Werner Herzog, el cineasta de los extremos, filmará

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LATERCERA Lunes 27 de abril de 2015
Sociedad
Cultura
Werner Herzog, el cineasta de los extremos,
filmará en Bolivia un relato de ciencia ficción
R El prestigioso director alemán,
autor de películas como Aguirre,
la cólera de Dios y Fitzcarraldo, se
encuentra en La Paz.
R El misterioso salar de Uyuni será el R Entre los preparativos del rodaje y
escenario de su próxima cinta, Sal
y fuego, un relato cargado de
ciencia ficción y ecologismo.
los ajustes del guion, Herzog ha
dado dos charlas magistrales ante
la incredulidad de sus fanáticos.
Mery Vaca, La Paz
Con 72 años, Werner Herzog
imagina su muerte en la cima
de una montaña, acompañado de música y una puesta de
sol. También en las profundidades de la selva, recostado en
una hamaca, donde el último
sonido que oiga sea el canto de
los pájaros. “Mi alma pertenece a la selva”, dice el cineasta
alemán ante un auditorio de
casi 500 personas en La Paz.
Pese a que no le interesa mucho, imagina su muerte en una
de esas locaciones extremas
donde se puso a prueba a sí
mismo y a sus actores, quienes
sudaron cada gota que se verá
en pantalla. Enemigo de los
efectos especiales, el director
de célebres films como Aguirre,
la Cólera de Dios, Fitzcarraldo
y Grizzly Man, está en Bolivia
para rodar Sal y Fuego, una
trama de ciencia ficción de
corte ecologista que se filmará en otro paisaje extremo: el
salar de Uyuni, un desierto de
10 mil kilómetros cuadrados
que sobrecoge por su inmensidad y misterio.
“El salar, para mí, no pertenece a Bolivia ni a nuestro planeta, es algo extraterrestre, es
ciencia ficción, algo de las neblinas de Andrómeda, es un sitio lleno de sueños y fiebre,
como la selva”, relata inspirado. La cinta también se rodará en áreas rurales de Santa
Cruz y sitios patrimoniales de
Bolivia. Herzog se excusa de
dar más detalles, pues aún está
haciendo cambios al guión.
Sin embargo, ante una pregunta de La Tercera, comenta
que será un largometraje en
que pondrá toda su alma para
no decepcionar al público.
Respecto a la trama, ha dicho
que se centra en una científica (encarnada por la actriz alemana Verónica Ferres) quien
se confronta con los intereses
de una empresa en defensa del
medioambiente, ante una catástrofe volcánica global.
La temática ecológica ha
atraído al Gobierno boliviano.
El ministro de Culturas, Marko
Machicao, ha colaborado para
que el rodaje sea un éxito, pues
“contribuye a la visibilización
del país”, dice. Comenta además que unas 200 personas se
movilizarán para la filmación,
aunque se niega a revelar fe-
SUS MEJORES FRASES EN LA PAZ
“El salar de Uyuni no
pertenece a Bolivia ni a
nuestro planeta. Es
ciencia ficción”.
“Deben mantener la
dignidad de su cultura.
No hacer cine boliviano
al estilo de Hollywood”.
“La gente que no lee,
jamás se convertirá en
grandes cineastas. Hay
que leer, leer y leer”.
RR El director alemán, de 72 años, durante una conferencia en La Paz. FOTO: PATRICIO CROOKER
chas y locaciones exactas. La
colaboración incluye filmar en
sitios patrimoniales, la facilitación de trámites aduaneros y
de visado, y la dotación de un
grupo de policías, quienes se
baten a duelo por ser uno de los
extras que llenarán la pantalla.
