La visión en el control de los elementos acrobáticos en gimnasia

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DOCUMENTACIÓN
200608401
METODOLOGÍA EN EL APRENDIZAJE DE LAS
HABILIDADES GIMNÁSTICAS
La visión en el control de los elementos acrobáticos en
gimnasia artística: pautas para la enseñanza y el
entrenamiento
***
LUIS MORENILLA
Doctor en Educación Física
Universidad de A Coruña
Marbella (Málaga)
17 y 18 de noviembre de 2006
Departamento de Formación
formacion.iad.ctcd@juntadeandalucía.es
Metodología en el aprendizaje de las habilidades gimnásticas
CARACTERÍSTICAS MOTRICES ESPECÍFICAS DE LOS ELEMENTOS
ACROBÁTICOS
Los elementos acrobáticos constituyen un grupo característico y representativo
de una parte muy importante de la actividad gimnástica. La estructura motriz en la que
se basan los convierte en gestos artificiales que colocan al ejecutante en situaciones
especiales y atípicas de cierta complejidad para los procesos de control motor.
¿Cuáles son las características esenciales de este tipo de elementos?
Considerando exclusivamente criterios motores, y a partir de la comunidad
estructural que se da en ciertas actividades físico – deportivas consideradas acrobáticas,
se puede decir que este vocablo expresa básicamente la realización de “rotaciones
aéreas” por parte del cuerpo del sujeto. Este concepto puede completarse añadiéndole
los siguientes matices:
Rotaciones realizadas sobre varios ejes (principalmente transversal y
longitudinal, y algunas veces, sagital). Esto conduce al sujeto hacia situaciones
pasajeras de inversión.
Rotaciones realizadas sin apoyo o con un apoyo mínimo en tiempo y superficie,
como pueden ser impulsiones de pies, manos, apoyos pasajeros de espalda, etc.
El concepto de acrobacia está íntimamente ligado a determinadas prácticas
gimnásticas. En nuestros días, dentro de la actividad gimnástica amparada por
asociaciones o federaciones de gimnasia de rango nacional o internacional y como
modalidades deportivas con un alto componente acrobático se pueden citar a la
gimnasia artística masculina y femenina, el trampolín, el tumbling y la gimnasia
acrobática. En este sentido, las habilidades gimnásticas corporales y acrobáticas
estarán representadas por habilidades dinámicas en donde el sujeto persigue la
realización de una determinada cantidad de rotación en torno a uno o varios ejes (con
predominio del eje transversal).
Sintetizado la estructura temporal de una habilidad típicamente acrobática,
podríamos decir que consta de:
Fase de impulsión
En esta fase el deportista debe buscar proyectar el cuerpo con la velocidad de
traslación adecuada en los tres ejes espaciales, además de crear los momentos de
rotación necesarios en el eje transversal y longitudinal. El máximo aprovechamiento
de las posibilidades mecánicas, tanto de la superficie sobre la que el gimnasta
impulsa como de sus propias estructuras propulsoras, obliga a un tiempo de
impulsión reducido en el que hay que desarrollar grandes tensiones musculares con
movimientos articulares cortos y bien definidos.
Fase de vuelo
Durante esta fase el deportista debe al principio acelerar la velocidad angular en los
ejes en los que deba aparecer rotación, realizando los movimientos precisos para
facilitar la transferencia de momento angular del eje transversal al longitudinal, si
debe combinar ambas rotaciones, o lo contrario, evitar cualquier pérdida de
momento angular a otro eje que no sea el transversal. En los momentos finales el
deportista debe ralentizar al máximo la velocidad angular en los distintos ejes para
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facilitar la estabilización del aterrizaje durante la fase siguiente. Durante esta fase es
muy importante la orientación del sujeto respecto a la verticalidad y la superficie de
aterrizaje.
