140-12-9 CAMARA TERCERA DE LO PENAL DE LA PRIMERA SECCIÓN DEL CENTRO, San Salvador, a las quince horas y treinta minutos del día dieciocho de Septiembre del año dos mil doce. Por recibido el oficio número 877, de fecha veinticuatro de Agosto del presente año, recibido en ésta Cámara a las quince horas y cincuenta minutos del día veinticuatro de Agosto del año en curso; oficio suscrito por la licenciada Gladys Margarita Salgado Castillo, en su calidad de Juez de Paz de Panchimalco, mediante el cual remite a este Tribunal, constando de cuarenta y cuatro folios, el proceso penal instruido contra el imputado Jeremías V. P., por atribuírsele la comisión de delitos previstos en la Ley Reguladora de las Actividades Relativas a las Drogas, específicamente los delitos de Posesión y Tenencia, previsto y sancionado en el Art. 31 y Siembra y Cultivo, previsto y sancionado en el Art. 31, ambos de la mencionada ley especial y ambos en perjuicio de la Salud Pública; remisión que realiza a efecto este Tribunal se resuelva el recurso de apelación interpuesto por la representación de la Fiscalía General de La República, en contra de la decisión judicial emitida por la señora Jueza de paz de Panchimalco en audiencia inicial celebrada las nueve horas del día veinte de agosto del presente año, por medio de la cual se declara la nulidad absoluta del acta de detención y de los actos conexos al delito de Posesión y Tenencia, y Siembra y Cultivo, previstos y sancionados en el Art. 31 y 31 de la Ley reguladora de las Actividades relativas a las Drogas, en perjuicio de la Salud Pública, atribuidos al señor Jeremías V. P. Por recibido el escrito, de fecha veintinueve de presente mes y año, presentado por el licenciado Ovidio Servellón Campos, en calidad de defensor particular del imputado Jeremías V. P., en el proceso penal antes relacionado, por medio del cual contesta el recurso de apelación antes mencionado, que consta de ocho folios, más seis folios de documentación adjunta, agréguense. Datos generales del imputado Jeremías V. P.: […] Recurso presentado. El licenciado Julio César Cabrera Manzano, actuado en su calidad de Agente Auxiliar del señor Fiscal General de La República, presentó escrito de apelación contra decisión judicial emanada de la señora Jueza de Paz del distrito judicial de Panchimalco, de las nueve horas del día veinte de agosto del presente año; en el cual expresa su desacuerdo con la decisión de declarar la nulidad del procedimiento, fundamentando su posición de la siguiente manera: "Considerando la representación fiscal que la señora [Jueza] de Paz de Panchimalco, no aplico dentro de las máximas que conforman la sana critica, ni la experiencia, ni el sentido común, pues no basta ceñirse literalmente a lo que establece el Art. 20 Cn Y 195 Pr. Pn. en cuanto a los supuestos que habilitan intervenir un inmueble sin orden judicial; por lo que se establece que la juez, al momento de realizar su análisis de la actividad indiciaría, no aplico las máximas antes referidas, pues primeramente debió aplicar la experiencia adquirida en casos similares, para visualizar el contexto del procedimiento policial, a la juzgadora le falto visualizar en su conjunto las condiciones de lugar, modo y tiempo del procedimiento policial, de esta forma tenemos que según el acta de detención policial y las actas de entrevista de los agentes policiales, éstos pasaban como a cincuenta metros de una cancha de fútbol y observan a un joven que al notar la presencia policial, salió corriendo, conducta que les genero sospecha y con el objeto de prevenir cualquier ilícito optaron por perseguirlo siendo esa conducta anormal mostrada por ese sujeto la que merece atención, la señora jueza dentro de su experiencia debió haber tenido en cuenta que los seres humanos tenemos y procedemos con ciertas pautas conductuales, siendo seres de hábitos con tendencia a etiquetar y organizar la realidad para su mejor comprensión, de lo cual surgen patrones esperados por la sociedad, cuando una persona se aparta del esquema general de los patrones conductuales, el resto de las personas en su entorno tienden a notarlo, la conducta es llamativa; un comportamiento evasivo se vuelve entonces digno de observación, pues genera sospecha, por lo consiguientes dentro de su labor preventiva y represiva del delito que por ley tiene la policía Nacional Civil, esas conductas, en la coyuntura social en la que vivimos de alto indicie delincuencial, no puede, ni debe pasar desapercibida; la incorrecta interpretación de la señora jueza de conocimiento radica en no haber apreciado en toda su extensión el art. 195 Pr.Pn. en relación con el Art. 20 Cn. Por lo que se tiene, en el presente caso, que se infería un peligro inminente de la perpetración de un eventual delito (Art, 20 Cn), lo cual dentro de la experiencia, saber y entender de los agentes policiales se habilitaba una persecución actual, al ver al sujeto que al notar la autoridad los evadió, dándose a la fuga, por lo que resultaría ilógico pensar que los agentes policiales se quedaran en el lugar sin intervenir en dicha situación que acontecía en su presencia. De lo anterior tampoco la juez Acuo [sic-1 aplica el sentido común, pues un actuar anormal lógicamente genera un efecto, por lo consiguiente la flagrancia como instrumento para detener una persona y hacer cesar los efectos de un eventual delito o prevenir mayores consecuencias eran latentes en el presente caso, situación que justificaba y validaba el ingreso al inmueble donde fue detenido, procurando entonces evitar la consumación de un delito, la huida de un posible delincuente o la desaparición de los efectos o instrumentos