Carburo de Calcio

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Las Lámparas de Acetileno
José Manuel Sanchis
Introducción
El carburero: ese gran desconocido. Empleado profusamente en innumerables explotaciones mineras de todo el mundo, usado por
espeleólogos y aficionados a la mineralogía, presente en hogares, industrias, automóviles, bicicletas o ferrocarriles. Llevando luz dónde
las posibilidades de obtenerla por otros medios eran poco menos que imposibles. Elemento familiar en una prolongada época de
penurias. Y sin embargo, pese a la gran difusión que en su momento tuvo, sus orígenes, su evolución, su tipología o su desaparición son
casi desconocidos.
Prácticamente ignorado por la historia, al igual que sucede con otras invenciones del ser humano en que la sencillez de su diseño o lo
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rudimentario de su funcionamiento no les hizo merecedores de estudios más profundos o minuciosos, prestó un innegable y beneficioso
servicio al obscuro mundo de la mina.
En este artículo se pretende aportar algunos datos relevantes sobre la evolución histórica de tan singular método de iluminación minera,
ofreciéndose también una descripción de los principales fabricantes españoles y los modelos que han estado en uso hasta nuestros días.
El Acetileno
Su nombre procede del latín “Acetum”: Vinagre. Se trata de un carburo de hidrógeno no saturado, primer término de los hidrocarburos
acetilénicos. Está representado por la fórmula C2H2, y también se le conoce como Etino, siguiendo la nomenclatura de Ginebra.
Es un gas incoloro, que licúa a +1 ºC a 18 atmósferas de presión. Solidificado por expansión brusca, sublima a –82 ºC. Es poco soluble
en agua, y se disuelve en disolventes orgánicos, acetona, tetrahidrofurano, etc. Se trata de un compuesto endotérmico que puede
descomponerse con explosión bajo ciertas influencias, por lo que en estado comprimido o licuado puede ser muy peligroso.
Arde con llama fuliginosa, la cual puede alcanzar una gran luminosidad si se le extiende suficientemente. Esta elevada luminosidad se
debe a las finísimas partículas de carbón incandescente que se forman durante la combustión. Su inflamación, en presencia de oxígeno
puro, puede llegar a alcanzar los 2800 ºC.
La primera descripción que poseemos sobre el acetileno se debe a su descubridor, Edmundo Davy (primo de Sir Humphrey Davy, uno de
los inventores de la lámpara de seguridad), y fue efectuada en 1836.
El químico inglés lo obtuvo tratando por el agua la masa negra que se produce en la preparación del potasio por medio del carbón y del
carbonato de potasa.
Davy, que intentaba desarrollar un método para aislar potasio metálico, descubrió un subproducto en forma de sustancia negruzca que
endurecía y cristalizaba al secarse. Probando su solubilidad, observó que reaccionaba de forma violenta con el agua, desprendiendo
gases nocivos.
Al considerar esta reacción como un mero accidente, Davy no fue consciente de la importancia de su descubrimiento, permaneciendo
éste totalmente aislado, ignorándose por completo el hallazgo hasta el punto de que en 1860, no figuraba en ninguna de las obras
científicas más importantes de la época. Berthelot, aún después de haber descubierto el gas por métodos diversos, reconocía ignorar por
completo los trabajos e investigaciones de Davy. No obstante, continuó con sus estudios intentando ampliar los conocimientos que en la
época se tenían acerca del mencionado gas. En 1866 obtendría acetiluro de sodio (carburo de sodio), que desprendía acetileno al entrar
en contacto con agua. A éste científico francés debemos el nombre de Acetileno.
Previamente a esa fecha, en 1862, Federico Woehler demostrará y describirá el fenómeno que años atrás había descubierto el científico
inglés. En ese año (su comunicación esta datada en esta fecha, pero es probable que su experiencia se llevara a cabo un año antes) el
científico obtuvo por la acción de un exceso de carbón a muy alta temperatura, sobre una aleación de zinc y calcio, una masa negra
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pulvurulenta que, al entrar en contacto con el agua, se descomponía desprendiendo gas acetileno. También lo obtuvo calentando al rojo
una mezcla de zinc, cal y carbón, consiguiendo de igual modo la masa negra (carburo de calcio). Sus experimentos no pudieron
completarse debido al fallecimiento del investigador alemán.
Mientras tanto, otros investigadores continuaban trabajando en este mismo campo. Ya en 1839, Torrey había localizado en las tuberías
del gas de Nueva York –eran de cobre– una sustancia parda, que explosionaba por choque o temperatura elevada, y que resultó ser
acetiluro de cobre. Analizando el gas de alumbrado, descubrió que éste contenía hasta un 0,60 % de acetileno. En 1861, Sawitsch
preparó acetileno por la acción del amilato de sodio sobre el bromuro de etileno. Jungfleisch obtuvo también acetileno por medio de la
combustión imperfecta del gas de alumbrado, y Olding lo obtuvo haciendo pasar por tu tubo calentado al rojo una mezcla de óxido de
carbono y formeno. En 1892, M.L. Maquenne, apoyándose en las experiencias de Winckler sobre la reducción de metales alcalino-térreos
por el magnesio, calentó en una vasija cerrada una mezcla de carbonato de bario, magnesio en polvo y carbón vegetal, obteniendo de
este modo carburo de bario, amorfo, gris-verdoso, que, igualmente se descomponía al tomar contacto con el agua.
Un poco más tarde, Travers elaboró en Inglaterra el carburo cálcico por un método análogo al de Maquenne, calentando a muy alta
temperatura una mezcla de sodio, cloruro cálcico y carbón.
A esta relación de científicos interesados en el acetileno, cabría añadir a Hare y Quet (Francia), Vogel, Rischauer y Boettger (Alemania),
Miasnikoff (Rusia), etc.
Todos los métodos señalados, así como otros muchos que en la época se hicieron para la producción de acetileno a escala industrial
resultaron muy difíciles y, sobre todo, extraordinariamente costosos, haciendo imposible su obtención para la industria. Poco a poco se
fue olvidando, quedando únicamente como experiencia de laboratorio, hasta que en 1892, Moissan descubrió el método de obtención y
producción rentable y a bajo costo del carburo cálcico, por medio de un horno eléctrico de su invención.
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Moissan y su horno.
El Carburo de Calcio (CaC2)
Henri Moissan nació en Francia en 1852. Fue profesor de farmacia en la Escuela de París, ocupando la especialidad de toxicología. Más
tarde fue profesor de Química Inorgánica en la Sorbona, en el año 1900. Además de sus estudios e investigaciones para la obtención del
acetileno, figuran en su dilatada carrera de química éxitos tan importantes como el aislamiento del flúor (1892) o tan insólitos como el
intento de fabricación de diamantes artificiales (1893). Por toda su trayectoria científica, le fue concedido el Premio Nobel de Química en
1906. Pero volvamos a sus trabajos sobre el acetileno y los carburos.
El notable investigador francés observó que la masa de cal sometida en su horno eléctrico a una temperatura de 3000 ºC por medio de un
arco voltaico, se derretía y fluía como el agua. Entonces, y con la misma temperatura, se operó la reducción rápida del óxido de calcio,
desprendiéndose en abundancia el metal, que a la vez se unió fácilmente al carbón de los electrodos del arco, para formar carburo de
calcio líquido al rojo y muy sencillo de recoger. Estas observaciones fueron presentadas por Moissan a la Academia de Ciencias de París
el día 12 de Diciembre de 1892.
M.L. Bullier, que colaboraba con Moissan en sus investigaciones, comenzó a trabajar en un medio práctico y fácil para obtener carburo de
calcio de composición bien definida y que fuese un procedimiento industrialmente viable. Después de innumerables ensayos, obtuvo un
resultado práctico, al mezclar 36 partes de carbón y 56 de cal viva. El carburo de calcio puro y cristalizado, obtenido por fusión,
correspondía a la fórmula C2Ca y desprendía, tratándose con agua, acetileno.
