I • NUMERO 884 VOLUMEN I-ENTREGA 11 Suplemento Literario de .La Tribuna> • • • R.dactor, MARlIN H. CORTE' Director, FRANCIBCO JOBE AREVALO RE~TRapu S • • SN ...... BMILIANO VAR.GA! • BOOOTA, JULIO Hl DE 191.5 , La poeéid popular, EN ESPANA ., ., UN PUEBLO POETA LOS OANTARES lodos los que en nuestros di.s viajan por España están COntormes en reconocer. que ~UI1 muchas las razas, distintas unas de otras, que matienen en su suelo sus diferentes provincias: a la arrogante reserva del Aragonés, oponen la expansiva locuacidad del Andalu,; al activo catalán, el indolente habitante de Castilla la Vieja. Y en efecto, a primera vista, parece España tener regiones original .. , donde los pueblos se formaran aparte, aislándose en una red de montañas o de rios. estrec'lándose en los Jazos de un idioma que les es peculiar. Pero cuanto más se penetra en el carácter de los españoles, tanto más se comprende que, bajo aspectos diferentes. la raza presenta gran homogeneidad. Pese a cualidades distintas. y a una diversidad más que real aparente, tiene en su conjunto rasgos especialmente roml.inest' un fondo único que procede de sus orígen~s, de su aislamiento y de la larga lucha secular contra un mismo enemigo. La reserva', de los unos se la dan su naturaleza severa, las rOcas aridas,. y las montañas demudadas que cierran su horizonte: la alegria iJe los otros no es sino el eco que devuelven a los rayos del sol. a la expanción <ncantadora de la naturaleza que les rodea; .... s. todos. desde el morador de las sierras h.sta el alegre "",villa"o. tienen igllal fiereza indómita. igual invencible valor Igual fe innata, y po r último igual poesia en el fondo del 2lma; y quids sea la roesia mas que cosa alKuna. la que sujeta aquellos jlueblos pOI un mismo lazo, por un mismo culto dfo -- - lo Ideal; culto casi feroz que da al español aquel carácter ardiente Y apasionado, violento cuando se hiere su sensibilidad .,n sus afectos, en sus deseos, en su honor. Nada más pellgros<l que tocar sus ilusiones; fijos con orgullo los ojos del alma y del corazbn . en su ideal, en su pasión, no dejará subsistir nada que vaya al encuentro. Esto es lo que le hace tan tenaz y apegado a sus ideas, a su pais, a si misme. Rechazando <:uonto es extraño a su personalidad, no quiere deber' nada a los drmás. La manifestación de aquel culto hacia lo ideal, de aquellos 'Sentimientos de continuos éxtasis en la raza, se vuelve a hallar bajo tod's sus aspectos en los can tus populares conocidos bajo et nombre de Can/ares. Los descendientes de • .quellos que eSCribian sus leyes en versos, no han perdido su estro poético; puede decirse que depende del mismo idioma de Que forma parte, tanto como del · alma española; y sus canto, de un carácter del tildo original, improvisados por la nación entera en sus momentos de efusiones, constituyen el documento más preciado que pueda observarse en el alma misma de un pueblo. Es cierto que todo pais puede vanagloriarse de poseer una literatura más o menos hermosa, más o menos difundida entre las diferentes clases sociales. pero, sea la que fuere, siempre se compondrá de lo más florido de los literatos. Ninguna nación posee verdaderamente obras popularrs, es decir, obras escritas, no para el pueblo , sino por el mismo pueblo; DO por un circulo de personas instruidas, sino por la nación entera, que se ha hecho ella misma autora al propio tiempo que canladora de sus obras. Quizás antañr, los cantos de los aedes de Greci" los himnos y salmos de los primeros profetas, tuvieron aquel mIsmo carácter de espontaneidad; quizás sus cantos eran solo una improvisación , en la cual armonizaban la exaltación de su alma con el instinto artistico de su naturaleza . Pero aun aqu~lIos poetas formaban entor.ees lo más escogido, y no eonstituian la masa del pu ~ bl o. -. Las poesias españ olas conocidas bajo el nombre de can/ares o coplas so n meras manifestaciones entusiastas, breves poemas a veces co nte nidos en úna cuarteta,. compuestos en un momento de exaltación o de melan eolia por el Español, hecho a la música del verso, gracias a lo so nOrO de su idioma y a la poesfa por la extre~ r¡tada sensibilidad de su alma. No hay que con fun dir aquellas coplfls con ciertos romanceros, en su mayoría t Imbién anóninlos , y que re c o~idos por tradición, pOdrian parece r tener Utl or igen menos sabio. No, la composición del meno r romancero exige, por poco que sea, algún conocimien~ tn. de la pl)esia. un e'itudio previo, siquiera un trabdjo momentáneo, nuentra:; la coph no ex ige del EspañJI ni estudio prev ¡" 11 1 , "bajo ~lomentáneo; el labJi~go que vuelve d\:!\ campo, el obrero cansado de ,su tr~ba j (), el enamorado que stl t; pira tomarán de n ,l ch ~ su guitarra, e l!1spl rados por un s ~ntimiento de dicha o de lrislClo, exp.resarán can los acord es de su instrun'ento los pensamientos que te embargan, el [I mor que sienten. j Las cuer1as de mi guitarra Mis s~ntimlentos repiten; Si me 'Ven sufriendo, Illlran, Si me ven gozando, rlen. , DOMINICALES DE -LA. TRIBUNA. 35 En efecto, aquellas Innumerables coplas no son sino un eco de la sensibilidad castellana, ninguna firma llevan, mas al pie de cada una podria ponen.: El pueblo espaltol; pues nada encierra tAntos ras¡¡os caracterlsticos, tántos estadus de ánimo verdaderos, como aquellos cuatro versos compuestos sin doble intención, sin ambicion de escritor, sin el artificio del literato son;etido a las exigencias de sus lectores. Expresarr pensamientos sencillos, natura- les, potticos, a veces profundos, pero deslumbrantes de color local, y de perfumada ser c IIez. Sinceros. cual lo es todo lo' espontáneo, dicen todos los sentimientos del alma con sus mils sutiles variaciones de alegrias y tristezas, de amor y de deseo' de cólera y de odio. Compónense de todos los suspiros, de todas las exclamaciones del alma española; asemtjase su conjunto al ruido que hacen a di.Jtancia las olas del mar, con sus matices de estrepitoso resplandor y de desesperados sollozos, pues si el español tiene sus alegrias francas y expansivas, nada más profundo que su tristeZ? nada más triste que sus quejidos. Seria imposible recopilar todas las coplas; hay millares de ellas; se dicen a mill"nes; sólo algunas, más hermosas que las demá'. guarda la tradición, y constituyen el libro de lo. Cantares. Cantar que del alma sale Es pájaro que no muere; Volando de boca en boca, Dios manda que viva siempre. ¿A qut época de la historia hay que remontarse para hallar el ortgen de aquell~s composiciones? De nuevo decimos: ¿Puede esto preguntarse a un puet-Io que en los tiempos más ,<motos hacia de su código un poema? ¿al autor ~e aquellos innumerables romanceros llenos de numen y de poesia? Aquella costumbre no nació en un tiempo determinado, es como innata en el carácter español, forma parte de su dichá. de sus penas, de sus amores. Pero IIvolando de boca en boca". por más que diga el poeta, la mayor parte de las coplas se pero lo~ siglos, o por lo menuS ¿ cómo atrihuirle un origen fijo? Antes de principiar el siglo pasado, no dieron en el transcurso de existia ninguna recopilaCIón de Cantares; sin embargo, algunos deben remonlar a la épvca de Fernando e Isabel, si se tiene en cuellta su hechura avejentada y sus palabras anticuadas. Un estudio detenido de aquella poesia popular ayudaría en gran manera al drl carácter españOl; los psicólogos lo desluidan con harta frecuencia en el aná i . . is del alma castellana. a la que imprime un giro especial, una pasmosa sutileza de ingenio, una fa· cllid2d potlica, quizás desarrollada al extremo por una sensibilidad nerviosa, si bien exponiendo a la luz del dia los sentimltntos más intimas. Por último, las copla9 (·frt"cen más que una mera manifestación del entasiasmo o del amor; se ut:scubre en ellas lo Que en ningún otro país se puede enCOntrar: la filosofia popular. Más, antes de analizarlas, considerémoslas. en primer IlIgar. bajo su forma puramente literari :-, para ver luego los e-rneros peculia- res a las diferentes parte. de España; asl volveremos a halfar el acento, el s.Uo especial impreso por la historia, y la naturaleza en IUS drferentes regiones. La Iorma más ......1 de los "ntarH H la slJD¡lle cua.tetl, cu)'. IOmposicióo es relativamente tKI~ se puede, ~ laa'-. • ·'. • , 36 DOMINICALES DE ti LA TRIBUNA- tomar como ijpo caracterlstico de los cantares, si bien hay lambiéa muchos formados de tres y siete versos. Esas cuartetas están hechas para ser cantadas con acompañamiento de guitarra, cun el compás ordinario de las peteneras, las jotas, las gitanas, etc., y, sobre todo, de las malagueflas y seguidillas; esta úllima es más la forma clásica. Aunque la verdadera copla exige siete versos, las más de las veces se canta con la cuarleta ordinaria, repitiendo el primero y último renglón: es por lo lanto, necesario, que la Idea principal termine la copla, ya que se ha de decir tres vece.. Las coplas de siete versos exigen un poco más de trabajo d~ parle del aulor, lo que da por resultado que muchos de los últiOjos resultan como sobrecargados; los Ires verlOs de suplemea· to hacen pesada la copla, más a sus anchas con sus cuatro alas bien d.esplegac;las. Las de tres ver30S son a veces más ligeras aún ql~e la cuarteta, y contie,len fácilmente un pensamiento, una e,,· e amación precisa. Nada más ameno que ésta: Tu~ ojos son dos ventanas A aonde el querer se asomal. Cuando no cabe en el alma. La composición dt la cuarteta no es dificil, los versos tiene" por lo general ocho pies, ritmo que viene instintivamente al oido del pueblo, acostumbrado a oirlo desde la infancia. En cuanto a la rima, no hay que ser severo. basta que haya asonancia; es fácil encontrar ésta en multitud de palabras espatiolas terminadas por vocales sonoras; p~r cierto que sOlo p.ra dos versos se exige esa asonancIa: 005 besos tengo en el alma Que no se apartan de mi: F..I último de mi madre y el primero Que te di. Sin emhargo, pese a su composición sencilla. la cuarteta exige pri mero un.. idea más o menos clara, mejor o peor presentada, ci.rta eleccIón de palabras y, por último, un arreglo poéhco cua lquie~a ; naturalmente , esto requiere delicadeza de sentimiento, un vivo instinto estético, y, con frecuencia, extraña uno hallar ~n la misma masa del pueblo tanta poesia, armonla y a veces profundidad. Algunas de aquellas coplas constituyen verdadero~ pemas. pintan t~da una vida de amor toda un alma con sus tumultos y su. pasiones, y se queda uno so~ando ante ., inmenso hori20nte entrevisto a través de aquellos pocos renglones; a tráv!!s de un sólo suspiro, un suspiro de poeta, por cierto: Olvidé a Dios por ql1erertt, Por ti ta gloria perdí, V ahora me vengo a quedar Sin Dios, sin gloria y sin ti. GEn qué poema del Danle o de Virgilio hallarianse expresados en tan pocas palabras tanto amo'. tantas quejas y tanto dolor? ... No ,vaya a Creerse que aquell~ poesia es peculiar de una sola reglón de la Penlnsula; Espa~a entera es su cuna; huta las prOVIOClas que tienen su idioma o dialecto como los pailes va.s~ongados, Cataluña. Oalicia y Valencia, tienen sus canlares onglnales. Pero las dos re~iones donde parece que m.i••e h1.{! l:o.r¡.~cntJ:ado ~u produtción, 90n Ar.cón . y ADda~ ,. ua tUIlQ~a al saber que aquellas dos provincias son, por lo cenera'. . DOM INIC ALES. DE -LA TRIB UNA . 37 y en su las Que se citan como las más opuestas en sus gustosdad la carácter; pero esto prueba una vez más la homogeneIr3'n\ende to. Si raza entera, pese a las modificaciones de su tempe penetranté, más o, sever mh las coplas del norte tienen un acento 9más abstraclo quizás aliad o de la exhub'eranCia de las delosMeCÍi sP./íIjmism los al, di.. donde hay más sol yalegria, por lo gener IIIlemos animan a la nación entera, y lOS mismos car3'Cteres se ' lIaUln por doquier. ya lado, En cuanto a la música, es Imposible dejarla a un atr/lentb. CJae tttá ligada con la poesia, de que es sost~n yacotnpllll so~­ rIIuy re sIemp es iils, artlfic es ti! bIén muy senCilla, sin grand det~t­ mUy ritmo un tiene lellida y cadenciosa. cada género ras¡ minado que se marca, no obstante la diferenCia de las II1elod én tambi pites ra, guitar para el bailé, la bandurria se une a la R blila la seguidilla, remir/iscencia dé los tiempos antiguo. tlenén ün en que las tres artes se aunaban. Las seguidillas at ritmo alegre y rápido, y en sus notas ninguna monotdnla; s, con cierto ~onlTario de las malagueñas son vivas y alegre ás. comp su en acento de bolero o de fandango Sobre aquellos aires más o menos clásicos, se improvisa.n del las palabras. Los dias de fiesta, en las alegres reunioanes , guslO cha despa se domingo, cuando reina el júbilo y el al'1or de dos cansa ya o el estro poético estimula al pueblo; y cuand las bailar paran los paliUos, y se dejan a un lado los tamboriles, la a arrogantes bailad oras que, el puño en la cadera, erguid n cabeza, con una mueca desdeñosa en sus la bi os de carmin, acaba máde cautivar a algún majo, van a descansa r r a oir las excla alsu a tan levan que ión ac ciones de amor, los gritos de admir lenta. y suelta gracia rededor su talle esbelt o y comb ado, su uno Entonces, circul a de mano en mano la guitarra, y cada dIce y ta levan canla a su vez. Aquél cuyo corazón reboza, se animan; los sentimientos que le embargan, los pensamientos que leentos del se dirige a aquella a quien ama, exalta los acontecimi ellos ha dia o el héroe de la fiesta, y, á veces, cuando uno de blea asam la toda con iza armon se sabido dar en la nota justa que con r ponde corres o sabid han cuando las vibraciones de su alma ndo .vola y , repite se vez, las de los oyentes, la copla se dice otra los de ria mayo La .• de boca en boca Dios quiere que vIva siempre scuale an abord cantares hablan de amor; sin embar¡:o, muchos n, ocasió la quiera temas, pues este pueblo poela, sea cual fuere s chistosa. sabe siempre hallar alguna idea original, o cuando meno cación de Sumamente dificil fuera hacer una verdadera clasifi las las coplas, ya que todos los sentimientos dél alma, todas inagrup fin, en pero ellas; en rondiclones humanas se expresan eras y, dOlas con cierta amplitud, se pueden dividir en lastim osa'. amor último por alegres, religiosas, morales y fIIosócas, y ron ladas las pasiones que con eUas se relacionan. pero desde Antiguamente, habla tambIén las ellludlantinas, tamblEIt que desaparecieron aquellas corporacionet, IIIS cantossobre las desaparecieron. Por lo general, eran coplas cómicas coudiciones de su existenc\ll y la pobreza del estudiante: Tres meses ha que no como; Me tiene abatid o el hambr e; Me pongo en las piernas plomo, Porque no me lleve el aire . • • se • DOM INIC ALE S DE eLA '1'"I BUN A- Es curioso notar que, en esta clasiflcaci6n, no hay peI qué intercalar la poesia burlesca; hay coplas chistosas, elll como dice el español, mas no realmente c6micas, como par.eca.exigirlo una obra popular; en el fondo, el español es grave ;eria no · tiene el genio bufón, pese a la . exuberancia abiertamente manifiesta en las coplas meridionales. También son escaaaa las · coplas. descriptivas; si el eSpañol disfruta de lamuy naturaleza, -es en su interior que la contempla, en el bienestar que dan 108 · cálidos rayos del sol, o el resplandor y . el perfumle de allS Dores, es en la expansión de su aclividad propia que laecon:p reade; entonces cantará su dicha. la alegria que tiene de vivir pata amar, pero sin atribuir tal bienestar a las bellezas cuyo ellCll'nto · siente. En una palabra. sus pensamientos son más bien sujeti vos y se concentran en él mismo; el objetivo en él se confunde con fos sentimientos que necesita desahogar exteriormente, y canta cual el pájaro en la enramada. Las coplas lastimeras y t.. istes son más especialme peculiares a las malagueña~; su earácler parece ser herencia nte del . Setecientos años de dominio no han podido quedar sin rastrosMoro en el · suelo español, y las quejas que el Arabe deja oir sobre las arena del desierto, aún tiene su eco en la tYerra andaluza, con J08 oyess dolientes y lúgubres de sus mala~ueñas. Comienzan por gemidos modulados e inlerminables, que Iloco a poco se apagan, cUlllargo suspiro, para empezar de nuevo; luego, lIe repente, el alma lJue asi lime principia a contaros sus penas, ) con voz vibrante deja desbordar su dolor en quejas amargas. pa~a volver después a sus ayes desesperados. Nada más trisle que aqdellos cantos oidos en lonlananza; infunden al corazón no sé qué melancolla, compuesta extraña tristeza, común a los paises ardientes do la pesadez yde la lesenldad de la naturaleza parecen tmbotar el alma: • Al dolor y a la esperanza los encontré en mi camino La esperanza me dejó y el dolor sigue conmigo En lo profundo det mar Voy tt sepultar mi pena, Por~ ue mi pena es tan grande Que ) a no cabe en l. tierra. una r.i.~ra de la ••lIe Fui y e conté mi dolor; Mira lo que le dlrl. Que ta piedra se partlb. A "ll '. • " Triste .a. me ponen trlile, Tristez ••••Igo • busea.; Veremos .1 con trllle.a_, Trlote .a. podn! olvidar. P. DIiI PEJ:)~LC (Conllnuará) DOMUUCALES DE .LA TRIBUNA- AMOR FATI Me resigno al combate; poco importa la dura y negra alternativa que el combate me guarda; me batiré con sable, con honda o alabarda, sin esquivar contrario de gigante estatura. Fe no tengo en mis sueños, mi sutil :ontextura se romper á como una hoja, mi sien no barda el casco, ni mi pecho una cota gallarda, y, no obstante, me llego cantando a la llanura. -iEn guardial Un golpe, un tajo, un grito .... y·a mis ojos ven el río de sangre, Y entre lábaros rojos, rojo~ como mis sienes, avánzase la Muerte, la mirada impasible. Mi ademán es tranquilo, y me desplomo bellamente bajo el filo 1en el bárbaro sitio que me fijó la suerte! GUILLERMO VALENCIA COBARDIA Pasó con su madre: i Qué rara bellela! IQué rubios cabellos de trigo garzul! IQué ritmo en el paso I iqué innata realeza de portel ¡qué formas bajo el fino tul! .... Pasó con su madre, volvió la cabeza; Ime clavó muy hondo, su mirada azull Quedé como en éxtasis .... Con febril premura, cllSlguela I!- gritaron cuerpo Y alma al par .... Pero tuve miedo de amar con locura, de abrir mis heddas, que suelen sangrar, y, a pesar de toda mi hambre de ternura, lICerrando los ojos, la dejé pasar!! ftMADO NERVO LA M UE RT E DE "CESA.R'· Aquella noche, la 'barraca no se abrió. Las luees ,permaneda n apaga das. l!1 gran lienzo que cerra ba la 'entracla ,estaba, lin embargo, levantado, y un quinq ué de petróleo colocado sobre la taquilla alum braba dos cartelones, dond e se leia en grues os caracteres: ,Pref erenc ia, 50 cénlimoS¡ entrada general, 25 céntimos.> Cerca de la lampara, una vieja zurcia un p.aftal descolorido. Un:m ono:p equef to, de ojos vivos y movimientos rápidos, jugab a con un carré le vacio, en 'tanto que un guacamayo azul y rojo se balanceaba en su alcándara, 'alargando el cuello, despl egand o las al35 y lanzando agud os gritos. De vez en cuanClo. algun os transeúnt~s se detenían delante de la harri'ca, en el espacio en sombra que se ~xfendia a lo largo de la fachada, y permanecían lJh momento] inmoviles contemplando los enormes lienzos que representaban las hazañas del domador, Los pequeñitos asían fuertemente la mano de su mamá o de su hermana mayor, mientras que los mayores se volvian hacia el padre, para pregu ntarle cuand o comenzaría aquello. As! permanecian en esper a algunos minutos, divertidos con las pillerias y muecas del mono y el plumaje esple nden te del guaca mayo. Pero la barra ca seguia obsti nadam ente somb ria. El bombo y el tambor, que formaban casi toda la or..questa, estáb anse mudos. -Deb e de pasar algo,> decia acaso el padre; y tras esta profunda observación, la familia prose guia su paseo y se unia a ta multitud, atr·aid a por 'las luces y et bullicio. Entonces, la mujer senta da en la taquilla lanzaba un gran suspiro. y sacan do de su faltriquera un paftuelo con ribete de color, cubria sus ojos con brusco movimiento. César estab a peor El viejo compañero de andanza, . con el cual habian recorrido Francia toda desde hacia tantos anos, la providencia de la familia, el servidor honra do que habia visto nacer a los hijos, con quien los pequeñuelos porfiaban , enred ando 10i dedo s menudos entre la bronca melena, César , Iba a morirse; el veterinario lo habla desahuciado. E~ verdad Que, al principio, el (acultatlvo opus o na reSIstencia a exam inar a su cliente inusitado, y al alguabrir la puerta de la jaula en Que el león jadea ba con murmullo sordo, tuvo un movimiento de retroceso involuntario. Pero el domador le tranquilizó, y encerrando entre sus brazos la cabezota inerte, la levanto dulcemente con mil preca vidas ternUlaS, llamándole Con voz baja en que se perclbla un - DOMINICALES DE «LA TRIBUNA- 41 temblor mal disimulado: 'ICésar! César!» La fiera se entregaba, gimiendo blandamente, como un ñiflo enfermo, y mirando al hombre con sus ojillos redondos, velados por la tristeza, mientras sus flancos jadeaban aA' gustiosamer.te. -¿Qué edad tiene?