En la quietud del mármol [microform]

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AT URBANA CHAMPAIGN
STACKS
=
En
la
del
Mármol
Quietud
5:
m
^
THERESE WILMS MONTT
En
la
Quietud del Mármol
1918
CASA EDITORA BLANCO
Madrid
7
Del mismo autor
INQUIETUDES SENTIMENTALES
Buenos
,
2.^
edición
Aires, R. A.
191
(agotado)
LOS TRES CANTOS,
2.^
edición
Buenos
Aires, R.
A. 1917
EN LA QUIETUD DEL MÁRMO L
Madrid, 19 iS
Próximamente
ANUARI,
con un prólogo de D. Ramón del
Valle Inclán.
En prensa
EN LA CALLEJUELA DE LA VIDA Y DE
LA MUERTE, novela.
LO G S e
\
Thérése de la
t"
Los que la ven pasar, esbelta y rítmica, con sus
"pelos" cortados y su bastoncillo insolente, se preguntan si es una bailarina de los bailes rusos, o una parisiense fantástica, o una norteamericana tan millonaria
que hasta para sus ojos ha comprado las dos esmeraldas
más grandes y más puras que hay en el mundo.
Yo, en realidad, no sé de dónde es a punto a fijo.
Pero sé, eso sí, que no es de aquí, que viene de tras los
mares, de tras los cielos, de tras las razas, tal vez de tras
las almas, y que, como un personaje de Maeterlinck,
parece buscar una corona en el fondo de una fuente
milagrosa de oro y de bruma.
¡Teresa!... /o Thérese?
¡Y de la Cruz!... Y
sin que ella lo piense, sin que ella lo quiera, detrás de
la cruz, el diablo. Porque ahí está, para nosotros, pobres
hombres sensibles, el compañero malo de San Antonio,
con todas sus t evitaciones y todos sus halagos. Mas ella
sabe decir a los que se le acercan pidiendo una limosna
de labios: ''¡Che, que somos compañeros!"
.
.
.
.
.
:
.
.
:
Esta mujer que lleva a cuestas la
Y es cierto.
maldición de su belleza no es sino una escritora, una
gran escritora que si fuese hombre y tuviese barbas formaría parte de todas las Academias y llevaría todas las
.
.
condecoraciones.
Sólo que, ¡ay!, es una mujer, y es lo más bonito
de las mujeres. ¿Quién no ha estado enamorado de
¿Quién no ha sentido ante su boca de lobo
ella?
adolescente la terrible emoción del infinito?... ¿Quién
no la ha ofrecido su alma entera en cambio de una
sonrisa?
Ella ha contestado siempre
.
.
.
.
.
.
—Che...
Sólo un día,
tal vez ante dos ojos locos en una faz
de mártir, sus esmeraldas claras, muy claras, se humedecieron. Pero entonces, sacudiendo su melena de leona
niña, tuvo el heroísmo de abrir su pecho y de enseñar
un cadáver.
Porque esta niña genial y loca, que atraviesa la
existencia regando las perlas claras de su sonrisa, es
una pobre atormentada que padece más por alguien que
no existe que los que se mueren por ella.
Yo la digo
Usted no es para aquí; usted es de otro pueblo,
de otra raza; usted no puede vivir sino en el bosque de
la princesa durmiente o en un panteón de reyes; usted
es una ídola para adoradores de especie diferente
Márchese usted; por Dios.
Ella ríe con risa de niña y de demonia.
¡No sea usted loco!
¿Quién lo es más de los dos?
Ella, en todo caso,
tiene como excusa el genio, que es un signo magnífico
y fatal de locura. Yo no poseo nada, nada más que los
dos ojos de mártir que despiertan a los muertos amados.
.
—
.
.
—
.
.
.
.
.
GÓMEZ CARRILLO
En «El
Liberal»,
Mayo
18 de 1918.
.
í
\
INTRODUCCIÓN.
No
pues
quiero suprimir
seria
ocultar
el
una
sola
de
estas lineas
matar su dolorosa espontaneidad, y
angustioso tormento que sufria el alma
de quien las escribiera.
?
I
OFRENDA
Traigo a tus pies la suave ofrenda de mi
bro,
que deposito en
me
de mi inspiración.
En
el largo
gar donde
ellos,
como
el
camino que separa
más
sutil
li-
perfu-
la farsa del lu-
yaces en sublime y casta quietud de
mármol, he ido despojando mi alma de sus misetú
humanas; he ido purificándola
mediante cruentos martirios, para traerla hasta ti,
clarificada como el agua de una fuente que no ha
sido desflorada por la luz del día.
rables ataduras
No
temas que mis páginas dejen en
una huella impura. Si bien
tú te
tu
lecho
has sublimado
con
la
muerte, yo
me he
redimido perdiendo mi
envoltura de fango en el torbellino incontenible del
dolor.
^
Puedes
como mis
admitir
flores,
mi ofrenda
tan
dulcemente
que ni éstas ni aquéllas turbarán
tu sueño.
Acéptala;
la
la
te
ofrezco con los ojos límpidos,
mundo que ha de
ligero y vano como el
frente serena, vuelta hacia el
juzgarme, con
humo de un
el espíritu
incensario.
Madrid 1918.
Thérése Wilms.
8
Para Anuarí: que duerme en este féretro
el
sueño
eterno.
Para
él...
Anuarí mío, que nadie puede disputár-
melo; porque mi amor, mi
amor y mi
dolor,
me dan
derecho a poseerlo entero. Cuerpo dormido y alma
radiante.
Sí,
Anuarí, este libro es para
una
diste tú
lo
pe-
manos en las mías, en tus
tu boca en mi boca, en intima co-
y yo, toda alma, te dije
dote hondo en medio del corazón.
¿ Te acuerdas, Anuarí ?
?
¿No me
tarde, tus
ojos mis ojos,
muni()n
ti.
:
Sí,
— besán-
II
Oh! ya no puedo escribir tu nombre sin que un
velo de lágrimas oculte mis ojos,
nudo extrangule mi garganta.
¿ Por qué te fuiste, amor
pregunto mil, dos mil veces
?
¿
y un apretado
Por qué
al dia.
Y
?,
me
lo
no acierto a
hallar respuesta alguna que alivie el feroz dolor de
mi alma.
Si;
¿
contigo
por qué te
fuiste,
Anuari, y no
me
llevaste
?
Mirando tu
retrato,
con
la
pasión de una madre,
de una novia, de una amante loca de amor, trato
10
—
de arrancar de tu mirada
destrozado tu vida y
¡
Ah, mi criatura
la
gran enigma que ha
el
mía.
Cuando
!
la suerte
impía
me
arrebató a esas dos hijas de mi sangre, creí que
el
no
dolor mío habla roto los limites humanos. Pero
;
tú has hecho que mi grito desesperado llegue
hasta
lo
el
mismo trono
apostrofé
del Dios de los cristianos
temblando de santa y
fiera
y
indig-
nación.