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El procedimiento de Bullier obtuvo un privilegio (a modo de patente) del Gobierno francés, otorgado el día 9 de Febrero de 1894, y su
método de fabricación fue presentado por Moissan a la Academia de Ciencias el día 5 de Marzo de 1894.
Pero las investigaciones sobre la obtención del acetileno y la fabricación de forma industrial del carburo de calcio, necesario para generar
el mencionado gas, no solamente la efectuaban científicos europeos. En Estados Unidos, algo estaba también ocurriendo mientras tanto.
En Agosto de 1894, cinco meses después de la publicación de las experiencias de Moissan en Francia, T.L. Willson solicitaba una
patente que llevaba por título “Reduction electríque des composes metalliques refractaires“. Casi al mismo tiempo, V.B. Lewes daba una
serie de conferencias en Londres sobre el futuro comercial del carburo de calcio, mientras que Willson hacía lo propio sobre el mismo
asunto, ignorando ambos por completo los trabajos de Moissan. El investigador canadiense pretendía acaparar el éxito del
descubrimiento, efectuado según él en 1892. Willson, ingeniero eléctrico afincado en la localidad de Spray, Carolina del Norte, había
comenzado sus investigaciones en 1888, intentando aislar aluminio metálico. En Mayo de 1892, pretendiendo aislar el calcio, logró un
importante hallazgo. Usando un horno eléctrico del tipo Herault, hizo pasar corriente de 2000 amperios con un potencial de 36 voltios
sobre óxido de aluminio, a fin de que la elevada temperatura producida por el arco voltaico, al obligar al oxígeno a desprenderse del
mineral, dejara libre a éste, obteniendo así aluminio metálico. Al observar este resultado, creyó que podría producir de igual manera
calcio, usando óxido de calcio en lugar de óxido de aluminio.
Los resultados obtenidos fueron decepcionantes, al ver que en lugar del blanco y brillante metal que esperaba encontrar, salía de su
horno una masa de escorias negras y de olor desagradable, que al enfriarse se hacían duras y brillantes. Evidentemente, no era esto lo
que Willson esperaba encontrar. Contrariado por ello, dio orden a su ayudante de que arrojasen las pestilentes escorias al vertedero que
habitualmente utilizaban para deshacerse de algunos residuos, y que estaba al aire libre, junto a los locales de trabajo. Al poco tiempo de
efectuarse esto, se desencadenó una terrible tormenta. Al mezclarse el agua de lluvia con las escorias, se produjo una gran
efervescencia en ellas, con desprendimiento de una gran cantidad de gas que al ser arrastrado por los fuertes vientos del temporal y al
entrar en contacto con las chispas que salían de una chimenea próxima, produjo una violenta explosión.
Los destrozos fueron cuantiosos, no quedando un cristal sin romper en muchos metros a la redonda, causando grandes desperfectos en
los edificios contiguos, incluido, naturalmente, el laboratorio de Willson, y generando auténtico pavor en los vecinos de la zona. En vista
de lo acontecido, el ingeniero ordenó analizar las escorias, dando como resultado un carburo de calcio mal definido.
Efectivamente, Willson constató que era posible la formación de carburo de calcio en su horno, pero al resultar muy impuro, el
desprendimiento de acetileno era escaso. Ante semejantes resultados, el inventor optó por abandonar el procedimiento, por no ser
posible su aplicación industrial.
Una vez presentada por Moissan su nota a la Academia de Ciencias, en la que explicaba las condiciones necesarias para la obtención
comercial e industrial del carburo, fue entonces cuando Willson, al tener conocimiento de las mismas, emprendió nuevamente sus ya
abandonadas investigaciones, cambiando en su totalidad el método seguido hasta entonces. En su patente de 1892 indicaba que llevaba
a cabo la reducción de los óxidos metálicos sin fusión. En la patente de 1894, indica que considera el nuevo método como un simple
procedimiento de fusión (condición indispensable según Moissan) para obtener carburo cálcico en buenas condiciones industriales.
En este nuevo procedimiento, Willson obtiene carburo cálcico cristalizado y bien definido, que él mismo reconoce ser de una pureza y
calidad muy superior al carburo amorfo e indefinido que se conseguía por el antiguo procedimiento, lográndose de igual modo un gran
rendimiento en lo que a producción de gas acetileno se refería.
Independientemente de la polémica que pueda suscitarse en cuanto a la paternidad del procedimiento industrial de obtención de carburo
cálcico, es justo reconocer los méritos de ambos investigadores, ya que gracias a sus trabajos muy pronto el acetileno pasaría a
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convertirse en un gran adelanto técnico y científico, con una tremenda repercusión en muchos campos, y en especial el de la minería, a la
cual aportaría con su técnica de iluminación un gran avance, resolviendo algunos problemas que hasta el momento no habían encontrado
una adecuada solución. La historia del desarrollo industrial del acetileno comenzó en 1892. Algunos años antes, William Siemens había
construido un horno eléctrico, partiendo del descubrimiento del arco eléctrico realizado por Sir Humprhey Davy en 1801. En 1886, los
hermanos Cowles patentaron un sistema refractario para los hornos de aluminio, y en 1887, J,T. Morehead, junto con Price, King y el ya
mencionado Willson, fundaron la Willson Aluminum Company. Sería a partir de 1896 cuando la industria del carburo de calcio comenzaría
a extenderse a nivel mundial. Morehead, tras disolverse la compañía creada con Willson, y volver este al Canadá, creó una nueva
compañía que estuvo establecida en Niagara Falls (N. York) y en Merriton (Ontario, Canadá), llamada The Acetylene Light, Heat and
Power, Co., que en 1898 se convirtió en Union Carbide Corporation, multinacional dedicada a la producción de acetileno. Ya en 1908,
esta empresa controlaba la práctica totalidad del mercado del carburo cálcico.
Para terminar éste capítulo, y antes de pasar a la descripción y estudio de las distintas lámparas de acetileno fabricadas en España y
usadas en nuestras minas, es conveniente hacer un pequeño resumen de las características fundamentales de los carburos metálicos.
Tranvía a acetileno.
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Los Carburos Metálicos
Lámpara Gallagher.
Lámpara Velo.
Son compuestos binarios, no oxigenados, y que podríamos clasificar en dos grandes grupos:
• Hidrocarburos (carburos de hidrógeno).
• Carburos metálicos. Estos últimos pueden ser divididos, según su comportamiento, en dos:
- Carburos no atacables por el agua.
- Carburos que sí son atacados por el agua.
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En el primer grupo se encuentran los de circonio, molibdeno, cromo, tungsteno, vanadio, silicio, etc. En el segundo grupo, esto es, lo que
son atacados por el agua, podemos referenciar los siguientes : bario, estroncio, potasio, calcio, sodio y litio.
Con respecto al carburo de calcio, que es el que nos ocupa, referiremos las siguientes propiedades:
• El carburo cálcico, recién formado en el horno eléctrico, es fluido pero se solidifica al enfriarse, formando una masa opaca de color gris
oscuro, presentando aspecto cristalino con reflejos dorados, o parduzcos, y variando su apariencia en función de su procedencia y del
modo en que ha sido obtenido.
• Su característico olor es debido al desprendimiento de acetileno que se produce al estar expuesto al aire y entrar en contacto con el
vapor acuoso de la atmósfera.
• El carburo cálcico no es explosivo ni inflamable. Los residuos que quedan una vez empleado tampoco son explosivos.
• Se trata de un cuerpo muy higroscópico, y si se deja expuesto al aire absorbe humedad, descomponiéndose en hidróxido cálcico y
acetileno.
• La capa blanca exterior que se forma es de óxido de calcio hidratado.
• Si su permanencia en contacto con el aire es prolongada, acaba por descomponerse totalmente, si bien esta descomposición es menos
activa a mayor temperatura.
• El carburo cálcico cristalizado es el único que produce excelentes resultados para la obtención del acetileno, ya que el carburo amorfo
(obtenido a menor temperatura o como subproducto de otras reacciones químicas) tiene el gran inconveniente de no producir acetileno
puro, y siendo por tanto su rendimiento extraordinariamente bajo.
