mdm - Magazine Digital Mosquero

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magazine digital mosquero
Chiche
Aracena
Homenaje
Revista digital de pesca con mosca
Distribución gratuita
www.magazine-digital.org
Cuando yo tenía casi dos años Luis contaba con algo más de ocho, durante ese tiempo él me
traía juguetes (la mayoría construidos por nuestro amado padre), dicen que me decía, “acá está
el chiche, vamos a jugar con el chiche”, cuando llegó el momento de decir papá, mamá y Luis;
los dos primeros me salieron bastante bien, pero el de mi hermano solo pude llamarlo Chiche
porque eso es lo que él representaba para mi; según mi madre le quedó ese sobrenombre porque
no supe llamarlo Luis.La gran diferencia de edad (me llevaba algo más de seis años) no permitió que nuestros juegos
y amigos fueran los mismos, mucho menos los de nuestro hermano Coco. Cuando Luis tenía 12
años se fue al sur (Río Gallegos) a estudiar, luego ya adulto regresó a casa para enseguida ir a
trabajar, luego su casamiento y la colimba, su nueva vida y el trabajo que lo llevaban por varias
ciudades; así fue casi nulo el tiempo que podíamos pasar juntos disfrutando.
Más tarde se fue al extranjero por muchos años y varios países compartidos con Irene y Cesar;
todos los años venia a la Argentina de vacaciones por 35 días, 3 o 5 de esos días los pasaba con
mi madre y nosotros, y 30 pescando en sus ríos Neuquinos.
A los 40 años tuvo su primer infarto, luego algún otro hasta que le hicieron 4 by-pass, una
parte del cuore quedó sin trabajar hasta que tuvo que ser retirado del trabajo por estar muy delicado. Llegó al país hace unos 20 años, siempre dijo que todo éste tiempo lo vivió gratis, gracias al
cuidado de su esposa, a los médicos, a sus caminatas y principalmente al consumo diario de dos
litros de agua.
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Cuando estaba tan cerca de casa
acordamos con mi amada esposa que
si yo quería disfrutar con mi hermano el tiempo que durante tantos años
había perdido debería hacerme mosquero y acompañarlo en sus salidas,
comenzamos entonces a salir dos
semanas en noviembre y dos en febrero, las primeras nos aguantaban las
mujeres en la orilla de ríos y lagos y
en febrero combinábamos pesca con
entretenimientos y paseos.
Hasta último momento mi pasión por
la pesca se resumía en el mate y la compañía de Chiche, la última semana de
su vida la pasamos juntos y no tuvimos
moscas ni nos vestimos para ir por truchas, navegamos algo y tuvimos grandes
y largos momentos de comunión, quedó
algo triste cuando salí de Pantanito el
viernes a la tarde, el sábado a las 23:00
hs. lo llamo y luego de su “hermanito
querido” escucho su alegría por lo que
habían pescado los muchachos y su satisfacción por el reportaje que le hicieron
ése día, me pegó una frase: “hace un día
que te fuiste y ya te extraño” me dijo, yo
lo extrañaré toda la vida, le agradezco su
campamento porque allí conocí a grandes
y nobles amigos, algunos hoy son muy
importantes en mi vida y para mi familia……
La creación del campamento y el
foro le permitieron sentirse útil y creo
que la gran cantidad de amigos ayudaron a estirar su estadía de éste lado de
la vida, fui su confidente en casi todas
sus decisiones y pocas cosas hacía sin
consultarme, me sentí importante en
su vida, creo que ahora mis padres
disfrutarán sus charlas y compañía……….
Carlos A. Aracena
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Adios
Amigo...
A Chiche Aracena
Mi maestro, mi amigo
Pepe Miguez
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Nada menos
Te fuiste amigo. Es difícil decir algo,
contar el dolor o escribir dos líneas sin
caer en el relato de siempre; que eras
bueno, que eras generoso, que eras un
maestro, y todas esas frases hechas que
no alcanzan a expresar ni siquiera un
ápice aquello que “eras”, y mucho menos a describir el estado de ánimo que
ahora me invade y abruma.
Solo puedo decir que no te perdono.
No te perdono partir sin avisarme, dejarme sin amaneceres en el río, sin tardes
de mate, sin tu figura sentada al calor de
la salamandra.
No poder verte otra vez en el “Paula
Olivia” con tu boina negra y tu perra
Saskia afirmada en la proa, no te lo
perdono. Tampoco que ya no armes mis
líneas, o le pongas aceite a mis reeles,
mucho menos dejarme sin algunas vacaciones, como aquellas que pasamos en
el campo, en la península, o en casa; no
te perdono todo eso y tampoco muchas
otras cosas.
Es que soy muy egoísta, lo admito,
muy egoísta; si me hubieses avisado,
muchas mañanas me habría tomado el
tiempo para desayunar con vos y escuchar juntos las noticias, esas que escuchabas en tu radio portátil “naranja”. Si
me hubieses avisado, me habría sentado
muchas más veces a tomar mate por las
tardes debajo del sauce, frente al carpón.
Si me hubieses avisado, le habría prestado mucha más atención a tus palabras
cuando desde el fondo dabas alguna
clase magistral a los presentes mientras
tirabas un par de leños en la estufa.
También te habría acompañado más
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veces a navegar en tu querido bote si me hubieses avisado, habría pasado más momentos en
tu compañía, te habría llamado por teléfono más seguido, y muchas más veces te habría dicho
cuanto te quería y admiraba, seguramente lo hubiera hecho, esas y muchas otras cosas también; pero no me avisaste, no me dijiste nada, te fuiste como del rayo sin decir nada. Maldigo
mil veces a la muerte que te ha llevado, siempre se lleva a los mejores.
Nunca pudiste enseñarme a pescar, siempre fueron vanos tus intentos; es que soy “duro de
entendederas”. Quisiste que aprendiera a leer el río, a lanzar, a armar líneas equilibradas, y
aún a navegar tu Limay inmenso; te esforzaste por enseñarme, con ganas y empeño, pero no
hubo caso. Todavía recuerdo tus contorsiones cuando dejé la hélice en las piedras subiendo
desde “Lucceli”; aún lo recuerdo, sufrías mi torpeza mucho más que yo.
Te conocí en el campamento una fría mañana de pascuas allá por el 2000; habíamos intercambiado solo unas líneas de cortesía por correo electrónico anunciando la intención de ir a
pescar por primera vez ese río majestuoso. Supe ese mismo día que no era a pescar con mosca
lo que aprendería de ti. Fuiste mi maestro, pero no mi maestro de pesca; junto a mi padre fuiste más que eso, fuiste mi maestro….de vida.
Podía pasar horas escuchándote contar historias; tus días de pesca en Río Grande cuando la
pesca con mosca era todavía una actividad reservada a “cuatro locos que hacían bailar unas
plumitas por el aire”; tus jornadas de trabajo petrolero alrededor del mundo, esos recuerdos y
anécdotas de capturas inolvidables en La Boca, tus explicaciones acerca de la física del lanza-
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miento, o esas historias tan desopilantes. Escuchaba tus palabras con atención, pero también
con admiración.