No
se
tura, sin
puede
darle
los latigazos,
Sí;
al
ser tan cruel
fuerzas
con una débil
suficientes
cria-
para soportar
y abandonarla después en
la agonía.
tu partida silenciosa
me ha
dejado agonizando
borde de
nada
y
la infinita
cariño, con ansia de dormir
;
sola,
con sed de
y descansar, rendida
al fin....
—
11
III
En una
«
de tus cartas
la vita resiste
verdad Teresa
«
Nulla
che
Sí,
escribiste,
una vez
:
Per Vamor che rimmie
«e a
i
me
le
?
é
)
y
(
el
nuestro resistirá,
»
piú dolce
cose lontane
e triste
».
Anuarí, «nulla é piú dolce e triste che
cose lontane
».
Y
por eso te
le
fuiste.
he releído otra vez, y siempre me
deja una impresión desesperada, que sólo puedo
Esa carta
la
traducir en sollozos.
Tus
12
cartas, tus retratos,
y
las flores
que han
muerto sobre tu ataúd, son reliquias que guardo
ellas forman todo mi ideal,
toda mi vida, y no digo mi consuelo porque éste
con avaricia enferma
ya no
:
existe para mi.
Guardo también dos
impiadosa
mano
tornillos,
que con dura
e
pusieron en tu féretro los ente-
mi cerebro
donde llevo cin-
rradores, tornillos que irán clavados en
mi muerte; en mi cerebro,
celada tu imagen profunda e inamovible, cual
el
día de
grietas
que
lian
socavado
los siglos
en
las
heladas
las
rocas.
¡
Anuari, Anuarí
Si fuera posible resucitarte,
!
mi conciencia me resignaría a vivir
tus pies, como una esclava, con la sola
daría yo hasta
postrada a
;
satisfacción de mirarte,
de sentirte
con esa
reír,
de cascada de plata; sin aspirar a otra recom-
risa
pensa que
el
por una vez solamente,
sentir,
el
beso de tu boca en mi frente.
i
Anuarí, resucita
mis brazos, donde
!
Vuelve a
te cantaré,
^^^
'/
la
tibia
cuna de
hasta convertirme
en una sola nota que encierre tu nombre.
—
13
•Eiíflí'í
IV
Reposa tranquilo, Anuarí. Seré siempre tuya.
He hecho de mi cuerpo un templo, donde venero tus
besos y tus caricias, con lamas honda adoración.
Llevo clavada, como im puñal, tu sonrisa en
punto donde
se
posan mis
ojos;
el
esa sonrisa con los
dientes apretados, que hacían de tu boca
un capullo
sangriento, repleto de blancas, relucientes semillas.
Anuarí.
Tu
sonrisa es
que mata todas mis
mi mente
la noche.
la
risas,
'SÉ:^
—
tu sonrisa provoca en
inquietud del relámpago en medio de
Es veneno de nácar que
corazón hasta paralizarlo.
14
una obsesión destructora
se destila
en mi
V
Anuarí
mido
;
te evoco
eterno.
Una sombra
alma,
dormido y te imagino dor-
la
se esparce
sombra de tus pestañas, que
divina
formaban dos
blandamente sobre mi
alas de aterciopelada mariposa sobre
tus ojeras.
Si,
Anuarí.
Una
noche, la
más
feliz
de mi vida,
durmió tu cabeza en mi bombro, y era tan intima mi dulzura, que mi respiración se hizo una
se
música para mecerte.
Te dormiste,
estrujado
el
criatura mía, después de
cerebro
y
el
haberme
corazón con tus labios
— 15
'^W
•v"".*í^'';
^
ávidos de juventud, como una abeja lujuriosa de
néctar y perfume.
Y
esas sombras de tus pestañas, son las cor-
tinas que
me
ocultan la luz del
sol,
y me llevan
en vértigo confuso hacia tu grave País.
Una
se
la
16
"-
.^
noche, la
más
feliz,
la
única de mi vida,
durmió tu cabeza en mi pecho, y allí encontró
delicia del sueño, y buscó la almohada eterna.
VI
Traigo del fondo del silencio tu mirada
;
evoco
y me estremezco. Aun apagados por la
me producen el efecto del rayo. No ha
tus ojos...
muerte,
perecido en ellos
el
poder fascinador.
me
muestran
las irra-
diaciones magnificas del Infinito
son dos
estrellas
Son dos
faros azules,
que
;
de primera magnitud, que miran hondo sobre mis
y agrandando la huella, hasta
una brecha infinita como un mundo.
penas, perforándolas
abrir
Tus ojos adorados, que fueron reflejos de esa
bellísima alma tuya, viven ahora en mi mente nu-
— 17
tridos de
mi propia
vida, adquiriendo brillo en la
fuente inagotable de mis lágrimas.
Anuari. Asi
tu vida, ahora
como
me
con tentaciones de
ante un abismo.
18
tus ojos
me
encadenaron a
arrastran a tu fosa, invitándome
delirio.
Yo
Tus ojos son dos imanes
siento la atracción feroz...
;
VII
En
la
oscuridad de
tu imagen envuelta en
con
la
cido.
mi pensamiento veo
el
pavorosa aureola de un más
Te llamo, toda
te llamo
el
surgir
misterio de la muerte,
allá
descono-
alma reconcentrada en
ti
y me parece que se rasgan las sombras a
como el de ave herida en pleno
tu paso alado,
vuelo.
Cuando comprendo que no te veré jamás,
una onda de angustia me sube del corazón, envolviendo mi cerebro en un vértigo de catástrofe, en
un
ansia de masacrar la belleza de la vida.
—
19
'''.
Eres tan fuerte y hermoso, con tu cara serena
y tu frente mirando al cielo.
Anuarí.
La pena no
va ahondando en
el
en una tembladera
enloquece, la pena no mata
alma como un cuerpo de plomo
;
infinita.
Asombrada escucho
mi voz, que te busca aguardando una respuesta. La negra verdad me hiere
con saña. ¿Acaso tu espíritu ha muerto también ?
en
¡
las
noches
No no
;
!
¿
el
eco de
Cómo
es posible
que tanto vigor, energía
de astro, vaya a perecer en
20
M^
—
el hielo
eterno
?
r '?"
'
'ff t"* 4 í
.
*:
^^Tvir-3^51^,
VIII
Desde que te
acechando tu
dos hacia
mis ojos y mis oídos están
fuiste,
imagen.... tus pasos
;
están tendi-
muerte en fervorosa espera de resu-
la
rrección.
Y en los días grises,
te veo
con
cuando sopla viento helado,
los ojos del
ahna
surgir blanco de tu
blanco sudario, transfigurado por la serena, santa
caricia
de
la tierra.
Y cuando el
mundo, entonces
sol
derrocha diamantes sobre
te aspiro
veo en todos
los árboles,
de amor, en
los céspedes
y
en todas
las ñores,
el
te
te poseo rodando, ebria
de yerbas olorosas.
