“Lo que ocurre en nuestro presente, para bien o para mal, es

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“Lo que ocurre en nuestro presente, para bien o para mal, es imborrable en nuestro futuro”
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ENTREVISTA
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López Simón
Se ha hecho presente sin que apenas se sepa quién es. Sólo
su entorno más próximo, donde “todo sigue igual”, le conoce
bien. En estas páginas hablamos con él, con Alberto, ese hombre que habita en López
Simón, el diestro que en la recién terminada temporada ha sabido ganarse el respeto
de los aficionados –y profesionales– a golpe de entrega y triunfos de esos que no se cuestionan. Como el Solitario, de Jaime de Foxá, parece que “anda sobrado de empuje”.
Texto: Laura Tenorio
Fotografías: Juan Pelegrín y Álvaro Marcos
Pregunta | ¿Qué le han dado tantos
mano a mano: oficio, reconocimiento...
dinero, tal vez?
Respuesta | Lo que he querido demostrar,
cuando me llegaban esos ofrecimientos, es
que soy de los que no vuelve la cara a nada
ni a nadie. En ellos no he buscado más que
el poder expresarme delante del toro. Es lo
único que este año he pretendido.
ni una buena educación ni el cariño y amor
de ellos, de mis padres. Mi familia tiene un
origen humilde, trabajador, y tengo que decir que siempre me he sentido orgulloso y
afortunado por formar parte de ella.
Suena rotundo.
No, es que no soy mucho de planificar las cosas, las voy tomando según vienen. Y si me
motiva la opción que me ofrecen y me genera
ilusión el escenario y los compañeros que van,
pues acepto. No busco nada a largo plazo,
sólo necesito una motivación.
¿Por qué diría que López Simón ha sumado este año en Madrid tres Puertas
Grandes?
Bueno... no sé. Salí cada día con la máxima
entrega. Soy de Madrid y Las Ventas es para
mí una plaza más que especial. Cuando era
niño soñaba con abrir una sola vez su Puerta Grande, para saber qué se siente. Gracias
a Dios, el destino me tenía guardado esto de
abrirla tres veces en la misma temporada. La
realidad ha superado a los sueños, sin duda.
Ahí queda, escrito en la Historia.
Sí, lo que ocurre en nuestro presente, para
bien o para mal, ya es imborrable en nuestro
futuro. Lo que he sentido en esa plaza y ante
esa afición nadie me lo va a poder quitar, es
algo que llevaré conmigo toda la vida.
No tiene antecedentes taurinos. ¿De
quién es hijo?
Soy hijo de Rafa y de Carmen, dos trabajadores normales y corrientes –ambos son
empleados de Iberia–, que han formado una
familia en la que jamás me ha faltado nada,
competición de esquí. También me encantaba estar con los amigos, porque no era de los
de estar mucho en casa, me gustaba estar bastante en la calle.
Es del Atlético de Madrid.
Sí. Es que nunca me han gustado las cosas fáciles, porque los caminos fáciles no suelen
conducir a grandes metas. Creo que mi vida
es eso: un poco de sufrimiento y el ir superándose día a día. Creo que la filosofía del
Atleti casa un poco con esto. Y eso que mi padre siempre me decía que me hiciera del Madrid o del Barcelona, que me iba a llevar menos disgustos, pero como siempre me ha gustado llevar la contraria un poco, pues dije que
no, que yo también del Atleti.
No da esa imagen de rebelde.
Jeje, eso es lo bueno, que no le conozcan a
uno.
¿Dónde está tu seguridad?, ¿hasta dónde llegan sus miedos?
Mis miedos son muy muy muy grandes. O
sea, siempre he tenido mucho miedo al ridículo; si no estaba muy seguro de algo, no me
atrevía a hacer lo que fuera. Pero en la profesión, al que le tengo miedo es al toro. No
sé si los demás compañeros lo tendrán, pero
reconozco que a mí el toro me hace pasar y
sentir mucho miedo.
¿Y los públicos/aficiones?
El público no me hace sentir miedo, porque
por suerte no mata como hace el toro, que es
el que pega las cornadas y te puede quitar la
vida. Lo que sí digo es que con el público siento responsabilidad, mucha responsabilidad.
