Articulaciones (A)Temporales en el Síntoma y en la Bulimia (A

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PSYKHE
Copyright 2006 by Psykhe
2006,
Vol
.
1
5
,
Nº2,
5
7
67
I
SSN 07
1
7
029
7
Articulaciones (A)Temporales en el Síntoma y en la Bulimia
(A)Temporal Articulations in the Symptom and Bulimia
Esteban Radiszcz
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Mediante la comparación de un caso de disorexia y de otro de bulimia, se explicitan las diferencias que separan a
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ersidad Alberto Hurtado. Departamento de Psicolog
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a a este artí
culo deberá ser dirig
ida al autor a Almirante Barroso 2
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58
RADISZCZ
delgadez asociado a la restricción de la ingesta, pero
gún la sucesión propia de las manifestaciones en la
la limitación de las comidas no constituía una estra-
bulimia. En el fondo, se trataba de un desorden próxi-
tegia de control ponderal como en la bulimia. Asi-
mo a lo que Bruch (1973) denominó anorexia ner-
mismo, la expectativa de lucir esbelta tampoco se
viosa atípica que, representando una conversión
inscribía dentro de la ambición que, típicamente, ins-
histérica animada por un temor infantil de fecunda-
pira las estrategias bulímicas de compensación. A
ción oral, se distingue de la anorexia (primaria) y de
diferencia de lo que sucede en la bulimia o en la
los “
obesos delgados”(bulimia).
anorexia, la forma corporal añorada no parecía impli-
La disorexia de Albertina comenzó a los 18 años
car el característico temor de verse gorda. De hecho,
en ocasión del potencial inicio de una relación sen-
en ausencia de una preocupación constante por su
timental. La joven era frecuentada por un amigo de
silueta, las restricciones alimenticias de Albertina no
sus padres, veinte años mayor que ella, y un día
se acompañaban de ningún control del peso.
salió a cenar con este hombre que no le era indife-
En tal sentido, las restricciones alternaban con
rente. Volviendo a casa, el hombre se detuvo, abrazó
comidas normales que no motivaban ningún des-
a Albertina y, reteniéndola en sus brazos, la besó
contento. De hecho, Albertina mantenía una condi-
apasionadamente. S
orprendida, la paciente sintió
ción normoponderal homogénea que se alejaba de
que la boca del pretendiente olía a alcohol y comida.
las abruptas variaciones de peso en la bulimia. Pese
Asqueada, se liberó del abrazo y corrió hasta su
a prolongarse algunos días, los periodos de ayuno
casa. Al día siguiente, no conseguía olvidar el epi-
eran puntuales y se asociaban a una sensación de
sodio y, sobretodo, el recuerdo de aquel sabor in-
asco vinculada a momentos de angustia. M ás que
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nundada por la repugnancia, no comió. T
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movilizadas por el rechazo de una imagen corporal,
comida le recordaba el incidente. Pero pasado algu-
las restricciones parecían activarse en función de
nos días, el hambre se amparó de la joven que, pese
una repugnancia venida al lugar de la angustia.
al asco, se sintió forzada a comer. Así, el episodio del
Ciertamente, Albertina se quejaba de una fuerza
beso prefiguró la disorexia que, a partir de entonces,
que la obligaba a comer. Pero las situaciones en que
podía aparecer en diversas situaciones asociadas a
fracasaba su voluntad por evitar la comida, no pare-
una angustia frente a lo sexual.
cían constituir accesos bulímicos. S
e trataba más
Sin embargo, el evento del beso sólo era la
bien de la ingestión de pequeñas cantidades de ali-
reedición de una escena protagonizada a los 11 años.
mentos que, consumidas entre comidas, sólo impli-
Los padres de Albertina partieron a trabajar fuera de
caban un descontrol en la medida que impedían la
la ciudad, dejándola al cuidado de un familiar. La
evitación del asco. No se apreciaba paroxismo, ni
mujer que quedó a cargo de la niña, tenía un amigo
hiperfagia. Eran situaciones en donde la mujer se
con quien cenaba una vez por semana. Durante el
veía imposibilitada de escapar de la repugnancia.
primer mes, las visitas del amigo transcurrieron sin
S
in duda, los episodios de ingesta motivaban
novedad. La pequeña comía con el invitado y se iba
esporádicos vómitos, pero éstos no eran usados para
a dormir. El invitado hablaba y bebía con su amiga
compensar las consecuencias del comer. Además,
hasta entrada la noche y, finalmente, partía para su
ingesta y vómitos estaban afectos a una belle
casa. Cuando las visitas se hicieron habituales, el
indifférence también presente frente a las restriccio-
hombre dejó de regresar a su casa. Luego que su
nes y al difuso anhelo de delgadez. S
ometidas a esta
amiga partía a la cama, él pasaba por la pieza de
bella indiferencia, las alteraciones alimenticias de la
Albertina y comenzaba a tocarla. La niña despertaba
paciente no tenían la nitidez, ni la fuerza característi-
y para que no gritara, ni contara lo sucedido, el hom-
cas de las manifestaciones bulímicas.
bre la amenazaba con pegarle y matar a la mujer que
En resumen, Albertina presentaba un conjunto
la cuidaba. El hombre amarraba a Albertina con cuer-
de fenómenos donde la repugnancia movilizaba ayu-
das, la besaba y le acariciaba sus partes íntimas.
nos que, vagamente asociados a una ambición por
Asustada, la pequeña sentía el gusto repugnante de
conservarse delgada, eran contrariados por episo-
alcohol y comida de la boca del hombre, mientras
dios de ingestión que prolongaban el asco. Conse-
que éste intentaba inútilmente penetrarla, lamentán-
cuentemente, ninguna de las alteraciones alimenti-
dose de que ella fuese tan delgada. Entonces, el
cias exhibidas constituía una verdadera manifesta-
hombre se frotaba contra el cuerpo de la niña y la
ción bulímica. No había voracidad, ni devoración,
volvía a besar. Estos episodios se repitieron cuatro
ni estrategias de compensación;mientras que las
o cinco veces antes de que Albertina se reencontrase
dificultades presentes tampoco se articulaban se-
con sus padres.
