"Jules et Jim" de François Truffaut

Anuncio
Modernidad, torbellino, amor y
destrucción. En relación a "Jules et Jim" de
François Truffaut
Simón Brainsky L. *, Bogotá, COLOMBIA
Resumen
El ser humano guarda una relación profunda con las pulsiones, que tal y como las describiera Freud,
abarcan vicisitudes y vínculos de su teatro interno y del mundo que lo rodea y que a su vez construye.
El objetivo del presente trabajo es hacer algunas consideraciones sobre el principio del placer - realidad
y su interjuego con la compulsión a la repetición y la pulsión de muerte. Estos destinos pulsionales se
entrecruzan, colisionan y actúan en conjunto, en una eterna danza de polaridades dialécticas.
Se hacen algunas anotaciones sobre el impacto psicogenético que la Primera Guerra Mundial, la Gran
Guerra, tuvo sobre la modernidad, sobre las personas y su visión del mundo y el destino de la gran
ilusión, en relación con un progreso continuo y racional del ser humano y de su entorno. Se hacen
consideraciones sobre el conflicto estético como lo plantea Donald Meltzer. Finalmente se hacen
consideraciones psicoanalíticas sobre la película "Jules et Jim " de François Truffaut, la cual ejemplifica
bellamente la amistad, el amor y la visión del mundo de los protagonistas, que plasma una manera
específica de concebir la cultura en la Belle Epoque.
Summary
Human beings have a deep relationship with pulsions, which, as described by Freud, embrace
vicissitudes and links of man's internal theater and of the world that surrounds persons and which at their
turn they construct.
The objectives of this paper are to make some considerations about the pleasure-reality principie and its
interplay with the compulsion to repetition and thanatos. These instinctual destinies interweave, clash
and act together.
Considerations are made on the psychogenetic impact which First World War, the Great War, had on
modernity, on people and the vision of the world they had, as well as on the fate of humanity's great
illusion concerning a rational, continuous progress of human beings and their word. Some reflections are
made on the aesthetic conflict as stated by Donald Meltzer.
* Membro Efetivo da Sociedad Colombiana de Psicoanálisis.
Revista Latino-Americana de Psicanálise- FEPAL, v. 4, n. 1, setembro 2000
■ 95
Simón Brainsky L.
Finally, some psychoanalytic thought are discussed about Francois Trufffaut's movie "Jules et
Jim". This film beautifully exemplifies friendship, love and the vision of the world of the heroes,
which condenses a specific way of understanding culture during the Belle Époque.
Caray, eran todos tan simpáticos...!
Georges Simenon Maigret Viaja
Hay una sonrisa de amor y
Hay una sonrisa traicionera y
Hay una sonrisa de sonrisas
En la que estas dos sonrisas se unen
William Blake
El ser humano tiene una relación profunda con las pulsiones que describiera
Freud y que abarcan vicisitudes y vínculos de su teatro interno y del mundo que lo
rodea y que a su vez y con dolor y alegría construye. En el presente trabajo me
propongo hacer algunas consideraciones sobre el principio del placer-realidad y su
complementación e interjuego con la compulsión a la repetición y la pulsión de
muerte. Hago algunas anotaciones sobre el impacto psico-genético que la primera
guerra mundial, la Gran Guerra, tuvo sobre las personas y su visión del mundo y
comento, desde el psicoanálisis, la película Jules et Jim de François Truffaut.
Freud planteó lo que denominó el principio del placer que gobierna, entre otras
cosas, la vida de los niños, la infancia de los pueblos y el amor adolescente. Su base es
la movilidad continua y la necesidad de la descarga perentoria y con frecuencia, ciega.
A medida en que los bebés se crían, los adolescentes sientan cabeza, y, teóricamente al
menos, la humanidad, comienza a crecer y a madurar, el principio del placer va
complementándose con el principio de realidad, que ya tiene que ver con los procesos
lógicos secundarios, que abre el paso hacia lo racional, hacia la acción reflexiva y a las
posibilidades de simbolizar y tomar en cuenta existencia y la independencia del Otro.
Esto supone una renuncia a la descarga inmediata, a la que con frecuencia el yo
organiza y complementa y una capacidad para tolerar, sin expulsarlo inmediatamente,
el dolor psíquico.
El principio de realidad implica una cierta fijación de la llamada "energía
psíquica", (afectos y pasiones) abriéndose el paso entonces la creación del pensa-
96 ■
Revista Latino-Americana de Psicanálise - FEPAL, v. 4, n. 1, setembro 2000
Modernidad, torbellino, amor y destrucción. En relación a "Jules et Jim" de François Truffaut
miento, la de los conceptos y la de la palabra. El principio del placer complementado
por el de realidad, se incorpora a la nunca acabada tarea de la construcción del ser
humano, apuntalada por la simbolización y la sublimación (Brainsky, 1998).
Sucede, empero, que proveniente del interior de todos nosotros y proyectada con
la virulencia felina de un predador - niño, surge también una tercera gran fuerza
pasional: la compulsión a la repetición, que depende de la pulsión de muerte, que nos
lleva a destruirnos, a repetir ciegamente lo ya llevado a cabo, y nos empuja hacia lo
estático, hacia el no cambio, y al no reconocimiento del Otro. A la par, claro está, hay
una pulsión que nos guía y empuja hacia delante, hacia la contradicción y la búsqueda
de la síntesis y de la complejidad. La vida es el resultado del interjuego entre las
pulsiones de vida y muerte.
Así las cosas, se postula la existencia de dos grandes grupos de fuerzas en el ser
humano y en el camino que recorre la humanidad misma: el principio del placer
complementado por el principio de realidad, al servicio del eros y, en segundo término
la compulsión-repetición, motor de lo destructivo, de la tendencia al estasis y de la
muerte misma. (Freud, 1920) Por supuesto, las pulsiones de vida y muerte colisionan,
luchan, se complementan y se encuentran, en una eterna danza de los contrarios, cuyo
resultado depende de los predominios relativos de los principios en juego. Si la
compulsión - repetición, aliada al tánatos, está subordinada al principio del placer
complementado por el de realidad al servicio del eros, la vida, la civilización y la
sublimación continuarán a veces con enormes dificultades, su marcha hacia adelante,
en una secuencia que jamás es lineal. Si, por el contrario, la pulsión de muerte y la
compulsión - repetición subyugan el cuadro vital, el resultado es, como lo sabemos
dolorosamente, de un efecto individual y colectivo más bien letal. Esto último es,
perennemente, el caso de la guerra. No siempre queda muy claro cómo se dan y cómo
juegan las combinaciones así definidas, en el caso de los enredos amorosos.
Donald Meltzer (1988), psicoanalista contemporáneo, que trabaja en la Gran
Bretaña, postula lo que llama el "conflicto estético", que considera central en las
vicisitudes de la relación bebé-madre-mundo, y en la captación de la belleza. El niño,
confrontado con la belleza de la madre (y por extensión, el adulto frente a la del
mundo), se ve abocado a una experiencia emocional intensa de la que emerge la pasión
por lo hermoso. Pero el significado del comportamiento de su madre, de la aparición y
desaparición del pecho, de la luz de sus ojos o de una cara por la cual pasan las
emociones como "sombras de nubes sobre un paisaje" le son desconocidos. Ha llegado
a un país extraño, cuyo idioma no conoce y cuyas claves y comunicaciones no
verbales, le son desconocidas. La madre, afirma Meltzer, le es enigmática. Lleva su
sonrisa de Gioconda, y las tonalidades de la música de su voz son fluctuantes.
Eventualmente todos estamos confrontados
Revista Latino-Americana de Psicanálise - FEPAL, v. 4, n. 1, setembro 2000
■ 97
Simón Brainsky L.
a partir de la infancia y a lo largo de la vida, a la misma problemática. El conflicto
estético, en términos del impacto exterior de la madre "bella", captable por los
sentidos, puede determinar fragilidad y corremos el riesgo de destruir esa delicada
belleza si pretendemos capturar su sentido más profundo. Nos es menester, por tanto,
intentar construir el interior misterioso de la madre-mujer, y con ello, el enigma de la
vida, a través de la imaginación creativa y sus vicisitudes
II
Parecería importante recordar que el ser humano existe siempre e inevitablemente en el contexto de tres dimensiones inextricablemente imbricadas entre sí. Se
trata de estructuras funcionales globales, configuradas por a - la biología del ser
humano; b - la relación que se plantea con las personas (objetos) que existen por fuera
y por dentro de él y c - los vínculos que establece con la sociedad que construye y que,
a su vez, lo moldea (Brainsky, 1997).
