“La Tenencia de la tierra para la mujeres jóvenes Ayuujk según la

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Serie Jóvenes Rurales y Acceso a la Tierra
PROCASUR-FIDA
“La Tenencia de la tierra para la mujeres
jóvenes Ayuujk según la costumbre y la
Ley Agraria del Estado mexicano”
Carolina Vásquez García.
Oaxaca, México.
Diciembre 2014.
Serie Jóvenes Rurales y Acceso a la Tierra
PROCASUR-INTERNATIOANAL LAND COALITION-FIDA
“La Tenencia de la tierra para la mujeres
jóvenes Ayuujk según la costumbre y la
Ley Agraria del Estado mexicano”
Carolina Vásquez García.
Oaxaca, México.
Diciembre 2014.
CRÉDITOS
Esta investigación es resultado de la beca concurso de investigación
Juventud Rural y Acceso a la tierra, otorgado por la Corporación PROCASUR.
das
Tabla de contenidos
1. Introducción
6
2. AYUUJK JÄÄ´ÄY: Contexto de la región Mixe
3. Antecedentes históricos de la transformación de la propiedad comunal en el territorio Mixe.
7
7
4. El reconocimiento de los ejidos y comunidades en la reforma agraria de México 10
5. Propiedad ejidal y comunal en la ley agraria de 1992 11
6. Los derechos de las mujeres jóvenes en el régimen Ejidal y comunal
13
7. Formas de acceso a la tierra comunal en mujeres y hombres mixes 14
7.1 Cargos comunitarios: las autoridades agrarias comunales o ejidales 16
8. La experiencia de las mujeres jóvenes Ayuujk en el acceso a la tenencia de la tierra comunal
17
8.1 Tu´knë´m-Tamazulápam
17
8.2 Comuneros y comuneras de Tamazulápam
18
8.3 Las construcciones de género y juventud en la cosmovisión Mixe del Wejën Kajën 18
8.4 Kiixye´ y wajtsyëjk: La experiencia en el acceso a la tierra 20
8.5 El acceso de las mujeres jóvenes a la tierra según la costumbre familiar y comunitaria
21
9. Reflexiones finales
23
Referencias Bibliográficas
25
-4-
Agradecimientos
Se agradece al Programa Regional Juventud Rural
Emprendedora, apoyado por el Fondo Internacional de
Desarrollo Agrícola (FIDA), por la oportunidad de ser parte de la
Investigación: Jóvenes Rurales y Acceso a Tierra, lanzada por la
Plataforma de América Latina y El Caribe de la International Land
Coalition (ILC ALC), bajo la coordinación de PROCASUR.
Agradezco a las personas que me ayudaron a concretar
este trabajo; gran parte de ella condensa los avances de un
reflexión conjunta entre mujeres y jóvenes, en específico de
Tlahuitoltepec y Tamazulápam, gracias el apoyo de autoridades,
mujeres participantes, de Verónica Vázquez García que me
apoyó en el año 2010, y sobre todo de la Sociedad Mexicana
Pro Derechos de la Mujer Semillas A.C. que sigue fortaleciendo
la Red Nacional de Mujeres Indígenas Tejiendo derechos por la
Madre Tierra y Territorio (RENAMITT).
-5-
1. Introducción
En varios estudios se ha hecho referencia a la situación de las
mujeres de los pueblos originarios respecto a los “derechos
colectivos a la tierra y la demanda de la igualdad de género
en estos derechos” (Deere y León, 2002: 284), encontrando
tensiones que persisten hasta la actualidad debido a la
ausencia de estrategias y elementos que respondan creativa y
dialógicamente a la demanda de los derechos de las mujeres.
[Si bien,] México fue, en 1971, el primer país latinoamericano que
estableció la igualdad jurídica formal entre hombres y mujeres
en su legislación agraria. Sin embargo, las reglamentaciones
de los ejidos especificaban que cada familia tenía derecho a ser
representada por solo un miembro, que, de acuerdo con el uso
y las costumbres tradicionales, era el jefe de hogar varón. Por
consiguiente, aunque el estado concedió a todas las mujeres
adultas derechos a la tierra, la participación en los ejidos y los
derechos efectivos a la tierra se limitaban a las jefas de hogar
mujeres. No obstante, los derechos de usufructo en el ejido se
consideraban como patrimonio familiar, otorgando a todos los
miembros del hogar acceso a la tierra y a otros recursos (Deere
y León, 2002:315).
Para el caso de las mujeres jóvenes y su acceso a la propiedad
de la tierra comunal, podemos afirmar que esta población ha
quedado silenciada en las narraciones e investigaciones.
En este sentido, el presente estudio busca analizar los
mecanismos de acceso a la tierra para las mujeres jóvenes
Ayuujk considerando el régimen de dos sistemas normativos: la
Legislación Agraria Mexicana y el sistema normativo propio de
las comunidades Mixes como pueblos originarios.
Al respecto, se pretende revisar ambos marcos normativos y
presentar las miradas de las mujeres jóvenes Ayuujk respecto
de su acceso a la propiedad de la tierra comunal, centrándose
este estudio en abordar las situación de los derechos de género
a la tierra comunal en el pueblo de Tamazulápam Mixe, ubicado
en Oaxaca, México.
Por lo tanto, el propósito es analizar a través de experiencias
locales, las prácticas culturales comunitarias que regulan el
acceso a la tierra para las mujeres jóvenes Ayuujk. Esta reflexión,
se aborda desde una visión de género como categoría de análisis
crítica, y desde la perspectiva de la juventud que apuntala a un
rango específico de edad.
A nivel metodológico, es preciso señalar que esta investigación
se ha estructurado desde un enfoque cualitativo, que posibilita
procesos de construcción de conocimientos desde el imaginario
de los propios actores, en este caso, las mujeres jóvenes Ayuujk.
-6-
Además, como mujer investigadora miembro de la cultura
Ayuujk y de la Red Nacional de Mujeres Indígenas “Tejiendo
Derechos por la Madre Tierra y Territorio” (RENAMITT), se ha
generado en mí la necesidad de involucerarme en esta reflexión
y compartir desde mi experiencia, sin distanciarme de mi
comunidad de origen, cuestionando los procesos históricos que
refuerzan los desequilibrios, la discriminación y la creencia de
que las mujeres no podemos acceder a la tierra.
En tanto, la lengua Ayuujk es un elemento central de análisis
en esta investigación, pues a través de ella se explorarán las
conceptualizaciones y categorías asociadas a las prácticas
culturalmente establecidas en la vida de las mujeres jóvenes,
siendo palabras que condicionan y sitúan a los géneros y la
etapa etaria, de acuerdo al espacio y el tiempo.
Cabe mencionar, que en el marco del proceso de recopilación
de información, se realizó un Taller Participativo de reflexión
colectiva denominado: “Jóvenes Ayuujk: Tierra, territorio
comunal y la ley agraria del Estado mexicano”, en el que
participaron 9 jóvenes de los territorios Mixes de Tlahuitoltepec
y Tamazulápam, siendo 7 de ellos hombres y 2 mujeres en
edades de 20 a 38 años. A la vez, cinco de los asistentes son
estudiantes de la Universidad Intercultural del Cempoaltépetl de
Tlahuitoltepec (UNICEM) y el resto son jóvenes de Tamazulápam.
Las dos mujeres participantes son originarias de Tlahuitoltepec,
casadas y con hijos.
Además, se realizaron dos entrevistas en profundidad a mujeres
jóvenes casadas de la comunidad de Tamazulápam de 26 y 34
años. Dichas mujeres, probablemente accedieron a compartir
sus testimonios acerca de las pautas culturales para el acceso
a la tierra pues no son oriundas de la comunidad mientras
que las otras mujeres oriundas de la comunidad no quisieron
acceder a ser entrevistadas, situación que puede evidenciar la
complejidad y profundidad de la temática a nivel comunitario.
El territorio Mixe se caracteriza por ser topográficamente
accidentado y se demarca la existencia de tres zonas que integran
un total de 19 municipios, dentro de las cuales la parte alta la
componen los municipios de Santa María Tlahuitoltepec, Ayutla,
Asunción Cacalotepec, Tepantlali, Tepuxtepec, Tamazulápam
del Espíritu Santo y Mixistlan de la Reforma; la parte media
se conforma por los Municipios de Totontepec, Asunción
Cacalotepec, San Pedro Ocotepec, Atitlán, Santa María Alotepec,
Juquila Mixes, Camotlan, Zacatepec, San Juan Cotzocón y
Quetzaltepec; y la zona baja por los Municipios de San Juan
Mazatlán y Guichicovi.
Según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI,
2010) la población hablante de la lengua Mixe es de 132,897
personas, de las cuales son 63,092 hombres y 69,667 mujeres.
El catálogo de Lenguas Indígenas Nacionales (INALI, 2010)
menciona que existe una agrupación y familia lingüística
conformada de la siguiente manera:
Tabla 1: Agrupación lingüística Mixe, familia Lingüística: MixeZoque.
Autodenominación
Mixe alto del norte
Ayöök
Mixe alto del centro
Ayuujk (alto del centro)
Mixe alto del sur
Ayuujk
Mixe medio del este
Ayuujk (medio del este)
Mixe medio del oeste
Eyuk
Mixe bajo
Ayuk
Fuente: Catálogo de las Lenguas Indígenas Nacionales (INALI, 2013) en
Vásquez, 2013: 38.
3. ANTECEDENTES HISTÓRICOS DE LA
TRANSFORMACIÓN DE LA PROPIEDAD COMUNAL EN
EL TERRITORIO MIXE.
2. AYUUJK JÄÄ´ÄY: CONTEXTO DE LA REGIÓN MIXE
México se caracteriza por su riqueza y diversidad étnica, contándo
a la fecha con 62 grupos etnolinguisticos cuyos hablantes
representan un total de 10.220.862 personas según datos de la
Cominsión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas
(CDI, s/f). Entre ellos, se cuenta el pueblo Ayuujk Jää’äy o Mixes,
originarios hablantes de la lengua Ayuujk-Mixe y habitantes de
territorios en el Estado de Oaxaca, al suroeste de México.
