VIVIR LA MISERICORDIA

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SEMINARIO
ESPECIAL DE
CUARESMA
VIVIR LA MISERICORDIA
Elaborado por Manuel Tenjo C.
OBJETIVOS
Reconocer las características de un corazón lleno de la misericordia divina para
proyectar la misericordia.
Comprender las obras de misericordia para asumirlas como estilo de vida.
Orar y meditar durante el tiempo de Cuaresma la manera cómo podemos encarnar la
misericordia para compartirla con los hermanos.
CONTENIDOS:
1.
2.
3.
4.
5.
6.
La misericordia de Jesús
Introducción general a las Obras de Misericordia
Obras de misericordia espirituales
Obras de misericordia corporales
Promovemos el crecimiento comunitario
Promovemos una sociedad justa
BIBLIOGRAFIA:
Ramis Darder, Francesc. Lucas, evangelista de la ternura de Dios. La Casa de la Biblia.
Ed. Verbo Divino. 11ª edición. Navarra. 2005.
Catecismo de la Iglesia Católica nn. 2447, 2449.
1
SEMINARIO ESPECIAL DE
CUARESMA
VIVIR LA MISERICORDIA
Elaborado por Manuel Tenjo C.
1.
1.1.
LA MISERICORDIA DE JESÚS
JESÚS OBRA POR MISERICORDIA
La actitud predominante de Jesús en los evangelios es la misericordia.
La palabra misericordia en griego se dice: splagxnizomai y tiene varios sentidos: sentir
desde las entrañas, sentir el dolor del otro dentro de mí.
En hebreo es rahamin que es la raíz de la palabra útero, para referirse al amor materno
que se siente desde lo más profundo de la mujer.
En el NT, splagxnizomai nunca se encuentra fuera de los evangelios sinópticos; y, excepto
en tres ocasiones que aparece en parábolas, siempre es usado con referencia a Jesús. En
las parábolas se utiliza respecto del señor que tuvo compasión del siervo que no podía
pagarle (Mt. 18,33), de la compasión que hizo al padre recibir con amor al hijo pródigo (Lc.
15,20) y de la compasión que movió al samaritano a ayudar al viajero herido en el camino
de Jericó (Lc. 10,33). En el resto de los casos, se emplea en conexión con Jesús mismo.
Jesús tuvo compasión de la multitud cuando la vio como ovejas sin pastor (Mt. 9,36; cf
Mc. 6,34). Tuvo compasión de los hambrientos y necesitados que le seguían al desierto
(Mt. 14,14; 15,32; Mc. 8,2), y tuvo misericordia del leproso (Mc. 1,41). Jesús se
compadeció de los dos ciegos (Mt. 20,34) y de la viuda de Naín que llevaba a enterrar a su
único hijo (Lc. 7,13). El padre del muchacho epiléptico apeló a la compasión de Jesús (Mc.
9,22).
1.2.
HECHOS SOBRESALIENTES DE LA MISERICORDIA
PRIMERO: Jesús tuvo compasión del abandono espiritual de la multitud. Eran como
ovejas sin pastor. Jesús no estaba molesto con la simpleza de la muchedumbre ni irritado
con su inutilidad, sino preocupado por ellos. Les veía como cosecha que espera ser
recolectada por Dios (Mt. 9,37.38). Los fariseos decían: "El hombre que no conoce la ley es
maldito." Y bien podía esperarse de ellos frases como: "Hay gozo en los cielos por cada
pecador que es destruido". Pero, frente a la ruina espiritual de los hombres, aun cuando
fuera causada por la propia dejadez de ellos, Jesús no sintió sino piedad. El no veía al
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hombre como un reo que ha de ser condenado, sino como un descarriado que había que
encontrar y llevar a casa. No veía a los hombres como broza para quemar, sino como mies
presta para ser segada por Dios.
SEGUNDO: Jesús se compadeció del hambre y dolor de los hombres. El triste
espectáculo de una multitud hambrienta, la vista de gentes cansadas, la apelación de un
ciego o un leproso, despertaba su compasión.
Jesús nunca consideró a las personas un engorro o un fastidio, sino siempre seres que
necesitaban su ayuda. Eusebio (Historia Eclesiástica 10.4.11) escribe de Jesús en
términos que son o una inconsciente o una deliberada cita de Hipócrates, el fundador de la
medicina griega. "Era como el excelente médico que, para curar la enfermedad, examina lo
que es repulsivo, palpa las llagas, y siente en sí el dolor del sufrimiento de los otros". Jesús
nunca consideraba con indiferencia al sufriente, y, por tanto, mucho menos con asco y
disgusto, sino con tal piedad, que resultaba en ayuda.
TERCERO: Jesús tuvo compasión de la aflicción de los hombres. Cuando se encontró con
el cortejo fúnebre del hijo de la viuda de Naín, fue conmovido por el patetismo de la
situación humana. Jesús no se sintió al margen ni fue indiferente a lo que allí estaba
sucediendo; la pena de la viuda llegó a ser su propia pena. La grandeza de Jesús consistía
en su complacencia de introducirse en la situación humana, y ser movido por la acerbidad
de la tal situación a esa compasión que le compelía a ayudar y a curar.
Podemos concluir dos elementos muy importantes:
Los pobres deben ser asistidos con misericordia, es decir, sintiendo en nuestra
carne su propio dolor, para desarrollar la creatividad en el ejercicio de la caridad.
