historia universal.
Hegel convierte al individuo en negatividad. El Estado es concebido como
un sistema de contención contra la subjetividad del hombre. Estas teorías
fueron el germen de los estados totalitarios nacidos en Europa en el siglo
XX.
160
CAPÍTULO 29: LOS “HIJOS” DE HEGEL
CONSECUENCIAS DE HEGEL: El pensamiento de Hegel va a
tener profunda repercusión en los filósofos posteriores. No
obstante, entre sus seguidores habrá una escisión; unos
seguirán una línea cristiana, mientras otros abogarán por
un materialismo ateo.
203.
Derecha e izquierda hegeliana: Hegel tuvo una influencia
sobresaliente en distintas áreas del saber (estética, derecho, ética, historia
de la filosofía, etc.), pero fue la interpretación de la idea de Dios la que
abrió el abismo que separará dos corrientes: la derecha y la izquierda
hegeliana.
La derecha hegeliana sostuvo que el idealismo absoluto puede ser
interpretado en un sentido compatible con el cristianismo. Dios es descrito
como un ser personal autoconsciente. Como representantes de esta
tendencia podemos mencionar a Bruno Bauer (1809-1882) y Juan E.
Erdmann (1805-1892).
La izquierda hegeliana propuso una reforma radical del hegelianismo y
elaboró una crítica frontal de la religión. Fue mucho más importante
históricamente que la derecha. Destaca David Friedrich Strauss (18081874) quien en su “Vida de Jesús” reduce a mito todo lo que no se puede
reducir a conceptos filosóficos o hechos históricos; aboga por el
panteísmo. Especial importancia tiene Ludwig Feuerbach quien tuvo una
notable influencia en Karl Marx.
161
204.
Feuerbach: (18041872) Fue discípulo de Hegel
en Berlín, pero en 1839
publica ya una “Crítica a la
filosofía hegeliana”. Es el más
destacado de los pensadores de
la izquierda hegeliana.
Para Ludwig Feuerbach Dios
no es sino la proyección de los
atributos humanos, pero a una
escala infinita. La religión, por
tanto, aliena al hombre, lo saca
fuera de sí haciéndole
renunciar a su esencia, pues
contempla el ideal fuera de sí,
ajeno a sí mismo. Este paso ha
sido necesario en la historia,
pero ahora el hombre ha de
recuperar su propia esencia, ya
no hay más dios para el
Para Feuerbach la religión es un
hombre que el hombre mismo.
engaño que evade al hombre de la
Por
tanto,
la
religión
realidad.
(conocimiento de Dios como
fundamente de todo) deber
morir para nacer la antropología (conocimiento del hombre).
Pero el hombre no sólo es individuo, también es “comunitario”, se realiza
en comunidad. “El hombre para sí es hombre; el hombre con el hombre la unidad del yo y del tú - es Dios”. La nueva religión, naturalmente, será
la política. El hombre es menesteroso, tiene necesidades, y estas son
cubiertas por el Estado. El Estado es la providencia del hombre (quien le
provee y salva). De modo que el Estado queda constituido como enemigo
de la religión; “el ateísmo práctico es el que une los Estados”.
162
CAPÍTULO 30: MARX
MARX Y LA REVOLUCIÓN: En el siglo XIX se produce la
revolución industrial en los países más desarrollados. Esta
traerá como consecuencia graves desigualdades que serán
respondidas por diversas corrientes de carácter socialista.
Entre estas la más importante es la encabezada por Karl
Marx, quien abogará por la abolición total de la propiedad
privada desde una concepción materialista del mundo. La
influencia del marxismo será enorme en el siglo XX al
tomar el poder en varios países diversos movimientos que
defendían las ideas del pensador alemán. Sin embargo, las
profecías de Marx no se cumplieron, pues no fue en los
países industrializados donde mejor cuajaron sus ideas,
contrariamente a lo que él pensaba iba a suceder.
205.
Karl Marx: (1818-1883) Su padre era un judío liberal
convertido al protestantismo por motivos profesionales. Marx estudió en
las universidades de Bonn y Berlín; en esta última se asoció con jóvenes
hegelianos. Casó con Jenny von Westfalen, emparentada con la nobleza
alemana. Su pensamiento se alejó cada vez más de la escuela hegeliana
para adquirir un contenido materialista y economicista -todo está
condicionado por la economía-. Con su amigo Engels redactó el
“Manifiesto Comunista”, libro que desarrolla los principios ideológicos
del comunismo. Participa en la creación de la Primera Internacional
(Londres 1864) alentando distintos movimientos revolucionarios. Marx es
el principal pensador comunista y autor de “El Capital”, entre otros.
163
Revolución industrial: Se trata del fenómeno
económico y social, que comienza en la segunda
mitad del siglo XVIII y culmina a lo largo del
XIX. Con la revolución industrial la
producción a gran escala se desarrolla gracias al
avance de las máquinas y las comunicaciones.
Este desarrollo supondrá una mayor
especialización de la mano de obra, a la par
que la reducción de la misma. La revolución
industrial se desarrolla en los países más
avanzados y va acompañada del éxodo de los
habitantes del campo a las ciudades, lo que
conlleva la aparición de una nueva clase social,
“el proletariado”, que carece de propiedades y
ha de trabajar a cualquier precio para poder
sobrevivir. Esta precariedad irá acompañada
con frecuencia de graves abusos –trabajo de
niños, carencia de garantías sociales,
Marx ha sido posiblemente el
explotación de los trabajadores-. Poco a poco
pensador con mayor influencia en
diversos movimientos sociales (políticos,
la historia del siglo XX.
religiosos, sindicales, etc.) lucharán para que
se mejoren las condiciones de los trabajadores
y para que estos puedan beneficiarse de los
nuevos avances sin sufrir por ello. En su enfrentamiento contra los abusos del capitalismo habrá
distintas tendencias, una de las más radicales e influyentes será la de Karl Marx, quien elaborará una
teoría crítica. Marx cree que la sociedad capitalista avanzará inexorablemente hacia el comunismo, sin
embargo sus previsiones será erróneas pues serán las naciones menos desarrolladas aquellas que reciban
con más vigor su doctrina.
206.
Crítica a Hegel (Marx): Marx es heredero directo de la
izquierda hegeliana y del propio Hegel, sin embargo se acabará
enfrentando con los dos. Marx reconoce el acierto de Hegel de concebir la
historia discurriendo de modo dialéctico -tesis, antítesis, síntesis-, pero
discrepa sobre el protagonista de esa historia. Para Hegel el Espíritu -o la
conciencia de la humanidad- era quien protagonizaba el desarrollo
histórico, para Marx, por contra, son las condiciones económicas las que
mueven la historia.
Critica no sólo a Hegel, sino también a Feuerbach, por afirmar que los
filósofos son hombres que tratan de comprender la realidad tal cual es.
Para Marx, por contra, la meta del filósofo va más allá, pues busca
transformar la realidad, y este cambio se ha de hacer revolucionariamente,
164
desde la acción. Para cambiar la ideología tradicional y las instituciones no
basta con someterlas a crítica, hay que actuar.
207.
Conocimiento (Marx): La realidad está en continuo cambio, es
un proceso (herencia hegeliana), por tanto el conocimiento humano que no
es sino un reflejo de la realidad, no puede basarse en un sistema definitivo
de verdad. La filosofía realmente no puede existir pues busca la verdad
absoluta. No existen verdades eternas, la propia moral está sujeta a
revisión.
Por el contrario, el conocimiento científico es progresivo y se adapta a los
cambios de la realidad. Para evitar caer en el escepticismo Marx considera
sus especulaciones como “científicas”.
208.
Materialismo (Marx): Marx niega la creencia de Hegel de que
exista una mente o idea previa a la Naturaleza que guía el devenir de la
misma y se expresa en ella. Lo que en realidad sucede es que el
pensamiento humano es copia o reflejo de las condiciones económicas o de
los procesos de la naturaleza. No existe nada más allá de la materia; la
propia conciencia es materia en alto grado de complicación.
209.
La religión es el opio del pueblo (Marx): La incapacidad de
satisfacción de la política y la economía ha llevado al hombre a alienarse o salir de sí- en la religión, a buscar la felicidad en un mundo ilusorio. La
religión es el opio que adormece e impide buscar la felicidad donde se
puede encontrar, en la propia realidad.
210.
El trabajo manual (Marx): La forma fundamental en que se
realiza el trabajo del hombre no es el pensamiento, sino el trabajo manual
en el cual el hombre se aliena - o proyecta - a sí mismo en el producto;
pero en la actualidad dicho producto no pertenece al trabajador sino al
capitalista. Esta alienación no se puede superar mediante un proceso
intelectual, sino por una revolución social que acabe con la propiedad
privada -fuente de egoísmo- y lleve al comunismo.
165
211.
El trabajador social (Marx): Para satisfacer sus necesidades, el
hombre necesita trabajar, producir. Pero, además, el hombre es un ser
social, forma parte activa de la sociedad. Conforme el hombre desarrolla
diversos medios de producción -maquinaria, herramientas, etc.- cambian
las relaciones sociales. La interacción medios de producción-relaciones
sociales es el fundamento de la historia.
Por ejemplo, en la antigüedad los hombres tenían esclavos para trabajar sus campos, cuando la
maquinaria se desarrolla ese tipo de mano de obra desaparece y con ella la relación social existente
hasta entonces, para dar lugar al campesinado feudal.
212.
Materialismo histórico (Marx): Todo está determinado por la
economía -más concretamente por el trabajo del hombre-. El desarrollo
histórico se mueve por antagonismos, dialécticamente; cuando las fuerzas
de producción -la mano de obra y los instrumentos empleados para
trabajar- han alcanzado cierto nivel de desarrollo entran en contradicción
con las relaciones de producción vigentes -la relación propiedad-trabajopoder -.
Veamos un ejemplo: en la edad media la sociedad estaba estratificada en clases, y la producción estaba
en mano de agricultores y artesanos. Los gremios -asociaciones profesionales de carácter familiar- se
dedicaban a la producción de bienes de consumo. Cuando la sociedad alcanzó un cierto grado de
desarrollo por la difusión de estos bienes, la demanda se incrementó, pero la estructura gremial asentada
en una estricta jerarquía social no era capaz de hacer frente a esa demanda. Entonces una nueva clase
social, la burguesía, irá adquiriendo más poder dando respuesta a las necesidades sociales hasta destruir
la antigua organización social y hacerse con el control.
La historia de la sociedad es la historia de la lucha de clases, de opresores
contra oprimidos. Este antagonismo social desaparecerá cuando nadie sea
dueño de la propiedad.
213.
El Estado (Marx): Es el instrumento de la clase dominante para
imponer la ley y la moral. La clase dominante trata de mantener las
relaciones productivas pese al desarrollo de las fuerzas productivas –dicho
de otro modo, los que mandan se niegan a cualquier cambio pese a que el
sistema se ha quedado anticuado e ineficaz-, el único modo de destruir esa
relación por parte de la clase ascendente es la revolución. A su vez la
nueva clase dominante recurre al Estado para controlar la sociedad. Así
sucede cíclicamente hasta que por fin, el proletariado, clase social
166
explotada al extremo y sin propiedades, se alce y acabe con la propiedad
privada y, de este modo, desaparezca la sociedad dividida en clases
antagónicas. La dictadura del proletariado preparará el camino al
comunismo.
Como se ve, la visión del Estado difiere de la de Hegel, aunque Marx
desee emplear el poder que Hegel le reconoce en beneficio de su causa.
Para Marx el Estado no es una esencia eterna, expresión de la razón, sino
una manifestación histórica perecedera que sirve de forma sectaria a los
intereses exclusivos de la clase dominante.
167
CAPÍTULO 31: COMTE Y EL
UTILITARISMO. PRAGMATISMO
POSITIVISMO.
POSITIVISMO: Esta corriente filosófica toma como modelo a
la ciencia. El positivismo pretende mantenerse en el terreno
de los hechos y las leyes constatables, considerando
“incognoscible” cualquier conocimiento que se aparte de la
ciencia experimental. Por tanto, va a adoptar una postura
agnóstica -las verdades trascendentes son inalcanzables, no
se pueden conocer-. La ciencia es la única guía de la
Humanidad, que avanza hacia un progreso indefinido,
aunque pueda sufrir recaídas ocasionales.
214.
Comte: (1798-1857) Nació en el seno de una familia católica y
monárquica, pero pronto toma otros derroteros afines a la Revolución
francesa. Fue discípulo y secretario del padre del socialismo Saint-Simon
(1760-1855) hasta 1824. Vivió siempre en penuria económica y en los
últimos años de su vida se enamoró de Clotilde de Vaux, cuya muerte
contribuyó a abatirlo. Auguste Comte es el padre del Positivismo.
215.
Ley de los tres estados (Comte): Para Comte tanto los
individuos como la Humanidad desarrollan su conocimiento en una
evolución que pasa por tres estados: teológico, metafísico y positivo.
168
Estado teológico: También llamado ficticio. En este estado el hombre
busca las causas y principios de las cosas, aquello que es imperceptible e
inasequible. Dentro del
estado teológico hay tres
fases:
-fetichismo:
se
personifican las cosas o
se las dota de atributos
mágicos.
-politeísmo:
la
animación se retira de
las cosas materiales para
agrupar sus atributos en
una serie de divinidades.
-monoteísmo: Todos los
poderes divinos quedan
agrupados en una sola
deidad: Dios.
El
estado
teológico
corresponde a la infancia
de la Humanidad.
Para Comte la Humanidad tiende hacia el
progreso de forma irreversible, debiendo
renunciar para ello a todo conocimiento
que no se funde en la experiencia.
Estado metafísico: También llamado abstracto. En este estado el
conocimiento sigue buscando lo absoluto; pero ya no se recurre a seres
sobrenaturales, sino a nociones abstractas como son los conceptos
filosóficos -causa, sustancia,...-. Ahora la mente no atiende a lo lejano e
inalcanzable como es Dios, sino que se acerca a las cosas, a la Naturaleza.
Es un estado crítico y de transición.
Estado positivo: Denominado también real. Es el estado definitivo y más
perfecto del conocimiento. El hombre se atiene a las cosas; se limita a los
hechos y sus leyes, en definitiva, a los datos. El hombre renuncia a conocer
más allá de lo empírico. Se trata de la madurez de la Humanidad.
169
216.
Sociología (Comte): Comte es el padre de la moderna
sociología. Para el pensador francés nuestras ideas no dependen sólo de
nosotros mismos, sino de nuestro entorno social -nuestra organización
social y nuestra historia-. La ley de los tres estados rige también en la
historia de la Humanidad. La plenitud de la Humanidad llegará cuando se
imponga el espíritu positivo.
Comte llegará a imaginar una religión positiva sin Dios en la que se rinde
culto a la “Humanidad”.
217.
Las ciencias (Comte): Para Comte el estado positivo ha de
conducir en primer lugar a una unidad intelectual, para acabar por producir
una unidad social. La unidad intelectual parte de la unidad de la ciencia:
todas las ciencias son “como ramas de un tronco común”. En la base de
las ciencias están las matemáticas y la astronomía, después la física y la
química, y en la cúspide la biología y la sociología. Las ciencias más
básicas están subordinadas a las superiores. Esta jerarquía, además,
coincide con el orden de aparición de las ciencias, lo primero las básicas,
para culminar en la biología y sociología.
La finalidad de las ciencias es el dominio de la Naturaleza.
218.
Utilitarismo: Es la corriente positivista de origen británico.
Aborda sobre todo temas éticos y de lógica. Para los utilitaristas el hombre
tiene como meta el placer, por tanto lo bueno es lo útil, aquello que nos
proporciona placer. No se trata de una ética del egoísmo, por contra busca
“la mayor felicidad del mayor número”. Otro de los principios del
utilitarismo se refiere al alcance de la libertad individual, esta sólo acaba
donde comienza la libertad del otro. Representantes destacados de esta
corriente son Jereremias Bentham (1748-1832) y John Stuart Mill (18061873).
219.
Pragmatismo: Es una forma de empirismo que considera la
experiencia como criterio de verdad; pero no la experiencia acumulada en
el pasado, tal y como creía el empirismo tradicional, sino la experiencia
futura, es decir, el resultado. No conoce por los principios, sino por las
consecuencias. En cierta medida es una forma de relativismo, pues se
170
opone al carácter necesario y determinista de
las leyes naturales, sólo podemos hablar en
términos de probabilidad (por ejemplo: “es
posible que los cuerpos se atraigan”). El
pragmatismo no busca “la verdad absoluta”,
pues es algo lejano al hombre, sino que
pretende encontrar lo que es útil para el
hombre, lo que es práctico. Se trata de la
primera doctrina filosófica en la que
participan de forma relevante pensadores
norteamericanos, si bien también se
enmarcaron en esta línea intelectuales
europeos. Los principales representantes de
esta corriente son Peirce (1839-1914), James
(1842-1910) y Dewey (1859-1952).