Variante
Durante el proceso de colonización, los pueblos originarios
experimentaron cambios en el trabajo, distribución y
fragmentación de las tierras comunales por las exigencias
de “nuevas cargas fiscales, la vigilancia de sus cofradías y los
intentos de privatizar sus campos de cultivo” (Florescano y
Menegus en Arrioja, 2008:246). Ante esto, “las autoridades
-7-
novohispanas de la segunda mitad del siglo XVIII se encargaron
de instrumentar un proyecto político” (Arrioja, 2008:247) frente
a las tierras comunales, considerado en un primer momento a los
territorios de los pueblos indios como “entidades corporativas
definidas jurídicamente”, protegidas por mandato real para no
ser enajenadas ni transferidas, sino en casos muy específicos y
con anuencia de la corona española.
El proceso de injerencia de las normas corporativas y pago de
tributos en pueblos y comunidades se vislumbra mayormente
entre los años 1740 a 1750, marcando las primeras
manifestaciones de las políticas de control en contra de las
tierras y los bienes indígenas (Arrioja, 2008:248).
Adscribiendo esta situación histórica al pueblo Mixe, podemos
señalar que es una de las naciones que durante la invasión
española no fueron conquistadas militarmente en su totalidad.
Según las indagaciones del etnohistoriador Franco (2012), “la
primera incursión de los españoles en tierras mixes fue por
1521 en el territorio de Anyukojm (Totontepec), y ahí mismo son
derrotados por primera vez en Tëpëtskojm (Tiltepec, hoy agencia
de Totontepec) (Franco, 2012: 53 en Vásquez, 2013:41).
En tanto, durante el periodo de la invasión militar española,
menciona Beals (1998:131), las comunidades mixes se
encontraban dispersas:
En la época de la conquista, los patrones de asentamiento
eran muy dispersos. Citando a Burgoa, Beals afirmó que las
agrupaciones de asentamiento de las rancherías aborígenes
correspondían a los grupos sanguíneos. De acuerdo con su
opinión, el “pueblo” mixe, fue introducido por los españoles,
y en la década de los 1930, distinguió tres tipos de pueblos:
los centralizados (Totontepec, Metaltepec, Zacatepec, Atitlán y
Juquila); los del centro Vacante (Tlahuitoltepec, Cacalotepec y
Ayutla) y los asentamientos dispersos (como Mixistlan) (Beals,
1998 en Chance, 1998:131 en Vásquez, 2013:49).
En términos de la organización sociopolítica y territorial del
pueblo Mixe, la época de la colonia marcó un hito histórico
en su registro pues en el año de 1743 “el alcalde mayor Juan
Francisco de la Puerta, quien en un lapso de ocho meses visitó
-en Villa Alta Oaxaca- 71 de los 110 pueblos de la provincia”
(Arrioja, 2008:248). A través de este registro, se estimó la tierra
destinada para el cultivo de la milpa y los bienes que se poseian
en las comunidades. El total de pueblos Mixes visitados fueron
dieciocho “de las cuales 16 con milpas común, 2 con ganado
común y 7 con más de 50 pesos en las cajas de la comunidad”
(Arrioja, 200:249).
La información recabada, incluyó solo ciertos puntos estratégicos
de asentamiento ya que las comunidades Mixes vivían
dispersas y en zonas abruptas para su acceso. Por esta razón,
algunas comunidades no fueron registradas y en la información
aparecen pocos número del uso de la tierra con milpas
comunes. Consecuencia de ello, se inició un proceso de críticas
sobre la “mala distribución” en la propiedad comunal, desde
la perspectiva de las autoridades virreinales siendo uno de los
problemas el bajo ingreso de recursos en el pago de tributos y
en la caja de comunidad; por ende era necesario aplicar normas
en la propiedad comunal para su redistribución.
La redistribución de la propiedad comunal implicó quiebres
en la representación cosmogónica de los pueblos originarios
respecto de la tierra. Para el caso de los Mixes, la tierra “pertenecía
a los pueblos y comunidades administradas por las mismas
autoridades nativas con principios o reglas de reciprocidad. Los
pueblos poseyeron tierras de diversos orígenes y por distintos
derechos, y que tuvieron formas muy particulares de concebir la
propiedad agraria” (Arrioja, 2008:260).
La propiedad comunal no puede ser entendida desde el
sometimiento y la práctica de individualizar la tierra; prohíbiendo
que las tierras de uso común se transfieran, hereden o se vendan
a personas o instituciones (religiosas, empresas); los espacios
comunales son de todos los seres vivientes que habitan en ellos.
La tierra para las comunidades del pueblo Mixe contiene
diversas significaciones, se basa en principios de reciprocidad
y prácticas como el tequio o la ayuda mutua, que garantizan
la alimentación en la familia y la cohesión social comunitaria.
En el ámbito familiar, el tequio o la ayuda mutua consiste en
la correspondencia y participación de trabajar colectivamente
la tierra para la producción agrícola; de igual forma en las
ceremonias y rituales familiares.
En la comunidad, el tequio, es una forma de reproducir el trabajo,
las estructuras de poder y ceremonias colectivas; se manifiesta
en el ejercicio de cargos comunitarios gratuitos, en el cuidado
y limpieza de espacios colectivos –caminos, colindancias y en
-8-
espacios rituales- y en las fiestas de las comunidades. El ejercicio
del tequio, se basa en elementos simbólicos que comprometen
la tierra, vida, lengua, conocimientos, lazos sociales y políticos
entre personas y comunidades.
Respecto a los efectos de la relación pago de tributos y trabajo
agrícola en la tierra comunal, Arrioja (2008) menciona el caso de
Villa Alta -pueblo Zapoteco de Oaxaca que colinda con los Mixes
de la parte alta-, “antes de 1740 númerosos indios comenzaron
a producir en forma individual excedente de grana, vainilla,
algodón, pulque, pita y mantas, lo que les permitió acumular
un capital personal (…) los cabildos indios posibilitaron
la reducción de algunos terrenos colectivos en parcelas de
repartimiento” (Arrioja, 2008: 277).
En el caso de los Mixes parece ser que hubo resistencia en
cuanto al pago de tributo y de fraccionar sus tierras comunales,
por ejemplo en el caso de la zona alta, Arrioja (2008) menciona
algunas narraciones de prácticas de resistencia1 para participar
en las reuniones, de pagar sus tributos, de reconocer sus deudas
frente a los criollos. En algunos casos “asistían voluntariamente
y otros eran llevados por la fuerza para pagar lo que debían”
(Arrioja, 2008: 272).
En cuanto a los procesos históricos de redistribución de la tierra,
en algunos territorios Mixes se generó la consolidación de
comunidades “centralizadas” con cambios en la organización
social y política, por ejemplo la transformación de cabildos con
la aceptación de discursos de derechos y leyes anticomunales,
instaurado por la iglesia y el Estado, para regular la vida, el
trabajo y la tierra.
Claramente la redistribución y desamortización de las tierras de
uso común en el pueblo Mixe fue en base a reglas de pagos
de tributos para acumular capital de recursos y cumplir órdenes
asegurando la permanencia en las parcelas.
A la vez, durante este proceso se gestaron resistencias políticas
y enfrentamiento entre pueblos, contándose en el año 1824
Probablemente las prácticas de resistencia era vivir y trabajar en zonas
abruptas de difícil acceso para los españoles. Otra, antes de la colonia, la
organización y control comunal, social, política y económica de trabajar la tierra
no era en base a “leyes” de posesión individual, contrarias a las visiones de la
iglesia y estado occidental. La perspectiva comunal de trabajar la tierra siempre
fue de todos los seres que habitan en ella y por tanto la defensa y resistencia
también es comunal.
1
enfrentamientos internos entre los Mixes por las formas de
control sobre la tierra. Las implicaciones, en este hito histórico,
fueron la agudización de conflictos agrarios entre pueblos,
la redistribución desigual de las tierras, los privilegios de
personas, familias y usurpadores que “falsificaron pruebas,
compraron testigos, y se hicieron pasar como descendientes de
caciques” (Arrioja, 2008:266). Pero sobre todo, las autoridades
nativas o comunitarias perdieron peso frente a las instituciones
del Estado para la resolución de conflictos y redistribución de
las tierras.
Debido a que los actos de individualizar la propiedad comunal
no tuvieron grandes efectos en las comunidades del pueblo
Mixe; continuaron las críticas y las reformas que buscaban
desamortizar las tierras comunales. Por ello, “el 25 de Julio de
1856 el gobierno federal promulgó la Ley Lerdo, una ley que
estaba encaminada a convertir las riquezas corporativas en
activos líquidos y con esto promover la creación de un sector
rural de pequeños propietarios que, a su vez, contribuyera en
el desarrollo económico y la modernización de los estados”
(Arrioja, 2008:271).
A partir de la Ley Lerdo se desampararon las tierras comunales
de los pueblos indígenas. En el contexto de los pueblos Mixes
de la parte alta, fue una muestra de las intenciones políticas
del Estado para controlar la estructura comunitaria, decidir
sobre la tenencia comunal y seguir rompiendo los principios
de reciprocidad. Según Arrioja (2008) “en el territorio Mixe se
desvincularon terrenos en los pueblos de Santa María Mixistlan,
San Cristobal Chichicastepec, San Juan Juquila Mixes, Asunción
Cacalotepec y San Miguel Quetzaltepec; mientras que en Santa
María Alotepec y Santiago Zacatepec y Santa María Totontepec
se desamortizaron bienes y propiedades que controlaban las
cofradías” (Arrioja, 2008:274).
En la parte baja del territorio Mixe, encontramos efectos claros
de la ley de desamortización mediante la adopción del régimen
de propiedad ejidal o privada como una forma de uso y tenencia
de sus tierras, tal es el caso de algunas agencias municipales
de Cotzocón. Otro de los casos de la Mixe baja es Jaltepec de
Candayoc con una larga historia de resistencia y lucha de
despojo y arrebato de sus tierras comunales.
