La liquidación de la sociedad conyugal... Mª Belén Cilveti Gubía

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LA LIQUIDACIÓN DE LA SOCIEDAD CONYUGAL
DE CONQUISTAS: EL PASIVO Y LA POSICIÓN
JURÍDICA DE LOS ACREEDORES DE LA SOCIEDAD
Mª BELÉN CILVETI GUBÍA
Asesora Jurídica del Gobierno de Navarra
Doctora en Derecho
RESUMEN. Cuando la sociedad conyugal de conquistas se disuelve, es necesario liquidarla,
para lo que, primero se pagan las deudas de la sociedad, y después, los bienes que quedan
se adjudican a los cónyuges, ex-cónyuges o sus respectivos herederos. En este trabajo se analizan cuáles son las deudas de la sociedad, el orden en que han de ser satisfechas con los
bienes de conquista, y las facultades que ostentan los acreedores de la sociedad en virtud
de la remisión que la ley 89 del Fuero Nuevo efectúa a la normativa sobre liquidación y partición de la herencia. Esta remisión es a la normativa civil, pero también a la procesal y a la
hipotecaria. Por lo que respecta a las normas civiles hereditarias, son de aplicación preferente las del Fuero Nuevo que excluyen las del Código Civil, al existir en Derecho navarro un
sistema sucesorio propio que atribuye a los acreedores, entre otros, el beneficio de separación (ley 319 FN), que no existe como tal en el Código Civil ni en ninguna otra de las legislaciones civiles que conviven en España.
PALABRAS CLAVE. Los acreedores consorciales y la liquidación de la sociedad de conquistas.
ABSTRACT. When the marital property is disolved, is to be cleared. For this, first pay the debts
of the marital property, and then the goods that remain are for the spouses, the exspouses
or their heris. In this work it’s analyzed which are the marital property debts, the order in
which they have to be paid with the marital property goods, and the rights of creditors of the
marital property according the remission that article 89 of Fuero Nuevo makes the rules on
liquidation of heredity. This reference is to civil rules, but also procedural rules and mortgage. About these hereditary rules, these are the Fuero Nuevo rules, whose regulation excludes the Civil Code, and there is a «benefit of separation».
KEYWORDS. Marital property, disolution of marital property, debs of marital property.
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SUMARIO
I. INTRODUCCIÓN. II. DISOLUCIÓN DE LA SOCIEDAD CONYUGAL DE CONQUISTAS, COMUNIDAD POSTMATRIMONIAL Y LIQUIDACIÓN. III. LA LIQUIDACIÓN DEL
CONSORCIO CONYUGAL EN LOS TEXTOS HISTÓRICOS Y EN EL FUERO NUEVO DE
NAVARRA. 1. Derecho Histórico. 2. El Fuero Nuevo en su redacción primitiva. 3. La
modificación operada por la Ley Foral 5/1987, de 1 de abril. A) Alcance de la reforma. B)
Derecho transitorio. IV. EL PASIVO DE LA SOCIEDAD. 1. Deudas que integran el pasivo
de la sociedad conyugal de conquistas. A) Deudas de la sociedad. B) Deudas pendientes.
C) No son deudas de la sociedad las que los copartícipes contraen tras la disolución del
régimen de conquistas. 2. Deudas frente a terceros. A) ¿Deudas de responsabilidad
interna, externa o ambas?. B) Las deudas que son de responsabilidad externa de la sociedad pero no de su cargo. C) El derecho de alimentos de la ley 84.6 FN. D) Prueba del
carácter consorcial de las deudas. 3. Deudas frente a los cónyuges. 4. Distinto régimen
jurídico de las deudas contraídas con los terceros y los cónyuges. V. POSICIÓN JURÍDICA
DE LOS ACREEDORES DE LA SOCIEDAD. 1. Orden en que se han de pagar sus créditos
con los bienes de conquista. 2. Los acreedores de la sociedad y el derecho de aventajas.
3 Los acreedores de la sociedad y el derecho de atribución preferente. 4. Los acreedores
de la sociedad y los derechos que corresponden a los hijos de anterior matrimonio al
amparo de la ley 106 FN. 5. Facultades de los acreedores por la remisión de la ley 89 FN
a la normativa sobre liquidación y partición de la herencia. A) Consideraciones generales. B) El beneficio de separación de patrimonios de la ley 319 FN. C) La responsabilidad
pro viribus del cónyuge no deudor tras la partición: la ley 318 FN. D) La responsabilidad
del cedente y del cesionario de la cuota de la comunidad postmatrimonial: la ley 325 FN.
E) Aplicación a los acreedores de la sociedad de las facultades que la Ley de Enjuiciamiento Civil confiere a los acreedores hereditarios. F) Aplicación a los acreedores de la
sociedad de las facultades que a los acreedores hereditarios confiere la legislación hipotecaria. VI. BIBLIOGRAFÍA.
I. INTRODUCCIÓN
En Derecho navarro la sociedad conyugal de conquistas es el régimen legal
supletorio que rige en defecto de otro régimen establecido en capitulaciones
matrimoniales (ley 82 FN), si bien los esposos también pueden pactarlo en
capitulaciones al amparo del principio del libre establecimiento del régimen
de bienes en la familia (ley 80 FN), que es una de las más acusadas manifestaciones de los principios de autonomía privada y libertad civil proclamados en
las leyes 7 y 8 del Fuero Nuevo.
Igualmente las parejas estables, al amparo de lo establecido en el artículo
5.1 de la Ley Foral 6/2000, de 3 de julio, para la igualdad de las parejas estables,
pueden pactar la remisión a las normas de la sociedad conyugal de conquistas1.
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Ello no obstante, como ha sido señalado por la doctrina2, la sociedad de
conquistas, en su configuración legal, que está contenida en el capítulo primero, del Título IX, del Libro I, Título del Fuero Nuevo (leyes 82 a 91), constituye un régimen de comunidad de bienes limitado a las adquisiciones a título
oneroso producidas constante matrimonio y a los frutos y rendimientos obtenidos del trabajo o actividad de los cónyuges y de los bienes comunes o privativos de cualquiera de ellos.
Este régimen económico matrimonial está, en principio, vinculado al
matrimonio, si bien los cónyuges pueden pactar en capitulaciones la continuación de la sociedad tras el fallecimiento de uno de ellos (ley 87.3 FN), en
cuyo caso surge la sociedad conyugal continuada, que no puede confundirse
con la comunidad de bienes postmatrimonial, puesto que el régimen jurídico
de una y otra es diferente3.
Por otra parte, en el capítulo segundo, del Título IX de este Libro I del Fuero
Nuevo (leyes 92 a 100), se regula la sociedad familiar de conquistas, que es una
singular institución del Derecho consuetudinario Navarro que se caracteriza
por ampliar la sociedad conyugal de conquistas a un núcleo más amplio de
sujetos que los cónyuges, por lo que tiene un marcado carácter familiar4.
1.
2.
3.
4.
En opinión de RENTERÍA AROCENA , A., «Derecho Civil de Navarra: capacidad de los cónyuges,
sociedad conyugal de conquistas y derechos de los hijos de anteriores nupcias», Revista Crítica de Derecho Inmobiliario, año LXXX, 2004, núm. 685, pág. 2173, nota 182, ello es posible
al amparo del artículo 5.1 de la Ley Foral 6/2000.
En defecto de pacto entre los convivientes, la sociedad de conquistas no es el régimen legal
aplicable a las uniones de hecho, sino que habrá que estar a lo establecido en el artículo 5,
apartados tres y cinco, de la Ley Foral 6/2000.
Cfr. FERNÁNDEZ URZAINQUI, F. J., «Comentario a las leyes 78 a 91», en Comentarios al Fuero
Nuevo Compilación del Derecho Civil Foral de Navarra, dirigidos por E. RUBIO TORRANO, Aranzadi, Cizur Menor, 2002, p. 246.
Se adhiere a esta definición, RENTERÍA AROCENA , A., «Derecho Civil de Navarra: capacidad de
los cónyuges…, cit., págs. 2173 y 2174.
Como señala FERNÁNDEZ URZAINQUI, F. J., «Comentario a las leyes 78 a 91…, cit, p.275, la sociedad conyugal continuada no está sometida íntegramente al régimen de la sociedad de conquistas del que es continuadora, en cuanto la gestión queda obviamente concentrada en el
cónyuge sobreviviente y no todas las adquisiciones onerosas de los partícipes se hacen comunes o integran el patrimonio social. En rigor, esta sociedad se regirá por lo pactado al respecto sobre ella y, subsidiariamente, por las normas que, con arreglo a la tradición jurídica
navarra, más se ajustan a su naturaleza y función, constituyendo un válido referente las que
en el Derecho Civil aragonés disciplinan la institución.
Los anotadores a la Recopilación Privada, señalan que la sociedad de conquistas en Navarra
es mucho más amplia que la de gananciales del Código Civil, pues tiene un carácter familiar
que hace posible su extensión a personas distintas de los cónyuges. Cfr. GARCÍA-GRANER FERNÁNDEZ, J., AIZPÚN TUERO, J., LÓPEZ JACOISTE J. J., SANTAMARÍA ANSA J., NAGORE YÁRNOZ J. J., D’ORS
PÉREZ-PEIX, A., ARREGUI GIL, J., SALINAS QUIJADA, F., Derecho Foral de Navarra. Derecho Privado
(Recopilación Privada), en Biblioteca de Derecho Foral, T. XV, Diputación Foral de NavarraInstitución Príncipe de Viana, Pamplona, 1971, nota a la ley 82, pág. 182.
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El objeto de este estudio se va a circunscribir a la sociedad conyugal que
conquistas y, más en concreto, a algunos de los problemas que se suscitan
cuando la misma se disuelve y ha de practicarse su liquidación, deteniéndonos
en particular, en qué deudas integran el pasivo de la sociedad y la posición jurídica que ostentan los acreedores de la sociedad durante y tras su liquidación.
II. DISOLUCIÓN DE LA SOCIEDAD CONYUGAL DE
CONQUISTAS, COMUNIDAD POSTMATRIMONIAL
Y LIQUIDACIÓN
Al disolverse la sociedad de conquistas, se extingue este régimen económico matrimonial, y dejan de regir las normas que lo disciplinan5. Aunque para
que la disolución de la sociedad de conquistas y la consiguiente extinción del
régimen jurídico aplicable a la misma produzca efectos erga omnes, resulta
indispensable que dicha disolución vaya acompañada de la debida publicidad
en los Registros Públicos6 .
Los bienes de conquista, que hasta el momento de la disolución han
estado destinados a sufragar las necesidades económicas del matrimonio,
dejan de estar afectos a este fin, no rigiéndose ya por el régimen de conquistas
preexistente.
Pero la masa común continúa existiendo y los bienes de conquista siguen
perteneciendo a ambos cónyuges, o en su caso ex-cónyuges, o sus respectivos
herederos. Y les siguen perteneciendo de la misma forma que a los cónyuges
antes de la disolución de la sociedad de conquistas, esto es, sin cuotas determinadas sobre bienes o derechos concretos.
5.
6.
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Las causas de disolución de la sociedad conyugal de conquistas se enumeran en la ley 87 del
Fuero Nuevo.
Tras la entrada en vigor de la Ley Concursal de 9 de julio de 2003 (en adelante LC), la ley 87
FN ha de ponerse en relación con el artículo 77.2 LC. De este último precepto se infiere que
la declaración de concurso de cualquiera de los cónyuges, no produce por sí sola la disolución del régimen económico del matrimonio; ésta únicamente tendrá lugar cuando se hayan
incluido en la masa bienes comunes (por ejemplo, bienes de conquista) que deben responder de obligaciones del concursado, y el cónyuge del concursado pida la disolución del régimen económico matrimonial. Si no formula dicha petición, no tendrá lugar la disolución del
régimen de conquistas, aunque creemos que esto se ha de entender sin perjuicio del derecho de reembolso que surge a favor de la sociedad de conquistas frente al cónyuge declarado
en concurso, y ello, por analogía a lo establecido en la ley 85 in fine del Fuero Nuevo.
BLANDINO GARRIDO, M. A., Régimen jurídico de las deudas tras la disolución de la sociedad de
gananciales, Tirant lo Blanch, Valencia, 1999, págs. 86-88, en particular en la nota 164, analiza en qué registros es necesario que se publique la disolución para que la misma afecte a
terceros.
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Surge así la comunidad postmatrimonial, constituida por una masa patrimonial indivisa, en la que los partícipes (cónyuges, ex-cónyuges o sus respectivos herederos), no tienen una cuota determinada sobre bienes concretos, sino
una cuota abstracta sobre la masa común, sobre el conjunto indiviso de bienes,
derechos y obligaciones; masa que está afecta al pago de las deudas consorciales y que una vez abonadas éstas se dividirá entre los partícipes.
Ya la sentencia de la Audiencia Territorial de Pamplona de 26 de septiembre de 1988, denomina a la sociedad de conquistas no liquidada, comunidad
postmatrimonial7; expresión que también recoge la sentencia del Tribunal
superior de Justicia de Navarra de 25 de septiembre de 1998 (RJ 1998\8135).
Esta última sentencia considera «totalmente aplicable» a la sociedad legal de
conquistas, la doctrina jurisprudencial recogida en diversas sentencias del Tribunal Supremo respecto de la sociedad de gananciales, conforme a la cual,
cada comunero «ostenta una cuota abstracta sobre el totum ganancial (como
ocurre en la comunidad hereditaria antes de la partición de la herencia), pero
no una cuota concreta sobre cada uno de los bienes integrantes del mismo…».
Ante la ausencia de regulación específica, será preciso aplicar a la comunidad
postconsorcial las reglas de la comunidad hereditaria, puesto que ésta última, de
manera análoga a aquélla, se caracteriza porque los coherederos detentan una
cuota abstracta que recae sobre el conjunto de bienes, derechos y obligaciones
que componen la herencia, no sobre bienes determinados y porque, igualmente,
los coherederos se reparten los bienes después de abonar las deudas hereditarias.
Por otra parte, tratándose de una comunidad, también le son aplicables,
supletoriamente, las leyes 370 y siguientes del Fuero Nuevo que regulan las comunidades de bienes y derechos, en especial la ley 372 que disciplina la comunidad
pro indiviso, aunque no estamos en presencia de una comunidad de este tipo8.
El destino natural de la comunidad postmatrimonial es el de su liquidación,
esto es, el tránsito desde la indivisión hasta que, una vez abonadas las deudas
consorciales, se adjudique el patrimonio que quede a los partícipes (cónyuges,
ex–cónyuges o sus respectivos herederos), que pasarán así a ser propietarios
de bienes concretos, o al menos, a ostentar una cuota pro indiviso sobre determinados bienes (ley 372 FN).
7.
8.
Esta sentencia puede consultarse en SANCHO REBULLIDA , F. A., Jurisprudencia Civil Foral de
Navarra, Gobierno de Navarra, Departamento de Presidencia e Interior, Pamplona 1997, nº
1261, págs. 656-661.