Fuiste consecuente, tal vez la única persona
realmente consecuente que he conocido; y lo
fuiste hasta el final. Vivías según lo que predicabas, aquello que decías lo sostenías con el
cuerpo y con el alma, inflexible en tus convicciones y terminante en tus principios, jamás
renunciaste a tus pensamientos. Algunos de
esos principios y convicciones fueron los que
aprendí de vos Chiche, en estos tiempos en
que todos los valores personales se colocan
en la mesa de los intereses y conveniencias;
donde todas las reglas son moneda de cambio
para la obtención de beneficios temporales,
eras una rara avis, una marca en el camino,
una esperanza en medio de la noche, una voz
que decía: no todo está perdido!. Esas convicciones y principios, esa esperanza y tenacidad
fueron las que me enseñaste amigo.
Una vez mientras pasaba momentos de
zozobra me dijiste: - “tranquilo Pepe; ya va a
pasar, se fuerte, aguantá, no aflojes; el mundo
es de los que resisten y se sobreponen a las
adversidades; cuando todo pase, te vas a sentir muy bien; el trabajo cumplido, hecho con
amor y a conciencia es una de las mayores
satisfacciones que puede darnos la vida” -.
Así eras, una luz al final del túnel, una
palabra de aliento para el amigo que lo necesitaba. Tu único propósito era enseñar a pescar;
difundir la pesca con mosca, cuidar y proteger
cada centímetro de río, cada pez y cada árbol,
lo hacías con pasión, para todos los pescadores por igual sin excepción, sin interés ni
distinción de ningún tipo, con inmensa generosidad. Cuantas veces intentaron comprarte,
me consta porque lo vi, tu respuesta, siempre
fue la misma: - “nunca cobré un centavo por
enseñar a pescar y hacer lo que me gusta; no
voy a empezar ahora” -.
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Atendías a todos de igual manera; tanto al experto y reconocido, como al novel e iniciado; especialmente a este le dedicabas tu tiempo, no guardabas nada, no escondías nada,
todo lo que sabías - que era mucho -, lo transmitías sin más.
Cientos de veces te he visto abrir la caja de herramientas marrón para arreglar una línea
o un reel, cientos de veces llevar a los pescadores de a pie a los mejores lugares del río,
pararte con ellos a corregir errores, a indicarles el mejor tiro, o señalar el probable lugar
donde podría haber un pez; así eras, un maestro con todas las letras, un pescador increíble
con cincuenta años de río puestos al servicio de los demás.
Fuiste un grande en todos los sentidos, un pedazo de historia, ya no escribirás notas
para el mdm, un proyecto en el que participaste desde el primer día, ya no to veré llegar
con tu boina negra ni sentarse a tomar la sopa rodeado de amigos, siempre contento,
siempre dispuesto.
Muchas gracias amigo, gracias por todo lo que me diste, fuiste el mejor de todos; nunca
pudiste enseñarme a pescar, pero me enseñaste algo mucho más importante, me mostraste
una forma de vivir que trato todos los días de replicar; nunca fuiste mi maestro de pesca,
solamente fuiste mi amigo, mi gran amigo, un título que llevaré con orgullo y honor hasta
el último aliento. Gracias por haber sido mi amigo Chiche, mi maestro de la vida y mi
amigo,....nada más.
Nada menos!.
Adiós amigo, nos veremos pronto.
Pepe Míguez
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Un ejemplo a imitar
Alejandro Lisofsky
Nunca conocí a Chiche personalmente, pero nuestra
relación estuvo signada por un hecho que jamás me
había sucedido y que, hasta el día de hoy, me mantiene gratamente sorprendido.
En diciembre de 2014, concretábamos con un par
de amigos un viaje de pesca al mítico, y por entonces
desconocido para mí, río Limay medio.
Soy un pescador con mosca desde hace poco tiempo, imaginen los millones de dudas que me surgieron
una vez que ya habíamos coordinado la fecha (Marzo
2015): qué mosca uso, qué caña, qué línea.
Con el fin de contrarrestar un poco mi ansiedad,
comencé a leer todo lo que estuviese a mi alcance
respecto al mencionado río. Pero nada terminaba
por satisfacerme completamente. Es así que tomé la
decisión de escribirle al creador del foro, con quien
sólo había tenido un único contacto cuando me había
registrado en el grupo; fue para darme la bienvenida,
saludarme y ponerse a mi disposición por cualquier
cosa que necesitara.
“Una costumbre, un mensaje de rutina”, recuerdo
que pensé.
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Entonces, le envío un mensaje a Chiche a través
del foro y es ahí que ocurre mi primer asombro; me
contesta ese mismo día. Yo me sentía en la gloria, me
había contactado con alguien que sabía de pesca y
que además respondía casi inmediatamente.
Luego de unos breves intercambios de correos y
mensajes, quedamos en que Chiche me ataría la línea.
Yo solamente debía comprarla y mandarla a su casa
para que haga el trabajo de manera gratuita, (segunda
pequeña sorpresa para mí).
Al principio creí que la tarea era sencilla pero
cuando empecé a buscar la línea “Cortland Fairplay”
que Chiche me había recomendado, empezaron las
complicaciones. Rastreé el producto por Mendoza,
Buenos Aires y Neuquén pero en todos lados obtuve
resultados negativos.
Por tal motivo, le informo a nuestro amigo lo que
estaba sucediendo y él me dice que en la semana
paseará los perros con un tipo que es mayorista, y por
lo tanto me podría conseguir la línea, la corredera,
armar todo y enviármela.
A esta altura, además de estar admirado por su generosidad, me sentía con pena por las
molestias ocasionadas; pero no podía negarme. Chiche, en ese momento, era mi única guía
para comprender la pesca con mosca.
A la semana, estando en la oficina, suena el celular; grata sorpresa me dio comprobar que
era Chiche el que llamaba, nunca lo había visto y me estaba “llamando”. Rápidamente contesto y debo reconocer que además de sorprendido estaba un poco nervioso.
Cuando atiendo me saluda muy amablemente, se presenta y me pregunta como vengo con
la organización para ir al Limay medio, a lo que yo respondo que ya sabía que era él quien
llamaba ya que su número lo había agendado y que tenía casi todo listo, me faltaba solo la
línea y practicar, a lo que Chiche responde un poco apenado: -“mira Ale soy muy malo para
los números y el Hombre con el que salí no tenía esa línea, así que tomé una de las que tengo
en casa y te la armé, ya la medí, pese y probé; te va a dar grandes resultados en el Limay con
tu caña.
Solo llamo para avisarte que la línea ya está en camino a La Pampa,solo te pido que me avises cuando llegue”.
A esta altura, si estaba sorprendido de que un pescador con semejante experiencia me ayudara desinteresadamente, no me entraba en la cabeza que alguien a quien no conocía personalmente, me estuviese llamando para decirme que me había armado una línea y que como
era “malo para los números” y se había comprometido a ayudarme, me la regalaba ya que el
la tenía en su casa. En el momento no lo podía creer y no caía en la cuenta de semejante acto
de generosidad ya que solo lo hacía con el fin de que yo pudiese pescar bien.
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Por supuesto que a partir de ese momento lo adopté como mi guía y ejemplo a seguir
en la pesca con mosca, intercambiando un sinfín de mails, todos y cada uno de ellos
con dudas e inquietudes mías. Fue un maestro incansable y desinteresado, NUNCA
dejo un mail sin responder.