• En su descomposición por el agua, no solo genera acetileno, sino que también se obtiene hidrógeno.
• Los ácidos lo atacan en función de la cantidad de agua que contienen los álcalis reaccionan enérgicamente sobre el carburo.
• En la práctica se obtiene, por un kilo de carburo cálcico, entre 250 y 3oo litros de acetileno, cantidad ésta que varía en función del grado
de impurezas que el carburo puede contener. Estas impurezas suelen ser silicatos, arseniatos, fosfatos y nitratos que pueden estar
contenidos en la cal. El magnesio que a veces acompaña a la caliza en estado de sulfato o de cloruro, afecta en gran manera a la
combinación que se produce en el horno entre el carbono y el calcio.
Lámparas Mineras. Los Carbureros.
Las consecuencias de los descubrimientos de Moissan y Willson, al conseguir un método económico y rentable de fabricación de carburo
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cálcico no se harían esperar. Infinidad de inventores, fabricantes y empresarios vieron en el nuevo gas el combustible del futuro. Revistas
periódicos y publicaciones técnicas y científicas se hicieron eco del mismo, y comenzó una desenfrenada carrera de registros, patentes
inventos y licencias, recogiendo todas y cada una de las aplicaciones del gas, tanto industriales como domésticas. La primera patente de
que se tiene constancia fue la registrada por E. Harrogate, en Inglaterra, en Noviembre de 1894, y por la que se pretendía utilizar acetileno
en la iluminación de “linternas mágicas”.
Absolutamente todas las posibilidades del uso del acetileno fueron exhaustivamente estudiadas, al tiempo que algunas de ellas eran
llevadas a la práctica, quedando otras muchas en simples ideas sin aplicación alguna. La fantasía y la imaginación de algunos científicos
e inventores alcanzaron niveles altísimos, llegando a idear aparatos realmente curiosos.
El alumbrado, en toda su más amplia acepción, fue el más beneficiado. De este modo, se construyeron faroles para carruajes y bicicletas
lámparas para ferrocarriles, boyas marinas, faros de costa, alumbrado doméstico y, naturalmente, alumbrado minero.
Pero la aplicación del acetileno no se limito únicamente a sistemas de alumbrado. Otras actividades intentaron valerse del gas, y entre las
más curiosas destacaremos las siguientes: medicina, telegrafía y telefonía, proyecciones cinematográficas, alumbrado fotográfico
aparatos de pesca, cañones granífugos para la agricultura, etc., siendo algunas de estas aplicaciones verdaderamente insólitas, tales
como chalecos salvavidas, inflados con acetileno, motores para tranvías movidos por gas (ésta técnica intentó llevarla a cabo, sin éxito, e
inventor catalán Pedro Valls), y otras cuyo uso práctico no llegó nunca a realizarse.
Es muy difícil llegar a determinar en qué momento fue usada la primera lámpara de acetileno minera. Sería probablemente H. Hooke
inspector de minas en Gales quién efectuó en 1897 los primeros ensayos de alumbrado por acetileno, con ocasión de una visita a la zona
minera de Millgrove. En ese mismo año, Gallagher patentó en los Estados Unidos una lámpara de acetileno portátil, susceptible de ser
usada en carruajes y bicicletas. Con anterioridad a él, en 1894, el inglés Gearing había patentado una lámpara que “quemaba acetileno”, y
en la que se introducían en un cilindro de metal cápsulas de carburo cálcico, protegidas por un barníz que se disolvía al tomar contacto
con el agua. No hay constancia de que este modelo se emplease en minería. Sí existe documentación, en cambio, de los primeros
intentos serios de llevar la lámpara de carburo al interior de las minas. Un americano afincado en Inglaterra, Leroy Sunderland Buffington
diseñó una lámpara de seguridad basada en los principios de Davy, y cuyo combustible era el gas que nos ocupa. Un hermano suyo
patentaría más tarde diversos diseños de generadores y reflectores, que serían aplicados principalmente en pequeñas lámparas que se
llevaban en el casco o gorra.
En noviembre de 1899, y más concretamente el día 25 de ese mes, el Diario de Ingeniería y Minas recogía la noticia de que se habían
comenzado a usar en Alemania las lámparas de acetileno, concretamente en las minas de New Diepenhock, en el distrito minero de
Selbeck. Algunos meses más tarde, en Febrero de 1900, se tuvo conocimiento escrito y gráfico de la lámpara que se estaba utilizando en
Alemania,de modo experimental. Fue construida por la compañía Wells, de Dresden-Lobtau, bajo el nombre de lámpara Velo y era la
primera comercialmente fabricada para usos mineros. Ningún aparato parece haber sobrevivido, pero con los datos que se disponen se
puede tener una idea muy aproximada de cómo era su estructura. A finales de 1900, más de 170 minas, repartidas por Bélgica, Alemania
Austria y Francia, las habían ya adoptado. Cuatro meses después de la comunicación alemana, en un artículo publicado en The Acetylene
Gas Journal, se informaba de que en una mina canadiense de plata cercana a Otawa se estaba fabricando acetileno en el exterior de la
explotación y bombeándolo al interior por medio de tubos de caucho, situándose los mecheros o quemadores en las grietas de la roca.
A comienzos del siglo XX, el suizo F. Meyenrock diseñó un aparato que presentaba interesantes peculiaridades. Se trataba de una
lámpara de acetileno convencional, pero que contenía un material filtrante (fieltro o crines) entre el depósito de carburo y el de agua. E
gas atravesaba la masa filtrante, consiguiendo llegar limpio purificado al mechero, evitándose con ello el engrasamiento y obstrucción fina
del mismo. Este filtro tenía una doble utilidad, si la presión del gas era excesiva, se comprimía, impidiendo que el acetileno atravesase e
filtro, logrando de este modo actuar de sistema de seguridad. Otra de las características que lo hacían distinto era que el gas producido no
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era dirigido directamente al mechero, sino que pasaba al depósito del agua superior, y a través de otro tubo independiente llegaba hasta
el mechero. Este sistema había sido diseñado para que en caso de un aumento excesivo y peligroso de presión, el acetileno pudiera
escapar por el orificio que el tapón del depósito de agua llevaba. Así pués, es quizá este aparato el primero que estuvo dotado de
dispositivos de seguridad para prevención de explosiones. Por último, presentaba también la novedad de que el tubo exterior que
conducía el gas hasta el mechero estaba articulado, de forma que se podía mover en todas los sentidos, permitiendo usar el aparato de
diversas maneras.
En Estados Unidos, el más prolífico constructor de lámparas de acetileno, Frederic Baldwin, conseguía su primera patente de una lámpara
portátil en 1900. Con anterioridad a esta fecha, algunos inventores ya habían registrado algunos modelos. Tal es el caso de Willson, cuya
primera patente data de 1895. A él le seguirían Gallagher, Zimermann, Evans y otros muchos. De ninguno de estos últimos tenemos
referencias que nos permitan pensar en una lámpara verdaderamente manejable y apta para su uso en el interior de las minas. Las
lámparas Baldwin comenzaron a emplearse en minas metálicas y de carbón en 1905. Más tarde se asociaría con John Simonns, estando
la compañía fabricando lámparas para mineros durante más de veinte años, y obteniendo en ese dilatado periodo de tiempo más de una
docena de patentes referidas a aparatos de alumbrado minero.
En 1902, Rudolf Kruschke patentó un generador de acetileno que se llevaba en el cinturón, enviando el gas a través de un tubo de goma
al mechero, situado en el casco. En principio, este aparato fue diseñado para cazadores y pescadores, pero muy pronto sería de uso
recomendado a minero. Muchísimos años después, un aparato similar será empleado por espeleólogos para sus incursiones en grutas y
cavernas, estando en la actualidad aún en uso.