En este sentido la ley 371.1. FN señala que «Las comunidades de bienes o derechos se rigen
por el título de constitución y, en su defecto, por los usos y costumbres y por las disposiciones
del presente título». Y el Título II, en el que se ubica esta ley, consta de cinco capítulos que
regulan, respectivamente, los principios generales, la comunidad pro indiviso, las comunidades especiales, las corralizas y, finalmente, las facerias, helechales, dominio concellar y
vecindades foranas (continúa en página siguiente...)
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Y este tránsito tiene lugar a través de las denominadas operaciones de liquidación o liquidatorias que están reguladas en las leyes 88 a 91 del Fuero Nuevo
y que, en sentido amplio, comprenden: el inventario del activo y del pasivo; el
pago de las deudas de la sociedad, incluidas las que ésta tenga con los cónyuges y la división del remanente líquido (si lo hubiera), en la proporción pactada
o, en su defecto, por mitad, entre los esposos o sus respectivos herederos.
Se distinguen así: a) una fase de fijación, en la que se efectúa un inventario
del activo y del pasivo, b) otra fase de liquidación en sentido estricto, en la que
se pagan las deudas de la sociedad, incluidas las que ésta tenga con los cónyuges, y c) la fase de división, en la que se adjudica a los cónyuges, ex-cónyuges o
sus respectivos herederos, el remanente líquido de los bienes de conquista, sí
es que existe9.
Y es en este contexto en el que se ha de ubicar el inventario del pasivo y los
derechos de los acreedores de la sociedad, que aquí van a ser objeto de análisis.
II. LA LIQUIDACIÓN DEL CONSORCIO CONYUGAL
EN LOS TEXTOS HISTÓRICOS Y EN EL FUERO NUEVO
DE NAVARRA
1. Derecho Histórico
El régimen de la sociedad conyugal de conquistas, es el fruto de una arraigada práctica consuetudinaria que se fraguó a partir de los siglos XV o XVI, en
(...) 8. Lógicamente a la comunidad postmatrimonial serán aplicables, especialmente, los principios generales y la normativa de la comunidad pro indiviso. No obstante, en relación a esta
última ha de señalarse que presenta notas muy diferentes a las de la comunidad postmatrimonial, puesto que en tanto en esta última la cuota recae sobre un conjunto de bienes, derechos y obligaciones, en la comunidad pro indiviso la cuota recae sobre un bien determinado.
En definitiva, la comunidad postmatrimonial tiene muchas más notas en común con la
comunidad hereditaria que con la comunidad por cuotas o pro indiviso y, es por ello que, en
primer término se han de aplicar las reglas de aquélla y, sólo subsidiariamente, las de la
comunidad por cuotas y las contenidas en el Título II del Libro III.
9. Este criterio de clasificación es seguido por la doctrina en el ámbito del Código Civil, en relación con la liquidación de la sociedad de gananciales. Puede consultarse en este sentido,
LACRUZ BERDEJO, J. L en, Elementos de Derecho Civil, IV, Derecho de Familia, por J. L. L ACRUZ
BERDEJO, y F. A. SANCHO REBULLIDA , Librería Bosch, Barcelona, 1984, págs. 489-494; DE LOS
MOZOS J. L., «Comentarios a los artículos 1344 a 1410 del Código Civil», Comentarios al Código
Civil y Compilaciones Forales, dirigidos por M. ALBADALEJO y S. DÍAZ ALABART, T. XVIII, Vol. 2º,
Edersa, Madrid, 1999, p. 605 y LÓPEZ BELTRÁN DE HEREDIA , C., La liquidación de la sociedad de
gananciales, Tirant lo Blanch, Valencia, 2002, p. 131. No obstante, también existen otros criterios de clasificación.
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contradicción con las disposiciones escritas de los Fueros Locales y del Fuero
General (que preveían distintos regímenes de comunidad) y que se vio favorecida pon la influencia del sistema castellano de gananciales.
Es el Fuero Reducido el que sancionó por primera vez como régimen de
bienes el de conquistas, y muy pocos años después, la ley 34 de Cortes de
Tudela de 1558 (Nov. Rec. 3,10,2) parece presuponer como normal y generalizado en todo el Reyno y con carácter de supletorio o presuntivo, el sistema de
conquistas, o sea, la simple comunidad de adquisiciones a título oneroso, y este
es el régimen que ha quedado recogido en el Fuero Nuevo10 .
Ello explica que, como ha señalado GARCÍA-GRANERO, en los antiguos fueros
navarros falte una regulación completa sobre la materia de la liquidación del
consorcio conyugal, existiendo únicamente algunas referencias aisladas11.
2. El Fuero Nuevo en su redacción primitiva
El Fuero Nuevo en su redacción primitiva de 1973, no contenía apenas normas específicas sobre liquidación, por lo que en esta materia eran aplicables
10. Así lo han puesto de relieve los anotadores a la Recopilación Privada con cita de abundantes fuentes históricas, ob. cit, nota a la ley 101, pág. 185.
La evolución histórica del régimen matrimonial de bienes en el Derecho navarro puede consultarse en LACRUZ BERDEJO, J. L., «El régimen matrimonial en los fueros de Aragón», Anuario
de Derecho Aragonés, 1946, págs. 68 y ss; en LACRUZ BERDEJO, J. L., RAMS ALBESA J., «La comunidad matrimonial de conquistas en Navarra», Revista Jurídica de Navarra, nº 6, Vol. II, juliodiciembre 1988, págs. 11-13 y en GARCÍA-GRANERO FERNÁNDEZ, J., «Comentarios a las leyes 82
a 111 del Fuero Nuevo», Comentarios al Código Civil y Compilaciones Forales, dirigidos por
M. ALBADALEJO y S. DÍAZ ALABART, T. XXXVI, Vol 2, Edersa, Madrid, 1995, págs. 2-7.
11. GARCÍA-GRANERO FERNÁNDEZ, J., «Comentarios a las leyes 82 a 111…, cit., págs. 131-133. Este
autor realiza un exhaustivo estudio sobre el Derecho histórico en materia de liquidación del
consorcio conyugal, con cita de abundantes textos históricos. Señala como notas que se infieren de los antiguos fueros navarros las siguientes: a) respecto a la forma de proceder a la liquidación y partición, se precisa carta pública con la concurrencia de testigos, b) la liquidación
es practicada por el cónyuge viudo y los herederos del difunto, ya se trate de hijos o descendientes comunes o de ascendientes o colaterales del finado; c) de la partición quedan excluidas las heredades propias o privativas del marido o de la mujer; d) antes de determinar el
caudal líquido partibles, han de ser satisfechas las deudas comunes, no las propias de alguno
de los cónyuges; entre esas deudas que son de cargo de la sociedad, los fueros incluyen los
gastos y expensas del enterramiento del cónyuge difunto; e) también es operación previa a la
partición entre el viudo y los herederos del cónyuge finado, la detracción de las aventajas que,
el cónyuge supérstite tiene derecho a retirar para sí, sin que le sean computables en su haber
liquido y f) y lo que queda después de las deducciones indicadas, constituye el haber líquido
partible, que ha de ser adjudicado por mitad, al esposo sobreviviente y a los herederos del
finado.
Sobre la regulación de las operaciones liquidatorias de la sociedad de conquistas en los Proyectos de Apéndices y Recopilaciones, puede consultarse, SALINAS QUIJADA F., Derecho Civil
de Navarra, T. V, Vol. 2, Gómez, Pamplona, 1975, págs. 354-361.
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las normas del Código Civil sobre la liquidación de la sociedad de gananciales,
en virtud de la remisión genérica que la ley 91 FN efectuaba al Código Civil.
Así esta ley en su redacción inicial (prácticamente idéntica a la de la ley 91
de la Recopilación Privada), y bajo el ladillo «aplicación supletoria del Código
Civil» establecía que «En todo lo no previsto por este Capítulo se aplicará al régimen conyugal de conquistas, en cuanto no se oponga a éste, lo dispuesto en el
Código Civil para el de gananciales»12.
Las únicas normas que contenía el Fuero Nuevo de 1973, en cuanto a la
liquidación de la sociedad de conquistas, eran la ley 88, que con clara inspiración en el Derecho aragonés, regulaba los reintegros entre los patrimonios
privativos y el de conquistas; la ley 89 que, eximía de la formación de inventario cuando todos los interesados en la liquidación aceptaran el que el cónyuge
sobreviviente hubiera hecho para el usufructo vidual; y, finalmente, la ley 90
que en aplicación de la libertad de pacto sobre el régimen de bienes en el
matrimonio, establecía que el remanente líquido de los bienes de conquista
se dividiría en la proporción pactada o, en defecto de pacto, por mitad entre
marido y mujer o sus respectivos herederos13.
La remisión del Fuero Nuevo al Código Civil había que entender efectuada en sentido dinámico y no estático. Es decir, las sucesivas modificaciones que se efectuaron en el Código Civil en materia de liquidación de la
sociedad de gananciales también fueron de aplicación en Navarra, destacando entre todas, por su repercusión en materia de liquidación de la sociedad de gananciales, la modificación del Código Civil operada por la Ley de 13
de mayo de 198114.
12. En cambio la Recopilación Privada, ob. ci.t, pág. 51, además de establecer una remisión genérica al Código Civil en su ley 91, en su ley 88.1, contenía una remisión específica en materia
de liquidación, señalando que «La sociedad conyugal de conquistas se liquidará conforme a
lo que disponen para la de gananciales los artículos 1418 a 1431 del Código Civil, sin perjuicio
de lo que se establece en las leyes siguientes». El contenido de la ley 88.1 no pasó a la Compilación.
13. La inspiración de la ley 88 FN en el artículo 47.1 de la Compilación Aragonesa, es puesta de
relieve por los anotadores de la Recopilación Privada, ob. cit., nota a la ley 88, pág. 183.
Sobre la disolución y liquidación del régimen de conquistas en la redacción primitiva del
Fuero Nuevo puede consultarse, CASTÁN TOBEÑAS J., Derecho civil español, común y foral,
T. V, Vol. 1, 10ª edición revisada y puesta al día por G. GARCÍA CANTERO y J. M. CASTÁN
VÁZQUEZ, Reus, Madrid, 1983, págs. 780-783.
14. Un exhaustivo estudio de las modificaciones que sufrió el Código Civil en esta materia ha
sido realizado por la Profesora MARTÍN MELÉNDEZ, M. T, «La sociedad de gananciales, en
general, y su liquidación, en particular en el Código Civil desde 1889 hasta 1981: el camino
hacia la plena igualdad de los cónyuges», Revista Crítica de Derecho Inmobiliario, año
LXXXIII, 2007, nº 701, págs. 1147-1221.
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Como ya señaló L ACRUZ15, esta reforma fue consecuencia de la equiparación de los cónyuges en el matrimonio.
3. La modificación operada por la Ley Foral 5/1987, de 1 de abril
A) Alcance de la reforma
Fue la Ley Foral 5/1987, de 1 de abril, por la que se modifica la Compilación del Derecho Civil Foral Fuero Nuevo de Navarra, la que, inspirándose en
el principio de igualdad de derechos y deberes de los cónyuges, dio nueva
redacción a las leyes 82 FN y siguientes que disciplinan la sociedad conyugal
de conquistas, introduciendo modificaciones importantes y pretendiendo establecer una regulación completa del régimen de las conquistas.
Concretamente, en materia de liquidación, da nueva redacción a las leyes
88 a 91 del Fuero Nuevo, si bien se mantienen las tres reglas específicas que ya
existían en su redacción primitiva, a las que nos acabamos de referir.
En algunos aspectos el Fuero Nuevo se separa ahora del criterio del Código
Civil al que, sin embargo, se remitía antes de la reforma de 1987.
Así, por ejemplo, la ley 89.4 FN en la redacción dada por la Ley Foral 5/1987,
señala que todas las deudas de la sociedad, incluidas las que ésta tenga con los
cónyuges, se han de pagar conforme a lo dispuesto para la concurrencia y prelación de créditos, separándose así claramente del criterio contenido en el artí-
15. LACRUZ BERDEJO, J. L., Elementos de Derecho Civil, IV…, cit., págs. 487 y 488. En el Código Civil
de 1889, el marido era gestor y árbitro del consorcio y estaba facultado para permitir o prohibir los actos dispositivos de la mujer sobre sus propios bienes. La doctrina entendió los textos del Código Civil en el sentido de que a la disolución del régimen de gananciales se
constituía una sola masa con la totalidad de los bienes privativos y comunes de los cónyuges y lo debido por ellos al consorcio. Y en correspondencia a ese poder omnímodo del
marido, al extinguirse la sociedad de gananciales, de esa masa común, una vez inventariada
la misma, se extraían primero los bienes de la mujer, y se le abonaban sus créditos contra la
comunidad y el marido, de modo que recibiera su capital íntegro; luego se pagaban con los
bienes restantes las deudas y, finalmente se reintegraba el «capital» del marido, reembolsándole cuanto aportó a la sociedad.
Con la reforma de 1981, el marido ya no tiene la condición de gestor único de la comunidad
de gananciales, desaparecen la dote y los parafernales, se equiparan los cónyuges y, en
correspondencia a todo ello, a la disolución del régimen de gananciales, se deja a la esposa
sin preferencia alguna en el recobro de sus bienes y créditos contra el marido y la comunidad, y al marido, sin responsabilidad específica frente a la esposa. Puesto que el marido
vigente la sociedad de gananciales ya no tiene ventajas, tampoco se le grava con desventajas
a la hora de liquidar el consorcio.
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culo 1403 del Código Civil que pospone los créditos de los cónyuges respecto de
los de los terceros.
El derecho de aventajas que la Ley Foral 5/1987 introduce en la ley 90 FN,
también presenta diferencias con relación al artículo 1321 del Código Civil16.
En cuanto a la regulación que la Ley Foral de 1 de abril de 1987 efectúa
sobre el derecho de adjudicación preferente (ley 91 FN), como han puesto de
relieve LACRUZ BERDEJO y RAMS ALBESA17, se inspira en la regulación de la comunidad legal aragonesa (del entonces en vigor artículo 58,2 de la Compilación
aragonesa) y del Código Civil (arts. 1406 y 1407), pero mejora la fórmula de este
último, en cuanto que son objeto del derecho de atribución preferente, además
de los bienes contemplados en el artículo 1406 CC, los bienes privativos incorporados a la masa consorcial y los instrumentos profesionales que por su valor
no le pertenezcan por derecho de aventajas.
Otra peculiaridad que presenta esta materia en relación con el Código Civil,
es que a tenor de la ley 91 in fine FN «el cónyuge viudo de segundas o posteriores nupcias del finado no podrá exigir el uso o habitación respecto a los bienes
adjudicados a los hijos o descendientes de anterior matrimonio del difunto».
Y, por último, tras la reforma de 1987 existe un aspecto que, aunque aparentemente permanece igual, ha sufrido un cambio muy profundo. Nos estamos refiriendo a los derechos que los acreedores de la sociedad de conquistas
tienen en la liquidación de dicho régimen.