La misericordia no ve obstáculos culturales, raciales, políticos o religiosos, busca al
ser humano que sufre para aliviarle su dolor y devolverle la dignidad de Hijo de Dios.
Para reflexionar:
a. Leer Lc 7, 11-17: la resurrección del hijo de la viuda de Naím, y señalar los verbos
que muestran las acciones de Jesús al ver a la viuda y a su hijo muerto.
b. Leer Lc 10,29-35: la parábola del Buen Samaritano y señalar los verbos que
muestran las acciones del Samaritano después de ver al hombre caído y medio
muerto.
c. Leer Lc 15, 20-24: la parábola del padre misericordioso y señalar los verbos que
muestran las acciones del padre al ver a su hijo.
d. Sacar conclusiones y aplicaciones para la vida práctica.
3
2.
2.1.
INTRODUCCIÓN GENERAL A LAS OBRAS DE
MISERICORDIA
DEFINICIÓN DE OBRAS DE MISERICORDIA
El Catecismo de la Iglesia Católica (n. 2447) nos dice que ―Las obras de misericordia son
acciones caritativas mediante las cuales ayudamos a nuestro prójimo en sus necesidades
corporales y espirituales (cf. Is 58,6-7; Hb 13,3)‖.
De manera que las obras de misericordia son el amor en acción, pues no se trata de hacer
discursos sobre la caridad sino realizar prácticas de amor efectivo, porque dice el
Catecismo de la Iglesia (n.2447): ―Instruir, aconsejar, consolar, confortar, son obras de
misericordia espiritual, como perdonar y sufrir con paciencia. Las obras de misericordia
corporal consisten especialmente en dar de comer al hambriento, dar techo a quien no lo
tiene, vestir al desnudo, visitar a los enfermos y a los presos, enterrar a los muertos (cf Mt
25,31-46). Entre estas obras, la limosna hecha a los pobres (cf Tb 4, 5-11; Si 17,22) es uno
de los principales testimonios de la caridad fraterna; es también una práctica de justicia
que agrada a Dios (cf Mt 6,2-4)‖.
La Iglesia nos propone practicar y vivir estas ―obras de misericordia‖ en todo tiempo y en
toda ocasión; pero especialmente, nos las recuerda para que sepamos ponerlas en
práctica a lo largo de la Cuaresma, como una buena preparación al Misterio Pascual de
Cristo.
2.2.
SERVIR A JESUCRISTO EN LOS NECESITADOS
El mismo Catecismo Católico (n. 2449) ―nos invita a reconocer su presencia (la de Jesús)
en los pobres que son los hermanos de Jesús (cf. Mt 25,40)‖. Por tanto, servir a los más
necesitados es servir a Jesucristo mismo.
El Catecismo de la Iglesia nos recuerda algo muy especial (n. 2449): ―El día en que su
madre le reprendió por atender en la casa a pobres y enfermos, Santa Rosa de Lima le
contestó: ‗cuando servimos a los pobres y a los enfermos, servimos a Jesús. No debemos
cansarnos de ayudar a nuestro prójimo, porque en ellos servimos a Jesús‘‖.
2.3.
LISTA Y CLASIFICACIÓN DE LAS OBRAS DE MISERICORDIA
Las obras de misericordia son 14 organizadas en dos bloques. Tal organización tiene más
un carácter pedagógico que discriminativo, es decir, la obras de misericordia se organizan
para que podamos observar todo lo que podemos realzar para hacer del amor una
actividad efectiva y una caridad en movimiento.
Unas son las obras de misericordia ESPIRITUALES, que buscan servir a las personas de
manera que las edifique y, al mismo tiempo, construya grupos, familias y comunidades
solidarias y fraternas. Buscamos construir la fraternidad en todos los ambientes donde nos
movemos.
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Las otras son obras de misericordia CORPORALES, que buscan ayudar a la edificación
de la sociedad con solidaridad para que exista justicia, honestidad y paz.
OBRAS DE MISERICORDIA
ESPIRITUALES
Enseñar al que no sabe.
Dar buen consejo al que lo necesita.
Corregir al que yerra.
Perdonar las injurias.
Consolar al triste.
Sufrir con paciencia los defectos
prójimo.
Rogar a Dios por los vivos y difuntos.
2.4.
OBRAS DE MISERICORDIA
CORPORALES
Visitar y cuidar a los enfermos.
Dar de comer al hambriento.
Dar de beber al sediento.
Dar posada al peregrino.
Vestir al desnudo.
del Redimir al cautivo.
Enterrar a los muertos.
OBJETIVO DE LAS OBRAS DE MISERICORDIA
PRIMER OBJETIVO: La práctica constante de las obras o acciones de misericordia
buscan hacer que el cristiano se convierta en una persona misericordiosa, como señala la
quinta bienaventuranza: “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán
misericordia” (Mt 5,7).
La práctica de esta bienaventuranza nos lleva a vivir las siguientes actitudes señaladas por
Jesús: “Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. Pues yo os
digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de
vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e
injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener? ¿No hacen
eso mismo también los publicanos? Y si no saludáis más que a vuestros hermanos, ¿qué
hacéis de particular? ¿No hacen eso mismo también los gentiles? Vosotros, pues, sed
perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial” (Mt 5,43-48).
SEGUNDO OBJETIVO: vamos a construir una sociedad justa e igualitaria, donde se
promueve la honestidad, la solidaridad y el progreso de la civilización con valores humanos
que respetan la vida humana.