En el año de 1912, en el que se comienza a dar la acción de la película Jules et
Jim, aún se vive en el período conocido como la Belle Epoque, que transcurre entre la
finalización de la guerra franco-prusiana (1870) y el comienzo de la primera guerra
mundial. La denominación Belle Epoque no quiere decir, por supuesto, que no hubiera
guerras, masacres, injusticia o esclavitud. Como lo señala Bárbara Tuchman (1962), se
trata de una edad de oro tan sólo para una clase privilegiada. No es una época en la que
reine exclusivamente la confianza, la inocencia, la estabilidad, la seguridad o la paz, ni
mucho menos. Estos factores, empero, están presentes en el imaginario de las gentes.
Las personas, en ese momento histórico, confían más en los valores del iluminismo y
tienen más fe en el desarrollo de la humanidad por la vía de la ciencia y la razón, lo
que no quiere decir que no estén presentes el miedo, la injusticia, la protesta, la
violencia y el odio. Sin embargo, no se había producido aún el Gran Oscurecimiento
de 1914/ 19 y la civilización occidental conservaba aún gran parte de sus ilusiones y
de su esperanza en las potencialidades del progreso intelectual y científico del hombre.
La primera guerra mundial llamada por las gentes La Gran Guerra, puesto que
no se había producido la segunda, supone una era de conflagración y de
derrumbamiento masivos. Como lo señala Eric Hobsbawm (1994) la Gran Guerra fue
el comienzo de la era más sanguinaria de la historia hasta ese momento. Se calcula que
las muertes violentas entre 1914 y 1990 ascienden a 187 millones de seres humanos.
Los sacrificios ilimitados que los gobiernos impusieron a sus propias tropas sientan el
sangriento precedente de causar más muertes entre el enemigo, sin importar el precio.
Se borra la distinción entre combatientes y no
98 ■
Revista Latino-Americana de Psicanálise - FEPAL, v. 4, n. 1, setembro 2000
Modernidad, torbellino, amor y destrucción. En relación a "Jules et Jim" de François Truffaut
combatientes y la población entera se convierte en protagonista. La escala del
derrumbamiento social y político y las revoluciones y contrarrevoluciones sociales
carecen de precedente alguno.
En la película de François Truffaut, Jules, Jim y Catherine habitan un espacio y
un tiempo ubicados entre el final de la Belle Epoque y el comienzo de la destrucción
de la civilización occidental y de sus ilusiones.
III - "Ella, Jules y Jim" de F. Truffaut
Jules y Jim, protagonistas de la película de Truffaut, representan un mundo lleno
de ilusiones, susceptible de ser explorado hasta sus límites por las posibilidades
eróticas de la vida, siempre y cuando se halle presente la mujer, peligroso catalizador
de la existencia y causa de todo.
La película, basada en una novela de Henri-Pierre Roché, comienza con una
puesta en escena en la que aparecen los personajes, en tanto que en el fondo suena uno
de los temas musicales bandera, que a su vez captura el espíritu de los tiempos: se trata
de variaciones sobre "Le Tourbillon", El Torbellino, canción escrita por Bassiak. Se
oye también una polca tocada en una pianola y la suave y hermosa música de Georges
Delerue, a veces alegre pero con más frecuencia nostálgica y melancólica.
Mientras suena la música del carrillón se nos muestran cortes rápidos en los que
se nos presentan los personajes y algunas de sus situaciones. Se escucha la voz de
Jeanne Moreau, que declama sobre pantalla en negro " Tu me dijiste: te amo. Te dije:
espera. Yo iba a decir: tómame. Tu me dijiste: vete" Eventualmente la voz del narrador
en off, nos cuenta la historia de dos amigos: Jules, interpretado por Oscar Werner, es
alemán y Jim, (Henri Serré), francés. Cada vez se conocen y se estiman más. Jules no
conoce mujeres francesas y los intentos iniciales de Jim para presentárselas no son
demasiado exitosos, con lo cual, y sin vergüenza, Jules acude a las profesionales. Se
comunican a través de la poesía, la pintura y la música. El dinero no les importa.
Conocen a Thérése, mariposa anarquista, quien, entre otras cosas escribe mensajes
contra el establecimiento y quien ama a Jules una noche, lo abandona sin mayores
contemplaciones y celebra sus propias gracias fumando al revés representando una
locomotora, la que más o menos plasma el ritmo en el que se mueven todos.
Jim conoce a Gilberte, bella y serena, que será el contrapunto de la mujer que
está por irrumpir en sus vidas. Ella lo ama sin reservas y le proporciona una
sensualidad estable, un polo a tierra y un orden, a partir de ese momento de su vida.
Sin embargo Jim no está listo aún para un compromiso definitivo con Gilberte. Algo
lo inquieta; algo le falta, como si necesitara un amor más perturbaRevista Latino-Americana de Psicanálise - FEPAL, v. 4, n. 1, setembro 2000
■ 99
Simón Brainsky L.
dor, que le proporcionara un sentido más fuerte de aventura a una existencia, en
balance, plácida.
Por su lado Jules quiere a Lucie en Austria, y volverá a ella en seis meses, pero,
por otra parte, ama también a Helga y a Brigitte y también tal vez a Ulrike. Hace un
dibujo de una de ellas en la mesa del café donde se encuentran y Jim, entusiasta e
impetuoso, quiere comprar la mesa de inmediato puesto que valora todo lo de su
amigo y desea conservar los momentos de su fraternidad para guardarlo él y para que
no se pierda para la historia del arte.
Los dos camaradas visitan a Albert, otro personaje multifacético, que conoce a
todo el mundo; es amigo de Jules, músico, oportunista, pintor y escultor. Miran con él
diapositivas incas y romanescas, con gusto y emoción. Después de una estatua
decadente y en proceso de putrefacción, aparece otra que representa una mujer que los
fascina y estremece. La sienten como si se tratara de la Madre Tierra. Sus ojos y sus
labios son extremadamente bellos y provocadores. Jim pide verla de nuevo. La sonrisa
de la estatua es enigmática y embrujadora. Saben que tienen que encontrarla a
cualquier precio. Emprenden un viaje a una isla del Adriático en su busca. Los dos
compañeros usan vestidos iguales y en muchos sentidos tienen identidades parecidas
pero singularmente definidas. Se quedan una hora mirándola deslumbrados y cada cual
la ve como el otro, pero también a partir del sí mismo (self) individual. Es como si
fuera el arquetipo de la mujer que todo hombre quiere y necesita, como si fuera la
alegoría de lo que Jung llama el ánima: la representación femenina inconsciente del
hombre dentro de sí mismo y la mujer que busca en el afuera. Su sonrisa recuerda el
poema de William Blake:
"There is a smile of love
and there is a smile of deceit
and there is a smile of smiles
in which these two smiles meet."
Los amigos vuelven a París. Juegan y boxean en su gimnasio habitual. Jim
comienza a escribir un libro autobiográfico en el que describe su amistad con Jules, a
través de dos personajes a quienes llama Jacques y Julián. La narración es más bien
ingenua. Jim le lee a Jules apartes en los que cuenta que los que los dos amigos eran
inseparables, al punto que la gente los creía homosexuales pero no les importaba. Aquí
surge el componente homoerótico que necesariamente tiene que haber en una amistad.
La diferencia con la homosexualidad se relaciona con que en la amistad profunda,
como en el caso de Jim y Jules, se conserva claramente la identidad de género. Eran
como el Quijote y Sancho. Cada uno admira la obra del otro y la complementa. Jules
quiere traducir de inmediato el libro al alemán, al igual que Jim quería comprar la
mesa adornada por el dibujo de su
1 00 ■
Revista Latino-Americana de Psicanálise- FEPAL, v. 4, n. 1, setembro 2000
Modernidad, torbellino, amor y destrucción. En relación a "Jules et Jim" de François Truffaut
amigo. Se reconocen empáticamente y en cada uno se refleja la grandeza narcisística
del otro y su aceptación. Se deslumbran mutuamente. Es una amistad sin condiciones
y casi sin reservas.
