Proceso de daños. Competencia. La demanda. (Nota1) Por Silvia

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Proceso de daños. Competencia. La demanda. (Nota1)
Por Silvia Yolanda Tanzi (Nota2)
Muchas gracias a las autoridades del Colegio, particularmente al Dr. De Lorenzo, por
invitarme a participar en este curso. El tema que nos ocupa reviste importancia en el
marco del Derecho de Daños, debido al elevado número de procesos que se promueven
en la actualidad.
FALCON define la demanda como un acto procesal de petición formal que tiene por
objeto (efecto) iniciar un proceso. Como sostiene Juan Martín ALTERINI “ es el escrito
que da vida al proceso” y delimita la materia sobre la que el juzgador tiene que conocer.
Son fundamentales los efectos de la interposición de la demanda; por un lado los efectos
procesales que determinan la calidad de actor o demandado, ponen en marcha la
instancia y fijan la competencia. Con relación a los efectos materiales tenemos presente
que extingue el derecho de opción del actor (art. 641 del Código Civil), impide la
extinción de ciertos derechos (arts. 258 y 1099 del Código Civil) e interrumpe el curso
de la prescripción. Acerca de la importancia de esta última cuestión, la Sala I de la
Cámara Nacional Federal Civil y Comercial en autos: ”B, A.H. c/ Austral Líneas Aéreas
Cielos del Sur S.A., del 21/6/2000, publicado en Diario La Ley del 19 de abril de 2001,
pág. 13, sostuvo que “debe otorgarse validez a la presentación de la demanda dentro de
las dos primeras horas del día hábil siguiente –art. 124, Código Procesal-, si es inhábil
el día en que vence la posibilidad de interrumpir el plazo de prescripción mediante la
interposición de aquella -art. 3986, Código Civil-, ya que no existe norma legal alguna
que obligue al titular de un derecho a realizar dicho acto con anterioridad al plazo
previsto por la ley de fondo. El efecto interruptivo de la prescripción reconocido a la
demanda promovida en las dos primeras horas del día siguiente –art. 124 del Código
Procesal-, habiendo vencido el término en día inhábil, encuadra en el supuesto de
imposibilidad de obrar –art. 3980 del Código Civil- que autoriza al juez a liberar al
acreedor de las consecuencias de la prescripción cumplida durante el impedimento”.
El proceso de daños, según el art. 320, inc. k del Código Procesal Civil y Comercial
tramita por las reglas del juicio sumario.
El escrito de demanda debe ajustarse a las reglas del art. 330 de la mencionada ley.
Se distinguen por un lado, los requisitos formales:
Por escrito, en idioma nacional, tinta negra (conf. art. 46 del Reglamento para la Justicia
Nacional); sin perjuicio de la admisión de escritos en formularios impresos o
fotocopiados mediante procedimientos que permitan su lectura (conf. Acordada de la
Corte Suprema de Justicia de la Nación del 11/10/67). Además, debe contener la
expresión de su objeto (sumario), consignar el actor su domicilio constituído; firmada
por él, o su mandatario y letrado patrocinante excepto que el representante sea el
abogado. Si no contuviere estos requisitos se intimará por dos días (ministerio de la ley)
para suplir la omisión y, si así no se cumpliere “se devolverá sin más trámite” (art. 57
del C.P.C.C.). Las firmas deben estar debidamente aclaradas al pie y, en el caso de los
abogados o procuradores deben agregar tomo, folio, número de matrícula de inscripción
y de afiliación a la Caja correspondiente.