Se debe tener en cuenta que el gimnasta sólo tiene la posibilidad de alterar la
velocidad de rotación, no la trayectoria. Además, la recogida de información para la
orientación se complica por las limitaciones de los receptores sensoriales. Así,
durante la fase aérea en la que podemos decir que el sujeto se encuentra en caída
libre, los otolitos del aparato vestibular y los receptores cinestésicos se verán
limitados para recoger información precisa sobre los cambios en la orientación del
sujeto (Lee et al., 1992; Bardy, 1993). También la visión se ve comprometida
durante este tipo de movimientos, ya que la velocidad de rotación de la cabeza
puede alcanzar los 500º/s (Davlin et al., 2001), mientras que el reflejo vestíbulo
ocular solo puede mantener estable la mirada con velocidades angulares por debajo
de 350º/s (Pulaski et al., 1981) y podría provocar inestabilidad en la mirada en el
frenado de la rotación que se produce durante el aterrizaje (Morenilla et al., 2005).
Fase de aterrizaje
La última fase se desarrolla generalmente sobre los pies y presenta una serie de
particularidades que hacen necesario prestarle atención en el proceso de enseñanza y
entrenamiento. Durante este proceso, la realización de cualquier acción gimnástica
de tipo acrobático va a venir condicionada por las garantías que el sujeto tenga de
encontrar al final de su ejecución una situación conocida y controlable, es decir, una
recepción estable y segura. La situación habitual para el ser humano, y por tanto la
que buscará fundamentalmente en las recepciones, es la verticalidad del cuerpo y la
horizontalidad de la mirada. Por ello, la recepción como parte final de una habilidad
gimnástica de carácter acrobático va a tener una influencia decisiva sobre la
ejecución de las partes anteriores, sobre las que actuará el ejecutante para poder
conseguir la recepción en las circunstancias deseadas.
Aunque el rendimiento en competición está condicionado, entre otros factores,
por la capacidad del deportista para alcanzar la estabilidad requerida en los aterrizajes
de los elementos acrobáticos, no son muchas las alusiones a la misma en los tratados y
manuales sobre enseñanza y entrenamiento de técnica gimnástica. Las principales
afirmaciones relacionadas con la ejecución correcta de la recepción de saltos
gimnásticos acrobáticos encontradas en la bibliografía sobre técnica gimnástica (Ukran,
1978; Gajdos, 1983; Giraldes y Dallo, 1983; Gaverdovskij y Smolevskij, 1984; Frontera
y Aquino, 1985; Manoni, 1988; Cartoni y Putzu, 1990; Readhead, 1993) pueden
resumirse en los siguientes conceptos:
Calidad de la ejecución del elemento. La calidad de la recepción dependerá de la
calidad de las fases anteriores. Es importante que antes de la llegada al suelo el
cuerpo concluya las eventuales rotaciones previstas en el elemento, alcanzando la
extensión aunque el vuelo fuera carpado o agrupado. Las características de la
llegada al suelo informan sobre la corrección de las fases anteriores del elemento.
Así una llegada con desequilibrios en sentido contrario a la rotación desarrollada
significa un impulso rotatorio insuficiente en relación con la parábola de vuelo
descrita. Una llegada con desequilibrios en el mismo sentido de la rotación realizada
nos indica una parábola de vuelo insuficiente en relación con la cantidad de impulso
rotatorio.
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Los movimientos que conduzcan al cuerpo del deportista al equilibrio durante el
aterrizaje deben ser de carácter ondulatorio. Estos se iniciarán en los eslabones
inferiores del cuerpo dirigiéndose al lado opuesto al de la pérdida del equilibrio. De
esta forma un desequilibrio hacia atrás necesita del avance inicial de rodillas, luego
muslos y por último tronco.
Superficie de contacto. Se plantea como esencial que el contacto con la superficie
de caída se desarrolle en primer lugar sobre la parte anterior del pie, concretamente
con el metatarso y con piernas en tensión, para pasar a apoyar seguidamente toda la
planta, hasta el talón. Los talones deben estar juntos mientras que la parte anterior de
pies y las rodillas ligeramente separadas (posición conocida en danza como “en
dehors”). Es en esta posición en la que la base de apoyo es más estable.
