(Muestre una foto de Tomás Moro.).

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El amor de un chela por su Gurú
Historia para niños durante el Servicio Dominical
Materiales:
• Fotos para mostrar durante la historia
Preparación:
• Prepare todos los materiales necesarios.
• Invite a los niños a que se acerquen al altar.
• El lector de la historia se sienta en una silla con los niños sentados en el
suelo en frente de él/ella.
• Incluya la historia aunque no haya niños en su congregación a fin de que
las familias se sientan bienvenidas y de ese modo se motiven para venir
al servicio. Debe sentirse cómodo con el uso de marionetas, accesorios,
o puede presentar la historia tal como está escrita.
• Siéntase libre de adecuar el contenido para que se ajuste al tiempo
previsto para la historia. Sin embargo, para el desarrollo espiritual de
los niños, le animamos a que mantenga la mayor cantidad de las
Enseñanzas de los Maestros Ascendidos como sea posible.
Tiempo: 10 minutos dependiendo de quién cuente la historia y
de las respuestas de los niños
Buenos días y bienvenidos. Hoy nuestra historia es sobre
el gran amor de un padre por su hija y del amor y devoción de la
hija por su padre. El padre fue Sir Tomás Moro, que ahora se
llama Santo Tomás Moro. El 7 de febrero, celebramos el
cumpleaños de santo Tomás Moro.
Tomás Moro fue una encarnación de nuestro amado
maestro ascendido El Morya. (Muestre la foto de El Morya.) Su
hija Margaret, en esta historia, era la encarnación de nuestra
amada Gurú Ma. (Muestre la foto de Gurú Ma.).
La historia ocurre en los años de 1500 en Inglaterra.
Margaret aprendió de su padre las dos virtudes divinas
de la valentía y la perseverancia, como verán en la historia.
¿Saben lo que significa perseverancia? (Permita que los niños
respondan.). Sí, significa seguir haciendo algo aunque sea difícil
de hacer.
Ahora escuchemos la historia.
El amor de un padre y una hija
“Meg, querida, es hora de levantarse”. Margaret se
movió, estiró los brazos y luego se frotó los ojos.
“Sí, papá,” dijo ella soñolienta. Margaret se paró y
caminó a su alrededor despertando suavemente a sus
hermanos, Elizabeth, Cecilia y al más joven, su hermano Juan.
Juan, balbuceó, “oh, es demasiado temprano”.
“Debes levantarte ahora. Es hora de hacer nuestro
ritual de oración y de salmos de la mañana”, dijo ella.
Ese día comenzó como todos los demás en la casa de
los Moro. Tomás Moro se levantó temprano, como hacía cada
mañana, para ir a misa. Luego se unió a sus niños alrededor de
las 7 a.m. para hacer sus oraciones con ellos. De este modo
mostraba a los hijos su devoción, y podía pasar tiempo con
ellos. (Muestre una foto de Tomás Moro.).
A Margaret, llamada cariñosamente Meg por su padre,
le encantaba pasar tiempo con su padre. Ella quería ser tan
devota como él. Quería ser como él. Ella sabía que antes de
casarse con su madre, él había considerado ser monje. Aún a
temprana edad, él amaba mucho a Jesús y pasaba mucho
tiempo en oración.
Después del desayuno, Margaret podía nuevamente
pasar tiempo con su padre. “Meg, es hora de nuestras
lecciones. Pienso que hoy podemos estudiar geometría y
latín”, dijo su padre.
“Si tenemos tiempo, ¿también puedo aprender más
sobre astronomía como estudiamos ayer?”, preguntó ella.
“Por supuesto”, respondió Tomás. Margaret sabía que
su padre quería que todos sus hijos tuvieran una buena
educación, es por ello que les enseñaba en el hogar, aunque él
estaba muy ocupado con su práctica de abogado y sus
obligaciones públicas.
Margaret había estado leyendo desde la edad de 3 años
y se sabía todas las fábulas de Esopo de memoria. Con el
tiempo, Margaret se convirtió en una erudita del latín y en una
de las mujeres de mayor nivel de educación de su época, un
período en el que no se estimulaba la educación en la mujer.
Más tarde ese día, sentado a la mesa durante la cena,
Tomás dijo, “¿Quién va a leer las Escrituras esta noche?”.
“Yo lo haré”, respondió Margaret. La devoción
religiosa y la lectura de las Escrituras era un ritual diario.
Tomás le pasó la Biblia a Margaret quien elocuentemente leyó
un salmo.
Después de esto la familia compartió temas desde las
Escrituras hasta los acontecimientos del día. Tomás tenía un
anuncio especial.
“Mañana, seremos los anfitriones en nuestra casa de aquellos
menos afortunados que nosotros”.
Este era uno de los días favoritos de sus niños, puesto que
podían servir a los demás.
“Saben que en el pasado hemos servido cerca de 100
comidas a las personas de este lugar. Meg, tu ayudarás a
organizar esas comidas y todos ustedes ayudarán a servirla”.
Margaret estaba entusiasmada, porque le encantaba
ayudar a los demás y sabía que mucha gente en Inglaterra
estaba experimentando una escasez de comida en ese momento
en el país. “Sí, papá, haré todo el trabajo que sea necesario”.
Todos sus hermanos asintieron. Ellos seguían el sendero de su
padre de amor y compasión por los demás.
Más tarde, esa noche, la familia se reunió de nuevo a
recitar salmos y devociones específicas a la Bendita Madre
María. Margaret se quedó dormida pensando sobre lo especial
del día siguiente.
Ese día fue todo un ajetreo de preparación y de servir
a todos los visitantes que vinieron por una comida caliente.