El pragmatismo de Peirce
no busca la verdad, sino lo
que es útil al hombre.
171
CAPÍTULO 32: EL VITALISMO
VITALISMO: Es la corriente filosófica que nace a mediados
del siglo XIX como respuesta al positivismo y al
hegelianismo imperantes, a los que critica por su exaltación
de los aspectos racionales del hombre. Los vitalistas
defienden el irracionalismo y la vida como realidad radical
o fundamental del ser humano. La vida no se puede reducir
a puro mecanismo o conjunto de fuerzas físico-químicas,
sino que en ella intervienen elementos ajenos a la razón,
tales como los afectos, las pasiones o los instintos. Algunos
destacados vitalistas son Kierkegaard, Nietzsche,
Schopenhauer o Bergson.
220.
Irracionalismo: Niega la primacía de la razón en la naturaleza y
en la actividad humanas. Dentro de esta tendencia se engloban posturas
doctrinales de muy diversa índole, coincidentes en exaltar los aspectos
irracionales del hombre. Por ejemplo, la inspiración poética, el éxtasis
místico, la visión profética, el instinto, el subconsciente, emociones,
sentimientos, pasiones, etc. Es decir, aquellas formas de conocer y actuar
que no se justifican por la nítida estructura del discurso racional.
El irracionalismo sostiene que la realidad no sigue una estructura racional,
sino que es irracional, no sujeta a esquemas rígidos. Por tanto, pretender
captar la realidad con la razón es imposible, se escapa a su capacidad.
172
221.
Schopenhauer: (1788-1860) Enemigo declarado de Hegel, su
filosofía está impregnada del pensamiento de Platón, Kant, los idealistas
postkantianos, el pensamiento indio
y el budismo. Su filosofía está
expresada con brillantez, aunque su
contenido carece de rigor.
Schopenhauer cree que el mundo
que percibimos es pura apariencia o
engaño -él lo identifica con el
fenómeno-. Las formas de este
mundo son el espacio, el tiempo y
la causalidad, que ordenan y
elaboran las sensaciones (esta idea
tiene clara influencia kantiana).
Pero hay algo en el mundo que no
percibimos como fenómeno, sino
que nos es más evidente e
inmediato: el yo.
Schopenhauer afirma que el
Para Schopenhauer ese yo, ese
hombre se muestra como
descubrimiento de sí mismo que
“voluntad de vivir”, pero el
realiza el hombre, se nos muestra
único modo de evitar el dolor es
como “voluntad de vivir”. Cada
superar esa voluntad de vivir.
cosa en el mundo se manifiesta
como voluntad de ser. La realidad
es, por tanto, voluntad. Pero como querer supone insatisfacción (querer es
desear lo que no se tiene), la voluntad implica dolor. El placer es pasajero y
supone un cese transitorio del dolor. La propia vida es dolor, y por ello
supone un mal en sí mismo. La ética deriva de esta idea, y su principio
fundamental es la compasión y la tendencia a aliviar el dolor de los demás.
Sin embargo, el único modo de evitar realmente el dolor es la superación
de la voluntad de vivir, si se logra alcanzamos el nirvana, la supresión de
mí mismo, de cualquier aspiración o inclinación dentro de mí.
Por otro lado la bondad o maldad de cada hombre está determinada
desde su nacimiento y es inalterable.
173
222.
Kierkegaard: (1813-1855) Pensador danés de notable
influencia en la filosofía. Opuesto al idealismo alemán, vivió atormentado
por sus problemas religiosos y filosóficos.
Sören Kierkegaard se apoya en el cristianismo para comprender al hombre.
El protagonista de su pensamiento es el individuo concreto frente al
planteamiento hegeliano del espíritu universal. Lo único real es el
individuo singular, lo que se contrapone a concepciones como el Absoluto
de los idealistas, o la masa o pueblo soporte de los movimientos
revolucionarios y democráticos del siglo XIX.
Contrariamente al idealismo que considera al hombre actual como una
consecuencia inevitable de
la historia, Kierkegaard
proclama el libre albedrío.
Nos somos consecuencia
de la historia, sino causa
de nuestros actos libres. El
proceso histórico no está
determinado lógicamente
sino que se realiza a golpe
de decisión, mediante un
salto arriesgado. Cada
decisión supone un salto,
lo cual conlleva angustia.
Kierkegaard distingue tres
estados del hombre en
función de su actitud vital.
En función de en qué
estado nos encontremos
viviremos con mayor o
menor autenticidad:
El primer estadio es el
estético. En él el hombre
observa el mundo sin
comprometerse con nada.
Se limita a vivir el
momento. El Don Juan de
Mozart es el paradigma
Kierkegaard pone en primer plano
al individuo concreto, frente al
idealismo alemán que hablaba del
Absoluto y frente al positivismo que
se ciñe al dato empírico.
Es considerado el padre del
Existencialismo.
174
del hombre estético.
El segundo estadio es el ético. Aquí el hombre se compromete con lo
temporal (como padre, amigo, trabajador...). Es un estadio superior al
estético pero todavía inmerso en lo temporal. Sería el equivalente a la
visión colectiva de Hegel. Kierkegaard ve insuficiente la auto
contemplación como parte de un todo. Para vivir con plenitud la
autenticidad hay que pasar el siguiente estadio, el religioso.
El tercer estadio, el religioso, no supone paz y descanso, por contra
despierta en nosotros la angustia de existir. Kierkegaard criticó a la Iglesia
oficial danesa por adormecer a los hombres, por ofrecer una religión
sedante. En el estadio religioso el hombre se da cuenta de que su relación
con Dios no es transparente. Dios es eterno, a diferencia de nuestro mundo
que es temporal. Dios es lo absolutamente Otro, lo trascendente, por eso es
lo absolutamente paradójico. La relación con Dios se mueve en el terreno
del absurdo, por eso el Cristianismo es absurdo y no aprehensible
racionalmente. Se trata de un salto a lo desconocido, por eso lo único que
da sentido a nuestra existencia es la fe en Dios, fiarnos pese a los absurdos.
Ante Dios no hay mediadores sino el riesgo del salto.
Para Kierkegaard la existencia y el movimiento no pueden pensarse pues
de pensarse quedan inmovilizados, encorsetados en unos esquemas y, por
tanto, abolidos.
223.
Bergson: (1859-1941) Nacido en París en el seno de una familia
judía de origen polaco, enseña filosofía en distintos centros para acabar
como profesor en la más importante institución francesa, el Collège de
France. En 1928 obtuvo el Premio Novel de Literatura.
Para Bergson espacio y tiempo no son dos realidades paralelas y
comparables, sino que se trata de dos dimensiones de la realidad
totalmente distintas. El espacio es un conjunto de puntos en los que puede
pasarse de uno a otro cualquiera. Por el contrario el tiempo es irreversible y
cada instante es único, supone una auténtica creación irrepetible. El
espacio es medible. El tiempo, sin embargo, fluye, por tanto su
representación en magnitudes cuantificables (segundos, años...) no recoge
su realidad. El espacio se puede captar por la inteligencia y el tiempo por la
intuición.
175
La inteligencia opera con conceptos,
con ideas estáticas sobre las cosas, es
la que capta el espacio. La inteligencia
es el modo de conocer de la ciencia y
tiende a la especialización. La ciencia
busca medir, bien comparando
magnitudes espaciales (“esta recta
mide cinco metros, es decir, cinco
veces un metro”), o bien reduciendo
otras magnitudes a magnitudes
espaciales (la temperatura medida en la
columna de mercurio del termómetro,
el tiempo medido por los intervalos
del reloj, etc.).
El pensamiento intelectual busca
facilitar el manejo de las cosas, tiene
un sentido práctico, y para ello se
apoya en la lógica, la observación y
los conceptos. Busca las semejanzas
de las cosas, generaliza y tiende por
ello a simplificar la realidad. La
inteligencia se desenvuelve en el
mundo de lo inerte, de lo invariable,
de lo material.
Bergson considera que la
inteligencia, que es útil para
captar las cosas
cuantificables, sirve sólo
para la ciencia pero no para
comprender la realidad
viviente. La intuición, por el
contrario, sí es capaz de
comprender lo que tiene
relación con la vida.
Por su parte la intuición capta la
realidad viviente, el tiempo que fluye, el movimiento. La inteligencia
descompone o disecciona el movimiento como en fotogramas de una
película haciéndolo estático y matándolo; la intuición, por el contrario,
reconoce su realidad. La inteligencia capta la materia y es la base de la
ciencia, la intuición por su parte contempla el cambio y sirve de base para
la vida. El propio instinto no es sino la adaptación no conceptual (no
encorsetada en conceptos) del animal a los problemas vitales.
Ciencia y filosofía han operado tradicionalmente con conceptos propios de
la inteligencia, por eso han dejado escapar la realidad de la vida y del
tiempo real. No se han desarrollado suficientemente los instrumentos
capaces de captar estas realidades.
El “elan vital” es el “impulso vital” que se despliega para desarrollar la
176
vida. La vida no está predeterminada, sino que se va haciendo de modo
creador. Por otra parte la vida no obedece a fin alguno, no conduce a un
todo armónico, sino a la dispersión.
224.
Blondel: (1861-1949) Tras Bergson se le puede considerar
como el pensador más importante de Francia en el siglo XX. Su
pensamiento se ha definido como católico y pragmático (en el sentido
de praxis, práctico). Para Maurice Blondel el hombre se encuentra en el
mundo sin saber quién es y sin haber elegido vivir, y sin embargo
continuamente tiene que actuar, elegir una alternativa entre las que se le
presentan y renunciar, por tanto, a las no seleccionadas. La acción no
tolera aplazamiento, hay que elegir continuamente, por eso no puedo
exigir tener una evidencia total de la verdad pues mi inteligencia es
finita y la práctica no admite retrasos. Es por eso que toda evidencia es
parcial. Mis decisiones suelen llegar más allá de lo establecido por mis
pensamientos, y mis actos más lejos que mi intención. Los entes son
básicamente lo que “hacen”. Hay que elaborar una ciencia de la acción
que dé solución al problema general de la existencia.
177
CAPÍTULO 33: NIETZSCHE
NIETZSCHE LEVANTA EL ACTA DE DEFUNCIÓN DE DIOS:
Nietzsche afirma que la modernidad ha matado a Dios.
Considera que el mundo ha vivido sumido en un engaño
por creer que Dios existía y que los valores a Él vinculados
eran los correctos. Para Nietzsche, por contra, los valores
ciertos son los que exaltan las pasiones y la fuerza bruta. Lo
que mueve el mundo es el ansia de poder, de dominar.
225.
Nietzsche: (1844-1900) Este pensador prusiano merece un
capítulo aparte aunque se encuadre radicalmente dentro del vitalismo (o
más bien como su forma más extrema). La singularidad de su pensamiento
requiere una atención especial.
Estudió filología clásica y fue catedrático de dicha disciplina en Basilea.
Entabló amistad con Schopenhauer y con Wagner, por quien sentía gran
admiración musical, aunque más tarde quedaría quebrada dicha amistad.
Una enfermedad cerebral degenerativa le obligó a abandonar en 1879 su
cátedra, para acabar tiempo más tarde en una clínica psiquiátrica. Su madre
y su hermana se hacen cargo de él hasta que muere enajenado en 1900.
226.
Cambio de valores (Nietzsche): Para Nietzsche toda
civilización tiene una tabla de valores, o lo que es lo mismo, una jerarquía
de valores que rige a esa sociedad. Piensa que el hombre moderno ha
puesto en la cúspide de esa tabla una serie de valores equivocados que
provocan su crisis; por ejemplo, la verdad y el bien. Los actuales valores
178
imperan porque los hombres reverencian entidades inexistentes, tales como
Dios, la Verdad, el Imperativo Categórico, etc. y han convertido al hombre
no en bueno, sino en hipócrita. Por tanto, es necesario cambiar la tabla de
valores y poner como principio fundamental la voluntad de poder.
227.
Voluntad
de
poder
(Nietzsche): Si observamos bien
nuestro entorno comprobamos que lo
que en realidad nos mueve es un deseo
de poder, de predominio. Todos
nuestros actos, en el fondo, están
gobernados por nuestros instintos. Esa
voluntad de poder no es sino la
manifestación de una realidad más
profunda: la vida. El propio
conocimiento no es voluntad de saber,
sino de poder, de dominar la realidad.
El universo mismo se mueve por
voluntad de poder, un conjunto de
energías que luchan por prevalecer y
por ello producen el cambio. Lo bueno
es lo que favorece la vida y le hace
ganar en intensidad, lo malo es lo que
la anula.
Se trata de una inversión del
planteamiento de Schopenhauer, para
quien el hombre se liberaba anulando
la voluntad de vivir.
228.
Nietzsche da la vuelta a los
valores vigentes. Para él lo
positivo es todo lo que supone
lucha y lo valioso es aquello
que ensalza el poder.
Moral de señores y de esclavos (Nietzsche): Nietzsche dice
que existen dos tipos de moral: la de los señores, que es la que él propone,
y la de los esclavos.
El señor es fuerte y poderoso, sabe dominar, desprecia la piedad, la
debilidad y la mentira. Estima la audacia y la astucia. Y, sobre todo, ama la
vida, la vida de este mundo única vida existente.
179
El esclavo es quien obedece a la compasión, el desinterés, la castidad, el
ascetismo y sobre todo el pesimismo ante esta vida buscando refugio en
el más allá. Nietzsche ataca al judaísmo y al cristianismo por estar
sometidos a la moral de los esclavos. En el campo político la moral de
los esclavos se manifiesta en la democracia en la que se equipara a los
hombres superiores con los mediocres.
229.
Dios ha muerto (Nietzsche): “El acontecimiento más
importante de la época actual es que Dios ha muerto”. El concepto de
Dios es hostil a la vida. El hombre debe centrar sus esfuerzos en este
mundo, único existente. La fe es un signo de debilidad y cobardía. La
democracia y el socialismo no son sino fórmulas secularizadas del
cristianismo que en el fondo recogen sus mismos valores.
El peligro de un hombre sin Dios es caer en el nihilismo, es decir, en ver la
vida desprovista de sentido, abocada a la nada. Ese nihilismo es una etapa
inevitable, pero abre la puerta a un nuevo horizonte en el que imperarán los
valores de la vida. No se trata de sustituir a Dios, sino de aprovechar su
muerte para restituir los valores de las pasiones y los instintos.
La muerte de Dios la han provocado la ilustración y la filosofía alemana,
sin embargo el hombre continúa alienado con nuevos ídolos como son el
Estado, la ciencia o el utilitarismo (el consumo).
230.
Superhombre (Nietzsche): El hombre europeo, decadente y
enfermo, se puede rehabilitar si aspira a ser un superhombre, es decir, un
hombre que renuncie a la actual tabla de valores y vuelva a aceptar la
moral de los señores.
Para llegar a superhombre el hombre europeo ha de pasar por tres fases:
“el camello se transforma en león y el león en niño”. El camello es el
hombre actual sometido al peso de la moral de los esclavos; el león es el
símbolo revolucionario, que se revela contra la moral de los esclavos. Por
último, rotas las cadenas, el león se transforma en niño para volver a
recuperar desde la inocencia la moral de los señores.
180
231.
El eterno retorno (Nietzsche): Nuestro mundo está constituido
por un número finito de elementos. La posibilidad de combinaciones de
dichos elementos es finita, y como el tiempo que queda es infinito los
hechos se repetirán cíclicamente. Se trata de explicar el mundo desde el
propio mundo y garantizar en alguna forma la inmortalidad personal: si
todo se repite yo he de surgir de nuevo en algún momento.
181
CAPÍTULO 34: LA RENOVACIÓN CIENTÍFICA
CAMBIO DE LA IMAGEN DEL MUNDO: A lo largo del
Renacimiento, los nuevos descubrimientos científicos
habían cambiado la imagen del mundo mantenida durante
siglos. En la segunda mitad del siglo XIX y durante el XX
nuevos avances en el campo de las ciencias van a renovar,
una vez más, la concepción humana sobre el mundo.
232.
Darwin: (1809-1882) Es considerado el padre del
“evolucionismo”. El biólogo Charles Darwin descubre que el mundo
viviente (plantas, animales y hombres) no ha sido siempre igual, sino que
obedece a una evolución. Las especies menos aptas o peor adaptadas
desaparecen, para perpetuarse tan sólo las más fuertes.