ARTICULACIONES (A)TEMPORALES EN EL SÍNTOMA Y EN LA BULIMIA
59
Similarmente a la escena vivida a sus 18 años, la
acariciarla, besarla y penetrarla. Así, el esposo se
paciente se había visto sometida a la boca de un
encontró rápidamente en el lugar del amigo que, be-
hombre mayor que olía a alcohol y comida. En am-
bido y comido, buscaba besarla apasionadamente.
bas situaciones, se trataban de amigos de la familia
La relación con su marido se encontró asociada al
que, no habiéndoles sido indiferentes, la besaron,
recuerdo traumático y a la situación edípica, susci-
mientras ella no podía escapar, retenida entre los
tando una recrudescencia de la angustia que se tra-
brazos de uno o las cuerdas del otro.
dujo en el empeoramiento de su disorexia.
Albertina recordaba vívidamente la escena de
No logramos discernir si el incidente había sido
seducción, pero jamás contó la historia. Cuando, en
vivido o si era una deformación del recuerdo o una
sesión la paciente habló del episodio, ella temió por
fantasía que traducía el conflicto edípico. Pese a ello,
la reacción de su padre. Así, cuando finalmente re-
todo parecía indicar que, poniendo en escena mo-
veló su secreto, el padre, furioso, comenzó a vocife-
ciones pulsionales infantiles, el trauma determinaba
rar sus deseos de matar al desgraciado. La mujer
ampliamente la disorexia de Albertina. El asco expre-
sintió una angustia insostenible y, en la mañana si-
saba tanto el rechazo del evento, como la aparición
guiente, despertó presa de un estado disociativo en
de deseos incestuosos impugnados. Asimismo, las
el que no reconocía a su marido, ni a sus hijos. Ha-
restricciones asociadas al vago anhelo por enfla-
blaba como niña, decía tener 10 años, preguntaba
quecer, representaban una acción defensiva que,
por sus padres y exigía sus juguetes.
prolongando el rechazo por el asco, reeditaba las
Es que el padre había formulado lo que el viola-
circunstancias que impidieron la violación (la delga-
dor dijo respecto de las consecuencias de revelar la
dez). Igualmente, se trataba de una manera de con-
historia. Por sus amenazas, el padre se había ubica-
servar un cuerpo de niñita gracias al cual preservar
do en una posición semejante a la del captor, indi-
la posición de hija protegida del padre. Respecto de
cando que la escena traumática estaba inconscien-
los episodios de ingestión, ellos expresaban tanto
temente asociada con la situación edípica. Habien-
los ataques perpetrados por el agresor de la infan-
do sido la hija preferida de un padre alcohólico,
cia, como la realización de deseos incestuosos des-
Albertina fue muchas veces besada por un hombre
plazados sobre el erotismo oral. Paralelamente, los
mayor que, no siéndole indiferente, olía a alcohol y
vómitos ocasionales daban cuenta de una lucha se-
comida. En tal sentido, el recuerdo traumático alber-
cundaria contra las mociones pulsionales introduci-
gaba mociones incestuosas infantiles que también
das a través de la ingesta. Resumiendo, la disorexia
participaban en la determinación de la disorexia. Las
parecía derivar de la puesta en escena de una fanta-
dificultades alimenticias de Albertina expresaban
sía que, asociada a la situación edípica y/o vincula-
tanto una defensa contra la escena traumática, como
da al trauma, se articulaba sobre el texto:
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una realización de los deseos edípicos.
apasionadamente besada (por el violador, por el
De hecho, la decisión de consultar estuvo moti-
padre, por un hombre mayor… ).
vada por una agravación del cuadro que se explica-
Pero si la disorexia traducía una escena de se-
ba por una reactivación del conflicto edípico en el
ducción vinculada a deseos provenientes del com-
seno de su matrimonio. Albertina estaba casada con
plejo de Edipo, entonces, ella representaba una sus-
un hombre algo mayor, del cual recibía protección y
titución del recuerdo traumático, un sucedáneo de
al cual se sentía tiernamente ligada. Pero la vida sexual
mociones sexuales, es decir, una metáfora. Dicho de
de la pareja nunca suscitó el entusiasmo de la mujer
otro modo, se trataba de un símbolo mnémico
que, “leal” a sus “deberes” de esposa, sólo acepta-
(Erinnerungnssy
mbole) de la (pre)historia infantil
ba el sexo para satisfacer las ingratas necesidades
expresada en una conversión histérica fundada en
del marido. Para ella, el acto sexual era repugnante y,
el desplazamiento de abajo hacia arriba. Además, era
en rigor, sólo constituía un medio para hacer bebés.
una formación de compromiso entre la exigencia
Ahora, la pareja no quería más hijos, razón por la
defensiva y la reivindicación pulsional, obtenida
cual el sexo había perdido su finalidad.
gracias a la transposición de los deseos edípicos en
Albertina no se sentía enamorada de su esposo,
la oralidad. Asimismo, constituía un retorno de lo
en quien sólo veía a un buen amigo. Ella había, in-
reprimido realizado mediante las articulaciones de
cluso, mostrado interés por otro hombre al que re-
una red de retoñ
os de lo inconsciente entre los que
nunció por sus niños. La vida sexual conyugal
podían contarse los componentes del recuerdo
devino, entonces, una sumisión a las exigencias de
traumático. Evidentemente, el recuerdo era plena-
un hombre que, luego de cenas bebidas, buscaba
mente consciente, pero ello no impedía que se en-
RADISZCZ
60
contrase bajo el efecto de la defensa: si el recuerdo
no sólo eran los medios para neutralizar la crisis,
no había sido contado, entonces, se mantenía como
eliminando la existencia misma de los accesos. Igual-
jamás sucedido para los otros y, por dicha razón,
mente, eran las herramientas con los que la joven
alejado de su sustituto mórbido. En tal sentido, el
esculpía su carne para consumar –y, de paso, con-
recuerdo podía formar parte de un grupo psíquico
sumir –un cuerpo ideal.