—
21
Y
los
cuando
la
luna da su humilde bendición a
hombres, te veo gigantesco, destacarte en un
afilado rayo
inmortal,
;
veo enorme, confundido con
te
desparramando sobre
dulgencia,
aliviando
náufrago dolorido
imagino en
Me
el
22
el
evocarte,
de linterna en
mundo
tu in-
de
tanto
desesperación
aspiro en el ambiente,
te
misterio, te extraigo de la nada.
parece que
ayudarme a
;
la
te
el
lo
la
mundo
sólo fué
hecho para
y
para que
me
el sol,
escabrosa ruta.
sirviera
!
IX
Con
la
cabeza reclinada entre los brazos, en un
afán de dormir, repito,
ción
:
Si,
mo
como
los niños,
una
ora-
tu nombre.
Anuari, tengo sueño,
letárgico sopor
que
mucho
turbó tu
sueño; ese mis-
alma antes de
cerrar los adorados ojos para siempre.
Como una
oración,
desgranan silaba por
laba mis labios tu nombre,
y mis manos
desmayadas, buscando
tibio
el
si-
se tienden
nido de tus ca-
para esconderse y morir.
Anuari, Anuari
bellos,
¡
Como de una
fuente que hierve brotan de
mi
—
23
i
^
--
-
.
•.
V
.
.
-*
pecho
las quejas
y
las súplicas.
Todas van a per-
derse en el caos, sin llegar tal vez a
ti.
Es horrible, y no comprendo cómo mi cuerpo
no sucumbe al peso de tan ruda carga.
La vida sin ti es una tétrica cosa, que arrastro
como un harapo innoble.
24
—
7^-
%
X
Las horas caen como goteras de plomo en un
páramo se van a tu encuentro, y yo me quedo
;
me quedo
hastío,
;
sombría, taciturna, envuelta en
como en una malla de
Dos meses hoy,
¡
Ya
mi deseo de
dos meses
ataúd por
la
negro
criatura mía, que bajaste a
caverna de piedra, llevándote en
lizado hasta
el
hierro.
!
el
una
corazón para-
llorar.
Sin morir vi
como entraban tu
puerta del Cementerio
;
por esa puerta
con fauces de chacal, que no se abre jamás para
las
almas que
En
la atraviesan
estos dos
dormidas.
meses no has tenido otra caricia
— 25
que aquellas tan leves y tímidas de mis flores, mis
pobres flores, que son la única prueba de amor, la
ofrenda santa que temblorosa de pena, mi alma
deposita sobre tu cadáver.
Dos meses. Mis manos
pordioseras de caricias
tratan de arrancar.de tu ataúd una ternura
la
madera, avara del tesoro que encierra,
rígida,
j
como un
ser
tu fosa,
muy
!
pero
se
hace
sufrido.
Sólo llegan al fondo de
apagadamente, como de una jauría
jana, los ruidos del
los
que no ha
Nada, Anuarí mío
;
mundo,
el
le-
confuso vaivén de
hombres, de esas sombras movibles, que no
saben de dónde vienen y para dónde van, porque
tienen miedo de averiguarlo.
Dos meses hoy que
su tic-tac pisotea mi
te fuiste.
cerebro,
El
.
reloj
palpita;
destruyendo mis
pensamientos, con sus pasos lúgubres hacia
la
men-
tirosa Eternidad.
Dos meses, y ya no
26
sufro de tanto sufrir.
XI
Se mueven
las cortinas
toda intensidad pregunto a
y tiembla
noche
la
la luz.
si
Con
eres tú el
que anima esas cosas.
Anuari.
De
espaldas sobre
golpear de
mi cama,
mi corazón dentro
sólo oigo el furioso
del pecho.
Todo lo que me rodea está empapado de misterio. Los muebles hablan entre si de trágicos secretos
;
las
puertas se quejan de sus umbrales siempre
enigmáticos, a la espera de alguien que nunca llega
y en
la
lámpara
desesperación.
me
parece adivinar una
;
muda
:^y^-
Los retratos
me miran
expresión de pena,
j
con una desgarradora
Anuari, Anuarí
!
Ya
mi
grito se pierde sin eco en el impiadoso
de
la
sé
que
abismo
nada, pero para no sucumbir no puedo dejar
de llamarte, aferrada a una ilusión que no existe.
28
—
XII
Como de
el
costumbre, hoy fui a verte
;
era tu día,
día de todos los dormidos eternos.
Cubrí tu
ataúd de rojos claveles, e imaginé que su fragancia
atravesaría las maderas e iría a darte
un
escalofrío
de dulzura.
Con
la
cabeza apoyada en
fundamente en
Una
el féretro
pensé pro-
ti.
olímpica serenidad revistió de alba túnica
mi alma, apagando toda su amargura.
No hubo desesperación en mi dolor.
Comprendí, amor mío, que para mí
la
gran
29
;^y3<S»/
puerta al infinito estaba abierta de par en par,
manos sublimizadas.
abierta por tus
que poseía alas capaces para em-
Vi, también,
prender
me
el
regio vuelo del encuentro,
sentí consolada.
Oculta en tu féretro está
puerta
agobie
tu
y entonces
la llave
de
la
gran
tú la guardas en tu diestra. Cuando
:
la
lucha miserable
mano con
iré
me
a buscarla. Abriré
beso de una madre que despierta
el
a su hijo, y, enlazándola a la mía, marcharemos
juntos hacia
en busca de su bendición nupcial.
el sol,
Iremos, inmortales hijos de la luz, en pos de la
irradiación
de
los
astros
para coronar nuestras
cabezas transparentes. Marcharemos extáticos,
renos,
gloriosos,
alma del Creador
como una
al
sola
se-
llama azul del
son de acordes magistrales,
que entonará nuestra reina Naturaleza.
Nos deslizaremos por
los
límpidos espacios, su-
blimes de bondad, cantando un resurrexit eterno.
Al contacto de tu ataúd mi frente palidece y
miran mis ojos en busca de la gran puerta.
30
—
XIII
Por
la
noche, penetro en
mi alcoba como en un
templo, tan fervorosamente, que mis rodillas se
doblan.
Porque
allí
está
tu retrato, mirándome
con esa bondad ilimitada del perdón.
Beso
el cristal
rente tu boca, y
con
el reflejo
helado, en
me
el sitio
que transpa-
regocijo en iluminar tus ojos
de los mios brillantes de emoción.
Junto mis manos sobre tu
frente,
y en
conmoción del alma, imploro tu compañía,
trágica
el calor
de tu protección cerca de mi lecho; y en fervoroso
anhelo ruego al misterio para que tienda sobre
mi
el
sudario del silencio.
