carta de Soledad V. Luna - Circulo Hispanofilipino

Anuncio
Soledad Vital de Luna
a
Felipe Gómez y Windham
(memorias personales)
26 de junio, 1952
RHomicidio de Paz Pardo de
Tavera
RAsesinato de Antonio Luna y
Andrés Bonifacio
RConato de venta de Filipinas a
Estados Unidos
RJuego de la francmasonería en
los albores de la República de
Filipinas
España y Filipinas
de Juan Luna, 1886
INTRODUCCIÓN
(José R. Perdigón)
La carta, que ve luz pública por primera vez ahora en la Web, contiene memorias personales de Soledad Vital de
Luna, viuda del que fue Gobernador de La Unión a principios del siglo XX José Joaquín Luna, a su vez hermano
menor del gran pintor filipino Juan Luna con quien Soledad tuvo una relación de la que nació una hija, Aida.
Estamos ante un documento extraordinario que puede cambiar una parte considerable de lo que pasa por historia
oficial de Filipinas. Las memorias que contiene se centran fundamentalmente en cuatro temas: el homicidio en
Paris en 1892 de Paz Pardo de Tavera y su madre a manos de Juan Luna; los asesinatos del general Antonio
Luna (hermano de Juan, 1899) y Andrés Bonifacio (1897); un conato de venta de Filipinas a Estados Unidos por
300 millones de dólares en que aparecen envueltos los Pardo de Tavera y otros; y como trasfondo, los manejos
oscuros de la masonería en los albores de la República de Filipinas. Es notable que muchos de los supuestos
detrás de estos asuntos en la carta de Soledad Luna coinciden con los que ofrece una entrevista inédita que hizo
Guillermo Gómez Rivera (GGR) al general Aguinaldo en 1958 y que comenta magistralmente Juan Hernández
Hortigüela en sus Revelaciones Inéditas.
Para juzgar la validez de la carta hay que darse cuenta que Soledad tuvo un trato más que íntimo con el pintor
Juan Luna y que es normal que el pintor depositara en ella confidencias de su vida alborotada, en particular los
detalles del trágico incidente de Paris en 1892.
El destinatario de la carta fue su cuñado Felipe Gómez Windham, abuelo de GGR por quien el manuscrito de la
carta llegó hasta el autor de esta introducción y al Grupo Hispanofilipino en cuyos archivos se conserva una
copia hasta ahora. El manuscrito original se conserva todavía en los archivos personales de Guillermo.
La carta pasó por la muerte de Felipe Gómez a su hermano el escritor Guillermo Gómez Windham quien a su
vez la pasó a su sobrino-nieto GGR, uno de los herederos principales de Felipe. Guillermo la recibió hacia 1980
junto con otros manuscritos de la herencia de manos de su tía carnal Concepción Gómez Vital hija de Felipe
Gomez Windham el destinatario de la carta.
El manuscrito llena siete folios de block de hojas amarillas con renglones y tiene fecha de 26 de Junio de 1952.
Una ojeada al manuscrito descubre que la firma de Soledad está hecha por la mano temblorosa de una anciana
que no es la misma que la que escribió el manuscrito, de trazo simple y más seguro y claro. Es razonable pensar
que al no tener el pulso necesario para escribir, Soledad dictara la carta a alguien de su confianza.
Soledad confiesa en su carta que conoció a Juan Luna ya de vuelta de Europa después de la tragedia en París.
Juan Luna volvió de París en 1894 y trabajó en Manila hasta 1896. Hay que sospechar que para entonces
Soledad tendría 19-20 años, lo que pondría su fecha de nacimiento hacia 1874-1875, coetánea de Felipe Gómez
Windham según noticia que tengo de GGR. Don Felipe murió en los años cincuenta, Soledad tendría al escribir
la carta alrededor de 78 años.