Antes de la Ley Foral 5/1987, esta era una de las materias en que se aplicaba el Código Civil por la remisión que a este cuerpo normativo efectuaba la
ley 91 FN en su redacción primitiva.
Pues bien el Código Civil tras la reforma operada en esta materia por la Ley
de 13 de mayo de 1981, establece en su artículo 1402 que «Los acreedores de la
sociedad de gananciales tendrán en su liquidación los mismos derechos que le
reconocen las Leyes en la partición y liquidación de las herencias».
Es decir, que el Fuero Nuevo se remitía al Código Civil y, a su vez, el artículo
1402 del mismo, a las reglas sobre partición y liquidación de herencias que el
Código Civil contenía en sus artículos 1082 y siguientes.
16. La influencia del Derecho aragonés en la regulación del derecho de aventajas introducida
por la Ley Foral 5/1987, ha sido puesta de manifiesto por LACRUZ BERDEJO, J. L., RAMS ALBESA J.,
«La comunidad matrimonial de conquistas en Navarra…, cit., pág. 33.
Así, al igual que el entonces en vigor artículo 57 de la Compilación aragonesa, la ley 90.2 FN
al regular el derecho de aventajas incluye también «los instrumentos de trabajo de un valor
no desproporcionado al patrimonio común» (que sin embargo no están comprendidos en el
art. 1321 CC).
17. LACRUZ BERDEJO, J. L., RAMS ALBESA J., «La comunidad matrimonial de conquistas en Navarra…,
cit., pág. 33.
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Sin embargo el Fuero Nuevo, tras la reforma operada en 1987, establece en
su ley 89 que «Los acreedores de la sociedad tendrán en la liquidación de ésta
los mismos derechos que por ley les corresponden en la liquidación y partición
de la herencia».
¿Dónde está la diferencia?. En que la remisión que efectúa la ley 89 FN a las
reglas que sobre liquidación y partición de la herencia hay que entender que
se realiza a las normas del Fuero Nuevo y no a las contenidas en el Código Civil.
Es decir, partiendo de una norma aparentemente casi idéntica, se llegan a
soluciones muy distintas, debido a las diferencias que existen entre el Derecho
sucesorio del Código Civil y del Fuero Nuevo, como veremos en los apartados
siguientes.
El mismo Tribunal Superior de Justicia de Navarra en su sentencia de 28
de octubre de 1999 (RJ 1999\9744), ha señalado que nuestra Complilación disciplina específicamente la liquidación y prevalece sobre las normas del Código
Civil reguladoras de la sociedad de gananciales, «prevalencia que le otorga la
ley 2 FN»18.
Igualmente la Audiencia Provincial de Navarra ha señalado que, en materia de liquidación, la normativa de la Compilación excluye la del Código Civil
(sentencia de 20 de diciembre de 2001, JUR 2002\46544).
B) Derecho transitorio
Las cuestiones de Derecho transitorio que pueden surgir, han de resolverse
aplicando la disposición transitoria primera de la Ley Foral 5/1987, conforme
a la cual, «Las modificaciones introducidas por esta Ley Foral serán aplicables
a las relaciones jurídicas nacidas antes de su entrada en vigor. No obstante, los
actos y contratos otorgados y que tuvieran plena validez y eficacia conforme a la
legislación anterior, en ningún caso podrán ser impugnados al amparo de las
disposiciones de esta Ley Foral».
En principio, la sociedad de conquistas es una relación jurídica (más que
un acto o contrato), y en consecuencia rige el principio de retroactividad,
siendo aplicable a la liquidación de la sociedad de conquistas la normativa
actualmente en vigor, aunque la misma se hubiera constituido antes de la
entrada en vigor de la Ley Foral 5/1987. Ahora bien, ello no impide que ciertos
actos y contratos determinados realizados antes de la entrada en vigor de esta
18. En el fundamento de derecho quinto de esta sentencia, se excluye la aplicación del artículo
1410 CC y de otros preceptos de este cuerpo legal y jurisprudencia del Tribunal Supremo dictada en su aplicación, y se señala como de aplicación preferente la Compilación que contempla y disciplina específicamente la materia litigiosa.
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Ley Foral, sean plenamente válidos y desplieguen sus efectos conforme a la
normativa anterior, en virtud de lo establecido en el último inciso de esta disposición transitoria.
Así, por ejemplo, el Tribunal Superior de Justicia de Navarra en su sentencia
de 11 de diciembre de 1993 (RJ 1993\10095), aunque la sociedad de conquistas se
liquidó con posterioridad a la Ley Foral 5/1987, determinó si la deuda contraída
por un cónyuge en el año 1982 lo fue por cargas comunes o por obligaciones privativas del mismo, aplicando la Compilación en su redacción originaria.
Y también, el Tribunal Superior de Justicia de Navarra en su sentencia de
14 de septiembre de 2005 (RJ 2005\7672), aunque la sociedad de conquistas se
liquidó con posterioridad a la Ley Foral 5/1987, para determinar si la vivienda
familiar era o no un bien privativo del esposo, aplicó el Fuero Nuevo en su
redacción originaria, porque la vivienda se había adquirido en virtud de compraventa anterior a la Ley Foral 5/1987, y era un acto jurídico plenamente
válido conforme a la legislación anterior.
IV. EL PASIVO DE LA SOCIEDAD
1. Deudas que integran el pasivo de la sociedad conyugal
de conquistas
A) Deudas de la sociedad
Establece la ley 89 FN, en su párrafo tercero, que «El pasivo comprenderá
todas las obligaciones pendientes a cargo de la sociedad, incluso por créditos de
los cónyuges contra aquella». Y en el párrafo siguiente añade que «Terminado el
inventario se pagarán las deudas de la sociedad, incluidas las que ésta tenga con
los cónyuges».
Esto es, la ley 89, en sus párrafos tercero y cuarto identifica como términos
sinónimos los de «obligaciones a cargo de la sociedad» y «deudas de la sociedad»19.
19. El término obligación, en un sentido amplio, comprende la total relación crediticia; esto es,
la relación jurídica en cuya virtud, una persona denominada acreedor, puede exigir de otra,
llamada deudor, una determinada prestación; pero a veces se utiliza esta palabra para designar su aspecto pasivo. Y este último es el sentido con que la emplea la ley 89 FN. Sobre las
diferentes definiciones de obligación puede consultarse, CASTÁN TOBEÑAS J., Derecho civil
español, común y foral, T. III, 13ª edición revisada y puesta al día por G. GARCÍA CANTERO, Reus,
Madrid, 1983, págs. 43-47.
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También el tenor literal de esta ley es muy claro en el sentido de que el pasivo
está integrado tanto por deudas de la sociedad frente a terceros como por las que
tiene frente a los cónyuges, puesto que tanto en su párrafo tercero como en el
cuarto, se incluyen expresamente las deudas de la sociedad frente a los cónyuges.
Y la primera precisión que se ha de efectuar a este respecto es que en sentido estricto, ni hay deudas de la sociedad frente a terceros, ni deudas de la
sociedad frente a los cónyuges, por la sencilla razón de que la sociedad de conquistas no tiene personalidad jurídica y por eso no puede ser deudora20.
Como se ha puesto de relieve por la doctrina21, al carecer la sociedad de
personalidad jurídica, cualquier deuda u obligación ha de tener necesariamente como titular pasivo a uno o ambos cónyuges. Hay tan sólo dos eventuales deudores, pero tres patrimonios (más exactamente tres masas
patrimoniales), que pueden ser responsables: el de conquistas y los privativos
de cada uno de los cónyuges.
En consecuencia, cuando la ley 89 FN alude a las obligaciones de la sociedad o a las deudas de la sociedad, hay que interpretar que lo que está diciendo
es que son deudas de las que responde la sociedad de conquistas o más exactamente, los bienes y derechos de conquistas y de las que son deudores uno o
ambos cónyuges.
Sin embargo, como veremos más adelante, es más difícil determinar si se
trata de una responsabilidad de la sociedad de conquistas externa (también
denominada provisional) o de una responsabilidad interna (definitiva)
Naturalmente, las deudas de la sociedad, además de sobre los bienes de
conquista, también se pueden hacer siempre efectivas sobre los bienes privativos del cónyuge que ha contraído la deuda, o sobre los privativos de ambos
cónyuges, si ambos son deudores.
Y ello es así, tanto por el principio de responsabilidad patrimonial universal (art. 1911 CC que es aplicable en Navarra), conforme al cual, del cumpli20. Existen dos manifestaciones muy importantes de esto, si bien ambas referidas a la sociedad
de gananciales, pero aplicables, mutandis mutandis, a la sociedad de conquistas. Una, en la
vigente Ley de Enjuiciamiento Civil de 7 de enero de 2000, en la que el artículo 541.1 es
tajante al señalar que «No se despachará ejecución frente a la comunidad de gananciales», y
otra, constituida por los artículos 93 y 94 del Reglamento Hipotecario, que no permiten que
los bienes gananciales se inscriban a nombre de la sociedad.
21. Cfr. FERNÁNDEZ URZAINQUI, F. J., «Responsabilidad directa y subsidiaria de la sociedad de conquistas por deudas de los cónyuges», Revista Jurídica de Navarra, nº 33, Vol. 2, enero-junio
2002, pág. 64.
Este autor sigue en este punto el criterio que sostiene el Profesor LACRUZ respecto de la
sociedad de gananciales (Vid. LACRUZ BERDEJO, J. L y SANCHO REBULLIDA J. L., Elementos de Derecho Civil, IV, Derecho de Familia…, cit., págs. 421 y 422). Y también pone de relevancia este
extremo en relación con el régimen de gananciales, DÍEZ-PICAZO Y PONCE DE LEÓN, L., GULLÓN
BALLESTEROS A., Sistema de Derecho Civil, Vol. IV, 8ª edición, Tecnos, Madrid, 2001, pág. 172.
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miento de las obligaciones responde el deudor con todos sus bienes presentes
y futuros, como por inferirse implícitamente de la ley 493.1 FN, que versa sobre
el cumplimiento de las obligaciones.
O puede darse el supuesto, como el que contempla la ley 54.1 FN, en que
de la actuación individual de un cónyuge derive, además de la responsabilidad
del patrimonio privativo del cónyuge y de los bienes de conquista, también la
responsabilidad subsidiaria del patrimonio privativo del otro.
Por eso las deudas de la sociedad son deudas de uno o de los dos cónyuges, de las que responden directamente los bienes de conquista, además de los
bienes privativos del cónyuge o cónyuges deudores.
B) Deudas pendientes
Pero no todas las deudas de la sociedad integran el pasivo sino, única y
exclusivamente, las deudas pendientes, tal y como lo explicita la ley 89.3 FN.
No dice el Fuero Nuevo en qué momento deben estar pendientes, pero se
ha de entender que es en el momento de la disolución de la sociedad de conquistas22 puesto que, precisamente, una de las finalidades que persigue la liquidación, es dar cumplimiento a relaciones acaecidas durante la sociedad de
conquistas y que estén aún pendientes de ejecución, para a continuación poner
fin a la indivisión mediante la adjudicación de bienes a los cónyuges, ex-cónyuges o herederos de los mismos.
No son deudas pendientes, y por ello no se han de incluir en el pasivo, las
deudas nacidas vigente la sociedad, pero que al momento de su disolución, ya
estuvieran extinguidas por cumplimiento, compensación, o cualquier otra
forma de extinción.
Las deudas pendientes no tienen porqué ser deudas vencidas y exigibles.
Pueden serlo o no. Se ha de tener muy en cuenta que la disolución de la sociedad de conquistas, per se, no produce el vencimiento anticipado de las obligaciones, efecto que sí se produce en cambio por la apertura de la fase de
liquidación en el procedimiento concursal23.
22. El momento en que se produce la disolución de la sociedad conyugal de conquistas es diferente según la causa que la origine, causas que enumera la ley 87 FN. Así, por ejemplo, si es
por fallecimiento, se producirá ope legis, desde dicho momento; pero si se produce por resolución judicial que la decrete a petición de uno de los cónyuges (ley 87.5 FN), será el de la firmeza de la sentencia. La consulta de la jurisprudencia existente en torno a la sociedad de
gananciales pone de relieve que es especialmente difícil determinar el momento de disolución de la sociedad en los supuestos de separación de hecho.
23. A tenor del artículo 146 de la Ley Concursal «…la apertura de la liquidación producirá el vencimiento anticipado de los créditos concursales aplazados y la conversión en dinero de aquellos que consistan en otras prestaciones».
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Como exige la ley 89.3 FN, en el pasivo se han de incluir todas las deudas
pendientes de la sociedad, lo que implica que han de figurar tanto las vencidas
como las que no lo están.
Estas últimas habrá que ir abonándolas a medida que vayan venciendo, sin
que pierdan el carácter ni el régimen de exigibilidad que tenían conforme a su
título cuando nacieron. En las operaciones de liquidación, a la vez que se pagan
las deudas vencidas se reservarán o asignarán bienes para abonar las de vencimiento futuro24.
Es claro que respecto de estas deudas consorciales no rige el adagio «antes
es pagar que partir». Habrá que partir los bienes entre los copartícipes de la
comunidad postmatrimonial, sin haber liquidado todas las deudas de la sociedad, si bien es lógico que se reserven bienes para hacer frente a las mismas.
C) No son deudas de la sociedad las que los copartícipes contraen tras la disolución del régimen de conquistas
¿Se han de incluir en el inventario las deudas surgidas tras la disolución de
la sociedad de conquistas?. La respuesta creemos que ha de ser negativa.
Como ya hemos señalado, una vez producida la disolución del régimen de
conquistas cesa el régimen jurídico por el que se venía rigiendo. En consecuencia, salvo que con posterioridad los cónyuges pacten de nuevo este régimen económico, en cuyo caso ya estaríamos ante una hipótesis diferente, ni
los bienes que adquieren los cónyuges tras la disolución pueden ser de conquista25, ni las deudas que contraen deudas de la sociedad de conquistas26.
Si a esto añadimos que la liquidación se dirige, entre uno de sus fines, a la
efectividad de relaciones jurídicas que habían surgido durante la vigencia del
24. En el ámbito de la sociedad de gananciales así lo puso de relieve LACRUZ BERDEJO, J. L en, Elementos de Derecho Civil, IV, Derecho de Familia…, cit., pág 491. Se adhiere a esta opinión
BLANDINO GARRIDO, M. A., Régimen jurídico de las deudas…, cit., pág. 136.
25. Tras la disolución, sólo se puede admitir, como mucho, dos fuentes de creación de bienes
comunes que, en realidad tampoco son propiamente tales, sino más bien consecuencia del
principio de subrogación real y de accesión.
Así, los bienes que los copartícipes de la comunidad postmatrimonial adquieren de común
acuerdo con cargo a bienes de conquistas, siguen siendo bienes de conquista porque opera
el principio de subrogación real. Y, por aplicación del principio de accesión, también son
bienes de conquista los frutos que producen dichos bienes, aunque sea tras la disolución del
régimen matrimonial.