—
31
•
i.'-^^'
Hablo con tu
sobre
él
flores
;
retrato, criatura mía,
derramando
cosas pueriles y profundas, como si fueran
lloro, rio y, sintiéndote en mis brazos,
te canto
como
si
Y naces de mí
para todos
los
hubieras nacido de mi.
y para mí y en mí
demás estás muerto.
;
vives,
porque
Te extraje de la sangre más noble de mi corazón
y te uní a mi destino para siempre.
32
—
XIV
Hallo cierto alivio en la monótona repetición
de mis pesares, como
lo halla el loco
en sus pa-
labras incoherentes, en sus exaltaciones plásticas.
Te amo, Anuari....
La tibieza de tu cuerpo ha quedado como un
veneno insomne en mis miembros. Todos
retuercen
lirio
;
en
espasmódicas
convulsiones
claman por
la caricia
ellos se
de
de-
aguda de tu cuerpo,
de tu carne joven, perfumada de primavera.
Mi boca
En
está sedienta de lujuria.
contorsiones de poseída,
aullidos desgarradores de
Si,
Anuari.
escápanse de mi los
mi carne y de mi
co-
33
^j (^
=-r<,i.Tr^
en los espasmos de placer y de pena,
surge, entre los suspiros, tu nombre.
razón heridos
j
;
Ah He quedado
ávida de
!
ti
;
ansiosa de besos
tuyos.
Y
ante la atracción de tu espíritu radiante,
quedé ciega como
Mis
si
mirase al
ávidos,
labios,
sol.
aguardan, entreabiertos,
el
néctar de tu amor.
Y
tiempo pasa, y su bálsamo de nieve no
catriza mis llagas de fuego.
ci-
el
El día lucia todas
las
deslumbradoras galas de
la Primavera...
Un
olímpico rayo de luz vestía
las
flores
con
túnicas de diamante.
Ante tan
irónico
esplendor mi corazón sintió
con más fuerza tu soledad augusta, y despreciando
la fastuosidad, fué a ofrecerse a ti, para que te protegieran los suaves velos de su melancolía.
Llegué a tu nicho, a tu estrecha caverna miserable,
y tuve
el
deseo de volverme terciopelo para arro-
una impresión de
cuenta, criatura mía, que
parte, envolverte en mí, para darte
amor; para que no te dieras
todos te tomaban como a un objeto inservible.
34
No
concibo
el calor
tú rígido y solo en
del
mal todas
el
que anima mi vida, estando
cementerio.
las felicidades
Son explosiones
que brotan fuera de
esa órbita dolorosa.
Anuari mío
;
todo mi cuerpo se insensibiliza al
solo recuerdo de tu ausencia eterna.
35
-i^TWW
XV
Estoy enferma. Mi mano, ardiente, resbala en
triste
desmayo sobre
los libros
para aturdirme y olvidar.
No trato de abrirlos,
I
es
Qué pueden decirme que
miento de tu recuerdo
1
me
donde
inútil
los
:
refugio,
adivino.
mi pensadejar una
sustraiga
Sólo lograrían
negra mancha de tinta en mis pupilas luminosas
de tu imagen. Mi dolor se hace agónico
teza se despedaza
como
las túnicas
;
mi
tris-
de los márti-
res desgarradas por las fieras del circo.
Me
36
„^(
pesan
las
sienes
como
si
las
oprimieran
!
dedos de un coloso, y como lozas ñmerarias
caen mis párpados.
los
i
Anuarí, Anuarí
Las penas hacen pesada mi sangre, como
si
circulara por mis venas lava fría.
Estoy enferma.
A
mi alrededor canta
la vida,
impiadosa, cruel, en su inconciencia de diosa eter-
namente joven y
alegre.
Ese desordenado
profanación
de
bullicio
cadáveres
me
hace pensar en la
por
un saltimbanqui
ebrio.
La
vibración del dolor ha destruido la orques-
tación divina, que, en
lírica
unión con todas mis
cuerdas intimas, amenizaba las fiestas de mi alma.
Estoy tan
prende
la
triste,
como una paloma a
\juien sor-
tormenta, sola y fuera del nido.
37
XVI
Anuarí...
hoy un ramo de inmaculadas peonías.
Al depositarlas sobre tu ataúd, me pareció que el
Te
cielo
llevé
había llovido estrellas sobre
se apoderó de
el
mí un
delirio
él,
y entonces
de belleza.
Quise unir mis labios a los blancos pétalos, y
cielo de mi alma llovió besos, infinitos besos de
amor sobre tu cuerpo insoñado. La dulzura de la
timiba penetra en mi cerebro, como un baño de
rosas, refrescándolo de sus ansias pasionales.
Purificada está mi carne por
38
—
el
alba castidad
de
las cenizas
de todos
los
antepasados que a tu
lado reposan.
Anuarí
Si
mi
;
criatura mía.
tristeza fuese siempre tan
traducirla en besos
con
al
fervor de
el
más
flores,
bendiciria al dolor
una iluminada
:
el
sobre
lo buscarla
dolor de haberte perdido es
humano que nos une para
Yo
;
como
nutritivo alimento espiritual.
Anuarí
lazo
y
suave como para
te
ti,
el
único
siempre.
amo, y lo digo en las flores que esparzo
y en mis llantos, que son vigorosos como
los reflujos del mar.
De
ese es
la
mi
vida a tu tumba, de tu tumba a la vida,
destino.
— 39
XVII
Anuarí, mío.
Toda la felicidad de mis días estaba en tu
ataúd, donde yo iba a recostar mi cabeza y desparramar mis
En mi
flores.
inmensa soledad, era esa una dulce ocu-
pación.
y en mi locura de cariño,
que nadie más que yo tenía derecho a tu ca-
Criatura, te sentía,
creí
dáver.
Fué como un golpe de
cuando
el
40
al
hierro
en
la
cabeza,
penetrar en la fosa vi que no estabas en
lecho familiar.
Y
cuando, buscándote como una leona busca
su guarida, te encontré en
mi dolor tan
horrible,
como
un estrecho
si
nicho, fué
te hubieras
muerto
por segunda vez.
Qué
frío tuve!
y cómo
mi cuerpo
senti en
el
martirio de tus miembros estrechados, en esa an-
gosta cárcel de piedra!
AJli
no podré llevarte mis
municarte
la sensación
flores
;
no podré co-
de primavera, refrescando
tu cofre con pétalos, besos y lágrimas.
41
1
XVI 1
Anuarí; dulce criatura mía, que soplas la negia
vela de
mi
vivir hacia el paraíso de los sueños.
Grave criatura del gesto eterno, que
en
augusto ademán,
la
me
señalas,
ruta luminosa del
Infi-
nito.
El que
de mis
hayan quitado tu
labios,
me
produce
esperación que maltrata
a quien
le
aiTancan
la
el
la
féretro del alcance
misma
terrible des-
corazón de una madre,
cuna donde murió su
hijo.
Anuarí, mío.