Llegan a París tres amigas de Jules, una francesa, una alemana y una holandesa.
Jules las celebra con una comida. Sucede que Catherine, la francesa, es la
representación viviente de la estatua. Todo comienza como en un sueño. En el fondo
suena la música misteriosa de Georges Delerue. Llevan a cabo una ceremonia de
brindis en la que establecen contacto, tocándose los pies bajo la mesa. Jules toca el de
Catherine quien lo retira, sin demasiada convicción y después de que ha pasado un
rato. Empieza el juego. Jules está englobado por el amor a todo y a todos. Sin embargo
ya casi comienza a convertirse en vasallo eterno de Catherine De los tres es,
posiblemente, el que más tiene capacidad de amar establemente y ésto, que lo hace
frágil y vulnerable, lo convierte a su vez, en el más fuerte.
Jules y Catherine comienzan a vivir juntos. Los amigos se encuentran ahora
solamente en el gimnasio. Eventualmente Jules, que necesita compartir su felicidad
con su amigo, le habla a ella de él y ella quiere conocerlo más. Jules sólo que sabe que
su relación con Catherine es algo completamente diferente de lo que ha vivido hasta
ahora y le advierte dulcemente a Jim que a ella no la podrán compartir como ha
sucedido con tantas otras: "Pas celle la"; "ésta no Jim". Esta es quien dará sentido a mi
vida.
Catherine, pionera en todo y heraldo de todo, está profundamente convencida de
que ella, como mujer, tiene derechos absolutamente iguales a los que se adjudican los
hombres. Y tal cual otro más. Esta actitud militante que traduce el comienzo del
movimiento de liberación de la mujer, que en otros espacios se plasma en la lucha por
los derechos políticos, se refleja en los disfraces de hombre con los que asume la
igualdad. Catherine es una "sufragette", una sufragista emocional y su batalla se libra
en el campo de los sentimientos. Se disfraza de muchacho, se pinta un bigote, y al
compás de una música juguetona, logra engañar a los peatones con quienes se cruzan
en su paseo en lo que concierne a su condición femenina..
Catherine propone disputar una carrera en un puente. Los dos hombres aceptan
alborozados. Ella hace trampa: sale antes de la señal de partida. La cámara se centra en
su respiración agitada. Su metabolismo afectivo y existencial es siempre un poco más
rápido que el de los demás seres humanos. En este juego vital, ella muestra que no
acepta otras reglas que las suyas propias. Lo que le importa es obtener lo que desea,
meterse en el mundo de los hombres y ganarles en su propio juego. En el transfondo
está, por supuesto, su profunda vulnerabilidad emocional. Ordena y organiza
imperiosamente las actividades del pequeño grupo: Al día siguiente, decreta, se irán al
mar.
Revista Latino-Americana de Psicanálise- FEPAL, v. 4, n. 1, setembro 2000
■ 1 01
Simón Brainsky L.
Jules le cuenta a su amigo que su amante es hija de un aristócrata francés y de
una madre inglesa. Enseña inglés con particular interés en la obra de Shakespeare y
además es campeona de natación. Catherine abarca siempre más de un mundo. Suena
el clarinete, expresando todavía una visión lúdica de la existencia.
El narrador omnisciente, presente en toda la película, que lee fragmentos de la
novela de Henri-Pierre Roché, nos cuenta que Jim consideraba sin vacilaciones, que
ella pertenecía a Jules. La sonrisa de Catherine, sin embargo, expresa claramente que
ella no pertenece a nadie. Nadie es su dueño.
Desde la aparición de la estatua hasta la descripción de Catherine mucho gira
alrededor de su misteriosa sonrisa. En la sonrisa y en los ojos de Jeanne Moreau se
detecta mucho de algo parecido a lo que estereotipadamente se llama "el eterno
femenino" que el niño intenta captar por primera vez en el resplandor existente en la
organización gestáltica ojos-sonrisa de la madre y sin que y como señala Meltzer,
jamás poder capturarla del todo. Catherine - es también un poco madre, a la vez
presente e inasible y plasma para Jules y Jim, el misterio primigenio de la existencia
misma. De aquello que surge de la esencia de la mujer.
En preparación para el paseo, Jim le lleva la bicicleta y la ayuda a empacar.
Entretanto ella quema papeles donde ha escrito mentiras que se le podrían ocurrir o de
las cuales podría ser víctima y por supuesto, produce un pequeño incendio. Siempre
produce irremediablemente pequeños o grandes incendios sin que le importe mucho el
riesgo de quemarse ella misma. Permanece tranquila frente a las llamas en tanto que él
las apaga y limpia las cenizas. Se escucha en la música el tema propio de Catherine,
romántico, nostálgico y más bien triste. Catherine planea llevar al paseo un frasco de
vitriolo destinado a "ojos mentirosos". Jim la ayuda a cerrar los botones de la espalda
de su vestido; observa por primera vez su nuca y en medio de la inocencia se empieza
a presagiar un romance entre los dos.
La escena se centra en el tren en el que viajan. Buscan y encuentran una casa
grande. El narrador nos la describe. No tiene muebles y es muy espaciosa. Inferimos
que la villa representa simbólicamente la vida concebida como una gran casa blanca,
dotada de grandes espacios y que se puede habitar todavía con los propios sueños e
ilusiones, aún no construidos del todo, y por tanto lejos de la posibilidad de ser
implacablemente destruidos.
Los tres cómplices caminan rumbo a la playa y la recorren. La música de
Delerue expresa ahora la alegría de la fiesta y, suavemente, la inminencia de los
negros nubarrones que se avecinan en el horizonte de ellos y en el del mundo entero.
Buscan y recogen objetos en apariencia inútiles, tales como trozos de llantas,
hojas, cigarrillos, un trozo de porcelana vieja. En realidad, están poblando el
1 02 ■
Revista Latino-Americana de Psicanálise - FEPAL, v. 4, n. 1, setembro 2000
Modernidad, torbellino, amor y destrucción. En relación a "Jules et Jim" de François Truffaut
escenario de su propio teatro. Las cosas representan aspectos de sí mismos, que
comienzan a guardar como recuerdos de una despedida que inconscientemente ya
anticipan. Jules y Jim, como se ha dicho, visten siempre de manera muy parecida; son
hermanos en un contexto de fraternidad europea universal, sienten de modo muy
semejante, pero cada cual tiene su identidad definida. Nunca podrían ser
intercambiables. Catherine busca en ellos, a pesar de las apariencias, satisfacer
necesidades proyectadas muy específicas.
Jules le pregunta a su camarada si debe casarse con ella. Este le responde que no
está seguro de que ella esté hecha para la estabilidad. Jules va siempre más allá de su
propia necesidad porque capta más la diferencia y tiene más consideración por el otro;
es más integrado y por tanto puede entregarse más que los otros dos.
Los hombres tienen que alzarla y llevarla cuando se cansa en sus paseos. Lo
hacen gustosos. Como siempre, admiten que haga trampa, que imponga y rompa las
reglas del juego porque, al menos físicamente, es aparentemente más frágil. La
fortaleza de ellos dos proviene de tres fuentes: la de cada uno como persona, la que
viene su amistad, y la que nace de su relación con Catherine. Ella es el aglutinante que
completa la síntesis del yo de los dos.
Catherine habla seriamente sobre un libro que plantea que el cielo es una esfera
vacía que contiene una burbuja contra la cual todos van a estrellarse. Ellos no le
prestan demasiada atención, embebidos como están en un juego rudo de camaradería y
ella, que se sabe el centro de todo, pero que necesita las evidencias, se ofende.
Jules le propone matrimonio, más bien a sabiendas de la situación en la que se
está metiendo. Espera su respuesta al día siguiente y le promete que, en caso de no
obtenerla, repetirá su oferta en cada cumpleaños. Catherine duda. Le dice que él ha
conocido pocas mujeres en tanto que ella ha confrontado y manejado muchos
hombres.