Como nos dice la carta de Santiago: “Hermanos míos, no entre la acepción de personas en
la fe que tenéis en nuestro Señor Jesucristo glorificado. Supongamos que entra en vuestra
asamblea un hombre con un anillo de oro y un vestido espléndido; y entra también un
pobre con un vestido sucio; y que dirigís vuestra mirada al que lleva el vestido espléndido y
le decís: «Tú, siéntate aquí, en un buen lugar»; y en cambio al pobre le decís: «Tú,
quédate ahí de pie», o «Siéntate a mis pies». ¿No sería esto hacer distinciones entre
vosotros y ser jueces con criterios malos?
Escuchad, hermanos míos queridos: ¿Acaso no ha escogido Dios a los pobres según el
mundo como ricos en la fe y herederos del Reino que prometió a los que le aman? ¡En
cambio vosotros habéis menospreciado al pobre! ¿No son acaso los ricos los que os
oprimen y os arrastran a los tribunales? ¿No son ellos los que blasfeman el hermoso
Nombre que ha sido invocado sobre vosotros? Si cumplís plenamente la Ley regia según la
Escritura: Amarás a tu prójimo como a ti mismo, obráis bien; pero si tenéis acepción de
personas, cometéis pecado y quedáis convictos de transgresión por la Ley” (Sant 2,1-9).
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3.
OBRAS DE MISERICORDIA ESPIRITUALES
Como hemos señalado, las obras de misericordia ESPIRITUALES, que buscan servir a las
personas de manera que las edifique y, al mismo tiempo, construya grupos, familias y
comunidades solidarias y fraternas. Buscamos construir la fraternidad en todos los
ambientes donde nos movemos.
Vamos a ver un comentario de cada una de ellas. Pero los participantes deben participar
en la conversación.
I.
ENSEÑAR AL QUE NO SABE.
Es una bonita obra de misericordia, pero a veces nos encariñamos tanto con ella que
queremos dar lecciones a todo el mundo. Esta misericordia debemos practicarla con
moderación.
A lo mejor es preferible que te dejes enseñar. Esto también es obra de misericordia: saber
escuchar y agradecer lo que has aprendido. Todos necesitamos aprender unos de otros,
incluso el profesor del alumno, y el padre del hijo, y el empresario del obrero.
Enseña, sí, al que no sabe, pero sin humillarle. Enséñale a saber. Y –no hace falta decirlopara que sea obra de misericordia se necesita una condición: la gratuidad.
Insistimos, es necesario tener mucha humildad para poder enseñar a otro algo. Tenemos
que estar dispuestos en todo momento nosotros, a aprender también y ser enseñados. El
que no soporta que nadie le enseñe, no es apto para enseñar a nadie. El que piensa que
ya lo sabe todo, no puede enseñar, porque está marcado por la soberbia. Si quiero
enseñar a mi hermano a perdonar, mejor sería que me asegurara antes de que yo aprendí
ya a perdonar a todo el mundo. Si quiero enseñar a alguien a orar, que yo sea una persona
orante. Si trato de enseñar a otro a compartir lo que tiene, que no sea yo de los que retiran
su mano cuando veo al hermano en necesidad, o que me escondo del hermano para evitar
tener que sentirme mal, al verle necesitado. Si todavía no he aprendido bien estas y otras
cosas, aún podré enseñar, siempre que esté dispuesto a buscar para mí, lo mismo que
quiero dar a los demás. A la hora de enseñar a alguien no conviene olvidarse de que tú
aún no lo sabes todo, y nunca lo sabrás todo, aunque a tu juicio o al juicio de otros, sepas
mucho. No es el hombre quién ve esto mejor, sino Dios que conoce el interior de cada uno
de nosotros, nuestra alma, nuestra mente, y nuestro corazón.
II.
DAR BUEN CONSEJO AL QUE LO NECESITA.
Da un consejo, pero sin paternalismo. Da un consejo, pero cuando el otro te lo pida o lo
quiera o de verdad lo necesite. Da un consejo, pero siempre que estés tú dispuesto a
recibirlo. Un buen consejo, una palabra orientadora, puede ser luz en la noche, puede
ahorrar muchos tropiezos y caídas, puede salvar una vida del fracaso y la desesperación.
Ahora bien, no podemos dar consejos a los demás si aún no somos capaces de admitir
que alguien me aconseje a mí. Por el primero que nos tendríamos que dejar aconsejar
sería por nuestro director espiritual. El nos conoce mejor que otros, y sabrá orientarnos
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mejor que alguien que no nos conoce. Es fácil dar consejos a los demás, pero requiere
humildad el poder recibirlos con docilidad.
Es el Espíritu Santo el que nos puede regalar el don de consejo, si oramos a Dios y se lo
pedimos. Para aconsejar a los demás, es necesario que nosotros demos testimonio con
nuestras palabras, pero también con nuestras obras. Por ejemplo: Alguien que no lee la
Biblia, no puede decirle a otro que la lea. Su consejo es bueno, pero no cumple el, lo que
aconseja al otro. Aún así, podría aconsejar al otro siempre y cuando esta alma, estuviera
en lucha por conseguir también lo que está aconsejando al otro. Sería hipócrita pedirle al
otro que hiciera, algo que nosotros no estamos dispuestos a hacer.