Ya bastante enfermo de corazón, Soledad acompañó a Juan Luna a Hongkong en 1899 poco después de la
muerte de su hermano Antonio y allí nació Aida en 1900, la hija póstuma que Juan tuvo con Soledad. No
parecen razonables los rumores según los cuales Soledad y Juan se casaron en Hongkong poco antes de la
muerte de éste. Aunque hubiera sido plausible que así lo hicieran por motivos sentimentales y para legitimar a la
hija que nacería más tarde, Soledad comenta en la carta que la mención de su hija con Juan pudiera
comprometer su honra personal, lo que no sería así de haber sido la esposa de Juan, aunque no fuera más que in
articulo mortis.
Cuenta Soledad en su carta que Juan Luna fue muy generoso con ella, dejándola cuadros que la ayudaron a
sobrevivir. Y corroborándolo, GGR me ha contado que vivió algunos meses con Soledad durante la guerra
mundial en el barrio de Sampaloc en Manila, cerca del campo de concentración en que el ejército japonés
convirtió la Universidad de Santo Tomas. Guillermo, que tenía entonces ocho años, la recuerda ya como
bastante mayor, de pelo blanco, y se acuerda que tenía un buen número de cuadros que iba vendiendo para
sobrevivir durante la guerra.
En 2005, Guillermo Gómez Rivera me permitió escanear el manuscrito cuyo facsímile se publica aquí, con su
permiso y contribución editorial, acompañado de mi transcripción y traducción al inglés.
José R. Perdigón Marzo
del 2011
Iloilo 26 de junio 1952
Sr. Don Felipe Gómez y Windham
Calle del P. Zamora Ciudad de Iloilo
Mi querido Felipe,
Me has pedido en nombre de la historia que te cuente lo que yo se de la tragedia en
París entre el pintor Juan Luna, y su mujer, Paz Pardo de Tavera su hermano Trinidad
Hermenegildo
Pardo de Tavera, y
la madre de ambos
Doña Juliana
Garricho de, Pardo
de Tavera ya sabes
que me es difícil
revelarte lo que yo
sé porque mi honor
personal va a
comprometerse.
Me refiero al hecho
de que el padre de
mi hija, Aida, hoy
Señora del Dr.
Arenas, es el
pintor Juan Luna.
También como
cuñado mío, sabes
que mi segunda
hija, Monina, es
hija de José
Joaquín hermano
menor de Juan. Le
conocí a Juan
cuando había
vuelto de Europa
después de la
tragedia en Paris.
Te digo que nos
solo fue de celos el motivo del doble homicidio o matanza. Fue algo más. Fue la
desavenencia entre los hermanos Luna y la familia Pardo de Tavera sobre el movimiento
de vender Filipinas, Cuba y Puerto Rico a Estados Unidos por trescientos millones de
Dólares
allá por los años entre mil ochocientos ochenta y mil ochocientos noventa y seis. No me
acuerdo mucho de fechas. Pero son hechos que, en momentos de serenidad, me los
contava (sic) el admirable Juan Luna que me favoreció con sus atenciones y con alguna
buena cantidad de la que he vivido además de unos cuadros y dibujos suyos.
Yo se que te
has dado de baja
en la Masonería
porque te has
declarado
insolvente y no
puedes seguir
siendo Masón sino
(sic) tienes dinero
o algo importante
que darles. Por
eso, siento nada de
miedo al decirte
que eran los
Masones, como los
hermanos Regidor
y los Pardo de
Tavera, con
Miguel de
Morayta, con José
Maria Basa y
varios otros
Masones de alto
rango como Pedro
Serrano Laktaw,
Pío Valenzuela,
Máximo Viola,
Luciano dela Rosa,
un tal Paraíso y
varios otros
Ministros y
Personajes de España como lo son unos Gobernadores Generales en Filipinas, como
Izquierdo, Despujols y Blanco etcetéra (sic), los que a mi ver y entender a base de lo que
me contó Juan en sus últimos días, los que estaban conchavados (sic) y relacionados a la
mencionada venta de estas tres últimas Provincias españolas de ultramar a Estados
Unidos. Pero gracias a Dios, aquella venta no se siguió porque no lo consintió la Reyna
(sic) Regente de España, Maria Eugenia.