De manera general, hemos aludido los efectos de los procesos
de la ley de desamortización en tierras comunales en el contexto
-9-
del pueblo Mixe. Sin embargo, es necesario mencionar que no
fueron homogéneas para todos los municipios y comunidades
Mixes, en el caso de algunos municipios de la parte alta
los procesos fueron lentos. Hasta en el año 2005 existieron
comunidades que compartían un solo tronco común para
trabajar sus tierras, denominadas pueblos mancomunados -San
Pedro y San Pablo Ayutla Mixe, Tamazulápam del Espíritu Santo,
Santa María Tepantlali, Santo Domingo Tepuxtepec y Santa
María Tlahuitoltepec-.
individuales que solo se podían transmitir los derechos de
usufructo a otros miembros de la familia mediante la herencia
(intransmisibilidad); los derechos a la tierra no se podían vender
a personas que no fueran miembros del ejido (inalienabilidad,
alquilar a forasteros (imprescriptibilidad) o utilizarse como
garantía (inembargabilidad). Las reglas establecían que las
parcelas en usufructo dentro de los ejidos constituían parte del
patrimonio familiar” (Baitenmann, 1997:296 en Deere y León,
2002:92).
En la actualidad, dos Municipios San Pedro y San Pablo Ayutla
Mixe siguen sin delimitar sus tierras por conflictos agrarios.
Además, las comunidades y autoridades comunitarias se ven
presionadas para adoptar discursos y leyes agrarias, muchas
veces bajo condicionamiento de políticas de “desarrollo” y con el
objetivo de lograr un dominio legal sobre las tierras en disputa,
recibiendo para ello el apoyo de instituciones de gobierno cuya
voluntad es profundizar los procesos de desamortización de la
propiedad comunal en el territorio Mixe.
Posteriormente, en 1920 se promulga la Ley de Ejidos “para
implementar el artículo 272 de la Constitución de 1917” (Arizpe
y Botey, 1987:70 en Deere y León, 2002:92). Es importante
señalar que en el artículo 27 de la Constitución de 1917 no
reconoce el territorio de los pueblos y comunidades indígenas
específicamente, solo como núcleos de población, es decir
“núcleo agrario a una unidad de tenencia de la tierra, ya sea
ejidal, comunal o de pequeña propiedad” (Valdivia, 2007:3).
4. EL RECONOCIMIENTO DE LOS EJIDOS Y
COMUNIDADES EN LA REFORMA AGRARIA DE
MÉXICO
A la luz de lo expuesto en los párrafos anteriores, puede decirse
que las transformaciones de tierras comunales de los pueblos
indígenas han sido el reflejo de los efectos de ordenanzas
construidas por la Corona primero y luego por el Estado; siendo
evidente que las tendencias políticas e intereses económicos
imperantes ven en las tierras comunales una barrera pare el
“desarrollo” en los pueblos indígenas.
A pesar de esta situación, comunidades y pueblos campesinos
e indígenas muestran resistencia y luchan por conservar sus
tierras comunales; ante esto, se gestaron grandes procesos de
revoluciones sociales y políticas con la finalidad de garantizar
y seguir trabajando y viviendo de la tierra comunal. Por ello,
“la Reforma Agraria mexicana nació de la revolución de 191017, cuyo impacto en este caso fue hacer que casi la mitad del
territorio nacional mexicano se dividiera en cerca de 29.659
ejidos y comunidades indígenas” (Deere y León, 2002:90).
La Ley Agraria mexicana, dentro sus fraccionados, conceptualiza
la gobernanza de las tierras comunitarias indígenas y los
ejidos: “La tierra por lo general se redistribuía a familias
“Establece que la propiedad de las tierras y aguas, comprendidas dentro de los
límites del territorio nacional, corresponde originalmente a la Nación, la cual ha
tenido y tiene el derecho de transmitir el dominio de ellas a los particulares,
constituyendo la propiedad privada. Reconoce, en su fracción VII, Los núcleos
de población, que de hecho o por derecho guarden el estado comunal,
tendrán capacidad para disfrutar en común las tierras, bosques y aguas que
les pertenezcan o que se les hayan restituido o restituyeron. (Constitución
Federal de 1917 en Departamento de Documentación Legislativa – SIID, 05-021917). En este sentido, se reconoce tanto la categoría ejidal y comunal como
propiedad agraria.
2
- 10 -
Según los estudios de Vázquez (2001) “La ley Ejidal de 1927
ha sido modificada varias veces desde que fue creada (…).
Por su parte, los cambios de 1992 crearon el marco legal para
la compra-venta y la inversión privada en tierras ejidales”
(Vázquez, 2001:2). En relación con los cambios de la Ley
Ejidal en 1992, según Almeida (2009) la Ley Agraria “ofreció
el marco legal para privatizar los derechos de la propiedad de
la tierra social y transformar la tenencia ejidal. Con esta ley
es decretado el fin del reparto agrario, al mismo tiempo que
se implementa un sofisticado programa de certificación3 de
derechos a la propiedad, cuyo objetivo fue ofrecer certidumbre
a la tenencia de la tierra” (Almeida, 2009:15). La preocupación
mayor fue por la propiedad ejidal y comunal ya que el interés
de la certificación de derechos buscó transformar la propiedad
comunal a titulación individual de las tierras.
Si bien, por primera vez se nombra y se reconoce a los pueblos
originarios como “grupos indígenas” no hay referencias claras
para establecer cuáles son las características de su “propiedad
como grupo”, tampoco de sus procesos de regulación de tierras.
En la Reforma Agraria vigente no aparece la “propiedad de
grupo indígena” porque en su última modificación en el año de
1992 solo prevalece la propiedad de ejidos y comunal, en donde
también se encuentran asentamientos de población indígena.
En este sentido, a continuación se presenta un cuadro
comparativo que evidencia las características y diferencias de los
tipos de propiedades que se reconocen en la vigente Ley Agraria
mexicana de 1992.
5. PROPIEDAD EJIDAL Y COMUNAL EN LA LEY AGRARIA
DE 1992
La Ley Agraria de 1992, vigente, es reglamentaria del artículo
27 Constitucional en materia agraria. En su última modificación,
aprobada por el Senado de la República el 10 diciembre de
2013, reconoce en su fracción VII, la propiedad de grupos
indígenas, estableciendo que “la Ley protegerá la integridad
de las tierras de grupos indígenas. La Ley considera el respeto
y fortalecimiento de la vida comunitaria de los ejidos y
comunidades, protegerá la tierra para el asentamiento humano
y regulará el aprovechamiento de tierras, bosques y aguas de
uso común y la provisión de acciones de fomento necesarias
para elevar el nivel de vida de sus pobladores” (Artículo 27 en
Constitución Política, 2014:74).
Las modificaciones de la Ley Agraria “también trajo consigo el Programa de
Certificación de Derechos Ejidales y Titulación (PROCEDE), cuyo objetivo es dar
“a cada ejidatario [sic], a cada posesionario y a cada avecindado un certificado
definitivo de sus derechos agrarios y el título de propiedad del solar en el que
viven”. La decisión de certificar los derechos agrarios se toma en asamblea, a la
que debe asistir 75% de los ejidatarios(as) y debe ser por mayoría calificada de
dos terceras partes de los y las asistentes (SRA: 1998:190-191) en (Vásquez,
2001:9). Este programa, PROCEDE, y según algunas investigaciones no duró
mucho, ni tuvo efectos positivos en la vida de las comunidades; por tanto,
habría que revisar sus efectos en las comunidades ejidales/comunales de
Oaxaca y en la vida de las mujeres.
3
- 11 -
Propiedad Privada
Ejidal
Comunal
Nace mediante el dominio Nacieron como una unidad de dotación.
pleno de los bienes a los
particulares
Se les reconoció y tituló su posesión inmemorial o
se les restituyó.
La transmisión de la Son ejidatarios los hombres y las mujeres
propiedad es a una sola siempre y cuando cumplan los criterios
persona
y derechos ejidales que determina las
autoridades agrarias.
Por lo general se reconocen comuneros, y en el
patrimonio familiar el privilegio y reconocimiento
social comunitaria mayoritariamente es el hombre,
como jefe de familia.
Las Ejidatarias son reconocidas mediante la El comunero o la comunera trabajan un pedazo de
certificación de derechos agrarios.
tierra, en algunas partes sin registro, es decir no
tiene documento registrado por el gobierno donde
Las posesionarias corresponden a una nueva se diga que es auténtico dueño de todo, del terreno
figura a partir del año 1992.
y del trabajo. En dado caso, solo puede tener una
constancia de posesión por parte de sus autoridades
Las avecindadas son mujeres que viven en agrarias.
las áreas urbanas de los ejidos, poseen un
derecho de propiedad sobre el solar, pero no En algunas partes reconocen a las mujeres y jóvenes,
tienen derecho sobre las tierras parceladas y hombres, como comuneros siempre y cuando
de uso común.
cumplan responsabilidades de cuidado familiar y
efectúen los requisitos comunales, ejemplo: cargos
comunitarios.
El aprovechamiento es El aprovechamiento de sus tierras es por lo El aprovechamiento de la tierra es familiar y comunal.
individual
general individual.
El papel del matrimonio en jóvenes, en algunos
casos, es factor para asumir responsabilidades y
posesión de una o más parcelas.
Se rige por el código civil, Se rigen por un Reglamento Interno ejidal Se rigen por un Estatuto Comunal, en algunos casos,
mercantil.
para acreditar la calidad de ser ejidatarios.
considera los derechos de comuneros/as siempre y
cuando cumplan con la responsabilidad establecida
de acuerdo a sus normas internas
Está en compra venta
Apertura de libre mercado de las tierras. El Las tierras comunales son imprescriptibles,
“derecho al tanto” de las familias –cónyuge, inalienables, inembargables y no enajenables.
concubina o concubinario y los hijos- quienes,
en ese orden, gozarán el derecho del tanto.
Sujeta al código civil.
No tienen protección especial y son más Tienen protección especial establecida en el convenio
vulnerables a individualizarse.
169 de la OIT y la Constitución Federal, Artículo 2.
Indistinto, mexicano o Pueden o no tener presencia indígena en las Existe en su interior una diversidad y mayormente
extranjero
comunidades ejidales.
con presencia de pueblos indígenas.
El estado brinda una Es una organización diseñada por el estado.
atención preferencial
Propiedad individual
Posen un sistema propio de distribución de la tierra
en su interior, así reconocida por su asamblea.
La propiedad de sus tierras es más individual La propiedad de la tierra posee principios de
que colectivas.
reciprocidad y trabajo colectivo.
