ALCALÁ- ZAMORA, O EL FRACASO DE CENTRAR LA REPÚBLICA

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Domingo. 17 de abril de 2016 • LA RAZÓN
HISTORIA
Por Jesús PALACIOS
Historiador y periodista y del
Consejo Editorial de Kosmos-Polis
l profesor Stanley Payne ha contribuido decisivamente al esclarecimiento de los hechos
más notables de la
Historia Contemporánea española y europea. Sus investigaciones sobre el fascismo, la Segunda
República, la Guerra Civil y Franco y su régimen así lo acreditan.
Obras como «Falange, la historia
del fascismo español», «Los militares y la política en la España
Contemporánea», «La Guerra
Civil en España», «El colapso de
la República», «España, una historia única», «Franco, una biografía personal y política» (escrita
junto a este autor), así lo acreditan, siendo por ello, el principal
hispanista de referencia sobre
dicho período.
Recientemente ha publicado
«El camino hacia el 18 de julio»
(Espasa), sobre el que pronunció
una memorable conferencia en
el Ceseden que fue organizada
conjuntamente por la Sociedad
de Estudios Contemporáneos
Kosmos-Polis, y cuyo éxito y resonancia han molestado hasta la
exacerbación a una chirriante y
radical izquierda.
E
◗ ORÍGENES MODESTOS
Ahora Payne publica «Alcalá-Zamora, el fracaso de la República
conservadora» (Gota a GotaFaes), en el que nos ofrece un
estudio detallado y minucioso
del que fuera presidente de la
Segunda República. Una figura
de extraordinaria personalidad y
formación, que desde sus orígenes modestos, y tras una sacrificada formación autodidacta,
llegaría a alcanzar puestos importantes durante la monarquía
de Alfonso XIII, y los de mayor
relevancia en la Segunda República, hasta pocos meses antes
del estallido de la Guerra Civil.
A lo largo de las páginas, Payne
nos va realizando el retrato de un
hombre honrado que triunfó y
brilló en su profesión, y que quiso
aportar a la política lo mejor de
sus conocimientos. Demócrata
convencido, liberal de ideas y
católico practicante, colaboró en
varios gobiernos de Alfonso XIII,
hasta que el pronunciamiento de
Primo de Rivera, que tan condescendientemente fue recibido por
el Partido Socialista y la izquierda
en general, le alejó de la corona,
para conspirar abiertamente a
favor del advenimiento de la república.
Su «vendetta» contra Alfonso
XIII tuvo éxito al auto descabalgarse el monarca tras las eleccio-
nes municipales del 14 de abril
de 1931, y el pronunciamiento
político-civil de los revolucionarios que proclamaron la Segunda
República. Pero aquel sería prácticamente su único triunfo, pues
Alcalá-Zamora fracasó siempre
en su intento de moderar y centrar la República. Como jefe del
gobierno provisional republicano y firme católico, toleró la numerosa quema de conventos,
violencia y actos de pillaje en los
primeros pasos del nuevo régimen. Y ya recién designado presidente de la República, fue incapaz de moderar y equilibrar una
constitución absolutamente
sectaria y partidista.
Durante sus años de gestión al
frente de la República, AlcaláZamora tan sólo se mantuvo
firme en dos ocasiones; cuando
el gobierno de Azaña, a propuesta de los socialistas, quiso armar
a las milicias de UGT y de los
partidos de izquierda, tras el
pronunciamiento frustrado de
la Sanjurjada del 10 de agosto de
1932, puesto que hubiera transformado una acción débil y fracasada, en una confrontación
civil o revolución social, y al resistirse a los múltiples intentos
del Partido Socialista, de los radicales y de las izquierdas burguesas, para que no reconociese
y anulase los resultados de las
elecciones de diciembre-enero
de 1932/33, que dieron un amplio triunfo a los partidos moderados de centro y de derecha.
Pero, sin embargo, se mostró
muy indulgente con los responsables socialistas, comunistas y
radicales republicanos implicados en la insurrección revolucionaria de octubre de 1934, lo que
debilitaría al gobierno de centro-derecha.
Y así Payne nos va perfilando el
retrato de una figura que se fue
transformando a causa de una
visión mesiánica, por la que llegó
a creerse que sólo sus manipulaciones políticas podían garantizar la estabilidad del régimen
republicano. Su alejamiento de
la realidad social, le llevó a beneficiar a la izquierda, aunque fuese
radical, y a tratar de forma obsesiva de boicotear y bloquear a la
CEDA y las derechas, cuando legítimamente les correspondía la
formación de gobierno.
