Los escogidos de dios

Anuncio
HERRAMIENTAS
(CONCEPTOS)
Cualquier estudio que se considere serio sobre cualquier tema, pero sobre todo dentro de la búsqueda del
conocimiento como medio para llegar a Dios, debe considerar seriamente revisar en la Lingüística, Historia, Arqueología,
Antropología y las ciencias en general, una correcta definición de aquellos conceptos que le serán necesarios para un
apropiado razonamiento y apreciación de los datos, fuentes y en general de las diferentes formas de conocimiento
obtenidas dentro de dicha búsqueda.
Es por ello que nos hemos dado a la tarea de agregar previo a este análisis Bíblico, algunas herramientas conceptuales,
que permitirán a nuestros visitantes un mayor grado de iluminación a la hora de escudriñar las Escrituras, sugerimos no
cesar en la búsqueda siempre de conceptos claros y valederos, y mantener siempre la mente y el corazón puestos en
Dios, confiados en que en el hombre mismo y en la vida de este desde que comenzó todo hasta la fecha, se encuentran
las respuestas que buscamos, que Dios mismo nos ayude a encontrar el camino de regreso a Él, el camino de regreso a
nuestro verdadera morada.
“Si verdaderamente quieres conocer a Dios, busca en el hombre mismo, toma lo que te sirve, desecha lo que no,
recuerda que este fue creado a su imagen y semejanza” Pastor. José Roberto Hidalgo Solano, basado en Genesis 1:26 /
Antropología. (De antropo- y -logía). f. Estudio de la realidad humana. || 2. Ciencia que trata
de los aspectos biológicos y sociales del hombre.
Microsoft® Encarta® 2009. © 1993-2008 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.
Hermenéutica
Hermenéutica, arte de interpretar textos para fijar su verdadero sentido. En un principio se
utilizó en el estudio de la teología y se aplicó específicamente a la interpretación de las Sagradas
Escrituras, pero su uso se ha ampliado desde el siglo XIX hasta abarcar las teorías filosóficas del
significado y la comprensión, así como las teorías literarias de la interpretación textual.
Los teóricos de la hermenéutica del siglo XIX, como Friedrich Schleiermacher y Wilhelm Dilthey,
entendían la comprensión como un proceso de reconstrucción psicológica, es decir, de
reconstrucción, por parte del lector, de la intención original del autor. En este sentido, el texto
es la expresión de los sentimientos de su autor y los intérpretes deben intentar ponerse en el
lugar del autor para revivir el acto creador.
El problema de esta concepción es principalmente su exceso de fe en el género humano:
presupone que todo el mundo tiene la misma capacidad para superar las dificultades que
entraña todo proceso de comprensión. Se basa en la creencia de que es posible alcanzar una
única interpretación correcta. Sin embargo, una visión algo más escéptica de la interpretación
sostiene que no hay razones fundadas para emitir un juicio y por lo tanto se corre el riesgo de
hundirse en la ciénaga del subjetivismo y el relativismo (el descubrimiento de que el
conocimiento no es absoluto). El filósofo alemán Martin Heidegger y su discípulo Hans-Georg
Gadamer describían este dilema como un círculo hermenéutico, en alusión al modo en que la
comprensión y la interpretación, la parte y el todo, se relacionan de manera circular: para
comprender el todo es necesario comprender las partes, y viceversa. Tal es la condición de
posibilidad de toda experiencia y toda investigación humanas. Véase también Procesualismo.
Microsoft ® Encarta ® 2009. © 1993--2008 Microsoft Corporation. Reservados todos los
derechos.
Exégesis
Exégesis, conjunto de procedimientos por los que se llega a comprender un texto. En las
religiones basadas en un libro sagrado, como ocurre en el cristianismo, el trabajo de la exégesis
es permanente, ya que se trata de interpretar un texto para hacerlo más comprensible y
accesible.
En la Iglesia de los primeros siglos eran dos las corrientes exegéticas principales: una
interpretaba el texto de una forma literal y la otra de forma simbólica. Con el tiempo se han
incorporado a la exégesis diversos métodos y procedimientos científicos. El Concilio Vaticano II,
según queda establecido en la constitución 12 Dei Verbum, dice que para conocer lo que Dios
quiso comunicarnos, debe estudiarse con atención lo que los autores querían decir y lo que Dios
quería dar a conocer. Hay que tener en cuenta los géneros literarios y prestar atención al modo
de pensar, de expresarse, de narrar, que se usaba en tiempo del escritor.
Microsoft ® Encarta ® 2009. © 1993--2008 Microsoft Corporation. Reservados todos los
derechos.
Espíritu Santo
Espíritu Santo, en la fe cristiana, la tercera persona de la Trinidad, siendo las otras Dios Padre y
Dios Hijo. En el Nuevo Testamento Jesucristo se refiere al Espíritu Santo como 'el Consolador...
que mi Padre enviará en mi nombre' (Jn. 14,26).
Con lentitud se fue elaborando una teología del Espíritu Santo, sobre todo en respuesta a las
polémicas sobre la relación de Jesucristo con Dios Padre. En el año 325, el Concilio de Nicea
condenó como herejía la doctrina arriana, según la cual el Hijo era una criatura que no era igual
al Padre ni coeterna con él. En el año 381 el Concilio de Constantinopla condenó la prolongación
lógica de esa opinión, que el Espíritu Santo había sido creado por el Hijo. El concilio declaró:
'Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre. Junto con el Padre y el
Hijo recibe adoración y gloria'. Posteriores declaraciones sólo introdujeron un cambio doctrinal
importante, el añadido en el siglo IX de filioque al credo de Constantinopla. Ese añadido, que el
Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo, ha sido fuente de discordia desde entonces entre la
cristiandad oriental y la occidental.
2
El Espíritu Santo es representado en las Sagradas Escrituras por medio de símbolos: la paloma
(Mc. 1,10), simbolizando paz y reconciliación; un torbellino (He. 2) que simboliza la fuerza, y
lenguas de fuego (He. 2) en representación del éxtasis de los creyentes. El Espíritu Santo es
considerado el santificador, que dirige y guía a la Iglesia y a sus miembros.
Microsoft ® Encarta ® 2009. © 1993--2008 Microsoft Corporation. Reservados todos los
derechos.
Pneuma.
m. Fil. Aliento racional que, en la filosofía estoica, informa y ordena el
universo.
Microsoft® Encarta® 2009. © 1993-2008 Microsoft Corporation. Reservados todos los
derechos.
Homilía
Homilía, sermón informal sobre una parte de la Biblia, destinado a explicar la acepción literal y
la significación espiritual o moral del texto. La lectura de la Sagrada Escritura durante los
servicios religiosos públicos y la explicación de sus lecciones en forma popular prevaleció entre
los judíos incluso en tiempos antiguos y fue adoptada por las Iglesias cristianas primitivas. Se
hicieron numerosas colecciones de homilías en tiempos antiguos, y gran parte de la literatura de
la edad media es homiliaria.
Los Libros de las homilías son dos colecciones de sermones, publicadas en 1547 y 1563, que
fueron más tarde combinadas y se consultan con frecuencia en las polémicas sobre las doctrinas
de la Iglesia anglicana.
Microsoft ® Encarta ® 2009. © 1993--2008 Microsoft Corporation. Reservados todos los
derechos.
Inspiración. (Del lat. inspiratĭo, -ōnis). f. Acciónón y efecto de inspirar o inspirarse. ||
2. Ilustraciónón o movimiento sobrenatural que Dios comunica a la criatura. || 3. Efecto de
sentir el escritor, el orador o el artista el singular y eficaz estímulo que le hace producir
espontáneamente y como sin esfuerzo. || 4. Cosa inspirada.
Microsoft® Encarta® 2009. © 1993-2008 Microsoft Corporation. Reservados todos los
derechos.
3
Misticismo
INTRODUCCIÓN
Misticismo, un conocimiento inmediato, directo, intuitivo de Dios o de una realidad esencial,
adquirido por medio de experiencias religiosas personales. Hay grandes variaciones tanto en la
forma como en la intensidad de la experiencia mística. Sin embargo, la autenticidad de tal
experiencia no depende de la forma, sino tan sólo del tipo de vida posterior a ella. La vida
mística se caracteriza por un aumento de productividad, serenidad y alegría, mientras los
aspectos interiores y exteriores armonizan en unión con lo divino. Se han elaborado complejas
teorías filosóficas con el objetivo de explicar el fenómeno del misticismo, incluida su
manifestación en algunos credos seculares en apariencia ateos.
Misticismo. (De místico
2
e -ismo). m. Estado de la persona que se dedica mucho a Dios o a
las cosas espirituales. || 2. Estado extraordinario de perfección religiosa, que consiste esencialmente en cierta
unión inefable del alma con Dios por el amor, y va acompañado accidentalmente de éxtasis y revelaciones. ||
3. Doctrina religiosa y filosófica que enseña la comunicación inmediata y directa entre el hombre y la divinidad,
en la visión intuitiva o en el éxtasis.
Microsoft® Encarta® 2009. © 1993-2008 Microsoft Corporation. Reservados todos los
derechos.
MISTICISMO CRISTIANO
San Pablo fue el primer gran místico cristiano. Los textos del Nuevo Testamento más conocidos
por su marcado acento místico son las epístolas de Pablo y el Evangelio de Juan. Sin embargo, el
misticismo cristiano como sistema procede del neoplatonismo a través de la obra de Dionisio el
Areopagita, o de un filósofo posterior al que se conoce como Pseudo-Dionisio. El filósofo
escolástico del siglo IX, Juan Escoto Eriúgena, tradujo las obras en griego de Pseudo-Dionisio al
latín, introduciendo de este modo la teología mística del cristianismo oriental en la Europa
occidental, donde se fusionó con el misticismo del prelado y teólogo cristiano primitivo san
Agustín de Hipona.
En la edad media, el misticismo estuvo con mucha frecuencia asociado al monacato. Alguno de
los más famosos místicos se encontraban entre los monjes, tanto de la Iglesia oriental como de
la occidental, en particular a los hesiquiastas del monte Athos del siglo XIV en aquélla, y san
Bernardo de Claraval, san Francisco de Asís y San Juan de la Cruz en ésta. El monasterio francés
de Sainte Victoire, cerca de París, fue un centro importante de pensamiento místico durante el
siglo XII. El conocido místico y filósofo escolástico san Buenaventura, fue discípulo de los monjes
de Saint Victor. San Francisco, cuyo misticismo procedía del Nuevo Testamento sin referencia al
neoplatonismo, permanece como una figura dominante en el misticismo moderno. Entre los
místicos holandeses se hallan Jan van Ruysbroeck y Gerardo Groote el Grande, este último
4
religioso reformador y fundador de la orden conocida como los Hermanos de la Vida Común. La
figura de Johannes Eckhart (siglo XIII), mencionado como Maestro Eckhart, es considerada
como el primer místico de la tradición alemana.
Otros importantes místicos alemanes fueron Johannes Tauler y Heinrich Suso, seguidores de
Eckhart y miembros de un grupo llamado los Amigos de Dios. Uno sus miembros escribió la
Teología alemana, que influyó en Martín Lutero. Entre sus prominentes figuras posteriores se
incluye a Tomás de Kempis, conocido autor de la Imitación de Cristo. Entre los místicos ingleses
de los siglos XIV y XV están Margery Kempe y Richard Rolle, Walter Hilton, Juliana de Norwick, y
el anónimo autor de The Cloud of Unknowing, un influyente tratado sobre la oración mística.
Entre los más importantes místicos cristianos hay un importante grupo de mujeres, sobre todo
santa Hildegarda, santa Catalina de Siena y santa Teresa de Jesús. La mística francesa del
siglo XVII Juana María Bouvier de la Motte Guyon introdujo en Francia la doctrina mística del
quietismo.
Por su búsqueda de libertad espiritual, a veces a costa de fórmulas teológicas y disciplina
eclesiástica, el misticismo podría haber contribuido al origen de la Reforma, aunque sin duda
hubiera entrado en conflicto con las autoridades religiosas protestantes como lo hizo con las
jerarquías católicas romanas. La Contrarreforma inspiró los Ejercicios espirituales de san Ignacio
de Loyola. The Practice of the Presence of God de Brother Lawrence fue una obra clásica
francesa del siglo XVII. Los más notables místicos alemanes protestantes de la época fueron
Jacob Boehme, autor de Mysterium magnum, y Kaspar Schwenkfeld von Ossig. El misticismo
también tuvo su expresión en la teología de numerosas sectas protestantes y constituye una
destacada característica entre los anabaptistas y los cuáqueros.
En Nueva Inglaterra, el famoso teólogo congregacional Jonathan Edwards mostró una fuerte
tendencia mística, y el renacimiento religioso que comenzó en su época y que se difundió por
Estados Unidos en el siglo XIX procede en gran medida de su peculiar facultad de asumir
principios místicos y subraya el sentimiento en su modo más intenso como una intuición directa
de la voluntad de Dios. El misticismo se manifestó en Inglaterra en las obras de los platonistas
de Cambridge; en las del escritor piadoso William Law, autor de Serious Call to a Devout and
Holy Life, y en el arte y la poesía de William Blake.
Microsoft ® Encarta ® 2009. © 1993--2008 Microsoft Corporation. Reservados todos los
derechos.
5
OTROS ENFOQUES DE
LA SABIDURIA DE DIOS
DIFERENTES FORMAS DEL PENSAMIENTO HUMANO Y SU CORRESPONDIENTE RAZONAMIENTO,
FUERON DISEÑADAS POR DIOS CON EL FIN DE QUE CADA HOMBRE CUMPLA CON SU
PROPOSITO DENTRO DEL PLAN Y CADA QUIEN APORTE DENTRO DE ESTE, LO QUE A DE
APORTAR. (EN SU MAYORIA LOS CONCEPTOS AQUÍ RECOPILADOS FUERON TOMADOS DE LA ENCICLOPEDIA ESTUDIANTIL
ENCARTA, BAJO CONOCIMIENTO DE ESTOS)
Religión
1
INTRODUCCIÓN
Religión, en términos generales, forma de vida o creencia basada en una relación esencial de
una persona con el universo, o con uno o varios dioses. En este sentido, sistemas tan diferentes
como budismo, cristianismo, hinduismo, judaísmo y sintoísmo pueden considerarse religiones.
Sin embargo, en un sentido aceptado de una forma corriente el término religión se refiere a la fe
en un orden del mundo creado por voluntad divina, el acuerdo con el cual constituye el camino
de salvación de una comunidad y por lo tanto de cada uno de los individuos que desempeñen un
papel en esa comunidad. En este sentido, el término se aplica sobre todo a sistemas como
judaísmo, cristianismo e islam, que implican fe en un credo, obediencia a un código moral
establecido en las Escrituras sagradas y participación en un culto. En su sentido más específico
el término alude al sistema de vida de una orden monástica o religiosa.
Es imposible encontrar una definición satisfactoria de religión o una forma realista de clasificar
los diversos tipos de lo que llamamos religión a causa de las importantes diferencias de función
entre los diversos sistemas conocidos. Un examen y comparación general de religiones sería por
lo tanto engañoso si el material a evaluar fuera asumido en su totalidad como de la misma
naturaleza. Es un accidente histórico que los primeros estudiosos europeos de culturas
extranjeras o primitivas utilizaran el término religión para denominar un fenómeno del que sólo
tenían un conocimiento rudimentario. Llegaron a la conclusión de que las otras culturas debían
tener instituciones del mismo tipo y papeles que las que tenían el cristianismo o el judaísmo en
sus respectivas culturas. Afirmaciones y creencias tan arraigadas como prematuras constituyen
el origen de gran parte de tales discrepancias.
Un examen de las religiones a la luz de los conocimientos más avanzados debe comenzar por lo
tanto limitando el término religión a aquellas instituciones para las que ha sido utilizado de
forma habitual: el judaísmo y sus variantes, el cristianismo y el islam. Aunque esta limitación
resulte algo arbitraria tiene sin embargo el mérito de facilitar una significación más clara
limitándola a instituciones que tengan numerosos puntos de coincidencia.
6
El siguiente paso será examinar las llamadas religiones identificadas en otras culturas, fijando el
grado de equivalencia con el término en su acepción más restringida y utilizando después
nuevos sistemas para clasificarlas cuando no se haya encontrado correspondencia. Dicha
correspondencia no es cuestión de acuerdo o desacuerdo doctrinal, por ejemplo, en cuanto a
nociones de Dios o de conducta moral. Es cuestión de decidir si las instituciones a las que se ha
llamado religiones tienen la misma función en sus diversos contextos culturales como, por
ejemplo, las que cumple una institución como el cristianismo en Occidente.
Otra dificultad que se presenta al intentar examinar las religiones desde el punto de vista
histórico es la noción común de la denominada religión primitiva, como forma de sentimiento y
práctica religiosa humana más antigua y elemental. Sin embargo, no es seguro asumir que las
formas no occidentales de cultura que carecen de desarrollo tecnológico sean por ello
representativas de los primeros pasos en la carrera humana hacia las ideas espirituales. Cuanto
más se sabe sobre diferentes criterios de culturas, más dificultades aparecen para adecuarlas en
un sencillo esquema evolutivo o en un sistema de criterios claro.
Se va a relacionar el tratamiento de la religión con un informe comparativo de las tres formas
principales de conciencia sobre la relación humana con el universo o la deidad; una fundada en
las religiones primitivas, otra en las religiones definidas de una forma más común, y la tercera,
en los diversos sistemas orientales de creencias y prácticas que pueden calificarse como
'caminos de liberación'. Los ritos sociales y morales quedan fuera del ámbito de este artículo.
2 RELIGIONES PRIMITIVAS
La diversidad de sentimientos y comportamientos conocidos como religión primitiva constituyen
un tipo de conciencia que la civilización occidental ha perdido.
2.1 Mundo interior y exterior
El rasgo principal de la conciencia religiosa primitiva, según se ha estudiado en pueblos
polinesios y africanos, es la ausencia de cualquier frontera definida entre el mundo espiritual y el
natural, y por lo tanto entre la mente humana o ego y el mundo circundante. El filósofo francés
Lucien Lévy-Bruhl llamó a esta ausencia de límites participación mística, indicando una sensación
de fusión entre el organismo humano y su medio ambiente. Este sentimiento puede describirse
como correspondiente en su campo a la moderna comprensión intelectual de la interrelación de
la humanidad y la naturaleza en la ciencia de la ecología. Una ausencia de límites similar
predomina también entre los mundos de la experiencia consciente y del sueño, o entre la
voluntad individual y las emociones espontáneas y los impulsos de la psique. Como resultado, el
mundo exterior en su conjunto está cargado de poderes que pueden llamarse mentales o
espirituales. Los objetos materiales, como rasgos estables y comprensibles del mundo exterior,
no existen, ya que todas las cosas parecen comportarse de un modo tan caprichoso como los
acontecimientos en los sueños. Descontrolados, cuando los contenidos de la experiencia se
encuentren en este estado de ánimo, parecerán tan vivos, misteriosos y fascinantes, así como
terroríficos, que toda la naturaleza se verá bañada por una atmósfera impresionante y
misteriosa. El historiador religioso alemán Rudolf Otto se refirió a una atmósfera así llamándola
'numinosa'.
7
2.2 Atmósfera numinosa
En un sentido más amplio, la atmósfera numinosa está ligada al mundo natural en su totalidad y
a cada objeto dentro de él. Un buen ejemplo puede verse en el sintoísmo, una religión 'primitiva'
que se practica actualmente en la sofisticada civilización de Japón. El término sintoísmo (en
japonés, shin, 'espíritu') significa 'el camino de los dioses' o 'el camino del espíritu'. Según el
sintoísmo, cada roca, animal, o corriente tiene su propio shin o kami (en japonés, 'dios' o
'diosa'). Sin embargo, es una equivocación llamar dios a kami en alguno de los sentidos que la
palabra tiene en Occidente; de igual forma el término shin significa 'espíritu' sólo en un sentido
muy vago, ya que se utiliza con frecuencia como una simple exclamación, similar a
'¡maravilloso!'. El sintoísmo no tiene sistema de doctrina, credo, ni ideas religiosas formuladas;
se preocupa por expresar admiración, respeto y temor hacia todo lo que existe. Esta
preocupación implica el tratamiento de cada cosa como si fuera una persona, no siempre en el
sentido de que esté habitada por algún fantasma o espíritu con forma humana, sino en el
sentido de tener una vida misteriosa propia y autónoma que no hay que dar por supuesto.
Como es obvio algunas entidades como el sol, la luna, el océano y ciertas montañas y lugares de
peculiar fuerza y belleza parecen cargadas con mayor fuerza de la atmósfera numinosa que
otras. Como la intensidad de lo numinoso es distinta en cada lugar particular, también los
aspectos o cualidades de la atmósfera difieren. Los antropólogos utilizan a menudo las palabras
polinesias mana y tabú para tipificar los aspectos positivos y negativos de lo numinoso. Cuando
aparece como mana es potente y práctica, pero si lo hace como tabú es temible y prohibida.
En las religiones primitivas no sólo las cosas externas y lugares sino también los seres humanos
resultan a veces susceptibles de ser cargados con lo numinoso de una forma peculiar. El tipo de
persona dotada de acceso especial al mana, o aspecto terrenal de poder en estas religiones, es
el chamán o hechicero. Este papel es muy diferente del sacerdote o pastor en una religión como
el cristianismo, ya que el poder del chamán no tiene un origen tradicional sino personal. Es su
propio descubrimiento particular realizado en solitario a partir de las relaciones con los sueños.
Lo numinoso es más que la sensación de temor y misterio en presencia de un mundo extraño. La
ausencia de una frontera clara entre la mente humana y su entorno, en un mundo en el que
tanto los acontecimientos exteriores como los interiores parecen suceder, provoca éxtasis y
miedos. Entre los navajos, por ejemplo, este aspecto cautivador de lo numinoso es llamado
hozon, término referido a una sensación de intensa belleza y de paz, que puede ser evocada con
rituales de canto, danza y pintura en la arena. Estos rituales de magia compasiva, ya sean para
provocar hozon, lluvia o buenas cosechas, tienen su origen en el mismo sentimiento de fusión
entre el mundo humano y el natural y entre los acontecimientos de la mente y los del mundo
exterior.
8
2.3 Ritual
El ritual tiene un importante papel en las culturas primitivas, aunque no sea reconocible en
sentido alguno como diferente de la llamada actividad práctica. Es más bien un intento para
influir o armonizar uno mismo con el ciclo de la naturaleza mediante la representación
dramatizada o simbólica de acontecimientos tan fundamentales como la salida y puesta del sol,
la alternancia de las estaciones, el cambio de fases de la luna, la siembra y la cosecha anual.
Además, el ritual supone la interpretación externa de los grandes temas míticos que en estas
culturas ocupan el lugar de las doctrinas religiosas. El ritual, como aparece en las religiones
primitivas, puede por lo tanto describirse como una forma de arte que expresa y celebra la
significativa participación de la humanidad en los asuntos del universo y de los dioses.
En culturas donde prevalece este tipo de sentimiento sobre el mundo, ninguna esfera de la vida
es reconocible de un modo concreto como religión. La religión está tan implicada en lo cotidiano
que es imposible distinguir lo sacro de lo profano. Sólo aparecen grados mayores o menores de
lo sagrado. La religión no existe como actividad específica y los miembros de estas culturas
tendrían una enorme dificultad para referirse a su religión. No podrían distinguir los rituales
previos a una buena caza de lo que la cultura occidental llamaría pura técnica de caza. Formas
simbólicas de lanzas, barcos y utensilios domésticos no constituyen para ellos adornos
superfluos sino partes funcionales del objeto, que evocan a mana para su uso práctico.