Por último, y como curiosidad, citaremos la lámpara Klun, basada en el principio de flotación del aceite en el agua. Para evitar que e
minero quedara a oscuras en el momento de rellenar de carburo su lámpara (cosa que ocurría con cierta frecuencia, ya que las lámparas
de casco americanas e inglesas eran relativamente ligeras y pequeñas, y por tanto había que suministrarles carburo con mucha
asiduidad), el depósito de agua contenía cierta cantidad de aceite, que flotaba por encima de ésta. De la parte superior del depósito
emergía una mecha que estaba en contacto con el aceite, y que en el momento de reemplazar el carburo era encendida. De este modo, a
desenroscarse los dos cuerpos del aparato e interrumpirse por tanto la producción de gas, la luz producida por la mecha de aceite era
más que suficiente para poder realizar la operación.
Y mientras tanto... ¿qué estaba sucediendo en España?
Muy pocas referencias bibliográficas de la época hacen mención al uso de lámparas de acetileno en minería. Una breve nota aparecida en
la Revista Minera, Metalúrgica y de Ingeniería, en 1900, daba cuenta de la adopción del alumbrado por acetileno por la Sociedad Bilbaína
Urallaga y Magdalena, que explotaban minas subterráneas de hierro en Galdames. Estas lámparas habían sido adquiridas a la casa
Bertolus, de St. Etienne (Francia). Dos años más tarde, en 1902, nuevamente se vuelve a mencionar en la misma publicación la existencia
de lámparas de carburo, no dando en esta ocasión dato concreto alguno, limitándose el autor a dar conocimiento de la existencia de un
nuevo modelo.
En 1908 se publica en Revista Minera un amplio y descriptivo artículo sobre lámparas de acetileno. En él se da cuenta de que se están
ensayando ya en minas de Almería, Ciudad Real , Huelva y Jaén. Este extenso y documentado trabajo sobre los carbureros que se
estaban empleando en Europa se vio ilustrado con algunos esquemas de las alemanas lámparas Wolf.
Algunos breves estudios sobre lámparas de seguridad de acetileno construidas en el extranjero completaban las escasas referencias que
en la época se hacían sobre este nuevo sistema de alumbrado en nuestro país. Las lámparas de seguridad, tanto de bencina como
eléctricas centraban la atención de los investigadores de entonces. Pero mientras tanto, el carburo se iba introduciendo, silenciosa y
paulatinamente, en la minería española.
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Lámpara Meyenrock.
Lámpara Baldwin.
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Lámpara de cinturón Kruschke.
Anuncio de lámparas 1910.
Lámparas Españolas
Desde que el acetileno fuese descubierto por Davy en 1836, y su posterior comercialización al hallarse un método rentable de obtención
de carburo cálcico, toda la minería puso sus ojos en el nuevo sistema, al que auguraban un brillante futuro, dado el bajo costo del
combustible (dos veces más económico que el aceite) y a la gran ventaja que suponía su extraordinaria potencia de iluminación, con la
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consiguiente disminución de riesgos de accidentes, generalmente producidos por las deficientes condiciones de luz de la mina. Baste
recordar que a principios del siglo XX, más de la mitad de las víctimas en la minería eran por caídas, desprendimientos o golpes.
No es de extrañar, pues, que todos y cada uno de los fabricantes que hasta el momento se habían dedicado a construir lámparas de
seguridad, se lanzaran a una desenfrenada carrera por dominar un mercado potencialmente prometedor.
En casi todos los países avanzados se construyeron lámparas de acetileno, desarrollando cada nación sus propios fabricados con arreglo
a sus necesidades internas o adaptándolos a sus peculiaridades, siendo muchos de ellos totalmente artesanales, dada la poca dificultad
técnica que suponía su diseño.
El nuevo sistema de iluminación alcanzaría su máximo apogeo en la década comprendida entre 1920 y 1930, fecha en la que comenzaría
su declive, al presentarse a la industria minera una alternativa mucho más interesante, que por el tiempo llegaría a erradicar al acetileno,
la luz eléctrica.
Serán las minas alemanas de carbón las primeras en emplear lámparas de acetileno, principalmente en las pequeñas explotaciones de la
cuenca del Rhur, donde la presencia de ricas capas de carbón a poca profundidad había favorecido la multiplicación de estas
explotaciones. Bélgica, Francia, Austria y otras naciones europeas siguen desarrollando sus productos, siendo siempre Alemania la que
iría a la cabeza en la fabricación y venta de estos aparatos. En España, el brillante futuro que se ofrecía a este nuevo medio de
iluminación no pasó desapercibido entre fabricantes e inventores. Buena prueba de ello lo constituye el hecho de que ya en 1902 era
registrado en nuestro país el primer modelo de utilidad que amparaba a una lámpara de acetileno.
El 27 de octubre de ese año, D. José Xifré, vecino de Madrid, obtenía la primera licencia, que quedó inscrita en el recién creado Registro
de Patentes, Marcas y Modelos de Utilidad con el número 4. Fue denominada por su inventor “Lámpara popular”, y aunque por su
estructura jamás sería empleada en minería, hemos creído conveniente dejar aquí constancia del hecho como muestra de la rapidez en
que estos nuevos sistemas de alumbrado fueron adaptados e introducidos en España.
Otros fabricantes irían presentando más tarde lámparas de parecidas características, destinadas principalmente a usos domésticos. JM,
SYLL o MARCOS son algunos de ellos.
Desde aquella ya remota fecha, y hasta 1968, se han venido presentando en el registro gran cantidad de modelos, marcas y tipos de
generadores de acetileno, siendo algunos verdaderamente ingeniosos, curiosos o raros.
Por otra parte, la sencillez de construcción de los aparatos y el carácter artesanal de muchos de los fabricantes, confieren a estas
lámparas características especiales y muy distintas, comparadas con las que en otras naciones se fabricaban, dándose además la
circunstancia de que muchos de estos aparatos españoles jamás fueron registrados, careciendo de marcas que permitan su catalogación
y por consiguiente, su datación cronológica.
Veremos a continuación los modelos y marcas más destacados y conocidos, dejando en un último apartado a todos aquellos cuya
identidad desconocemos.
GILBERT
A comienzos de los años 30, la SOCIEDAD GILBERT Y CIA., con domicilio en Sevilla, tenía presentes en el mercado dos tipos de
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carbureros. El primero de ellos estaba formado por dos cuerpos roscados entre si mediante aros de latón, soldados a los depósitos de
agua y de carburo, siendo el resto de la lámpara de acero embutido y posteriormente estañado, para prevenir la oxidación. Su peso en
vacío era de 650 gramos, y sus medidas eran de 15 cm de alto por 7 de diámetro. El segundo modelo presentaba como única diferencia
un mayor diámetro del depósito de carburo (8 cm) siendo la parte superior idéntica al anterior. En ambos, la marca de fábrica estaba
impresa dentro de un óvalo, situado en la parte superior del depósito de agua, siendo su texto el siguiente: “Lámpara para minas
GILBERT”. Buen número de estas lámparas fueron empleadas en las minas de mercurio de Almadén (Ciudad Real), en la década de los
30.
Esta empresa presentó el día 3 de marzo de 1932 una solicitud de patente para un nuevo modelo de lámpara, que le fue concedida el día
29 de ese mismo mes, asignándole el número 125864. Se comercializó este carburero bajo el nombre de LUCÍA. La lámpara, de mayores
dimensiones que sus predecesoras, era del tipo reforzado, ya que sus dos componentes encajaban entre sí a presión mediante una
abrazadera en forma de U invertida. El mechero salía del depósito inferior, y estaba dotado de una parábola reflectante de acero pulido.
Su peso total era de 1250 gramos, y la altura de 17 cm (diez el depósito de carburo y siete el recipiente para el agua).
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Lámpara Gilbert 1930
Lámpara Gilbert 1935
La chapa en la que figuraba su nombre comercial y el número de patente se encontraba situada soldada bajo el mechero, y estaba
estampada en latón.
Mineros de Almadén con lámpara Gilbert 1935
Modelo Lucía de Gilbert, 1932
UNIÓN CERRAJERA, S.A.
