GUERRA CIVIL ESPAÑOLA

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GUERRA CIVIL ESPAÑOLA
Os voy a contar las vivencias de una familia Aragonesa, que por causa de la guerra civil tuvo que emigrar a
Barcelona en 1941.
Mi familia se componía de padre, madre y tres hijas, vivíamos en un pueblo del pirineo de Huesca. El 18 de
Julio de 1936 estalló la guerra en España, encontrándose mi madre sola, pues mi padre tuvo que huir del
pueblo por ser republicano ya que los caciques del pueblo habían hecho unas listas de todos los “rojos”
para apresarlos; mi madre se quedó con mis hermanas, la mayor de 5 años, la mediana de tres y la que
escribe que nació el 27 de Julio de 1936. Hasta 1938 mi padre estuvo entre Francia y Barcelona jugándose
la vida para poder estar con su mujer y sus hijas. Pertenecía mi padre a la UGT y lo destinaron a Barcelona,
y en una salida de trabajo social a Manresa bombardearon el coche donde iba. Por mi tío supimos que
había muerto, pues le trajo a mi madre la cartera y sus documentos, también supimos que lo habían
enterrado en la fosa común de Manresa. Esto era en 1938.
Ahora empieza lo peor, una mujer con tres hijas, sin marido, nadie quien le ayude, pues en el pueblo por el
hecho de ser “roja” y no tener a nadie, le hacían la vida imposible; nadie se puede imaginar el odio que se
crea en un pueblo hacia los perdedores de la guerra, fueron muy crueles, la insultaban, le rompían los
cristales, total que estaba cansada de sufrir humillaciones de todo el pueblo. Por mediación de la Cruz Roja
recuperó a mis dos hermanas, ya que un tío mío las había llevado a las “colonias” extranjeras. Estuvieron
en un campo de refugiados de Francia, creo que se llamaba Argeles, justo cuando las iban a embarcar para
la Unión Soviética la Cruz Roja Española mandó unas listas a Jaca con los nombres de niños huérfanos de
la guerra, y en esa lista venían mis hermanas.
Mi madre cansada de buscarlas por todas partes, las recogió y en Noviembre de 1941 nos vinimos a
Barcelona.
De todo esto, sólo os diré que mi madre no volvió jamás a su pueblo y murió en 1966. En estas líneas me
gustaría que se entendiera, lo que es una guerra civil, el quedarse sin padre, las mujeres que pierden a sus
maridos, en lo mejor de sus vidas, de acabar con todas sus ilusiones, y tener que empezar otras luchas en
otros lugares.
La lucha nuestra fue en Barcelona, en el barrio de Can Baró, empezamos a ir al colegio, mis hermanas y yo.
El colegio se llamaba Nuestra Señora de Montserrat, era una obra social de la Caja de Ahorros y Monte de
Piedad de Barcelona que estaba en la plaza Sanlley, la llevaban hermanas de la Caridad y la obra social,
las clases las impartían unas “señoritas” catequistas. Era una escuela donde enseñar, enseñar…, bueno,
creo que hacían lo que podían pues la mayoría de las monjas no tenían el titulo de maestras. Uno de sus
trabajos consistía en procurar tenernos entretenidas en el colegio, ya que Barcelona en esos años y en esos
barrios la vida de la mayoría de los niños se hacía en la calle. Te cuesta ver como en pocos años ha habido
un cambio tan grande en estos barrios. Las barracas que había, han desaparecido, nuestras calles donde
jugábamos libres y confiados hasta las tantas de la noche, se han convertido en avenidas llenas de coches,
bloques de casas de 9 y 12 pisos de altas, dónde no se conocen los vecinos que viven. Nosotras fuimos a
vivir a la calle Casa Baró. Vivíamos realquilados, era una planta baja. En esos años casi todas las casas de
la calle eran así. La nuestra de fachada sólo tenía una puerta o persiana, la familia que vivía con nosotros,
nos alquiló una habitación que estaba en el terrado, en esa habitación comíamos, dormíamos,
guisábamos…, era lo que había, y suerte que el baño y el lavadero lo teníamos también en el terrado, ya
que así estábamos bastante independientes, pues sólo nos veíamos con los vecinos cuando entrábamos de
la calle y cruzábamos el pasillo, para llegar al terrado; vivíamos en muy malas condiciones, y así estuvimos
10 años. ¿Cómo salimos de allí?. Os parecerá extraño pero mi hermana mediana, para poder ayudar a mi
madre, se puso a trabajar a los 9 años en un trabajo en el que hacia brochas y pinceles. Era un trabajo muy
sucio, pero con lo que le daban a ella, y lo que ganaba mi madre, que trabajaba fregando escaleras, íbamos
saliendo del paso. La situación nuestra era muy mala ya que teníamos que vivir con lo que nos daban de
racionamiento. Pan sólo nos daban para una comida; como aceite nos daban una manteca que no sé de
donde la traerían, pero lo que si sé es que era muy mala, también me acuerdo del azúcar, apelotonada y
negra, del chocolate, aquello que nos daban, de chocolate sólo tenía el nombre. Como había tan poco para
comer, mi pobre madre, nos daba “moniatos”, que los hacía de todas las maneras, cocidos, asados, fritos
con aquella manteca; con cebolla nos los ponía en la barreta de bocadillo. Como os imaginareis los aborrecí
para toda la vida, nunca más he vuelto a comer.