26. En el ámbito del Código Civil, respecto del régimen de gananciales, Rivera Fernández denomina a estas deudas que surgen tras su disolución, y que dan lugar a una responsabilidad
directa de los bienes gananciales, deudas postgananciales y sostiene que los acreedores de la
sociedad tienen derecho a cobrar con preferencia a los postgananciales. Vid. RIVERA FERNÁNDEZ, M., La comunidad postganancial, J. M. Bosch Editor, Barcelona, 1997, págs. 130-132 y
182-183 (...continúa en página siguiente)
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régimen de conquistas y que todavía se encuentran pendientes, resulta que en
el pasivo no han de figurar deudas posteriores a la disolución 27.
Y a la misma conclusión se llega con base en el tenor literal de la ya tantas
veces citada ley 89.3 FN, conforme a la cual, «El pasivo comprenderá todas las
obligaciones pendientes a cargo de la sociedad…», esto es, exige que se trate de
deudas pendientes, deudas que ya existían al tiempo de la disolución de la
sociedad.
Desde luego lo que no se puede negar es que tras la disolución de la sociedad conyugal de conquistas, todos los copartícipes de la comunidad postmatrimonial (cónyuges, ex-cónyuges o sus respectivos herederos), de común
acuerdo, o uno o algunos de ellos con el consentimiento de los demás, pueden
contraer deudas y, en estos casos, el acreedor podrá dirigirse también contra
los bienes de conquista.
Ello resulta por la aplicación a la comunidad postmatrimonial de las reglas
de la comunidad hereditaria y de las reglas sobre la comunidad pro indiviso,
en la que se exige la unanimidad para los actos de disposición (ley 372 FN).
También existen gastos que se realizan tras la disolución del régimen de
conquistas y que gravan directamente los bienes de conquista.
Así, por ejemplo, por la aplicación supletoria de las reglas de la comunidad
pro indiviso, resulta que cualquiera de los copartícipes puede realizar actos de
administración en interés de la comunidad postmatrimonial, sin perjuicio de la
facultad de oposición de los demás (ley 372.3 FN). Y estos gastos también serán
de cargo y de responsabilidad de los bienes de conquista.
(...) 26. Martín Meléndez, estima que aunque tras la disolución del régimen de gananciales se cierran prácticamente las fuentes que dan origen a nuevas deudas que puedan hacerse efectivas
directamente sobre los bienes de la masa indivisa, cuando uno de los partícipes haya hecho
frente a los gastos de partición o se haya preocupado del mantenimiento de los bienes, o en
supuestos similares, será acreedor directo de la masa indivisa, y esos créditos han de figurar en
el pasivo del inventario y tienen la misma preferencia que los terceros acreedores de la sociedad. Cfr. MARTÍN MELÉNDEZ, M. T., La liquidación de la sociedad de gananciales. Restablecimiento del equilibrio entre masas patrimoniales, McGraw-Hill, Madrid, 1995, págs. 62-68.
27. No obstante, como advierte la Profesora Yáñez Vivero en relación con el régimen de gananciales, si la disolución de la sociedad de gananciales se produce por la modificación del régimen económico matrimonial en capitulaciones matrimoniales, han de considerarse deudas
gananciales las contraídas después de la disolución del régimen matrimonial pero antes que
la oponibilidad erga omnes de esa disolución frente a terceros. Cfr. YÁÑEZ VIVERO, F., Las capitulaciones matrimoniales en perjuicio de acreedores y la anotación de embargo sobre bienes exgananciales, Servicio de Estudios del Colegio de Registradores, Madrid, 2003, págs. 52 y 53.
Pero la propia autora en esta misma monografía (pág. 53 en relación con las págs 275-286)
advierte de las dificultades con las que en estos casos se puede encontrar el acreedor que
quiera anotar el embargo sobre un bien ganancial que se haya adjudicado en la liquidación
al cónyuge no deudor.
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Pues bien, todas estas deudas y gastos posteriores a la disolución del régimen de conquistas, aunque se puedan hacer efectivos directamente sobre los
bienes de conquista, no son las deudas sociales a que se refiere la ley 89.3 FN,
y no deben figurar en el pasivo.
La cuestión no es baladí. Al no ser deudas sociales, los acreedores tampoco
son acreedores sociales (más bien pueden denominarse acreedores postconsorciales) y, en consecuencia, carecen de los derechos que atribuye la ley 89.5
FN cuando dice que «Los acreedores de la sociedad tendrán en la liquidación
de ésta los mismos derechos que por ley les corresponde en la liquidación y partición de la herencia».
Por ello, en principio, los acreedores de la sociedad si se acogen a la normativa hereditaria y, más en concreto, al beneficio de separación ex ley 319 FN
(que será analizado más adelante), en relación con los bienes de conquista,
gozan de preferencia sobre los acreedores postconsorciales.
Decimos en principio porque respecto de determinados gastos, por su
naturaleza, por constituir más bien una deducción del activo de la sociedad,
como por ejemplo los gastos de conservación de los bienes comunes, o los gastos de la liquidación y partición, no parece que estos acreedores puedan quedar postergados frente a los acreedores de la sociedad, incluso aunque estos
últimos hayan instado el beneficio de separación que contempla la ley 319 FN.
2. Deudas frente a terceros
Como hemos visto, son deudas de la sociedad que se han de incluir en el
inventario, tanto las que tiene frente a terceros como frente a los cónyuges. En
este apartado nos vamos a referir a las primeras.
A) ¿Deudas de responsabilidad interna, externa o ambas?
Señala la ley 89.3 FN que se trata de «obligaciones», léase deudas, «a cargo
de la sociedad».
Se hace preciso determinar, si estas deudas a cargo de la sociedad que forman parte del pasivo, son las deudas que son de responsabilidad interna de la
sociedad, o las que son de responsabilidad externa, o ambas.
El Fuero Nuevo grava directamente los bienes de conquista frente a terceros con deudas que pueden ser o no ser en definitiva de cargo del consorcio.
Esto es lo que se denomina responsabilidad externa o provisional: las deudas
que gravan directamente y erga omnes los bienes de conquista, con independencia de que definitivamente sean o no a cargo de los bienes de conquista.
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Por el contrario, la responsabilidad interna o definitiva se refiere a las deudas que de forma definitiva, es decir, en la relación interna entre los cónyuges,
son de cargo de la sociedad de conquistas.
La determinación de cuáles de estas deudas se subsumen en la ley 89.3 FN
y han de formar parte del pasivo de la sociedad tiene importantes repercusiones puesto que única y exclusivamente los acreedores de la sociedad tienen en
la liquidación de la sociedad de conquistas los mismos derechos que por ley
corresponden a los acreedores en la partición y liquidación de la herencia (ley
89.5 FN).
Una interpretación meramente literal de la Ley 89.3 FN juega a favor de la
consideración de que son las deudas de responsabilidad interna o definitiva
las que forman parte del pasivo de la sociedad, ya que este precepto se refiere
a las «obligaciones pendientes a cargo de la sociedad», y a su vez la ley 84.1,
apartados 1) a 7) del Fuero Nuevo enumera las deudas que son de cargo de la
sociedad, en función del interés familiar al que atienden; y en la ley 85 FN se
enumeran los gastos y obligaciones que son de cargo de cada cónyuge.
Por tanto, cuando el legislador del Fuero Nuevo señala en la ley 84.1 que
«son de cargo y responsabilidad de la sociedad de conquistas los gastos y obligaciones siguientes» y en la ley 85 que «son de cargo de cada cónyuge los gastos
y obligaciones siguientes», con la expresión «de cargo», se está refiriendo al patrimonio que ha de soportar definitivamente el gasto o la obligación en la esfera
interna de las relaciones entre cónyuges; estos es, a la responsabilidad interna
o definitiva28.
Por ello, conforme al criterio gramatical, hay que interpretar que las «obligaciones pendientes a cargo de la sociedad» que por imperativo de la ley 89.3
FN forman parte del pasivo son las deudas que son de responsabilidad interna
o definitiva de la sociedad.
Y este es el criterio que mantiene un sector de la doctrina29.
Pero no nos parece que la exégesis de la ley 89.3 FN pueda detenerse en una
interpretación meramente literal sino que, por el contrario, se hace preciso
efectuar una interpretación teleológica y tener muy en cuenta los intereses en
juego que subyacen en esta problemática.
28. Pone de relieve FERNÁNDEZ URZAINQUI, F. J., «Responsabilidad directa y subsidiaria de la sociedad de conquistas…, cit., pág. 65, que el Fuero Nuevo agrupa en la ley 84 las distintas cargas
comunes y que la ley 85 enuncia algunas cargas privativas refiriéndose al resto por exclusión,
al atribuir tal carácter en el numeral 3) a las obligaciones contraídas que «no sean de cargo
de la sociedad de conquistas conforme a las leyes 54 y 84».
29. Cfr. FERNÁNDEZ URZAINQUI, F. J., «Comentario a las leyes 78 a 91…, cit, pág. 285. Se adhiere a
este criterio RENTERÍA AROCENA , A., «Derecho Civil de Navarra: capacidad de los cónyuges…,
cit., pág. 2249.
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Así, si se acoge la interpretación literal a la que acabamos de referirnos,
quedarían excluidas del inventario todas las deudas contraídas por ambos cónyuges o por uno con el consentimiento del otro y que no son de las que la ley
84.1 FN enumera como de cargo de la sociedad.
Y ello a pesar de que de estas deudas responden directamente y erga omnes
la sociedad de conquistas, porque así lo establece muy claramente la ley 84 in
fine FN. Así, a tenor de este precepto «De las obligaciones que contraigan ambos
cónyuges o uno de ellos con el consentimiento del otro responderá la sociedad de
conquistas sin perjuicio de los reembolsos que procedan».
Nos encontraríamos por tanto que los acreedores de estas deudas que
vigente el régimen de conquistas podían perseguir directamente los bienes de
conquista, en fase de liquidación, al quedar las mismas excluidas del inventario, sólo podrían cobrarse con los bienes privativos del cónyuge o cónyuges
deudores y con los bienes de conquista que al finalizar el proceso de liquidación y partición se adjudicaran al cónyuge o cónyuge deudores.
En consecuencia, los acreedores de las deudas contraídas por ambos cónyuges o por uno con el consentimiento del otro y que no son de cargo de la
sociedad, verían considerablemente disminuida la garantía de la que gozaban
durante la vigencia de la sociedad de conquistas en la que sí podían perseguir
directamente los bienes comunes.
Creo que la liquidación de la sociedad no puede perjudicar a estos acreedores que, confiados en la responsabilidad externa que establece el Fuero
Nuevo para sus créditos, verían como su posibilidad de agredir directamente
los bienes de conquista desaparecería después de que ha nacido su crédito y
por la sencilla razón de que el régimen de conquistas se ha disuelto y liquidado.
Por tanto, han de subsumirse en la ley 89.3 FN y han de incluirse en el
pasivo, no sólo las deudas a cago de la sociedad, esto es las deudas de las que
interna y definitivamente responde la sociedad (ley 84.1 FN), sino además, las
deudas contraídas por ambos cónyuges o por uno con el consentimiento del
otro, aunque no sean de cargo de la sociedad, puesto que de estas deudas también responden directamente los bienes de conquista y la liquidación del consorcio conyugal no puede perjudicar a estos acreedores.
Y en este punto ha de hacerse una precisión que entendemos importante.
Todas las obligaciones que son de cargo de la sociedad (ley 84.1 FN), esto es,
todas las deudas de las que interna y definitivamente responde la sociedad, son
también deudas de responsabilidad externa, de tal forma que los acreedores
pueden agredir directamente de los bienes de conquista.
Y ello es así porque lo preceptúa el Fuero Nuevo en la ley 84.1, con arreglo
a la cual, «Son de cargo y responsabilidad de la sociedad de conquistas los gastos y obligaciones siguientes…».
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Es decir, a tenor de este precepto, todas las deudas de cargo de la sociedad
de conquistas lo son también de responsabilidad externa de la misma, con
independencia que se hayan contraído por uno o por los dos cónyuges.
En consideración a todo lo anterior se puede resumir diciendo que el
pasivo de la sociedad está integrado por todas las deudas que son de su responsabilidad externa.
¿Y qué deudas son de responsabilidad externa de la sociedad?. Lo son, en
primer lugar, las deudas que en la relación interna entre los esposos son de
cargo de la sociedad, ya que estas deudas son siempre de responsabilidad
externa de la sociedad, con independencia de que se hayan contraído por uno
o por los dos esposos.
Y, en segundo término las que contraigan ambos cónyuges o uno de ellos
con el consentimiento del otro, porque de estas deudas siempre responde erga
omnes la sociedad de conquistas, con independencia que en la relación interna
entre los esposos sean de su cargo o del de la sociedad, eso sí, sin perjuicio de
los reembolsos que, en su caso procedan (ley 84.2 in fine FN).
En cambio, y por exclusión, no son deudas del pasivo y no pueden subsumirse en la ley 89.3 FN, las deudas que son externamente privativas de cualquiera de los cónyuges. Estas deudas son las deudas contraídas por un
cónyuge, sin el concurso o el consentimiento del otro y que no son de cargo de
la sociedad30.
30. De estas deudas, vigente la sociedad de conquistas, sólo responden directamente los bienes
privativos del cónyuge deudor. Y, subsidiariamente, si el patrimonio del cónyuge deudor no
fuera suficiente, el acreedor podrá pedir el embargo de bienes de conquista, que será inmediatamente notificado al otro cónyuge, pudiendo optar este último, es decir, el cónyuge no
deudor, dentro de los nueve días siguientes a la notificación, porque la traba sobre los bienes
comunes sea sustituida por la parte que al cónyuge deudor corresponde en la sociedad de
conquistas, en cuyo caso el embargo llevará consigo la disolución y liquidación de ésta (ley
85 in fine FN).
Y una vez disuelto el régimen de conquistas, la posición jurídica de estos acreedores tampoco puede mejorar, por lo que tampoco parece que pueda sostenerse que puedan agredir
directamente los bienes de conquista. Además la ley 85 in fine FN cuando prevé que por deudas privativas de un cónyuge, y si su patrimonio privativo no es suficiente, se pueden embargar bienes de conquista, presupone que el régimen de conquistas está vigente, atribuyendo
al cónyuge no deudor la opción que hemos visto y que conlleva la disolución de dicho régimen. No parece que tras la disolución de la sociedad de conquistas, pueda seguir aplicándose este último precepto.
En definitiva, que tras la disolución del régimen de conquistas, estos acreedores sólo pueden embargar los bienes privativos del cónyuge deudor y la cuota que corresponda a éste en
la comunidad postmatrimonial, cuota que recae sobre la masa indivisa y no sobre bienes
concretos, con todos los problemas que ello conlleva; y sólo una vez practicadas las operaciones de liquidación, podrán embargar los bienes de conquista que se le hayan adjudicado
al cónyuge deudor en pago de su haber. También el embargo de cuota al que nos acabamos
de referir, una vez practicada la liquidación, recae sobre estos bienes adjudicados que se le
adjudican al cónyuge deudor.