2.4 Mito
Estas culturas tampoco tienen doctrinas religiosas o conceptos abstractos sobre la naturaleza del
numinoso y su diferencia de todo lo demás. Espíritu es un sentimiento más que una idea; su
lenguaje más apropiado no consiste en conceptos sino en imágenes. Así pues, en lugar de
doctrina religiosa hay mito, o un conjunto asistemático de historias transmitidas de generación
en generación, puesto que estos relatos representan en forma indefinida el significado del
mundo. Según las primeras interpretaciones antropológicas del mito, como la del antropólogo
escocés sir James Frazer, los dioses y héroes míticos personifican los cuerpos celestes, los
elementos; y los llamados espíritus de las cosechas y los rebaños y los mitos son explicaciones
ingenuas de la naturaleza. Una interpretación posterior es la aportada por el psicólogo y
psiquiatra suizo Carl Gustav Jung, que sugirió que los mitos se basan en sueños y fantasías que
dan expresión concreta a los procesos psicológicos inconscientes. Según Jung el inconsciente
psicológico, como el cuerpo humano, tiene más o menos la misma estructura en todos los
pueblos. Esta uniformidad justifica los extraordinarios parecidos entre los temas mitológicos de
culturas de todo el mundo que no están relacionadas entre sí. Estaba convencido además de que
esos procesos inconscientes determinan el desarrollo mental y espiritual de las personas, y que
por esta razón la imaginería mitológica y su representación en el ritual, es un tipo de sabiduría
destinado a consagrar el orden de la vida. Por eso, al creer que una danza tribal ayuda a la
salida del sol, la representación del rito ofrece a los miembros de la tribu un significado, el de
desempeñar un papel significativo en la marcha del universo en su totalidad.
Una explicación del mito, en cierto modo similar, ofreció el investigador cingalés Ananda
Coomaraswamy en sus estudios sobre cultura india e indonesia; creyó que los grandes temas
míticos eran parábolas de una filosofía intemporal, un conocimiento intuitivo del destino y la
9
naturaleza humana que siempre ha estado accesible a quienes en verdad desean sondear las
profundidades de la mente humana. La filósofa americana Susanne K. Langer sostiene que el
mito proporciona el primer ejemplo de ideas generales y, por lo tanto, de pensamiento
metafísico. Según Langer el lenguaje está mejor capacitado para expresar ideas nuevas por
medios metafóricos que por medios literales. Quizá haya que abandonar la suposición de que los
mitos solar y de la fertilidad son intentos rudimentarios para explicar fuerzas naturales, como las
explica la ciencia. Así como las culturas con mitos no distinguen entre espíritu y naturaleza, o
religión y vida, tampoco discriminan verdad simbólica o fantasía de verdad literal o realidad. No
se trata de confundir mito con realidad, puesto que la idea de realidad literal aún no se ha
planteado.
3 LAS RELIGIONES
Las religiones surgen en culturas donde sus componentes han desarrollado un fuerte sentido de
diferenciación entre mente humana y entorno natural, conciencia subjetiva y realidad objetiva, y
por lo tanto entre espíritu y materia. Este sentido de diferenciación va ligado al desarrollo de
civilizaciones agrícolas estables, donde la división del trabajo requiere que los individuos
desempeñen papeles diferentes en la comunidad. En las culturas cazadoras, cada individuo
varón es maestro en todas las artes necesarias para la supervivencia, pero en las culturas
agrícolas se requiere un grado de cooperación mucho mayor entre individuos con diferentes
artes y papeles. Tal cooperación exige a su vez formas más precisas de comunicación entre las
personas y por lo tanto de convención, o común acuerdo, respecto a los símbolos de
comunicación, en especial a lo que atañe al lenguaje y a su cometido.
3.1 Lenguaje, convención y roles
Un lenguaje es más eficaz cuanto más amplio es su vocabulario. Un gran número de palabras
indica además un alto grado de conciencia en la distinción entre cosas y entre acontecimientos
diversos. Cada palabra es el signo distintivo de un tipo de experiencia, y el fundamento de la
clasificación consiste en que discrimina unas cosas de otras. La necesidad de desempeñar
diferentes papeles en la comunidad también distingue a unos individuos de otros y para evitar
confusiones requiere que los individuos se identifiquen con sus deberes. Muchos nombres, por
ejemplo herrero, panadero, sastre, carpintero y calderero, indicaban en principio roles
desempeñados en sociedad. La palabra latina persona procede del término que confería valor
simbólico a las máscaras que llevaban los actores en el teatro grecorromano, y a su vez cada
una de las máscaras identificaban los papeles que interpretaban los actores. Las personas
desarrollaron una conciencia de su unicidad y separación de los demás, basada en parte en la
aceptación de roles particulares en la sociedad.
La separación de los individuos por el rol y la creciente percepción de la distancia respecto al
mundo por el lenguaje, se produjo a través de una convención, que es a la vez divisiva y
cohesiva. Sin embargo las convenciones son complejas y se aprenden con cierta dificultad. Por
eso las diferencias pactadas por la sociedad tienen que ser respetadas, lo mismo que ocurre con
los niños, que deben ser disciplinados para aprender un idioma y para manejar las reglas de los
juegos, del protocolo o las morales. La propia vida de la comunidad depende de la observación
de las convenciones de comunicación. La instrumentalidad de una religión consiste además en
10
garantizar el sistema completo de convenciones o las reglas de pensamiento y lenguaje,
conducta y rol. Para el judaísmo y el cristianismo la idea de salvación es inseparable de la idea
de pertenecer a una comunidad, la del llamado pueblo elegido; es decir, la Iglesia, considerada
como un conjunto de miembros o una asamblea (en latín ecclesia) sea Israel o la comunión de
los santos.
Las relaciones entre un sistema de convención social y un sistema de creencias sobre el universo
requieren una explicación adicional. La convención social incluye recursos como gramáticas,
vocabularios, números y signos, sin los cuales una persona puede percibir el mundo pero no
pensar sobre él. El lingüista americano Benjamín Lee Whorf sugirió que la estructura del
lenguaje, es decir del instrumento de reflexión de una persona, determina la opinión de ese
individuo sobre la estructura de la naturaleza. Por eso es comprensible que tanto las tradiciones
religiosas semíticas como la indo-aria conciban el universo como si hubiera sido creado por la
palabra de Dios. Si el mundo es explicado, dominado y descrito por el pensamiento, es natural
suponer que haya sido creado por el pensamiento, y que las leyes de la naturaleza que la
reflexión descubre son la palabra o la ley de Dios, subyacente al mundo como una pauta
primordial.
Puesto que una cultura elabora una imagen coherente y ordenada del mundo, es natural que sus
miembros crean que el poder de lo numinoso que está tras el mundo sea coherente y ordenado,
y que tenga unidad. Su comprensión progresiva de que el orden natural del mundo tiene un
modelo inteligente aparece acompañada de la sensación de que ellos no inventaron este modelo,
aunque lo hubieran descubierto, que alguien debe conocer en su totalidad. Por lo tanto ellos lo
atribuyen a una inteligencia diferente de la propia. Cuanta más gente aprecia la complejidad del
modelo más se maravilla de la inteligencia que hay en su trasfondo, y a partir de ahí se
comienza a formular una concepción madura de Dios, como un ser que excede en sabiduría y
poder, y que es inmensurable y más grande que cualquier mortal. De esta forma, contemplando
la maravilla de su propia estructura física, el salmista de la Biblia escribió: 'maravillosa por
extremo es para mí esta ciencia; sublime; no la entiendo' (Sal 139,6).
3.2 Teísmo
Religión en este sentido, es teísmo, sin excepciones. Implica la creencia en un dios personal,
vivo y espiritual, distinto del mundo que ha creado de igual forma que la mente humana se
siente distinta de aquello que conoce. Existen, sin embargo, diversas formas de teísmo. El
Antiguo Testamento muestra un progreso desde henoteísmo (creencia según la cual existe una
deidad suprema y otras inferiores) a monoteísmo (creencia de que este dios es el único Dios y al
que se debe temor y fidelidad absolutos). Otras variantes son el politeísmo, creencia en muchos
dioses derivada del paganismo y que suele incluir al menos una vaga percepción de que lo
mucho es un aspecto de lo uno; el panteísmo, creencia de que Dios engloba todas las cosas en
el universo (aunque este tipo de creencia sea en la historia una idea filosófica más que una
creencia religiosa); y panenteísmo, una creencia según la cual cada criatura es un aspecto o una
manifestación de Dios, que es concebido como el actor divino que desempeña a la vez los
innumerables papeles de humanos, animales, plantas, estrellas y fuerzas de la naturaleza.
11
La religión es por lo tanto fe comunitaria en, y conformidad con, el modelo que el pensamiento
descubre o ha sido revelado, como voluntad o mandamiento de la inteligencia que se encuentra
más allá del universo. La comunidad se vincula a este modelo como pauta de vida, que consiste
en tres elementos: el credo, el código y el culto. Credo es la fe en el modelo revelado y en la
inteligencia divina que lo constituyó. Código es el sistema de leyes humanas y morales que
cuentan con sanción y autorización divina, que incluye las reglas de participación activa en
sociedad. Culto es el ritual de ceremonias o actos simbólicos por medio de los cuales la
comunidad pone su conciencia en armonía con la mente de Dios, ya sea mediante danzas
ceremoniales o reconstrucciones dramatizadas de las acciones de Dios, o por el sacrificio de
alimentos celebrados en común por Dios y su pueblo. La misa cristiana o la comunión procede
de este último tipo.
3.3 Salvación
La salvación religiosa es en síntesis la idea de la incorporación a una comunidad divina, a través
del sometimiento a los deseos de Dios. En fases posteriores de la tradición semítica, la salvación
comenzó a englobar la idea de la supervivencia más allá de la muerte, primero mediante la
resurrección milagrosa del cuerpo y después, como resultado de las influencias griegas, en
virtud de la mortalidad inherente del alma. Sin embargo, la salvación quedaba subordinada y
condicionada al ingreso en la comunidad divina. Después de la muerte, aquellos que no se han
incorporado son proscritos espirituales enviados, por ejemplo, al gehena judaico, al infierno
cristiano o al iblis islámico. Por otra parte, la salvación después de la vida mortal es concebida
como un estado de íntima unión con Dios en el que, sin embargo, se mantiene la personalidad
diferente de cada miembro.
Aunque se considera que salvarse depende del cumplimiento de una regla de vida, todas las
tradiciones religiosas reconocen que por sus propias facultades las personas no puede cumplir
las condiciones de salvación. Las escrituras hebreas, que judaísmo, cristianismo e islam
consideran de revelación divina, contienen la idea de una caída inicial, o pecado original,
cometido por el primer hombre y la primera mujer, Adán y Eva, y como consecuencia, la
voluntad humana está en esencia pervertida por el egoísmo y la soberbia. Por lo tanto, la
salvación es imposible sin ayuda divina. Las tres religiones enseñan lo mismo, que Dios es sobre
todo amor y misericordia y que su objetivo final es la redención de toda la humanidad. Cuando
los individuos se arrepienten de sus faltas, Dios ofrece su gracia con generosidad; es decir, la
salvación considerada como un premio para quienes no la merecen. En la tradición cristiana, el
único mediador o dador de gracia es el Jesús de Nazaret histórico, considerado como la
personificación humana o encarnación del propio Dios. Jesús ama tanto al mundo que viene a
sufrir su dolor, a soportar su carga, y a transformarlo desde dentro.
Por lo tanto, en el presente esquema de clasificación, judaísmo, cristianismo e islam pueden
llamarse las tres 'religiones mundiales', es decir, religiones que tienen como ideal la totalidad de
la especie humana.
Otras creencias de carácter más local se adaptan a la definición de religión, aunque estén más
vinculadas concretamente con determinados esquemas de cultura. Estas creencias surgen de la
comunidad sij en India y el zoroastrismo, la religión de los persas, en India e Irán. Entre ciertas
12
formas de religión, que ya no se practican, figuran los cultos de Ra y Osiris del antiguo Egipto y
los misterios clásicos del mundo grecorromano.
4 LOS CAMINOS DE LA LIBERACIÓN
En Asia existen ciertos tipos reconocidos de experiencia espiritual que en Occidente tienen lugar
sólo de una forma casual y con un reconocimiento mínimo de las tradiciones religiosas oficiales.
Estos tipos de experiencia no deberían identificarse siempre con el misticismo, o el sentimiento
de unión con Dios, que puede producirse en un contexto teístico y religioso. Por lo tanto parece
más apropiado utilizar un concepto como 'caminos de liberación' para describir estas formas de
experiencia espiritual, ya que todas ellas se ocupan de la emancipación de la conciencia humana
de ideas y sentimientos provocados por los condicionamientos sociales. Es decir, por los propios
sistemas de convención que garantiza una religión, en el sentido habitual del término. Estos
caminos, sin embargo, no deberían ser considerados antirreligiosos, ya que no pretenden
destruir la religión y la convención sino utilizarlas sin verse condicionados por ellas. Intentan
superar el concepto del mundo, adquirido a través del uso del pensamiento y el lenguaje;
consideran que este concepto favorece divisiones y diferencias y tiende a hacer que las personas
desatiendan su inseparabilidad del universo total. Entre los principales caminos de liberación
están los que aparecen en el hinduismo (de forma muy clara en el vedanta y el yoga), el
budismo y el taoísmo.
4.1 Hinduismo
Dentro de la complejidad cultural del hinduismo, que se puede considerar panenteísta, existen
una serie de darshana o puntos de vista también legítimos, que el individuo puede adoptar. Los
más notables son el vedanta, basado en las doctrinas de los Upanisad, un conjunto de escritos
poéticos; y el yoga, una forma de meditación que se considera nativa de la India. Tanto el
vedanta como el yoga se ocupan de la liberación del mundo, considerado como una ilusión de
realidad.
Lo más frecuente es que no se estudie el vedanta o el yoga hasta que el individuo ha llegado a
la mitad de su vida, se ha establecido en su casta, que puede ser considerada su rol o vocación,
y está preparado para transmitir sus obligaciones sociales a los hijos. Por eso el vedanta y el
yoga no suelen enseñarse a los niños, como se hace con las Escrituras y las creencias de una
religión como el cristianismo, sino sólo a los adultos ya disciplinados en los caminos de la
sociedad. Estos caminos implican renunciar en concreto a la propia identidad, abandonar la tarea
de mantener las obligaciones sociales y prepararse para morir, y esto se explica porque la
muerte, cuando le llega a una persona que todavía cree que es un individuo aislado, se
considera una calamidad.
Según el vedanta, la idea de que el mundo es una pluralidad de cosas distintas es considerada
maya o una ilusión, producto de la forma convencional de pensamiento. Puesto que maya tiene
la significación original de 'medir', el mundo se considera medido o señalizado por estas
divisiones y clasificaciones de la experiencia humana, que hacen posible las palabras y las ideas.
Para describir una curva complicada hay que medirla como si constituyera una serie de puntos
distintos. De la misma forma, para describir y pensar sobre la naturaleza hay que desglosarla en
13
unidades o términos manejables; es decir, cosas y acontecimientos. Este procedimiento, útil en
todo caso, sugiere que los acontecimientos son separables entre sí, que uno podría suceder sin
el otro, y que el placer podría existir sin dolor o la vida sin la muerte. Una impresión parecida
predomina respecto a la separabilidad de las cosas.
El vedanta sostiene que todas las distinciones son relativas entre sí y que contrarios como el
conocedor y lo conocido, o el sujeto y el objeto, son distinciones tan indisolubles como las dos
caras de una moneda. En otras palabras, el mundo sólo se puede separar en cosas
independientes mediante el pensamiento. En la realidad concreta el mundo es una unidad
inseparable o, de forma más precisa, una no dualidad, ya que la unidad es también un
pensamiento o idea que sólo existe en relación con la idea de diversidad. El verdadero estado del
mundo no es unidad o multiplicidad. El verdadero estado del mundo es más bien inmensurable,
indescriptible e indefinible.
Un hombre, por lo tanto, puede reconocer que en su más profunda consciencia (atmán, en
hinduismo) no es ese individuo separado sino un brahman o la indefinible totalidad. Sin embargo
ha sido inducido a considerarse como un ser separado por el necesario carácter divisivo del
pensamiento. No se puede decir qué es el brahman, ya que la realidad básica del mundo no
pertenece a clase alguna a la que se pueda aplicar una palabra. Aunque un brahman no pueda
ser captado en palabras o ideas, puede sin embargo ser experimentado, y la realización de esta
experiencia es la función del yoga. Esta realización consiste en la llamada unificación de
consciencia; es decir, en la renuncia transitoria de todo pensamiento divisivo y en el abandono
de todas las ideas y conceptos sobre la vida. El mundo podrá ser experimentado entonces en su
estado original, real e inseparable.
Este tipo de experiencia no significa, como podría suponerse, dejar la mente en blanco, lo mismo
que la realidad concreta de la naturaleza no es la colección de cosas separadas que concibe el
pensamiento, ni un mero espacio vacío. Si el estudioso de las religiones comparadas fuera a
preguntar a un cristiano y a un vedantista por sus ideas de lo que es real con carácter definitivo,
el vedantista quedaría en silencio o diría lo que no es, mientras que el cristiano describiría los
atributos positivos de Dios, es decir, su amor, sabiduría e inteligencia. El estudioso podría
asumir por lo tanto que este último reconoce un Dios que existe de un modo demostrable, y el
primero un dios que es casi nada en absoluto.
Se utilizan dos diferentes modos de hablar para caracterizar experiencias espirituales. La
expresión religiosa se parece a intentar describir el color a una persona ciega diciendo con qué
color podrían compararse, por ejemplo, las variaciones de temperatura. La vía de liberación
intenta al parecer describir a la persona ciega lo que no es color. Ambas formas de hablar serían
válidas. Una religión expresa la realidad última en términos específicos tales como los del
pensamiento y la imaginación, y de este modo su concepto de Dios queda determinado y
definido. Una vía de liberación dejaría el pensamiento al margen, en favor de la experiencia
directa y del sentimiento, y por esta causa su concepto sería indeterminado e indefinido.
14
4.2 Budismo
El budismo, la doctrina de Gautama Buda, surge como un movimiento de clarificación y reforma
del hinduismo.
En muchos aspectos, los objetivos del budismo son los mismos que los del vedanta y el yoga.
Gautama Buda, sin embargo, evitó dar nombre, incluso el más simple, a aquello que se
considera básicamente real, ya en su aspecto universal en cuanto brahman como en su aspecto
humano, el yo más profundo o atmán. Creía que tales términos eran transformados en ideas y
formas de pensamiento con tanta facilidad que restarían valor a la experiencia directa. Su
doctrina era que las personas sufren a causa de la avidya, o ignorancia, de la total relatividad
del mundo de las cosas y los hechos. El pensamiento es avidya ya que es un proceso de
ignorancia, es decir, no puede concentrase en ningún aspecto de la experiencia sin ignorar todos
lo demás. Es una forma de contemplar la vida faceta por faceta y no como totalidad, y conduce
a su vez al apresamiento (trishna, en el budismo) o intento de arrebatar las partes deseables de
experiencia del conjunto; sin embargo, puesto que el bien se halla siempre asociado al mal, esta
separación jamás puede realizarse. Del mismo modo, no se puede experimentar un sólido sin un
espacio circundante, estando espacio y sólido relacionados entre sí. Abandonar la codicia
conduce al ideal budista de nirvana, que Gautama Buda se negó a definir excepto en términos
negativos, como el vedantista define la liberación.
La doctrina de Gautama Buda conduce a un malentendido al que vedanta es propenso también:
que se puede buscar la liberación como un escape del sufrimiento o como un permanente estado
de beatitud. Líderes religiosos budistas posteriores, en especial los de la escuela Mahayana,
corrigieron este malentendido señalando que la búsqueda del nirvana como un escape seguía
siendo codicia. Por eso su ideal del individuo sabio iba más allá del más antiguo concepto hindú
de abandono del mundo, es decir, del mundo social, como preparación para la muerte. Incluía el
regreso a la actividad plena de la sociedad una vez liberado, hasta el punto en que, libre del
miedo, uno pudiera dedicarse a practicar actos de compasión con quienes siguen en la esclavitud
de maya. Sin embargo la doctrina budista propugna moralidad y piedad, no como un
mandamiento sino como una acción voluntaria, a la que la persona libre se compromete sin
esperanza de recompensa ni temor a recibir un castigo. En el budismo no aparece ningún
pensamiento donde se presente la conducta moral como obediencia a un modelo divino, ya que
considera las normas morales como reglas de gramática, es decir, convenciones humanas
necesarias para la existencia social, aunque sin ninguna autoridad absoluta.
Aunque Buda no dio nombre a lo que consideraba realidad absoluta, los maestros budistas
posteriores hablaron del verdadero estado del mundo como sunyata, o 'vacío', significando más
en concreto 'vacío de cualquier característica definible' o 'inclasificable'. Esta actitud filosófica no
equivale en sentido alguno al ateísmo o nihilismo occidentales, ya que lo que está vacío no es la
propia realidad sino cada una de las ideas en que la mente humana intenta apresarla.
15
4.3 Taoísmo
Atribuido a los filósofos chinos Lao-tsé y Zuang-zi, el taoísmo es la forma específica china de un
camino de liberación. En ciertos aspectos se parece al budismo y esa es la razón de que se
utilizaran términos taoístas en la traducción de textos budistas del sánscrito al chino. Sin
embargo, se aparta más aún que el budismo de los conceptos occidentales de una religión; debe
su origen a filósofos adscritos a una corriente surgida del fácil de seguir escepticismo filosófico
chino, que estudia la utilidad de la discriminación intelectual y lingüística, y tiene poco que ver
con los dioses, los espíritus o los cultos. Como el vedanta y el yoga, el taoísmo fue adoptado en
general por personas mayores que habían desempeñado su papel en sociedad según los
esquemas básicos de convención proporcionados por el confucianismo en China. En común con
el budismo Mahayana, el taoísmo permite el regreso del sabio liberado a los asuntos materiales.
Su texto principal, el Tao Tê –King o Daodejing, atribuido a Lao-tsé, fue escrito como un manual
de consejos para los gobernantes.
El verdadero taoísmo, tal como aparece en las doctrinas de Lao-tsé y Zuang-zi, debe distinguirse
con el máximo cuidado del culto taoísta de adivinación, alquimia y magia, que solo tiene de
taoísta el nombre; es más bien una supervivencia de la religión china nativa. El taoísmo puro
nunca llegó a organizarse y ha seguido siendo la obra de investigadores y filósofos
independientes, tanto en China como en Japón, durante más de 2.000 años. Considera el
universo natural como la operación del tao, que elude toda comprensión verbal e intelectual. La
experiencia del tao debe realizarse a través de guan ('contemplación silenciosa de la naturaleza')
y de wu-wei ('la ausencia de tensión mental y física'), que representan el equivalente a la actitud
budista del no apresamiento. El taoísmo subraya con insistencia la unión del individuo y la
naturaleza, sugiriendo que el control del entorno puede lograrse no luchando sino cooperando
con él, como un marinero que cambia el rumbo de su embarcación cuando el viento se pone en
contra. El taoísmo es la filosofía subyacente en el jujitsu, la llamada forma cortés de defenderse
basada en el empleo de la propia fuerza del adversario para derrotarlo. De la misma forma,
enseña que uno debe controlarse confiando, más que oponiéndose, en los sentimientos e
instintos naturales propios, canalizándolos en la dirección que uno quiera que tomen en lugar de
resistirse a ellos.
