terapeutica hormonal del cancer de la mama

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)l(•MP:RO 4
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TERAPEUTICA HORMONAL DEL CANCER DE LA MAMA
RESUMEN TERAPEUTICO DE ACTUALIDAD
TERAPEUTICA HORMONAL DEL CANCER
DE LA MAMA
R. FRANCO MANERA, J. G. ESCALADA, S. ALONSO
JIMENO y A. GoNz-:\LEZ MARTÍNEZ.
Cllnica Médica Universitaria. Profesor:
Hospital Provincial.
jimセnrz@
DIAZ.
Dentro del confuso problema de la etiología del
cáncer en general, la experimentación y los resultados terapéuticos obtenidos en algunos cánceres
con la terapéutica hormonal permiten, junto a la
posibilidad de actuación en casos hasta ahora considerados como intratables, adivinar cómo, si no todos, por lo menos algunos de los procesos, tienen en
su génesis un factor de disregulación endocrina,
quizá podamos llegar a aclarar,
camino por el 」オセャ@
por lo menos en parte, su etiología. Asimismo, podemos pensar que en el desarrollo de la enfermedad
cancerosa hay que diferenciar, junto a agentes que
deben tener un papel desencadenante, la existencia
de un equilibrio endocrinometabólico, que al alterarse favorezca la puesta en marcha de la neoplasia,
como parecen demostrarlo los recientes trabajos
que evidencian la existencia posible de focos histológicamente neoplásicos en un elevado porcentaje
de personas normales, acúmulos celulares que sólo
en determinadas circunstancias se desarrollan en
uno u otro órgano, aunque hoy por hoy, no se nos
alcance la causa de su crecimiento ni de su localización.
Es indudable que entre estos factores, el estado
endocrino tiene un evidente papel, sobre todo en
aquE.llos cánceres hormonales activos o muy directamente influenciados por factores endocrinos. Entre estos últimos es la mama, en la mujer, el órgano
sin duda alguna más frecuentemente afecto de cáncer, y en consecuencia, es el cáncer de la mama en
el que de un modo más sistemático se han venido
probando los efectos de las hormonas que, al menos teóricamente, debieran influir sobre la misma.
Experiencias en animales y resultados de diversas
observaciones clínicas, condujeron a la idea, ya hace
tiempo, de que los cuerpos de actividad estrogénica
podrían favorecer el desarrollo del cáncer mamario,
y fué por ello por lo que LOESE y FELS iniciaron la
terapéutica con andrógenos de la citada enfermedad, y NATHANSON, RICE, MEIGS, TAYLOR, TREVES, etcétera, preconizaron, basados en el mismo fundamento, la castración como tratamiento del citado
cáncer. Sin embargo, posteriores observaciones de
NATHANSON, GARDNER, TAYLOR, etc., demostraron
que, en contra de lo previsto, los estrógenos podían,
en determinadas circunstancias, inhibir y mejorar
el desarrollo del cáncer de la mama, especialmente
en aquellos casos en que su aparición era posterior
a la menopausia, con lo cual aumentó la complejidad
del problema, abriéndose sin embargo nuevos caminos experimentales y clínicos. Más recientes estudios, especialmente de TAYLOR y sus cols., han per-
mitido valorar el papel que otras hormonas, ACTH
y cortisona, tienen en la terapéutica del cáncer mamario y la sorprendente eficacia de la orquidectomía en el raro cáncer de la mama del varón, complicando más un problmea que inicialmente se concibió con excesiva claridad.
No es nuestra intención entrar en el mismo, sino
exponer el estado actual de la terapéutica hormonal en el cáncer de la mama, valorar su eficacia y
las dosis a emplear, así como las indicaciones en
dicho tratamiento.
ACTITUD TERAPÉUTICA EN EL CÁNCER DE
LA
MAMA.
Como en todo cáncer, y aún más si tenemos en
cuenta estos nuevos procedimientos de actuación,
en el de la mama es fundamental el diagnóstico precoz, para lo cual la biopsia, nunca escatimada, es
de primordial importancia. Asimismo es aquí también de gran interés la demostración, o no, de la
existencia de metástasis, para lo que no debemos
ahorrar ningún procedimiento de exploración. Así
pues, de primera intención, nos encontramos con
una triple posibilidad:
1 ) Cáncer de mama precozmente diagnosticado y
sin metástasis.
