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OSO R S
POR CR
CRISTINA MORATÓ (escritora y periodista)
CARME
CHAPARRO
EDURNE
URIARTE
JULIA
NAVARRO
SER VIUDA EN LA INDIA
MI ADMIRADA MOHINI GIRI, una activista india y fundadora de un centro de acogida en
Vrindavan, dijo en una ocasión: “Ya sean cultas o incultas, ricas o pobres, las viudas son
estigmatizadas y viven como ciudadanas de segunda clase. No pueden tener propiedades y lo peor
es que hay muchas mujeres en esta situación”. Según la tradición hindú, las viudas no pueden ser
tocadas, traen mala suerte y son una maldición. Las mujeres que pierden a sus esposos en este país
asiático sufren una doble marginación: por ser mujeres y por ser viudas. En el Código de Manu, una
de las escrituras sagradas más antiguas de la India, se puede leer que una viuda debe sufrir mucho
antes de morir, y debe ser pura en cuerpo, pensamiento y alma.
SI SU MARIDO
MUERE,
LA MUJER
PIERDE SUS
POSESIONES,
DEBE
RAPARSE LA
CABEZA Y ES
REPUDIADA
POR SU
FAMILIA.
MUCHAS
PREFIEREN
SUICIDARSE.
SER VIUDA en la India significa estar muerta en vida, y así es como muchas de ellas se sienten.
Después de la pérdida del esposo, pasan a pertenecer a la casta de los intocables, la más baja de la
escala social. En ese mismo instante comienza su terrible condena: vestirán siempre de blanco con
una pieza de tela sin coser, llevarán la cabeza rapada y lucirán una marca de ceniza en su frente.
Les arrancarán los ornamentos, las despojarán de todas sus posesiones y de su estatus social, y
comerán una sola vez al día. Además, serán repudiadas por su propia familia, y sufrirán todo este
castigo únicamente por haber sobrevivido a su esposo. Aunque la ley prohibió el rito del sati, que
las obligaba a inmolarse en la pira funeraria de sus maridos, muchas mujeres prefieren, incluso hoy,
suicidarse antes que vivir como viudas y pasar a ser intocables.
A UNOS CIEN kilómetros de Delhi, capital de la India, se encuentra la ciudad sagrada de
Vrindavan, donde, según la tradición, el dios Krisna pasó su infancia. Ahora se la conoce como “la
ciudad de las viudas” porque más de veinte mil mujeres, llegadas desde los lugares más remotos del
país, sobreviven en sus calles gracias a la caridad. Al menos aquí, aunque viven en la más extrema
pobreza y abandonadas a su suerte, pueden comer, gracias a las limosnas de los fieles.
COMO LA DOCTORA Mohini Giri, otras personas en el mundo trabajan para cambiar la situación
de las viudas indias. El Mathama Gandhi fue uno de los primeros en alzar su voz. Le siguieron
intelectuales, activistas, políticos y directoras de cine como Deepa Mehta, que, con su película
“Water” (Agua), dio a conocer al mundo la cruda realidad de la India de los intocables. Al igual
que ellos, la fotógrafa española Diana Ros lucha por devolver a las viudas indias su dignidad. Una
visita a Vrindavan cambió para siempre su vida. Había viajado en varias ocasiones a la India, pero la
visión de tantas mujeres descalzas, con la cabeza rapada y vestidas de blanco, caminando cabizbajas
como almas en pena, la conmovió y decidió hacer algo por ellas. Hace cuatro años fundó su propia
ONG en Vindravan, SOS Mujer (www.sosmujer.org), para proporcionarles ayuda sanitaria, legal
y psicológica. Diana asegura que solo persigue un sueño: “Conseguir que las viudas de la India se
sientan seres humanos, darles voz y que dejen de ser invisibles”.
P. D.: En la India hay cerca de 45 millones de viudas
condenadas al ostracismo, marginadas socialmente y sin
recursos económicos. Más de la mitad son jóvenes entre 15 y
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mujerhoy.com 28 de abril de 2012
19 años, sin ningún futuro. La mayoría son analfabetas que no
conocen sus derechos y viven de la caridad.
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