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Con todo tenemos que concluir, que la cuestión no es todo lo clara que
sería deseable, y que en la reforma del Fuero Nuevo llevada a cabo por la Ley
Foral de 1 de abril de 1987 se debería haber determinado con más detalle las
deudas que componen el pasivo.
En parecida imprecisión incurrió el legislador de la Ley de 13 de mayo de
1981 cuando modificó el Código Civil en materia de régimen económico matrimonial, siendo esta cuestión también ampliamente debatida en el ámbito de
la sociedad de gananciales31.
B) Las deudas que son de responsabilidad externa de la sociedad pero no de su
cargo
Ha quedado ya apuntado como en el pasivo de la sociedad han de figurar
todas las deudas que son de su responsabilidad externa, aunque en la relación
interna entre los esposos sean de cargo de uno de ellos, en cuyo caso, operará
el correspondiente derecho de reembolso a favor de la sociedad si es que ésta
ha satisfecho las mismas.
31. Algunos autores han considerado que forman parte del pasivo de la sociedad de gananciales
y tienen acomodo en el art. 1398, regla 1ª CC («deudas pendientes a cargo de la sociedad»),
las deudas que son de responsabilidad externa de la sociedad. De esta opinión son LÓPEZ BELTRÁN DE HEREDIA , C., La liquidación de la sociedad de gananciales…, cit., págs. 235 y 236 y
GONZÁLEZ GONZALO, A., «La liquidación de la sociedad de gananciales: el pasivo y su satisfacción», publicación electrónica, Aranzadi Civil, núm. 3/2002, Aranzadi, Pamplona 2002,
BIB 2002\178, págs. 2-7; si bien este autor matiza que cuando las deudas no sean de cargo de
la sociedad conyugal, se anotarán en el pasivo como obligaciones sujetas a la condición resolutoria de que se satisfagan con bienes privativos del cónyuge deudor, y correlativamente se
anotará en el activo el crédito de la sociedad frente al cónyuge deudor, sujeto a la condición
suspensiva de que se pague la deuda con bienes comunes.
Otro sector de la doctrina estima subsumidas en el ordinal 1º del artículo 1398 CC, las deudas que de forma definitiva son de cargo de la sociedad. Cfr. MORALEJO IMBERNÓN, N., «Comentario a los artículos 1344 a 1410 del Código Civil», Comentarios al Código Civil, coordinados
por R. BERCOVITZ RODRÍGUEZ CANO, Aranzadi, Pamplona, 2001, pág. 1623.
DE LOS MOZOS J. L., «Comentarios a los artículos 1344 a 1410 del Código Civil…, cit., pág. 614,
afirma que se han de incluir las que sean de cargo de la sociedad de gananciales, pero también las contraídas por los dos cónyuges o por uno de ellos cuando su actuación obliga a la
sociedad; esto es, parece que según este autor se han de incluir las de responsabilidad interna
y externa.
Y existen además opiniones intermedias, como la de quienes sostienen que se han de incluir
las deudas que son de cargo definitivo de la sociedad y también las de responsabilidad
externa que no son a cargo de la misma, pero estas últimas sólo si el cónyuge que internamente debe soportarlas no tiene bienes suficientes para pagarlas. Cfr. en este sentido RAMS
ALBESA, J., La sociedad de gananciales, Tecnos, Madrid, 1992, pág. 431 y MARTÍN MELÉNDEZ, M.
T., «La sociedad de gananciales…, cit., págs. 352 y 353.
Para MONTERO AROCA , J., Disolución y liquidación de la sociedad de gananciales, 2ª edición,
Tirant lo Blanch, Valencia, 2003, pág. 261, son deudas de la sociedad, las deudas comunes:
las contraídas por ambos cónyuges o por uno con el consentimiento del otro.
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Así ocurrirá, por ejemplo, cuando sean deudas contraídas por ambos cónyuges o por uno con el consentimiento del otro para satisfacer las cargas privativas que enumera la ley 85 FN.
También las obligaciones extracontractuales que se contraigan en relación
con la administración de los bienes privativos o sean debidas a dolo o culpa
grave del cónyuge deudor son siempre de responsabilidad pero no de cargo de
la sociedad (ley 84.2 FN, primer párrafo).
Ahora bien, si bien es cierto que todas estas deudas han de figurar en el
pasivo de la sociedad por ser de su responsabilidad externa y, en consecuencia, al practicarse las operaciones liquidatorias han de ser abonadas con los
bienes y derechos que componen el activo, correlativamente se anotará en el
activo de la sociedad (conforme a la ley 89.2 FN) el crédito que la sociedad conyugal tiene frente al cónyuge deudor.
Consideramos que esto es así, por el principio del reintegro de los lucros
sin causa entre los patrimonios privativos y el de conquistas que consagra con
carácter general la ley 88 del Fuero Nuevo, y que se proyecta, no sólo durante la
vigencia de la sociedad de conquistas, sino también, al tiempo de su disolución
y liquidación; principio sobre el que volveremos más adelante.
C) El derecho de alimentos de la ley 84.6 FN
La ley 89 finaliza con este párrafo: «De la masa común de bienes se prestarán
alimentos a los cónyuges o, en su caso, al sobreviviente y a los hijos, mientras no
se hiciere la entrega de los bienes que constituyan su haber. Los alimentos prestados se deducirán de los frutos y rendimientos del haber, y de éste mismo en lo
que excedan»32.
Se hace preciso determinar si este derecho de alimentos que contempla la
ley 84.6 FN, es una deuda que debe figurar en el pasivo de la sociedad.
Dado que los alimentos se han de deducir del haber que corresponda al alimentista, ello implica que no estamos ante una deuda de la sociedad de conquistas y que, en consecuencia, no se ha de incluir en el pasivo. Simplemente
se trata de un mero anticipo del haber que corresponde al copartícipe, por lo
cual ha de ser computado en su cuota de partición.
Como los alimentos se prestan «mientras no se hiciere la entrega de los
bienes que constituyan su haber», es decir, precisamente antes de que se practique la división y adjudicación de bienes, estamos ante otra excepción a la
32. Sobre los titulares, contenido de este derecho y su incompatibilidad con el usufructo de fidelidad, puede consultarse GARCÍA-GRANERO FERNÁNDEZ, J., «Comentarios a las leyes 82 a 111…, cit.,
págs. 148 y 149.
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regla de que «antes es pagar que partir». Es una partición anticipada y parcial
que tiene lugar antes que el pago a los acreedores de la sociedad.
Por ello, estas cantidades «anticipadas» han de figurar en el activo, haciéndose constar que ya han sido entregadas, y ello con la finalidad de que se pueda
calcular correctamente cuál es el remanente líquido de los bienes de conquista,
y para que al realizar la partición, al copartícipe que se benefició de este derecho de alimentos, se le impute en su haber las cantidades que ya recibió33.
D) Prueba del carácter consorcial de las deudas
El problema de determinar si una deuda es o no externamente consorcial,
esto es, si responden de su cumplimiento directamente los bienes de conquista,
se planteará cuando haya sido contraída por uno de los cónyuges.
No obstante cuando todas las personas implicadas en la liquidación estén
de acuerdo sobre el carácter consorcial de la deuda, se podrá incluir sin problema en el pasivo. Las dificultades surgirán en caso de desacuerdo.
El Fuero Nuevo en la ley 82, párrafo tercero, presume que son de conquista
«todos aquellos bienes cuya pertenencia privativa no conste»; pero no contiene
ninguna presunción similar respecto de las deudas34.
Una parte de la doctrina considera que en correspondencia a esta presunción, paralelamente ha de admitirse la existencia de una presunción en orden
a la imputación a la sociedad de conquistas de las obligaciones que no se haya
acreditado que son de cargo de los bienes privativos de un esposo35.
Pero sólo hay presunción si así se establece (ley 24 FN), por lo que parece
que ha de concluirse que, en defecto de una presunción de consorciolidad de
33. Un criterio diferente sigue GARCÍA-GRANERO FERNÁNDEZ, J., «Comentarios a las leyes 82 a 111…,
cit., pág. 148, quien si bien admite que los alimentos prestados no constituyen deuda a cargo
de las conquistas, sino un simple anticipo o entrega a cuenta del haber correspondiente al
partícipe, luego añade que esta partida se ha de consignar «en las operaciones particionales,
como deuda del partícipe frente al patrimonio común», o lo que es lo mismo, en el activo
como un crédito de la sociedad frente al partícipe. No obstante, creemos que desde el
momento en que se trata de un derecho de alimentos del partícipe, no resulta del todo lógico
incluirlo en el activo, precisamente, como deuda suya frente a la sociedad.
34. El Tribunal Superior de Justicia de Navarra en varias sentencias, ha señalado que la ley 82 FN
recoge una presunción de conquista respecto de aquellos bienes cuya pertenencia privativa
no conste, que rige, tanto en el ámbito de las relaciones inter-cónyuges como en el concerniente a terceros, de tal forma que la prueba de privatividad de los bienes ha de ser eficaz y
bastante, no bastando los meros indicios y las simples conjeturas. En este sentido vid. las sentencias de 12 de abril de 2006 (RJ 2006\3088), de 7 de junio de 2005 (RJ 2005\4961) y de 30 de
marzo de 2002 (RJ 2002\5775).
35. Cfr. GARCÍA-GRANERO FERNÁNDEZ, J., «Comentarios a las leyes 82 a 111…, cit., págs. 74 y 75.
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las deudas, cuando las mismas hayan sido contraídas por uno sólo de los esposos, no se podrá presumir su consorciolidad.
Será el acreedor quién tendrá que acreditarlo36. Y a la misma conclusión se
llega por la aplicación del artículo 217 de la Ley de Enjuiciamiento Civil que
regula la carga de la prueba: es el acreedor que es quien reclama el cumplimiento de la deuda, el que tendrá que acreditar que la misma es consorcial
para así poder agredir directamente los bienes de conquista.
Además, como señala FERNÁNDEZ URZAINQUI37, el artículo 541 de la Ley de
Enjuiciamiento Civil también parte de esta premisa. Este precepto regula la
«ejecución en bienes gananciales», y señala que cuando la oposición del cónyuge no deudor se funde en que estos bienes no deben responder de la deuda
por la que se haya despachado ejecución «corresponderá al acreedor probar la
responsabilidad de los bienes gananciales», esto es, negada por el cónyuge no
deudor la consorcialidad de la deuda, le corresponderá al acreedor acreditar
dicho extremo.
3. Deudas frente a los cónyuges
Vigente el régimen de conquistas es frecuente que surjan relaciones de crédito y deuda entre los patrimonios privativos de los esposos, o entre los mismos y el de conquistas, como consecuencia de la actuación de los esposos, ya
que no es infrecuente, por ejemplo, que uno de ellos pague con sus bienes privativos cargas de la sociedad de conquistas o de su consorte; o puede que se
hayan empleado bienes comunes para atender obligaciones que son de cargo
de un cónyuge.
En el pasivo han de constar estos derechos de reintegro que ostentan los
cónyuges frente a la sociedad pero también cualquier otro crédito que tengan
frente a la misma por cualquier otra causa.
Así, por ejemplo, el derecho de crédito que puede nacer a favor de uno de
los esposos que haya concedido un préstamo a la sociedad, lo que es perfectamente posible en virtud del principio de libre contratación entre los cónyuges
que consagra la ley 76 FN; principio que hunde sus raíces en la tradición jurídica navarra y que es una manifestación del principio paramiento fuero vienze.
36. Así lo considera también FERNÁNDEZ URZAINQUI, F. J., «Responsabilidad directa y subsidiaria
de la sociedad de conquistas…, cit., pág. 77.
37. FERNÁNDEZ URZAINQUI, F. J., «Responsabilidad directa y subsidiaria de la sociedad de conquistas…, cit., págs. 82-84.
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Que estos créditos se han de incluir también en el pasivo de la sociedad se
infiere de la ley 89.3 FN, conforme a la cual, han de constar en el mismo «todas
las obligaciones pendientes a cargo de la sociedad, incluso por créditos de los
cónyuges contra aquella». Esto es, cualquier crédito de los cónyuges frente a la
sociedad, sea por derecho de reembolso o por cualquier otro concepto.
Han de tratarse de créditos pendientes, por lo que no se han de incluir los
que ya se hubieran extinguido antes de la disolución del régimen de conquista,
por ejemplo, por compensación, si es que concurren todos los requisitos de la
misma. Adviértase a este respecto que el Fuero Nuevo admite expresamente
que los derechos de reembolso pueden cobrarse «aun sin disolver la sociedad
de conquistas» (ley 88, párrafo primero), lo que hace perfectamente posible su
extinción antes de la disolución, por compensación o por cualquier otra causa.
Incumbe la prueba al cónyuge que insta el reintegro (sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Navarra de 21 de diciembre de 2002, (RJ 2002\2212);
y lo mismo se ha de aplicar a los créditos que tengan cualquier otra causa.
Y, en cuanto a la valoración que se ha de efectuar en el pasivo de estos créditos de los cónyuges frente a la sociedad, se ha de distinguir entre los que son
por reembolso y los demás.
Respecto de los primeros, la ley 88 del Fuero Nuevo que contempla con
carácter general los reintegros de lucro sin causa entre los patrimonios privativos y el de conquistas, configura los derechos de reembolso como una deuda
de valor. Establece en su párrafo segundo que «El importe de los reembolsos será
actualizado al momento en que sean hechos efectivos, tanto durante la sociedad
conyugal como a la liquidación de ésta».
Es decir, conforme a esta ley, el importe del reembolso ha de ser actualizado al tiempo en que se haga efectivo, por tanto, en su caso, al tiempo de la
liquidación de la sociedad conyugal (sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Navarra de 11 de diciembre de 1993, RJ 1993\10095); pero la ley 88 FN
no especifica con arreglo a qué criterios ha de tener lugar esta actualización.
En la sentencia de 15 de marzo de 2005 (RJ 2005\2637) el Tribunal Superior de Justicia de Navarra , tras poner de relieve que la ley 88 FN «no impone
ningún criterio específico de revalorización de las deudas entre las masas conyugales», aplica el criterio del índice de revalorización bursátil respecto de las
acciones de un cónyuge que se confundieron con el acerbo común; si bien el
propio Tribunal advierte que este supuesto «no es propiamente de revalorización de una deuda, sino de indemnización de su valor por confusión o conmixtión de las acciones privativas originarias en el patrimonio de conquistas del
causante».
Y el mismo Tribunal en su sentencia de 27 de diciembre de 2002 (RJ
2002\2214), aplicó al derecho de reintegro que tenía la esposa por haber aporRevista Jurídica de Navarra
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tado bienes privativos para la compra de la vivienda habitual, «el precio real aplicable en la Zona de Cizur Mayor, para el Sector Inmobiliario» actualizada esta
cantidad al momento de la liquidación definitiva en ejecución de sentencia38.
