El síntoma como producción del alma

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UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES
Facultad de Psicología
Escuela de Formación de Ayudantes
Psicoanálisis Freud I
Profesor Titular Osvaldo Delgado
“El síntoma como producción del alma”
Alumna: López De Filpo, Julia
Libreta Universitaria 36359048-0
Responsables de la Escuela: Susi Epsztein y María de los Ángeles Córdoba
Colaboran: Carolina Santocono, Verónica Wainszelbaum y Leticia Puerto
Buenos Aires, 10 de septiembre de 2013.
En el presente escrito, intentaré dar cuenta acerca de una expresión freudiana que captó
mi atención. Sabido es que las palabras utilizadas por el autor, tanto en sus escritos
como en sus lecciones, no son elegidas al azar sino que están finamente seleccionadas,
pero eso me interesó el estatuto que le otorgó a las fantasías en la lección abordada
como bibliografía primaria, llamándolas “producciones del alma” y la importancia
fundamental que poseen en la formación de síntomas, siendo éste último, de manera
paradójica, la expresión de esas elaboraciones tan propias e íntimas, que ni el mismo
sujeto puede reconocerlas como tales.
Freud da inicio a la Conferencia XXIII, titulada “Los caminos de la formación de
síntoma”, dando a entender que el Psicoanálisis es una terapia causal que se encarga de
remitirse a los orígenes ya que el mero levantamiento, la eliminación de un síntoma,
deja, de todas maneras, la posibilidad de generar síntomas nuevos. Cuando afirma que
todos somos neuróticos, se refiere a que todos, incluso los llamados “normales” en ese
momento, estamos expuestos a enfermar, poseemos las condiciones para formar
síntomas, es decir, hay una predisposición a la neurosis. Por ende, la incumbencia del
psicoanalista, a diferencia del juicio de los legos (para quienes la enfermedad es
equivalente al síntoma y, por consiguiente, la cura sería la supresión del síntoma), atañe
a diferenciar el síntoma de la enfermedad, remitiéndose a las causas, ya que la
supresión del primero no es homologable a la cura.
Ya anteriormente, Freud había afirmado que “todo síntoma posee un sentido y se
halla estrechamente enlazado a la vida psíquica del enfermo”1, en esta oportunidad, se
ocupa de definir al síntoma en tanto psíquico, “(…) como actos perjudiciales o, al
menos, inútiles para la vida en su conjunto”2. Pero vemos que no sólo se caracterizan
por ser meramente inútiles, sino que producen displacer, el sujeto dirige quejas hacia
ellos y, lo que los diferencia fundamentalmente del resto de las formaciones del
inconsciente, es su carácter de fijeza debido a que, paradójicamente, implican una
satisfacción sustitutiva.
El síntoma neurótico es entonces, el resultado de un conflicto entre fuerzas de
sentido contrario (moción pulsional y represión) que convergen y se reconcilian
produciendo esta formación de compromiso, es decir que, si bien implica displacer, al
mismo tiempo cumple una función, involucra beneficios tanto primarios como
secundarios. A ello debe su estabilidad, sostenimiento y resistencia al levantamiento.
Éste prescinde de objeto, implica un placer autoerótico y resigna así, el vínculo con la
realidad exterior, ya que en lugar de modificarla o transgredirla, transforma su interior,
el propio cuerpo.
Conlleva además un gasto de energía, no sólo para mantenerlo en pie, sino también
para combatirlo, y esto conduce a un empobrecimiento de la vida anímica, afectando la
vida cotidiana del sujeto, inhibiendo incluso, lo que para Freud son las piedras angulares
de la humanidad: la capacidad para amar y trabajar.
1
Freud, S., “Conferencias de introducción al Psicoanálisis”. Cap. XVII “El sentido de los
síntomas”. En Obras Completas tomo II, López-Ballesteros.
2
Freud, S., “Conferencias de introducción al Psicoanálisis”. Cap. XXII “Los caminos de la
formación de síntoma”. En Obras Completas tomo II, López-Ballesteros.