separado e integrarse a los retoños de lo incons-
Daniela no recordaba cuando había comenzado
ciente que, herederos del complejo de Edipo, se ex-
su bulimia. Sin embargo, subrayaba que siempre
presaban en la disorexia. Sin duda, no se trataba de
había sido una niña difícil. De hecho, las manifesta-
una bulimia, pero en cambio era cuestión de un sín-
ciones bulímicas parecen haber aparecido en conti-
toma en el sentido psicoanalítico del término.
nuidad con un comportamiento descarriado que se
remontaba hasta su infancia. Tímida y retraída en la
II
escuela, pero conflictiva y agresiva en la casa, había
sido una niña ansiosa, irritable, caprichosa y des-
Desde los 17 años, la experiencia cotidiana de
obediente. Su mala conducta despertaba la exaspe-
Daniela estaba dominada por el temor a engordar.
ración de la madre que frecuentemente la comparaba
Controlaba férreamente su alimentación, contaba las
con la hermana menor. Calma y obediente, su herma-
calorías de sus comidas y las confrontaciones diarias
na era el ideal de la madre, quien esperaba de Daniela
con la balanza y el espejo eran un calvario. Pero la
una conducta semejante. Pero la madre no lograba
preocupación por la silueta era correlativa a la ambi-
nada y, pese a sus reprimendas, se sentía impotente
ción de exhibir una perfecta figura delgada. Su cuerpo
frente a la indisciplina de su hija. Sólo los correctivos
era el lugar en donde buscaba consumar una imagen
del padre ponían un poco de orden en la niña que
ideal que, tan indispensable como inexplicable, con-
era físicamente castigada y privada de comida por el
centraba todo el sentido. Ella quería disminuir su car-
resto del día.
ne, aspirando a un peso que jamás era suficientemen-
Aún cuando el padre la sancionaba duramente,
te bajo como para dejar de adelgazar. Buscaba cince-
Daniela le prodigaba una profunda devoción que
lar su forma corporal según las prescripciones de un
nutría su viva rivalidad con la madre. En tal sentido,
ideal enigmático, revelando un fin pigmaliónico en
su mala conducta parecía reposar sobre la situación
donde la escultora se modelaba a sí misma de acuer-
edípica. Se trataba de una forma ciertamente maso-
do a la imagen de su propia escultura.
quista de atraer el amor sádico del padre y de atacar
Sin embargo, un hambre feroz se insuflaba en
a la madre rival, al mismo tiempo que una manera de
sus venas, contraviniendo sus aspiraciones idea-
hacer pagar a ambos por haber concebido otra hija.
les. Se trataba de un hambre que no era un verdade-
Además, constituía una forma de actuar que, dife-
ro apetito. Un hambre sin hambre y, sobretodo, un
renciándola de su hermana, le garantizaba una posi-
hambre sin fin. Dominada por la voracidad, perdía
ción en la familia. Si, a los ojos de Daniela, su herma-
todo control y vaciaba el refrigerador para llenar su
na era la bella, la perfecta, la dócil, la correcta; enton-
vientre. Dos veces por día, varios días por semana,
ces, ella debía ser la inteligente, la creativa, la indó-
todas las semanas durante años, Daniela se encon-
cil, la incorrecta. Si la hermana era la buena hija de la
traba a merced de la devoración, tragando sin repo-
madre, ella era la mala hija del padre. Siendo la niña
so grandes cantidades de comida, millares de calo-
traviesa, Daniela podía ser la preferida del padre,
rías en unos cuantos minutos. Luego, la crisis termi-
obteniendo una singular posición en la cual inscri-
naba, dejándola desesperaba frente a la posibilidad
birse como sujeto. Sin embargo, tal inscripción re-
de que su silueta deviniese un balón. Atormentada
posaba sobre el sacrificio de su persona, dando cuen-
por la vergü
enza y el remordimiento, se lamentaba
ta de una posición subjetiva semejante a aquella que
del descontrol que cruelmente la alejaba de su ideal.
Freud (1924/1982g) describió para el masoquismo
Entonces, tomaba laxativos y salía a correr con la
moral.
esperanza de que, por medio de ellos, nada de lo que
Cuando tenía 16 años, su mala conducta se de-
había devorado fuese finalmente absorbido. Los
gradó ostensiblemente en ocasión del divorcio de
laxativos harían la limpieza, el ejercicio eliminaría lo
sus padres. Daniela se sentía culpable por la separa-
que quedase. Eran estrategias de compensación que
ción, pensando que ésta era consecuencia de su
buscaban revertir los efectos de la devoración y que,
comportamiento. Sin embargo, no devino más cal-
al menos hasta la próxima crisis, dejaban las cosas
ma, ni más dócil. Al contrario, el sentimiento de cul-
en un statu quo ante. Pero los laxativos y el ejercicio
pa la hizo aún más rebelde y turbulenta. La partida
ARTICULACIONES (A)TEMPORALES EN EL SÍNTOMA Y EN LA BULIMIA
61
del padre contribuyó a reactivar el conflicto edípico
banal de la alimentación y del físico perdió su valor
en el inconsciente de la adolescente. El divorcio im-
acostumbrado: aquello que siempre había sido fami-
plicaba que había ganado en la competencia infantil
liar (Heim) se había vuelto ominoso (Unh
eimlich
). No
con su madre, quien, ahora, la castigaba alejándola
obstante, Daniela ocultó su bulimia que, silenciosa,
del padre. Así, mediante sus actos buscaba hacer
se fue entronizando como un “placer secreto”, una
pagar a la madre por haberla alejado del padre y pro-
“satisfacción culpable”, un goce “demasiado primiti-
vocar la preocupación de este último para hacerlo
vo” como para ser confesado.
volver.