No todo va a ser malo, no recuerdo bien si fue en el 54 o en el 56, nos tocaron 35.000 pesetas en la lotería
del Niño. Nosotras, con apuros ya habíamos crecido, trabajábamos las cuatro, pudimos coger un piso de
alquiler en la calle Barón de San Luis, y allí, sigo, allí me he casado, allí han nacido mis hijos; y por nada del
mundo podría olvidar el barrio en el que me tocó vivir.
¡Cómo podíamos imaginar que lo que hoy es el parque de las aguas se abriría al publico, y poder gozar de
sus jardines, gozar de esa hermosa biblioteca como es la Mercè Rodoreda, el poder asistir a sus charlas, el
ir a leer un libro, escuchar música, y tantas y tantas cosas sin molestar a nadie, todo esto de lo que hoy
gozamos, costó muchas firmas y años de lucha de los vecinos del barrio, pero al final se consiguió. De mi
barrio, de mi infancia, ya no queda nada, el colegio de la obra social se ha transformado, en un centro de
salud para el barrio, no queda nada de aquellas barriadas tan pobres en todo.
Nuestra generación como podéis ver, no ha sido muy agraciada, pero hoy mayores, sabemos apreciar lo
que es vivir en libertad, y el que nuestros hijos, puedan disfrutar de paz, y nunca lleguen a conocer lo que
son las guerras.
Pilar López Puyó.
Guerra Civil Española
Os voy a contar las vivencias de una familia Aragonesa, que por causa de la guerra civil tuvo que emigrar a
Barcelona en 1941.
Mi familia se componía de padre, madre y tres hijas, vivíamos en un pueblo del pirineo de Huesca. El 18 de
Julio de 1936 estalló la guerra en España, encontrándose mi madre sola, pues mi padre tuvo que huir del
pueblo por ser republicano ya que los caciques del pueblo habían hecho unas listas de todos los “rojos” para
apresarlos; mi madre se quedó con mis hermanas, la mayor de 5 años, la mediana de tres y la que escribe
que nació el 27 de Julio de 1936. Hasta 1938 mi padre estuvo entre Francia y Barcelona jugándose la vida
para poder estar con su mujer y sus hijas. Pertenecía mi padre a la UGT y lo destinaron a Barcelona, y en
una salida de trabajo social a Manresa bombardearon el coche donde iba. Por mi tío supimos que había
muerto, pues le trajo a mi madre la cartera y sus documentos, también supimos que lo habían enterrado en
la fosa común de Manresa. Esto era en 1938.
Ahora empieza lo peor, una mujer con tres hijas, sin marido, nadie quien le ayude, pues en el pueblo por el
hecho de ser “roja” y no tener a nadie, le hacían la vida imposible; nadie se puede imaginar el odio que se
crea en un pueblo hacia los perdedores de la guerra, fueron muy crueles, la insultaban, le rompían los
cristales, total que estaba cansada de sufrir humillaciones de todo el pueblo. Por mediación de la Cruz Roja
recuperó a mis dos hermanas, ya que un tío mío las había llevado a las “colonias” extranjeras. Estuvieron en
un campo de refugiados de Francia, creo que se llamaba Argeles, justo cuando las iban a embarcar para la
Unión Soviética la Cruz Roja Española mandó unas listas a Jaca con los nombres de niños huérfanos de la
guerra, y en esa lista venían mis hermanas.
Mi madre cansada de buscarlas por todas partes, las recogió y en Noviembre de 1941 nos vinimos a
Barcelona.