del delito, ello relacionado a la persona en ese momento sospechosa, concretizándose estas acciones indudablemente en principios de necesidad, razonabilidad y proporcionalidad El Articulo 20 Cn. habilita el ingreso a la morada sin consentimiento de sus habitantes, por flagrante delito o inminencia de su perpetración, lo que determina un solo supuesto, pero con dos formas de apreciarse, tenernos que la única causa que lo habilita seria la manifestación de un delito, por lo que esa manifestación delictiva el Constituyente la fragmento en dos formas de manifestación, siendo una la flagrancia directa o conocido como flagrante delito y la otra la sospecha de flagrancia contenido en la parte del Art. 20 Cn. como o peligro inminente de su perpetración, por lo cual el peligro inminente debió ser interpretado por la juzgadora como predicado del flagrante delito, en este sentido el análisis de la señora jueza fue limitado y defectuoso, ya que para ella, se debió haber materializado concretamente un ilícito para habilitar el ingreso al inmueble e ingresar sin orden judicial, por lo que en el segundo supuesto, que es aplicable al caso que nos ocupa es decir el peligro inminente de su perpetración, La determinación del estado de flagrancia delictiva se presenta mediante percepciones que permiten inferir una sospecha razonable de la misma, es decir esa razonable creencia de que se está cometiendo un delito, por ello debe tener su base en una experiencia sensorial directa del suceso, como a ocurrido en el presente caso." Contestación del recurso. El licenciado Ovidio Servellón Campos, en su calidad de defensor particular, contesto el recurso de la parte acusadora, expresando en su escrito, como primer punto que el mismo debe ser declarado inadmisible puesto que hace a una resolución fechada en el año dos mil once y la resolución pronunciada por la jueza a quo es del mes de agosto del presente año; y de igual forma expresa los puntos en los que se basa para considerar que la resolución judicial está conforme a derecho y por lo tanto debe ser confirmada, los cual entre varios aspectos básicamente consisten: "El ministerio público fiscal, en el escrito de Interposición del Recurso de Apelación, ha manifestado que el "MOTIVO" que invoca es la errónea aplicación de los artículos 20 de la Constitución de la República, 195 y 175 Pr. Pn.; sin embargo, de la lectura de la resolución pronunciada en Audiencia Inicial por el Juzgado de Paz de Panchimalco, de fecha veinte de agosto de dos mil doce, se logra apreciar claramente que la honorable jueza de Paz de Panchimalco aplicó correctamente los citados artículos; por tal razón no es cierto lo que argumenta el ente fiscal, por los motivos siguientes: 1) En vista que textualmente el ente fiscal describe: "el art. 175 Inc. 2 establece "No tendrán valor los elementos de prueba obtenidos en virtud de una infracción originada en un procedimiento o medio ilícito. No obstante lo dispuesto en el presente inciso, cuando los elementos de prueba hayan sido obtenidos de buena fe, por hallazgo inevitable o por la existencia de una fuente independiente, podrán ser valorados por el juez aplicando las reglas de la sana crítica". Ahora bien, en virtud de dicho argumento fiscal es dable preguntarnos ¿acaso la Policía Nacional Civil actúa de buena fe cuando ingresa a una vivienda o morada, sin el consentimiento de su morador, sin apego a lo establecido en el artículo 20 Cn. y 195 Pr. Pn., tal como ha ocurrido en el caso que nos ocupa?. La respuesta simple y llanamente es que la policía no actuó de buena fe; pues la Policía Nacional Civil no respetó dichas disposiciones legales; no obstante el deber jurídico que tienen de respetar principios y garantías en los procedimientos que realizan, para que su actuar sea considerado corno un acto legal. Es de recordar que los mismos agentes captores en su Acta de Detención manifiestan que a mí defendido no le encontraron nada adherido a su cuerpo, pero, pese a ello los agentes captores ingresaron a la vivienda o morada de mi cliente, sin su consentimiento, lo requisaron y lo sacaron de su morada; acumulándole los delitos de POSESIÓN y TENENCIA y SIEMBRA Y CULTIVO de la Ley Reguladora de las Actividades a las Drogas, pese a que no le encontraron nada; manifestando los agentes captores en su Acta de Detención que procedieron a la captura por "PRESUMIR": pero los profesionales del derecho sabemos que no basta una simple presunción infundada, ya que en el caso que nos ocupa no le encontraron nada adherido a su cuerpo; desde luego que la detención de mi defendido, se realizó y llevó a cabo en el interior de la vivienda o morada de mi cliente. El ente fiscal ha confundido el sentido y alcance del artículo 175 Pr. Pn., ya que en sus argumentos señala un supuesto hallazgo inevitable; olvidando el ente fiscal que el hallazgo inevitable es válido, siempre y cuando medie una orden de allanamiento y registro de morada; por ejemplo en los casos en que la policía allana determinada morada, con orden judicial, para capturar una persona y accidentalmente encuentran otros elementos de pruebas que puedan tener relación con otro delito; ya que la ausencia de una orden de allanamiento en el presente caso vicia la supuesta prueba y por tal razón el legislador sancionó dicha prueba, declarándola ilegal, con la NULIDAD ABSOLUTA. Suponer que la Policía Nacional Civil pueda ingresar a la hora que se le plazca y de la manera que decida a una morada, es un error, porque solo basta pensar las atrocidades que haría y hace la Policía Nacional Civil cuando procede de esa ilegal forma; porque si esa fuera la forma correcta de proceder para la