El maestro de Malvinas, a 33 años

Anuncio
Pastor José Fabundi
El maestro de Malvinas, a 33 años – 2 de abril 2015
Mañana se cumplen exactamente 33 años y no puedo olvidar aquella fotografía,
más negra que blanca, con los viejos fusiles FAL amontonados y cruzados como
símbolo de la rendición en Malvinas. Mucho después asocié políticamente ese
momento a la capitulación que el general Mario Benjamín Menéndez firmó frente a
su par británico, Jeremy Moore. Mucho más tarde aprendí a mirar la guerra de
Malvinas a través de los ojos de los héroes.
De los muchachos de carne y hueso que lucharon hasta el final y como un
homenaje a los que murieron en aquellas tierras que pertenecen al pueblo
argentino. Ya pasaron 33 años y si usted me permite quiero contarle nuevamente
una de las historias más conmovedoras: la del soldado maestro Julio Rubén Cao.
Justo ahora que venimos de un prolongado conflicto docente. Justo ahora que la
crisis cuestiona hasta la vocación de los que levantan esa bandera de la educación
publica.
Pocas horas antes de que la guerra terminara, Julio murió combatiendo. Resistió
como pudo el avance de las tropas enemigas. Literalmente, le puso el pecho a las
balas para proteger a sus compañeros como lo hizo desde el primer minuto que
llegó a Puerto Rivero, como se bautizó primero a Puerto Argentino. Hace 33 años
que Julio entregó su vida por la patria y es desgarrador recordar que ni siquiera
pudo conocer a su hijita, Julia que nació un par de meses después de su muerte.
Julio Cao acarició a Julia en la panza de Clara Barrios, el día que se despidió.
Delmira, la abuela de Julia y la madre de Julio casi le rogó que se quedara: “Julito,
no vayas. Si no te llamaron. Tengo miedo”. Julio, el maestro, le respondió como un
maestro de la patria: “No me pidas eso mamá. ¿Con que cara yo podría dar clases
sobre San Martín o Belgrano si me escondo debajo del pupitre?”. Fue uno de los
pocos soldados voluntarios. Fue un apoyo permanente de sus compañeros de
colimba del regimiento de Infantería Motorizada de La Tablada. Siempre con la
misma alegría que tenía al frente del grado en su escuela. Siempre ayudando a
escribir y a leer cartas el resto de los soldados. Siempre con optimismo.
La humedad criminal de los pozos de zorro, el viento que helaba el alma, el hambre
que agujereaba por dentro y los bombardeos que destruían por fuera eran solo
excusas para reforzar el coraje y para seguir yendo al frente. Así era el soldado
maestro Julio Rubén Cao. Solidario, guapo, asi en la paz como en la guerra. En las
aulas se convertía en albañil para reparar los techos, o en carpintero para arreglar
los viejos bancos de escuela. Hizo un profesorado en Literatura porque amaba a
Serrat. Siempre soñó con ser docente porque admiraba a Ghandi y a la paz. Antes
de embarcarse a Malvinas y después de besar el ombligo de su esposa, Julio plantó
un árbol en el patio de la casa de su madre. Quiso respetar aquello de tener un hijo,
plantar un árbol y escribir un libro. El libro no pudo concretarlo. Pero escribió
cartas conmovedoras desde Malvinas. Una de ellas debe leerse en todos los colegios
cada 2 de abril y dice asi:
A mis queridos alumnos de 3ro D:
No hemos tenido tiempo para despedirnos y eso me ha tenido preocupado muchas
noches aquí en Malvinas, donde me encuentro cumpliendo mi labor de soldado:
Defender la Bandera. Espero que ustedes no se preocupen mucho por mi porque
muy pronto vamos a estar juntos nuevamente y vamos a cerrar los ojos y nos vamos
a subir a nuestro inmenso Cóndor y le vamos a decir que nos lleve a todos al país de
Ministerio Exponiendo La Palabra
Página 1
Pastor José Fabundi
los cuentos que como ustedes saben queda muy cerca de las Malvinas.
Y ahora como el maestro conoce muy bien las islas no nos vamos a perder. Chicos,
quiero que sepan que a las noches cuando me acuesto cierro los ojos y veo cada una
de sus caritas riendo y jugando; cuando me duermo sueño que estoy con ustedes
.Quiero que se pongan muy contentos porque su maestro es un soldado que los
quiere y los extraña.
Ahora sólo le pido a Dios volver pronto con ustedes.
Muchos cariños de su maestro que nunca se olvida de ustedes.
………………………………………………………………………………………………………………………
………….
Es desgarrador comprobar que solo le pidió a Dios volver y fue lo único que no
pudo lograr. Hace 33 años que comenzó aquella guerra, su hija Julia, tiene 32 años,
su madre, doña Delmira todavía lo espera. Cuando Julia cumplió 9 años, viajó con
su abuela a Malvinas. En el cementerio de Darwin adoptaron una tumba y le
dejaron una flor y muchas lágrimas. Hoy la escuela Nro. 32 de La Ferrere donde
daba clases con su impecable guardapolvo blanco lleva su nombre: “Soldado
maestro Julio Rubén Cao”. El árbol que plantó, ya tiene 10 metros de altura. Tras
un manto de neblina no los hemos de olvidar. Ni a nuestras Malvinas ni a nuestros
héroes.
Ministerio Exponiendo La Palabra
Página 2
Documentos relacionados
Descargar