¿Cuántas cornadas tiene pegadas ya?
Esta temporada he tenido tres; en mi carrera, en total, me han pegado cinco.
Su hermano, ¿también ha flirteado con
el toro?
No, no. Él, que es cuatro años menor que yo,
me sigue y tiene mucho talento para escribir,
pero taurinamente no tiene expectativas.
Yo, sin embargo, estudié hasta terminar el Bachiller y después decidí apostar por la profesión. Lo vi claro, sabía que era inviable iniciar una carrera en la Universidad, porque el
toro te exige dedicación plena y yo, desde luego, estoy dispuesto a dársela.
No fue de los niños que jugaba al toro.
No, no. A mí el gusanillo me entró cumplido los 14. Hasta entonces jugaba al fútbol y
durante unos años estuve en un equipo de
¿Cada una le aporta algo diferente?
A mí, ni me dan ni me quitan. Sí me hacen
reflexionar mucho, pero quizá en positivo,
porque las horas y los días que pasas en los
hospitales después de los percances son unas
horas que, como hombre, tienes que aprovecharlas para conocerte más. Es lo único que
quizá me aportan, al tener que pasar por unas
horas de tranquilidad, de saber que no puedo hacer nada. Es cuando a mi mente la dejo
descansar e intento conocerme mejor; interiormente, me refiero.
Se lo tengo que preguntar: ¿Cuántos
años piensa tardar en instalarse como figura del toreo?
No lo sé, eso es algo que no me preocupa. Ser
figura es un reconocimiento que te lo tiene que
dar el aficionado, y no siempre los aficiona-
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dos se ponen de acuerdo en eso. Yo de lo que
me ocupo es de perfeccionar mi toreo, de intentar cada día torear con más pureza. Si pensara en ello, me crearía tal ansiedad que no
me dejaría evolucionar. Digamos que lo de ser
“figura” sería una consecuencia pero no un objetivo.
¿Se ve parando los relojes, como decían
hacía Curro?
Puedo hablar de mi propio reloj, no de otros
relojes del toreo. Lo que intento cada día es
que en mi reloj las agujas giren despacio y que
el ritmo de las mismas lo marque mi propio
instinto y mi propia alma.
Parece, como Joselito, que es de los que
dice aquello de “¡en mi hambre mando
yo!”.
Sí, por supuesto. Aunque no en “mi hambre”,
porque cuando puedes afirmar algo así es porque ya has conseguido una serie de cosas en
la vida, en tu profesión. Pero lo que tengo clarísimo, y creo que en esta temporada así lo
hemos demostrado tanto mi apoderado –Julián Guerra– como yo, es que no íbamos a dejar que jugaran con nuestras ilusiones, por eso
exclusivamente hemos toreado en aquellas
circunstancias en las que teníamos una motivación máxima.
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”S
er figura es
un reconocimiento
que te tienen que
dar los aficionados
y estos no siempre
se ponen de
acuerdo”
Los paseíllos de esta temporada, han
sido pocos/suficientes?
Creo que los que he sumado han estado en
la justa medida. Nosotros teníamos claro que
el paseíllo lo haría sólo en aquellas plazas en
donde la ilusión me pudiera, como ya he dicho. Podían haber sido más tardes, pero no.
Fueron las justas para tener la evolución necesaria y salir al ruedo con una máxima entrega. Porque hacer el paseíllo sin motivación
o sólo por intereses lucrativos pienso que es
prostituirse. Eso no va con mi forma de entender y vivir el toreo.
En cuántos paseíllos ha salido “ganando”, y no me refiero a cortar orejas, sino
a convencer de verdad.
Ha habido días muy especiales, pero me los
guardo para mí. No quiero referirme a ninguna tarde en concreto, porque no quiero
tampoco influir en la opinión o el sentir de los
aficionados. Lo digo porque puede que una
faena con la que un aficionado se ha podido
llegar a emocionar, resulte que a mí no me ha
hecho sentir lo mismo, y por eso no quiero
influir en eso. Lo que sí digo que, lógicamente,
hubo un conjunto de tardes muy especiales
para mí esta temporada.
¿Quién es la persona que mejor conoce
a Alberto, que no a López Simón?
Mi madre, sin lugar a dudas. Y mi amigo Yelco Álvarez, que es con quien más horas he pasado y es con el que más confianza tengo.