5 RELIGIÓN COMPARADA
El estudio de las tradiciones religiosas del mundo coincide con la expansión política y económica
de Europa occidental.
5.1 Primeros investigadores occidentales
Los misioneros jesuitas del siglo XVII incluían con especial relevancia a los italianos Matteo Ricci
en China y Roberto de Nobili en India, y el español san Francisco Javier en Japón. En el siglo
XVIII se despertó un gran interés entre los investigadores y los filósofos por las traducciones
latinas de textos confucionistas y taoístas realizadas por los jesuitas. Durante cierto tiempo se
idealizó la cultura china, especialmente por los deístas, que encontraron en ella pruebas para su
tesis de que la moralidad podía crecer sin religión dogmática. Entre los pioneros en este campo
16
están los filósofos alemanes Johann Gottfried von Herder y George Friedrich Wilhelm Hegel, y el
filólogo británico Friedrich Müller. Su trabajo lo continuaron el filósofo británico Edward Caird en
The Evolution of Religión (1894) y el teólogo holandés Cornelius Petrus Tiele en Elements of the
Science of Religión (1897-1899). Pero debe destacarse la obra del filósofo y psicólogo
estadounidense William James en Las variedades de la experiencia religiosa (1902), primer
estudio serio de psicología de la religión.
5.2 Siglos XIX y XX
En los siglos XIX y XX hubo notables aportaciones especializadas al estudio de la religión
comparada en los trabajos chinos realizados por el investigador francés Noël Julien, llamado
Stanislas Julien, y por el misionero jesuita Leon Wieger; en los estudios budistas del indianista y
filólogo holandés Jan Hendrik Kern y del orientalista británico Thomas William Rhys Davis; en el
estudio del vedanta del filósofo e investigador de sánscrito alemán Paul Deussen; los estudios
sobre taoísmo y confucianismo del misionero y sinólogo británico James Legge, y en los estudios
relativos a la India del investigador sánscrito sir Monier Monier-Williams.
Gran parte de la obra sobre religiones comparadas la emprendieron misioneros que buscaban
puntos en común entre las creencias ajenas y el cristianismo, así como algunas pruebas de la
superioridad espiritual del cristianismo. Los filólogos realizaron otro trabajo, cuyo interés residía
en la forma lingüística más que en el contenido de los escritos sagrados de otras culturas. Sin
embargo, el conflicto progresivo entre religión y ciencia en el mundo occidental a finales del siglo
XIX y principios del XX tuvo como resultado un general descontento de las variantes
fundamentalistas de la creencia cristiana. Este descontento llevó a su vez a una actitud más
comprensiva hacia el resto de las religiones. En este siglo, el estudio de las formas de liberación,
en particular, ha realizado importantes avances, ayudado sobre todo por la obra de eminentes
investigadores asiáticos como los indios Surendra Nath Dasgupta y sir Sarvepalli Radhakrisnan,
los japoneses Daisetzu Teitaro Susuki y Junjiro Takakusu, el chino Fung Yu-lan y el cingalés
Ananda Coomaraswamy.
En las tres décadas anteriores a su muerte, el nombre del historiador de las religiones
norteamericano, de origen rumano, Mircea Eliade se convirtió en sinónimo de los estudios
comparativos. Investigó lo sagrado en creencias, ritos y experiencias religiosas de todos los
pueblos y de todas las culturas.
Microsoft ® Encarta ® 2009. © 1993--2008 Microsoft Corporation. Reservados todos los
derechos.
Predestinación. (Del lat. praedestinatĭo, -ōnis). f. Destinación anterior de algo. || 2.
Rel. por antonom. Ordenación de la voluntad divina con que ab aeterno tiene elegidos a quienes
por medio de su gracia han de lograr la gloria.
Microsoft® Encarta® 2009. © 1993-2008 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.
17
Predestinación
1
INTRODUCCIÓN
Predestinación, en la teología cristiana, enseñanza en la que el eterno destino de una persona
viene predeterminado por la inalterable ley de Dios. Sin embargo, la predestinación no implica la
irremediable negación del libre albedrío. La mayoría de los exponentes de la doctrina ha
mantenido que sólo es el destino final del individuo el que está predeterminado, no las acciones
del individuo, que siguen siendo fruto de la libre voluntad. La doctrina toma por costumbre una
de las dos formas: predestinación única o predestinación doble.
2
PREDESTINACIÓN ÚNICA
La predestinación única es la menos severa de enseñanza. Se basa en el conocimiento de la
presencia de Dios y de su amor, y en la aceptación concurrente de que Dios garantiza el don de
su presencia como un acto de gracia absoluta. Con el fin de subrayar que el don de Dios está, de
forma independiente, determinado por él y no es, bajo ningún concepto, una respuesta a ciertos
actos humanos, algunos cristianos han afirmado que su relación con Dios depende sólo de Él y
de su eterna ley establecida antes de la creación del mundo.
Este punto de vista sólo se menciona en dos ocasiones en el Nuevo Testamento, en Romanos 8
y Efesios 1. 'Porque a los que conoció de antemano, los destinó también desde el principio a
reproducir la imagen de su Hijo... Y a los que desde el principio destinó, también los llamó y a
los que llamó, también los puso en camino de salvación; y aquellos a quienes puso en camino de
salvación, les comunicó su gloria' (Rom. 8, 29-30). Estos versos llevan consigo la idea de la
predestinación única, porque sólo están relacionados con la predestinación de la vida con Dios.
3
PREDESTINACIÓN DOBLE
La predestinación doble es la consecuencia que se deriva de la predestinación. Si algunos
pueden disfrutar de la presencia de Dios por su eterna ley, otros deben entonces estar
separados de Dios toda la eternidad, también de forma inapelable. Debido a que la salvación y la
gloria están predestinadas, se comprende que la condena y la destrucción pueden también ser
predestinadas. El primer teólogo que anunció una doctrina de predestinación doble fue san
Agustín en el siglo V. Sin embargo, no tuvo muchos sucesores. El exponente más conocido de la
predestinación doble fue Juan Calvino: 'Llamamos predestinación a la eterna ley de Dios,
mediante la cual determina en sí mismo lo que Él desearía ser para cada hombre. Debido a que
no todos han sido creados en igualdad de condiciones; mejor dicho, para algunos la vida eterna
es ordenada de antemano, para otros la eterna condena'. (Institutio 3. 21. 5).
Después de san Agustín, los teólogos católico-romanos rechazaron la predestinación doble,
insistiendo en que no existe ninguna predestinación hacia el mal y que aquellos que sufren
condena son los únicos responsables de ello. Los anglicanos se han sumado también a la
18
doctrina de la predestinación única. En el siglo XVII, el teólogo protestante holandés Arminio,
cuyas enseñanzas inspiraron el movimiento llamado arminianismo, criticó la injusticia de la
doctrina calvinista sobre la predestinación y formuló una versión modificada de ésta que permitía
la libre voluntad humana. Los teólogos protestantes liberales han tendido a ignorar o negar la
predestinación tanto en su forma única como doble. La afirmación más influyente de la doctrina
de la predestinación única fue realizada en el siglo XX por el teólogo suizo Karl Barth, quien
sostenía que la voluntad de Dios se revela en Jesucristo, y que todos son elegidos a través de Él.
Así, la doctrina de la predestinación es prácticamente universalista, es decir, todos tenemos
prometida la salvación.
Microsoft ® Encarta ® 2009. © 1993--2008 Microsoft Corporation. Reservados todos los
derechos.
Filosofía
1 INTRODUCCIÓN
Filosofía, término derivado del griego, que significa ‘amor por la sabiduría’. Esta definición
clásica convierte a la filosofía en una tensión que nunca concluye, en una búsqueda sin término
del verdadero conocimiento de la realidad.
2 RASGOS DE LA FILOSOFÍA
Es posible, sin embargo, ofrecer una descripción de la filosofía como ‘saber racional totalizante,
crítico de segundo grado’. La filosofía es una forma de conocimiento que pretende ofrecer
explicaciones de los temas que analiza empleando la razón y los argumentos racionales (a
diferencia de la fe o la autoridad). En segundo lugar, la filosofía es un saber de tipo general y
totalizante, pues pretende ofrecer respuesta a cuestiones de tipo general y mantiene siempre
una perspectiva totalizante sobre las mismas. En tercer lugar, la filosofía es un saber crítico,
pues analiza los fundamentos de todo lo que considera y nunca se limita a aceptarlos de forma
ingenua. Finalmente, la filosofía es un saber de segundo grado, que emplea los datos y
contribuciones de las ciencias, que son siempre un conocimiento de primer grado sobre la
realidad.
3 CARÁCTER INTERDISCIPLINAR E INTERROGATIVO
La filosofía es un saber eminentemente interdisciplinar, ya que emplea las aportaciones de
diferentes disciplinas científicas y de distintos tipos de saber, sin limitarse a ninguno de ellos; en
este sentido, la filosofía va más allá de las habituales especializaciones del saber científico. Este
rasgo es una derivación de su carácter general y crítico. Debe señalarse que en filosofía posee
un gran valor la actitud interrogativa, y se ha dicho que en ella son más importantes las
preguntas que plantea que aquellas respuestas que pueda ofrecer: tal consideración es
consecuencia del carácter crítico que caracteriza a la filosofía.
19
4 FILOSOFÍA TÉCNICA
Aunque suele afirmarse que todo hombre o mujer es un filósofo, la filosofía ha desarrollado a lo
largo de su historia un conjunto de conceptos y métodos que conforman una técnica y una
sensibilidad conceptual muy determinada; de ahí que sea necesario destacar el carácter técnico
que posee gran parte del trabajo filosófico. Es éste un rasgo que no ha hecho sino aumentar en
los dos últimos siglos, cuando el análisis filosófico se ha visto enriquecido con un elevado nivel
de complejidad, que exige un conocimiento especializado.
5 PROBLEMAS INTEMPORALES
Es evidente que muchos de los análisis que se realizan en filosofía mantienen una cierta
conexión con la sociedad y la época en la que esos análisis se han realizado. Sin embargo,
muchos de los problemas filosóficos poseen un carácter general que sobrepasa el marco
histórico y social en el que han surgido. Esto es lo que explica, en cierto modo, el carácter
intemporal de algunas de las cuestiones filosóficas más relevantes, como es la pregunta por el
ser, el sentido del cambio, el concepto de sujeto, la estructura de la trascendencia o el alcance
del conocimiento.
6 RAMAS DE LA FILOSOFÍA
Es posible distinguir varias áreas de investigación filosófica: ontología y metafísica (análisis
crítico de la estructura de la realidad); teoría del conocimiento, epistemología o gnoseología
(análisis del origen, estructura y alcance del conocimiento); lógica (estudio del razonamiento o
argumento válido); ética (teoría de la acción humana y de sus valores); estética (teoría de la
belleza y del arte); y, por supuesto, la historia de la filosofía, en cuanto ésta no se limita a una
exposición de las distintas doctrinas filosóficas, sino que pretende reconstruir críticamente
determinadas argumentaciones o sistemas filosóficos. Cabe señalar, asimismo, la existencia de
una variedad de análisis filosóficos de determinadas ramas de la ciencia o de la actividad
humana, que constituyen áreas especializadas como son la filosofía de la historia, la filosofía de
la ciencia, la filosofía del derecho o la filosofía de las ciencias sociales, entre otras.
Microsoft ® Encarta ® 2009. © 1993--2008 Microsoft Corporation. Reservados todos los
derechos.
Relativismo
Relativismo, término que posee distintos significados en diferentes ramas de la filosofía. En
teoría del conocimiento, se entiende por relativismo la imposibilidad de que existan verdades
absolutas; al no existir éstas, sólo se puede conocer en forma relativa al contexto y
circunstancia de esas verdades. En ética, el relativismo supone que no es posible considerar algo
que sea bueno o malo absolutamente; es decir, que no hay referencias absolutas para la bondad
o la maldad: éstas siempre dependen de determinadas circunstancias de la acción. Muchas
20
veces se ha identificado relativismo con escepticismo, aun cuando semejante equiparación no es
precisa, ya que el relativismo no plantea una postura tan radical como el escepticismo.
Microsoft ® Encarta ® 2009. © 1993--2008 Microsoft Corporation. Reservados todos los
derechos.
Relatividad. f. Cualidad de relativo. || 2. Fís. Teoría que se propone averiguar cómo
se transforman las leyes físicas cuando se cambia de sistema de referencia. || ~ especial. f. Fís.
La formulada por el científico alemán Einstein, basada en que la luz se propaga con
independencia del movimiento del cuerpo que la emite, y en que no hay ni puede haber
fenómeno que permita averiguar si un cuerpo está en reposo o se mueve con movimiento
rectilíneo y uniforme.
Microsoft® Encarta® 2009. © 1993-2008 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.
Subjetivismo. m. Predominio de lo subjetivo.
Microsoft® Encarta® 2009. © 1993-2008 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.
Esoterismo
Esoterismo, en términos generales, serie de conocimientos cerrados y ocultos para la mayoría
de las personas, pero accesibles para los ya iniciados. En un sentido más estricto, es el conjunto
de enseñanzas, doctrinas o técnicas simbólicas destinadas a unos cuantos iniciados que deben
buscar lo que hay más allá de lo externo, es decir, lo interno, lo que permanece oculto.
El adjetivo esotérico lo aplicó por primera vez Clemente de Alejandría en el año 208 de nuestra
era refiriéndose a las enseñanzas que Aristóteles impartía a sus discípulos ya instruidos. Sin
embargo, todos aquellos discursos que fueron recogidos en un lenguaje común y destinados al
público se denominaron exotéricos. El concepto esoterismo proviene, pues, del adjetivo esotérico,
mientras que exoterismo es lo abierto, lo que no requiere ningún conocimiento previo.
Algunas prácticas exigían una manera de ser —en cuerpo y alma— que adoptara una forma
diferente de aproximarse al mundo: desde el interior y buscando la metafísica de las cosas, es
decir, ir más allá de lo físico. La alquimia o el druidismo serían casos de esoterismo: ambos
exigen una serie de conocimientos ocultos que se proyectan hacia la búsqueda de algo alejado
de los sentidos físicos. Al mismo tiempo, el esoterismo rechaza por naturaleza que esos
conocimientos se divulguen, ya sea porque hay que preservar el secreto (el arcano) para que no
se envilezcan y pierdan su valor, por seguridad (para no exponerse a los peligros de los
experimentos de la alquimia), o por razones políticas (para no ser perseguidos debido a las
prácticas heréticas —véase Herejía).
21
El esoterismo exige, en resumen, la ocultación y el secreto, y es contrario a la propaganda que
pretenden las religiones o las filosofías que buscan adeptos.
Microsoft ® Encarta ® 2009. © 1993--2008 Microsoft Corporation. Reservados todos los
derechos.
Gnosticismo
1
INTRODUCCIÓN
Gnosticismo (del griego gnosis, 'conocimiento revelado'), movimiento religioso esotérico que
floreció durante los siglos II y III y supuso un desafío para la cristiandad ortodoxa. La mayoría
de las sectas gnósticas profesaban el cristianismo, pero sus creencias eran diferentes a las de la
mayoría de los cristianos de los primeros tiempos de la Iglesia. Para sus seguidores el
gnosticismo prometía un conocimiento secreto del reino divino. Chispas o semillas del Ser Divino
cayeron desde este reino transcendental hasta el universo material, que es malo en su totalidad,
y fueron encarceladas en los cuerpos humanos. El conocimiento podría volver a despertar a esos
elementos divinos que de este modo volverían a su propia casa en el reino espiritual.
2
ORÍGENES
Los textos gnósticos no revelan nada de la historia de las sectas y de las vidas de sus maestros
más importantes. En consecuencia, la historia del movimiento tiene que deducirse de las
tradiciones reflejadas en los textos opuestos al gnosticismo. No se ha resuelto la cuestión de si
este movimiento se desarrolló primero como una doctrina no cristiana independiente, pero lo
cierto es que las sectas paganas gnósticas existieron. La mitología gnóstica puede haber nacido
de la especulación judía establecida en Siria y Palestina a finales del siglo I, que a su vez recibió
la influencia de las religiones dualistas persas, de modo preponderante del zoroastrismo. Hacia
el siglo II, los maestros gnósticos cristianos habían sintetizado esta mitología con la especulación
metafísica platónica y algunas tradiciones cristianas heréticas. Los gnósticos cristianos más
importantes fueron Valentín y su discípulo Tolomeo, que fueron influyentes en la Iglesia de
Roma durante el siglo II. Todos ellos, a la vez que seguían formando parte de la comunidad
cristiana, se reunían en pequeños grupos para practicar sus enseñanzas y rituales secretos.
3
MITOLOGÍA
Para explicar el origen del universo material, los gnósticos desarrollaron una complicada
mitología. Del Dios original no cognoscible se habían generado por emanación una serie de
divinidades menores; la última de estas divinidades, Sofia (sabiduría), manifestó el deseo de
conocer al Ser Supremo no cognoscible. De este deseo ilegítimo nació un dios deforme y
malvado, un demiurgo que creó el universo. Las chispas divinas que moraban en la humanidad
habían sido enviadas por Dios para su redención. Los gnósticos identificaban el dios mal con el
Dios del Antiguo Testamento, al que consideraron como el esfuerzo de ese dios para mantener a
la humanidad sumergida en la ignorancia y el mundo material, y para castigarla por su intento
22
de alcanzar el conocimiento. Fue siguiendo esa idea como interpretaron la expulsión de Adán y
Eva del Paraíso, el diluvio y la destrucción de Sodoma y Gomorra.
4
GNOSTICISMO Y CRISTIANISMO
A pesar de que muchos gnósticos se consideraban a sí mismos cristianos, algunas sectas
asimilaron sólo los elementos menores del cristianismo en un conjunto de textos gnósticos no
cristianos. Los cristianos gnósticos se negaban a identificar el Dios del Nuevo Testamento, el
Padre de Cristo, con el Dios del Antiguo Testamento, y elaboraron una interpretación no
ortodoxa del ministerio de Jesús; así, escribieron evangelios apócrifos (como los evangelios de
Tomás y de María) para justificar su afirmación de que Jesús expuso a sus discípulos la
verdadera interpretación gnóstica de sus enseñanzas: Cristo, el espíritu divino, habitó el cuerpo
del hombre Jesús pero no murió en la cruz, sino que ascendió al reino divino del cual había
venido. Los gnósticos rechazaban así el sufrimiento, la muerte expiatoria de Jesús así como la
resurrección del cuerpo terrenal. También rechazaban otras interpretaciones literales y
tradicionales del Evangelio.
5
RITOS
Algunas sectas gnósticas rechazaron todos los sacramentos; otras conservaron el bautismo y la
eucaristía, interpretándolos como signos del despertar de la gnosis. Otros ritos gnósticos
estaban destinados a facilitar la ascensión del elemento divino desde el alma humana hasta el
reino espiritual. Se recitaban himnos y fórmulas mágicas para ayudar a alcanzar una visión de
Dios; otras fórmulas se recitaban en el momento de la muerte para impedir que los demonios
pudieran capturar el espíritu ascendente y encarcelarlo de nuevo en un cuerpo. En la secta de
Valentín se practicaba un rito especial, llamado la cámara nupcial, para celebrar la reunión del
espíritu perdido con su parte celestial.
6
ÉTICA
Las enseñanzas éticas de los gnósticos iban desde el ascetismo hasta el libertinaje. La doctrina
de que el cuerpo y el mundo material son malos llevó a algunas sectas a renunciar al
matrimonio y a la procreación. Otros gnósticos los mantuvieron porque sus almas eran
totalmente ajenas a este mundo, y no importaba lo que en él hicieran. Los gnósticos rechazaron
en general los mandamientos morales del Antiguo Testamento a los que consideraron parte de
los esfuerzos del dios del mal para atrapar a la humanidad.
23
7
FUENTES
La mayor parte del conocimiento que se tiene del gnosticismo viene de los textos cristianos
opuestos a este movimiento de los siglos II y III, que aportan las únicas citas en griego de los
textos gnósticos originales. La mayoría de los textos gnósticos que han sobrevivido están en
copto, lengua a la que fueron traducidos cuando los gnósticos se fueron a Egipto a finales del
siglo II y III. En 1945 un campesino egipcio encontró 12 códices que contenían más de 50
escritos gnósticos en copto cerca de Nag-Hammadi; se ha determinado que estos códices fueron
copiados en el siglo IV en los monasterios de la región. No se sabe si los monjes eran gnósticos,
si estuvieron interesados por la naturaleza ascética de los escritos, o si habían reunido los textos
dentro de un estudio más completo de la herejía.
8
HISTORIA POSTERIOR
Hacia el siglo III el gnosticismo empezó a sucumbir ante la oposición y persecución de los
cristianos ortodoxos. En parte como reacción a la herejía gnóstica, la Iglesia reforzó su
organización centralizando la autoridad en la figura del obispo, que redobló esfuerzos para
suprimir a los gnósticos organizados de una forma precaria. Además, conforme la teología y la
filosofía ortodoxas cristianas se fueron desarrollando, las primeras enseñanzas mitológicas
gnósticas empezaron a parecer raras y toscas. Tanto los teólogos cristianos como el filósofo
neoplatónico del siglo III Plotino atacaron la idea gnóstica de que el mundo material es malo en
esencia. Los cristianos defendieron su identificación del Dios del Nuevo Testamento con el Dios
del judaísmo y su creencia en que el Nuevo Testamento es el único conocimiento revelado. El
desarrollo del misticismo cristiano y el ascetismo satisficieron la mayoría de los impulsos que
habían dado lugar al gnosticismo y muchos gnósticos se convirtieron a las creencias ortodoxas.
A finales del siglo III, el gnosticismo como movimiento diferenciado, parecía haber desaparecido.
9
GRUPOS SUPERVIVIENTES
Una pequeña secta gnóstica no cristiana, los mandeos, existe todavía en Irak e Irán aunque no
está claro que formen parte del movimiento gnóstico original. A pesar de que las sectas antiguas
no han sobrevivido, periódicamente han reaparecido aspectos del mundo gnóstico bajo
numerosas formas: la antigua religión dualista llamada maniqueísmo y las herejías medievales
de los albigenses, los bogomilos, los paulicianos; la filosofía judía mística medieval conocida
como la cábala; la especulación mística en torno a la alquimia del renacimiento; la teosofía del
siglo XIX; el existencialismo y el nihilismo del siglo XX, y los escritos del psicólogo suizo del siglo
XX Gustav Carl Jung. La esencia del gnosticismo ha mostrado ser muy perdurable: la idea de
que el espíritu interior de la humanidad tiene que ser liberado de un mundo que es por su propia
naturaleza engañoso, opresivo y malo.
Microsoft ® Encarta ® 2009. © 1993--2008 Microsoft Corporation. Reservados todos los
derechos.
24
Agnosticismo
Agnosticismo, doctrina que afirma que la existencia de Dios y otros seres espirituales no es ni
segura ni imposible. El término, derivado del griego agnostikos (no conocido), fue introducido en
inglés en el siglo XIX por el biólogo británico Thomas Henry Huxley. La postura agnóstica se
diferencia tanto del teísmo, que afirma la existencia de tales seres, como del ateísmo, que niega
su existencia.
Aunque considerada como una forma de escepticismo, el agnosticismo es más limitado en su
ámbito, puesto que niega la fe en creencias metafísicas y teológicas más que en todas las
creencias. El fundamento del agnosticismo moderno está en las obras del filósofo escocés David
Hume y del filósofo alemán Immanuel Kant, quienes señalaron las falacias lógicas de los
argumentos tradicionales para explicar la existencia de Dios y del alma. Como el agnosticismo,
el empirismo, también conocido como positivismo lógico, rechaza tanto el ateísmo como el
teísmo, y mantiene que las afirmaciones metafísicas no tienen sentido.