- 12 -
Los resultados del Censo Agropecuario 2007 “VIII Censo Agrícola,
Ganadero y Forestal”, mencionan que “según la superficie total
de las unidades de producción, en Oaxaca encontramos un 33%
de régimen Ejidal, 41% de régimen Comunal y 25% de régimen
Privado” (INEGI, 2014: s/n). Debido a la gran proporción de
población indígena residente en el Estado de Oaxaca, que
cuenta con el mayor número de pueblos indígenas a nivel
nacional, es de suponer que los ejidos y comunidades presentes
en este territorio correspondan a población indígena.
6. LOS DERECHOS DE LAS MUJERES JÓVENES EN EL
RÉGIMEN EJIDAL Y COMUNAL
La situación de las mujeres jóvenes indígenas en el acceso y
posesión de la tierra comunal no se ha reflexionado de manera
amplia y situada. Aún queda un largo camino que recorrer en
distintos niveles. Más aún, “no hay muchos datos desagregados
por sexo, y edad, sobre la distribución de tierra en la propiedad
comunal y sobre quiénes controlan la tierra. Por ejemplo, se
sabe que las mujeres en –algunas- comunidades campesinas
e indígenas generalmente no participan en las reuniones
comunitarias ni en la gobernanza, que es el espacio donde se
toman decisiones sobre la distribución y uso de la tierra. También
se sabe que las parcelas de cultivo controladas por la familia se
traspasan a los hijos, muy rara vez a las hijas” (Lastarria-Cornhiel,
2011: 22).
En lo que respecta a los procesos de cambio de la vigente Ley
Agraria 1992, en las mujeres jóvenes se observa mayormente
un retroceso en el ejercicio de sus derechos a ser ejidatarias,
avecindadas y posesionarias. Aunque en el artículo 15 de dicha
Ley, se ven las luces de apertura hacia jóvenes de cualquier edad
no se consideran criterios para el acceso y disfrute de los derechos
de las mujeres. Entre las disposiciones que se mencionan, se
cuentan el tener familia a cargo o ser heredero de ejidatario, es
decir, se cimientan bases que favorecen la posesión por parte
de hombres jóvenes jefes de familia, quienes cuentan con el
privilegiio familiar a ser considerados herederos, perdiendo
de facto las mujeres jóvenes los derechos a la herencia pues
generalmente ellas solo son consideradas como esposas o hijas
que cuando dejan el solar de sus padres lo hacen para vivir en
la casa de su pareja.
La misma Ley Agraria de 1992, en su Art. 71 sobre el uso común
de la tierra en ejido y comunal estipula que: “La asamblea
podrá reservar el deslinde de una superficie en la extensión
que ella determine, localizada de preferencia en las mejores
tierras colindantes con la zona urbana, que será destinada al
establecimiento de una granja agropecuaria o de industrias
rurales aprovechadas por las mujeres mayores de dieciséis años
del núcleo de población. En esta unidad se podrán integrar
instalaciones destinadas específicamente al servicio y protección
de la mujer campesina” (Almeida, 2009:22).
Es interesante la lectura de dicho articulado en contexto de
la tenencia ejidal y comunal ya que incorpora las Unidades
Agrícolas Industriales para la Mujer (UAIM), propiciando
condiciones para el trabajo de grupos de mujeres mayores de
dieciséis años, siendo su objetivo la implementación de una
política pública enfocada a promover proyectos de “desarrollo”
en mujeres rurales e indígenas “pobres”. Entre sus características
“deberán estar conformadas por esposas e hijas de ejidatarios
interesadas en iniciar un proyecto productivo” (Arizpe y Botey,
1987:70 en Vázquez, 2001:7).
De acuerdo con Almeida (2009), la UAIM “no funcionó en
gran parte del país porque justamente en los cambios de la
Ley Agraria de 1992 se eliminó la obligación de los ejidos en
dar una parcela para un grupo de mujeres; al presderse ésta
obligación quedó en manos de la asamblea ejidal y comunal
quienes deciden dotar o no de un espacio común de producción
agrícola. Con base a esta situación pocas mujeres lograron
consolidarse y convertirse en reales alternativas de empleo para
la mujer” (Almeida, 2009:23).
Desde este punto de vista, los derechos de las mujeres quedan
en desventaja, no solo en el ámbito legislativo, sino también
en los ejidales y comunales, ya que las prácticas de herencia
favorecen a los hombres y los espacios de toma de decisiones
para el uso común de espacios de producción económica los
deciden la asamblea comunal, espacio de diálogo y negociación
empapados por la participación mayoritaria de hombres.
Independientemente de la Ley, otro de los grandes obstáculos
que experimentan los jóvenes, y en específico las mujeres
jóvenes, casadas o sin pareja, es que gran parte de ellos/as no
participan en las asambleas ejidales y comunales, por cuanto
son espacios de toma de decisiones que demandan ritos de paso
- 13 -
comunal. Es decir, se exige tener una experiencia significativa
en la vida comunal: ejercicio de cargos, realización de tequio,
cooperación comunal, entre otras condiciones para participar y
tomar decisiones.
Esta situación, nos hace pensar que es necesario reflexionar,
de manera situada, más allá de las Leyes para comprender las
formas, los retos y las tensiones de acceso a la tierra por parte de
las mujeres jóvenes.
7. FORMAS DE ACCESO A LA TIERRA COMUNAL EN
MUJERES Y HOMBRES MIXES
Desde la perspectiva Mixe, la forma de distribución de la
tierra en casi todos los municipios tiende a respetar a las
unidades familiares con derecho a usufructo, sea ejidal o
comunal, asignando las parcelas en su mayoría a hombres
quienes representan al encargado familiar. En este apartado,
se reflexionará en torno al reconocimiento de los derechos al
régimen comunal en las comunidades Mixes.
Para adentrarnos al contexto y la situación de los mecanismos
de acceso a la tierra en las mujeres y hombres Mixes, tomaremos
como referente el estatuto comunal o reglamento comunitario.
El estatuto es uno de los instrumentos administrativos que
los pueblos Mixes, así como otros pueblos de Oaxaca, han
desarrollado con la finalidad de organizar el cuidado, protección
y defensa de la tierra, territorio y recursos naturales, además de
un instrumento para la regulación y solución de los conflictos
internos.
La forma de administrar y otorgar derechos a mujeres y
hombres, se organiza en base a reglamentos internos “orales
o escritos” de las instituciones comunitarias, la asamblea
comunal, autoridades y la familia. En las formas de organización
territorial y acceso a la tierra existen roles y posiciones además
de condicionamientos de género y edad que determinan los
derechos de las personas en la comunidad.
Para el caso de la comunidad Tlahuitoltepec, su estatuto comunal
presenta elementos relevantes de apropiación de articulos de la
Ley Agraria de 1992. Con el objeto de “regular la vida interna, así
como sentar las bases para la organización de ciudadanos y sus
autoridades en el desarrollo comunitario; de acuerdo a los usos
y costumbres, observándose en todo momento los principios
básicos de la libertad, justicia y el respeto a los derechos
humanos” (Estatuto comunal 2010).
Si bien en apartados anteriores hemos presentado de forma
comparativa el ser ejidatario y comunero. En el Estatuto
comunal de Tlahuitoltepec, en su orden de reconocimiento de
las personas aparece la caracterización de ser Comunero/a y
avencidado/a.
Por comunero/a se entiende toda persona reconocida, hombres
y mujeres, que trabajan un pedazo de tierra en la comunidad,
no necesariamente deben tener un título de propiedad en
el Registro Agrario Nacional (RAN). En algunos casos, las
autoridades agrarias avalan la posesión de sus parcelas
mediante un acta de posesión. La transferencia de solares y
parcelas, en gran parte, es mediante la herencia.
En el caso del avencidado/a, en el Estatuto comunal de
Tlahuitoltepec es la apropiación de la Ley Agraria 1992. Define
como avecindado a mujeres y hombres, no necesariamente
Mixes, que poseen un derecho de propiedad sobre el solar, pero
“no tienen derecho sobre las tierras parceladas y de uso común”.
Es interesante mencionar que, justamente este dato no es
claro en el Estatuto comunal pero aporta la diferencia entre ser
comunera y avecindada; situación que amerita ser reflexionada
aunque en esta investigación no se hará énfasis de ello.
Continuando con el reconocimiento de ser comunera y
comunero, es importante mencionar los requisitos para tener los
derechos comunales que se establecen en el Estatuto comunal,
destacando la participación en los cargos comunitarios,
asambleas, reproducción del tequio en la cooperación anual y
fiestas comunitarias.
En este sentido, en el articulado 60 del Estatuto comunal de
Tlahuitoltepec se estipula que:
Artículo 60.- Son comuneros los hombres y las mujeres, mayores de edad
de acuerdo a los usos y costumbres comunitarios, y titulares de los derechos
comunales otorgados por la comunidad, sobre sus parcelas que deben trabajar
quieta y pacíficamente.
Para los usos y costumbres de la comunidad se consideran mayores de edad
a los hombres y mujeres que hayan cumplido 18 años en pleno uso de sus
derechos civiles y políticos, o personas que ya hayan cumplido 16 años que
han formado una familia o tienen bajo su responsabilidad a algún miembro
de su familia y además que trabaje por su cuenta una parcela.
- 14 -
A través de este reglamento se da cuenta que la apropiación de
la Ley Agraria en el Estatuto deja en desventaja a las mujeres
jóvenes solteras respecto de su derecho de acceso a la tierra,
ya que está condicionada a tener una familia y trabajar por su
cuenta una parcela. Ello resulta complejo en cuanto el trabajo de
las parcelas, por lo general, se percibe en la memoria e historia
oral, como propiedad familiar, aunque en algunos casos se
tenga el acta de posesión a nombre de una persona.
En el siguiente artículo, se mencionan tres tipos de uso de la
tierra: la parcela, los solares para los comuneros/as y espacios
de uso común. Las parcelas son espacios de producción agrícola
familiar o comunal –comunal en cuanto se trabaja entre varias
familias- y los solares son los espacios de vivienda, en algunos
casos habitadas por una o tres generaciones, es decir por
madres-padres, hijos/as casados y nietos. Desde este punto de
vista:
Artículo 61.- Corresponde a los comuneros el derecho de uso y disfrute sobre
sus parcelas, los derechos que este Estatuto y la Asamblea establezcan respecto
de las tierras de uso común y de los solares para las viviendas.