Volví del cementerio ahogada en sollozos
42
—
;
mis
lágrimas
corrían
cuentas de
un
empapándome
escribo, están
acom-
de tus retratos
seis
como
ellos les hablo,
Un
como
collar sin fin.
Aquí sobre mi cama, donde
pañándome
pecho,
el
a cada uno de
;
pudieran oirme.
si
humilde Cristo de acero
me acompaña, y yo
pongo como testigo de mi pena a
El murió por redimir
al
ese sublime
hombre.
mundo, y yo estoy ago-
nizando por un amor inalcanzable.
Somos hermanos, estamos unidos en
nobles causas de la vida
en íntimo abrazo,
única verdad
dimos en
:
la
la vida
si
Parece un
;
como
y
sohdarios
de la
muerte. Cristo v vo nos confun-
manos todo
de todos
mundo
el
peso de mi cabeza,
los seres
humanos
se hu-
ella.
sostenido por dos bloques de
parece un astro en interna catástrofe.
Ya no
cuerpo,
ahora nos estrechamos,
;
haciéndonos
biera reconcentrado en
mármol
únicas
lo imposible.
Siento en mis
como
las
llevarán mis
las lágrimas,
manos
que eran
pétalos sobre tu
rocío,
inundarán
cataratas turbulentas, destruyendo las tristes,
pero nobles ruinas que eran los castillos de mi
alma.
f
i
^43
XIX
Desperté sobresaltada. El
esas dos
rebro
Me
de
la
campanadas
como
el
severas, cayeron en
anuncio del juicio
levanté del lecho
tumba, empujada
Turbada de
dio las dos,
reloj
como
mi
y
ce-
final.
se levanta
un muerto
por una fuerza superior.
misterio, sin saber qué era de
mi y dón-
de estaba; quise huir, y en mi ansiedad loca tropecé
en la oscuridad con un cuerpo que al caer dio un
golpe seco.
Con las manos tendidas como
una larva, buscaba, en medio de
X
44
—
los tentáculos
las
de
sombras, algo
me
que
indicara
radamente
un rumbo; y mis
ojos,
desmesu-
abiertos, querían agujerear la noche.
Mis pies no se movían,
fijos
estaban en
el suelo,
como dos pilares de bronce; una lluvia helada empapaba mi
frente,
goteando sobre mis senos
lí-
quido mortal.
Despavorida,
Hda
al laberinto
no encontrando
sa-
de mi alma, quise sucumbir.
En
temblorosa,
momento hirió mi recuerdo una belleza de mi
infancia, y, como entonces, caí de rodülas. Floreció
ese
en mis labios una plegaria
;
una honda plegaria a
mi Dios Anuarí.
Con los párpados cerrados, los brazos en alto,
en mística unción, mi alma imploró al cielo para que
le diera el
ansiado reposo.
Pasaron muchas horas, tantas que lo^v-jivos
tonos de la aurora envolvían de rosa a mi balcón.
Esa
de
luz de la vida
me
los acontecimientos,
hizo considerar la realidad
y entonces
ta que había pasado la noche
sólo
me di cuen-
toda en delirante
éxtasis ante tu retrato.
Con una
sonrisa,
de esas que por
recen inspiradas en las estrellas,
lecho, llevando entre
lo
me
plácidas pavolví a
mis brazos la adorada
mi
reliquia.
—
45
^«^^ffWÍ!
<!ÍV
'
:•
-=f5<r?
Dormí, y
me
sentí dichosa.
muerta y que era como
tú,
Soñé que estaba
una sombra
ideal
y
buena.
Anuarí,
las
y
Eres
feliz
porque regalas a un alma
dos sensaciones de más intensa belleza
:
el
dolor
muerte.
la
Anuarí, Anuarí. Si poseyera yo una guadaña
como
ella
aquella que tiene la muerte,
para decapitar todas las
depositarlas
losa
/
46
que
me
serviría
flores del
como un humilde homenaje
te esconde.
de
mundo, y
sobre la
XX
Con paso sonámbulo
mi
todas las noches a
llego
escritorio.
Allí
también está tu
todas las cosas
un tenue
retrato, esparciendo sobre
reflejo
de amor.
Cuántas veces he estrujado sobre estas páginas
hasta la esencia de mi espíritu,
después, en el lán-
y
guido agotamiento, he esperado,
las
manos,
el
la
voz adorada, viniendo de un más
vedado para
cabeza entre
llamado alontanado de tu voz, de tu
las
allá
brumoso,
almas que habitan todavía cuerpos
mortales...
Anuarí; vivo soñando en
ti,
vibrando sólo con
47
las
tremendas caricias que vienes a prodigarme
mientras duermo
;
que agotan
deleites
las células
de mi cerebro.
Guardo
peso de tu cuerpo, que
al despertar el
reposó sobre mi corazón; y en mis labios
el fresco
roce de tu boca cálida.
Mi oído
como un rumor de música,
atesora,
la
penetrante cadencia de tu voz.
Anuarí;
¿
recuerdas aquellas noches de invierno
me
largas sin estufa, cuando para engañar al frío tú
tenías fuertemente las manos, y
tos fantásticos de almas en
me
pena
contabas cuen-
y
llegábamos
hasta a tener miedo del viento que estremecía las
ventanas
jQué
?
felices
éramos entonces, y cómo nos pa-
recía la vida una entretención
fácil
y pura, como
los
juegos de los niños!
Y
ahora que te
ha tomado
Cómo
fuiste,
¡
la mía!
he ahondado en esas
sólo pertenecen a los
Soy una niña
años
me
qué gesto trágico y torvo
tristes cosas,
que están ya
vieja,
muy
que
viejos!
Anuarí; mis veinticuatro
llevan a la rastra,
como aplastada por un
fardo de troncos. Sólo puedo, de vez en cuando,
4S
—
levantar mis ojos al cielo para asegurarme de que
hay dos manos, las tuyas, que
me tienden abiertas como dos alas.
allí
en
el infinito
—
se
49
XXT
Mi boca ya no puede llamarte,
que un desolado sollozo corte mi voz.
Anuarí, mis suspiros son como esos vientos que
j
sin
Anuarí, Anuaií
precipitan
!
encuentro de las nubes; son esas olas
el
que van hinchándose a medida que
se acercan a
la playa,
para reventar violentas, envolviendo de
espuma a
las altivas rocas.
Anuarí.
Una tempestad desencadenada
dentro de mi
Me
tino,
sei*.
revelo de la vida
que
ruge
me ha
;
insulto al miserable des-
arrancado todos mis amores en
ca-,
pullo, cuando no había saboreadcj todavía su fragan-
50
—
cia, ni
me
Mis
había embriagado su narcótico sublime.
ojos,
un horizonte
umbral de
la
desmesuradamente
negro.
abiertos,
miran
He quedado espantada en
vida, con
cada en mis labios por
una gran pregunta
el
el
sofo-
horror de la catástrofe.