Conforme el art. 330 del C.P.C.C. los requisitos sustanciales son:
a) Nombre y domicilio del actor (real y constituído dentro del perímetro de la ciudad,
asiento del Juzgado). Si se tratase de una persona jurídica debe consignarse la
denominación o razón social y determinarse sus representantes legales (inciso primero
del mencionado artículo). Este requisito tiene vital importancia porque, tal como afirma
GOZAINI, de no consignarse se cercena el derecho de defensa en juicio y la posibilidad
de control hacia la asignación de la competencia.
b) Nombre y domicilio del demandado (inciso segundo, art. 330 C.P.C.C.). Se impone
la carga y está justificada por el hecho que es el sujeto pasivo de la pretensión y quien
habrá de quedar vinculado jurídicamente por la sentencia que se dicte. Sin embargo,
puede plantearse el caso de demandados inciertos (art. 343 del C.P.C.C.), pero la norma
indicada exige que sea imposible su identificación. De lo contrario hay que procurar su
determinación por los medios adecuados, incluyendo el pedido de diligencias
preliminares (art. 323 del C.P.C.C.). Igual acontece con el tema del domicilio, más estos
trámites no serán necesarios si el demandado se presenta espontáneamente al proceso a
contestar la demanda.
En cuanto a la fórmula “y/o quien resulte responsable,” DE SANTO observa que puede
demandarse a varias personas si son todas responsables de la deuda reclamada, en cuyo
caso se usa la conjunción “y”. Puede, asimismo, demandarse alternativamente a varias
personas en los casos que la obligación sea inherente a determinada calidad y se ignore
quien la posee, en tal supuesto se usa la conjunción “o”, pero debe explicarse en el
escrito inicial el por qué. Sin duda que el esclarecimiento puede emerger de la actitud de
los accionados. Se ha planteado el absurdo de alegar que era procedente la excepción de
defecto legal pero en esta cuestión, coincido con la opinión de Juan Martín ALTERINI
en el sentido que, si bien se incurre en un defecto idiomático, no procede tal excepción.
En cuanto al tema de litisconsorcio, para su procedencia es fundamental “la conexidad
con la causa”. Por un lado, el título que es el hecho constitutivo del derecho, la causa
que es el hecho jurídico invocado como fundamento de la pretensión y el objeto que es
el bien corporal o incorporal que se reclama (activo o pasivo). Y, si bien la pretensión
puede ser diferente cualitativa o cuantitativamente, no lo debe ser en su fundamento
causa u origen que es un mismo hecho. FENOCHIETTO-ARAZI sostienen que el actor
es quien determina las personas que han de ser demandadas, excepto en el caso de
litisconsorcio necesario en que el juez puede integrar la litis de oficio o a pedido de
cualquiera de las partes (art. 89 del C.P.C.C.).
El art. 330 del C.P.C.C. se refiere a la cosa demandada, designándola con toda
exactitud, porque su falta autoriza la excepción de defecto legal. PALACIO afirma que
el objeto debe ser idóneo, jurídicamente posible y hallarse expresamente precisado. Por
tal razón el Código Procesal exige que la petición se formule en términos claros y
positivos. De ese modo, el demandado puede preparar correctamente sus defensas
cuando tenga que llevar a cabo la contestación de la demanda.
En el ámbito del proceso de daños es imprescindible especificar, con claridad, los daños
resarcibles, sean daños a la persona o daños a un bien que forma parte del patrimonio de
quien se ha considerado damnificado, por un incumplimiento contractual o por el
acontecimiento de un hecho ilícito generador de perjuicios.
Asimismo, es importante determinar los rubros de la cuenta indemnizatoria. En
términos generales está compuesta por el capital, por los intereses y las costas tal como
lo sostienen ALTERINI, AMEAL y LOPEZ CABANA, en su obra Derecho de
Obligaciones. Y por imperio del principio de congruencia (arts. 34, inciso 4° y 163,
inciso 6° del C.P.C.C.) el juzgador queda sujeto a los reclamos planteados en la
demanda.
El actor sujeta su petición a dichos rubros porque, de lo contrario importaría vulnerar
derechos de raigambre constitucional como el derecho de defensa en juicio.
Si se trata de daños a la persona, supuesto de lesiones padecidas sin que haya acaecido
la muerte, corresponde establecer punto por punto. Así, la incapacidad sobreviniente
física y psíquica, medicamentos, estudios realizados, asistencia, etc.. Y por supuesto el
daño moral. Todos los rubros perfectamente detallados porque le va a permitir al
juzgador, al tiempo de sentenciar y en función de la prueba aportada, expedirse sobre
cada uno de éstos.