En la sentencia de 24 de julio de 2000 (RJ 2000\1471), en un supuesto de
una construcción efectuada en terreno privativo con dinero de conquista,
aplicó el del índice del coste de la vida. Mutandis mutandis habría que aplicar
este criterio en el caso de que el derecho de reembolso hubiera surgido a favor
de un cónyuge, por ejemplo, por la construcción efectuada en un inmueble
consorcial con fondos privativos.
Existe un derecho de reembolso de la sociedad frente a un cónyuge para el
que el Fuero Nuevo establece un criterio específico que prevalece sobre el de
la ley 88: es el que nace por la ejecución sobre bienes comunes de un crédito
privativo de un cónyuge (ley 85, último párrafo). El criterio que establece este
precepto para estas hipótesis es el del valor de los bienes de conquista sobre
los que recayó la ejecución, pero al tiempo en que se abonen los mismos. Este
es el criterio que sigue el Tribunal Superior de Justicia de Navarra en su sentencia de 11 de diciembre de 1993 (RJ 1993\10095).
Y finalmente, respecto de los demás derechos de crédito de los cónyuges,
esto es, de los que no constituyan derecho de reembolso, en defecto de una
norma específica, se han de aplicar los criterios generales que rigen en materia
crediticia. Concretamente, cuando se trate de una deuda pecuniaria, ha de
estarse a lo establecido en la ley 491 FN, a tenor de la cual, «Todas las deudas
dinerarias, aun cuando no mediare estipulación de intereses, devengarán los
legales desde el vencimiento de la obligación».
4. Distinto régimen jurídico de las deudas contraídas con los
terceros y con los cónyuges
Si bien el pasivo está integrado tanto por deudas de la sociedad frente a terceros como por las que tiene frente a los cónyuges, el régimen jurídico de
ambas no es idéntico.
Esto es lógico ya que en un caso el acreedor es un tercero que no ostenta
ninguna titularidad sobre los bienes de conquista, y en cambio, en el caso de los
cónyuges, aunque tengan derecho de reembolso o crédito por cualquier otra
causa frente a la sociedad, son al mismo tiempo cotitulares de dichos bienes.
38. En cambio en esta misma sentencia se señala que «el valor de la vivienda, en el inventario,
será tasado pericialmente en ejecución de Sentencia, al que tuviera a la fecha de la disolución
de la sociedad conyugal».
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Uno de los puntos en los que su régimen jurídico es diferente es el siguiente.
Tras la disolución del régimen conyugal y antes de que se practique la liquidación, los acreedores consorciales pueden agredir y embargar los bienes de conquista, si bien para la anotación de este embargo en el Registro de la Propiedad
es preciso que la demanda se haya dirigido contra ambos cónyuges o sus herederos (artículo 144.4, párrafo primero, del Reglamento Hipotecario).
En cambio resulta muy dudoso que disuelta la sociedad de conquistas, sin
que se hayan iniciado las operaciones liquidatorias, y completamente al margen de las mismas, un cónyuge pueda solicitar que se le abone su crédito.
La Audiencia Provincial de Navarra en su sentencia de 24 de marzo de 1999
(AC 1999\601), desestima la pretensión que el esposo, acreedor de la sociedad
de conquistas, formuló frente a su esposa, para que se condenara a ésta a abonarle su crédito con cargo a sus bienes privativos o a su participación en la
sociedad conyugal de conquistas de su matrimonio, fundando la desestimación en que no se había efectuado la liquidación de la sociedad de conquistas39.
Y existe otra diferencia muy importante entre las deudas contraídas con un
tercero o con los cónyuges, y es que el Fuero Nuevo reconoce a los acreedores
de la sociedad los mismos derechos que la ley confiere a los acreedores hereditarios en la partición y liquidación de la herencia, lo cual enlaza directamente
con el apartado siguiente.
Sin embargo, los cónyuges que ostentan un crédito frente a la sociedad (ni
en su caso sus herederos) ostentan las facultades de los acreedores hereditarios,
lo cual está plenamente justificado pues son, en definitiva, los cotitulares de los
bienes de conquista y si no se ponen de acuerdo sobre la forma en que se ha de
liquidar la sociedad, siempre podrán instar judicialmente dicha liquidación.
39. En el fundamento de derecho segundo de esta sentencia se señala que «No puede equiparase
en modo alguno a estos efectos a los cónyuges con los terceros acreedores, los cuales sí pueden
reclamar su crédito sin esperar a la liquidación, dado que su condición de terceros permite afirmar si existe o no la deuda con independencia de que se haya practicado o no la liquidación,
lo que, por el contraio, resulta inviable en relación con los cónyuges, respecto de los cuales, por
no ser terceros respecto de la sociedad, y aun cuando puedan ostentar créditos, en tanto no se
practique la liquidación se ignora si resultará o no la existencia de una deuda en su favor a
cargo de la sociedad».
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V. POSICIÓN JURÍDICA DE LOS ACREEDORES DE LA
SOCIEDAD
1. Orden en que se han de pagar sus créditos con los bienes de
conquista
A tenor de la ley 89.4 FN «se pagarán las deudas de la sociedad, incluidas
las que ésta tenga con los cónyuges, conforme a lo dispuesto para la concurrencia y prelación de créditos».
No cabe duda que los créditos de los cónyuges no son postergados respecto
de los terceros, a todos se les aplican las reglas sobre concurrencia y prelación
de créditos (artículos 1921 y siguientes del Código civil, y en caso de declaración de concurso de uno o de ambos cónyuges, respecto del concursado, las
normas sobre clasificación y pago de créditos que contiene la Ley Concursal
de 9 de julio de 2003).
Muy distinta es la regulación del Código Civil en sede de sociedad de gananciales: otorga preferencia a los terceros acreedores respecto de los cónyuges;
además establece con relación a estos últimos que se les ha de pagar «hasta
donde alcance el caudal inventariado» (art.1403 CC) y, entre los terceros acreedores, en primer lugar, se han de abonar las deudas alimenticias (art. 1399 CC).
El criterio que sigue el Fuero Nuevo es mucho más sencillo y más justo: a
todos los créditos (sean frente a terceros o a los cónyuges, por deudas alimenticias o no), se aplicarán las reglas sobre prelación de créditos40. Y, desde luego,
los créditos de los cónyuges frente a la sociedad no se extinguirán aunque no
alcance el caudal inventariado, porque no existe en Derecho navarro ninguna
norma que restrinja la responsabilidad en este sentido, por lo que el cónyuge
que no ha cobrado su crédito, si se trata de deudas que definitivamente son de
cargo de la sociedad, siempre podrá reclamar frente al otro (previa deducción
de la parte que a él le corresponda), y ello, por el principio general de equilibro
económico entre los diferentes patrimonios, que se infiere de diversos preceptos del Fuero Nuevo, principalmente de su ley 88.
Resultará especialmente importante observar las reglas de la prelación de
créditos cuando los bienes de conquista inventariados no sean suficientes para
abonar todas las deudas del pasivo.
40. La no postergación de los créditos de los cónyuges ha sido considerado un criterio más acertado que el que sigue el Código Civil por LACRUZ BERDEJO, J. L., RAMS ALBESA J., «La comunidad
matrimonial de conquistas en Navarra…, cit, pág. 33.
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No obstante, si no se observa el orden que fija la ley 89.4 FN, no se establece
como sanción la nulidad, ni concurre ninguna de las causas de nulidad ni de
anulabilidad que enumera la ley 19 FN, por lo que más bien parece que se ha de
aplicar la ley 22 FN, conforme a la cual «Los actos realizados con intención de
excluir injustamente el derecho de un tercero pueden impugnarse a la vez que se
ejercita el derecho que se intentó defraudar».
En cualquier caso, los terceros acreedores de la sociedad siempre conservan sus créditos contra el cónyuge o cónyuge deudores y pueden agredir sus
bienes privativos. En los supuestos que contempla la ley 54.1 FN, en consideración a la naturaleza de los créditos, también responde subsidiariamente el
patrimonio privativo del cónyuge no deudor.
2. Los acreedores de la sociedad y el derecho de aventajas
La ley 90 FN bajo el ladillo de la «división», se refiere al reparto del remanente
líquido entre los esposos o sus respectivos herederos y al derecho de aventajas.
GARCÍA-GRANERO41 ha definido este último, tanto con base en el Derecho
histórico como en el actual, como el que, para el caso de fallecimiento de uno
de los cónyuges, la ley reconoce al sobreviviente para detraer del haber líquido
de la sociedad de conquistas, y previamente a toda adjudicación, ciertos
bienes muebles, de uso y trabajo personal y de ajuar doméstico, que el mismo
cónyuge adquiere en propiedad y que no son computables en su parte de las
conquistas.
Por el orden lógico y hasta por la ubicación de la misma ley 90 FN (posterior
a la ley 89 FN en la que se regula el pago de las deudas de la sociedad frente a
terceros y a los cónyuges), la fijación y detracción de las aventajas tiene lugar,
después de pagadas las deudas del pasivo y antes que la división del remanente
líquido, pues no se computa en el haber del cónyuge supérstite.
Por ello, en cuanto que la detracción de las aventajas es posterior al abono
de las deudas de la sociedad, nunca puede perjudicar los derechos de crédito
de los acreedores de la sociedad de conquistas.
A esta misma conclusión se llega, si se tiene en cuenta que la regulación de
las aventajas en el Fuero Nuevo se inspira en el entonces en vigor artículo 57
de la Compilación de Aragón42 y en esta Compilación, con arreglo al orden
jerárquico que se establecía en su artículo 56, la cuestión no planteaba ninguna
41. GARCÍA-GRANERO FERNÁNDEZ, J., «Comentarios a las leyes 82 a 111…, cit., pág. 159.
42. Así lo ponen de relieve LACRUZ BERDEJO, J. L., RAMS ALBESA J., «La comunidad matrimonial de
conquistas en Navarra…, cit, pág. 33, y así resulta también de la redacción del actualmente
derogado artículo 57 de la Compilación aragonesa si se compara con la ley 89.2 FN.
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duda: el cónyuge supérstite sólo podía exigir la detracción de aventajas, después de producidos los reintegros entre patrimonios, el pago de las deudas vencidas y aseguramiento de las pendientes, y el pago de la firma de dote y
donaciones entre los esposos43.
La Ley 2/2003, de 12 de febrero, de régimen económico matrimonial y viudedad, de Aragón, no es tan clara en esta materia pero parece seguir el mismo
criterio (artículos 83 a 85).
No obstante lo anterior, no puede sostenerse que el derecho de aventajas
carezca de cualquier virtualidad en la fase en que se abonan las deudas de la
sociedad sino que, muy al contrario, ha de ser respetado en la medida en que
ello sea posible.
Un buen ejemplo en esta materia lo constituye el Derecho civil aragonés
que, tanto en el artículo 56 de su Compilación, como en el actualmente en vigor
artículo 83.3 de la Ley de régimen económico matrimonial y viudedad de 12 de
febrero de 2003, establece que si para abonar las deudas de la sociedad, fuera
necesario o vender o dar en pago bienes consorciales, se respetarán, en tanto
sea posible, los derechos de aventajas y de adjudicación preferente.
3. Los acreedores de la sociedad y el derecho de atribución
preferente
Al amparo de la ley 91 FN, cada cónyuge tiene derecho a que se le adjudique en pago de su haber, hasta donde éste alcance, los bienes de conquista que
se enumeran en este precepto44.
Este derecho de adjudicación preferente ha de ejercitarse respecto del
remanente líquido de los bienes de conquista que se ha de dividir entre los cónyuges y, por ello, en principio, no puede perjudicar a los acreedores de la sociedad, pues los mismos ya habrán cobrado su crédito.
43. MERINO HERNÁNDEZ, J. L., «Comentario a los artículos 48 a 71 de la Compilación de Aragón»,
Comentarios al Código Civil y Compilaciones Forales, dirigidos por M. ALBADALEJO y S. DÍA
ALABART, T. XXXIII, Vol 2, Edersa, Madrid, 1990, pág. 131.
44. Ha de advertirse que el artículo 78.4 de la Ley Concursal contiene a favor del cónyuge del
concursado una norma de adjudicación preferente muy importante que no está incluida en
la ley 91 FN. Así, a tenor de aquél precepto, «Cuando la vivienda habitual del matrimonio
tuviese carácter ganancial o les perteneciese en comunidad conyugal y procediere la liquidación de la sociedad de gananciales o la disolución de la comunidad, el cónyuge del concursado
tendrá derecho a que aquella se incluya con preferencia en su haber, hasta donde éste alcance
o abonando el exceso».
Este derecho de atribución preferente se aplicará cuando uno o ambos de los cónyuges hayan
sido declarados en concurso de acreedores y concurran los requisitos que para este derecho
de adjudicación preferente exige la Ley Concursal.
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No obstante, como se ha puesto de relieve en relación con la sociedad de
gananciales, cuando se paguen las deudas de la sociedad, en la medida que sea
posible, siempre se han de respetar los derechos de atribución preferente de
los cónyuges, pudiendo incurrir en caso contrario en un abuso de derecho o
mala fe, con las consecuencias inherentes a ello45. Y lo mismo es trasladable al
régimen de la sociedad conyugal de conquistas.
Como ya se ha señalado en el apartado anterior, este es el criterio que sigue
el Derecho civil aragonés, tanto para las aventajas, como para los derechos de
atribución preferente.
4. Los acreedores de la sociedad y los derechos que corresponden
a los hijos de anterior matrimonio al amparo de la ley 106 FN
Conforme a las leyes 105 y 106 del Fuero Nuevo, «el padre o madre que contrajere segundas o ulteriores nupcias deberá practicar, conjuntamente con sus
hijos o descendientes de matrimonio anterior, la liquidación de la sociedad conyugal disuelta y hacerles formal y efectiva entrega de los bienes que les corresponda», de tal forma que «si antes de celebrar nuevas nupcias, el padre o madre
no hubiera cumplido» esta obligación, «los hijos o descendientes de anterior
matrimonio podrán exigir la liquidación» y «en tanto ésta no se practique, participarán en un tercio de las conquistas obtenidas durante el nuevo matrimonio,
pero no les afectarán las pérdidas, si las hubiere», aplicándose esta regla sea cual
fuere el régimen de bienes del nuevo matrimonio46.
La doctrina que se ha pronunciado sobre este tema es unánime al señalar
que este derecho de los hijos no tiene carácter preferente respecto de los derechos de los acreedores de las sociedades conyugales, ni del primero ni del ulterior matrimonio47. Así se desprende de los principios de seguridad del crédito
45. RAMS ALBESA , J., La sociedad de gananciales…, cit., págs. 473 y 474 y RAMS ALBESA , J., «Las atribuciones preferentes en la liquidación de la sociedad de gananciales (Régimen y naturaleza)
(continuación)», Revista Crítica de Derecho Inmobiliario, año 61, 1986, núm. 568, pág. 891.