Microsoft ® Encarta ® 2009. © 1993--2008 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.
Ateísmo
Ateísmo (del griego, a, no; theos, Dios), doctrina que niega la existencia de la divinidad. El
ateísmo se diferencia con claridad del agnosticismo, doctrina que afirma que la existencia de una
deidad nunca podrá ser probada o refutada. Mucha gente ha sido llamada atea de forma
impropia sólo porque rechazaba alguna creencia popular en la trascendencia. Para los romanos,
los primitivos cristianos eran ateos porque negaban a los dioses romanos. Los partidarios de
varios grupos cristianos han aplicado el término a cualquiera poco dispuesto a aceptar los
dogmas de su doctrina. Así, un librepensador, como el filósofo francés y escritor Jean-Jacques
Rousseau, el escritor francés Voltaire, o el filósofo político anglo-americano y escritor Thomas
Paine, aunque suscrito a una forma de deísmo, pueden con frecuencia ser considerados como
ateos. La filosofía sankhya, uno de los grandes sistemas del pensamiento hindú, el budismo y el
jainismo han sido todos descritos como doctrinas ateas porque todas ellas niegan un dios
personal.
Con el desarrollo del conocimiento científico y la consecuente explicación del fenómeno
formalmente considerado sobrenatural, el ateísmo se ha convertido en una tendencia filosófica
más natural y aceptada.
Microsoft ® Encarta ® 2009. © 1993--2008 Microsoft Corporation. Reservados todos los
derechos.
25
Empirismo
Empirismo, en filosofía occidental, doctrina que afirma que todo conocimiento se basa en la
experiencia, mientras que niega la posibilidad de ideas espontáneas o del pensamiento a priori.
Hasta el siglo XX, el término empirismo se aplicaba a la idea defendida sobre todo por los
filósofos ingleses de los siglos XVII, XVIII y XIX. De estos filósofos ingleses, John Locke fue el
primero en dotarlo de una expresión sistemática, aunque su compatriota, el filósofo Francis
Bacon, había anticipado algunas de sus conclusiones. Entre otros empiristas también se cuentan
David Hume y George Berkeley. Opuesto al empirismo es el racionalismo, representado por
pensadores como el francés René Descartes, el holandés Baruch Spinoza y los filósofos de los
siglos XVII y XVIII Gottfried Wilhelm Leibniz y Christian von Wolff. Los racionalistas afirman que
la mente es capaz de reconocer la realidad mediante su capacidad para razonar, una facultad
que existe independiente de la experiencia. El pensador alemán Immanuel Kant intentó lograr un
compromiso entre el empirismo y el racionalismo, restringiendo el conocimiento al terreno de la
experiencia, a posteriori, y por ello coincidía con los empiristas, pero atribuía a la mente una
función precisa al incorporar las sensaciones en la estructura de la experiencia. Esta estructura
podía ser conocida a priori sin recurrir a métodos empíricos, y en este sentido Kant coincidía con
los racionalistas.
En los últimos años, el término empirismo ha adquirido un significado más flexible, y ahora es
utilizado en relación con cualquier sistema filosófico que extrae todos sus elementos de reflexión
de la experiencia. En Estados Unidos William James llamó a su filosofía empirismo radical y John
Dewey acuñó el término de empirismo inmediato para definir y describir su noción de la
experiencia. El término leyes empíricas se aplica a aquellos principios que expresan las
relaciones que, según se aprecia, existen entre los fenómenos, sin que impliquen la explicación o
causa de los fenómenos mismos.
Microsoft ® Encarta ® 2009. © 1993--2008 Microsoft Corporation. Reservados todos los
derechos.
Reforma
1 INTRODUCCIÓN
Reforma, movimiento religioso surgido en el siglo XVI en el ámbito de la Iglesia cristiana, que
supuso el fin de la hegemonía de la Iglesia católica y la instauración de distintas iglesias ligadas
al protestantismo. La Reforma, precedida por la cultura del renacimiento y, de alguna forma,
seguida por la Revolución Francesa, alteró por completo el modo de vida de Europa occidental e
inició la edad moderna. Aunque se inició a principios del siglo XVI, cuando Martín Lutero desafió
la autoridad papal, las circunstancias que condujeron a esa situación se remontan a fechas
anteriores y conjugan complejos elementos doctrinales, políticos, económicos y culturales.
26
2 CONDICIONES QUE PRECEDIERON A LA REFORMA
A partir de la revitalización que vivió el Sacro Imperio Romano Germánico desde que Otón I el
Grande se convirtiera en emperador en el 962, los papas y emperadores se vieron involucrados
en una continua contienda por la supremacía en los asuntos temporales y terrenales. Este
conflicto concluyó, a grandes rasgos, con la victoria del Papado, pero creó profundos
antagonismos entre Roma y el Imperio, que aumentaron durante los siglos XIV y XV. La
animosidad provocada por los impuestos papales y por la sumisión a los delegados pontificios se
extendió a otras zonas de Europa. En Inglaterra, el principio del movimiento para lograr una
independencia absoluta de la jurisdicción papal empezó con la promulgación de los estatutos de
Mortmain (1279), Provisors (1351) y Praemunire (1393), que redujeron, en gran medida, el
poder de la Iglesia en el control del gobierno civil sobre las tierras, en el nombramiento de
cargos eclesiásticos y en el ejercicio de la autoridad judicial.
El reformador religioso inglés del siglo XIV John Wycliffe atacó con audacia al propio Papado,
arremetiendo contra la venta de indulgencias, las peregrinaciones, la excesiva veneración a los
santos y los bajos niveles morales e intelectuales de los sacerdotes. Para hacer llegar sus ideas a
individuos de cualquier extracción social, tradujo la Biblia al inglés y comenzó a predicar en esta
lengua y no en latín. Sus enseñanzas se extendieron a Bohemia, donde encontraron un fuerte
partidario en Jan Hus. La ejecución de Hus por herejía, en 1415, desencadenó casi de inmediato
el estallido de las denominadas Guerras Husitas, que revelaron una violenta expresión del
nacionalismo bohemio nunca suprimido por completo, a pesar de las duras campañas represivas
emprendidas por las fuerzas combinadas del Emperador y del Papa. Estas luchas fueron
precursoras de la guerra civil religiosa que tuvo lugar en Alemania ya en tiempos de Lutero. En
Francia, en 1516, un concordato entre el Rey y el Papa puso a la Iglesia francesa, de forma
sustancial, bajo la autoridad regia. Los concordatos firmados con otras monarquías nacionales
también prepararon el camino para la aparición de iglesias nacionales.
Ya en el siglo XIII, el Papado se había hecho vulnerable a los ataques y reproches de los
reformistas, debido a la codicia, inmoralidad e ignorancia de muchos de sus miembros en todas
las esferas de su jerarquía. Las extensas posesiones de la Iglesia, libres de cargas, que
constituían, según cálculos diversos, entre una quinta y una tercera parte de todas las tierras de
Europa, estimularon el resentimiento por parte del campesinado. La llamada cautividad de
Babilonia que vivieron los papas durante el siglo XIV, cuando tuvieron su sede en Aviñón, y el
consiguiente Gran Cisma de Occidente, provocaron graves perjuicios en la autoridad de la Iglesia
y dividieron a sus partidarios en seguidores de uno u otro papa. Los miembros de la Iglesia
reconocieron la necesidad de afrontar una reforma interna. En el Concilio de Constanza (14141418) se debatieron ambiciosos programas que proponían la reorganización de la totalidad
jerárquica, pero ningún proyecto consiguió un apoyo mayoritario y no se instituyó ningún cambio
radical.
El humanismo, la revitalización de la formación clásica y la inquietud doctrinal y especulativa,
que comenzaron a desarrollarse en el siglo XV en Italia, desplazaron al escolasticismo como
filosofía principal en Europa occidental y privaron a los líderes de la Iglesia del monopolio sobre
la enseñanza que antes habían ostentado. Los miembros legos estudiaban literatura antigua y
eruditos de la categoría del humanista italiano Lorenzo Valla evaluaron de forma crítica las
27
traducciones de la Biblia y otros documentos que eran la base del dogma y de la tradición de la
Iglesia. La invención de la imprenta con tipos de metal móviles incrementó en gran medida la
circulación de los libros y extendió las ideas de renovación espiritual por toda Europa. Los
humanistas que vivían fuera de Italia, como Erasmo de Rotterdam en los Países Bajos, John
Colet y Tomás Moro en Inglaterra, Johann Reuchlin en Alemania y Jacques Lefèvre d’Étaples en
Francia, aplicaron nuevas normas a la evaluación de las prácticas de la Iglesia y al desarrollo de
un conocimiento más preciso de las Escrituras. Estos eruditos estudios sentaron las bases
sobre las que Martín Lutero y Juan Calvino reivindicaron que la única autoridad religiosa
posible era el juicio individual aplicado al estudio de la Biblia.
3 MOVIMIENTOS NACIONALES
La Reforma protestante fue emprendida en Alemania por Lutero en 1517, al publicar sus 95
Tesis, que desafiaban la teoría y la práctica de las indulgencias papales.
3.1 Alemania y la Reforma luterana
Las autoridades papales ordenaron a Lutero que se retractara y se sometiera a la autoridad de la
Iglesia, pero él replicó con mayor radicalidad, haciendo un llamamiento a la reforma, atacando el
sistema sacramental y recomendando que la religión se mantuviera en la fe individual basada en
las normas contenidas en la Biblia. Amenazado de excomunión por el Papa, Lutero quemó ante
sus seguidores, en la plaza pública, la bula o decreto papal de excomunión y con ella un
volumen de la ley del canon. Este acto de desafío simbolizaba una ruptura definitiva con todo el
sistema de la Iglesia católica. En un intento por frenar las revueltas, el emperador Carlos V y los
príncipes alemanes y eclesiásticos se reunieron en 1521 en la Dieta de Worms e instaron a
Lutero a retractarse. Éste se negó una vez más y fue declarado fuera de la ley. Durante casi un
año permaneció escondido, escribiendo panfletos en los que exponía sus principios y traduciendo
el Nuevo Testamento al alemán. Aunque sus obras habían sido prohibidas por edicto imperial,
fueron distribuidas en público y se convirtieron en poderosos instrumentos para hacer de las
grandes ciudades alemanas importantes centros del luteranismo.
El movimiento reformista se extendió vertiginosamente entre el pueblo, y cuando Lutero
abandonó su retiro, fue recibido en su casa en Wittenberg como un líder revolucionario. Los
territorios alemanes del Imperio se habían dividido, de forma inapelable, por motivos religiosos y
económicos. Aquellos que estaban más interesados en preservar el orden tradicional, como el
Emperador, algunos príncipes y el alto clero, apoyaron a la Iglesia católica. El luteranismo
estaba apoyado, principalmente, por los príncipes del norte de Alemania, el bajo clero, los
comerciantes y amplios sectores del campesinado, que aprovecharon la situación como una
oportunidad para obtener una mayor independencia tanto de las esferas religiosas como de las
económicas. Las Guerras Campesinas (1524-1526) fueron un reflejo de esta tentativa. Los
campesinos intentaron mejorar su mísera situación económica y, así, sus reivindicaciones, que
contenían algunos puntos defendidos por Lutero desde el punto de vista religioso, invocaban la
emancipación del número de servicios reclamado por los terratenientes, tanto seglares como
eclesiásticos. Lutero desaprobó la utilización de sus doctrinas para justificar una revuelta social y,
aunque en un principio procuró buscar una salida pacífica al conflicto, pronto se volvió contra los
campesinos y en su panfleto Contra las hordas de campesinos asesinos y ladrones (1525), les
28
condenó por recurrir a la violencia. Esto le valió ganarse el apoyo de numerosos miembros de la
nobleza.
Los campesinos fueron derrotados, pero la escisión producida entre los católicos y los luteranos
se incrementó. En 1526 se alcanzó un mínimo compromiso, al conceder el Emperador que los
estados reglamentasen, sólo en sus dominios, la cuestión religiosa. En la Dieta de Spira (1529),
la mayoría católica logró revocar el anterior acuerdo, lo que hizo que los luteranos elevaran
hasta el Emperador su más enérgica protesta. Desde entonces se les empezó a llamar
protestantes, denominación que, posteriormente, se extendió a todos los grupos reformistas
opuestos al dirigismo de Roma.
En 1530, el erudito y reformista religioso alemán Philip Melanchthon concibió un estatuto de la fe
y los dogmas luteranos, conocido como Confesión de Augsburgo, que fue sometida al emperador
Carlos V y a la facción católica. Aunque no consiguió reconciliar las diferencias entre los católicos
y los luteranos, se estableció como fundamento y credo de la nueva Iglesia luterana. Las guerras
contra Francia y los turcos impidieron durante un tiempo que Carlos V dirigiera sus ejércitos
contra los luteranos. Pero en 1546 el Emperador quedó libre de compromisos internacionales y,
tras aliarse con varios príncipes alemanes como el duque Mauricio de Sajonia, declaró la guerra
a la Liga de Esmalcalda, constituida por los príncipes protestantes. Las fuerzas católicas tuvieron
éxito al principio, derrotando a los protestantes en la batalla de Mühlberg. No obstante, tras
pasarse Mauricio de Sajonia a las filas protestantes, obligó a Carlos V a firmar la paz. Este
conflicto, motivado por cuestiones religiosas y que terminó por convertirse en una guerra civil
entre los distintos príncipes del Imperio, terminó con la Paz de Augsburgo (1555). Sus términos
declaraban que cada uno de los príncipes del Imperio podría elegir entre el catolicismo y el
luteranismo como religión de su territorio, a la que deberían adscribirse todos sus súbditos. El
luteranismo, profesado por casi la mitad de la población alemana, consiguió finalmente ser
reconocido de modo oficial. De tal manera que el antiguo concepto de comunidad cristiana,
unida en el terreno religioso en Europa occidental bajo la suprema autoridad del papa, fue
desbancado.
3.2 Escandinavia
En los países escandinavos, la Reforma tuvo lugar de forma pacífica a la vez que el luteranismo
se extendía hacia el norte desde Alemania. Las monarquías de Dinamarca y Suecia patrocinaron
el movimiento reformista y rompieron por completo con el Papado. En 1536, una asamblea
nacional celebrada en Copenhague abolió la autoridad de los obispos católicos en toda
Dinamarca. En este mismo sentido, Cristián III, rey de Dinamarca y Noruega, instó a Johann
Bugenhagen, reformador religioso alemán y amigo de Lutero, para que organizara una Iglesia
nacional luterana en Dinamarca, siguiendo las premisas de la Confesión de Augsburgo. En
Suecia, los hermanos Olaus y Laurentius Petri dirigieron el movimiento encaminado a adoptar el
luteranismo como religión oficial del Estado, lo que ocurrió en 1529 con el apoyo del rey Gustavo
I Vasa y la Asamblea nacional sueca.
29
3.3 Suiza
El temprano movimiento reformador suizo, contemporáneo del alemán, fue conducido por el
teólogo Ulrico Zuinglio, quien en 1518 efectuó una vigorosa denuncia de la venta de indulgencias.
Zuinglio expresó su oposición a los abusos de la autoridad eclesiástica mediante sermones y
discursos públicos en la plaza del mercado y ante el Consejo de la ciudad de Zurich. Al igual que
ya manifestó Lutero, Zuinglio consideraba la Biblia como única fuente de autoridad moral y se
esforzó por eliminar todas aquellas fórmulas y costumbres católicas no fundamentadas en las
Escrituras. Desde 1523 hasta 1525, bajo su liderazgo, en Zurich fueron quemadas reliquias,
prohibidas las procesiones, así como la adoración a las imágenes y a los santos, liberados los
sacerdotes y monjes de sus votos de celibato y reemplazada la misa por un rito eucarístico más
sencillo. Estos cambios, mediante los que la ciudad se rebeló contra la Iglesia católica, fueron
realizados por medio de medidas legales adoptadas en votaciones del Consejo de Zurich. Los
principales defensores de estas innovaciones, los comerciantes, expresaron así su independencia
de la Iglesia de Roma y del Sacro Imperio. Otras ciudades suizas, como Basilea y Berna,
adoptaron reformas análogas, mientras que el conservador campesinado de otros cantones se
mantuvo fiel al catolicismo. Al igual que en Alemania, la autoridad del gobierno central era
demasiado débil para reforzar la conformidad religiosa y prevenir la guerra civil. Estallaron dos
breves conflictos entre los cantones protestantes y los católicos en 1529 y en 1531. En el
segundo de éstos, que tuvo lugar en Kappel, Zuinglio fue asesinado. Tras establecerse la paz,
cada cantón fue autorizado a elegir su religión. El catolicismo prevaleció en las regiones
montañosas del país y el protestantismo en las grandes ciudades y valles fértiles. Esencialmente,
esta misma división persiste hoy en día.
En la generación que sucedió a la de Lutero y Zuinglio, la figura dominante de la Reforma fue
Juan Calvino, teólogo protestante francés que huyó de la persecución religiosa en su país y, en
1536, se estableció en la nueva e independiente República de Ginebra. Calvino lideró la estricta
instauración de las medidas de reforma instituidas tiempo atrás por el Consejo de la ciudad de
Ginebra e insistió en promulgar otras nuevas, incluyendo el canto de los salmos
congregacionales como parte del culto eclesiástico, la enseñanza del catecismo y la confesión de
fe de los niños, el establecimiento de una severa disciplina moral en la comunidad por parte de
pastores y miembros de la Iglesia y la excomunión de pecadores notables. La organización de la
Iglesia de Calvino se inspiraba en modelos democráticos e incorporó ideas de gobierno
representativo. Pastores, profesores, presbíteros y diáconos fueron elegidos para ocupar puestos
oficiales por los miembros de la congregación.
Aunque la Iglesia y el Estado estaban oficialmente separados, lo cierto es que cooperaban de
forma tan estrecha que Ginebra era de hecho una teocracia. Para reforzar la disciplina de la
moral, Calvino instituyó una rígida inspección de conducta familiar y organizó un consistorio,
compuesto de pastores y legos, con grandes poderes sobre la comunidad. El vestido y
comportamiento personal de los ciudadanos estaban prescritos hasta el más mínimo detalle.
Bailar, jugar a las cartas, a los dados y otras diversiones quedaron prohibidas, mientras que la
blasfemia y la obscenidad fueron castigadas con severidad. Bajo este rígido régimen, los
disidentes fueron perseguidos e incluso condenados a muerte. Tal fue el caso del humanista
español Miguel Servet. Para animar a la lectura y comprensión de la Biblia, se proporcionó a
todos los ciudadanos una educación elemental. En 1559, Calvino fundó una universidad en
30
Ginebra que fue famosa por la formación de pastores y profesores. Más que ningún otro
reformador, Calvino organizó las diversas interpretaciones del pensamiento protestante en un
sistema claro y lógico. La difusión de sus obras, su influencia como pedagogo y su gran habilidad
para estructurar la Iglesia y el Estado en los términos de la Reforma, despertaron la atención
internacional e imprimieron a las Iglesias reformadas de Suiza, Francia y Escocia, el profundo
sello del calvinismo, tanto en la teología como en lo referente a su organización.
3.4 Francia
La Reforma fue iniciada en Francia, a principios del siglo XVI, por un grupo de místicos y
humanistas que se reunían en Meaux, cerca de París, bajo el liderazgo de Lefèvre d’Étaples.
Como Lutero, Lefèvre d’Étaples estudió la Epístola a los romanos de san Pablo y fundamentó
sobre esa lectura su creencia en la salvación por la sola fe individual; negó también el dogma de
la transubstanciación. En 1523 tradujo el Nuevo Testamento al francés. En un principio, sus
obras fueron bien recibidas por los representantes de la Iglesia y el Estado, pero conforme
comenzaban a extenderse por Francia las doctrinas radicales de Lutero, la obra de Lefèvre
d’Étaples fue considerada pareja de aquella y él y sus seguidores fueron declarados proscritos.
Muchos protestantes influyentes huyeron de Francia y se asentaron en Suiza, hasta que
consiguieron reforzarse en número y filosofía gracias al conocimiento de la reforma calvinista
llevada a cabo en Ginebra. Más de 120 pastores educados en Ginebra por Calvino regresaron a
Francia antes de 1567 para ganar prosélitos al protestantismo. En 1559, los delegados de 66
iglesias reformadas francesas se reunieron en un sínodo nacional que tuvo lugar en París, para
redactar una confesión de fe y una regla disciplinaria basadas en las puestas en práctica en
Ginebra.
De ese modo se organizó la primera Iglesia nacional protestante de Francia. Sus miembros
fueron conocidos como hugonotes. A pesar de todos los esfuerzos para suprimirlos, los
hugonotes se convirtieron en una comunidad gigantesca y la división del país entre facciones
protestantes y católicas condujo a las denominadas guerras de Religión francesas (1559-1598).
Uno de los capítulos más trágicos de esta lucha fue la masacre de la Noche de San Bartolomé,
durante la cual fueron asesinados un gran número de protestantes. Durante el reinado de
Enrique IV los hugonotes se impusieron durante un breve periodo, pero, dado que más de una
novena parte de los franceses seguía siendo católica, el rey pensó en la necesidad urgente de
convertirse al catolicismo y afianzarse en el trono. Sin embargo, siguió protegiendo a sus
seguidores hugonotes y proclamó, en 1598, el Edicto de Nantes, que otorgó la libertad religiosa
parcial a los hugonotes. El Edicto fue revocado en 1685 por Luis XIV y el protestantismo fue, de
hecho, erradicado del país.
3.5 Países Bajos
El protestantismo fue bien acogido en los Países Bajos por la burguesía, clase social que se había
desarrollado como tal durante la edad media. El emperador Carlos V, con mayor poderío militar
en este territorio que en los territorios alemanes, intentó frenar la expansión de las doctrinas
protestantes, quemando en las plazas públicas los libros de Lutero e instituyendo la Inquisición
en 1522. Sin embargo, estas medidas no tuvieron éxito y, hacia mediados del siglo XVI, el
protestantismo estaba muy asentado en las provincias septentrionales; las provincias
31
meridionales (en el actual territorio belga) permanecieron, de forma predominante, fieles al
catolicismo. La mayoría de los neerlandeses se unieron al calvinismo, que sirvió para afianzar su
nacionalismo contra sus dirigentes católicos españoles. La guerra de los Países Bajos se inició en
1566 y no finalizó hasta 1648, cuando España, en la Paz de Westfalia, reconoció de forma oficial
como Estado independiente a las Provincias Unidas, nombre con el que se habían constituido las
provincias del norte en 1579.
3.6 Escocia
La Reforma surgió en Escocia entre algunos sectores de la población ya hostiles a la Iglesia
católica. El clero católico ya había sido desacreditado en el siglo XV por los lolardos, seguidores
de las doctrinas de John Wycliffe. Los mercaderes y la pequeña nobleza se mantuvieron muy
activos para continuar con la reforma religiosa, que sirvió también como vehículo para conseguir
la autodeterminación nacional y la independencia de Inglaterra y Francia. En consecuencia, el
protestantismo se expandió con rapidez a pesar de las medidas represivas de la monarquía
procatólica de Escocia. El primitivo movimiento religioso reformador, iniciado por líderes como el
mártir Patrick Hamilton, se encontró de pronto bajo influencia luterana. La verdadera revolución,
conseguida bajo el liderazgo de John Knox, discípulo de Calvino, implantó el calvinismo como
religión nacional de Escocia. En 1560, Knox persuadió al Parlamento escocés para que adoptara
una confesión de fe y un libro disciplinario siguiendo el modelo establecido en Ginebra. Con
posterioridad, el Parlamento creó la Iglesia de Escocia, presbiteriana, y proporcionó fondos para
su gobierno, que se sustituyó mediante sesiones de un kirk (iglesia) local y mediante una
asamblea general que representaba a las iglesias locales de todo el país. María I Estuardo, reina
católica de Escocia, intentó desbancar a la nueva iglesia protestante, pero después de una lucha
de siete años, ella misma se vio obligada a abandonar el país. El calvinismo triunfó en Escocia,
excepto en unos pocos distritos del norte, donde se impuso con fuerza el catolicismo, en
particular entre las familias nobles.