policía significaría que siempre viviríamos sin intimidad, sin privacidad y viviríamos en zozobra, pensando que en cualquier momento y a cualquier policía se le pudiera cruzar por la mente entrar a determinada vivienda y hacer cualquier cosa." Decisión del Juez A Quo. La señora Jueza de Paz de Panchimalco, resolvió en audiencia de las nueve horas del día veinte de Agosto del presente año, declarar la nulidad del acta de detención y de los actos conexos a los delitos de Posesión y Tenencia; y Siembra y Cultivo, previstos y sancionados en los Arts. 31 y 344 de la Ley Reguladora de las Actividades Relativas a las Drogas, atribuidos, al señor Jeremías V. P.; fundamentando tal decisión de la siguiente forma: "cabe señalar que la protección del domicilio al igual que el resto de derechos que protege la Constitución no pueden ser concebidos como derechos absolutos, pues como lo dispone el Articulo veinte de la Constitución, encontramos excepciones, tales como el consentimiento de la persona, flagrante delito o autorización .judicial. Por ello es que el ingreso en el domicilio sin el permiso de quien la ocupa, y sin la existencia de delito flagrante o peligro inminente de su perpetración, sólo puede llevarse a cabo si lo autoriza el juez competente, ya que precisamente en esa autorización radica la legitimidad del ingreso. En el caso que nos ocupa señalan los agentes José Luis P. C., y Ana Verónica P. de O., en el acta de detención de imputado, y en sus respectiva entrevistas "que el día de la detención pasaban como a cincuenta metros de la cancha de Fútbol, observamos a un joven a quien al notar la presencia Policial, salió corriendo, conducta que les genero sospecha y con el objeto de prevenir cualquier ilícito, el agente Luis P., opto por perseguirlo por un terreno rustico, donde está ubicada una vivienda que no se encuentra protegida ni con tapial, muro o cerco, y con las facultades otorgadas en los artículos diecinueve de la Constitución de la República y ciento noventa y seis del código procesal penal, se le mando alto, con la finalidad de identificarlo para luego efectuarle una requisa personal, pero este se detiene casi llegando al corredor de la casa y cuando le solicitan identificación, pudo ver el deponente que en un cumbo plástico color blanco, el que tiene plantado cuatro plantitas con características propias de la marihuana, por lo que de inmediato el dicente procedió. a identificar al sujeto mostrándole este un documento único con el cual aparece llamarse Jeremías V. P., a quien se le realizo requisa personal, pero no le encontró nada adherido a su cuerpo y siempre en el corredor había una porción de material vegetal a granel en un pedazo de papel periódico, sobre una mesa y siempre en la misma había veintiocho cartuchos calibre nueve milímetros y un cartucho al parecer calibre punto cincuenta...", interesa establecer si en nuestro caso concreto, encontramos los presupuestos del Art. 195 Pr. Pn, si el hecho que el justiciable salga corriendo, de manera sospechosa, debla considerarse como un motivo suficiente para inferir un flagrante delito o peligro inminente de su perpetración, entendiéndose este con ejecución actual, ya sea que se vea, se escuche o se siente, pero a juicio de esta jueza nunca por inferencia o sospecha. Según lo plantea la relación táctica del hecho, no concurre originalmente el supuesto habilitarte, del mismo, ya que el imputado no fue sorprendido en flagrancia, es decir en la inmediatez temporal en la comisión del delito, ni se tenía originalmente evidencia de delito, y de igual forma no existía urgencia de la intervención policial para impedir la consumación de delito alguno por lo que no se habilita el ingreso de los agentes captores a la citada residencia sin orden judicial, o sin autorización de sus moradores. De lo anteriormente expuesto se establece la violación constitucional alegada por la defensa, siendo procedente declarar la nulidad absoluta del acta de detención y de los actos conexos, en el que se incluye el decomiso de una porción de material vegetal a granel en un pedazo de papel periódico, cuatro plantitas, y veintiocho cartuchos calibre nueve milímetros y un cartucho al parecer calibre punto cincuenta objetos prohibidos, por haber sido obtenidos a través de un procedimiento ilícito. Art. 175Pr Pn." Relación Fáctica. De acuerdo al requerimiento fiscal, los hechos se dieron de la siguiente forma: "a las dieciocho horas con veinticinco minutos del día catorce de agosto del año dos mil doce, mediante acta de detención policial se hace constar la detención del joven JEREMÍAS V. P., atribuyéndole el delito de SIEMBRA Y CULTIVO, aconteciendo los hechos en momentos en que los agentes policiales LUIS P. C., Y ANA VERÓNICA P. DE O., pertenecientes a la Unidad de Reserva de apoyo al Mantenimiento del Orden, circulaba a pie en el cantón Pajales, Caserío la Ermita, Calle La Ronda de Panchimalco, con el objeto de recolectar información sobre una persona lesionada que aconteció el día trece de los corrientes, sucediendo que cuando pasaban como a unos cincuenta metros de la Cancha de Fútbol, se observo a un joven, quien al notar la presencia policial, salió corriendo, conducta que genero sospechas, por lo que con el objeto de prevenir cualquier ilícito se optó por perseguirlo en un terreno rustico/ donde está ubicada una vivienda que no se encuentra protegida, ni con tapial, muro o cerco por lo que con las facultades otorgadas en los Art. 19 Cn y 196 del Pr, Pn el agente P., le mando alto con la finalidad de efectuarle una requisa personal, resultado que cuando se llego al corredor de la casa y se le solicito su identificación, pudo