Es por eso que Estados Unidos luego mandó el Buque “Maine” a La Habana para allí
reventarlo y tener la escusa (sic) con que declararle la guerra a una ya caótica España.
Fue la Masonería
española y filipina, la
que llevó a José Rizal;
a España para escribir
sus novelas y ensayos
de propaganda en
Madrid, Barcelona,
Alemania además de
Londres, Paris y
Bélgica.
Marcelo H. del Pilar
y Graciano López Jaena
también estaban
pagados por las logias
de la Masonería para
escribir el La
Solidaridad en España.
Ellos estaban
convencidos que su
propaganda por escrito
iba a conseguir sus
deseadas, o imaginadas,
reformas políticas para
nuestras Islas Filipinas.
Son verdaderos
héroes de la patria
porque amaban a la
tierra en que nacieron
como españoles. Pero,
cuando surgió la
posible venta de Filipinas , con Cuba y Puerto Rico, a Estados Unidos por tres cientos
millones de dólares de la que los Regidor, los Pardo de Tavera, los Serrano Laktaw
recibirían algunas cuantiosas participaciones, los que se indignaron de ellos y de la
Masonería, fueron José Rizal, que se peleó con Pedro Serrano Laktaw, Graciano López
Jaena y Marcelo H. del Pilar que se murieron de hambre en España porque ya no tenían el
sustento de las logias,
y los hermanos Luna Juan y Antonio y Juan sobretodo (sic) que se peleó con los Pardos
de Tavera terminando por matarles primero a su suegra que la (sic) quería separar a el de
su mujer, y luego ya cegado por su furia oriental, también mató a su mujer porque esta,
como es natural, trató de defender a su madre.
Juan, estuvo
arrepentido de haber
matado a su mujer, pero
no a su suegra ni estaba
arrepentido por atentar
contra la vida de sus
cuñados, me refiero a
Trinidad Hermenegildo y
a Joaquín, porque no
podía concebir cómo
llegaros aquellos a estar
conformes con la venta
de Filipinas, con Cuba y
Puerto Rico, a Estados
Unidos.
Y, Antonio, el
General, asesinado por
los mismo Masones que
el habría de renudiar (sic,
evidentemente
‘repudiar’) más tarde
volvió a Filipinas para
luchar contra los Estados
Unidos bajo la bandera
de nuestra primera
República.
Y el Presidente
Emilio Aguinaldo, otro
Masón de alto grado,
estaba igualmente disgustado de los
Americanos cuando se vio perseguido por ellos hasta Palanan, Luzón, donde le
capturaron.
La Primera Republica de Filipinas se apoderó de todo el oro y toda la plata, que dos
siglos de la trata de galeones acumuló en iglecias (sic), conventos, tesorerías municipales
y provinciales además de
fortunas personales, con
miras de formar la
garantía del dinero en
papel y sencillo que la
primera República
empezaría a circular
como moneda nacional
de Filipinas.
Se acumuló, según
Juan, más de mil
millones de dólares en
oro y plata. Esa tesorería
de nuestra Primera
República estaba bajo la
custodia del General
Antonio Luna y de Don
Serviliano Sevilla.
Es por esta tesorería
que los invasores
americanos, que también
eran masones además de
ser Protestantes,
agenciaron por medio de
las logias de masones
filipinos, como el
Capitán Pedro Janalino,
el asesinato del General
Antonio Luna. El
objetivo de dicho asesinato en Cabanatuan, por parte de los invasores americanos, no era
otra cosa más que el apoderarse de aquella tesorería filipina que
como me dijo Juan, equivale ahora a más de cien billones de dólares en términos de
Estados Unidos o del americano del Norte.
Aguinaldo, como Masón obediente, vien (sic, posiblemente ‘viene’) aguantado la
calumnia de que él mandó matar al General Antonio Luna. Eso no es verdad.
El presidente
Emilio Aguinaldo, a
pesar de ser Masón
era un hombre justo.