No puedes dar un consejo al hermano, y luego cuando el hermano falla, o tú crees que
falla, criticarlo delante de otros. Por ejemplo: No puedes decirle a tu hermano: ―Ten más
amor y caridad‖, y luego criticar al hermano quejándote a otros de sus defectos, puesto que
al criticar al hermano, estás faltando tu a la caridad y al amor.
¿Crees que tu hermano necesita ser corregido? Hazlo, estando tú y el a solas. La crítica
destruye, y siembra la discordia entre los hermanos, introduce al espíritu malo en nuestra
vida. La corrección edifica, si hay humildad en ambos. Si la corrección se hace con
soberbia, no viene de Dios, porque Dios no actúa así, y no puede edificar a nadie, aunque
pueda ser verdad lo que dice. No trae paz. Si la corrección es humilde, no olvidándote de
que tu eres también débil y pecador, entonces el Espíritu Santo bendice y da su paz.
III.
CORREGIR AL QUE YERRA.
También la corrección fraterna es una obra de misericordia, pero cuando se hace desde la
humildad y desde el amor. Desde la humildad, reconociendo que también nosotros nos
equivocamos. No queramos sacar la paja en el ojo ajeno, sin darnos cuenta de nuestra
viga. Desde el amor, no para herir al hermano sino para salvarle. Y hacerlo además
cariñosa, delicada y simpáticamente.
¿Has visto equivocarse a tu hermano? ¿Y te asombras? No es extraño esto, porque es
propio del hombre equivocarse. Sólo uno no falla nunca, y ese es Dios, y su criatura más
perfecta, que nunca se equivocó. La Virgen María. El resto, todos nos equivocamos
muchas veces en la vida.
¿Viste fallar a tu hermano, y te sorprendió? Haces bien, si tratas de corregir el error, pero
antes de hacerlo mira tú interior un momento. ¿Eres tú de los que soportan correcciones
de otros? ¿Deseas que te corrijan a ti también para que tu alma se santifique un poco
más? Si no es así, mejor ten cuidado a la hora de corregir a alguien que se equivoca,
puesto que si no hay en ti la humildad de reconocerte a ti mismo falible, entonces no
tendrás crédito, porque tus obras contradicen tus palabras. Aún podrías corregir a tu
hermano que se equivoca, si tú estás dispuesto a admitir una corrección, y quieres para ti
mismo lo mismo que para tu hermano.
Si tu hermano se equivoca, no te enfades, ni te burles, ya que tú tampoco eres perfecto.
No magnifiques tanto el error de tu hermano, no vaya a ser que veas la paja en su ojo,
pero no estés viendo la viga que oculta el tuyo, que ambos estamos hechos del mismo
barro, y todo lo bueno que tengamos proviene de Dios por pura Gracia inmerecida.
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Si vas a corregir a alguien, hazlo con amor fraterno, es decir, deseando hacerlo para que
esa persona se santifique más, y porque quieres su bien, no porque a ti te molestan sus
fallos, o con afán de dominar al otro, o de aparentar ser más santo y bueno que tu
hermano, y cambiar al otro para estar tu mejor. Y pide paciencia para que tengan contigo
también paciencia por tus muchos fallos.
Si a pesar de la corrección no ocurre nada de lo que esperabas, no te impacientes, y déjalo
en manos de Dios que El hace crecer a cada uno según su momento. Si tienes que
perdonar, hazlo hasta 70 veces 7. Si al que diste la corrección no te quiere oír, no le
juzgues tú, ora por él.
Nunca critiques al que corregiste, si crees que no te escuchó. Dios es misericordia. Ora por
él, y ten fe.
IV.
PERDONAR LAS INJURIAS.
Es de lo más difícil. Somos tan propensos a la venganza y el resentimiento. Por eso Jesús
nos dio un ejemplo maravilloso, y nos cogió la palabra en la oración que puso en nuestros
labios. Esta es una de las obras de misericordia más cristiana. Perdona, aunque la ofensa
te duela mucho. Perdona setenta veces siete. Perdona, si puedes, hasta olvidar. Perdona y
ama. Y perdónate también a ti mismo.
¿Te ofendieron? ¿Y rompes con tu hermano a causa del dolor que te causa esto?
Entonces mañana no te asombres, cuando tú, por tu debilidad, ofendas a alguien, y este
haga lo mismo contigo. ¿Qué hacer entonces? Lo dice el Señor en su Palabra: Perdona
siempre al hermano que te ofende. No guardes rencor a nadie. Habla y dialoga. Ora por él.
Acércate a él sin miedo pero con prudencia. ¿Qué busca tu hermano? Lo mismo que tu.
¿Tú deseas que te perdonen siempre a ti? Mira a tu interior ahora mismo y lo sabrás
enseguida. Pues, ¿cómo puedes tu no perdonar a tu hermano?
Palabra dura esta: ―Si no perdonas tu a tu hermano, Dios no te perdonará a ti‖. Dios es
justo.
¿Te ofendió tu hermano en algo? Ten cuidado. No le critiques delante de otros por esto,
ora a Dios para que os ayude a los dos, puesto que mañana puedes ser tú el que ofenda a
otro hermano. El que critica a otro, siembra la discordia entre hermanos, y eso no viene de
Dios.
Si tu lengua va a edificar a alguien, habla. Si con lo que dices vas a destruir, cállate.
Pide la prudencia de saber decidir qué hacer en cada momento.
¿Has fallado en esto, pero deseas ser mejor la próxima vez? Basta esto, para que Dios te
perdone. No te inquiete nada. Acude a los Sacramentos, especialmente la confesión. Dios
te perdona siempre, y te da su Gracia.