ver el agente P., que en un recipiente de plástico color blanco se encontraban plantadas cuatro plantitas con características propias de la droga marihuana por lo que de inmediato se procedió a identificar al sujetó con el nombre ya relacionado, registrándose el mismo, no encontrándosele nada adherido a su cuerpo, verificándose a la vez que en el corredor del inmueble había una porción de material vegetal a granel en un pedazo de papel periódico, de la misma forma había veintiocho cartuchos calibre nueve milímetros y un cartucho al parecer calibre punto cincuenta, por lo que se le comunico al joven V., que por presumirse que el contenido del material vegetal podría tratarse de droga marihuana, sería trasladado a la División Antinarcóticos para que un técnico en identificación en drogas practique prueba de campo procediendo el cabo P., a embalar provisionalmente las evidencias ya descritas en el interior de una bolsa de plástico color negro, respectando las reglas de cadena de custodia establecidas en el Art 250 al 252 Pr, Pn. ya estando en la División Antinarcóticos en San Salvador, fueron atendidos por la técnico en identificación en drogas agente ALBA MARCELINA P. R., a quien el Cabo P., hizo entrega de !as evidencias ya relacionadas, por lo que la técnico por el tamaño de la maceta procedió a sustraer las cuatro plantitas y de inmediato realizo prueba de campo, manifestado que era positivo a droga marihuana y que estaban compuestas de hojas, tallo y raíces y que tres de ellas miden cuarenta y dos centímetros aproximadamente y una treinta centímetros, las que fueron sujetadas con papel crac y con cinta color amarillo que tiene el logotipo de la División Antinarcóticos, seguidamente la técnico hizo prueba de campo al material vegetal a granel, tomando una muestra del mismo y le aplico los reactivos específicos dando un resultado positivo a droga marihuana, precediéndose a embalar y etiquetar como evidencia número uno las cuatro plantas de marihuana y como evidencia número dos la porción a granel de material vegetal, quedando corno evidencia tres los cartuchos de arma de fuego, por el resultado se le manifestó al joven JEREMÍAS V. P., que quedaría detenido por el delito de SIEMBRA Y CULTIVO, previsto y sancionado en el Art. 31 de la Ley Reguladora de las Actividades Relativas a Drogas, haciendo de su conocimiento los derechos que le asisten de conformidad a! Art, 12. Cn y 82 Pr. Pn.". De las actuaciones y de los argumentos de la partes, esta cámara procede a realizar las siguientes consideraciones: Del análisis del recurso presentado y las diligencias del proceso se obtiene, que el mismo ha sido promovido en tiempo y forma, de conformidad con lo establecido en los Arts. 34 I, 452, 153, 161 y 167 del Código Procesal Penal; por quien tiene el derecho procesal para hacerlo. De igual forma se ha verificado la fecha aludida por la defensa técnica y ciertamente en el segundo párrafo del primer folio (frente), expresa que el recurso de apelación se presenta contra resolución emitida en el año dos mil once, sin embargo en el siguiente párrafo, titulado impugnación objetiva, el recurrente hace clara alusión a la resolución contra la que interpone su recurso, siendo concordante con la resolución judicial atinente al presente caso, por lo que es evidente un error material en la fecha del año que alega la defensa; por todo lo mencionado, es procedente la admisibilidad del recurso presentado por la representación fiscal. La nulidad declarada por la jueza a quo radica en la supuesta forma ilegal en que fue llevada a cabo la detención del imputado V. P., y la obtención de la prueba de cargo, ambas ejecutadas en el interior de la vivienda, a la cual ingresaron los elementos policiales sin orden judicial de allanamiento. Al respecto, este tribunal considera oportuno realizar las siguientes consideraciones: la protección constitucional de los derechos fundamentales conforma el más grande rango de protección del universo normativo de un estado de derecho y uno de los principales vigilantes de su cumplimiento es el Órgano Judicial, a través de todos los tribunales de La República, en ese orden de ideas, se tiene que si algún elemento probatorio, sobre todo de cargo, si es obtenido en infracción o inobservancia de derechos fundamentales, de ninguna manera pueden ser tomados en cuenta en un proceso penal, ya que tienen que ser excluidos por haberse vulnerado derechos fundamentales en su obtención, siendo en tal sentido procedente la sanción, que no es otra que la nulidad. En el presente caso, la nulidad ha sido declarada sobre la detención en flagrancia del imputado y la recolección de evidencia, llevada a cabo en infracción del derecho fundamental de la inviolabilidad de la morada, plasmado en el Art. 20 de nuestra carta magna, que establece que la morada es inviolable y sólo podrá ingresarse a ella por consentimiento de la persona que la habita, por mandato judicial, por flagrante delito o peligro inminente de su perpetración, o por grave riesgo de las personas. A tal efecto vale la pena establecer que la morada es el lugar donde habita una persona, es decir el lugar que tiene para vivienda, el domicilio de ese recinto habitado es el ámbito de la intimidad a la que tienen derecho las personas que viven dentro de este y en principio, como ya dijimos, es inviolable, sin embargo este principio constitucional no es absoluto, puesto que la misma norma constitucional menciona los casos en que puede ingresarse a la morada sin el consentimiento de la persona que la habita , lo cual se encuentra desarrollado de forma más amplia en el Art. 195 C Pr Pn., el cual establece: ALLANAMIENTOS SIN ORDEN JUDICIAL; La policía podrá proceder al allanamiento sin orden judicial únicamente en los casos siguientes: 1) En persecución actual de un delincuente. 