Respecto a las tierras de uso común, en el Artículo 81 del Estatuto
comunal de Tlahuitoltepec es clara la apropiación del Artículo
71 de la Ley Agraria 1992, ya que las tierras de uso común son
pensadas para lo siguiente:
1. La parcela escolar, la que se destinará a la investigación,
enseñanza y divulgación de prácticas agrícolas que permita
un uso más eficiente de los recursos humanos y materiales
de la comunidad, potenciando la tecnología y los cultivos
tradicionales.
2. La unidad agrícola industrial de la mujer, que comprenderá
terrenos dedicados al establecimiento de actividades
productivas agrícolas y pecuarias y estar disponibles para
las iniciativas de las mujeres de la comunidad.
3. La unidad Productiva para las iniciativas y el desarrollo
integral de la juventud, en donde se realizarán actividades
productivas, culturales, recreativas y de capacitación para
el trabajo, para los hijos de los comuneros menores de 24
años de edad.
Desde esta perspectiva, el Art. 71 de la Ley Agraria 1992 y Art.
81 del Estatuto comunal, no limitan a la mujer su derecho y
calidad de ser comunera pero existen condiciones para su uso
y disfrute, como: ser jefas de familia, ser herederas o tener
un reconocimiento en calidad de heredera por la familia y
Asamblea. Por lo tanto, no es claro hasta qué punto, las mujeres
en general, son beneficiaras de los derechos plasmados en la
Legislación y en el sistema normativo de la comunidad que se
apropia de articulados de la Ley Agraria.
En el caso de mujeres jóvenes, en ambas perspectivas quedan
fuera de ser reconocidas como sujetas de derecho porque más
adelante, en el Art. 62 del Estatuto comunal, se mencionan como
criterios condicionantes el ser mayor de edad o cualquier edad
si tiene familia a su cargo, participar en asambleas y cumplir con
cargos comunitarios, funciones que desde las construcciones
tradicionales de género están reservadas a los hombres.
Tanto la participación en Asambleas como la detención de
cargos comunitarios en las festividades, son roles que cumplen
hombres mayores con reconocimiento sociocomunitario y
comprobada experiencia en la materia. La falta de trayectoria
e involucramiento en las dinámicas de la política comunitaria
obstaculiza a que los jóvenes, y especialmente las mujeres,
puedan ser sujetos de derecho para acceder a la tierra.
Entre otras de las prescripciones que se establecen en el Estatuto
comunal para obtener la calidad de comunero/a se cuentan:
Artículo 62.- Para tener la calidad de comunero se requiere:
1. Tener ascendencia, por la línea paterna o materna y practicar
una cultura y una vida Mixe.
2. Ser originario y vecino de la comunidad.
3. Ser mexicano por nacimiento, mayor de edad o cualquier
edad si tiene familia a su cargo o se trate de heredero de
comunero.
Artículo 63.- La calidad de comunero se acredita:
1. Con el trabajo permanente o frecuente sobre las parcelas,
reconocidas por la comunidad.
2. Con el certificado de derecho agrario de usufructo de los
Bienes Comunales, expedido por el Comisariado y la
Autoridad Local.
- 15 -
El trabajo permanente en las parcelas y legitimado por
la comunidad es importante puesto que si no existe un
reconocimiento se potencian los conflictos de herencia, ya que
la transferencia se da desde el reconocimiento a una persona
como posesionaria, quién puede ser el padre, el hijo o la hija
mayor –en algunos casos-.
En gran parte de las familias, es a los hombres a quienes se
les reconoce como posesionarios de la tierra, tengan o no acta
de posesión, a pesar de que la parcela que trabajan sea de su
esposa o pareja. En este caso, las mujeres casadas pierden el
reconocimiento sobre sus parcelas heredadas.
Ello da cuenta de que cuando las mujeres jóvenes son herederas
de parcelas, tienen bajas posibilidades de mantener su herencia
a lo largo de la vida porque por una parte, heredan la tierra
estando solteras o es un patrimonio que reciben cuando se
casan, y al momento de trabajarlo o al participar en las asambleas
solo se reconoce a su esposo como poseedor. Por otro lado, en
el caso de las mujeres que poseen una herencia y deciden no
casarse, enfrentan conflictos interfamiliares, son cuestionadas
por su estado civil de “soltera o sin pareja”, porque se piensa
que no podrán cuidar y trabajar la tierra durante largo tiempo
y por ende, la parcela puede ser despojada para sus hermanos,
sobrinos, entre otros familiares.
Hasta aquí, la revisión del estatuto comunal de Tlahuitoltepec en
el que se consideran los criterios para acreditar y tener la calidad
de comunero/a o comunera evidencia que las mujeres Mixes
siguen estando en desventaja en el acceso a la tierra respecto
de los hombres.
7.1 Cargos comunitarios: las autoridades agrarias comunales o
ejidales
A continuación se revisarán los requisitos para la detención
de los cargos agrarios en la organización sociopolítica de los
Municipios Mixes. Los cargos agrarios son relevantes en cuanto
regulan el cuidado, protección, distribución y validación de los
derechos de mujeres y hombres en las comunidades, sea a
partir de un estatuto comunal o de las experiencias del ejercicio
de “normas orales” en la familia, comunidad y en los espacios de
toma de decisiones y poder .
Según las investigaciones de Valdivia (2007:150), las áreas de
competencia jurídica del sistema normativo indígena que se
aplican con mayor apego a la Ley Nacional son precisamente la
Agraria, debido a que en ella se encuentran los bienes rurales,
tanto de particulares como del Estado, cuya protección forma
parte de los grandes objetivos del derecho nacional. Por esta
razón, generalmente, las normas jurídicas agrarias de la cultura
Mixe no contravienen los preceptos de la Ley Agraria Nacional,
además de que los ciudadanos Mixes de todos los pueblos
estudiados reconocen también la estructura y funciones de las
autoridades agrarias definidas en la Ley Nacional.
Para que un/a comunero/a o ejidatario/a pueda ocupar el cargo
de presidente del Comisariado es necesario que sea elegido
por la Asamblea de comuneros/as o de ejidatarios/as, a la cual
responden sus acciones y a la que le entrega cuentas de su
gestión.
En tanto, la Asamblea se encarga de elegir al cabildo de las
autoridades agrarias –el número de integrantes en la estructura
del cabildo varía en cada municipio, por lo general se compone
de un presidente, secretario, tesorero y auxiliares-. Las personas
que se eligen, hombres y mujeres, generalmente deben
cumplir con ser miembro de la comunidad, tener una trayectoria
y experiencia comunitaria en otros cargos –municipales y
agrarios- y obrar de forma gratuita, representando el ejercicio
de dichos cargos parte del ejercicio del tequio en el municipio.
En algunos municipios, tener un cargo implica que se vive en
el lugar, se trabaja y se cuenta con un solar y parcela propia,
condicionando el ejercicio de los mismos a las mujeres que
viven en casa pero trabajan la parcela de su familia.
En tanto, algunas de las funciones del Presidente del
Comisariado de Bienes comunales o ejidales son: representar
a los/as comuneros/as ante las instancias de autoridad agraria
nacional; realizar gestiones administrativas, ejecutar acuerdos
de la asamblea comunal, velar los derechos establecidos en
el estatuto comunal; informar a la asamblea de comuneros/
as sobre los trabajos planteados y realizados (por ejemplo
ejecución de proyectos, limpieza de letrinas, delimitaciones
de espacios comunales como ojos de agua, entre otras), cobrar
las cuotas anuales de comuneros/as e informar las cuentas de
ingresos y egresos en asamblea comunal.
- 16 -
Otra de las funciones es tratar de resolver los problemas
agrarios, internos y externos de su municipio. Generalmente
los problemas mayores como delitos penales, definir límites
territoriales, denuncias en la procuraduría agraria, resolución
de conflictos agrarios internos y externos, se resuleven de
manera coordinada con el Síndico Municipal y el Alcalde único
constitucional, éstos dos últimos forman parte del sistema de
cargos municipales.
Es interesante señalar que las mujeres no suelen ejercer como
representantes –específicamente Presidentes de Comisariadode autoridades agrarias comunales o ejidales, excepto en dos
municipio de los 19 que existen en la región Mixe.
Ello evidencia la gran brecha de género en la tenencia de cargos
agrarios. Sin embargo, recientemente en algunos Municipios,
como los casos de Tlahuitoltepec y Tamazulápam, las mujeres se
están incorporando en los cargos municipales como auxiliares o
suplentes de secretario y tesorero.
Una de las mayores implicaciones que genera la ausencia de
mujeres en cargos de representatividad como autoridades
ejidales/comunales, es la falta de participación en espacios de
toma de decisiones respecto de la tenencia de la tierra, afectando
las posibilidades de incidencia a nivel comunitario.
8. LA EXPERIENCIA DE LAS MUJERES JÓVENES
AYUUJK EN EL ACCESO A LA TENENCIA DE LA TIERRA
COMUNAL
En el apartado anterior hemos revisado la situación de los
derechos de las mujeres y jóvenes en la Ley Agraria 1992 del
Estado mexicano, así como las distintas formas de “apropiación”
y reconocimiento de los sujetos de derechos en el estatuto
comunal. En esta sección, nos interesa compartir la experiencia
de acceso y control de la tierra en propiedad comunal para
el caso de dos mujeres Mixes. Al respecto, se analizarán sus
experiencias como mujeres jóvenes casadas, una de 26 años
con una hija y otra de 34 años con dos hijos y una hija, que viven
en Tamazulápam.
8.1 Tu´knë´m-Tamazulápam
Tamazulápam se encuentra en la parte alta de la región Mixe
y cuenta con siete agencias de policía municipal: Tierra Blanca,
Linda Vista, Rancho el Señor, Las Peñas, El Duraznal, Cuatro Palos
y Tierra Caliente; y núcleos: Rancho Maguey y Santa Rosa. Según
los datos del INEGI en el Censo de Población y Vivienda 2010, el
Municipio cuenta con un total de 7.362 habitantes. Con 3.434
hombres y 3.928 mujeres.