3.7 Inglaterra
La revuelta inglesa contra Roma se diferenció de las insurrecciones de Alemania, Suiza y Francia
en dos aspectos. En primer lugar, Inglaterra era un Estado en el sentido moderno de la palabra,
con un gobierno central fuerte; así pues, en vez de dividir el país en facciones regionales o
partidos y desembocar en una guerra civil, la revuelta fue nacional, es decir que el rey y el
Parlamento se unieron para transferir a aquél la jurisdicción eclesiástica que el papa había
ejercido con anterioridad. En segundo lugar, mientras que en los países continentales la
campaña para la reforma religiosa entre el pueblo precedió y causó la ruptura política con el
Papado, en Inglaterra la escisión política se produjo primero como resultado de la decisión
personal de Enrique VIII al divorciarse de su primera mujer, y el cambio en la doctrina religiosa
tuvo lugar posteriormente durante los reinados de Eduardo VI e Isabel I. Enrique VIII deseaba
divorciarse de su mujer, Catalina de Aragón, porque no le había dado un heredero varón y temía
que esto supusiera el final de su dinastía. Su matrimonio con Catalina, que se hubiera
considerado ilegal bajo la ley eclesiástica, puesto que ella era la viuda del hermano del rey,
había sido permitido únicamente por dispensa papal. Enrique VIII adujo que la dispensa papal
contravenía la ley eclesiástica y que el matrimonio era por lo tanto nulo. El Papa defendió la
32
validez de la dispensa y se negó a anular el matrimonio, tras lo cual Enrique pidió el consejo de
reformadores, de nobles y de las facultades de las grandes universidades europeas.
Ocho facultades universitarias apoyaron su petición. Zuinglio y el teólogo Oecolampadio también
consideraron su matrimonio nulo, pero Lutero y Melanchthon lo consideraron legal. El rey
aceleró el curso de los acontecimientos al casarse con Ana Bolena en 1533 y dos meses más
tarde obtuvo del arzobispo de Canterbury su divorcio de Catalina. Enrique VIII fue excomulgado
por el Papa, pero tomó represalias obteniendo en 1534 el permiso del Parlamento para aprobar
un acta que nombraba al monarca y a sus sucesores jefes supremos de la Iglesia de Inglaterra,
estableciendo así una Iglesia nacional anglicana independiente. Posteriores legislaciones
suprimieron los ingresos papales y terminaron con su autoridad política y religiosa en Inglaterra.
Entre 1536 y 1539 los monasterios fueron suprimidos y sus propiedades requisadas por el
Estado. Enrique VIII no tenía interés en ir más allá de estos cambios, que eran motivados sobre
todo por consideraciones políticas más que doctrinales. De hecho, para prevenir la expansión del
luteranismo, obligó al Parlamento a aceptar en 1539 la promulgación de un conjunto de edictos
conocidos como los Seis Artículos, que convirtió en herético el hecho de negar los principales
dogmas teológicos del catolicismo medieval. La obediencia al Papado siguió considerándose, sin
embargo, delito. En consecuencia, muchos luteranos fueron quemados por herejía y los católicos
que se negaron a reconocer la supremacía eclesiástica del rey también fueron ejecutados.
Bajo Eduardo VI, las doctrinas y prácticas protestantes aborrecidas por Enrique VIII fueron
introducidas en la Iglesia anglicana. Los Seis Artículos fueron revocados en 1547 y los
reformadores continentales, como el alemán Martin Bucero, fueron invitados a predicar en
Inglaterra. En 1549, fue publicado el Libro de la Oración Común en lengua vernácula y
considerado texto de uso obligatorio para dar unidad al servicio de la Iglesia anglicana. En 1552
se publicó un segundo Libro de Oración y se adoptó un nuevo credo de 42 artículos. Sin
embargo, María I intentó restaurar el catolicismo como religión estatal y durante su reinado
murieron en la hoguera muchos protestantes. Otros se trasladaron a países continentales, donde
sus opiniones religiosas, a menudo, se radicalizaban a través del contacto con el calvinismo. Se
llegó a un acuerdo final bajo Isabel I en 1563. El protestantismo fue restaurado, y se persiguió a
los católicos. Los 42 artículos del credo anglicano, adoptados bajo Eduardo VI, quedaron
reducidos a los actuales Treinta y nueve artículos. Este credo es protestante y más próximo al
luteranismo que al calvinismo, pero la organización episcopal y ritual de la Iglesia anglicana es la
misma, en esencia, que la de la Iglesia católica. Un gran número de personas en la época de
Isabel I no consideraba a la Iglesia anglicana lo bastante reformada y opuesta a Roma. Fueron
conocidos como disidentes o inconformistas y al final formaron o se convirtieron en miembros de
numerosos grupos calvinistas como los presbiterianos, puritanos, separatistas y cuáqueros.
3.8 Grupos y sectas menores
Además de las iglesias luterana, anglicana y el conjunto formado por las denominadas iglesias
reformadas, creadas durante la Reforma, surgió un gran número de pequeñas sectas como
consecuencia natural del rechazo protestante a la autoridad tradicional y la exaltación del criterio
personal en materias religiosas y de conciencia. Una de las más destacadas, la de los
anabaptistas, encontró muchos partidarios en toda Europa, en particular en Alemania, donde
jugaron un papel importante en las Guerras Campesinas. Fueron perseguidos por los católicos al
33
igual que por los luteranos, los zuinglianos y otros grupos protestantes, y muchos de ellos
fueron condenados a muerte. Otro destacado movimiento, el unitarismo, consiguió un
considerable número de seguidores en Suiza, Alemania, Países Bajos y Polonia.
4 RESULTADOS DE LA REFORMA
A pesar de la diversidad de las fuerzas reformadoras del siglo XVI, la Reforma tuvo resultados
muy importantes allí donde triunfó. En general, el poder y las riquezas perdidas por algunos
nobles y por la jerarquía católica pasaron a la clase media y a los monarcas. Varias regiones de
Europa ganaron independencia política, religiosa y cultural. Incluso en países como Francia y lo
que hoy es Bélgica, donde el catolicismo se mantuvo, se desarrolló un nuevo individualismo y
nacionalismo en materia cultural y política. El énfasis protestante con respecto al juicio personal
en el ámbito religioso aumentó el desarrollo de los gobiernos democráticos basados en la
elección colectiva realizada por votantes individuales. La destrucción del sistema medieval
favoreció a la banca y al comercio al eliminar las tradicionales restricciones religiosas y abrió el
camino para el crecimiento del capitalismo moderno. Durante la Reforma, las lenguas nacionales
y la literatura avanzaron en gran medida debido a la extensa difusión de la literatura religiosa
escrita en las lenguas vernáculas en lugar del latín. La educación popular también fue
estimulada gracias a las nuevas escuelas fundadas por Colet en Inglaterra, Calvino en Ginebra y
los príncipes protestantes en Alemania. La religión ya no era tanto una parcela privilegiada del
alto clero, sino una expresión directa de las creencias de la población. Sin embargo, la
intolerancia religiosa no disminuyó y los enfrentamientos religiosos continuaron siendo
frecuentes durante cerca de un siglo.
Microsoft ® Encarta ® 2009. © 1993--2008 Microsoft Corporation. Reservados todos los
derechos.
La Biblia
“…A TODO EL QUE ESCUCHE LAS PALABRAS DEL MENSAJE PROFETICO DE ESTE LIBRO LE
ADVIERTO ESTO: SI ALGUNO LE AÑADE ALGO, DIOS LE AÑADIRA A EL LAS PLAGAS DESCRITAS
EN ESTE LIBRO. Y SI ALGUNO QUITA PALABRAS DE ESTE LIBRO DE PROFECIA, DIOS LE
QUITARA SU PARTE DEL ARBOL DE LA VIDA Y DE LA CIUDAD SANTA, DESCRITOS EN ESTE
LIBRO…” (LIBRO DE APOCALIPSIS CAPITULO 22: 18-19) AGREGADO A ESTE ESTUDIO POR PARTE DEL MINISTERIO CRISTIANO
MONTE MORIAH
1 INTRODUCCIÓN
Biblia, también llamada Santa Biblia, libro sagrado o Escrituras, de judíos y cristianos. Sin
embargo, las Biblias del judaísmo y del cristianismo difieren en varios aspectos importantes. La
34
Biblia judía son las escrituras hebreas, 39 libros escritos en su versión original en hebreo, a
excepción de unas pocas partes que fueron redactadas en arameo. La Biblia cristiana consta de
dos partes: el Antiguo Testamento y los 27 libros del Nuevo Testamento. Las dos principales
ramas del cristianismo estructuran el Antiguo Testamento de modo algo diferente. La exégesis
del Antiguo Testamento leída por los católicos es la Biblia del judaísmo más otros siete libros y
adiciones (véase la tabla adjunta). Algunos de los libros adicionales fueron escritos en su versión
primitiva en griego, al igual que el Nuevo Testamento. Por su parte, la traducción protestante
del Antiguo Testamento se limita a los 39 libros de la Biblia judía. Los demás libros y adiciones
son denominados apócrifos por los protestantes y libros deuterocanónicos por los católicos.
El término Biblia llegó al latín del griego biblia o ‘libros’, forma diminutiva de byblos, el término
para ‘papiro’ o ‘papel’ que se exportaba desde el antiguo puerto fenicio de Biblos. En la edad
media, los libros de la Biblia eran considerados como una entidad unificada.
2 ORDEN DE LOS LIBROS
El orden y el número de los libros es distinto entre las versiones judía, protestante y católica de
la Biblia. La Biblia del judaísmo se divide en tres partes bien diferenciadas: la Torá, o Ley,
también llamada libros de Moisés; Profetas, o Neviím, dividida en Profetas Antiguos y Profetas
Posteriores; y Hagiográficos, o Ketuvim, que incluye Salmos, los libros sapienciales y literatura
diversa. El Antiguo Testamento cristiano organiza los libros según su contenido: el Pentateuco,
que se corresponde con la Torá; los libros históricos; los libros poéticos o sapienciales, y los
libros proféticos. Hay quienes han percibido en esta organización una cierta sensibilidad en
cuanto a la perspectiva histórica de los libros: primero, los relativos al pasado; a continuación,
los que hablan del presente; por último, los orientados hacia el futuro. Las versiones protestante
y católica del Antiguo Testamento ordenan los libros en la misma secuencia, aunque los
protestantes incluyen sólo los libros que aparecen en la Biblia judía.
El Nuevo Testamento incluye los cuatro Evangelios; los Hechos de los Apóstoles, que es la
historia de los primeros tiempos del cristianismo; las Epístolas, o cartas, de Pablo y otros
autores; y el Apocalipsis o Libro de la Revelación. Algunos libros identificados como epístolas —
en particular la Epístola a los Hebreos— son en realidad tratados teológicos.
3 USO
La Biblia es un libro religioso, no sólo en virtud de su contenido, sino también del uso que le dan
cristianos y judíos. Se lee en la práctica totalidad de los servicios de culto público, sus palabras
conforman la base de la predicación y la instrucción, y se emplea en el culto y estudio privados.
El lenguaje de la Biblia ha moldeado y dado forma a las oraciones, liturgia e himnos del
judaísmo y del cristianismo. Sin la Biblia, estas dos religiones habrían sido mudas.
Tanto la importancia reconocida como la real de la Biblia difieren de una forma considerable
entre las diversas subdivisiones del judaísmo y del cristianismo, aunque todos sus fieles le
atribuyen un mayor o menor grado de autoridad. Muchos reconocen que la Biblia es la guía
íntegra y suficiente para todos los asuntos de la fe y de su práctica; por su parte, otros respetan
35
la autoridad de la Biblia a la luz de la tradición o de la continuidad de la fe y de la práctica de la
Iglesia desde los tiempos de los apóstoles.
4 INSPIRACIÓN BÍBLICA
Los primeros cristianos heredaron del judaísmo una concepción de las Escrituras que daba por
sentado que constituían una fuente autorizada. En un principio no se propuso ninguna doctrina
formal acerca de la inspiración de las Escrituras, como es el caso del islam, que sostiene que el
Corán fue dictado desde los cielos. Sin embargo, por lo general los cristianos creían que la Biblia
contenía la palabra de Dios tal y como fue transmitida por su Espíritu: primero a través de los
patriarcas y profetas y más tarde por boca de los apóstoles (véase Apocalipsis). De hecho, los
autores de los libros del Nuevo Testamento aludieron a la autoridad de las Escrituras hebreas en
apoyo de sus alegaciones con respecto a Jesucristo.
La doctrina de la inspiración de la Biblia por el Espíritu Santo y de la infalibilidad de su contenido
surgió en realidad durante el siglo XIX como respuesta al desarrollo de la crítica bíblica, estudios
científicos que parecían poner en entredicho el origen divino de la Biblia. Esta doctrina sostiene
que Dios es autor de la Biblia; por eso la Biblia es Su palabra. Los científicos bíblicos y los
teólogos han propuesto numerosas teorías para explicar esta doctrina, que van desde un dictado
verbal directo de las Escrituras por Dios, hasta una iluminación que ayudó al autor inspirado a
comprender la verdad que expresaba, tanto si ésta era revelada como aprendida por la
experiencia.
5 IMPORTANCIA E INFLUENCIA
La importancia e influencia de la Biblia entre cristianos y judíos puede explicarse, en general, en
términos externos e internos. La explicación externa es el poder de la tradición, de las
costumbres y del credo: grupos religiosos que manifiestan estar guiados por la Biblia. En cierto
sentido, el verdadero autor de las Escrituras es la comunidad religiosa, que las desarrolló, las
reverenció, las utilizó y las canonizó (es decir, las incluyó en listas de libros bíblicos reconocidos
de una forma oficial). Por otra parte, la explicación interna es lo que numerosos cristianos y
judíos continúan sintiendo como poder del propio contenido de los libros bíblicos. El antiguo
Israel y la primitiva Iglesia conocían muchos más textos religiosos que los que constituyen la
Biblia actual. Sin embargo, los escritos bíblicos fueron venerados y utilizados por lo que decían y
por cómo lo decían. Fueron canonizados con rango oficial porque la gran mayoría de los
creyentes los utilizaba y creía en ellos. La Biblia es el auténtico documento fundamental del
judaísmo y del cristianismo.
Es de público conocimiento que la Biblia, en sus centenares de diferentes traducciones, es el
libro de mayor difusión en la historia de la humanidad. Es más: en todas sus formas, la Biblia ha
sido influyente hasta llegar a extremos insólitos, y no sólo entre las comunidades religiosas que
la consideran sagrada y la reverencian. En especial, la literatura, el arte y la música del mundo
occidental tienen una enorme deuda con los temas, motivos e imágenes de la Biblia. Algunas
traducciones al inglés, como la así llamada “Biblia Autorizada” (o versión del rey Jacobo, 1611) o
la traducción de la Biblia al alemán por Martín Lutero (terminada en 1534), no sólo influyeron en
la literatura sino que también promovieron el desarrollo de ambos idiomas. Estos efectos siguen
36
vigentes en las naciones en proceso de formación, donde las traducciones de la Biblia a la lengua
vernácula contribuyen a moldear las tradiciones lingüísticas futuras.
6 EL ANTIGUO TESTAMENTO
Es notable que el cristianismo incluya dentro de su propia Biblia las escrituras íntegras de otra
religión, el judaísmo. El término Antiguo Testamento (de la palabra latina para ‘alianza’) se
aplicó a estas Escrituras sobre la base de las obras de Pablo y de otros primitivos cristianos, que
diferenciaron entre la ‘Antigua Alianza’ que Dios estableció con Israel y la ‘Nueva Alianza’ sellada
a través de Jesucristo (véase, por ejemplo, Heb. 8,7). Como la primitiva Iglesia creía en la
continuidad de la historia y de la actividad divinas, incluyó en la Biblia cristiana los registros
escritos de la antigua y de la nueva alianza.
6.1 Literatura del Antiguo Testamento
El Antiguo Testamento puede considerarse desde numerosas y diversas perspectivas. Desde el
punto de vista literario el Antiguo Testamento (de hecho, la Biblia entera) constituye una
antología, una colección de muchos libros diferentes. No es en absoluto un libro unificado por lo
que respecta a sus autores, su fecha de composición o su estilo literario. Por el contrario,
representa una auténtica biblioteca.
En general los libros del Antiguo Testamento y las partes que los componen pueden clasificarse
como narraciones, obras poéticas, escritos proféticos, códices legales o apocalipsis. En su
mayoría, se trata de categorías amplias que incluyen diversos tipos o géneros diferentes de
literatura y tradiciones orales. Ninguna de estas categorías se limita al Antiguo Testamento, ya
que puede hallarse en otras literaturas antiguas, en especial la del Oriente Próximo. Sin
embargo, es necesario subrayar que algunos estilos no quedaron al fin incluidos en el Antiguo
Testamento. Las cartas o epístolas, tan importantes en el Nuevo Testamento, no se encuentran
en el Antiguo en forma de libros separados (a excepción de la Carta de Jeremías en algunas
tradiciones manuscritas). No es posible hallar tampoco autobiografías, dramas ni sátiras.
Sorprende de una forma especial el hecho de que la mayor parte de los libros del Antiguo
Testamento contiene varios géneros literarios. Por ejemplo, el Éxodo incluye narraciones, leyes y
poesía; la mayoría de los libros proféticos incorporan narraciones y poesía, además de los
géneros proféticos como tales.
6.1.1 Narraciones
Tanto en su contexto como en su contenido, la gran mayoría de los libros del Antiguo
Testamento son narraciones, es decir, recogen y refieren los acontecimientos del pasado. Si
tienen, como casi todos, una trama (o al menos el desarrollo de una tensión y su resolución),
una caracterización de los personajes y una descripción del escenario en el que se producen los
acontecimientos, son relatos. Por otra parte, muchas obras narrativas del Antiguo Testamento
son historias, aunque no se ajusten a la definición científica del término. Una historia es una
narración escrita del pasado guiada por los hechos, en la medida en que el autor pueda
determinarlos e interpretarlos, y no por consideraciones estéticas, religiosas o de otra índole.
37
Las narraciones históricas del Antiguo Testamento son obras más populares que críticas, ya que
los autores recurrieron a menudo a tradiciones orales, algunas de ellas poco fiables, para escribir
sus relatos. Además, todas las narraciones se compusieron con un propósito religioso. Pueden,
en consecuencia, llamarse historias de salvación, ya que su propósito es demostrar cómo
participó Dios en los acontecimientos humanos. Ejemplos de dichas obras son la Historia
deuteronomística (desde el Deuteronomio hasta el 1 y 2 Reyes), el Tetrateuco (desde el Génesis
hasta el libro de los Números) y la Historia del Cronista (1 y 2 Crónicas, Esdras y Nehemías). La
así llamada Historia de la sucesión del trono de David (2 Sam. 9-20, 1 Re. 1-2) es la narración
bíblica que más se acerca al concepto moderno de la historia. El autor presta atención a los
detalles de los eventos y personajes históricos e interpreta el curso de los acontecimientos a la
luz de las motivaciones humanas. No obstante, puede intuirse la intervención divina en el
trasfondo de los textos.
Otros libros narrativos son: Rut, un breve episodio; Jonás, un relato didáctico; y Ester, una
novela histórica o una leyenda festiva. Es probable que estos libros tengan su origen en cuentos
populares o leyendas. En los libros deuterocanónicos pueden encontrarse algunos relatos
didácticos: Tobías, Judit, Susana y Bel y el dragón.
En los libros del Antiguo Testamento pueden hallarse muchos de estos y otros géneros
narrativos. El Génesis, como la mayoría de las demás obras narrativas, está compuesto de
diversos relatos individuales, muchos de los cuales circulaban de forma oral e independiente. Las
historias patriarcales del Génesis (11-50) han sido denominadas leyendas, sagas y, con mayor
precisión, sagas familiares. Muchas de ellas son etiológicas, es decir, que explican un lugar, una
práctica o un nombre en términos de su origen.
6.1.2 Obras poéticas
Entre los libros poéticos del Antiguo Testamento se incluyen Salmos, Job, Proverbios, Eclesiastés,
Cantar de los Cantares (canónicos), Eclesiástico (deuterocanónico) y Plegaria de Manasés
(apócrifo). Sabiduría tiene mucho en común con los libros poéticos sapienciales, aunque no es
poesía. La mayoría de los libros proféticos están escritos de acuerdo con las reglas líricas
hebreas, aunque son lo bastante distintos como para que puedan ser diferenciados.
6.1.2.1 Características generales
La poesía hebrea tiene dos características principales, una fácil de reconocer incluso en una
traducción, y una segunda más difícil de discernir. La característica más obvia es el uso del
parallelismus membrorum o paralelismo de versos u otras partes. Por ejemplo, el significado de
un versículo puede reformularse o repetirse en un segundo versículo, como en Sal. 6,1: “Yahvé,
no me corrijas en tu cólera, en tu furor no me castigues”. Se trata, como resulta obvio, de
sinónimos. Por otra parte, la segunda línea de la unidad puede exponer el aspecto negativo de la
aseveración de la primera, como en Prov. 15,1: “Una respuesta suave calma el furor, una
palabra hiriente aumenta la ira”. En otros casos, la segunda línea puede ampliar o explicar la
primera y en otras circunstancias el paralelismo es pura formalidad. Una importante ventaja de
la mayoría de las traducciones modernas de la Biblia es que mantienen la forma poética del
hebreo, permitiendo al lector disfrutar y comprender la estructura del original.
38
La otra característica importante de la poesía hebrea es el ritmo, que parece haberse basado en
el número de acentos en cada línea. Una de las métricas más fáciles de reconocer es la de la
kiná (endecha o lamentación), en la que la primera línea tiene tres sílabas acentuadas y la
segunda, dos.
Los libros poéticos abarcan una gran diversidad de géneros. Los más difundidos son los diversos
cantares de adoración (Salmos) y la poesía sapiencial. Además, la Biblia incluye un libro de
poesía amorosa, el Cantar de los Cantares.
6.1.2.2 Poesía lírica
La literatura cultual (del culto religioso) de Israel era poesía lírica; es decir, poesía pensada para
ser cantada. La mayoría de estos libros, aunque no todos, están recopilados en Salmos. Muchos
son himnos: canciones de alabanza a Dios, a sus obras a favor de Israel o a su creación. Otros
son lamentaciones de la comunidad o cantares de queja que, de hecho, son oraciones de
petición, cantadas por el pueblo cuando se veía enfrentado a una situación difícil. Casi una
tercera parte de los Salmos son lamentaciones individuales, cánticos utilizados por o en nombre
de individuos al borde de la muerte o del desastre. Una vez que la nación o el individuo han sido
salvados de sus infortunios, se cantan poesías de acción de gracias. Unos pocos salmos, como 2,
45 y 110 celebran la coronación de un rey en Israel como egregio siervo de Dios.
