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NOTA DE PRENSA
Desesperación en El Pozo
“Esto es un infierno, sáquennos de aquí”
*Los 37 reos de alta peligrosidad están recluidos en dos módulos con capacidad para 20
inquilinos cada uno. Cuatro bolsitas de agua al día y una hora de sol, así es la vida en El Pozo.
*Cada celda de dos por dos metros permanece a oscuras. El recluso deambula de un lado a
otro, entre la pared y la cama de cemento.
*En la puerta de cada celda, solo una ventana blindada de 10 por 10 pulgadas permite ver lo
que pasa en el interior.
*Dentro de El Pozo se pierde la noción del tiempo. El reo recibe luz solar una hora al día, en
una celda forrada de barrotes y con láminas traslúcidas.
*En su desesperación, los reos gritan pero nadie escucha. Patean una y otra vez las puertas
blindadas pero nadie se inmuta.
Santa Bárbara. Dentro de El Pozo los reos de alta peligrosidad pierden hasta la noción del
tiempo.
Encerrados en un celda de dos por dos metros, los segundos, minutos y horas pasan
lentamente. Para quienes purgarán años de sentencia, El Pozo ya es un infierno.
Apenas han transcurrido 48 horas desde que el presidente Juan Orlando Hernández ordenó el
aislamiento de 37 cabecillas de maras y pandillas en este nuevo centro penal ubicado en
Ilama, Santa Bárbara.
Cada celda permanece a oscuras y sin aire acondicionado. Una pesada puerta blindada con
cuatro mecanismos de cerrojo y un candado son el primero de muchos obstáculos hacia la
libertad.
Un agente penitenciario vigila cada módulo desde una cabina especial construida en el
segundo nivel. Desde ahí todo se ve y todo se controla.
Auxiliado por un moderno sistema de video, el agente es asistido por una veintena de cámaras
de última generación. A sus espaldas, los controles de luces para celdas, pasillos y duchas.
En la puerta de cada celda, solo una ventana blindada de 10 por 10 pulgadas permite ver lo
que pasa en el interior.
El aire solo entra a través de una ventana rectangular reforzada con gruesos barrotes y una
rejilla de hierro. Por momentos, el recluso no sabe si reír o llorar.
Se mueven inquietos de un lado a otro, confinados en el pequeño espacio que hay entre la
pared, una cama de cemento y un urinario de aluminio reforzado.
No hay espejos de vidrio, no hay televisión, no hay radio, no hay libros que leer. El infierno es
poca cosa.
Por la pequeña ventana solo se puede observar el infierno que también viven los 10 reos
aislados en las celdas de los pasillos de enfrente.
Gritan una y otra vez pero poco se entiende lo que dicen. La acústica del módulo lo impide.
“Queremos hablar con el director”, gritan desesperados. “Hace calor hermano, hace mucho
calor”, “Esto es un infierno, sáquennos de aquí”, responden de otro lado.
El Pozo tiene dos módulos con una capacidad para albergar a 80 reos. En el módulo 1 están los
cabecillas de la mara 18, en el módulo 2 los cabecillas de la MS, Chirizos y uno que otro paisa.
Hay que cruzar cuatro puertas blindadas para acceder a cada módulo de máxima seguridad
desde el recinto para reos comunes.
La alimentación
La comida llega a El Pozo a través de carretones. Los cocineros las conducen por un pasillo y
dejan los carretones frente a dos ventanas especiales.
Cada día, el reo de máxima peligrosidad solo recibe los tres tiempos de comida y cuatro bolsas
de agua.
Toda la comida se sirve en platos y vasos desechables. Antes de recibir un tiempo de comida,
el reo debe devolver el vaso, el plato y la bolsa plástica de agua.
El desayuno se sirve a las 7:00 de la mañana y no es más que frijoles parados, mantequilla,
una rodaja de mortadela, un vaso de café y una bolsa de agua.
El almuerzo se sirve a las 12:00 del día y es arroz o espagueti, un vaso de refresco, cuatro
tortillas y una bolsa de agua.