2) Cáncer de mama con metástasis asequibles
quirúrgicamente.
3) Cáncer de mama avanzado con metástasis no
asequibles quirúrgicamente.
En los dos primeros casos está clara nuestra conducta terapéutica: la intervención se impone lo más
rápidamente posible, y nunca estamos autorizados a
iniciar ningún otro tratamiento; ahora bien, una
vez hecha la extirpación, y aun cuando ésta haya
sido técnicamente correcta, sí se nos presenta la posibilidad de poder actuar sobre el terreno, para tratar de evitar las recidivas o la puesta en marcha de
metástasis inasequibles a la exploración.
Ante esta situación, y después de que el enfermo
haya sido operado, o ante cánceres de la mama quirúrgicamente inabordables, bien por la extensión o
por sus metástasis, es cuando se nos plantea el
enunciado problema terapéutico, dejando aparte las
posibilidades terapéuticas que suponen la radio y
radiumterapia, así como el empleo de los isótopos
radiactivos (P32 , cッ セ Q L@ セエ・NIL@
que, por otra parte, no
se antagonizan con el uso de las hormonas.
Sin embargo, en términos generales, y teniendo
en cuenta que la terapéutica hormonal puede, en casos, empeorar al enfermo, moralmente sólo estamos
autorizados a utilizarla en aquellos casos en los que
hayan ya fracasado todas las demás medidas terapéuticas anteriormente citadas, o en los que lo avanzado de la enfermedad o la gran afectación del estado general del enfermo impida o contraindique el
empleo de dichas medidas.
TAYLOR y MORRIS dan las siguientes normas para
la selección de los pacientes que han de recibir un
tratamiento hormonal y que sirven de resumen para
lo antedicho. Son las siguientes:
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REVISTA. OLINICA ESPAÑOLA
1." Los pacientes deben recibir la terapéutica
sólo si no es posible la cura con cirugía radical o
con rontgenoterapia.
2." Debemos tener la evidencia de la existencia
de metástasis, ya que las alteraciones fisiológicas
que serán producidas con la terapéutica hormonal
pueden ser penosas para el enfermo.
3." La elección de la hormona a emplear depende de la edad de los enfermos.
4." Las familias de los enfermos deber ser prevenidas de la posibilidad de que se produzcan complicaciones con el tratamiento hormonal.
5.' El enfermo debe ser minuciosamente explorado en todos sentidos para poder valorar los efectos de €Sta terapéutica.
6. · Sólo serán tratados aquellos pacientes que
puedan ser observados en cama.
7. Es indispensable, antes de comenzar la terapéutica hormonal, hacer una determinación de los
valores de la calcemia.
Ahora bien, una vez sentada la indicación, veamos
de qué modos podemos actuar sobre el estado endocrino de los enfermos.
:MEDIOS DE ACTUACIÓX SOBRE EL ESTADO HOR:\IONAL
DE LOS ENFERMOS CON CÁNCER DA MAMA.
Podemos nosotros actuar, en esquema, de la siguiente forma:
1)
Suministrando hormonas.
2)
Actuando sobre otros órganos endocrinos, directa o indirectamente ligados, en el sentido hormonal, a la glándula mamaria; y esto podemos hacerlo médicamente, quirúrgicamente y por medios
físicos.
Como la mama no tiene una actividad hormonal
directa, el primer apartado es superponible al tratamiento médico del segundo, por lo que los trataremos conjuntamente.
A)
Administración de hormonas en el tratamiento
del cáncer de mama.