Si bien, en apartados anteriores hemos mencionado en breve la
historia de los pueblos mancomunados en la región Mixe, cabe
especificar que en el año de 2007, en sentencia del Tribunal
Unitario Agrario Distrito 22 con sede en Tuxtepec Oaxaca, se
dictó la segregación de los pueblos mancomunados de Santa
María Tlahuitoltepec Mixe, Santo Domingo Tepuxtepec, Santa
María Tepantlali, quedando delimitados y reconocidos los
límites de régimen y tenencia de las tierras comunales entre
éstas comunidades. En cuanto a las otras dos comunidades,
Tamazulápam del Espíritu Santo y San Pedro y San Pablo Ayutla,
quedaron pendientes en su separación porque aún no se han
definido los límites territoriales, existiendo hoy en día el diálogo
entre éstas comunidades para su resolución.
En razón de ello, Tamazulápam representa un caso significativo
ya que es de los últimos Municipios que aún no tiene registro
agrario con delimitaciones y no cuentan con datos de comuneros
y comuneras registradas en el Registro Agrario Nacional (RAN).
Tampoco entró en la certificación de derechos ejidales y
titulación de solares, lo que regularmente impulsó el gobierno
mexicano en su programa PROCEDE.
Otro elemento que le es característico es es la ausencia de
“normas escritas”, es decir no hay estatuto comunal que sea
validado ante Asamblea y por el Registro Agrario. Por lo tanto, los
procesos de delimitación, acceso y tenencia de la tierra se basan
en impartición de justicia basada en la oralidad y experiencia
de autoridades comunitarias y la sindicatura Municipal.
Únicamente se registran y se levantan actas de acuerdo en caso
de delitos o despojos de solares, casas, parcelas o por conflictos
de delimitación al interior y exterior del Municipio.
Este contexto histórico, determina a que en Tamazulápam
la tierra continúe siendo comunal, aunque actualmente las
personas, familias, agencias y núcleos cuentan con derechos de
fracciones de terrenos dentro del municipio que van heredando
a sus descendientes. Se señala que para “dar legalidad a la
tenencia de la tierra se cuenta con las autoridades agrarias o de
bienes comunales, por lo que se expide una constancia o acta de
propiedad especificando con croquis y letra para su ubicación.
- 17 -
En caso de conflictos intervienen el Síndico Municipal, el Alcalde
Único Constitucional, Tenientes, Mayores y testigos colindantes”
(Testimonio de Lucy, síndica suplente Municipal).
8.2 Comuneros y comuneras de Tamazulápam
Si bien, no existe información sobre el número de personas en los
asentamientos humanos y espacios de uso común en el Registro
Agrario Nacional (RAN), en el Censo Agropecuario 2007 “IX
Censo Ejidal” se otorgan datos del número de comuneros (47%)
y comuneras (53%) que poseen solar y parcelas individuales en
Tamazulápam Mixe.
Porcentaje de comuneras y comuneros/ con parcela individual
Si bien, en el 2007-2009 se observa un alto porcentaje (53%)
de mujeres comuneras y con parcela individual, probablemente
uno de los factores explicativos sea el alto índice de migración
en varones o porque los solares que representan las mujeres son
consideradas en copropiedad con su pareja o esposo. También
cabe la probabilidad de que los solares se consideren lugar de
trabajo –siembra de maíz- de las mujeres, ya que gran parte
de las pequeñas localidades (agencias) cuentan con solares y
pequeñas parcelas, aparte de otras que existen en el “rancho”
o lejos de los solares.
Otra información difícil de obtener son los datos desagregados
por edad y estado civil de comuneras. Según algunas de ellas,
por lo general las mujeres que cuentan con un solar y trabajan
parcelas cuentan con edades de 34 a 60 años.
8.3 Las construcciones de género y juventud4 en la cosmovisión
Mixe del Wejën Kajën
Con base en la historia y experiencia de los ancestros Mixes, es
posible establecer que la reflexión acerca de qué es ser “joven”
se vincula a los procesos del ciclo de desenvolvimiento de la
vida del ser humano ya sea de las mujeres u hombres. Esta
experiencia se conceptualiza como Wejën Kajën (emergencia
de la vida y desenvolvimiento de ser mujer y hombre). Si
bien no es tema de esta investigación profundizar en las
conceptualizaciones, se abordaran algunos elementos claves y
relevantes para comprender las relaciones que se predefinen
culturalemnte entre mujeres y hombres, así como su relación
con el trabajo y el acceso a la tierra.
En las dimensiones del Wejën Kajën se conceptualizan
los procesos de desenvolvimiento de la vida diferenciados
según género y edad. El término tëk´äjtsën –transformación,
Quisiera mencionar que en si bien la palabra “joven” no existe en la lengua
Mixe, existen muchas investigaciones, posiciones y tensiones sobre qué es
ser joven en los pueblos originarios. Para el caso del pueblo Mixe hay poca
investigación, el Antropólogo Díaz (2012:37) menciona que “en la lengua mixe
de Tamazulápam hay una palabra que es unäk que se deriva de la palabra uu nk
unäjk que significa “hijos” de manera general para mujeres y hombres. En este
sentido, la presente investigación no entra en esta discusión de conceptualizar
el ser joven. Sino que la misma lengua y cultura ubica, en los ciclos de la vida, el
inicio de asumir responsabilidades, compromisos, de acumular experiencia en
el trabajo, en el cuidado y acceso a la tierra en mujeres y hombres; y para efectos
de esta investigación lo ubico en el Mëj´äjtën dentro del Wejën Kajën. Para las
y los lectores no Ayuujk-Mixe, en esta reflexión se utiliza la palabra joven para
referirme el contexto de Kiixye’ y mëj kiixy -mujer grande/adulta-; en el caso
del varón jwajtsyëjk y mëj miixy –hombre grande/adulto en el acceso a la tierra.
4
Fuente: Elaboración propia a partir del Censo Agropecuario 2007, IX Censo
Ejidal. Aguascalientes, Ags. 2009.
Más allá de dichos datos es importante atender a lo que señala
Deere (2011:48) “el indicador de la distribución de las parcelas
por sexo generalmente es el más fácil de tabular, pero puede
contener sesgos de género. Por ejemplo, no nos dice si los
propietarios hombres suelen tener más parcelas que las mujeres
propietarias, o si hay diferencias de género en el tamaño de la
parcela, otro factor importante en la brecha de género”.
- 18 -
diferenciación- resulta adecuado para comprender las relaciones
entre mujeres y hombres en diferentes etapas y espacios, puesto
que no son transformaciones casuales u homogéneas, sino que
mantienen especificidades según género y edad. Por ello, es
importante comprender sus dimensiones simbólicas en la vida
sexual, en la división del trabajo, en las relaciones socioculturales
y políticas de mujeres y hombres, y en su relación con la tierra
en la comunidad.
El desarrollo del Wejën Kajën se manifiesta en cuatro etapas:
1. Kaxëj´kën, Maxuunk´äjtën, Tso´ontäjkën. Nacimiento e
inicio de la vida dual con la madre tierra y comunidad;
2. Mutsk´äjtën. Crecimiento y adquisición de roles asignados
desde pequeño;
3. Mëj´äjtën. Ser maduro, con capacidad de realizar un trabajo
y participar en el desarrollo comunitario;
4. Majääj´äjtën. Ser muy maduro, tener experiencias
acumuladas y con capacidad de ser consejero/as de vida de
las nuevas generaciones (Vásquez, 2013:77).
Tomando en cuenta éstas categorías, el período juvenil pareciera
coincidir con la segunda etapa o Mutsk´äjtën, que comprende a
mujeres y hombres entre 15 y 26 años de edad. En el siguiente
periodo, Mëj´äjtën, de 26 a 38 años aproximadamente,
las personas son consideradas adultas, en la medida que
poseen las capacidades y conocimientos suficientes para ser
independientes de sus padres y madres; con capacidades,
fuerzas y responsabilidades para trabajar en la comunidad y
la tierra. De esta manera, una persona pasa a ser adulta en la
medida que es capaz de sustentarse económicamente, siendo
independiente de su familia de origen, es decir, es sujeto
potencial para acceder a tierra y otros activos productivos, capaz
de trabajar y de asumir responsabilidades a nivel comunitario.
La idea de madurez es trascendente en la dinámica comunitaria,
en cuanto supone la incorporación a espacios de toma de
decisiones y conlleva responsabilidades. Respecto a cómo
algunos jóvenes han reflexionado el sentido de la madurez,
citamos a Díaz (2012):
Wajtsyëjk y mëj miixy –hombre grande/adultoLa idea de madurez se refuerza con el concepto de su casa de
él o ella porque la madurez está relacionada con el inicio de la
vida matrimonial: los jóvenes maduran con el matrimonio y el
inicio de una nueva familia. De esta manera, podemos entender
que el concepto wäjtyejk aplica para las personas que están en
su etapa madura, pero que todavía nos son teetsy taak -madre y
padre- como autoridades, aunque puedan ser padres de familia.
Kiixye’ y mëj kiixy -mujer grande/adulta
El concepto para las mujeres es más complicado, la primera raíz
que se presenta es la de kiiixy o niña y la segunda raíz se puede
comprender cómo ella. Se De ser niña inmediatamente se pasa
a ser mujer casada o mujer grande (Díaz, 2012:39).
Las concecpicones de ser mujer joven u hombre joven varían y
se diferencian. Probablemente la noción de madurez asociada
al caso de los hombres, tenga que ver con una visión del rol
masculino ligada a la capacidad de tomar decisiones, a la
capacidad del ejercicio de poder y reconocimiento social. Por lo
tanto, adquieren el privilegio social, político y comunitario de
ser titular de solar y parcela de manera mucho más efectiva, por
ser padres de familia.
En el caso de la conceptualización de la mujer joven, parece
mucho “más restringido” su acceso a la tierra pues existe la
noción del cuerpo como reproductoras de la vida, en términos
biológicos y socioculturales. Es decir, la transición de las mujeres
de Kiixy-niña- a Kiixye´-adulta-, se consagra en la medida que
logran establecerse con una pareja como esposa a través del
Amajtsk´äjten –casamiento/matrimonio-. Así, el pensamiento
sobre las mujeres es que viven de manera temporal en su lugar
de nacimiento y el resto de su vida, permancecerán en la casa
del hombre, siendo innecesario el que accedan a la tierra como
titulares de derechos.