6.1.2.3 Poesía sapiencial
La poesía sapiencial incluye colecciones de refranes de sabiduría y poemas breves, como en
Proverbios, y largas composiciones, como en Job, Eclesiastés y Eclesiástico. Los materiales
sapienciales más concisos son proverbios, refranes y admoniciones, por lo general de uno o dos
versos de longitud. Algunos eran sin duda refranes tradicionales o populares mientras que otros
llevan el sello de la reflexión y la composición creativa. Proverbios 1-9 contiene un conjunto de
poemas sobre la naturaleza de la propia sabiduría, mientras que Job es una composición poética
larga en forma de diálogo enmarcado en un cuento popular. Eclesiastés es una obra un tanto
inconexa y Eclesiástico es un libro escrito por un maestro judío que más tarde tradujo su nieto.
La temática central de los refranes sapienciales abarca desde los consejos prácticos para una
vida provechosa y próspera, hasta reflexiones acerca de la relación entre transitar por el camino
de la sabiduría y obedecer a la ley revelada por la divinidad. A Job, al menos en cierto sentido, le
atormenta el sufrimiento de los justos, en tanto que Eclesiastés es una triste reflexión acerca del
significado de la vida por parte de alguien que se halla a las puertas de la muerte.
6.1.3 Materiales proféticos
Los profetas eran conocidos en otras regiones del antiguo Oriente Próximo, pero ninguna otra
cultura desarrolló un cuerpo de literatura profética comparable al de Israel. Por ejemplo, los
antiguos autores egipcios escribieron obras literarias llamadas ‘profecías’, pero por su forma y
contenido eran diferentes de los libros proféticos de la Biblia.
39
La mayoría de los libros proféticos hebreos contienen tres tipos de literatura: narraciones,
oraciones y discursos proféticos. Por lo general, las narraciones son relatos o reseñas de la
actividad profética, atribuidos al propio profeta o contados por una tercera persona. Incluyen
descripciones de visiones, reseñas de acciones simbólicas, relaciones de actividades proféticas
(como, por ejemplo, los conflictos entre los profetas y sus opositores) y narraciones o notas
históricas. Uno de los libros de la colección profética, Jonás, es en realidad un relato acerca de
un profeta, y contiene un solo versículo de mensaje profético (Jon. 3,4). Las oraciones incluyen
himnos y peticiones, como las lamentaciones de Jer. (por ejemplo, Jer. 15,10-21).
En la literatura profética predominan los discursos, ya que la actividad inherente del profeta
consistía en difundir la palabra de Dios relativa al futuro inmediato. Los mensajes más comunes
son profecías de castigo o de salvación. Tanto unas como otras están contextualizadas, como la
mayoría de los discursos proféticos, por fórmulas que identifican las palabras reveladas por Dios;
por ejemplo, “oráculo de Yahvé”. Por lo general, la profecía de castigo explica las razones de
éste en términos de injusticia social, arrogancia religiosa o apostasía y asimismo detalla la
naturaleza del desastre, militar o de otra índole, que recaerá sobre la nación, grupo o individuo a
la que va dirigida. Las profecías de salvación anuncian la inminente intervención de Dios para
rescatar a Israel. Otros discursos incluyen las profecías contra las naciones extranjeras,
discursos de aflicción que enumeran los pecados del pueblo, admoniciones o advertencias (véase
Profecía).
6.1.4 Leyes
La materia legal es tan destacada en las Escrituras hebreas que el judaísmo llamó Torá (del
hebreo torah, ‘ley’) a los primeros cinco libros y los primitivos cristianos a la totalidad del
Antiguo Testamento. Los textos legales son dominantes en Éxodo, Levítico y Números. El quinto
libro de la Biblia fue denominado Deuteronomio (‘segunda ley’) por sus traductores griegos,
aunque el libro es en síntesis un informe de las últimas palabras y hechos de Moisés. Contiene,
no obstante, numerosas leyes, por lo general en el contexto de la interpretación y la predicación
o el sermón.
Según la tradición bíblica, la voluntad de Dios fue revelada a Israel a través de Moisés al
establecer la alianza en el monte Sinaí. En consecuencia, todas las leyes —a excepción de las
contenidas en Deuteronomio— pueden encontrarse desde Éxodo 20 hasta Números 10, donde se
relatan los acontecimientos que tuvieron lugar en Sinaí.
Los especialistas han detectado en las leyes hebreas dos modalidades principales, las apodícticas
y las casuísticas. La ley apodíctica está representada por los Diez Mandamientos (Éx. 20,1-21;
34,14-26); (Dt. 5,6-21), aunque no se limita a ellos. Estas leyes, que por lo general se
encuentran en compilaciones de cinco o más, son sucintas manifestaciones, inequívocas y sin
ambigüedades de la conducta humana que Dios exige. En caso de ser positivas, se denominan
mandamientos; si son negativas, se trata de prohibiciones. Por otra parte, cada una de las leyes
casuísticas consta de dos secciones. La primera establece una condición (“Si un hombre roba un
buey o una oveja, y los mata o vende...”) y la segunda las consecuencias legales (“...pagará
cinco bueyes por el buey, y cuatro ovejas por la oveja”, Éx. 21,37). Por lo general, estas leyes
se refieren a los problemas que pueden surgir en la vida rural y urbana. Las leyes casuísticas
40
son similares en su forma, y a menudo en su contenido, a las normas recogidas en el Código de
Hammurabi y otros códigos legales del antiguo Oriente Próximo.
6.1.5 Escritos apocalípticos
El apocalipsis, como género diferenciado, surgió en Israel en el periodo posterior al exilio, es
decir, tras el cautiverio de los judíos en Babilonia entre el 586 y el 538 a.C. Un apocalipsis o
revelación expone una serie de acontecimientos futuros mediante una larga y detallada reseña
de un sueño o de una visión. Utiliza imágenes de fuerte contenido simbólico y con frecuencia
extravagantes, que a su vez son explicadas e interpretadas. Los escritos apocalípticos suelen
reflejar la perspectiva histórica que tiene el autor de su propia era, en un momento en que las
fuerzas del mal se aprestaban para librar su batalla final contra Dios, tras lo cual nacería una
nueva edad.
Daniel es el único libro apocalíptico, como tal, de las Escrituras hebreas, y su primera mitad
(capítulos 1 al 6) es en realidad una serie de historias legendarias. Sin embargo, partes de otros
libros son en muchos aspectos similares a la literatura apocalíptica (Is. 24-27; Zac. 9-14; y
algunas partes de Ezequiel). Entre los apócrifos, Esdras es un apocalipsis. El judaísmo de los dos
últimos siglos a.C. y del primer siglo d.C. produjo muchas otras obras apocalípticas que nunca
fueron consideradas canónicas. Entre ellas se incluyen Enoc, Guerra de los Hijos de la Luz y los
Hijos de la Oscuridad, y el Apocalipsis de Moisés. Véase Pseudoepígrafos.
Hasta hace poco tiempo, la mayoría de los especialistas sostenía que el desarrollo de la
literatura y el pensamiento apocalípticos estuvo muy influido por la religión persa. Este punto de
vista está siendo objetado por la identificación de las raíces de la literatura apocalíptica en el
propio pensamiento israelita, en especial en la concepción del futuro por parte de los profetas,
así como en las más antiguas tradiciones del Oriente Próximo. Véase Escritos apocalípticos.
6.2 La evolución del Antiguo Testamento
No cabe ninguna duda de que todos los libros del Antiguo Testamento no tuvieron su origen en
la misma época y en el mismo lugar. Por el contrario, son el producto de la evolución de la fe y
la cultura israelitas durante al menos un milenio. En consecuencia, otra perspectiva literaria
analiza los libros y sus elementos constituyentes en términos de sus autores y de su historia
literaria y preliteraria.
En la práctica, todos los libros atravesaron un largo periodo de transmisión y evolución antes de
llegar a ser recopilados y canonizados. Es más: es necesario distinguir entre los puntos de vista
tradicionales judíos y cristianos en cuanto a la autoría y datación de los libros, por una parte, y
su historia literaria real como ha sido reconstruida por los especialistas a partir de las pruebas
contenidas en los libros bíblicos y en otros lugares, por la otra. El presente artículo no tiene por
objeto presentar una reseña detallada de la historia literaria del Antiguo Testamento. Muchos de
los hechos reales se desconocen, la historia es larga y por lo general complicada, y las
conclusiones más antiguas deben revisarse cada cierto tiempo a la luz de nuevos hallazgos y
métodos de investigación. Sin embargo, es posible resumir el perfil general de dicha historia.
41
Casi todos los libros del Antiguo Testamento recorrieron un largo camino desde el momento en
que se pronunciaron o escribieron las primeras palabras hasta que adquirieron su forma
definitiva. En este proceso participaron muchas personas, como narradores, autores, editores,
oyentes y lectores. Y en este devenir les cupo un papel importante, no sólo a los individuos, sino
a las diferentes comunidades de fe.
Detrás de muchas de las actuales obras literarias pueden discernirse tradiciones orales. Por
ejemplo, la mayoría de los relatos del Génesis circularon de forma oral antes de ser transcritos.
Los discursos proféticos, hoy en forma escrita, se transmitieron primero de modo oral. De hecho,
todos los Salmos, tanto si fueron escritos como si no, se compusieron para ser cantados o
recitados en voz alta durante las ceremonias religiosas. Sin embargo, no sería prudente deducir
que la difusión oral fuera tan sólo precursora de la literatura escrita, y que cesó una vez que se
escribieron los libros porque está probado que las tradiciones orales coexistieron con el material
escrito durante muchos siglos.
6.2.1 El Pentateuco
Según la tradición judeo-cristiana Moisés fue el autor del Pentateuco, los primeros cinco libros de
la Biblia. Sin embargo, tal aseveración no aparece en ninguno de estos libros. La tradición tiene
su origen en la forma en que son denominados por los hebreos, libros de Moisés, aunque con
ello quisiesen significar relativos a Moisés. Ya en la edad media, los eruditos judíos reconocieron
que existía un problema con la tradición: Deuteronomio (el último libro del Pentateuco) relata la
muerte de Moisés. En realidad, los libros son obras compuestas por autores anónimos. Sobre la
base de numerosas copias y repeticiones, incluyendo dos designaciones diferentes para la deidad,
dos relatos separados de la creación, dos historias entrelazadas del diluvio, dos versiones de las
plagas de Egipto y muchas otras pruebas, los especialistas modernos han llegado a la conclusión
de que los escritores del Pentateuco utilizaron varias fuentes distintas, cada una de un escritor y
de un periodo diferentes.
Las fuentes difieren en su vocabulario, estilo literario y perspectiva teológica. La más antigua es
la Jehovística o Yahvista (J, porque utiliza el nombre divino Jahvé, transcrito también como
Jehová, o Yahvé), que por lo general suele datarse entre los siglos X o IX a.C. La segunda es la
Elohísta (E, porque utiliza el nombre general de Elohím para designar a Dios), y suele situarse
en el siglo VIII a.C. A continuación está la Deuteronómica (D, limitada al Deuteronomio y a unos
pocos pasajes de otros libros), de finales del siglo VII a.C. La última es la Sacerdotal (P, de
‘priest’, sacerdote en inglés, por su énfasis en la ley cúltica y en los asuntos sacerdotales),
situada en los siglos VI o V a.C. J incluye una reseña narrativa completa desde la creación hasta
la conquista de Canaán por Israel. E ya no es una narración completa, si es que alguna vez lo
fue; su material más antiguo se remonta a Abraham. P se concentra en la alianza y en la
revelación de la ley en el monte Sinaí, aunque sitúa ambos elementos dentro de una narración
que se inicia en la creación.
Ninguno de los autores de estos documentos, si es que fueron individuos y no grupos, fue un
autor creativo en el sentido moderno del término. Más bien trabajaron como editores que
recopilaron, organizaron e interpretaron tradiciones más antiguas, tanto orales como escritas. En
consecuencia, la mayor parte del contenido de las fuentes es mucho más antiguo que las propias
42
fuentes. Algunos de los materiales escritos más antiguos son pasajes extraídos de obras poéticas
como Paso del Mar (Éx. 15), y parte del material legal tiene su origen en antiguos códigos. Una
opinión reciente sugiere que los relatos individuales del Pentateuco fueron compilados bajo un
epígrafe que aludía a diversas temáticas trascendentales (la promesa a los patriarcas, el éxodo,
la travesía del desierto, Sinaí y la conquista de la Tierra Prometida), adquiriendo su forma básica
en torno al 1100 a.C. En cualquier caso, el relato de las raíces de Israel se conformó en y bajo la
influencia de la comunidad de la fe.
6.2.2 Historia deuteronomística
En los últimos años, Deuteronomio, Josué, Jueces, 1 y 2 Samuel y 1 y 2 Reyes han sido
reconocidos como un relato unificado de la historia de Israel desde los tiempos de Moisés (siglo
XIII a.C.) hasta el exilio en Babilonia (el periodo que arranca desde la caída de Jerusalén en el
586 a.C. hasta culminar en la reconstrucción en Palestina de un nuevo Estado judío tras el
538 a.C.). Por cuanto el estilo literario y la perspectiva teológica son similares a las del
Deuteronomio, esta reseña se ha dado en denominar Historia deuteronomística. Sobre la base
de los últimos acontecimientos que reseña, entre otras evidencias, se ha llegado a la conclusión
de que puede haber sido escrita en torno al 560 a.C., durante el exilio. Sin embargo, es posible
que al menos una edición fuera anterior.
El escritor (o escritores) de la obra tenía como objetivo registrar la historia de Israel, así como
dar cuenta de la catástrofe que recayó sobre la nación a manos de los babilonios. Por un lado,
trabajó como lo haría cualquier otro historiador, recogiendo y organizando fuentes más antiguas,
tanto escritas como orales. Empleó materiales muy heterogéneos, incluyendo relatos de los
profetas, relaciones de diversa índole, crónicas más antiguas e incluso registros de la corte. De
hecho, suele derivar al lector a sus fuentes (por ejemplo, Jos. 10,13; 2 Sam. 1,18; 2 Re. 15,6).
No obstante aplicó también la visión del teólogo, quizá de alguien que ya tenía firmes
convicciones acerca del curso y significado de los acontecimientos que iba registrando. Estas
convicciones hallaron su expresión en la forma en que organizó el material y añadió los discursos,
que él mismo había escrito, en boca de los principales protagonistas (por ejemplo, Jos. 1). Creía
que Israel había sido sojuzgada por Babilonia debido a la desobediencia a la ley de Moisés (como
en Deuteronomio), en especial por adorar dioses falsos en altares paganos; creía asimismo que
los profetas habían advertido del exilio mucho tiempo antes de que se produjera.
6.2.3 Los libros poéticos
Resulta muy difícil datar o atribuir a un determinado autor o autores tanto la poesía cultual como
la sapiencial del Antiguo Testamento, sobre todo por contener tan pocas alusiones históricas. Se
considera que David es el autor de Salmos porque, según la tradición, cantaba y componía. De
hecho, sólo 70 de los 150 salmos se identifican de modo inequívoco con David, y muchísimos
menos datan de la época de este rey hebreo. Las atribuciones a David y a otros se hallan en los
encabezados, añadidos mucho después que los Salmos fueran escritos. La identificación de
Proverbios y de otros libros sapienciales con Salomón tiene su origen en la tradición de la gran
sabiduría de este monarca, y es fiable por cuanto promovió instituciones que desarrollaron este
tipo de literatura. La poesía sapiencial contiene algunos de los materiales más antiguos de las
43
Escrituras hebreas (en los refranes y proverbios), y las composiciones como Eclesiastés y
Eclesiástico algunos de los más recientes.
Salmos se convirtió en el libro de himnos y oraciones del Segundo Templo de Israel, pero
muchos de los cánticos son anteriores a la construcción del santuario. Contienen motivos, temas
y expresiones que Israel heredó de sus predecesores cananeos. Muchas voces hablan en y a
través de los Salmos, pero sobre todas se oye la expresión de una comunidad que se entrega a
la oración.
6.2.4 Los libros proféticos
Muy pocos libros proféticos, si acaso, fueron escritos en su integridad por la persona con cuyo
nombre han sido designados. Es más: en la mayoría de los casos, incluso las palabras del
profeta original fueron registradas por otros. La historia de Baruc, escriba de Jeremías (Jer. 36 y
también Is. 8,16) ilustra uno de los métodos con los que las palabras pronunciadas por los
profetas se convirtieron en libros. Las diversas manifestaciones de los profetas deben de haber
sido recordadas y recopiladas por sus seguidores y, según lo indicaran las circunstancias,
transcritas. Más tarde, la mayoría de los libros fueron editados y ampliados. Por ejemplo, cuando
Amós (c.7 55 a.C.) se utilizó en tiempos del exilio, se le dio un final nuevo y esperanzador (Am.
9,8-15). Isaías refleja siglos de la historia israelita y la obra de varios profetas y otras
personalidades; Is. 1-39 se basa sobre todo en el profeta original (742-700 a.C.); los capítulos
40 al 55 son obra de un profeta desconocido del exilio, denominado Segundo Isaías (539 a.C.);
y los capítulos 56 al 66, identificados con el Tercer Isaías, provienen de diversos escritores del
periodo posterior al exilio.
6.3 El canon
La Biblia hebrea y las versiones cristianas del Antiguo Testamento fueron canonizadas en
distintos momentos y lugares, aunque el desarrollo de los cánones cristianos debe entenderse en
los términos de las Escrituras judías.
6.3.1 El canon hebreo
En Israel, la idea de un libro sagrado data, como mínimo, del 621 a.C. Durante la reforma de
Josías, rey de Judá, cuando se estaba rehabilitando el Templo, el sumo sacerdote Jilquías
descubrió “el libro de la Ley” (2 Re. 22). El rollo era probablemente la parte central del actual
Deuteronomio, pero lo importante es la autoridad a la que se atribuyó. Más respeto se concedió
al texto leído por Esdras, el sacerdote y escriba hebreo, ante la comunidad a finales del siglo V
a.C. (Neh. 8).
La Biblia hebrea se fue convirtiendo en Sagradas Escrituras a lo largo de tres etapas
diferenciadas. La secuencia se corresponde con las tres partes del canon hebreo: la Torá, los
Profetas y los Hagiográficos. Sobre la base de las pruebas externas, parece evidente que la Torá
o Ley fue aceptada como texto sagrado entre las postrimerías del exilio de Babilonia (538 a.C.) y
44
el cisma samaritano del judaísmo, hacia el 300 a.C. Los samaritanos reconocen como Biblia sólo
a la Torá.
La segunda fase fue la canonización de Neviím (Profetas). Tal y como lo indican los
encabezamientos de los libros proféticos, las palabras de los profetas que habían quedado
registradas comenzaron a considerarse palabra de Dios. A todos los efectos, la segunda parte
del canon hebreo se concluyó a finales del siglo III a.C., no mucho antes del 200 a.C.
Entre tanto se compilaban, leían y utilizaban otros libros en el culto y el estudio. Hacia la época
en que se escribió Eclesiástico (c. 180 a.C.), se había desarrollado la idea de una Biblia tripartita.
El contenido de la tercera parte, Ketuvim (Hagiográficos), se mantuvo bastante fluido en el
judaísmo hasta después de la caída de Jerusalén en poder del Imperio romano, en el 70 d.C.
Hacia finales del siglo I d.C., los rabinos de Palestina ya habían determinado y cerrado la lista
definitiva.
En el proceso de canonización obraron tanto fuerzas positivas como negativas. Por una parte, la
mayoría de las decisiones ya habían sido adoptadas de facto: Torá, Profetas y la mayor parte de
Hagiográficos venían sirviendo como Escrituras desde hacía varios siglos. La controversia giró
sólo en torno a unos pocos libros de los Hagiográficos, como Eclesiastés y Cantar de los Cantares.
Por la otra, se escribían y difundían otros muchos libros religiosos, que aducían ser también la
palabra de Dios. Entre éstos se incluían los actuales apócrifos de los protestantes (algunos de
ellos deuterocanónicos para los católicos y ortodoxos, y otros apócrifos también para éstos),
algunos de los libros del Nuevo Testamento, y muchos más. En consecuencia, la decisión oficial
de establecer una Biblia debe considerarse como la respuesta a un planteamiento teológico:
¿según qué libros definirá el judaísmo su propia doctrina y su relación con Dios?
6.3.2 El canon cristiano
El segundo canon, el que hoy es la versión católica del Antiguo Testamento, surgió primero
como una traducción de los primeros libros hebreos al griego. El proceso se inició en el siglo III
d.C. fuera de Palestina, debido a que las comunidades judías de Egipto y de otros lugares
necesitaban las Escrituras en el idioma de su propia cultura. La mayoría de los libros adicionales
de esta Biblia, incluyendo suplementos de libros más antiguos, tuvo su origen entre las
comunidades judías no palestinas. Hacia finales del siglo I d.C., cuando se recopilaban y
difundían los primeros escritos cristianos, existían ya dos versiones de las Escrituras del
judaísmo: la Biblia hebrea y el Antiguo Testamento en griego (conocido como Septuaginta). Sin
embargo, la Biblia hebrea marcaba la norma oficial de la teología y la práctica. Ninguna prueba
indica que en el judaísmo haya existido alguna vez una lista oficial de Escrituras en griego. Los
libros adicionales de la Septuaginta fueron reconocidos de forma oficial sólo por el cristianismo.
Los escritos de los primeros padres de la Iglesia contienen numerosas y diversas listas, pero es
evidente que prevaleció el Antiguo Testamento en griego, más extenso.
El último paso importante en la historia del canon cristiano tuvo lugar durante la Reforma
protestante. Cuando Martín Lutero tradujo la Biblia al alemán, redescubrió lo que otros
(destacando de modo muy notable san Jerónimo, el erudito bíblico del siglo IV) ya sabían: que el
Antiguo Testamento original estaba escrito en hebreo. Eliminó de su Antiguo Testamento todos
45
los libros no incluidos en la Biblia
volver al texto y al canon acaso
autoridad de la Iglesia la autoridad
Libros Deuterocanónicos; Apócrifos
judía y los tildó de apócrifos. Esta medida tuvo por objeto
más antiguos y por consiguiente mejores, y oponer a la
de aquella versión más antigua de la Biblia. Véase Apócrifos;
del Nuevo Testamento.
6.4 Los textos y las versiones antiguas
Todos los traductores contemporáneos de la Biblia intentan recuperar y utilizar el texto más
antiguo, quizá el más fiel al original. No existen copias originales ni autográficas, sino centenares
de manuscritos diferentes con numerosas versiones distintas. En consecuencia, todo intento de
determinar cuál es el mejor texto de un libro o versículo concretos debe basarse en el trabajo
meticuloso y en el juicio de los científicos.
6.4.1 Textos masoréticos
Con respecto al Antiguo Testamento, la principal diferenciación es la existente entre los textos
en hebreo y las versiones o traducciones en otros idiomas antiguos. Los testimonios más
importantes y por lo general más fiables en hebreo, son los textos masoréticos, obra de los
eruditos judíos (denominados masoretas) que se encargaron de la tarea de copiar y transmitir
con fidelidad la Biblia (véase Masora). Estos sabios, que trabajaron desde los primeros siglos de
la era cristiana hasta la edad media, también insertaron en el texto la puntuación, las vocales (el
texto hebreo original contiene sólo consonantes) y diversas notas. La Biblia hebrea modelo que
se utiliza en nuestros días es la reproducción de un texto masorético escrito en 1088. El
manuscrito, en forma de códice o libro, se encuentra en la colección de la Biblioteca Pública de
San Petersburgo. Otro texto masorético, el Códice de Alepo (primera mitad del siglo X d.C.) es el
sustrato básico de una nueva edición del texto que está preparando la Universidad Hebrea de
Jerusalén. El Códice de Alepo es el manuscrito más antiguo de la Biblia hebrea íntegra, aunque
data de más de un milenio después de que se escribieran los últimos libros bíblicos, y quizá más
de 2.000 años después de los primeros.