—
51
XXII
Anuarí. Los hombres
me
juzgarían loca,
vieran vagar por los cementerios,
como un
si
me
solitario
chacal que por caprichos infames del destino recibió
un alma de
terciopelo.
Anuari. Busco en los cráneos vacíos
lo
que he
y por momentos tengo un vértigo de
acontecimientos y deseo que mi
pensamiento duerma en el osario del olvido. Anuarí;
de llegar a
precipitar
ser,
los
quiero fundirme en tu materia fermentada por la
vida vegetal y animal de la naturaleza, convertirme
como tú en masa
íirciUa
52
%
^íí,
:
en
la
que
universal,
se
modelan
que
los
es
prodigiosa
futuros genios.
i-
Anuarí. Para llegar a
ti
sufriría la
transformación
en yerba, pájaro, animal, mar, nube, éter
último, pensamiento. Para llegar a
que inflama
la secreta fuerza
'
ti
me
y,
por
uniría a
y atravesaría el infinito como un meteoro, aunque sólo
fuera para rozarte, como esos astros rozan la sulos vientos,
perficie del cielo.
Anuarí, Anuarí; dulzura que extasías mi cerebro,
en lejanos
ideales.
la naturaleza, a
Como
la luz,
adivinar sus
he llegado a penetrar
más pequeños
gestos
en este tiempo de inmensa soledad y dolor.
Y cómo perdono a los hombres todas sus caídas
y
debilidades!
—
53
íl:.-
XXllí
Como
las
almas que liabitan
los claustros en-
veladas en albos o negros tules, así la mía cambia
de ropaje en sus confidencias con
la
vida y en sus
secretas tramas con la muerte.
Anuarí.
verdad a
a.
ti,
el
Prefiero siempre
la ilusión rosa
otro
ciones, para
me
de
el
eterno caos de la
la vida.
Uno me
lleva
aparta con sus infernales seduc-
enfangarme en seguida en desprecia-
bles placeres.
Desde hace
ties
meses vivo recluida en tu
re-
cuerdo; y mi alma se ha hecho tan liviana, que
puede sostenerse en
54
el
aire
como
lo azul.
Anuarí;
los
me arrancan de tu lado con sus promesas
dulzuras y bellezas, me tientan como Lucifer al
hombres
de
Cristo de la
Montaña. Muchas veces
para olvidar un poco
tida
;
la
los
he seguido
horrenda pena de tu par-
pero más valiera haber muerto
a tus pies
mutilada de dolor; más valiera haber visto con mis
propios ojos la pudrición de mi carne, sanamente
comida
¡
es
¿es
por
que
el
la
los
perforadores
infamia del
sombríos.
mundo no
Anuari;
tiene limites
?
dolor tan insoportable que a los buenos los
hace malos y a los malos perversos El dolor santifica a las almas sublimes y arrastra a las infei
riores...
no hav duda. Anuari.
00
XXIV
Vagando por
bosques
solitarios,
junto a las
lagunas estancadas, he pensado en toda
la tristeza
de esas almas, que nacen de un rayo de
luna,
y
al
mirar a
su
alrededor
se
sol o
de
encuentran
huérfanas.
Comprendo el vicio del amor, que en un espasmo de placer nos hace creer en la nobleza
comprendo que en el beso y en la entrega de los
;
cuerpos se busque
el
veneno del olvido
;
porque
hace del hombre un dios y de la mujer vaso
sagrado, urna depositaría de la savia, que es vida
ello
de la creación.
56
—
-.#»
\?
Anuarí; comprendo que ya muerto
las entrañas
de
la
amada,
el
dios
sin recibir la dulzura
esas perlas diluidas, se quiebren de dolor,
manezcan
que lloran
tristes
el
y
amado,
solitarias,
de
y per-
como ánforas antiguas
descuido de su dueño.
\
DI
XXV
Hoy
fueron jazmines que llevé para
ti.
Albais flores de penetrante fragancia,
que cual
blancas mariposas se quedaron dormidas sobre la
pied^-a.
Llovía.
las
Rl
agua cantaba
tímidamente sobre
baldosas y lápidas del cementerio, escurrién-
dose por los huecos de las tumbas, ansiosa de refrescar la
Nubes
boca de
negras,
los
nmertos.
cargadas de poder divino esta-
llaban ruidosas en la soledad del cielo.
Mi cabeza, inconsciente de
tosa la caricia de la lluvia, y
58
?í--.
la vida, recibía
como un
gus-
pájaro, que
-f;^'--7f-Kf¡^_>^-T(^-^^^'- .'^-;!
'f^^^^f!^^ím^:'":^^^i^*^-.n^f^w^
gustoso del baño, quedóse inmóvil bajo
Tú
cariñoso de las tibias gotas.
altura de
mi
allí,
a la
extática,
secreto de tranquilidad pensando
estabas
allí,
como maque guardan un delicioso
una quietud
nos de los ídolos indios
Tú
chorrear
el
estabas
Mis manos posadas sobre tu
frente.
tenían
ataúd,
..-vK*---"^7.
'^«v^^Toa^f •-.-/
. ,.;.-.$- -r,-:^-.;,
en
Nirvana.
el
guarecido de la lluvia en tu ca-
de mármol; y dormido dormido como un niño
que ha jugado mucho y se ha fatigado. Anuarí
sita
,
muy estrecha. ¿No
un
mío.
Tu morada
sitio
pequeño donde pueda, también, refugiarse tu
liermanita
Pero
es
í
dormidos
los
acuerdan de
Cuando oscureció y
de
ti,
de
como
las
son
nmy
egoístas,
no se
pobres mendicantes que quedan
los
bajo las ventanas, sin
el cierre
harás tú
más
abrigo que la pena.
sentí la
campana que anuncia
puertas del cementerio,
esa noche de agosto
¡
te
me
despedí
acuerdas
?
en que veinte veces nos besamos, diciéndonos adiós;
y veinte veces volvimos a estrecharnos
sin
podernos
separar.
¡
talla
Oh, Anuarí
!
¡
cómo
es
que mi corazón no
en una tormenta análoga a
la del cielo,
está tan ensombrecido por el doloi-
es-
cuando
!Í
59
._;--? ;
'r'rfs^íí^?...
-í^l_^^W^^r
V~.^
^.
XXVÍ
El hielo que se
filtra
despóticamente por
me
gaduras de mis ventanas,
i
hace
Cuan hondamente pienso en
ti,
las ras-
tiritar.
en tus besos
suaves; y ansio la tibieza de tu cuerpo estrecha-
mente ceñido al mío, como una cinta de piel!
Tú eras mi cariño el rayito tenue y dorado que
venia para alegrar la caverna sombría donde habita, como una bestia salvaje, mi
escepticismo.
;
i
i
Cómo me
sentía tuya
Si tú hubieras sabido a través de
velos atravesaba
caricia
60
í^^r
!
—
luminosa,
qué densos
mi alma, para envolverte en una
para
contemplarte, ungida
de
í'^i'!'
