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ABUELITOS
Queridos todos,
Cómo están? Espero que muy bien.
Me gustaría compartir con ustedes la experiencia que tuvimos el Sábado con los abuelitos del
hogar de ancianos al frente de Pindal. Fue tan maravilloso que vale la pena compartirlo para que
se amplifique y multiplique. Muchos “darse cuenta” y salimos llenos de amor, alegría y vitalidad.
Fuimos la Vero Pino, Daniel Orellana Jorquera y yo. Daniel y yo para tocarles música a los abuelitos
y cantar. Para darles una tarde de alegría.
Llegamos a la sala, el living y estaban los abuelitos. Además los administradores y enfermeras, etc.
Lo que me llamo la atención desde el principio, quizás en comparación con otros hogares de
ancianos que conozco, fue que el ambiente estaba muy familiar, todos compartiendo. Era un gran
living de una casa. Uno de los cuidadores estaba con un niño chico, que maravilla. Me encantó esa
imagen en la que habíamos 3 o 4 generaciones compartiendo juntos. Sobre todo al largo de la
tarde (nosotros estábamos allí unas 2 horas más o menos) los abuelitos jugaban con el niño, él
compartió con ellos y les regaló una sonrisa en su cara con su baile y abrazos.
Vero y yo fuimos a saludar a todos los abuelitos de a uno y uno cuando me saludo me dijo: “¡Nos
tienen de enfermos aquí!”…. Yo le digo: “Pero les veo muy bien, ¡jovencito con su sonrisa!
Nosotros somos tan joven o adulto como queremos ser ¿cierto?” … y me rio con carcajadas como
siempre… ;-) … y él me dice: “Lo que pasa es que estamos enfermos del alma!”…. ufff… que señor
más conectado…. Mhm…..
Después empezamos a cantar y tocar música. Primero música de Daniel, canciones de él. Todos
muy conectados con el alma. Yo toco la flauta y canto, él con guitarra y cantando. Todos los
abuelitos muy atentos, relajados. Les encantó la música. Yo siento cada vez más y más que la
música, el canto, la voz y el sonido establecen una conexión directa con nuestra alma a través del
corazón. La energía fluye y las vibraciones llegan. Uno lo puede observar y sentir en el mismo
instante.
En la tercera canción de nosotros el primer abuelito ya estaba bailando….
Después decidimos tocar algunas canciones que conocen los abuelitos, Daniel tocaba cuecas,
boleros, vals, tonadas, tangos. Todo de la época de los abuelitos. Él es un muy buen músico, los
abuelitos le piden y él lo sabe tocar. Admiro esa capacidad de improvisación y oído musical.
Lo que más me impresionó fue la reacción de los abuelitos. ¡Se sabían todas las canciones! Todos
los abuelitos cantaban todas las canciones. ¡Sabían todas las letras de todas las canciones! Qué
maravilla.
Vero y yo nos pusimos a bailar con los abuelitos. Creo que había varios que casi se olvidaron que
andaban con bastón o que tenían dolores en las piernas al caminar…
Cuando uno logra conectarse con el cuerpo, su alma y corazón al mismo tiempo todo se sana….
Qué maravilla.
Eso me impresionó mucho. Uno muchas veces lo sabes teóricamente. Sabe que las canciones y la
música están relacionados a los emociones y eso se guarda en otra parte del cerebro. Es muy
cierto que muchas personas, (incluso los que estaban allí y tenían problemas de memoria y uno
les decía su nombre y 20 segundos después te preguntaban de nuevo) al mismo tiempo te pueden
contar historias y cantar canciones de su infancia y juventud y se acuerdan de todo.
Qué maravilla. Hay que fortalecerlo mucho más. Me impresionó cuando una de las personas del
hogar me contó que una de las abuelitas le encanta cantar el tango y le pusieron música de tango
y ella lo canta. Mientras los demás juegan domino. ¡Qué ejemplo!
Sería tan lindo que en muchos hogares de ancianos pudieran hacer esto. En vez de tener la
televisión todo el rato, ponerles música, canciones de su infancia, adolescencia y juventud, que les
traen lindos recuerdos, que les hacen sentir más jóvenes, conectarse con sus emociones y su
corazón.
Eso es una verdadera medicina del alma, y además sencilla y fácil de conseguir. Todo el mundo
puede hacerlo. Con su mismo abuelo en casa, en los hogares de ancianos, en los hospitales…
Al final cuando me despedí de todos los abuelitos el mismo abuelito que me dijo al principio que
estaban enfermo del alma me dijo: “muchas gracias, ¡me alegraron el alma!”…. que más hay que
decir…
Todavía sigo en esa resonancia… y espero que esa linda experiencia inspira a otros… y muchos
más…
Muchas gracias,
Patricia
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