Pese a sus sólidas convicciones demócratas y de ser un
constitucionalista, no le importó retorcer la Constitución y
hasta violarla en su mesiánica
idea de convertirse en el protagonista de ‘centrar’ la República.
Para ello, buscó dinamitar el
centro político que representaba
el Partido Radical y hundir a
Lerroux, su líder y al que no po-
«LLEGÓ A CREER
QUE SÓLO SUS
MANIPULACIONES
GARANTIZABAN
LA ESTABILIDAD»
«TOLERÓ LA QUEMA
DE CONVENTOS Y
ACTOS DE PILLAJE EN
LOS PRIMEROS PASOS
DEL NUEVO RÉGIMEN»
«DEMÓCRATA
CONVENCIDO,
COLABORÓ EN
VARIOS GOBIERNOS
DE ALFONSO XIII»
día ver, explotando el caso del
estraperlo, un pequeño escándalo sin la menor importancia,
y que más fue un chantaje en
toda regla, jaleado por Prieto y
Azaña. Al tiempo que igualmente se alegró de las consecuencias
del estallido del caso Nombela.
Alcalá-Zamora creyó que la
CEDA era el principal obstáculo
para que se consolidara en centro político, para el que reclamaba todo el protagonismo, y su
animadversión hacia Gil Robles
se fue incrementando hasta
provocar la completa desestabilización del régimen republicano. Intentó dividir el partido en
dos alas para debilitarlo y dejarlo fuera del gobierno, y al no
conseguirlo, en vez de llamar al
líder de la CEDA para que formara gobierno, se saltó los usos
parlamentarios y violó la Cons-
Stanley G. Payne ahonda en su nuevo libro en
el hombre de orígenes modestos, que llegó a
triunfar en su vida profesional para después
caer estrepitosamente en su deseo de moderar
y equilibrar el régimen que llegó a presidir
ALCALÁZAMORA,
O EL FRACASO
DE CENTRAR
LA REPÚBLICA
titución, disolviendo las Cortes
de forma irresponsable y convocando nuevas elecciones con un
Parlamento que estaba a la mitad de su legislatura.
Usando de forma torticera la
Constitución, el presidente hizo
uso de la facultad que le permitía
suspender el Parlamento. Con
ello esperaba ilusoriamente que
su aliado y amigo Portela Valladares creara un nuevo centro
político. Portela no era siquiera
diputado y fracasó en su intento.
Las elecciones del 16 de febrero
de 1936 se celebraron en medio
de una campaña de fuerte hostilidad y de centenares de actos
de violencia, con más de cuarenta muertos, principalmente a
manos de la extrema izquierda y
de la extrema derecha. Las izquierdas acudieron unidas (excepto los grupos anarquistas) en
un Frente Popular. El resultado
fue de empate técnico entre las
derechas y las izquierdas, quienes antes de conocerse el resultado se lanzaron a la calle proclamando su victoria absoluta y
desatando una ola de violencia.
◗ NO A LA LEY MARCIAL
Alcalá-Zamora, que por nada
quería mostrarse duro contra los
partidos de izquierda, se negó a
que el débil gobierno de Portela
implantase la ley marcial. La
agitación y los desmanes provocaron la inmediata defección de
un aterrado Portela, que huyó del
poder tres días después. Y al presidente no le quedó más remedio
que llamar al gobierno a Azaña,
quien con el control de las administraciones provinciales, la izquierda manipuló decenas de
actas, declarando el triunfo absoluto del Frente Popular.
La suerte personal de AlcaláZamora estaba echada, pues en
el fondo intuía que, ganase quien
ganase las elecciones, sería expulsado de la presidencia de la
República, como así ocurrió en
los primeros días de abril.
La fragmentación política y la
polarización de la sociedad fueron los ejes de los cinco años de
vida de la República, que en el
fondo constituyó un proceso
revolucionario izquierdista, que
se activó desde febrero a julio del
36, momento en el que se le
opuso otro movimiento contrarrevolucionario, que desataría la
confrontación abierta y la Guerra Civil.
«ALCALÁZAMORA»
Stanley G. Payne
GOTA A GOTA-FAES
300 páginas,
15 euros
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