2) Cuando se tenga conocimiento que dentro de una casa o local se está cometiendo un delito o cuando en su interior se oigan voces que anuncien que se está cometiendo o cuando se pida auxilio o por grave riesgo de la vida de las personas. 3) En los casos de incendio, explosión, inundación u otro estrago con amenaza de la vida o de la propiedad. En el presente caso la representación fiscal alega que se configuró el primer supuesto mencionado, puesto que de acuerdo al relato del caso factico, L los agentes policiales que llevaron a cabo la detención del imputado Jeremías V. P., iban en plena persecución del mismo al momento de entrar a la casa de residencia de éste y por tanto para la parte acusadora es válida la actuación policial, puesto se da en marco de lo dispuesto en el numeral uno del Art. 195 C Pr Pn., es decir en persecución actual de un delincuente. Vista la posición de las partes se deben establecer las siguientes consideraciones: La inviolabilidad de la morada, como ya mencionamos, es una garantía constitucional que tienen por objeto preservar derechos fundamentales de la persona, como son la dignidad personal, la libertad y en sumatoria protege el hecho que la persona no sea perturbada en su intimidad por medio de injerencias indebidas o sin fundamento, no solo por los particulares, sino también por cualquier funcionario o empleado estatal; a menos que como ya expresamos, se den las condiciones de excepción contempladas en el Art. 195 C Pr Pn., que especifica los supuestos en los cuales es legalmente procedente el allanamiento de morada sin una orden judicial, estos por ser específicos no pueden ampliarse por ninguna circunstancia y su aplicación debe ser interpretada restrictivamente, es decir no es posible realizar intelecciones extensivas que desmejoren la tutela que hace una garantía de derechos fundamentales. El Código Procesal Penal Comentado expresa al respecto: "el Art. 20 Cn no prevé expresamente el allanamiento de una morada sin mandato judicial con la finalidad de capturar a un supuesto delincuente en el trance de su actual persecución. Esta circunstancia plantea la duda sobre la conformidad con la Constitución del numeral 1 del art. 177 [ahora 195 C Pr Pn], duda que ha de solventarse de acuerdo al "principio de interpretación conforme" que preside las reglas de interpretación y aplicación del texto constitucional. De acuerdo con el mismo, podría entenderse, aunque hay autores que lo niegan, que la persecución actual de un delincuente constituye una manifestación del delito flagrante, con lo que el problema quedaría resuelto [puesto nos hace avocarnos a los parámetros de la flagrancia]..." En el caso que- nos ocupa, si bien es cierto que los agentes policiales iban en persecución del imputado V. P., por haberles parecido sospechosa su forma de actuar al percatarse de la presencia policial, este tipo de sospecha no es suficiente para allanar una morada sin orden judicial, puesto que la sospecha a la que se refiere la norma procesal, es la que se tienen de una persona respecto el acometimiento de un hecho delictivo especifico, al respecto el autor José María Casado Pérez detalla en su obra "La Prueba en el Proceso Penal Salvadoreño" Pág. 245 "En efecto, la flagrancia significa que un delito se está cometiendo actualmente y ante testigos, es decir, públicamente, e implica percepción personal directa del delito. La flagrancia, como se ha dicho, se ve, se oye, se siente, se observa, nunca se presiente o se sospecha, por lo que aparece vinculada a la prueba directa y no a la indirecta, indiciaria o circunstancial. La persecución del delito puede consistir, por tanto, en cualquier medio sensorial, aunque el más común será la vista. Y se requiere que sean los propios policías o incluso particulares que proceden al allanamiento quienes personalmente perciban que un delito se está cometiendo o se acaba de cometer. No valen, pues, para el allanamiento sin orden judicial los indicios, las sospechas o el testimonio de un tercero" Legalidad de la prueba. El artículo 174 y siguientes del Código Procesal Penal, con el que inicia el título V del libro I, asignado a la prueba, haciendo referencia a los conceptos de objeto y pertinencia de la prueba, es decir a los hechos y circunstancias relacionados con el delito; y los medios legales de prueba, recogiendo así algunos principios de la actividad probatoria, como lo es el principio de la libertad de los medios de prueba, el principio de legalidad de probatoria y el principio de la libre convicción para la valoración de la prueba conforme a las reglas de la sana crítica. "Los elementos de prueba sólo tendrán valor si han sido obtenidos por un medio lícito e incorporados al procedimiento conforme a las disposiciones de este Código." En cuanto a los efectos de la prueba prohibida, Casado Pérez expresa: "En lo que se refiere a la vulneración de derechos fundamentales, como la prueba ilícita, estamos hablando de violaciones de derechos constitucionales invalidan tanto la obtención de la prueba, corno de los actos mismos de prueba por irrespeto de los derechos y garantías fundamentales de las personas, dando lugar a una ineficacia jurídica del acto o de la resolución infractora por causa de una nulidad absoluta, debiendo ser el Juez o Tribunal garante de la defensa de los derechos fundamentales y aunque existen casos excepcionales, en los que se deberá ponderarse el principio de proporcionalidad y valor justicia, puesto que hay determinados derechos