Homilía pronunciada por S. E. Mons. Domingo Díaz Martínez

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Insigne y Nacional Basílica de Santa María de Guadalupe
www.virgendeguadalupe.org.mx
Versión estenográfica de la
Homilía pronunciada por S. E. Mons. Domingo Díaz Martínez, Arzobispo de
Tulancingo, en la peregrinación anual de dicha Arquidiócesis a la Basílica de
Guadalupe
8 de diciembre del año 2015.
Muy querida familia de la Santísima Virgen María de Guadalupe. Casi al mismo
tiempo que el Santo Padre Francisco de inicio al Año Santo de la Misericordia
nosotros nos encontramos celebrando nuestra eucaristía en la hermosa casa de
la Santísima Virgen María de Guadalupe. El Papa hablará de la misericordia,
nosotros también vamos a reflexionar en la misma propuesta hecha por su
santidad.
Hermanos y hermanas, la misericordia es un valor universal, es para todos;
porque todos la necesitamos: creyentes y no creyentes, jóvenes y adultos,
ricos y pobres, profesionistas y campesinos, sacerdotes y laicos.
Todos la necesitamos porque todos: "En el atardecer de la vida, seremos
juzgados en el amor” y de esto no hay ninguna duda.
Ser misericordiosos es una propuesta transversal, a todos favorece esta
propuesta: si eres misericordioso, te favorece; si recibes la misericordia, te
favorece.
La misericordia es una virtud causal, si la practicas causa paz, causa gozo,
causa hermandad y causa excelente futuro.
La misericordia es una obra social porque si la practicamos nos acercamos a
los demás, practicamos el bien común y provocamos la unidad.
La misericordia es una actitud personal porque la decisión de ser
misericordioso, de ser caritativo, esa decisión es tuya, nadie te va a obligar a
ser caritativo, a ser misericordioso; tú vivirás los frutos y tú vivirás las
consecuencias.
La misericordia es un valor cultural, un pueblo misericordioso es un pueblo de
buenas costumbres, de buen comportamiento y es un pueblo trabajador.
Y la misericordia, hermanos y hermanas, es una obra esencial para entrar al
Reino de los Cielos. Dice el evangelista San Mateo: "Vengan benditos de mi
padre, porque cuando tuve hambre me dieron de comer, cuando tuve sed me
dieron de beber, era forastero y me hospedaron, en fin; pero también,
continuando el texto dice así: apártense de mí, vayan al fuego eterno
preparado para el diablo y sus ángeles, porque cuando tuve hambre no me
dieron de comer, tuve sed y no me dieron de beber, era forastero y no me
hospedaron, estuve desnudo y no me vistieron.
Por lo tanto, hermanos y hermanas, practiquemos las obras de misericordia
propuestas a la Iglesia Universal. Dice el Papa que las obras de misericordia
son catorce. Las siete corporales y las siete espirituales.
Las corporales:
1- Dar de comer al hambriento.
2- Dar de beber al sediento.
3- Vestir al desnudo.
4- Recibir al forastero (al migrante).
5- Asistir a los enfermos.
6- Visitar a los presos.
7- Enterrar a los muertos.
Y las obras, las siete espirituales son estas:
1- Dar buen consejo al que lo necesita.
2- Enseñar al que no sabe
3- Corregir al que yerra.
4- Consolar al triste.
5- Perdonar las ofensas.
6- Soportar con paciencia a las personas molestas.
7- Rogar a Dios por los vivos y por los difuntos.
Estas son las obras de misericordia propuestas a la Iglesia Universal y las
obras de misericordia propuestas a la iglesia particular que peregrina en
Tulancingo son estas:
Las siete corporales:
1.
Ayudar al borrachito a salir de su problema. Tenemos muchos
borrachitos, hay que ayudarlos.
2.
Animar al drogadicto a salir de su adicción. Viene algo grave para
nuestras familias, para nuestros jóvenes, nuestros adolescentes, con
todo el uso de la mariguana.
3.
Subsidiar al pobre que lo necesite. No mantenerlo siempre, no darle,
sino solamente un subsidio para que se pueda valer por sí mismo. Todos
esos programas que los mantienen atenidos no valen la pena.
4.
Cuidar la casa de todos, como dice el Papa. A los seres que tienen vida y
no pueden cambiarse de lugar; los seres que sí tienen vida y se pueden
cambiar de lugar y los seres que tienen vida, se pueden cambiar de
lugar, hablan y piensan, que somos todos nosotros.
5.
Atender a los discapacitados: como son los sordomudos, los cojos, los
mancos y otros más, aquí tenemos una muestra con nosotros. Esos
hermanos nuestros que han venido también a ver a la Santísima Virgen
María de Guadalupe. Dicen los datos estadísticos que en Hidalgo hay
algo más de doce mil sordomudos. Entonces una obra de misericordia:
atender a los discapacitados.
6.
Hacer la tarea que nos ha encomendado el Señor. Si sacerdotes, papás,
maestros, autoridades civiles hacemos la tarea, cada quien la suya,
como dicen los jóvenes: ¡ya la hicimos! Por eso la obra de misericordia
será hacer la tarea que nos ha encomendado el Señor.
7.
No retardar la misericordia, no dejarla para después, no dejarla para
mañana si la puedes hacer hoy.
Las siete espirituales en nuestra iglesia particular son estas:
1.
Hablar de Dios al que no lo conoce. Todavía tenemos muchos hermanos
nuestros que no conocen a Dios.
2.
Ser siempre misionero, como nos ha propuesto el Papa, como nos ha
propuesto Aparecida, creo que todavía no ponemos en práctica esta obra
de misericordia. Ser siempre misionero.
3.
Esforzarnos por ser una iglesia más viva, que sienta y más activa, que
trabaje.
4.
Enseñar a pensar al que manipulan. Sí, manipulan a nuestros
hermanitos. Bueno, pues nosotros hay que enseñar a pensar a esos
hermanitos nuestros que, por no darse cuenta de la realidad, son
manipulados.
5.
Conservar nuestra cultura. Que nadie nos quite nuestra lengua, que
nadie nos quite nuestro vestuario, que nadie nos quite nuestras buenas
costumbres, que nadie nos quite nuestra forma cristiana de actuar. Una
muestra la hemos vivido con el enfloramiento de esta mañana.
6.
Difundir la Doctrina Social de la Iglesia. Estas obras las hemos aprendido
de nuestro Plan Diocesano de Pastoral. Ahí está muy claro, difundir la
Doctrina Social de la Iglesia.
7.
Y la última, obra de misericordia en nuestra iglesia particular, obra de
misericordia espiritual, no estorbar en la acción pastoral, no estorbar en
la acción pastoral.
Hermanos y hermanas: Los misericordiosos trabajan, trabajamos en bien de la
paz. Los misericordiosos promueven el bien común. Los misericordiosos
fortalecen la unidad. Los misericordiosos son los bienhechores del mundo. Y los
misericordiosos alcanzarán misericordia.
Por la intercesión de la Santísima Virgen María de Guadalupe y por intercesión
de Nuestra Señora de los Ángeles, pidamos a nuestro Dios, rico en
misericordia, que llene nuestros corazones de su amor para que nosotros
seamos misericordiosos como el Padre. "Misericordes sicut Pater”.
Amén.
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