word - Salesianos

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CUARESMA
Y
PALABRA DE DIOS
REFLEXIONES
PARA INICIAR
EL CAMINO
DE LA CUARESMA
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Cuaresma 2015
Juan Carlos Pérez Godoy SDB
La Cuaresma es un tiempo de renovación para la Iglesia, para las comunidades y para cada
creyente. Pero sobre todo es un «tiempo de gracia» (2 Co 6,2). Dios no nos pide nada que no nos
haya dado antes: «Nosotros amemos a Dios porque él nos amó primero» (1 Jn 4,19). Él no es
indiferente a nosotros. Está interesado en cada uno de nosotros, nos conoce por nuestro nombre,
nos cuida y nos busca cuando lo dejamos.
Cada uno de nosotros le interesa; su amor le impide ser indiferente a lo que nos sucede. Pero ocurre
que cuando estamos bien y nos sentimos a gusto, nos olvidamos de los demás (algo que Dios Padre
no hace jamás), no nos interesan sus problemas, ni sus sufrimientos, ni las injusticias que padecen…
Entonces nuestro corazón cae en la indiferencia: yo estoy relativamente bien y a gusto, y me olvido
de quienes no están bien. Esta actitud egoísta, de indiferencia, ha alcanzado hoy una dimensión
mundial, hasta tal punto que podemos hablar de una globalización de la indiferencia. Se trata de un
malestar que tenemos que afrontar como cristianos. (…)
La caridad de Dios que rompe esa cerrazón mortal en sí mismos de la indiferencia, nos la ofrece la
Iglesia con sus enseñanzas y, sobre todo, con su testimonio. Sin embargo, sólo se puede testimoniar
lo que antes se ha experimentado. El cristiano es aquel que permite que Dios lo revista de su bondad
y misericordia, que lo revista de Cristo, para llegar a ser como Él, siervo de Dios y de los hombres.(…)
La Cuaresma es un tiempo propicio para dejarnos servir por Cristo y así llegar a ser como Él. Esto
sucede cuando escuchamos la Palabra de Dios y cuando recibimos los sacramentos, en particular la
Eucaristía. En ella nos convertimos en lo que recibimos: el cuerpo de Cristo. En él no hay lugar para
la indiferencia, que tan a menudo parece tener tanto poder en nuestros corazones. Quien es de
Cristo pertenece a un solo cuerpo y en Él no se es indiferente hacia los demás. «Si un miembro sufre,
todos sufren con él; y si un miembro es honrado, todos se alegran con él» (1 Co 12,26).
(Del mensaje del Papa Francisco para la cuaresma 2015)
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1. DEL DIRECTORIO SOBRE PIEDAD POPULAR Y LA LITURGIA
124. La Cuaresma es el tiempo que precede y dispone a la celebración de la Pascua. Tiempo de
escucha de la Palabra de Dios y de conversión, de preparación y de memoria del Bautismo, de
reconciliación con Dios y con los hermanos, de recurso más frecuente a las "armas de la penitencia
cristiana": la oración, el ayuno y la limosna (cfr. Mt 6,1-6.16-18).
En el ámbito de la piedad popular no se percibe fácilmente el sentido mistérico de la
Cuaresma y no se han asimilado algunos de los grandes valores y temas, como la relación entre el
"sacramento de los cuarenta días" y los sacramentos de la iniciación cristiana, o el misterio del
"éxodo", presente a lo largo de todo el itinerario cuaresmal. Según una constante de la piedad
popular, que tiende a centrarse en los misterios de la humanidad de Cristo, en la Cuaresma los
fieles concentran su atención en la Pasión y Muerte del Señor.
125. El comienzo de los cuarenta días de penitencia, en el Rito romano, se caracteriza por el
austero símbolo de las Cenizas, que distingue la Liturgia del Miércoles de Ceniza. Propio de los
antiguos ritos con los que los pecadores convertidos se sometían a la penitencia canónica, el gesto
de cubrirse con ceniza tiene el sentido de reconocer la propia fragilidad y mortalidad, que necesita
ser redimida por la misericordia de Dios. Lejos de ser un gesto puramente exterior, la Iglesia lo ha
conservado como signo de la actitud del corazón penitente que cada bautizado está llamado a
asumir en el itinerario cuaresmal. Se debe ayudar a los fieles, que acuden en gran número a recibir
la Ceniza, a que capten el significado interior que tiene este gesto, que abre a la conversión y al
esfuerzo de la renovación pascual.