No obstante, se conservan manuscritos hebreos más antiguos —masoréticos y de otra índole—
de libros individuales. Muchos de ellos, que datan del siglo VI, fueron descubiertos a finales del
siglo XIX en la guenizá (depósito en el que se guardan los escritos inutilizados o desechados
para evitar que se profane el nombre de Dios escrito en ellos) de la sinagoga de El Cairo.
Numerosos manuscritos y fragmentos, muchos de ellos de la era precristiana, fueron
recuperados en la región del mar Muerto desde 1947 (véase Manuscritos del Mar Muerto).
Aunque muchos de los manuscritos más importantes son bastante tardíos, en particular los
textos masoréticos conservan una tradición textual que se remonta cuando menos a un siglo
antes de la era cristiana.
46
6.4.2 La Septuaginta y otras versiones en griego
Las versiones más valiosas de la Biblia hebrea son las traducciones al griego. En algunos casos
las versiones griegas presentan un material superior al de la hebrea, ya que se basan en textos
hebreos más antiguos que los que nos han llegado hasta hoy. Muchos de los manuscritos griegos
son mucho más antiguos que los manuscritos de la Biblia hebrea íntegra, y fueron incluidos en
copias de la Biblia cristiana completa que datan de los siglos IV y V d.C. Los manuscritos más
importantes son el Códice Vaticano (en la Biblioteca del Vaticano), el Códice Sinaítico y el Códice
Alejandrino (ambos se encuentran en el Museo Británico).
La versión griega más importante se denomina Septuaginta (en griego, ‘setenta’), porque la
leyenda afirma que la Torá fue traducida en el siglo III d.C. por 70 (o 72) traductores. Tal vez, la
leyenda sea cierta en algunos aspectos: la primera traducción al griego incluía sólo a la Torá y
fue realizada en Alejandría en el siglo III a.C. Más tarde se tradujeron las demás Escrituras
hebreas, aunque parece lógico que esta tarea fuese realizada por otros eruditos cuya pericia y
concepciones eran distintas.
Se emprendieron muchas otras traducciones al griego, que en su mayoría se conservan sólo
gracias a fragmentos o citas de los primeros padres de la Iglesia y otros. Entre ellas se incluyen
las versiones de Áquila, Símaco, Teodoción y Luciano. El teólogo cristiano Orígenes (siglo III)
estudió los problemas que presentaban estas versiones diferentes y preparó una Hexapla, una
crítica textual en la que organizó en seis columnas paralelas el texto hebreo, el texto hebreo
transliterado al griego, y las versiones de Áquila, Símaco, Teodoción y Luciano.
6.4.3 Pešitta, Antigua latina, Vulgata y los Targum
Entre otras versiones merecen mencionarse la Pešitta, o siríaca, iniciada con toda probabilidad
en el siglo I d.C.; la Antigua latina, que no fue traducida del hebreo sino que procede de la
Septuaginta en el siglo II; y la Vulgata, traducida del hebreo al latín por san Jerónimo a finales
del siglo IV d.C.
Otras versiones que deben considerarse son los Targum arameos. En el judaísmo, cuando el
arameo sustituyó al hebreo como idioma cotidiano, se hicieron necesarias traducciones, primero
para acompañar la lectura oral de las Escrituras en la sinagoga, y más tarde transcritas al papel.
Los Targum no eran traducciones literales, sino más bien paráfrasis o interpretaciones del
original. Los dos Targum más importantes son el que tuvo su origen en Palestina y los revisados
en Babilonia. En el último decenio se descubrió un manuscrito íntegro del Targum palestino, el
Neofiti I, guardado en la Biblioteca del Vaticano. De los Targum babilónicos, los más conocidos
son el de Onquelos (Pentateuco) y el de Jonatán (Profetas).
Las versiones suelen ser testimonios cualificados, en ocasiones los mejores, del texto original.
Además, incluyen importantes pruebas de la historia del pensamiento entre las comunidades
para las que la Biblia constituía un texto fundamental.
47
6.5 El Antiguo Testamento y la historia
En casi todas sus páginas el Antiguo Testamento reclama atención hacia la realidad y respeto
hacia la importancia de la historia. El Pentateuco y los libros históricos contienen historias de
salvación; los profetas hacen constantes referencias a hechos del pasado, del presente y del
futuro. Como la historia de Israel se recoge en el Antiguo Testamento, llegó a organizarse en
una serie de acontecimientos o periodos fundamentales: el éxodo (incluyendo los relatos desde
los patriarcas hasta la conquista de Canaán), la monarquía, el exilio de Babilonia y el retorno a
Palestina con la restauración de las instituciones religiosas.
6.5.1 Separación entre la interpretación y la historia
Es importante diferenciar entre la interpretación que hace el Antiguo Testamento sobre lo
ocurrido, y la historia crítica. Para escribir una reseña creíble, el historiador necesita fuentes más
o menos fiables, contemporáneas de los propios acontecimientos. La principal fuente de
información acerca de la historia de Israel es el Antiguo Testamento y, por lo general, a sus
autores les preocupaba en esencia el significado teológico del pasado. Es más: la mayoría de los
documentos son posteriores (en algunos casos datan de varios siglos después) a los sucesos que
describen. No existe un cuerpo significativo de pruebas escritas que se remonte al periodo
anterior a los tiempos de la monarquía, instaurada con la unción de Saúl como primer rey de
Israel en el siglo XI a.C. Otras pruebas, obtenidas a partir de escritos u objetos, se han
recuperado gracias a la arqueología, aunque todas las evidencias, tanto bíblicas como
arqueológicas, deben evaluarse de manera crítica (véase Arqueología bíblica; Ciencia bíblica).
Sin duda, todos los textos bíblicos que ha sido posible fechar contienen importante información
histórica. Revelan hechos relativos al periodo en que fueron escritos, aunque ello no significa
que hayan de incluir reseñas exactas y literales sobre los acontecimientos que relatan.
6.5.2 El núcleo histórico
La existencia de Israel fue parte de la historia del antiguo Oriente Próximo. Al igual que otros
pequeños pueblos del Mediterráneo Oriental, Israel estuvo a merced de las grandes potencias de
entonces —Egipto, Asiria y Babilonia— y pudo prosperar de forma independiente sólo cuando
éstas decaían o se enfrentaban entre sí.
6.5.2.1 La historia antigua y el desarrollo de Israel
Existe un considerable cuerpo de información relativo a la historia del antiguo Oriente Próximo a
partir del III milenio a.C., aunque una historia detallada de Israel sólo puede comenzar en torno
a los tiempos de David (1000-961 a.C.). Ello no significa que no haya nada que decir acerca de
las épocas precedentes o que toda la información de los sucesos anteriores a David sea inexacta.
Implica que es muy difícil separar las pruebas históricas de las interpretaciones posteriores y
que se conocen con certeza pocos detalles. Los relatos de Génesis sobre los patriarcas, por
ejemplo, no fueron concebidos como historia. La historia se refiere a acontecimientos públicos;
las narraciones de los patriarcas son episodios familiares, en su mayor parte centrados en
asuntos privados. Sin embargo, las pruebas arqueológicas han demostrado que el entorno o
48
escenario de estos relatos puede proporcionar un cuadro bastante fidedigno de cómo era la vida
durante la edad del bronce tardío. Los relatos sugieren que los antepasados de Israel eran
seminómadas y aportan indicios acerca de sus creencias y prácticas religiosas.
Un cuidadoso análisis de los registros bíblicos y un uso prudente de las pruebas arqueológicas
permiten situar el éxodo desde Egipto en la segunda mitad del siglo XIII a.C. No obstante, se
desconoce incluso la ruta del éxodo. Sobre este particular el Antiguo Testamento conserva al
menos dos tradiciones relevantes. Es posible que no participaran todas las tribus de Israel, y lo
más probable es que lo hicieran sólo las tribus de José.
En Josué 1-12 y Jueces 1-2 se encuentran dos versiones diferentes de la entrada de Israel a la
tierra de Canaán. Las sucintas manifestaciones que aparecen en Josué dan cuenta de que los
israelitas, bajo el mando de Josué, conquistaron el territorio de manera repentina, mientras que
Jueces 1-2 y otras tradiciones apoyan la conclusión de que cada tribu fue ocupando su territorio
de manera gradual, y transcurrieron varias décadas, si no siglos, antes de que Israel adquiriese
su territorio. Así, el periodo de las conquista y el de Jueces se superponen. Por lo general,
durante los dos siglos posteriores al 1200 a.C., las tribus llevaron a veces existencias separadas
y otras veces conjuntas, para convertirse en una nación (Israel); sólo tras un proceso gradual.
6.5.2.2 La monarquía
La monarquía surgió en torno al siglo XI a.C., en un clima de enfrentamientos internos y
amenazas externas. Las luchas intestinas giraron en torno a la forma de gobierno adecuada para
la nación. Mientras que algunos favorecían el estilo más tradicional de liderazgo carismático en
épocas de crisis, otros deseaban una monarquía estable. Triunfó la monarquía debido a la
amenaza exterior de los filisteos, superiores en el orden militar, que ocuparon cinco ciudades de
la llanura costera. Saúl unió a las tribus e instauró la monarquía, pero murió junto a su hijo
Jonatán en una batalla contra los filisteos. David se convirtió en rey, primero del sur y más tarde
de toda la nación. Tras encargarse de eliminar de una vez por todas la amenaza filistea, instauró
un imperio que abarcó desde Siria hasta la frontera con Egipto. Su reinado fue largo y próspero,
aunque no carente de luchas intestinas por la posesión de su trono. Le sucedió su hijo Salomón,
quien estableció una corte siguiendo el modelo de otros monarcas orientales. Salomón construyó
un palacio y el gran Templo de Jerusalén, exprimiendo al máximo los recursos del país para
realizar sus grandiosos proyectos.
6.5.2.3 Los reinos de Israel y Judá
Tras la muerte de Salomón, las tribus del norte se rebelaron bajo el mando de su hijo Roboam.
Las dos naciones, Israel en el norte y Judá en el sur, nunca volvieron a reunirse, y con
frecuencia lucharon entre sí. En Judá la dinastía de David continuó hasta la ocupación del país
por los babilonios (597-586 a.C.), aunque en Israel abundaron los reyes y las dinastías. El
periodo de la monarquía dividida estuvo señalado por amenazas de parte de los asirios, los
arameos y los babilonios. Israel, con capital en Samaria, cayó en manos del ejército asirio en el
722-721 a.C., siendo sus gentes deportadas e instalándose extranjeros en su lugar. Judá sufrió
dos humillaciones a manos de los babilonios: la rendición de Jerusalén en el 597, y su
destrucción en el 586 a.C. En ambas ocasiones se deportaron cautivos a Babilonia, pero como no
49
se asentaron extranjeros en Judá y los cautivos gozaron de cierta libertad, al menos la de
asociarse entre sí, la vida del pueblo continuó tanto en Babilonia como en su país natal. El exilio
fue un desastre que desde hace mucho tiempo los profetas habían anunciado como castigo
divino, aunque la experiencia llevó a los israelitas a reconsiderar su propio significado como
pueblo y a transcribir e interpretar sus antiguas tradiciones. Véase Cautividad de Babilonia.
6.5.2.4 El periodo posterior al exilio
En el año 538 a.C. el pueblo fue liberado de Babilonia tras haber sido instaurado el Imperio
persa por Ciro II el Grande. Los profetas Esdras y Nehemías fueron los líderes de la época
posterior al exilio, cuando se restablecieron las instituciones y se reconstruyó el Templo. Judá
pasó a ser una provincia persa y sus habitantes gozaron de una relativa autonomía, en especial
en el orden religioso.
En algún momento durante este periodo la historia de Israel devino en la historia del judaísmo,
aunque su fecha exacta es objeto de polémica. Para más información, véase Judíos; Judaísmo. A
principios de la era cristiana, el pueblo había sobrevivido al surgimiento del imperio de Alejandro
Magno (333 a.C.), a la revolución y al régimen de los Macabeos (168-165 a.C.) y al
establecimiento del control romano sobre Palestina (63 a.C.). Tras ser sofocada una rebelión en
el año 70 d.C., que provocó la destrucción de Jerusalén, su vida cambió por completo.
6.6 Temas doctrinales del Antiguo Testamento
Los temas doctrinales del Antiguo Testamento son ricos, profundos y diversos. En estos escritos
no puede hallarse una teología única, ya que surgieron de numerosos individuos y comunidades
durante varios siglos. Reflejan no sólo una evolución del pensamiento, sino también diferencias e
incluso conflictos de opinión. Por ejemplo, coexisten diferentes interpretaciones de la creación y
en más de una ocasión los profetas desafiaron los juicios de los sacerdotes. Los temas del
Antiguo Testamento son coherentes por sí y entre sí, aunque no se trata de una teología
sistematizada. La canonización de la Biblia, aunque determinó una lista oficial, también
reconoció una diversidad sustancial.
6.6.1 El Dios de Israel
El tema teológico más obvio del Antiguo Testamento es a la vez el más recurrente e importante:
Yahvé (el nombre de Dios en el Antiguo Testamento; véase Dios; Yahvé) es el Dios de Israel, del
mundo entero y de la historia. Esta temática se reitera a partir de Éx. 20,3 (“No habrá para ti
otros dioses delante de mí”) hasta las demás Escrituras hebreas, y constituye el pilar del resto
de las reflexiones teológicas. Sin embargo, sería engañoso identificar este tema con el
monoteísmo. Se trata de un término demasiado abstracto para los textos en cuestión y en todos,
si se exceptúan algunos de los materiales menos antiguos, se da por supuesta la existencia de
otros dioses. Por lo general, los otros dioses se consideran subordinados a Yahvé y en cualquier
caso Israel debe mantenerse fiel al único Dios. Se afirma que ese Dios es el creador del mundo,
el rey activo de la historia que salva y juzga, todopoderoso pero preocupado por su pueblo. Se
50
revela a sí mismo de varias formas: a través de la ley, de los acontecimientos y de los profetas y
sacerdotes.
El lenguaje característico del Antiguo Testamento acerca de Dios vincula el nombre de Yahvé con
los acontecimientos: “Yo, Yahvé, soy tu Dios, que te he sacado del país de Egipto, de la casa de
servidumbre” (Éx. 20,2). Israel reconoce quién es Dios más en términos de lo que ha hecho o
hará que en términos de su naturaleza intrínseca. Así, la historia adquiere una especial
importancia como esfera de la acción divina y de la interacción con su grey. La única salvedad
significativa a esta acepción del lenguaje histórico se encuentra en la literatura sapiencial.
6.6.2 La alianza y la ley
Otros dos temas fundamentales del Antiguo Testamento, la alianza y la ley, están relacionados
de forma estrecha. Alianza posee numerosos significados, incluyendo un acuerdo entre naciones
o individuos, pero sobre todo se refiere al pacto entre Yahvé e Israel sellado en el monte Sinaí.
El lenguaje relativo a la alianza tiene mucho en común con el de los tratados del antiguo Oriente
Próximo, ya que tanto aquélla como éstos se confirman mediante juramentos. Yahvé aparece
tomando la iniciativa en el establecimiento de la alianza al elegir a un pueblo. Quizá la
formulación más sencilla de la alianza es la frase: “Yo os haré mi pueblo y seré vuestro Dios” (Éx.
6,7). Se concebía que la ley se había otorgado como parte de la alianza, compromiso por el cual
Israel se convirtió en el pueblo de Dios. La ley contiene normativas de conducta en relación con
los demás seres humanos y reglas sobre las prácticas religiosas, aunque no transmite un código
de instrucciones para afrontar todos los aspectos de la vida. Más bien parece señalar los límites
que el pueblo no podrá transgredir sin romper la alianza.
6.6.3 El ser humano
El Antiguo Testamento hace hincapié en el concepto de los seres humanos en comunidad, algo
importante para un pueblo que ha establecido este tipo de alianza. El ser humano individual era
concebido como un cuerpo animado, como sugiere Gén. 2,7: “Entonces Yahvé Dios formó al
hombre con polvo del suelo e insufló en sus narices aliento de vida, y resultó el hombre un ser
viviente”. Ese ‘aliento’ no debe considerarse como un ‘alma’, sino como ‘vida’. En el Antiguo
Testamento, el ser humano era concebido como una unidad de materia física y vida, una
integridad que era un regalo de Dios. En consecuencia, la muerte era una realidad vívida. Las
visiones de una vida después de la muerte o de la resurrección aparecen como raras
excepciones, y con mucha posterioridad, en el pensamiento israelita.
Otro tema que aparece en los profetas y que resulta básico en otras partes es que Yahvé es un
Dios justo que espera de su pueblo justicia y rectitud. Ello incluye la equidad en todos los
asuntos humanos, la protección del débil y el establecimiento de instituciones justas.
Al tratar éstas y otras materias, no es de sorprender que las Escrituras judías proporcionasen los
cimientos de dos religiones universales, el judaísmo y el cristianismo.
51
7 EL NUEVO TESTAMENTO
El Nuevo Testamento consta de 27 documentos escritos entre el 50 y el 150 d.C., dedicados a
cuestiones de creencias y prácticas religiosas en las comunidades cristianas del mundo
mediterráneo. Aunque hay quienes han señalado que en estos documentos subyacen originales
en arameo (en especial el Evangelio de Mateo y la Epístola a los Hebreos), todos ellos llegaron
hasta nosotros en griego, quizá el idioma original en que fueron redactados.
7.1 Texto, canon y primeras versiones
Durante un tiempo algunos eruditos cristianos consideraron al griego del Nuevo Testamento
como un género especial de idioma religioso, concebido por la providencia como el vehículo
óptimo para la fe cristiana. Hoy ha quedado en evidencia, a partir de escritos extrabíblicos del
periodo, que la lengua del Nuevo Testamento es la koiné o griego común, que se utilizaba en los
hogares y mercados.
7.1.1 Manuscritos y crítica textual
Los manuscritos griegos del Nuevo Testamento que han llegado hasta nuestros días, completos,
parciales o en fragmentos, suman unos 5.000. Sin embargo, ninguno es autógrafo, original de
su autor. Es probable que el más antiguo sea un fragmento del Evangelio de Juan, datado en
torno al 120-140 d.C. Las similitudes entre estos manuscritos son más notables si se consideran
las diferencias cronológicas y los referidos a su lugar de origen, así como los métodos y
materiales de escritura. Sin embargo, entre las divergencias se incluyen omisiones, adiciones,
terminología y orden de las palabras.
Comparar, evaluar y fechar los manuscritos; organizarlos en grupos afines y desarrollar criterios
para evaluar cuál es el texto que tiene más probabilidades de corresponderse con el que en
verdad escribieron sus autores, son tareas propias de los críticos. Para sus evaluaciones se
sirven de miles de citas de las escrituras que aparecen en las obras de los primeros padres de la
Iglesia y en una serie de antiguas traducciones de la Biblia a otros idiomas. El fruto del trabajo
de los críticos textuales es una edición del Nuevo Testamento en griego que ofrece no sólo el
que se considera el mejor, sino que también incluye notas que indican versiones divergentes en
los principales manuscritos. Estas variantes suelen aparecer en las traducciones como notas al
pie en las que se indica qué opinaban sobre el particular otras autoridades antiguas (véanse, por
ejemplo, Mc. 16,9-20; Jn. 7,53-8,11; He. 8,37). Las ediciones críticas del Nuevo Testamento
griego han venido apareciendo con cierta regularidad periódica a partir de la obra del erudito
holandés Erasmo de Rotterdam.
7.1.2 Escritos precanónicos
Los 27 libros del Nuevo Testamento no son más que una fracción de la producción literaria de las
comunidades cristianas en sus primeros tres siglos. Los principales tipos de documentos del
Nuevo Testamento (evangelios, epístolas y apocalipsis) fueron muy imitados, atribuyéndose los
nombres de los apóstoles u otras figuras señeras a escritos concebidos para llenar el vacío del
52
Nuevo Testamento (por ejemplo, sobre la infancia y juventud de Jesús) y satisfacer el apetito de
más milagros, así como para alegar revelaciones más novedosas y completas. Durante esta
época circularon hasta 50 evangelios. Muchos de estos escritos cristianos no canónicos han sido
recopilados y publicados como Apócrifos del Nuevo Testamento.
El conocimiento de la literatura de este periodo se amplió en gran medida gracias al
descubrimiento en 1945, de la biblioteca de un grupo cristiano herético, los gnósticos ( véase
Gnosticismo), en Nag-Hammadi (Egipto). Esta colección, escrita en copto, ha sido traducida y
publicada. Los especialistas han prestado especial atención al Evangelio de Tomás; uno de los 12
apóstoles que pretende recoger los proverbios, 114 en total, que Jesús le transmitió en persona.
7.1.3 El canon
No existen registros claros para documentar cuáles fueron los elementos determinantes para
que la Iglesia adoptase un canon oficial de los textos cristianos, ni tampoco de su proceso de
formación. Para Jesús y sus seguidores, la Torá, Profetas y los Hagiográficos del judaísmo eran
las ‘Santas Escrituras’. Sin embargo, la interpretación de estos escritos estaba regida por las
obras, las palabras y la persona de Jesús tal y como las comprendieron sus fieles. A los
apóstoles que conservaron las palabras y hechos de Jesús y que continuaron su misión se les
atribuyó una autoridad especial. Que Pablo, por ejemplo, pretendiera que sus epístolas fuesen
leídas en voz alta en las iglesias e incluso intercambiadas entre éstas (Col. 4,16; 1 Tes. 5,26 y
ss.) indica que en las comunidades cristianas se estaban desarrollando nuevas normas sobre las
creencias y la práctica religiosa. Esta norma constaba de dos partes: el Señor (conservado en los
“Evangelios”) y los Apóstoles (sobre todo en las “Epístolas”).
Seguir el rastro de la historia de la evolución del canon del Nuevo Testamento tomando como
guía los libros mencionados o citados por los primeros padres de la Iglesia constituye un proceso
incierto, ya que es más lo que silencia que lo que declara. Al parecer, el primer intento de
establecer un canon tuvo lugar en torno al 150 d.C., por obra de un cristiano herético de nombre
Marción, cuya aceptable relación incluía el Evangelio de Lucas y 10 epístolas paulinas, editados
con una fuerte orientación antijudía. Quizá la oposición a Marción fue la que dio impulso a los
esfuerzos tendentes a elaborar un canon aceptado de forma general.
Tal vez hacia el 200 d.C., 20 de los 27 libros del Nuevo Testamento se consideraban autorizados.
Aquí y allá prevalecían preferencias locales, existiendo algunas diferencias entre las Iglesias
occidental y oriental. En general, los libros que durante un tiempo fueron objeto de polémica,
aunque más tarde se incluyeron en el canon, eran Santiago, Hebreos, 2 Juan, 3 Juan, 2 Pedro y
Apocalipsis. Otros libros que gozaron de amplia aceptación popular aunque al final resultaran
rechazados, fueron Bernabé, 1 Clemente, Hermas y el Didaké; los autores de estos libros suelen
ser denominados padres Apostólicos.
La carta pastoral 39 que san Atanasio, obispo de Alejandría, envió a las iglesias que se hallaban
bajo su jurisdicción en el año 367, acabó con toda duda acerca de los límites del canon del
Nuevo Testamento. En dicha pastoral, que se conserva en una colección de los mensajes
anuales de la Cuaresma dictados por Atanasio, relaciona como canónicos los 27 libros que
siguen siendo los constitutivos del Nuevo Testamento, aunque los organizó de forma diferente.