V.
CONSOLAR AL QUE ESTÁ TRISTE.
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Cada uno de nosotros tendría que ser un ángel del consuelo, como el que se acercó a
Jesús en su agonía, y escribir cada día alguna página del libro de la Consolación. Son
muchas las personas que sufren la tristeza, a veces por cosas bien pequeñas. ¡Resulta tan
fácil y tan bonito hacer felices a los demás! Podría bastar una palabra, una sonrisa, una
explicación, un desahogo, un gesto de cariño. El que consuela se parece a Dios, que se
dedica a enjugar las lágrimas de todos los rostros.
Cuando veas al hermano afligido, y deseas agradar a Dios, busca su consuelo. ¿Cómo?
En las Sagradas Escrituras tenemos las mejores palabras para cada situación que vive el
ser humano. Haz tú como Jesús, y pronuncia en su oído alguna de estas palabras. Apoya
esta palabra con tus propias obras, ya que no es creíble la palabra que yo no estoy
manifestando en mi propia vida, aunque esta sea una gran verdad. No puedo decirle al
hermano: ―Confía en la Providencia‖, si yo cuando tengo un problema, demuestro no estar
confiando en la Providencia y está a la vista de todos. Dios nos consuela a través del
Espíritu Santo, por medio de su Palabra, un salmo, un texto del Evangelio. Para consolar al
afligido, debes tu tener en tu interior el consuelo que da el Espíritu Santo. Todos
necesitamos consuelo a lo largo de la vida en un momento u otro. No te asombres de ver a
tu hermano afligido, como si este no tuviera fe, sino que piensa que tú mismo puedes
pasar por su situación en otro momento, y que todo depende de la Gracia y la Voluntad de
Dios, y todo está ordenado para nuestro bien, especialmente en la aflicción que nos debe
impulsar a crecer en santidad.
VI.
SUFRIR CON PACIENCIA LAS FLAQUEZAS DE NUESTROS PRÓJIMOS.
Damos por supuesto que todos tenemos flaquezas. Hombre, el prójimo no es un cielo,
como piensa el enamorado, ni es un infierno, como piensa el existencialista. Puede ser el
limbo o el purgatorio o la antesala del Paraíso. La convivencia es fuente de alegría y
enriquecimiento, pero es también una llamada al vencimiento y el vaciamiento. Lleva con
paciencia las flaquezas del prójimo –y las tuyas-. Te ayudarás a crecer en el amor y la
misericordia. Como Dios, que tiene paciencia infinita con nosotros. Y llévalas también con
humor.
Quejarte constantemente por los defectos del hermano, no edifica, sino que destruye. ¿De
qué te sirve la queja amarga? Sólo va en tu perjuicio, y en el de tu hermano.
¿Qué es mejor entonces? ¿Qué dice Cristo? ―El que quiera ser mi discípulo que tome su
cruz‖. ¿Tú quieres cumplir esto? Entonces, prepárate para sufrir en tu cruz como lo hizo
Cristo en la suya. Con paciencia y mansedumbre. Tu hermano tiene defectos, ya lo sabes.
Y tú también. Si tú no sufres con paciencia esto que ya sabes, ¿cómo vas a pedir luego
que los demás sufran lo tuyos?
¿O piensas que es mejor descubrir delante de otros el defecto de tu hermano? Ten
cuidado. Es fácil ver la paja en el ojo del hermano, porque nuestra visión está nublada con
la viga que tenemos delante. El que no repara en sus propios defectos casi nunca, es
normal que vea siempre la paja en el ojo del hermano. La viga está construida con
nuestros defectos y pecados. El poder de Dios en los Sacramentos, destruye la viga más
sólida. Disponte a ello ahora mismo, y verás como El te da la fuerza para soportar con
paciencia y disimular los defectos del hermano, para colaborar así en la construcción del
Reino.
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VII.
ROGAR A DIOS POR LOS VIVOS Y DIFUNTOS.
Rezar no es una rutina. Rezar es amor. Cuando rezas por alguien te solidarizas con él, lo
quieres como a ti mismo. No rezas para ablandar el corazón de Dios, sino para agrandar el
tuyo. Rezar es llenar tu corazón de nombres.
Rezar por los demás te hace bien a ti mismo, porque te ayuda a amar y te compromete
para hacer realidad, en la medida de tus fuerzas, aquello que pides. Ruega a Dios por los
vivos y difuntos y sentirás cómo crece la comunión de los santos.
Esta obra trata de un aspecto de la vida del cristiano que solemos descuidar: la oración de
intercesión. Intercesión viene del verbo "interceder" y quiere decir que pedimos nosotros lo
que otros no se atreven o no merecen. Es un acto de caridad especial que va
constituyendo el tejido íntimo de la Iglesia. S. Pablo decía a una comunidad: "oramos y
pedimos sin cesar por ustedes" (Col. 1,3-9; Hch 8,15). Conviene acostumbrarse a orar
incesantemente por nuestros parientes más cercanos, y no sólo por los vivos, sino también
por los difuntos. La Beata Faustina intercedía constantemente por los pecadores, los
moribundos y las almas del purgatorio.
Para reflexionar:
¿Cómo se practican las obras de misericordia espirituales en el grupo de oración o
comunidad?
¿Qué dificultades se presentan para la realización de las obras de misericordia
espirituales?