El primer problema que se nos presenta es el de
la hormona a administrar. En términos generales,
los diferentes autores coinciden en que si las enfermas no han desarrollado aún la menopausia deben
ser tratadas con andrógenos, ya que los estrógenos
son peligrosos, aun cuando existan casos publicados que contradigan la anterior afirmación (NATHANSON, ALLEB, ENGLE, BINNIE, HERMANN, etcétera). Pasada la menopausia (o los cincuenta y cinco
años para TA:YLOR y sus cols.), las pacientes pueden ser indiferentemente beneficiadas con andrógenos o con estrógenos, si bien la virilización a que
conducen los primeros en la edad postmenopáusica
hacen que sean los estrógenos la hormona de elección. Si el problema que se nos plantea es el de
qué hormona debemos usar después de un tratamiento quirúrgico o roentgenológico, la experiencia
de los diferentes autores se puede resumir del siguiente modo: en tales casos el valor de la terapia
hormonal es oscuro y debemos ser extraordinariamente prudentes en su uso. Las hormonas y dosis
de las mismas, usadas en el tratamiento del cáncer
de la mama, son las siguientes:
Andrógenos.- Las primeras observaciones fueron
esporádicas, pero en los últimos años se ha trataao
un número alto de pacientes con andrógenos no sólo
30 noviembr·c 1953
en cánceres avanzados, sino también con fin profiláctico tras la mastectomía, tratando de prevenir
las recaídas y aumentar con ello la supervivencia
del enfermo; en <'S te último aspecto, PRUDENTE ha
publicado casos con aumento indudable de la supervivencia.
El propionato de testosterona es el preparado de
elección y TAYLOR y sus cols. lo han usado en solución oleosa en dosis de 50 a 100 mg., tres veces a la
semana, siendo la de 100 mg. o más la que ha dado
mejores resultados. Estas dosis altas no han aumentado paralelamente los signos de virilización. Los
mismos autores han usado también los p2llets de
testosterona a la dosis de 75 mg. cada uno, haciendo
la implantación de ocho de ellos en la masa del
músculo recto anterior del abdomen, con lo cual
mantienen una dosis adecuada durante unas ocho
semanas, lo que rt"prcsenta una mayor comodidad
para el paciente. Sin embargo, hay veces en que las
pastillas no son absorbidas y casi siempre la absorción es irregular, lo que hace que la citada ventaja
sea neutralizada por los inconvenientes que esto supone. Asimismo la melil-testostl'rona, adminic:;tr.lda
por vía oral, ha sido dada a dosis dl· 125 mg. al
día, lo que representa una actividad análoga a 100
miligramos de propionato de testosterona por via
muscular dados tres veces por semana. Pero con
este método la absorción es irrl'gular y no es rara
la aparición de náuseas y vómitos, aparte la incomodidad que supone la lenta absorción sublingual
de las tabletas. De todo ello se deduce que, como
quedó indicado, es la solución oll'osa d<' propionato
de testosterona por vía intramuscular dada trl'S veces por semana y a la dos1s de 100 a 200 mg. cada
vez, el preparado, dos1s y procedimiento de elección.
La administración se continuará tanto tiempo como
sea preciso mientras se demuestre la utilidad de la
misma, y una valoración clínica adecuada de dichos
efectos precisa un tiempo mínimo de observación
de unos dos meses, debiéndose considerar como efecto beneficioso inicial no la mejoría objetiva ni subjetiva del paciente, sino la interrupción del curso
fatalmente progresivo de la enfermedad. La vigilancia debe ser muy cuidadosa, ya que la inconstancia
de los resultados obligará a suprimir la medicación en cuanto se aprecia el me nor signo de empeoramiento local o general del enfermo. También
debe suprimirse la medicación en los raros casos en
los que todos los síntomas de la enfermedad remiten por completo. Algunos autores como TALBOT,
HERMANN, KIRSTEN y otros preconizan el empleo periódico de los andrógenos con temporadas de descanso, sin que exista una experiencia valorable sobre este proceder. La administración continuada,
hoy en día considerada como la más eficaz, en algunos casos ha tenido que ser interrumpida temporal o totalmente ante la aparición de graves signos
de virilización.
Los resultados obtenidos con la medicación andrógena son a veces espectaculares, si bien en general estos resultados no guardan proporción con
los cambios objetivos simultáneos, que son mucho
menos frecuentes. El análisis de los diferentes síntomas nos permite resumir así los efectos de esta
terapéutica según la experiencia de diferentes autores: en el aproximadamente 30 por 100 de los casos
se produce la regresión de las metástasis óseas,
como es lógico, temporalmente, y por contraste la
remisión del dolor causado por dichas metástasis
fué evidente en más del 50 por 100 de las pacientes
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TERAPEUTICA HORMONAL DEL CANCER DE LA MAMA.
afectas, siendo clara incluso en enfermas en las cuales no se pudo objetivar regresión alguna de dichas
metástasis. En casi la totalidad de los casos fué espectacular la mejoría del estado general y el aumento del apetito; la anemia, secundaria o no a las lesiones óseas, mejora en la mayor parte de los casos
y los enfermos ganan en peso y cambian su situación psíquica, haciéndose más optimistas.