Lamentablemente, el maestro decidió irse a vadear otros ríos un par de semanas antes
de que yo arribara al campamento. Me quedé con las ganas de conocerlo y charlar con
él cara a cara, pero la experiencia de nuestra relación “virtual” me asegura que era un
hombre de palabra: desde el primer día me ofreció su disposición y cumplió con creces,
siempre.
Ya en mi primera noche en el campamento, durante la sobremesa, brotó el recuerdo de Chiche entre los presentes. Sin dudarlo, en cuanto pude, conté mi anécdota de
asombrado por el comportamiento que había tenido para conmigo y fue entonces que
Kiko, amigo añejo de Chiche, resumió y dijo, hablando en primera persona como si estuviera dialogando con uno solo pero en realidad refiriéndose (y aclarándonos) a todos:
“¿Ves?...Ese era Chiche”.
Gracias por tanto, no habrá otro igual pero espero que muchos intenten imitarlo…
Alejandro Lisofsky
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Daniel Platero
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Se fue un grande....
Chiche … se fue un grande, y no lo digo por lo que pescaba, sino por lo que
era, una gran persona.
Generosamente volcaba sus grandes conocimientos a quien los necesitara, y se
notaba el placer que sentía al hacerlo. Recuerdo que una vez charlando a través del foro Pesca y Devolución, me dió instrucciones de lanzamiento, las que
aproveché y me dieron resultado.
Si bien había pescado mucho el río Gallegos viviendo allá, era autodidacta, y
al encontrar el foro comencé a leer con fruición todo lo que encontraba; entonces Chiche me desasnó de muchas cosas.
Más tarde y habiendo entablado una relación de gran afecto, que fue mutua,
tuve el honor de recibirlo en mi casa, donde cada tanto nos juntamos los mosqueros, a comer y charlar.
Allí vino Chiche, y trajo todas sus herramientas para atar y modificar líneas;
fue aquella una noche muy linda compartida con algunos de los habitués de las
juntadas.
Ya tarde y después de una buena picada y unos buenos vinos, se retiró en compañía de Pepe Miguez, pero se olvidó sus herramientas y a la mañana siguiente
muy temprano me llamó para venir a buscarlas.
La segunda vez que estuve con él fue en la casa de Pepe, en Liniers, junto a
muchos mosqueros, y Chiche dió una clase de lanzamiento que todos aprovechamos.
Así es que siento hoy gran un dolor por el amigo que se fue, pero lo recordaré
siempre por las infinitas muestras de aprecio que tuvo; aunque una deuda me
queda en la vida y es no haber ido nunca a su campamento, al que religiosamente me invitaba todos los años.
Chau Chiche, estarás pescando en ríos de aguas transparentes esas truchas
migratorias que te quitaban el sueño. Por siempre en mi corazón.
Daniel Platero
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Los ejemplos son enormes
Franco Rossi
El Forista
Sin más expectativas de pesca que las de una escapada en
solitario, me iba de vacaciones en familia rumbo a Neuquén y
Río Negro. Un par de días antes, con el desorden típico de estar
preparando las vacaciones, contacté a un miembro del foro de
pesca con mosca en el que participaba asiduamente como para
conocernos personalmente y tomarnos unos mates.
Accedió inmediatamente y, antes de arreglar el horario para el
encuentro, le propuse redoblar la apuesta, invitándolo a comer
un asado en mi casa del lago Pellegrini. Volvió a acceder inmediatamente. Al otro día nos encontramos, comimos un rico
asado y pasamos un rato muy ameno, con charlas repletas de
anécdotas que nos iban presentando uno a otro.
A media tarde se fue, no sin antes comentarme que un amigo
de Buenos Aires estaba en la zona por trabajo y pretendía llevarlo a pescar al Limay, invitándome a ser parte de dicha salida. En
ese momento me tocaba a mí acceder inmediatamente.
Dos días después me ví llegando a su casa en Neuquén. Me
recibió presentándome a Gustavo Parra, gran atador y pescador
de la zona, y a su amigo de Buenos Aires que resultó ser Ricardo Murtagh, un caballero y placer de tipo, con quien compartí
largas charlas a lo largo de nuestro viaje.
Tomando unos ricos mates, hablamos un rato de lo que sería el
periplo que nos tendría de regreso en Neuquén al otro día y, minutos más tarde, estábamos en la camioneta del forista, rumbo a
Pichi Picún.
Paramos en la ruta a almorzar, hicimos un brindis por una
buena noticia que arrimó el amigo forista, seguimos nuestro
camino y llegamos al puente de Pichi Picún. Bajamos, miramos,
conversamos, luego cruzamos a lo de Martínez, tomamos unos
buenos mates y volvimos a la zona del puente. Nos quedamos
del lado rionegrino. Nos cambiamos lentamente y, a última
hora, entramos al agua con Ricardo, ya que el amigo forista
decidió no pescar, para hacerlo a la mañana siguiente.
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Primer tiro mío… borbollón, la mosca es “sacada” por la misma correntada y no logro clavar. Me quedo con la piel erizada y no vuelvo a tener un toque hasta sacar una perca, minutos
antes de caer la noche. Ricardo tuvo un par de piques, uno muy bueno, no concretado tal
vez por no ayudarse a clavar con la mano de la línea. Ahí estaban ellas, refugiadas en el bello
Limay y haciéndonos pagar bien caro cada uno de nuestros errores.
Salimos del agua comentando las experiencias y nos fuimos hacia Piedra del Águila, donde
el amigo forista había reservado una habitación. Antes de ir a cenar nos sentamos fuera del
hotel y, mientras tomábamos una cerveza, el cielo se iluminó completamente. Literalmente se
hizo de día. Los presentes nos miramos perplejos. Era un gran meteorito pasando sobre nosotros. Todo hacía parecer que mi angel de la guarda estaba preparando un gran escenario para
que aquel viaje fuera mágico.
A las 5:30 estábamos arriba. Un buen café y otra vez rumbo al puente. Nuevamente arrancamos por las piedras del lado rionegrino. Rato después, cruzamos el puente y nos fuimos
a pescar sobre el primer tramo de río. Hice unos tiros y salí del agua para sacar unas fotos,
mientras miraba a este forista hacer sus lances. “Vení, parate a mi lado así te explico lo de la
mano para juntar la línea”, me dijo. Y yo, aún a costa de estar cometiendo el error de mi vida,
preferí dejar pasar su ofrecimiento, solo para verlo disfrutar de empuñar una caña. Espero que
él lo haya entendido así y no como un desprecio de mi parte.
Se hicieron las diez de la mañana y, mientras el amigo forista se tiraba una siestita en su
camioneta, le manifesté mi intención de seguir río abajo. “Claro, andá que hay buenos lugares,” me dijo. Rato después tuve la suerte de pescar mi primera trucha en el Limay Medio.
Una muy vigorosa marroncita de 1 kilo y monedas me regalaba una hermosa pelea. Acá hay
tongo, dijo Ricardo al verme. A mí el Limay me está cobrando un peaje más caro!!!
Salimos juntos del agua, Ricardo se adelantó mientras hice algún tiro más debajo de un
sauce y, al llegar, le muestro mi cámara con la marroncita al amigo forista.
- “Qué bonita marrón, cuándo la pescaste”?