La cámara se desplaza al interior de la villa. Los dos hombres juegan dominó
ligados por su muy fuerte relación masculina. En ocasiones Jules y Jim creen que se
pueden dar el lujo de ignorarla. Ella jamás se puede dar el lujo de ser ignorada. Quien
lo haga, lo hará a su propio riesgo. Les cuenta que soñó que se encontraba con
Napoleón en un ascensor y que cuando aprendió el Padre Nuestro pensaba que era su
propio padre, a quien veía pintar en el cielo un mundo construido para ella. Ellos no se
ríen, concentrados en su actividad. Catherine insiste: ¿Quién le rasca la espalda? Jules
le contesta con frivolidad que Dios rasca a quien se rasca. Ella le propina una sonora
cachetada, bromeando tan sólo a medias. El se desconcierta inicialmente y luego
decide reír, negando la amenaza real que conlleva su bofetón. Ella se une a la risa.
Ellos le han enseñado a reír. Sucede empero, que la muchacha no tiene el sentido del
humor de sus admiraRevista Latino-Americana de Psicanálise - FEPAL, v. 4, n. 1, setembro 2000
■ 1 03
Simón Brainsky L.
dores. Todo lo que tenga que ver con ella es serio siempre. A diferencia de ellos,
Catherine nunca se puede reír de sí misma.
En la cara de los tres comienza a esbozarse el límite entre la comedia y lo
trágico, como si no se supiera bien hacia dónde se inclinan los acontecimientos. Jules
y la mujer son cada vez más pareja, sin que Jim se sienta excluido. Llueve, por lo que
Catherine decide que al día siguiente volverán a París.
La cámara rápida y una música más movida, marcan el retorno a la ciudad y el
paso del tiempo. Jim ha vendido su libro y trae regalos: un rascador de espalda para
Catherine, un cuadro de Picasso y sombreros para todos. Además, tiquetes para el
teatro. Jules pone el reloj de arena que mide su tiempo, para saber cuándo hay que
alistarse para salir. El narrador omnisciente nos cuenta en off que Jim veía a sus
amigos con frecuencia y que en este momento no hay envidia ni celos que opaquen la
felicidad de los tres. Van al teatro; a ella le gusta la obra, porque la protagonista, con
quien se identifica, quiere ser libre a toda costa. A ellos no les entusiasma. Jules se
embarca con seriedad teutónica, en un discurso altisonante, más bien misógino. Cita a
Baudelaire y sentencia que la mujer debe ser siempre e irremediablemente fiel en tanto
que el hombre gozaría de mayores libertades. Jim se inquieta; no necesariamente
comparte sus tesis. Catherine le dice entonces que proteste. Un poco casualmente y sin
mucha fuerza, él dice: "protesto", frente a lo cual Catherine, como siempre, va mucho
más allá y se lanza al río Sena.
La mujer, y en esto reside gran parte de su fuerza, siempre, está dispuesta a ir
más lejos.
La protesta en el río, crea una nueva situación distintiva. En Jules aumenta el
temor reverencial que siente frente a Catherine, en tanto que Jim la respeta más ahora,
por la fuerza con la que defiende sus propias convicciones.
Catherine concerta con Jim una cita en el café donde se reúnen habitual-mente, a
una hora determinada. Por primera vez desde que se conocen, Jim la piensa
profundamente, como si la descubriera nuevamente y medita con seriedad sobre el
enigma femenino que la envuelve y que transmite. Jim la espera en tanto que
reflexiona sobre ella. Casi una hora más tarde se va. Ella llega, elegante y segura:
estaba en la peluquería. Se desilusiona. Por lo que parecería ser casualidad o azar, y
que en realidad es una mezcla de ambas cosas, no se encuentran. Pero detrás de lo que
el destino no quiso, siempre hay características que nos pierden o nos rescatan: el
desencuentro entre Jim y Catherine tiene que ver con la "nonchalance" femenina de
Catherine y con una cierta impaciencia y exasperación premonitoria por parte de Jim.
En el interior del café donde están citados Jim y Catherine, Truffaut crea un
ambiente especial en la que el director destaca como pequeñas joyas, escenas en las
que cuenta rasgos dicientes de los personajes periféricos y de los centrales,
1 04 ■
Revista Latino-Americana de Psicanálise - FEPAL, v. 4, n. 1, setembro 2000
Modernidad, torbellino, amor y destrucción. En relación a "Jules et Jim" de François Truffaut
utilizando las conversaciones que hay a su alrededor. Con esto contribuye a plasmar la
atmósfera de la cual surgen sus héroes protagonistas. Así, nos muestra un hombre que
orgullosamente comunica al mundo circundante que carece de sentido del humor. Sabe
que existe puesto que lo ve en su esposa y en los amigos de ella. Otro de estos
personajes es Thérése, la muchacha locomotora que fumaba hacia fuera, y un borracho
más bien simpático. Los carteles y afiches del café son de Toulouse Lautrec, y
Picasso. El ambiente es alegre, optimista y vital.
Jim dormita y fantasea, probablemente con Catherine. Suena el teléfono: es
Jules. El y Catherine se marchan a Austria a casarse. La cámara nos muestra dos
dimensiones simultáneas, que dividen la pantalla, en tanto que transcurre el diálogo
telefónico. Sin embargo, y como siempre, el espacio que van a construir Jules y
Catherine no deja por fuera al amigo, quien, a su vez, se entusiasma genuinamente con
la noticia y comparte la alegría de Jules y la de su prometida. "Bravo!" les dice Jim.
Hablan de la cita fallida y Jules observa, con cierta suave ironía que el tiempo de ella
es optimista.
Aparecen paralelamente planos alternados de los dos apartamentos. Uno se
queda pensando si la cita, de haberse llevado a cabo, hubiera cambiado en algo, el
equilibrio, el juego de fuerzas. Catherine pasa al teléfono y le dice que está muy
contenta porque Jules le va a enseñar boxeo francés. Jim contesta, bromeando sin
agresividad, que se trata de un boxeo francés con algo de acento austríaco. Jules,
indignado jura en un francés más alemanizado que de costumbre, que carece
completamente de acento. Su pronunciación, afirma, es excelente y para aclarar que
jamás será extranjero en Francia, recita las palabras de la Marsellesa marcando el
ritmo con sus brazos. Declama el himno, cada vez más fuerte y con acento más
marcado. Su canto se va desvaneciendo a medida que emergen los noticieros
documentales de la movilización general de 1914 e irrumpe la Gran Guerra, comienzo
del fin de la civilización europea y de sus felices espejismos. Lo individual se va
diluyendo en la tragedia colectiva que empieza para siempre.
Cada uno es enrolado en su bando. Cuando se ven en el documental de guerra
soldados alemanes matando y/o apresando poilus franceses, o a la inversa, uno piensa
inevitablemente, que podrían ser Jules y Jim asesinándose. Tal preocupación será
explicitada dolorosamente en la película por ambos protagonistas. La inquietud,
basada en realidades externas, tiene sus fundamentos en la ambivalencia presente en
toda relación humana. Las pequeñas rivalidades que se pueden presentar entre dos
hombres amigos, particularmente si aman a la misma mujer, se agigantan como
fantasmas que emergen del inconsciente. De allí que los temores de Jim y Jules, que se
quieren como hermanos, correspondan también al horror frente a la posible realización
de deseos prohibidos, reprimidos e inconscientes. La guerra, además de cualquier otra
cosa que sea, es tamRevista Latino-Americana de Psicanálise- FEPAL, v. 4, n. 1, setembro 2000
■ 1 05
Simón Brainsky L.
bien la emergencia y la actuación de pulsiones y fantasías de lo destructivo y tanático
dentro de cada uno de nosotros.