La conocida empresa vasca Unión Cerrajera SA., dedicada a todo tipo de construcciones metálicas, sita en Mondragón (Guipúzcoa) ,
registró el día 14 de marzo de 1936 un Modelo de Utilidad sobre un candil de mina, quedando inscrito con el número 4595.
La comprensible suspensión de actividades industriales durante la Guerra Civil, retrasó la salida al mercado de este nuevo carburero, que
permaneció en los catálogos de la empresa hasta bien entrados los años 50. En la década de los 60 aún era posible adquirir estas
lámparas en las ferreterías y comercios españoles.
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Unión Cerrajera 1930.
Unión Cerrajera 1932.
Las características diferenciales más importantes de este modelo son las siguientes: parte superior del depósito de agua en forma
cóncava, realce en la parte inferior del mismo, donde se aloja la rosca de unión de los dos recipientes, ausencia de marca alguna que
permita su identificación y una extraordinaria robustez.
Fue construido en acero embutido, con una capa exterior de estaño. Tanto la boquilla protectora del mechero como la aguja dosificadora
del agua y el tapón del depósito de esta, situado en el centro, eran de latón torneado. Su peso en vacío es de 550 gramos, siendo su
diámetro de 7 cm, y su altura total, comprendida el asa donde se fija el gancho, de 16 cm. Este modelo prestó servicio en innumerables
minas de toda nuestra geografía, en dura competencia con las fabricadas por FISMA, a las que aventajaba por su solidez y resistencia a
los golpes. También fue la lámpara preferida de los espeleólogos, por esos mismos motivos.
Recientemente se localizó otro modelo, construido por Unión Cerrajera, sin que se haya podido averiguar la fecha exacta de fabricación.
A diferencia del anteriormente descrito, éste si lleva la marca de fábrica estampada en la parte superior del depósito de agua, UCEM
(Unión Cerrajera Española, Mondragón), bajo un dibujo que recuerda a un abeto navideño. Se diferencia también por ser plano el
depósito del agua. Es muy probable que esta lámpara se fabricará con anterioridad a 1936, siendo luego sustituida por el nuevo modelo.
A pesar de las numerosas gestiones llevadas a cabo ante la empresa guipuzcoana, no se han podido obtener más datos de fábrica ni
fechas aproximadas de construcción. Constituye una auténtica rareza entre las lámparas españolas, hasta el punto de que en toda
nuestra ya dilatada experiencia en éste campo, solamente la lámpara fotografiada aquí ha sido la única que hemos podido observar.
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Catálogo de Unión Cerrajera 1936.
Lámpara de Unión Cerrajera, mod. 1936, utilizada en el film de Rafael
Gil.
MANUFACTURAS METÁLICAS MADRILEÑAS (MMM)
Esta empresa, cuya sede central estuvo ubicada en Madrid, registró un Modelo de Utilidad el 20 de octubre de 1944, al que se le otorgó el
número 10781.
La lámpara de MMM presentaba un sistema de cierre novedoso y distinto al resto de las otras lámparas españolas. Consistía en un
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mecanismo de aprieto constituido por una anilla montada excéntricamente en una palanca, que giraba sobre un eje dispuesto en una
pieza soldada o remachada al depósito inferior. El sistema era muy similar al usado para el cierre de maletas o baúles. Este curioso
sistema de cierre parecía estar inspirado en los que empleaban las lámparas de acetileno fabricadas por PRIMUS AB, en Suecia, en su
modelo Punker y que no ha vuelto a ser instalado por ningún otro fabricante.
No existe constancia alguna que permita afirmar que el carburero de MMM llegase a ser fabricado.
Patente MM Madrileñas 1944
PLANAS
D. José Planas Vilargunté patentó una lámpara de acetileno, cuya presentación ante el Registró se efectuó el día 28 de julio de 1948.
La unión entre el depósito superior de agua y el inferior, del carburo, se llevaba a cabo mediante la comprensión del uno sobre el otro,
gracias a un puente basculante articulado, llevando una junta de goma a modo de rodillo elástico que permitía la necesaria estanqueidad.
Un dispositivo especial impedía que por capilaridad se introdujera agua en el tubo de salida del gas.
Ningún modelo de este fabricante ha llegado hasta nuestros días, dudándose seriamente sobre si llego a ser construido, o sólamente
quedo en una idea registrada sin continuidad. Gracias a los dibujos que el Sr. Planas presentó en el Registro podemos tener una noción
aproximada de la forma de esta curiosa lámpara.
KLAEBISCH
Con el número 18477 quedó inscrito en el Registro de Modelos de Utilidad el generador de acetileno presentado por Dña. Elvira Klaebish
de Nin el día 12 de febrero de 1951.
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Los dos cuerpos del carburero acoplaban entre ellos mediante la presión que ejercía un asa especialmente diseñada para ello, al igual
que en otros modelos que ya hemos visto con anterioridad, todos ellos basados en sistemas alemanes.
Del depósito del carburo salía el mechero de la lámpara, en forma de codo, sobre el cual asentaba la pantalla reflectante de acero o
aluminio.
Tampoco ha sido posible localizar modelos originales de esta inventora, y tenemos razonables dudas sobre su comercialización.
Lámpara Klaebisch 1951.
HISPANIA
El 19 de septiembre de 1951, D. Antonio Coll Bacardí, domiciliado en Barcelona, inscribió en la Oficina de patentes y Marcas un modelo
de lámpara de acetileno que más tarde saldría al mercado bajo la marca HISPANIA.
En esta lámpara, el deposito superior presionaba al inferior mediante un tornillo roscado que pasaba a través del puente articulado que
cerraba el conjunto, y cuyos anclajes estaban emplazados a ambos lados de la lámpara, en su parte inferior. El depósito de agua era
troncocónico, y en él estaba colocada la llave que regulaba el paso de agua y el tapón del recipiente del líquido. Este tapón estaba dotado
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de una pequeña cadena de seguridad para impedir su pérdida.
En el depósito superior tenía soldada una chapa donde se insertaba un reflector de aluminio de 13 cm de diámetro, y en el que había
practicado una escotadura para que encajase la pieza soldada en el depósito inferior destinada a portar el mechero. Su peso en vacío era
de 1050 gramos, siendo su altura de 13 cm, y su diámetro medio de 9 cm.
Esta marca estuvo bastante difundida en España, pues se trataba de una lámpara ligera y muy sólida a la vez, pudiéndose encontrar
ejemplares de la misma prestando su servicio en minas catalanas, aragonesas y algunas manchegas.
Su anagrama consistía en un rombo bicolor, en el que la palabra HISPANIA estaba impresa sobre fondo azul, quedando en fondo rojo la
palabra “patente” y su número, el 28085. Generalmente, este anagrama estaba situado en la parte frontal de la lámpara, bajo el mechero.
Por tratarse de un papel engomado frágil y de muy fácil deterioro, es difícil encontrar hoy en día aparatos que aún conserven la marca
original.
BIOSCA, S.L.
La empresa fue creada en 1919, siendo su denominación original BIOSCA HERMANOS. Años más tarde, al cambiar su razón social,
pasaron a denominarse BIOSCA, SOCIEDAD LIMITADA.
Estaban dedicados a la fabricación y posterior distribución de diversos aparatos de iluminación (faros de automóvil, farolas urbanas, etc ),
accesorios para la locomoción y material contra incendios. Entre los primeros hemos de destacar una lámpara minera eléctrica, de casco,
y una antorcha de acetileno, que registraron el día 2 de enero de 1952, con el número 29514.
No pensamos que esta antorcha fuese dedicada a la minería, dadas sus peculiaridades; mas bien parece que su uso fuese
especialmente dedicado a los cuerpos de bomberos, para su empleo en siniestros bajo malas condiciones de iluminación.
Queda por tanto aquí reflejado el dato únicamente a modo de curiosidad como ejemplo de lámpara portátil de iluminación por acetileno.