- “Seiscientos metros río abajo, hace un ratito nomás…”
- “Peeeeero! Qué linda sorpresa!” Me dijo mientras, con un gesto propio de un padre, me
palmeaba en la mejilla.
mdm
Este generoso forista neuquino con el que compartí un asado, que me invitó a pescar,
que se ocupó de reservar la habitación en la hostería, de llevarnos a comer muy pero
muy rico, de mostrarnos el lugar, de presentarnos cuanta persona se cruzaba en nuestro camino y que ahora palmeaba mi mejilla, era ni más ni menos que el señor Chiche
Aracena, de los últimos exponentes de aquella gloriosa vieja escuela.
Solo viviéndolo uno puede darse cuenta cuando una persona disfruta realmente del
éxito y felicidad del otro. Y les aseguro que este hombre quiere que haya muchos pescadores felices por pescar.
Me dió consejos para mejorar el doble tirón, más consejos sobre moscas a utilizar
en la zona y hasta se ocupó de decirme estas palabras: “Tenés una cadencia envidiable
para traer la mosca.”. Me dio tanta vergüenza, que solo atiné a decirle: “No me jodas
Chiche…”
Para enmarcar un gran recuerdo, me trajo además tres moscas de regalo, una de las
cuales estaba dos días después en la boca de una hermosa marrón, mientras compartíamos una pesca en el mismo sector del río junto a Claudio Lezcano.
Cuando se tiene la sensación de haber logrado algo que trae detrás de sí un proceso,
un aprendizaje y muchas vivencias, la satisfacción es tan plena que desborda. Por eso
luego de pescar esa buena trucha me senté en la orilla emocionado.
Mil gracias Chiche, aquella vez generaste un recuerdo imborrable. Y así lo hiciste con
cientos de pescadores. En apenas dos semanas, ya siete años después, le pediré permiso
para jugar una vez más al gran Limay. Ya sin la posibilidad de tomar unos mates con
vos, iré a tu campamento para honrar tu memoria.
Desde donde estés, no te olvides de hacerme “pescar lindo”. Lo que venga, será yapa.
Franco Rossi
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Una caricia
para el alma
Gerardo Gutierrez
La mejor manera que encuentro para tratar de resumir la trayectoria de personas como
Chiche Aracena, es analizando las actividades que han desarrollado y el motivo que les
llevó a concretarlas.
Para mencionar solo algunas:
Pionero y uno de los más fervientes difusores de la pesca con mosca y el cuidado del
medio ambiente.
Fundador del FORO PESCA Y DEVOLUCIÓN, uno de los espacios que mayor respuesta brinda a todos aquellos que se inician en la actividad.
Creador de uno de los encuentros de pescadores con mosca con mayor convocatoria en
todo el país … el “Chiche Camp”.
Conocedor como pocos de los hábitos, alimentación, y lugares donde habitan las distintas
variedades de truchas en los ríos de la Patagonia.
Maestro autodidacta del casteo y en particular del roll cast, que a tantos nos trasmitió sin
guardarse un solo secreto.
mdm
Arquitecto de líneas; medidas y pesadas milimétricamente a fin de lograr el equilibrio
justo para cada caña en particular; estableciendo la relación perfecta de masas entre
shooting y runing, unidos con nudos casi imperceptibles, para así sumar esos fatídicos
5 metros que siempre nos faltan para llegar a la corredera.
Experto timonel que exploraba las más seguras pasadas del Limay, transportando con
su lancha a cada pescador que visitaba el campamento a lugares elegidos del río, aumentando sus posibilidades de pescar.
Así podríamos continuar enumerando muchas otras virtudes y cualidades.
De algo estoy muy seguro y es que todo lo que nos transmitió a los que tuvimos la
suerte de conocerlo, no hubiera podido hacerlo sin cultivar el significado de la palabra
AMISTAD, que en definitiva es dar y compartir sin importar recibir algo a cambio.
Por eso estoy convencido que la mejor manera de honrar la amistad que nos regaló
es seguir compartiendo nuestras salidas, las técnicas y los materiales de atado, las líneas
que mejor se comportan en las distintas condiciones, la manera de devolver los peces
al agua tratando de producirles el menor daño posible, promover encuentros, organizar
salidas, y juntar voluntades para que continúe el campamento.
En definitiva compartir entre amigos los mágicos momentos que nos regala la pesca
con mosca.
Siento que este es el desafío que nos dejó; si logramos concretarlo, les aseguro que
será para él una caricia para el alma.
Gerardo Gutierrez
mdm
Dimensión
Jorge Sanjurjo
Aparte de la tristeza por la pérdida, lo primero que me salió cuando me enteré que Chiche se
había transformado en leyenda fue decir “con el tiempo vamos a tomar real dimensión de lo que
significaba Chiche”.
No caben dudas de que Chiche era un “diferente”, en la pesca con mosca y en la vida, con un
talento innato sobre el que aplicó conocimientos como solo él podía capitalizar, haciendo todo
con una facilidad irrespetuosa como muchos zurdos nos acostumbraron a los argentinos, que pescó junto a los pioneros, que fue él mismo un pionero en la devolución de las capturas, que diseñaba sus líneas y las nuestras “a piaccere”, que conocía su río mejor que su casa y que tenía tantos
principios que, por ejemplo, cuando la humanidad se encargó de destrozar el entorno en la Boca
del Chimehuin decidió dejar de pescar para siempre su lugar favorito, y no volvió nunca más…
Un personaje de sus características técnicas y conocimientos, pero nacido en el hemisferio
norte, sin dudas hubiera sido una “celebrity” y aparte millonario, los vemos y hemos visto diariamente en la web, como grandes personalidades muchas veces sobrevaluadas; diseñan, construyen
y venden cañas con marca propia, asesoran outfitters, dan clínicas y cursos, guían a millonarios,
tienen sus shows televisivos, aportan sus nombres para respaldar productos (siempre a cambio del
vil metal), etc.
mdm
Sin embargo Chiche, con las mismas o mayores cualidades, decidió tomar otro camino, el
camino de esos mismos principios que lo llevaron a abandonar su lugar predilecto de pesca
para quedarse con los mejores recuerdos de tiempos vividos en años tempranos, eligió el camino de difundir a todo el mundo un deporte/arte/pasión, que otrora fuera elitista, para que
ahora todos pudiéramos disfrutarlo por igual, por obligarnos con el ejemplo a comenzar a
devolver nuestras capturas y últimamente, a que no tomáramos fotografías de los peces fuera
del agua (siempre estaba un paso adelante), eligió el camino de la enseñanza, del cuidado
del medio ambiente y del cuidado de los amigos, él nos decía a todos “amigo”, y no era de
compromiso, aunque nos conociera desde diez minutos antes nos llamaba “amigo” y así nos
hacía sentir.
Lo más destacado, que creo le da a Chiche su real dimensión, es que todo esto lo llevó a
cabo sin ningún interés material ni de ningún otro tipo, más que el de trascender dejando en
todos nosotros la semilla de la generosidad, del conocimiento, de la amistad desinteresada y
de la responsabilidad de ser guardianes de sus principios, que deberíamos hacerlos nuestros.