Pero la separación agregó otra dimensión o, más
Pero la bulimia sólo era otra forma de exteriorizar
la “bipolaridad” en la que se había reconocido des-
bien, puso en evidencia una situación antigua: la
de niña y por la que estaba siendo médicamente tra-
invasión materna. Daniela explicaba que la partida
tada. Ella decía ser como “J
eck
ill y Hyde”, oscilan-
del padre había desestructurado la familia, determi-
do entre la timidez en la escuela y la indisciplina en la
nando que nadie tenía ahora su rol y que cada uno
casa, entre la ternura y la furia, entre un humor y su
ocupaba todos los roles. La intimidad había desapa-
contrario, entre el rechazo de su cuerpo y la obten-
recido, cada miembro se sentía con derecho a entro-
ción instantánea de una silueta ideal, entre el ayuno
meterse en los asuntos de los otros, las puertas de-
y la comilona, entre un peso y otro, entre la autosu-
bían quedar siempre abiertas, todo debía estar visi-
ficiencia y la dependencia, entre la autoafirmación y
ble para todos. Pero el divorcio había principalmen-
el desamparo… Para Daniela, el termino “bipolar”
te afectado la relación entre la joven y su madre que,
designaba aquello que ella pensaba haber sido des-
buscando establecer una complicidad con su hija,
de siempre, aquello que la podía definir de la manera
había mezclado las esferas respectivas. La madre
más intima y que continuaba expresándose en la
comenzó a interesarse por los asuntos de Daniela y,
bulimia. Para ella, la “normalidad” no era el equili-
sobretodo, por su aspecto corporal. Insistía para que
brio, sino que el circular entre los extremos sin jamás
la adolescente se ocupase de su apariencia, llegán-
poder detenerse en el medio.
dole a ofrecer una cirugía estética que la joven jamás
Así, cuando Daniela comenzó a lentamente
pidió. Asimismo, afligida por su fracaso matrimonial,
abandonar su bulimia, se sintió vacía y desorienta-
la madre se refugió en su hija que, tomada como
da. Por más de 5 años las manifestaciones bulímicas
confidente privilegiada de sus amarguras, debió es-
habían ocupado toda su existencia. Con ellas se
cuchar los detalles –incluso sexuales- que precipita-
sentía especial, mientras que sin ellas no le queda-
ron el divorcio.
ba
La proximidad materna era altamente conflictiva
nada
singular
a
lo
cual
sujetarse
para
subjetivarse. De hecho, ella no pensaba tener una
para Daniela que se sentía invadida y aún más cul-
bulimia, ella afirmaba ser una bulímica. Consecuen-
pable por ser testigo de confidencias que nunca
temente, en ausencia de su bulimia, ella no sabía
debió escuchar. En consecuencia, además de la
cómo llegar a ser, ni qué lugar ocupar. Tal y como lo
reactivación del Edipo, la recrudescencia de la mala
fue la mala conducta de su infancia, la bulimia era
conducta expresaba tanto una tentativa por frenar la
para la paciente un acto que, tocando esta vez su
invasión materna, como un esfuerzo por expiar la
cuerpo, le procuraba una singularidad al precio de
culpabilidad así inducida. Las dificultades de la jo-
su propio sacrificio.
ven se volvieron tan preocupantes que consultó con
En tal sentido, la bulimia no era extranjera a los
un psiquiatra que, diagnosticando un trastorno
componentes edípicos que habían animado la mala
bipolar atípico, le prescribió medicamentos. La pa-
conducta infantil. Pero, aún cuando la bulimia era
ciente no estaba especialmente deprimida, ni menos
una suerte de continuación del comportamiento
eufórica, pero se sintió muy bien descrita por el tér-
disruptivo, no se trataba de su simple prolongación
mino “bipolar” que coincidía con su sensación de
como lo había sido la desmejora suscitada por el
pasar de un estado a su contrario en todo orden de
divorcio. La bulimia era un medio bastante más efi-
cosas.
caz de frenar las intrusiones maternas, al mismo tiem-
Fue en esta época que la bulimia comenzó a ocu-
po que una manera de contravenir los anhelos de la
par progresivamente el lugar que, hasta entonces,
madre por modelar el cuerpo de su hija. Mantenida
había tenido la mala conducta. En la misma medida
en secreto, la bulimia no despertaba la preocupa-
que su comportamiento fue cada vez menos
ción materna, además de dar cuenta de una forma
disruptivo, la relación con la comida y con su cuerpo
personal de ocuparse por la apariencia corporal en
se hizo cada vez más problemática. La cotidianeidad
oposición a las expectativas de la madre.