individuales, que exigen, por la clase de bien jurídico, su protección, un incondicional y absoluto respeto por parte de los órganos encargados de la persecución penal, siendo estos derechos la vida, la integridad física, la salud o a la dignidad de la persona"; sin embargo en el presente caso, no obstante se trata de un delito contra la salud pública, sobre la obtención de la prueba en forma como se ha detallado que se obtuvo, debe prevalecer el derecho constitucional de la inviolabilidad de la morada. El principio de legalidad probatoria nos establece que para que la prueba tenga validez en un proceso penal, éstas deben de estar comprendidas conforme a la disposición de ley adjetiva; igualmente el artículo 175 C. Pr Pn, nos menciona que los elementos de prueba deberán de respetar las garantías fundamentales de las personas; por consiguiente no tendrán valor probatorio, aquellas obtenidas u originadas de manera ilícita. A excepción cuando la Policía actué en operaciones encubiertas, ya que se permitirá medios engañosos, con el propósito de poder detectar, investigar y probar conductas delincuenciales; con previa autorización del Fiscal General de La República; para éstos casos de violación de garantías constitucionales, se establece en materia procesal el régimen de nulidades; por lo tanto los elementos fundamentales del principio de legalidad de la prueba, tiene un alcance constitucional y ordinario y por consiguiente tienen efectos distintos en cada caso en particular en la que exista violación de los mismos; es decir no todas las violaciones legales en la producción de prueba tendrán un mismo resultado de invalidación. En el presente caso tal como se ha relacionado anteriormente, la captura del imputado se da por verlo correr en forma sospechosa "que se detiene casi llegando al corredor de la casa", según lo manifestado en las entrevistas por los agentes Verónica P. de O., y Luis P. C. Que es importante destacar que las plantas, al parecer marihuana y la hierba seca, al parecer marihuana, así como veintidós cartuchos calibre nueve milímetros y un cartucho al parecer calibre punto cincuenta, todas esta evidencia fueron encontradas en el corredor de la vivienda, que no existen elementos en el proceso, tal como consta en las entrevistas de lOs agentes captores antes relacionados, que en dicha vivienda viviera el imputado, así como no se acredita si en la misma, quienes son las personas que la habitan y si al momento de la incautación de la evidencia había alguna persona; en tal sentido no existen elementos que nos establezcan que esas evidencias eran del imputado o éste tendría el dominio funcional de las mismas. Que al imputado no se le encontró en su registro ningún objeto ilícito; ni se ha establecido que estuviere en alguno de los casos excepcionales que se le habilita a la policía a hacer el allanamiento sin orden judicial, ya que al respecto existe jurisprudencia de la Sala de lo Constitucional que se pronuncia respecto a esos casos excepcionales. A tal efecto la sentencia definitiva de inconstitucionalidades, dictada por la Sala de lo Constitucional de las ocho horas y treinta minutos del día veinticinco de marzo del año dos mil ocho, establece: En el siglo XX, la mayor parte de instrumentos internacionales relativos a los Derechos Humanos, de forma indiscutible, reconocen la garantía de la protección domiciliar en sus diversas formulaciones. Así, la Declaración Universal de Derechos del Hombre y del Ciudadano del 10-X-1948 dispuso en su art. 12: "Nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques a su honra o a su reputación. Toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra tales injerencias o ataques". En similares términos, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, dispone en su art. 17: "Nadie será objeto de injerencias arbitrarias o ilegales en su vida privada su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques ilegales a su honra y reputación". A nivel regional, la Convención Americana sobre Derechos Humanos, establece en su art. 11.2: "Nadie puede ser objeto de injerencias arbitrarias o abusivas en su vida privada, en la de su familia, en su domicilio o en su correspondencia, ni de ataques ilegales a su honra y reputación". Desde una perspectiva doctrinaria, y citando a González-Trevijano, la inviolabilidad del domicilio es un derecho histórico de marcada esencia individualista, en cuanto supone el reconocimiento de una esfera de libertad del individuo ilimitada en principio, y con una posibilidad de injerencia estatal limitada, mensurable y controlable con relación al mismo; pero la cual no resulta protegible in se y per se, sino por constituirse en el soporte físico que preserva el carácter privado e íntimo de las diversas facetas y comportamientos de la existencia humana (La inviolabilidad del domicilio). Si bien existen ligeras discrepancias con relación al objeto de tutela directa de la presente garantía (intimidad, vida privada de las personas, etc.), existe unanimidad en afirmar su carácter relativo en contraposición a otros derechos de raigambre constitucional. En términos más contundentes, la libertad domiciliaria -de igual forma que los demás derechos fundamentales- no goza de un carácter absoluto e incontrovertible, sino que puede ser atenuada su protección con base a razones de igual peso constitucional. En este sentido, es la misma Constitución la que se encarga de establecer en una forma taxativa, las excepciones donde la intangibilidad domiciliar puede ser restringida: por el consentimiento de la persona que la habita; por mandato judicial; por flagrante delito; y por grave riesgo a las personas