En este sentido, evidenciamos el Tëk´äjtsën –transformación/
diferenciación- entre mujeres y hombres jóvenes. El Tëk´äjtsën
genera tensiones, desequilibrios en el trato y en el acceso a los
espacios y recursos según género.
- 19 -
8.4 Kiixye´ y wajtsyëjk: La experiencia en el acceso a la tierra
La distribución de recursos, como la tierra, entre hombres y
mujeres se da en el marco de una suerte de “naturalidad” en
la convivencia, pensamientos e ideas que se han establecido
como patrón de la estructura cultural y comunitaria, la cual es
transmitida generacionalmente, con variaciones en diferentes
contextos e historias. De acuerdo con Vázquez “El término de
derechos reconocidos se refiere a nociones informales (ideas,
normas y costumbres) que definen los principios de distribución
de bienes (allocational principles) dentro de una sociedad dada
(Vázquez, 2005:162).
Por ello, en este apartado resulta central el papel que juega
la “costumbre” en la vida de las mujeres jóvenes. De acuerdo
a los resultados del taller de reflexión “Jóvenes Ayuujk: Tierra,
territorio comunal y la Ley Agraria del Estado mexicano”, que
realizamos en el marco de esta investigación, nos preguntamos
¿cuáles han sido nuestras experiencias con nuestros ancestros/
as para la permanencia y acceso a la tierra-vida?
Como resultado de esta reflexión, se coincide en que los
discursos de los abuelos/as sobre la perspectiva de la Tierra-Vida,
los principios de reciprocidad para la existencia de la familia y la
comunidad siguen prevaleciendo aunque con ciertos cambios.
También se concuerda que la memoria e historia de los ancestros
sobre el respeto hacia la tierra es importante porque en ella se
refleja la vida de la comunidad:
Kë ja´ja tsënayën. Cada mujer y hombre, niña, niño, joven,
asume tareas y responsabilidades en la familia. Se van dando
en la organización del trabajo y sobre todo las reglas que debe
realizar cada una de las personas que habitan en la casa. Uno
de las cosas que nos inculcan en la familia es el Na nymätowe,
nay jakyukuyet – el respeto mutuo- en jëën jetsp, en el tunëën
pëjkën, en el yuujën tuunën –en el trabajo en común con la
madre tierra- (Testimonio de Mario, 25 años, Tlahuitoltepec,
septiembre 2014).
Ante este contexto y la emergencia del Wejën Kajën –brotar de
conocimientos y desenvolvimientos, educación comunal-, nos
encontramos que los jóvenes guardan sus propias creencias y
costumbres respecto al acceso a la tierra, principalmente sobre
las prácticas de herencia.
Cuando un joven forma una familia, se vive la experiencia en cómo
se piensa heredar la tierra; en mi familia decía que los mayores
de edad –hermanos/as por lo general casados- se quedan en la
casa de los padres. Pero en mi caso, soy el último de los hijos, yo
me quedé en la casa de mis padres, vivo en la casa. A lo mejor
porque se fue mi hermano a vivir otro lugar –migraron-. Pero al
menos no se siguen lo que dicta la ley –exterior a la comunidad-.
Sino lo que se ve y se vive en la familia. Por ejemplo, los que
trabajan la tierra o porque los que se adelantan a construir su
casa. O lo que finalmente los padres definen, por ejemplo hay
quienes dicen que se herede la tierra como se ha venido dando,
que los hombres hereden y las mujeres no.
El respeto hacia la tierra-vida nace desde la casa - Jëën jetsp tëjk
jetsp- ; desde allí se conoce como vivimos en la familia con los
padres y madres, no se piensa solo en uno, sino también en el
ëtnäxwii´ny –tierra-vida-. Se nos educa a trabajar con respeto en
el yuutääjktuntäjk ojtpë –trabajo en el campo-, aprendemos de
narraciones sobre los lugares míticos y de lugares para realizar
rituales; también no se trabaja solo, se acompaña a la madre,
padre, hermanos, hermanas, todos participamos. Todo esto
tiene que ver con el Ku´tujkën, anämën -las normas- de cumplir
en la familia y comunidad (Testimonio de Pablo, 29 años,
Tlahuitoltepec, septiembre 2014).
En mi caso se da para mujeres y hombres. Y si la tierra es pequeño,
allí si se ve quien sí y quién no. Quienes salen son las mujeres.
Así se tiene la idea. Porque la mujer se va cuando se casa. La
mujer no tenía por qué quedarse, menos en la tierra de su padre
(Testimonio de Pablo, 29 años, Tlahuitoltepec, septiembre 2014)
Así, la experiencia en ser mujer y hombre joven en el acceso a
la tierra justamente tiene que ver con el ku´tujkën y anämën –
normar, reglas- en el trabajo que se asume en la casa y en el
campo. Tal como se nos cuenta en el siguiente testimonio:
Las prácticas de herencia no se rigen por Leyes Agrarias,
sino por las normas comunitarias que han sido concebidas
otorgando muchas privilegios a los hombres para heredar un
solar o una parcela. Las prácticas de la herencia manifiestan los
Aunque en las nuevas generaciones se aprecian cambios en
el pensamiento en relación al papel de las mujeres a la tierra,
la distribución de solares y parcelas se decide generalmente
según las prácticas de herencia concebida por los ancestros y
padres de los jóvenes.
- 20 -
desequilibrios en el acceso a la tierra para hombres y mujeres, y
se justifican en base a las distintas formas de vida que debe de
seguir cada uno según su género. En este sentido, las familias
que poseen parcelas o solares pequeños, argumentan que
no hay más tierras para las mujeres y que los hombres son
quienes se quedan en el solar o parcela de la familia, mientras
las mujeres se van a otra parcela al contraer matrimonio. En
tanto, aún cuando se considere a las mujeres en las prácticas
de herencia, la calidad de la tierra entregada muchas veces es
menor a la otorgada a sus hermanos varones.
He visto casos de tíos abuelos, si la tierra es pequeño ya nada más
se le da al hombre más grande. A veces mandan a la mujer en un
lugar muy apartado, en la ranchería o donde no se da el maíz.
Por ejemplo, a mi mamá y a mis tías las mandaron lejos, no se
quedaron en la casa de sus padres, les dieron tierras que es difícil
de frecuentar porque se encuentran lejos de donde vivimos o
simplemente no son buenos para trabajarla. Mis abuelos decía
primero los hombres y luego las mujeres (Testimonio de Mario,
25 años, Tlahuitoltepec, septiembre 2014).
8.5 El acceso de las mujeres jóvenes a la tierra según la costumbre
familiar y comunitaria
Herencia
La herencia de la tierra en las familias Ayuujk depende
del interés y la importancia cultural que se le dé. Algunas
familias consideran que la mujer tiene derecho a la tierra –
solar o parcelas-, sin embargo, en la práctica persiste la visión
culturalista de que son los hombres quienes deben asegurar la
permanencia y posesión sobre la tierra.
A veces cuando las mujeres heredamos la tierra, estando
solteras, algunas no siempre lo trabajamos, lo siguen
trabajando los padres. Por ejemplo, mi madre me heredó un
pedazo de tierra, después fui a trabajar lejos, regresé y empecé
a trabajar la tierra con mi esposo, luego las personas con los que
colindamos reconocen a mi pareja, mi nombre ya no aparece. Yo
creo que mucha gente le pasa esto, prefieren decir que la tierra
es del esposo, aunque él no es de la comunidad (testimonio de
Dolores, 26 años, Tamazulápam, noviembre 2014).
Además, las mujeres jóvenes que acceden a la tierra lo hacen
solo “temporalmente” y sin ninguna formalización de acta de
posesión sino que más bien es una cesión informal basada el
“valor de la palabra”. A su vez, son los padres quienes siguen
trabajando la tierra mientras la hija continua viviendo en la casa.
Una vez casada, la mujer pierde el reconocimiento comunitario
como titular de posesión.
Es importante mencionar que no todas las mujeres transfieren
este derecho de posesión, para el caso de las mujeres jóvenes
quienes deciden no contraer matrimonio, argumentan que
la práctica de la herencia no debe ser solo cuando se casan.
También, algunas mujeres casadas opinan que el matrimonio
no debe ser un factor determinando para segurar la posesión de
la la tierra y vivir en ella:
Yo digo que el matrimonio no es prioridad para heredar. En mi
familia no consideraron eso, por ejemplo mi abuela decía que
la tierra no es una mercancía, es una costumbre de heredar.
Por eso, mis padres deciden donde darnos la tierra, desde que
teníamos 18 años. Aunque no estén casados los hijos, así está
mi hermana no está casada y tiene su casa y parcela por parte de
mi padre (Testimonio de Doila, 34 años, Tamazulápam).
Si bien algunas mujeres jóvenes tienen la oportunidad de ser
consideradas como herederas en la familia, a nivel comunitario
para ser comuneras con reconocimiento de posesión deben
cumplir con otros requisitos: asistir a las asambleas, prestar
servicios comunitarios gratuitos, realizar tequio, entre otras
obligaciones comunitarias.
Matrimonio y posesión conjunta
El matrimonio también impacta sobre la tenencia de tierra para
mujeres y hombres. Si bien las mujeres jóvenes pueden heredar
tierras de su familia al momento de casarse, este acto puede
implicar a su vez la pérdida de posesión sobre ese territorio o
la posesión conjunta entre marido y mujer. Por ejemplo, en el
siguiente testimonio se aprecia la posesión conjunta:
Cuando me dieron la tierra mi mamá decía que todo estuviera
a mi nombre, pero mi padre no quiso, dijo que en la posesión
aparezca mi nombre y de mi esposo, es de los dos. El documento
tiene validez frente a las autoridades; son ellos quienes hacen
la delimitación. Primero vienen los de Bienes comunales, de allí
se expide un documento y pasa a la sindicatura para observar si
existe algún problema o una queja, en dado caso que no exista
- 21 -
pasa el documento. En mi caso todos estuvieron de acuerdo con
mi posesión compartida. Se podría decir que tengo la voz pero
no solo es mío, sino también de mi esposo. Yo creo que mi padre
lo hizo por si algún día tenemos problemas pues no se puede
vender tan fácil, y además los beneficiaros o los que se van a
quedar con la casa serán mis hijos (Testimonio de Doila, 34 años,
Tamazulápam, noviembre 2014).