En materia de reclamos es interesante tener presente lo expuesto por el Dr. Jorge A.
GIARDULLI, vocal de la Sala L de la Excma. Cámara Nacional de Apelaciones en lo
Civil, en un caso sometido a su decisión en primer término. Se trató de la muerte de un
niño pequeño (dos años) cuando se deslizó por el hueco de la escalera del edificio que
habitaba, por severos defectos en la baranda. En el escrito de demanda, se solicitó, en
concepto de lucro cesante, el equivalente a los sueldos que hubiera percibido su madre,
bioquímica investigadora del CONICET si no se hubiera visto obligada a pedir licencia
sin goce. A tal fin, demostró que se encontraba imposibilitada de realizar la tarea
asignada porque la muerte de su hijo le impedía concentrarse, estar atenta y diligente
como lo requiere la labor a su cargo. Por consiguiente, como el CONICET no le
reconocía los salarios durante la licencia, se lo trasladaron al responsable del deber de
indemnizar.
Destaco la importancia de haber incluido el rubro en la demanda porque, en caso
contrario, no hubiera sido objeto de la pretensión.
Cuando se elabora la demanda se debe prestar especial atención ya que tienen que estar
resguardados los reclamos en todos los aspectos, formales y sustanciales.
En cuanto al objeto o la cosa demandada es necesario tener en cuenta que, si se
reclaman sumas de dinero, debe precisarse, en principio, el monto reclamado excepto
que al actor le fuere imposible hacerlo; en tal caso debe manifestarse en el escrito
inicial, sea porque la estimación depende de otras circunstancias que no han sido fijadas
definitivamente o porque se interpuso la demanda al sólo efecto de interrumpir la
prescripción. El art. 330 del C.P.C.C. específicamente en un apartado dice que, en estos
casos, no procede la excepción de defecto legal.
Con respecto al monto corresponde utilizar la consabida fórmula de “lo que en más o en
menos resulte de la prueba a aportarse”. De ese modo, el juzgador queda libertado de
establecer una suma fija e invariable.
Cuando el juez fundamenta la sentencia lo hace en función de los elementos probatorios
aportados al proceso y el derecho aplicable. Una vez acreditada la existencia del daño,
tiene la facultad de establecer su cuantía, incluso aún por encima del monto estimado en
la demanda sin que signifique fallar “ultrapetita”, porque el uso de tal fórmula le otorga
la apertura necesaria.
Puede darse el caso de que en la demanda no se haya fijado monto (ausencia). La Corte
Suprema de Justicia de la Nación, el 28 de mayo de 1987 en los autos: “Bernardo
Ciddio c/ Provincia de Buenos Aires (Fallos 310:1004) afirmó que debe hacerse lugar a
la excepción de defecto legal y suspender el término de contestación de la demanda si la
demandada puede ver razonablemente afectado su derecho de defensa porque la
ausencia total de monto obstaculiza la elección de alternativas para su responde y para
el ofrecimiento de prueba. Simplemente quedaría sujeta a intentar una mera observación
de las que pueda producir la contraparte.
La Sala C de la Cámara Civil, sentencia publicada en La Ley 1990-A-246, autos
denominados “Ripoli c/ Grinbank” sostuvo que, en todos aquellos casos en que se
persigue la reparación de daños y perjuicios cuya determinación depende de
circunstancias de hecho, se admite con mayor posibilidad que no sean inicialmente
determinables y cuando ello se presume imposible el actor está excusado de especificar
el monto en la demanda. Esa misma Sala, en autos “Isgut c/ Gorensten” (La Ley 1991B-62), con respecto al daño moral afirmó que el reclamo por ese rubro se halla sujeto a
la apreciación del magistrado en lo referente a su cuantía, no es imprescindible, en
principio, que sea estimado en la demanda.