Los productos manufacturados por BIOSCA fueron comercializados bajo las marcas de J.B.H. y SEÑA.
ALONSO
D. Matías Alonso, natural de Badajoz, registró en 1955, los días 27 y 30 de mayo, una lámpara de acetileno muy simple y rudimentaria,
construida en hojalata y que a continuación describiremos.
Este sencillo aparato estaba dotado de un depósito cilíndrico hueco, compuesto por dos partes, de las cuales quedaba la inferior
prácticamente embutida en la superior, merced a su forma troncocónica, quedando entre ambas unos pequeños orificios o hendiduras por
los que penetraba el agua. En el interior de estas dos piezas se colocaba el carburo de calcio. De su parte superior partía un largo tubo
en forma de “S”, al extremo del cual se roscaba el mechero.
Este conjunto, una vez cargado de carburo, y debidamente encajado, se introducía en otro cuerpo cilíndrico, muy similar a un bote de
conserva al que se le había suprimido el cierre superior, y destinado a contener el agua. En ella quedaba, flotando, el depósito del
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carburo de modo que el agua penetraba lentamente a su interior, por capilaridad, a través de los pequeños orificios que antes
señalábamos, generándose así el acetileno necesario para la iluminación, y que llegaba hasta el mechero a través del tubo curvo.
En el contenedor exterior se encontraba situado el gancho de sujeción, soldado a él, llevando además una pequeña plancha que hacía
las veces de reflector.
En algunas minas extremeñas hemos podido encontrar restos de estos curiosos aparatos, si bien su estado de conservación era pésimo
debido a la ligereza del material empleado en su construcción, la hojalata, muy sensible al agua y por tanto a la oxidación.
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Lámpara Alonso 1955.
INDUSTRIAS TEUCRO
Se desconoce la ubicación original de ésta empresa, y su nombre nos sugiere dos orígenes posibles: Cartagena (Murcia), ya que así fue
denominada en la antigüedad esta localidad minera murciana, y Pontevedra, en dónde la tradición afirma que fue Teucro el fundador de
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esta bella ciudad gallega. Particularmente, nos inclinamos por esta segunda hipótesis, ya que han sido varias las lámparas TEUCRO que
se han encontrado en Galicia y norte de Portugal. Este hecho fue reseñado también en la publicación “The Lamp Post”, al haber sido
adquirida una lámpara de este tipo por un coleccionista norteamericano en nuestro vecino país. La lámpara que ilustra este estudio fue
adquirida en un anticuario de Valencia, que no pudo aportar dato alguno que arrojase luz sobre su origen, aunque aseguraba haber sido
encontrada por él en Galicia.
La lámpara está construida en zinc, al que se le aplicó un baño de cobre. Consta de un depósito exterior de 13 cm destinado a contener
el agua y en el que se inserta otro de forma troncocónica, que va sujeto a la tapa del conjunto. Este depósito interno esta compuesto por
dos elementos que encajan entre sí, dejando entre ellos algunas ranuras para facilitar la entrada del agua hasta el carburo que en ellos se
contiene.
El peso de la lámpara es de 550 gramos y su diámetro de 9 cm.
En la parte frontal lleva impresa la marca, que consiste en un triángulo dónde figura la inscripción “INDUSTRIAS TEUCRO”, acompañada
por la imagen de un velero navegando por el mar.
Lámpara Teucro
Lámpara Teucro
BARCAS
Esta marca, registrada con el nº 87842, pertenecía a la empresa Barrera, Casanovas y Suñé, y que había sido fundada en Barcelona en
1915.
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Iniciaron su actividad con la fabricación de lámparas de aceite y de petróleo resistentes a los fuertes vientos, empleadas generalmente en
bodegas, refugios, casas de campo y también en minería metálica, llegando a estar cifrada su producción en más de 15000 lámparas
anuales.
Más tarde construyeron lámparas portátiles de acetileno, de diversas formas y tamaños, manufacturadas en hojalata y latón. En 1942
tenían una capacidad de producción de 40000 a 50000 lámparas de acetileno anuales. Pese a esta gigantesca producción, no ha sido
posible encontrar modelo alguno de los fabricados por esta empresa, y se desconoce si las lámparas fabricadas por ellos portaban algún
anagrama o símbolo que permitiese su identificación.
Los datos recogidos de esta firma figuran en el Catálogo Oficial de la Producción Industrial de España, editado por el Ministerio de
Industria y Comercio en el año 1942.
IZQUIERDO
D. Lucio Izquierdo Domínguez, de Sevilla, presentó el día 8 de junio de 1955 una solicitud de Modelo de Utilidad para una lámpara de
acetileno que fue admitida y anotada bajo el número 50901.
Este carburero estaba formado por dos cuerpos cilíndricos, acoplados entre si y aprisionados por un dispositivo de cierre a presión. La
boca del depósito de carburo y la base del recipiente que albergaba el agua estaban construidos en bronce o latón. La boquilla estaba
constituida por un pequeño cuerpo fijo a la parte superior del depósito, en el que acometía un tubo curvado que, atravesando todo el
depósito de agua, iba fijo y pasante por su extremo inferior al fondo, penetrando en el depósito de carburo y ascendiendo por él los gases.
El dispositivo de cierre estaba formado por una brida en forma de “U”, con unos taladros en sus extremos mediante los que acoplaba, con
movimiento de giro, en unos pernos de enganche fijos sobre el cuerpo del depósito superior, y en cuyo centro llevaba un taladro roscado
por el que entraba un tornillo pasante que por su extremo inferior hacía presión sobre el depósito de agua, terminando en su parte
superior en una anilla por la cual podía ser colgado o transportado.
MARCOS
Este curioso aparato fue fabricado en Alcudia de Carlet (Valencia), sobre los años 30. Aunque figura como marca registrada, no ha sido
posible obtener referencias del mismo en el Registro de Patentes y Marcas.
Constaba de un depósito exterior de zinc destinado a contener el agua, y en el que se introducían dos medios cilindros unidos entre sí
mediante simple presión, quedando entre ambos unos pequeños orificios que permitían la entrada de agua. El sistema era similar al
descrito anteriormente con ALONSO o TEUCRO, si bien este modelo presentaba una diferencia respecto a los anteriormente citados: de
los cilindros internos salía un pequeño tubo que encajaba en otro, situado fijo en el cilindro exterior, y cuya misión era comunicar la salida
de acetileno, que se efectuaba mediante un tubo de considerable longitud, a cuyo extremo se hallaba una llave reguladora de latón y su
correspondiente mechero.
Aunque en principio ésta lámpara fue concebida para usos domésticos, hay constancia de su empleo como alumbrado fijo en algunas
explotaciones subterráneas de caolín de la provincia de Valencia, en la comarca de Los Serranos. El ejemplar cuya fotografía acompaña
a este trabajo nos fue donado por un minero de Villar del Arzobispo (Valencia), quien lo conservó tras jubilarse. Su estado es impecable, y
nada hacía suponer que hubiese sido utilizado en el interior de una mina, ya que incluso conserva su pintura original, en donde figura el
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nombre del fabricante y el lugar de procedencia.
El peso total de la lámpara es de 900 gramos, mide 22 cm de altura y su diámetro es de 9 cm. El tubo de salida del acetileno alcanza una
longitud de 13 cm.
Lámpara Marcos 1910.
ALEACIONES Y MANUFACTURAS METÁLICAS
La empresa fue fundada en Gijón (Asturias), en el año 1904, pasando más tarde a denominarse ADARO, SA.
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Presentó en 1910 una lámpara de acetileno compuesta por dos cuerpos cilíndricos roscados entre sí mediante unos aros de latón, siendo
de acero el resto del aparato. En su parte superior, totalmente plana, estaban ubicados el tapón del depósito del agua, la llave reguladora,
el gancho de sujeción (a diferencia del resto de lámparas, que siempre llevan un puente móvil del que parte el gancho)y el mechero,
colocado éste en posición totalmente vertical.
En el frontal del depósito del agua estaba colocada una pequeña placa de latón donde figuraba el nombre de la empresa.
