La Personalidad: efectos de la infancia

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La Personalidad: efectos de la infancia
Articulo
Un hijo es la unión del tiempo*
Un hijo es la ventana al futuro por donde miramos el presente y evocamos el
pasado. Es la unión del tiempo y las distancias.
Un hijo es la luz del día, la libertad, la esperanza y la alegría. El perfume de la rosa
y su color. Un huracán atado, un viento enjaulado y una ola detenida.
En él vivimos, como la raíz en la tierra, la savia en el árbol y el fruto en la semilla;
como el color en la flor, el brillo en el sol y en la noche la sombra.
Es el ánimo al despertar y es la aurora; la paz de la noche y el tranquilo sueño.
Camino y meta. Un hijo es el milagro de la vida y la razón del amor; evocación de
la sabiduría eterna, paciencia que conduce a la esperanza.
En forma innata trae amor y alegría en su corazón.
Viene al mundo a través nuestro y tras él vamos sin parar.
Es un misterio que pasa por la vida iniciando una eternidad.
Un hijo es el panal de miel que endulza la vida de sus padres. La marea que pasa y
nos refresca; es el amor, nuestra ansia, nuestro fruto. Oasis para el sediento
caminante de la vida, faro que revive al navegante.
Es nuestro anhelo callado, júbilo de nuestro corazón, alegría de nuestra sonrisa y
fuerza de nuestra voluntad.
Es la definición del tiempo, historia que evoca los recuerdos.
Explica el espacio su presencia.
Camina con el viento y suspira con el rocío, nos baña en la fragancia de su mirada.
Hijo ¡tú erres el poema¡ ¿Para qué me pides uno?
¿No lo escuchas en tu llanto? ¿En tu canto?
Y ¿en tu sonrisa no lo sientes?
¡Qué hermoso es el poema en tus palabras, en tu imaginación y en tu silencio¡
Artículo tomado del libro La personalidad: efectos de la infancia
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