BALKANIA 1 SERBIA: LA PERSPECTIVA INTERNA Mira Milosevich

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SERBIA: LA PERSPECTIVA INTERNA
Mira Milosevich
El hecho de que el partido más votado en las elecciones parlamentarias en Serbia haya sido
el Partido Radical Serbio –PRS-, (27,61 % de los votos), y la supervivencia del Partido
Socialista Serbio-PSS- (7,06%), han despertado preocupación entre los representantes de la
Unión Europea. Esta inquietud es razonable, porque las listas electorales de ambos partidos
están encabezadas por dos procesados del Tribunal de la Haya, Vojislav Seselj y Slobodan
Milosevic, ambos acusados de crímenes de guerra en la antigua Yugoslavia. Los
comentaristas de los principales periódicos europeos cuestionan la sinceridad de los serbios
a la hora de expresar su deseo de integrarse en las instituciones europeas, toda vez que han
votado a los dos partidos que les llevaron a la catástrofe económica, social y política en los
años noventa. Manuel Coma, analista del Real Instituto Elcano, teniendo a la vista las
elecciones parlamentarias del pasado noviembre en Croacia, ( que dieron la victoria a la
Unión Democrática Croata, partido del difunto presidente Franjo Tudjman), y las
elecciones de Bosnia, donde cada grupo étnico sigue votando a su partido nacionalista, se
preguntaba si estamos en vísperas del regreso triunfal del nacionalismo en los Balcanes y
de una nueva desestabilización de toda la región (ABC, 29.12.). Respecto a Serbia, estos
comentarios expresan dos temores fundamentales: que las elecciones del 28 de diciembre
hayan acarreado la hegemonía nacionalista y que el nuevo gobierno serbio no pueda
garantizar la estabilidad política y seguir con las reformas democráticas, condición
imprescindible para el apoyo de UE y EE.UU.
Antes de intentar a responder a estas preguntas hay que destacar la alta participación
de la población ( 59% del electorado), lo que, teniendo en cuenta el fracaso de las tres
últimas elecciones presidenciales por falta de la misma, demuestra que los serbios están
superando la apatía política. Las últimas elecciones parlamentarias han sido, en cierto
modo, las primeras elecciones en las que los serbios han tenido la oportunidad de votar a y
no contra algo y alguien: en el 2000, se trataba, más bien, de derrotar a Milosevic y a sus
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aliados. Para ello se formó la coalición DOS, de 18 partidos. En las elecciones de diciembre
de 2003, sólo seis partidos de los 19 que se han presentado a las mismas, han conseguido
superar el 5% de los votos necesario para obtener escaños en el Parlamento. Este hecho ha
tenido dos consecuencias principales: un 15 % de votos, destinados a partidos
democráticos, antiguos miembros de la coalición DOS, se ha malgastado, y por eso la
victoria de los radicales parece mayor. Pero a largo plazo, esta cristalización de las fuerzas
políticas puede facilitar la estabilización de la vida política serbia. Sin embargo, el mayor
inconveniente de este resultado es precisamente la desaparición de los partidos de las
minorías ( de Vojvodina y Sandzak), que no van a tener representación política en el
Parlamento. Finalmente, hay que subrayar, que 60% del electorado ha votado a cuatro
partidos democráticos ( El Partido Democrático Serbio, El Grupo17, El Partido
Democrático, El Movimiento de Renovación Serbia), que en total son 147 escaños contra
103 que suman PRS y PSS. Este resultado es malo si se tiene en cuanta el de las elecciones
de 2000, cuando la relación entre la coalición DOS y estos dos partidos era 176 contra 74,
pero no es catastrófico, desde la perspectiva interna serbia.
A pesar de que el PRS y PSS han obtenido 103 escaños de los 250 del Parlamento
serbio, su victoria es muy relativa. En el momento de la pérdida del poder, en diciembre de
2000, el PSS tenía 1.532.841 votos, y el PRS 406.196. En las últimas elecciones, los
Radicales han obtenido 1.059.212, y los socialistas 285.203. Salta a la vista que el voto
socialista se ha ido a los radicales, y que es este partido –y no el Partido Socialista de
Milosevic- el que hoy representa la nostalgia del régimen anterior. Pero, además, estos
números demuestran que ambos partidos han perdido unos 700.000 votos en relación con
las elecciones anteriores. Por tanto, los serbios votan cada vez menos por la opción del
pasado nefasto. Aún así, ¿por qué estos dos partidos han sacado tanta tajada de estos
comicios? Aunque, visto desde fuera y desde la perspectiva de la comunidad internacional,
parezca lo contrario, la mayoría relativa de los radicales no significa una vuelta del
nacionalismo. Los radicales están en contra de la colaboración de con el TPI, pero éste no
ha sido el motivo principal de su victoria. Había más partidos con algún preso de la Haya
en sus listas que no han obtenido el 5% necesario de los votos, o, como es el caso del
partido de Milosevic, que sólo ha conseguido algo más de 7%. Los radicales presumen, con
razón, que en estas elecciones han conseguido hablar en nombre de todos descontentos. La
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mayor parte de sus votos procede de los campesinos, trabajadores despedidos y refugiados
serbios de Croacia, Bosnia y Kosovo, que se autodefinen como las victimas principales de
las medidas del gobierno anterior formado por la mayoría del Partido Democrático del
difunto primer ministro Zoran Djindjic. Los radicales no han ganado en ninguna de las
grandes ciudades serbias. El PRS siempre había conseguido muchos votos en los periodos
del vacuum político: en las elecciones generales de 1992, cuando la oposición apenas
existía, y en 1997, cuando una parte de la oposición democrática boicoteó las elecciones.
Sus teóricos buenos resultados de 2003 se deben más a los escándalos de corrupción del
gobierno anterior y a la falta de transparencia política y económica de las ayudas
internacionales, que a un programa político concreto. Se trata de una advertencia a los
demócratas. Pueden perder el poder si no son capaces de representar a los más pobres. Por
otra parte, no se puede esperar que en tres años desaparezcan por completo los partidos del
régimen anterior. Teniendo en cuenta lo que ha ocurrido recientemente en Croacia, en
Bulgaria ( donde los ex comunistas han obtenido la mayoría en las elecciones locales), y en
Polonia ( mayoría ex comunista en las elecciones parlamentarias), se puede hablar de un
fenómeno casi general de las sociedades en transición del comunismo a la democracia: la
población empobrecida por las nuevas medidas económicas del mercado libre espera unos
cambios rápidos que les mejore notablemente la vida. Como esto es imposible, vuelven a
votar los partidos que les garantizaron un cierto bienestar, aunque dentro de un marco
totalitario, por desesperación y como castigo a los reformistas que no han cumplido sus
promesas .
El futuro gobierno de Serbia, aunque contará posiblemente con 4 partidos
democráticos, no va a garantizar por sí mismo la estabilidad política. Pero lo cierto es que,
seguramente, va a ser más fácil tomar decisiones entre 4 partidos que entre 18. Y lo más
importante de todo: como ha subrayado Javier Solana, “en Serbia existe base para seguir
con las reformas democráticas hacia Europa.”
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