46. Sobre los supuestos en que se aplican estas leyes existen opiniones muy diferentes, pudiéndose consultar a este respecto, GARCÍA-GRANERO FERNÁNDEZ, J., «Comentarios a las leyes 82 a
111…, cit., págs. 397-402; ARECHEDERRA ARANZADI, L. I., «El nuevo matrimonio del divorciado
y las leyes 105 y 106 del Fuero Nuevo», Revista Jurídica de Navarra, nº 27, enero-junio 1999,
págs. 205 y ss. y MEZQUITA GARCÍA-GRANERO, Mª. D., «Comentario a las leyes 105 a 111», en
Comentarios al Fuero Nuevo Compilación del Derecho Civil Foral de Navarra, dirigidos por E.
RUBIO TORRANO, Aranzadi, Cizur Menor, 2002, págs. 321-323.
47. Cfr. en este sentido, GARCÍA-GRANERO FERNÁNDEZ, J., «Comentarios a las leyes 82 a 111…, cit.,
pág. 415 y RENTERÍA AROCENA, A., «Derecho Civil de Navarra: capacidad de los cónyuges…, cit.,
pág. 2.295.
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y del tráfico jurídico, y hasta de la misma naturaleza del derecho de partición de
los hijos en las conquistas, que consiste en un tercio de los lucros netos (de las
conquistas), esto es, en un tercio de los bienes de conquista que queden tras
pagar las deudas consorciales.
5. Facultades de los acreedores por la remisión de la ley 89 FN a la
normativa sobre liquidación y partición de la herencia
A) Consideraciones generales
La ley 89.5 FN señala que «Los acreedores de la sociedad tendrán en la liquidación de ésta los mimos derechos que por ley les corresponden en la liquidación
y partición de la herencia».
Esta remisión hay que entenderla efectuada, a la normativa civil sobre liquidación y partición de herencia, siendo de aplicación preferente el Derecho
navarro respecto del Código Civil (leyes 1 y 6 FN); pero la remisión también se
extiende a la legislación procesal y a la normativa hipotecaria, ya que el término
«ley» que emplea dicho precepto, no establece ninguna restricción al respecto.
Una remisión parecida contiene, en el ámbito del Código Civil y para la
sociedad de gananciales, el artículo 1402 CC, pero las soluciones que se alcanzan son en algunos puntos muy diferentes al tener el Derecho navarro un sistema sucesorio propio48.
Como analizaremos, son muchos los problemas interpretativos que surgen
por la remisión de la ley 89.5 FN a la normativa hereditaria. Es por ello que hay
que entenderla en sus justos límites: en tanto no se oponga a lo que sobre la liquidación y división de la sociedad conyugal se establece en las leyes 89 y siguientes
del Fuero Nuevo y sin que, esta remisión afecte en ningún caso a la responsabilidad por deudas que corresponde a los patrimonios privativos y al consorcial.
Ni la disolución, ni la liquidación, ni la remisión de la ley 89.5 FN a la normativa hereditaria pueden alterar este régimen de responsabilidad.
48. El Fuero Nuevo sólo se remite a la normativa hereditaria en esta materia, pero no existe una
remisión genérica como la del artículo 1410 del Código Civil, y ello, sin perjuicio de que
resulta aplicable, por analogía, la normativa sobre la comunidad hereditaria, como ya hemos
señalado en el apartado II de este estudio.
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B) El beneficio de separación de patrimonios de la ley 319 FN
Uno de los preceptos aplicables a los acreedores de la sociedad es la ley 319
FN que establece a favor de los acreedores hereditarios (y también de los legatarios) el beneficio de separación de patrimonios.
En su virtud, los acreedores que así lo insten en un plazo de seis meses
desde el fallecimiento del causante, consiguen que la herencia permanezca
como un patrimonio separado respecto del de los herederos hasta que se les
satisfagan sus créditos. Además, los acreedores y legatarios que solicitan este
beneficio, tienen preferencia respecto a los que no lo hubieran hecho.
Esta ley 319 se aplicará a los acreedores de la sociedad, cualquiera que sea
la causa de disolución del régimen de conquistas, puesto que la remisión que
efectúa la ley 89.5 FN no establece ninguna distinción al respecto, y además,
existen grandes similitudes entre la comunidad postmatrimonial y la hereditaria, lo que justifica la aplicación de las mismas reglas a la liquidación de ambas.
Es por ello que no se puede restringir la aplicación de la ley 319 a los
supuestos de disolución de la sociedad de conquistas por muerte o declaración
de fallecimiento de uno o ambos cónyuges49.
La consecuencia que se sigue de la aplicación de la ley 319 a los acreedores de la sociedad de conquistas es que hasta que no se satisfagan por completo
sus créditos, o si no estén vencidos al tiempo de la disolución del régimen de
conquistas, se asegure su pago, no se producirá la confusión de patrimonios,
lo que equivale a decir en esta sede, que los bienes y derechos de conquistas
que integran la comunidad postmatrimonial permanecerán como una masa
indivisa y separada afecta al pago de las deudas de la sociedad50.
49. Mantiene una opinión diferente, circunscribiendo el ámbito de aplicación de la ley 319 FN
únicamente a los supuestos de fallecimiento de un cónyuge,GARCÍA-GRANERO FERNÁNDEZ, J.,
«Comentarios a las leyes 82 a 111…, cit., pág. 146.
50. En cambio, el beneficio de separación no rige respecto del patrimonio privativo de los cónyuges. El acreedor de la sociedad, en tanto no se le pague su crédito, siempre conserva su
crédito contra el patrimonio privativo del cónyuge o cónyuges deudores. Por otra parte los
acreedores privativos de los cónyuges siempre podrán solicitar el abono de sus créditos con
bienes privativos, incluso aunque los acreedores de la sociedad hubieran instado el beneficio de separación ex ley 319 FN.
El Fuero Nuevo se remite en cuanto a los derechos de los acreedores, a las reglas sobre liquidación y partición de herencia (ley 89.5), pero esto no puede servir para alterar todo el régimen de responsabilidad que rige en sede de sociedad de conquistas. Ello no es la finalidad de
dicha remisión y, además sería contrario al principio de seguridad jurídica y de protección
del crédito. Dicha alteración se produciría si se entendiera que el beneficio de separación
afecta también al patrimonio privativo de uno o de ambos cónyuges.
Ni la disolución, ni la división, ni la remisión a la normativa hereditaria, pueden modificar
la responsabilidad por deudas que corresponde a los patrimonios privativos y al consorcial.
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Como corolario de lo anterior, ni los cónyuges (ni cualesquiera otros partícipes de la comunidad postmatrimonial), podrán proceder a su división ni
adjudicación en tanto no se abonen las deudas de la sociedad o se garantice
suficientemente su abono (si todavía no han vencido); los acreedores privativos
de los partícipes de la comunidad postmatrimonial, no podrán perseguir los
bienes comunes; y, finalmente, los acreedores postconsorciales como regla
general, en cuanto a los bienes de conquista, también quedan postergados respecto a los de la sociedad51.
No parece que pueda sostenerse que los acreedores de la sociedad que solicitan este beneficio gocen de preferencia sobre los que no lo hagan, ni sobre
los cónyuges, ya que resulta de aplicación preferente la propia normativa sobre
la liquidación de la sociedad conyugal de conquistas que, muy claramente establece que se han de pagar todas «las deudas de la sociedad, incluidas las que
ésta tenga con los cónyuges, conforme a lo dispuesto para la concurrencia y prelación de créditos» (ley 89.3 FN).
Particularmente complicado se puede presentar el supuesto en que la disolución se produzca por muerte o declaración de fallecimiento de uno de los
cónyuges y soliciten el beneficio de separación, tanto algún acreedor consorcial, como alguno privativo del difunto. ¿Cuál será la preferencia entre ambos
tipos de acreedores, teniendo en cuenta que ambos son acreedores hereditarios, y como tales, pueden solicitar el beneficio de separación de patrimonios?.
Para dar respuesta a esta pregunta hay que partir de la premisa previa a la
que venimos refiriéndonos: resulta de aplicación preferente la normativa sobre
la liquidación del régimen de conquistas, debiendo interpretarse que la remisión de la ley 89.5 FN a la normativa hereditaria, lo es en la medida que lo permita la naturaleza de la sociedad conyugal de conquistas y las reglas que
disciplinan su liquidación.
En consecuencia, en primer lugar, se abonarán las deudas de la sociedad
(incluidas las que tenga frente a los cónyuges) según las reglas sobre concurrencia y prelación de créditos.
Y, en segundo término, solo una vez que ya se haya liquidado la sociedad
de conquistas, es cuando entrará en juego el beneficio de separación del acreedor privativo del cónyuge difunto, que se extenderá sobre el haber hereditario,
es decir, sobre los bienes privativos del cónyuge difunto y sobre los bienes de
conquista que tras pagar a los acreedores consorciales se hayan adjudicado a la
comunidad hereditaria.
51. Sobre los acreedores postconsorciales véase el apartado IV. 1. C.
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Dicho de otra forma, la liquidación de la sociedad de conquistas es requisito previo e imprescindible para la liquidación y partición de la herencia; la
cuota en la comunidad postmatrimonial forma parte del as hereditario, y es por
ello, que el acreedor privativo del cónyuge difunto sólo podrá hacer efectivo su
beneficio de separación, respecto de los bienes de conquista que tras la liquidación de la sociedad se hayan adjudicado a la comunidad hereditaria.
La legitimación para instar el beneficio de separación de patrimonios
corresponde siempre a los acreedores (no a los cónyuges ni demás copartícipes) y su ejercicio es judicial: «podrán solicitar del juez», dice la ley 319 FN52.
El plazo se ha de entender que es de seis meses desde la disolución del régimen de conquistas, o más exactamente, desde que esa disolución se halle
dotada de la correspondiente publicidad registral.
Transcurridos los seis meses sin que ningún acreedor haya hecho uso de
la facultad que le confiere la ley 319 FN, no se produce propiamente una confusión de patrimonios, ya que la normativa del Fuero Nuevo en materia de
disolución y liquidación (leyes 89 y 90 FN) consagra, el principio de que «antes
es pagar que partir»: los copartícipes de la comunidad postmatrimonial (cónyuges, ex–cónyuges, o sus respectivos herederos) sólo pueden dividirse «el
remanente líquido de los bienes de conquista» (ley 90.1 FN).
Pero la infracción de esta prescripción, y en general de las normas sobre la
liquidación, ya lo hemos señalado, no determinan la nulidad de las operaciones particionales. Por ello, si se procede a la división de los bienes de conquistas sin abonar las deudas de la sociedad, los acreedores consorciales, como uno
de los medios de defensa, podrán invocar la ley 318 FN, conforme a la cual,
como detallaremos en el siguiente apartado, los copartícipes responden solidariamente con el valor de los bienes comunes que les han sido adjudicados
(pro viribus), pero ahora ya los acreedores de la sociedad estarán en concurrencia con los acreedores privativos de los cónyuges, ex-cónyuges o sus respectivos herederos, porque han dejado transcurrir el plazo que el Fuero Nuevo
les confiere para instar el beneficio de separación.
En suma, resulta indudable que el beneficio de separación tiene sus ventajas para los acreedores consorciales porque a través del mismo conseguirán,
de una manera eficaz, que los bienes de conquista no se dividan hasta tanto no
52. En cuanto a los requisitos que ha de reunir la demanda judicial en que se insta el beneficio
de separación, serán los mismos que los exigidos para los acreedores hereditarios. A estos
últimos hace referencia EGUSQUIZA BALMASEDA , M. A., «Comentario a las leyes 315 a 325», en
Comentarios al Fuero Nuevo Compilación del Derecho Civil Foral de Navarra, dirigidos por E.
RUBIO TORRANO, Aranzadi, Cizur Menor, 2002, pág. 1001.
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se les pague o, si son créditos que todavía no están vencidos, hasta que se les
garantice de manera suficiente el cobro de sus créditos.
La ley 319 FN parece que excluye la aplicación del artículo 1082 del Código
Civil, precepto este último que permite a los acreedores reconocidos como
tales, en cualquier momento, oponerse a que se lleve a efecto la partición hasta
que se les pague o afiance el importe de sus créditos53.
Sin embargo, conforme a la regulación del Fuero Nuevo, los acreedores
consorciales sólo pueden oponerse a que se lleve a efecto la partición si solicitan en tiempo y forma el beneficio de separación ex ley 319 FN.
Si no ejercitan esta facultad que les confiere la ley 319 FN, la única vía que
tienen los acreedores consorciales para oponerse a que se lleve a efecto la partición en tanto no se les pague o afiance el importe de sus créditos, es la que les
confiere la Ley de Enjuiciamiento Civil. Pero como veremos en el apartado V.
5. E de este trabajo (en el que trataremos esta cuestión con mayor extensión), la
Ley de Enjuiciamiento Civil exige a los acreedores hereditarios (arts. 782.4 y
792.2), que se trate de «acreedores reconocidos como tales en testamento o por
los coherederos» o «que tengan su derecho documentado en un título ejecutivo».
Esto trasladado a los acreedores consorciales, implica que han de estar reconocidos como tales por todos los copartícipes de la comunidad postmatrimonial, o si no, tener su crédito documentado en un título ejecutivo.
En cambio este requisito no se exige para que los acreedores consorciales
puedan solicitar el beneficio de separación ex ley 319 FN.
C) La responsabilidad pro viribus del cónyuge no deudor tras la partición: la
ley 318 FN
A los acreedores hereditarios hace referencia también la ley 318 FN, conforme a la cual, «El heredero responderá frente a los acreedores hereditarios y
legatarios con el valor de los bienes de la herencia exclusivamente; pero si se excediere en el pago a los acreedores, éstos no estarán obligados a restituir...».
Este precepto, siguiendo nuestro Derecho histórico, recoge el principio de
responsabilidad limitada o intra vires del heredero por las deudas de la herencia, en cuya virtud, su responsabilidad por estas deudas se circunscribe al valor
de los bienes que ha heredado. No es, por tanto, una responsabilidad universal.
53. En efecto, en el ámbito del Código Civil, el artículo 1082 CC es aplicable a los acreedores
gananciales por la remisión de los artículos 1402 y 1410 CC, pero como el Derecho navarro
tiene normativa propia (la ley 319 FN), no parece que pueda aplicarse el artículo 1082 CC
que, como derecho supletorio que es, sólo podría entrar en juego en defecto de normativa
propia (ley 6 en relación con la ley 2, ambas del Fuero Nuevo).
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Sólo en el supuesto de que ninguno de los acreedores de la sociedad haya
solicitado el beneficio de separación de bienes es cuando entrará en juego la ley
318 FN. Esta ley se ha de interpretar en el sentido de que, una vez practicada la
liquidación, los acreedores de la sociedad, siempre podrán reclamar frente al cónyuge no deudor o los herederos del mismo, pero sólo hasta el valor de los bienes
que les fueron adjudicados en pago de su haber (responsabilidad pro viribus).
