1976 LA conspiración - La Izquierda Diario

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IDEAS & DEBATES
Notas a propósito del nuevo libro
de Juan B. Yofre
1976 LA
conspiración,
¿Contra quién?
Ilustración: Mariano Mancuso
DANIEL LENCINA
Periodista La Izquierda Diario.
“Terminen con esta agonía”,
Ricardo Balbín a Jorge Rafael Videla.
A 40 años del golpe genocida del 24 de
marzo de 1976, se acaba de publicar el nuevo libro de Juan B. Yofre 1976 La conspiración1, que se suma a una serie de libros del
autor como Fuimos todos (2007), Volver a
matar (2009), El escarmiento (2010), 1982
(2011), La trama de Madrid (2013), Fue Cuba (2014) y Puerta de Hierro (2015), entre
otros.
Yofre presenta entre sus credenciales haber trabajado entre 1969 y 1972 en el Palacio
San Martín bajo la dictadura autodenominada Revolución Argentina.
Fue actor y testigo privilegiado de la vuelta
del peronismo al poder y de su decadencia.
Se fue del país en 1979 y explica que
... yo no me tuve que ir. Yo me fui. A mí nadie me persiguió. Estaba muy molesto, porque me entristece ver el fracaso del Proceso
[de Reorganización Nacional, N. de R.]2.
Para sumar otra credencial al turbio currículum del autor es interesante notar que
fue funcionario del gobierno de Carlos Menem; desde Julio de 1988 estuvo al frente de
la ex Side (Secretaria de Inteligencia del Estado), una verdadera cueva de bandidos, para renunciar al gobierno una década después,
siendo asesor presidencial (con rango de Secretario de Estado), de tal gobierno neoliberal. El menemato llevó a cabo los planes
económicos que la dictadura dejó inconclusos, mediante la privatización de los servicios
públicos –que la dictadura por una razón nacionalista no podía hacer en su plenitud– y
por la precarización del trabajo y el deterioro
de “lo público” (salud y educación), y llevó
a cabo entrega de los recursos naturales al
imperialismo.
Yofre se jacta de haber bancado el indulto
de Menem a los genocidas:
... si vos estabas al lado de Menem, es porque vos habías aprobado los indultos de Menem. Y como yo me comprometí con los
indultos de Menem, yo no tenía vuelta atrás3.
Sin filtro, como el libro que aquí comentamos.
Lo más interesante de 1976 La conspiración son las fuentes de primera línea que
posee. Se pueden apreciar copias de microfilms, memorándums, cartas, entrevistas realizadas por él mismo, entre las que se destaca
al propio Videla en febrero de 2006, cables
de la Embajada de EE. UU. en Buenos Aires
y de los servicios de inteligencia de la CIA y
I dZ
Julio
la inteligencia checoslovaca que remitía sus
informes a la KGB sobre la situación en la
Argentina.
Asimismo usa como fuentes los titulares de
la prensa de la época tales como La Opinión,
dirigido por Jacobo Timerman, y La Tarde,
cuyo director era Héctor Timerman, el funcionario del gobierno kirchnerista hasta hace
no mucho tiempo. Ambos saldrían fotografiados en primera plana con Videla, junto a
otros directores de diarios. Con respecto a La
Tarde, Yofre dice que “había sido una suerte de ‘Observador del Pueblo’ del subdesarrollo” aclarando que tal diario era dirigido por
Joseph Goebbels, el ministro de propaganda nazi de Hitler. También cuenta entre sus
fuentes a los periódicos y revistas de las organizaciones como el PRT-ERP4 y Montoneros.
Pero la clave que une y da un orden a todas
esas piezas de gran valor histórico y político
son las notas de la agenda del general Albano
Harguindeguy.
Con todo ello construye un relato sobre el
que volveremos más abajo. Pero vale decir que
cruza todos los datos para demostrar –“con
los papeles en la mano”– sus afirmaciones.
El volumen se encuentra dividido en tres
partes. La primera, llamada “La decadencia”,
inicia la cronología que describe el país luego de la muerte del General Perón el 1° de Julio de 1974, hasta la caída de los ministros de
Bienestar Social, José López Rega y el Ministro de Economía Celestino Rodrigo.
En este apartado se percibe el poder concentrado, in crescendo, de López Rega: el
creador de la banda paraestatal fascista conocida como la Triple A5.
Tras la muerte de Perón, se incrementan el
accionar de Montoneros y el PRT-ERP, mediante secuestros de empresarios, y atentados
a milicos, policías y burócratas sindicales.