En el 2 por 100 de los casos de TAYLOR, las enfermas empeoraron.
Durante el tratamiento con andrógenos, pueden
aparecer efectos colaterales que dificultan la terapéutica. KENNEDY y NATIIANSON los resumen del siguiente modo y con la siguiente frecuencia: ronquera, que aparece en el 61 por 100 de los casos, llegando hasta una voz claramente masculina, debido
a que los andrógenos producen una hipertrofia de
las cuerdas vocales, y si el tratamiento se continúa,
incluso un aumento del tamaño de la laringe. El
hirsutismo aparece en el 52 por 100 de casos tratados por los citados autores, y su causa es obvia,
acompañándose de distribución masculina del vello.
La calvicie aparece en el 22 por 100 de las enfermas, siendo más acusada en las previamente castradas. El acné seborreico es frecuente, ya que los
andrógenos aumentan la secreción sebácea y originan la hiperplasia de las células del folículo piloso;
la mfccción de este acné puede originar sicosis, fís tulas y forúnculos. El acné simple y el acné rosáseo no son raros. La aparición de un aspecto cushinoide que no se acompaña de un aumento de los
hematíes ni de la hemoglobina, se ha observado con
frecuencia, acompañándose de sofocos fáciles por
trastornos vasomotores. Aumento de peso se observa en el 76 por 100 de los casos y de la libido en
el 37 por 100. El empleo oral de los andrógenos,
como ya se ha dicho, produce con frecuencia náuseas y vómi tos. No es raro la observación del aumento del desarrollo muscular, especialmente de las pantorrillas, y algunas pacientes desarrollan un aumento del clítoris, que puede acompañarse de erotismo
doloroso, en algunos casos insoportable. La r etención del sodio con el consiguiente edema, e incluso
la insuficiencia cardíaca, pueden ser complicaciones
que obliguen a suspender el tratamiento, por lo cual
se aconseja unir éste a una dieta pobre en dicho
catión. La hipercalcemia ha sido señalada por FoNow, WOODARD, HERMANN, KIRSTEN, KRAKAUWER,
BAUMANN, O'CONNOR, etc., yendo acompañada de
anor exia, estreñimiento, calambres abdominales,
náuseas y vómitos. En un enfermo de TAYLOR la
calcemia alcanzó la cifra de 20 mg. por 100 c. c.,
factor que contribuyó a su muerte. Esta hipercalcemia puede ser controlada suspendiendo la administración de andrógenos y administrando 250 a
300 c. c. intravenosos de una solución de citrato
sódico a l 2,5 por 100, cuidando por medio de anális is de no pasar al extremo opuesto con síntomas
tetanoides. Todo ello obliga, como ya se dijo, a una
determinación previa de la calcemia en estos enfermos y a la vigilancia muy directa si ésta no está
por debajo de 12 mg. por 100.
Estrógenos.- No deben ser en principio a dministrados en edad premenopáusica, a no ser que hayan
fracasado todos los demás procedimientos terapéuticos, incluso la administración de andrógenos y a
t ítulo de prueba. La edad postmenopáusica es en
cambio el procedimiento de elección, ya que produce a tiempo una mejoría de los síntomas vasomotores y psíquicos que habitualmente acompañan al cli-
'
263
materia. Los preparados más usados y sus dosis
son los siguientes:
El estilbestrol, se administra por vía oral a dosis de 5 mg. diarios; dosis más pequeñas son también activas, pero parece ser ésta la más eficaz; la
dosis total debe ser dividida en tres tomas, que se
administrarán después de las comidas para prevenir las náuseas tan frecuentes en este medicamento.
El etinilestradiol, se administra también por vía
oral, tres dosis al día de 1 mg., también después de
la toma de alimento, por los mismos motivos que el
anterior. El dipropionato de estradiol, en solución
oleosa, se emplea por vía intramuscular en dosis
de 5 mg. dos o tres veces por semana; no hay ventajas en su absorción ni en sus efectos, por lo cual
el procedimiento de elección es la vía oral, más cómoda y económica.