Poco a poco, en las trincheras se instala vina rutina y una semblanza de vida
normal y algo parecido a una cotidianidad de lo espantoso. El ser humano, dice
Dostoiesvsky, en "La casa de los Muertos", se caracteriza sobre todo, por su capacidad
de acostumbrarse a cualquier cosa, por dramática que sea. De lo colectivo, de las
trincheras, va surgiendo lo individual. El documental nos muestra distracciones en el
frente: una obra de teatro/por ejemplo, o un zuavo bailando una danza que resulta
siendo grotesca. Jim consigue finalmente un permiso para ir a París y pasa un tiempo
con Gilberte, su amante. Le comenta su temor de matar a Jules y, por otra parte,
manifiesta sus planes de casarse con Gilberte. Jim sí concibe un futuro sin Catherine
Aparecen otros planos de guerra y de nuevo emerge, del otro lado, Jules
escribiéndole a Catherine en alemán y contándole cuánto la echa de menos, sobre todo
cuánto anhela su cuerpo. Ahora no piensa en su alma, puesto que ya no cree en el
espíritu. Va a ser trasladado al frente ruso. Será duro, pero está contento y siente alivio
por alejarse de Jim, pues también él teme matarlo.
Continúa la guerra, y vemos la tierra violada y asolada. Hay un asalto francés,
ya menos pleno de "élan vital" y probablemente destinado al fracaso sangriento, como
tantos otros, vemos y escuchamos ataques con morteros, granadas y cañones que
arrasan el paisaje.
Se acaba la guerra y nuestros dos héroes sobreviven. La tierra fértil, húmeda que
había dado origen a los personajes y a sus hermosas emociones y aspiraciones, es
ahora un erial. La serpiente ha ingresado en el paraíso. De ahora en adelante nada será
igual. La inocencia se ha perdido y una vez perdida nunca es recuperable, a pesar de
que se intente reinvestirla con energía psíquica.1
La voz del narrador, en off, nos explícita que el país de Jules perdió la guerra en
tanto que el de Jim la ganó. La verdadera derrota es que se ha estropeado algo de su
decencia básica. La verdadera victoria es que ambos están vivos. Re-establecen su
comunicación a través de un país neutral. Ahora Jules y Catherine tienen una hijita,
Sabine y viven en un pequeño chalet cerca del Rin. Jim irá a visitarlos.
1. Desde el punto de vista de la metapsicología psicoanalítica, la inocencia o cualquier otro objeto o función se puede perder a nivel
del sistema preconsciente-consciente.en cuyo caso se los puede recuperar parcialmente como sucede en las neurosis. Se pueden
perder el objeto y la función en el plano topográfico imaginario de la representación inconsciente: lo que Freud llamó "la cosa" (Freud,
1915) que se acerca a la esencia verdadera del ser y de la representación inconsciente del Otro dentro de uno como pasa en el
psicótico. Eventualmente el psicótico intenta recuperar el objeto perdido (en este caso la inocencia que supone un mínimo de fe en los
demás), pero fracasa. Crea entonces a cambio de lo ¡do, producciones más regresivas y cargadas de odio. En la guerra se pierde
algo medular que tiene que ver con lo civilizado y con el respeto por el prójimo. Después de la Primera Guerra Mundial en Europa,
esta pérdida produjo como resultado regresivo, entre otros varios, la barbarie nazi. Es inevitable pensar que entre nosotros, Colombia
1999, una vez perdida por la guerra la representación inconsciente del respeto por la vida humana, el rescatarlo será una labor dura,
difícil y que exigirá el trabajo de reconstrucción y de reparación de generaciones.
1 06 ■
Revista Latino-Americana de Psicanálise - FEPAL, v. 4, n. 1, setembro 2000
Modernidad, torbellino, amor y destrucción. En relación a "Jules et Jim" de François Truffaut
Catherine y su hija esperan a Jim en la estación de ferrocarril del pueblo.
Catherine le dice que Jules lo espera, pero Jim siente que tan sólo ahora ha llegado a la
cita que tenía con ella en el café de París, cinco años atrás. La música de Georges
Delerue, se torna suave y a medida en que se va dando la acción, recapitula la dulzura
de las vacaciones, el tono siniestro de la tormenta y el romanticismo amenazado que
va emergiendo.
Jules y Jim se encuentran en el chalet y se precipitan sin pudores, uno en brazos
del otro, en un abrazo silencioso. Jules dice "Usted no ha cambiado Jim" y Jim replica
"Usted no ha cambiado Jules". Catherine, por su parte, aferrada a la noción de que su
mundo es inmutable, afirma que en realidad nadie ha cambiado, pero de hecho todos
se han transformado debido al odio desatado que ahora anida en sus corazones y que
intentan neutralizar con su inmensa reserva erótica.
Reanudan una existencia conjunta, cotidiana y aparentemente doméstica;
parecería que constituyen una familia extensa, una gestalt y Truffaut enfoca su cámara
sobre cada uno de ellos y luego en el conjunto. No hay posibilidades de comprenderlos
sino en función del todo y al todo sólo se lo puede entender en función de cada uno de
ellos y de su vínculo. Como lo señala Abello (1998), en un hermoso poema, forman
una unidad que la figura singular no puede separar.
Los dos amigos toman cerveza juntos y comparten el silencio. Jules se dedica
ahora, sobre la base de su profundo amor a todo lo vivo, a estudiar las plantas y los
insectos, y por tanto, siempre consecuente, ha dejado de fumar. Ambos destacan la
hora: la una y veinte. Siempre, comenta Catherine, a la cadencia de los veinte minutos
antes o después de la hora, pasa un ángel. El ángel bien puede corresponder al destino
incierto que les espera. "Así pues, crápula, dice Jules, ha ganado la guerra?" Jim le
responde que hubiera preferido ganar la familia y la estabilidad. Cada cual es un poco
el otro. La familia de Jules es, inevitablemente también la de Jim. El equilibrio
aparente de Jules, su hija y su inmersión en el mundo de los insectos, le proporcionan
un plan vital. Su amigo busca el suyo con cierta certidumbre tranquila: planea hacerse
diplomático, tal vez y escribir. Para Catherine es distinto: hace todo lo que hay que
hacer, pero no encuentra su camino; no se ha descubierto. Quizá la condición
femenina de Catherine sea un no descubrirse bien sino a través de la mirada de los
hombres que la aman y para quienes ella misma es luz, guía y musa. A su vez, la
intensidad del amor de ellos la han condenado, quizá, a no poderse descubrir ella
misma.
La guerra ha dejado a los hombres fatigados y agobiados, pero ciertamente
saben ya que hay un límite a las cosas: el ser humano no progresará linealmente y para
siempre gracias a la ciencia y a la razón. Por mucho que se quieran, su amistad no
conllevará la paz y la fraternidad por los siglos de los siglos amén. No todo es factible.
La vida comienza y termina y es menester vivirla con una cierta distancia irónica.
Revista Latino-Americana de Psicanálise- FEPAL, v. 4, n. 1, setembro 2000
1 07
Simón Brainsky L.
Catherine no entiende ni acepta este tipo de constricciones. Lo quiere todo. Es
apenas lo que le es debido. Tiene por su parte, otro tipo de sabiduría. Sabe que todo es
esencialmente pasajero y que es imprescindible atraparlo, disfrutarlo y padecerlo
mientras dure. Quiere un hijo de Jim para afianzar su unión, pero parece no registrar
que Sabine, hija de Jules, no ha estabilizado realmente su relación con su marido.
Catherine le enseña la casa a Jim. Ella y Jules no comparten la misma habitación. Tienen espacios separados, con lo cual la mujer ratifica su propia independencia y deja entrever su desasosiego. En lo exterior, todo parece proseguir en paz
y como antes. Juegan juntos, miman a Sabine, quien se ha vuelto muy cómplice de
Jim, se ríen, son la felicidad misma, en fin. En el transfondo, empero, el paisaje
ensombrecido y la música interpretada por cuerdas y clarinete, anuncian, una vez más,
como heraldos negros, que algo triste, quizás trágico, se cierne sobre ellos.
El narrador omnisciente nos cuenta, en off, acompañado por la cámara, nos
muestra cómo los dos amigos juegan dominó como de costumbre y hablan de nuevo
sobre sus experiencias de la guerra. Reencuentran su intimidad. Mientras tanto
Catherine cose y se ocupa de Sabine. Desde la mesa donde juegan, surge una
panorámica que muestra a Catherine como si los dos hombres la miraran tal y como
hubieran deseado verla. Un poco doméstica, un tanto más tranquila, mucho más
aferrada a su vida con Jules y Sabine.