En mayo de 1975, Robert Hill, el embajador
norteamericano, emite a Washington un análisis en cuyas conclusiones dice:
a) al menos por ahora López Rega ha maniobrado y ha vencido a sus oponentes civiles; b) hay pocas posibilidades que estos
oponentes puedan reagruparse. Las esperanzas de que López Rega se aleje mediante
métodos políticos (no por medios militares)
están cada vez más lejos; c) La Sra. de Perón no abandonará a López Rega; d) Ambos continuarán conduciendo al país hacia
un camino de más problemas económicos y
de total destrucción del consenso político, e)
Tal vez antes de fines de 1975, la situación
se vuelva tan mala, tanto económica como
políticamente, que los militares tendrán pocas alternativas y tomarán nuevamente el poder –o, al menos tratarán de hacerlo. f) López
Rega tratará de infiltrar el ejército para equilibrar fuerzas y si el golpe llega, que fracase;
g) aún si el golpe tiene éxito, difícilmente sea
una panacea para los males del país (124).
El “Rodrigazo”, nacido de las jornadas de Junio y Julio de 1975 contra el Pacto Social (que
implicaba no reclamar aumento salarial en el
marco de una hiperinflación galopante) fue
el encargado de voltear a los ministros López Rega y Celestino Rodrigo, con el rol protagónico del movimiento obrero a pesar de
su dirección burocrática. Previo a su caída,
para aumentar la temperatura el matutino La
Opinión publicó el artículo más importante
del año titulado “Denuncia militar sobre la
Triple A” escrito por Heriberto Kahn. Allí se
revelaban detalles de la organización que había ayudado a radicalizar la situación política
al cobrarse la vida de activistas obreros, estudiantes, intelectuales y opositores políticos.
Un oficial de Granaderos descubrió la organización en una de las oficinas a cargo del ministerio que dirigía López Rega. La caída fue
inevitable.
Expresaron el punto más álgido de la crisis
revolucionaria ya que los trabajadores iniciaban un proceso de ruptura política con el peronismo en el poder, por primera vez en la
historia.
Simultáneamente el ejército se entrenaba,
con rotación de dos meses de duración de la
tropa, en el combate al ERP en la selva tucumana, bendecido por la Iglesia en pleno teatro de operaciones.
En la segunda parte del libro, llamada Los
conspiradores, se concentra en la decisión de
los altos mandos de las FF. AA. de hacer el
golpe. Decisión que fue madurando con el correr de la crisis hacia Octubre de 1975. Allí se
delineó la Directiva del Comandante General
del Ejército 404/75 o también conocida como “Directiva Peugeot”. La misma establece
la división del territorio nacional en zonas y
subzonas para la lucha contra la subversión.
El objetivo: aniquilación. Los detalles los conocemos hoy, tales como la metodología de la
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tortura y el plan sistemático de desaparición
de personas.
En un documento secreto de máxima confidencialidad, de los altos mandos de las tres
armas, leemos un apartado titulado “El enemigo: ‘Caracterización ideológica de la agresión’” donde los militares informan a toda la
oficialidad de las FF. AA. contra quién se está peleando. Se habla de la Guerra Subversiva Marxista (GSM), y se establecen cuáles
son las corrientes: (1) CHIONISTA Mao-TseTung” donde los militares interpretan la estrategia de la guerra popular prolongada, y en
tal cuadro entra la Argentina. En el siguiente punto vemos:
... en 1940 surge la denominada IV° Internacional por disensiones internas del Movimiento Comunista Mundial, fijándose como
Objetivo general el siguiente: “Rescatar la
continuidad, las tradiciones y el capital político del marxismo revolucionario, frente
al revisionismo y a las tradiciones de la socialdemocracia y del estalinismo”. Para la
consecución de este objetivo se fijó como estrategia general la “Revolución mundial”, que
se articulará a través de tres modos de acción: (a) Revolución proletaria (a desarrollar
en los países capitalistas avanzados, como
ser FRANCIA, ITALIA, etc.). (b) Revolución
política antiburocrática (a desarrollar en los
Estados comunistas considerados degenerados burocráticamente, como ser RUMANIA,
HUNGRIA, etc.). (c) Revolución permanente (a desarrollar en los países dominados
por el capitalismo como ser Latinoamérica).
Dentro de ésta concepción estratégica general se incluye a nuestro país siendo el Objetivo Final la constitución de una Sociedad
Socialista con el signo ideológico del Marxismo Revolucionario Trotskista” (268-269).