La influencia del evolucionismo va a ser determinante en el pensamiento
posterior. Igual que Copérnico quitó del centro del universo a la tierra para
convertirla en un planeta más, Darwin aparta al hombre de su situación
privilegiada al situarlo como un eslabón más en la cadena evolutiva. El
hombre no es obra directa e instantánea de Dios, sino que desciende de
otros animales.
Por otra parte, para Darwin, la evolución no manifiesta una intención -la de
la aparición del hombre y el perfeccionamiento del mundo-, sino que
obedece a simples mecanismos sin contenido alguno, en los que unas
especies son sustituidas sin más por otras en función de su grado de
adaptación.
182
El evolucionismo influirá en corrientes filosóficas de muy distintos signo,
desde el materialismo de Marx -la historia es una lucha de clases en la que
sobreviven las mejor adaptadas a las nuevas circunstancias- , hasta el
vitalismo de Nietzsche -los verdaderos valores se relacionan con la vida.
Sólo los más fuertes merecen vivir-; entre otros.
233.
Freud: (1856-1939) Psiquiatra y neurólogo austriaco que
estudió, entre otras cosas, la histeria y la sexualidad infantil. Para Sigmund
Freud existe una tensión entre los instintos humanos y las exigencias de la
sociedad en que vivimos. Los instintos son determinantes en nuestro
comportamiento y entre ellos tienen un peso específico los relacionados
con la sexualidad. Esos instintos tienden a ser ahogados por las
convenciones sociales, lo que nos obliga a reprimirlos y nos produce
distintos trastornos, entre otros el sentimiento de culpabilidad. La
consciencia no es sino la superficie de nuestra conciencia, pues la parte
más importante queda encerrada en el subconsciente.
Freud tuvo notable influencia en el naturalismo –si nuestros instintos
marcan nuestro comportamiento significa que todo está determinado por la
naturaleza-. Se reduce o desaparece la libertad humana.
234.
La ruptura física: El físico alemán de origen judío Albert
Einstein (1879-1955) va a cambiar la concepción física del mundo que
había prevalecido desde Newton. Albert Einstein es el padre de la llamada
“Teoría de la relatividad restringida” de la cual se deduce, entre otras
cosas, que el tiempo y el espacio no son variables independientes. La
posición del observador de un fenómeno es determinante para la
apreciación que se tenga del mismo y la velocidad de la luz tiene un valor
objetivo y constante.
Las teorías de Albert Einstein, útiles para la física a gran escala, no van a
servir para la física a escala atómica. Esa microfísica se va a regir por las
leyes de la física cuántica descubierta por Max Planck (1858-1947) y
desarrolladas, entre otros, por Heisenberg (1901-1976). Esa
incompatibilidad implica que es necesaria una nueva explicación que
justifique los fenómenos físicos de forma unificada de la cual carecemos.
183
Pero lo más inquietante para el pensamiento es que hasta que surgen estas
novedades físicas se había creído que las teorías de Newton eran correctas
y que la ciencia era el ideal de conocimiento cierto. De no ser así los
hombres ya no podían tener certezas absolutas ni tan siquiera en el campo
de las ciencias, ya que estas deben estar abiertas a una permanente
revisión.
Paradigma de la nueva visión de la realidad que nace con estos cambios es Karl Popper (19021994) para quien no podemos estar seguros de la veracidad de una teoría científica pero sí podremos
probar su invalidez. La crítica es el instrumento del progreso ya que desecha los planteamientos erróneos
aunque nunca asegure los correctos. Igual sucede a las sociedades que han de ser abiertas para corregir
continuamente sus insuficiencias. Popper atacará cualquier tipo de modelo idealista de la sociedad como
el marxismo, por considerar que su rigidez le impide perfeccionarse.
184
CAPÍTULO 35: EL PENSAMIENTO PERSONALISTA.
BRENTANO
PENSAMIENTO PERSONALISTA: A lo largo del siglo XIX hay
una serie de pensadores católicos que hacen aportaciones
novedosas al pensamiento filosófico. Arrancando de la
tradición filosófica contribuirán a abrir nuevos caminos
desarrollados posteriormente por los más notables
intelectuales del siglo siguiente.
Maine de Biran partirá del sensualismo para derivar
finalmente en un pensamiento espiritualista –frente al
cientifismo positivista reafirma la libertad, el orden natural
y los valores religiosos-. Bolzano (1781-1848) desarrollará el
pensamiento lógico y matemático y su influencia será
grande en el pensamiento de Husserl. Antonio RosminiSerbati (1796-1855) y Vicenzo Gioberti (1801-1852) abrirán
las puertas al “ontologismo” al afirmar que en la creación
vemos directamente a Dios y no sólo su obra. El padre
Gratry definirá la capacidad humana para conocer a Dios.
Por último Brentano renovará el pensamiento heredado de
Aristóteles, contribuyendo al nacimiento de la
“fenomenología”.
235.
Maine de Biran: (1766-1824) Se puede decir que es en cierta
medida precursor de las teorías de la vida. Para Maine de Biran la
185
existencia de una conciencia exige que existan dos elementos, quien
conoce –“yo”- y el objeto conocido. No nos encontramos aislados en
nosotros mismos, sino relacionándonos con lo que conocemos, esto supone
un “esfuerzo”, un actuar con las cosas que no son “yo”. Por tanto, el
hombre no es una cosa, sino una antítesis o algo que se enfrenta al
universo. La vida supone una tensión entre yo y el mundo. Por eso el
hombre tiene que actuar decidiendo frente a las cosas, lo que significa que
es libre y tiene una vida personal.
236.
Gratry: (1805-1872) Sacerdote francés fundador de la
Congregación del Oratorio de la Inmaculada Concepción; fue profesor de
Teología moral en la Sorbona.
Para el padre Gratry, igual que para conocer las cosas el hombre tiene que
estar en contacto con ellas, para conocer a Dios precisa tener alguna
capacidad que lo acerque a Él. El hombre tiene tres facultades, una
primaria –los sentidos- y otras dos derivadas –la inteligencia y la voluntad. Los sentidos pueden ser:
-externo: nos hace sentir nuestro cuerpo y el mundo que nos
rodea,
-íntimo: nos hace sentirnos a nosotros mismos (nuestra intimidad)
y a nuestros semejantes,
-divino: nos ayuda a encontrar a Dios en el fondo de nuestro ser, pues
estamos hechos a su imagen. El hombre hunde sus raíces en Dios, ya que
depende de Él.
El ateo está privado del sentido divino, bien por haber caído en la
sensualidad (pone en el centro a las cosas), o bien por caer en la soberbia
(se pone en el centro a sí mismo), esto hace perder al hombre sus raíces y
deja al alma sin sustancia, la vacía.
Las cosas nos inducen a elevarnos a Dios, pero no debemos quedarnos en
las cosas pues Dios no está en ellas.
237.
Brentano: (1838-1917) Sacerdote católico, abandonó su labor
docente como catedrático en Viena al separarse de la Iglesia. Franz
Brentano toma como modelo las ciencias de la naturaleza. Si bien la mayor
186
parte de su obra no fue publicada en vida, su influencia ha sido
determinante en el pensamiento posterior.
238.
Intencionalidad (Brentano): Para Brentano, pensar, amar o
sentir es manifestar estas actitudes con respecto a algo. Se piensa o se ama
algo o a alguien, no son acciones realizadas en el vacío. Por tanto, todo
acto psíquico se orienta necesariamente hacia un objeto – real o irreal -. Al
hecho de referirse el pensamiento a algo distinto de sí mismo llama
Brentano “intencionalidad”.
Cuando digo “estoy viendo un castillo” no sólo certifico mi capacidad para
ver, sino la realidad de algo distinto de mí, en este caso “el castillo” que
veo. Igualmente, si pienso un centauro mi pensamiento no obra en vacío,
sino que piensa algo, “un centauro”. Proyectarse más allá de uno mismo
es, por tanto, la “intencionalidad”.
239.
Método (Brentano): Los empiristas observaban muchos casos
particulares para extraer lo común a todos ellos y concluir en una
afirmación de carácter general. Brentano, sin embargo, se centra en un solo
caso buscando en él lo esencial, aquello que le es propio, que le hace ser lo
que es.
240.
Los fenómenos psíquicos (Brentano): Brentano los clasifica
según su intencionalidad, es decir, según la forma de relacionarse la
conciencia con la cosa. Los fenómenos psíquicos son de tres tipos:
-Representación: Es todo aquello que se hace presente a la conciencia (una
idea, un pensamiento, una imagen).
-Juicio: Es admitir o rechazar algo como verdadero.
-Emoción: Es apreciar o estimar algo.
241.
Percepción (Brentano): La percepción puede ser interna –
conocemos de forma inmediata y evidente los fenómenos psíquicos- y
externa –conocemos los fenómenos físicos-. La percepción interna, por su
187
evidencia, es el mayor criterio de certeza, mientras que la externa puede
conducirnos a error al estar sujeta a la intermediación de los sentidos.
242.
Ética (Brentano): Las acciones son buenas o malas al margen
de mi opinión, por lo tanto existe una ética objetiva orientada a amar lo
bueno y aborrecer lo malo. Amor justo será aquel que esté justificado, que
ame lo bueno. Existen una serie de juicios basados en la fe, la costumbre y
la autoridad, los cuales no nos dan una certidumbre total. Por otro lado
existen unos juicios evidentes que se nos presentan como indubitables y
ciertos, estos sí nos ayudan a distinguir la verdad de la mentira.
243.
Necesidad de Dios (Brentano): Todo lo que conocemos es
contingente, o lo que es lo mismo, ninguna cosa es necesaria. Por tanto,
debe existir un ser que sea necesario y que explique la existencia de todas
las cosas.
188
CAPÍTULO 36: DILTHEY Y EL HISTORICISMO
HISTORICISMO: Dentro del concepto de historicismo se
engloban diversas corrientes que ponen de relieve la
importancia de la historia para entender al hombre. Aquí
nos referimos a la encabezada por Dilthey, para quien es
un error aplicar los métodos de la ciencia experimental a la
realidad humana, en la cual es determinante el hecho de la
libertad. Para conocer al hombre hemos de enmarcarlo
dentro de la historia y debemos tratar de comprender
porqué los hombres han actuado como lo han hecho en las
distintas épocas.
244.
Dilthey: (1833-1911) Profesor en diversas universidades y
catedrático en la de Berlín, su labor se centró en el estudio de la historia –
especialmente de la historia de la literatura - y de las ciencias del espíritu.
Su pensamiento se enmarca dentro de las filosofías de la vida.
245.
Las ciencias del espíritu (Dilthey): Las ciencias de la
Naturaleza se refieren a las realidades que operan al margen de la voluntad
humana (las leyes físicas o químicas actuarán siempre nos guste o no), por
el contrario las ciencias del espíritu se ocupan de aquellas cuestiones en las
que la libertad humana entra en juego (historia, derecho, arte, política,
etc.). Wilhelm Dilthey afirma que el fundamento y método de las ciencias
de la Naturaleza ha sido establecido suficientemente desde Bacon, ahora es
189
necesario buscar un fundamento y un método apropiado para las “ciencias
del espíritu”.
246.
La realidad biográfica del hombre (Dilthey): La sociedad está
formada por individuos, y para comprender la realidad de dichos
individuos se ha de aplicar el método biográfico, esto es, el estudio de sus
vidas personales. Cuando consultamos en una enciclopedia un concepto –
por ejemplo, “triángulo”- nos aparece una definición –“figura formada por
tres rectas que se cortan mutuamente”-; si buscamos un objeto –“mesa”se expone su descripción –“mueble compuesto por una tabla lisa sostenida
por una o varias patas”-; pero si nuestra consulta se refiere a una persona
– “Napoleón” - lo que aparece es una biografía –“nacido en Córcega en
1769, siendo oficial de caballería mostró su capacidad militar en el sitio
de Tolón. En 1796 casa con Josefina de Beauharnais y es nombrado
comandante en jefe...”- Por tanto, para comprender la vida humana no
sirven los instrumentos de las ciencias de la Naturaleza que se limitan a
“explicar” las cosas, sino otros distintos que “comprendan” la realidad
biográfica del hombre como son la vivencia, la expresión y la
comprensión.
247.
Vivencia, expresión y comprensión (Dilthey): Son los
instrumentos empleados por las ciencias del espíritu. Vivencia es la
experiencia personal que tenemos de la realidad; va más allá del mero
concepto intelectual objetivo y universal. La expresión es la comunicación
de esa vivencia por el lenguaje (hablado, gestual, artístico, etc.). La
comprensión es una forma de simpatía o aproximación a un hecho
histórico realizada en el interior de uno mismo, o dicho de otro modo, es
tratar de entender al otro a partir de nuestra propia experiencia personal.
248.
Tipos (Dilthey): Son formas semejantes de expresar las
vivencias, o lo que es lo mismo, los distintos modos de interpretar el
mundo. Dilthey distingue tres tipos:
-Naturalismo: Da una explicación causal de la realidad. El mundo actúa
mecánicamente (Demócrito, Hobbes...). Es una visión materialista.
190
-Idealismo de la libertad: Explica el mundo a partir de la libertad humana
y de Dios (Sócrates, Platón,
Aristóteles, Santo Tomás, Fichte...)
-Idealismo objetivo: Es la idea del mundo como un todo único. (Spinoza,
Hegel...). Se trata de una visión panteísta.
249.
La realidad histórica (Dilthey): Vivimos en la historia, por
tanto no en un estado definitivo, sino en continuo cambio. Para
comprender nuestra realidad personal tenemos que realizar la
“autognosis” o autoconocimiento, de ahí podremos pasar a la
“hermeneútica” o conocimiento de la vida ajena, de la historia. La
filosofía de la vida tiene dos fundamentos: uno psicológico (autognosis)
por el que me conozco a mí mismo, y otro histórico (hermeneútica) por el
que conozco la vida común, el conocimiento filosófico de la vida no se
realiza por la explicación causal como hacen las ciencias de la Naturaleza,
sino por la “comprensión”.
250.
La filosofía (Dilthey): Según Dilthey ha de buscar sólo
comprender y analizar la realidad, no se trata de crear nada nuevo como
afirmaban los idealistas alemanes, sino de atenerse a las cosas, tal y como
decían los positivistas. Aunque los sistemas absolutos que pretenden
explicar toda la realidad son imposibles, todo hombre tiende a dar una
interpretación global del mundo, interpretación que no tiene un
fundamento intelectual sino que se explica por la propia vida personal.
251.
Simmel: (1858-1918) Profesor en las universidades de
Estrasburgo y Berlín, centró su actividad intelectual en la sociología y la
historia. Se le puede enmarcar dentro del historicismo.
El hombre se encuentra limitado por todas partes; si bien los límites
particulares pueden ser rebasados, no así la condición de limitado.
Nuestras acciones son semejantes a las de un jugador de ajedrez que sabe
con probabilidad las consecuencias de su jugada, pero el juego no sería
posible si esta previsión se extendiera indefinidamente. Cada acto humano
supone superar unos límites y toparse con otros nuevos.
Existe un tiempo vital. El presente no es tiempo, no supone un trayecto, es
191
como el punto que no es espacio. Pasado y futuro sí son tiempo, sí tienen
un recorrido. Pero la realidad sólo se da en el presente pues el pasado ya no
es y el futuro todavía no ha sido; por tanto la realidad es intemporal. Sin
embargo, al vivir nuestra subjetividad siente como real la extensión
temporal.
La vida está orientada al futuro, trasciende el presente. Pasado y futuro no
son meras entelequias sino que forman parte real de la vida. El pasado
penetra el presente, y el presente se proyecta y dilata en el futuro. Existe,
por tanto, una continuidad vital.
En la vida se da una aparente contradicción. Por una parte sólo los
individuos poseen vida, lo que supone que está limitada a ellos; pero por
otro lado posee una tendencia expansiva de ir más allá de sus propios
límites. La vida es “más vida”, en el sentido de que arrastra hacia sí las
cosas para convertirlas en su vida, las vivifica. Un vaso de agua no será un
mero fluido contenido en un recipiente, sino que será un estímulo para
apagar mi sed, o será un modelo para un cuadro, o cualquier otra cosa pero
que para mí tendrá un contenido, un significado, un sentido en mi vida.
La vida es “más que vida”, pues va más allá de sí misma en una actitud
creadora. No posee un contenido constante, sino que trasciende sus propias
coordenadas.
192
CAPÍTULO 38: HUSSERL Y LA FENOMENOLOGÍA
LA VUELTA AL “SER”: Los griegos buscaban el ser de las
cosas, aquello que permanecía por debajo de los cambios.