RADISZCZ
62
Paralelamente, era también de una forma de atraer
mas de naturaleza metonímica, subrayando que los
el interés del padre mediante una práctica que, so-
primeros se caracterizan por la suspensión, la limita-
metiendo el cuerpo a una situación juzgada como
ción e, incluso, por la detención, mientras que los
nociva y agradable, ponía nuevamente en juego la
segundos dan cuenta de la proliferación, la
culpabilidad y el sacrificio. De hecho, la devoración
expansividad y la sobreexcitación. Ciertamente, se
representaba una trasgresión de la prohibición de
trata de una diferenciación que bien traduce algu-
comer decretada por el padre cuando la pequeña
nos de los distingos que separan a la bulimia de
Daniela se había mostrado indisciplinada, mientras
Daniela y a la disorexia de Albertina. Sin embargo, la
que las estrategias de compensación eran una forma
nomenclatura sugerida conserva, a nuestro juicio,
de someterse al mismo mandato paterno. Se trataba,
indebidamente el término síntoma para fenómenos
entonces, de una manera de ocupar el lugar de la
metonímicos. Es que las únicas formaciones que, en
mala niña para hacer volver al padre y, enseguida,
un sentido estrictamente psicoanalítico, ameritarían
corregirse para obtener su amor.
el nombre de síntomas son aquellas que se fundan
Daniela mostraba fenómenos psicopatológicos
sobre una sustitución metafórica.
que, a primera vista, podrían parecer equivalentes a
Ahora bien, si en Albertina los fenómenos
aquellos desarrollados por Albertina. Ciertamente,
disoréxicos expresaban las mociones edípicas
se trataban de formaciones que comprometían la
reeditando la escena de seducción, entonces ellos
esfera alimenticia y que coincidían en sus respecti-
constituían un retorno de lo reprimido efectuado por
vas determinaciones edípicas, pudiéndose incluso
medio de las articulaciones significantes que vincu-
afirmar que ambos casos reposaban sobre un fun-
laban el complejo de Edipo con el recuerdo
damento histérico. Sin embargo, las manifestacio-
traumático. Por el contrario, en Daniela las manifes-
nes bulímicas de Daniela no eran para nada seme-
taciones bulímicas no parecen haber implicado el
jantes a los fenómenos disoréxicos de Albertina. En
retorno de un comportamiento de la infancia, sino
el caso de Daniela, encontramos una verdadera bu-
que la repetición de las reivindicaciones edípicas
limia que, a diferencia de la disorexia de Albertina,
que habían animado la mala conducta infantil. En tal
convocaba voracidad, devoración y compensacio-
sentido, la bulimia de Daniela no parece haber impli-
nes en una secuencia dominada por el explícito an-
cado el automaton que Lacan (1973/1984) subraya-
helo de consumar una imagen corporal idealizada.
ba como característico de las articulaciones, propia-
Pero, más allá de las diferencias descriptivas que,
mente simbólicas, del significante en el retorno de lo
en rigor, no señalan nada más que el hecho de estar
reprimido. A decir verdad, la iteración del conflicto
frente a dos fenómenos distintos, los dos casos dan
edípico en la bulimia de Daniela parece más bien
cuenta de dos maneras heterogéneas de articular
responder de la tyché que el mismo Lacan (1973/
sus formaciones. Aún cuando la bulimia de Daniela
1984) destacaba como característica de la insisten-
estaba en continuidad con las alteraciones que, so-
cia de lo real en la compulsión a la repetición.
brevenidas en su infancia, se prolongaron hasta la
Por otra parte, a diferencia de Albertina en quién
adolescencia, la primera no parece haber sido una
el recuerdo traumático servía para componer un
reedición de las segundas. Sin duda, las manifesta-
guión que prefiguraba la disorexia, en Daniela la mala
ciones bulímicas habían reemplazado la mala con-
conducta infantil no tenía el mismo lugar y, por lo
ducta de la infancia y, expresando las mociones de-
mismo, no servía a ninguna prefiguración de la buli-
rivadas de la situación edípica, tenían la misma fun-
mia. En el caso de Daniela no parece haber habido
ción. No obstante, la bulimia no era por ello un suce-
ningún guión previo a las manifestaciones bulímicas
dáneo del indócil comportamiento infantil.
que, por así decirlo, eran ellas mismas su propio y
Si la disorexia de Albertina constituía un sustitu-
único texto. En tal sentido, la fantasía parece haber
to de la escena de seducción, la bulimia de Daniela
estado diversamente implicada en los dos casos,
reposaba más bien sobre un desplazamiento de la
pues si en la disorexia se trataba de una puesta en
conducta disruptiva. Dicho de otro modo, los fenó-
escena de la fantasía, en la bulimia no parecía haber
menos disoréxicos no parecen haber coincidido con
escena alguna. De hecho, es posible afirmar que las
las manifestaciones bulímicas, en la medida que, a
manifestaciones bulímicas de Daniela constituían
diferencia de los primeros, las segundas no eran
una puesta en acto de la fantasía repetida en la ac-
metáforas, sino que metonimias. En tal sentido,
ción. Así, la bulimia de una no coincidía con la diso-
Hiltenbrand (2001) ha propuesto una interesante dis-
rexia de la otra, porque si la segunda se revelaba
tinción entre síntomas de tipo metafórico y sínto-
articulada como un síntoma, la primera no parecía
ARTICULACIONES (A)TEMPORALES EN EL SÍNTOMA Y EN LA BULIMIA
63
estarlo completamente. La bulimia de Daniela cons-
daba ampliamente cuenta de la singular temporali-
tituía una formación psicopato-lógica cuya organi-
dad de las escenas de la fantasía en donde “el deseo
zación no se ordenaba de manera estrictamente
aprovecha
sintomato-lógica. Es que, en el fondo, ella parecía
proyectarse un cuadro del futuro siguiendo el mo-
una
ocasión
del
presente
para
articularse al modo del paso-al-acto que, como Lacan
delo del pasado” (Freud, 1908/1982b, p. 131).
