El rol de la afectividad en la vida cotidiana del hombre

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ENCUENTRO DE
UNIVERSITARIOS
CATÓLICOS
EL ROL DE LA AFECTIVIDAD EN LA VIDA COTIDIANA DEL HOMBRE
Paula Christell Valderrama Alva1
La afectividad es una gran fuerza. Sin ella, por claras que sean las ideas no fraguan en
decisiones. Por lo cual el objetivo ha de ser en cauzarla, no negarla.
Se entiende por afectividad el conjunto de las tendencias sensibles innatas en el hombre,
y la repercusión que dichas tendencias producen en nuestro interior. La personalidad está
formada por varias tendencias y facultades; el hombre es cuerpo, sensibilidad, inteligencia,
voluntad… (Jóvenes del tercer milenio). La dimensión afectiva de la persona, así como la
inteligencia y la voluntad forma parte de las facultades humanas. Conocer esa condición
multivalente de la naturaleza humana, sus posibilidades y sus límites, coordinarla y actuar
consecuentemente, es objetividad y realismo. Al mismo tiempo, es condición imprescindible
para alcanzar el equilibrio interior característico de la persona madura.
Por ello, la educación afectiva es casi tan importante como la de la cabeza, debido a que
influye en los actos cotidianos del hombre. Por ejemplo, la inseguridad es una desviación
patológica de una afectividad no controlada. La hipersensibilidad aliada con la imaginación
exaltada, engendra el miedo, la indecisión; el individuo queda bloqueado para la acción.
Perplejo, indeciso, no acierta a tomar y mantener decisiones, duda de todo. No es dueño de sí ni
influye en los demás.
PALABRAS CLAVES: Afectividad, persona, madurez afectiva, actividad humana.
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1
UPC, Ingeniería de Gestión Empresarial.
Celular: 947318954, Mail: [email protected]
SUMARIO
INTRODUCCIÓN
Escríbelo con tus palabras, tu introduces a los lectores y les das un panorama de lo que
van a leer. Por eso se hace al último porque se supone que ya te empapaste del tema.
1. Definición afectividad
a) Noción inicial
Genéricamente se entiende por afectividad el conjunto de las tendencias sensibles
(propias de los sentidos) innatas en el hombre, y el eco que dichas tendencias producen en
nuestro interior (afectos, sentimientos, emociones o pasiones). Estas reacciones son
involuntarias: vienen dadas por las circunstancias y la personalidad de cada uno.
Se suele hacer una diferencia entre emoción y sentimiento. Se considera a la emoción
como lo más elemental: tenemos la reacción fisiológica, con una vivencia que puede ser intensa,
pero breve. El sentimiento, como derivado de la emoción, es un estado emocional a más largo
plazo y con vivencias más duraderas y complejas.
Las emociones tal como se presentan a los seres humanos están constituidas por un
estado fisiológico y una vivencia mental. Pongamos un ejemplo: Voy por una calle oscura a
altas horas de la noche y escucho pasos tras de mí. Al darme la vuelta no veo a nadie. Tendré
una sensación de contracción de mis músculos y un aumento de los latidos de mi corazón
(reacciones fisiológicas), además mi imaginación empezará al mismo tiempo a trabajar para
adivinar qué puede estar ocurriendo (vivencia mental).
2. La afectividad desde una comprensión integral del hombre
a) Presupuestos antropológicos
El principio antropológico fundamental es la unidad sustancial de la persona humana:
cada uno se experimenta como un sujeto único y trascendente a sus actos: percibe todo (p.ej: su
cuerpo, su alegría) como parte de sí mismo. A la vez, es consciente de ser algo más que un
cuerpo, o que una satisfacción. Por otra parte, siempre es él mismo, a pesar del tiempo y de las
circunstancias.
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(1)
Voluntad y afectividad (I)Manolo Ordeig,
http://mercaba.org/FICHAS/almudi.org/voluntad_y_afectividad_1.htm
(2)http://recursostic.educacion.es/secundaria/edad/4esoetica/quincena1/impresos/quincena
1.pdf
¿Cómo es posible esa unidad en la multiplicidad de actos de la vida? La respuesta hace
referencia a la noción de integración. Ésta es la tarea del hombre: lograr la integración de todo
su ser (y su tener, y su actuar) en la unidad de sí mismo: que la multiplicidad de las cosas no le
"disgregue".
La unidad personal, por tanto, no viene dada sino que es una tarea: un empeño de
carácter ético confiado a la persona. La integración propia del obrar humano deberá conseguirse
según el orden de la propia condición humana. Esto significa que la integración es confiada a la
inteligencia y a la voluntad, en cuanto poseen el rango de potencias superiores del hombre. La
sensibilidad sola no integra, sino que más bien tiende a desintegrar al hombre, porque es
cambiante y variable según las circunstancias.