Actuación de las piernas. Las piernas tienen un papel fundamental en la absorción
de la cantidad de movimiento con la que el deportista llega al aterrizaje. Antes del
contacto las piernas se encuentran extendidas y con cierto nivel de tensión muscular.
Debe darse una anticipación de las piernas al resto del cuerpo en la llegada a la zona
de aterrizaje, tanto más grande cuanto mayor sea la velocidad horizontal residual.
Desde el inicio del contacto las articulaciones de tobillo, rodilla y cadera desarrollan
una flexión gradual adaptada a la altura de caída, la cantidad de rotación o la fuerza
del gimnasta.
Comportamiento del tronco. Es importante antes y durante el aterrizaje un buen
nivel de tensión en los grupos musculares que inciden sobre la flexión del tronco
(esencialmente musculatura abdominal) para proteger la zona vertebral lumbar de
una extensión excesiva. El centro de gravedad se encuentra retrasado respecto al
punto de caída, de forma que mientras se actúa para frenar el impulso y recepcionar
el peso del cuerpo, se va ubicando en dicho punto, quedando sobre los pies (base de
sustentación). La cadera se desplazará en sentido contrario al tronco a medida que se
flexione durante el aterrizaje. Es importante mantener la cabeza en línea con el
tronco sin flexionar el cuello.
Utilización de los brazos. El trabajo de los brazos tiene una alta incidencia sobre la
estabilidad de las acciones realizadas durante el aterrizaje. Los brazos se colocarán
en la prolongación vertical del tronco, después en posición lateral oblicua alta y
hacia fuera y por último a lo largo del cuerpo.
LAS INFORMACIONES SENSORIALES EN EL CONTROL DE LOS
ELEMENTOS ACROBÁTICOS
Importancia de la visión
La información sobre el movimiento de los objetos presentes en el medio que
nos rodea o sobre nuestro propio movimiento es una de las funciones más importantes
atribuidas al sistema visual. El movimiento percibido visualmente puede responder a la
existencia real de tal movimiento o bien ser la consecuencia de la confluencia de una
serie de factores que crean la sensación visual de movimiento cuando en realidad éste
no se está produciendo.
Si nos centramos en la información sobre movimiento real, la visión debe
conjugar estímulos de orígenes diferentes:
1) El desplazamiento de la escena visual en la retina
2) El movimiento de ojos y cabeza. La actividad óculo-motora que el cerebro
desarrolla para focalizar la mirada sobre un objeto en movimiento es comparada
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con la información retiniana sobre el desplazamiento del campo visual. Esta
comparación permitirá al sistema nervioso discriminar qué es lo que se mueve
realmente.
Numerosos estudios han señalado la importancia de la información visual, y en
concreto la visión periférica para el rendimiento en tareas motrices de equilibrio o
mantenimiento de la postura. Los resultados han mostrado fundamentalmente cómo
restricciones en la visión periférica afectaban al rendimiento en este tipo de tareas (Lee
y Aronson, 1974; Lee y Lishman, 1975; Amblard y Carblanc, 1980; Stoffregen, 1985;
Pelli, 1986). En algunas tareas de equilibración dinámica como la locomoción también
se ha encontrado esta relación entre alteración de la información visual y disminución
del rendimiento (Alfano y Michel, 1990; Dichgans, 1991; Robertson et al., 1994;
Danion et al., 2000). La restricción de la visión parece acarrear una mayor rigidez del
sistema músculo esquelético, lo que dificultaría el control postural en el desarrollo de
una tarea motriz (Collins y De Luca, 1995; Sasaki et al., 2001).
Williams et al. (1992) recogen diversos estudios realizados también en el ámbito
de la investigación sobre la percepción visual en tareas deportivas, cuyos autores
defienden la idea de que el ejecutante es capaz de recoger información sobre el
movimiento de los objetos del entorno o su propio movimiento de una forma directa
partir de lo que denominan flujo óptico. La información sobre este fenómeno óptico
podría ser utilizada en el control del contacto en una amplia variedad de actividades
físicas cercanas algunas a las características de los elementos gimnásticos:
- Guiado visual de la marcha o la carrera sobre terreno irregular.