Leer Mt 5, 43-48 y señalar las obras de misericordia que aparecen en el texto.
¿Cuál es la motivación fundamental para vivir esas obras de misericordia?
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4.
OBRAS DE MISERICORDIA CORPORALES
Como señalamos anteriormente, las obras de misericordia
CORPORALES, que buscan
ayudar a la edificación de la sociedad con solidaridad para que exista justicia, honestidad y
paz.
Vamos a compartir sobre las obras de misericordia corporales de manera sencilla, pero
todos debemos realizar nuestros aportes.
I.
VISITAR Y CUIDAR A LOS ENFERMOS.
No es una visita desde lejos, una visita por cumplir. Algo que signifique cercanía y compasión. Una visita que suponga comunicación, ayuda, cuidado, ternura, consuelo,
confianza. Son partecitas del cuerpo doliente de Cristo. Hay muchas clases de
enfermedades y de enfermos. No están sólo en los hospitales; los hay también en casa, en
el trabajo y en la calle. Todos tenemos alguna enfermedad o alguna dolencia. Por eso
tenemos que tratarnos comprensiva y compasivamente.
II.
DAR DE COMER AL HAMBRIENTO.
Hay que compartir el pan -¡hay tantas hambres!-. Pero no basta. Hay que hacerse pan y
pan partido, como hizo nuestro Señor Jesucristo. El pan es fraternidad y es vida. El pan
partido y compartido es amor.
Se basa en la Palabra de Jesús que dice: “Pues tuve hambre, y ustedes me dieron de
comer” (Mt 25,38). En un momento o en otro, todo el mundo ha estado hambriento, pero
las razones varían desde una dieta hasta la profunda pobreza. Mucha de la población
mundial no tiene ni recursos para cultivar su propia comida ni dinero para comprarla: más
de mil millones de personas viven con un dólar o menos al día. La mayoría de las naciones
en desarrollo son incapaces de comprar la comida adecuada para sus pueblos porque su
dinero sirve para saldar las deudas que se deben a las instituciones bancarias mundiales.
Peores causas de hambre en el mundo son los grandes desastres tanto por mano del
hombre como por causas naturales.
III.
DAR DE BEBER AL SEDIENTO.
Se basa en la Palabra de Jesús que dice: “Tuve sed, y me dieron de beber” (Mt 25,35).
Jesús se identificaba con el sediento, el que no tiene agua y el que enfermó por beber
aguas dañadas o lavarse con aguas sucias. Dar un vaso de agua es fácil y es bonito.
Saciar otra sed más profunda es difícil. Saciar la sed definitivamente es imposible. Pero
alguien puede hacer brotar en las entrañas una fuente de agua viva, gozosa, inagotable.
Tú puedes ayudar a hacer posible el milagro del agua.
IV.
DAR POSADA AL PEREGRINO.
Hoy no es fácil abrir la puerta de la casa, cada vez más defendida. Son muchos los
peregrinos que llaman a nuestra puerta: mendigos, transeúntes, extranjeros, refugiados,
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drogadictos… Toda una herida abierta, que exige soluciones no sólo personales sino
estructurales.
Acoge al que llama a la puerta de tu casa, pero no sólo materialmente sino cordialmente.
Todo el que se acerca a ti es un peregrino, que a lo mejor sólo te pide una palabra, una
sonrisa o una escucha.
V.
VESTIR AL DESNUDO.
Aquí, entre nosotros, no encontrarás muchos desnudos que vestir. Suelen estar muy lejos.
Quizá haya otro tipo de vestiduras, mejores que la capa de san Martín, que sí debes poner:
la vestidura del honor, del respeto, de la protección. Siempre tendrás que cubrir la
desnudez del prójimo con el manto de la caridad.
Hay otro problema relacionado con esta obra de misericordia. Hay algo mucho más grave
que no vestir al desnudo; es el desnudar al vestido. Esto es ya tema de justicia. Y atentos,
son los muchos millones a los que estamos desnudando. “Si, pues, ha de ir al fuego eterno
aquel a quien le diga: estuve desnudo y no me vestiste, ¿qué lugar tendrá en el fuego
eterno aquel a quien le diga: estaba vestido y tú me desnudaste?” (San Agustín).
VI.
REDIMIR AL CAUTIVO.
No está en nuestras manos sacar a los presos de la cárcel; pero sí podemos aliviar y
orientar a los presos que están en la cárcel. No podemos quitar las esposas de las
muñecas; pero sí podemos quitar las cadenas del alma. Hay muchas cárceles y
esclavitudes íntimas. Es tarea nuestra, es obra de misericordia, liberar a todos los cautivas:
desde el preso al drogadicto, desde el avaricioso al consumista, desde el lujurioso al
hedonista, desde el hincha al fanático de lo que sea.
VII.
ENTERRAR A LOS MUERTOS.
De esto ya se encargan las funerarias. Tú envuelve a los difuntos en la oración
esperanzada, en el amor y el agradecimiento. El problema está más no en los que se van
sino en los que se quedan. La muerte de un ser querido deja casi siempre heridas
sangrantes. Es una obra de misericordia estar cerca de los que sufren por estas muertes.
Cuando damos el pésame o ―acompañamos en el sentimiento‖, que no sea una rutina o
una palabra vacía.
Para reflexionar:
¿Cómo se practican las obras de misericordia corporales en el grupo de oración o
comunidad?
¿Qué dificultades se presentan para la realización de las obras de misericordia corporales?