-preguntó el veterinario. -No lo sé de seguro, senor; pero ya hará quince aflos que lo tenelllos nosotros. -¿Desde cuando está mal? -Verá usted. El hombre acomodó suavemente sobre el s1l'elo la cabtza del león, mientras el veterinario, ya completamente tranquiló, se aproximaba para examinar al animal. y en tanto que el domador hablaba explicando loS comienzos del mal, describiendo los primeros slntomas, y como desde hacia dos días la bestia no habia comido nada, el felino llevaba sus ojos redondos del uno al otro, levantaba su cabeza ligeramente y, balanceando su cola, desparramaba a derecha e izquierda el serrín que cubría el píso de la jaula. Detrás de ambos hombres, toda la familia estaba de pie: el hijo mayor, un muchacho de catorce años, bien plantaco, la madre aun joven y lozana, con un nene en los brazos y una chiquilla rubia que se agarraba a su falda. Permanecían inmóviles, ansiosos, casi sin respirar, mientras el padre y el veterinario cOl1clui~n de examinar al enferm e. Dos lámparas primitivas de petróleo, dos cacharros con tubos llenos de estopas, esparcian en la barraca una claridad fumosa. El viento levantaba a veces el loldo de la tienda, dejándolo caer para sacudirlo luego. Al fondo se divisaba el carromato que servia de albergue a la familia. Habia a diestro y siniestro jaulas, en que chacales y lobos daban vueltas y más vueltas, concluyendo indefectiblemente por venir a golpearse contra los barrotes de hierro. En un recipiente de zinc, un cocodrilo dormia Su sueflo sin ensueflos, inmóvil como un leflo. Un perraso danés, arrellanado en una C3ma de pajas, digEria en silencio; yen un rincón, veianse enormes tajadas de carne negruzca colgadas de unos garfios, y de las cuales se desplomaba a veces una gota de sangre. -Pues, ¿qué? .... -preguntó el padre. -¿Qué hemos de hacer? El animal es viejo, y no puede r~stir la enfermedad. -¿No hay remedio? -Creo que no. Podrá tirar un dia o dos a lo más. El hombre se pasó la mano por la frente, echando atrás, con ademán maquinal, el gorro raldo. La mujer dejóse caer pesadamente sobre un cajón, en tanto que la chiquilla se arrebujaba entre sus faldas y el nené segula sonriendo. -i Madre, madre, no 1I0res!-dijo el mayor. El padre vol- 42 DOMINICALES DE "LA TRIBUNA» vióse hacia el veterillario, diciéndole con mal contenida emoci~: . ' . . -Usted dispense, hace tanto tIempo que vlvla con nos. otros .... Era tan bueno .... Le queríamos mucho. y sin parar mientes en la indifuencia de su interlocutor, relató la vida ejemplar y largos trabajos de César. Lo compraron en los primeros tiempos de su matrimonio. Entonces había que ver a César, a la luz de las candelas, correr y brincar en su jaula, rugir, haciendo temblar de terror a los espectadores, negándose a saltar la barcera, para ceder al fin, franqueando el obstácul o, abiertas las fauces, tendidas las garras, terrible, mientras I~ sala entera pataleaba de entusiasmo. Pero no castigándole, no inflingiéndole algún mal trato, amansábase pre~to, rugiendo sólo lo justo para producir un leve estremecimiento en el público. -Mire usted, seño r, Ins animales, lo mismo que las personas, sólo son malos si se les maltrata. ¿Qué suertes no dominaba César? Saltaba la barrera una, dos, diez vecez, tantas como se quisiera. Sabia dar la pata. Sosteníase en equilibrio sobre una bola de madera. Atravesaba U11 aro llameante. Haciase el muerto a un disparo de revólver, y se erguia luego a la voz de mando. iVaya un artista! Y, además, la misma mansedumbre. Cuando la mujer bailaba la danza serpentina a los fulgores de las bengalas, él se estaba muy tranquilo, senta10 en un rincón, abriendo de vez en cuando su bocaza, paseando sobre la multitud su mirada distraida y fastidiada. Pues ¿ y cuando se olvidaron de cerrarle la puerta de la jaula, y se paSó toda la noche al lado del perro, sobre la yacija de paja? Por la mañana, al sorprenderlos, dormidos los dos junIos, tuvo el buen César una mirada tan dulce, tan suplicante, que nadie se sintió capaz de regañarle. Hablaba el hombre lentamente, con voz baja, como en la alcoba de un enfermo, y de vez en cuando se volvla hacia el ·Ieón llamándole con tono cariñoso: 'iCésar! iCésa r!El moribundo levantaba la cabeza, agitaba la cola, como si quisiera manifestar su gratitud por la ternura que se le mostraba. La mujer y los pequeños lloraban dulcemente, sin hipocresla. Al fin, salió el veterinario acompañado hasta la puerta por el padre, que repetia : -Usted dispensará.La noche siguiente fue buena. César no se quejó casi. Por la mañana parecía que iba ya mejor. Permanecía sentado, pronto a ~nderezarse. Pero por la tarde volvió a caer ya con las últimas. ' . Habian aco~tado a los pequeños en el coche. La mujer sinlléndose débil para presenciar aquello, habiase sentado ante la puerta. El padre quedó solo con el mayor de sus DOM IN1C ALES D~ «LA. TRIB UNA » 43 hijos, para asisti r a Césa r en los últimos momentos. La Jeeia lengu a del felino pend ia fuera de su boca, de dond e f1uia una baba espes a. Resp iraba con traba jo, silvan do intensamente. Por momentos parecia escap ársele la vida. De pront o, le acometió un estremecimiento. Vacilando se sentó , despu és se ender ezó sobre las patas débiles. - <ICésar! iCésar!- -grit ó el padre . Pero ya la bestia habia se postr ado olra vez. Con un esfuerzo supre mo, el león pudo alarg ar y ofrecer su manaza, como duran te tanto tiempo hiciera ante el público entus iasma do. Pero antes de que su amo pudie se cogerla, Césa r se despl omó, estira ndo las cuatr o patas . Habia muerto. Al cabo de un momento, el padre ~e adela nló, asió la cabeza de la fiera y la levantó. Al soltar la cayó inerte. Entonces, los dos salieron quedamente, de punti llas. La mujer, despu és de cerra r el loldo, habia se senta do en el coche. Al oirles, a los dos homb res, subir los pelda nos de made ra, se puso de pie, ansio sa. -¿Qu é haY? -'dijo en 'IOZ baja para no despe rtar a los niños. -Est o se ha concluido. Los tres se miraron en silencio. El padre , por fin, cogiendo a su muje r y a su hijo, les abraz o largamente. La lámp ara lanza ba al techo del coche un circulo de luz. Oiase el tic-tac de un despe rtado r coloc ado sobre la cómoda. Fuéra sopla ba el viento ..... Al día sigui ente, los escas os trans eúnte s que se deten ían ante la barra ca cerra da, leian un letrero, escrito de negro sobre liD trozo de papel fijo en el lienzo de la puert a: -Cerr ado por defunción. JUAN HERNANDO JUEZ ~ I 44 DOMINICALES DE «LA TRIBUNA. ODA AL AmOR Ilnplaea!Jle ansiedad de querer ,tánto, fatal delicia de seguir queriendo; amor terrible con tu mismo encanlo. Por que es así que sin pavor ni estruendo, viene y nos clava el peligroso infante, tras la geta de ilriel, dardo tremendo. i Oh! fiero menester el del amante, ya que sólo mordiéndose a si mismo se desbasta el amor como el diamante. y luégo aquel extrafto fatalismo compuesto al par de duda y esperanza, cual la noche es estrella y es abismo. • En aquella incurable destemplanza, tuércese el vino de la fe, yes trueco de piedra dura el pan de la confianza. y te vuelves, lector, el mozo enteco de la tertulia, el infelice avaro del guante impar ó del ramito seco; mientras ella, con rostro ingenuo y claro, hace la nifta boba cuya cinta blasona idilios en pueril descaro ; o con premioso afán mancha de tinta sus labios, al ponerte en la postdata una cruz breve y io que asi te pinta. i Ah ! por cierto, el amor no es casI grata; Antes ridiculiza e importuna, y exprime en llanto cruel lo que no matl. Pero también, por singular fortuna, te comunicará en noche bendita el dulce bien de descubrir la tuna. y el poético ingenio de la cita, y la sublime ciencia del destino en el librito de la margarita. y para hacer más fácil tu camino flauta sentimentól te dará el vienio , cuerda clara el arroyo cristalino. DOMINI,cALES DE "LA TRIBUNA » 4. 6 Al sol primaveral de tu contento, verás bueno el vivir ; toda vileza será in justa a tu claro entendimiento. y te revelará en genial certeza, su ley de bienandanza Y de mesura la generosid3d de la belleza. Así acendrada la verdad segura, tus potencias exalta y perfecciona con fiera desnudtz de llama pura. Nueva filosoUa en ti razona, cuál fue la dulce intriga de Galeoto, y cómo el ruisefior canta en Verona . En la paz del crepúsculo remoto, tu cora¿ón, como las azucenas, toma un noble interés de vaso roto. Descubres en la vid de tus faenas, como cuando en un cuento hay dos hermana!, que las uvas son rubias y morenas. Perlas de amor te lloran las fontanas, y qué cosa más fácil que una estrella cu¡ndo están junto al cielo las ventanas. Si con tal plenitud tu vida es bella, es porque ella está en todo lo que amas, y pdrque todo se embellece en ella. Eh el grave murmullo de las ramas se inquietan tus suspiros. Los rosates parece que se atizan con tus llamas. En tu embriaguez de lánguidos panales, de tu ósculo profundo haciendo copa, se embeben las palomas conyugales. Con sus deseos por piafante tropa , Ion toda rienda el corazón se libra, y el gozo audaz del potro en él galopa. El valor del león templa tu fibra como un vino mordaz, y un hondo anhelo de tas alas que cubren en tus flancos vibra. Con el vigor del árbol paralelo que en la luz y el polvu profundiza, la savia terrenal te eleva al cielo. • 46 I>OM[NICALES DE orLA TRlBUNA.. Así entrega tu sér leña macíza al fuego juvenil, y a la edad yerta suave aroma en la flur de tu ceniza . • y al fraternal dolor siempre despier!a, en la fiel simpatía de tu llanto Su sal y su agua la piedad oferta. Alza conmigo tu sincero canto, y él te arrobe en perpetua melodía, porque fuiste capaz de querer tánta y de seguir queriendo todavla. LEOPOLDO LUGONES MUSA GITANA Amo lo indefinible que por ambiguu y vago preocupa cual problema sutil nuestra ignorancía: los sueños que se ocultan en el fondo de un lago; el panorama que hace borrosa la distancia; La s cosas que se velan con misteriosos tules; los ojos que no puedo decir cuando los nliro si son negros o garzos, si Son verdes o azu les: de azabache o de ópalo, de esmeralda o zafiro. Amo los leves nimbos de colorido suave que en la tarde semejan quiméricos rebaños, yesos cabellos llenos de luz, que nadie sabe precisar si Son negros o rubios o castafios .... • Amo lo indefinible: I. a bgitiva estela que florece en las ondas como lIn lirio del monte, y puede ser nevada gaviota, o bien la vela de un na vio lejano que cruza el horizonte. Yo soy ave qu e busca siemp l e distinto alero para formar Su nido; devoto de lo arcano y de lo misterioso, me interno en un sendero que nadie sabe a donde conduce, con el fiero vo luble y caprichoso carácter de lIn gilan' •..... :... SANTtAGO RSSTR€PO • DOM nUCA L1i:S DS: «LA TRIB U N.... 47 -Yo venia notan do que la carne de sbs músc ulos perdl a la firmeza, que el color de su rostro se torna ba amar illo como el azufre, que de noche se estab a larga s horas despi erto, quejá ndose , y por la maña na salia displi cente , casi malhumora do .... pero icómo iba a imag inar que queri a traici onarm el El dia que no~ casam os, ni él tenia sobre qué caers e muer to, ni yo llevab a segun da camis a; en camb io estáb amos mozos y alent ados, la sangr e nos horm iguea ba en la venas sana y vigor osa; ¿qué podia asust arnos ? Nos metimos en aquel desie rto y casi entre los dos ahrim os la mORtaña; semb ramo s las seme ntera s y fabric amos junto al rio una casita a la cual futro n llega ndo todos los años uno por uno, cinco much achito s lozan os y alegr es .... Pero ya lo dije, mi pobre Juan no era el mism o y esa transf orma ción come nzó en octub re. Hi10 ese mes un invie rno crudi simo; 1I0via por la mana na, 1I0via por la tarde, 1I0via por la noche; las nubes hidró picas y negra s repos aban los enorm es vient res sobre la tierra y mugi an cuand o et vient o las hacia volte ar las panza s sobre los picos de las sierra s .... Los terren os delezna bles de las cQrdilleras se iban de paseo falda ab.'jo arras trand o los semb rados y metie ndo miedo. Una noche, el rio siemp re tan apaci ble y crista lino, come nzó a echar bronc as a, en voz muy ¿"lta ¡.no más piedras en mi camin o-! ¡"'sac nogal, esa pataz a que hace aftas refres cas en mi s~no!' y co, .. o efecti vame nte empu jaba los pedre jones , y con estrép ito arran caba el nogal, yo me acord é de la vaca que estab a en la vega y rogé a Juan que fuese a busca rla. El buen homb re que se habia dorm ido oyen jo bram M la mont aña bajo el azote del hurac án, salió de mala gana y tardó mucho en volve r calad o hasta los hueso s. Al acost arse sintió que el calofrio le pasab a las mano s por el cuerp o. Dia por dia come nzó a ellfla'luecer y dmar itlear ; llegó dicie mbre y el hacha perm aneci ó en un rincó.. lIena ndose de orin; los yerbajos invad ieron los sembrados; en la cua- resma las lechu zas asust aron a los niños canta ndo j1Jnto a la casa, porqu e hasta alli llegab a el monte. Aquello marc hó mal. Una vez le dije: -ipar eces enam orado ! El movió la cabez a triste mente y no ccnle stó; esto era en junio , el sol de ~an Juan colán dose por entre las rama zones fresca s regab a en el corre dor un puña do de onZ2S de oro intan gible s. Yo prose gui: tengo p~na y voy a busca rte un remedio. Al anoch ecer volvi desco nsola disim a; la vieja curande ra a q Jien fui a consu ltar el caso, hizo que le contara mInu ciosa mente lo que pasab a a mi marido. Cons lder6 ---------~~-~~--:-~--=---- " .. 48 DOMINICALE3 DE 4LA TR.IBUNA» largamente lo que le dije y sacó una consecuencia abrumadora.... .Hay una mujer malisima,-me dijo-que está en todas partes; anda cautelosamente y envuelve Su desnudez huesosa en un manto negro como la noche porque es fea, ridicula, y porque apesar de su risa horrible y de sus cuencas vacias, se enamora perdidamel1te. Tu Juan es hombre perdido; la Irresistible lo ha trastornado y se lo lleva ..... La tierra es su gran cómplice: cada vez que ella hace alguna conquista y hay boda, el suelo hace una comba, un leche) nupcial oscuro, misterioso, que recibe carne y devuelve hojas y fiores.Una noche el enfermo ardia de fiebre como nunca, la tos lo fatigaba y copioso sudor bañaba su frente .... Por la madrugada cesó de quejarse, se refrescó mucho y se quedó fluieto, con la mandibula inferior caida y los ojos turbios. Era el dia de la boda; yo misma le vesti la mejor ropa Ijue tenia y por la tarde lo vi descender a la bocaza negra Ijue unos vecinos hicieron abrir a la tierra entre las flores del patio; lecho oscuro, misterioso que recibió carne .... -y devolvió .... ? ¡Cardos! LUIS T ABLANCA ~UMARIO I.,a poesta . popu l " ....... .. arE en spana P. de Pedroso Guillermo Valencia Amado Nervo Juan Hernando Juez. Leopoldo Lugones M usa gl./allo .................................. .. :'antiago Restrepo D e mIS . brena - Ies ............................. . Luis Tablanca Amor fati ....................................... .. Cobardía ........................ ................ .. La muerte de -César..................... . Oda al amor................................... . • • NUMEROS 876 r 87'l! SUP LEM ENT O LIT ERA RIO DE .LA TRI BUN A.· • • • Redactor, MART/.V H CORTEfl' Director, FRAN118CO JOSE AREVALO GItRE STE, EM1LI .\.NO REST RItPO Bogotá,julio I1 de NUMERO SUEL TO $ 03 { VARG AS 19/5 } NUMERO ATRASADO $05 ~~~~~~--=--=--=~ ANCH' IJ SON PlrrORE J Añejas crónicas relalan que asi exclamó t1Corregio, cuando al dar de súbilo con uno de los prodigiosos lienzos de Rafael, sin lió en lo intimo de su ser gloriosa vocac ión por el arte en que el mancebo de Urbin o desco llaba insugerable. y que aqué l-el grande Allegr i-tamb ien habla de enaltecer con su genio parlen loso. Venia mas tentados, desde tiempos atrás, de echar a los Iímpanos del benévolo pÍlblica de los lectores de LA TRIBUNA, parecida exclamación, en vista de que casi todos nuestros caros colegas capitalinos, haciéndose a un lado de las arideces de la rolitic a acliva y militante. vienen empleando sus prensas, una vez en la semana, a la exclusiva propaganda del Arte, placentero y conci liador. I También somos pintores / iT dmbién queremos descansar. en etapa hebdom.daria. de lo! cansan~io~ que la pro"aica refriega nl')s produce I 1También qU1!ren¡ps complacernos COn la trepidación de nueslras mjqui nas, que en Su rudo lenguaje de chirridos parecen Cintar tos Cdotos que imprimiendo van, para asi vuelen por doquiera, en peregrinad. propaganda. a llevar emociones gra- centenares de corazones! Iántos caminos se pueden emprender P'IDdc)s semejantes al que iniciamos hoy. no lemore" que bien perplejos esluvimos Ilber en muchos dfas por donde sentar la planta, ya que borrosas estaban eh el pOfVO" las huellas de aquellos que antes de no~ otros partieron. No aspira mos-c ómo atrevernos a ello a que nueslros pasos si perduren después de hollada la incierta extensión del sende ro abrupto por donde al fin nos decidimos a emprenderla .... No aspiramos a ello, y antes oien, ~ospechamos que, dada nuestra inci- piencia, sea más efímera aún nuestra actua ciÓn en estos campos y vergeles de la propaganda de las bellas lelras. Junto al arbusto frágil de nueslro somb río. (¡llamaS la V0Z para invita r a los much os ingenios que en la culta patria nuéstra pulert. el habla y la enaltecen. trayéndola a la expresión de la belleza, a que quieran favor ecer nuest r. publicación. Porque si ella, de acuerdo con SJ ¡ndale, recogerá matices de toda la pOlicromia del Arte, tendrá comp lacen cias especiales en prestarse al prot::reso de la literatura nacional, que ya palpita en sorprendente gestación, y que precisa cultiv ar. para que en tiempos próximos asombre las generaciones en marcha. prestandoles la protección gigantesca y fragante de las Cflbas 1de los cámbulos. • Queremos también ah ora ocasión, para rendir en este número Ijte~ario un homenaje miración a ese principe de aprovechar la nuestro prime r de cariño y adnuestoa lengu a DOMINICALES Dlt -LA. T}=\IBUN A- que es Antonio José Restrepo, nuestro maes reo que señale nuestra partida Iro y gula, y al par que lal hacemos, reg~lar ' y nuestra lender.eia. a nuestros lectores con la reproduCCIón I Anch' io son' pillare I Quizás al noble del hmoso Discurso sobre la poesia popular ejemplo que queremos inr1lar, reSponda en en Colombia, que el doclor Restrepo pronun- al!:o nueslra propia fuerza; quizá logremos ció en el Tealro de Colón cuatro años há, y avanzar poco en esta via, no importa que que tan solicilado es por lodos los aman les a] final deun ella huellas del comienzo se de la buena Iileralura y admiradores del vie- hayan borrado, las con el tragln de nunos cajo escritor. minanles, los huracanes desoladores y los Por lo demás, la pieza con que honramos blandos céfiro~ ........ 1 AVinte! nueslro suplemento sirve a maravilla como F. J. A. -- • DOM lNICA LES- DE -LA TRIB UNA. » 3 D e la poesía 'popular en Colombia JOSE RESTREPO, EN 'CllOUI(~¡U LEIDO POR EL SOCIO DE NUMERO DOCTOR ANTONIO EL TEATRO LA SESION DE GALA, EL 20 DE JULIO DE 191/ POR LA NOCHE, EN COLON DE BOGOTA ' blanco para no~otros este dla y seftores: que festelamos ahora, en que la naci6n antó a su pecho La Academia Colombiana de la Poesía, fecunda qJe ,nos amamsangr e el pensar su celebra hoy, junto con el dia de la y nos infundió con sentir de nuestro '"I:ria, su sesión solemne inaugural, me de nuestro cerebro y el lazo, estrecha un el honor de nombrarme vocero suyo corazón" ata un nuevo de aquende esta noche y ante concurrencia tan nuevo vlOculo con sus hijos no gime ya si t llllnler,osa como selecta, para llevar en es- ese. mar Atlántico, ' que ban acto la palabra de la recién nacida ins- oprimido por los galeones que aporta conla de titución, quien por el lujo esplendoroso a estas playas ,a los semi dioses y las secon que vosotros habéis querido otaviarla qUlsta, los aOlmales domésticos se ni revueJove e/l las fuentes de su bautismo, bien pare- ~llIas de Vida y holganza, que le tacomo predestinada a reinar por siem- airado contra los montes de oro , silas en los corazones Que palpitan bajo paban, el sol al paso de aquel en naves que Rocomo a la hora 1:- IIIIu:~tl'o escudo ya dilatar su imperio al gue siendo, el a gritó: ITierra! conductravés de los aftas en todo nuestro inmen- dngo de oTrlan tor segur de los anhelo~ gloriosos, de territorio, l' de los mi~mos fue sin duda feliz ocasión la en que I las esper~nzas férvidas que razahlspáGllestro distinguido compatriota y colega d?lores vlvlficantes, con elal. y canta e'.' el doctor Orillo se puso al habla con los OIca se estreme~e! se consu del pueblo alegre i1~tres cultivadores de la ciencia dtl la len!l.ua prodigIOsa Numero y la Rima en la capital de Esp;t.. de la IIerra que no sabe llorar, Pasaron, por lortuna, señoras y senoOa, Ya aquellos nuestros preclaros maesinaphablan fundado allá. con altos fines res, aquellos tiempos rencorosos, e a la proficua comprensión actual, en ~' l:~J::~~~I~;I~~ y benéficos ~ op6sitos de so- tos antes que. y defensa, la Academia Españo- que esta fecha de hoy solia ser, ti la indepor la de la Poesla, que recibió en su seno a de regocijos y alabanzasistada y por la amigo, lo agasajó como él lo me- pendencia política conqu en nuestro rece y como saben hacerlo en tierra de libertad apenas alboreante no a recriminaCastilla, y le encomendó, unido su nom- cielo, predicamento oportu pretendida mala al de otro grupo de poetas, que fun- ciones amargas contra jamás encen· aqu! este cenáculo modesto, como drasta de afiladas uñas que nos aco.. que en das l:Qrrespondiente de aquél y encaminado dió vela en las zahur és de habernoa su genitor a unos mismos fines pro- taba por la- noche, despu como ecémlllltt.. ella, hecho trabajar para Seftor Presidente. sellores Aca:1émico;, ~.