53
Estos libros del Nuevo Testamento, en su orden actual, son los cuatro Evangelios (Mateo, Marcos,
Lucas y Juan), Hechos de los Apóstoles, Romanos, 1 Corintios, 2 Corintios, Gálatas, Efesios,
Filipenses, Colosenses, 1 Tesalonicenses, 2 Tesalonicenses, 1 Timoteo, 2 Timoteo, Tito, Filemón,
Hebreos, Santiago, 1 Pedro, 2 Pedro, 1 Juan, 2 Juan, 3 Juan, Judas y Apocalipsis.
7.1.4 Primeras versiones
Por cuanto el Nuevo Testamento se escribió en griego, la historia de la transmisión del texto y
de la determinación del canon suele pasar por alto las primeras versiones, muchas de las cuales
son anteriores al texto griego más antiguo que ha llegado a nuestros días. La rápida expansión
del cristianismo más allá de las regiones en las que prevalecía el griego requirió traducciones al
siríaco, al latín antiguo, al copto, al gótico, al armenio, al georgiano, al etíope y al árabe. Las
versiones en siríaco y latín aparecieron ya en el siglo II y las traducciones al copto comenzaron a
aparecer en el siglo III. Estas primeras versiones no eran, en modo alguno, traducciones
oficiales, aunque se hicieron para suplir las necesidades regionales de culto, predicación y
enseñanza. En consecuencia las traducciones quedaron ancladas en dialectos locales y a menudo
incluían sólo partes seleccionadas del Nuevo Testamento. Durante los siglos IV y V se hicieron
esfuerzos por reemplazar estas versiones regionales por traducciones más homogéneas que
tuvieran una mayor aceptación. En el 382, el papa Dámaso I encargó a san Jerónimo la
preparación de una Biblia en latín. Conocida con el nombre de Vulgata, reemplazó a varios
textos en latín antiguo. En el siglo V la Pešitta siríaca sustituyó a las versiones existentes en este
idioma, que a la sazón eran las más populares. Como suele ser el caso, con gran lentitud las
antiguas versiones cedieron su lugar a las nuevas.
7.2 La literatura del Nuevo Testamento
Desde un punto de vista literario los documentos del Nuevo Testamento pueden clasificarse en
cuatro tipos o géneros principales: evangelios, historia, epístolas y apocalipsis. De los cuatro,
sólo los evangelios responden en apariencia a un estilo literario que tuvo su origen en la
comunidad cristiana.
7.2.1 Evangelios
Un evangelio no es una biografía aunque guarde algunas semejanzas con las biografías de
héroes, humanos o divinos, del mundo grecorromano. Un evangelio es una serie de reseñas
individuales de hechos o dichos, cada una de las cuales mantiene una cierta unidad, aunque
estén organizados con el objeto de crear un efecto acumulativo. Al parecer, los autores de los
Evangelios tuvieron cierto interés en resaltar el orden cronológico, aunque no fue una de sus
prioridades. Lo que influyó en mayor medida sobre la organización del material fueron los temas
teológicos y las necesidades de los lectores. Por ello podría esperarse que, aunque los cuatro
Evangelios del Nuevo Testamento se centran en la vida de Jesús de Nazaret y los cuatro son
evangelios desde el punto de vista literario, existiesen diferencias entre ellos. Y así es. A
excepción de los relatos del arresto, juicio, muerte y resurrección de Jesús (episodios similares
en los cuatro libros), los Evangelios difieren en importantes detalles, perspectivas y énfasis de
interpretación.
54
Sobre estos particulares es el Evangelio según san Juan el que más se distingue de los demás.
En este Evangelio, Jesús aparece descrito de forma más obvia como divinidad omnisapiente,
omnipotente y superior. Los otros tres se denominan Evangelios Sinópticos (vistos juntos)
porque a pesar de sus diferencias, si se organiza en columnas paralelas el texto de Mateo,
Marcos y Lucas, sus coincidencias son tales que pueden apreciarse de un modo visual, hasta tal
punto que han generado numerosas hipótesis acerca de sus relaciones. La opinión especializada
más difundida sostiene que Marcos fue el primer Evangelio que se escribió y sirvió como fuente
inspiradora para Mateo y Lucas. Lo más probable es que estos dos últimos recurrieran a otros
textos además de a esta fuente común, una hipótesis basada en la gran cantidad de material
común que no se encuentra en Marcos. Esta fuente, que existe sólo en la teoría ya que no ha
podido ser identificada, ha sido denominada Q, o Quelle (en alemán, ‘fuente’). En su prólogo el
autor del Evangelio de Lucas dice haber investigado numerosas narraciones sobre Jesús (Lc. 1,14).
7.2.2 Historia
La mejor representación de la narración histórica en el Nuevo Testamento se halla en Hechos de
los Apóstoles, el segundo de dos volúmenes (en ocasiones denominados Lucas-Hechos)
atribuidos a san Lucas. Estos dos libros relatan la historia de Jesús y de la Iglesia que surgió en
su nombre como una narración continua, centrada en la historia de Israel y del Imperio romano.
La historia se presenta desde el punto de vista teológico, es decir, que interpreta el proceder de
Dios en un acontecimiento concreto o con una determinada persona. Hechos se destaca en el
Nuevo Testamento por recurrir a la narración histórica como vehículo para la proclamación de la
fe cristiana.
7.2.3 Epístolas
En el mundo grecorromano la epístola o carta constituía un estilo literario bastante generalizado
y constaba de la firma, dirección, saludo, alabanza o acción de gracias, el mensaje y la
despedida. San Pablo encontró que este estilo congeniaba con respecto al que mantenía para
dirigirse a las iglesias que había fundado, y resultaba cómodo y didáctico para un apóstol
itinerante. Este estilo adquirió gran popularidad en la comunidad cristiana y fue empleado por
numerosos jerarcas y escritores de la Iglesia. Las epístolas que escribieron, algunas de las
cuales aparecen en el Nuevo Testamento, son en realidad sermones, exhortaciones o tratados,
apenas encubiertos por los rasgos del género epistolar.
7.2.4 Escritos apocalípticos
Los escritos apocalípticos aparecen en todo el Nuevo Testamento, pero su uso es predominante
en el libro llamado Apocalipsis (o Revelación). Por lo general, los apocalipsis se escribieron en
épocas de graves crisis de una comunidad, tiempos en los que la gente mira más allá del
presente y de lo humano en busca de ayuda y esperanza. Esta literatura es muy visionaria,
simbólica y pesimista en cuanto a la situación global del mundo y esperanzadora sólo en
términos de lo invisible que está más allá de lo material y de la victoria que está más allá de la
historia. Las visiones del fin del mundo se caracterizan por la retribución y la recompensa a los
55
justos. Al parecer, Apocalipsis fue escrito durante la persecución desencadenada contra los
cristianos bajo el emperador romano Domiciano (81-96 d.C.). Véase Escritos apocalípticos.
7.2.5 Formas literarias
Dentro de estos cuatro estilos literarios principales, aparecen diversas formas: poemas, himnos,
fórmulas confesionales, proverbios, historias milagrosas, bienaventuranzas, diatribas, listas de
obligaciones y parábolas, entre otros. Los estudios recientes han prestado gran atención a la
forma literaria no sólo como elemento imprescindible para la comprensión del contenido, sino
también como vehículo mediante el cual el lector puede compartir la experiencia creada en
determinado pasaje. Las formas tienen el poder de crear mundos y definir relaciones, y no son
meros accesorios del contenido.
En las obras de los especialistas bíblicos de antaño se prestaba gran atención a la parábola, que
durante siglos fue considerada como una alegoría. A finales del siglo XIX el científico bíblico
alemán Adolf Jülicher adoptó una nueva orientación para realizar la interpretación de las
parábolas. Insistió en que las parábolas del Nuevo Testamento deben ser entendidas como
símiles reales más que como alegorías. Así, sostuvo que los relatos de Jesús deben entenderse
como ejemplos cuyo significado podía volverse a enunciar formulando temas o propuestas
sencillas.
Las parábolas han llegado a ser aceptadas como obras del arte literario con una fuerza y función
similar a la de la poesía, por lo cual no deben destruirse parafraseándolas, resumiéndolas ni
compendiándolas. Como arte literario, una parábola no se limita a presentar su argumento, sino
que además actúa sobre el lector, creando, modificando o incluso rechazando una determinada
concepción de la vida y de la realidad. También se están efectuando estudios académicos de
otras formas literarias del Nuevo Testamento.
7.3 La historia en el Nuevo Testamento
El Nuevo Testamento no es una colección de máximas, reflexiones y meditaciones desvinculadas
de la realidad histórica. Por el contrario, sus documentos se centran en una figura histórica,
Jesús de Nazaret, y aluden a los problemas que debieron enfrentar sus seguidores en una gran
diversidad de contextos específicos dentro del Imperio romano. No obstante, esta preocupación
por los acontecimientos, los personajes y las situaciones históricas no significa que el Nuevo
Testamento se someta a intereses históricos o cronológicos en exclusiva.
7.3.1 Determinación del contexto cronológico amplio
La reconstrucción histórica del periodo basada en las fuentes del Nuevo Testamento presenta
una serie de dificultades. En primer lugar, los documentos están organizados según un criterio
teológico, y no desde una perspectiva cronológica. Los Evangelios están situados en primer lugar
porque relatan la historia de Jesús, aunque fueron escritos entre el 70 y el 90 d.C., hasta unos
60 años después de su muerte. Hechos de los Apóstoles data también de esta época. Sin
embargo, las epístolas de Pablo son anteriores y han sido situadas en la década entre el 50 y el
56
60 d.C., ya que fueron compuestas en el transcurso de la obra misionera de Pablo. Los demás
libros, que pueden datarse entre el 90 y el 150 d.C., reflejan la situación de la Iglesia en el
periodo postapostólico. En segundo lugar, los documentos no demuestran demasiado interés en
la historia como proceso cronológico, en parte porque sus autores creían en la inminencia del
final de los tiempos. En tercer lugar, el Nuevo Testamento no es un solo libro, sino un
compendio eclesiástico, conservado con el propósito específico de emplearse para el culto, la
predicación, la enseñanza y la polémica. Cuarto, todos los documentos fueron escritos por
defensores de la fe cristiana con el objeto de proclamar e instruir en la fe; en consecuencia,
aunque contienen referencias históricas, no constituyen informes históricos. Añádanse a estas
dificultades la falta de muchas referencias acerca de Jesús y de sus seguidores en otras fuentes
contemporáneas y se comprenderá por qué son escasas las posibilidades de completar una
historia detallada.
No obstante, los especialistas coinciden en cuanto al contexto cronológico general. Los
principales puntos de apoyo se encuentran en Lucas y Hechos, que sitúan la narración de la vida
de Jesús y los comienzos de la Iglesia dentro del contexto de la historia judía y romana. El
Evangelio de Lucas afirma que Jesús comenzó su ministerio en el decimoquinto año de reinado
de Tiberio (Lc. 3,1), que sería el 28-29 d.C. Los cuatro Evangelios coinciden en que Jesús fue
crucificado cuando Poncio Pilatos era gobernador de Judea (26-36 d.C.). El ministerio de Jesús
tuvo lugar entre el 29 y el 30 d.C. si se acepta la versión de que duró un año, o entre el 29 y el
33 d.C. según la teoría de que se prolongó entre tres y cuatro años.
7.3.2 Las narraciones de la infancia
Antes de su vida pública, poco se sabe de Jesús. Era originario de Nazaret de Galilea, aunque
tanto Lucas como Mateo sitúan su lugar de nacimiento en Belén de Judea, cuna ancestral del rey
David. Sólo los libros de Lucas y Mateo contienen relatos de su nacimiento e infancia, que
divergen en numerosos detalles. Lucas (1,5-2,52) narra estos relatos entretejiendo en ellos
poemas y canciones prestados del Antiguo Testamento que expresan la preocupación de Dios
por los pobres y desheredados. Mateo (1,18-2,23) moldea su relato sobre el modelo de la
narración que sobre Moisés recoge el Antiguo Testamento. Así como Moisés pasó su infancia
entre los ricos y sabios de Egipto, también Jesús fue visitado y reverenciado por magos ricos y
sabios. Así como Moisés huyó y vivió oculto de un malvado rey que pretendía exterminar a los
varones hebreos recién nacidos, también Jesús fue salvado de la masacre de Herodes el Grande
(rey de Judea que murió en el 4 a.C., por lo que es probable que Jesús naciera entre el 6 y el
4 a.C.).
El resto del Nuevo Testamento guarda silencio acerca del nacimiento de Jesús. En el transcurso
de la historia de la Iglesia, algunos cristianos han insistido en que las narraciones de la infancia
deben tomarse de forma literal, mientras que otros las han considerado como uno de los muchos
modos de expresar la creencia en la relación de Jesús hacia Dios como su Hijo. La tendencia del
Nuevo Testamento a proclamar el significado de los acontecimientos sin presentar la versión del
narrador sobre los propios hechos siempre ha dado lugar a la disensión entre quienes se dedican
a la investigación histórica.
57
7.3.3 Los apóstoles y la iglesia primitiva
Tras el ministerio de Jesús, descrito en los cuatro Evangelios, el movimiento religioso que había
alentado quedó bajo la dirección de los 12 hombres que había elegido para ser sus apóstoles. La
mayoría desapareció en la oscuridad y la leyenda de los tiempos, aunque tres de ellos se
mencionan como líderes continuadores: Santiago el Mayor, asesinado por Herodes Agripa I en el
año 44 d.C. (fecha de la muerte del propio rey); Juan, su hermano, que al parecer vivió hasta
una edad provecta (Jn. 21,20-24); y Pedro, uno de los primeros dirigentes de la Iglesia de
Jerusalén, que también realizó varios viajes misioneros y, según la tradición, sufrió martirio en
Roma a mediados de la década del 60. Además de los tres, Santiago, llamado hermano de Jesús,
se destacó en la Iglesia de Jerusalén hasta que fue asesinado durante un motín popular en el 61.
Antes del estallido en Jerusalén de la rebelión judía contra Roma en el 66, los cristianos
abandonaron la ciudad y no estuvieron implicados en la violencia que destruyó Jerusalén en el
70.
La mayor parte de la atención del registro que aparece en Hechos de los Apóstoles se centra en
la figura de Pablo, un judío de Tarso que se convirtió al cristianismo en las cercanías de
Damasco entre el 33 y el 35 d.C. Tras 14 años de silencio Pablo comenzó a escribir sus epístolas,
realizando una obra misionera que le llevó por Siria, Galacia, Asia Menor, Macedonia, Grecia y
Roma. Al parecer, sus días acabaron en Roma en los primeros años de la década del 60. Las
epístolas de Pablo y Hechos ofrecen al lector algunos datos acerca de la vida de estas primitivas
comunidades cristianas y sobre su relación con las culturas hegemónicas.
Los demás libros del Nuevo Testamento aportan escasa información histórica y casi ninguna
base para permitir una datación exacta. En general, parecen haber sido escritos por una
comunidad de segunda o de tercera generación. En estos documentos, los seguidores
inmediatos de Jesús ya han muerto, se han disipado el entusiasmo inicial y las expectativas del
regreso definitivo de Jesús para terminar la historia y es evidente la necesidad de preservación,
consolidación e institucionalización (véase Escatología; Segunda venida). Se identifica a los
herejes y apóstatas, se los ataca y se insta a los miembros a adoptar una tenacidad que les
permita enfrentar a las persecuciones por venir. La Segunda Epístola de Pedro, acaso el último
de los libros del Nuevo Testamento que se escribió, muestra un vigoroso esfuerzo por
restablecer las antiguas expectativas sobre el inminente final de la historia. Este intento de
recuperar el celo y la convicción de tiempos pasados es, en sí mismo, el indicio del final de una
época.
7.4 Principales temas del Nuevo Testamento
Al igual que los temas teológicos del Antiguo Testamento, los del Nuevo tienen un contenido rico
y variado.
7.4.1 Dios
En ningún otro tema se refleja de manera más clara o coherente la continuidad entre el Nuevo
Testamento y el Antiguo que en las enseñanzas acerca de Dios. Toda opinión sobre que el Dios
58
de Jesús o de la primitiva Iglesia era diferente del Dios del judaísmo fue rechazada como herejía.
El Dios del Nuevo Testamento es el creador de toda la vida y sustentador del Universo. Este
único Dios, origen y final de todas las cosas, toma la iniciativa de atraer con amor a toda la
humanidad, celebrando alianzas con quienes respondan a su mensaje y comportándose con ellos
de manera justa y misericordiosa, con tino e indulgencia. Dios nunca ha abandonado el mundo
vacío de sus testigos, habiéndose revelado en muchas ocasiones, formas y lugares. Pero el
Nuevo Testamento sostiene que Jesús de Nazaret es una revelación singular de Dios. La persona,
palabras y actividad de Jesús fueron comprendidos como la comparecencia de sus seguidores
ante la presencia de Dios. En los días de sus inicios dentro del judaísmo, la Iglesia pudo asumir
la fe y centrarse en el mensaje de Jesús como revelador de Dios. Sin embargo, más allá de los
límites del judaísmo, la fe en el único Dios verdadero se convirtió en el elemento básico para la
proclamación del cristianismo.
7.4.2 Jesús
El Nuevo Testamento presenta su concepción de Jesús en los títulos, retratos y descripciones de
su persona y reseñas de su obra y su palabra. En el contexto del judaísmo, el Antiguo
Testamento proporcionó títulos y parábolas que los escritores del Nuevo Testamento utilizaron
para transmitir el significado de Jesús a sus discípulos. Fue descrito, por ejemplo, como un
profeta igual que Moisés, como rey davídico, como el Mesías prometido, como segundo Adán,
como sacerdote igual que Melquisedec, como figura apocalíptica igual que el Hijo del Hombre,
como el Siervo Sufriente de Isaías y como Hijo de Dios. (Para una reseña íntegra de la vida de
Jesús, véase Jesucristo; para un análisis teológico de su persona, véase Cristología.) La cultura
helenista aportó otras imágenes: una divinidad preexistente que bajó a la Tierra, realizó su obra
y retornó a la gloria; el Señor por encima de todos los emperadores; el mediador eterno de la
creación y la redención; la figura cósmica que reúne en sí misma la suma de la creación en un
todo armonioso.
Los Evangelios presentan el ministerio de Jesús como la presencia de Dios sobre la Tierra. Sus
palabras revelaron a Dios y al modo de obrar de Dios con su pueblo; sus acciones demostraron
el poder curativo de Dios al integrar el cuerpo, la mente y el espíritu; su martirio y muerte son
testimonio del inquebrantable amor de Dios; y su resurrección fue la señal de que Dios aprobaba
la vida, la muerte y el mensaje de Jesús. San Pablo y otros discípulos desarrollaron conceptos
acerca de la muerte de Jesús como el sacrificio y la expiación por los pecados y presentaron la
resurrección de Jesús como garantía de la resurrección de sus discípulos. Los documentos
escritos durante la persecución (1 Pe., Ap.) interpretaron el sufrimiento de Jesús como modelo
para los cristianos en la hora del martirio.
7.4.3 Espíritu Santo
Algunos de los profetas de Israel habían caracterizado como ‘últimos días’ aquellos en los que
Dios derramaría su Espíritu sobre la humanidad entera. El Nuevo Testamento sostiene que esta
promesa se cumplió en tiempos de Jesús. Por ello, en todo el Nuevo Testamento se menciona el
Espíritu de Dios, una expresión que representa la presencia activa de la divinidad. Esta entidad
es denominada de diversos modos, como Espíritu, Espíritu Santo, Espíritu Vivificante, Espíritu de
Cristo o Espíritu de la Verdad (véase Espíritu Santo; Trinidad). El Espíritu otorgó la fuerza a
59
Jesús y permitió que la Iglesia continuase lo que Jesús había comenzado a hacer y a predicar.
Dentro de cada uno de los discípulos, el Espíritu generó las cualidades adecuadas para esa vida
y dispuso a la persona para trabajar en aras del bien de la comunidad. Es comprensible que la
categoría ‘Espíritu’ estuviese sujeta a una amplia variedad de interpretaciones, creando
problemas en numerosas confesiones. El Nuevo Testamento refleja la lucha en pos de la
búsqueda de criterios claros para determinar si una congregación o persona estaba en realidad
bajo la influencia del Espíritu Santo.
7.4.4 Reino de Dios
Según el Nuevo Testamento, el mensaje central de Jesús fue el Reino de Dios. Llama al
arrepentimiento en preparación para el reino ‘inminente’. El Reino de Dios se refería al reino o
dominio de Dios y, según las enseñanzas de Jesús, se anuncia que dicho reino está presente. Sin
embargo, esta presencia no fue total ni completa, por lo cual en ocasiones se hace referencia a
ella como acontecimiento futuro. Los estudiosos del Nuevo Testamento han discutido sobre si
Jesús y sus seguidores esperaban o no que el Reino de Dios llegase a estar presente por
completo en su generación. La irresolución de este debate queda reflejado en dos expresiones
que suelen utilizarse para caracterizar a las enseñanzas del Nuevo Testamento con respecto al
reino: ‘ya’ y ‘todavía no’.
7.4.5 Salvación
El Reino de Dios no parece haber sobrevivido como temática central del mensaje de la Iglesia.
Según el Nuevo Testamento, la Iglesia no se identifica a sí misma como reino y en sus
predicaciones comenzó a hablar cada vez más de la salvación. Este término solía aludir a la
reconciliación de las relaciones de una persona como Dios y a la participación en una comunidad
que fuera a la vez reconciliada y reconciliante. En este sentido, la salvación era una realidad
actual, aunque no en su integridad. La salvación se consumaría en una vida plena, más allá de la
lucha, futilidad y mortalidad que caracterizan este mundo.
Pablo creía que en el cumplimiento último del propósito de Dios, la salvación alcanzaría
dimensiones cósmicas. El reino de la redención coexistiría con el reino de la creación. Ello
implicaba que al final, incluso las fuerzas del mal que, según el Nuevo Testamento, habitan los
cielos, la tierra y las regiones subterráneas, se armonizarían con el benevolente plan de Dios.
Esta visión final es diferente a la de Apocalipsis, donde el final se caracteriza por la reivindicación
y recompensa a los santos, y la condena eterna de los perversos.
7.4.6 Ética
Hasta que ese tiempo llegue los seguidores de Cristo deben manifestar, a través de su conducta
y sus relaciones, que están reconciliados con Dios. Tal es el mandato del Nuevo Testamento
íntegro, heredado del Antiguo: la vinculación inseparable entre la creencia religiosa y una
conducta ética y moral. La Torá, Profetas y Hagiográficos habían insistido sobre esto, y el Nuevo
Testamento mantiene su énfasis en ello. La vida terrenal es denominada de diversas formas
como recta, santificada, bondadosa, fiel. Los libros del Nuevo Testamento están repletos de
60
instrucciones acerca de esta vida, no sólo en un sentido íntimo, sino también en relación con los
vecinos, los enemigos, los familiares, los amos y esclavos, los funcionarios del gobierno y con el
propio Dios. Estas instrucciones se inspiran en el Antiguo Testamento, en las palabras y el
ejemplo de Jesús, en los mandatos apostólicos, en las leyes de la naturaleza, en las listas de
obligaciones familiares y en los ideales de los moralistas griegos. Se entendía que todos estos
factores tenían su origen común en Dios, que espera que su propia lealtad sea correspondida
con la lealtad de quienes se han reconciliado como familia de Dios.
Microsoft ® Encarta ® 2009. © 1993--2008 Microsoft Corporation. Reservados todos los
derechos.
61
Descargar