Margaret demostró su perseverancia organizando, cocinando y
ayudando a servir a las 100 personas que vinieron. La familia
Moro terminó el día cansada pero agradecida. Antes de
retirarse por la noche, todos ellos ofrecieron sus devociones y
gratitud a Dios porque habían podido ser sus siervos.
Al pasar los años, Margaret estaba supuesta a casarse.
Ahora ella tenía diecisiete y William Roper, un abogado, le
propuso matrimonio. He aquí una foto de Margaret Moro.
(Muestre la foto.) Tomás solo tenía una pequeña dote para
darle. Él le dijo a William, “no puedo darte la dote que
mereces. Sin embargo, puedo ofrecerte a ti y a Margaret mi
casa donde pueden vivir gratis por cinco años y yo pagaré la
dote en una fecha futura”.
William estuvo de acuerdo y él y Margaret se mudaron
con Tomás. Con el tiempo, todas sus hermanas y su hermano
se mudaron con sus familias a la amplia casa de su padre. Era
un hogar de mucha energía y amor.
Fue durante ese tiempo que su padre, ahora un
experimentado profesor y abogado, fue llamado por el Rey
Enrique VIII para que asumiera la posición de Lord Canciller de
Inglaterra. Tomás Moro aceptó el ofrecimiento y le dio años de
servicio a Inglaterra, viajando como embajador.
Pero no todo fue fácil. El Rey Enrique VIII se involucró
en una situación que no fue aprobada por la Iglesia Católica,
resultando que Enrique rompiera con la Iglesia
definitivamente. El Rey le pidió a todos que hicieran un
juramento apoyando su decisión de dejar la Iglesia y aprobando
que él fuera la cabeza de una Iglesia recién formada, la Iglesia
de Inglaterra.
Tomás Moro estuvo de acuerdo con la primera parte del
juramento pero no con la parte que hacía a Enrique la cabeza
de esta nueva Iglesia.
En 1534, después de años de negarse a prestar el juramento,
Tomás Moro fue arrestado y encarcelado en la Torre de
Londres.
Aunque Margaret sabía que estaba corriendo riesgos al hacerlo,
tenía que ver a su padre. Burló a Tomás Cromwell, el nuevo
secretario del Rey, para que la dejara visitar a su padre. “Sir
Cromwell, estoy segura de poder persuadir a mi padre para
que haga el juramento. Puesto que él escucha mi consejo”.
Cromwell estuvo de acuerdo y mantuvo la celda de su padre
abierta durante la noche. Margaret podía ir y venir a su
antojo. Fue durante esos tiempos que Margaret sacaba las
cartas y escritos de su padre fuera de la Torre. A medida que
el tiempo pasaba, ella sabía que la decisión de su padre se
estaba tornando más grave. “Por favor padre, reconsidera
para que puedas salvar tu vida”.
La respuesta de su padre le demostró su valiente integridad.
“Querida Meg, no puedo en buena conciencia firmar algo que
creo va en contra de la voluntad de Dios. Debo defender lo
que creo que es la Verdad”.
Más tarde, el privilegio de Margaret de visitar a su padre le
fue retirado. Sin embargo, ella encontró formas de enviarle
cartas a él y él a ella. Hasta escribió una oración especial que
agradó mucho a su padre.
El día en que fue condenado por el Tribunal, Margaret estaba
afuera esperando para darle una última mirada a su padre.
Cuando lo vio, sin miedo, corrió entre los guardas que le
rodeaban.
Le echó los brazos al cuello y exclamó, “¡oh, padre, oh, mi
padre!”.
Tomás Moro nunca cedió a hacer algo que él creía iba en contra
de la voluntad de Dios. Sus últimas palabras fueron: “El buen
siervo del Rey, pero de Dios Primero”. ¿Qué piensan que esto
significa? (Permita que los niños respondan.).
Margaret continuó la labor de su padre aún después de su
muerte. Ella se aseguró de que todos sus escritos estuvieran a
salvo y organizados. No pudo completar su objetivo de que los
mismos fueran publicados ya que se enfermó y murió. Sin
embargo, su hija, la nieta de Tomás Moro, sí completó su
trabajo. Y el esposo de Margaret, William, escribió la
biografía de Tomás Moro, la cual nos da mucha de la
información que sabemos sobre él hoy.
CONCLUSIÓN:
Cuando Elizabeth Clare Prophet fue a Inglaterra y se arrodilló
ante la estatua de Tomás Moro en oración, ella sintió como si
estuviera reviviendo la escena como Meg. Después dijo que
Tomás Moro fue el mejor y más grandioso padre que ella tuvo. Él
le enseñó la valentía, y yo estoy seguro que la perseverancia
también.
El amor de Meg hacia su padre era algo más que el amor de una
hija por su padre, demostró el amor del alma de un chela por su
gurú. Nuestro Amado El Morya nos ama a cada uno de nosotros
como nuestro padre. Y podemos llamarle a él y a la amada Gurú
Ma para que nos enseñen cómo ser valientes y perseverantes
especialmente en tiempos difíciles. Vamos a ponernos de pie
ahora y digamos ¡Salve El Morya! y ¡Salve Gurú Ma!, 3 veces cada
uno.
(Pónganse de pie frente al altar y hagan fíats.)
Gracias por compartir durante nuestra historia. Que tengan un
día maravilloso.
Se concede permiso para copiar y compartir esta lección en su totalidad, incluyendo todos los derechos de autor y
la información de contacto. Esta lección no puede venderse ni utilizarse en ninguna forma para obtener ganancias.
Publicado por Montessori International. Copyright © 2014 Summit Publications, Inc. Todos los derechos reservados.
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