~,hOBOa. seno, [ E s, pue~, DOM INICA LES DE -LA TRIBUNA~ sin coyuntuns, durante todo el día: Pasaron esos tiempos, llevando con~lg~ sus afanes sus odios y lamentos_ Los hechos cumplidos quedan ahí amontonados con las osamentas, para que nuestros colegas de la Historia los compilen metódicamente los analicen con sagacidad y filosófico criterio y aeduzcan de ellos generalizaciones y enseñanzas útiles para todos, para los que fueron vencedores y para los que fueron vencidos en la lucha épica pasada y son hoy hermanos y compañeros en la no menos épica lucha por la existencia, la supervivencia y el predominio, en el mercado, cir:o y palesta de la vasta y noble emulación univ ersal. junto con el desamor a España, a sus hombres y a sus cosas, pasó también en estas latitudes cierto prurito filosofante (de que todos, cuál más, cuál menos, llegamos a aaolecer), que alcanzó en su furia demoledora de aborrecimiento hasta a la misma lengua de Garcilaso y (ervantes y a eSlas corporaciones de AcaJémicos, que se tildaron de retrógradas, se motejaron de estorbosa~ al progreso y se arrumbaron .1 rincón de lus trastajos en que la herrumbre corroe lo inWI y muerde lo dañoso. Pareció quizás a nuestros próceres que la independencia no seria completa, ni .'>so!uta ¡, vi ndica ción de nuestros fuero :- ... ¡ no !'f' cortaban a cer:eén aun aquellos ,ulIks y recónditos estambres por donde la linfa y la coloración mism~ de la sangre, corrian por nuestras venas, ya de entonces y para ~iempre abiertas al flujo y reflujo de otras 1deos propulsoras. La España cad uca de ' C3Ilos IV y su corte de reales hembras cachondas, reempl az ada en el momento histórico por la hlslriónica y cruel de que ciudadanos, y atizado entre el quemante que la gueera había p<r'>rI-" por todos los centros donde unos se movían o funcionaba un cerebro, designio, aquella tendencia de >n:,,",mi •• to y menosprecio, fundados, ya se patrióticos motivos, pero en última sis contrarios al mismo fin de cimiento por todos perseguido_ La da Babel de nuevas lenguas I la anarquia oitográfica, como si tensible de rebeldía al yugo mn:::~!:~~~~ el imposible de una poesía v· contrapuesta en s~s giros e imágenes, su estructura métrica, en sus vocablos sonidos a la vieja poesía del Marqués Santillana y Mingo Revulgo, jovellan05 Espronceda; todo 'se aparatoso ím de insubordinación y geografismo puede decirse), se quebró en su curso vio contra el insalvable tajamar at.oso las comunes tradiciones ancestrales, mágico prestigio de la lengua madre y intereses prepotentes que nos ligan a conservación y mejoramiento indefini Luégo, sobre el imposible orgánico, pura fisica ideológica y gramaticat, vinieron en buena hora el valladar de los afeetos renacidos y de los recuerdos dos y delas lontan,nzas morales entre>,i.,. tas (asi como también el sobresalto peren- I ne que el oscuro porvenir gu"arda en su abismo), y entonces el grito de reconciliación sincera resonÓ por todos nuestrOS montes, hasta ser oido en el Moncayo y elcuchado en el Guadarrama, con la misma rntonación, articulado en las mismas voces y modulado con los propios acentos, inflexiones como lo lanzaran a un tiempo el Popocatepel y el Aconcagua, el M()m(~. tombo y el Parima, el Tenerife y ehi I Fernando VII y sus sicar ios fueron amo~ allá y aqu;; es', pnbre España victima de su propia le. liad :¡ regimenes 'de muerte y de baldón, lue el espejo que estuvo ante .Ios oj s de nuestros progen itores amencanos hasta ayer no más. De alli "surg ió, en la mente de nuestr os mejores bOlazo. A justificar y a fortalecer este ace:rc. miento, unión y alianz. intimos, nid0 concurriendo, por modo irresisl:iblt el hervir vividor, el lev¡ntarse y rej necerse de la España moderna, en los campos donde se ejercita y se eXI,alt DOMINICALES DE cLA TRIBUNA. s " de el pensamiento. Cuán lejos está hoy la milenaria Iberia, encarrilando, dentro de amada madre Je aquellos dias de congo- la paz y par~ .el progreso, una democra· ¡I y sombra en que Larra exclamaba, di- cla en ebullIcIón, así como creando un rlglindoso a D. Eugenio de Ochoa, intér- nuevo mundo politico y social, allá donde prele habilisimo de lenguas extranjeras: fueron las Columnas de Hércules del clLloremos Y traduzcamos!- Tiempos en absolutismo, al poder ineluctable del qlll Jouy, citado por el mismo inclito ejemplo, o si se quiere al sabroso coso Larra, compadecía a toda la nación, y a quilleo del contagio (cuando la fiebre es la raza en ella, con aquel sarcasmo lerrí- de inspiración vivifica y nó de marasmo ble de uno de sus cuadros: -iOh noble agónico), sirviéndose quizá de bloques Eapana, don:!e la prensa e,tá reducida a que allá quedaron de esta Atlántida su· risible libertad del monólogo de Fí- blime, rescatada por el Genovés para 'Iro.- Hoy, señoras y señores, esas que- la civili7.ación, y en cuyos flancos se 111 pretéritas suenan como un contrasen- reclinaron para no morir Bolivar y San. IIdo, como sentencias de muertos Apoca- tander, San Martín y O'Higgins, Hidalgo Ilpsis, que nadie escucha y en que nadie y Morazán. cree . Hace treinta años bien largos que Asi, pues, señoras y señores, ahora si Eapaña goza de la más absoluta Iiber- comienza a poder decirse con verdad que tld de prensa, al igual de Inglaterra, más en los dominios españoles no se pone el que Francia e lIalia. A esa libertad, ma- sol: dominios nemorosoS de la Lengua, dre y defensora de todas las otras, debe del Arle y de la Poesia, dominios de la su regeneración, verdadera esa si, la tie Ciencia cread Na, mil veces más pre· rra en que Calomarde y sus frailes cerra- ciados que los desvanecidos Potosies y ban las Universidades para abrir eScue- los quiméricos Dorados, que no apagaron lIS de tauromaquia; la tierra en que se jamás con sus mirajes esla sed de i.finito 1I ~~;~~.~~'~~ las comedias de Moratín, se y este ardor devoran te de algo eterno, lan It al gran Quinlana ante la Inquisición, s610 miligados en el alma cuando se la y le enlronizó después, al lado de olra pone en conlacto con las .obras maestras rell hembra de aquellas, a Sor Patrocinio de la Imaginación, tejidas y afiligranadas Como genio tutelar de la sacra monarquía. por aquellos artilices de nombre propio ICuán lejos está hoy la amada madre de individual, que apenas los dilectos sabodlas de congoja Y sombra! rean, o por este autor c1asico, sin nomme inclino reverente aquí, y en esta bre, sin alcurnia ni progenie, sin blasones histórica, ante las nuevas genera- ni armas doradas, que fue vulgo y plebe española., ante sus poetas y pro' en lo antiguo, pechadora canalla, peón de ante sus historiadores y estadistas, la mesnada, anónimo entre las turbas, Inte esos hombres libres de la Es- 1 chusma de las .galeras, montón del foso, Plha de hoy, a quienes no asalta, at em- . arena de las P"am1des y Parte nones, .pepunar la pluma aql1el fatídico _miedo en destal de las estatuas, peana de los Idoti corazón- ni ~quel luctuoso -llanto de I los, humo y estruendo en las batallas, hoy 101 que emsombrecían el alma in- apellidado Pueblo, por soberano tenido, de Fray Luis de León epitafiando y .... que ensayaré alabar esta noch;. en de un tirano muerlo según pare- su gloriosa advocacIón de Poeta, SI el a manos de su propia padre. M. in- cielo diere fuerzas_ para ta~to .. ~- mi senoras y señores con todo y por -La Poesla, senor hlda go, . pare,:~: todo anle ese v'aleroso y clarivi- cer, es como una doncella l1erna y de ~ Mon~rca que hoy COI1 sangre nue- poca edad y en. Iodo extremo hermosa, y fértil va rigiendo los destinos de la a quien tienen CUIdado de enflquecer, p"- • I DOMINICALES DE .LA TRIBUNA» tir y adornar otras muchas doncellas, que dejó poner a raya por nadie, son todas las otras ciencias; y ella se ha sátiras mordaces y en desalmados tle servir de todas y todas se han de auto- teto s, no se vendió tampoco al paciera tizar con ella; pero esta tal doncella .no y estuvo a toda hora en boca de quiere ser manoseada, ni traida por las truhanes y del ignorante vulgo. calles, ni publicada por las esquinas de Poesia popular de todas y las plazas, ni por los rincones de los pa- I sale de ninguna; la oimos lacios. Ella es hecha de una alquimia de aprendemos sus versos y tonadas, lal virtud, que quien la sabe tratar la son como un acervo de volverá en oro purisimo de inestimable ideas que viaja con nosotros desde precio. Hala de tener, el que la tuviere, infancia hasta la senectud, pero a raya, no dejándola correr en torpes sá- mas el desconocido autor de esos liras, ni en desalmados sonetos; no ha de ! res, no recorda mas con precisión ser vendible en ninguna manera, si ya I nos los trasmiliera, ni dónde por mil.... no fuere en poemas heroicos, en lamen- ra vez los escuchámos, ni cómo y por la bies tragedias, o en comedias alegres y los aprendimos. ¿Fue un lenador f~I~;~! artificiosas; no se ha ce dejar tratar de en su faena el que gritó cuando n los truhanes ni del ignorante vulgo, i/J- pasábamos: capaz de conocer ni estimar los te~oros -¡Que se Quema el montel que en ella se encierran. Y no penséis ¡Dejalo quemarl que yo llamo aqui vulgo solamente a la Que la misma cepa Vuelve a retonarl. ? gente plebeya y humilde; que todo aq uel que no sabe, aunque sea s¿nor y princi¿Fue un espanol, perdido en nueslre pe, puede y debe entrar en el número de selvas, en la desesperanza de volver vulgo; y asi, el que con los requisitos la Patria lejana, el que exclamó don. que he dicho tratare y tuviere a la Poesia, alguien lo oyera: será famoso, y estimado su nombre en , 'IMarinero, sube al barco todas las naciones politicas del mundo ..... I y dile a la madre mla, He copiado, senoras y senores, este I Que si se acuerda de un hijo pasaje exquisito del Ingenioso Hidalgo, Que en América t.nial·? para autorizarme con su opinión y poder deciros que esa Poesia, que él pintó (On ¿Fue un Tenorio rústico el Que, ronda"" mano maestra, es la de los autores de 1 do por veredas agrestes y rasgandn la yt. nombre propio, saboreada de los d,- huela junto al montón de chozas aplnadalt lectos, y no es, nó, la Poesla p 'r ular hizo esta amenazante notificación: de que la Academia quiere que me "CU,Madres, las Que lengan hijas pe y que parece le mereció todas , us Solteras y por casar, burlas a Cervantes; porque, en realidad, Hagan las paredes altas esta chula de rompe y rasga, que apeQu~ yo soy el gavilAn ? nas si podemos describir, no fue doncella jamás como no fuese de labor, siem· ¿Fue un tunante, mal hablado y bUlrl~~ pre qUI so ser manoseaela, la llevaron el que hizo este perfecto epigrama: siempre en vilo por las calles la pu- _ ,Vide un entierro pasar, blicaron sin cesar sus pregonero¿ por las Pregunté quién se murió esquinas de las plazas, y aun se coló y el cura me respondiO: en veces, con gentil descoco, por los rin' -El que llevan a enterrar .... ? eones de los palacios y se burló cruelmente de magnates y opresore~. Jamás se Nadie lo sabel Seria preciso para I 1 ' * I , DOMINICAL1!:S n:!: -LA TP.IBUNA· cifrarlo remover todo el suelo de Espana y de C"lombia, donde esas coplas se han cantado, quién sabe cuántos años há, y aun as! quizá no daríamos en parte ninguna con el autor o autores que acopIaron tan donosamente esos versos. Ni las Gestas, ni los Cancioneros, ni los Romanceros famosos sábese a punto fijo quién pudo componerlos, y apenas si los más sagaces crilicos y compiladores pueden barruntar a derechas el origen de esos poemas grandiosos, cimientos profundos y arraigados del alma española, tan antigua como el mundo. Yo oía en mi niñez a trovadores de las montañas del Barroso, cantar con el tono de caña. en caneyes de aquellas selvas primiliva3, el siguiente cuarteto, glosado en cuatro décimas primorosas, !lue deriban sin duda de la Gesta de los Doce Pares: .Soy la puente de Manlible, y los brazos de Monroy, Los siete infantes de Lara y 10 que te digo soy!. Así como a alguno que nada tenia de apologisla de las grandezas cristiaras, le oía estotro, como un anhelo de su alma: 7 bién de sabor y contextura ultramarinos, . y los cantos regionales, locales, topográficos, que cada uno de nosotros conoce como de su tierra y que no son bien apreciados sino en su parroquia, cuando más en su provincia. De suerte que un cancionero colombiano, como el que esta Academia ha de recopilar algun dia, ha6ria de contener tres partes distintas, a saber: versos nelamente españoles; versos nativos colombianos o de otras partes de América, y versos regionales, digamos llaneros, antioqueños, caucanos, tolimenses, san tandereanos, costeños y de esta altiplanicie, incluyendo a Boyacá y sin olvid~r a Pasto. Vaya un ejemplo de los primeros, que yo mismo oi entonar cien veces en Antioquia y que luégo se lo vi cantando a un granujilla, acompañado de una guí' tarra más grande que él , frente a las ventanas del numero 16 de la calle de Almagro en Madrid: ..En el mayor imposible Nadie pierda la esperanza, Porque la constancia vence Lo que la dicha no alcanza .• Esta breve sentencia tiene, como se ve y se siente, un gran mérito moral y literaDe un Carlos Quinto el poder, rio, ya limitemos su intención a las solas De un rey David la fortuna, De un Salomón el saber . . ·1· luchas amorosas, donde dijo Larocile!oucauld o algun otro humorista, que la consSólo, pues, podríamos decir, con ver- tancia es el recurso de los feos, ya . xtendad, que de ese desbordante Nilo, de damos su significado a todos los 1r·:nces orígenes ignotos, nos vino con los con- de la vida, en que esa gran virtud salva, quistadores y siguió viniendo con los ella sola, a los pueblos y a los ho on' res. colonizadores, hasta la separación, en co- En este aspecto de ética superior, seriame mienzos del siglo pasado, el limo fecun- quizá permitido comparar esa cuarteta danle de la poesia popular, que hoy toda- cort3nte, por la cual el pueblo expresó lavia encontramos desparpajada en ricos conicamente y sin artificio alguno, honda filones y yacimientos por todos los án- lección de filosofía, sin acudir para ayuda gulos del terrilorio patrio. Con esa im- de .Ia natural inclinación que le dió el perecedera levadura han fabricado luégo cielo,' como dice el mismo Ce"'antes, nuestros poetas populares (pues por for- .a que la pillan y adornen otras muchas luna el espallol se habla en toda Colom- doncellas, que son las demás ciencias· bia) los cantos verdaderamente naciona- que comparemos, repito, esa estrofa poles, americanos de nacimiento, pero lam- I pular, con la grande, quizá la mejor estro'IDe un San Aguslln la pluma 8 DOMINICALES DE cLA. TRIBUNA. fa de Quintana, en que et Tirteo españot (como le apellidó Villergas). expresara el mismo pensamiento, al romper su magna oda a Trafalgar, cuando se mandó c~ntar t>6cialmente .aquella victoria perdida .• En ese conflicto, la fiera musa del vate "O se intimida, y ayudad. de todas las otras ciencias de la Historia y la Moral primero, busca e~ su mente de patriota entristecido una idea primordial cantable, que sea consuelo y guia y norma de conducta ele su pueblo en la hora aciaga del desaslre. ¿ Cuál es esa idea salvadora, cuál es la virtud por excelencia que debia exaltarse ante una nación empobrecida por a rapiña y el desgreno en la administraión pública, ofendida en sus m.ás caros fectos por una corte corrompida y un rivado inepto y ~dvenedizo, nación que cababa de perder su marina y sus mejoes defensores sobre el mar, y se vela menazada por el poder incontrastabe de quellas Islas donde se albergaban Nélones a millares, que sabian morir cum- liendo con su deber? En el mayor imposible Nadie pierda la esperanza, Porque la constancia vence, Lo que la dicha no alcanza, ebió de recordar Quintana en aquellos momentos. El alma de su pueblo se le pre~entó, heroica y firme, en aquel canto sencillo. Si el O bierno flaqueaba, si ta ~orte reia de ta nación llorosa, et puebto ~spa fiol , el de Sertorio y Viriato, el de Numancia y Sagunto, estaba ahi en sus ta lltares épicos, presagiando ya a tos t astaños y Empecinados, a tos Riegos y a les Minas, a los Daóiz y Vetardes. Esa ~xce lsa vir ud de la constancia debia ser, pues, el tema de Su oda inmortal, la Marsellesa de los pueblos en derrota"" y ennnces el poeta cantó asi: . No da can fácil mano El destino a tos héroes y naciones Oloria y pOder: la triunfadora Roma Aqnella a cuyo imperio. Se rindió en silenciosa servidumbre Obediente y postrado un hemisferio, ICuántas veces gimió rota y vencida Antes de alzarse a tan excelsa cumbre. Vedla ante Anlbal sostenerse apenas: Sangre itálica inunda las arenas Del Tesln, Trebia y Trasimeno undoso; y las madres Romanas, Como Infausto cometa y espantoso, Ven acercarse al vencedor de Canas. ¿Quién le arrojó de a/Ji? ¿Quién hacia el (,olio Que Dido fundó un tiempo. Racudia La nube que amagaba al Capitolio? ¿Quién con funesto estrago, En los campos de lama el cetro rompe Con que leyes dio al mar la gran Cartago? La constancia: ""a sola es el escudo Donde el cuchillo agudo La adversidad embota; ella convierte El deleite el dolor, la ruina en gloria; Ella fija el dudoso torbellino De la fortuna y manda la victoria: f'ara el pueblo magnánimo no hay suerte. iOh España! i Oh pa :ria! El luto que te cu(bre; Muéstre en tan grave afan lu amarga pena. Pero espera también, y con sublime Frente, de vil abatimiento aje, a, La alta Gades contempta, y sus murallas Besadas por las olas, Que asombradas aún y enrojecidas Tiéndense alll por las sonantes playas Cantando las hazañas españolas ..• I No quiero haceros el desaguisado, señoras y señores, de delenerme más en esta comparación, y la termino con otra, que ya habrá venido a vuestra mente de todos: Para el pueblo magnánimo no hay suerte. Si ya Aníbat viene sobre nosotros; si ya sangre cotombiana inunda tas arenas de tos rios que vosotros sabéis; si ya hay madres aqui llorando por sus hijos, vitmente asesinados en nuestro propio territorio, embracemos el escudo; fijemos de una vez el tor!>etli~o de la fortuna, y mandemos ta vlCtona, según aquet modeto no igualado y sólo por nosotros conocido: 'iArmas a discrecibn! iPaso de vencedoresl."" iNo más DOMINICALES DE eL ... 'IRIBUN A- 9 mentir! es la nota final de una canción a quién pertenecia la glosa esclarecida tolimense, que resuena en aquellos llanos, de aquel cuartpto, si al Licenciado A. o trágicos todavia de mil hazafias, y que al Licenciado B., de entre los buenos ojalá se cantara lo mismo, y breve, en literatos y poetas que produjo la tierra ciertas alturas .... de Batres y Montúfar en el siglo antePudiera ser tipo de verso netamente pasado. Imaginad la grata sorpresa con colombiano, que se sabe en todos los ,que lei aquella crítica y considerad cuánlincones de nuestro pais y que en él tos recuerdos no evocarla yo al conjuro fue nacido, como que descendió de la de aquella glosa enamorada, que nor pluma de águila de Rafael Pombo al Pedro Diaz me recitaba entre golpe y nido de la urraca popular, éste, que golpe del martillo, al fu lgor más que duno puede ser más bello: doso de una lámpara Devy, que nos libraba del grisou y nos consolaba en •En el reloj de mi afán aquellas profundidades .... Qué largas las horas son, y qué poco 3 poco dan En fin, sefioras y señores, os daré alAlivio a mi corazón l. gunos ejemplos de versos regionales, coDe verso americano, naLionalizado por menzando por los de mi tierra y empeacá, que yo escuché la primera vez de zando por uno de burla a la noble ciuboca de un negro zahorl, en los soca- dad que le da nombre a teda la comar' vones de la mina del Zancudo, y que luégo ca élnica y geográfica, ciudad que vino he oido en tados los extremos de estd a menos en los últimos .tiempos y de tierra a donde he llevado mi inquieta que el poeta-pueblo hace chacota asi: fantasia de ver y de admirar, puedo .Antioquia era capital poner como ejemplo esta' cuarteta, que y hoy por SU desgracia aldta; dijérase robada al numen de Calderón No dejará de llorar de la Barca o de Alarcón: Cualesquiera que la vea · ... • • Precipitado me siento Notad de paso, seBores académicos, A aborrecer la que adoro, Pero al mismo rnstante lloro que el solecismo cualesquiera por cualMi propio aborrecimiento.' quiera, que no carece de cierta elegan¿Dónde nació esla estrofa, quién la cia, se halla también en Joaquin Pablo Posada y en D. J0sé R"tres y Montúfar, trajo a nuestro suelo y la llevo a los mi- los dos mejores verslfr o,rlores de Amérinerales de Tiliribi, lo mismo que a Zaraca y quizá de todas las Españas. goza, a Pasto y a Casanare?