Suena suavemente la música, mientras ella se retira y en el cuarto de Jules, que
es un poco su propia guarida, Jim afirma que el matrimonio y la maternidad hacen a
Catherine un poco menos formidable. Jules lo pone en guardia. Cuando todo está bien,
algo carcome a Catherine y surge siempre lo inesperado; lo que derrumba las cosas. La
culpa, que rara vez siente conscientemente, la destruye hacia el adentro, como
consecuencia de la compulsión a la repetición tanática que proyecta en sus hombres.
De la misma manera su enorme capacidad de goce erótico la rescata, los rescata a ellos
y dota de un significado emocional más profundo a sus vidas y aún a su amistad
misma. Ella siempre puede traicionar un poco, puesto que siempre ha pedido de
antemano, perdón al buen Dios. En esto reside su mecanismo de anulación: a veces
peca y expía y otras, expía con anticipación, para permitirse pecar.
Jules previene a Jim: nos va a dejar, sin que se sepa bien si este "nos" se refiere
a Jules y Sabine o a Jules y Jim, o a todos juntos. Pero esta es Catherine, la mujer de la
estatua, la madre tierra de la cual emana un brillo que ilumina la vida misma. Está allí
siempre, pero nunca está del todo, y si por algún motivo siente que se la toma da por
sentado o si no encuentra en los ojos de los hombres su reflejo narcisístico grandioso,
se marcha al interior de sí misma y funciona en los términos propios del proceso
primario inconsciente, es decir, se mueve por des1 08 ■
Revista Latino-Americana de Psicanálise - FEPAL, v. 4, n. 1, setembro 2000
Modernidad, torbellino, amor y destrucción. En relación a "Jules et Jim" de François Truffaut
plazamientos y energía psíquica no ligada En ella siempre hay un componente de fuga
y búsqueda que se opone a la estabilidad burguesa, a estar atada, a lo que siente como
domesticación. Toma amantes cada vez que se siente herida (y se siente herida con
frecuencia) a manera de venganza y como una especie de bofetón en el rostro de la
autocomplacencia virtuosa de los hombres.
Reaparece Albert, el cantante y poeta que había descubierto la estatua y quien se
las dio a conocer a los amigos. Con su aparición hay un cambio de plano a exteriores y
la luz que juega con el chalet en medio de la noche parece reflejar sentimientos y
pensamientos más oscuros, relacionados con el abandono.
Albert ha sido herido en la guerra y su reencuentro con Catherine parecería casi
casual. Quiere casarse con ella y llevarse a Sabine. Aparece como una especie de
cómplice de Catherine y como un antagonista. Jules y Jim no corresponden al esquema
héroe-antagonista, puesto que se complementan todo el tiempo, sin odiarse y casi sin
chocar. Catherine es más bien la antagonista de ambos y en ella se condensa la
atracción de los opuestos. Ella sabe que es la poseedora del sentido de la vida y que al
retirarse, al irse, se lleva la esperanza misma: el sentido emocional de las cosas. De allí
que además del miedo primario al abandono, el terror de Jules y la aprensión de Jim
tienen que ver con que de desparecer Catherine, perderían la dirección existencial que
su universo conserva aún, a pesar de la guerra. Truffaut plasma esta introspección al
mirarlos desde afuera en su intento de entender y explicar la condición humana a
través del lenguaje del cine, pero sin alejarse excesivamente de los rasgos, fortalezas y
debilidades de las personas que tan brillantemente captura.
Albert ha compuesto una canción especial para Catherine y la acompaña con la
guitarra mientras ella canta. La canción se llama "El Torbellino" y se vuelve el canto
estandarte de lo que es y representa Catherine. El protagonista de la canción es un
hombre que canta sobre una mujer adornada con anillos y brazaletes, dotada de una
voz seductora que desde el comienzo lo confundió, de ojos de ópalo, en su rostro
pálido de mujer fatal, que efectivamente le fue fatal. La vida los une y los separa una y
otra vez. Ella siempre reaparece y en medio del remolino intoxica y arrastra al hombre
con la promesa, no demasiado firme, de esta vez sí compartir su vida. Siempre está
segura porque sabe que nadie más puede dar lo que ella proporciona.
La voz en off nos cuenta que a pesar de su tristeza por Jules y de su solidaridad
con él, Jim no puede juzgar a Catherine. No ignora que saltaría sobre los hombres,
como se precipitó al río Sena cuando algo le pareció injusto.
Aparece el interior de la cabaña y Jim y Catherine tienen finalmente un
encuentro claramente amoroso. El narrador omnisciente nos cuenta que no se
hablaron. No necesitaban las palabras. Se descubren lentamente y cuando hacen el
amor, cuando los cuerpos se hacen uno, Catherine experimente plenamente
Revista Latino-Americana de Psicanálise - FEPAL, v. 4, n. 1, setembro 2000
■ 1 09
Simón Brainsky L.
júbilo y curiosidad. Jim está encadenado. Las otras mujeres ya no existen para él.
Entre tanto, en la terraza del chalet y en la mañana Jules y Sabine, en una especie de
pareja contrapuesta desayunan y juegan dominó. Catherine informa a Jules que le ha
pedido a Jim que venga a vivir con ellos en la casa. Jules, por supuesto, accede.
Mucha agua ha pasado bajo los puentes desde que Jules advirtiera a Jim: "pas avec
celle lá Jim...". Ahora sabe que la única esperanza de conservar de alguna forma a
Catherine pasa a través de Jim, pero más aún comienza a temer por la vida misma de
ella. Si muriera el universo perdería su significado.
En una pequeña escena muy cargada simbólicamente, Catherine despide a
Matilde su empleada. "Lo haré sola". Intentará manejar su mundo con Jim, por una
parte y Jules y Sabine, por la otra. Catherine se da cuenta de que el arreglo mismo
puede convertirse en una farsa, pero no encuentra otra manera de hacerlo. Mientras le
muestra su cuarto, Jim que va atrás le dice una vez más., que ama su nuca, que se
convierte para él en una especie de fetiche. Hay, sin embargo, una explicación. Es la
única parte de ella que puede mirar sin ser visto. Puede observarla sin ser desarmado
por la mirada implacable de Catherine (ce curieux sourire qui m' ávait tant plu) Es un
poco, temporalmente, dueño de ella.
En tanto comienza una especie de vida conyugal con Jim, éste le pregunta sobre
el destino inmediato de Jules. Catherine responde lo que ella desearía que sucediera y
lo que, en ocasiones y hasta cierto punto logra como realización de deseos, por su
peculiar y fuerte manera de ser, de acuerdo con el principio del placer. Para ella desear
es lograr. Nos ama a los dos, dice, no se sorprenderá, sufrirá menos así y nosotros lo
amaremos y respetaremos.
Las escenas siguientes parecerían plasmar esta realización de deseos: están
sentados en la terraza de chalet, todos se aman, todos se respetan, todos son una
familia, Sabine es hija de todos, y todos disfrutan sus monerías. En el pueblo, al fondo
del valle, los llaman "los tres locos", pero los quieren bien.
Catherine se mueve en la escalera que representa simbólicamente el devenir de
su propia vida. Ama a Jim, quien parece proporcionarle un sentido nuevo de la vida,
pero no ha dejado de querer a Jules, cuya presencia sólida y constante necesita. Para
Catherine el amor no dura sino un momento, pero para ella ese momento vuelve una y
otra vez en una especie de eterno retorno.
La vida de nuestros héroes se convierte en una continua vacación; en una
especie de eterna adolescencia que marca la película y a Truffaut mismo. Tanto la
obra como su autor son adolescentes: en la adolescencia no importa mucho el pasado
y el futuro casi ni se contempla, excepto como una especie de feliz extensión de lo que
está sucediendo en el ahora. Cualquier reflexión demasiado profunda conllevaría ideas
intrusas que traen consigo la tristeza, la depresión y el abandono.