En esa tarea, la potencia directriz es la voluntad. De ahí que todo el esfuerzo integrador de la
conducta corra fundamentalmente por cuenta de la voluntad. Educar es, sobre todo, formar la
voluntad; antes incluso que el intelecto.
b) La afectividad humana y su integración
En la afectividad se unen lo sensible y lo espiritual de la persona.
La dimensión afectiva de la persona -igual que las tendencias biológicas- posee la
misma dignidad humana de que gozan la inteligencia y la voluntad, aunque está en un orden
diverso. No es menos humano sentir atracción (p.ej: por una persona de otro sexo), que pensar.
En esta perspectiva surge una visión muy positiva de la afectividad humana, alejada
tanto de una absolutización de los sentimientos, como de un falso espiritualismo: no somos ni
sólo afectividad (impulsos, emociones, instintos), ni solo espiritualidad (razón y voluntad).
Somos personas y, como tales, contamos con una serie de dinamismos, diferentes pero
igualmente "humanos".
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(2) cita ¿???
Conocer esa condición multivalente de la naturaleza humana, sus posibilidades y sus
límites, coordinarla y actuar consecuentemente, es objetividad y realismo. Al mismo tiempo, es
condición imprescindible para alcanzar el equilibrio interior característico de la persona madura.
Por ello, la afectividad, subordinada a la voluntad y modulada por ésta, constituye una
fuerza poderosa y creativa para realizar el bien propio del hombre, para amar a los demás y a
Dios con todo nuestro ser.
Si la inteligencia no constituye una facultad separada del resto de facultades del hombre,
lo mismo puede afirmarse y con mayor énfasis, de la afectividad. No existe algo que puede
llamarse afectividad sino comportamientos afectivos frente a los estímulos. Consiste en una
tonalidad o en una conmoción global, básicamente de agrado o desagrado, que acompaña a
nuestras reacciones frente a los estímulos del medio.
La expresión “que acompaña” no debe entenderse como algo agregado sino como algo
inherente a la reacción misma. A veces la afectividad es algo secundario pero con frecuencia es
el factor determinante del tipo y de la calidad de la reacción. Cuando estudiamos un tema
científico nuestra afectividad nos va señalando el agrado o desagrado que nos produce el tema.
Pero cuando nos enamoramos o cuando reaccionamos ante un insulto, nuestra afectividad ocupa
la casi totalidad de la reacción.
3. Rol e importancia de la afectividad en la vida del hombre
La importancia de la afectividad dentro de la totalidad de la personalidad radica:
a) En que un elevado porcentaje de nuestras acciones no es el resultado de razonamientos sino
de estados afectivos.
b) En que algunas de las decisiones más importantes: profesión, matrimonio, están fuertemente
condicionadas por nuestra afectividad.
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http://es.catholic.net/educadorescatolicos/758/2413/articulo.php?id=23030
http://recursostic.educacion.es/secundaria/edad/4esoetica/quincena1/impresos/quincena1.pdf
Ante la importancia de la afectividad en la vida del hombre, cabe preguntarse: ¿Qué es
más importante, la inteligencia o la afectividad? Esta pregunta plantea un falso problema.
Ambas son funciones de un todo unitario y estructurado y nunca actúan por separado, de donde
se sigue que existe una interdependencia funcional. La incidencia de la afectividad en el
conocimiento tiene un aspecto negativo cuando dificulta la objetividad de aquellos juicios en los
que ésta debe predominar plenamente, como puede ser el caso de la investigación científica.
Pero también puede señalarse la incidencia positiva que puede tener la afectividad en el
conocimiento en cuanto que intensifica el interés por ciertos temas e incluso llega a anticiparse
al conocimiento. Pero las conductas en que predomina la afectividad están, a su vez,
condicionadas por la actividad intelectual y por los conocimientos, lo que se ve con claridad en
al análisis de las actitudes, de los ideales y de las valoraciones.
Parece que la afectividad funciona en los planos centrales y más profundos del
organismo vivo: allí donde lo psíquico se refunde con lo orgánico; allí donde brotan las energías
que son utilizadas para satisfacer las necesidades. Situada en lo más profundo del ser, la
afectividad se constituye en el verdadero motor del comportamiento.
Admitida la importancia de la afectividad en la vida humana, resulta evidente que la
educación de la misma tiene que ser un aspecto fundamental de toda formación humana.
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http://psicolatina.org/14/perspectiva.html
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