En una cuarta parte de los enfermos tratados con
estrógenos aparecen náuseas, vómitos y anorexia,
que en general desaparecen continuando el tratamiento. Otras complicaciones que pueden apar ecer
son: piel seca y atrófica con descamación fácil, hiperpigmentación del pezón y de la aréola, aumento
del tamaño de las mamas (a veces doloroso). micción
imperiosa e incontinencia urinaria, reaparición de la
hemorragia uterina e hipercalcemia con los mismos
peligros ya citados para los andrógenos.
La duración del tratamiento debe ser tan larga
como sea necesario, obligando a vzces a su interrupción los síntomas por parte del aparato digestivo o las metrorragias y más raramente la hipercalcemia. Los efectos del tratamiento son en general menos frecuentes y espectaculares que en la
terapéutica coh andrógenos; pueden mejorar las ュセᆳ
tástasis blandas y r ecalcificarse las óseas, habiéndose apreciado una regresión de las mismas en el
38 por 100 de las pacientes tratadas con estrógenos,
siendo en cambio menor la disminución del dolor ;
por contraste, una mitad de las enfermas tratadas
por diferentes autor es empeor ó, coincidiendo este
empEoramiento en aquellas pacientes que llevaban
menos de cinco años a partir de su menopausia.
También se ha observado el aumento de peso y mejoría del estado general, con sensación de bienestar
y turgencia de los genitales. La disminución del tumor primario, cuando no ha sido ex tirpado , es obj etivable en muchos casos y la anemia disminuye en
general. En términos gener ales, el efecto de la medicación estrogénica es tanto mejor cuanto más
avanzada es la edad de la enferma tratada, y en los
casos favorables los efectos han durado hasta varios años.
Aunque el número de observaciones es pequeño,
los estrógenos también pueden tener un efecto favorable en el cáncer avanzado de la mama del varón, solos o unidos a la orquidectomía. TAYLOR ha
tratado cuatro enfermos con buen resultado habiendo observado ginecomastia en la mama no afecta.
Otras hormonas. Progesterona.-Ha sido empleada en 13 enfermas por TAYLOR con regresión de los
síntomas en cuatro, con persistencia de la me.ioria
de siete meses en uno; la dosis fué de 100 a 200 miligramos diarios intramusculares y la escasez de
publicaciones a este r especto no permite sentar ninguna conclusión.
DOCA.- Ha sido usada en algunos casos sin resultado.
A CTH.- A dosis de 100 a 200 mg. al día es usada
por MORRIS y TAYLOR, observándose un rápido empeoramiento en todas las enfermas tratadas.
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B)
Procedimientos quirúrgicos.
Los procedimientos quirúrgicos que han sido usados para actuar endocrinamente sobre el 」£ョ・セ@
_de
la mama son fundamentalmente tres: castracwn,
adrenalectomía e hipofisectomía.
Castración.- Los datos acumulados en cincuenta
años permiten definir los efectos de la castraci?n. en
el cáncer de la mama, efectos que, como es log1co,
se limitan a aquellas enfermas premenopáusicas, o
muy cerca de la menopausia, que presentan un avanzado cáncer de la mama con metástasis. La castración quirúrgica se asocia ァ・ョイ。ャセ[エ@
al uso ?e l_a
radio o roentgenterapia o de los 1sotopos radiactivos, y si es posible a la exéresis quirúrgica del tumor. Los resultados obtenidos a las citadas edades
han sido favorables tanto subjetiva como objetivamente y se traducen por una mejoría del estado general con recuperación del apetito y aumento de
peso y disminución de los dolores y de las metástasis, tanto localizadas en tejidos blandos como en
el esqueleto, con recalcificación de estas últimas,
efectos que, a veces, han persistido durante カセイゥッウ@
años. La castración ha sido asociada al tratamiento
con andrógenos, siguiendo la pauta ya indicada o
con dosis más pequeñas, de 25 a 50 mg., no pudiendo tensr aún conclusioms sobre las ventajas de
esta asociación. Como es lógico, se acompaña de las
molestias propias del climaterio agudamente instituido, tales como excitación, insomnio, cambios de
la personalidad psíquica, dolores articulares y trastornos neurocirculatorios.