Por otra parte también, corresponde incluir el reclamo por intereses, porque si no fueron
peticionados, el magistrado no puede incluirlos oficiosamente y sobre quien reclama
recae la carga procesal de pedirlos. En la Cámara Nacional de Apelaciones de lo Civil
rige la doctrina legal que emana del plenario del 2 de agosto de 1993, “Vázquez Claudia
c/ Bilbao Walter s/ daños y perjuicios”, que establece la aplicación de la tasa pasiva
promedia que publica mensualmente el Banco Central de la República Argentina.
En cuanto a los hechos, independientemente de las pautas que brinda el Código Procesal
acerca de que tienen que contener una exposición clara sin que medie ausencia para no
dar lugar a la excepción de defecto legal, tiene que caracterizarse fundamentalmente por
la acción ejercitada y no por la calificación que las partes le hayan otorgado. Es
importante establecer cuáles han sido las circunstancias fácticas, cuál ha sido el hecho
con precisión que ha dado origen al reclamo. También debe tenerse presente que
invocar hechos nuevos no puede ni debe ser de ninguna manera la inserción de una
nueva pretensión, ni alterar objetivamente la pretensión ya interpuesta, sino que debe
constituir el aporte de circunstancias fácticas tendientes a completar la causa de la
pretensión.
La demanda puede ser ampliada, en principio, antes de la notificación y si en este
tiempo se operase una presentación espontánea del demandado, no cercenará la facultad
que tiene el actor de ampliarla, facultad que le otorga el art. 331 del Código Procesal.
De lo contrario se afectaría injustificadamente el derecho de defensa del actor que,
quizás debió interponer la demanda al sólo efecto de interrumpir la prescripción, con la
reserva de ampliarla. En tal sentido se pronunció la Sala C de la Cámara Nacional Civil,
autos:” Miranda c/ Lobato”, del 27 de junio de 1996. Y la Sala B de esa misma Cámara,
“Carabajal c/ Curtiembre” del 6 de marzo de 1997, estableció que la imposibilidad de
alterar los términos de la demanda después de su notificación tiene por finalidad
impedir que el demandado no pueda responder a la totalidad de las pretensiones y
oponer obviamente las defensas correspondientes.
En toda demanda de daños, el profesional no puede olvidar de exponer los cuatro
presupuestos básicos de la responsabilidad civil, a saber:
a) Antijuridicidad: la que se halla planteada en los términos del art. 1197 en el ámbito
contractual del Código Civil, del que se desprende que los contratos forman para las
partes una regla a la cual deben someterse como si fuera la ley misma.
O si se trata de la antijuridicidad en el campo extracontractual a través del art.1066
donde no habrá acto ilícito punible a los efectos del Código si no hubiera una ley, un
reglamento, una ordenanza, y el 1067 donde además agrega el elemento daño
(ALTERINI, AMEAL, LÓPEZ CABANA). El Proyecto de Código Civil de 1998,
actualmente en estado de trámite parlamentario, trata la antijuridicidad con mayor
profundidad y precisión.
b) En segundo término los factores de atribución subjetivos (culpa y dolo) u objetivos
(riesgo, la garantía legal, la equidad).
El art. 512 del Código Civil define a la culpa como la omisión de las diligencias debidas
y que hicieren a las circunstancias de tiempo, de persona y de lugar. El Proyecto de
Código Civil de 1998 mejora y afina esta definición porque habla de “la diligencia” (en
singular) y aunque parezca un problema simplemente idiomático no es así ya que,
cuando se habla de “diligencias”, se asocia el término a tramitaciones, en tanto que su
singular alude a cuidado, actividad.
Al elaborar el escrito de demanda por daños el profesional tiene que acentuar lo
pertinente con respecto a la conducta obrada y la conducta debida. No debemos olvidar
que el juzgador tiene que llevar a cabo un criterio de apreciación con relación a la
conducta que el sujeto debió llevar a cabo y la conducta que efectivamente obró.
