1996-defender Lo Indefendible - Escuela Freudiana de Buenos Aires

Anuncio
"1996-defender Lo Indefendible (en El 20º Aniversario Del Proceso Militar)"
(*) Escuela Freudiana De Buenos Aires. 1996.
María Del Carmen Meroni
Un hombre de 50 años, en análisis, ocupado en decisiones difíciles que tocan a un cambio
inevitable de rumbo en su actividad laboral y a la alternativa de ponerle o no fin a un
matrimonio desgraciado, dice reconocer que se ha visto llevado muchas veces en su vida a
una posición que él llama “defender lo indefendible”.
Lo que lo lleva a “defender lo indefendible”, (podría ser: una actividad económica que no se
sostiene, un matrimonio que no va), es la certeza de que si no lo hace, lo que va a ocurrir o lo
que se viene después es algo mucho peor.
Es la desgracia, el fin, el fracaso económico en la nueva actividad, la venganza diabólica a
través del hijo de la que sería su resentida ex mujer si se divorciara, etc.
Este judío, hijo de inmigrantes alemanes, que huyeron con dificultad, aunque a tiempo para
conservar la vida, de la Europa ocupada por los nazis, construye un origen o al menos un
ejemplo de “defender lo indefendible, porque si no va a ocurrir algo aún peor”, en aquella
actitud que fue la suya hace más de 20 años en la Argentina: defendió con un costo personal
altísimo y no sin riesgos, en activa militancia, al gobierno de Isabel Perón, una vez muerto el
General. Peronista desde chico, camporista en su momento, militó a partir de ese año 74 en
un grupo de la derecha peronista, marcadamente antisemita por lo demás; no ignoraba que
entre aquellos que se veía llevado a defender se contaban López Rega y la Triple A, padeció
el encarcelamiento o secuestro de varios compañeros de su mismo grupo (así eran esas
épocas), además del rechazo y el desprecio de sus amigos y conocidos que en general no
optaron por ese camino, y que lo trataron de traidor, reaccionario, cómplice, o en el mejor de
los casos imbécil, al enterarse por su firma en una solicitada, el pedido de una contribución o
las explicaciones que repartía desesperado, de la posición política en la que él estaba.
Simpatizaba, obviamente, lo había hecho siempre, con la izquierda; pero era justo allí donde
veía cernirse la futura catástrofe, la derrota inminente, sobre todo si se cortaba el delgado hilo
- Página 1 de 5 Copyright 2013 - EFBA - Todos los derechos reservados
que todavía sostenía algún estado de derecho. A ese delgado hilo, él no podía abstenerse de
defenderlo activamente pese a todo aquello que lo hacía según él indefendible. Por lo menos
en la ilusión cada día más improbable, de llegar hasta las elecciones ya próximas, en las que
quizás Luder, (dice) hubiera sido un candidato. Lo de Luder no es cualquier detalle, ya que por
su dominio de la lengua alemana, él no ignora que “luder” significa “carroña”.
“Nosotros veníamos de esa plaza, dice él, ¿Usted se acuerda?, a la que fuimos a decir :
¿Qué pasa, General, que está lleno de gorilas el gobierno popular?”.
Quisiera tomar esta pregunta, que efectivamente tuvo lugar ante muchos de nosotros en esa
plaza pública, para articular desde allí una hipótesis sobre la causa de que esa historia, más
que no haber sido querida, esté impedida de constituirse como historia, no haya devenido
“historia”, y estemos aún bajo el padecimiento que esa suspensión mantiene vigente, bajo las
marcas de aquel “presente continuo”.
A la fuente de esos padecimientos se la conoce internacionalmente como neoliberalismo, pero
no hay que eludir aquí las marcas singulares de su modo de incidir entre nosotros. Algunos de
sus nombres nos resultan más cercanos: impunidad, corrupción, cinismo, salvajismo,
resignación, idealización (aún en su aspecto de distracción o adecuación y sometimiento
fascinado) a personajes y acciones que están al borde o dentro de la canallada: ¿se podría
negar lo que nos pesan hoy esos modos de incidencia tan próximos?. Quiero decir: ¿Podría
negarse que presenciamos diariamente o a veces incurrimos en la convalidación, si no la
defensa de lo indefendible, ya sin los campos de concentración como amenaza real?. Las
políticas que se sostienen hoy de esa convalidación, cuando no defensa, proclaman la
aceptación esclarecida, incluso instrumental (es decir cínica) no del límite que toda ley
conlleva, sino del ataque sistemático a la posibilidad misma de que se sostenga alguna ley.