Recordemos que Kant afirma que no podemos conocer las
cosas mismas pues para captarlas les añadimos el espacio,
el tiempo y las categorías. La fenomenología va a tratar de
volver al ser. No le va a importar tanto que las cosas sean
reales o no como que lo sean para mí. Con el fin de
descubrir el ser de las cosas, de contemplarlas tal cual son,
los fenomenólogos las dejarán desprovistas del espacio y
el tiempo.
252.
Husserl: (1859-1938) Nació en Moravia, por aquel entonces
parte del Imperio Austrohúngaro. De familia judía acabará por convertirse
al luteranismo. Fue discípulo de Brentano y maestro de Heidegger, quien
le sucederá en su cátedra de Friburgo. Enseñó en las Universidades de
Gotinga y Friburgo. El archivo de sus escritos, más de 45.000 páginas, fue
llevado a Lovaina, lo que probablemente lo salvó de su destrucción por los
nazis.
253.
Oposición al psicologismo (Husserl): A principios del siglo
XX el pensamiento filosófico se halla inmerso en una grave crisis. La
filosofía no se funda en el rigor intelectual, sino que se basa en la intuición
o en la vivencia. Impera el psicologismo que afirma que los principios
lógicos (por ejemplo, si A=B y B=C implica que A=C) son fruto de la
193
actividad psicológica de la mente,
esto es, subjetivos, lo cual
desemboca en un relativismo.
Edmund Husserl se rebela contra
estos planteamientos y defiende la
validez objetiva de la lógica. La
lógica habla de conceptos, juicios,
ideas... desde un punto de vista
ideal, no se trata de nada
psicológico inventado por la mente.
Por ejemplo, “el principio de contradicción” según
el cual no es posible que A sea A y no sea A a la
vez (una cosa no puede ser igual y distinta de sí
misma a un tiempo). Para los psicologistas lo que
significa es que el hombre no puede pensar que A
es A y no-A. Husserl dice que el principio de
contradicción no se refiere a la posibilidad del
pensar, sino a la verdad de lo pensado, al
comportamiento de las cosas. Por ello este
principio, al igual que los demás principios
lógicos, tiene validez objetiva.
Husserl es el padre de la
fenomenología. La
fenomenología busca descubrir
la esencia de las cosas.
Husserl criticará al positivismo por
poner como modelo único a las
leyes de la Naturaleza; y al
historicismo de Dilthey por reducir todo a creación histórica.
254.
Evidencia (Husserl): Husserl retoma el principio de Descartes
de emplear la evidencia como criterio de verdad. La evidencia es la
intuición clara de poseer en la conciencia las cosas tal y como son. La
conciencia no es algo cerrado al exterior como en Descartes, sino que es
conciencia “de algo”. Cuando tengo conciencia de una montaña (se me
hace presente al pensarla o verla), la conciencia se está refiriendo a algo
diferente a ella misma, a la montaña que pienso o veo. Se trata del
concepto de intencionalidad de Brentano.
255.
Fenomenología (Husserl): Al igual que los positivistas, Husserl
busca ceñirse a lo dado, no interpretar la realidad o someterla a juicio,
194
simplemente atenerse a ella tal cual es. El método fenomenológico busca
del caso particular su esencia, aquello que lo define, elimina lo accesorio
para conservar la cosa misma en su pureza.
Fenómeno es lo que se manifiesta como evidente a la conciencia; todo
fenómeno revela una esencia, y la fenomenología “es la ciencia de las
esencias”.
Los objetos reales están sujetos al tiempo, son aquí y ahora, por el
contrario los objetos ideales son intemporales. Dos más dos son cuatro al
margen del tiempo -objeto ideal-, sin embargo, este libro está en mis
manos ahora –objeto real-. La fenomenología es pues la ciencia de los
objetos ideales (recordemos que la esencia era lo permanente, lo siempre
igual). Los objetos ideales son especies, no tienen el principio de
individuación que conlleva el aquí y ahora. En definitiva, los objetos
ideales son las esencias, y eso estudia la fenomenología.
256.
El lugar de los objetos ideales (Husserl): Hemos dicho que los
objetos ideales son intemporales, pero ¿dónde están? Para los idealistas
estaría en mi pensamiento, para Platón en un lugar inmaterial, para los
Escolásticos en la mente de Dios. Husserl, sin embargo, dice que los
objetos ideales no están en ningún sitio, simplemente tienen validez. Para
Husserl la verdad existe al margen de que haya alguien que la piense (bien
sea un hombre o Dios). Su discípulo Heidegger discrepará en este punto.
257.
La conciencia (Husserl): Si yo reparo en un anuncio, por una
parte está el hecho subjetivo de ver ese anuncio –nóesis-, y por otro el
anuncio mismo, la cosa vista –nóema-. Luego en toda vivencia existen dos
ingredientes: el acto por el que somos conscientes de algo –nóesis-, y ese
algo de lo que somos conscientes –nóemaLa conciencia de la que habla Husserl es la “conciencia pura” que no es
una cosa más en el mundo –“una cosa pensante” como creía Descartes-, ni
un yo subjetivo que está en el mundo y es movido por sus impulsos e
intereses particulares, tal y como estudia la psicología. Sino que se trata de
una conciencia de la que se han eliminado las condiciones individuales,
privándola de realidad y convertida en espectador desinteresado.
195
258.
La realidad como vivencia (Husserl): Brentano, con su
concepto de intencionalidad, había hecho un planteamiento de la vivencia
que Husserl seguirá pero introduciendo algunas modificaciones. Brentano
dirá que puesto que percibimos “algo” ese algo existe al margen de
nosotros. Husserl, por su parte, dirá que eso que percibo es algo que yo
experimento como existente, pero no garantiza que exista en la realidad, lo
único seguro es que yo creo en su existencia.
Veámoslo con un ejemplo: Si vemos un árbol Brentano dirá, “estoy viendo un árbol que existe porque
me es evidente”; Husserl por su parte afirmaría, “tengo la vivencia de un árbol, y entre los caracteres de
dicha vivencia está mi creencia en que ese árbol existe”.
La creencia es un carácter de la vivencia, una cualidad, no una garantía de
realidad.
259.
Método fenomenológico (Husserl): Husserl busca captar las
esencias al margen de cualquier juicio previo, para ello va a “poner entre
paréntesis” todo aquello que no sea evidente a la conciencia. En el fondo
es lo que hizo Descartes con su duda metódica; sólo que Descartes negaba
realidad a lo que no le era evidente, mientras que Husserl se limita a
mantenerlo al margen, no opina sobre ello.
El sistema fenomenológico se basa en lo que Husserl denominó “epoché
fenomenológica”, que no es otra cosa que suspender el juicio (no negar ni
afirmar nada) sobre aquello de lo que no tengamos certeza.
Para eliminar los juicios previos Husserl distingue tres fases sucesivas:
-Reducción filosófica: “Abstenernos por completo de juzgar acerca de las
doctrinas de toda filosofía anterior, y llevar nuestras descripciones dentro
del marco de esta abstención”. Se trata de quedarnos con “las cosas
mismas”, purificadas de toda teoría, tal y como había pretendido el
positivismo con su lema de volver a las cosas mismas.
-Reducción eidética (de “eidos”, esencia): Se trata de poner entre
paréntesis todo lo que de individual o existencial conocemos en la
experiencia o en nuestra imaginación. Al final nos quedamos con la
esencia del fenómeno, con lo permanente, no con lo particular o accidental
de cada cosa.
Por ejemplo, yo puedo ver un caballo blanco, pero ser blanco es un carácter individual. Si no fuera
blanco seguiría siendo un caballo, luego la blancura no le es esencial.
196
-Reducción trascendental o fenomenológica: Se pone entre paréntesis la
existencia del mundo y del sujeto empírico. Lo que queda es la
“conciencia pura”, las vivencias puras y sus fenómenos. La fenomenología
no quiere conocer los casos particulares de la experiencia de determinados
seres humanos, sino las leyes básicas esenciales de las vivencias. Cómo se
forma la propia conciencia o yo puro y su relación con el mundo.
260.
La teoría de los valores: Uno de los derivados de la
fenomenología fue la llamada teoría de los valores. No ve en las cosas
simplemente su utilidad, sino si son valiosas o no.
Si yo veo amable algo (digno de ser amado) es porque lo encuentro
valioso, dotado de valor. Estimamos lo valioso. Pero ¿qué son los valores?
Valorar no es otorgar valor, sino reconocer el que ya tiene. El valor es una
cualidad de la cosa, y no la cosa misma. Un amanecer o una obra de arte
son cosas hermosas, pero no son “la hermosura”, simplemente la poseen.
Las cosas valiosas se llaman bienes. Por tanto, bienes son las cosas que
poseen valores.
Max Scheler (1874-1928) considera que los valores siguen una jerarquía
manifestada en nuestro “preferir” unos sobre otros. La esencia del hombre
no está en su capacidad de pensar o en su voluntad, sino en su capacidad
de amar. El hombre conoce los valores y participa de ellos por el amor. La
persona es una unidad de diferentes actos –pensar, querer, sentir, amar-, es
singular e irreductible a cualquier otra realidad. Por el contrario, “el yo”
está determinado por sus funciones psico-físicas. Scheler comienza por ver
en Dios la más alta forma del amor, para acabar desembocando en un
panteísmo
Hartman (1882-1950) es más sistemático que Scheler. Trata de recuperar
la metafísica en su sentido más auténtico a partir de la fenomenología.
197
CAPÍTULO
38:
EXISTENCIALISMO
HEIDEGGER
Y
EL
EXISTENCIALISMO: Es el movimiento filosófico del siglo XX
que tiene como centro de su pensamiento el análisis de la
existencia humana. Arranca con la publicación de “Ser y
tiempo” por Heidegger en 1927. Si bien este autor trató de
enfrentarse al problema del ser desde la ontología, lo cierto
es que el existencialismo está muy emparentado con la
antropología (estudio del hombre).
El tema fundamental del existencialismo es la propia
existencia humana, la cual contempla con sentido trágico.
Se presenta como una reacción frente a las filosofías
abstractas –sobre todo el idealismo alemán- para las que el
hombre era un simple momento de una realidad superior –
la Idea de Hegel, el Absoluto de Schelling, o el Yo de Fichte
-. También reacciona frente al positivismo que veía en el
hombre un ingrediente más de la naturaleza, aunque más
evolucionado.
El
existencialismo
defenderá
la
irreductibilidad del hombre con respecto a los demás seres,
su singularidad.
Por otra parte, el existencialismo está muy cercano a las
filosofías de la vida, especialmente a Kierkegaard. El
método que aplica para sus estudios es la fenomenología
de Husserl.
198
261.
Corrientes: Dentro del existencialismo podemos distinguir tres
tendencias en función de su postura ante el problema de Dios:
-Existencialismo neutro: No toma partido en la cuestión de Dios. Está
encabezado por Heidegger.
-Existencialismo ateo: Dios no existe. Postula la inutilidad de la existencia
humana y por tanto, la desesperanza como situación a que nos vemos
abocados. Su principal representante es Sartre.
-Existencialismo religioso: La esperanza en Dios acaba por dar sentido a la
existencia humana. Al frente de esta corriente estaría Gabriel Marcel.
262.
Heidegger: (1889-1976) Fue
discípulo de Husserl, a quien sucedió en
su cátedra de Friburgo (1928). Mantuvo
amistad con Max Scheler. En 1933 es
nombrado rector de la Universidad de
Friburgo, mostrando en su toma de
posesión su adhesión al Führer. Sin
embargo a los pocos meses dimitirá del
rectorado continuando en la enseñanza. Al
finalizar la Segunda Guerra Mundial es
destituido de su cátedra por las
autoridades aliadas de ocupación; para
volver a la Universidad en 1952
desarrollando una actividad intermitente.
Martin Heidegger es considerado uno de
los más influyentes filósofos del siglo XX
y va a ser quien delimite las líneas
fundamentales
de
la
filosofía
existencialista. La obra que marca los
principios de su pensamiento es “Ser y
Tiempo”.
263.
Heidegger considera que la
filosofía se ha preocupado por
las cosas pero ha olvidado “el
ser” de las cosas.
El ser (Heidegger): Heidegger se propone como meta
199
fundamental saber qué es exactamente “el ser”. No está de acuerdo con la
escisión nacida de Descartes entre mi conciencia y el mundo. Para el
pensador alemán es inseparable el hombre del mundo que percibe y en el
que se desenvuelve. Por ello el problema ya no se centra en el proceso de
conocimiento, sino que se traslada a la existencia, al ser. Se trata de
averiguar qué es el ser. Por ello hay que encontrar un ente privilegiado al
que se pueda preguntar por el ser, y ese ente es el hombre. El hombre no es
una cosa ya hecha como las demás, sino que decide su ser, mediante las
elecciones que toma en su vida apuesta por ser quien es.
Para el Heidegger los filósofos desde Platón se han olvidado del ser y se
han preocupado sólo de los entes, de las cosas. Se ha dejado de lado la
verdad que consistía en desvelar el ser (aletheia), convirtiéndola en una
propiedad intelectual, en una simple “adecuación de la inteligencia a la
cosa”.
264.
Existenciales (Heidegger): Heidegger analiza la existencia
humana pero desde el punto de vista del hombre concreto, singular, el
hombre que está en el mundo –al hombre concreto lo llama Dasein-. No se
trata del abstracto “animal racional” de corrientes filosóficas anteriores.
Los existenciales son las características propias de ese hombre concreto.
Los más importantes –compartidos de una u otra forma por todos los
existencialistas en general- se encuentran recogidos entre los siguientes
puntos.
El hombre arrojado en el mundo (Heidegger): El hombre no ha elegido
venir al mundo y, sin embargo, se encuentra en él. Ha sido arrojado al
mundo sin contar con su concurso.
Mi relación con el mundo es trascendental. Una relación es trascendental
cuando cualquiera de los términos de dicha relación no se entiende sin el
otro, por ejemplo, la relación madre-hijo, no se entiende que haya hijo si
no hay madre, y viceversa.; o profesor-alumno. Distinta es una relación
accidental, como la del agua contenida en un vaso, el agua se puede
concebir en cualquier otro recipiente, o en ninguno. Pues bien, la relación
del hombre con el mundo es trascendental; el hombre singular no es
concebible sin estar en el mundo.
200
El hombre y su mundo (Heidegger): El hombre no es algo acabado sino
que se relaciona vitalmente con lo que le rodea, eso que le rodea constituye
su mundo. Sin embargo, las cosas no tienen porqué estar físicamente cerca
de mí para formar parte de mi mundo, sino que tienen que preocuparme,
tienen que ser objeto de mi atención aunque estén muy lejanas –sorge es la
denominación que da Heidegger a mi preocupación-. Por ejemplo, un
vecino de mi escalera con quien no tengo trato formará menos parte de mí
que esa persona a quien amo y que vive en otro continente.
Esta preocupación tiene tres vertientes:
La preocupación con mi propio yo: se da por el hecho de tener conciencia.
La preocupación con las cosas: que el hombre contempla como utensilios,
como algo que le es útil, y a las que el propio hombre da sentido.
La preocupación con los otros hombres.
El hombre es elección (Heidegger): Nos encontramos en este mundo
teniendo que elegir continuamente entre las distintas posibilidades que se
nos presentan, lo que representa una situación angustiosa porque al elegir
una opción hemos de cerrarnos a las demás. Las elecciones que hago me
van definiendo, van formando mi esencia; si bien la libertad de elección es
limitada porque sólo se nos presenta un número limitado de posibilidades.
Proyecto y temporalidad (Heidegger): El hombre ha de elegir y
mediante sus decisiones va perfilando su esencia. Por eso el hombre
precisa un proyecto vital, un perfil de cómo quiere ser para así tomar sus
decisiones. Pero cualquier proyecto humano está condenado al fracaso
pues se encuentra truncado con la muerte.
La vida del hombre es temporal, tiene un fin, pero como ha de
desarrollarse momento a momento debe anticiparse al futuro e ir tomando
decisiones.
Autenticidad (Heidegger): El hombre puede llevar una existencia
auténtica o inauténtica. La existencia es inauténtica cuando para eludir
201
plantearse su trágico destino, la muerte, se aferra a una serie de medios
para adormecer su conciencia. En esta situación el hombre es menos
hombre pues se aliena en las cosas. Los procedimientos para vivir esta
inautenticidad son principalmente la cotidianeidad –sumergirse en el
ajetreo cotidiano y en el consumismo-, refugiarse en la masa –llevar una
vida gregaria actuando tal como actúan todos-, y la charlatanería –
transformar el lenguaje de vehículo de pensamiento en simple palabrería-.