En el hombre la orquidectomía ha sido practicada en enfermos con cáncer avanzado de la mama,
siendo la respuesta en general más significativa que
en la mujer, tanto en la sintomatología general
como en la local, y parece ser más eficaz cuanto
más avanzada es la edad del enfermo, siendo más
duraderas las mejorías obtenidas, especialmente
cuando se asocian los preparados de acción estrogénica (NATHANSON).
Adrenalectomía.-HUGGINS y BERGENSTAL han publicado recientemente los resultados obtenidos en
el cáncer avanzado de la mama con la adrenalectomía. Ya JUANNOWICZ, ROFFO, BISCHOFF y MAXWELL
habían aportado los efectos experimentales que sobre la inhibición de diferentes tumores ocasionaba
la extirpación de las suprarrenales, lo que INGLE y
BAKER atribuían a la secundaria disminución de los
procesos anabólicos que la tal intervención origina,
y ScoT y HUGGINS demostraron la disminución de
un cáncer de la próstata, después de la adrenalectomía, lo que confirma Cox en posterior observación. Por el contrario, KENDAL y HELMAN y otros
autores han puesto de manifiesto el empeoramiento
de diversos tumores malignos, no hematológicos,
con la administración de extractos suprarrenales,
mientras que SPIES, TAYLOR y otros varios publican
regresión de un carcinoma del labio y de tumores
linfáticos con la administración de cortisona y
ACTH. HUGGINS y BERGENSTAL presentan 18 enfermos tratados con adrenalectomía, de los cuales siete son adenocarcinomas de la mama, haciendo castración previa y manteniendo a las enfermas posteriormente con la administración de DOCA y cortisona. Las enfermas adrenalectomizadas recibieron
12,5-25 mg. de cortisona dos veces al día, 3 mg. de
cloruro de sodio y de 2-4 mg. de DOCA, manteniéndose de esta forma normalmente a pesar de la extirpación bilateral de las suprarrenales; los enfer-
30 noviembre 1953
mos mejoran de su estado general y no presentan
signos graves de insuficiencia suprarrenal.
Sin embargo, hay que reconocer que este proceder terapéutico sólo puede aconsejarse en casos verdaderamente desesperados y en los cuales la neoplasia se acompaña de dolores muy intensos, ya que
sus efectos, únicamente paliativos, no compensan la
dificultad quirúrgica y el complejo tratamiento postoperatorio.
Hi¡:ofiSl:ctomía. - Ha sido preconizada en casos
muy avanzados de adenocarcinoma de mama, aun
cuando, como se comprende, la gravedad y dificultades quirúrgicas de la intervención ャ ゥュエセ ョ@
extraordinariamente su empleo. En nuestra patna, OBRADOR ha operado con éxito recientemente una enferma en estas circunstancias, manteniéndola luego
con una terapéutica postoperatoria de cortisona.
CoNCLUSIONES.
De todo lo antedicho se puede llegar a las siguientes conclusiones:
1." La evolución del cáncer de mama avanzado
puede alterarse de modo evidente por un tratamiento hormonal, especialmente con los csteroides
sexuales. Esta influencia puede ser favorable o desfavorable, según el estado hormonal del enf<>rmo
afecto y sin que tengamos, hoy en día ningún signo
que nos permita saber, "a priori", cuál va a ser el
resultado de la terapéutica, lo que obliga, naturalmente a una cuidadosa vigilancia del tratamiento.
2." ' Los efectos favorables que S<' obtienen, aunque a veces son espectaculares, son siempre temporales y de duración relativamente corta.
3." Esta terapéutica solamente está indicada
cuando fracasan los procederes considerados hasta
ahora como clásicos (exéresis quirúrgica, radioterapia, etc.).
4." Los procesos quirúrgicos de actuación sobre
órganos endocrinos suman, a parecidos resultados,
los peligros de toda intervención quirúrgica, y ョセᆳ
camente la bilateral tiene un evidente papel profiláctico y terapéutico. La castración roentgenológica,
más inocua, es por ello preferible en la mayor parte
de las veces.
5." De todas formas, el tratamiento hormonal
del cáncer de la mama avanzado puede muchas veces mejorar la situación de profundo sufrimiento de
algunos enfermos que, de otro modo, no encuentran
alivio a sus molestias.