Lo Real, lo innombrable por estructura, no es lo mismo que el ataque al corte que nombrar
introduce, el desgaste o la desestimación al nombre que producen suspensión del sujeto.
Confundir la brecha que deja el imperfecto recubrimiento entre ley y verdad, con esa “otra
cosa” que es su desarticulación, indiferenciar la frontera entre ambas operaciones, es
gravoso. El límite de la ley causa efecto de ley, progreso y elaboración en la ley, legislación; el
ataque a la ley en cambio, la complacencia o adecuación a su caducidad, mantiene y fomenta
el salvajismo, aún sin los campos de exterminio que hoy no están. Pero por eso mismo quizás
ahora sea posible, y entonces ya sea tiempo, no de declarar que el problema es historia sino
de intentar ver dónde se aloja el problema hoy día , mientras desempeñamos desde luego
nuestros oficios cotidianos. Eso nos lleva a sostener una tensión necesaria entre estos oficios
cotidianos (si no renunciamos a ellos), y ese presente continuo que nos determina, del cual
también somos efecto (si se reconociera que no es historia), pero ¿Cómo eliminar esa tensión,
- Página 2 de 5 Copyright 2013 - EFBA - Todos los derechos reservados
si el precio es convalidar, a un costo indeterminable, las variadas formas del exterminio
subjetivo que nos afectan?.
“Veníamos de esa plaza, ¿Usted se acuerda?, a la que fuimos a decir ¿Que pasa,
General...?”. Si bien la segunda parte de la pregunta, afirma: “está lleno de gorilas”..., etc., el
hecho de que la persecución se desatara oficialmente, sin disimulo, allí mismo en esa plaza, y
ya no se detuviera más, podría no ser ajeno a que esos miles afirmaban lo que veían, pero
conservando sin embargo el formato de una pregunta, dirigida a Aquel que quedaba entonces,
más allá de toda intención, colocado por la pregunta que se le dirigía, en posición de poder,
querer o deber responderla.
Una pregunta que anula el corte, la decisión, que la afirmación (“está lleno de gorilas”...)
podría haber producido. Corte consistente en reflexionar sobre la respuesta que ya se había
obtenido (no era grata), tal como la afirmación reconoce afirmando (“está lleno de gorilas”...),
más que en preguntar, y por lo tanto pedir otra respuesta, y otra más, a Aquel que en realidad
ya había respondido.
Se esperaba de ese lugar al que se dirigía la pregunta (fuera y antes de esa plaza, y no sin
cálculo, desconfianza, decepción, reticencia, desafío), se esperaba una explicación, una
señal, un súbito viraje, una maniobra; y eso suspendía irremediablemente el efecto de corte
subjetivo que la afirmación, en su valor de advertencia, podría haber adquirido de haber
podido ser realmente afirmada.
No se trata nunca “solamente” de palabras, y tampoco aquí. Ya que, antes de esa plaza, y
cuando la afirmación ya era abiertamente formulada, ubicaríamos la suspensión, renegatoria
de su efecto de corte, en el acto sin retorno por el cual la dirección de ese movimiento juvenil,
decidiera respaldar la confianza en la vigencia de la democracia oficializando ante el Ministerio
público correspondiente, y a pesar de saberse quiénes ocupaban ya algunos puestos claves,
la nómina de sus militantes, con nombre, documento y domicilio. Se sabe para qué el
Ministerio en cuestión usó después algunos de esos datos que le fueron ofrendados, por
aquellos que esa tarde de la plaza afirmaban lo evidente, pero aún preguntando. Miles de
nombres y domicilios en poder de José López Rega, y de ahí en más... nos dicen nuevamente
que las palabras moldean el destino de los cuerpos.