(2004) lo indica, se distingue radicalmente del sínto-
Pero no es extraordinario que la disorexia de Albertina
ma y del acting-out en la medida en que implica una
revele la temporalidad propia de la fantasía. Ello no
caída del sujeto fuera (niederkommen) de la escena
es más que el resultado del hecho que, como Freud
de la fantasía.
lo precisa, “las fantasías [Phantasies]son los estadios previos más inmediatos de los síntomas pato-
III
lógicos” (p. 131). Prefigurados en las escenas de la
fantasía inconsciente, los síntomas reciben en he-
Pero las diferencias en la articulación de estas for-
rencia la articulación temporal de su antecesora. Si
maciones psicopatológicas, parecen haber introduci-
la disorexia de Albertina daba cuenta de una tempo-
do una diferencia en las temporalidades que las ca-
ralidad semejante a la de la fantasía, es porque, como
racterizan. Como reedición de la escena de seduc-
todo síntoma, ella era una formación derivada de la
ción, la disorexia de Albertina representaba una
puesta en escena de la fantasía.
reactualización y una transformación del pasado en el
Sin duda, se trata aquí de una articulación de los
presente que, orientadas en la dirección del deseo,
tiempos que altera considerablemente su cronología.
determinaban que el síntoma se proyectase también
En este sentido, el síntoma da cuenta de lo que Freud
hacia el futuro. En este sentido, la disorexia daba cuen-
(1915/1982f) subrayaba como una de las propiedades
ta de la misma articulación temporal que Freud (1908/
de los procesos inconscientes: su atemporalidad. “Los
1982b) identificaba en los guiones de las fantasías
procesos del sistema I
cc [indicaba]
son atemporales,
que participaban en la creación literaria:
es decir, no están ordenados con arreglo al tiempo, no
El trabajo anímico se anuda a una impresión actual,
se modifican por el transcurso de este ni, en general,
a una ocasión del presente que fue capaz de des-
tienen relación alguna con él” (p. 184). Como forma-
pertar los grandes deseos de la persona; desde ahí
ción del inconsciente, el síntoma se encuentra preci-
se remonta al recuerdo de una vivencia anterior,
samente articulado por estos procesos que le conce-
infantil las más de las veces, en que aquel deseo se
den
cumplía, y entonces crea una situación referida al
atemporalidad del síntoma no es sinónimo de
parte
de
su
carácter
atemporal.
Pero
la
futuro, que se figura como el cumplimiento de ese
intemporalidad. La desarticulación de la sucesión
deseo, justamente el sueño diurno o la fantasía
cronológica en la atemporalidad del síntoma, no im-
[Phantasie]
, en que van impresas las huellas de su
plica una pura y simple suspensión del tiempo. Si el
origen en la ocasión y en el recuerdo. (p. 130)
síntoma es un retorno de lo reprimido, entonces, él no
Ciertamente, para Albertina, el trauma no era un
puede ser una formación simplemente intemporal.
episodio agradable, ni deseado. Sin embargo, su re-
Nada retorna sin haber primero aparecido y, luego,
cuerdo servía para transportar los deseos edípicos,
desaparecido en un momento que precede temporal-
mientras que su reedición introducía modificacio-
mente al instante en el que reaparece para archivarse
nes que hacían posible un futuro libre del incidente.
en el devenir. Como Lacan (1975/1981) lo destacaba,
La disorexia de Albertina reactualizaba el recuerdo
el retorno de lo reprimido concierne siempre “algo
para deformarlo según dos deseos: aquel que quería
que sólo adquirirá su valor en el futuro, a través de su
obtener los privilegios del amor paterno y aquel que
realización simbólica, su integración en la historia del
buscaba eliminar el evento traumático. En tal senti-
sujeto. Literalmente, nunca será sino algo que, en un
do, el episodio disociativo en el que Albertina des-
momento dado de su realización, habrá sido” (p. 240).
pertó en la piel de una niña de 10 años, convocaba
El síntoma se despliega siempre en la singular tempo-
en el presente un pasado que no sólo dejaba al trau-
ralidad verbal del futuro anterior en donde el presen-
ma como no habiendo tenido jamás lugar, sino que
te sirve para proyectar el pasado en el porvenir.
reinscribía a la paciente como la niña de papá. Se
Ahora bien, como repetición de fragmentos de la
introducía, entonces, un futuro que, no habiendo
historia infantil rechazados en el proceso defensivo,
tenido nada que ver con la ignominiosa escena, que-
la bulimia de Daniela estaba también marcada por
daba abierto para la realización de sus aspiraciones
una subversión de los valores temporales. Su
edípicas. En consecuencia, la disorexia de Albertina
psicopatología daba cuenta de una iteración del pa-
RADISZCZ
64
sado en el presente que introducía una singular arti-
el pasado, representaría – él también – un porvenir
culación del tiempo que se traducía en la sucesión
inauténtico.
misma de las manifestaciones bulímicas. Moviliza-
Para Binswanger, las crisis bulímicas darían tes-
das para eliminar las consecuencias de la devoración,
timonio de la insistencia inevitable de un pasado sin
las estrategias de compensación se esforzaban por
futuro que reduce todo porvenir a su fundamento,
dejar a los accesos bulímicos sin futuro. Pero tales
mientras que las aspiraciones etéreas que se opo-
maniobras no impedían la insistencia de la voraci-
nen a las comilonas revelarían un futuro que, sin
dad que, precipitando nuevamente las crisis, con-
pasado, se desviaría de su fundamento. Así, la
trariaba la aspiración de las compensaciones y las
temporalización de la bulimia no sería aquella que se
forzaba a reiterarse. Así, la bulimia revelaba una arti-
articula en la proyección de un futuro fundado so-
culación (a)temporal donde el presente se encontra-
bre el pasado, sino que aquella que se organizaría en
ba sucedido por aquello que lo había precedido, es
la mera actualización, en el puro ahora que no inspi-
decir, que el consecuente se veía constantemente
ra ningún porvenir, ni deja huella alguna. Esclava de
seguido de su antecedente.
lo inmediato, la existencia bulímica no va delante de
Como en Albertina, las formaciones psicopatológicas de Daniela atestiguaban de una temporali-
ella misma, sino que sólo sirve para llenar la instantaneidad de un presente sin tiempo.