Tampoco es verdad
que él mandó matar a
Andrés Bonifacio y a
su hermano. Los que
mandaron matar a
Bonifacio son los
mismos Masones
Americanos, los
mismos Protestantes
Americanos, que
como espías pagados
pos su país, ya venían
a Filipinas aunque
estas islas todavía
estaban bajo el
dominio español. Uno
de esos espías fue el
famoso Dean
Worcester, el
Verdugo del diario El
Renacimiento. Ese es
uno de los
Protestantes y
Masones de Estados
Unidos que por medio
de las logias de
masones filipinos y chinos, mandó matar al Supremo del Katipunan Andrés Bonifacio y
sus hermanos. Has hecho bien en salir de la Masonería, porque es y será la causa y el
cauce, de la destrucción final del pueblo filipino como fue la causa de la destrucción del
imperio español.
La Masonería es inglesa y es norteamericana. Es el instrumento inglés y norteamericano
para dominar a todo el mundo económicamente, políticamente, moralmente y
culturalmente. Es la que causó y provocó los actos violentos de Juan y solo se tranquilizó
cuando la repudió.
El mismo Antonio
Luna también la
repudió como así lo
hizo también José
Rizal. Y mira que
los dos terminaron
asesinados como
también terminó
Andrés Bonifacio.
Aguinaldo por su
parte vive pero se
calla. Sopongo (sic)
que es por miedo a
la Masonería. Allí se
metió y no se atreve
a salir. Por eso, yo
te felicito por salir.
Por eso yo te felicito
por salir de la
Masonería. Tu
servidora,
Soledad Vital de
Luna
INTRODUCTION
(José R. Perdigón)
Published in the Web now for the first time, the letter contains some of Soledad Vital de Luna’s personal
memoirs. Soledad was Jose Joaquin Luna’s widow, Governor of La Union in early twentieth Century and
youngest brother of the great Filipino painter Juan Luna with whom Soledad had a daughter, Aida.
The letter is an extraordinary document that can alter substantially some views of what passes as Philippine
official history. The memories it contains focus mainly on four issues: the homicide in Paris (1892) of Paz Pardo
de Tavera and her mother at Juan Luna’s hands; the assassinations of General Antonio Luna (Juan’s brother,
1899) and Andres Bonifacio (1897); the involvement of the Pardo de Taveras and others in the efforts to sell the
Philippines to the United States of America for three hundred million US Dollars; and as a background,
masonry’s dark manipulations at the dawn of the Republic of the Philippines. It is noteworthy that some of the
contents in Soledad’s letter coincide substantially with those of the unpublished interview made by Gullermo
Gomez Rivera (GGR) to General Emilio Aguinaldo in 1958 masterly commented by Juan Hernández Hortigüela
in his Revelaciones Inéditas.
To pass judgment on the letter’s validity, one has to bear in mind that Soledad had more than intimate dealings
with Juan Luna and that it would be normal for Juan Luna to share with her confidences of his stormy life,
particularly the details of the tragic events in Paris in 1892.
Soledad’s letter is addressed to her brother-in-law Felipe Gomez Windham, Guillermo Gomez Rivera (GGR)’s
grandfather. GGR lent the manuscript to this introduction’s author and to the Hispanofilipino group, whose
Yahoo virtual archives host a copy until now. The original manuscript is kept in GGR’s personal archives.
At the death of Felipe Gomez, the letter was passed on to his brother writer Guillermo Gomez Windham who in
turn had it forwarded to his grandnephew GGR, one of Felipe’s main heirs. Guillermo got the letter from her
maternal aunt’s hands, Concepcion Gomez Vital, Felipe Gomez Windham’s daughter.
Dated June 26, 1952, the manuscript fills seven yellow-sheet tablet folios with writing guides. A cursory look at
the manuscript shows that Soledad’s signature was made by the trembling hands of an old woman, not the same
hand that wrote the manuscript, which has a surer and clearer penmanship. It is reasonable to think that Soledad,
lacking the steady pulse to write, dictated the letter to a person she trusted.