La existencia inauténtica pierde su máscara cuando el hombre se encuentra
en una situación límite ante la que no valen las evasivas, es entonces
cuando descubrimos el sinsentido de las cosas y de nuestra propia
existencia.
Actitud ante el absurdo: Cuando el hombre se encuentra con el
sinsentido de su existencia se da cuenta del absurdo de todo. Frente a este
absurdo el existencialismo planteará dos actitudes:
Para el existencialismo ateo la única postura con autenticidad es asumir
esta existencia sin sentido para darle un significado mediante el dominio de
uno mismo.
El existencialismo religioso, por su parte, ve salvarse al hombre del
absurdo de su existencia mediante la trascendencia en Dios, que brinda la
esperanza en el más allá.
265.
Jaspers: (1883-1969) Profesor en Heildelberg y Basilea. Se
forma primeramente en las ciencias, hasta que su interés por la filosofía lo
acerca a este terreno.
Karl Jaspers pretende superar el vitalismo, el idealismo y el positivismo. El
vitalismo ve la existencia como movida desde el instinto y el capricho, lo
que deriva, para el pensador germano, en una ciega brutalidad. Por su parte
idealismo y positivismo encierran la realidad en un esquema sin historia,
sin personalidad, sustituible a capricho por otro. El hombre existencial
debe estar siempre de camino, no anclado en ninguna verdad y en ningún
sistema dogmático, sino abierto a todos los puntos de vista, en
comunicación con los demás.
202
266.
Marcel: (1889-1973) Pensador con profundo sentido religioso.
Su mira principal es el respeto a la realidad, que nos impele a enfrentarnos
a cuestiones como la muerte, el suicidio, la traición, etc. Contempla al
hombre en su condición más propiamente humana, llamado a una
vocación, embarcado en un proyecto y con capacidad creadora, esto es, de
sobrepasar sus propios límites.
267.
Sartre: (1905-1980) Se trata del más conocido existencialista.
Estudió en París y Alemania. Asistió a cursos de Husserl y Heidegger, de
quienes extrajo gran parte de su producción filosófica.
Colaboró en la resistencia francesa al nazismo. En los años cincuenta se
aproximó al marxismo que acabó por abrazar con matices,
comprometiéndose en la actividad político-social. Compartió su vida con
otra pensadora existencialista, Simone de Beauvoir (1908-1986).
Sartre distingue el ser-en-sí, que
identifica con las cosas carentes de
conciencia,
permanentes
y
estables; y el ser-para-sí, que
identifica con el hombre y se
distingue de las cosas por poseer
conciencia de sí mismo y de las
demás cosas. El hombre aspira a
ser-en-sí –lograr perpetuarse
siempre igual- sin dejar de serpara-sí –sin perder la conciencia-,
pero eso es imposible y sólo lo
puede ser Dios: “El hombre es el
ser que proyecta ser Dios”.
Jean-Paul Sartre profesa lo que
denomina un “ateísmo militante”
que le lleva a un pesimismo radical,
para el pensador francés el absurdo
cósmico nos lleva a pensar que “el
hombre es una pasión inútil”. En
un mundo sin referencias la libertad
humana ya no es un don, sino una
Sartre considera al hombre
como “una pasión inútil”.
Alguien abocado a la nada.
De ahí el fondo angustioso de
su filosofía.
203
condena.
268.
Primacía de la existencia sobre la esencia (Sartre): Para
Sartre la existencia tiene primacía y precede a la esencia. Veamos esto más
detenidamente. La esencia, en su sentido clásico, era lo permanente de una
cosa, aquello que realmente es. Pero eso supone que estamos hablando de
cosas acabadas, las cuales ya podemos definir pues conservan algo
permanente que las consolida, que las hace ser esto o aquello. El hombre,
por contra, no es algo acabado.
En Sócrates el hombre era un “animal racional”, esto era lo esencial, lo
importante; las notas individuales eran simples accidentes. Para los
existencialistas lo importante es todo lo contrario, ese conjunto de
caracteres que individualizan al hombre (haberse enamorado de aquella
persona, nacer en este lugar, etc.), esos caracteres me van definiendo. En el
caso de Sartre, que lleva al extremo su visión atea del hombre, primero
existo, y con mi obrar en este mundo libre de todo criterio sobrenatural y
provisto de mi sola voluntad voy definiéndome, creando mi esencia,
delimitando quién soy yo. “El hombre no es otra cosa que lo que él mismo
se hace”.
204
CAPÍTULO 39: EL NEOPOSITIVISMO
FILOSOFÍA ANALÍTICA
Y
LA
NEOPOSITIVISMO: Es la corriente filosófica heredera del
positivismo del siglo XIX, actualizada de acuerdo con las
nuevas teorías científicas nacidas a principios del siglo XX.
El positivismo, en la forma adoptada en el siglo XIX, acabó
por mostrarse inaceptable por dos razones: por la crítica
realizada por Bergson , y por la propia evolución de la
ciencia, pues la teoría de los quanta de Max Planck y la de
la relatividad de Albert Einstein desautorizaron los
supuestos fundamentos científicos del positivismo.
Sin embargo, el espíritu positivista iba a resurgir puesto al
día bajo la denominación de Círculo de Viena. Para estos
pensadores sólo podemos conocer las realidades
constatables por la experiencia; el saber o es científico o es
pura quimera.
Dentro del neopositivismo caben destacar a Rudolof
Carnap (1891-1970), a H. Reichenbach (1891-1953) y a J. L.
Austin (1911-1960), entre otros.
269.
El Círculo de Viena: Es la agrupación de una serie de
pensadores que, a finales de la primera década del siglo XX en Viena,
reivindican una concepción predominantemente científica de la realidad.
En las décadas siguientes se irán incorporando nuevos pensadores, muchos
205
de ellos procedentes del campo de las ciencias.
A ejemplo del Círculo de Viena irán apareciendo otros “círculos” con
similares características, como el de Berlín, el de Varsovia, el de Helsinki,
etc.
270.
Fisicalismo: Los fundamentos del neopositivismo son
básicamente los mismos que los del empirismo: todo conocimiento parte
de la percepción sensible, no existen verdades a priori -a lo sumo como
hipótesis que han de ser verificada-. Dentro de las ciencias sujetas a
verificación experimental los neopositivistas conceden un papel modélico
o rector a la física, debido a su método y contenidos sólidamente
establecidos.
El neopositivismo tiene especial interés por la lógica y las matemáticas.
Sin embargo, rechazan la lógica tradicional o aristotélica, inadecuada por
emplear un lenguaje natural
demasiado
vinculado
a la
metafísica
y
carente
del
simbolismo
adecuado
para
resolver cuestiones matemáticas y
físicas.
271.
Antimetafísica:
Las
proposiciones metafísicas no son
analíticas ni pueden ser verificadas
experimentalmente, por tanto, no
suponen un saber científico y no
son válidas. Los problemas que
plantea la metafísica –Dios, el ser,
el mundo...- no son sino
pseudoproblemas, son engaños
del lenguaje, no tienen sentido
aunque aparentemente lo tengan.
La única misión de la filosofía es
analizar el lenguaje científico,
para respaldar el correcto avance
Wittgenstein es el padre del
neopositivismo y de la filosofía
analítica. Sólo son válidas las
preguntas con respuestas
verificables.
206
de la ciencia.
No obstante, la negación por parte de los neopositivistas de cualquier
conocimiento filosófico ajeno a la física ha acabado por chocar con la
realidad. Aferrados inicialmente al “dato sensible”, han tenido que
reconocer finalmente que dicho “dato” lleva consigo una serie de factores
ajenos por completo a la sensibilidad. Dichos factores advierten a priori a
la intuición sensible –por ejemplo la unidad, la identidad, la diversidad, la
totalidad, la semejanza, etc.-. No se trata de meras convenciones, pues hay
que presuponerlos para formar las convenciones. También resurgió la vieja
cuestión metafísica del “ser”, ya que al establecer los principios lógicos
había de figurar el “es”, y de su significado depende el sentido mismo de lo
afirmado.
FILOSOFÍA ANALÍTICA: Esta corriente filosófica posee un
gran peso en los países anglosajones. La filosofía analítica
está estrechamente emparentada con el neopositivismo;
comparte con este su reducción de la filosofía a mero
análisis lingüístico. Busca captar las relaciones existentes
entre el pensamiento y el lenguaje. Sólo estando seguros de
que empleamos bien el lenguaje sabremos que nuestros
razonamientos son correctos. Muchas de las cuestiones que
se ha planteado la filosofía no son sino pseudoproblemas o
problemas inexistentes, pues han partido de un mal uso del
lenguaje.
En definitiva, se trata de una nueva forma de empirismo
que niega la existencia de la metafísica aduciendo una
presunta falta de rigor -sólo son válidos los argumentos
claros y verificables experimentalmente-. Sin embargo, los
propios analíticos en demasiadas ocasiones se apoyan en
proposiciones no demostradas y en afirmaciones carentes
de rigor.
207
272.
Wittgenstein: (1889-1951) Se le considera tanto el padre del
neopositivismo –con su libro Tractatus logico-philosophicus (1919)- como
de la filosofía analítica –con su libro Investigaciones filosóficas (1953)-.
Dentro de esta misma tendencia se incluyen Bertrand Russell (1872-1970),
George Edward Moore (1873-1958) y la Escuela de Oxford.
273.
Estructuralismo: Se trata de una concepción filosófica que
contempla la realidad como una totalidad en la cual los distintos elementos
que la componen sólo son comprensibles en su relación con los demás. El
estructuralismo estudia el modo en que los símbolos y la lengua determina
la existencia humana.
El estructuralismo considera que cualquier realidad en la que intervenga al
hombre precisa del lenguaje (ya que el hombre piensa las cosas y se
comunica con los demás por medio del lenguaje) y por ello las estructuras
lingüísticas son el patrón con el que comprendemos la realidad. De ahí
concluye que toda realidad humana puede ser interpretada desde el análisis
de la estructura del lenguaje.
El estructuralismo tiene su origen en Francia y se enfrenta al
existencialismo por considerar que el individuo no es tan singular como
creen los seguidores de Heidegger, sino que si descubrimos las estructuras
básicas del pensamiento humano veremos que son procesos mecánicos.
Dentro del estructuralismo destacan Levi-Strauss (1908-) quien se centra
en la etnología, Jacques Lacan (1901-1981) que pone su atención en el
psicoanálisis, Louis Althuser (1918-1990) quien une marxismo y
estructuralismo, Roland Barthes (1915-1980) que elabora una teoría de la
literatura, Jaques Derrida (1939-2004) relaciona filosofía y lenguaje, y
Michael Foucault (1926-1984) que estudia las sociedades modernas y el
funcionamiento del poder.
El estructuralismo ha sido criticado por lo rebuscado de algunas de sus
exposiciones que no siempre tienen contenidos coherentes.
208
CAPÍTULO 40: ORTEGA Y LA RAZÓN VITAL
ORTEGA Y LA VIDA COMO REALIDAD RADICAL: Ortega
pretende superar la dualidad idealismo-realismo en que se
ha visto inmersa la filosofía. En el fondo ambas tendencias
contemplan al hombre como una cosa. Para el idealismo el
hombre es algo ya concluso, una “cosa que piensa”, sólo
estoy seguro de mi propia existencia. Para el realismo
somos una cosa más entre las muchas que hay. Ortega dirá
que el mundo existe, pero que no es algo ajeno a mí, sino
que yo me realizo actuando en el mundo. Esa primera
evidencia que soy yo en mi relación con el mundo no es
otra cosa que mi vida. Por tanto “mi vida” es el pilar sobre
el que se ha de asentar todo mi conocimiento.
274.
Ortega y Gasset: (1883-1955) Estudió en Madrid y en
Alemania (Leipzig, Berlín y Marburgo). Fue uno de los intelectuales
liberales que promovieron la creación de la II República española (19311936/39), aunque acabaría por criticarla en vista del cariz sectario que esta
adquirió. Ocupó la cátedra de Metafísica en la Universidad de Madrid
hasta 1936, año del estallido de la guerra civil española. Viaja por distintos
países para regresar a España en 1945. Fue fundador de la Revista de
Occidente (año 1923) y del Instituto de Humanidades (año 1948) junto con
Julián Marías. Se le considera el impulsor del pensamiento filosófico
español en el siglo XX.
209
275.
Pienso, luego existo yo con el mundo (Ortega): Descartes duda
de todo, pero encuentra una verdad que le resulta evidente: “pienso”, y
concluye “luego existo”. Esta afirmación representa el nacimiento del
idealismo. La única verdad cierta es mi existencia, las cosas dependen de
que yo las tenga presentes; yo soy lo único realmente independiente.
Ortega revisará este planteamiento para llegar a la idea “pienso, luego el
pensamiento existe”. Si pienso quiere decir que existo yo que pienso y la
cosa pensada, luego es cierto que la cosa me necesita a mí para pensarla,
pero yo no soy independiente de la cosa sino que también la necesito a ella.
Yo no pienso en el vacío. Si digo “pienso”, significa que existo “yo” que
realizo la acción de pensar, y la “cosa” que es pensada por mí, ambas
realidades se necesitan mutuamente para que el pensamiento exista.
276.
Mi vida, realidad radical (Ortega): Descartes se ve atrapado
por el concepto clásico de sustancia; interpreta al hombre como algo
acabado, como una cosa; por eso define al hombre como una “cosa que
piensa”. Sin embargo, la realidad es que “pienso, luego el pensamiento
existe”. El pensamiento es algo dinámico, es un relacionarme yo con las
cosas. Yo me encuentro frente a frente con las cosas pero de modo activo,
haciendo algo con ellas –las pienso; las interpreto; las empleo; muestro
agrado, desagrado, interés o desinterés por ellas...- y ese hacer yo con las
cosas es mi vida: “vida es lo que hacemos y lo que nos pasa. Vivir es tratar
con el mundo, dirigirse a él, actuar en él, ocuparse de él”. La realidad
radical, es decir, la verdad que me es evidente y en la que habrán de
apoyarse mis posteriores descubrimientos, es mi vida.
Que mi vida sea la realidad radical no significa que sea la principal o que
sea anterior a las otras realidades sino que, por serme lo más evidente, me
sirve de pilar en el que asentar las demás. Todo lo que conozco pasa por mi
vida.
Nota: Para Descartes el hombre es una “cosa que piensa”, esto es, “que duda, entiende, concibe,
afirma, niega, quiere y, también, imagina y siente”. Por tanto, el término pensamiento lo emplea en un
sentido más amplio que el que usamos habitualmente. Por eso Ortega preferirá emplear la palabra
“vivencia”, que expresa mejor la acepción de Descartes, pensamiento como estado psíquico o compendio
de la voluntad, el sentimiento y la emoción.
277.
“Yo soy yo y mi circunstancia” (Ortega): Yo no soy algo
210
acabado como una cosa, sino que me realizo viviendo, actuando con las
cosas. Lo que me rodea no es una suma de cosas, sino mi mundo, el
escenario en el que actúo, porque la vida es drama, tiene un argumento que
se va escribiendo conforme vivo. Mi circunstancia concreta –mi sexo, mi
idioma, mi familia, mi época, etc.- forma parte de mí mismo, hace que yo
sea como soy. Mi circunstancias me la encuentro, no la pongo yo, aunque
luego tenga que habérmelas con ella.
278.
La perspectiva (Ortega): Mi visión del mundo es personal,
singular, irreemplazable. Cada uno ve el mundo desde su situación
concreta, desde su perspectiva: “Donde está mi pupila no está otra. Somos
insustituibles, somos necesarios”. Por eso Ortega dirá que la verdad sobre
una cosa es la suma de todas las perspectivas reales sobre ella. Yo no agoto
la verdad, pero ayudo a descubrirla aportando mi perspectiva. Eso no
quiere decir que todo sea relativo, puedo tener visiones equivocadas o
convertir en absoluto lo que es sólo parcial.
Por ejemplo, yo puedo tener una visión del agua como elemento que quita la sed. Pero el agua no es sólo
esto; para un químico será la suma de dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno; para un biólogo será
un ingrediente imprescindible en el desarrollo de la vida; para un marinero será una vía de transporte;
para un artista será un motivo de inspiración. Todas estas perspectivas sobre el agua nos van
descubriendo su verdad, pero no la agotan porque podemos ir incorporando muchas más. Ahora bien, si
yo digo que el agua es un compuesto de sodio y azufre mi visión es falsa; no me vale alegar que es tan
válida como las demás porque la tengo yo, ha de adecuarse a la realidad de la cosa.
279.