-EI pueblo, En nuestn!\; malditas guerras civiles, el gran poeta anónimo, es la única resse ha vi~to amenazada e inAntioquia puesta que me atrevo a presentar. Sé que esa re~.ondilla no es colúmbiana, vadida varias veces por Generales de porque aHos después, en 1881, siendo todos los partidos, que han llevado alli, yo periodista en Medellin y estando en si no la libertad de los libres, de que la Dirección de la imprenta oficial ho- habla nuestro joven e ilustre Presidente jeando los canjes recién llegados del Ex- (a quien cito con todo el respeto que terior, tropecé con El Bien Público de merece), si la baraúnda, desconcierto y Quezaltenango, ~n Centro América, y aflicciones consiguientes a nuestras mihallé en aquel excelente periMico, pues- serables contiendas. Cansado el poetata a guisa de folletín, una larga disqui- pueblo de tánta jarana, de tánta espera sición, un estupendo estudio critico sobre de Infortunios, y como regodeándose del DOMINICALJ!:S DE: «LA TRIBUNA- 10 Un manizaleño reclamó para su tierra la hegemonia concentrista, con el orgullo un poco fanfarrón de aquellos mis paisanos, cantando asi a la nueva y rica ciudad: IOpulenta Manilales, Que cerca del Ruiz nació, Cómo ha dejado en pañales A Antioquia que el ser le dio!· probable mal ajeno también, exclamaba ~Iguna ocasión: 'IViene López, viene Obando, Viene el General Payán; Vienen tántos Generales, Que hasta los diablos vendrán!' Cuando murió el doctor Berrio, que gobernara en Antioquia por más de ocho años y con singular acierto, oí cantar al pie del Plateado a un Ca ruso de aquellas serranias, esta c" mo profética copla: En flO cambiando de metro y tono como que el heptasilabo es el apropiado para la famosa Guabina que inmortalizó Gutiérrez González, algún seductor, escapado por milagro al puñal y al revólver de las seguras vendetas entre aquellos celosos montañeses, parece jactarse asi de su hazaña impagada: «Ya murió el doctor 13errro, cabeza de Medellin. Quedó Recaredo Villa Esperando el porvenir . .. - Todos vosotros sabeis que a D. Recaredo lo tumbó del mando una revolució" que él no supo contener, y que el otro goberr.ante, enérgico y prudente a la par, habria evitado. Versos geográficos, de poetas andariegos: .Antioquia me dio su leche, -Una niña me dijo ¡ En Salam ina: ¿Cuándo va por el niño Que ya camina?- . Cantan en mi tierra, estas y miles de Sope trán mi desventura, coplas más, de todos los colores y con Sa" Jerónimo la muerte, todas las palabras de la lengua, pura Medellin mi sepultura. como en Castilla la Vieja, en los bailes de candil, que allá se llaman de garrote, sin -1 Vivan Guarne y San Vicente, duda porque lo esgrimen donosa mente en Copacabana y Barbosa, Santo Domingo y Cancán, tales francachelas, que suelen darse en los Remedios y Zaragoza I dias de fiestas, cuando hay pagos meno suales en las minas, en los casamientos y ,Esta noche canto aqul, Mañana en Titiribi, velorios de angelitos, y en las parrandas Pasó mañana en la no che nocturnas de los sábados, cuando salen a En los llanos de ltagU • los centros poblados todos los trabajadoLa mazamorra antioqueña radica allí res de los campos, a sus negocios partleste cuarteto vindicativo: \ culares, a oir misa el domingo y a espan-Me corriste de tu casa tar el diablo en el estanco de aguardiente. Por no darme mazamorra Comparecen entonces los machetes envai¡Ojalá que venga un perr~, nados de nuevo; las vihuelas y tipl~s res Se la beba y quiebre I'olla !. cién encordados, con cintas de granatey este otro, harto malicioso, de mi pue- relucientes en el ojo mayor del clavijero; blo natal: la camisa planchada, el pantalón estirado, el pie limpio, descalzo o con alpargatas de colores; el sombrero de iraca con el halda 'Las muchachas de Concordia quebrada sobre la copa, dejando ver la Son muchas y son bonitas, Pero son más pedigüeñas abierta fisonomia del jaque sin miedo, sin Qu~ las ánimas benditas. causa pendiente, y sin humildad rastrera. I DOMINI'::ALES DI: -LA TP.1BUNA- Se van reuniendo los c compadres, ~ como se llaman entre .í los que ya se conocen, los que saben cantar y saben pararse fino, pararse que va a traquear, como gritan cuando comienza una garrotera de padre y senor mio. Se convidan a echar una copa, a quebrar un vidrio, y después que el vino blanco de la caña dulce ha roto el frío de los primeros saludos ceremoniosos, cuando ya cada uno de ellos se siente en la hebra y ve cocuyos de dia y en la mitad de la calle; entonces aparecen por ahí, como brotadas de la tierra, las sordas de ancha barriga, las vihuelas de arco, que cantb el Arcipreste de Hita, los tiples llevados como reliquia de Cundinamarca; se agrupan los mirones y segunderos, los que pagan el trago cuando los cantores los penan, y empieza un jaleo, y va organizándose un baile al aire libre, o en la casa de ño Juan, o donde la Micaela, en cualquier parte, y estallan de aquellos pechos y se atropellan en aquellas gargantas cantares y tonadas que Gayarre oyó en su fragua y que Juan Breva está escuchando ahora allá en Málaga la Bella. La cana, la guabina, los monos, el gavilán, el caracumbé, el salgaelsol, el fandanguillo, la carta!!ena, el bizarro, el mapalé y el currulao (si la cosa es por la tierra ahajo, en Remedios y Zaragoza) se suceden con vertiginosa rapidez, en horas largas y ardientes de amor, de celos, de alegria, de tristeza, de venganzas premeditadas y ocultas en la copia zalamera, interrumpido apenas el canlo y el bailoteo (pues las parejas van lIe!tando de la cabuya) por el trago que ofrece generoso algún enamorado ya chISpo, que quiere congraciarse con su dama y con el gropo de cantores, de cuy~ buen humor pende la suerte de aquellos Juegos Dorales; pues mil veces sucede que el mantenedor del fuego sagrado no es correspondido por la reina ni por sus damas de honor, y entonces aquel jilguero, que prometla amanecer trovando con su querido compadre, el que le responde y I 11 lo sigue por la tonada que él escoge, 11 rompe la vihuela en la cabeza, hala pOI su manchete o su garrote, se riega come verdolaga en playa, apaga las velas , sombrerazos, echa afuera a todo el mun · do y se queda él dentro, rastrillando 1, punta de su collins o su puya chocoam contra las paredes del rancho; lo que SE llama acabar un baile, hazaña última de buen cantor popular. todos los cuales har de ser t"n valientes como atrevidos, se pena de ser agallinados y corridos pOI los otros cantores ya experimentados hasta que lo hagan compadre y vele la, armas el andante caballero de la ya des· aparecida vihuela de arco, a cuyos so nes se despepitaba Macias, y de la cua el Arcipreste nos dejó estas noticias: .La vihuela de arco fas dulces las bajadas Adormiendo a veces, muy alto a las vegadas Voces dulses, sonoras, claras et bien pintadal A las gentes alegra, todas las tiene pagadas., La famosa vihuela llena tánto espacl< en la poesia popular antioquena, que ¡ ella sola se le podría formar un vo' umer de coplas de este tenor: .Cuando me pongo a ca ni " Ahl mat haya una vihuela, Cuando la tengo en la mano Ah! mat haya quién supieral _La caja de esta vihuela Ha de ser la sepultura Para enterrar este cuerpo Que jamás tuvo ventura. e Ya se reventó la prima, Ya se reventó el bordón, Reviéntense todas ellas Llorará mi corazbn. • Yo nO canto porque Ni porque mi voz es buen1 Pero me voy arrimando Donde rumba la vihuet •. .Dale gotpe a esa vi huL Acábala de quebrar, Que para eso el cuerpo Déjalo martirizar .• -~---- 12 DOMINICALE3 D2; cLA TRIBUNA» A veces la juntan en sus loores con el . iple : . ·Cuando el tiple y la vihuela Se acompañaban conmi~o No habla viuda que slnllera La muerte de su marido ... » El bambuco el aire más nacional que loseemos, co';'o que con el pas!1I0, es l.a ¡nka música nuéslra que ha solido subir I los salones y viajar al extranjero has!a 'ntrar en los discos de Vlctor y Columbia :on su mejor actual intérprete, D. Emilio >iurillo; el bambuco, digo, es calentano, le los valles ardienles del Magdalena y ,1 Cauca si bien en la forma culta antelicha, h; invadido toda esta altiplanicie, , es vehiculo encantador de versos y anciones admirables, tomados a Julio 'Iórez, a Jorge Isaacs y a olros poetas ultos (no quiero decir culteranos) de lo nejor de nuestro parnaso. Pero el bambuco popular, el dejativo, adencioso y lánguido que se acompaña n el tiple los dias de San Juan, desde londa a Timaná y de Cartago a Cali; el lue se disuelve en coplas salerosas e nlencionadas, el que anota Jorge Isaacs n Maria, el que Pombo cantó con no Su'erado estro, ese bambuco es calentano, le los valles ardientes, de la raza moena, qu e nos lo trajo de Atrica como ex'resión de sus dolores en la esclavitud ntigua y de sus goces y alegria en la Ii'ertad anchurosa que luego supo depaarles es le suelo colombiano. Oid pN un lstante a! excelso poeta: . Para conjurar el tedio o.e este vivir tan maluco Dios me depare un bambuco, y al punto, santo remedio. .Buena orquesta de bandola y una banda de morenas, De aquellas que son lan buenas Que casi basta una sola ... . • Nin&uno to escribió Mas cuando alguien lo está oyendo El Corazón va diciendo: "Eso lo compuse yo. > .. y bien se ve que no miente, Pues hijo de padre tál, Es Como él triste y jovial, Quejumbroso, inconsecuente .... -Es el lamento que lanza El Genio de estas regiones, Por tántas generaciones Que vio morir sin venganza. e Una melodla incierta, Intima, desgarradora, Compañera del que llora, y que al dolor nos despierta. -O una risa de placer, Instadora. turbulenta, Que arrebata, que impacienta, Con eléctrico poder ..... - Hay en él más poesia, Riqueza, verdad, ternura, Que en mucha docta obertura y mistica sinfonia .... .porque han fundido aquel aire La indiana melancolia Con la africana ardenlia y el guapo andaluz donaire .... El autor de estas redondillas, popayanejo como es, no podía dejar de asistir en sus verdes anos a las fiestas del pueblo caucano, allá en los valles de Le donde vagan, reconciliadas y amigas estrechas ya, las sombras protectoras de Beoalcazar y Robledo. Imposible para mi, señoras y señores, aunque os considero fatigados de oírme y deseosos de marcharos, no reproducir aquí, para solaz vuestro, la descripción de ese baile de bambuco al aire libre, según la moda de aquellas tierras y las del Tolima. Oíd a Pombo todavía: -En un salón de palm~res, Que vagando descubr!, Su hechicera danza VI Al compás de sus cantares. -Era una noche de aquellas Noches de la patria mia, Que bien pudieran ser dia Donde no hay noches como ellas • • DOMINICALES DE -LA Tl\IBUN A.- El terciopelo mejor Al del cielo no igualaba, Ni eslrella alguna faltaba, A esa gran cita d~ am::lr. -At compás del tamborit Con la bandola armoniosa y a la venia respetuosa Del desafiador gentil , .Oianse los bramidos Hacia su galán derecha, y él, la boca almibar hecha, Aguardarla pareela; Del Cauca y sus reventones Como enjambres de leones celosos o mal dormidos y el aura circunvolante Embalsamaba el lugar De albahaca y azahar y de jazmin embriaganle. ¡"pan gas que por modelo Las quisiera un escultor Giraban al resplandor De las lamparas del cielo. .. De indianas y de españolas Las perfecciones lucian, Lindas ay! que parecian Enamorarse ellas solas. -iBajo una gran cabellera Un blanco busto imperial, y una forma amplia y cabal Cuanto elá.tica y ligera. .. Rica lel, mórbido peche, Nada de afeite o falsia, Que el arte no enmendaria Lo que Dios tan bien ha hecho. _Contra et talle de jazmin Un brazo en jarra elegante; Caido el otro adetante Sofaldaba el faldellin . .. y era de verse el candor. De esos rostros de ánget, cuando Iba en los pies retozando 13 .. Una por una salia .. Mas con zandunga imanada. Ellz, ",capando del pillo, Como el boa al pajarillo, Lo atraia en retirada .... ella eterna historia de amor! Ley que natJra institu}e; La mujer siguiendo al que huye y huyendo al perseguidor. • Ya evitaban su mitad, Ya lo buscaban festivas; Provocadoras y esquivas.... .. . Como 1, felicidad . -La una pareja cantando, La otra vivaz respondiendo, Las coplas que iban diciendo Iba d amor enseñand0, e Poesia humilde era aquella~ Pero, en su espontaneidad sella como la verdad, y a veces triste como ella. . Oos"'voces eran bastantes Para hacerla bien sentida: Amor, cielo de la vida; Celos, infierno de amantes. • y cu.::¡,l. la danza en sus giros La muslca en sus manejos Iba burlando en sus dejos O acompañando E'Q suspiros. Un demonio tentador. c¡Y qué pies! ni el mameluco Sultán mejores los vi6: Et Diabln los invento Para bailar et bambuco. -Se alternaban pulcramente Hincando rápida huella, y ondulaba toda ella La fascinante strpirnte. .Yo, sent?do sobre un tronco Contemplaba aque'la escena ' En esa noche serena I y al lugir del cauea bronco; .Esas cándidas figuras Que ondulaban y reian y hastét mi ~n sombra venian Como a acariciarme a OSCuras', • • DOJILINICALES D;E- «LA TRIBON A •y aspiraba esos olores, Mezclados a esos sonidos, y ese aire que los vestidos Les salpicaba de flores. e y todo en mi derredor, . Desde el silencioso cielo Hasta la grama del suelo y el bamb"co seductor, .Formzba tal armonia, Que todo a un golpe creado y uno para otro in ventado Por el Señor parecia. . AHi el poder peregrino Del bamb"co percibi; Jamás desde que naci, Me senti más granadino; e y si un pensamiento malo Me hiriO la imaginación (Porque era gran tentación Tánta inocencia y reg.lo). .M i alma de poeta quiso Holgarse en ver solamente, y no ir a hacer de serpiente De aquel nuevo paraíso. .Más bien exclamé IGraeias a Diosl ya Un pueblo feliz: ya Dbnde y cbmo uno gozoso: encontr~ sé es dichoso. .Aotros, con ci.encia y riqueza, Tedio cruel royendo está; A ~stos, de balde les da Fiesta real Naturaleza. . Senoras y seHores, os pido respetuosae~te un recuerdo y una ovación para el nSlgne poeta. del Bambuco, que vive por orluna 10davl. y que es una de las más puras glollas de nuestra literatura .. .. Tiene su semejanza con este baile y canlo nacionales elloropo llanero, que se cany se baila desde Villaviceneio hasta el olfo de Paria, desde San Fernando de Atabapo hasta Coro y Maracaibo y Caracas. El joro po (palabra caribe al para- cer) tiene, pues, por dominios los inm~n' sos llanos orientales. De aqui, de Cruz ver· de, en el boquerÓn del páramo, a dos horas de esta Bogotá empingorotada, monástica y ritualista, comienza a descenderse por el flanco derecho de la inmensa cordillera de los Andes, en cuyas cimas formó Naturaleza esta sabana letificante donde Jiméne. de Quesada sentó sus reales y donde la República tiene su asiento y centro directivo, hasta caer a Buenavista, último contrafuerte para llegar a la capital de nuestra Intendencia del Meta, grande afluente del Orinoco, y cuyos nacimientos están entre Villavicencio y San Martin. En estos llanos, en los de Casana re, en los de Apure, en el Guárico, en la Guayana y en la Portuguesa, se baila y se canta en los joro pos, que son como si dijéramos el baile popular de toda esa cuasi infinita región. Esa es la tierra del bandolón, del cuatro (por las cuatro únicas cuerdas que lo completan) y las maracas, o castañetas sonoras, que el fruto de un árbol llamado maraco suministra a músictls y cantores para compan!a de los instrumentos de cuerda, y que suenan como el guache antioquello y el chucho cundinamarqués. Se cantan al" de preferencia los kalerones y los corridos, que consienten las taIgas tiradas de versos, a veces todo un romance, cuyo héroe es el llanero más atrevido, el Facundo Quiroga de estos gauchos nuéstros, a veces décimas y coplas, calientes como sus pamoas, I frenéticas como sus impetus semisalvajes. I El joropo es honrado allá también, como el bambuco entre nosotros, con lIevársele de ocasiÓn a los salones, y aun fue baile preferido, no ha mucho, en la gentil Caracas. si creemos a cierto autor venezolano eonlemporáneo y muy bien documentadu, como ahora se dice. Yo vi bailar el joropo y escuché sus trovas en San Martin primero y luego en Valencia y otros lugares de Venezuela. Hry entre él y el bambuco la misma dife- DOM INICA LES DE -LA Tl\.IS UN A- reneia que se percibe entre los versos descriptivos ~e Pamba y la siguiente página del autor citado, D. Pio Gil. Sienlo no poder acotar aqui una página de mi insigne amigo J. de D. Uribe, consagrada al Guárico y que no desdiría de esta aIra, ni aun de la poesía pombiana. Oid al senor Gil y os formaréis cabal idea del J'oropo civilizado, del que estuva en boga en la Caracas oficial hace pocos atlos: '1 El jaropo final! Las arpas y los violonceUos bordoneaban ya los golpes de esa muslca crioUa, en que se compenetraron el tlmbor africano, la kena indlgena y la guitarra española, para perpetuar las infinitas nostal- , gias que esas tres razas sintieron en Améri-¡ ca: la nostalgia de la libertad perdida, del hogar lejano y de la patria conquistada. El joropo final I El último abrazo con musica, el abrazo de despedida que se dan los enamo-, rados, los amantes y los novios. .Ese joro po pertenece a los que se aman. La embriaguez postrera, la última locura, d d enar eci as por el último trago dr wiskey o por la última copa de champaña; las inúencias de tiles súplicas y tas virtuosas resi~t toda ta noche hbrando el último combate en un soto momento decisivo; fos alientos que le confunden, los besos que revolotean como abejas ardientes sobre las rosas de la. mejiUas; las manos que se aprietan con;movimlentos convulsivos; el curso pl4cido de las esperanzas felices que se des· lizan en lu corrientes del ritmo acompasado, detenidas de súbito en un acceso de celos, que encrespa también la corriente apacible de la música; los acordes perfectos coinciden con alguna promesa hecha al fin; las dilOnancias haciendo más crueles las nega- I Uvas; la igualdad de las frases musicales, prOdUCiendO con su monotonla la enervación hipnotizan te de los bonzos indio •• que €ll~usa el somnoliente abandono de las bella&; el deseo vuelto furia; la desesperación vuetta súplica; la próxima dispersión que Iraer' la dificultad de volverse a encontrar f•• eparación tal vez eterna después del conoaocImiento ocaslonai de breve. horas; el _ 1 0 IUpremo que se pierde o se apronchl: todo eso es el joropo final. 15 .y los golpes de arpas, violoncellos y cuatros, secos y rltmicos. acompañando los diálogos breve , : -No! -Si!- Nunc a! -Por Dlos!-Después! -Ya! -Cómo? ·Si no fuéramos los expósitos del planeta, como nos llamó el célebre orador español; si pudiéramos remontar nuestras tradiciones habria nacido, en hasta el Olimpo, el jaropo noche muy estreuna gica, mitoló la teogon'" liada de primavera, en que Baca, con ganas de brincar, se encontró con Terpsicore, atiborrada del zumo de la vid. En el j.aropo hay algo de báquico: es el baile de 103 borrachos, de los borrachos de licor, de los borrachos de amor, de los borrachos de alegria, de los borrachos de lágrimas. Con el jaropo bailan en Venezuela, no s610 los ensueños de los dichosos, sino también las penas de los parias, les a~helos dolorosos de felicidad imposible de una raza hibrida, profundamente sensual, profundamente infortunada. Y por eso el, taconeo furioso, parecido a un tropel de sáttro,. lo mismo p Jede manifestar el Cona en patento que la impacienci?, y re~uen en cartar despe para as, lacios y en cabañ balleros y jayanes, en damiselas y en aldeanas, iguales embriagueces de ardores y nos• tI' "muestra de coplas llaneras, que oi a .gras." Como cantar con una tonada llamada La Guacharoca, puedo recordar estas: I I .La guacharaca de Apure Le dice a la de Valencia: Si quiere pasarlo bien Trabaje y tenga paciencia. .Allá va la guacharaca Por la orilla del estero, Voy a quitarle una plum, Pa ponerle a mi sombrero. • Yo há comido la retama Del cogollo a la mitá, y no hay cosa más amarga Que el amor sin voluntá. .Adiós, pueblo e ¡iramena. La espaldas te voy dando; Mi bora no dice nada. Mi corazón va lIorando.