Conviene revisar sucintamente cada una de ellas. El consentimiento es una figura jurídica, por la cual, el titular de un derecho o de un bien, aprueba su lesión o restricción. Con relación al tema que nos ocupa, cuando el titular de la libertad domiciliaria otorga su anuencia a una persona para que pueda entrar a su exclusivo espacio físico, ello implicará eximir al ingresante -o a los ingresantes- de cualquier tipo de responsabilidad jurídica -especialmente de carácter penal-. Y esto acontece de acuerdo a la regulación establecida en el inciso primero del art. 188 del Código Penal: "El particular que, sin habitar en ella, se introdujere en morada ajena o en sus dependencias, sin el consentimiento de quien la habitare (...), será sancionado con prisión de seis meses a dos años y multa de treinta a cincuenta días multa". Como se observa con relación al consentimiento, este en su aspecto positivo, demuestra que más allá de una restricción a la inviolabilidad del domicilio, supone el ejercicio voluntario de un derecho, cual es, el de hacer partícipe el titular a otros de su intimidad, siempre y cuando se quiera y sólo a frente a quienes se decida. En su aspecto negativo, revela una denominada "facultad de exclusión", la cual permite rechazar todas aquellas injerencias abusivas o no consentidas al ámbito de la intimidad personal. En éste último aspecto se centra la regulación constitucional del art. 20. Si bien la Constitución no hace referencia a que el consentimiento necesariamente tenga que se expresó -dando cabida inicialmente a la posibilidad de admisión del consentimiento de carácter tácito-, éste siempre requerirá como condición de validez, la manifestación absolutamente libre y no viciada por intimidación o presión psicológica alguna respecto al sujeto titular de la garantía. Asimismo, por la gravedad del derecho fundamental puesto en juego, tampoco es posible hablar de la existencia de un consentimiento presunto. Por otra parte, conviene referirse a la negativa de aprobación para el ingreso domiciliar, y que en determinados casos regulados legalmente -con autorización judicial y en contados casos sin ellapermite su superación. Esto es el allanamiento, el cual puede darse con o sin orden judicial. De acuerdo a Jorge Ciará Olmedo, tal figura procesal supone el "franqueamiento compulsivo de un lugar cerrado", y más detalladamente un acto policial ordenado judicialmente -y excepcionalmente sin ella- que recae sobre un obstáculo material el cual cierra el ambiente, y al que se requiere transponer compulsivamente sin consentimiento del morador (Derecho Procesal Penal, Tomo II). Es así que, definido de forma lisa y llana, el allanamiento significa entrar por la fuerza a una casa ajena o contra la voluntad de su dueño. Y a esto hace referencia el art. 174 del C. Pr. Pn., al referirse al mismo y a su prevención: "Cuando el registro deba practicarse en una morada o local habitado o en sus dependencias cerradas, se hará la prevención de allanamiento si no da el permiso correspondiente". La segunda excepción a la garantía de la inviolabilidad de la morada, se constituye en el estado de garantía. Así, por estrictas razones como el auxilio a los moradores de una vivienda -ya que su vida o integridad física corre peligro-; por acaecer una calamidad pública o catástrofe nacional; y aún porque así lo exigen prescripciones de carácter sanitario (v. gr. epidemias), el art. 20 de la Ley Suprema habilita en estos casos el acceso al recinto habitado. Tal norma obtiene una regulación en el derecho secundario, por medio de la figura del allanamiento sin orden judicial, y particularmente en los casos contemplados en ords. 2° y 3° del art. 177 del C. Pr. Pn.: "Cuando en su interior se oigan v voces que anuncien estarse cometiendo un delito o cuando se pida auxilio o por grave riesgo de la vida de las personas (...). En los casos de incendio, inundación u otro estrago con amenaza de la vida o la propiedad". En realidad, tal figura no constituye nada más, que una ponderación entre uno de las derechos individuales -intangibilidad domiciliar o de la morada- y otros bienes de igual rango constitucional -la vida o la integridad moral de los ciudadanos-, haciendo prevalecer estos últimos sobre el primero. El tercer supuesto al cual hace referencia la Constitución, es la flagrancia delictiva como una circunstancia habilitarte para el ingreso en una morada. De acuerdo a su origen etimológico, "flagrancia" deriva del latín "flagransflagrantis", el cual es participio del presente flagrare que significa "arder" o "quemar", y por ello se refiere a todo aquello que está "ardiendo" y "resplandeciendo". En los estudios actuales de materia procesal penal, la flagrancia sigue manteniendo tal sentido, pues se hace referencia al cometimiento actual de un delito o al lapso inmediatamente después de su realización -en el cual tiene lugar su persecución ininterrumpida del hechor en la generalidad de casos-; y aún para algunos, quedaría igualmente comprendido, dentro de este mismo concepto, la hipótesis cuando en circunstancias temporales próximas, el presunto infractor de la ley es encontrado con instrumentos u objetos relacionados con el delito perpetrado. A cada uno de estos supuestos, hace referencia el art. 288 del C. Pr. Pn., cuando establece: "La Policía aprehenderá a quien sorprenda en flagrante delito. En el mismo caso, cualquier persona estará autorizada a practicar la aprehensión y a impedir que el delito produzca consecuencias ulteriores e inmediatamente se entregará al aprehendido a la Policía Nacional Civil, para el inicio de la investigación correspondiente (...). Se considera que hay flagrancia