- Interceptación o golpeo de móviles.
- Regulación de la batida para saltar.
- Control del aterrizaje de saltos.
Un elemento a tener en cuenta en este punto, es la influencia del nivel de
experiencia o grado de entrenamiento sobre la importancia o el protagonismo de la
visión en el control de la actuación motriz del deportista. A mayor grado de experiencia
en tareas con altas exigencias en equilibración se muestra una menor dependencia de la
información visual, compensando su ausencia parcial o incluso total con otras
modalidades sensoriales (Mesure y Cremieux, 1992). En este sentido el entrenamiento
gimnástico ha mostrado su influencia positiva sobre la respuesta del sujeto a
alteraciones en la recogida de información visual (Debu y Woollacot, 1988; Robertson
et al., 1994; Morenilla et al., 2001) y sobre una mejor utilización de la información
cinestésica (Euzet y Gahery, 1995).
Integración con otras informaciones sensoriales
A pesar de la posible importancia de la visión en el control del movimiento
deportivo, el sujeto no utiliza de manera aislada esta información, sino que será
integrada con otro tipo de informaciones (vestibular, propioceptiva…) para elaborar la
respuesta más adecuada en cada situación. Las habilidades de carácter acrobático, que
implican saltos, giros durante la fase de vuelo y aterrizajes en los que hay que
amortiguar y frenar de manera estable la cantidad de movimiento de traslación y
rotación, son situaciones en las que las características y limitaciones de los distintos
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receptores sensoriales, hacen especialmente importante la complementariedad entre las
distintas informaciones.
La integración sensorial da pie a interacciones visuo-vestibulares que producen
respuestas reflejas cuyo objetivo es la estabilización de la mirada:
A) Reflejo vestíbulo – ocular. Este tipo de reflejos es producido por estímulos
basados en la aceleración angular y lineal de la cabeza. El objetivo básico de los
reflejos vestíbulo-oculares es conseguir imágenes visuales claras mientras la
cabeza es sometida a giros. El sistema de movimientos oculares que los
conforman se denomina nistagmo. Uno de los movimientos se desarrolla en
sentido contrario al giro de la cabeza manteniendo la mirada sobre un punto fijo
(componente lento del nistagmo) para después y mediante un brusco
movimiento en el sentido del giro, fijar la mirada sobre un nuevo punto
(componente rápido), volviendo a comenzar de nuevo el componente lento. Al
detenerse de forma repentina los movimientos de rotación, la inercia a la que se
somete la endolinfa puede provocar durante unos momentos nistagmos de este
tipo.
B) Reflejo optocinético. La información visual puede, por sí sola, basar el
desarrollo de movimientos de fijación de la mirada gracias al reflejo o nistagmo
optocinético, el cual permite al sujeto determinar puntos sucesivos de una
escena que está en movimiento continuo: después de un período de tiempo (0,2
s) el sistema visual calcula el curso y velocidad de movimiento de la escena
observada, para seguirla exactamente hasta que los ojos alcanzan su límite de
movimiento (componente lento del nistagmo), momento en el que se realiza un
movimiento brusco en sentido contrario (componente rápido) para recentrar la
retina sobre otro punto de la escena.
Durante rotaciones de la cabeza en un ambiente iluminado el reflejo optocinético
actúa sinérgicamente con el reflejo vestíbulo-ocular para reducir al máximo el error
retinal. A diferencia del vestíbulo-ocular, el reflejo optocinético es un sistema de control
de bucle cerrado en el que la información sobre el movimiento detectada por la retina se
utiliza para generar los movimientos oculares compensatorios (Ito, 1972). Podemos
decir que se trata de un control sobre los movimientos oculares basado en el “flujo”
óptico o la información recogida por la retina periférica, ya que es ésta la que detecta el
movimiento de la escena visual.