En los casos que corresponda deben invocarse los factores de atribución objetivos;
garantía legal, referida a la responsabilidad del principal por el hecho del dependiente
(art. 1113, primera parte del C.Civ.); riesgo creado si se trata de daños causados por el
riesgo o vicio de la cosa (art. 1113, segunda parte, segundo párrafo del Código Civil);
equidad. Si el daño es causado por el riesgo o vicio de la cosa se debe demostrar el daño
y la relación causal debiendo el demandado acreditar la ruptura del nexo a través de las
eximentes de responsabilidad.
En los supuestos de daños causados con las cosas (art. 1113, segunda parte, primer
párrafo del Código Civil) se presume la culpabilidad porque al presunto responsable le
basta demostrar que de su parte no ha habido culpa.
c) El tercer presupuesto, el daño, corresponde precisarlo en todos y cada uno de los
rubros que se consideren indemnizables y siempre que estén dentro del marco de los
requisitos del daño resarcible. Básicamente debe ser un daño significativo, que no haya
sido reparado por el responsable (subsistente); cierto (actual o futuro); propio, que
afecte un interés y que tenga una entidad jurídica suficiente para ser objeto de una
pretensión.
Asimismo, dentro del contexto de la demanda se debe acentuar la relación causal, el
nexo de causalidad, teniendo en cuenta que en el ámbito del proceso de daños rige la
causalidad adecuada, la que conforme el 901 del Código Civil acostumbra a suceder
según el curso natural y ordinario de las cosas. Y es esa causalidad adecuada la que se
debe tener en cuenta al elaborar la demanda y en el período probatorio.
Asimismo, no hay que olvidar la extensión del resarcimiento referida a las
consecuencias por las que se debe responder en cada una de las órbitas de la
responsabilidad civil, sin perjuicio de recordar que la doctrina mayoritaria insiste en la
necesidad de establecer la unidad y suprimir las diferencias existentes en materia
contractual y extracontractual. El Proyecto de Código Civil de 1998 pone punto final a
tal situación por la que se clama desde hace ya un prolongado tiempo.
En el escrito de demanda se destaca el papel que se le asigna al derecho aplicable
porque si bien el juzgador puede aplicar el principio ”iura novit curia”, el profesional
tiene el deber de establecer el marco legal, con la debida apoyatura jurisprudencial y
doctrinaria que, en el ámbito del proceso de daños es importante por la calidad y nivel
de quienes aportan sus conocimientos.
d) Y por último la petición: en términos claros y concretos, sin ambigüedades.
En cuanto a la competencia, corresponde recordar la definición de ARAZI como la
aptitud otorgada a los jueces por la ley para conocer en determinadas causas según su
materia, grado, valor o territorio.
Los magistrados se pronuncian en las siguientes oportunidades:
i) al recibir la demanda y no se excluye la inhibición de oficio sin necesidad de
solicitarle explicaciones al actor (art. 337, párrafo segundo, y art. 4, párrafo primero, del
C.P.C.C.)
ii) al resolver obviamente la excepción de incompetencia que puede plantear la otra
parte (art. 347, inc.1°, del C.P.C.C.)
iii) o al decidir la inhibitoria (art. 10 del C.P.C.C).
La competencia en principio, sostiene FENOCHIETTO, se determina por la naturaleza
del caso que el actor propone a decisión judicial y no por el contenido de las defensas
que contra ella se pueden esgrimir.
En cuanto a la competencia por el territorio es el juez del lugar que las partes han
elegido para el cumplimiento de sus obligaciones o que resulte implícitamente del
contrato, conforme MORELLO.
Se pueden consignar las siguientes reglas que pueden ser de utilidad como guía:
1) el lugar de cumplimiento de la obligación;
2) el domicilio del demandado;
3) si fuesen varios los demandados y las obligaciones solidarias o el objeto de la
prestación indivisible, o tuvieren la misma causa o fueses conexas, el de cualquiera de
los demandados a elección del actor salvo que se trate de responsabilidad por hechos
ilícitos, en cuya hipótesis se podrá radicar alternativamente, por el actor ante: a) juez del
lugar del hecho; b)domicilio del demandado o de la aseguradora;
4) Si no se conociese el domicilio del demandado, el de su última residencia o en su
defecto el del lugar donde este se encuentre.