El haber podido disfrutar a Chiche en innumerables ocasiones como clínicas en Palermo,
cenas donde fuera, desayunos en el campamento, navegaciones en el Limay, pesca de dorados en San Nicolás, siempre ofreciendo didácticamente sus indicaciones y transmitiendo lo
que para otro serían atesorados secretos era como si el “Flaco” Traverso se ofreciera a pasar
por tu casa a buscarte y darte unas clases de manejo para que no te bocharan en el práctico,
y ya que estaba, te dejara en lo de Guillermo Vilas, que se ofreció gentilmente a pasarse una
tarde entera con vos para pulir ese revés que tanto te incomoda y encordar tu raqueta con la
tensión y cuerda que mejor se adaptan a tu juego (no la más cara), o que Valdano te invitara
a un asado y mientras se asa la carne, te enseñara a pegarle a la caprichosa y a entrenar tu
equipo de futbol 5…
Chiche fue tan generoso y tan alcanzable para todos que tal vez no nos dimos cuenta lo
grande que era, el tiempo y la falta de un sustituto de su estirpe nos demostrarán su real dimensión y cuan afortunados fuimos en poder conocerlo y que nos llamara “amigo”.
Jorge Sanjurjo
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Un sinónimo de bondad
Lisandro Trini, “Lichu”
Comencé a pescar cuando apenas era un niño, me encontraría con la pesca con mosca teniendo 17 años. En el afán de aprender más, me topé con un sitio web llamado Fly-Fishing
Argentina que se conformaba como un Foro (hoy llamado Pesca y Devolución); lugar donde
mucha gente vuelca conocimientos y anécdotas referidas a nuestra pasión.
En ese sitio participaba el querido Luis Chiche Aracena.
Lógicamente, yo no lo conocía, como no conocía a nadie que participaba en este espacio.
Pero él siempre estaba dispuesto a ayudarme, a explicarme todas las veces que fuera necesario
y de las formas que fuese necesario para que su concepto quedara claro. Ya sea con las líneas,
con las cañas, con las moscas, con técnicas de pesca, Chiche siempre era uno de los primeros
en responder y una de las respuestas más completas.
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El tiempo me dio la posibilidad de conocerlo personalmente, y tal cual se mostraba a través de un sitio web, así era en persona. Ni bien te veía acercarte ya estaba atento a tu saludo; si no te conocía se presentaba cálidamente y te preguntaba
para saber de vos, y si te conocía te esperaba un abrazo y una sonrisa. Una persona amable, honesta y bondadosa. Siempre te escuchaba, siempre estaba dispuesto
a darte una mano.
Tuve el placer de pescar cerca suyo, y verlo pescar. Verlo a él en el agua, casteando y pescando fiel a su estilo era algo maravilloso. Todo iba en armonía,
el movimiento de su caña, la puntera, el doble tirón, el loop, el leader reposaba
estirado y la mosca antes de tocar el agua ya estaba pescando. Un pescador con
mosca impresionante!.
Con el correr de los años llegué a apreciarlo mucho, a quererlo como un abuelo
que me transmitía su pasión (esto nunca se lo dije a él porque me daba vergüenza); pero así como yo lo quería hay innumerable cantidad de personas que lo
quieren. Esto, sin dudas, es lo que lo hace un distinto. Chiche ayudaba a todo el
mundo, sin miramientos, y dando siempre lo mejor de él. No se guardaba nada,
no tenía secretos.
Si querías pescar a su lado él te lo iba a permitir, y más aún, te iba a transmitir
todo lo que pudiese para que puedas pescar tan bien como lo hacía él.
Luis siempre será un ejemplo para mi, no solo como pescador, sino también
como persona.
Gracias Chiche! Siempre te llevaré conmigo.
Lisandro Trini, “Lichu”
mdm
Gracias
Chiche!
Pablo Carpovich
mdm
Conocí a Chiche el 8 de septiembre del 2012, en una visita que hizo a Buenos Aires; hubo
una reunión en Palermo donde como siempre muy amablemente repartió consejos y enseñanzas a todos los que nos acercamos, luego tuve la suerte de compartir un almuerzo con él y con
un grupo pescadores.
Yo ya había tenido un contacto con él a través del foro, por ese entonces él estaba comenzando el proceso reorganizar el foro para que siguiera funcionando aún cuando el ya no estuviera;
en particular necesitaba una mano para manejar algunos aspectos técnicos relacionados con la
administración del foro. Le ofrecí mi ayuda y a partir de ese encuentro en Buenos Aires seguimos en contacto, trabajando en el foro y por supuesto aprovechando su enorme amabilidad
para realizarle consultas relacionadas con la pesca.
Por supuesto que nadie se sorprendería si hablara de sus conocimientos y experiencia en la
pesca con mosca, por eso quisiera contarles sobre un aspecto de Chiche que tal vez muchos
desconozcan y que a mí me sorprendió.
Más allá de desenvolverse muy bien con las herramientas de administración del foro, - algo
que no es una tarea sencilla -, el hacía un trabajo minucioso de seguimiento sobre cada usuario que se registraba en el foro. Investigaba el historial del mail con el que se registraba, hasta
y desde donde se conectaba para determinar si se trataba de alguien sospechoso que pudiera
generar alguna actividad no deseada en el foro o intentara hackearlo.
Hoy puedo decir con orgullo que yo fui parte del escuadrón de “Cyber-Defensa” del foro y
que trabajé codo a codo con Chiche para mantener el espacio libre de ataques y de usuarios
indeseados.
Para cerrar les cuento, pude volver a encontrarme personalmente con él en su hábitat natural, en su campamento. Sé que es repetitivo, pero no puedo dejar de destacar su enorme generosidad.
En abril del 2014 me pasó a buscar por el aeropuerto de Neuquén y me llevó a Pantanito,
fueron unos días muy malos para la pesca porque el Limay está muy sucio después de una
gran inundación, pero fueron unos días increíbles llenos de anécdotas y enseñanzas que me
van a acompañar el resto de mi vida.
¡ Gracias Chiche !
Pablo Carpovich
mdm
Gracias
Chiche!
Pablo Carpovich
mdm
Conocí a Chiche el 8 de septiembre del 2012, en una visita que hizo a Buenos Aires; hubo
una reunión en Palermo donde como siempre muy amablemente repartió consejos y enseñanzas a todos los que nos acercamos, luego tuve la suerte de compartir un almuerzo con él y con
un grupo pescadores.
Yo ya había tenido un contacto con él a través del foro, por ese entonces él estaba comenzando el proceso reorganizar el foro para que siguiera funcionando aún cuando el ya no estuviera;
en particular necesitaba una mano para manejar algunos aspectos técnicos relacionados con la
administración del foro. Le ofrecí mi ayuda y a partir de ese encuentro en Buenos Aires seguimos en contacto, trabajando en el foro y por supuesto aprovechando su enorme amabilidad
para realizarle consultas relacionadas con la pesca.
Por supuesto que nadie se sorprendería si hablara de sus conocimientos y experiencia en la
pesca con mosca, por eso quisiera contarles sobre un aspecto de Chiche que tal vez muchos
desconozcan y que a mí me sorprendió.
Más allá de desenvolverse muy bien con las herramientas de administración del foro, - algo
que no es una tarea sencilla -, el hacía un trabajo minucioso de seguimiento sobre cada usuario que se registraba en el foro. Investigaba el historial del mail con el que se registraba, hasta
y desde donde se conectaba para determinar si se trataba de alguien sospechoso que pudiera
generar alguna actividad no deseada en el foro o intentara hackearlo.
Hoy puedo decir con orgullo que yo fui parte del escuadrón de “Cyber-Defensa” del foro y
que trabajé codo a codo con Chiche para mantener el espacio libre de ataques y de usuarios
indeseados.