110
Revista Latino-Americana de Psicanálise- FEPAL, v. 4, n. 1, setembro 2000
Modernidad, torbellino, amor y destrucción. En relación a "Jules et Jim" de François Truffaut
Por otra parte dice el narrador, (que corresponde a Truffaut y a Henri Pierre
Roché), que la felicidad se cuenta mal y se usa sin percatarse de ella. En Truffaut, y en
particular en "Jules et Jim" o en "Disparen sobre el pianista" esto se refleja en su
modalidad de trabajo que constituye, siempre, una especie de comedia melancólica. La
felicidad se experimenta pero se sabe que no durará y que tiene un fondo triste
abriéndose paso a medida que la felicidad se desvanece y se transforma en un recuerdo
dulce de aquello que pudo haber sido.
De nuevo cambia el orden y el posicionamiento relativo de los jugadores en
relación con el juego mismo, puesto que éste como tal, no se modifica. Ahora es Jim
quien se balancea en una mecedora, en tanto que Catherine seduce de nuevo y sin
demasiadas dificultades, a Jules. Lo quiere y necesita de nuevo ahora. Y ahora para ella
es siempre, hasta que cese de serlo. Sin embargo los celos de Jim a pesar de que sabe
que no tiene derecho a sentirlos, son diferentes a la aceptación incondicional de Jules y
Catherine lo percibe.
Pasean por los valles y las montañas en completa armonía. La música se alterna
entre la poesía de las vacaciones y el tema de la Tormenta, interpretado por el clarinete.
Juegan como niños, como hermanos. Lanzan piedrecillas al lago, aprenden a hacerlas
saltar en el agua y parecería que el cielo se acerca al valle. Viene, sin embargo al caso la
frase de Durell en Justine, "Me siento como si estuviera acostado entre el cielo y la
tierra, mirando por el ojo de una aguja".
Jim debe viajar a París. Lo hace sin alegría. Catherine y él temen que se rompa el
delicado tejido urdido en el transcurso de las vacaciones. Hablan de casarse y de tener
hijos. Jim le pide a Jules que cuide de Catherine. La escena se desplaza a París donde
Jim y Gilberte su novia-amante conversan en un café mientras suena un fox trot en una
pianola. Jim le cuenta a la muchacha que se casará con Catherine, que Jules está de
acuerdo en concederle el divorcio y en ayudarle a conseguir un trabajo en Alemania.
Gilberte se levanta y se va. Molesto, Jim intenta seguirla pero se topa con otro de los
antiguos juguetes de su propio París adolescente: Thérése, antigua anarquista, cortesana
ocasional, cuyo truco más llamativo es fumar al revés. Ella le cuenta las aventuras de sus
quince días de vacaciones, en una especie de tiovivo que ha perdido el control. Tenía un
novio a quien traicionó para comprarle una pipa, fue raptada por un enamorado, se
escapó. Se marchó con otro y trabajó sin mayores problemas en una casa de lenocinio en
Cairo, fue perseguida por la policía; la salvó un inglés. Volvió a su pueblo. Se casó, se
divorció; volvió a casarse. Finalmente encontró al hombre que jamás puede traicionar
porque no le deja ni el tiempo ni la fuerza. Ahora escribe sus memorias que son
ampliamente publicadas y "respetadas". Se encuentran con viejos amigos, que por
supuesto, le preguntan por Jules, sin que Thérése se inmute en lo más mínimo o
interrumpa su relato. Thérese es una especie de caricatura de todos ellos y del París
inocente y corrupto a la vez, que vivían
Revista Latino-Americana de Psicanálise - FEPAL, v. 4, n. 1, setembro 2000
Simón Brainsky L.
111
sin que fuera canallesco. Ahora Thérese se ha vuelto respetable. Otro amigo más
le muestra su amiga bella y totalmente vacía. Nunca habla; es un bello objeto. Es
el sexo puro. No despierta en Jim el menor interés.
Jim, acostado con Gilberte, trata de explicarle a su amante, la esencia de
Catherine. Ella tiene que hacerlo todo; jamás quiere hacer daño y si se equivoca
Io asume: es su camino a la sabiduría. Gilberte, no particularmente impresionada, le dice, con cierto sarcasmo, que esto puede tomar un tiempo muy largo.
Acepta sus celos y le ruega que no se vaya ese día. Jim cede. No puede dejar a
Gilberte, así como Catherine no puede abandonar a Jules. Se restablece una
especie de equilibrio.
Catherine se desespera y duda a veces del amor de Jim. Este tiene que
efectuar demasiadas despedidas y llevar a cabo demasiados protocolos, antes de
precipitarse del todo en sus brazos.
Jim vuelve y Jules Io espera. Un poco molesto le cuenta que Catherine no
está contenta con sus cartas y sus adioses. No resiste las ausencias. El viaje de Jim
ha sido largo y Catherine, frente a la duda, siempre va más allá: se ha marchado,
sin explicación alguna. Estalla frente a la frustración y frente a la duda, impulsada
por Io que Jules considera su inocencia. Un poco molesto Jim le dice que habla de
ella como si fuera una reina y Jules le responde que por supuesto Io es. No es
especialmente bella, ni inteligente, ni sincera. Pero es una verdadera mujer, la
que todos amamos y deseamos, puesto que nos concede el regalo de su presencia;
requiere la atención más absoluta, la debida a una reina. Jim está parcialmente de
acuerdo pero tiene sus reservas y por sobre todo teme que el daño que la relación
con Catherine pueda causar, estropee irremediablemente la amistad de ellos dos.
A veces siente celos de Jules y rabia porque este no los experimenta. Jim decide
marcharse, pero, por la ventana aparece el rostro enigmático de Catherine
precedido de su misteriosa sonrisa, a la manera del gato de Cheshire. Vuelve.
Siempre vuelve.
No hace el amor con Jim, pero le recuerda que a cada pequeño asunto del
hombre, ella responde con un pequeño asunto propio; que a cada pequeño adiós
necesario para entrar al mundo de ella, ella contrapone pequeños adioses propios. De quedar embarazada ahora, no sabría si el niño es de Jim. Reclama para la
mujer una libertad simétrica absoluta. Es la única manera de recomenzar, de
reiniciar en ceros. Esperarán entonces ligados por su propia castidad, el momento
preciso en que puedan concebir un hijo de los dos. Sin dudas. Sin reservas; sin
trampa alguna. El ginecólogo les recomienda mucha paciencia pero la paciencia
no es ciertamente una virtud de Catherine. En el fondo, sabe que nunca tendrá' un
hijo de Jim. La cámara se aleja del chalet en un traveling inverso que muestra
como se aleja para siempre la felicidad con la que sonaban.
A la larga, Catherine abandona a Jim y todas las pequeñas diferencias entre
112
Revista Latino-Americana de Psicanálise - FEPAL, v. 4, n. 1, setembro 2000
Modernidad, torbellino, amor y destrucción. En relación a "Jules et Jim" de François Truffaut
ellos se agigantan como pesadillas proyectadas al futuro. Deciden separarse por
tres meses pero saben que será definitivo. Jim sufre ahora y Catherine encuentra
este sufrimiento razonable. A ella ya le llegará su turno después. Vuelve al cuarto
de Jules y le explica que puesto que no está segura de que Jim la ama, tiene que
vengarse. Teme el desprecio de Jules, pero se da cuenta una vez más de que el
amor de Jules es incondicional, suceda Io que suceda, haga Io que haga. Frente a
esto la muchacha le jura con convicción momentánea que serán felices, que quiere quedarse con él y con Sabine, y aún con los pequeños hijos que tendrá Sabine. Jules es dichoso de todas maneras, por el solo hecho de la existencia de ella
que padece y goza plenamente. Esto nunca cambiará. Paradójicamente, es el más
libre de los tres y tiene además a su hija.
A la mañana siguiente Jim parte. Catherine Io acompaña hasta la estación. La
niebla Io envuelve todo. Los horarios de los trenes han sido modificados por el
otoño, la estación de las hojas muertas. Entran al cuarto de un hotel. Catherine
odia los cuartos de hotel; ella no es especialmente moral, pero detesta lo
clandestino. Frente a un espejo Catherine se quita el maquillaje mientras Jim la
observa. Ella se quita la máscara; cambia de persona, en el sentido del teatro.