Con respecto a los hechos ilícitos se entiende por lugar del hecho aquel donde se
produjo el acontecimiento que originó el daño o el reclamo por daños.
En cuanto a la competencia por las personas y desde la óptica del actor, se tiene en
cuenta que si el demandado es el Estado Nacional o Provincial no cabe duda que la
competencia originaria es de la Corte Suprema, pero no si la accionada es un banco
provincial, una municipalidad, una entidad descentralizada e inclusive al referirse a las
Cámaras de Diputados de cada provincia.
El Fuero Federal se relaciona con el concepto de diferente vecindad lo que originó un
trato minucioso para establecer tal carácter. En ese sentido se afirma que es vecino de
una provincia quien reside de manera continua por dos años o porque esa persona tiene
propiedades o algún establecimiento o porque se haya en ese lugar con el ánimo de
permanecer. La cuestión litigiosa se plantea entre ciudadanos argentinos, conforme art.
2, inciso 2º, de la ley 48 y art. 111, inciso 2º, de la ley 1893.
Ahora ¿qué pasa si se trata de un ciudadano argentino y un extranjero? Con respecto a
los extranjeros se exige que su calidad esté perfectamente acreditada. El art. 2 de la ley
48 estableció una especie de privilegio del fuero por nacionalidad aunque la Corte
Suprema entendió que no hay actualmente un fundamento razonable toda vez que no es
susceptible de comprometerse la responsabilidad internacional de la Nación por los
actos de sus jueces locales porque, en definitiva, le compete a la Corte el control de las
garantías constitucionales.
En el marco de los demandados se tiene por competente al Fuero Federal en el caso de
reparticiones autárquicas del Estado pero se exceptúan los accidentes de tránsito y los
derivados de cuasidelitos conforme el decreto ley 1285/58. El plenario de la ex Cámara
Nacional de Paz de 1969 se refería a “reparticiones autárquicas del Estado, excepto los
accidentes de tránsito”.
En 1982, la Corte Suprema, en la causa “Galván c/ Torrella” (6/4/82), declaró la
competencia del Fuero Federal en todos los procesos por indemnización derivados de
un accidente de tránsito si una de las partes es un ente estatal. Y en los autos: “De
Gandia c/ Provincia de Buenos Aires”, atribuyó el carácter civil de un proceso de daños
derivados de la presunta falta de servicio de un órgano del Poder Judicial de la
Provincia de Buenos Aires por entender que la acción se apoya en normas del derecho
común y se persigue la indemnización.
Asimismo, en los autos “Chuburu c/ Dirección Nacional de Vialidad”, la Corte Suprema
de Justicia de la Nación se declaró incompetente (originariamente) porque se trataba del
resarcimiento de daños ocasionados con motivo de un accidente por existencia de
baches en la calzada y no consideró como parte sustancial en la litis a la Provincia de
Buenos Aires.
Por otra parte, la Justicia Federal se ha declarado competente en algunos casos de
demandas entabladas contra obras sociales de personal del Estado o por ejemplo casos
de mala praxis seguidos contra hospitales como el Naval o Churruca.
Si se trata de obras sociales que no reúnen las características anteriores es competente el
Fuero Civil.
En tanto, si el demandado es el Estado Nacional y el objeto de la demanda de daños gira
en torno específicamente de la responsabilidad del Estado le corresponde al mencionado
Fuero Federal.
Por otro lado, en algunos casos puntuales, se han pronunciado por la competencia del
Fuero Civil: situaciones en las que una persona sufre daños como consecuencia de una
explosión de gas en su negocio o en la vía pública por entender que no hay relación
usuario-prestador (en el caso de la vía pública), o que dicha relación es independiente de
su servicio público de índole contractual, siendo su naturaleza extracontractual.
Corresponde recordar que se declaró la competencia del Fuero Contencioso
Administrativo Federal en aquellas cuestiones que versen sobre prestaciones del
servicio telefónico, sin distinguir entre licenciatarios y usuarios.