En determinadas situaciones la convergencia sensorial puede ser causa de
conflictos surgidos al comparar las informaciones suministradas por diferentes canales
sensoriales. Johnson y Kirkendall (1970) ya encontraron que la unión de giros en el eje
longitudinal y sagital, además de provocar sensaciones vestibulares desestabilizadoras,
también influye negativamente sobre la visión, desplazando aparentemente el campo
visual. En situaciones de ingravidez o microgravedad, como sucede durante los viajes
espaciales, se producen conflictos sensoriomotores en el ámbito de la interrelación entre
información vestibular, visual y propioceptiva (Pozzo, 1988). Perturbaciones parecidas
en cuanto a las funciones de orientación y control de la postura han recogido algunos
trabajos (Pozzo y Studeny, 1987; Pozzo, 1988; Perrin et al., 1991) durante el
aprendizaje y ejecución, en ciertas condiciones experimentales en las que se manipuló la
obtención de información sensorial, de figuras acrobáticas. La realización de
movimientos que incluyan rotaciones en uno o varios ejes, puede producir inestabilidad
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postural y en la visión. Tras la repetición de este tipo de movimientos, el cuerpo parece
acostumbrarse, mejorando la estabilidad en la mirada (Bouyer y Watt, 1999). Incluso, y
en línea con los conflictos sensoriales antes mencionados, el uso de la información
visual podría influir negativamente sobre el rendimiento en el aterrizaje de habilidades
acrobáticas básicas ejecutadas por sujetos aprendices (Morenilla et al., 2005).
Los programas motores en el control del gesto acrobático
En la teoría sobre la programación de la respuesta motora se habla de dos tipos
de programas:
- Programas adquiridos genéticamente, enfocados esencialmente a cubrir
necesidades de carácter biológico que responden a estímulos primarios (por
ejemplo la equilibración en posición bipédica).
- Programas desarrollados a través del aprendizaje. El proceso de adaptación de
una respuesta motriz a un mismo estímulo conduce a la elaboración de un
programa motor. El contenido de un programa motor se basa en información
sobre un patrón neuromuscular concreto: unidades motoras a activar, tipo,
intensidad y duración de las contracciones a desarrollar, etc.
Todo aprendizaje motor, y por tanto el gimnástico, se apoya sobre una forma u
otra de conocimiento de resultados (Rigal, 1987). Puede tratarse de un feedback visual,
auditivo, propioceptivo, táctil, etc., o cualquier combinación de los anteriores. Adams
(1976) proponía un modelo de control de tipo cerrado en el que el control del
movimiento se basa en la comparación del feedback periférico, nacido de la respuesta
motriz, con el programa de acción. De esta comparación se extraen los errores
cometidos, se elaboran las correcciones y se ejecutan. El programa de acción se
corresponde con una especie de imagen motriz o “huella perceptiva”, formada durante
el proceso de aprendizaje como resultado de la integración de las diferentes reaferencias
sensoriales y la repetición del gesto. Al completar este concepto con el de esquema
motor o “reconocimiento” de Schmitd (1988) tenemos que, a través de la práctica
repetida, el sujeto avanza en la programación del gesto pasando de patrones genéricos a
otros cada vez más específicos que podrán llegar a ser ejecutados en un modelo abierto
de control. Cuando el movimiento está bien aprendido, el programa motor es suficiente
para realizarlo en ausencia de aferencias periféricas (cinestésicas y visuales). El avance
en la automatización del gesto permitirá un desarrollo más rápido del mismo y la
disminución en los niveles de atención requeridos al ejecutante que podrá centrarse en
aspectos diferentes, como el desarrollo del enlace, el control del aterrizaje, etc…
PAUTAS PARA EL TRABAJO DE LOS ELEMENTOS ESTÁTICOS Y DE
FUERZA
Mecanismos reflejos de control motor
El aprendizaje de los elementos estáticos y dinámicos en los que se plantea como
factor motor principal el desarrollo de fuerza va a estar marcado por el incremento en la
capacidad para generar tensión muscular en el gimnasta en aquellas acciones
musculares parciales o esquemas de acción presentes en la técnica de estos elementos.
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En muchas ocasiones el gimnasta deberá con el entrenamiento, aprender a
inhibir la acción de determinados reflejos que inciden negativamente en los niveles de
tensión generados en algunas posiciones y/o posturas.