dad ampliamente atravesada por el carácter atemporal
Más recientemente, Le Poulichet ha sugerido que
de los procesos inconscientes que las determina-
la bulimia revelaría una singular (a)temporalidad en
ban. No obstante, la bulimia de una no revelaba la
donde “un tiempo que no pasa se encarna aquí en la
misma (a)temporalidad que los síntomas de la otra. A
figura infernal de un puro devenir circular” (1996, p.
diferencia de Albertina, en Daniela la reiteración del
162). Se trataría de un tiempo caníbal caracterizado
pasado en el presente no implicaba su despliegue
por “un circuito autófago que siempre lleva al cuerpo
en el futuro. Las manifestaciones bulímicas revela-
al mismo «tiempo cero »en el cual jamás nada debe
ban una sucesión que no solamente reposaba sobre
comenzar, sino que sólo recomenzar en lo idéntico”
la insistencia de una devoración desposeída de por-
(1999, p. 89). La bulimia contendría dos “alimentacio-
venir, sino que también sobre la reiteración de ma-
nes” que, recubriéndose, se anularían mutuamente,
niobras compensatorias igualmente privadas de fu-
ya que si los accesos alimentan la carne borrando la
turo. Se trataba de una secuencia de pasados
imagen corporal, las compensaciones alimentan esta
devenidos presentes y de presentes advenidos pa-
imagen eliminando la carne. El pasaje sucesivo de
sados en donde el futuro quedaba, cada vez, eludi-
uno a otro de estos movimientos contrarios “no pue-
do u objetado. Así, no era cuestión de una articula-
de sino reproducirse de modo constante, no teniendo
ción (a)temporal como aquella del futuro anterior,
la capacidad de engendrar un resto que pueda cons-
sino que más bien de un tiempo circular. La expe-
tituirlo como pasado” (1996, p. 162). De esta manera,
riencia de Daniela respecto de su permanente osci-
las manifestaciones bulímicas se reducirían a una in-
lación entre dos opuestos traduce esta circularidad
mediatez que representa aquello “que es y que se
en la sucesión de los eventos. El lugar de la joven
hace sin intermediario, lo que llega sin intervalo de
Jekill-Hyde fue obtenido gracias a una “bipolaridad”
tiempo. La imposibilidad de aprehenderse como suje-
(a)temporal en donde el futuro se anulaba por la in-
to al tiempo y sujeto en el tiempo destruía, entonces,
sistencia del pasado en el presente.
Varios autores han subrayado esta singular
toda puesta en perspectiva, todo devenir y toda posibilidad de cambio” (1999, p. 92).
(des)articulación del tiempo en el seno de las mani-
Quesemand-Zucca (1990) ha igualmente soste-
festaciones bulímicas. Binswanger (1944-45/1967)
nido que la bulimia daría cuenta de un tiempo sus-
indicaba que la bulimia de Ellen West no implicaba
pendido. Propone aproximar dicha intemporalidad al
una autentica temporalización de la existencia, sino
mítico tiempo de Cronos que, tragando bulímica y
que una disolución de la estructura temporal próxi-
caníbalmente a sus hijos, bloqueaba la sucesión de
ma a la agonía sin fin (sin tiempo) de los infiernos.
generaciones y se mantenía bajo el imperio del caos
Según él, se trataría de una intemporalidad fundada
temporal de Urano. Se trata de una intemporalidad
en la supremacía de un pasado que, por no prolon-
inhumana que encontró su fin con el heroísmo de
garse en el futuro, representaría un pasado inautén-
Zeus que, obligando al padre a vomitar su descen-
tico. Pero, al mismo tiempo, se trataría de una
dencia –es decir forzándolo a liberar el tiempo rete-
intemporalidad igualmente fundada sobre la expec-
nido en su vientre–, inauguró un tiempo progresivo
tativa de un futuro que, por no contar con raíces en
redimido del eterno recomenzar.
ARTICULACIONES (A)TEMPORALES EN EL SÍNTOMA Y EN LA BULIMIA
Sin embargo, no estamos de acuerdo con los
65
sidad de separar el índice y lo indicado. Ambos man-
autores cuando sugieren que la (a)temporalidad cir-
tienen una total comunidad, determinando que la
cular de la bulimia constituye una suspensión del
aparición del índice vale como la presencia actual de
tiempo. La sucesión cíclica no es una secuencia de
lo indicado. Por ello no habría ningún paso del tiem-
instantes desencadenados reducidos a su inmedia-
po, ninguna sucesión del uno hacia el otro, sino que
tez. La circularidad (a)temporal implica la distinción
tan sólo un tiempo suspendido en lo inmediato.
de, al menos, dos momentos que se siguen alternati-
Al contrario, la prueba mágica supone una sepa-
vamente. Nada podría recomenzar sin que primero
ración entre la encantación y aquello que ella provo-
haya habido un comienzo que pueda posteriormen-
ca. El enunciado mágico da cuenta de aquello que él
te reintroducirse. La (a)temporalidad circular no sa-
invoca, pero lo invocado se introduce temporalmen-
bría demostrar una disolución del tiempo en lo inme-
te diferido de la invocación. Sin embargo, la invoca-
diato, sino que implicar una reversibilidad de la su-
ción y lo invocado mantienen una relación de simili-
cesión temporal que permite la reiteración del antes
tud o de contigüidad, de suerte que la primera es
en el después. No se trataría, entonces, de una diso-
una derivación del segundo. Aparte del hecho que
lución del pasado que borraría el encadenamiento
la magia supone que la encantación pueda cada vez
de los tiempos, sino que de una elisión del futuro
reiterar en el presente lo invocado, la formula mágica
que introduciría una reversibilidad temporal.