A pesar de la secularización de la sociedad contemporánea, el pueblo cristiano advierte
claramente que durante la Cuaresma hay que dirigir el espíritu hacia las realidades que son
verdaderamente importantes; que hace falta un esfuerzo evangélico y una coherencia de vida,
traducida en buenas obras, en forma de renuncia a lo superfluo y suntuoso, en expresiones de
solidaridad con los que sufren y con los necesitados.
También los fieles que frecuentan poco los sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía
saben, por una larga tradición eclesial, que el tiempo de Cuaresma-Pascua está en relación con el
precepto de la Iglesia de confesar lo propios pecados graves, al menos una vez al año,
preferentemente en el tiempo pascual.
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2. DE LOS PRENOTANDOS DEL LECCIONARIO
DOMINGOS DE CUARESMA: (97)
Las lecturas del Evangelio están distribuidas de la siguiente manera: En los domingos
primero y segundo se conservan las narraciones de las tentaciones y de la transfiguración del
Señor, aunque leídas según los tres sinópticos. En los tres domingos siguientes se han recuperado,
para el año A, los evangelios de la samaritana, del ciego de nacimiento y de la resurrección de
Lázaro; estos evangelios, como son de gran importancia, en relación con la iniciación cristiana,
pueden leerse también en los años B y C, sobre todo cuando hay catecúmenos. Sin embargo, en los
años B y C hay también otros textos, a saber: en el año B, unos textos de san Juan sobre la futura
glorificación de Cristo por su cruz y resurrección; en el año C, unos textos de san Lucas sobre la
conversión. En el Domingo de Ramos de la Pasión del Señor, para la procesión se han escogido los
textos que se refieren a la solemne entrada del Señor en Jerusalén, tomados de los tres Evangelios
sinópticos; en la Misa se lee el relato de la pasión del Señor.
Las lecturas del Antiguo Testamento se refieren a la historia de la salvación, que es uno de
los temas propios de la catequesis cuaresmal. Cada año hay una serie de textos que presentan los
principales elementos de esta historia, desde el principio hasta la promesa de la nueva alianza. Las
lecturas del Apóstol se han escogido de manera que tengan relación con las lecturas del Evangelio y
del Antiguo Testamento y haya, en lo posible, una adecuada conexión entre las mismas.
FERIAS: (98)
Las lecturas del Evangelio y del Antiguo Testamento se han escogido de manera que tengan
una mutua relación, y tratan diversos temas propios de la catequesis cuaresmal, acomodados al
significado espiritual de este tiempo. Desde el lunes de la cuarta semana, se ofrece una lectura
semi-continua del Evangelio de san Juan, en la cual tienen cabida aquellos textos de este Evangelio
que mejor responden a las características de la Cuaresma. Como las lecturas de la samaritana, del
ciego de nacimiento y de la resurrección de Lázaro ahora se leen los domingos, pero sólo el año A (y
los otros años sólo a voluntad), se ha previsto que puedan leerse también en las ferias; por ello, al
comienzo de las semanas tercera, cuarta y quinta se han añadido unas “Misas opcionales” que
contienen estos textos; estas Misas pueden emplearse en cualquier feria de la semana
correspondiente, en lugar de las lecturas del día.
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3. LA PALABRA DE DIOS: CAMINO DE CUARESMA
"En seguida el Espíritu lo llevó al desierto, donde estuvo cuarenta días y fue tentado por
Satanás. Vivía entre las fieras, y los ángeles lo servían" Mc. 1, 12-13
La cuaresma se nos presenta como un tiempo privilegiado de encuentro con Dios, para
prepararnos para la fiesta más importante que tenemos los cristianos: La Pascua.
La Palabra de Dios nos ofrece para caminar este tiempo la imagen del desierto, que ya en el
Antiguo Testamento significaba el encuentro íntimo y profundo con Dios "la llevaré al desierto y
allí, en la soledad, le hablaré al corazón" Os. 2,16
El desierto es el lugar del despojo, donde sólo podemos apoyarnos en Dios para caminar. Así
lo experimentó Moisés, durante cuarenta días sin comer ni beber en el Sinaí para encontrarse con
el Dios de la Alianza, al igual que Elías con sus cuarenta días de oración y el pueblo hebreo en su
peregrinar por el desierto hasta la Tierra Prometida.