La cena se sirve a las 5:00 de la tarde con una porción de arroz, frijoles parados, un pedazo de
queso, un vaso de café y una bolsa de agua.
Higiene
Cada reo de máxima peligrosidad tiene derecho a bañarse una vez al día. Las duchas están
frente a las celdas y por su condición de peligrosidad, cada ducha es en sí una celda.
Al entrar a la ducha, se cierra la puerta blindada con cuatro cerrojos y se coloca el candado.
Los reos sacan sus manos por una ventana para que el agente penitenciario retire los aros de
presión.
Cinco minutos más tarde, el reo vuelve a sacar sus manos por la ventana para que le vuelvan a
colocar los aros de presión y retorna a su celda.
Dentro de la celda, cada recluso solo tiene un retrete o servicio y un espejo de aluminio pulido
fijado a la pared.
Un cepillo dental, un tubo pequeño de pasta de dientes y un jabón es todo lo que se asigna al
recluso. Estos utensilios de aseo están en una caja plástica fuera de la celda.
Para sus necesidades fisiológicas, cada recluso recibe un rollo de papel higiénico a la semana.
La luz del día
En el interior de los módulos es imposible acceder a la luz solar. Desde la cabina de controles,
el agente penitenciario enciende y apaga las luces artificiales.
En el patio central de cada módulo la luz se enciende a las 6:00 de la mañana y se apaga a las
9:00 de la noche. Las celdas permanecen a oscuras y se encienden solo si un agente
penitenciario debe ingresar a la misma.
Para recibir una hora de luz solar, el reo de máxima peligrosidad debe sacar sus manos a
través de una ventanilla para colocarle los aros de presión. Acto seguido, la celda se abre y el
reo debe colocarse a la izquierda, en un punto fijo ya determinado, para que se le coloquen
grilletes.
Con aros de presión en sus manos y grilletes en sus pies, el reo camina por el pasillo unos 10
metros hasta otra celda llamada patio de sol, que se ubica en el segundo piso del módulo.
El patio de sol no es más que otro infierno. Esta es una celda de cuatro por cuatro metros
donde no se ven más que paredes y barrotes. Sobre sus cabezas se observa una rejilla de
hierro y encima de ella el techo con láminas traslucidas.
De esta forma, el reo de alta peligrosidad no puede ni siquiera ver el cielo azul y despejado en
verano o el cielo negro y nublado del invierno.
La atención médica
Cada reo tiene un expediente médico y sus medicinas se encuentran sobre una mesa de
cemento ubicada en el patio central de cada módulo.
En caso de enfermedad, el reo puede solicitar la asistencia de uno de los cuatro médicos que
prestan su servicio en el lugar.
Privilegios
Por orden del presidente Juan Orlando Hernández, todos los privilegios que tenían aun
estando en prisión se les quitaron.
En la celda 102 del módulo 1, 10 bolsas con sus pertenencias parecen correr mejor suerte que
sus propietarios.
En cada bolsa hay ropa de cholos, anillos, cordones de oro con dijes de la mara 18, dinero en
efectivo envuelto en rollos, libros (uno de ellos sobre Pablo Escobar), biblias, rosarios con una
imagen de la muerte, billeteras, en fin.
Cada reo solo viste un overol anaranjado y su pelo es cortado al ras como medida de higiene.
Lucir sus peinados extravagantes es un privilegio del que no gozarán más.
Los 37 cabecillas de maras y pandillas fueron aislados en El Pozo tras descubrirse que desde
las cárceles siguieron ordenando masacres, extorsiones, atentados criminales y otros actos de
terror.
Los informes de los aparatos de seguridad del Estado establecen que más del 80 por ciento de
estos actos fueron ordenados por estos cabecillas, girando las órdenes a través de mensajes
codificados que llevaban sus parientes, amigos y parejas sentimentales.
El gobernante ordenó su inmediato aislamiento en El Pozo, donde se han suspendido de forma
indefinida las visitas. Tampoco tendrán derecho a las visitas conyugales.