Si bien hay argumentos que respaldan la posesión conjunta
debido a la seguridad que significa para la herencia a los futuros
hijos del matrimonio, en algunos casos tiende a relegar el rol de
la mujer como poseedora, en la medida que la desvincula de la
toma de decisiones.
En este sentido, las mismas mujeres expresan la necesidad de
reflexionar sobre las ventajas y desventajas que trae para ellas
la posesión conjunta pues justamente el argumento a favor está
en que evita conflictos sobre la tenencia de la tierra y permite
tomar decisiones colectivamente. No obstante, las actuales
condiciones y posiciones designadas a las mujeres en la familia
y comunidad tensionan las relaciones de posesión conjunta por
cuanto merman la seguridad a la tenencia de la tierra para ellas:
Es importante que las mujeres tengamos la posesión a nuestro
nombre. Si yo lo tuviera tendría más seguridad. Yo digo que para
conseguirlo necesitamos exigir. Pero también es poco a poco. Por
ejemplo anteriormente cuando se nombraban a las autoridades
y asumen sus cargos solo pasaban los hombres y ahora ya pasan
las mujeres, también pasan con sus esposas, ya no solo están
en la cocina, antes ni conocíamos en público quienes son las
esposas de las autoridades. También poco a poco la asamblea
va considerando a las mujeres, algunos hombres autoridades
invitan que participen las mujeres y creo que eso es poco a poco.
Igual las autoridades invitan a las personas mayores que ya
piensen en su herencia, en realizar su propio deslinde, platiquen
entre ellos, que consideren a los jóvenes a las mujeres. Entonces
antes de que uno llegue a las autoridades platicamos, si lo
hemos hecho, aunque si hay problemas pero siempre tratamos
de platicar.
Yo considero que hasta el momento estamos basándonos de la
costumbre, de la herencia, de platicar entre familias, el reparto
es de palabra; algunos respetan eso, pero es necesario tener la
posesión en documento porque luego vienen otras personas a
decir que no es nuestro, aunque por más se platica que debemos
respetar el valor de la palabra (Testimonio de Doila, 34 años,
Tamazulápam).
Uno de los factores por las cuales las mujeres prefieren tener
la posesión a su nombre son las rupturas matrimoniales o
divorcios, sobre todo en parejas jóvenes ya que muchas de las
mujeres son obligadas a salir con sus hijos del hogar familiar
quedando en una situación de extrema vulnerabilidad.
Por lo tanto, la posesión de la tierra en las mujeres no solamente
se negocia o se adquiere en los espacios familiares, también en
las dinámicas comunitarias. En la vida comunitaria se expresan,
de igual forma, la toma de decisiones, la validación de los
derechos y obligaciones personales y colectivas. Por ello, es
importante que el proceso de la posesión conjunta se reflexione
en comunidad; si bien muchas mujeres pueden expresar que
es importante que tengamos posesión a nuestro nombre, ello
depende del contexto e historia de las comunidades, pues en el
caso Ayuujk, las dimensiones de la tierra-vida son mucho más
complejas que exigir “derechos de titulación individual”.
Migración y posesión de la tierra
Según el investigador Díaz (2012:47), una de las principales
causas de migración de población joven es la necesidad
económica, ya sea para apoyar a su familia nuclear o por haber ya
formado su propia familia y necesitar recursos para sustentarla.
Otro de los casos es la migración de jóvenes casados, con hijos
o divorciados. Gran parte de los jóvenes padres o madres dejan
sus hijos al cuidado de sus padres y madres.
De acuerdo a las investigaciones de Díaz (2012:46), los jóvenes
de Tamazulápam-Mixe están cambiando la forma de percibir
la realidad como jóvenes y migrantes; ésta última condición
suma nuevas formas de vivir la juventud en la migración y en
la comunidad.
En este sentido, en el marco del auge de la migración en
comunidades Mixes, se generan variados efectos en la vida de
las mujeres y hombres jóvenes, tanto para los que se quedan
por largo tiempo en otros parajes (nacionales o internacionales),
como para los que regresan de forma temporal y los que se
quedan en la comunidad.
Pues justamente, existen mujeres jóvenes que se quedan en
la comunidad con posibilidades de ampliar su nivel escolar,
- 22 -
de participar en las dinámicas comunitarias, de acompañar
procesos de trabajo comunitario con grupos de mujeres y en
general en colectivos juveniles que cuestionan las formas
tradicionales y efectos del sistema de organización interna como
la exigencia de la experiencia para la participación de jóvenes
en la asamblea comunal5.
Sin embargo, el migrar puede significar quedar ausente de las
discusiones sobre la herencia de la tierra y, por tanto, perder la
oportunidad de acceder a ella a través de este medio.
Cuando la familia no considera a hermanas o hermanos que
sale a muy temprana edad, migran, y no se considera en la
herencia es un problema porque algún día regresan y cuando
llegan no tienen nada, exigen que les den y es donde surgen los
problemas. En mi caso no fue así. (Testimonio de Doila, 34 años,
Tamazulápam, noviembre 2014).
En el caso de las mujeres jóvenes, la migración tiene matices
particulares. Muchas de ellas experimentan embarazos no
deseados a temprana edad, y no siempre cuentan con el apoyo
de sus parejas. Esta situación las lleva a migrar en búsqueda
de trabajo, a otros territorios, principalmente a Estados Unidos
donde mantienen relación con redes de migrantes.
La gran mayoría de las madres dejan el cuidado de hijos/
as en manos de los abuelos maternos. Los abuelos asumen
responsabilidades de cuidado y educación sobre sus nietos/as,
pero también son el enlace de sus hijas para adquirir un terreno
o construir una casa.
También existen mujeres jóvenes que son esposas de migrantes
y en la comunidad se les reconocen temporalmente como
“posesionarias” –muchas veces solo en palabra- de solares y
parcelas, en ausencia del varón.
Hasta aquí hemos expuesto los resultados del diálogo y la
reflexión sobre los factores socioculturales que determinan el
acceso de la tierra a jóvenes mujeres y hombres. Uno de los
estos elementos que determina el acceso, mayoritariamente,
es la etapa de la vida, Mëj´äjten, Kiixye´ y Wajtsyëjk, y el estado
civil de los jóvenes, el hecho de casarse o cohabitar posibilita,
mayormente, experimentar el acceso a la posesión de la tierra.
5
Para ampliar esta información podemos mirar los hallazgos de Díaz, 2012.
9. REFLEXIONES FINALES
En este estudio hemos visado parte de la historia colonial de
la redistribución y desamortización de tierras comunales en
la región Mixe, la situación producto de la Reforma Agraria y
las Reformas, contextualizando los retos frente a estructurales
homogeneizadoras que comprometen el acceso a la tierra para
las mujeres indígenas jóvenes.
En el contexto de los desafíos en la tenencia de la tierra comunal,
hemos intentado exponer los intentos de diálogo entre la
Legislación Agraria y el sistema propio normativo como es el caso
de los estatutos comunales, un escenario muy alentador dado a
la posibilidad de ser herramienta e instrumento alterno para el
reconocimiento de las mujeres jóvenes en las comunidades que
se rigen por tenencia colectiva y bajo los sistemas normativos
propios. Estos estatutos comunales merecen mayor reflexión, sin
olvidar la memoria y la historia de los pueblos, para comprender
hasta qué punto beneficia e impacta en la vida personal y
colectiva de las comunidades Mixes y las mujeres.
También, dentro del marco de esta investigación, se reflexionó
acerca del sentido de pertenencia a la comunidad y de las
distintas etapas del Wejën Kajën –brotar de conocimientos
y desenvolvimientos, educación comunal- que son las que
definen, distinguen e influyen en los roles de las personas en la
comunidad según género y edad.
A través de los testimonios analizados, reflexionamos sobre la
experiencia de acceso a la tierra de las mujeres en la familia y en
el ámbito comunitario, quedando mucho que profundizar pues
justamente es en esta etapa de la vida de ser mujer y hombre
joven que debe jugarse la participación en las asambleas y
en los cargos comunitarios, espacios de toma de decisiones y
poder intergeneracional que pueden garantizar su tenencia de
la tierra.
Ello da cuenta de que a pesar de los efectos de la migración y
educación –en el sentido de inserción escolar de los jóvenesprevalecen las dinámicas comunitarias para el acceso a la
tierra independientes de los marcos legales agrarios. En la
legislación agraria, no existen tantas posibilidades de acceso a
la tierra en mujeres jóvenes como lo que podemos encontrar
y potenciar a nivel del ámbito comunitario. Si bien, se parte
del entendimiento de una “dualidad” de reconocimientos
- 23 -
comunitarios en base a principios cosmogónicos de la tierravida, en la práctica, mayormente, encontramos la ausencia de
dichas representaciones por cuanto los hombres son aquellos
privilegiados para acceder a la tierra.
Además, evidenciamos que en la comunidad aún prevalecen los
sistemas de organización social, política comunitaria, como el
sistema de cargos y la Asamblea que condicionan la participación
de hombres y mujeres en los mismos. La participación de
los jóvenes en las estructuras organizativas comunitarias
puede resultar una estrategia importante para garantizar su
representatividad en espacios de toma de decisiones respecto
de la tenencia de la tierra.
En tanto, a través de las experiencias compartidas por las mujeres
jóvenes Mixes brotaron las perspectivas de la herencia a la tierra,
las pautas que determinan –mayormente prácticas ancestrales
sentadas sobre los privilegios masculinos- los mecanismos de
acceder a la tierra y la posesión de solares y parcelas. La práctica
de la herencia no se basa en alguna ley para hacerla efectiva,
sino de las “normas familiares y comunitarias” estruturadas en
base a la diferenciación de género.
Por último, es importante considerar que a pesar de las
transformaciones y cambios en la dinámica de la vida de
las y los jóvenes, la reflexión en el acceso a la tierra debe ser
comprendida en vínculo con la pertenencia a una identidad y
memoria colectiva, pues hemos advertido que la memoria e
historia oral de los ancestros continúa teniendo efectos en la
vida comunitaria de mujeres y jóvenes, permitiendo conocer
los aspectos críticos que se deben considerar al momento de
insertar políticas y promover estrategias para fomentar los
“derechos” para mujeres y jóvenes en el ámbito comunitario y
legislativo.
- 24 -
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