Soledad tells in her letter that she knew Juan Luna when he returned from Europe in 1894, two years after the
tragedy in Paris. Juan lived in Manila until 1896. It can be speculated that by that time Soledad was a young
woman of 19 or 20 years, which would suggest a birth date around 1874 or 1875. This is corroborated by GGR
who told me that she was more or less of the same age as Felipe Gomez Windham. Don Felipe died in the fifties
of the twentieth Century, when Soledad dictated the letter she must have been some 78 years old.
Afflicted already by a serious heart condition, Juan Luna took Soledad with him to Hongkong in 1999, shortly
after his brother Antonio was assassinated. There in 1900 Aida was born, the posthumous daughter Juan had
with Soledad. Rumors that a very seriously ill Juan married Soledad in Hongkong do not seem probabable. It
would have been plausible to celebrate that marriage if only to legitimate the child to be born. However, Soledad
comments in the letter to her brother-in-law fifty years later; she says that mentioning that she had a daughter
with Juan Luna could compromise her personal honor, which would not be so had she been Juan’s wife even if
only in articulo mortis.
Soledad tells in her letter that Juan Luna was very generous in gifting her with paintings that helped her survive.
Corroborating it, GGR told me that he lived a few months in the house of her grand aunt Soledad in Sampaloc,
near the University of Santo Tomas converted by the occupying Japanese Imperial Army into a concentration
camp. GGR, some eight years old then, remembers her as quite an old woman with white hair, and he also
remembers that in her possession were a good number of paintings that she would sell to survive war times.
In 2005, Guillermo Gomez Rivera allowed me to scan the manuscript whose facsimile is published here, with
his permission and editorial help, accompanied by my transcription and English translation.
José R. Perdigón,
March, 2011
P. Zamora Street, Iloilo City
My dear Felipe,
You requested me in the name of history to relay to you what I know of the tragedy in Paris between painter
Juan Luna, and his wife, Paz Pardo de Tavera, her brother Trinidad Hermenegildo Pardo de Tavera, and the
mother of both, Mrs. Juliana Garricho de Pardo de Tavera. You know well that it is not easy for me to disclose
to you what I know because it may compromise my personal honor. I am referring to the fact that the father of
my daughter Aida, now married to Dr. Arenas, is the painter Juan Luna. As my brother-in-law you also know
that my second daughter Monina is the daughter of Jose Joaquin, Juan’s younger brother. I met Juan for the first
time when he came from Europe after the tragedy at Paris. I must tell you that the motive for the double
homicide or massacre was not just jealousy. It was more. It was the enmity between the Luna brothers and the
Pardo de Tavera family over the plot to sell the Philippines, Cuba and Puerto Rico to the United States for threehundred million US Dollars around eighteen-hundred eighty to eighteen-hundred ninety six, I am not very sure
of the dates. But those are the facts that the admirable Juan used to tell me in his more serene moments, Juan
who favored me with his attentions and a fair amount of money that has allowed me to live, and also with some
of his paintings and drawings.
I know that you have left the free-masonry because you filed for bankruptcy and you cannot continue being a
mason if you have no money or something important to give them. Therefore, I have no fear at all in telling you
that in my view and understanding, it was the masons, such as the Regidor and Pardo de Tavera brothers,
together with Miguel de Morayta, Jose Maria Basa and several other high-ranking masons like Pedro Serrano
Laktaw, Maximo Viola, Luciano de la Rosa, a certain Paraiso and various other ministers and influential people
from Spain such as Governors General in the Philippines like Izquierdo, Despujols and Blanco, etc., that
conspired and were related to the above-mentioned sale of these last three Spanish overseas provinces to the
United States. But thanks God the sale was not consummated because the Regent Queen of Spain Maria
Eugenia did not allow it. That was the reason behind the United States’ sending the ship “Maine” to Havana to
have it destroyed there and so fabricate the excuse to declare war against an already chaotic Spain.