Días antes, los reos tenían derecho a recibir una visita al mes durante tres horas y una visita
conyugal cada dos meses durante tres horas. Este privilegio ha sido suspendido.
“No vamos a retroceder ni un milímetro en estas medidas”, ha afirmado el presidente, luego
de conocer que dirigentes de derechos humanos y dirigentes políticos de partidos de
oposición han cuestionado estas medidas.
El gobernante indicó que había dos caminos: el bueno y el malo. Los delincuentes, aun estando
en prisión, decidieron seguir en el camino malo, ordenando que se derrame más sangre
inocente del pueblo hondureño.
Sin embargo, advirtió que con estas medidas lo que se busca es que estos sujetos se
arrepientan de su mal proceder y que las medidas sean un disuasivo para otros reos que de
momento no están tipificados como de alta peligrosidad.
Tome en cuenta
37 reos
De alta peligrosidad fueron trasladados a El Pozo en Santa Bárbara por orden del presidente
Juan Orlando Hernández.
2 módulos
Con capacidad para 80 reos de alta peligrosidad tiene El Pozo, en el nuevo penal de Santa
Bárbara.
1,268 reos
Entre comunes y de alta peligrosidad tiene capacidad para recibir el nuevo penal de Santa
Bárbara.
Fotos
Foto 1
En las celdas de cuatro metros cuadrados los minutos y las horas pasan lentamente. El Pozo es
ya un infierno para 37 cabecillas de maras.
Foto 2
Una pesada puerta blindada, con cuatro cerrojos y un candado, son el primer obstáculo hacia
la libertad.
Foto 3
Desde una cabina especial ubicada en el segundo nivel y blindada, un agente penitenciario
observa todo lo que ocurre en los dos módulos de máxima seguridad.
Foto 4
El agente se auxilia de un moderno sistema de vigilancia. Más de una veintena de cámaras
vigilan todo lo que pasa en “El Pozo”.
Foto 5
Una ventana blindada de 10 por 10 pulgadas es todo lo que permite ver lo que pasa al interior
de la celda.
Foto 6
Una ventana rectangular, reforzada con barrotes y rejilla de hierro, permite el ingreso de aire.
Desde ahí muchos gritan pero poco se entiende. Sus palabras rebotan de una pared a otra.
Foto 7
En el espacio confinado, los reos se mueven inquietos de un lugar a otro. No hay nada que
hacer ni nada que ver. Una cama de hierro y cemento, una colchoneta, un retrete es todo a su
alcance.
Foto 8
Gritan pero nadie escucha. Patean las puertas pero es inútil. “Esto es un infierno, sáquennos
de aquí” se logra escuchar.
Foto 9
La comida llega a El Pozo a través de carretones. Nadie entra a El Pozo, la comida pasa por dos
ventanas donde es recibida por los agentes penitenciarios.
Foto 10
Cada ducha es una celda. Se entra con grilletes y los aros de presión se retiran de las manos
hasta que la puerta está cerrada. El baño es de cinco minutos.
Foto 11
Dentro de la celda, lo único que existe es un retrete o servicio y un espejo de aluminio pulido
fijado a la pared.
Foto 12
En el patio central de cada módulo la luz se enciende a las 6:00 de la mañana y se apaga a las
9:00 de la noche.
Foto 13
El patio de sol es una celda ubicada en el segundo nivel, a unos 10 metros de cada celda. El
patio es techado con láminas traslúcidas.
Foto 14
Los reos permanecen en el patio de sol una hora pero no pueden ver ni el cielo. El techo es
reforzado con hierro y las láminas son traslúcidas.
Foto 15
Cada reo tiene derecho a tomar sus medicinas. Pastillas y jarabes se encuentran en el patio del
módulo, sobre una mesa de cemento.
Foto 16
En la celda 102 del módulo 1, 10 bolsas con sus pertenencias parecen correr mejor suerte que
sus propietarios.
Foto 17
Entre las pertenencias de los reos están los privilegios de los que ya no gozan. Joyas, libros,
dinero, billeteras, ropas de cholo, rosarios con el culto a la muerte.
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