- • DOMINICALES DE -LA TRIBUNA. '6 Para muestra de galerón, tomo de Vergara y Verga,a el corrido si~uientr: • Por sí acaso me mataren No me entierren en sagr: 0, Entiérrenme en una hJma Don~e no pase ganao; Un brazo déjenme afuera y un letrero colorao, Pa que digan las muchacha, Aqui murió un desdichao; No murió de tabardillo Ni de dolor de costao, Que murió de mal de amores Que es un mal desesperao ..... • y con ei mayor respeto, señores acad""iCOS, me atrevo a manifestar mis reservas muy exr"sas (como dicen los diplomáticos) a mucho de lo q.e afirma de la poesia popular colombiana el prenombrado señor Vergara en su Historia de la Literatura patria. · Con que asi ente que nuestra poesla poputar es esca", y agregue que una de las tres partes que, srgú n él, la constit uyen, son .coplas africanas que se han popularizado aqui con los danzas de los negros, y que han sido ad0ptadas por la raza española y con mayor razón por la mestiza, ' ya habria motivo para sospech l r que no lo acertó del apenas ilustrado compatriota. Los negros hozalE'~. civilizados. Deformaciones craneanas, mene. guado desarrollo de las circunvoluciones cerebrales, la de Brocca singularment~, que corresponde a lo que llaman dón de la palabra, y defectos de adaptación en los mismos aparatos vocales, hacen al negro mal lenguaraz y peor ladino. De alli que el'Canto áel trapiche y tantos otros perfectamente castizos. al ser puestos en o al pasar por la boca de los pobres esclavos a quienes dedicaban a los oficios relacionados con la caña de azúcar, parezcan peculiares a estos buenol compatriotas, que la República liberto y la instrucción general ha elevado en todo sentido, desarmllándoles principalmente la lengua, hasta hacerles cantar hoy, en un trapiche o en el Teatro Real, con tal voz y tales vocalización y modulación como las de la Barrientos, vamos al decir. Las sociedades democráticas, la igualdad politica y la Escuela primaria han hechu milagros. Pero antes ¿qué canción ni qué bunde, ni qué trova podian recitar o cantar a derechas aquellos infelices, a quienes el trabajo agcbiaba y el rebenque del capat.z mantenia sumidos en ~I silencio negro de sus ergástulas? a quienes caza han como fieras los traficantes de (,Hla\r o~, ('n el golfo de Guinea y ot ros lugares de Africa, pudieron traer y trajeron acá sus danzas y aun tonadas especiales suyas; pero s(110 al aprender el castellano. pudieron comenlélr a cantor lo ¡que oi.an y fuera inteligible para los demás, es decir, 1" corlas de la lengua .aprendida. El Canto del trapiche, que Vergara pone como poesía peculiar de 103 ncgrfls, y que se oye todavía en los trapiches de Anti~quia , n? ti"lle nada de privativo él los ~lIraJados hIJOS de ca1ll, si no es que, como Igna~ o'i que eran los recién aportados, y costandoleq mucha dificultad pasar de sus rud i~ent¡Hios dialectos nativos a pronunciar medIanamente las voces cast iza s tersas y flexibles, que oían a sus amos, las' maltrata ... ban cruelmenle-y las maltrata aún los ~egros finos,.•1unque lleven largos años y varias generJClones de viVIr ent re blancos y • Esta necesaria rectificación me trae a la memoria al bravo peeta nrgro, Illi grande amigo, el momposino Candelario Obeso, aquel hercúleo OIelo qt.e todos conocimos J' admirámos aqul, cuya dulci.ima risa resuena aún en mis oidos quizá más suavemente que sus tiernisimas estrofas. Obeso me contaba de los cantos y bailes costeños, que yo luego pude admirar pur mis propios ojos. en las co,tas tórridrs de nuestros mares y a lo 1"1(0 del Magdalena y otros rios, se han e~pariado propiciamente los Afriea... noS. que la riedad de las Casas por los Indios hilO traer a los colonos esp.ñoles para el laboreo de I.s minas y otros rudos menesteres. En esas costas y en esos rios resuenan el currulao y el mapalé y se baila la cumbia O c·,mbiamba con sin igual desenvoltura y fren.,i rayano <n el delirio, Mal oño para el cancán, la machicha y la danza del vientre, que hacen las delicias del 'Viejo mundo sic.llptico. La Venus negra, la Venus Calipigi •. sobre todas, recibe adoración y tribulos bajo las ceibas y tamarindos de nuestrO suelo colido, en la misma lengua en que Garcilaso cantó a la Venul de Egnido yen DOM[NICALES DIt cLA TRIBU N A_ 17 no las 1 majes, remedando flautas pánnidas de zagapor el les ocultos. La majestad exuberante de su Guadalquivir flechadas desde la torre del pompa floresta', hecha como para el ayunOro. Jamás aquellos paises que el invierno tamiento salvaj< de los tigres y el ~ e na enfria y la nieve hiela pueden alcanzar la es- morado de las almas ....• trepitosa perenne alegria de la vida que se 1:.1 negro Obeso, como le llamábamos logra, se respira. nos penetra ) estalla en cariñosamente sus amigos, tocó por derecho este trópico bienhechor, que en veces des- a las puertas de la Fama, no tanto con su enigdeñaOlos Y matdecimos co"'o hijos suyos mático poema de La lucha de la vida y sus desagradecidos, miserables snobs de otras soberbias traducciones de Shakespeare, tierras y otros gustos, mereceJores por no- cuanto COn .quellibrito suyo, hoy inhallable, veleros de perd .. , como Boabdil, esta Gra- en que recogió para la posteridad los Canfos nada de tas delicias, donde lloramos sin populares de mi tierra, que son el embeleso saber por qué, como idiotas, males, desgra· de los letrados y la imagen fiel de lo que al das y satisfacciones ¡nsaciadas, que no exj~- raza n~gra ha sabido componer en castellaten sino en nue.tra mente voluble de péSl- I¡ no, aca entrenosot,os. estropeándolo apenas mos alquimistas del placer. De hoy más, que- en sus contornos, como lo estropean los anjumbrosos pedantes del extranjerismo, cuan- 1 daluces en áureas tierras del Genil y el Guado eSléis amumados, con nostalgia de Moa- dalmedlOa. Old la canCión hplca de El boga lin-Rouge y demás centros predile~tos de 1 . ausente y decidme si eso no os pen etra vuestro delicado paladar petroOlano, balad con dulzura etérea al corazón: I bailar la cumbia so las frondas entoldadas • del Atrato, en los jardines que bordan a Ba.Qué trijle que ejtá la noche, rranquilla, bajo los empanados de.OartageLa noche qué Irijte rjtá : na, y en el jamás como se to ,"erecella alabadn No hay en er cielo una ejtreya .. _ vergel indescribible que ciñe! entre sus ramas 1 Rema. '.....Rema' ..... y sus frutos, pámpanos y flores, perfumes y armonias a Mompós, la Valerosa. Ah! payacLa negra re mi arma mía, sos de la zOna templad. , que nO conocéis de Mientra yo brego en la ma, vuestro pais ni la ciudad nat.ía; qu.e ~s .aI0Bañaro en suró por ey., sigáis el gaznate de novelJnes IOvlvldos ¿Qué hará? .... qué hará? .... y no sabéis de amores, reales e Intensos, porque no cünoceis ni las pluma~ del •Tar vé por su zambo amao nido que os da su calor reconfortante .• El Doriente sujpirará ; trópico es hecho pala el amor,' siente el diO tar vé ni me recuecd? .. . vino Vargas Vila: . Lo dicen sus f"res mISi Yora !.... l Yorá !.. .. teriosas y sensuales como almas de mUler, llenas de aromas morliferos y de efluvIos .La jembr. son como e tor<> voluptuosos. Sus glandes bos1ues de árboLo ,'<jta tierra ejgraciá.. .. les cómplices, de ramale encubridor, . como Con acte se saca er pele para fecundarse a su sombra las trlhus y Der má _. Der ma ! las ptantas. Sus lianas ondulantes, bayaderas de las selvas envolviendo los vleloS troncos como ninf~s lascivas a los sátiros -Con acte se abranda er jierro .. cansados. Sus arbustos, con esbelteces de Se roma ta mapana... efebo floreciendo bajo el abrazo de enreda· ¿I!ojtante y ficme? laj pena! deras' tupidas que tos circundan, los estre· No hay mL. no hay ma !..chan, los co;onan de flore!, y dejan caer IGbre ellos su follaje como cabelleras de .Qué ejcura qu'ejta la nochel ILa noche qué ejeura ejtá ! ~::t:¡~,~~::l;c,a~;.~s;~alt~d;~as sobre los CUerD?S flévl'.) de cautivos. La mUSlca. de Asi 1.'l!jcura ej la ausenoa .... Iguas como canción de náyad~s dolte~­ Bogá! .... Bogá l., El murmurio desconocido de brisas y r., ~opla, tan zandungueras y acres como so~arún los madriles ni repercutieron I la DOMINICALES DE eLA. TRtBUN A' No tengo tiempo, señoras y señores, para Vide oscurecer la luz, como quisiera en cada u~o de El sol,la luna en eclisa, estos temas, que están reclamando lIbros, y también a la belisa e?) Tiemblo de abusar de vuestra paciencia. y Vi coronado al Señor: \'oy a concluir, dejándome lo mejor en el tlOMuerto nllfstro Redentor, fero y para otra ~caslón. La poesía popul a~ Yo vide llorar la risa.• colombiana es tÓpiCO que embaraza la esco Por lo que se me alcanzó de la obliga ¡;encia del deseo, y fatiga por el tumulto d~ sensaciones encontradas que provoca. CasI serenata (y porque yo he s!do siempre al quise decir, al comenzar este de~cosldo dl~­ curioso de lo que pasa a mr lado), esa d curso Como el eglegio D. Peregrino San M,- ma, que quizá sea del mismo Espinel, es c guel iambién rimador encandilado, en su fla- mienzo de la glosa de esta cuarteta: mante Granate Granadino.' '1 Diera algo por ,Yo vide llorar la risa no empezar y olro algo por nO acabar!.Y al gran tesoro en pobreza, Fáltame espigar siquie,. una pequena gaVide quemar la justicia villa en el campo de la ppes!a indigena, la de temblar la fortaleza .• Y los innumerables pueblos que hallaron aqul los conquistadores, y que donde, como en Los versos a lo lumao en boca de los inestas altiplanicies, desde Pasto .a Pamplona, dios ele los indros nu~stros, a quienes Pr. se han come.-xado en agrupacIOnes densas, pedro Simón les halló ras prorie<lades y virtUhan también imprimido al castellano, en sus des del asno, para sacarlos par ser ell~s Iw torbellinos y tonadas particutares, un sabor tribu judaica de Isacar, que se les perdIó prop'o,'inconlundibte,'y han llevado al acervo sé cuándo a esos señores; los versos a de nlJesÍfa poesia nacloflal una suerte de copias y cantares que no pudieron imaginar jumao, repito, dejémoslos .... e?ara hombnlll Mingo Revulgo ni don Antonio de Trueba. solos· Quiero, si, recordar en est~ punto al famoVedlos atravesar nuestras calles y cammos so poeta indiesco, D. Antolllo Moral~s, tunen romerla al santuario celebérrimo de ehiI jano rimador, como Castellanos, Magtstrado quinquirá. Vedlos revueltos, hombres y mujeres guiados por un tiple no muy bien tem- que fue de la ,Alta Corte, en cuyas manos el plado yal que pretenden aco,npañar otros tiple hacia bailar las piedras. cual si otro An,"strumentos de los que les sirvieron en sus fión lo hubiera rasgueado, y que se dio. el guazauaras contra Quesada, Fredemán y Be- lujo de escribir la historia del in'!fo R!s.nalcázar: el chucho, el alfandoque, la guacha- I rrrsión que deja en pañales a la mlsmfstrna raca y el bimburrio. Es parte de su devonón Boda de Negros de todo un D. F(~ncisco de no dejar de tocar un momento mientras lle- Quevedo. ¿ Qui~n no conoce aquella maragan a la ve 1Ia y hacen el gasto. Si os hacer- villa de jácara elegiaca (si las hay) que cae~tenderme I cáis y ols, os vol veréis a encontrar el espa- ñol galaro en aquellas bocas y unos versos y cantares más subidos los unos que los otros . Como todo nuestro pueblo, dividen ellos sus temas en do. categorfas: a lo divino ya lo jumao; cantan Con .quél las cosas santas,;con éste el amor )' sus diabluras. A unos indiuS arrieros, que me dieron murga toda una noche en la posada del rocuy, ca. mino a Hondl, les oi de ambos sabore,. Del primero: .Yo vid~ al niño Je~ús Recién nacido en Belén, También en Jerusalén le vide cargar la cru ,; mitnza asi: .M~ llamo Risllrrislon y mi apelativo es Ramos; Toy pa servirle a mis amos Con toda satisjaición. ? Los indios, como loa negros de Africa. no tenlan poesia ninguna al tiempo de la COIIquista. Se alegraban, claro está, como todo hijo d2 vecino, cuando habla por qué, en IIIIS borracheras ante tndo. y se ponla" tri.tes cuando se acababa l. chicha, 1) le lea motll la novia -o estaban tn ceba pira ser comidos en algúna ce emoniJ conmelllOl'llivl de sus vencedores; pelO 110 JlQllcIIn para eaton ces una lengua capaz ele ser ór,_ do- DOM [N[CA LES DE eL.&. TRIB UNA " 19 rio honrado del Protocolo Mlllquera-Pedemonte, y uno de los vencedores en el Portete de Tarqui, era de juicio más seguro en muchos otros asuntos, que no en este de la métrica indigena y de la filosofía filológIca. AsI, pues señoras y .eñores, puede afirmarse sin riesgo de contradicción vencedora, que todo lo que tenemos por acá, en la materia que tan cansadamente he esbozado ante vosotros, es español y nada más que ea-pañot; no en el sentido de que todo nos haya venido de España, ya hecho y en boca de 101 conquistadores y colonos, lo que nO' seria cielto; sino .. cuanto esos nuestros cantoa pc>pulares, esa nuestra poesla natural, como la llamó Uervar.tes, que anda como el viento por todos los ámbitos de la nación y ~e relllma por todos los resquicios de nuestras ell_ trañas, y que forma parte. no escasa de nuesen la vida integral de la patrlt ...., no hay ni un verso, ni una sombra de tro matalotaje se ha venido formando en el verso, que autorice la opinión contraria jus- colombiana, de los tiempos, por el con... tillcada, y apenas para huelga de este noble transcurso todas las razas y regio ne!'. auditorio voy a trascribir aquf ti poema que curso de lengua castellana y nada más que Vergara y Vergara nos trae .. su obra n,en- pero en la ida cificultosamente por indio . tad?, como fruto del magín dantesco de al- en ella, aprend y negros, lriunfante al fin como señora 1" 16n cacique decadenle: madre, y magnificada quizá al ensancharse -Surubú loma en Amazonas de bellezas por estos contl. Nevín rá nentes del asombro. eanan cruz Parece que la Oeologia se inclina a creer Nígua gra.que este llamado lluevo mundo es m~s que son sueílos '1 Lo que traducido nada menos que por el tiguo que elllamado viejO;nias en boga eso d~ las teogo General D_ Tomás Cipriano de Mosquera cavilaciones de asiático. de toda ¡nvea nOI da .11 Ifguien ... estrofa, digna gemela de buscarnos un origen rosimilitud, cuando de allá pudieran, si no. su orll'nal: estuviesen creyendo que son Celestes, ve-. -Subf a una altura nir a buscar su origen aquí. La Arqu eoloÁ AIIi me senté la Paleontologia, la Antropologla, la pre¡¡¡~ Encontr~ una cruz toria toda, concurren a demostrarlo perenlQa Me puse a lIorar._ riamente. Las gentes, o mamiferos bimanos. Linneo habia clasl. El mlsmo Oetteral Mosquera explica su de cuero cabelludo, que que hoy las cieny s ficado de horno sapien hlflUgo a~l: cias estudIan en nuevos aspectos; las gentt t. .Conj o en su idioma no hay la palabra aqui ColOn y sus sueeeruz, el indio a'IIoptó la castellana, y por un , digo, que hallaron que habian levantado toa no eran las cerro ponen 1_ porque no tienen cómo ex- sores:mento s de Palenque, ni el Teocall di !IR- mejor sa idea; pero el pen>3miento se monu asi: allá en la altura, Cholola, ni las porten,osas construccioner,. ,weIe tradtlcir tambiénsiento a llorar mi des- idolos y estatuas mudas que yacen dona clellde eatt la cruz, me 't turbio MagdaJ~ pacía; Y efectivame!le, los indios que saben c·¡mienza nuestro grandePilaos pasaban poi' y uies Andaq ti castellano convienen en que tsO es lo que i na. Los o ra<ll." Inexpl via -toda ellOl qulft n decir con esas palabras de su l' · sob, e ,laS ruinas "lag8 los pasan como aún-inexptieables lengua .• ",-.¡ hoy" como n, Indudablemente, el Oran General, signata- , y sabll~lias que las habita minador de las dificultades y elevacione! poéticas. El mismo quechua de los súbditolP de Ataltualpa no presenla composiciones ar,reclables que merezcan el nombre de poe11 a ni que revelen los artificios de la rima y el metro y los sonidos. Los filológos d, esos dialectos hacen citas y ponen ejemplos a porrHlo, para probar lo contrario; pero a 8101 sabios y Sus lucubraciones intrépidas I!uede aplicárceles aquello que dice ,1 propio Quevedo en su conocida receta para hablar todos 101 idioma., -hablarlos donde nadie las entienda.' Hasta la misma tragedia O/llmla, que llegó a: pasar por obra indlgena quechua, está probado hoy que es parto de un. supercherfa de los misioneros catequistas en tierras de Manco Cápac_ Lo que es entre nosotros, .. el imperio chibcha, el tereero en grandeza y civilización precolombi- 3'" I I I • DOMINICAL:l:3 DE ILA TRIBUNA- ~o venes y cantéis como perdidos en un rincón de estos andes colosales. Os escuchan las otras naciones suramericanas, os escucha España y pone atento oido a vuestras arpas y trompas, y aun de fuera del hogar castellano deben de escucharos almas selectas de todas las lenguas, pues yo recuerdo en este instante y to grabo aqui con ~ratitud at gran maestro, que Eliseo Reclús estampó en alguna parte de su obra genial, este pensamiento, honra de la Poesia, en cuyos aliares nosotros ~ phefah egipcio por frente a.las pirámi.des O desoye en su ignorancia cautiva et quefldo .4>lotongado de la voz del mbterio en las borrosas ruinas del templo de Memnón. Sin duda que la raza ciclópea que alzó esas moles- de que admiramos hoy dos pequeñuelos especimenes en el Parque de la In~ependencia, dos figurillas que serian cuando más los enanoS chirriquitines de aq"ellos reyes Mirromegas y I-'anlagrueles-·sin duda que aquella raza desaparecida, que a una tal Civilización arquitectónica y escultónca llegado habia, no se hubiera dejado conquis· tar asi no más del puñado de españoles que "rribó por aqui buscando paso al pais det clavo, la pimienta y la cancla. Entonces .... reverentemente sacrificamos: .Que la América desapareciese por acaso en .un repentino cataclismo, ella Ifllaceria a pero, ah! señoras y señores, es preciso con· (:Iuir: Señores académitOs de la Poesia colombiana: noble" obliga. Elevad vuestro canto 11a attura de 108 más nobles ideales. Sed siempre dignos exponentes de la cul ¡ura patria. Animaos los unos a los otros en el trabajo ruco Ilet intelecto, más elevado, mil veces más , pero no más muitorio, que el de -los que la tima empuñan o la Ilana.que dijo Sully Pruahomme en esa grave (andón de los Oficios. La nación recl ama de todos juicio y cordura; perseverancia en los prOpósitOS I punto en el canto inmortal de sus poetas .• Ha i que formar y reunir el Cancionero nacional, señores académicos; esa obra hermosa contribuirá cual ningllna Gtra a dar cohesión perfecta a nueslra ya forjada nacionalídad. Recogiendo en luminoso haz todas esas chispas y centellas que han brotado det hogar colombiano, formaremos la hornaza que recaliente nuestro patriotismo, nos conforte en las advt:rsidades y nos sirva de música marcial en los dias del triunfo. Reconstituyamos esa obra de las generaciones muertas, para estimulo y enseñanza de las generaciones vivas. Pero, señores académicos y queridos compatriotas que me escucháh: ese Cancionero laudables; respeto a las leyes, honra a ·Ios magiSlrados, y tesón vig-oraso en las aulas def tr.bajo. uara ser compldo, para que no sea una obra De nosotros los popt;¡<\ reclamf cantos de en sus páginas' de oro lOS yaravies lastime- ideas, cantos vali nLh::t, O:itll vidos, que despierteu las más LU'¡\ nc1i l :ls energias de un pueblo joven, lIam'do con acentos cariñosos por la suelte a los más altos destinos . . Cantad cOmo el pueblo la libertad indivi~ual desde -que surge en vuestra mente: ·Mi Dios me dio mi albedrio y me lo quieren quitar; Mas luego no puedo u,ar De lO que se llama mio.Cantad como él la libertad poli tic, recon;4Iuistada en esta fecha memurable: ' - Hoy Con peCho palpitante, Lleno de ¡eliculad, Adoremo, el instante . Que nos dio la libertad .• "Nobteza obliga"· señores aeadlmicos: no e¡1s que no Se os eSl ucha porque seáis jO- trunca, iRdlgna de nosotro~. debe contener rOS de nuestros indios del Caquetá, .el Futumayo y el Amazonas. los cantares epicédicos de nuestros compatriotas asaltados y robanos per aleves manos en las márgenes de aquellos rios, ya de hoy más para nosotros sagradas. y si acaso to, Númenes que vigilan por la suerte de las naciones nO interponen su in~ flujo benéfico en ta solución de confliclos que ~e sien len venir, no sería imposible que tuviésemos que ir má, tejos, hasta el argentado Fotosi y el ptácido Rlmac, a recoger también las épicas baladas y tas trovas de amor que Bolivar y Córdoba, Sucre y Santander-cel organizador de la victorih-se dejaron olvidadas en aquellas latitudes,donde parece que florecieran a porfia plantas emponzoñadas de perfidi~ y de ingratitud, He dicho. , • DOMINICALES DE -LA TRIBUNA- A ERASMO DE ROTTERDAM «Pintó Hans Holbein,' dice la envejecida tela que a cierta ciudld muerta m. fue a buscar un dla por ver i oh padre Erasmo I la búdica ironia, que de tu boca Huye, que tu desdén revela. Si tú del polvo alzaste la derribada Escuela porque a regir tornase la helénica armonla, ¿cómo en la mustia boca de la melancolía tus labios aprendieron ese reír que hiela? ,- Enfermo que en mí fijas tus,ojos de fantasma: el frío de tu estéril desilusión me pasma; atas mi sér y domas, ascética figura que vas entre los mártires de mi martirologio, y vuela con tu nombre la voz de mi eucologio, i Oh cuerdo 'lue tu elogio le diste a la Locura I GUILLERMO VALENeiA LOS PELASGOS Eran los reyes bárbaros de Tyrinto y Mycenas, De una raza de ciclopes audaz y vencedora; Llegaron de las islas lejanas de la Aurora. y sangre de leones corrla por sus venas. i Abuelos formidables de las tribus Helenas I El torso gigantesco, la voz dominadora, Los músculos de bronce, la fuerza aplastadora, y el Verbo de oro y seda que saben las Sirenas ....... . Levantaron murallas enormes y sombrías En trono de ciudades titánicas, bravlas, Esperando el asalto de guerreros feroces. y por sus almas rudas, frenéticas y huranas, Como tropel de nubes en ásperas montanas, Desfilaban combates de Clclopes ) Dioses I LEOPOLDO DIAl: DOMINICALES DE cLA 'rlUDOlf "'- -Pero ¿ quién es ese? y habia siempre alguno pronto a r ponder: -Es luan Richepin, un joven poeta gran porvenir; se dicen grandes cosas los libros que hará .... Sus compañeros se limilaron a dis rar pistoletazos para llamar la atenel de los transeúntes. El disparo cañona y un cañonazo fue en efecto la Chan' aean Richepin Entre tas novelas de Juan Richepin no hay ninguna tan dramática ni tan conmovedora como su vida. Hijo de un médico miltar, nació en Mede¡;h (Argelia), el ano de 1849. Sus padres querian hacer de él un médico; asi · como los profesores del Liceo Napoleón, en Paris, un colega. Sobresalió brillantemente des Gueux. Fue procesada y encarcelado el pae", tn todos los exámenes; luégo, reb~lde a El libro, SIn embargo, no se vendió ape-. 