Estos textos del Antiguo Testamento, nos ayudan a encontrar el sentido de los cuarenta días
que Jesús caminó por el desierto, donde se encontró íntimamente con el Padre, preparándose así
para su misión. ¿Cómo introducirnos en esta Cuaresma, en el "desierto" para encontrarnos con la
mirada de Dios? Dejemos que la Palabra nos conduzca por el desierto de nuestra cuaresma.
Primer momento: Nuestro camino de Cuaresma
Comenzamos el encuentro presentando la Cuaresma como un camino de encuentro con
Dios, (a imagen de Jesús caminando por el desierto) que nos invita desde ahora a poner nuestra
mirada en la Pascua.
Para ello es preciso realizar una mirada interior, es necesario descubrir cómo nos
encontramos y qué disposiciones necesitamos para vivir la Cuaresma.
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Segundo momento: La Palabra nos muestra el camino
La propuesta es hacer un recorrido cuaresmal desde la Palabra de Dios, para que sea ella la que nos
guíe y convierta nuestro corazón. Aquí te ofrezco las lecturas del Evangelio de los 5 domingos de
cuaresma con una ficha para reflexionar. Cada ficha podrá ser trabajada en un momento de
reflexión personal, buscado y preparado oportunamente.
1º Domingo de CUARESMA
Mc 1, 12-15: Jesús conducido por el Espíritu al Desierto
“En aquel tiempo, el Espíritu empujó a Jesús al desierto.
Se quedó en el desierto cuarenta días, dejándose tentar por Satanás; vivía entre alimañas, y los ángeles
le servían.
Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía: - Se ha
cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio.”
“Vivir en armonía, vencer la tentación, andar contracorriente”
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Reflexión
¿Me dejo conducir por el Espíritu de Dios? ¿A dónde me lleva hoy el Espíritu de Dios?
¿Qué implica para mí el desierto? ¿Qué tipos de “desierto” experimento en mi vida hoy? ¿Cómo
reacciono ante la realidad del desierto?
¿Cuáles son mis tentaciones hoy? ¿Escucho a Jesús que, en este comienzo de la cuaresma, me
anuncia una vez más “la buena nueva del Reino”?
¿Qué implica para mí hoy volverme a Dios y convertirme de corazón? ¿Creo realmente en la buena
noticia de Jesús?
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2º Domingo de CUARESMA
Mc 9, 2-10: La transfiguración de Jesús
En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una
montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco
deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo. Se les aparecieron Elías y
Moisés, conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús: - «Maestro,
¡qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para
Elías.» Estaban asustados, y no sabía lo que decía. Se formó una nube que los cubrió, y salió
una voz de la nube: - «Este es mi Hijo amado; escuchadlo.» De pronto, al mirar alrededor, no
vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos. Cuando bajaban de la montaña, Jesús les
mandó: - «No contéis a nadie lo que habéis visto, hasta que el Hijo del hombre resucite de
entre los muertos.» Esto se les quedó grabado, y discutían qué querría decir aquello de
«resucitar de entre los muertos».
“Para que no perdamos la esperanza”
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Reflexión
“Sólo Jesús es la Palabra Nueva con la que el Padre continúa guiando a la humanidad. ¿Qué
atención presto yo a la Palabra de Dios?
En el rostro glorioso del Señor, el discípulo está llamado a mirarse como en un espejo,
preparándose para repetir él mismo el camino de entrega y de cruz que ha recorrido el
Maestro. ¿Me siento llamado/a a ello, estoy dispuesto/a, qué me lo impide?
Pedro continúa en su pretensión de un mesianismo triunfalista. No le cuadra que el Mesías
tenga que recorrer el camino del “Siervo”. ¿Busco yo también un cristianismo y una Iglesia
triunfalistas? ¿o acepto el camino del “dichosos cuando os insulten, os calumnien…por mi
causa?
Los creyentes en Jesús, comunidad de discípulos nacidos de la Pascua; escuchando al Hijo, se
van haciendo hijos. Van identificando la transfiguración como la vocación bautismal que se da
y se renueva en la experiencia de la cruz. La existencia pascual de la comunidad se va
realizando en el paso permanente del egoísmo al amor, de la tristeza al gozo, de la inquietud
a la paz. Cada comunidad, cada creyente se va transformando en aquello que acoge y
contempla; ¡ese es nuestro reto, hoy como ayer! ¿Lo acepto? ¿lo deseo?