Leer Mt 25, 31-46 y señalar las obras de misericordia que aparecen en la parábola del
juicio de las naciones. ¿Cuál es la motivación fundamental para vivir esas obras de
misericordia?
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5.
5.1.
PROMOVEMOS EL CRECIMIENTO COMUNITARIO
OBRAS DE MISERICORDIA INDIVIDUALES
Además de las obras de misericordia corporales y espirituales, en la medida que pasa el
tiempo, en la Iglesia reflexionamos, practicamos y buscamos servir más y mejor. De allí
que a través de las obras de misericordia se busca edificar a las comunidades locales y por
tanto a toda la Iglesia.
Para lograr el crecimiento grupal y comunitario se promueven otras obras de misericordia
que se conocen como INDIVIDUALES, en el sentido que parte de una persona, que son
muy fáciles de realizar y que buscan el crecimiento del grupo de oración o comunidad en la
que nos encontramos.
Las individuales son éstas:
1ª Acompañar y alegrar al que está sólo.
2ª Llenar de esperanza al desilusionado.
3ª Ayudar a encontrar trabajo.
4ª Acoger y reinsertar al transeúnte y extranjero.
5ª Educar y rehacer al delincuente.
6ª Rescatar al cautivo de la droga.
7ª Dignificar al que se ha prostituido.
5.2.
SOLIDARIDAD COMUNITARIA
Para lograr las metas comunitarias se necesita promover la solidaridad.
a. ¿Qué es la solidaridad? La solidaridad o caridad social expresa una idea de unidad,
cohesión, colaboración. Se encuentra muy ligada al amor, y como éste admite dos
planos de consideración:
Solidaridad-sentimiento. Tendencia humana a asociarse en busca de bienes
comunes. Es la inclinación a sentirse vinculados con otros, bien por motivos de
semejanza, bien debido a intereses comunes. Incluye la tristeza cuando esas
personas afines sufren un mal. Se trata de sentimientos buenos pero a veces
inestables o de tipo superficial.
Solidaridad-virtud. Es la determinación firme y perseverante de comprometerse por
el bien común. Estamos ante un hábito o virtud, ante una decisión estable de
colaborar con los demás. Con todos los hombres, pues realmente hay vinculación
con todos, aunque uno no se sienta unido a algunos. Esta solidaridad-virtud es más
firme e importante que la sentimental, y de ella seguimos hablando.
b. ¿En qué se basa la solidaridad? La solidaridad se apoya en varios motivos que
podemos reunir en dos grupos:
Razones humanas: igualdad de naturaleza, necesidad de apoyo, mayor eficacia.
Motivos espirituales: fraternidad humana, común dignidad de hijos de Dios, unidad
de destino eterno, idéntica redención, unión común a Cristo y a María.
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c. Ejemplos de solidaridad.- Esta decisión de buscar el bien de todos puede aplicarse
en muchos terrenos:
Solidaridad de los pobres entre sí; de los ricos hacia los pobres y curiosamente de
los pobres hacia los ricos. Estos casos de solidaridad se ejercitan de modo diverso.
Por ejemplo, el rico buscará el modo de ayudar al desarrollo del pobre; el pobre será
agradecido.
Solidaridad de los empresarios hacia sus empleados y de los empleados hacia sus
patrones. Por ejemplo, aquéllos abonan el sueldo justo y éstos trabajan con lealtad.
Solidaridad de las mujeres entre sí y respecto a los hombres. Lo mismo aplicado a
los hombres entre sí y respecto a ellas, evitando el machismo.
Solidaridad de regiones, razas y naciones hacia otras, evitando racismos y
nacionalismos.
d. Ejemplos de falta de solidaridad.- Es falta de solidaridad cualquier acción que busca
el interés propio o de los afines despreciando el bien de grupos sociales diferentes.
Ejemplos:
Cualquier forma de lucha de clases va contra los principios solidarios.
Las distintas formas de explotación humana, sea de grupos o naciones, también se
oponen a la solidaridad.
Los nacionalismos y regionalismos. Aquí conviene precisar que es correcto un amor
especial al propio pueblo, comarca, región o país. La falta de solidaridad aparece
con el desprecio o desinterés hacia otros pueblos, comarcas o países.
En general, cualquier egoísmo. Por ejemplo, los jóvenes que sólo piensan en su
diversión, suelen ser insolidarios hacia padres, profesores, vecinos, incluso hacia las
personas que limpian las calles.
Para reflexionar:
Todos los participantes van a poner ejemplos de cada una de las obras de misericordia
individuales y de qué manera edifican el grupo de oración o comunidad
Leer Rom 13,8-10 y señalar qué actividades deben realizarse para vivir la plenitud del
amor.
“Con nadie tengáis otra deuda que la del mutuo amor. Pues el que ama al prójimo, ha
cumplido la ley. En efecto, lo de: No adulterarás, no matarás, no robarás, no codiciarás y
todos los demás preceptos, se resumen en esta fórmula: Amarás a tu prójimo como a ti
mismo. La caridad no hace mal al prójimo. La caridad es, por tanto, la ley en su plenitud”
(Rom 13,8-10).
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6.
6.1.
PROMOVEMOS UNA SOCIEDAD JUSTA
OBRAS DE MISERICORDIA COLECTIVAS
Para promover una sociedad justa, al Iglesia propone unas obras de misericordia
COLECTIVAS, porque están buscando el desarrollo social a partir de la promoción de los
pobres para que se conviertan en protagonistas de su realización comunitaria.