'Srsí^-
Anuarí.
pureza?
La cama,
almohada, y hasta
la
el
espejo parece que guardaran tu silueta.
y
es tu olor el
Donde
quiera que yo mire estás tú,
que
me
penetra
;
hablo,
y respiro,
y el eco
de mis palabras parece como remedo de tu voz,
Tus
de
besos, al sembrarlos en mis labios, hicieron
mi boca un campo de
trigo,
y ahora, en tu
ausencia eterna, esos granos, se han vuelto flores de
adoración
;
y tus
caricias
dejaron en mi cuerpo
cinceladas geniales llenas de sombras
de nácar que no pueden animar
Anuarí, estoy toda en
ti;
y palideces
la vida.
como tú todo en
mi.
61
XXVTI
Frente
inús ojos,
a
cargada de inspiración.
tu
letrato, iiielinala frente
Y yo
lo
miro, con el corazón
rebosante de honda ternura.
Avecita
Si
te
ame
Si
mía
por qué
:
}
te
Fuiste
en
el
paraíso.
me
vo
embriaga});)
de tu esencia,
podría un ave embriagaise de las
}
licor
Para qué
de vida,
sedienta
{VI
?
yo sabía amarte como no encontrarás quien
i
me
si
diste a
como no
flores.
beber en tus labios
el
habías de abandonarme todavía
Como una lámpara
sin
aceite
me consumo,
sintiendo todas las agonías de la pena.
Las ajorcas que adornan mis brazos suenan
como
badajo de una campana muerta, y vse derrumba estrepitosamente la torre de marfil de mis
el
ensueños por donde yo veía
al cielo:
por donde yo
te veía.
Mis
como
ojos,
mi boca, mis brazos que
se
retuercen
leños acariciados por el fuego, están preña-
dos de ternuras. Pero tú no vendrás; y como un
árbol que se cansó de esperar la caricia de la luna,
inclinaré
mi
frente dolorida.
63
'
XXVIII
mis papeles y mis libros, me visita,
todo vestido de blanco, tu recuerdo amado.
Sola, entre
Tus manos, que
al acariciar las
buenas, de lejos y con
el
mías fueron tan
gesto eterno,
me
causan
daño.
Su
aristocrática
las otras
que
se
me
belleza
me
hace odiar todas
tienden.
Sólo quiero las tuyas blancas, las tuyas que eran
lirios
Y
enfermos de
tristeza.
quiero tus ojos que persistian, fraternales, en
medio del huracán apasionado de nuestras caricias...
Y tu boca, que siempre tenia esa mueca de niño
G4:
,-
—
..j!)áB...
«*
"^Z
sabio q^Hepresentía todo, sin haber experimentado
nada...
Y
cuerpo
tu
plegable estrechado al mjo en
afán de muerte, y de
Y
vida....
cántaro sagrado que apagaba
alma,
tu
el
incendio de mis inquietudes y de mis idealismos,
adormeciéndome en éxtasis de subhme
Si
;
sopor....
tus manos, tus ojos, tu boca, tu
cueipo
y tu alma si, todo mío, te llamo, te quiero, te
quiero.. Te has ido avecilla mía. Te has ido, pero
tus dulces congojas quedaron acariciando mi oído.
;
Si hubiera sido posible morir de languidez fehz,
yo habría muerto anoche, cuando en sueños
niste a
poner tus mejillas junto a
vi-
las mías.
Eras suave, Anuari. Suave como una ala de
cisne sobre el agua. Eres triste
se pierde
en
Te has
la
ido,
una ingenuidad
montaña
eres bueno,
;
infantil,
como
la luz.
mi
quedó grabado en mi
roca; pero
silencio, te
yo
guarda como
llegaré a
ti.
transformará en un fantasma tan
atravesaré la piedra.
re-
interior.
El secreto trágico del
me
quejido que
el
Anuari. Pero tu rostro páhdo, de
tina, acariciando
un murallón de
como
Mi pena
sutil
que
Anuari, te espero.
65
XXIX
He apagado
medio de
todas las luces, sólo he dejado en-
la estancia, la
aquella que guarda en
el
lamparita veladora,
templo
al altísimo,
como
y que
esparce mística dulzura.
La campana de
davía no percibo
cuando
la torre
el
ruido
llega a visitarme;
de tu voz junto a mi oído,
no en mi mentón sumiso.
ha dado
las doce,
que hace tu
to-
espíritu,
rumor
roce de tu ma-
no oigo todavía,
ni siento el
y
el
Tiemblo, temerosa de que no vengas, y de que
todas mis ansias vayan a morir en desesperaciones
66
1kwí:=
•^•,
mi almohada. Tiemblo, Amiari,
sobre
dolorosas
amor mió, dulzura mia....
Cuando te evoco hay tal pureza en mi sentir,
que soy como un blanco lirio; y mi alma se vuelve
una paloma que no ha ensayado aún el primer
vuelo.
i
No
vendrás
?
Dejo caer mi cabeza sobre esa mano mia que
tanto has besado y
me
parece
más honda
la tris-
mundo, y la vida más difícil de llevar.
Anuari! no vendrás, no vendrás; me lo dice mi
teza del
pesimismo,
me
voz que
lo dice esa
partida y la partida de todo lo que
No
manos
vendrás; y ya no espero
intangibles en
de inquietud.
los delirios
¿
mi
auguró tu
el frescor
de tus
y me estremezco
Serán inútiles mis ruegos, inútiles
de mi amor
?
Sálvame, sálvame de
misma, de
frente,
me
más he amado.
la vida, del terror
de mi
la miseria espiritual!
Sálvame, arráncame de
sombra mala
me
la tierra
antes que una
envuelva, arrastrándome al caos
infernal del olvido
y de
la
resignación.
67
XXX
Anuarí. Miro en
I
Por qué rara
qué,
si
tú,
el
espejo mis labios
y blasfemo.
tan rojos ? ¿ Por
ironía están ellos
que eras su encendedor,
Ellos deben palidecer de dolor,
como mis manos, que
se
de tanto implorar
muerte.
la
has ido
A
flores místicas
quién puedo yo
ofrecer mis labios sangrientos, sin dejarle,
neno de
sierpe, el
No
como
hijos
del
quiero su belleza...
y
no has de venir a mirarte en
4
ve-
a pedirme besos.
brillantes,
los cierro asustada.
68
como
mortal narcótico de mi tristeza.
Tú ya no vendrás
Miro mis ojos
?
como mi corazón,
han vuelto
¿
te
ellos.
sol,
si
tú
Tú, que eras su luz te has extinguido
como un
fuego fatuo en las ondas del mar.
Anuarí, ídolo mío.
Contemplo mi juventud como una rosa abierta,
y desprecio
la
morbidez que
se brinda
pagana, pro-
vocadora, impúdica, desafiando a mi dolor que se
esconde acongojado y tímido.