cuando el autor del hecho punible es sorprendido en el momento de intentarlo o cometerlo, o inmediatamente después de haberlo consumado o dentro de las veinticuatro horas siguientes al hecho, o cuando sea sorprendido con objetos o elementos con los cuales se ha cometido el delito o sean producto del mismo o cuando se le persiga por las autoridades o particulares". Si bien, no es materia sometida a conocimiento de la Sala de lo Constitucional, el deslindar una rigurosa interpretación procesal del tal término -e igualmente ni el 20 ni el inc. i° del 13 Cn. aportan elementos para definirlo- conviene precisar que su intelección hermenéutica tiene que ser necesariamente restrictiva en casos relativos a la inviolabilidad de la morada, requiriendo siempre en cuenta sus dos elementos fundamentales: la evidencia o percepción inmediata de la realización delictiva y la urgencia de la intervención policial que ello amerita. De forma ilustrativa con lo anterior, conviene citar lo afirmado en la STC 341/1993 (F. J. N° 8), la cual entiende la noción de "flagrante delito", como aquella situación fáctica en la que queda excusada la autorización judicial, precisamente porque la comisión del delito se percibe con evidencia y exige de manera inexcusable una inmediata intervención. En suma, la flagrancia -en el sentido restrictivo antes apuntado- facultará a los agentes del cuerpo policial a la inmediata detención de cualquier autor o partícipe de un hecho delictivo en los casos que se encuentre cometiendo un delito dentro de un recinto domiciliar, requiriéndose entonces su urgente intervención; como también, cuando se oculte o refugie en alguna vivienda durante el transcurso de su persecución. Con relación a la entrada por mandato judicial, cabe afirmar de forma contundente, que la restricción de los derechos fundamentales contemplados en la Constitución, corresponde exclusivamente a los jueces. Por tanto, en los casos que se requiera la práctica de un registro domiciliario como acto de investigación penal (art. 173 del C. Pr. Pn.), y fuera obviamente de las excepcionales circunstancias legitimantes contempladas en el art. 20 Cn -consentimiento del morador, flagrante delito y estado de necesidad-, el único funcionario autorizado es el Juez, quien al efecto, expedirá una orden de registro, y con "prevención de allanamiento" si el caso así lo requiere (art. 174 del C. Pr. Pn.). Que no nos encontramos en ninguna de las excepciones antes relacionadas, tal como lo establece la sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia, por lo que se está ante una vulneración de una garantía constitucional que de conformidad al artículo 346 numeral séptimo del Código Procesal Penal, sanciona con nulidad absoluta, todos aquellos actos que violenten derechos y garantías fundamentales establecidas en la Constitución de la República, en el Derecho Internacional vigente y en el L Código Procesal Penal; que dicho artículo en su inciso final establece que. en los casos previstos en los numerales cinco, seis y siete se invalidará el acto o diligencia en que se hubiere producido la infracción y los que sean conexos con estos; en tales casos deberán reponerse en la forma establecida en el artículo anterior". Que en el presente caso, por ser la inviolabilidad de la morada el derecho constitucional infringido, lo cual dio origen a la incautación de las evidencia que constituyen el delito que se le atribuye al imputado Jeremías V. P., que como consecuencia se tubo la detención del mismo, vulnerándose garantía fundamentales, las cuales por su propia naturaleza no pueden ser ordenadas su reposición. Así como dicha nulidad, de conformidad al Art. 348 C Pr Pn. fue interpuesta en la audiencia inicial, tal como lo dispone dicho artículo en el numeral uno, por lo que lite interpuesta en el momento procesal oportuno, con el objeto que se respete, por lo tanto la nulidad absoluta es carácter insubsanable, por inobservancia de derechos y garantías fundamentales previstos en nuestra Carta Magna, en el Derecho Internacional Vigente y en el Código Procesal Penal. Por todo lo anteriormente relacionado, ésta cámara considera que la nulidad declarada por la señora Jueza de Paz de Panchimalco, en la audiencia inicial realizada a las nueve horas del día veinte de agosto del presente año, resulta estar conforme a derecho, por haber sido declarada a razón de inobservancia de derechos fundamentales; por lo que, lo procedente es confirmar dicha resolución, lo cual se hará constar en el fallo respectivo. POR TANTO: Con base a los razonamientos y análisis expuestos, disposiciones legales citadas, y a los Arts. 2, 11, 12, 13 y 20 de la Constitución de la República; y 174, 195, 345, 346 N° 7, 452, 453 y 464 todos del Código Procesal Penal, este tribunal resuelve: a) Admítese el recurso de apelación interpuesto por el licenciado Julio César Cabrera Manzano, en su calidad de Agente Auxiliar del señor Fiscal General de La República; b) Confirmase la decisión de la señora Jueza de Paz de Panchimalco, dictada en audiencia inicial celebrada a las nueve horas del día veinte de agosto del presente año de declarar la nulidad del acta de detención y de los actos conexos a los delitos de Posesión y Tenencia, previsto y sancionado en el Art. 34 y Siembra y Cultivo, previsto y sancionado en el Art. 31, ambos de la Ley Reguladora de las Actividades Relativas a las Drogas, ambos en perjuicio de la Salud Pública. d) En consecuencia, póngase inmediatamente en libertad al imputado Jeremías V. P., e) certifíquese la presente resolución al Juzgado de Paz de Panchimalco. NOTIFÍQUESE. PRONUNCIADO POR LAS SEÑORAS MAGISTRADAS QUE LA SUSCRIBEN.