ME SIENTO MAL: ACTIVADO

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Siglo nuevo
sólo tiene el nombre pues acarrea lo
que el atletismo no produce: problemas de salud.
En el transcurso del ‘Lupe-Reyes’
las salas de urgencias médicas suelen
saturarse de personas que llegan presentando problemas por su exageración al comer y al beber, además de
complicaciones relacionadas con la
diabetes, los padecimientos cardiovasculares y la obesidad. Sin embargo,
son incontables los individuos que comentan entusiasmados: “¡Ya va a empezar el maratón!”, y en el transcurso
de éste compiten por ver quién va acumulando mayor número de asistencia a posadas, más desvelos y más alcohol consumido, presumiendo las
crudas como si fueran motivo de orgullo. Algunos incluso llegan a pasar varias horas en el hospital conectados a
un suero por el grado de intoxicación
alcanzado; sólo para salir a repetir su
papel de ‘bebedores heroicos’ en la siguiente fiesta.
Los expertos apuntan que en esto
influye tanto la ya mencionada permisividad social (la mayoría encuentra
simpático que alguien se emborrache
en una posada), como la falsa concepción general de que la felicidad va ín-
timamente ligada al exceso. Nos creemos obligados a ‘sentirnos bien’ a fin
de estar acordes con el espíritu festivo de la época, que los demás vean lo
bien que la estamos pasando... y la forma que encontramos para hacerlo es
beber y comer mucho, desvelarnos terriblemente; ser ‘el alma de la fiesta’
aunque durante el día nos caigamos
de cansancio y veamos afectado nuestro rendimiento, por no decir que al
término de la temporada nos será difícil recuperar la rutina de sueño que
nuestro organismo requiere para estar bien. La disociación, el pensamiento mágico, atacan de nuevo: “No pasa
nada. Total, empezando el año te recuperas fácilmente”.
ME SIENTO MAL:
ACTIVADO
LL
os seres humanos podemos programarnos para
cualquier clase de circunstancias; el cerebro
tiene la capacidad de adaptarse a múltiples situaciones y
comportamientos. Por ejemplo si nos
lo proponemos, podemos hacernos a
la idea de vivir cómodamente en una
región con temperaturas bajo cero. Así, gran parte de la población mundial
se ha preparado para mostrar un ánimo positivo durante las fiestas decembrinas. Pero igualmente otro amplio
sector teme su llegada porque ve en ellas un sinónimo de sentirse mal, ya
sea triste, enojado o estresado.
“A mí las Navidades me deprimen”
es una frase común en estas fechas,
pues así como ciertos sujetos saborean por anticipado lo que comerán,
otros lamentan lo mal que se sentirán
aun antes de que comience diciembre.
Un ejemplo más de la programación.
Los detonantes de esa predisposición a la tristeza pueden ser varios.
Uno de los más comunes es la añoranza por los seres queridos que han fallecido, pues su ausencia en los momentos de fiesta suele resentirse aunque
ya hayan pasado varios años de su deceso. “Es un periodo de gran intensidad, la gente está más sensible, le
vienen más recuerdos. Evidentemente no es lo mismo si se trata de la primera Navidad en que esa persona ya
no está, a si es la quinta. El recuerdo
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