10da ocupación regular, se arrojó con furia apasionada en el seno de la bohemia de sus notables bellezas. Y aqui comi. . literaria. Periodista en ocasiones, coloca- za un nuevo perlado de miseria para ba aqui y allá articul! s bien escritos pero chepin. Trabajó algunos meses como mero mal pagados; al propio tiempo daba lec- zo de cordel en Burdeos. Luégo fue 11. ciones de latin, de griego y de matemáti- madQ a formar parte de la redacción di Gil BIas, y entonces dio al teatro CartS$ll cas. fue atleta y luchador en las ferias de y Le Glu, acogidas con cariño pero .. aldea, y artista dramático en una Compa- con entusiasmo. Para sacudir al público era nel:elll~ n,a ambulante. En 1870 se batió heroicaun segundo cañonazo; y éste fue la mente entre los francos tiradores de Bourbre representación de Nana-Sahib. baki. Después de la paz aparece en Paris Una tarde en los boulevares en 101 a la cabeza de un grupo que se inspiraba fés litererios y en las redaccio~es de más en Villon que en Murger y que a poco. fue bauti7.ado con el nombre de bolle- periódicos se difundio la noticia de autor de Nana-Sahib recitaria la 'tilla truculenta. Viviendo en tal ambiente le'yendo asiduamente los clásicos, estu~ principal.. .. Todos corrieron al t~~:i~ lllando la lengua en los autores del siglo Talbot, grave como un augur, se a XVII y de la Edad Media, en las poesias a las baterias y anuncia que, estando de Rubebeuf, Villon 'Y Marot, el bi l>rro actor Marais seriamente indispuesto, Richepin interpretaria el papel del e~cntor que con ocia la jerga popul . r y gonista de su drama .... El triunfo no se ~,caresca como la propia lengua, acumu20 esperar.... El público entusiasmado aba un repertono copiosisimo de vocablol q~e luégo habia de servir tánto a su miraba en el nuevo actor la dirección fecta, la vis dramática J' el arte exc¡ul. reputacIón. El primer é~ito auténtico de Richepin ' con que daba relieve a los versos arranca del pIntoresco traje que adopt<l sonantes. Y todos admiraron tamblc!n dra,:"a que la noche precedente mostrand0 con ello conocer a fondo pslcologla d~ las multitudes. Viendo a- habla obtenido un éxito de esJima. sar a a.quel Joven de acentuadá cara ~e­ Al dia siguiente de aquella Ino>lvlcfa fistoféllca, con el anchu fieltro gris de la- representación, Juan Richepin era 20S rolas, chaqueta de terciopelo y pantalones a la húngara, todos se preguntaH. DE " ...'" ~aad~Ss~rprendldos y ya en parte conquls- '*' I 1; DOM INIC ALES DÉ &LA. TRIB UNA - Pasaba en general por loco. Algunes, s~n enlbargo, le consideraban como una especie era demade AnticJisto. Pero este Anticristocreer en él. ' para trico excén ente cía este siado sutilm Llamábase Desheuliéres, y aborre O sin pues ello, nombrr y no tenía razón para ies, . tuera yo y se, existie no -Si Dios duda a¡'horror del nombre y a su banalidad, que rme proba de dejar para debía Deshouliéres su pasíón singu lar por la seria tan tonlo no existía. originalidad. Al fin cometió la suprema originalidad que y como original, lo fue completo y raro. a su amada, la embalDespués de haberlo ensayado tod o, aTteS, le costó la vida. Mató do con ella. \,1 crivivien continuó letras, cíencias, placeres, llegó a crearse un samó, y ejecut ciencia, que per. tal 'con ado ideal que consistía en buscar en todo lo im- men fue ió ignorade. El secreto de esa. monsprevisto. Esto, a pnmera VISta, no parecerá manecdad sádica fue lo que le parecIó banal raro, pues denota tan sólo un esp",tu cuno- truosi tró que no. había ortso, enemigo de lo común, como lo son los a Deshouliéres. Encon ser un monshuo y en escapar verdaderos creadores. Pero le más extraño r- ginalidad ena. Se denunció, sin remordimiento. del caso consistía en que Deshouliéres había c-a la justici te imprevisto. No hube almen esenci sí hecho de esta teoria la regla de su conducta . ' lo cual todo Paris, y el horror de diarir, y la practicaba en el comercio del sino un grito concentró en atención en Dessu entero mundo, llevándola hasta los últimos limites mundores. de la extravagancia. Convirtióse asi en el houlié Habia llegado el momento de no ser codandy de lo imprevisto. lo. imprevisto, en medio de Pareciéndole que la .originalidad no se en- mÚo,de enwnlr-ar s de la prisión y de la guJllocuentra sino en el cambio, formuló el axio- las vulgaridade n no se ocupó de su defenma de que uno no debe tener_semejanza con- tina. En la prisio malsana popularidad, sin o de res'go, sobre todo en lo fisico. De ahi la va- sa, oi de su cuerp o de doctrina le. mislerios un riedad extraordinaria en el vestido, en. la vez, ducir a l, traducir luégo e~e anima del magnetism9 yen la fisonomia, mediante los afeites . a ardua en sonetos 1110nOSISu espiritu era tan movible como un ka- tratado. de filosflcuales renunció, do s~ e que leídoscopio; agitaba. a guisa de vidrios de lábicos ~ los e hacerl os. poSibl colores, las mas inverosímiles para dejas, vio qJe era Ante el tribunal fue prodigioso. SJ abomezcladas a las más monstruosas tonterias. . de l.os más ilustres, l xcitade Por otra parte, era UR sér admirablemente gado, uno la causa y por la dotado. por la naturaleza. Sólido, bien hecho, por la difitultad deendid o, le hizo Iln a dehermeso. Sus facultadades maravillesas le I inferencia de su'def tan co nm.ovencia elocue de igu~l, servian para asimilarse todas las virt~dest fensa sin los y re" " vleron n, lloraro s lun¡de y todes los vicios, todas las ciencias y todas dora que uliéfl s oidió Desho ces enten las art~s. Se le conocian actos de heroisme absolver. Pero.rebati los arguuno per ó une ra} y cebardias, trolOS de poesia y de prosa la palab una luz ndo arroja sor, incemparbles, meledias divinas. Pesela en mento s de su defen al trihun el sobre su crimen, que potencia tedo el genio. humano. Pero no. lIe· tan siniestra asi o Obtuv a muerte. vaba nada a fondo, baje el pretexto de qu.e tuve que condenarle de hacerse condenar visto impre do. resulta el tendo era banal. Contentábase con deClf ael muerte. gran r e podía ser un grande hombre, ntos de su vida. los pasó re- 1 Les últimos mome artista, y que ¡!Jet~, gran músico, gran tO _ n-. gra esas de nunclaba a elle, por dlSgui nnevo medo. de baIlar y una en \Ovent"' un ostr.as . vulgares para él. . de a d asado . las para salsa , Z s, em I J -Tod o eso. decía, es viejo como el munvino a confesarlo, le ote sacerd el o Cuand de. Nada nuevo encontrarla en ser el dios se confesara con él, y hede mi 8igle. puesto.. que lo soy. Ah! mucho exigió que alltesuliére . no se quise confesar Desho me divertirla ser ese dioS, si fuere un estú- Cho esto, al cura. decir y se centenló Con pido! .... Y aun, de ello cases se han visto. LO IM PR EV IST O J I j • '24 DO~lNICALES DE -LA TI\ISUNA- -En vuestras exhortaciones, citásteis una frase como de San Agustln y es de TertuliaRO en el parágrafo noveno de su De culta faeminarum . Anda en paz hijo, y no vuelns a citar ' Apesar de su fuerza de carác· ter, De~houliéres sintió inquietud ante la gui· 1I0tina. No que tuviera miedo, no, sino que temia un fin banal. Chocábale pensar que le Iban a cortar el cuello como a un vulgar •• eslno, y ie iRgenió en buscar la manera de ser guillotinado de una manera imprevista. Sin duda la encontró, pues se colocó son. riendo iobre la plancha siniestra, y en el momento en que la cuchilla cala, con un movimiento de vigor sobre humano, se echó para atrás, de modo que la cuchilla en vez de cortarle el cuello, le seccionó la sima del cráneo : asl encontró lo imprevisto de la guillotina . JEAN RICHEPIN • •Cupio díssolvi et esse tecum. Adelgazar mi corazón qUIsiera como un rayo de luna sobre el ara, como un leve cristal que se quebrara con solo un beso que lu amor le diera. • Que fuese blando como blanda cera, que forma y vida de tu amor tomara, y en tus labios loh Dios! se modelara, y en tus dedos ioh Diosl se derritiera. Que. Ii~pio y suave como piel de armino, consiguiera moveros y moverme fuera del mundo y su falaz cuino. Que fuese casto, pequenuelo, inerme, como el ligero corazón del nino que entre los brazos de su madre duerme .... RICARDO LEON • .5 DOMINICALES Da: .LA TRIBUNA- • '. • ALLA ... • Te vas? ... i oye un instante-mi súplica, marino! Cuando tras largo viaje regreses a la aldea y salgan a encllntrarte tus hijos al camino, que en medio de los árboles añosos serpentea, busca a mi novia. Es pálida como un j azmin doliente j su voz es un milagro de amor y de ternura; está siempre llorosa y siempre indiferente sentada en la ventana mirando a la llanura.... \ Tú le dirás mi nombre. Le contarás que un día, cuando la tarde en gasas violetas se desmaya, zarpó tu buque en medio de gritos de alegria, y un hombre quedó sólo quejándose en la playa; y le dirás que há tiempos, há tiempos que tu viste, traS de las verdes olas rugientes y traidoras un hombre en una playa, muy pátido y muy triste, mirando, silencioso, dos barcas pescadoras. RICARDO NIETO En la lucha Déja que me refugie en el ensueño como el nitlo miedoso en el regazo de la madre; que me ha tendido un lazo la vida, y yo soy débil Y pequefto. El mal en abatirme tiene empefto; para emprender la lucha, brazo a brazo con él, yo necesito en breve plazo del invencible talismán de un sueno. Déjame ir; la vida me traiciona; el ideal se aleja y me abandona en la ruta más áspera y sombria: Si ya no quieres ser mi companera en el viaje al pais de la Quimera .... l acompáname t~, Meiancolia l • LUIS G. URBINI 26 , I DOM IN!cA LES DE t:LA TRIB UNA - El ca raza n Don Quijote preparó, pues, su viaje. Una mañana, embarcándose en una galera, partió ' de nó se que puerto de la tie;!>." I rra española. Sobre la mar, tierna como u s;:. un. flor, la galera navegaba .... Las velas, hinchad.s el viento, impulsaban la Don Quijote envejecia. Los aftos, como I nave haciapor el Oriente remoto, blanGo, ladrones, le habían robado cuanto es or- como de plata. El sol apena gullo y vanidad de la vida: la fuerza en mojar en el agua verde y profus dejaba nda dos I lús brazos, la luz en el cerebro y la enero tres hebras de sus largos cabellos de gia en el corazón. Apenas podía sostener oro. y por 'cima del mástil de la galera, la terrible, lírica lanza; entre sus manos comenzaban a pasar las prime ras las riendas de Rocinante eran dulres hilos tas, como grandes flores erran gaviode seda; en su cerebro el pensamient ·, pais fabuloso. ¿A dónde iba tes de un la galera? era ya, pálida, moribunda llama, i n capa~ ¿Iba hacia el Norte? ¿Iba .hacia el Sur? de alumbrar nuevas y temerarias aventu- Don Quijote lo ignoraba. ras, y entre su pecho el corazón le temblaba de frío como un pájaro sobre la Sumergido en profundas meditaciones, nieve. Viéndose en semejante e.stado, dé- abandonando el timón, dejab bil, envejecido, apolíllado, sin otro hori- lera navegar a su capricho. a a la gazonte que la tumba, Don Quijote lloraba la tierra era una raya mnerta,A lo lejos, amargamente. Por sus apergaminadas ' cuatro orientes de la nave sóloy por los se miram'ejillas le corrían en silencio largos hilos ba la mar, la mar, vasta y profu nda de lágrimas. Pero Don Quijote lloraba como ·el desierto, vieja y sonor a como menos por las tristezas de su vejez que una arpa. por el infortunio de la humanidad. Fali Pobre Don Quijote! IQué : singular tando él, ¿quién velaria por ella? ¿Quién aventura! El sol del m~dio dia le incensería el amparo de los desvalidos y los dial>a el cerebro, le tostaba la sangre en huérfanos? Su obra había sido hasta en· las venas.... Por su píel aperg tonces infatigabte y generosa; pero muer- y vetusta te corrian gorda aminada to él ¿quién la púdría continuar con la sudor. Comenzaban a deshos ~otas de jarse en el misma inquebrantable fe y con el mismo cielo :Ias dolientes rosas crepu santo desprendimiento? Pensando de esta y aun permanecia Don Quijo sculares suerte y meditando quién podria ser su en sus cavitaciones. ¿En qué te absorto sucesor, Don QUijote se acordó de haber ¿Acaso en Rocinante? Acaso pensaba? en Sancho? oido hablar de Robinsón, un hombre faCuando la noche cayó, al rededor de maso, solitario} fuerte, que vivia en una la galera comenzaron a abrir sus cáliisla desierta, perdida en el lejano corazón ces las fosforescencias... . Don de la mar. De este hombre extrafio se re- , creyó viajar entre flores. Flore Quijote ferian descomunales aventuras de valor y , flores verdes, flores rojas. La s azules, galera parde audacia inauditas. Don Quijote se lIe- . tia sin piedad los tallos marav illas. nó de alegria y se enjugó las lágrimas. A Mientras la gatera corria sobre los viesu cerebro acudió ta idea de visitar a Ro- jos lomos -de la mar. Don Quijo te creia binsón. ¿Quién sino él podría ser el he- ver aparecer a cada instan te, entre la bruredero de su nombre y el continuador de ma btanca, las costas negras de ta isla. su obra? ¿Quién, sino. aquel hombre ge- Sus pU¡Jilas dilatadas y encen didas neroso y fuerte, podra hacerse plladin fiebre le brillaban entre la somb por la ra como de los desheredados en el muddo? carbunclos. ¿Cuánto tiempo duró el via- Do n Qu i(' ate I I r ) • t>Ow:lNICALItS DE -LA. Tl\IaUNA. I 27 je? ¿Fueron dias, fueron meses, fueron corazón de Don Quijote empezó a correr. aftos? No se sabe. Don Quijote, casi mo- primero gota a gota, como encendidos ruribundo, arribó una manana a la isla de bies, y después más rápida y copiosa como un inacabable torrente de púrpura. Robinsón. Róbinson hasta entonces no habia te- Todo el dia esluvo cayendo la sangre roja nido mortificaciones. Con su astucia y sobre la mar azul, hasta que no hubo una su talento, los salvajes no habian sido I sola gota más en el exhausto corazón de enemigos para él. Las bestias feroces., Don Quijote. Todo el caudal de su sanla lluvia, el sol, el hambre, los había ven- ! gre se fue a la mar; pero no fue a morir cido. Pero cllando descubrig en el fondo como cualquier otra sangre vulgar y ruin, de la galera la figura de Don Quijote, 1 disolviéndose en el agua, (\ alimentando exigua y moribunda, se llenó de temores el sórdido vientre de los peces. Roja y y de angustias. De fa!'la conocia él a ardiente. se formó primero una mancha aquel hombre que con sus discursos y i que flotó sobre 'el agua, la cual se fue sus obras habia llenado de locura el agrandando, poco a poco, lentamente, mundo. Su enfermedad habia enfermado cada vez mayor, hasta convertirse en una a los hombres. Con su presencia en la isla maravillosa , llena de músicas fugaces, isía peligraban su hacienda y su vida y de (lores extraMs y de perfumes turbaRobinsón lleno de pavor, temblándole las dores. Y desde entonces esa isla feliz, bohemia, trashumante, recorre a su capripiernas y con el rostro pálido, se a pro vecho de la debilidad de Don Quijote. y cho las vastas llanuras de la mar, en (o· colocando su cabeza sobre el borde de das sus diversas latitudes, desde las pálila galera, se la cortó de un golpe, con das soledades hiperbóreas, basta los en· su hacha filosa y robusta. Luégo, ya sin cendidos mares tropi~ales; invisible a lal temores, Robinsón se fue a su choza, miradas vulgares de los hombres, y a cu· hacha al hombro, leyó un capítulo de yas riberas de oro, cuando el ideal SI la Biblia y creyó haber practicado una muere, sólo pueden mirar las tristes, la: obra pia librando al mundo de uno de enfermas, las vagas, las agonizantes mi radas de los (lQetas .... sus más terribles enemigos. Pero del cadáver mutilado comenzó a correr la sangre. Sobre la playa de oro, ALEJANDRO FERNANDEZ GARCIJ sobre la onda azul de la mar, la sangre del ae DO K1 KI CA LB S 1)8 -LA . TR1B~".· 'P A R A U N A M U E R T A En el húmedo ambiente de la raza, que embalsamaba el alma de ter rola, viendo las lineas de oro que la188luzcotru en las noches de esllo sobre lal ol u ; a • , - habJ¡lbamos de cosas desvanecidu en 111 nieblas lejana. de lo pas aclo, y la sangre brotaba de 111 herida que no hablan 101 allOl dc.trlzado.s Tras el muro cubierto de madreselva esparcl. la orquesta trlu'ales sones como voces armónicas en cla ru selva. por la atmósfera tibia de los sal ones. El soplo de la brisa de la alameda agitaba en sus hombros nevados tules, donde se estremeclan lazos de seda. cual lindas mariposas de alal azU les. Su alma, 'atigada como ninguna, exhalaba a mi lado tenues ,ulplros, y la luz melancbllca del alba lun dormla.e en las agua. de IU I z'fiaroa. IOh, la Inquietud extrall. de IU ml nd a, el oro moribundo de su cabello, el temblor que crispaba .su mano helada la pena que le hada doblar el cuello I , desfallecida, • cual rosa as;onlzante sobre IU I rll Du volver I hojear el Ubro de nuellra lld l, si yo ya no te amo ni Id me am u ? -¿ Para qu~-balbucelbl IIND~lng jaúnmedl;l qulog e ao la amtum antbar e .r:sor:l~a~==I.~ No quiero que mi alma de el lenguje amoroso que Id le hables I • DOMINICALES DE • 29 -LA TIUBUNA- Expiemos en calma nuestro d~lito de haber sobre la tierra sonado mucho; para mí es todo goce fruto maldito, y por eso con miedo tu voz escucho I Esa música alegre llega a mí oído pero en mi sér no enciende fiebre~ carnales. iVo tengo ~olamente sed del olvído, y amor hacia las dichas inmateriales! Huyen los pensamientos de mi cabeza como aves de un abismo negro y profundo, porqne sólo conservo la honda tristeza de las almas que viven fuéra del mundo. Mi cuerpo, devorado por el hastío, "1 reino de las sombras gozoso baja .... Ay! El tuyo no siente, cual siente el mío, ansias de que lo envuelvan en su mortaja!. .. Al asomar el alba tras las montañas un estertor de muerte vibró en su pecho; y oyendo de sus labios frases extrañas. condujé.ronla en brazos hasta su lecho. Hoy ...• al ptate" la tuna las frescas lilas, con sus manos piadosas rasgó la tisis, ante et asombro vago de sus pupilas, el velo impenetrable que cubre a Isis. jULlAN DEL CASAL • • • DOUINICALE$ Da; -LA. TIlt.18UMA. Plegaria al silencio Padre nuéstro que estás en las serenas cumbres de eternidad blanca y dormida, abuelo de las hadas y sirenas que fascinas el alma del suicida. Limbo de las conciencias solitarias que, enfermas de sutil melancolía, pulverizan sus alas cinerarias en el quinqué tumbal de la atonla. Noble y bello señor que en tus jardines de sombra azul fecundas las Centellas, y te aduermes después en los cojines de nubes tachonadas con estrellas. Del beso y del quejido de la alcoba. del amor y el dolor, tienes las llaves, y en heráldica tumba de caoba reservas de la música las claves. La verdad de la vida misteriosa guardas d,snuda tras opacos 'lelos y la paiión se afina en la sedosa selva de tus convulsos terciopelos. Ermitano de pálidos confines, huyes de bulliciosas alboradas, para ocultar en fron~as de jazmines tu rebano de nubes descarriadas. La canción interior, ante el bullicio áspero que los ritmos anonada, te pide que le arranques el suplido del Motor, que es el nuevo Torquemada. El humo de las cálidas bencinas asfixia los (Spiritus intensos que anhelan elevarse en las neblinas piadosas de tus misticos inciensos. Mu :has pupilas Iiricas. sinceras. bu 'can .opor de paz en tus cristales cual se buscdba a Dios en las vidrierdS trémulas de las viejas catedrales. • .... DOMINICALES DE eL6.. TRIBUNA- 31 ~ Los que te aman recuerdan el eterno letargo precursor de su existencia y lo prefieren al vivir moderno y anhelan otra vez su somnoliencia. • Nuestro amor a los ojos pensativos, a las aguas sir. fondo y a las ruinas, es amor al matiz de los molivos de eternidad, que pulen las sordinas. Deja que la amistad y los amores escuchen la canción de las arterias y que venza el aliento de las flores al vapor sensualista de las ferias. • Permite que entre el párpado cerr~do el pensamiento brille en la pupila, como en profundo cielo encapotado el delirio de Júpiler titila. Abre a nuestras nostalgias el oído para escuchar los dulces ritornelos d~ la n):~! y el S JI, Y ese fluido brol! d! las estrell3s con los cielos. Si nos libras del vil aturdimiento que noS aleja de nosotros mismos, sobre la seda lenta del jumento podremos explorar nuestros abismos. Danos el dón supremo de adorarte, con albor de humildad en la conciencia y con perenne lágrima que al arte cubra de sensitiva transparencia. Deja que lo inconsciente oIga tu lento roce de transfusión con lo invisible, y que en vapores de cristal, tu aliento nimbe tanto dolor indefinible. Padre nuéstro que estás en (as serenas cumbres de eternidad blanca y dormida, rieguen tus soledades azucenas de plata sobre el sueflo de la vida. EDUARDO TALERO • DGMINICALE:S DE <,LA TR,IBtiNA' 32 OARI5T05 • . Bajo la protección de tus regresaba el rebaño a los entre un temblor metálico y un desgranar de flautas pupilas rediles, de esquilas pas¡uriles. y un mastín de pupilas encendida~, hirsuta piel y corpulencia brava, entre las altas hierbas florecidas las huellas de tu paso rastreaba. Ceñí tu talle al expirar el día, bajo el verde nogal que ¡J'rotegía la clara fuente de sonoros caños .... • Allí nuestros corderos se mezclaron, y desue aquella tarde, pernoctaron en el mismu redil nuestros rebaños. FRANCISCO VILLA ESPESA • Anch' io son Pittore ................................ . .. De la Poesia Popular en Colornbia.. ....... .. A Erasrno de Rotterdan ............................... . Los Pt'lasgos . ¡ ............................................ . Jean Richepin ............. ................................... . Lo imprevisto .............................. ................. . Cupio diRsolvi et esse tecum ....................... . Allá ....... .. .... ..................................................... . El coraZÓn de Don Qllijote .......................... .. Plegaria al silencio ........................ .............. _. Para una muerta .......................................... .. Oarist05 ..,...................................................... . F. /. A. Antonio losé Restrepo Guillermo Valencia LeoDoldo Diaz H. de Almera lean Richepin Ricardo León Ricardo Nielo Alejandro Fernández García Eduardo Talero Julián del Casal Francisco Vlllaespesa • • , VOLUMEN I-ENT REGA V NUMERO 903 Sup lem ento lite rari o de .La Tribuné.> • •• D;,ector, FRANCISCO J08E AREVALO Redactor, MARTI N H. eORTE9 GRR& YTE, EMILI ANO REST BItPO VARG AS BOG OTA , AGO STO S· DE ~9H' .', Cúmplense, por estos dias, seis anos de la muerte de aquel gran colombiano que fue D. Migu el Antonio Caro. Ya en tan corto lapso, la actual generación ha sabido rendir a la memoria del hombre de ciencia y de letras, homenajes de admiraci6n sir.cera. Vaciada en bron~e, la estatua de Caro espera una hora propicia, en esta er~ de dolor universal, para alzarse sobre pétreo pedestal y ser asl a la manera de una peremne ensenanza plástica. Ajenos a todo otro sentimiento, y sólo por honrarnos rindiendo en nueSi ras pági~as homenaje dignisimo al varón justo que yace por siempre entre la tierra. publicamos hoy la magna oración que el Vale epónimo de la Patria y de nuestros tiempos pronunció, a compás los rudos golpes de los hierros fúnebres que preparaban la fo sa, hace seis años .... Ol 5C UR 50 PRONUNCIADO POR EL SEÑOR DON GUILLERMO VALE NCIA EN LA INHUMACION DEL CADAVER DEL SEÑOR CARO Señores: El honorable Senado de la Ropitblica me confirio ayer el en-o cargo de llevar su l/QZ en esta hora no menos triste que solem ne, y yo cedo a ese encargo, y al hacerlo, no obro como un~ obscuro miembro de la honorable Corporación que de mi Ha, sino cual un hijo férvido de las llanuras libres. No ha mucho tiempo, al transitar por "no de nuestros ca. m,nos .oleados que caldea un verdadero fuego de justic ia, al dej~, que mi cabalgadura sedienta escampase del rayo abrazador bajo una ceiba copada y centenaria, oi que un grupo labriegos que allf estaban reposando llamaba .Ia casa verde. de al árbol venerable cuya frondosid.d libraba a innumerables cabezas de • , 82 DOMtNICALESDE _LA TRIBUN .... ~ ~~ae::::::x eE!!!23lO~woc::: • ~JC:Z!!SS&!!!!!!~~ una luz sin contrastes bajo un cielo inmisericorde. Recogi esa frase, caida de los labios del pueblo, como un slmbolo grandioso de verdad y experiencia, y comprendi cómo lo que llamaba la boca vulgar cla casa verde,. era una concepción grandiosa, dc!ntro de la categoría de la vida, que estaba diciendo a todos aquellos oscuros conductores de animales cansados y soñolientos, cómo bajo la inclemencia del ciele se-abria un parasol gigantesco de brazos ampliamente protectores para cubrirles, con la opulencia de .us frondas, de la rudeza adversa de llamas quemadoras, para orearles bajo la sombra hospitalaria de los ramajes verd~s. No sé por qué extraña asociación de ideas se aviva hoy en mi espiritu aquella frase, y aquel sfmbolo, y aquel paisaje, ni sé tampoco por qué afinidades electivas e intelectuates quiero '13l1ar consonancias entre el árbol de muchos dlas que hundia sus raices torcidas en los antros más profundos de nue~tro sueln, con este débil resto que vamos a entregar en breve a la avaricia de la tumba, y que fue un dla portentoso gigante que asombró mil caravanas bajo su copado follaje y llevó flores al extremo de sus ramas nudosas, no menos fuertes que sonoras, no menos poderosas que risueñas de gracia y de color. Dentro la relatividad humana, estas palabras: Caro ha muerto! indican solamente la misión natural de un organismo q"e cumple su destino, la caida silenciosa de una fruta cargada de perfume y de miel que se desprende al peso de una tranquila madurez; mas, icómo desconocer que aquella poma de oro declina hacia el abismo de la final delicuescencia, arrastrando consigo todo el color de muchas esperanzas._ todo el aroma de recuerdos inenarrables! Porque la desaparición de Caro no es el ocaso de un sol ql\e se oculte hoy para reaparecer mañana: es el súbito hundimiento de la Isla de la Sabiduría, del Pr"montorio excelso que se ha tragado el mar, de una segunda Isla llena de sonorldades inaudilas, desaparecida para siempre. de una Atlántida espiritual, no menos hermosa que la que ideo Platón, sumida eternamente entre los abismos sin fondo. No está bien que hicieran su elogio los familiares del grande hombre, I'os que recibieron su mano honrada entre las suyas trémulas de respeto; los que con él partieron el pan modesto en la mesa frugal; los que en hora feliz. oyeran rorrer. en vena incontenible y dilatada, el divino caudal de ese .crisóstomo parlante.; .,a preciso que el Senado de la República comisionara at hondero humilde y bárbaro que fue osad~, en no apartado dia a lanzar sus guijarros contra el pecho del paladln inv.cto para que dijese qué resistencia férrea oponia aquet pecho bardado de bronce al fiero ataque; para que nos constase a todos cómo el oleaje popular, trocado en marJ!3 ascendente e invasora. iha a romper sus Inlpetus y a convertir en flJres la. espuma d~ su.:; iras 'l:ontra aquel arrecife inconmovible, constante como el Tiempo, sereno como la Eternidad .... . Es cosa cierta que la Historia y los grandes homhres que actuan en ella no pueden ser considerados sino a ta distancia. LOS que hacemps. parte de un proceso; los que hemos terciado en el comb.ate d.ano, ,"fluidos por et medio y et momento y todas aque".a~ CIrcunstancias que impiden al conlemporáneo proceder a lust!C!~ con los fallos que dicta, no podemos apreciar por manera del.nrtrva, aquellos movimientos humanos en que nos hemos mezcIa- . - • DOMINICALES Dlt -LA TRIBUN A~ ~~_~ __ __ ~"""""'M.""," 83 __.<l5''7'?99s . .¡¡a_.."'?9'' ~'" ' oc=T''' do como actores. Los hombres, como los mármoles, ganan a me- dida que los tiempos corren, y dejan las horas con el roce furtivo de sus alas, un pulimento de contorno que en vano es demandar )0 mismo a la parcialidad reconocida que a la enemistad rencorosa. No sería yo el llamado a decidir definitivamente en el juicio histó· rico que hoy se ventila, acerca de este hombre que, semejante a una Crisálida, deja ante nuestros ojos la grosera envoltura para abrir ante la luz del t1em}o sus alas polícromas de belleza y de verdad. Pero sí existe un hecho que debe hacernos meditar, que contrae nuestro pensamiento. que nos precisa a un juicio, que noS impone un fallo, fallo que se resume en pocas palabras: Varo fce un grande honlbre; fue un gran colombiano; fue un genio nacional, y, ensanchado el ciclll: ~t.Je un americano enorme, un latino gloriosísimv, un hombre verdaderamente mundial. En este momento de la evolución comercial, cuando el vivír sólo busca como meta el bienestar individual y el réposo de la tranquilidad adquirida, ese hermano nuéstro era un contrasentido, un verdadero inactual, una a~piración del:presente lanzada hacia la opuesta orilla del pasado. Tuvo aquel hombre la virtud .simi· ladora y comprensiva de los próceres del Renacimiento italiano; Leo Batista Alberti no habria desdeñado de sentarle a su mesa. y el Bembo y el divino Leonardo eSJjuivado no habrian de invitarlo a cerrar circulo en torno suyo. Poeta, gramático. filósofo, teólogo, historiador, filólogo, le· gista, critico, maestro, aqu el a inteligencia recorrió ladas las es· feras de la actividad psíquica; supo desvanecer en todos los matices de la modalidad interior, su sabiduria no simulaba aquellas fosforescencias engañosas de las plantas marinas que flotaban des· lumbrando con reflejos extraños a los újos incautos, arrastrados. -en nuestros mares tropicales, por las olas torosas; esa ciencia sólida, robustamente asentada y firmisima, hundía sus raices penetrantes y vivas en lo más hondo de los suelos clásicos y recibía vida, y alimento, y calor, y energía inexausta de aquellos jugos misteriOSos que en el reino de las letras se apellidan la Antigü~dad. Bi~n plJO Caro, i 1!erro~ad) p)r Leconte de L' lsle, de que se habia alimentado para ostentar tanta lozania en sus producciones literarias, haber contestado con aquella frase del hombre de marmol: -Me he nutrido de raíces griegas.- Dijérase que aquel 'a alma inmensa, aquel espíritu aquilino, rehuyó sentar la garra triufadora sobre este manzanillo envenenado de la vidit moderna, y movió los remos pujantes hacia las edades pretéritas, y como el Agui/a del Casco, en el poema del grande Hugo, levantó el vuelQ desde la cimera del yelmo que encarnaba el triunfo brutal de la materia, para hundirse en las profundidades de un ~nsueño grandioso. El, removiendo escombros que pregonan las destrucciones seculares, encendióla divina luz de nuestra lengua castellana entre el armónico laber:nto de las sintáxicas ordenaciones latinas y n1S m.ostró la ferocidad de cesa casa de fiera~- que se llama la Iliada )' a nuestros padres en la rJZ1, no ya cu l i !rtos CDn el oxidado arreo de la ornamentacilln itá'ica, sino resplandecientes de la hidalguía cat"lalleesca que fluye de todo cuanto toca a la divina lengua que hablamos, de todo cuanto hiere el rayo puro y vibrante de la hidalguia española La divina p'op"r J ln heléni"a, el exámetro homérico que se mueve idealmente bajo un ritmo interi Jf; \a agria. rectangu- lar disposición de las latinas Cláusulas; el jugoso mimbre y flexi. • • • 84 , DOMINICALES DE cLA. TR.IBUNA- ~~~~~(. esOC=: '1. - rCC7i7Y'w~~~ ble y perenne del verso virgiliano; y Anacreonte, el ~inosus. senex; y Lucrecio, el pagano ho~rado ~ pantelsta; y HoraclO, el mtelectual.equidistante; Y Agustm, el Inflamado; y el árido Pro~ercl"; y el esotérico TilJulo; y Dante, el teólogo; y Carducci, el· rebelde; y Byron, el súberbio; y H<redia, el todo ojos; y Sully-Prudhomme, el equilibrio satisfecho, cruzaron ante nJestros oJos, envueltos. en la hopalanda castellana, como extraHjeros sonreídos que trocar~n sus trajes peculiares con el manto opulento de nue~lro gay saber. Un dia se apoderó de él el anhelo de lo Ignoto, y evocó el Genio de la Historia, y en vuelo hacia los tiempos idos condujo hasta las lorjas romanas todo el bronce que habia recogido para fundir en él el alma de una estatua: la de nuestro padre Bollvar, y evocó la epopeya colombiana; y vil) lo que fue la Independencia: un ensueño de hombres agitados del espfrtu de aquella diosa-que escanció en cincefado vaso para el filósofo anfiguo el divino coloQuio de fa República; una tribuna sin cesar ocupada por oradores férvidos; un circo de fos tiempos anliguos lleno ~e mártires despedazados; una historia entera desMratada a cañonazos, y sobre ef cuadro portentoso y épico, un hombre, } ese. hombre era Bolivar, La palabra vuela cansada para decir lo que fue ~I: predecir, luchar, vencer, crear, orar, gemir, cantar, rugir, maldecir, convencer, soñar, padecer, agonizar, morir. Motir, no como quiera, sino como la columna robusta, cansada de llevar sobre sus hombros el dombo inmenso de fas naves; contemplar cómo España ataba de su escudo a la fiera soberbia y melenuda y dejaba volar, a cobijar el nuéstro, con fa sombra .agr.da de sus plumas, esa av~ libre que gusta de armar su nido sobre el pico más alto de las sierras. Y esa fue la visión del poeta; y él vió al héroe mártir; y supo contemplar su perfil vencedor sobre el muro negro y dwuído de los tiempos que fueron; y su gesto aguileño y su abra¿ada tez, y sus mismas quemadoras pupilas en que revelbe:aba el rojo sol del combate; y vio cómo al acompasado g:ll()par de su caballo, la tierra brotaba soldados que ¡!Jan formando a :su t::spalda C/')010 la cauda inconmensurable ue un cometa, y cómo iba llevando, de colina en colina, los incendios de la guerra; y él, Caro, el poeta, cogió esos rasgos esenciales, y fue a llevar a la fragua vulcánica el sagrado crisol que contenla el bronce futuro de otra estatua inmortal que, erguida eternamente bajo el cielo puri simo de la memoria cOlombia"3, vivirá para siempre, cuando el bronce de renerani, limado de los siglos, yazga mutilo e informe cabe el pedestal derrufdo que hubo de sustentarl~ un dia .. .. Y Bolivar vivirá mientras el habla castellana esté pregollapdo, en las eslrofas del poeta, un pasado glorioso y un compromiso para lO futuro. Pero Caro no era sól~ poeta: orador también fue, y era ~e v e ~ al coloso enfurecido, sacudiendo la soberbia melena, dls'",,,, Invicto por el recinto del Senado, y soltar su frase destructora , chasquean.te, Como un látigo, luminosa como nn rel~mpa­ go, fatalmente rápida y eficaz como la cuchilla de la guillolina. que cae. ' Seria preci so ver un monstruo de aquellos que la ciencia moderna nombra acora!ados, para forjarse idea cabal de lo Que fuese, Idealmente estimado, aquel olador polltico, Su cerebro era un volcán Inflamado y Su boca un crater espantoso, Quien asistió a aquellas lides, no lo olvidará nunca. Brot.b3n las frases de esos labios tremendos con una certeza fatidica: era la lucha de un r • DOMINICALES DE -LA TRIBUNA8r;:=r. •___....___ ....__.. ____ ....__ ,,_ _'w .........q==;agr<==aA9f-=.,./1· !..--..a~' gigante contra las multitudes. A c~da disparo certero y formidable iban hacia el fondo, una por una, las más gallardas naves de la opuesta escuadra, y ese coloso de la palabra gustaba tam· bién de la ironia y se solazaba viendo como la bárlJa de su flecha fingia una sonrisa al clavars~ temblando en el tarazón del con- o trario. Elocuente, diserto, poderoso, suave. facundo, sutil, docto, • ingenioso, incisivo, vehemente, grande y hábil son los atributos con que Caro supo mostrársenos 'desde la tribuna. ¿ y el periodista, y el maestro, y el filósofo, y el sabio, y el pOlitico? . Digan ot os su elogio, porque vasto es el tema e inagotable en esta hora de recogimiento y de dolor en que no sola· mente dep'or ¡m os la ausencia eterna de un grande hombre en la categoria del espiritu, sino también el ponerse de un astro de la virtud y del honor, porque aquel personaje, cosa rara en los dias que alcanzamos, era también un hombre virtuoso. Fuerza es reconocer que Caro sirvió sus ideales con desinterés cenobítico y con probidad insospechable. Este eS uno de los mejores titulas \ a la gratitud de sus conciudadanos. Jamás vendiera él su primoge· nitura ideal por el mezquino plato del semita Esaú. Atravesó el desierto, semejan'te al camello, sin otro refrigerio que su fuente interior, y no curó jamás si a la postre la muerte pudiese encon~ trarle con el ",anto hecho gi,ones y los pies descalzos, porque él sabia muy bien que la bandera cclombiana no habia de faliarte por sudario, y que ella tiene más pú?pura y más oro y más cielo que todos los mantos imperiales, que toóas tas venas codiciadas y ocultas de la tierra, que lodos los espacios abiertos! Caro desaparece y no en hora propicial Colombia está muy triste; Colombia es por todas partes combatida, Colombia le neo cesitaba, y el paladin se ha ido y se ha ido para no volver. Es ciertamente deplorable que aquella suma de energia moral, que aquel prestigio evidente, que aquella autoridad intolectuat, que aquel papado def espiritu que emanan de ciertos hombres no se trasmita a nadie, ni perdure después de ellos, ni descienda sobre alguién cual una a modo de investidura de la inteligencia. Seguramente, la actuación potitica y moral de un hombre qued~ en • sus libros, más toda fórD1ula escrita tiene mucho de cristalización; es algo definitivo que parece no avenirse con la mudanza de los tiempos, con el perpetuo devenir de las aspiraciones humanas. ¿Será que la verdad politica, a semejanza del maná, se agria por la tarde aunque recogida en la mañana? En el orden meramenle adjetivo. bien puede ello ~uceder; mas hay otro orden en que tal ro acaece. Yo creo en esa Geometria divina de las almas que, sometidas a la inevitable fatalidad del clrculo, rregonan la equidistancia del centro «ue apellidamos Dios. Para nosotros ya no es quien con dedo infalibble nos indica la linea recta a ese punto central. El código, escrito está y ese rilo queda; mas en el calei· doscópico agitarse de las ideas modernas, hace falta quien nos enseñe a discernir lo accesorio de lo esencial y lo mudable de lo permanente. La R'publica tiene sed de probidad, -Como el desierto tiene sed de agua pura,' y en esta hora de dolor estamos viendo complacidos como . entre el agua turbia del interés mezquino y el bochornoso peculado, entró como tributo Inexplicable y extraño y como espejo de consuelo, el agua Iimpida de este torrente claro. Hubo en Caro una dualidad que es fuerza discernir: el hombre • • 86 o =::JC.ALES.."DE -LA .... T"Il:5~!.~~._ sustantivo y la personalidad adjetiva. Se~ esta juzgada mu.y a espacio por la critica que se solaza en buscar aquellos nlabces que prestan a las luchas politicas la .algazara ~gresi.v~ de los juegos infantiles; cuanto a la personalidad eSenCial, VIvirá tanto como la verdad en que él creyÓ y en que nosotros creemos; como 10S'"principios que él defendió y que nosotros sustentamos; como las nociones de que él fue propagandista afortunado )' que nosotros hemos recogido; como et ejemplo de austeridad y de firmeza que él nOs diera y que nesotros anhelamos imitar. Bien me sé que la hora no es oportuna para recordar ciertu palabras; mas ¿cómo no acariciar con ellas.a quien las cargó de sentido, les inf.ndió el alma de su alma, las hiZO el lema de su escudo y apacentó su esperanza en esa eficacia consoladora? El señor Caro fue el Jefe indiscutido del Partido Conservador, que le venera y enzalzará siempre como a su patrono espiritual. Para que la ¡¡Ioria de aquel ilustre cenobiarca fuese completa, recibió de mano nuéstra la corona de espinas quo es et gaje obligado de los hombres públicos. Mas qué importa todo ello si su anhelo fue noble y trauajó por el ideat; en "uestras turbulentas democraclu solo sufron los buenos, los que resisten, los que luchan. para los otros llueven las rosas de tas fáciles alegrlas y de las complacencias humillantes; soto que estas flores, como las del festin de Trimaleión, desaparecen con el vino de tas copas, en tanto que ta espina ensangrentada que a} udó a tejer ta corona de los redentores, brilla cual una joya glorificadora entre la noche de los tiempos. 1Es increlble que esta urna encierre tánta historia patria, oculte tAnla gloria, vele tánta virtud, rrcate tánta ciencia y selle Untas esperanzas l Si el pasado necesita de distancia para sus perspectivas, fuerza es que vean mejor la grandeza de los ¡¡randes las generaciones por venir. Cuandú pasen los años, quebrzdores de arlistas y pulidores de contornos, la figura de Caro aparecerá en toda su excelsitud clásica, serena a imponente. Para el critico del futuro, el suelo en que nació será el pedestal rara escogidO por la naturaleza para asentar los pies de aquel coloso cuyos lineamientos generales ocultarán en lo venidero las leves imperfecciones de las formasl Quién pudiese contemplarlo en esta concepción sumaria. bajo las <soeeies de esa slntesis ideal. tras de cuya expresión anhelan los c;"celes de Albert Bartholomé y casi, casi realizaron los de Rodin l Oh l si nos fuese dado, después de algunas centurias, contemplar i~<ahnente la figura de este hombre que ya no nos ve, ni nos oye, ni nos habla; ét que fue todo ojos; él que fue todo oldos; él, que fue todo verbo, verbo i"flamado, verbo puro, verbo de Dios, y contemplarla con ese gesto dolorosament~ expresivo que el escultor francés supo imprimir en la marmórea h~ura det Panteón parisiense. Ver asi aquell¡ alma, atormentada y gigantesca. en et escorzo violento del ,Pensador. que apenas log!a sostener la mole de la cabeza colosal preñada de un pensamiento que fuese al propio tiempo toda una tempestad; asl, Como un buzo enloquecido que va a tanzarse desde lo alto de una roca sobre .I~ fr.ar sin limites; cual un gigante cuyo cuerpo 1I0recle.nte de Vida tra.