Es sintomático que el trotskismo aparezca
como un “fantasma que recorre el mundo” y
en un mundo marcado por el ascenso revolucionario de las masas a partir del Mayo Francés de 1968, no podía ser pasado por alto por
la cúpula castrense, muy a pesar de la debilidad y errores que cometió el trotskismo en el
período6. El documento cifrado avanza en la
descripción de Montoneros y el ERP, del que
se habla y se combate a lo largo del periodo.
Peronistas, radicales y conservadores se alistan para el golpe, que comienza a instalarse »
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en la agenda pública, mientras se incrementan las disputas internas del peronismo que
discute tres variantes de salida a la crisis. Que
Isabel renuncie y asuma Ítalo Luder, quien
se había mostrado duro con la guerrilla (en
reemplazo de Isabel Perón en una de sus reiteradas licencias) y había firmado tres decretos para darle mayor poder de fuego a las
FF. AA. y era el candidato a sucederla con
mayor consenso entre políticos y militares.
Una segunda variante que era hacer el juicio
político y que asuma Luder, pero este no quería quedar como “traidor a la viuda de Perón”.
Y la tercera variante, el golpe.
El 4 de Febrero de 1976, en una casa particular de Barrio Parque se produce el encuentro secreto entre el líder del partido radical,
Ricardo Balbín y Jorge Rafael Videla. Allí sostienen un breve diálogo donde el líder radical
dice claramente “Terminen con esta agonía”
(323).
Lo que este libro demuestra muy bien es
que los radicales no estaban solos esperando,
alentando o acordando los términos del golpe. El peronismo también hacía de las suyas:
… el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Victorio Calabró, mantuvo desde
una semana antes reuniones con oficiales para convenir cómo y por donde iban a entrar
las tropas a la casa de gobierno el día el golpe. “Es más, hasta entregó los planos del edificio para que las tropas del Regimiento de
Infantería 7 no se cruzarán con la policía”
(407-408).
La tercer parte del libro, El golpe, especifica el “día D”. El 23 de marzo los tres comandantes Videla, Massera y Agosti se reúnen
con el ministro del Interior José Alberto Deheza. Allí el ministro les plantea que todos
los diarios de ese día anuncian una pronta solución a la crisis y se habla del golpe.
Los tres comandantes se miraron y le recordaron que luego de la caída de López Rega, por intermedio de Aníbal Demarco (que
ocuparía la cartera de Bienestar Social), las
tres fuerzas le habían ofrecido al gobierno
el apoyo para sortear la crisis –léase aniquilar al “terrorismo”– y que la respuesta
nunca fue contestada. Esa predisposición
nunca llegó a la presidente. A la salida de
esa reunión, los tres jefes se cruzan al Edificio Libertador. Videla llama por teléfono a
la Casa Rosada y le ordena al jefe de la Casa
Militar de la Presidencia que le comunique
a la Sra. Presidenta que por razones de seguridad “viaje a Olivos en helicóptero”, esa
era la señal. El golpe estaba en marcha.
Hacia la madrugada los pilotos le hacen saber que deben aterrizar de emergencia en Aeroparque por una falla técnica. Cuando bajan
Isabel Perón es detenida y puesta en conocimiento de que ya no está al frente del gobierno; fue destituida. Allí Isabel habla con los
militares que la detienen:
Debe haber un error. Se llegó a un acuerdo
con los tres comandantes. Podemos cerrar el
congreso. La CGT y las 62 organizaciones
me responden totalmente. El peronismo es
mío. La oposición me apoya. Les doy a ustedes cuatro ministerios y los tres comandantes
podrán acompañarme en la dura tarea de gobernar (389).
De allí la expresidenta partió en un avión de
la Fuerza Aérea hacia Neuquén, en calidad
de detenida.
La mirada del libro en su conjunto está centrada (y acentuada) esencialmente en el accionar guerrillero, como si se tratara de una
crisis política sostenida e incrementada por
la corriente militante llamada Tendencia Revolucionaria del peronismo y los de filiación
guevarista seguidores de Robi Santucho del
PRT-ERP, sin que sea parte del escenario político la “insurgencia obrera” que fue creciendo en el país a partir del Cordobazo en 1969.