No; ya no vendrás para arrancar de mi cuerpo
la
nota
lírica
y vibrante
del espasmo,
el
sollozo
entrecortado del placer.
Anuarí, Anuarí! Plenitud de mi alma, emoción
sentimiento, causa de
¿
Podrás
de mi ser
mi vida
comprender
la
!
mutilación
horrenda
tan bruscamente y para siempre ?
sacrificio de mi juventud, como una
al irte
Te haré
el
religiosa a su Dios,
y será
la
mejor ofrenda de amor
que pueda hacer a tu recuerdo.
Anuarí...
69
^
xxxr
Viniste a mi; yo no te esperaba.
la
esperaba a
Micidad.
perdido todo, y todo
IjcV^iabía
tú
No
me
io
encontré cuando
teiidiste los brazos.
Tómame,
te dije. Seré
fiel
a tu corazón, y
él
curará con suavidades arrobadoras las heridas pro-
fundas del mío. Viviré de
ojos será
pecho
mi
apartan tus
v
lagada por tu ternura
de
70
'A:
„•
la eterna
—
reir,
;
por
labios,
llores,
el
resplandor de tus
esconderme confiadamente en tu
mi dicha
será
cuando tu
luz,
ti;
te
;
cuando vea que
éxtasis interior
el
;
se
lloraré
amaré deliciosamente hate amaré con todo el fuego
enamorada.
.
XXXII
Mi vida
es tuya,
porque tú
la
has salvado para
ti.
Me
de
invitaste a
la Naturaleza,
vuelto a desear
el
mezclarme en
la
gran sinfonía
y cuanto ya el alma mía había
sol, tú te fuiste como una sombra
errante hacia la noche traidora.
la
divina plegaria del amor vino a
mi corazón tan dulcemente como el batir
Anuarí,
golpear
de
alas...
Amé
me
el
aferré a
amor con
él,
pasión de una frenética, y
porque hacía largo tiempo que corría
la
desolada en su busca.
— 71
XXXIÍÍ
Anuarí, Anuarí,
por qué te fuiste
¿
?
Se retuercen mis manos; blasfeman mis labios,
y mis
ojos se
ponen
fijos,
perversas que destruyen
La
oscura belleza del
armoniosos
sobre
el
fijos
esas estrellas
mal tiéndese en velos
lírico
mi
como
destino de los hombres.
frente,
bajando
hasta
mi
cuerpo y envolviéndolo como plegadiza alga marina.
Es el mal de la pena, de la negra pena.
Anuarí....
Frente a tu lápida ya
hiela
72
*íi
como
el
mármol.
el
corazón no
llora,
se
í,í»;'-iív
Mis ñores
como
se
viejecitas
Sólo
mueren carbonizadas por
que han sufrido mucho.
mi cabeza
es torturada
cuando
el
se inclina
sobre la piedra, buscando ansiosa la caricia
Cada día que pasa,
el
es
sol,
fría.
una gota que va oradando
subterráneo de mi dolor.
Cual oscilante llama
mi
espíritu
es
juguete
del vendaval macabro, que silba amenazante, destructor, en los huecos
abandonados de mi cerebro.
Ya no sé vivir, y vivo y tampoco puedo morir,
porque me faltan fuerzas para cerrar los ojos.
;
73
XXXIV
Me
alejo...
Mi único desconsuelo
propias manos flores a
es
no poder
la
llevar
con mis
tumba avara que
te
guarda.
Antes de irme estamparé un beso en tu frente
rígida. Será
como un
sello
de piedra
sobre otra
piedra.
Me voy huyendo
de mi, de mi cobardía y de mis
inquietudes.
No puedo
morir de dolor y es más fuerte que
la misma muerte la tortura moral que revoluciona
mi
74
cerebro.
>-i.-f^ii-í^:.»3j.-
Me voy como
aerolito
estrella se precipita
que desprendido de una
en los espacios trágicos de la
sangre.
Me
las
voy, para aprender en otras penas a sufrir
mías con más entereza.
juro que hasta este
surrección.
He
el
voy, Anuari, y te
momento he aguardado
la re-
espiado tu sueño creyéndolo leve,
y huyo ahora que
importa
Me
mundo
lo sé
de mármol, Anuari.
ni la mediocre balanza
mis actos; pocas son
las
No me
que pesa
almas que han amado,
gozado y sufrido como yo.
—
75
'
T'v^^'
Ut^"'
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X,^^VfCi^ral-'?f'¡p^-^::^-'^^
';.
XXXV
Anuarí. Hasta pronto.
mientos irán a ofrecerse a
Desde aquí mis pensati
cruzando
desde aquí vigilaré tus restos con
y
el
los
mares
más inmenso
fervoroso recuerdo.
Pronto nos encontraremos, amor mío.
Mi cabeza
es
un abismo de
dolor donde mis pen-
samientos ruedan, sin detenerse, como ágiles piedras.
Trato de meditar y mis cogitaciones se ahogan
como cuentas oscuras en el despeñaderuedan
y
ro de la nada.
Sólo existe una verdad tan grande
la
76
muerte.
como
el sol:
ÍNDICE
Págíoa
Portada
:3
Del mismo autor
4
5
Introducción
Ofrenda
Para Anuarí
6
:
que duerme en este féretro
el
sueño
eterno
Oh ya no
En una de
!
puedo
escribir tu
tus cartas
me
nombre
escribiste
Reposa tranquilo, Anuarí
Anuarí; te evoco dormido y
te
9
10
12
14
imagino dormido
eterno
Traigo del fondo del silencio tu mirada
En la oscuridad de mi pensamiento veo surgir tu
15
17
imagen
Desde que te fuiste, mis ojos y mis oídos están acechando tu imagen
Con la cabeza inclinada entre los brazos
Las horas caen como goteras de plomo
19
!
Se mueven las cortinas y tiembla la luz
Como de costumbre, hoy fui a verte
Por la noche penetro en mi alcoba
Hallo cierto ahvio en la monótona repetición de mis
pesares
Estoy enferma
Anuarí
21
23
25
27
29
31
33
36
38
Página
Anuarí, mío
Anuarí, dulce criatura mía
Desperté sobresaltada
Con paso sonámbulo
llego
40
42
44
todas
las
noches a
;
Anuarí, Anuarí
!
Los hombres me juzgarían loca
Como las almas que habitan los claustros
Vagando por los bosques sohtarios
Hoy fueron jazmines que llevé para ti
El hielo que se filtra despóticamente
Frente a mis ojos, tu retrato
Sola, entre mis papeles y mis libros
He apagado todas las luces
Anuarí. Miro en el espejo mis labios
Viniste a mi, yo te esperaba
Mi vida es tuya
Anuarí, Anuarí, ¿ por qué te fuiste
?
Me
mi
47
escritorio
alejo
Anuarí. Hasta pronto
50
52
54
56
58
60
62
64
66
68
70
71
72
74
76
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