6." Estas acciones hormonales demuestran que
es revisable el concepto de la autonomía de las células neoplásicas y abre un camino a la esperanza
en el tratamiento de algunos tipos de tumores malignos.
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NOVEDADES TERAPEUTICAS
Tratamiento simultáneo con ACTH y cortisona
en el corea.- Las diversas terapéuticas propuestas
para セQ@ corea de Sydenham son prácticamente ineficaces. Incluso el e mplt:o de ACTH y de cortisona no ha proporcionado los resultados apetecidos.
SCHWARTZMAN, ZAONTZ y LUBOW (J. Pediat.) 43, 278,
1953 ) creen que tales pobres r esultados se deben a
insuficiencia de dosificación, la cual está influida
por el temor a los efectos desagradables de las citadas sustancias. En su opinión, la asociación de
ACTH y cortisona evitaría el riesgo de la depresión
medular por la cortisona y permitiría obtener un
efecto terapéutico completo con d osis mucho m enores. En seis niños con corea han utilizado simultáneamente ACTH y cortisona, en dosis fraccionadas
cada .seis horas, y en proporciones variablzs entre
1 : 1 y 1 : 3. El tratamiento se m antuvo hasta conseguir la curación, la cual se produjo en tiempos variables entre 8 y 32 días. Las dosis usuales fueron
entre 20 y 40 mg. diarios de ACTH y entre 20 y
120 mg. de cortisona, simdo preferible una proporción a partes iguales entr-e cortisona y ACTH. Como
la duración habitual del corea oscila entre 8 y 10
ウセュ。ョL@
los resultados suponen una cierta eficacia
del proceder.
Inyección intravenosa de tiocianato en la cefalea
de los hipertensos.- La cefalea es una de las manifestacion,es más frecuentes y rebeldes de l<t hipertensión. Si bien la toxicidad de los tiocianatos ha
impEdido la generalización de su -empleo continuado
en la hiperten.sión arterial, es lo cierto que con
ellos se consigu-e casi constantemente la drsa¡;arición d e la cefalea. El empleo de una dosis pequeña
de tiocianato, por vía intravenosa, sería suficiente
para que, sin peligro de toxicidad, se obtuviese una
desaparición duradera de la cefalea, en opinión de
SAINT-PIERRE, CORCORAN, TAYLOR y DUSTAX ,J, Am.
Med. Ass.) 152, 493, 1953). A 15 hipzrtensos con
cefaleas muy tenaces han inyectado intrav.eno3amente una solución que contiene un gramo de ión
tiocianato. La inyección origina concentraciones en
sangre del orden de 6 a 7 mg. por 100 c. c., que son
muy inferiores a las que originan síntomas tóxicos.
En las tres cuartas partes de los enfermos se logró
una mejoría que aparece a las pocas horas de la
inyección y que duró de cinco a más de diez días.
Si la inyección no se repite con frecuencia, son inョセ」・ウ。イゥ@
las dosificaciones de tiocianato en la sangre. El mecanismo de la desa¡:arición de la cefalza
no aparece claro, no guardando relación con l::1 disminución producida en la cifra tensional.
Tratamiento del reumatismo agudo con butazolidina.-Además de su empleo en la artritis reumatoide, la butazolidina se ha utilizado en otros procesos articulares. Bien conocido es el caso de la
gota úrica, en la que algunos autores consideran a
la citada droga como de suma utilidad. También sería aplicable en el reumatismo agudo. FLE:\IIl\G y
WILL (Ann. rィセオュN@
Dis. ) 12, 95, 1953) hacen notar
que el tratamiento del reumatismo agudo con salicilatos dista mucho de ser satisfactorio. Por una
parte, no €S absolutamente s:guro; por otro lado.
se precisa la administración de cantidades セイ。ョ、・ウ@
de la droga, que fl':::cuentemente no son toleradas.
Han comunicado los efectos d2l tratamiento con butazolidina en cinco .enfermos de reumatismo agudo,
de edades comprendidas entre los 9 y los 17 años,
a los que han administr ado 400 a 600 mg. diarios
del preparado. En ningún caso se produjeron r<'accioms tóxicas y la respuesta fué muy brillante, tr .tto por parte de las manif<'staciones clínicas como de
la velocidad de sedimentación globular. Al suspc-n-
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