ADARO, S.A.
Tras la disolución de la Sociedad ALEACIONES Y MANUFACTURAS METÁLICAS, en 1913, se hizo cargo de sus instalaciones D. Luís
de Adaro y Porcel, tomando por tanto la nueva sociedad su nombre.
Dedicó Adaro gran parte de sus productos a satisfacer la demanda que la industria minera exigía, dando mayor relevancia a la lámparas
de seguridad, pero sin descuidar la construcción de otros tipos, como los de acetileno, de los que en 1920 había una buena
representación en sus catálogos.
El más solicitado y vendido fue el denominado por la casa Adaro como “Ligero”,y que en los folletos y listados comerciales aparecía con
la referencia “B”. Estaba construido en chapa de acero embutida y posteriormente, como hacían la inmensa mayoría de fabricantes,
estañada para evitar la oxidación. El roscado de los dos recipientes se efectuaba con aros de latón, siendo del mismo metal el tapón de
agua, aguja dosificadora, base del mechero y boquilla protectora del mismo.
Al mismo tiempo, también suministraban el modelo denominado “A”, de tipo reforzado. Sus dos cuerpos se unían mediante la presión que
un tornillo ejercía sobre ellos, pasando a través del asa o puente de cierre. Pesaba la lámpara 1 kg, y estaba equipada con un reflector
niquelado en el que se había practicado una ranura por la cual asomaba el mechero, sito en el depósito inferior. Podía cargar hasta 225
gramos de carburo, lo que representaba una autonomía de casi 12 horas de iluminación, empleando un mechero de 10 bujías.
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Lámpara Adaro 1909.
Lámpara Adaro especial 1920.
Ofrecía también ADARO en esta época una lámpara denominada “Luz Polar“ ,de acetileno, que desarrollaba una gran potencia lumínica
(de 500 a 2000 bujías) y estaba concebida para poder ser empleada como alumbrado fijo en lugares amplios, tales como cargaderos de
mineral, lavaderos, estaciones de ferrocarril, túneles, embarcaderos, etc. Estaba dotada de un gran reflector y, bajo demanda, podía
servirse esta lámpara equipada con un gran tubo de prolongación, vertical, que permitía alcanzar una mayor altura al punto de emisión de
la luz.
En algunos casos especiales, las lámparas portátiles podían servirse en latón pulido y niquelado, para uso propio de ingenieros o
directores de minas.
En 1925, Luís de Adaro patentó una lámpara de seguridad de acetileno, que presentaba la peculiaridad de efectuar la admisión de agua a
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través de una mecha, garantizando de ese modo la producción constante e uniforme de acetileno. Consumía 400 gramos de carburo en 8
horas de trabajo, siempre y cuando se emplease un mechero de 10 bujías. La misma presión del gas regulaba la admisión de agua,
evitando los peligros que un exceso de acetileno podía suponer. Su potencia lumínica podía llegar a ser de 100 bujías.
Publicidad Adaro 1924
Este modelo no pasó de ser experimental, o si se fabricó se hizo bajo pedidos muy específicos de algunos clientes, sin llegar a ser
construida en serie. La legislación española jamás permitió su uso en minas de carbón, al igual que hicieron el resto de naciones
europeas con lámparas similares a las descritas.
La paulatina introducción del alumbrado eléctrico en las minas iría desplazando a las lámparas de carburo, hasta su total desaparición,
dejándose por tanto de fabricarse por la empresa.
INDUSTRIAS FISMA, S.L.
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Industrias Fisma, radicada en Erandio (Vizcaya) hasta su desaparición a finales de la década de los 90, ha sido la única empresa
española que hasta época muy reciente ha venido fabricando lámparas de acetileno. Podría decirse que con su desaparición desaparece
también la lámpara de carburo minera, puesto que las que hoy en día se siguen fabricando por otras empresas, destinadas
especialmente a la espeleología, ningún parecido guardan con aquellas.
Hemos podido reconocer lámparas FISMA a lo largo y a lo ancho de nuestra geografía, habiéndolas visto trabajar en infinidad de minas
españolas, desde Salamanca a Murcia o desde Huelva a Santander. Posiblemente, las conocidas minas de esfalerita de Áliva, en Picos
de Europa (cerradas definitivamente en 1989) hayan sido las últimas en usar lámparas FISMA. Su nombre es conocido por todos los
especialistas mundiales en lampistería minera, y las lámparas pueden encontrarse en todas las colecciones, tanto a nivel nacional como
internacional, figurando además en casi todas las publicaciones especializadas, siendo por tanto referencia obligada cuando se habla de
carbureros españoles.
Peso a ello, hemos de resaltar la pertinaz negativa que siempre hemos recibido por parte de esta empresa a facilitar cualquier dato
histórico o de producción de sus lámparas, ignorándose por completo fechas, tipos, modelos fabricados, etc., resultando por tanto muy
compleja la reconstrucción histórica de la firma FISMA. Toda la información que se posee, más bien escasa, esta generada por
experiencias y deducciones personales, siendo algunas de estas deducciones meras hipótesis de trabajo sin una gran solidez.
Desgraciadamente, la extinción de la empresa deja definitivamente cerrado el acceso a cualquier investigación que se pretenda llevar a
cabo, perdiéndose con esta absurda actitud empresarial la posibilidad de documentar correctamente la lámpara de carburo más popular y
conocida de toda nuestra historia. Se da incluso la misteriosa circunstancia de que, aún figurando los carbureros FISMA como registrados
(así consta en sus etiquetas), las investigaciones llevadas a cabo en el Registro de Patentes y Marcas no han conseguido localizar ni el
número de patente ni qué modelos estuvieron protegidos por ley. Quizá algún día el azar nos ayude a desvelar los “profundos misterios”
que siempre han rodeado a esta empresa vizcaína.
Marca Fisma.
Marca Fisma.
Pero volviendo a las lámparas, reseñaremos la que creemos fue la primera en ser fabricada en las instalaciones de FISMA. No hay que
olvidar que la empresa llevaba años fabricando infinidad de artículos y aparatos metálicos, muchos de ellos destinados a alumbrado,
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como eran las lámparas de aceite y más tarde petróleo tipo “tempestad”. Por tanto, y dada la experiencia que ya tenían en sistemas de
alumbrado, no es de extrañar que comenzaran a fabricar lámparas de acetileno sobre los años 30. Se trataba de un modelo en acero
embutido y estañado, de los denominados “ligeros”, con una capacidad de carga aproximada de 200 gramos de carburo de calcio, siendo
su peso en vacío de 670 gramos, y midiendo 15 cm de altura por 7 de diámetro. Compuesto, como la mayor parte de estas lámparas, por
dos cilindros roscados entre sí, llevando en el depósito superior un puente móvil a modo de asa, que estaba fijado al cuerpo mediante
remaches con suficiente holgura para que el asa pudiese girar, y de la cual partía el gancho. Lleva la marca impresa, en relieve, en la
parte superior del depósito de agua, y encerrada en un óvalo muy alargado. La palabra PATENT aparece de igual forma, pero sin estar
encerrada en ningún óvalo. Más tarde, este tipo de identificación sería modificado, como veremos.
Lámpara Fisma 200
Lámpara Fisma 300
Posteriormente, este modelo fue modificado, dándosele mayor resistencia al asa por medio de realces, se cambió la impresión de la
marca al suprimirse el óvalo que la encerraba y dotándolo de un depósito optativo mayor, con capacidad para 300 gramos de carburo. De
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este modo, el depósito superior de agua podía usarse, indistintamente, con el inferior de 200 gramos o el de 300.