Razón vital (Ortega): Desde los orígenes de la filosofía la razón
había sido considerada como aquella capacidad humana que podía captar
lo permanente de las cosas, sus esencias. La razón así vista es apta para
avanzar en el conocimiento científico, pues las leyes naturales son siempre
las mismas, se dan al margen del tiempo y el lugar en que se producen. Sin
embargo, a la hora de captar las cuestiones humanas –la historia, la
sociología, etc.- este concepto de razón se muestra insuficiente, pues en
este caso sí tiene peso lo singular, el tiempo en que se da un hecho o la
situación concreta en que se produce. Ortega dirá que la razón matemática
es sólo una forma particular de la razón pero que la razón es mucho más
amplia. La razón ha de captar la realidad tal cual se le presenta, por eso la
razón en el sentido más amplio es “razón vital”.
Esta razón vital es mi propia vida. Al vivir interpreto lo que contemplo, lo
211
relaciono con las otras cosas, tomo una actitud ante ello; en definitiva, doy
cuenta o “razón” de las cosas que tengo ante mí y de mí mismo.
Por ejemplo: Si tomo una vara y la empleo para apoyarme al andar la estoy interpretando como un
bastón. Pero si me agreden puede que la emplee como arma para golpear a mi agresor. Si no puedo
desplazar un pedrusco la interpretaré como palanca que me ayuda a moverlo. En definitiva, una
realidad concreta como es una vara adquiere sentido en función del significado del que yo la doto, del
lugar en el que la coloco en mi vida. Vivir es entender la realidad de una determinada manera, referir
la realidad a mi vida.
280.
El ser (Ortega): Para conocer las cosas decimos lo que son –
esto es un libro, aquello es un árbol-. Ese decir lo que son supone que las
interpretamos –en el ejemplo anterior interpretábamos una vara como
bastón, o como arma, o como palanca-. Por tanto “el ser” de las cosas, lo
que las cosas son, no es sino una interpretación mía. Yo no tengo en mi
mente la cosa misma, sino su ser, lo que es. Ese “ser” de las cosas exige de
la existencia de estas, pero no se confunde con ellas. No se trata de una
limitación del conocimiento, sino de su manera de funcionar.
281.
Razón histórica (Ortega): El hombre no vive solo, sino que su
formación y desarrollo se da dentro de una sociedad. La sociedad tiene su
propio argumento vital. También desde el conjunto de la sociedad se
interpreta el mundo –son las vigencias que imperan en cada época y lugar-,
y esa interpretación condiciona a las personas que viven en un tiempo
concreto. Por eso la razón –ese dar cuenta de las cosas- no sólo se da en los
individuos, sino también en el conjunto de la sociedad. Es lo que Ortega
llama “razón histórica”. La vida humana y social se va desenvolviendo a lo
largo del tiempo, por eso tiene un carácter narrativo. Una vida concreta o
una sociedad no queda dibujada con una simple definición, sino que para
comprenderla hay que narrarla, hay que contarla, hay que desentrañar su
estructura. Precisamente la historia se estructura en generaciones. Las
generaciones se perfilan por la afinidad del mundo en el que tienen que
vivir.
Por lo dicho vemos que el hombre hereda la historia, no parte de cero. Un
águila hará exactamente las mismas cosas que otra águila nacida diez
generaciones atrás, el hombre, por el contrario, parte de lo que le ha legado
el pasado.
212
282.
Libertad (Ortega): La vida humana no está hecha, sino que la
realiza el hombre la realiza eligiendo entre las distintas posibilidades que
se le presentan, “el hombre es necesariamente libre”. Por tanto, el hombre
ha de optar por un proyecto vital, por una meta que dé sentido a su
existencia y que dibuje en quién se quiere convertir. Para alcanzar esa meta
el hombre seguirá unas trayectorias o caminos, los cuales pueden sufrir
distintos percances. Por ejemplo, si yo deseo ser escultor puede suceder
que sufra un accidente que me impida realizar ese proyecto y que
interrumpa mi trayectoria, o puede que conozca alguien que me embarque
en otro proyecto y esa trayectoria ajena interfiera la mía.
Por otro lado, todos sentimos una especial inclinación por desarrollar un
determinado proyecto vital, por alcanzar una meta personal diferente a la
de los demás. Ese quehacer o misión que cumplir en nuestra vida es lo que
se llama vocación. Dicha vocación puede ser seguida o traicionada, lo que
determina el grado de autenticidad de nuestra vida.
Por el hecho de ser libres somos responsables de nuestras decisiones y
estas tienen un sentido moral. Nuestro nivel moral está en función del
grado de autenticidad con que vivamos nuestra vocación.
283.
Ideas y creencias (Ortega): Para poder ejercitar adecuadamente
nuestra libertad tenemos que saber qué opciones tenemos, dónde nos
estamos moviendo. Desde que nacemos en nuestro propio entorno social
imperan unas vigencias, una serie de creencias comúnmente aceptadas que
nos dan una cierta seguridad acerca de las cosas y de nosotros mismos. En
algunas épocas esas ideas son cuestionadas y acaece una crisis; es entonces
cuando los hombres comienzan a buscar nuevos criterios que les orienten.
Cuando tenemos una certidumbre total acerca de una cosa se dice que
estamos en una creencia. Sin embargo, en ocasiones las cosas no están tan
claras; hay cuestiones en las que no tenemos una seguridad total pero en
las cuales avanzamos una opinión porque la vida no se detiene, no admite
demora; ante esas cuestiones lo que manifestamos son ideas.
284.
Julián Marías: (1914-2005) Se trata del principal continuador
de la filosofía iniciada por Ortega y Gasset. Para este pensador español la
213
vida humana puede ser contemplada desde dos perspectivas que se
complementan. Por un lado la estructura analítica, la cual analiza la vida
humana de manera universal, válida para todo hombre. Por otra parte
estaría la estructura empírica que es la que da sentido a cada vida concreta,
contemplada desde las circunstancias particulares de cada cual,
considerando el lugar y tiempo en que acaece.
Ejemplo de estructura empírica sería la necesidad que todos tenemos de emprender un proyecto, fijarnos
metas. Es válida en cualquier momento de la historia. Distinta sería la estructura empírica que fijaría
mi circunstancia personal, por ejemplo ser varón o estar soltero, hablar una lengua o tener una edad, y
que sin embargo es imprescindible para comprender las vidas humanas particulares y concretas –las
únicas que realmente existen-.
Para Julián Marías una de las más importantes circunstancias que
condicionan al ser humano es su condición sexuada. La persona no se
realiza en abstracto, sino en varón o mujer, lo que hace que la vida de unos
se proyecte en la de los otros como diferentes y complementarios. El amor
es la forma más perfecta de relación hombre-mujer pues en él la otra
persona se convierte en mi proyecto.
La necesidad que tenemos de dotar de sentido nuestras vidas y de irnos
moldeando a nosotros mismos nos llevan a intuir que la muerte no es el
final, sino un tránsito a una vida más plena en la que ya hemos definido
quienes queremos ser.
214
DEL SUEÑO ROMÁNTICO
A LA PESADILLA TOTALITARIA
Las dos corrientes totalitarias más importantes del siglo
XX han sido el marxismo y el fascismo. Ambas
comparten lazos de unión con el romanticismo alemán.
En el fondo se podría afirmar que el fascismo es, a la
vez que una reacción frente al marxismo, una herejía
del mismo que pretende exaltar la identidad de los
Estados nacionales más jóvenes del Viejo Continente,
Alemania e Italia.
La Revolución francesa se había constituido sobre los
pilares del individualismo. El Estado es visto como
consecuencia de un contrato social a través del cual los
individuos, libres, deciden vivir en común. Sin embargo,
con el romanticismo alemán está visión del Estado va a
ser muy diferente. Para los románticos el Estado es como
un organismo vivo al cual han de estar plegados los
intereses individuales. El Estado romántico se fundamenta
en tres aspectos: la raza, la cultura y la lengua. Así, los
movimientos nacionalistas que van a surgir en el siglo
XIX amparados por dichos ideales justificaran la
existencia de sus naciones en la posesión de estos rasgos.
Exponente de este pensamiento es Hegel (1.7701.831), para quien el individuo sólo se realiza dentro del
Estado. El Estado no existe para los fines de los
ciudadanos, más bien al revés: el Estado es el fin y los
ciudadanos sus instrumentos. Este Estado es contemplado
como un sistema de contención contra la subjetividad del
hombre; si el Estado es la verdad –es la plenitud del
“Espíritu objetivo”- los individuos no tienen derecho a
rebelarse contra él. Para Hegel la moral y la ley están
215
unidas, lo cual va a sentar las bases de los Estados
totalitarios del siglo XX.
Marx (1.818-1.883) tomará de Hegel su
concepción dialéctica de la historia, solo que
transformándola en materialista. Para Hegel la historia
progresaba a partir de una relación polémica – Se afirma
una tesis, ante su insuficiencia se responde con la
afirmación contraria, llamada antítesis y, finalmente se
concluye en una síntesis que contiene y supera ambas
visiones -. Marx aceptará esta evolución de la historia,
solo que para él no será el Espíritu quien anime los
cambios sino las condiciones económicas. Además, los
cambios históricos sólo se pueden llevar a cabo por la
violencia y la máquina más poderosa de transformación es
el Estado. Un Estado dictatorial ha de regir la sociedad
para hacer valer los derechos de la clase obrera y, en un
futuro incierto, este mismo Estado se disolverá al haber
conseguido traer el paraíso material al mundo, libre ya de
desigualdades y de fronteras nacionales. Naturalmente
como todo está sujeto a los fines del Estado el resultado
va a ser el llamado “totalitarismo”.
El totalitarismo no es una forma más de dictadura o
absolutismo. No se contenta con ejercer el poder político
sino que, además, pretende controlar todos los aspectos de
la vida de los individuos: los públicos y los privados. Para
ello establecerá un “lenguaje oficial”, una censura estricta
y unos agentes encargados de controlar el desarrollo
cotidiano de la vida de los ciudadanos.
Hegel consideraba que su filosofía era la
culminación del pensamiento humano de todos los
tiempos. A semejanza del mismo, Marx verá su ideal
político como la plenitud del desarrollo social de la
historia. No hay nada más allá del comunismo.
216
Sin embargo, un socialista italiano, Benito Mussolini
(1.883-1.945), director del periódico oficial del Partido,
Avanti, y miembro del ala izquierdista del mismo, va a dar
un giro a los planteamientos internacionalistas de Marx.
Desengañado por la penosa situación en la que había
quedado Italia tras la Primera Guerra Mundial fundará en
1.919 los “Fasci di combattimento”. Ha nacido el
fascismo.
El fascismo va a aunar algunos de los ideales y
métodos del socialismo radical con el sentimiento
nacionalista del romanticismo. Como coincidencias
fundamentales se pueden destacar el intervencionismo
estatal, el ataque al liberalismo, la legitimación de la
violencia como herramienta fundamental de cambio y el
empleo del Estado como órgano de control de la vida
ciudadana. No obstante, la renuncia a la lucha de clases,
integradas ahora en una organización corporativa, y la
exaltación del nacionalismo harán que marxismo y
fascismo se declaren enemigos acérrimos. No es de
extrañar dado el fuerte dogmatismo existente en ambas
ideologías.
En Alemania, el otro gran Estado constituido en
el siglo XIX bajo la sombra del romanticismo, no tardará
en aparecer en la escena pública Adolf Hitler (1.8891.945). La influencia de los románticos en el III Reich es
determinante. Wagner, que encarna el ideal romántico
tanto en su persona como en su arte, será uno de los
grandes mitos de esta época: “Quien quiera conocer el
Nacionalsocialismo tiene que conocer a Wagner”, dirá
Hitler. Hitler va a subrayar los aspectos más racistas del
nacionalismo que verá reflejados en las ideas de Houston
S. Chamberlain (1.855-1.927). Chamberlain había sido
un escritor inglés nacionalizado alemán muy influido por
las ideas de Wagner y Nietzsche. Llevar a su grado más
delirante las ideas de supremacía racial supondrá la
217
aniquilación de millones de personas por el mero hecho
de ser judíos, polacos
o gitanos.
Con el fin de
la Segunda Guerra
Mundial
caerán
militarmente
los
fascismos.
Con
respecto al marxismo
habrá que esperar
varias décadas hasta
que la caída del muro
de Berlín en 1.989
escenifique su fin en
Europa–en
China
todavía continuará
El ministro de asuntos exteriores
aunque
del III Reich firma el tratado
introduciendo ciertas
Germano-Soviético por el que
Alemania y Rusia se reparten
reformas de carácter
Polonia. Las tiranías se reparten
práctico-.
No
el mundo.
obstante la tentación
Al fondo Stalin y su ministro
totalitaria
sigue
Molotov.
gravitando.
En
muchos
países
diversas formas de nacionalismo de corte romántico tratan
de abrirse paso, supeditando los intereses individuales a
los ideológicos de grupo. También bajo formas
democráticas se encubren procesos totalitarios que tratan
de manejar la vida y el pensamiento de los ciudadanos.
218
ÍNDICE GENERAL
INTRODUCCIÓN
CONCEPTOS
CAPÍTULO 1: DEFINICIÓN DE FILOSOFÍA
Filosofía
1.
2.
3.
4.
Ciencias particulares y filosofía
Religión y filosofía
Ideología y filosofía
El ser como problema
CAPÍTULO 2: PARTES DE LA FILOSOFÍA
División de la filosofía
5.
6.
7.
8.
9.
10.
11.
Metafísica
Cosmología o Filosofía de la Naturaleza
Psicología
Ética
Estética
Lógica
Historia de la Filosofía
219
CAPÍTULO 3: HISTORIA DE LA FILOSOFÍA
El edificio de la Filosofía
12.
13.
Origen de la filosofía
¿Por qué en Grecia?
I. FILOSOFÍA ANTIGUA
CAPÍTULO 4: PRESOCRÁTICOS
Presocráticos
14.
15.
16.
17.
18.
19.
20.
21.
22.
23.
24.
25.
26.
Físicos
Tales de Mileto
Anaximandro
Anaxímenes
Pluralistas y atomistas
Empédocles
Anaxágoras
Demócrito
Pitagóricos
Parménides y el ser
Zenón de Elea
Heráclito
Conclusiones
CAPÍTULO 5: SÓCRATES Y LOS SOFISTAS
Sócrates frente a los sofistas
27.
Sofística
220
28.
29.
30.
Sócrates
Ética (Sócrates)
La verdad oculta (Sócrates)
CAPÍTULO 6: PLATÓN
Platón y las ideas
31.
32.
33.
34.
35.
36.
37.
38.
39.
Platón
Las ideas (Platón)
El mito de la caverna (Platón)
El conocimiento (Platón)
El mito del Fedro (Platón)
El hombre (Platón)
Ética (Platón)
Política (Platón)
Conclusiones (Platón)
CAPÍTULO 7: ARISTÓTELES
Aristóteles, el gran maestro
40.
41.
42.
43.
44.
45.
46.
47.
48.
49.
50.
Aristóteles
Crítica a Platón (Aristóteles)
Objetivo de la filosofía de Aristóteles
Sustancia (Aristóteles)
Categorías (Aristóteles)
Acto-Potencia. El cambio (Aristóteles)
Materia-forma (Aristóteles)
Dios (Aristóteles)
El hombre (Aristóteles)
El conocimiento (Aristóteles)
Ética (Aristóteles)
221
51.
Política (Aristóteles)
CAPÍTULO 8: OTRAS CORRIENTES CLÁSICAS
Crisis
52.
53.
54.
55.
56.
Estoicos-Cínicos
Epicureísmo-Cirenáicos
Escepticismo
Eclecticismo
Neoplatonismo
II. FILOSOFÍA MEDIEVAL
CAPÍTULO 9: APARICIÓN DEL CRISTIANISMO
El cristianismo
57.
58.
59.
60.
61.
62.
63.
Monoteísmo
El mundo ha sido creado
Nueva dimensión del hombre
Dios legislador
Necesidad de Dios para salvarnos
La verdad revelada
Novedades del cristianismo
CAPÍTULO 10: PATRÍSTICA (SIGLOS I A V)
Los Padres de la Iglesia
64.
El legado clásico
222
65.
Gnosticismo
CAPÍTULO 11: SAN AGUSTÍN
San Agustín, el Platón cristianizado
66.
67.
68.
69.
70.
71.
72.
73.
San Agustín
Fe y entendimiento (San Agustín)
El alma (San Agustín)
Conocer por la intimidad (San Agustín)
La creación (San Agustín)
El tiempo (San Agustín)
La ética del amor (San Agustín)
La ciudad de Dios (San Agustín)
CAPÍTULO 12: EL PENSAMIENTO MEDIEVAL
Problemas medievales
74.
75.
76.
77.
78.
79.