Para cerrar les cuento, pude volver a encontrarme personalmente con él en su hábitat natural, en su campamento. Sé que es repetitivo, pero no puedo dejar de destacar su enorme generosidad.
En abril del 2014 me pasó a buscar por el aeropuerto de Neuquén y me llevó a Pantanito,
fueron unos días muy malos para la pesca porque el Limay está muy sucio después de una
gran inundación, pero fueron unos días increíbles llenos de anécdotas y enseñanzas que me
van a acompañar el resto de mi vida.
¡ Gracias Chiche !
Pablo Carpovich
mdm
El día que salí a pescar
...y no pesqué!
Héctor Paletta
Aún recuerdo el día que conocí a Chiche, llegamos al campamento con un grupo de
amigos. Después de las presentaciones y preguntas correspondientes sobre mi persona
(algo que hacía con todo el mundo), se ofreció a llevarme a un lugar donde seguro sacaría
buenas truchas, siempre y cuando me pareciera bien.
Lógicamente le dije que sí, y de inmediato empecé a preparar el equipo. Con todo listo
me puse a esperar a Chiche, ansioso ante la posibilidad de poder salir a pescar con semejante personaje.
Mientras tanto charlaba con uno, charlaba con otro, y fui conociendo a algunos amigos
nuevos con los que luego hice salidas memorables. Llegó el mediodía y yo con los waders
puestos y la caña en la mano; -este tipo se olvidó-, pensé para mis adentros.
Y llegó el almuerzo, y ¿que vino después del almuerzo?... la siesta; eran como las 4 de la
tarde y el debutante (o sea yo) todavía estaba con el wader puesto y la caña en la mano.
Por fin apareció el tan esperado Chiche, …-hola Paletín-, me dijo; yo te prometí salir a
pescar y vamos a salir, ¿tenés todo preparado? me preguntó…….yo no sabía si tirarlo al
agua o ponerme a llorar.
mdm
Cuando ya estábamos por partir, comenzó la tortura; que sacudíte los pies antes de entrar al
bote, que la mosca se coloca en el 2do. pasa hilos, que ponéte de acá porque ahí va la perra,
que la caña va de este lado porque no se que cosa, y otra, y otra, y otra; yo lo que quería , era
ir a pescar, solo a pescar, nada más.
Luego de un rato de navegar, llegamos al lugar indicado. Después de charlar un poco de la
vida y habernos conocido un poco, me di cuenta de que le había caído bien.
A mí en cambio, él me dejaba dudas, lo veía muy meticuloso y no llegaba a entenderlo en
muchas cosas que explicaba. Lo primero que hizo al bajar del bote fue ponerse a mirar mi forma de castear; a estas alturas yo ya me quería volver, no lo aguantaba más, creo que no deben
de haber pasado ni 5 minutos cuando se arrimó a mí y dijo: “- si te parece bien pará, te quiero
decir un par de cosas-”.
Al principio me molestó un poco, yo quería pescar, nada más que eso, y todavía no había
empezado. En ese momento es cuando empiezo a darme cuenta de con quien estaba, apareció
el verdadero Chiche, ese del que tanto hablaban; y estaba ahí sentado junto a mí, un completo desconocido al que podía haber dejado seguir pescando solo y listo. Pero no, sus ganas de
enseñar eran más fuertes. Entonces me dijo algo que no voy a olvidar nunca (¿será porque me
veía la cara de fastidio?):
-“No se puede pretender que estemos siempre de acuerdo, la realidad es que casi nunca lo estamos, aunque de alguna manera, todos tenemos razón. En la pesca con mosca, no existe una
verdad absoluta, nada es completamente cierto, en cada día de pesca se ve y se aprende algo
nuevo”Yo le recalqué la gran diferencia de tiempo en la pesca entre él y yo; y me contestó que la
pesca era al mismo tiempo, arte, ciencia y deporte, siendo imposible dominar cada una de sus
facetas, ya que la vida es relativamente breve y que la perfección tiene sus límites, y que no
hace falta ser un viejo pescador para tener el derecho de emitir ideas sobre la pesca, basta con
comparar las opiniones de los demás y saber discernir al respecto.
Así estuvimos hasta que regresamos al campamento, entre consejos y directivas, creí que
conmigo se había equivocado de persona, pero después me dijeron que no hacía tratos diferenciales con los pescadores, que con todos se manejaba igual, tuviesen el nivel que tuviesen y
vinieran de donde vinieran.
Lamenté mucho su pérdida, con tipos así uno no se cruza muy seguido por la vida.
Siento no haberlo conocido antes.
Héctor Paletta
mdm
El camino
del
pescador
Patricio Scorza
mdm
Me levanté temprano, como todos los
días, pero esta ocasión tenía un sabor especial porque iba a pescar con mi amigo
Juan. La cita era en San Pedro, después
del mediodía.
Quedé solo en casa, tranquilo, sin apuro, y “al tranquito sobón de mi matungo
viejo” entonado por el Pampa Larralde, fuí encerando la línea, y eligiendo
la mosca que me daría el dorado de mi
vida, ese que siempre está por venir…
En una de las tantas cajas, encontré
tres moscas de cabeza de ciervo, bien
vestidas con plumas y craftfur, pero
cortitas, imposibles de confundir. Me las
había pedido Chiche, para la próxima
pesca de dorados que compartiríamos, y
que até siguiendo sus instrucciones.
Ahora son moscas especiales me dije,
y noté que me temblaban las manos. Me
sentí abrumado por los recuerdos aún
cercanos y tuve la necesidad imperiosa
de escribir estas palabras en homenaje al
maestro que se fue, y al amigo que siempre me acompañará.
El Camino del Pescador
La vida puede obsequiarnos momento mágicos, donde personas especiales
se nos aparecen, signando un punto de
inflexión en nuestra travesía.
El día que conocí a Chiche Aracena
supe de inmediato que él era una de esos
seres extraordinarios que Dios a través
de su alquimia misteriosa entrega celosamente solo en contadas ocasiones,
muy de vez en cuando.
Pesco desde que tengo memoria, en mi
familia todos también lo hacían, y dí mis
primeros pasos en un pequeño arroyo
bonaerense que llamábamos “La Argentina”.
Hice todas las “inferiores” en el mar,
lagunas, y ríos, hasta recalar finalmente
en la pesca con mosca, y fui “exitoso”
también. Pesqué con secas, ninfas, wets,
bucktails y streamers, muchas clases de
mdm
peces, llevándome a pensar que había conquistado la cima como pescador.
Y un buen día, Chiche se cruzó en mi senda, y comencé a descubrir otros conceptos
de pesca y el cuidado del medioambiente. Fui imbuído de las cuestiones técnicas más
refinadas, y fascinado escuché anécdotas enriquecedoras de viejas hazañas en la Boca del
Chimehuín.
Este es el camino de la pesca me dijo, el de la fuerza del ejemplo, y yo comencé a recorrerlo, mientras el suyo llegaba a su fin.
Desde lo mas íntimo estoy convencido que no puede separarse al hombre de sus pasiones. Son esas emociones intensas y perdurables las que nos identifican.
No podría siquiera pensar en Chiche Aracena sin ver al pescador, al maestro, y al amigo,
cuando ya en el recuerdo uno es el otro de manera indisoluble.