¿Cómo integro en mi vida el sufrimiento, la soledad, el fracaso?... ¿en quién me sostengo ante
los reveses de mi vida?... ¿con qué perspectiva ambiciono el éxito en mi vida, egocéntrica
quizás o también comunitaria, universal?... ¿por quién sufro, a quien disculpo y perdono, a
quienes admiro y contemplo en la vida?...
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3º Domingo de CUARESMA
Jn 2, 13-15: Jesús, nuevo y verdadero templo
“Se acercaba la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los
vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de
cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las
monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo: -«Quitad esto de aquí; no
convirtáis en un mercado la casa de mi Padre.» Sus discípulos se acordaron de lo que está
escrito: «El celo de tu casa me devora.» Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron: «¿Qué signos nos muestras para obrar así?» Jesús contestó: - «Destruid este templo, y en tres
días lo levantaré.» Los judíos replicaron: - «Cuarenta y seis años ha costado construir este
templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?» Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y,
cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y
dieron fe a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús. Mientras estaba en Jerusalén por
las fiestas de Pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo los signos que hacía; pero Jesús
no se confiaba con ellos, porque los conocía a todos y no necesitaba el testimonio de nadie
sobre un hombre, porque él sabía lo que hay dentro de cada hombre.”
“…hablaba del templo de su cuerpo”
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Reflexión
El templo, que debería ser lugar de oración y de encuentro con Dios, ha sido profanado a
través de la actitud perversa del hombre. ¿Tengo yo la tentación de aprovecharme del
nombre de Dios? ¿Tomo en vano el nombre de Dios? ¿me aprovecho egoístamente de mi
condición de cristiano?
Para Jesús cada hombre es importante y por esto no se queda indiferente ante la injusticia
del templo. ¿Vivo indiferente ante el sufrimiento ajeno o por el contrario me preocupa y
me solidarizo con los que sufren? ¿a qué sufrimiento soy más sensible? ¿soy yo causa de
sufrimiento para los otros? ¿acepto la cruz de cada día?
Jesús, Hijo predilecto del Padre, quiere cambiar la situación e introducir al hombre en una
relación nueva con Dios y con los hermanos. ¿Cómo es mi relación con Dios? ¿Cómo es mi
oración? ¿es auténtica? ¿está centrada en buscar la voluntad de Dios? ¿tienen los otros un
espacio en mi oración on sólo pienso en mi? ¿me lleva mi oración al compromiso, a
defender el bien, la verdad y la justicia?
Los discípulos ven, en la actitud de Jesús, el celo por las cosas de Dios. Para los judíos, por
el contrario, las obras de Jesús no son un signo suficiente. ¿Pido signos especiales a Dios
para creer? ¿tengo una fe dependiente de los signos y los milagros? ¿cómo vivo los
sacramentos, en particular la Eucaristía y la Reconciliación? ¿soy capaz de reconocer la
presencia de Dios en los acontecimientos de la vida y en los hermanos?
Jesús es el lugar de la profunda comunión de Dios con el hombre. Y Jesús, conociéndonos a
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todos nosotros por dentro, ve las aspiraciones más profundas de nuestra alma y viene a
nosotros con la ayuda de su gracia para sostener los esfuerzos hacia el bien y para realizar,
Él mismo, la obra más hermosa: nuestra propia santificación. ¿Cuáles son las aspiraciones
más profundas de mi corazón? ¿vivo la vida cristiana como camino de santidad? ¿qué he
de hacer para nacer de nuevo? ¿pido a Dios en mi oración un corazón nuevo? ¿el culto que
doy a Dios se queda en el ritualismo o es en espíritu y verdad?
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4º Domingo de CUARESMA
Jn 3, 14-21: Jesús, Luz y Salvación del mundo
“En aquel tiempo dijo Jesús a Nicodemo:
—Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desiertos así tiene que ser elevado el Hijo del
Hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna. Tanto amó Dios al mundo, que
entregó a su Hijo único, para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan
vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que
el mundo se salve por él. El que cree en él, no será condenado; el que no cree, ya está
condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios. Esta es la causa de la
condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus
obras eran malas. Pues todo el que obra perversamente detesta la luz, y no se acerca a la luz,
para no verse acusado por sus obras. En cambio, el que realiza la verdad se acerca a la luz,
para que se vea que sus obras están hechas según Dios.”