Dispersión
Dios
La creación
El fin último del hombre
Los universales
La razón
CAPÍTULO 13: SIGLOS X A XII. SAN ANSELMO, LOS
MUSULMANES Y LOS JUDÍOS
San Anselmo desata la polémica
80.
Siglos X a XII
223
81.
82.
San Anselmo
Cuestionamiento de la existencia de Dios (San
Anselmo)
Argumento ontológico (San Anselmo)
Influencia del argumento ontológico (San Anselmo)
Filosofía árabe y judía
Averroes
Maimónides
Abelardo
83.
84.
85.
86.
87.
88.
CAPÍTULO 14: SIGLO XIII: APOGEO DE LA ESCOLÁSTICA
Plenitud Escolástica
89.
90.
91.
92.
93.
Siglo XIII
Roger Bacon
Raimundo Lulio
San Buenaventura
San Alberto Magno
CAPÍTULO 15: SANTO TOMÁS DE AQUINO (SIGLO XIII)
Santo Tomás de Aquino, el Aristóteles cristianizado
94.
95.
96.
97.
98.
99.
100.
101.
Santo Tomás de Aquino
Fe y razón (Santo Tomás)
El conocimiento (Santo Tomás)
Esencia y existencia (Santo Tomás)
La existencia de Dios (Santo Tomás)
El alma (Santo Tomás)
Moral (Santo Tomás)
El Estado (Santo Tomás)
224
CAPÍTULO 16: SIGLO XIV. CRISIS DEL PENSAMIENTO
TEOLÓGICO. OCCAM
Occam acaba con la Escolástica
102.
103.
104.
105.
106.
107.
108.
109.
110.
Siglo XIV
Crisis de la Teología
Franciscanismo
Escoto
Occam
La pérdida de Dios (Occam)
Experiencia y Economía (Occam)
El rebrote del nominalismo (Occam)
Consecuencias del pensamiento de Occam
CAPÍTULO 17. LA ÚLTIMA ESCOLÁSTICA
La última Escolástica
111.
Suárez
III. FILOSOFÍA MODERNA
CAPÍTULO 18. EL RENACIMIENTO
El Renacimiento. Crisis y renovación
112.
113.
114.
115.
La gran crisis
Caída de la Escolástica
Humanismo
La Reforma protestante
225
116.
117.
118.
119.
120.
121.
Pensamiento Político
Tomás Moro
Nicolás Maquiavelo
Dios en el ojo del huracán
Nicolás de Cusa
Giordano Bruno
CAPÍTULO 19: LA REVOLUCIÓN CIENTÍFICA
El nuevo imperio de la ciencia
122.
123.
124.
125.
Nicolás Copérnico
Juan Kepler
Galileo Galilei
Isaac Newton
CAPÍTULO 20: EL NUEVO CRITERIO DE VERDAD:
EMPIRISMO Y RACIONALISMO
Criterio de verdad
126.
127.
128.
129.
Silogismo
Los nuevos criterios de verdad
Bacon y el empirismo
Descartes y el idealismo
CAPÍTULO 21: DESCARTES, PADRE DEL RACIONALISMO
Descartes, padre del racionalismo
226
130.
131.
132.
133.
134.
135.
136.
137.
138.
139.
140.
René Descartes
La duda metódica (Descartes)
“Pienso, luego soy” (Descartes)
El criterio de verdad (Descartes)
¿Quién soy? (Descartes)
Necesidad de Dios (Descartes)
Demostración de la existencia de Dios (Descartes)
La existencia de las cosas materiales (Descartes)
Biología (Descartes)
El método (Descartes)
Consecuencias: racionalismo e idealismo
(Descartes)
CAPÍTULO 22: EL IDEALISMO RACIONALISTA
Idealismo
141.
142.
143.
144.
145.
Malebranche
Pascal
Spinoza
Leibniz
El problema del relojero
CAPÍTULO 23: EL EMPIRISMO
Empirismo
146.
147.
148.
149.
150.
151.
Francis Bacon
Berkeley
Hume
Las impresiones (Hume)
Relación causa-efecto (Hume)
Crítica a la moral y a la religión (Hume)
227
152.
153.
154.
El escepticismo (Hume)
Consecuencias del empirismo
La Escuela Escocesa
CAPÍTULO 24: EL EMPIRISMO POLÍTICO
El empirismo político
155.
156.
157.
158.
Hobbes
Hobbes y el absolutismo
Locke
Locke, padre del liberalismo
IV. FILOSOFÍA CONTEMPORÁNEA
CAPÍTULO 25: LA ILUSTRACIÓN
Ilustración
159.
160.
161.
162.
163.
164.
Características de la Ilustración
Montesquieu
Voltaire
Rousseau
Ilustración alemana
Revolución francesa
CAPÍTULO 25: KANT
Kant y el giro coperniquiano
165.
Kant
228
166.
167.
168.
169.
170.
171.
172.
173.
174.
175.
176.
177.
178.
179.
180.
181.
182.
183.
184.
185.
186.
187.
188.
La filosofía ante el progreso de la ciencia (Kant)
El conocimiento a priori (Kant)
Juicios analíticos y sintéticos (Kant)
Crítica de la razón pura
No conocemos las cosas mismas (Kant) (169)
El proceso del conocimiento (Kant) (169)
El fenómeno (Kant) (169)
Las matemáticas (Kant) (169)
Entendimiento (Kant) (169)
Categorías (Kant) (169)
Juicio (Kant) (169)
La física (Kant) (169)
La razón (Kant) (169)
Ideas trascendentales (Kant) (169)
Imposibilidad de la metafísica tradicional (Kant)
(169)
Crítica de la razón práctica (Kant)
Libertad y moral (Kant) (181)
Ética autónoma (Kant) (181)
Imperativo categórico (Kant) (181)
Dios y la inmortalidad (Kant) (181)
Crítica del juicio (Kant)
Teleología (Kant) (186)
Estética (Kant) (186)
CAPÍTULO 26: EL ROMANTICISMO
Romanticismo
189.
190.
191.
Idealismo alemán
Fichte
Schelling
229
CAPÍTULO 28: HEGEL
Hegel, plenitud del Idealismo
192.
193.
194.
195.
196.
197.
198.
199.
200.
201.
202.
Hegel
Plenitud del idealismo (Hegel)
Lo Infinito como totalidad (Hegel)
Infinito, Espíritu, Dios, Idea, Razón, Verdad,
Absoluto (Hegel)
Lo Infinito como cambio (Hegel)
Dialéctica (Hegel)
La historia como dialéctica (Hegel)
El despertar del Espíritu (Hegel)
El Espíritu absoluto (Hegel)
Derecho (Hegel)
El Estado (Hegel)
CAPÍTULO 29: LOS “HIJOS” DE HEGEL
Consecuencias de Hegel
203.
204.
Derecha e izquierda hegeliana
Feuerbach
CAPÍTULO 30: MARX
Marx y la revolución
205.
206.
207.
Karl Marx
Crítica a Hegel (Marx)
Conocimiento (Marx)
230
208.
209.
210.
211.
212.
213.
Materialismo (Marx)
La religión es el opio del pueblo (Marx)
El trabajo manual (Marx)
El trabajador social (Marx)
Materialismo histórico (Marx)
El Estado (Marx)
CAPÍTULO 31: COMTE Y EL POSITIVISMO.
UTILITARISMO. PRAGMATISMO
Positivismo
214.
215.
216.
217.
218.
219.
Comte
Ley de los tres estados (Comte)
Sociología (Comte)
Las ciencias (Comte)
Utilitarismo
Pragmatismo
CAPÍTULO 32: EL VITALISMO
Vitalismo
220.
221.
222.
223.
224.
Irracionalismo
Schopenhauer
Kierkegaard
Bergson
Blondel
231
CAPÍTULO 33: NIETZSCHE
Nietzsche levanta el acta de defunción de Dios
225.
226.
227.
228.
229.
230.
231.
Nietzsche
Cambio de valores (Nietzsche)
Voluntad de poder (Nietzsche)
Moral de señores y de esclavos (Nietzsche)
Dios ha muerto (Nietzsche)
Superhombre (Nietzsche)
El eterno retorno (Nietzsche)
CAPÍTULO 34: LA NUEVA CIENCIA
Cambio de la imagen del mundo
232.
233.
234.
Darwin
Freud
La ruptura física
CAPÍTULO 35: EL PENSAMIENTO PERSONALISTA.
BRENTANO
Pensamiento personalista
235.
236.
237.
238.
239.
240.
241.
242.
Maine de Biran
Gratry
Brentano
Intencionalidad (Brentano)
Método (Brentano)
Los fenómenos psíquicos (Brentano)
Percepción (Brentano)
Ética (Brentano)
232
243.
Necesidad de Dios (Brentano)
CAPÍTULO 36: DILTHEY Y EL HISTORICISMO
Historicismo
244.
245.
246.
247.
248.
249.
250.
251.
Dilthey
Las ciencias del espíritu (Dilthey)
La realidad biográfica del hombre (Dilthey)
Vivencia, expresión y comprensión (Dilthey)
Tipos (Dilthey)
La realidad histórica (Dilthey)
La filosofía (Dilthey)
Simmel
CAPÍTULO 37: HUSSERL Y LA FENOMENOLOGÍA
La vuelta al “ser”
252.
253.
254.
255.
256.
257.
258.
259.
260.
Husserl
Oposición al psicologismo (Husserl)
Evidencia (Husserl)
Fenomenología (Husserl)
El lugar de los objetos ideales (Husserl)
La conciencia (Husserl)
La realidad como vivencia (Husserl)
Método fenomenológico (Husserl)
La teoría de los valores
CAPÍTULO 38: HEIDEGGER Y EL EXISTENCIALISMO
233
Existencialismo
261.
262.
263.
264.
265.
266.
267.
268.
Corrientes
Heidegger
El ser (Heidegger)
Existenciales (Heidegger)
Jaspers
Marcel
Sartre
Primacía de la existencia sobre la esencia (Sartre)
CAPÍTULO 39: EL NEOPOSITIVISMO Y LA FILOSOFÍA
ANALÍTICA
Neopositivismo
269.
270.
271.
El Círculo de Viena
Fisicalismo
Antimetafísica
Filosofía analítica
272.
273.
Wittgenstein
Estructuralismo
CAPÍTULO 40: ORTEGA Y LA RAZÓN VITAL
Ortega y la vida como realidad radical
234
274.
275.
276.
277.
278.
279.
280.
281.
282.
283.
284.
Ortega y Gasset
Pienso, luego existo yo con el mundo (Ortega)
Mi vida, realidad radical (Ortega)
“Yo soy yo y mis circunstancias” (Ortega)
La perspectiva (Ortega)
Razón vital (Ortega)
El ser (Ortega)
Razón histórica (Ortega)
Libertad (Ortega)
Ideas y creencias (Ortega)
Julián Marías
235
236
ÍNDICE DE NOMBRES Y TÉRMINOS
a:
A posteriori: 82, 98, 144, 167, 168, 180
A priori: 82, 144, 167, 168, 173, 174, 177, 180, 182, 270, 271
Abelardo: 88
Absolutismo: c24, 156
Absoluto: 67, 107, 195, 196, 199, 200, 203, 215, 222, 250, c38, 278
Abstracción: 22, c7, 88, 96, 153. 194
Abstraer: 49, 96
Absurdo: c4, 23, 64, 222, 264, 267
Academia: 31, 144, 159
Accidente: 43, 44, 45, 78, 97, 26, 282
Acto: 8, 23, 45, 47, 50, 68, 95, 97, 137, 155, 222, 224, 227, 238,
251, 257, 260
Adán: 60, 78
Agnóstico: c31
Agustín, San: c11, 66-73, 96, 104
Alberto Magno, San: 78, 93
Alejandro de Ales: 104
Alejandro Magno: 40, 52
Aletheia: 30, 263
237
Alma: 21, 22, 25, 29, 34, 35, 36, 37, 38, 48, 50, 52, 56, 67, 68, 69,
72, 78, 92, 95, 97, 99, 107, 121, 125, 144, 155, 236
Althuser, Louis: 237
Amor: c1, 19, 52, 61, 72, 242, 260, 284
Analítica: 137, 271, c39, 272, 284
Anaxágoras: 20
Anaximandro: 16, 17
Anaxímenes: 17
Anselmo, San: 81-84, 105, 136, 144, 180
Antístenes: 52
Ápeiron: 16
Argumento: 24, c10, 68, c13, 82, 83, 98, 105, 136, 144, 180, 197,
c39, 277, 281
Aristipo de Cirene: 53
Aristóteles: 5, 25, c7, 40-51, 78, 85, 89, 96, 97, 101, 109, 112, 126,
131, 175, 248
Arte: 80, 114, 200, 245, 260
Atomistas: 18, 21, 26, 53
Austin, J.L: c39
Averroes: 85, 86, 87, 96
Avicebrón: 85
Avicena: 85
b:
Bacon, Francis: 113, 127, 128, 129, 146, 155, 245
238
Bacon, Roger: 89, 90
Barthes, Roland: 273
Bauer, Bruno: 203
Bentham, Jeremias: 218
Bergson: 223, 224
Besarión: 112
Blondel: 224
Bolzano: c35
Bonifacio VIII: 106
Brentano: 237-243, 252, 254, 258
Bruno, Giordano: 119, 121
Buenaventura, San: 84, 92
c:
Cambio: 4, 12, 14, 22, 23, 24, 25, 42, 45, 47, 63, 124, 144, 166,
179, 189, 195, 196, 206, 207, 213, 223, 226, 227, 234, 249
Campanella: 116, 117
Carnap, Rudolf: c39
Categoría: 44, 170, 171, 174, 175, 177, c37
Causa: 5, 6, 12, 30, 49, 98, 107, 109, 124, 149, 150, 177, 179, 213,
215, 221, 222, 248, 249
Champeaux, Guillermo de: 78
Cicerón: 55, 66
Ciencia: c1, 1, 4, 6, 9, 17, 21, 22, 25, 26, 29, 41, 47, 90, c16, 107,
108, 109, c18, c19, 123, 124, 125, 140, 144, 153, 157, c25, 166,
239
167, 168, 169, 173, 177, 180, 182, 187, 189, c31, 217, 223, 224,
229, c34, 234, 237, c36, 244, 245, 246, 247, 249, 255, 265, c39,
269, 270, 271
Cínica, escuela: c8, 52
Cirenaica, escuela: c8, 53
Clotilde de Vaux: 214
Comte: 214-217
Contingente: 58, 69, 82, 98, 111, 243
Contradicción: 54, 83, 197, 212, 251, 253
Copérnico, Nicolás: 122, 123, 124, c26, 232
Cosmología: c2, 6, 179
Creación: c4, 56, 59, 65, 70, c12, 76, 77, 92, 97, 104, 199, 223, c35,
253, 274
Creencia: 15, 33, 57, 112, c23, 198, 208, 258, 283
Crisipo: 52
Crisis: 51, c8, 52, 55, c9, 102, 103, c18, 113, 127, 226, 253, 283
Cristina de Suecia: 130
Criterio: 68,124, c20, 126, 127, 129, 133, c23, 176, 183, 188, 219,
241, 254, 268, 283
Crítica: 41, 113, 115, 129, 151, 161, 169, 180, 181, 186, 203, 204,
205, 206, 234, c39
Cuerpo: 4, 6, 22, 29, 35, 36, 48, 61, 68, 97, 99, 168, 219, 236
d:
d´Alembert: 159
Darwin: 232
240
Deducción: 128, 139
Definición: 3, 28, 30, 32, 125, 143, 246, 281
Democracia: 13, c5, 38, 51, 228, 229
Demócrito: 21, 248
Derrida, Jaques: 273
Descartes, René: 68, 84, 113, 127, 129, c21, 130-140, c22, 141,
143, 144, 145, 254, 257, 259, 263, 275, 276
Determinista: 51, 155, 219
Dewey: 219
Dialéctica/o: 24, 197, 198, 199, 200, 206, 212
Diderot: 159
Dilthey: c36, 244-250, 253
Diógenes de Sinope: 52
Dios: c1, 5, 13, 19, 28, 45, 47, 50, 52, 53, 56, 57, 58, 59, 60, 61, 62,