Como Nora Elmer, en "Casa de Muñecas" de Ibsen, se quita el disfraz. En este
cuarto de hotel, triste y frio, se aman una vez más, como poniendo un punto final;
como enterrando su amor en un acto frio, tajante y definitivo. La despedida
misma es seca y los sentimientos se reprimen. Parecería que todo se acaba.
Jim está enfermo en Paris, acompañado de Gilberte, quien le entrega una
carta de Catherine en que le cuenta que quizás está encinta y le pide que vaya.
Pero Jim se niega; no cree que su última relación patética haya logrado Io que
no pudo su más fiero amor.
Jules y Catherine, a su vez, dudan que la enfermedad de Jim sea
verdadera. Jules le escribe una carta diciéndole que los ojos de Catherine están
cansados y que espera una carta de Jim, que escriba con letra grande para que
ella pueda leer. La visión de Catherine, siempre precisa en Io que concierne a
los sentimientos de sus hombres, se empieza a hacer borrosa. Entre tanto, Jim
le pide a Gilberte, que sale a la calle, que le envíe una carta. Simultáneamente,
ella le entrega una de Catherine en la que ella le cuenta en tono jubiloso que
está embarazada, que está segura que el hijo es de él y le suplica que le crea y
que le responda. Jim, empero, no alcanza a detener a Gilberte y la carta que ha
enviado expresa todas sus dudas, sus vacilaciones y su propia fatiga con todo el
asunto. Al recibirla, Catherine también se declara hastiada. Sucede Io que
siempre ha sucedido desde la cita en el café, anos atrás: en los momentos
claves hay un desencuentro.
Jim recibe otra carta de Jules en la que le cuenta que Catherine perdió el
niño y que ahora ella solo desea el silencio y la distancia entre ellos. Jules
reflexi-
Revista Latino-Americana de Psicanálise - FEPAL, v. 4, n. 1, setembro 2000
113
Simón Brainsky L.
ona y dice lo que podría ser la frase más característica de la película: "jugamos con las
leyes de la vida y perdimos".
Un día Jules trae una invitación de Catherine para dar un paseo en auto; por
cortesía, ha invitado también a Gilberte quien, por supuesto, no va. La excursión en
Catherine representa siempre el viaje; la expedición; la búsqueda de praderas más
verdes; el intento, a veces desesperado, de provocar un cambio a toda costa. Los
amigos la encuentran de excelente humor y tratan de evitar hacer nada que la moleste.
Para Jules ella debe manejarse siempre como entre algodones, lo que a la larga les
resulta fatigante, a pesar de su amor incondicional. Catherine saluda a Jim con alegría
cordial y un poco impersonal, como si fuera un conocido a quien aprecia. La heroína,
de muy buen talante, arma su pequeño hatillo de vagabundo y termina visitando a
Albert y anunciando a los dos amigos que pasará la noche con él. La historia se repite
pero, al menos para Jim, es evidente su componente teatral. La filosofía de Catherine
de que al menos uno de los dos miembros de la pareja debe ser fiel siempre (y por
supuesto no se refiere a sí misma), lo cansa cada vez más. Se aleja del automóvil en el
que venían y un poco de todo el enredo y le cuenta a Jules que se casa con Gilberte. Su
compañero considera esto razonable. Cuando algo se acaba, acepta con tristeza, se
acaba. Las cosas, sin embargo, no son tan fáciles con Catherine En la noche maneja su
auto en la plazoleta donde viven Jim y Gilberte. Jim observa el carro y la voz del
narrador nos cuenta que lo veía "como un caballo sin caballero","como un navío
fantasma".
Catherine llama a Jim por teléfono en las primeras horas de la madrugada. Su
vida es un desierto ...se siente morir... debe ir a verla inmediatamente. El va pero
condensa lo que siente en un discurso: ahora sí todo está en palabras. Todo se puede
decir. El dolor de lo vivo-presente se convierte para Jim en el discurso melancólico y
nostálgico de aquello que ya no es más. Destaca las bellas cualidades de carácter de
Catherine, y lo impecable de sus amables intenciones, siempre tan honestas. Ella
quería reinventar el amor sin hipocresías ni resignaciones falsas. Ahora no hay nada
más: "les jeux sont faits". Al comienzo Catherine llora y se pregunta qué va a ser de
ella, y los hijos de los dos: hubieran sido tan bellos! Rápidamente se enfurece y
amenaza al hombre con un revolver, pero éste fría y calmadamente se lo quita y se
marcha con la sana intención de no volver jamás.
Al cabo de un tiempo los tres, inevitablemente, se encuentran en el cine. Pasa un
noticiero en el que se proyecta, la quema de libros que gozosamente llevan a cabo los
estudiantes nazis en el año del Señor 1933. Truffaut nos advierte sobre las sombras
que se ciernen nuevamente, sobre Europa aún más amenazantes y definitivas que las
anteriores. Probablemente no va a haber mucho campo para nuevos experimentos,
ampliaciones y profundizaciones sobre el amor.
Jim está feliz, tanto por encontrarse nuevamente con Jules, como al perca114
Revista Latino-Americana de Psicanálise - FEPAL, v. 4, n. 1, setembro 2000
Modernidad, torbellino, amor y destrucción. En relación a "Jules et Jim" de François Truffaut
tarse de que Catherine ya no lo impacta como antes. Jim no se da cuenta de que en el
universo de ella, si él no la ama más, no tiene derecho a vivir. Mientras Jules y Jim
comentan la quema de libros, que marca el final de todos los ideales en los que
creyeron, Catherine comunica a Jim que tiene algo para decirle y le pide que la
acompañe al auto para hacerlo. Le dice a Jules que los mire con atención. En el carro
le sonríe con dulzura a Jim, tal y como si le sonriera a la muerte misma, con la que ha
jugado siempre y continúa sonriendo en tanto conduce hasta precipitar el vehículo, a
ella misma y a Jim, al agua. Ahora acaba todo de una buena vez.
Jules acompaña a los encargados del cementerio a la cremación de los cuerpos
de su amigo y de su amada. Está muy triste, pero por primera vez en mucho tiempo,
tal vez desde el primer día en que conoció a Catherine no siente el terror al abandono
o al engaño. Jules se aleja lentamente a medida en que va apareciendo la palabra FIN.
Los protagonistas han jugado con la vida y han perdido. Han buscado una
alternativa a la pareja y han fracasado. Han creído profundamente en la fraternidad y
han encontrado la guerra. Han venerado la poesía y han hallado también la
destrucción. Han buscado el amor para descubrir que éste se pierde siempre al
encontrarlo. Su fracaso, empero, es más que honorable puesto que construyen un
camino y tanto ellos como Truffaut nos enriquecen infinitamente, más allá de la
equivocación, al permitirnos compartir su búsqueda.
Bibliografía
ABELLO, I. (1998). Inventos y Palabras Ediciones Fundación Morada al Sur, San Juan de Pasto,
1998.
BRAINSKY, S. (1998). Destructividad, Luto y Sublimación. A propósito de Azul, de Krzysztof
Kieslovski. Ensayo & Error Año 3 # 4 Bogotá, Abril 1998, pp.264-283.
BRAINSKY, S. Psicoanálisis y Creatividad. Bogotá: Norma, 1997.
FREUD, S. (1915). The Unconscious S.E. Vol.XIV. London: The Hogarth Press, 1955, pp.159-196
FREUD, S. (1920). Beyond the Pleasure Principle S.E. Vol.XVIII. London: The Hogarth Press,
1955, pp.7-64.
HOBSBAUM, E. (1994). La Barbarie: Guía del Usuario en "Sobre la Historia" Grijalbo Mondadori, Barcelona, 1998, pp.253-265.
MELTZER, D.; WILLIAMS, M.H., (1988). The Aprehensión of Beauty. The Clunie Press, The Roland Harris Library, Great Britain, 1988.
TUCHMAN, B. (1962). The Proud Tower, MacMillan, New York, 1962.
© Revista Latino-Americana de Psicanálise - FEPAL
Revista Latino-Americana de Psicanálise- FEPAL, v. 4, n. 1, setembro 2000
115
Descargar