Las siete colectivas son éstas:
1ª Promocionar a los pueblos subdesarrollados.
2ª Defender los derechos de los marginados.
3ª Combatir las injusticias y la opresión.
4ª Defender el desarme y la no-violencia.
5ª Liberar de la tiranía del consumo.
6ª Trabajar por la unión de los pueblos.
7ª Construir la civilización del amor.
6.2.
SOLIDARIDAD Y CARIDAD
a. La invitación del Papa Juan Pablo II.
―En nuestra conciencia —en la conciencia individual del cristiano—, en la conciencia
social de los diversos ambientes, en las naciones, deben formarse, diría, zonas
particulares de solidaridad precisamente con quienes sufren más. Debemos trabajar
sistemáticamente para que las zonas de las particulares necesidades humanas, de
los grandes sufrimientos, de los agravios, de las injusticias, sean zonas de
solidaridad cristiana de toda la Iglesia y, a través de la Iglesia, de cada una de las
sociedades y de toda la humanidad.‖ (Juan Pablo II Audiencia General 4 de abril de
1979).
b. Solidaridad y caridad, ¿lo mismo o diferente?
Pregunta: Está claro que la solidaridad es un valor en alza en el mundo en el que vivimos.
Está dentro de lo que es considerado lo "políticamente correcto". Cuando se produce una
catástrofe natural, en seguida, se organizan todo tipo de iniciativas en la que los medios de
comunicación colaboran con las ONG's. Ahí está también el fenómeno de los
apadrinamientos de niños del Tercer Mundo, etc... Ahora bien, mi pregunta es si todo estos
signos de solidaridad se pueden equiparar a la caridad cristiana, o dicho de otro modo,
¿qué diferencia hay entre solidaridad y caridad cristiana?
Respuesta: La pregunta es interesante. Sin duda alguna habrá muchas personas que se
sumen a esas iniciativas con verdadera caridad cristiana, pero no cabe duda de que el
fenómeno social de la solidaridad, globalmente considerado, está muy lejos del espíritu de
la caridad cristiana. Vamos a dar algunos indicios de lo que distingue a la caridad cristiana:
La caridad cristiana tiende a ocultarse. Por poner un ejemplo, existen programas
televisivos bajo el nombre "telemaratón", etc, en los que se hace espectáculo de la
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solidaridad. Se subasta una corbata donada por un famoso cantante, que es
comprada por uno de sus fans que, de paso, colabora con la noble causa. Una
determinada marca comercial llama por teléfono para decir que dona 3 millones en
favor de los damnificados de un huracán, y de esta forma consigue una publicidad
mucho más barata y efectiva. Frente a todo esto, leemos en el evangelio: "Tú, en
cambio, cuando hagas limosna, que no se entere tu mano izquierda lo que hace tu
derecha" (Mt 6,3)
La caridad cristiana brota de la propia privación. Es decir, consiste en hacerse uno
pobre para enriquecer al otro. Por poner un ejemplo, mientras que están en boga
distintas campañas de empresas de lácteos, tabaco, refrescos, etc, que anuncian su
intención de donar un 1% del importe de su ventas al Tercer Mundo; lo propio de la
caridad cristiana sería privarse del tabaco o del refresco para dar esa limosna a los
necesitados. Algo parecido a lo que sucede cuando alguien aprovecha una
campaña solidaria para vaciar los armarios de la ropa pasada de moda. ¡Nada que
ver con el espíritu de la caridad cristiana!
La caridad cristiana no es parcial, sino que exige plena coherencia en los distintos
ámbitos de la vida. Efectivamente, es un contrasentido que en una sociedad en la
que se valora muy positivamente la adopción de niños abandonados, sin embargo,
no se perciba incompatibilidad alguna con la aceptación social del aborto. La caridad
cristiana no puede sufrir estas contradicciones, ya que el amor no se administra en
porciones, sino que se derrama a cualquier prójimo, sea quien fuere.
Lo que da a la caridad cristiana su valor salvífico y redentor no es tanto su
materialidad, cuanto el espíritu que la anima, es decir el espíritu de Cristo. Caridad
es convertirse en instrumentos de Cristo para que sea El quien ame a cada uno de
sus pequeños... Caridad es, por lo tanto, amar con el mismo amor de Cristo.
Caridad es amar al mismo Cristo, presente en aquel a quien dirigimos nuestro acto
solidario.
En un momento en el que la palabra "caridad" es despreciada por muchos por identificarla
con una mera compasión afectiva, sólo una vivencia seria y profunda de esta virtud
cristiana llegará a demostrar al mundo aquello de lo que es capaz del amor de Cristo.
Para reflexionar:
Todos los participantes van a poner ejemplos de cada una de las obras de misericordia
colectivas y de qué manera edifican el grupo de oración o comunidad
Leer Mt 5,6.38-42 y señalar las diversas maneras de hacer justicia en los ambientes donde
nos movemos.
“Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados.
Habéis oído que se dijo: Ojo por ojo y diente por diente. Pues yo os digo: no resistáis al
mal; antes bien, al que te abofetee en la mejilla derecha ofrécele también la otra: al que
quiera pleitear contigo para quitarte la túnica déjale también el manto; y al que te obligue a
andar una milla vete con él dos. A quien te pida da, y al que desee que le prestes algo no
le vuelvas la espalda”. (Mt 5,6.38-42)
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