Es bastante difícil encontrar a ese actor social (desde nuestra perspectiva “él” actor central) que se fue forjando en la lucha de clases
como una de las clases obreras más combativas del mundo si notamos que desde la Resistencia peronista enfrentó con huelgas salvajes
a la dictadura que derrocó al Gral. Perón en
1955, pasando por la experiencia “desarrollista” del radical Frondizi y que tuvo como uno
de los grandes combates la defensa de la ocupación del frigorífico Lisandro de la Torre en
1959, donde los obreros más que nadie enfrentaron el Plan Conintes (Conmoción Interna del Estado, que habilitaba a las FFAA
a reprimir). O incluso lo que en su momento
llamaba la atención del marxista belga Ernest
Mandel cuando se preguntaba
¿Es necesario recordar que, en el curso de
la huelga general más amplia que hasta la fecha ha experimentado Argentina, la de 1964,
alrededor de tres millones de obreros ocuparon 4.000 empresas e iniciaron la organización de la producción por sí mismos?7
Ni que hablar del Cordobazo y la serie de
levantamientos semiinsurreccionales hasta el
día del golpe de Estado de 1976.
En cuanto a la burocracia sindical, queda claro la subordinación de los sindicatos
hacia una política de colaboración de clases. En el libro se ve a un Casildo Herrera, Secretario General de la CGT, que sin
sonrojarse decía desde Montevideo “yo me
borré”, mientras la zona fabril era asediada por bandas paramilitares que acribillaban trabajadores. Por su parte, el mismo día
del golpe, mientras se prestaba a negociar lo
que sea con los militares, Lorenzo Miguel
dijo “Yo me voy. Declaren la huelga general” (395). ¿Por detrás de los hechos, esquivando camiones y tanques de asalto que ya
rodeaban la Casa Rosada pretendía declarar la “huelga general”? Yofre no registra a
la clase obrera.
La complicidad de los partidos patronales es
elocuente. Veamos la cantidad de intendentes (además de otros funcionarios) que aportaron los “civiles” al Proceso: UCR, 53,3 % y
el PJ 19,3 % (432).
Para Yofre el indulto a los genocidas es también el indulto a los civiles, que colaboraron
con los genocidas. Por tal razón se irrita tanto en sus conclusiones contra los juicios a los
militares (muy a cuenta gotas, por cierto) a
los que denomina “circo”, “mamarracho” etc.
Sus conclusiones están bien a tono con, por
ejemplo, la línea editorial de La Nación que
cada tanto pide más impunidad8.
Lo cierto es que si el kirchnerismo hubiera abierto los archivos de la dictadura, el libro de Yofre no sería más que una pequeña
libreta aportando algunos datos relevantes.
Por el contario no tiene de que preocuparse,
los genocidas se están muriendo de viejos, en
libertad. Aunque siguen en las sombras, conspirando contra el pueblo trabajador.
Si tuviera que ubicar este libro en alguno de
los cuatro relatos hasta el presente con respecto al genocidio9 diría que es una versión
sui generis del primer relato, el de los vencedores de esta guerra sucia. 1976 La conspiración es funcional a ese objetivo cuyo
programa es más impunidad.
Mientras Yofre prepara un nuevo volumen
sobre Cuba, a 40 años del golpe genocida,
nos ofrece una agenda de libros que parecieran una advertencia contra quienes se atrevan a desafiar el orden burgués de civiles y
militares, que son los verdaderos conspiradores contra el pueblo trabajador.
1. Bs. As., Sudamericana, 2016. Entre paréntesis
de indicarán los número de página de esta edición.
2. Entrevista realizada por Emilio Nani y Jorge
Mones Ruiz, en su canal online. Disponible en
www.youtube.com.
3. Ídem.
4. Ver Robles, Andrea, “La Triple A y la política
represiva del gobierno peronista” en Werner, R.
y Aguirre, F., Insurgencia obrera en la Argentina
1969-1976. Tercera edición aumentada, Ediciones
CEIP-IPS, 2016.
5. Partido Revolucionario de los TrabajadoresEjército Revolucionario del Pueblo.
6. Para profundizar la crítica a las corrientes de la
izquierda en este periodo recomendamos, Werner,
R. y Aguirre F. (2016), op. cit.
7. Mandel, Ernest, Control obrero, consejos obreros,
autogestión, México, Ediciones Era, 1974, p. 10.
8. Nos referimos a la editorial del diario La Nación
titulada “No más venganza” del 23/11/2015, profundamente repudiada por un amplio arco de los
organismos de DDHH y personalidades de la política, la cultura y trabajadores, comenzando por los
propios empleados de la redacción del diario.
9. Ver: Castillo, Christian, “Elementos para un
“cuarto relato” sobre el proceso revolucionario de
los ‘70 y la dictadura militar”, Lucha de Clases 4,
2004, disponible en www.ips.org.ar.
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