The Spanish and Filipino free-masonry sent Jose Rizal to Spain to publish his novels and propaganda essays
in Madrid, Barcelona, Germany and also London, Paris and Belgium.
Marcelo H. del Pilar and Graciano Lopez Jaena were also funded by Masonic loggias to write in La
Solidaridad in Spain.
They were convinced that their written propaganda would achieve their hoped for, or imagined, political reforms
for our Philippine Islands.
They are true heroes of the Fatherland because they loved the land where they were born as Spaniards. But,
when the issue came up of the possible sale of the Philippines, with Cuba and Puerto Rico, to the United States
for three-hundred million dollars that would have accrued sizable receipts for the likes of Regidor, the Pardo
de Taveras, and Serrano Laktaw, those who got furious against them and the freemasonry were Jose Rizal,
who fought with Serrano Laktaw; Graciano Lopez Jaena and Marcelo H. del Pilar, who suffered hunger
because the aid they used to receive from the loggias was cut off; and the Luna brothers, Juan and Antonio,
above all Juan, who fought with the Pardo de Taveras and ended up killing first his mother-in-law who
wanted to separate him from his wife, and then, blinded by his oriental fury, killed also his wife because she,
as was but natural, tried to defend her mother.
Juan regretted having killed his wife, but not his mother-in-law, and neither did he regret attempting against his
brothers-in-law’s life, and I mean Trinidad Hermenegildo and Joaquin, because he could not comprehend how
they could be in agreement with the sale of the Philippines, with Cuba and Puerto Rico, to the United States.
And Antonio, the General, assassinated by the same masons he had to disassociate from returned later to the
Philippines to fight against the United States under the flag of our First Republic.
And President Aguinaldo, another high-rank mason, was equally upset with the Americans when he saw himself
chased by them all the way to Palanan, Luzon, where they captured him.
The First Republic of the Philippines acquired all the gold and silver accumulated through two centuries of the
galleon trade in churches, municipal and provincial treasuries as well as in personal estates, with the intention
of funding the guarantee to back the moneys, in paper and coins, that the First Republic would begin
circulating as the Philippines’ national currency.
According to Juan, the total fund amounted to more than a thousand million dollars in gold and silver. That
treasure of our First Republic was under the custody of General Antonio Luna and Mr. Serviliano Sevilla.
It is for that treasury that the American invaders, masons over being protestants, manipulated the loges of
Philippine masons like Captain Pedro Janalino, to secure General Luna’s assassination. The objective of such
assassination, by the American invaders, in Cabanatuan was no other than to take possession of said Philippine
treasury that, as Juan told me, would be worth more than a hundred billion dollars in today’s American money.
Aguinaldo, as the obedient mason that he is, keeps on bearing the slander that he ordered General
Antonio Luna’s killing. That is not true.
Even if he was a mason, president Emilio Aguinaldo was a righteous man. It is not true either that he ordered the
killings of Andres Bonifacio and his brother. The order to kill Bonifacio came from the same American masons,
the same American protestants, that had been coming to the Philippines as spies paid by their country even when
these islands were still under Spanish dominion. One of those spies was the famous Dean Worcester, the
executioner of the journal El Renacimiento. He is one of the United States’ protestants and masons that using
the loges of Philippine and Chinese masons ordered the killing of Katipunan’s Supremo Andres Bonifacio and
his brothers. You have done well leaving the free-masonry because that is and will be the cause and channel of
the Filipino people’s final destruction just as it was the cause of the Spanish Empire’s destruction.
Free-masonry is British and is North American. It is the British and North American tool to control the whole
world economically, politically, morally and culturally. It is what caused and provoked Juan’s violent acts and
he only calmed down when he abandoned it. The very Antonio Luna also abandoned it just as Jose Rizal did.
And notice that the two ended up assassinated the same way as Andres Bonifacio.
On the other hand Aguinaldo lives but keeps quiet. I suppose it is out of fear of the Free-masonry. He got in
there and does not dare leave. Therefore, I congratulate you on your leaving the free-masonry. Your servant,
Soledad Vital de Luna.
Descargar