La ley 23.637 establece la competencia del Fuero Comercial cuando una de las partes
fuere comerciante matriculado o empresa mercantil siempre que no se trate de
responsabilidad profesional.
En el supuesto de los denominados “regímenes especiales” se ha determinado la
competencia de la Justicia Civil y Comercial Federal. Se trata entre otros, de conscriptos
accidentados por actos de servicio, personal de las fuerzas armadas y de seguridad “en y
por actos de servicio”, cadetes de las Escuelas o Liceos Navales y Militares.
En cuanto a la competencia en el Mercosur se ha señalado el criterio de mayor
protección a la víctima. En el caso “Sastre c/ Bibiloni”, la Corte Suprema de Justicia de
la Nación admitió la competencia en atención al domicilio del demandado situado en la
ciudad de La Plata, Provincia de Buenos Aires, a pesar que el accidente se produjo en
Punta del Este, Uruguay (Fallos 274:455).
El Protocolo de San Luis se refiere en su art. 1 a los casos de responsabilidad civil
emergente de accidentes de tránsito ocurridos en territorio de un Estado parte, en los
que participen o resulten afectadas personas domiciliadas en otro Estado parte con la
aplicación del derecho interno del país en el que se originó el accidente.
Por último, se debe tener presente la competencia de los Tribunales en lo Contencioso
Administrativo de la Ciudad de Buenos Aires. El Código respectivo ha fijado la
competencia de orden público y en su artículo 1 establece cuándo son consideradas
autoridades administrativas y refiere a la administración pública (centralizada,
desconcentrada, descentralizada), órganos legislativos y judicial en ejercicio de la
función administrativa, entes públicos no estatales o privados en cuanto ejerzan
potestades públicas otorgadas por leyes de la Ciudad de Buenos Aires.
Sin embargo, teniendo en cuenta el pronunciamiento de la Sala B de la Excma. Cámara
Nacional de Apelaciones en lo Civil, en autos “Camarotta, Estela y otro c/ Gobierno de
la Ciudad de Buenos Aires s/ daños y perjuicios” del 8 de febrero de 2001, donde se
establece lo siguiente: la competencia de la Justicia Nacional en lo Civil de la Capital
Federal con respecto a la demanda en que se persigue la indemnización por los daños
causados por el accidente ocurrido a un menor durante la clase de gimnasia practicada
en dependencia de la accionada. “Ello es así por cuanto el procedimiento remite a
aplicar normas del Código Procesal Civil y el derecho de fondo aplicable es prima facie,
la normativa relativa al régimen de responsabilidad legislada en nuestro Código Civil,
sin que modifique la suerte de la pretensión el hecho de que uno de los codemandados
sea una entidad dependiente del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, ya que esa
calidad no ha de influir en el caso, en los derechos, deberes e imputaciones de
responsabilidad de las partes en litigio…”, porque el elemento determinante de la
competencia Contencioso Administrativo no es el sujeto interviniente sino la materia
debatida (del dictamen del fiscal ante la Cámara). La atribución de competencia de los
Tribunales de la Ciudad realizada por la normativa aplicable no es ratione persona sino
ratione materia.
Así planteada la cuestión, estimamos que continuarán suscitándose diferencias en lo
relativo a la competencia entre el Fuero Civil y el de la Ciudad Autónoma de Buenos
Aires.
NOTA:
(1) Versión corregida por la autora de su exposición en el Curso “Proceso de
Daños”, que se desarrolló el 19 de abril de 2001 en el Salón Auditorio del
Colegio Público de Abogados de la Capital Federal.
(2) Abogada. Profesora adjunta de Obligaciones Civiles y Comerciales en las
Universidades de Buenos Aires, del Museo Social Argentino y de Belgrano.
Profesora de Derecho Civil I de la Universidad Católica Argentina y de Derecho
Comunitario de la Universidad de Palermo. Profesora de cursos de especialización
en derecho de daños de las Universidades de Belgrano y Nacional de Lomas de
Zamora. Secretaria del Departamento de Derecho Privado de la Facultad de Derecho
de la Universidad de Buenos Aires.(
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