El me honró con su amistad, y me sentí querido.
Gracias Chiche.-
Patricio Scorza
mdm
s
í
u
L
a
í
c
o
o con
Así l
Renato Ciruzzi
El mundo sería un lugar mejor con más gente como Luis Aracena
Promediaba el otoño del ´97 y como
aseguraban los viejos pescadores, “los
álamos estaban amarillos”, por ende "
suben las marrones". Era ése el motivo
principal por el que estaba en Pantanito, con mi primera caña de mosca,
una Daiwa de fibra de vidrio que había
conseguido en combo y oferta con reel
y línea en un comercio de Neuquén
capital, cuando este señor algo canoso
y corpulento se me acercó cuidando de
no dar un mal paso ya que estábamos
sobre una barranca mirando el río y
aguardando por los demás para embarcar en la lancha rumbo a los mejores
pozones, y con esa calidez que tenía me
preguntó - No tiene pocos pasahilos esa
caña? -
mdm
Así lo conocí a Luis, porque lo llamé siempre por su nombre y no por su
apodo; en su mejor actitud, la de ayudar, siempre, a quien sea y en cualquier
circunstancia.
Seguramente habrá por ahí muchos
que saben mucho de líneas, de reels, de
cañas, de técnicas y de lugares; muchos
que alardean de sus conocimientos y
capturas, que siempre tienen a mano
la anécdota de aquella gran trucha que
les dio la graduación de pescadores con
la más alta calificación. Por lo general
exageran y sólo recuerdan las buenas,
las que se escaparon quedan en el olvido, en fin muchos que saben mucho,
seguro más de lo que sabía Luis, pero
de lo que no tengo dudas es que difícil será encontrar alguien con la calidad humana y la ética de este gran hombre.
Siempre solidario, siempre a mano, ante cualquier problema estaba a la par,
con esa calidez en el trato que lo distinguía, su predisposición a dejar todo de
lado con tal de dar una mano. Fui testigo de mil charlas, de mates y vinos, a
orillas de cualquier espejo de agua de la Patagonia, era siempre igual, una cálida
sonrisa, sus suaves manos que transmitían afecto y conocimientos, su infinita
paciencia y su afán incansable para que todos entendiéramos la mecánica del
lanzamiento, de por qué hacíamos lo que hacíamos y cómo hacerlo mejor y con
el menor esfuerzo, todo eso sin pedir jamás nada a cambio, jamás cobró a cambio de sus conocimientos.
Hoy ya no está físicamente, pero sembró tanto y por tantos campos fértiles que
está en nosotros hacer que su semilla germine y se multiplique, honrar con actos
aquellas características de su persona que tanto alabamos y extrañamos.
El mundo sería un lugar mejor con más gente como Luis Aracena; que su
ejemplo e hidalguía perduren en el tiempo es la mejor manera de honrar su memoria.
Renato Ciruzzi
mdm
Adios
maestro
a un
Ricardo Murtagh
mdm
A los pescadores nos resulta habitual encontrarnos con pares y es
normal encontrarse en la vida con personas que tienen alma docente;
aunque no es frecuente. Pero ni es frecuente ni es normal encontrarnos con un pescador que tenga alma de docente. Quienes tuvimos
el gusto de conocer a Chiche y tratar con él, podemos decir que lo
antedicho no se aplica.
Chiche era docente cuando explicaba detalladamente por cuáles
leyes físicas se rige el buen casteo. Lo demostraba y ayudaba a corregir errores.
Chiche era docente cuando mostraba cómo había que dejar caer el
streamer y en qué sitios de la estructura de un río.
Chiche era docente cuando acogía a quien quisiera ir a su campamento, también al proponer cual o tal lugar donde dejarte pescando.
Chiche era docente cuando explicaba, convengamos que en este
caso hasta casi el hartazgo, por qué para subir a su bote la línea tenía
que estar enganchada en las patitas del primer pasahilo y no en el
ganchito ad hoc instalado por el fabricante.
Chiche era docente cuando pesaba, cortaba y ataba líneas frente a
cualquiera que se lo pidiera.
Chiche era docente cuando escribía en sus páginas, cuando terciaba y opinaba por la web, demostrando sus conocimientos, sin ufanarse de ellos.
Chiche tenía alma de docente y se daba el gusto de ejercitar esa cualidad en cualquier oportunidad que hubiera.
Pero también era muy buen compañero de pesca y si uno lo necesitaba allí estaba él. Hace varios años, en febrero de 2009, para
aprovechar un viaje de trabajo le conté que me podía quedar un fin
de semana en Neuquén. Prestamente armó una salida de dos días
para ir a Pichi Picún Leufú, salida que gozamos los tres, pues lo invitó a Franco Rossi, quien resultó también una excelente compañía.
Recuerdos de esa salida tengo varios y muy lindos. Pero el que más
apunta a lo que estamos diciendo es que cuando ya en el río servicialmente me ayudaba a armar la caña me preguntó qué tippet quería
poner. Era él quien conocía el lugar, era él el más experimentado.
Pero así y todo, quien sabía perfectamente cómo convenía armar la
línea le preguntaba al dueño cómo quería hacerlo. Se dirá que este
es un recuerdo tonto, sin gracia. Es posible que así sea, pero para mí
revela al verdadero docente, aquel que ayuda, que asiste, que aconseja pero no impone.
En esa salida lo pasamos muy bien y nos divertimos mucho. Al
regresar el domingo por la tarde y dejarme en el aeropuerto los tres
decidimos que la mejor forma de recordar nuestra salida era la foto
final frente al hall de “Partidas”. Yo parado en el medio con los
brazos abiertos como si estuviera sosteniendo un gran pez. Esa fue
fotoshopeada luego por Franco con una espléndida trucha. Lamentablemente la perdí en una de esas reconfiguraciones de la PC.
Lo que no he perdido son lindos recuerdos de un pescador que
sabía mucho… y sabía trasmitirlo a muchos, como pocos.
Ricardo Murtagh
mdm
Hasta siempre
Maestro!
Rino Giacomelli
Son pocos los hombres que cuando desaparecen fisicamente
dejan una impronta en todos aquellos que hemos tenido oportunidad de conocerlo.
No me cabe duda que Don Chiche Aracena es uno de esos
pocos privilegiados que dejan una huella muy profunda en
todo el medio social en que interactuaba y que por su obra y
su bohonomía estará en el Panteón de los Grandes.
Chiche no sólo ha sido un pescador de primera magnitud,
a la altura de los mejores, sino que su obra no se limitaba a la
pesca. No podemos olvidar su incansable labor en defensa no
sólo de las truchas, sino de todos los animales y la naturaleza.
Su tarea no se limitaba simplemente a hablar, sino que todo
lo que decía lo ponía en práctica, vaya como ejemplo su incansable prédica en pos de la práctica de la pesca con devolución
que caló muy hondo en casi todos los pescadores y todos lo
hemos visto pescar una gran trucha y prácticamente pedirle
perdón antes de liberarla.