La llamada “Juventud Maravillosa”, para la cual en particular sobrevino la catástrofe, coreaba
en qué se había convertido (“lleno de gorilas”...), eso que creyeron gobernar, y no quería
creerlo. Ya no hubieran sido lo que creían ser, aunque no pudiera saberse entonces lo que allí
en realidad ya se había perdido, pérdida que nunca es “evidente”, que siempre es “a
construir”. ¿Qué otras pérdidas (de goce, identificación, rasgos, creencias) no elaboradas,
inasimilables, hacían de ésta su eco?. En el lugar de todo eso, se diluyó la afirmación
- Página 3 de 5 Copyright 2013 - EFBA - Todos los derechos reservados
preguintando: “¿Qué pasa, General?”.
Si al decir lo que pasa, hay que preguntar ¿qué pasa?, es que lo que se dice no se escucha.
No vemos en ese “¿qué pasa?” efecto de represión, porque lo que se sabe, tal como se lo
dice, no es Inconsciente; no hay deformación de lo afirmado, denegación, sustitución,
metáfora, sino anulación del Sujeto en el acto de afirmar lo que afirma, y entonces,
suspensión de aquello que se afirma como valor de corte, advertencia y producción del Sujeto.
No hay corte del Sujeto que asoma, incipiente; hay corte producido y anulado. No ignoramos
el efecto devastador que eso conlleva para cualquiera, para cada uno, para muchos.
El sometimiento al “sálvese quien pueda” en medio de la matanza sin precedentes que
aquella plaza anticipaba; el “yo no sabía” que mantiene el terror sin nombre, o el salvajismo
sin corte, ¿no es el mismo estado de cosas que mantiene eficazmente hoy en día, aún sin la
matanza flagrante (dado que ya se la hizo), la anulación de los efectos de ley, el deterioro de
los lazos sociales, el abandono de los reconocimientos subjetivos más elementales, que no
parece encontrar tope?. El alivio por el fin de la matanza, la interrupción de aquella enorme
magnitud traumática Real, que hace posible entre otras cosas un debate público impensable
en esos años, no podría hacernos ciegos frente a esta suspensión sistemática del efecto de
límite, que sigue aniquilando por otras vías. Si esta fuera la situación actual, que es lo que
creo, entonces esa historia no es historia.
El joven militante de izquierda que, al precio de defender lo indefendible, se hizo de derecha
porque si ese delgado hilo se cortaba, iba a ocurrir algo peor, había preguntado ese día
“¿Qué pasa, General...?”, como antecedente de una manera (que fue la suya) de defender lo
indefendible. Si no lo hubiera hecho, si no defendiera hoy lo indefendible (ese matrimonio
desgraciado, esa actividad económica declinante), sobrevendrían el caos y la derrota.
Entonces sí, (piensa él) el desastre ocurriría. Se trata sin embargo, según él, de un matrimonio
sin futuro, de una empresa inviable. Agrego aquí: de una respuesta que ya se ha obtenido,
pero que se encuentra en estado de suspensión, arrastrando a una posición de letargo al
Sujeto mismo.
¿No lo liberaría de un peso que lo acorrala, que precipita sobre él los peores efectos de la
inhibición y la cobardía (impotencia, humillación, cinismo), una intervención que haga saber,
que la derrota tan temida si ocurriera, eso “peor” que podría pasar y que lo lleva aún a
defender lo indefendible, es una derrota que en realidad ya ha ocurrido, aunque haya que
construirla como pérdida, sólo que él posterga enterarse?. ¿No se propiciaría así el corte
necesario en ese presente continuo?.
Alguna nueva alegría, creatividad y movimiento, ese resultado novedoso que reconocemos en
la efectuación de un trabajo de duelo, es decir en la construcción subjetiva que debe dar por
- Página 4 de 5 Copyright 2013 - EFBA - Todos los derechos reservados
perdido lo que se ha perdido, alguna mejor posición podría esperarse, si en lugar de temer allí
el Sujeto una derrota, mas bien la pudiera reconocer como falta y más aún: construirla, como
pérdida, es decir como lo que de él mismo se ha perdido allí. Con el límite del nombre, claro
está, pero ya sin el ataque al nombre, que no es lo mismo.
La construcción de una pérdida, la creación alrededor de esa pérdida, suelen abrir la chance
de una historia en la masa compacta y agobiante del presente continuo.
- Página 5 de 5 Copyright 2013 - EFBA - Todos los derechos reservados
Descargar