De todo esto, sólo os diré que mi madre no volvió jamás a su pueblo y murió en 1966. En estas líneas me
gustaría que se entendiera, lo que es una guerra civil, el quedarse sin padre, las mujeres que pierden a sus
maridos, en lo mejor de sus vidas, de acabar con todas sus ilusiones, y tener que empezar otras luchas en
otros lugares.
La lucha nuestra fue en Barcelona, en el barrio de Can Baró, empezamos a ir al colegio, mis hermanas y yo.
El colegio se llamaba Nuestra Señora de Montserrat, era una obra social de la Caja de Ahorros y Monte de
Piedad de Barcelona que estaba en la plaza Sanlley, la llevaban hermanas de la Caridad y la obra social,
las clases las impartían unas “señoritas” catequistas. Era una escuela donde enseñar, enseñar…, bueno,
creo que hacían lo que podían pues la mayoría de las monjas no tenían el titulo de maestras. Uno de sus
trabajos consistía en procurar tenernos entretenidas en el colegio, ya que Barcelona en esos años y en esos
barrios la vida de la mayoría de los niños se hacía en la calle. Te cuesta ver como en pocos años ha habido
un cambio tan grande en estos barrios. Las barracas que había, han desaparecido, nuestras calles donde
jugábamos libres y confiados hasta las tantas de la noche, se han convertido en avenidas llenas de coches,
bloques de casas de 9 y 12 pisos de altas, dónde no se conocen los vecinos que viven. Nosotras fuimos a
vivir a la calle Casa Baró. Vivíamos realquilados, era una planta baja. En esos años casi todas las casas de
la calle eran así. La nuestra de fachada sólo tenía una puerta o persiana, la familia que vivía con nosotros,
nos alquiló una habitación que estaba en el terrado, en esa habitación comíamos, dormíamos,
guisábamos…, era lo que había, y suerte que el baño y el lavadero lo teníamos también en el terrado, ya
que así estábamos bastante independientes, pues sólo nos veíamos con los vecinos cuando entrábamos de
la calle y cruzábamos el pasillo, para llegar al terrado; vivíamos en muy malas condiciones, y así estuvimos
10 años. ¿Cómo salimos de allí?. Os parecerá extraño pero mi hermana mediana, para poder ayudar a mi
madre, se puso a trabajar a los 9 años en un trabajo en el que hacia brochas y pinceles. Era un trabajo muy
sucio, pero con lo que le daban a ella, y lo que ganaba mi madre, que trabajaba fregando escaleras, íbamos
saliendo del paso. La situación nuestra era muy mala ya que teníamos que vivir con lo que nos daban de
racionamiento. Pan sólo nos daban para una comida; como aceite nos daban una manteca que no sé de
donde la traerían, pero lo que si sé es que era muy mala, también me acuerdo del azúcar, apelotonada y
negra, del chocolate, aquello que nos daban, de chocolate sólo tenía el nombre. Como había tan poco para
comer, mi pobre madre, nos daba “moniatos”, que los hacía de todas las maneras, cocidos, asados, fritos
con aquella manteca; con cebolla nos los ponía en la barreta de bocadillo. Como os imaginareis los aborrecí
para toda la vida, nunca más he vuelto a comer.
No todo va a ser malo, no recuerdo bien si fue en el 54 o en el 56, nos tocaron 35.000 pesetas en la lotería
del Niño. Nosotras, con apuros ya habíamos crecido, trabajábamos las cuatro, pudimos coger un piso de
alquiler en la calle Barón de San Luis, y allí, sigo, allí me he casado, allí han nacido mis hijos; y por nada del
mundo podría olvidar el barrio en el que me tocó vivir.
¡Cómo podíamos imaginar que lo que hoy es el parque de las aguas se abriría al publico, y poder gozar de
sus jardines, gozar de esa hermosa biblioteca como es la Mercè Rodoreda, el poder asistir a sus charlas, el
ir a leer un libro, escuchar música, y tantas y tantas cosas sin molestar a nadie, todo esto de lo que hoy
gozamos, costó muchas firmas y años de lucha de los vecinos del barrio, pero al final se consiguió. De mi
barrio, de mi infancia, ya no queda nada, el colegio de la obra social se ha transformado, en un centro de
salud para el barrio, no queda nada de aquellas barriadas tan pobres en todo.
Nuestra generación como podéis ver, no ha sido muy agraciada, pero hoy mayores, sabemos apreciar lo
que es vivir en libertad, y el que nuestros hijos, puedan disfrutar de paz, y nunca lleguen a conocer lo que
son las guerras.
Pilar López Puyó.
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