Pero quizá las obras por las que sea más sea recordado es la
creación del Foro “Pesca y Devolución”, donde escribió numerosos y magistrales artículos enseñándonos sobre todos los
innumerables tópicos de la pesca con mosca, desde el comportamiento de las grandes truchas migratorias en el Limay,
pasando a explicar tanto sea el roll cast o bien el double haul,
como la confección de un shooting o una línea de flote. Nada
de lo que tuviera que ver con el fly cast le era ignorado. Chiche
fue una verdadera Enciclopedia de las truchas y de la pesca.
mdm
En ese mismo Foro todos hemos tenido (y afortunadamente seguimos teniendo, gracias a la desinteresada labor de un
puñado de sus seguidores), la oportunidad de aprender mucho,
de formular preguntas que siempre fueron respondidas, de
transmitir vivencias y contar anécdotas de los diversos foristas,
entre quienes se ha formado una verdadera cofradía.
La otra gran obra de Chiche fue la creación del “Campamento” en el Limay, donde creó con
su esfuerzo (no sólo físico sino muchas veces económico). El supo abrir ese campamento, que
fue iniciado con unos pocos amigos, a todos aquellos que quisieran participar, sin ningún tipo de
discriminación, ya sean pescadores avezados o bien noveles.
A quienes no éramos tan avezados se ocupó personalmente de enseñarnos las diversas técnicas para mejorar sustancialmente nuestro casteo y todo ello en forma absolutamente gratuita.
Con su propia embarcación se ocupaba de llevar a los distintos lugares del río, que él bien conocía, e ir a buscar luego a quienes no teníamos lancha.
Me permito contarles una anécdota personal. Cuando fui al campamento por primera vez
con Geraguti y otro amigo, (hace ya siete años), teníamos pensado quedarnos tres o cuatro días
y luego seguir viaje para el lago Cholila. Cuando pasaron unos tres días mis compañeros me
preguntaron si nos quedabamos en el campamento o seguíamos viaje para el Cholila.
Recuerdo que mi respuesta fue: “como nos vamos a ir de este lugar si esto es como hacer un
curso en Oxford y gratis” y fue así que nos quedamos los siete días.
Luego volvimos todos los años, pues allí no sólo aprendimos un montón de cosas sobre pesca
sino que por la cordialidad y el hermoso ambiente que reinaba y que Chiche, como buen maestro, admirablemente se encargaba de que fuera así, hicimos muchos amigos entrañables a los
que volvemos a ver año tras año.
Por último no quiero dejar pasar un aspecto muy particular de Chiche y era que nunca quiso
percibir o cobrar absolutamente nada por divulgar sus enormes conocimientos. Era de los pocos
que al dinero no le daba ninguna importancia.
Con el renombre que tenía bien podría haber hecho mucha plata con sólo lucir una marca de
ropa o bien una caña en particular, sin embargo nunca lo quiso hacer. Es más recuerdo haberlo
visto usar un chaleco de pesca al que le había tapado la marca con una tira de tela negra cosida
sobre ella para que no se viera.
Realmente un ser excepcional, un Quijote moderno de los que aparecen muy esporádicamente y que cuando uno tiene la suerte y el honor de haber compartido horas y charlas con él se
vuelve a tener fe en el género humano.
Hasta siempre MAESTRO, te vamos a extrañar.
Rino Giacomelli
mdm
El día que conocí a
Chiche
Aracena
Fernando Romero
mdm
El fin de semana largo de marzo pasado fui
a pescar a Pantanito y tuve el enorme privilegio y placer de conocer a Chiche.
Fue el día sábado antes de pascua, llegué a
la zona del campamento cerca del mediodía;
antes había estado haciendo unos tiros en
otra parte del río. No quise parar en la carpa
para no molestar, porque no conocía a nadie,
por tímido, por que se yo!.
Pase con la camioneta por el costado del
campamento principal, topé con el río y doblé
a la izquierda, allí me estacioné unos cincuenta metros mas adelante a la orilla del Limay,
cerca de la esquina formada por el brazo con
el río principal.
Comencé a bajar las cañas que ya traía
armadas, listas para seguir pescando; en ese
momento veo que del lado del campamento
se acercaba un señor con campera roja, venía caminando hacia mi lado, no se si estaba
de recorrida o si se acercó solo para saludar.
Inmediatamente lo reconocí, me acerqué a
su encuentro y lo saludé, le pregunté si el era
Chiche, se sonrió y me dijo que si.
Le comenté que estaba en el foro Pesca y
Devolución, me preguntó de dónde era, le
dije -de Buenos Aires-, y me contestó ¨-que
lindo encontrarnos acá-¨
Estuvimos conversando un buen rato, algo
más de cinco minutos.
Me preguntó si necesitaba algo, a modo de
chiste le dije que si: ¨pescar una trucha¨.
Me dijo que las condiciones no eran las ideales, porque había mucho viento, que había
estado hablando con su hijo, quien había
visto el pronostico y le había comentado que
el viento iría mermando; que el domingo iba
a estar lindo, ya sin viento.
Me indico un lugar donde siempre hay truchas, en el brazo secundario: ¨fijáte allá donde el agua cambia de color, enfrente a las dos
matitas que están del otro lado del río¨
Le pedí que me recomendara alguna mosca,
mdm
me dijo que eso no era tan importante: ¨No importa si la mosca es más linda
o más fea, si tiene o no tiene pestañas, lo importante es la forma en que se la
presentás a la trucha¨. Y me dijo: ¨yo pesco en la caída¨ - Como es eso?, ¨tiro y
recojo enseguida, en cuatro o cinco segundos tengo de nuevo la mosca conmigo, el líder debe quedar bien estirado justo antes de caer, unos 20 cm encima
de la superficie....me voy moviendo, hago dos tiros en cada lugar y sigo¨.
Me explicó que la trucha mira en el momento que la mosca hace contacto
con el agua, observa su movimiento y si es engañada la ataca... fue una clase
magistral!!
Me pidió que le prestara una de las cañas para enseñarme como enganchar la
línea en la caña para su traslado. Pasó la línea por detrás del reel y enganchó
la mosca en un pasahilo del medio de la caña. ¨Así no te pinchas la mano¨ me
dijo.
Antes de despedirnos, me volvió a ofrecer ayuda, me dijo que cualquier cosa
que necesitara le avisara, que si quería pasara a la vuelta por el campamento,
lo cual no hice y me voy a arrepentir toda mi vida. Tal vez pensé que iba a
tener mas oportunidades de poder charlar con él.
Y así, luego de darnos nuevamente la mano se dió la media vuelta y volvió
caminado lentamente para el lado del campamento.
Lo cierto es que el domingo me desperté temprano, miré por la ventana del
hospedaje en Picún y tal cual me lo había anticipado Chiche, no corría una
gota de viento, las hojas de los árboles estaban inmóviles. Ese día no fuí al río
porque debía llegar al mediodía al aeropuerto de Neuquen para devolver la
camioneta y tomar el avión de vuelta a casa.
Disculpen si fui muy extenso pero me impresionó mucho la noticia, no quería dejar de comentar este encuentro porque significó mucho para mi, siempre
sentí una gran admiración por este hombre desde que comencé a saber de él a
través del foro.
Por un lado me siento triste pero por otro pienso en la suerte que tuve de
poder conocerlo, en la casualidad del encuentro a penas unas horas antes de su
partida.
Muchas Gracias Chiche Aracena!. Que descanses en paz. Un saludo grande
a su familia y amigos.
.
Fernando Romero.
mdm
Aprender a pescar con mosca significa comenzar
un camino que dura, al menos...
toda la vida.
Luis “Chiche”Aracena
(1941-2016)
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