Que no me consientan probar un porro, porque me convertiré e

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¡Que no me dejen entrar en un bingo, porque me lo jugaré todo!
¡Que no me consientan probar un porro, porque me convertiré en
un esclavo babeante de la droga! » Etc. Son como esa gente que
compra una máquina que les da masajes en la barriga para no
tener que hacer flexiones con su propio esfuerzo. Y claro, cuanto
más se privan a la fuerza de las cosas, más locamente les
apetecen, más se entregan a ellas con mala conciencia, dominados
por el más triste de todos los placeres: el placer de sentirse
culpables. Desengáñate: cuando a uno le gusta sentirse
«culpable», cuando uno cree que un placer es más placer auténtico
si resulta en cierto modo «criminal», lo que se está pidiendo a
gritos es castigo... El mundo está lleno de supuestos «rebeldes»
que lo único que desean en el fondo es que les castiguen por ser
libres, que algún poder superior de este mundo o de otro les impida
quedarse a solas con sus tentaciones.
En cambio, la templanza es amistad inteligente con lo que nos
hace disfrutar. A quien te diga que los placeres son «egoístas»
porque siempre hay alguien sufriendo mientras tú gozas, le
respondes que es bueno ayudar al otro en lo posible a dejar de
sufrir, pero que es malsano sentir remordimientos por no estar en
ese momento sufriendo también 0 por estar disfrutando como el otro
quisiera poder disfrutar. Comprender el sufrimiento de quien padece
e intentar remediarlo no supone más que interés porque el otro
pueda gozar también, no vergüenza porque tú estés gozando. Sólo
alguien con muchas ganas de amargarse la vida y amargársela a
los demás puede llegar a creer que siempre se goza contra alguien.
Y a quien veas que considera «sucios» y «animales» todos los
placeres que no comparte o que no se atreve a permitirse, te doy
permiso para que le tengas por sucio y por bastante animal. Pero yo
creo que esta cuestión ha quedado ya suficientemente clara, ¿no?
Vete leyendo...
«Lo que el oído desea oír es música, y la prohibición de oír
música se llama obstrucción al oído. Lo que el ojo desea es ver
belleza, y la prohibición de ver belleza es llamada obstrucción a la
vista. Lo que la nariz desea es oler perfume, y la prohibición de oler
perfume es llamada obstrucción al olfato. De lo que la boca quiere
hablar es de lo justo e injusto, y la prohibición de hablar de lo justo e
injusto es llamada obstrucción al entendimiento. Lo que el cuerpo
desea disfrutar son ricos alimentos y bellas ropas, y la prohibición
de gozar de éstos se llama obstrucción a las sensaciones del
cuerpo. Lo que la mente quiere es ser libre, y la prohibición a esta
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