La formación del mismo parte de una frustración; la realidad le deniega satisfacción
a la libido y ésta emprende un camino regresivo; retorna a aquellos puntos en los cuales
sí logró satisfacerse y quedaron marcados por una fijación que, a su vez, ejerce una
atracción de la libido hacia ellos (la libido es explicada como una sustancia viscosa que
en su desarrollo no pasa limpiamente, sino que imprime marcas). Es por esto que Freud
subraya la importancia de la infancia, ya que la libido halla dichas fijaciones en las
prácticas y vivencias de la sexualidad infantil; éstas ponen de manifiesto la disposición
heredada, innata, que junto con el vivenciar accidental, por otro lado, activa distintas
pulsiones. Esto da lugar a la denominada “predisposición por fijación libidinal”, que
luego, sumada a las vivencias de la adultez pueden desencadenar la neurosis.
A partir de aquí, Freud marca una diferencia tajante entre neurosis y perversión,
ya que, cuando la regresión a los puntos fijación genera una contradicción, es decir,
resulta inconciliable para el yo, se desata el conflicto y deviene la formación de
síntomas (propia de una estructura neurótica); en cambio, cuando no hay una
contradicción en yo, se produce una satisfacción real, no normal, acorde a una
perversión.
Una vez iniciado el conflicto de fuerzas opuestas, la libido insatisfecha, conforme a
lo que plantea el Principio de Placer (principio todavía rector a esta altura de la obra
freudiana), debe desembocar en algún lado, y la salida que halla es sustraerse del yo e
investir representaciones del sistema inconsciente. Sometida a las leyes del proceso
primario, se vuelve irrefrenable, y mediante los mecanismos de condensación y
desplazamiento, aquello reprimido retorna en el síntoma, como retoño del cumplimiento
de deseo libidinoso inconsciente, “(…) el síntoma figura algo como cumplido: una
satisfacción a la manera de lo infantil; pero por medio de la más extrema
condensación esa satisfacción puede comprimirse en una sensación o inervación
únicas, y por medio de un extremo desplazamiento puede circunscribirse a un pequeño
detalle de todo el complejo libidinoso” 3. Esto Freud ya lo adelantaba en su texto de
1908 “Fantasías histéricas y su relación con la bisexualidad” en el cual le atribuye al
síntoma histérico la característica de figurar una fantasía libidinosa de carácter sexual
tanto masculino, como femenino, armando una escena completa.
El síntoma, entonces, es una sustitución a una satisfacción frustrada que repite una
modalidad de satisfacción pero de manera tan desfigurada, gracias a la censura, que se
vuelve irreconocible para el propio sujeto, tanto que “lo que otrora fue para el individuo
una satisfacción está destinado, en verdad, a provocar hoy su resistencia o
repugnancia”4, es vivido como un sufrimiento, es un padecimiento que aqueja al sujeto.
Freud habla acerca de un patrimonio filogenético de fantasías, escenas universales a
las que denomina “fantasías primordiales” o “protofantasías”, que, generalmente, no
acontecieron efectivamente pero adquieren estatuto de realidad para los sujetos (de aquí
la caída la de la vivencia sexual prematura traumática como un hecho concreto y la
célebre frase “mis histéricas me engañan”). Estas son: la amenaza de castración (que se
construye por indicios a partir de la prohibición de la satisfacción autoerótica); el
comercio sexual entre padres (que surgen por el deseo insatisfecho de ver) y la fantasía
de seducción (que tiene la función de encubrir el período autoerótico). Su preocupación
recae en qué hacer con esos relatos, ya que no hay que hacerle creer al paciente que se
3
Freud, S., “Conferencias de introducción al Psicoanálisis”. Cap. XXII “Los caminos de la
formación de síntoma”. En Obras Completas tomo II, López-Ballesteros.
4
Ibídem.
está trabajando con hechos reales pero tampoco hacerle conocer desde el comienzo que
se trata de fantasías.