proviene de aquello que ella invoca, de manera que
La bulimia de Daniela daba cuenta de un tiempo
cíclico
–“bipolar”,
una
vocación. Así, en la prueba mágica, la sucesión de
intemporalidad sin origen. Sin duda, era cuestión de
antecedentes y de consecuentes es cíclica y rever-
una
sible, determinando que el presente sea el campo de
circularidad
decía
del
ella–
tiempo
y
no
de
lo invocado ha, de cierta manera, anticipado a la in-
semejante
a
la
(a)temporalidad de Cronos que, devorando su des-
repetición del pasado.
cendencia y –de este modo– bloqueando el desplie-
Pero las dos temporalidades anteriores se distin-
gue del porvenir, repetía el acto (el paso-al-acto) de
guen, a su vez, del tiempo semi-irreversible de la
su propio progenitor, Urano. Siguiendo el mito griego
prueba por el símbolo. Entre los griegos, el symbolon
relatado por Hesiodo (1986), la (a)temporalidad de
era la prueba de una pasada alianza que sólo era
Cronos se distingue del tiempo de Zeus que, restau-
válida en el futuro. Dividido en dos fragmentos y
rando el orden de las generaciones, detiene la reitera-
repartido entre los aliados, el symbolon sólo funcio-
ción cíclica del pasado e introduce un tiempo que,
naba en el posterior momento en que fuese necesa-
pese al retorno de los poderes primordiales, puede
rio reunir los pedazos para que el compromiso con-
progresar en el futuro. Pero la (a)temporalidad de
traído se hiciese efectivo. Así, el valor del symbolon
Cronos no es la intemporalidad de Urano (el cielo),
presupone la destitución de un tiempo reversible
quien suspendía el tiempo, enterrando a su descen-
por uno irreversible que garantice las alianzas en el
dencia en el seno de Gaia (la tierra). Urano disolvía el
futuro. Sin embargo, la estabilidad del symbolon re-
tiempo, aniquilando toda distinción entre presente y
posa también sobre una ligera reversibilidad que
pasado mediante la reducción instantánea del prime-
permite al futuro ser el lugar de reedición del pasa-
ro al segundo, es decir, reintroduciendo a los hijos en
do. La reunión posterior de los pedazos es precisa-
su madre. Castrando a Urano (nuevo paso-al-acto),
mente el retorno del momento original en el que se
Cronos (dios del tiempo) introduce el paso del tiempo
estableció la alianza. No obstante, la reversibilidad
de una doble manera. Por un lado, separa el cielo y la
del symbolon no es equivalente a la reversibilidad
tierra para producir la sucesión cíclica de días y no-
cíclica del tiempo mágico fundado sobre la disolu-
ches, del sol y la luna. Por otro lado, libera transitoria-
ción del futuro. Aun cuando el symbolon incluye el
mente el futuro para introducir una segunda genera-
retorno del pasado en el futuro, él no implica un
ción y constituir un pasado que pueda repetirse en el
tiempo circular, sino que un tiempo abierto hacia el
presente. El tiempo de Cronos no es el tiempo sus-
porvenir.
pendido del comienzo uraniano, sino que un tiempo
circular fundado sobre el (re)comenzar del pasado en
IV
el presente.
En tal sentido, Porte (1999) distingue tres articu-
Las diferencias que separan la temporalidad del
laciones temporales siguiendo los tres regímenes de
symbolon y la circularidad temporal de la magia, des-
la prueba que Freud describe en Tótem y T
abú
. Su-
criben ampliamente las divergencias entre las articu-
braya que la prueba ordálica no tiene ninguna nece-
laciones (a)temporales de la disorexia de Albertina y
RADISZCZ
66
de la bulimia de Daniela. Así, el futuro anterior de la
disorexia coincide con la irreversibilidad ligeramente reversible del tiempo simbólico, mientras que la
sucesión cíclica de la bulimia concuerda con la radical reversibilidad del tiempo imaginario de la magia.
Ahora bien, las diferencias en las (a)temporalidades de las dos formaciones, en el fondo reflejan
los contrastes en las articulaciones psicopato-lógicas que las definen. La temporalidad de la disorexia
no es otra que la (a)temporalidad característica del
síntoma que es symbolon –símbolo conmemorativo
(Erinnerungnssymbole), decía Freud (1910/1982)–,
es decir, una metáfora. Por otro lado, dominadas por
una sucesión cíclica, las manifestaciones bulímicas
no exhiben la misma articulación (a)temporal del síntoma, de manera que no podrían ser reducidas a éste.
Podemos, entonces, con propiedad afirmar que la
bulimia no deriva de un retorno de lo reprimido que,
operado a través de una puesta en escena de la fan-
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. L . E t c h e v e r r y, Tr a d . ) . B s . A i r e s :
pasado en el presente, la bulimia parece animada por
la repetición propia del paso-al-acto que, como todo
acto, siempre está en relación al comienzo (Lacan,
Amorrortu. (Trabaj
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No quisiéramos terminar sin indicar el característico funcionamiento encerrado sobre sí mismo que la
(a)temporalidad circular facilita. En efecto, la circularidad
(a)temporal de las manifestaciones bulímicas parece, al
menos parcialmente, explicar la dificultad que Igoin
(1989) identificaba en la capacidad de la bulimia para
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Precisamente, uno de los mayores problemas del abor-
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daje de la bulimia es la “irreductibilidad con la que ella
es revestida en el discurso de los pacientes”
(Apfelbaum & Igoin, 1973, p. 127). En tal sentido, no es
inusual que la bulimia se mantenga excluida del proceso terapéutico, perdurando intacta pese a que la cura
haya introducido cambios relevantes. La bulimia se
encuentra fácilmente dispuesta a hacer de sí “una reserva secreta […] que termina siempre por reconstituir
una forma de vivir monopolizante” (Igoin, 1989, p. 172).
Así, es probable que toda cura del paso-al-acto bulímico
se encuentre siempre confrontada a contemplar una
etapa previa que, centrada en la desarticulación de la
(a)temporalidad circular de la bulimia, permita su rearticulación en la historia del sujeto.
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