63, 65, c11, 67, 69, 70, 71, 73, c12, 75, 76, 77, 78, 79, c13, 82, 83,
87, 92, c15, 95, 96, 97, 98,100, 101, c16, 103, 104, 105, 107, 110,
111, 112, 115, 119, 120, 121, 125, 135, 136, 137, 141, 143, 144,
145, c23, 147, 151, 152, 159, 161, 179, 180, 183, 185, 187, c27,
194, 195, 196, 198, 199, 203, 204, 215, 216, 222, c33, 226, 229,
232, c35, 236, 243, 248, 256, 260, c38, 261, 264, 267, 271
Duda: 27, 54, 68, 131, 132, 134, 152, 259, 275, 276
e:
Eclecticismo: 55
Efecto: 149, 150, 177, 184
Einstein, Albert: 234, c39
241
Elan vital: 223
Empirismo: 104, 110, 127, 128, c23, 146, 153, c24, c26, 170, 219,
270, c39
Empédocles: 19
Engels: 205
Ente: 4, 6, 21, 22, 23, 25, 42, 47, 96, 144, 180, 224, 263
Entendimiento: 67, 96, 146, 171, 174, 175, 177, 178
Epicureísmo: 53
Epicuro de Samos: 53
Epistemología: 5
Erasmo de Rótterdam: 114
Erdmann: 203
Escepticismo: 54, 66, 68, 152, 153
Escolástica: 84, 85, c14, 89, 94, c16, c17, 111, 112, 113, 119, 120,
127, 198
Escuela Escocesa: 154
Escoto: 78, 84, 105
Esencia: 22, 36, 42, 43, 44, 46, 49, 78, 84, 97, 110, 143, 204, 213,
239, 255, 259, 260, 264, 268, 279
Espíritu: 56, 61, 69, 77, 104, 114, 140, 142, 161, 174, c27, 190,
191, 195, 196, 198, 199, 200, 202, 216, 222, 244, 245, 247, c39
Estado (político): 51, 73, 89, 101, 115, 117, c23, c24, 156, 158, 162,
190, 202, 204, 213, 229
Estética/o: c2, 9, 188, 203, 222
Estoicismo: 52
242
Ética: c2, 8, 9, 29, 36, 37, 50, 72, 100, 118, 183, 184, 203, 218,221,
222, 242
Eva: 78
Evidencia: 28, c21, 133, 139, 140, c23, 224, 241, 254, c40
Evolución (de las especies): 232, c39
Existencia: 21, 46, 52, 53, 57, 58, 66, 68, 78, 82, 84, c15, 96, 97, 98,
105, 107, 111, 125, 135, 136, 137, 144, c23, 147, 149, 151, 158,
159, 180, 185, 190, 191, c28, 222, 224, 235, 245, 258, 259, c38,
261, 263, 264, 267, 268, c39, 273, c40, 275, 280, 282
Existencialismo: c38, 261, 264, 273
f:
Fe: 57, 61, 64, c11, 67, 79, 88, 95, 107, 126, 165, 183, 198, 222,
229
Felipe el Hermoso de Francia, Emperador: 106
Fenómeno: 55, 124, 171, 172, 175, 205, 234, 255
Fenomenología: c35, c37, 255, 259, 260, c38
Feuerbach: 203, 204, 206
Fichte: 189, 190, 191, 192, 248, c38
Fin: 3, 8, 29, 50, 65, 72, 73, 75, 77, 92, 98, 100, 101, 103, 179, 184,
188, 189, 197, 199, 200, 201, 223, c37
Física: 1, 4, 5, c4, 14, 21, 23, 52, c16, 124, 125, 153, 167, 168, 169,
177, 179, 217, 234, 245, 270, 271
Físicos: 17, 26, 47, 234
Forma (aristotélica): 46, 47, 48, 78, 96
Foucault, Michael: 273
243
Francisco de Asís, San: 104
Freud: 233
g:
Galileo Galilei: 21, 124
Gioberti, Vicenzo: c35
Gnosticismo: 65, 66
Gorgias de Leontini: 27
Gratry: c35, 236
h:
Hartman: 260
Hegel: 84, 189, c28, 192-202, c29, 203, 204, 205, 206, 208, 213,
221, 222, 248, c38
Heidegger: 252, 256, c38, 261, 262-264, 267, 273
Heisenberg: 234
Heráclito: 25, 32, 197
Hipótesis: 124, 167, 270
Hobbes: c24, 155-156, 248
Hombre: c1, 1, 7, 8, c3, 12, 13, c4, 19, 22, 25, 27, 29, 30, 32, 33, 34,
35, 36, 38, 43, 44, 47, 48, 49, 50, c8, 52, 53, 58, 59, 60, 61, 62, 63,
65, 68, 69, 71, 72, 73, c12, 75, 77, 78, 82, 96, 97, 99, 100, 101, c18,
112, 114, 115, 120, c19, 123, 126, 128, 134, c22, 142, 143, 144,
c23, 146, 151, 153, c24, 155, 156, 158, 159, 161, 162, 164, 166,
171, 172, 182, 183, 184, 187, c27, 195, 199, 201, 202, 204, 206,
209, 210, 211, 212, 215, 218, 219, c32, 220, 221, 222, 224, 226,
227, 228, 229, 230, 232, 234, 235, 236, c36, 246, 250, 251, 253,
244
256, 260, c38, 263, 264, 265, 266, 267, 268, 273, c40, 276, 281,
282, 283, 284
Humanismo: 52, 112, 114
Hume: 136, 148-153, 154, 168
Husserl: c35, c37, 252-259, c38, 262, 267
i:
Idea: 32, 33, 34, 36, 37, 136, 179, 186, 187, 200, 203, 208, 248, c38
Idealismo: 118, 129, 140, c22, 152, 165, 189, c28, 192, 193, 203,
222, 248, c38, 265, c40, 275
Ideología: 3, 206
Ilustración: c25, 159, 163, 229
Imperativo: 36, 184, 190, 226
Inducción/inductivo: 28, 125, 128, 146, 236
Inteligencia: 5, 49, 50, c26, 223, 224, 236, 263
Intelecto: 60, 61, 86, 88
Intencionalidad: 238, 240, 254, 258
Intuitivo: 200
Irracionalismo: c32, 220
j:
James: 219
Jaspers: 265
Jesucristo/Jesús: 59, 60, 62, c17, 203
Juan XXII: 106
245
Juicio: 10, c20, 146, 168, 175, 176, 178, 186, 188, 198, 240, 242,
253, 255, 259
Justino, San: 65
k:
Kant, Immanuel: 82, 84, 153, c26, 165-188, 189, 193, 201, c37
Kepler, Juan: 123
Kierkegaard: c32, 222, c38
l:
Lacan, Jacques: 273
Leibniz: 84, 91, 144, 145, 163
Levi-Strauss: 273
Liberalismo
: c24, 158
Libertad: 28, 61, 73, 77, 143, 158, 159, 160, 182, c27, 191, 202,
218, 233, c35, c36, 245, 248, 264, 267, 282, 283
Liceo: 40
Locke: c24, 157-158
Lógica: c2, 10, 18, 144, 218, 223, 253, 270
Luis de Baviera: 106
Lulio, Raimundo: 89, 91, 144
Lutero, Martín: 115
m:
Maimónides: 85, 87
246
Maine de Biran: c35, 235
Malebranche: 141, 143, 145
Maquiavelo, Nicolás: 116, 118
Marcel, Gabriel: 261, 266
Marías, Julián: 274, 284
Marx, Karl: 3, 203, c30, 205-213, 232, 234, 267, 273
Matemáticas: 1, c4, 22, 26, 41, 69, 109, c19, 124, 129, 131, 137,
140, 166, 167, 168, 169, 173, 177, 189, 217, 270, 279
Materia: 16, 19, 21, 46, 47, 52, 56, 65, 78, 94, 96, 97, c20, 137, 147,
155, 191, 208, 223
Materialismo/materialista: 21, 52, 53, 155, c29, c30, 205, 208, 212,
232, 248
Mayéutica: 30
Metafísica: 4, c2, 5, c4, 21, 23, 26, 47, 104, 153, c25, 166, 180, 181,
191, 215, 260, 270, 271, c39, 274
Mill, John Stuart: 218
Mito: 12, 15, 33, 35, 61, 203
Moisés: 60
Mónada: 144
Mónica, Santa: 66
Montano: 64
Montesquieu: 159, 160, 164
Moore, George Edward: 272
Moral: 3, 8, 27, 29, 33, c8, 60, 72, 82, 100, 101, 107, 117, 118, c23,
151, 153, 156, 159, 181, 182, 183, 184, 185, 187, 190, 202, 207,
213, 228, 230, 236, 282
247
Muerte: 25, 28, 31, 40, 61, 115, 162, 192, 214, 229, 264, 266, 284
Mundo: c1, 9, 13, 15, 19, 22, 25, 26, c6, 32, 33, 34, 35, 36, 39, 42,
45, 47, c8, 52, 53, 55, 58, 59, 63, 65, c11, 70, 73, c12, 75, 76, 79,
82, c16, 112, 114, 120, 121, 129, 135, 137, 138, 141, 144, 147, 152,
161, 179, 180, 182, 185, 187, c28, 197, 198, 199, 202, c30, 209,
221, 222, 223, 224, c33, 228, 229, 231, c34, 232, 234, 235, 236,
248, 250, 257, 259, c38, 263, 264, 267, 268, 271, c40, 275, 276,
277, 278, 281, 284
n:
Napoleón: 190, 246
Naturaleza: 1, 6, c4, 14, 19, 21, 22, 27, 47, 50, 51, 52, 60, 61, 70,
82, 99, 100, 108, 110, 119, 124, 137, 143, 153, 156, 158, 159, 162,
164, 172, 182, c27, 191, 199, 208, 215, 217, 220, 233, 237, 245,
246, 249, 253, c38
Necesario: 46, 58, 98, 107, 111, 144, 164, 168, 204, 226, 243, 245,
278
Neoplatonismo: 56, 66
Neopositivismo: c39, 270, 271, 272
Newton, Isaac: 21, 125, 144, 153, 234
Nicolás de Cusa: 119, 120
Nietzsche: c32, c33, 225-231, 232
Nominalismo: 78, 109, 124, 147, 155
ñ:
o:
248
Occam: 78, c16, 105, 106-110, 119, 122, 124
Ontología: 5, c38
Ontológico (argumento): 82, 83, 84, 105, 136, 144, 180
Ontologismo: c35
Ortega y Gasset: c40, 274-283, 284
p:
Parménides: c4, 21, 23, 24, 25, 32, 45, 131, 197
Pascal: 142
Peirce: 219
Persona: c1, 13, 30, 43, 62, 63, 78, 86, 112, c19, 124, 146, 156, 201,
246, 260, 264, 268, 281, 284
Personal: 63, 112, 159, 203, 231, 235, 246, 247, 249, 250, 278, 282,
284
Pico de la Mirándola: 112
Pietro Pomponazzi: 112
Pitágoras: 22
Pitagóricos: c4, 22, 26
Planck, Max: 234, c39
Platón/platónico: c6, 31-39, c7, 40, 41, 42, 43, 46, 48, 49, 50, 51,
61, c11, 68, 69, 70, c14, 94, 96, 112, 117, 131, 186, 197, 221, 248,
256, 263
Plotino: 56
Pluralistas: 18, 19, 20
Política: c2, 13, 31, 38, 50, 51, 116, 118, 159, 204, 209, 245
249
Popper, Karl: 234
Positivismo/positivista: c31, 214, 218, c32, c35, 250, 253, 255, 259,
c38, 265, c39
Positivo: 58, 215, 216, 217
Potencia: 45, 47, 50, 95, 96, 97
Pragmatismo: 219
Premisa: 23, 126
Presocrático: c4, 26, 32, 48, c21
Principio: 8, c4, 14, 15, 16, 18, 23, 28, 48, 52, 56, 66, 69, 73, 96, 98,
99, 100, 111, 112, 117, c19, 122, 124, 126, 128, 129, c23, 146, 150,
154, c24, 159, 164, 171, 178, 179, 180, 184, 198, 200, 205, 215,
218, 219, 221, 226, 253, 254, 255, 262, 271
Problema: 4, 21, 25, 39, 58, 63, c12, 93, 95, c17, 113, 120, c20,
140, 145, 186, 222, 223, 224, c38, 261, 263, 271, c39
Pseudoproblema: 271, c39
Psicología: c2, 7, 179, 257
Ptolomeo: 122
q:
r:
Racionalismo: 115, 127, c21, 140, 145, 153, c26, 170
Razón: c1, 2, 5, 21, 22, 23, 25, 26, 32, 35, 39, 52, 58, 59, 61, 62, 63,
64, c11, 67, 69, c12, 79, 90, 91, 92, c15, 95, 99, c16, 102, 103, 105,
107, 110, 129, c21, 133, 140, 142, 144, c23, 151, 153, 154, 158,
159, 164, 165, 167, 169, 170, 171, 178, 180, 181, 182, 183, 184,
250
185, 186, 187, c28, 193, 195, 196, 197, 198, 199, 200, 202, 213,
c32, 220, 279, 281
Realidad: c1, 1, 2, 3, 5, 12, 13, c4, 17, 22, 23, 24, 25, 26, 30, c6, 32,
33, 35, 38, 39, 41, 42, 44, 47, 49, 52, 65, 69, 77, 78, 83, 84, 96, 108,
109, 111, 113, 119, 120, 126, 135, 137, 140, c22, 143, 144, 145,
c23, 149, 152, 153, 159, 168, 170, 172, 173, 174, 178, 179, 180,
181, c27, 190, 191, c28, 193, 194, 195, 196, 197, 199, 200, 206,
207, 209, c32, 220, 221, 223, 227, 234, 238, c36, 245, 246, 247,
248, 249, 250, 251, 255, 257, 258, 259, 260, c38, 265, 266, c39,
269, 271, 273, c40, 275, 276, 278, 279
Realismo: 78, 140, c40
Reichenbach: c39
Relativismo: 27, 28, 219, 253
Religión: 2, c2, c9, 57, c10, 112, 114, 115, 143, 151, 153, 191, 200,
203, 204, 209, 216, 222
Revelación: 2, 5, 92, 95, 105, 112, 126, c23, 159, 198
Romanticismo: c27, 189, 191
Roscelino: 78
Rosmini-Sebasti, Antonio: c35
Rousseau: 159, 162, 164
Russell, Bertrand: 272
s:
Saint-Simon: 214
Sartre, Jean Paul: 261, 267-268
Scheler: 260, 262
Schelling: 189, 191, 192, 199, c38
251
Schopenhauer: c32, 221, 225, 227
Séneca: 52
Ser (el): 4, 5, 23, 24, 32, 41, 47, 83, 97, 98, 111, 144, 175, 180, 194,
197, c37, c38, 263, 267, 271, 280
Silogismo: 126, 128, 129, 178
Simmel: 251
Simone de Beauvoir: 267
Sociología: 216, 217, 251, 279
Sócrates: c4, c5, 28-30, 31, 33, 52, 126, 128, 183, 248, 268
Sofista: c5, 27, 28, 51, 53
Spinoza: 84, 143, 144, 145, 196, 248
Strauss, David Friedrich: 203
Suárez: 111
Sustancia: 17, 25, 43, 44, 45, 46, 49, 68, 78, 96, 97, 99, 121, 134,
136, 137, 141, 143, 144, 179, 190, 196, 199, 215, 236, 276
t:
Tales de Mileto: 15, 16
Teleología: 5, 74, 86, 95, c16, 102, 103, 105, 107, 111, c19, 179,
192, 236
Tertuliano: 65
Tomás de Aquino, Santo: 78, 84, c14, 89, 93, c15, 94-101, 107,
126, 248
Tomás Moro: 116, 117
Trascendental: 179, 259, 264
252
Trascendente: 73, 82, c31, 222
u:
Universal: 1, 19, 25, 28, 43, 49, c12, 78, 88, 96, 109, 110, 140, 144,
155, 162, 167, 168, 173, 176, 184, 198, 199, 200, 202, 222, 247,
284
Universo: 6, 12, 17, 19, 22, 23, 98, 107, 122, 137, 144, 227, 232,
235,
Utilitarismo: 218, 229
v:
Valor: 27, 28, 35, c33, 226, 229, 230, 232, 234, c35, 260
Vida: c1, 3, 12, 25, 36, 39, 47, 48, 50, 51, c8, 52, 53, 62, 91, 99,
114, 144, 156, 162, 164, 165, 185, 191, 196, 203, 214, c32, 221,
223, 227, 228, 229, 232, 235, 237, 244, 246, 249, 250, 251, c38,
263, 264, 267, c40, 276, 277, 278, 279, 281, 282, 283, 284
Vitalismo: c32, 225, 232, 265
Voltaire: 159, 161, 164
Voluntad: 7, 8, 37, 48, 60, 72, 77, 79, 95, 105, 107, 155, 158, 162,
164, 182, 183, 184, 187, 221, 226, 227, 236, 245, 260, 268, 276
w:
Wagner: 225
Wittgenstein: 272
x:
253
y:
z:
Zenón de Citium: 52
Zenón de Elea: 24
254
255
256
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