Pese a los preparativos, las
visitas oficiales, los ajustes al
guión e interminables lecturas,
Herzog se ha dado tiempo para
hablar y oír a sus admiradores
en dos charlas magistrales en
Santa Cruz y La Paz. Auditorios
repletos de cineastas, escritores y pintores de Bolivia, Perú,
Chile y Argentina donde no
faltó el fanático que le declaró
su amor, agradeciéndole incluso estar vivo. Es un joven
peruano que toma el micrófono y hace la mayor declaración de amor que Herzog haya
oído jamás: “Muchas gracias
por existir, sigue vivo, y juro
que el día que estés muriendo,
voy a caminar y hacer temblar
la tierra para que sigas viviendo”, le grita. El cineasta se sonroja, pues el homenaje rememora un episodio extremo en
su vida: caminar como un acto
de fe. En 1974, tras saber que su
mentora, Lotte Eisner, estaba
a punto de morir en París, via-
jó de Alemania a Francia para
decirle que no podía irse aún,
pues le haría mucha falta al
cine alemán. Pero no tomó un
avión, un tren ni un autobús,
sino que caminó en línea recta y en pleno invierno europeo
hasta ella. Y no se fue. Vivió
ocho años más. Ya en Alemania, y muy enferma, Lotte le pidió a Herzog que le quitara el
encanto para poder marcharse. Herzog le dijo: “Lotte, ahora sería bueno que usted muera”. Ocho días después dejó de
existir. El auditorio que asistió
al cine 6 de Agosto en La Paz escucha con asombro su relato.
Caminar, para él, es descubrir el mundo. Por eso, “sería
muy difícil perder una pierna,
un fracaso más grande que
perder un ojo”. Solo así dejaría
de rodar. Por eso recomienda
a quienes quieran ser cineastas, caminar mucho; pero, sobre todo, leer sin pausa. Pese a
ser un cineasta, Herzog confiesa que solo ve tres o cuatro películas al año. En cambio, lee
todos los días. Entre sus autores favoritos cita a Virgilio,
Friedrich Hölderlin, Joseph
Conrad y Hemingway. “La
gente que no lee, jamás se convertirá en grandes cineastas.
Hay que leer, leer y leer”, dice.
Herzog, en un español estructurado aunque con marcado
acento alemán, responde cada
pregunta, aunque cada vez más
escueto. Acepta regalos, más
preguntas, pero no quejas. Por
el contrario, se pone a sí mismo
como ejemplo recordando que,
en sus inicios, trabajaba por las
noches como mecánico para
ganar dinero y hacer cine. Aún
así, tras 10 años nadie quería ver
sus películas. A quienes tienen
muchos sueños y poco dinero,
les dice que hoy se puede hacer
cine sin recursos, que ni siquiera hace falta ir a una escuela.
Por el contrario, cree que la
academia perjudica. “Deben
mantener la dignidad de su cultura, no hacer cine boliviano al
estilo hollywoodense”.
Extremos son sus paisajes,
extrema es su vida. También
sus personajes y actores, entre
ellos “el loco”, “la bestia”, “la
pestilencia”: Klaus Kinski, el
mismo que protagonizó cinco
films suyos y al que Herzog dedicó el documental Mi enemigo íntimo. El actor amenazaba
con abandonar las filmaciones
una y otra vez, hasta que tuvo
que retenerlo prometiéndole
escopetazos. Así logró “domesticarlo”. Herzog reconoce que
toma riesgos en sus filmaciones
porque todo lo que se ve en sus
películas realmente sucede,
como la explosión de un volcán
o la furia de un río. Pero no solo
hay riesgos físicos, sino también mentales. “He trabajado
con actores bajo hipnosis, actores enanos, con Bruno S (padecía de problemas psiquiátricos), con hombres condenados
a muerte y, claro, con Klaus
Kinski”, dice entre risitas, “intento mirar el abismo del alma
humana en las profundidades”.
Tras hora y media, Herzog
cierra su presentación en La
Paz, dejando un desierto de interrogantes respecto a su nueva película. Habrá que esperar
para ver qué tan extremos son
los riesgos que tomará en los silencios del salar de Uyuni. Dicen que desde el Apolo, Neil
Amstrong quedó enamorado
de ese gigantesco desierto blanco, un paisaje único situado a
una altitud de 3.650 metros sobre el nivel del mar, de temperaturas bajo cero, pero también de una luminosidad que,
incluso, puede enceguecer.b
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