La Audiencia Provincial de Navarra en su sentencia de 20 de diciembre de
2001 (JUR 2002\46544), ha estimado que la ley 318 FN es aplicable a los acreedores de la sociedad de conquistas por la remisión que efectúa la ley 89.5 FN a la normativa hereditaria, y que la consecuencia que se sigue de esta aplicación es que el
cónyuge no deudor sólo responde hasta donde alcance el valor de los bienes de la
sociedad de conquistas que se le hay adjudicado en la liquidación de la sociedad
de conquistas, y sin que para ello tenga que realizar ningún inventario.
Es una responsabilidad limitada y que los acreedores consorciales pueden
hacer efectiva sobre cualquiera de los bienes del cónyuge no deudor, fueran
antes o no bienes de conquistas. Por tanto no es una responsabilidad que
recaiga directamente sobre los bienes recibidos (responsabilidad cum viribus)
sino que, por el contrario, es una responsabilidad pro viribus (hasta donde
alcance el valor de los bienes de conquista que le han sido adjudicados), si bien
esta responsabilidad se puede hacer efectiva sobre cualquier bien, aunque
antes no fuera un bien de conquistas.
La responsabilidad alcanza hasta el valor de los bienes de conquistas recibidos en la liquidación, pero no señala la ley 318 a qué momento se ha de referir dicha valoración. No es fácil determinar, si dicho momento será el de la
disolución del régimen conyugal o aquél en que se le han adjudicado al partícipe no deudor los bienes de conquista en pago de su haber.
Más bien parece que hay que estar a este segundo criterio, dado que antes
de la partición los acreedores consorciales podrían haber agredido directamente los bienes de conquista y, también, a que no parece que pueda perjudicar a los partícipes, por ejemplo, la depreciación que han podido sufrir los
bienes después de la disolución del consorcio y antes de que les hayan sido
adjudicados, por causas ajenas a su voluntad.
No señala tampoco la ley 318 si la responsabilidad de los herederos (en la
hipótesis que nos ocupa serían los partícipes en la comunidad postmatrimonial no deudores) es mancomunada o solidaria54.
54. EGUSQUIZA BALMASEDA , M. A., «Comentario a las leyes 315 a 325…, cit., pág. 995, en relación
con los herederos, considera que su responsabilidad es solidaria, sobre la base que ofrece la
ley 492 FN, que establece el carácter solidario de la relación obligacional con pluralidad de
sujetos, cuando así resulte de la naturaleza o circunstancias de la obligación.
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Dado que los acreedores de la sociedad antes de la división del consorcio
conyugal podían perseguir directamente todos los bienes de conquista, tras la
división de la comunidad postmatrimonial, al menos ha de reconocérseles que
podrán reclamar su crédito indistintamente de cualquiera de los partícipes de
la comunidad postmatrimonial, aunque eso sí, a cada uno sólo hasta donde
alcance el valor de los bienes de conquista que le hayan sido adjudicados en la
liquidación (ley 318 FN).
Pero en la relación interna entre los copartícipes, el que haya pagado de más,
podrá reclamar de los demás la parte que les corresponda; y ello por el principio
de equilibrio económico entre los diferentes patrimonios que consagra el Fuero
Nuevo en sede de sociedad de conquistas (principalmente en la ley 88 FN).
Lo que no podrán los partícipes es reclamar a los acreedores en el supuesto
de que les hayan pagado de más, puesto que estos últimos no están obligados
a restituir, como expresamente señala la ley 318 FN. El tenor literal de este precepto es muy claro cuando establece que «si se excediere en el pago a los acreedores, éstos no estarán obligados a restituir...».
La ley 318 FN no es de aplicación al cónyuge o ex-cónyuge que contrajo la
deuda, o a los herederos de los mismos, ya que éstos frente a su acreedor, aunque sea consorcial, siempre responden ilimitadamente con todos sus bienes,
en virtud del principio de responsabilidad patrimonial universal. Como venimos señalando, ni la disolución, ni la liquidación, ni la remisión de la ley 89.5
FN a la normativa hereditaria pueden alterar el régimen de responsabilidad.
Finalmente, se ha de señalar que el criterio que sigue el Código Civil en
relación a los acreedores consorciales cuando se ha disuelto y liquidado la
sociedad de gananciales, es muy diferente al que resulta para los acreedores de
la sociedad de conquistas por la aplicación de la ley 318 FN.
Así, por la aplicación del artículo 1401 y 1084 CC, liquidada la sociedad de
gananciales, el cónyuge no deudor responderá frente a los acreedores de la
sociedad, con los bienes que le hubieran sido adjudicados, si «hubiere formulado debidamente inventario judicial o extrajudicial» (art. 1401 CC).
Esto es, en el ámbito del Código Civil, la responsabilidad del cónyuge no
deudor (o ex-cónyuge o los herederos de cualquiera de ellos) queda limitada a
los bienes que ha recibido, es una responsabilidad cum viribus y, para ello,
resulta imprescindible que los mismos hubieran formulado debidamente
inventario. Si no se realiza inventario, el cónyuge no deudor responderá ilimitadamente frente a los acreedores de la sociedad.
En cambio, conforme a la ley 318 FN, la responsabilidad del partícipe no
deudor frente a los acreedores consorciales, una vez liquidada la sociedad, está
limitada al valor de los bienes recibidos (pro viribus), y sin que se le exija para
ello que realice inventario.
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La sentencia de la Audiencia Provincial de Navarra de 20 de diciembre de
2001 a la que nos hemos referido supra, de forma tajante, afirma que si el régimen económico matrimonial es el de la sociedad de conquistas, no resultan
aplicables ni el artículo 1401 ni el 1084 del Código Civil, sino la normativa «de
la Compilación de derecho civil navarro, en la que no existe frente a los acreedores la responsabilidad ultra vires que contempla el Código Civil».
No obstante lo que no se puede olvidar es que, tanto en el Código Civil en
sede de gananciales, como en el Fuero Nuevo tratándose del régimen de conquistas, antes de la liquidación del consorcio, los acreedores de la sociedad
pueden agredir directamente los bienes comunes; e igualmente en ambos, el
cónyuge que contrajo la deuda responde ilimitadamente frente a su acreedor,
aunque éste sea también un acreedor consorcial.
Más parecido al Derecho navarro, aunque también diferente, es el criterio
que sigue la ley 2/2003, de 12 de febrero, de régimen económico matrimonial y
viudedad, de Aragón, conforme a la cual, el cónyuge no deudor o sus herederos, responden exclusivamente con los bienes que les han sido adjudicados,
aunque no hayan hecho inventario, si bien, «cuando dichos bienes no sean suficientes, responderán con su propio patrimonio del valor de lo adjudicado que
hayan enajenado o consumido, así como del valor de la pérdida o deterioro de
los bienes recibidos» (artículo 86.2). Este mismo artículo, en este apartado y en
el tercero señala que la responsabilidad de los partícipes no deudores es solidaria y «si como consecuencia de ello resultare haber pagado un partícipe mayor
cantidad de la que le fuere imputable, podrá repetir contra los que resultaren
favorecidos y en la proporción en que lo hayan sido».
D) La responsabilidad del cedente y del cesionario de la cuota de la comunidad
postmatrimonial: la ley 325 FN
«El cedente y el cesionario responderán solidariamente de las cargas hereditarias, sin perjuicio del derecho de reembolso a favor del primero»; así se establece en la ley 325 FN.
Y este precepto es aplicable a los acreedores de la sociedad en virtud de la
remisión que la ley 89.5 FN efectúa a la normativa hereditaria55.
A tenor de esta ley 325 FN, cuando uno de los copartícipes enajena su cuota
en la comunidad postmatrimonial y esta cesión no haya sido consentida por los
acreedores consorciales, responden frente a estos últimos, cedente y cesionario
55. Así lo estima también GARCÍA-GRANERO FERNÁNDEZ J., «Comentarios a las leyes 82 a 111…, cit.,
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solidariamente. No puede perjudicar a los acreedores una cesión no consentida
por ellos porque no les es indiferente la solvencia o insolvencia del cesionario.
Pero la ley 325 FN hay que interpretarla sistemáticamente, poniéndola en
relación con las normas sobre la liquidación del régimen de conquistas, y con
las leyes 318 y 319 FN.
Y de la aplicación conjunta de estos preceptos resulta que una vez disuelta
la sociedad de conquistas, en tanto no se liquide, los acreedores consorciales
pueden agredir directamente los bienes de conquista. Pero una vez liquidado
el consorcio conyugal, cedente y cesionario responden pro viribus, es decir, por
el valor de los bienes adjudicados en pago del haber del cedente, siendo esta
responsabilidad solidaria, y sin perjuicio de la acción que en la relación interna
entre cedente y cesionario corresponde a aquél frente a éste.
E) Aplicación a los acreedores de la sociedad de conquistas de las facultades
que la Ley de Enjuiciamiento Civil confiere a los acreedores hereditarios
La vigente Ley de Enjuiciamiento Civil de 7 de enero de 2000, por primera
vez, contempla un procedimiento específico para la liquidación del régimen
económico matrimonial en sus artículos 806 y siguientes (capítulo II, título II
del Libro IV); procedimiento cuyo ámbito de aplicación no se circunscribe a la
sociedad de gananciales sino que comprende cualquier otro en que exista una
masa común (art. 806 LEC), por lo que también hay que considerar que es aplicable a la sociedad conyugal de conquistas56.
La legitimación para promover este procedimiento de liquidación sólo se
reconoce expresamente a los cónyuges (artículos 808.1 y 810 LEC), y no se contempla en ninguno de sus preceptos la intervención de los acreedores.
Es en el procedimiento para la división de la herencia que se regula en los
artículos 782 y siguientes de la Ley de Enjuiciamiento Civil (capítulo I, título II
del Libro IV), en el que se establecen los derechos que corresponden a los acreedores hereditarios.
Los acreedores hereditarios, y consiguientemente también los de la sociedad de conquistas, pueden pedir, en primer lugar, la intervención del caudal
social (art. 792.2 LEC). En segundo término, deberán se citados para la formación de inventario (art. 793.3.4º LEC), pudiendo suscitar controversia sobre la
inclusión o exclusión de algún concepto en el inventario o sobre la valoración
56. Sobre el ámbito de aplicación de este procedimiento específico y su naturaleza jurídica, Vid.
BELLIDO PENADÉS, R., «La liquidación del régimen económico matrimonial en la nueva Ley de
Enjuiciamiento Civil: reflexiones sobre la adecuación del procedimiento y su naturaleza jurídica», Revista Jurídica Española La Ley, 2000, 9, págs. 1081 y ss.
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que se le hubiera dado a cualquiera de las partidas (art. 809.2 LEC). Y, finalmente, plantear oposición a que se lleve a efecto la liquidación en sentido
estricto hasta que se les pague o afiance el importe de sus créditos (art. 782.4
LEC), pudiendo deducirse esta oposición en cualquier momento anterior a la
entrega de los bienes a los cónyuges57. Cuando ejerciten esta última facultad,
no se hará entrega de bienes hasta que los acreedores no estén «completamente
pagados o garantizados a su satisfacción» (art. 788.3 LEC).
La Ley de Enjuiciamiento Civil exige a los acreedores hereditarios (arts.
782.4 y 792.2), que se trate de «acreedores reconocidos como tales en testamento
o por los coherederos» o «que tengan su derecho documentado en un título ejecutivo». Esto trasladado a los acreedores consorciales, implica que han de estar
reconocidos como tales por todos los copartícipes de la comunidad postmatrimonial, o si no, tener su crédito documentado en un título ejecutivo.
ROBLES LATORRE58 ha advertido en relación con los acreedores hereditarios,
pero lo mismo es aplicable a los consorciales, que si la partición se efectúa judicialmente por el cauce de los artículos 782 y siguientes de la Ley de Enjuiciamiento Civil, los acreedores difícilmente podrán utilizar las facultades que se les
confiere, puesto que no existe ninguna obligación de notificarles el procedimiento, con lo cual será muy frecuente que no se enteren ni de su existencia.
Esto hace que la facultad que confiere la Ley de Enjuiciamiento Civil a los
acreedores hereditarios (y que igualmente es aplicable a los acreedores consorciales) de oponerse a que se realice la partición hasta que se les pague o
afiance el importe de sus créditos, en muchos casos puede quedar sin ninguna
operatividad.
Lo que no pueden los acreedores hereditarios es instar la división (art, 782.3
LEC), por tanto, tampoco los acreedores consorciales podrán solicitarla.
Los acreedores de uno o más de los coherederos podrán intervenir a su
costa en la partición para evitar que ésta se haga en fraude o perjuicio de sus
derechos (art. 782.5 LEC) y deberán ser citados o podrán participar en la Junta
para designar contador y peritos (art. 783.5 LEC).
57.
En el ámbito del Código Civil, en relación con la sociedad de gananciales, ha puesto de
relieve que estos son los derechos de los acreedores de la sociedad de gananciales por aplicación de las facultades que la Ley de Enjuiciamiento Civil atribuye a los acreedores hereditarios, SAIZ GARCÍA C., Acreedores de los cónyuges y régimen económico matrimonial de
gananciales, Aranzadi, Cizur Menor, 2006, pág. 153. Lo mismo es plenamente trasladable, a
los acreedores de la sociedad de conquistas.
58. ROBLES LATORRE, P., «Los acreedores ante la partición hereditaria», La partición de la herencia,
coordinado por XO’CALLAGHAN MUÑOZ, Centro de Estudios Ramón Areces, Madrid, 2006, pág.
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Creemos que no existe obstáculo para aplicar estas mismas reglas a los
acreedores consorciales, en cuanto que éstos son siempre, además de acreedores de la sociedad de conquistas, acreedores de uno o ambos cónyuges.
Sobre las diferentes vías procesales para que los acreedores consorciales
puedan hacer efectivas estas facultades, existe una intensa polémica, que no
podemos sino dejar apuntada, por exceder de la materia objeto de este estudio59.
F) Aplicación a los acreedores de la sociedad de las facultades que a los acreedores hereditarios confiere la legislación hipotecaria
Por aplicación de los artículos 42.6 y 46 de la Ley Hipotecaria, y del artículo
146 del Reglamento Hipotecario, los acreedores de la sociedad cuyos créditos
no estén garantizados especialmente o afianzados, podrán solicitar la anotación preventiva de su derecho sobre los bienes inmuebles que componen la
comunidad postmatrimonial, de la misma forma que los acreedores hereditarios ostentan esta facultad respecto de los inmuebles de la comunidad hereditaria indivisa60.
59. Una referencia a las diferentes opiniones al respecto puede consultarse en SAIZ GARCÍA C.,
Acreedores de los cónyuges…, cit., págs 144-162.
60. Se muestra partidario de aplicar a los acreedores de la sociedad estos preceptos FERNÁNDEZ
URZAINQUI, F.J., «Comentario a las leyes 78 a 91…, cit, pág. 286.
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