Se han identificado una serie de mecanismos mediados por circuitos neuronales
del tallo cerebral y de la médula espinal cuyo objetivo básico sería el alineamiento de la
cabeza y del cuerpo respecto a la línea de actuación de la gravedad. Estos mecanismos
requieren de la actuación de reflejos cervicales y vestibulares. Los reflejos vestibulares
son desencadenados por los cambios en la posición de la cabeza, mientras que los
cervicales se disparan a partir de acciones de flexión o rotación del cuello (Ghez, 1991).
Los estímulos emitidos desde los husos neuromusculares y los receptores articulares
situados en el cuello serían los responsables del desencadenamiento de los reflejos
cervicales. En función del movimiento de la cabeza con relación al tronco, se producen
cambios en el tono reflejo de la musculatura medial y proximal de las extremidades. Las
aferencias desde los órganos otolíticos (utrículo y sáculo) con información sobre la
dirección de la gravedad y la aceleración lineal estarían en el inicio de los reflejos
vestibulares que actuarían también sobre cuello y extremidades. Se trata de reflejos
inicialmente estáticos, desencadenados por la ubicación de la cabeza en diferentes
orientaciones respecto a la gravedad. Este tipo de reflejos actuaría sobre la musculatura
de los miembros, por ejemplo, en una caída inesperada: la flexión de la cabeza adelante
produciría extensión de los brazos y flexión de piernas para reducir el impacto del
aterrizaje.
Este tipo de reflejos se encuentra sometido generalmente al movimiento
voluntario, aunque puede aparecer ante acciones muy rápidas desarrolladas de manera
imprevista. Básicamente, la posición del cuello va a influir sobre la actuación de la
musculatura de la cintura escapular y de la espalda. Así, una extensión acentuada de la
zona cervical fomentará la extensión del resto de regiones vertebrales y de las
extremidades superiores. Este comportamiento puede perjudicar el aprendizaje de la
colocación correcta en los apoyos extendidos invertidos, en donde la extensión del
cuello, para facilitar la orientación visual del sujeto, asociada a la extensión de la
espalda, para provocar la elevación del centro de gravedad, provocará el cierre del
ángulo brazos/tronco y probablemente un adelantamiento de la cintura escapular para
compensar la hiperextensión de la cadera. También la acción de empujar, separarse del
espacio de apoyo, incita al principio la extensión cervical y por tanto nos encontraremos
en una situación como la anterior.
En el extremo opuesto, una flexión acentuada cervical promoverá la flexión del
resto de regiones vertebrales y de los miembros superiores. Esta reacción, que por una
parte cumple un objetivo protector de la columna vertebral y puede beneficiar el
aprendizaje de las tareas basadas en rodar sobre la espalda, sobre todo hacia delante,
puede también perjudicar las inversiones hacia delante o atrás en las que de una forma
dinámica se busque la impulsión de brazos para voltear al apoyo de los pies, ya que
limitará la impulsión de los brazos a nivel escapular y la extensión vertebral durante el
volteo.
Con base en esta repuesta refleja, encontramos la flexión del cuello adelante
provocada ahora por un movimiento rápido de flexión del hombro como el que aparece
en inversiones hacia atrás. En tareas de aprendizaje de este tipo de elementos puede ser
interesante la búsqueda de referencias visuales sobre la trayectoria adecuada y
especialmente en la superficie de apoyo manual.
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La información sensorial para la equilibración en los apoyos invertidos
Algunas pautas para mejorar la recogida y utilización de las informaciones
sensoriales en el control de equilibrio se basarían en:
-
-
Utilizar una referencia visual en apoyo invertido reduce las oscilaciones del
centro de masas. En apoyo extendido invertido, la información visual podría
jugar un papel más importante en el mantenimiento de la postura que en el
apoyo podal, ya que al encontrarse los ojos más cercanos al campo visual, los
desplazamientos más débiles serían apreciados al provocar un deslizamiento de
dicho campo visual en la retina (Pozzo y Clement, 1988).