¿Su madre va a la plaza?
Ahora ya va menos. Lo pasa mal. En este último año, hubo tardes en las que teniendo
pensado ir, en el último momento no entraba; en Las Ventas, por ejemplo. Mi padre, sin
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embargo, siempre que toreo va a verme. Viaja por libre, porque él es de los que se mantiene al margen de todo, es su carácter y yo
así lo prefiero también. La verdad es que lo
siento muy cercano, sé que si pasa cualquier
cosa estará ahí el primero.
¡Un padre que no ejerce de padre de
torero!
Es que a mi padre no le gusta meterse en esos
temas. Él va a verme y en el tendido intenta
vivir la tarde como un aficionado más; eso sí,
con sus miedos.
Fuera de los ruedos, ¿por qué pitón se
vence?
Últimamente por ninguno, porque tanto
unos como otros no hacen más que pegar volteretas. Tengo mis ideales pero políticamente me mantengo al margen de cualquier partido, porque veo que ninguno los representa.
El toreo es del pueblo, del rico, del pobre, del
de un color y del de otro. El toro no entiende de ideas políticas ni de banderas, sólo de
verdad y entrega, por eso creo que todo lo que
sea separar e intentar politizarlo es un error.
El toreo es algo natural, forma parte de nuestra tradición y de nuestra cultura.
¿La verdad tiene que ordenarla o le brota espontáneamente al contarla?
¿La verdad? La verdad sale, no se puede ordenar; si tienes que pensarla ya no es tal, sino
que se convierte en algo premeditado. La verdad es algo espontáneo.
Se habla muchas veces de la soledad del
diestro, ¿es tan extrema como se dice?
Puede que lo esté, pero yo no me siento solo
en la cara del toro, sino que veo en él un colaborador que si me entrego y le doy lo mejor de mí, me puede llevar a la gloria... Puede que esté a solas con él, pero no me siento en soledad, no.
¿Se hacen amigos en la profesión? De los
de verdad, no aduladores y palmeros.
Sí, claro que se puede. No digo que sea mi
caso, pero por qué no. Yo no suelo ir con una
idea preconcebida por la vida, me suelo dejar llevar, y en la profesión perfectamente puede aparecer un buen amigo, como en cualquier otro ambiente.
¿Lee, va al cine, qué hace cuando no
torea?
La verdad que sí me gusta tanto el cine como
la lectura, pero en los últimos tiempos reconozco que si bien intento cultivarme lo hago
casi siempre enfocándolo al toro. Cuando tengo algún día libre, me gusta estar con los amigos, los de mi infancia, y recordar aquellos
años. No necesito mucho más.
¿Sabe quiénes son los nini?
Sí, sí. Hay algunos que lo son porque no quieren dar un palo al agua, pero hay muchos
otros que se han visto así de manera obligada, por la situación del país, por cómo ha sido
gestionada la crisis, se han visto abocados a
ello. La verdad es que a mí el toreo me ha podido salvar de eso.
Una joven de 18 años –síndrome de
Down–, soñaba con ser modelo y acaba
de debutar en la Fashion Week de Nueva York. ¿Cree que el toreo está abierto a casos así?
Creo que en el toreo nadie impide a nadie ponerse delante del toro, se tenga o no una discapacidad. Lo triste es que estemos tan retrasados en eso, que cuando una persona “especial” llegue a un sitio donde sólo campan
las personas “normales”, sea una noticia. Tendríamos que normalizar esos logros, que esa
gente con discapacidad pudiera trabajar en
cualquier cosa sin que nos resultase anormal
o nos asustásemos por ello.
Para terminar, díganos dos cosas: qué
cambiaría de usted y qué del toreo
... No sé muy bien qué decir de mí, podría
cambiar muchas cosas y también no cambiar
ninguna. Porque si cambiase los defectos que
tengo, como son los que me han hecho tener
que forzarme y superarme día a día para llegar a donde me encuentro hoy, pues lo mismo estaría en otro sitio ahora mismo. Del toreo... pues tampoco sé, pero para eso hay un
jurado popular, que es el que se rasca el bolsillo y va a las plazas y al que francamente
creo que habría que escucharlo más.
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