LAS TRES ERRES DE POLLUTION En una ciudad llamada

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LAS TRES ERRES DE POLLUTION
En una ciudad llamada Pollution, donde no se reciclaba, se sentían muy tristes porque las
calles estaban llenas de basura. Los contenedores llamados Verdito, Azulón, Grisilla y
Amarillita estaban muy tristes y enfadados. A Verdito no le gustaba que le echaran las
botellas con las etiquetas puestas. A Azulón le gustaba el cartón, pero le echaban alimentos
orgánicos. A Grisilla no le gustaba que le tiraran los envases y plásticos de la comida. Y A
Amarillita no le gustaba que le tiraran cosas que no eran de plástico.
Un día de Enero, unos niños llamados Isidro, Jose y Cristina, que eran trillizos, se fueron
de viaje con sus padres. Eligieron como destino, Pollution. El problema surgió cuando
llegaron a la ciudad.
Cuando llegaron al hotel, los niños decidieron salir a dar un paseo. Caminando por las calles
se encontraron con cuatro contenedores. De repente, oyeron un ruido y se acercaron a ver
que era.
- ¿Hola? -dijo Jose extrañado.
- ¡Somos nosotros! -dijo Azulón.
-Pe…ero, ¿sois contenedores? -preguntó Isidro.
- ¡Estamos aquí para que la gente nos haga caso pero nos ignoran! -dijo Grisilla.
- ¿Os podemos ayudar? -preguntó Cristina, que era la más inteligente.
- ¡Bien! -dijeron los cuatro contenedores a la vez.
- Nuestro padre es basurero y seguro de que os puede ayudar. -afirmó Isidro.
Los niños buscaron una cabina de teléfono llamaron a su padre.
[RIIINGG] [RIIINGG]
- ¿Dígame? -respondió Álvaro, el padre.
- Hola papá, soy Jose. ¿Puedes venir con el coche? -preguntó Jose.
- Claro que sí, hijo -Afirmó.
Poco después, el padre llegó a la plaza donde se hallaban sus tres hijos y los contenedores.
- ¿Qué pasa Jose? -preguntó el padre intrigado.
- ¡Estos contenedores se quejan porque los ciudadanos no reciclan! -exclamó Cristina.
-
¿Pero los contenedores hablan? -balbuceó el padre.
Hola, ¿qué tal muchacho? -preguntó Amarillita.
¡Ahhhh! ¡Este contenedor me ha hablado! -dijo Álvaro sorprendido.
¡Ja, Ja, Ja! ¡Te has asustado papá! -gritaron los niños.
El padre cogió a sus tres hijos, los metió en el coche y regresaron al hotel. Los niños estaban
muy tristes porque su padre no quería que estuviesen con esos contenedores. Su padre
estaba muy asustado. No podía haber unos contenedores parlantes. Llegaron al hotel y el
padre los mandó a la cama. Más tarde, los niños no podían dormir, entonces se escaparon
por la ventana y regresaron al lugar donde estaban los contenedores.
Al llegar al sitio, los contenedores ya no estaban, los buscaron y los encontraron debajo de
una gran montaña de basura. Desde ese momento se dieron cuenta de que debían de
hacer algo para que la gente reciclara.
Para empezar pusieron carteles por todas las calles. Algunas personas se paraban para
preguntarles sobre las tres erres. Los niños estaban muy emocionados porque los
ciudadanos mostraban interés, pero no era suficiente. Entonces pensaron en otra manera
para que toda la gente supiera la importancia de reciclar.
-
¿Por qué no hablamos con el alcalde? -dijo Cristina.
¡Sería buena idea! -dijo Jose.
Entraron al ayuntamiento y el alcalde les dejó pasar a su despacho. Los niños explicaron al
señor los problemas de su ciudad.
-
Necesitamos que haga algo para que las calles no estén tan sucias -dijo Cristina.
-
¡Es una idea genial! -dijo el alcalde.
¿Y qué podemos hacer? -dijo el alcalde.
¡Ya sé! Podemos poner carteles en cada contenedor explicando lo que hay que tirar en
cada uno. Y cuando cada persona tire al contenedor adecuado su basura, ellos les darán
las gracias a la gente. -dijo Jose.
El alcalde junto con los niños empezó su plan y funcionó. La ciudad se quedó muy limpia y
los contenedores muy contentos.
-
¡Qué bien! ¡Por fin me tiran basura orgánica y no plásticos ni papeles! -dijo Grisilla.
¡Y yo solo voy a comer cartón! -dijo Azulón.
¡Ummm, y yo vidrio! -exclamó Verdita.
¡Pues yo me voy a hinchar a plásticos! -se relamió Amarillita.
Y finalmente, todos estaban muy contentos. El alcalde cambió el nombre de la ciudad. A
partir de ahora se llamaría RECICLATOR.
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