“Sintonizar con Jesús”
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Reflexión
Dios ha amado tanto al mundo…: cuántos juicios y prejuicios sobre un Dios lejano e
insensible. ¿No será quizás que le atribuimos a Él lo que por el contrario son nuestras
responsabilidades?
La luz ha venido al mundo, pero los hombres han preferido las tinieblas: ¿Cuántas tinieblas
rodean mis jornadas? ¿qué tinieblas de mi vida he de iluminar?
Quien realiza la verdad se acerca a la luz. No tiene temor de mostrarse quien obra por
aquello que es. No se le pide al hombre ser infalible. Sencillamente que sea hombre.
¿Somos capaces de vivir nuestra debilidad como lugar de encuentro y de apertura a Dios y
a los otros, deseosos como yo de trabajar fielmente en su espacio y en su tiempo?
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5º Domingo de CUARESMA
Jn 12, 20-33: Jesús es la vida del mundo
“En aquel tiempo, entre los que habían venido a celebrar la fiesta había algunos griegos;
éstos, acercándose a Felipe, el de Betsaida de Galilea, le rogaban: - «Señor, quisiéramos ver a
Jesús.» Felipe fue a decírselo a Andrés; y Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús. Jesús les
contestó: - «Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre. Os aseguro que si el
grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El
que se ama a sí mismo se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo se guardará
para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará
mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo premiará. Ahora mi alma está agitada, y ¿qué diré?:
Padre, líbrame de esta hora. Pero si por esto he venido, para esta hora. Padre, glorifica tu
nombre.» Entonces vino una voz del cielo: - «Lo he glorificado y volveré a glorificarlo.» La
gente que estaba allí y lo oyó decía que había sido un trueno; otros decían que le había
hablado un ángel. Jesús tomó la palabra y dijo: - «Esta voz no ha venido por mí, sino por
vosotros. Ahora va a ser juzgado el mundo; ahora el Príncipe de este mundo va a ser echado
fuera. Y cuando yo sea elevado sobre la tierra atraeré a todos hacia mí.» Esto lo decía dando a
entender la muerte de que iba a morir.”
“Si el grano de trigo no muere, queda infecundo”
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Reflexión
"Señor, queremos ver a Jesús"
Se trata de una pregunta que hacen algunos "griegos" a Felipe. En la petición de ellos podemos
encontrar solo curiosidad. Pero el contexto señala por el contrario que buscaban de verdad, con
corazón abierto.
"Si el grano de trigo no cae en tierra…"
La respuesta de Jesús parece menos interesada a los griegos, que deseaban verlo, y más orientada
hacia todos, discípulos y griegos. Él ve abrirse las fronteras, siente la tumultuosa adhesión de las
gentes; pero quiere llamar la atención que esta fama que le rodea, esta "gloria" que quisieran
conocer de cerca, es de otro género de aquélla que ellos quizás se esperaban.
"Ahora mi alma está turbada"
Esta "agitación" de Jesús es un elemento muy interesante. No es fácil sufrir, la carne se rebela, la
inclinación natural te hace huir del sufrimiento. También Jesús ha sentido esta repugnancia, ha
sentido horror, delante de una muerte que se perfilaba dolorosa y humillante. Pero Él afronta esta
angustia "confiándose" al Padre.
"Atraeré a todos hacia mi"
Esta suspensión de la cruz se convierte en una verdadera entronización. Es para todos salvación y
bendición. Una vida entregada que genera vida; una vida sacrificada que genera esperanza y nueva
solidaridad, nueva comunión, nueva libertad.
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Tercer momento: Oración
En cada momento semanal del camino de esta Cuaresma, donde reflexionaremos a la luz de la
lectura del Evangelio, podemos concluir orando con los salmos que corresponden a cada domingo
cuaresmal.
1º Domingo
Salmo 24: "Tus sendas, Señor, son misericordia y lealtad para los que guardan tu alianza".
2º Domingo
Salmo 115: "Caminaré en presencia del Señor en el país de la vida".
3º Domingo
Salmo 18: "Señor, tú tienes palabras de vida eterna".
4º Domingo
Salmo 136: "Que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti".
5º Domingo
Salmo 50: "Oh Dios, crea en mí un corazón puro".
ANOTACIONES PERSONALES Y COMPROMISOS CUARESMALES
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