Al yo del hombre se lo educa para estimar, hacer prevalecer y someterse al principio
de la realidad, para esto debe resignar ciertos objetos (precisamente, los objetos edípicos
que tienen carácter de incestuosos), “(…) pero siempre es difícil para el hombre la
renuncia al placer; no la lleva a cabo sin ningún tipo de resarcimiento, por eso se ha
reservado una actividad del alma en que se concede a todas esas fuentes de placer
resignadas y a estas vías abandonadas de la ganancia de placer una supervivencia, una
forma de existencia que las emancipa del requisito de la realidad”.5
La satisfacción que pueda brindar la realidad, no es suficiente; por ende, éste
continúa gozando libremente en sus fantasías, rodeando siempre la temática de deseos
eróticos y de ambición y grandeza, que pueden ser tanto conscientes como
inconscientes. Estas últimas, son la fuente de los sueños nocturnos y los síntomas
neuróticos, y se hallan estrechamente ligadas a la vida sexual de las personas. Cabe
destacar que Freud trata al concepto de fantasía como una soldadura, una unión estrecha
entre dos elementos heterogéneos, por un lado la empresa autoerótica pura (que implica
la operación activa de estimulación) y por otro, la evocación de una representación
deseo, tomada del círculo de objetos de amor edípicos, que viene a darle un enmarque a
la pulsión. Debido a la característica de estos objetos, la fantasía surgida en la infancia
sucumbirá a la represión, permaneciendo en el inconsciente y proliferando desde allí.
5
Freud, S., “Conferencias de introducción al Psicoanálisis”. Cap. XXII “Los caminos de la
formación de síntoma”. En Obras Completas tomo II, López-Ballesteros.
La libido encuentra el camino hacia los puntos de fijación porque el sujeto no
renuncia del todo a los objetos, ellos son retenidos en las representaciones de las
fantasías. Si bien esto de por sí implica una contradicción para el yo (tratándose
siempre de una estructura neurótica), Freud insiste en que lo determinante es el factor
cantidad, el punto de vista económico, la intensidad de las investiduras. Una frustración
exterior no es por sí misma patógena, sólo cuando se ve afectada la satisfacción
requerida es que ésta se torna más exigente aún y tiende a la realización de la cual el yo
se defiende reprimiéndola. El momento en que la libido emprende su retirada por un
camino de introversión, invistiendo los objetos de la fantasía; corresponde a la fase
previa a la formación de síntomas, en el cual el sujeto se encuentra lábil, expuesto a
enfermar.
Es así que las “producciones del alma” deben ser tomadas con seriedad, no se las
puede desestimar ya que son equiparables a la realidad, se trata de la realidad psíquica
de un sujeto, y ésta es la decisiva en el mundo de las neurosis. La función que cumplen
es fundamental en tanto tramitan, de alguna manera, lo problemático de la pulsión,
domeñan los volúmenes de excitación, desde un punto de vista cuantitativo, además de
su meta cualitativa que es otorgarle una satisfacción al sujeto.
El síntoma como práctica sexual de los neuróticos, es una afirmación que cobra
sentido en tanto la producción sintomática simboliza la realización de las fantasías, hay
algo que se está satisfaciendo allí, implica un goce que le da un peso de resistencia
particular. Esta enigmática tendencia al masoquismo en el núcleo del yo que implica la
resistencia a la cura y la tendencia a lo repetitivo será abordaba como una necesidad de
castigo, a partir de la conceptualización freudiana del Más allá del Principio del
Placer, temática que excede los límites del presente escrito.
Bibliografía
•
Freud, S., (1908) “Fantasías inconscientes y su relación con la bisexualidad”. En
Obras Completas tomo II, López-Ballesteros.
•
Freud, S., (1917) “Conferencias de introducción al Psicoanálisis”. Cap. XVII
“El sentido de los síntomas”. En Obras Completas tomo II, López-Ballesteros.
•
Freud, S., (1917) “Conferencias de introducción al Psicoanálisis”. Cap. XXII
“Los caminos de la formación de síntoma”. En Obras Completas tomo II, LópezBallesteros.
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