Fisma reforzada 1960
Fisma reforzada 1980
El segundo modelo fabricado por FISMA fue uno de tipo reforzado, en el que los dos cuerpos de la lámpara encajaban a presión
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mediante un tornillo que atravesaba la abrazadera basculante. Esta pieza era de contorno cilíndrico y estaba reforzada por escuadras en
sus ángulos, estando esta última pintada de color verde, por ser de hierro y no llevar recubrimiento de estaño. El peso del aparato era de
950 gramos, teniendo una altura de 16 cm. Años mas tarde, en la década de los 70-80, la abrazadera de cierre fue modificada,
sustituyéndola por otra de acero galvanizado prensado, con perfil en forma de “U”, que le daba mayor resistencia, al tiempo que lo
aligeraba de peso. La última mina española que empleó este tipo de carburero fue la San Antonio, en La Codosera (Badajoz). Como
curiosidad, cabría reseñar que estos modelos reforzados eran denominados "carburas” en las minas de carbón de Puertollano.
A finales de los años 80, el modelo reforzado se presentó en el mercado totalmente construido en acero galvanizado, presentado además
la novedad de llevar una parábola reflectante de acero inoxidable.
Los carbureros FISMA han sido muy utilizados por espeleólogos y montañeros en estos últimos años, para los que FISMA llevo a cabo
una pequeña adaptación, sustituyendo el mechero por una racord de empalme, en el que se conecta un tubo plástico o de caucho que
lleva el acetileno hasta el mechero situado en el casco, suprimiéndose el asa y el gancho por una pieza soldada para colocar el enganche
que lo sujetará al cinturón.
FISMA cerró definitivamente sus puertas en 1996. Los moldes utilizados para la estampación de carbureros, auténticas piezas de museo
cuya pérdida es de lamentar, fueron adquiridos por una empresa francesa, con la intención de fabricarlos de nuevo, cosa que nunca
llegaría a producirse al cerrar también esta firma gala. Podríamos decir que con la desaparición de FISMA se cerraba la última página de
la historia de los carbureros españoles.
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Fisma reforzada 1990
FOLCH
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La última patente de un carburero convencional que figura en el Registro Oficial de Patentes y Marcas es la que presentó D. Mario Folch
Llovera el día 2 de mayo de 1968. Se trataba de una lámpara de carburo perfeccionada, en la que además de los elementos comunes,
presentaba un sistema de seguridad y un prensaestopas para el hermético cierre del orificio de paso de la válvula de aguja. La lámpara
jamás llego a fabricarse, pero los dispositivos de seguridad, totalmente novedosos, que incorporaba, fueron más tarde adaptados por
EMILSA en las lámparas que comercializaban para espeleología, al adquirir los derechos del inventor, con el que existían, además,
vínculos de amistad.
EMILSA
Emilsa es una empresa dedicada a comercializar aparatos para espeleología, montañismo, salvamento y socorrismo, etc, con especial
dedicación a la primera. Desde los años 80 viene presentando en sus catálogos diversos modelos de lámparas de acetileno,
generalmente fabricados por FISMA y modificados para su uso en exploraciones subterráneas, hasta que el cierre de esta empresa les
obligaría a crear sus propios modelos.
Partiendo de lámparas originales, los aparatos eran adaptados para poder ser empleados en el subsuelo del modo en que hemos
indicado anteriormente, acoplándoles un sistema de seguridad patentado por EMILSA.
En 1997, y coincidiendo con la celebración del Primer Centenario de la Espeleología en España, lanzaron al mercado un modelo especial,
construido en aluminio endurecido de 15 décimas de grosor, con acabado anodizado y dotado de válvula de seguridad sumergida y
sistema de auto-presión. Gracias a su ingenioso diseño, el depósito de agua podía contener un 33% más de líquido (en comparación con
los modelos clásicos) y hasta un 62% más que los modelos plásticos.
En junio de 1999 salió a al mercado un nuevo modelo, el “2000”, de caracteristicas muy similares al anterior, estando acabado
exteriormente mediante un proceso electrolítico bicromatizado.
Y en 2001, dos nuevos tipos verán la luz.
Pese a que ninguno de estos carbureros ha sido utilizado en actividades mineras, excepto en unos pocos casos muy puntuales, hemos
creído oportuno incluir a esta empresa catalana, ubicada en Breda (Gerona), en el capítulo dedicado a fabricantes españoles de lámparas
de acetileno. EMILSA es hoy el único fabricante español de lámparas de carburo, siendo también la única empresa de Europa que sigue
construyendo carbureros metálicos, a diferencia del resto de fabricantes europeos (italianos y franceses, sobre todo) que han incorporado
otros materiales, como las resinas, el plástico y las fibras sintéticas.
Todos los datos que aquí figuran son debidos a la gentileza de D. Emili Sabaté, propietario de la empresa y gran conocedor del mundo de
la espeleología. Pese a que su profesión es la de relojero, su habilidad y destreza en la manipulación de metales hacen de este artesano
del carburero un auténtico maestro, que aún hoy en día sigue construyendo lámparas convencionales mediante encargo, con fines
ornamentales o para ser empleadas por nostálgicos de un tipo de alumbrado tan popular como arraigado en España.
CARBUREROS ARTESANALES
Como ya indicamos al comienzo de este capítulo, fueron muchas las lámparas construidas en nuestro país sin marca alguna de fábrica, y
de las cuales se desconoce prácticamente todo. La facilidad del proceso de construcción, unida a la ausencia total de legislación al
respecto propiciaron que en muchos lugares de nuestra geografía, artesanos, inventores, mecánicos o simples hojalateros se afanaran en
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la manipulación de materiales tan diversos como el hierro, el latón, la hojalata o el zinc para conseguir lámparas sencillas, baratas y
funcionales. En muchos casos, se limitaban a modificar otros utensilios de parecidas características y dimensiones, como pueden ser
pistones de motores de automóvil, envases metálicos, etc.
Lámpara artesanal 1930.
Lámpara artesanal para cinturón 1925.
Algunos de ellos son auténticas obras maestras, seguramente nacidas de las expertas manos de torneros o especialistas en el manejo y
tratamiento de metales. Estos aparatos suelen estar caracterizados por su extraordinaria robustez, son generalmente de latón y en lugar
de marcas comerciales aparece en ellos el nombre de su constructor.
El ingenio y habilidad que siempre han distinguido a nuestros artesanos, quedaba de manifiesto en estas lámparas, llamadas “huérfanas”
por los especialistas norteamericanos. Como quiera que han desempeñado un importante papel en la iluminación de nuestras minas,
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quedan recogidas aquí a modo de anexo fotográfico, y de las cuales damos, dado su peculiar origen, somera referencia.
Lámpara artesanal. Puertollano, 1940.
Lámpara artesanal. Vizcaya, 1925.
EL OCASO DE UN MILAGRO
La aparición de las lámparas eléctricas, a comienzos del siglo XX, fue apartando paulatinamente del ambiente minero a las ya
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entrañables lámparas de carburo. Todos los países avanzados introdujeron en sus explotaciones sistemas más modernos, fiables, limpios
y seguros de alumbrado, quedándose el empleo de lámparas de acetileno para minas cuya economía no permitió el paso hacia el
alumbrado eléctrico.
Alemania, Francia, Gran Bretaña, Estados Unidos, Canadá, Australia y un largo etcétera, erradicaron ya hace muchos años su uso, pero
en la actualidad, otras muchas naciones siguen confiando en el carburero como medio para alumbrarse en los trabajos mineros. Casi
todas las minas de América del Sur, la minería metálica de países del Este europeo, Portugal, Asia y África aún siguen ayudándose con
estas lámparas tan emblemáticas como prácticas y económicas. Hong Kong es hoy por hoy uno de los principales fabricantes y
suministradores de lámparas de acetileno para casco, y en el resto de las naciones que los usan, son fabricantes de muy poca entidad o
artesanos quienes se encargan de construirlas.
Lo que fue una auténtica revolución en materia de alumbrado, hoy es solamente una reliquia del pasado, valorado únicamente por
expertos, coleccionistas y románticos de la minería. Cumplieron perfectamente con su cometido, y en muchos lugares en los que se
erigieron monumentos mineros, se les inmortalizó junto a la imagen del hombre que tan bien se valió de ellos.
© 2002 AMYP
Página mantenida por: Jesús Alonso
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