Trabajar acciones parciales que desarrollen la sensibilidad propioceptiva para
elaborar patrones motores que predominen sobre la actuación refleja (reflejos
tónico cervicales). Para ello puede ser útil plantear algunas tareas con ojos
cerrados para focalizar la atención sobre la elaboración de la percepción
propioceptiva y vestibular.
PAUTAS PARA EL TRABAJO DE LOS ELEMENTOS DINÁMICOS
Hemos planteado que el control de elementos dinámicos con vuelo se caracteriza
por un modelo estático en las fases de impulsión y aterrizaje, basado en referencias
egocéntricas recogidas a través del canal propioceptivo con la colaboración del canal
visual central. Si el sujeto debutante es más dependiente de la posibilidad de utilizar la
información visual, deberíamos facilitarle qué información visual debe buscar y cuándo
debe buscarla.
Modelo de orientación durante movimientos acrobáticos
Varios autores (Pozzo y Studeny, 1987; Pozzo, 1988; Perrin et al., 1991) han
planteado un modelo teórico sobre el procedimiento utilizado por el deportista para
establecer referencias que le permitan la orientación y control del movimiento durante
gestos acrobáticos con rotaciones aéreas. Se utilizarían dos elementos considerables
como “invariantes”, sobre los que se organizaría dicho sistema de referencias:
A. La verticalidad. La información sobre ésta se obtiene a partir de la acción de la
gravedad sobre el sujeto. Dos receptores sensoriales ubicados en la cabeza son
los protagonistas en el establecimiento correcto de este invariante. Por una lado
la sensibilidad del aparato vestibular -el utrículo-, hacia la dirección de actuación
de la fuerza gravitatoria. Por otro lado tenemos el sistema visual, en este caso la
visión periférica, el cual mediante la organización de ciertas señales recogidas
del medio externo completará la información vestibular (referencias
“exocéntricas”).
B. El cuerpo del acróbata, que sirve de base para la elaboración de la información
sobre la posición relativa de los distintos segmentos corporales (cabeza, tronco,
brazos y piernas) durante las fases de impulsión, vuelo y recepción de la
habilidad acrobática (referencia “egocéntrica”). Aquí la información cinestésica
jugará un papel destacado. La visión colaborará nuevamente, aunque ahora
deberá ser la visión central o foveal la protagonista.
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Durante el desarrollo del elemento, el ejecutante irá utilizando alternativamente
una u otra referencia en función de factores como el canal sensorial preferente (visión,
propiocepción...), o la experiencia en la práctica acrobática. En función de esto, para
que el control del gesto sea efectivo, deberá pasar de una modalidad estática a otra
dinámica durante las distintas fases del mismo (Pozzo y Studeny, 1987; Pozzo, 1988):
- Un control de tipo estático que permita posicionar correctamente cuerpo y
segmentos durante los instantes del despegue y la llegada a la superficie de
aterrizaje. Las principales referencias serían de tipo egocéntrico.
- Un control dinámico durante la rotación en vuelo para ajustar la postura del cuerpo
de acuerdo al desplazamiento de éste (referencias exocéntricas).
La incapacidad del gimnasta para cambiar entre los modos de control durante el
desarrollo del elemento podría ser el origen de conflictos en la integración de las
diferentes aferencias sensoriales. Para evitar este riesgo, algunos gimnastas necesitan
bloquear un canal sensorial en momentos concretos del gesto. El canal que puede
bloquearse voluntariamente es el canal visual, por ejemplo, cerrando los ojos durante la
rotación aérea del elemento acrobático. Esta acción evitaría también la actuación
involuntaria del reflejo optocinético, que si actuase podría producir la ilusión de una
parada brusca del cuerpo y un desplazamiento de todo el entorno. Por el contrario, en
estas situaciones el reflejo vestíbulo-ocular permite al acróbata estabilizar la mirada
sobre la superficie de aterrizaje aunque la cabeza se encuentre girando. Este mecanismo
permitiría que el sujeto ajuste la llegada de los pies sobre la superficie de aterrizaje o la
llegada de las manos a una situación de presa sobre el aparato.
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