~uce. en musculosas contracciones una anguslia IOflOlta, eterna e IOvlclbte; asl como para hundirse en el vaclo, ostentando sobre la fr~nte de anchos planos algo como la huella de un martillazo homénco y ciclópeo como el golpe de la lalal lortuga que hendió al caer la caben Esquilo .s', cual un pensamlen- de • • _ ... _. - ._--DOMINICALES nit .. LA TRIBUNA- ~eC:cne' • le 87 :oc:=:nx==r---~a:==?9Z • to hecho hombre, convertido en un león p,esto a saltar, ya quien el pueblo atónito que le está mirando quiere detenerle vanamente; porque ha sonado ya la hora, y fuerza es que se cumpla la voluntad del Misterio y... en ese instante precisamente nos hallamos. Quien dijo a Colombi, : Patria, de tus entraf\as soy pedazo, devuelve a .lIa la grosera envoltura mIentras el alma que ésta contuviera asombrará por siglos. semejante a una ceiba, a innume- rables carabanas que pidan sombr.a, que anhelen escuchar el canto de mil pájaros, que busquen el reposo y ansien recibir la IUI eterna del sol indeficient. filtrándo%e a través de hojas de perenne verdura, de ramas opulentas y de flores que no se mustian. -<ll{lCItliO-- La salvación De Pafnucio • En pos de la paz única, de la paz interior, Palnucio el santo anacoreta de ojos doloridos y de barba pluvial y astrosa túnica, bajó de su columna cua"do el manto de la noche flotaba .... Un can errante lo siguió dando aullidos y se detuvo con un aire incierto en el límite vago del Desierto que se esfumaba en el confín distante. Huyendo del horror luciferino Pafnucio se internó por un camino que abrieran montaraces animales sobre los desolados arenales. En su fuga doliente auduvo noche y día sin reposo, y próximo a morir de hambre y cansancio alcanzó a ver una ciudad silente que sobre el horizonte soporoso fingía las aristas de Bizancio. Eran tumbas antiguas y olvidadas, en cuvas puertas rotas fulguraban los ojos de las hienas, mientras las osamentas profanad. S de los muertos yacian dispersadas como pálidas notas sobre el gris de las líbicas arenas. • • • ee. DOM[MI04L.ES D~ eLA. T __ taUJf~. --'......... w i, __ -- ; Atravesada la ciudad del llanto, cayó Pafnucio, a su pesar, rendido ante una tumba sola y apartada próxima a un manantial, cuyo sonido era un divino canto, • y cuya agua, sombreada por flotantes palmeras, atraia.a ias aves palj,ajeras .... y se dijo Pafnucil!: -En esta tumba viviré para siempre arrepentido, lejos de toda mundanal balumba, y en Dios reposaré ..... • y entró en la fosa y con la planta airada arrojó unas serpientes que alli formaran escondido nido. Luégo se prosternó sobre la losa y oró mucho .... Sus lágrimas ingentes corrieron por la piedra abandonada .... • • Después a la fontana sonorosa encaminó sus pasos vacilantes yagua bebió en el cuenco de la mano, y del fruto lozano de una planta de loto pensativo y de dátiles frescos y fragantes proporcionó a su hambre un lenitivo . .... Y pasaron los dias .... y Pafnucio-Ia frente contra el suelodeEde el amanecer hasta el ocaso, sólo imploraba la piedad del Cielo. I Mas ay I El Pens&miento cual un le6n de victimas sediento, se le acercaba con artero paso, ' y le hacia pensar en las divinas sonrisas de Tals, en las colinas rotundas de su pecho en donde tántos mortales embriagados se durmieran, y le mostraba los acerbos llantos del arrepentimiento que por el rostro de Tais corrieran .... • • Un día oyó una extrafta Voz que le decla: -Levántate, mortal,. ve la~ figuras . con que se adornan estas sepulturas. • , • • • le DOMIMIl: .... LES DS -LA TIUBUN..... ag- - en ''OC ?' _ _ _ ,.....-zae...-.~cs::=:e. 7P'CET e y Pafnucio miró, y.en los tumbales muros había raras iniciales, y festi vas escenas mundanales: • • , mujeres por la dicha adelgazadas, por las sedosas manos enlazadas, bailaban al compás de arpas y violas .... En otra parte habia un grupo de labriegos qu' en las olas 1e maduros. trigales se perdía. y en sitio preeminente, una joven de clásica belleza tocaba tiorba .... Su ar moniosa frente era un sueño nevado. Su cabeza ostentaba la 1I0r de los olvidos, la 1I0r del 1010 como gema rara; Sonreian sus labios florecidos, y en su radiosa cara de perfil puesta, un ojo centellante de frente abría su mirar distante. Su traje de livianas trasparencias filtraba vibradoras elocuencias. • Pafnucio la miró, tembló d' espanlo y respondió a la voz: -¿Para qué quieres que mire e~tas escenas que recuerdan los múltiples placeres y el vanidoso encanto del muerto sepultado en esta fosa, el que bajo mis pies, en negra caja y en solemne mortaja es sombra de una sombra silenciosa y nada más? i Oh vanidad de todo 1 ¡ Oh terrenal y deleznable lodo ¡La Voz entonces díjole al oído: e·Muerto está, mas vivió. Tú no has vivido, y asi entrarás en el Eterno Olvido!Desde el instante aquel huyó el reposo del alma de Pafnucio .... Ya ni un dla pudo vivir sin escuchar acentos venidos en el alml de los vientos que le hablaban de un néctar de alegría .... Y con mirar ansioso .la tanedora de la tiorba hundla la mirada profunda en las entraflas del pálido eremita .... Sus pestanas vibraban sin .cesar. Eran punales • . 90 DOMINCALESIDE -LA T1UBUH.a ~ .......-ea::z:::zoe:::zziC!!Z9:: • ' • negros, envenenados y fatales! y le hablaba, le hablaba en las nocturnas horas cuando la tierra en el misterio del amor crepitaba, y taciturnas las palmeras mecían sus follajes y el pólen recibían de lejanos parajes; cuando los ibis-tiernas-recogían su vuelo, y los leones trocaban sus rugidos en canciones .... Era Taís-í la mi~ma I-la distante que dondequiera estaba y sonrela siempre divina, eterna y rutilante .... Era Taís la que miraba, y era Taís la que fluía blandas palabras 'como blanda cera ...• Era Taís, Taís la que tañía la tiorba .... i Era Taís I í La mísma era! Los ágiles demonios en la fue"nte lanzaban rísotadas. Su conjuro reunía de repente faunos, ninfas y sátiros livianos, y todos enlazados por las manos danzaban sin cesar en el os~uro silencio del Desierto aborrecido .... y Pafnucio rendído llamaba a Dio~, y Dios en el simbólico ídioma de los astros y los mundos con una eterna voz le respondía; mas Pafnucío, engolfado en sus profundos histerismos de amor, no le entendla .... Una vez un demonio bandolero la cuerda le robó con que se atara el raído sayal. Entonces fiero contra aquel robador, el eremita quiso vellcer en tan infame cuita otra cuerda más fuerte fabricando .... y como cerca de la fuente clara y cantarina, con un ritmo blando un plátano mecía su follaje, fuese haCia él y desgajó sus hojas e fnvadído por júbilo salvaje, las llevó a su vivíenaa olvidado de todas sus congojas. « • • . Ih """""""'.....""'" DOMINICALES DE cLA Tl\IBU.N~ .....-,.... AIIi las trituró con firme mano, lasconvirtió en delgados filamentos y las puso a secar ante el lozano sol que le sonreía como el en más inapreciable día desde los errabundos firmamentos. y en su alma renacía su primitiva sencillez de infancia; y un soplo de alegria florecia en la estancia .... y el trabajo siguió,.siguió fluyendo, y un placer silencioso radió su llamarada .... y descendió el Reposo y se anidó en el alma atormentada. , • • Entonces los demor.ios contrariadOS acallaron su estruendo, y en galope tremendo huyeron para siempre con los silfos los faunos y las hadas de la fuente .... - Se hizo la calma .... y con mirada torva la tañedora, sempiternamente sus manos, desmayó sobre la tiorba 1 MARTIN H. CORTES no hay poesía sin hambre Cosa vicia la de que -no hay poeta sin hambre' y es conocido aquello de que los -horneros' tenia n que pedir limosna en los atrios de las iglesias para poder satisfacer a la prosaica y vil gazuza. y sin ir tan lejos, ahi tenemos al tuerto Camoens-no confundirlo con el tuerto Carmona-que, a pesar de todas sus liricas endechas a la ingrata señora de sus sonadores pensamientos, se mantenia de las berzas que iba recogiendo para su alimento en los raslros de Lisboa. Y Cervantes, el grah Cervantes, -que no cenó la noche que concluyó Don Quijote de la Mancha? Pues .... ¿dónde dejamos a Candelario-¿se acuer· dan?-el -célebre. Candelario, sacristán de Balvanera y poeta improvisado por Héctor Varela y digo improvisado porque el pobre Candelario no era tal poeta, sino que se lo hacía, por agenciarse algunos pes itas con qué mantener a Su numerosa prole-la docena del fraile-aunque en eso de manutención Candelario vaUa más que toda su prole iunta. a " , • • • • • Una, vez le apostaron a que se co~ía una vaquillona asada .... y se la comió de una sentada dejando los huesos peladitos. Y el que dude de esta homb~ada culina.ri~ qu~ se !O pregunte al simpático coronel GramaJo, cuyo distinguido Jefe de nuestro ejército pasivo solía .darse unos atracones l...; Como que también era poeta; es decir, era poeta porque, segun ten¡;o entendido, compuso, en sus mocedades,. una mll?nga con pie forzado dedicada a su grande y buen amigo el temente general y dos veces presidente don Julio Argentino, cuya milonga, con pie forzado cuentan le valió el 'edecanato-; pero una golondrina no hace ve;ano y se necesita, cuando menos, hacer Luciérnagas como la~ hacia ei doctor Carrasco-q. e. p. d.-Pero, tate que no fue el doctor Carrasco quien inventara el tII"lo, que antes que él, mucho antes, ya hubo quien hiciera Luciérnagas en nuestra tierrJ-NiII novo sub soleo Pues las hizo Fajardo, aquel Fajardo autor de la primera Cumilu O'Gorman, que se representó o no se representó en. el Principal de la Victoria. y con este moti vo recueldo ahora lo que ocurrió en la capital vecina cuando el precitado poeta quiso que su obra se representara en el antiguo teatro de Solis. Hará de esto algo más de medio siglo . Era entonces jefe político"don Cándido Bustamante. Pues ocurrió que la obra se anunció, se ensayó y que llegada la hora de la representación, la artista-como ahora se le llama y entonces se la llamaba -la comica.-que debía hacer de protagonista, se negó rotundamente a ello, so pretexto de que, a última hora había encontrado su acción -altamente inmoral.y que no iba a representarla -aunque la llevaran pre~a.- ¿Sí? Vaya un capricho escandaloso. Pues a darle cuenta al senor jefe polltico. Saber esto don Cándido Bustamante e irse a la casa de la actriz-que se llamaba por más senas, Maríana Segura-todo fue uno. Trató de convencerla de que ya era demasiado tarde para arrepentirse y de que ella debla haberlo resuelto cuando e.1 reparto de papeles o en los primeros ensayos; pelo no queriéndose dejar convencer y ante el empecinamiento de la actriz m ~ ntó el picaza don Cándido y le aseguró que por fas o por nefas saldría a las tablas a represeutar la Camila. i Pues no faltaba más, burlar al público por un simple capricho 1-IPues, no y no I-Pues, que si y que sl. ..• y no hubo más.-¿Va usted o no va?-Ya lo he dicho, aunque me lleven presa.-¿SI? i Pues allá' veredes I . Na.die creyó, por supuesto, ni en el empec,inamiento de la actrlZ .m en que don Cándidc> llevara a cabo su promesa de hacerla Ir ~ las tablas por bien o por mal; pero-I oh, sorpresa nun~a vista I-s: levanta el telón y aparece Camila sent~da en un Sillón, custodiada por dos milicos policiales .... El apuntador le -sopla- su papel; pero Camila no habla; se ech'a abajo su • • • • • DOMINICALES DE .LA TRIBUNA- ~~----.~ ! KUiWP~lI' '1' - 93 '"-=="'"~ parlamento-como se dice en el caló teatral-lo que se alaja o suprime; todo el público murmura; se entera de lo que ocurre y se arma un tole-tole infernal al saberse que el señor jefe polltico ha ordenado que Camilo sea conducida en tal guisa al teatro y que en tal guisa represente. Don Cándido se salió con la suya a medias, como dicen que concluia el rosario de la aurora, que yo no sé de eso .... Con que ibamos diciendo que poeta y hambre son sinónimos, y la prueba más palmaria la tienen ustedes en la siguiente anecdotilla : Vamos al caso; pero, ante todo, supongo que no habrá quien me niegue lo que era Olegario Andra:le. Poeta y de los buenos, de los rr.ejores, de los más predilecto,ls de eso a que llaman Parnaso. Pues bien, yo conocí a Olegario Andrade en su época de pobreza solemne. Llegaba de su tierra natal y galgueaba. Esto de galguear es un simbolo por aquello de hambre canina. El pobre logró, al fin, creo que por recomendación del doctor Manuel Quintana, ¡;ue don Mariano Varela, unitario neto-si_bien Andrade defendió en otrora a Urquiza como buen federallo colocara en La Tribuna y Andrade escribió aJli órtículos magistrales; pero, i qué diablos!, entonces los a'ticulos magistrales se pagaban poco y aunq"e Varela hilO excepción con Andrade, a éste no le alcanzaba ni para un diente-como decimos los vulgare;-Io que le daba. Andrade andaba cabizbajo, hablaba sólo como el que saca cuentas y no le salen; su cara iba tomando aspecto de cuchillo visto por el lila, cu.ndo una tarde se presentó en la redacción verdaderamente desconocido: sus ojos brill.ban de alegria, sus labios sonreian; habia desaparecido su natural encorbadura como cuando Sixto V arrojara la muleta al ser proclamado Sumo Pontifice. En dos palabras: era otro. Y tón otro era que Benjamin Posse, redactor principal entonces de aquel diario, lo notó en seguida y le preguntó: -¿ Que le pasa, Andrade? -¿Que me pasa ?-repitió él. fijando en Posse la ",irada de sus ojos observadores.-Me pasa .... -y se detuvo un momento para continuar repitiendo:-me pasa que al fin voy a salir de mi miseria agobiadora. -¿ Cómo asi? - Usted sabe la amistad que nos profesamos eun Roca .... -A si me lo ha manifestado usted. - Pues, debido a él, he conseguido ..... ¿qué cree usted? .... que me nombren nada menos que jefe de la oficina de mar"1 egla . das ,......... cas pnvl . Olegario Andrade no terminó porque lo interrumpió Posse con .una de sus carcajadas volterianas, para pleguntarle en seguIda: . -Pero, Andrade ........ ¿y usted entiende de eso? • • • • 94 DOMINICALES DE «LA TRIBUNA- ..-='""';,. .--....·¡,.;;.¡,¡.. ~~~_'K7i"nac==n~w~~ • • -¿Que si entiendo de eso? ........ IMe agrada la preguntal En las circunstancias en que yo me encuentro, Posse, entien • do de todo y si en lugar de eso me hu~iesen nombrado maestro de natación, tenga usted por seguro que yo ensenaría a nadar ........ ¡Va lo creo que enseñaria! Olegario Andrade fue después co-propietario de la vieja Tribuna fundó La Tribuna Nacional y fue diputado y relativamente rico; pero ........ dejó de Ser poeta. RAPAEL BARREDA AL DANTE Padre, dices verdad. La selva oscura no tiene ya camino conocido, en su lóbrego seno estoy perdido y arnurallado y preso en su espesura. • La antorcha al soplo de los y por mi senda con mi pesada de la fe, radiante y pura, anos se ha extinguido, voy, solo y rendido carga de amargura. Si aquí has visto flotar la reluciente túnica de Beatriz, y aqui sentiste la huella de un laurel sobre tu frente, apiádate, Maestro, del que existe sin vida y sin amor, y cual tú siente ensangrentado el 'pie y el alma triste. LUIS O. URBINA BRINDIS Si ves que cuando apure la bebida en lágrimas mi risa se convierte, ·sabe que vierto el llanto por mi ViU3 y que bebo la copa por mi muerte .... • Me detiene lo horrible de mi suerte en resolver mi estancia o mi partida; pues . . si allende el morir nunCl he de verle, vrvlT no puedo con el alma herida . Sé que si destrozara mi cabela ni un recuerdo siquiera alcanzarlét; y sé que vivo, en lóbrega trisleza después de una tantálica agonía, "n el hielo polar de tu belleza se cuajará mi ardor de medio dia l. ... • ZOILO ClJELLAR CHAVI!S :DOMINICALES DE .LA TRIBUNA· 95 ...-;oo.,-=-;axx=;;N~~~~w~.---..~......-..r;l AL MAESTRO, CUGHILLADA Genio y figura ........ A nadie tan aplicable ese dicho vulgar como al insigne poeta cóm ico Narciso Serra, el famoso autor de Don Tomás, La calle de la Maniera, Luz y sombra y otras no menos valiosas joyas de I~ titeratura dramática del siglo pasado. Víctima de una horrible parálisis, cuando aun no habia cumplido treinta '1 cuatro a~os, que le recluyó en su casa hasta el dia de su muerte, acaecida en 1877; catorce años, próximamente, de padecimiento fisico y de retiro f<>rzoso, de aislamiento, mejor dicho, no fueron parte a desterrar su buen humor, ni siquiera a amortiguarle -Genio y figura ....• Militar improvisado y bizarro en su primera juventud, y al propio tiempo autor dramático aplalldido y festejado, la corrió en grande, y tal vez por haber corrido tanto y tan de prisa, vino, como lógica consecuencia, la quietud forzosa: He aqui lo que dice a este propósito uno de sus biógrafos. -Era oficial de Coraceros, Jefe de la escolta de los Capitanes Generales y pertenecía al regimiento de Barbón; en esa situación vivió ocho aHos, los más fecundos de su vida y los más desarreglados. Sin duda, su talento y relaciones le daban cierla impunidad para sus faltas de conducta y de servicio, que eran proverbiales. Su nombre de poeta, su figura, su uniforme, su gracia Y sus triunfos teatrales le concedian derto prestigio en el mundo del amor fácil. Además de calavera empedernido, Narciso Serra era ocurrente y gracioso como poco~, y hay muchas anécdotas <lue lo prueban, entre el1as la que todo el mundo conoce relativa a cuando Camprodón resultó hombre malo habiendo sido l1evado como hombre bueno a un juicio de faltas. El humor festivo de sus buenos tiempos, de aquel10s tiempos en que gozad. de excelente salud, lucia su uniforme de cara ceros y respiraba el aura de la gloria, no le abandonó en los di as de su cruel enfermedad. Imposibilitado de salir de su casa y teniendo necesidad de vivir, sus ,..."igons politicos y particulares pudieron conseguir ql e en 1864 fuese nombrado censor de leatros, cargo que desempeM, hasta que fue suprimido por la Revolución de septiembre de 1886, ayudado por un pariente de moral inflexible y rígidas idea3. Pues bien; en aquel10s tristes dias en que, clavado en una butaca, ejercla el cargo de censor, daba frecuentes muestras de su buen humor al redactar los decretos concediendo o negando el permiso par., la representación de las obras. No se timltaba~ como era lógico, a otor.gar o negar el permi~o, sino que emlt!a lurcloS acerca del valor hterario de las comedias burlándose donosamente de las que eran malas y dando 'consejos para corregir los defectos que encontraba en las buenas' una especie de P. Carrillo, aunque con más talento que el ¿élebre • , 96 DOMI~IlCALES ..N-'-.. ..;;;;;iioj, .........~w~'-, • DE -LA TRIB UNA - = ..--= ....... rs==r...-==ae~~ .... fraile de la Victoria .... Entre otros, graci osos y ocurr entes , recue rdo el decre to que estam pó Narciso Serra en aquel solem nísím o dispa rate titulado iiA la marl!. del famoso poeta y herra dor mala gueñ o D. Pascu al Torra s. Decia textu alme nte: -Exam inada esta obra, no helio incon venie nte en que su representación se autor ice-s i hay empr esa que se atrev a a poner la en escen a.iPues la hubo! La empr esa del teatro Cerv antes , de Mála ga, dio tres repres~ntaciones de ¡¡ A la mar!!, a teatro lleno, no dand o la cuart a por haber la prohi bido el gobe rn ador, ante el temor justificadísimo de que perec iese el aut"r , victima del 'entus iasmo popu lar ... : Otro de los famo sos decre tos de Serra se encue ntra en la comedia titula da La levita, origin al de Enriq ue Gasp ar, y dice así : -Exam inada esta come dia (muy bonit a, corri giend o el final, que es malO), no hallo incon venie nte en que su repre sentación se autorice. Madrid, 26 de febrero de 1868.Por desgr acia para el censo r, el púbEco opinó todo lo contr ario y el autor pudo sacar se la espin a, al impri mir su comedia, estam pand o debaj o del decre to de Serra las sigui entes linea s: .Doy las más expre sivas graci as al sellor Serra por su dictamen sobre mi obra, que respe to en toqo lo que vale cuanto de su talento proce de; pero como el ego!smo presi de nuestras acciones, no puedo sentir, sino alegr arme de que el públi co no haya opina do como él, por cuant o en el final preci samente fui lI.ma do tres veces a la escen a con los actor es, que, dicho sea de paso, estuv ieron inimi table s. Acaso sea la única vez que, litera riame nte habia ndo, se haya equiv ocado el señor Serra , que cuent a sus obras por sus triunfos; pero eso no prueb a más sino que alicuando bonus dormitat Homerus.> Aunq ue dada con gran corte sía, la lecció'! resul taba un poco fuerte. I Al maestro, cuchi llada I No por eso se enme ndó Narciso Serr~, y conti nuó estam pando sus célebres ·decretos. -Genio y figura ....• _ FRANCISCO FLORES CIA _ _ __ __ " 'AAl_ •.ro.... _ •.rofflGAR aa.eaA_ aaa _eaA~ m SAQ - su AR IO Discurso...... ..................... ............ La salvacióh de Po/nucio.... . .... • No hay poesía sin hamb re.... ... Al Dante........................................ Brindis ............................... ........... . Al Maestro, cuchillada ............ ... . Guillermo Valencia Martin H, Corté s Rafael Barre da Luis G. Urbin a Zoilo Cuéll ar Chav es Franc isco Flore s Gare la -. •